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First kiss ||| YM

Summary:

Ji-min no había dado su primer beso en los años que había vivido; en el cumpleaños número 21 hizo una pequeña fiesta con sus amigos y los de su hermano mayor, dónde sale a luz su pequeño secreto jugando "yo nunca nunca".

Y Yoon-gi creyó que era un buen regalo comerle la boca al cumpleañero como era debido.

Notes:

Este one shot está basado en una historia que leí hace mucho tiempo del mismo ship y concepto, pero lo borraron, así que en dado caso de que la autora original lea esta historia y pida borrarlo para subir la obra original, lo haré inmediatamente, porque es una de los fanfics que más extraño.

Work Text:

Los dulces veintiuno, ¿quién no celebraba haber llegado a la ansiada legalidad? Poder beber alcohol sin consecuencias, votar por un diputado corrupto como hacían los adultos, ir a antros hasta que caiga el amanecer, tramitar documentos para demostrar por décima vez que sí existes, en fin, el sueño de cualquier adolescente.

Y para su fortuna, ese día llegó para Park Ji-min. Rezó desde los quince años que el día donde se convirtiera en mayor de edad viniera a él lo más pronto posible, puesto que su adolescencia había sido muy... Aburrida. No salió a ningún lugar prohibido, jamás se emborrachó sin el permiso de sus padres, es más, a las fiestas a las que iba solo eran a los cumpleaños o salidas que planeaban Tae-hyung y Jung-kook, en dónde (para sorpresa de nadie) solo veían películas, jugaban en sus consolas o leían historietas.

Pero sobre cualquier cosa, no había dado su primer jodido beso.

Ya estaba harto, habían pasado años en vela preguntándose que había de malo en él, ¿era su rostro? ¿Su personalidad? ¿Tenía mal aliento? ¿No tenía buena apariencia? Estaba comenzando a entrar en una crisis existencial.

Incluso se enteró que Tae y Jung-kook se habían dado un beso a sus espaldas para "probar", causando una indignación gigantesca en Ji-min, quien les reclamó por no incluirlo; pudieron haber hecho un beso de tres pero no, claro que no, le tenían que restregar su desgracia en cara. Ese día reconsideró la idea de seguir siendo mejores amigos, pero lo compraron después de regalarle el último juego de Resident Evil.

En fin, ese día era el inicio de una nueva era, un nuevo Park Ji-min; ya no iba a existir un ser humano que lo detuviera, iba a tener una vida llena de excesos, besos y mucho sexo... Bueno, había exagerado, solamente quería dar un beso, con quién fuera, incluso aceptaba a una mujer en contra de su homosexualidad, pero ese era su deseo y nadie iba a detenerlo para que se hiciera realidad.

Aquella tarde se encontraban en la casa de su hermano Ji-hoon, arreglando los últimos detalles de la organización de su pequeña reunión. Sus padres estaban en Busan mientras ellos vivían en Seúl, Ji-hoon por su trabajo, Ji-min por su universidad, y como el dormitorio de la escuela era demasiado limitado para hacer una fiesta, su hermano mayor ofreció el lugar de dos pisos que rentaba para realizarla, así que allí iban a celebrar.

— Mamá y papá me dijeron que te diera las felicitaciones por tu cumpleaños, luego te van a depositar dinero como regalo. — comentó distraído Ji-hoon, acomodando los platos en la mesa del comedor.

— ¿Les dijiste gracias por adelantado de mi parte?

— No, les dije que depositaran el dinero a mi cuenta — el menor alzó su dedo de en medio en su dirección, causando una risa en el otro —. Tienes suerte de que cumplas años, sino te estaría pateando el culo.

— Suena a que debo aprovecharlo al máximo, ¿debería hablarte con groserías desde ahora? — preguntó con tono inocente, viendo como su hermano parecía querer reventarle el plato de cerámica en la cabeza.

— Mejor deberías apreciar tu vida.

— Es una broma, hyung... Que amargado eres — se acercó para abrazarlo por la espalda, apretándolo hasta quitarle todo el aire; un abrazo cualquiera de hermanos —. ¿Por qué pusiste tantos platos? — cuestionó cuando vio la cantidad que había en la mesa.

Después de casi toser su pulmón y haber sentido que se partía en miles de pedacitos, Ji-hoon pudo responder. — Dios, ¿cuándo te volviste tan fuerte?

— Desde el servicio militar — le sonrió con falsa inocencia, dándole un empujón luego —, contesta mi pregunta.

— Invité a mis amigos, nada de qué alarmarse. — borró su sonrisa al instante.

— ¿También invitaste a Yoon-gi?

— Ah... ¿Sí?

— ¡¿Por qué?! — hizo un berrinche como niño pequeño, pateando el piso con un puchero en sus labios — Sabes que lo aborrezco, siempre se burla de mi y me trata como un mocoso de primaria que no sabe deletrear su nombre.

Ji-min conocía el pequeño grupo de su hermano, eran Seok-jin, Nam-joon, Ho-seok y el estúpido de Min Yoon-gi. Estaba bien con los primeros tres chicos, en serio que sí, eran sumamente graciosos y amables a pesar de la diferencia de edades, pero luego estaba Yoon-gi, que decidió por alguna extraña razón, humillarlo desde el primer día que se conocieron.

No conforme con lo que mencionó, también le había puesto un apodo horrible: "Chim chim". Iba a matarlo, juraba que iba a hacerlo; según él le quedaba bien ese puto sobrenombre por "su apariencia tan adorable", y claro, cuando le hablaba usaba en un tono chillón a pesar de haberle dicho que le molestaba. Así que sí, no quería a Min allí.

Ji-hoon se le quedó viendo con cara de "¿Por qué será?" mientras veía la rabieta que hacía, recorriéndolo de pies a cabeza de forma sarcástica. — Si tú lo dices...

— ¡Esto es diferente! Me estoy quejando de una injusticia... No, de un abuso, sí, ¡esto es un abuso al derecho del cumpleañero! — acusó con sus ojos abiertos de la indignación, siguiendo a su hermano, quien caminaba campante a la cocina.

— Estás exagerado, solo te cae mal porque no le has dado una oportunidad. — respondió mientras sacaba el guiso de mariscos del horno con los guantes de cocina.

— Mentira, le he dado oportunidad tras oportunidad desde que lo conociste en la preparatoria, y siempre llego a la misma conclusión — el mayor lo volteó a ver para esperar su respuesta —. Es un imbécil.

Rodó sus ojos, aunque seguía manteniendo la sonrisa burlona en sus labios. — Solo va a ser por hoy, aparte, él se comprometió a traer alcohol por tus veintiuno, pero sí quieres que le diga que no venga...

— ¿Alcohol? — vio como su hyung iba a sacar su teléfono para cancelarle al idiota, pero rápidamente lo sostuvo por la muñeca; él quería embriagarse hoy — ¡No! Digo... Ya lo invitaste, es de mala educación decirle que no venga a última hora.

— Eso creí — rio y volvió a su labor de transportar la olla de comida burbujeante a la mesa —. Ayúdame a traer los refrescos y las servilletas, ya casi llegan.

Asintió con su cabeza. Solo debía soportar a Min unas horas, no iba a ser tan grave, no podía ser lo peor que le pasara hoy.
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Casi eran las ocho de la noche, todos se encontraban sentados en la mesa comiendo pastel luego de cantar las mañanitas al cumpleañero y de haber comido lo que preparó el mayor de los Park. Para su sorpresa, todo iba increíblemente bien.

Llegaron primero sus amigos, que lo apretaron y llenaron de felicitaciones entre chillidos, también le trajeron un regalo entre los dos, que resultó ser una colección de mangas que había querido desde hace tiempo, dibujos hechos por Jung-kook y un álbum de fotos que realizó Tae-hyung de sus años de amistad. Tal vez haya llorado un poco cuando lo abrió.

No tardó demasiado para que los amigos de su hermano llegaran, todos los abrazaron y dieron su regalo, que iba desde ropa, joyería hasta videojuegos, menos Yoon, que revolvió su cabello con cariño mientras le decía que ya había crecido, haciendo una tregua cuando vio las dos bolsas repletas de soju en cada mano.

Todo iba de acuerdo a lo planeado... Hasta que Tae-hyung abrió la boca.

— Ya anocheció, hay que abrir una botella. — señaló con su tenedor el soju que estaba intacto al costado de Yoon-gi.

— ¿Tan pronto quieres tomar? — alzó la ceja Seok-jin, masticando una fresa del pastel — En mis tiempos tomábamos cuando eran las once, después de salir de la universidad.

— Suenas muy viejo, Jinnie. — se burló Nam-joon en una esquina de la mesa.

— ¡Hyuuung! — formó un puchero Tae en protesta de lo que dijo Jin — Es el cumpleaños de Ji-min y solo hemos tomado refresco de mandarina, así no se celebran los veintiuno.

Kook le hizo segunda, asintiendo con su cabeza. — Tiene razón, Jin hyung, hay que empezar a beber desde ahorita para poder divertirnos como se debe. Solo una vez en tu vida te vuelves legal en la mayoría del mundo.

— Estoy de acuerdo con los novios, mi garganta pica por un poco de soju. — apoyó Ho-seok desde su lugar con una sonrisa.

— ¡No somos novios! — respondieron en unísono, haciendo que el resto se riera.

El pálido de los ocho agarro su tenedor y pegó con la punta varias veces a su plato para llamar la atención del grupo de chicos, que lo voltearon a ver al instante después de cesar sus carcajadas.

— Bueno, bueno, todos están hablando pero falta que el rey de Roma opine — sus ojos gatunos se dirigieron al menor, sonriéndole con aparente amabilidad —. ¿Qué dice nuestro pequeño Chim? ¿Quieres empezar a beber?

Sus ojos se entrecerraron mientras le mantenía la mirada al mayor, dejando que se cocinara un silencio expectante a su alrededor en lo que analizaba el rostro burlón de Yoon-gi, que le comunicaba sin palabras un reto; él creía que no iba a poder. Finalmente ablandó su rostro, devolviéndole la sonrisa que iba a ser el cierre de la penitencia de esa noche.

— No veo porque no.

Bullas y festejos se escucharon alrededor suyo, pero él se encontraba fijo en aquellos ojos filosos que ponían a prueba su resistencia al alcohol, sin haber tomado en cuenta que su orgullo estaba a juego.

Iba a callarle la boca.
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No le calló la boca.

La garganta le ardía por la cantidad de shots que había ingerido, con la humillante cantidad de tres. Fueron caballitos llenos hasta la mitad de soju, Ji-hoon tuvo consideración de su propia alma ya que estaba consciente de que era la primera vez que bebía, y no quería que su hermanito tuviera algún coma etílico justo el día que nació.

Pensó que a los adultos les gustaba el alcohol porque sabía bien, pero estaba tan equivocado, tan tan malditamente equivocado. El gusto era asqueroso, sentía que cada trago era como tomar el alcohol desinfectante de su kit de primeros auxilios, tan fuerte y con gusto a nada a la vez que parecía una tortura medieval.

Las burlas no tardaron en llegar cuando vio el cuarto shot puesto enfrente suyo con rechazo, negando con su cabeza.

— No, no voy a tomar otro jodido shot, sabe a medicina. — acentuó su expresión asqueada, empujando lejos de él esa bebida del diablo.

— Está bien, lo hiciste bien para ser tu primera vez. — Ji-hoon estaba dispuesto a quitar el vasito de alcohol, ya lo había probado, ya podía seguir con su cumpleaños con normalidad, pero la voz de Yoon-gi lo detuvo.

— Owww... La pequeña estrella de la noche no pudo, es una lastima. — hizo un mohín exagerado mientras hacía mímica de llanto con sus dos puños.

— Yoon-gi... — advirtió su hermano en un tono bajo, viéndolo con ojos acusones.

— ¿Qué? Nada más me preocupa el cumpleañero, pensaba que ya había crecido lo suficiente para beber con nosotros, pero ya veo que estuve equivocado. — le sonrió, esa maldita sonrisa de lado que hacía querer estamparlo contra el suelo.

— Ya Yoon-gi, déjalo, no quiere tomar. — habló esta vez Nam.

Tuvo un tic en el ojo. El día de su cumpleaños decidió ser el mismo idiota que era, tratándolo como un bebé enfrente de sus conocidos y, en ese preciso momento, decidió que no iba a permitir más humillaciones suyas. Sus mejores amigos lo veían con miedo, debatidos entre defenderlo o estar atentos a Park, que parecía a punto de agarrar sus palillos y enterrárselos al pálido.

— Creo que no me entendiste porque te falla el cerebro, así que déjame traducirlo a tu idioma — aclaró su garganta y volvió a hablar —. Alcohol solo, uga, malo. Alcohol con refresco, uga buga, bueno.

A su lado se escuchó como Jin casi escupe lo que estaba tomando de la risa, mientras que Hobi se reía a carcajadas limpias desde su asiento, aplaudiendo mientras veía a Yoon-gi, quien estaba sonriendo con su lengua empujando su mejilla interna, viéndolo con los mismos ojos de querer asesinarlo.

— Hyung, ¿me podrías preparar una bebida, por favor? — agarró su vaso y se lo extendió a Ji-hoon, sonriéndole sin mostrar sus dientes.

El mayor negó con su cabeza por la discusión entre ambos, estando lo suficientemente acostumbrado a sus pleitos para sentirlo como un día normal. Sirvió un poco de soju en su vaso, llenando el resto del refresco que habían comprado, lo mezcló con un cuchillo limpio y se lo regresó a su hermano menor.

— Gracias, hyung.

La verdad es que lo que dijo de la bebida preparada se lo sacó de la manga, estaba decidido a no tomar más, la pasó mal con cada mililitro de soju que ingirió, pero peor la iba a pasar si le daba la razón a esa cara de abuelo atropellado, y por suerte recordó los cócteles que preparaban por redes sociales que contenían poco o nulo alcohol, sonando como una buena escapatoria para cerrarle la boca a Min.

Y vaya que funcionó, cuando dio el primer trago de lo que había preparado Ji-hoon para él, sorprendentemente le gustó. Su hyung tenía buena mano o mucho amor por él, ya que no sabía a alcohol, solo un pequeño gusto hasta el final. Quizás su hermano era bartender y no lo sabía hasta ese día.

— ¿Y si jugamos algo? Su pequeña pelea de perro y gato me hicieron bajar los ánimos. — dijo Jin con parte de burla, parte de verdad.

— Somos dos — asintió Nam-joon, dando otro trago a su vaso —. ¿Y si jugamos "yo nunca nunca"?

— No me jodas Nam, eso lo juegan los de secundaria — negó con su cabeza Ho-seok —, propongo jugar la gallina ciega con dardos.

— ¡Sí! Voy por los dardos. — comentó emocionado Jung-kook estando a nada de ponerse de pie, pero Tae-hyung lo jaló a su asiento con rapidez.

— Idiota, no voy a permitir que juegues eso con mi hermano. — se opuso rápidamente el mayor de los Park.

— ¡Hey! "Yo nunca nunca" está bien — defendió esta vez Tae-hyung, que ya se encontraba un poco mareado —, es un clásico y no tendremos que sacarnos los ojos para jugarlo.

— Sí Hobi, anímate — sacudió Nam-joon el hombro del mencionado —, a parte, es un juego de bebida, el que haya hecho lo que diga la persona deberá tomar.

— Sé cómo funciona, gracias Nam — rodó los ojos, pero se mantuvo en silencio unos segundos, hasta que chasqueo su lengua —. Está bien, pero más les vale hacerlo entretenido o me largo.

— ¿Están todos de acuerdo? — cuestionó Jin mientras daba un vistazo a todos los de la mesa.

— Claro, suena divertido. — respondió con voz tranquila Min.

— Es mejor que solo hablar. — sonrió Ji-min desde su asiento.

Y dieron inicio al juego.

Cada uno preparó su bebida como quiso, algunos quisieron tomar el soju puro y otros tantos lo prepararon como un cóctel, como era su caso. Los ocho se acomodaron en la mesa con su bebida enfrente suyo, guardando la comida y pastel que sobraba para que solo fuera una mesa lista para iniciar la partida.

Las primeras rondas fueron muy sosas, como era la primera vez que jugaban juntos, tardaron en tener confianza entre ellos, no porque fueran desconocidos, sino que sus edades rondaban de los veinte hasta los veinticuatro, si bien no era mucha la diferencia, existía la barrera del "respeto a tus mayores" que había en toda Corea, por ese motivo dijeron frases como: "yo nunca he robado", "yo nunca nunca he llamado a alguien por accidente", "yo nunca nunca he llamado mamá a la maestra", cosas así.

Pero todo cambió en la sexta ronda cuando Ho-seok, harto de la programación para toda la familia, decidió decir la primera afirmación controversial de la noche.

— Yo nunca nunca he fumado hierba.

Quedaron en silencio viendo como Hobi bebía de su botella, quien observaba al grupo como si esperara algo. No tardó tanto tiempo para que Yoon-gi, Seok-jin y Ji-hoon se le unieran, haciendo que Ji-min viera sorprendido a su hermano.

— ¿Que hiciste qué? — abrió su boca, se encontraba shock, no podía creer que un suceso así no se lo hubiera contado a pesar de su relación unida.

— De adolescente haces muchas estupideces para impresionar a la gente equivocada — contestó sin agregar más detalles a su historia —. Nunca me vayas a imitar.

— ¡Hipócrita! — como se encontraba a su lado, pudo darle un manotazo en el hombro, escuchando se quejaba su hyung por el impacto.

A partir de lo que dijo Hobi, todo se fue a la mierda, ahora las preguntas giraban en torno a lo prohibido, como el sexo, las fantasias, fetiches, secretos y cualquier cosa que hiciera sonrojar al que tuviera que tomar. Fue divertido, no por las preguntas como tal, más bien era divertido como el grupo interactuaba cuando se enteraban de algo inimaginable del otro.

Reían, se sorprendían, hacían bulla, era un ambiente animado; quiso darle el mérito a la combinación de sus personalidades alegres en lugar del alcohol, que claramente no estaba interfiriendo en nada... Ni un poco.

Rondaban casi las diez de la noche, el tiempo se había pasado volando entre carcajadas, así que no vieron inconveniente en seguir.

— Les voy a decir una tranquila porque todos ustedes son unos degenerados — habló con torpeza Jin, arrastrando ligeramente las palabras —, yo nunca nunca he dado un beso.

Todos bebieron. Todos menos Ji-min.

Fue instintivo que la mayoría (excepto su hermano y sus mejores amigos) voltearan a verlo como si hubiera dicho que había cometido un asalto a mano armada, tan impactados que hasta vio como Hobi y Jin tenían sus ojos abiertos de par en par.

— No te creo. — rompió el silencio Nam-joon, quien negaba con su cabeza.

— Tampoco yo. — se sumó Jin, sin llegar a comprender como no había dado algo tan común como lo es un beso.

— ¿Ni un pico? — apresuró a preguntar Ho-seok, y cuando volvió a negar con su cabeza se sorprendió aún más — ¿En serio?

— El mundo es cruel con los guapos. — atribuyó Jung-kook mientras asentía con sus ojos cerrados y las mejillas sonrojadas por el alcohol.

A su lado derecho Tae-hyung le dio un apretón en su hombro para reconfortarlo, en un intento de darle ánimos. Por supuesto que iba a pasar esto, tenía que salir a la luz que no había besado a nadie en el día más importante de su vida, era lógico, su desgracia era tan grande que ocurrió ese día, genial, simplemente exquisito.

— Aún no he encontrado a alguien que quiera hacerlo — alzó sus hombros restándole importancia —, no encuentro el problema con eso.

Las quejas de los demás chocaron entre ellos porque hablaron a la misma vez, aún sin creer que el hermoso cumpleañero no tuviera a alguien que lo besara, era inaceptable. Por el escándalo del grupo, no pudo darse cuenta que Yoon-gi se encontraba extrañamente callado desde que admitió no haber besado a nadie, hasta que habló más fuerte para escucharse encima de las demás voces.

— ¿Qué buscas en un beso? — la pregunta lo descolocó, porque no fue una burla, ni siquiera lo dijo con sarcasmo, fue una duda genuina, y Ji-hoon lo notó igual que él.

— Min... — fue la segunda advertencia que le dio en ese día, pero esta sonó más sería y peligrosa que la primera vez.

— Tranquilo, solo es para saber si sabe que es un beso o en realidad lo confunde con una película de Disney. — y ahí estaba el mismo estúpido que conocía.

Alzó su dedo de en medio hacia él sin una pizca de arrepentimiento, pero como se sentía bastante calmado y de buen humor por la cantidad de alcohol que había ingerido, decidió hacer un acto de caridad y le respondió.

— Busco que sea tierno, lento y sin prisas, quiero que haya una conexión con la otra persona — sonrió un poco ebrio, imaginando sus propias palabras como una escena de un k-drama —, que sea un toque de labios delicado mientras nos abrazamos.

Una risita risueña se le escapó mientras dejaba recargado el peso de su cabeza en su palma, enamorado de su propia idea, creando una burbuja imaginaria donde solo estaban él y una figura desconocida disfrutando del beso más dulce del mundo... Hasta que Yoon-gi rompió esa burbuja con una carcajada burlona.

— Sí, definitivamente no has besado a nadie en tu puta vida. — abrió sus ojos y miró de mala gana al mayor; si por él fuera, ya hubiera roto su nariz en ese instante.

— Jódete, Min — recostó su cuerpo en su silla, manteniendo sus brazos cruzados en su pecho —. Según tú, señor experto, ¿cómo se da un beso?

— Pues definitivamente no como el beso de hadas sacado de una nena de doce años que narras, eso te lo aseguro.

Rodó los ojos en su lugar. — Entonces ilustrame, adelante.

— ¿Estas seguro, Chim Chim? No creo que en tus clases de preescolar te permitan escuchar cosas de adultos. — hizo un puchero infantil.

— Eres un hijo de... — ya se estaba levantando para partirle su cara en pedazos, pero Jung-kook se apresuró a detener cualquier disputa.

— ¡Basta! — llamó su atención con un quejido harto, más valiente que antes por la bebida que había estado tomando — Ya quédense quietos ambos, me aturden sus gritos. Mejor hay que seguir jugando.

Estuvo de acuerdo con Jung-kook, quería seguir jugando sin preocuparse por lo que dijera el de cabello desteñido, así que, volvió a recomponer su postura y se sentó en su silla, escuchando como Yoon-gi soltaba un "como sea" desde su asiento.
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La media noche cayó con una velocidad sorprendente, y con ello llegó el cansancio colectivo. Oficialmente había terminado su cumpleaños, así que se encontraba más despreocupado y solo pedía: la cama cómoda del segundo piso, una almohada y doce horas de sueño, no deseaba otra cosa más.

Seok-jin y Nam-joon ya se habían ido a sus hogares, el resto se quedó en la misma casa para dormir, ya que vivían muy lejos o simplemente estaban demasiados cansados para tan siquiera pensar en caminar un metro, aparte existía la confianza de hacer una pijamada improvisada entre ellos, lo único que sí tuvieron que hacer fue mandar a Ji-hoon a comprar a la tienda de la esquina cuatro cepillos de dientes que después se lo pagarían; eran cercanos pero habían límites.

Se asearon, hicieron cada uno su rutina antes de dormir y pudieron ir a dormir en paz; el primero en desaparecer fue su hermano, que le dio las buenas noches, lo volvió a felicitar por su cumpleaños y se encerró de un portazo en el cuarto de abajo.

Ho-seok, Tae-hyung y Jung-kook se quedaron a dormir en los sofás de la sala, perdiendo en piedra, papel y tijera contra Yoon-gi, que pudo quedarse con la habitación de invitados del piso de arriba, así que, después de apagar todas las luces, subieron a la segunda planta en silencio, ignorándose mutuamente hasta que cada quien se metió a su respectivo cuarto.

Prendió las luces y comenzó a cambiarse a un pijama que había traído una visita anterior a la casa de su hermano, ya que recurrentemente se quedaba a dormir allí. Tenía puesto solo el pantalón del conjunto rojo, cuando escuchó a sus espaldas como abrían la puerta, asumiendo que era Tae-hyung o Jung-kook pidiendo dormirse con él.

Estaba poniéndose la playera de arriba sin pena, esperando escuchar las súplicas de alguno del dueto, pero recibió algo fuera de sus planes.

— Lindo tatuaje. — se escuchó la voz de Yoon-gi detrás suyo, haciendo que saltara del susto y se girara rápido para tapar el tatuaje secuencial de las fases lunares de su columna, del cual, se supone que nadie sabe aparte de sus tres personas de confianza.

Aquel pálido solo se rio mientras se mantenía recargado en el umbral de la puerta con una mirada divertida, adentrándose con naturalidad en lo que cerraba la puerta detrás suyo.

— ¡Carajo, Yoongi! Me vas a sacar el corazón — agarró su pecho mientras intentaba reponer la respiración agitada que causó; se apresuró a terminar de vestirse —. ¿Qué mierda haces aquí? Te vi entrar a tu cuarto.

— No estás equivocado, iba a ir a dormirme.

Lo vio como un bicho raro. — ¿Entonces?

— Estaba pensando... — lo interrumpió.

— Aleluya.

Viró sus ojos con fastidio, aún así siguió. — Estaba pensando en lo de hace rato.

Alzó su ceja, sin saber a qué se refería. — ¿El qué?

— Lo del beso. — lo dijo tan casual, pero su cuerpo no reaccionó con la misma calma, tensándose en su lugar.

— Si vienes a burlarte, quiero que sepas que no tengo la energía suficiente para clavarte un palo en el culo, así que — señaló la puerta que estaba cerrada con su índice —, largo.

Había algo en la forma que lo miró, una emoción que no había mostrado antes. No supo clasificarla, pero algo le decía que debía mantener las alertas de su cuerpo prendidas para cualquier cosa que hiciera, así fuera un suspiro.

Sin hacerle caso (como era costumbre), caminó hacia él con pasos lentos, medidos para quedar cara a cara, habiendo la suficiente distancia entre ambos para que sus pies no se toquen, pero estando tan cerca que podía oler el perfume acuoso pero varonil que se había puesto. El acercamiento repentino lo hizo ignorar el imperceptible "click" del seguro de la puerta.

— ¿Burlarme? Para nada, Chim — negó con su cabeza varias veces, haciendo pequeños sonidos con su boca —. Vengo a ofrecer mi ayuda.

Debe ser una broma. — Ajá, y voy a creer que de un minuto a otro te volviste caritativo.

— Tómalo como un regalo atrasado de cumpleaños. — la sonrisa que le mostró fue tranquila, pero no se iba a tragar ese cuento suyo.

— Pensé que el soju era tu regalo. — alzó su ceja.

— Era una cortesía — inclinó un poco el cuerpo para acercarse unos centímetros a su rostro —, deseo darte algo más personal.

— El soju te está haciendo decir estupideces. — murmuró sin dejarse intimidar ante la cercanía; no iba a darle el privilegio de verlo vulnerable.

Esta vez el otro se rio bajo, con un peligro avecinándose. — Pensé que Ji-hoon te había dicho que tengo bastante resistencia al alcohol, pero desde tu posición creo que todos tienen más resistencia al alcohol que tú.

Bufó molesto, empujando al mayor con su hombro para dirigirse al colchón —. En serio, Min, ya vete, quiero dormir en paz.

Cuando pasó a su lado, no estuvo en ninguna de sus posibilidades que Yoon-gi apresara su muñeca para girarlo en un movimiento rápido, jalando su cuerpo hasta quedar pegados pecho con pecho. Todo rastro de sueño o mareo se esfumó de su cuerpo, abriendo los ojos al máximo, que observaban al otro con una sorpresa innegable.

— ¿Qué crees que haces? Suéltame, maldito cara de abuelo. — forcejeó para zafarse del agarre ajeno, pero este se afianzó a su cintura con su mano libre, manteniendo una cercanía cada vez más asfixiante.

— Me preguntaste cómo se daba un beso — cortó sus quejas con esa pregunta, logrando una mirada incrédula del de labios gruesos —. Creí más práctico enseñarte en lugar de solo describirlo.

La sangre de su cuerpo se dirigió a sus mejillas en un santiamén, percibiendo el incómodo bochorno apoderándose de cada parte suya.

¿Enseñarle? ¿Quién era tan estúpido para pensar que la persona que molestaba desde hace cinco años iba a aceptar una propuesta como esa?

— ¿De qué mierda hablas? Suéltame. — la voz le tembló por los nervios, que fueron en incremento ante la mirada de Yoon-gi.

— Te mueres por dar un beso, ¿no es así? — detuvo sus movimientos, viéndolo fijamente con sus ojos abiertos — No eres bueno ocultando tus deseos.

Frunció su ceño, sintiéndose descubierto de un momento a otro. — ¿Y si es así, a ti qué te importa?

— Tengo experiencia besando, a ti te hace falta que alguien te coma la boca, no es tan difícil conectar los puntos.

Algo hormigueo en su vientre bajo. — No lo digas así.

— ¿Entonces cómo lo digo? — murmuró, ladeando la cabeza — ¿Besar tus labios?

Y lo más importante, ¿quién era tan estúpido para considerar esa idea?

La respuesta era Park Ji-min.

No supo a quien culpar, al alcohol que ya estaba fuera de su sistema desde hace media hora, el pequeño flechazo que tuvo por el mayor hace cuatro años o el embriagador aroma del otro mezclado con la menta de la pasta de dientes. Podía ser todo o su infinita necesidad por besar y ser besado.

Una sonrisa se dibujó en los labios del rubio, entrecerrando sus ojos.

— Lo estás considerando. — afirmó con un tono complacido.

— Basta.

— No quiero.

— Eres una molestia en los huevos.

— ¿Ah, sí? — el tono que usó fue coqueto, acercando un poco su rostro — Pues no parece desagradarte la idea de besar a este rompe huevos.

— Cállate.

— Cállame.

Iba a arriesgarlo todo, era hoy o en ningún otro día; inclinó su cuerpo para intentar alcanzar los labios del otro con su boca de patito, pero solo logró que Yoon-gi se alejara, instalando una sensación de rechazo y humillación que no había sentido hace mucho, empeorando cuando la risa del rubio se hizo presente.

Retomó sus forcejeos, quería patear a ese imbécil por su rechazo y haberlo dejado en ridículo en su primer intento de besar a alguien.

— Apártate.

— Hey, no te enojes — calmó el pálido, abrazando su cintura con ambas manos —. Me alejé porque así no se inicia un beso.

— Y una mierda, quítate. — volvió a tratar de alejarse, pero el otro no se lo permitió, apretando el hueso de su cadera con su pulgar para mantenerlo quieto.

Logró que se quedara estático en su lugar por el cosquilleo placentero que causó ese simple tacto, enfocándose en el rostro del otro, que ya se encontraba más cerca suyo.

— Un beso no debe ser algo que empieza rápido y termina igual, lindo — el tono del mayor sonaba a un ronroneo suave, que lo idiotizó sin quererlo —. Debe disfrutarse tanto como tú fruta favorita, ¿cuál es tu fruta favorita, Chim?

— La... La fresa.

— Bien, entonces piensa en la fresa más apetitosa que puedas imaginar... ¿Cómo la comerías? — murmuró con sus narices apenas rozándose, compartiendo respiraciones tranquilas.

— Mordería primero la punta.

El pálido hizo un sonido negativo, subiendo una de sus manos hasta cubrir parte de su cuello con sus dedos, paseando su pulgar por los labios pomposos del chico en un toque superficial que erizó su cuerpo.

— Estás equivocado, cariño, primero debes sentir la textura de la fruta. — sin aviso previo, Yoon-gi comenzó a repartir besos lentos por su rostro, desde sus mejillas, hasta la comisura de su boca, pero jamás concretaba un beso completo en sus labios.

Ji-min cerró sus ojos mientras disfrutaba los besos casi tiernos en su piel, que lo hacían inclinarse hacia el otro por instinto, en busca de más contacto entre los labios delgados del rubio y los suyos; cuando se acercaba a su boca deseaba acortar la distancia pero fracasaba en cada intento, frustrándolo poco a poco.

Cuando estuvo cerca de su lóbulo le susurró: — Cuando terminemos de sentirla, hay que tentarla.

Apartó su mano del cuello ajeno, guiándola hacia la parte de su nuca, empuñando un manojo de las greñas negras del menor desde la raíz, tirando sutilmente su cabeza hacia atrás, arrebatándole un jadeo que motivó al rubio provocar más, acercando sus labios en un roce sutil que podía desesperar a cualquiera.

Ji-min se encontraba envuelto en una nube de sensaciones desconocidas en todo su cuerpo; quemaba, cosquilleaba, mareaba, todo eso y más provocaban los toques de Yoon-gi que, hasta ese momento, no sabía que podía ponerlo al límite con tan solo unas cuantas palabras y caricias fuertes.

Las piernas le temblaban, en espera de ser empeoradas o calmadas, a este punto no le importaba cual de las dos fuera mientras lo hiciera rápido.

Agachó sus ojos hasta ver los labios del mayor, que para su desgracia lucían suaves y tenían el color de la fruta que mencionó, no era un tono intenso pero era lo suficientemente apetecible para Park, imaginando el momento de poder apresar aquellos labios.

Intentó besarlo otra vez. Min volvió a alejarse.

Iba a sollozar, estaba demasiado sensible para aguantar un juego de "tira y afloja" en ese momento, su cuerpo virginal se encontraba experimentando la mayor provocación que jamás había sentido y el idiota seguía probando su paciencia; quería besarlo hasta saciar las ganas que subían como espuma.

— Deja de jugar. — regañó con un tono apagado, demasiado mareado como para sonar enojado.

— Eres muy impaciente, Chim — agachó su cabeza hasta meterse entre la curva del cuello del pelinegro, paseando su nariz por la sensible piel, causándole cosquillas combinadas con algo más primitivo —. Apenas estamos comenzando.

Tuvo que sostenerse de la ropa del mayor cuando el primer beso en su cuello se hizo presente, después hubo otro, y otro, hasta el momento de ser incontables; le daba pena ser escuchado, no quería demostrar cuánto lo afectaba, así que ahogó los suspiros que querían escapar de él apresando su labio inferior con su dientes.

El rubio pareció notarlo, porque redobló sus esfuerzos en los besos que estaba repartiendo, añadiendo mordidas superficiales en zonas específicas y la humedad de su lengua recorriendo su tersa piel, hasta que logró su objetivo: escuchar los angelicales quejidos cargados de placer del azabache.

— Imagina que estás comiendo la fresa que tanto quieres — lamió desde la base del cuello hasta su lóbulo, el cual mordió ligeramente —, saboreala dentro de tu boca.

Tragó saliva, imaginando una fresa jugosa a su disposición en ese momento, pudiendo imaginar la textura suave deshacerse en su boca con cada mordisco que diera, tragando el jugo dulce con lentitud para cubrir su garganta del néctar. Con solo pensarlo ya se encontraba salivando.

Yoon-gi se alejó para poder ver el rostro del menor, observando la escena más hermosa que sus ojos hayan captado; Ji-min tenía las mejillas sonrojadas, sus labios estaban hinchados por la cantidad de veces que los mordió, y esa mirada... Dios, esa mirada suya parecía estar dispuesta a hacer todo lo que él le pidiera en ese momento. Por un instante casi perdia la cordura, queriendo besarlo de una buena vez, pero mantuvo la calma en contra de su voluntad.

No iba a besarlo hasta que él se lo pidiera.

Hizo el ademán de estar a punto de cerrar la distancia entre ellos, pero cuando sus labios estuvieron rozándose por unos milímetros, se quedó quieto, ladeando de un lado a otro su cabeza, con sus labios dándose caricias que no llegaban a nada.

— Yoon-gi... — suplicó un deseo incompleto, pero que el rubio entendió sin necesidad de decir más.

Lastimosamente para el pelinegro, no iba a hacer nada hasta que lo dijera en voz alta.

— ¿Mmm? — murmuró en lo que sus manos se dirigían con lentitud hasta la orilla de su playera, adentrándolas para acariciar la zona cálida que contrarrestaba el tacto frio del rubio.

El contacto directo arrebató un jadeo brusco del reciente cumpleañero. Ji-min alzó su mirada para observarlo con un deseo vergonzoso.

— Ya no puedo más...

— ¿Con qué? — rio suavemente, disfrutando de la desesperación ajena.

— Min... Solamente házlo ya.

— No te entiendo, precioso, debes ser más específico.

Ji-min lo iba a matar, ganas no le faltaban en lo que llevaban conociéndose, y sí seguía presionando su paciencia de esa manera iba a pegarle un puñetazo en la boca, porque lo conocía, sabía lo que quería escuchar y también sabía lo que eso significaba para su orgullo.

Pero su cuerpo iba en contra de toda lógica, ardiendo en una lujuria que le hizo difícil mantenerse firme enfrente suyo.

— No te hagas el idiota ahora, sabes a lo que me refiero.

— Solo soy honesto, no puedo leer tus pensamientos — le mostró una sonrisa de lado, trazando líneas perezosas con los dedos por su columna —, dímelo y haré todo lo que me pidas.

Su vientre se tensó en una sensación agradable. Escuchar al rubio prendió un interruptor que no sabía que existía: el placer de la disposición absoluta de otra persona; mentía si decía que eso no lo había calentado, porque solo bastó que pronunciara esa frase para que su mente se encargara de crear escenarios en donde sacaba provecho de esa sumisión.

— No lo diré. — insistió en un último intento de salvar su orgullo.

El mayor amplió su sonrisa. — Entonces veremos hasta donde llega tu autocontrol.

Sostuvieron sus miradas unos minutos más, generando una tensión palpable entre ambos, como dos leones a punto de comerse mutuamente, esperando el momento en que el otro se rindiera. Sin embargo los dedos delgados de Yoon-gi jugaron en su contra, delineando con sutileza las curvas de sus costillas.

Ji-min tragó saliva. Por años había soportado las burlas de Yoon-gi, sus estúpidos comentarios en cada salida, habían peleado un sin fin de veces, si cedía hoy... Solo por hoy, no iba a ser el fin del mundo, ¿verdad?

Iba a terminar el juego del otro lo más rápido posible, quería que lo besara en ese instante y no iba a aceptar otro rechazo como respuesta, lanzando la única carta que tenía a costa de su orgullo.

— Hyung... — algo dentro de Min pareció derrumbarse, viendo como su mirada se oscurecía inmediatamente — Bésame, por favor.

Supo que había dado en el clavo justo al momento que sintió los labios del mayor impactarse contra los suyos.

Cerró los ojos, gimiendo de satisfacción entre la boca ajena. Sus manos encontraron lugar sobre los hombros del pálido, abrazando el cuello de Yoon-gi como el único soporte al temblor expectante de su cuerpo.

Después de veintiun años por fin estaba dando su primer beso, y aunque era con la persona que más detestaba en el mundo, se sentía jodidamente bien. Los suaves labios del mayor sobre los suyos provocaron una subida inexplicable en su calor corporal, sus mejillas ardían, su vientre cosquilleaba y cada toque de Yoon-gi dejaba un escalofrío que parecía eterno.

Al inicio se dieron picos cortos, disfrutando de la suavidad del otro sin ninguna prisa, pero pronto se volvieron largos, húmedos y necesitados, jadeando cada vez que volvían a unirse; pasaron los segundos y el rubio comenzó a entreabrir sus labios para capturar los suyos, dándole la indicación muda de que lo imitara para intensificar el encuentro.

Lo hizo con la timidez de alguien novato, abriendo la boca y cerrándola poco después, en un juego lento que servía para encontrar un ritmo cómodo entre ambos. El sabor a menta de Yoon-gi inundó sus sentidos, buscando a ciegas la forma de seguir saboreándolo; de un momento a otro una urgencia nació del mayor, comenzando a incrementar notablemente la velocidad de sus labios, dominándolo su totalidad.

El pánico se instaló en Ji-min, teniendo miedo de hacerlo mal por la inexperiencia que poseía, luchando por tomar distancia en busca de protegerse, sin embargo Yoon-gi no se lo permitió, tomándolo por la nuca con una mano para acercarlo a él, sin tener idea que justo los movimientos torpes que daba fueron culpables de la excitación del rubio.

Para guiarlo y que no tuviera problemas al seguirse besando, la mano que lo sostenía se deslizó a su mentón, marcando un ritmo guiado con su pulgar, de arriba hacia abajo al compás del movimiento de sus labios. No tardó tanto tiempo en adoptar la velocidad de Min, besándolo con confianza al pasar unos minutos, escuchándose los chasquidos y las respiraciones agitadas inundando la habitación.

Tenía calor en cada parte de su ser, agobiado por el hormigueo que presentaba en sus zonas prohibidas; no pasó demasiado tiempo para que el oxígeno de sus pulmones se viera agotado por la sesión de besos, separándose en busca de oxígeno con un pequeño hilo de saliva aún uniéndolos.

Sus respiraciones se mezclaban, erráticas y calientes.

— Feliz cumpleaños, lindo — susurró Yoon-gi con la voz rota causada por el beso —. ¿Superé las expectativas de tu primer beso?

La pregunta lo sonrojó con agresividad, dándose cuenta hasta ese momento que había entregado algo sagrado al hombre más ególatra que conocía, sintiendo una mezcla de vergüenza y rabia en su interior. Aún podía escuchar los latidos acelerados de su corazón, pero eso no impidió que le cortara las alas.

— No, pensaba que lo iba a tener con alguien más guapo — escupió con desprecio, pero el temblor al final de su frase delató su deseo —, y tampoco fue tan impresionante como imaginaba.

— ¿Ah, no? — soltó una risa baja, peligrosa; uso el peso de su cuerpo para empujar lentamente al pelinegro hacia la cama, obligándolo a sentarse en la orilla del colchón para apresar su cuerpo con un brazo a cada costado —. Te tuve rogando por un beso y ahora estás temblando debajo mío. Yo creo que lo disfrutaste demasiado.

Ji-min fijó sus ojos en él, oscuros por el deseo contenido. Anhelaba sentir la misma molestia de siempre, responder al nivel irritante de Yoon-gi, no obstante, las provocaciones del otro lo estaban calentando, sintiendo una incomodidad creciendo en su interior que no disminuyó al hacerse consciente de cada movimiento del mayor cuando hablaba, deseando volver a probarlo.

— Y si lo sabes, ¿por qué no cierras la puta boca y sigues con lo que estabas haciendo? — retó sin ocultar el temblor de sus palabras por los nervios esta vez —. Usa tus labios para algo útil.

El semblante seguro del rubio tambaleó por un segundo. — Con gusto.

Pronunció antes de volver a devorarlo, en un beso salvaje; ya no había la consideración inicial, ahora había dientes chocando, respiraciones pesadas, guerra de poder, era un contacto que marcaba cada rincón con posesividad.

Sin darse cuenta ya no estaba sentado en la cama, ahora se encontraba acostado con el cuerpo del mayor entre sus piernas, aprisionado contra el calor que emanaba. Hasta ese día no sabía que necesitaba tanto a Yoon-gi, sus labios, sus dedos, sentía que había encontrado su comida favorita y ya no la veía fuera de su dieta. Quería llegar más allá de esos suspiros y mordidas, mandando al carajo su inseguridad, solo quería fundirse con él toda la noche.

Con pena, abrió sus labios en medio del beso, rezando al universo para que captara lo que quería en ese momento y no quedar como un idiota virgen que imitaba lo que leía en sus historietas, por suerte, el rubio no tardó en adentrar su lengua. La humedad de ambos sin hueso chocando envío una descarga eléctrica a su columna que lo hizo arquear, enterrando sus dedos en la nuca del mayor.

No tardó mucho en adaptarse esta vez, imaginando que comía la fresa que en un inicio le hizo imaginar, intercalando las mordidas, succiones y lamidas con él, que para su sorpresa se adaptaba con facilidad a sus movimientos.

Los dedos escurridizos del rubio viajaron a la cintura del de abajo, con el objetivo de acomodarlo en el colchón, sin tomar en cuenta que la tela delgada del pijama que portaba hacia que cualquier roce se sintiera a flor de piel. Sus entrepiernas se rozaron un segundo, pero fue suficiente para hacerlo gemir.

Ya que Yoon-gi seguía besándolo, creyó que no lo había escuchado, así que decidió hacer lo mismo e ignoró aquel incidente, pero lo que no tomó en cuenta era que el pelinegro difícilmente dejaba escapar sus deslices, menos cuando podía usarlos en su contra; el brazo del rubio cruzó la curva de su espalda, alzándolo lo suficiente para tener disposición absoluta de su delicado cuerpo. No le advirtió, solo comenzó a chocar sus caderas una y otra vez sobre la ropa.

Gimió. Las descargas de placer llegaron de manera imprevista, sintiendo como el pantalón de mezclilla rechinaba contra la tela de lana roja en un tortuoso roce que le arrebató el aire.

— Mmh... Yoon, espera... — para su sorpresa, detuvo los movimientos al instante, separándose del beso con un chasquido.

— ¿Qué pasa, corazón? — ignoró la suavidad con la que preguntó y el apodo que causó un vuelco en su corazón, tratando de enfocarse.

— Yo... No... Sabes que no... — titubeaba nervioso, viendo a cualquier parte que no fueran los ojos de gato de él.

Tenía miedo, se sentía increíble pero no sabía cómo reaccionar, ni siquiera sabía si haberse detenido era lo correcto, tal vez iba a causar que Yoon-gi se enojara y se fuera, o lo iba a ver como un exagerado. Tantas posibilidades estaban en su cabeza, que se disiparon con un tierno beso en su mejilla.

— Oye está bien, no tienes que explicarme nada — inexplicablemente, pareció comprender y empatizar con sus inseguridades, en contra de la actitud hijo de puta que siempre le mostró —, no haré nada que no quieras.

— No es eso, es que... — la mirada del otro se congeló, atento a lo que iba a decir — No sé... Qué hacer...

Escuchó como el rubio tragó saliva, paseando sus ojos por todo su rostro. — ¿Quieres seguir? — la pena lo consumió, asintiendo lentamente con su cabeza — ¿Seguro? — volvió a mover la cabeza.

Hubo un momento de silencio en lo que Min pensaba que hacer y Park calmaba su pulso, hasta que volvieron a cortar la distancia, dándose un beso esta vez con más calma, saboreándose con movimientos lentos. Yoon-gi volvió a tomarlo por debajo, esta vez, lo hizo enredar su piernas en su cadera con calma mientras acariciaba sus muslos en un intento de disminuir sus nervios.

Iba a estar bien, estaba en las peores mejores manos.

Cuando hallaron una posición cómoda entre sus piernas, el mayor hizo una embestida lenta justo en su sensible piel cubierta, sacándole un suspiro complacido; desplazó sus caderas nuevamente, agarrando más velocidad y fuerza con el transcurso del tiempo.

— Lo estás tomando bien... — susurró en medio del beso, chocándose con él — Permíteme encargarme de ti.

Enterró sus uñas en los hombros anchos del pelinegro al momento de que la sensibilidad en su zona baja incrementó, y con ello, sus gemidos fueron arrancados más fuerte que antes. Ya no se trataban de jadeos fuertes, eran quejidos agudos que pedían saciar el fuego en su interior, no para apagarlo, sino para que acampara su ser hasta ser convertido en cenizas.

Un gruñido se escuchó del mayor, a él también le estaba afectando lo que estaban haciendo, y no se detuvo solo con embestirlo como un animal en celo, ya que inició un recorrido de caricias que llegaron hasta los muslos del menor, amasando la piel a su antojo sin detener su pelvis. Comenzaron a ser más ruidosos y con eso, el peligro de ser descubiertos subió.

Yoon-gi rompió el beso cuando sus labios no fueron suficientes para callar los gemidos constantes de Ji-min.

— Baja la voz, tú hermano nos puede escuchar. — susurró con su respiración errática.

— Mmm... — el rostro del chico de abajo lucía perdido, los ojos se le encontraban empañados de lágrimas no sueltas, y el rubor cubría la mayor parte del rostro hasta su cuello.

Iba a ser su jodida perdición, pero debía guardar un poco de su compostura.

— Hyung... Ah... — la voz le salió quebrada por la lujuria — Más rápido...

A la mierda la compostura.

Ya había hecho su trabajo de advertirle sobre lo ruidoso que era, y si el pelinegro le pedía seguir con esa voz, ¿quién era él para negarse? Exacto, nadie. No iba a ir en contra de los deseos del cumpleañero.

Fundió sus lengua en un beso que tenía la intensión de ahogar cada quejido de placer del chico, puesto que sus caderas actuaron por si solas, arremetiendo con la rapidez que le permita la callada noche, queriendo mantener el desastre de sus cuerpos en el la discreción de la privacidad muda... O bueno, quizás no tan muda por los suspiros que se oían.

Un rocío de sudor cubría la piel pálida de Yoon-gi ante el esfuerzo sobre humano que ponía para no arrancar la ropa del otro y poseer sus entrañas. Ji-min no se encontraba mejor, el bochorno abrazaba cada célula de una forma deliciosa; dentro de su pijama se encontraba incómodo, la humedad del pre-semen estaba provocando que cada movimiento incrementara el cosquilleo de su vientre, el cual se contraía cada vez más avisando que su orgasmo se avecinaba, y al ser su primera vez, supo que no iba a durar mucho.

Quería aliviar su sed de lujuria, es por eso que alzó su pelvis para chocarse con más fuerza, eran movimientos torpes, pero no se permitió detenerse.

Movimientos frenéticos. Respiraciones aceleradas. Era un cúmulo de señales que avisaban lo inevitable.

Un gemido ahogado y espasmos repentinos fueron el sello absoluto; el rubio había llegado al ansiado clímax. Las tiras de su dulce miel fueron depositadas dentro de la ropa interior, visualizando los rastros de su orgasmo en una mancha oscura.

Min se separó de sus labios para presenciar la escena, casi corriéndose por lo que vio. Ji-min estaba destruido, no habían tenido sexo pero parecía tan satisfecho como si lo hubiera tomado en ese instante; las partes que estaban descubiertas se encontraban rojas por el calor del momento, pero la estrella de esa obra de arte era su cara.

Los ojos llorosos lo hicieron ver sumiso, su cabello negro estaba pegado a la frente y sus labios se encontraban entreabiertos, en un intento de recuperar el oxígeno que robó de sus pulmones con suspiros quebrados. Tan hermoso.

Notó como los ojos del pelinegro bajaron a su entrepierna e hizo una mueca que sin quererlo, lo hizo ver atractivo.

— No has terminado. — su voz le salió ronca, cansada por la reciente corrida.

Agachó su cabeza para observar que, efectivamente, aún conservaba su erección que buscaba aliviarse. Estaba tan cerca pero no quería agobiar al otro, así que le restó importancia.

— Estoy bien, puedo ir al baño. — quiso separarse de él para buscar la forma de calmarse pronto, pero el otro afianzó sus piernas a él.

— No... — hubo duda en su mirada, pero la chispa de deseo la opacó — Déjame ayudarte. Me hiciste terminar, quiero hacer lo mismo.

Tragó saliva, sintiendo un tirón de placer en su entrepierna. — Lo digo en serio, Chim, está bi...

— No me digas así — interrumpió al instante, tirándolo por la cadera para que se volviera a agachar a su altura —, mi nombre es más bonito que el apodo de mierda que me pusiste.

— ¿Quieres que te hable por tu nombre?

— Quiero que gimas mi nombre.

Siempre tenía algo que responder, nunca se dejaba intimidar por nada ni nadie y contraatacaba con frases ingeniosas, pero está vez, Yoon-gi guardó silencio, sintiendo un cosquilleo gratificante en su miembro; no supo que decirle, pero lo había excitado como no tenía idea.

Aquel silencio fue tomado como una puerta abierta que podía cruzar Ji-min, y sin perder el contacto físico, bajó ambas manos hasta tocar el cierre metálico de su pantalón, desabotonándolo con urgencia. Hasta ese momento pudo sentir su nerviosismo, que se manifestó en manos temblando mientras bajaban su ropa, obligándolo a separar sus piernas.

Con el pantalón hasta la mitad de sus muslos, el pelinegro fijó su mirada en el pene cubierto por el boxer oscuro que portaba, y pareció dudar; era obvio que no había visto la desnudez de nadie más aparte de la suya, lo notó cuando sus ojos parecían sufrir una batalla interna entre que hacer con sus manos, decidiendo que iba a aliviarlo.

— Puedes hacerlo por encima de la ropa.

— Gracias al universo, no quería verte desnudo — compartieron una risa divertida que alivió el tenso ambiente —. Dime si hago algo mal.

La sonrisa que tenía murió al momento de sentir el primer contacto. Los dedos del chico envolvieron su longitud sobre la prenda holgada, arrebatándole un suspiro tembloroso por la descarga de placer que obtuvo por ese simple tacto, empeorando cuando comenzó a subir y bajar, masturbándolo con la poca habilidad que poseía.

— Mierda, Ji-min... — mordió su labio inferior, tratando de callar los jadeos que salían sin planearlo de él.

No iba a durar mucho, había recibido demasiados estímulos en su encuentro, pero se forzó a aguantar unos minutos más, por lo menos lo suficiente para grabar la sensación de la mano del azabache sobre él. Ocultó su cabeza en la curva del cuello ajeno, susurrando palabras para alentarlo a subir la intensidad de su toque.

Del otro lado, Ji-min se encontraba complacido, con un sentimiento de poder que iba incrementando conforme los gemidos de Yoon-gi salían más de su boca. Su pecho se inflaba de orgullo, estaba causándole placer al rubio de la misma manera que él lo provocó en su cuerpo, y se sentía tan, pero tan bien, incluso si aún no estaba acostumbrado a la rasposa sensación de la tela mojada sobre sus dedos, quería seguir hasta robar el último sonido del otro.

Podía ser que no supiera como complacer a otra persona, pero conocía la forma de tocar el cuerpo de un hombre con su propia experiencia en aquellas noches solitarias en su habitación, tal razón lo motivó a subir su mano hasta la punta del falo ajeno, frotando la punta con su pulgar con rapidez, en búsqueda del orgasmo de Min.

— Uhm... ¡Mmmh! Espera... Espera, Ji-min. — rogó piedad con esos gimoteos, pero lo contradecía su propio cuerpo, que empujaba al ritmo de su mano.

— ¿Qué pasa? — giró su cabeza hasta poder susurrarle al oído — ¿Quieres terminar?

Un sonido ahogado fue su respuesta mientras sentía que las manos huesudas de Min se aferraban temblorosas a la sabana de su cama. Olvidó que era su primera vez y enfocó todos sus sentidos en él, frotando con más velocidad la punta húmeda de su miembro, hasta que lo tuvo sollozando en su cuello.

Su mano pedía un descanso que no le dio, ahuecando su palma en búsqueda de sobarlo por completo. Cuatro embestidas fueron las detonantes de la liberación del rubio.

Mordió su cuello con fuerza para no ser tan ruidoso, haciéndolo soltar un quejido doloroso mezclado con placer.

El cuerpo de Yoon-gi temblaba por los espasmos del orgasmo, desplomando su cuerpo a lado del de Ji-min para no aplastarlo. Jadeaba aliviado, contento hasta la médula por lo sucedido y el increíble clímax que su cuerpo aún resentía.

Se quedaron quietos por unos minutos, recuperando su respiración, con la ropa desordenada y fluidos que les daba pereza limpiar.

Min fue el primero que rompió el hielo, riéndose con felicidad genuina.

— ¿De qué te ríes, idiota? — preguntó a su lado Park, que a pesar de sonar molesto, mostraba una linda sonrisa.

— Nada, nada... — trato de calmar su risa, fracasando rotundamente — Solo recordé que querías meterme un palo por el culo cuando entré aquí.

Le dio un empujón en el hombro, contagiándose de su risa burlona. — Cállate porque mi pensamiento no ha cambiado.

— ¿No? — volteó a verlo manteniendo una sonrisa un tanto peligrosa —, pues estoy abierto a cualquier cosa que quieras probar, soy muy open mindeu.

— ¿En serio?

— Claro, solo trátame con delicadeza, nadie ha tocado mi florecita.

— Por todos los cielos, ya cierra la boca. — se carcajeo por sus estupideces, teniendo que tapar su boca para no ser muy escándaloso.

Yoon-gi acompañó su risa, girando su cuerpo para observar su rostro como si se tratara de la obra de arte más preciosa del mundo, transmitiendo pura adoración con sus orbes oscuros. Suspiró encantado.

— Ji-min.

— ¿Mhm? — conectó sus miradas sin borrar su sonrisa.

— Eres hermoso — la declaración repentina lo hizo sonrojar de punta a punta, sacándolo de lugar su repentina honestidad —, quería decírtelo desde antes.

Sonrieron con cariño, viéndose envueltos en una burbuja de complicidad y ternura que no habían sentido antes pero se sentía tan familiar, una vibra que les decía que pertenecían allí, con el uno al otro.

— Y Ji-min.

— ¿Sí?

— Con esa mano agarraste mi pene. — señaló la palma que tapó sus labios hace un segundo.

— ¡Min Yoon-gi!

Aquella noche Ji-min aprendió dos lecciones muy importantes. La primera era que había valido la pena cada maldito día de su vida en esperar ese beso, fue elevado tan por encima de los cielos que volvería a repetir sus decisiones con tal de revivir esa noche, pero no quería que sus labios fueran tomados por nadie más que no fuera Yoon-gi.

La segunda lección era que, sin importar el día, la hora o la circunstancia, Min seguiría siendo un jodido imbécil de mierda.

 

𐙚