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Sethos era un explorador nato, cualquier lugar abandonado era de su interés, siempre que se infiltraba buscaba con detalle cualquier rastro de historia que pudiera contar. Cyno era su hermano, un adulto que lo seguiría sin pensarlo en busca de emociones, lo acompañaba siempre que podía.
Cuándo eres adulto, debes hacer lo que esté en tus manos para no dejarte consumir por la rutina y el aburrimiento.
Así fué cómo ambos, en una noche después de ver una pésima película de terror, decidieron comenzar un canal de blogs, documentando lugares poco conocidos, acudiendo a altas horas de la noche, casas abandonadas, las profundidades del bosque, selvas y desiertos, ruinas de antiguas civilizaciones o locaciones reportadas con "vibras raras" eran los escenarios de dichos vídeos, ambos grababan y el esposo de Cyno, Tignari, se encargaba de editar los vídeos. Los tres se habían hecho fama.
Sethos, vagando un día por la web, se volvió realmente insistente en visitar Inazuma, una nación vieja, llena de mitos y leyendas, repleta de cuentos, conocida por sus fantasmas
"Hay un lugar, se llama Taratsuna y dicen que después de un desastre, quedó abandonada, no mencionan mucho"
"¿Y si no encuentran nada?" Tignari no levantaba la vista del ordenador donde estaba editando mientras los otros dos jugaban a las cartas.
"Justo por eso deberíamos ir, hay unas diez páginas y videos que lo documentan, los lugareños dicen estar tan aterrados que no se atreven a posar el lugar... Si vamos podríamos descubrir cosas que nadie más sabe"
"Podría pedir vacaciones" Cyno, que irónicamente trabajaba en la policía solía ser muy estricto detrás del papel cómico que daba en los vídeos.
"Y yo cerraría la librería unos días" Sethos por su parte era encargado del Templo del silencio, una librería llena de libros antiguos y de segunda mano.
Las cosas salieron espléndidas, la primera noche fue un día normal, si, el ambiente en la antigua forja era lúgubre, con una vibra pesada un tanto asfixiante, pero nada que no hubieran visto antes, con forme más se adentraban, encontraban objetos abandonados que probaban que el lugar una vez estuvo habitado y funcional.
El plan era simple, entrarían tres días, en horarios diferentes para medir la supuesta actividad paranormal.
Ya adentro, los vestigios eran una máquina del tiempo, realmente nadie había tocado nada en siglos, probablemente.
"No hay grafitis más que en la entrada"
"Eso es malo, pero tengo una corazonada, hay que seguir"
Había que estar atentos, la falta de pinturas era señal clara de lo inhabitable, solían ser marcas que indicaban qué tan seguro era vagar por ahí, cabe recalcar que la última vez que ambos entraron en un lugar sin marcas se vivieron involucrados con una fosa clandestina, un caso que le valió un ascenso a Cyno como policía y unos cuantos miles de suscriptores
"Cyno ¿Escuchaste?" Sethos habló con inquietud y curiosidad en su voz, una que solo salía cuando de verdad estaba disfrutando lo que hacía.
"No, no sé ha escuchado más que el viento"
"Voy a revisar la camara" Lo bueno de estar grabando constantemente con un equipo profesional, era que podían ver cosas a detalle que se perderían de solo contar con los sentidos humanos. La grabación presentaba fallos, un glitch que distorsionaba la imagen al momento que se escuchaba un tenue "ven..."
"Es una voz masculina" ambos se miraron con complicidad, esto iba a ser como encontar un tesoro.
Desgraciadamente al pasar el rato, a Sethos le comenzó a doler la cabeza, igual ya se iban a regresar, se limitaron a tomar un par de fotos más e irse. Ya en la ciudad, Cyno se encontró con Tignari, que al ser un científico hecho y derecho, se negaba a creer realmente en cualquier aspecto paranormal. Ambos se separaron del moreno, a fin de cuentas, eran pareja, necesitaban un poco de privacidad en tierras extranjeras, no eran muy obvios, pero si eran del tipo que no solía soltarse de la mano.
A veces Sethos les tenía envidia, sabía que habían construido cada aspecto de su relación desde el amor y el respeto¿No era eso algo digno de admirar? Y en casa, les esperaba Collei, su hija adoptiva.
Ver a su hermano convertirse en adulto le hacía sentir que podía estar quedándose atrás.
No quería sobre pensar ese asunto, se repetía que iba a su ritmo y que ese tipo de cosas no podían forzarse, debían darse naturalmente. Caminó por un rato, hasta que llegó de nuevo a la forja ¿Era que ese lugar tan simple lo atrapaba tanto?
Caminó al centro, se recostó en una roca, a diferencia del rato anterior, el ambiente no pesaba tanto, la bruma no asfixiaba y aún dejaba ver las estrellas... Era relajante, pudo también apreciar la flora que crecía en su interior, algunas flores que no conocía lo maravillaron, no era un mal lugar para estar.
"La gente normalmente no viene aquí, pero tú ya lo hiciste dos veces en un día, pequeña abejita curiosa" El tono de soberbia era claro, un chico le había tapado los ojos, sus manos, eran lo más frío que alguna vez tocó su rostro.
"Soy ese tipo de persona, Sethos, no abejita" Se quitó las manos para poder verlo, era realmente hermoso, un chico de piel pálida, cabellos oscuros, delineado rojo y un traje típico de la zona en tonos morados y blancos, de su cuello, colgaba una pluma dorada.
"Pero si eres muy valiente para entrar aquí"
"¿Y qué hay de ti?"
"No soy más que un guardia de seguridad, no creerás que un sitio así se queda sin supervisión¿No?"
"Tal vez tienes razón... Soy Sethos... ¿Podría hacerte unas preguntas del lugar? Me encantaría saber más"
"No es más que el lugar de una tragedia... De hace más de 500 años, pero la gente aquí es muy tradicional y conservadora, no lo olvidarian ni aunque pasara una eternidad, así que solo extranjeros y adolecentes estúpidos entran por estos rumbos." Había algo en el que lo atraía como si fuera un imán, nunca había querido besar tanto a otro hombre.
"Pero esa imprudencia disfrazada de osadía puede tener una recompensa... Tengo algo mejor que cualquier psicofonía pobre que tú camara pueda capturar"
Lo siguió, lo quería, lo necesitaba. Estar en un cuarto obscuro no era lo que solía hacer con otros hombres, pero ahí, enfrente, podía ver cómo abría una caja.
"Este es uno de los objetos más embrujados de por aquí... Es el corazón de Kunikuzushi"
"Es hermoso" Podía verlo, era brillante, parecía intacto, como si recién fuera extraído.
"Lleva aquí sellado más de 500 años, no puede salir, pero a qué es genial¿No?"
"No tan genial como tú" Dijo mirándolo a los ojos. El sonrió, la luz de la vela que había estado llevando consigo se apagó, la noche los cubría, pero no tenía miedo.
"He estado mucho tiempo solo aquí" El tono en el que lo dijo lo hizo estremecerse, sintió como lo abrazaba por la espalda, tomándolo suavemente mientras dirigía sus manos a su torso, jugando un poco con su playera.
"Estás tocando un terreno peligroso"
"No me molesta el peligro"
Qué patético, estaba siendo consumido por su lujuria, impregnado en el aroma del joven, fresco, como a madera, carbón y un toque dulce. Volvió a record su figura, definitivamente su tipo, el tipo que lo atrajo ahora le está tocando peligrosamente el abdomen.
¿Era acaso real? ¿Qué había tenido que sacrificar para estar en esta situación? Sethos era el tipo reservado que hasta hace poco realmente estaba formando conexiones, su círculo se limitaba a su hermano gay, su sobrina y los amigos "nadie sabe que son gays pero lo son" Había tenido suficiente tiempo para cuestionarse su orientación, y aún si no lo hubiera hecho, el hombre tras de el era la suficiente comprobación necesaria. Lo quería, no era del tipo de encuentros casuales, así que se ruborizaba al notar la nula resistencia a la boca que ahora se adueñaba de su cuello, mordiendo con una fuerza bruta que en lugar de doler, le hacía despertar otro tipo de emociones, el calor en su vientre era la sensación más embriagante ¿Estaba tan urgido por contacto físico? Si, bueno, no tenía ninguna experiencia previa y estaba saliendo a la luz.
"La abejita realmente quiere esto" Dijo en un susurro, el joven bajo su mano y tocó por sobre su ropa su ya creciente erección, le rogaba a los arcontes el no ser precoz y aguantar lo suficiente.
"Te necesito desde el primer momento que te vi" Sethos se volteo para besarlo debidamente, sosteniendo su frío rostro, por la forma en la que el joven lo guiaba, podía saber que el si tenía experiencia decente en esto, se limitó a seguirle la corriente, probar sus labios, juntar sus lenguas, era el mejor intercambio de saliva que alguna vez tuvo. ¿No era ridículo?
Necesitaba más.
El chico lo tiró al piso y rasgó su ropa ¿Sus uñas siempre fueron tan largas? No le importaba, quería que lo marcaran, que dejarán en rojo ardiente marcas por todo su cuerpo.
Su tamaño era decente, un grosor de aproximadamente 4 centímetros y 17 centímetros de largo. Tenerlo expuesto era vergonzoso, agradecia la falta de luz.
El otro chico debería estar ansioso porque fué inmediatamente a sentarse sobre el, colocando sus manos en el pecho del moreno, también se bajó los pantalones y le mostró el paraíso a Sethos, el chico de había colocado en el lugar exacto para que su coño húmedo quedara justamente arriba del pene del moreno, comenzó tranquilo, rozando por pequeños instantes que desesperaban a Sethos, el no estar dentro de el era eterno. Frotaba ligeramente, empapando la verga del chico con los fluidos que salían de su coño. Una estocada en particular, acercando peligrosamente la punta a la entrada le hizo sacar un hermoso gemido. Quería más de ese calor.
El de cabello corto jugó un poco más hasta finalmente dejarse caer por completo, llenando su coño. Sethos estaba en el cielo, se podría volver adicto. Pero en esa sensación tan celestial, surgió una inquietud, si lo dejara un solo segundo, el podría desaparecer, podría irse, no quería perderlo, no quería perder esa sensación tan abrumante, no quería salir de su interior nunca.
Todo mejoró cuando el chico empezó a mover sus caderas, saltando de vez en cuando y guiandose por movimientos circulares, había tomado una de las manos de Sethos, dejándola en su propia cintura para que tuviera un poco de fuerza en la guía de sus movimientos, la otra simplemente la entrelazó con la suya.
Los gemidos desesperados manchaban ese lugar tan tétrico. El sube y baja del joven lo hizo terminar en mucho menos tiempo del que se permitiría admitir.
"Más... Más... Me estás llenando completamente" Sintió el aumento de la humedad, Sethos ya se había corrido dentro, pero el seguía buscando su propia satisfacción, pasaron unos segundos para sentir las contracciones del chico, impidiéndole salir por completo. Se derrumbó sobre el, recostando su cabeza en el pecho de Sethos.
"Fué grandioso... Tenía tanto sin sentirme bien..."
"No hemos acabado"
"Novato ¿Realmente crees que aguantas una segunda ronda?"
"Puedo arreglarmelas"
Sethos había recuperado la confianza que la primera vez le secuestró, ahora, ya se sentía un poco más cómodo y seguro, aún si no entendía del todo lo que estaba haciendo, no iba a rendirse.
Tomó al chico y quitó lo que le quedaba de ropa, los trajes antiguos eran los más fáciles de quitar. Recorrió su pecho con su boca, dejando mordidas, besos y leves marcas en la piel blanca como porcelana, le gustaba el contraste con la propia.
Lo abrazo con su brazo izquierdo, mientras que con el derecho, comenzó a jugar con su coño, el chico, antes activo cuándo lo montaba, ahora era realmente sumiso, abriendo sus piernas para el, podía sentir la humedad y los restos de la leche que había dejado en el, con unos dedos, acariciaba el exterior al tiempo que introducía los otros, marcando un paso suave y constante, el joven, además de responder con suspiros, comenzó a montar sus dedos, moviendo su cadera para ayudar a las penetraciones, por supuesto, estaba sensible despues del primer orgasmo.
Lo besaba mientras aprovechaba sus dedos para hacerlo terminar por una segunda vez.
Sethos, aún no cansado de adorarlo, se colocó entre sus piernas para esta vez usar su boca. Guío las manos del joven a su cabello, agradecia tenerlo largo porque era más fácil de manipular. Comenzó a darle atención al coño frente a el, besándolo y usando su lengua para volver a provocar gemidos, ni siquiera se había recuperado de las emociones anteriores, las manos de Sethos hicieron que flexionara sus piernas, dejándolo aún más vulnerable, debía admitir que en realidad no sabía muy bien que estaba haciendo, pero las manos en su cabello le ayudaban a llevar el ritmo necesario y tocar los lugares correctos. Le gustaba usar los dedos para acariciar los muslos del chico.
"Estoy cerca" Pero en lugar de aumentar la velocidad, paró. Se levantó para colocarse tras de el, subiendo una de sus piernas, dejando expuesto su coño, introduciendo su miembro de una sola estocada. Se quedó ahí unos segundos, volviéndose a familiarizar con lo cálido y húmedo que era ese lugar, luego se empezó a mover.
"Más fuerte, por favor" El chico sollozaba. No tenía a qué aferrarse.
Obedeció sus palabras, se había estado conteniendo, pero con el debido permiso, se volvió aún más rudo, empujando fuertemente, no tenía tiempo de pensar en nada, solo en el momento y lo bueno que era esto. Pero no duraría para siempre, no tardaron en correrse juntos, Sethos volvió a llenar al chico de su espesa leche.
"¿Te irás?" Dijo el chico en respiraciones entrecortadas.
"Nunca lo haría" beso su rostro, limpio una de las lágrimas que salían de sus ojos, lo abrazo gentilmente mientras besaba su frente, su nariz, sus mejillas. Después se acurrucó en su pecho, Sethos podía sentir las suaves caricias del chico en su cabello.
¿Este nivel de cercanía era común en gente que se acaba de conocer? No importaba, era todo lo que necesitaba, era todo lo que quería.
"Oh, te irás pronto... Es una pena... Realmente eres mi favorito ahora, pero así son los humanos ¿No? "
La calidez que sentía se volvió el frío más intenso, el cansancio y la comodidad fueron cambiados por una parálisis que lo dejaba incapaz de hacer nada. Podía verlo, sus ojos brillaban, el sueño lo alcanzó antes de poder hacer cualquier cosa.
🪷🐝
"¿Él estará bien?" Cyno se veía alterado, Tignari puso una mano en su hombro.
"Es difícil decirlo, no hay heridas internas ni externas... Creemos que no ha despertado por el agotamiento" Una de las chicas, una baku, dijo mientras revisaba a unos papeles, mirando constantemente a su superior para que aprobara sus palabras.
"Es algo psicológico" Dijo la chica de cabellos celestes "¿Ha pasado por algo fuerte recientemente?" La psicóloga no podía hacer más que investigar un poco del contexto con los familiares.
"Sethos y yo hacemos videos en nuestro tiempo libre... Habíamos venido ya que en unas islas de Inazuma se habían reportado elementos paranormales cerca de un dominio"
"¿Durante estás visitas es posible hablar de algún golpe en la cabeza?"
"No, el es aún más cuidadoso que yo... Pero justo después de grabar en Taratsuna, se volvió realmente insistente por volver, regresó solo"
"El chico se fué, cómo estábamos en habitaciones separadas y habíamos quedado en vernos hasta hoy, no lo supimos hasta el día siguiente"
"Oh, Taratsuna es un lugar increíble para los eventos paranormales pasados..." Habló la chica, llevándose una mirada de reprobación por parte de Mizuki.
"Niña, nos basamos en hechos y evidencia... Pero es real que las cosas que pasan en Taratsuna son extrañas... Si les daría alivio una segunda opinión, podrían ir con la sacerdotisa Yae Miko"
Sethos estaba en cama, había desaparecido en medio de la noche y lo habían encontrado, sin un solo rasguño, afuera de las ruinas del lugar.
"¿No lo ven? Me ofrece su bendición y su amor a muerte" Era de las pocas palabras que había dicho.
Cyno sabía que el lugar estaba completamente vacío, no había nadie a quién pudiera referirse, poco después de hablar, se había vuelto a quedar dormido, se le atribuía a un cansancio extremo, el equivalente a no haber dormido en una semana. No tenían más que consultar a la sacerdotisa.
Yae Miko era la encargada del santuario, uno de los pocos lugares que no fueron tomados por los avances de la civilización.
"¿Taratsuna?... Lamento decírselos, pero no sé va a recuperar" Dijo juguetendo con sus manos.
"¿Qué quiere decir? Debe haber alguna manera"
"Por lo que me describen, está en un trance, lo va a buscar hasta encontrarlo... Seguramente ya lo hizo ofrecer su alma"
"¿Cómo? ¿Quién?"
"El kabukimono... No es un caso aislado, hace al menos unos 5 años pasó lo mismo, tiene gustos bien definidos, siempre va por chicos jóvenes, el último era decendiente de los pocos herreros tradicionales que quedan en Inazuma, era alguien con futuro que cedió ante el y murió pocos días después, siempre se obsesionan con volver a las ruinas y es como si les drenaran cualquier energía... En el primer encuentro se obsesionan, en el segundo desaparecen, luego aparecen de nuevo, muertos en la costa y con el pecho vacío"
"Eso es terrible"
"Lo mejor que pueden hacer es llevarlo de inmediato a Sumeru... Si no lo puede volver a ver podría salvarse, pero su estado emocional no mejorará"
"Podría hablarnos más de eso ¿El kabukimono?"
"En esta época es conocido como Scaramouche, el baladista, es un ente rencoroso que data de hace más de 500 años, la mayoría de la gente ya lo ha olvidado, pero es una historia que de verdad pasó. Por rencores pasados, un hombre rapto al joven príncipe heredero, obviamente se activaron los protocolos reales para intentar recuperarlo, pero fué en vano, su cuerpo fue encontrado unos días después, cuando hubo un incidente en la forja y todos los trabajadores murieron. Cuándo se metieron a inspeccionar, encontraron una muñeca de tamaño real, aunque se dice que olía horrible y por las conexiones salía un líquido rojo opaco. Adentro estaba el cuerpo del niño, el preciado principe de aquel entonces tenía marcas de tortura, la mayoría de los huesos rotos, evidencia de violencia sexual y habían removido su corazón, nunca lo encontraron."
"Sethos también mencionó a un guardia de seguridad en la zona, podríamos preguntarle si sabe algo más"
"Llevo años interactuando con cada parte organizacional de Inazuma, nunca se ha mandado a nadie a la forja, mucho menos para hacer guardia "
Cyno y Tignari fueron corriendo al hospital después de sentir un mal presagio.
Sethos se había ido.
Había una nota
"Unos creen el la guerra, otros en el paraíso, por mi parte, yo solo creo en él, busquenme ahí, en el jardín de la duermevela, el jardín de la flor perfecta"
