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Rechazo

Summary:

—Oh Verde… —

Eso sonaba increíble, su voz le pone un toque de dulzura perfecto pero el gusto me duró poco cuando siento una presión en el pecho que me empuja hacia atrás, la mano libre de mi capitán, captó su expresión es incómoda, avergonzada, pero controlada.

—Lo siento mucho, yo…a mí no me agradas de esta manera— Sus palabras son claras, directa y muy profesionales incluso ahora.

Notes:

Versiones humanas así que puedes ir tranquilo, no se dan detalles de cómo son así que puedes imaginártelos más allá del color de cabello u ojos, pero eres libre de interpretar.

Puse sus nombres en inglés para que si traducen el Fanfic a otros idiomas sea más fácil para ustedes entenderlo, así que por eso no usan el pronombre de "ellos" por motivos de traducción, pero usan "el y ella" de todos modos variado.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Rechazo

Chapter Text

Me inclino en la silla. Purple y Red se acusan nuevamente y yo solo giro la cabeza de uno a otro sin saber aún muy bien que decir, ya que podría cagarla, necesitaba acomodar mi mazo.

Purple empezó todo, de por sí parecía tenerle un tipo de coraje al capitán, aun así podría dejar de acusarlo por respirar. No está mal, pero no voy a dejar que echen a mi capitán al espacio sin hacer nada.

Lo necesito.

¿Hay una razón beneficiosa? No, No la hay, pero quiero conservarlo, como se conserva una mascota. Como se conserva algo que es tuyo, y amas mucho, ya me inventé excusas para quedármelo, una peor que la otra, todas raras pero mías, por eso Orange está fuera de la ecuación. El plan sigue.

Antes arriesgué mi mentira en el juicio de Orange para mínimo mantenerla pero era muy estúpida y con sus reglas, bueno era obvio que iban a descubrirla, además ella también fue quien me obligaba a tener que alejarme de Red con su incompetencia. Y ahora en el juicio de Yellow me arriesgo para salvar de nuevo. Grande, Purple. Tenías que robarle la mochila. Tenías que enseñar su libro y no darte cuenta del daño emocional que le ponías encima a mi capitán.

Porque ahora puedo escucho el dolor de Red en cada sílaba, veo en cómo se encorva, en cómo esconde el temblor de sus manos, y es…más que interesante. Purple arma su teatro y no ve lo que le hace, debería darle un premio por que no ve lo que me está regalando en bandeja de plata.

Carajo, me encanta cómo suena cuando se rompe.

Su voz, cómo se quiebra, casi llora. Quiero que lo haga, quiero ver esa cara marchita, destrozada y hasta sonrojada, mirándome solo a mí. Y voy a ser yo quien lo provoque. ¿Que si puedo? Por supuesto. Solo tengo que alejar a mi cereza de los demás y eso es tan fácil con esta tripulación. Además tengo al guardia con problemas existenciales para esto, realmente debería felicitarle, yo realmente necesito mantenerme enfocado o todos se darían cuenta de lo mucho que le excitaba oír a Red lloriquear.

Uhg, soy un desastre gay.

Necesitaba darme una atención después de todo el estrés que acabo de vivir. ¿Lo necesitaba? No, no de hecho no.

Mis sentidos de asesinar eran mayor que cualquier otra responsabilidad que mi cuerpo me exigiera, comer, dormir o la idea del ir al baño ya no eran algo necesario. No tengo otro compañero alíen que no sea tan estúpido como Naranja para saberlo, matar o no, Red seguía estando en mi prioridad.

Quiero arruinarlo, destrozar cada pequeña y frágil capa de seguridad. No deseo un típico asesinato como los que le a hecho a los demás, no matar a lo estúpido.

Red es especial, me pertenece y yo elijo como será la vida de mis mascotas.

Pude notar como Black me mira, una expresión vacía. Ella me señaló antes, como sospechoso porque claro, nadie me volteaba a ver, pero Purple me salvó. A decir verdad, Black está en mis tareas secundarias en este momento pero ya está claro que haré una vez termine con Red.

Caminaba por los pasillos, a pesar de que estaba solo sentía un frío seguirme, adormeciendo mis piernas y brazos, lo cual era molesto, aún así me aseguraba de que Purple en algún momento me captara por las cámaras, así no tendría a nadie encima mío por saber en donde estaba yo después de que asesine a Brown, quien ya sé que está cocinando la comida de su difunta amiga. Me deslice por la puerta del área de Oxígeno y me encontró con Red a la primera.

Me detengo, captando sus acciones. Red miraba las algas, estas se mueven de un lado a otro con calma. Golpeó con fuerza suave la pared para llamar su atención y Red se gira un poco sorprendido por mi llegada, uní mis manos para interpretar mi papel angustiado.

—Red…¿estás bien? Estas últimas horas se han puesto terribles — llevó mi mano mi gorra y la bajó a mi pecho con pena. Red me mira unos segundos, repaso en mi mente como acomoda su mano en su cadera y suelta una risa estruendosa, la típica que usa como capitán para hacer menos una situación angustiante. Me quedo en silencio aún captando cada cosa que hace. Si Dios existe, el hijo de puta me está viendo disfrutar esto y se ríe conmigo.

—Yeah…digo, aún tenemos que seguir haciendo que esta bebé funcione —

Camino a paso suave a su lado, pero Red se acopla rápido al mío. Entiendo el mensaje y es que quiere que salgamos de aquí ya, me acomodo mi gorra de nuevo, puedo hacer eso. No vamos lejos, solo a navegación, que está enfrente. Casualmente mi capitán menciona algo sobre "consejos para el becario" parte dos de la conversación que dejamos hace un buen tiempo atrás.

Una vez en la cabina la puerta se cierra detrás de mí. Nos quedamos solos, en mis adentros chilló con un “perfecto” acompañándome y es que nada es improvisado.

Me tomé el tiempo antes para arruinar las puertas de casi muchas áreas de la nave cuando nadie veía y como también nadie las revisó esto es más sencillo para mí. Esta sala va a estar sellada un buen rato y para entonces tengo que tener a Red en mis garras, lo suficientemente cerca.

—Eh… ¿todo bien? Estás más callado de lo usual, Green.

Me sobresalto y como no,  llevo mucho tiempo mirando a Red en silencio mientras acomodo mis pensamientos, seguro se detuvo porque no respondía a la conversación. Me encojo de hombros por haber descuidado así mi compostura.

Red está espaldas a mi, sus manos deslizándose por el mando, verificando posiblemente la ruta, o al menos eso elijo creer. El silencio que aún me acompañaba hizo que se girara hacia mi dirección confuso. Detuvo lo que hacía para verme con preocupación. 

—¿Todo bien becario?—

No respondo. Todavía no, en cambio, mis manos viajan a las suyas y las tomo para juntarlas, con calma y acaricio con las puntas de mis dedos sus palmas, me acerco despacio, muy despacio, hasta acorralarlo contra el mando de la nave.

El capitán me mira con intriga, sus cejas se le levantan por lo que hago y yo aún lo sostengo. Aun así veo ese pequeño sonrojo en sus mejillas y es por inclinarme tan cerca, por ser tan íntimo. 

Yo puedo con esto.

—Lo he pensado mucho —mi voz sale suave, Casi como si se tratará de un susurro—Yo… me mantuve en mis cosas, pero la verdad es que… —mis dedos de ambas manos se enroscan en sus guantes blancos, elegantes con esos toques dorados y ese bonito pin con el logo de MIRA les da a los pilotos.

El contraste con los míos es increíble, yo puedo hacer esto me dije antes de mirarlo a los ojos.

— Me gustas mucho, Red y quisiera… si quieres… que me dieras una oportunidad—

Mi ansiedad hizo que me retorciera, sentí mi lengua seca. No tenía paciencia, deseaba que me dijera que sí, quería ir más lejos. Quería abrazarlo, besarlo, tenerlo en mi poder. Red parecía aún sorprendido por mi declaración y eso me causó un sonrojo por la reciente declaración, era bastante notorio.

—Oh Green… —

Eso sonaba increíble, su voz le pone un toque de dulzura perfecto pero el gusto me duró poco cuando siento una presión en el pecho que me empuja hacia atrás, la mano libre de mi capitán, captó su expresión es incómoda, avergonzada, pero controlada.

—Lo siento mucho, yo…a mí no me agradas de esta manera— Sus palabras son claras, directas y muy profesionales incluso ahora.

—Soy tu capitán y como anteriormente mencioné, no se pueden tener relaciones en la nave de ningún tipo—

Suena aún más autoritario que en otras situaciones en las que estuvimos juntos. Me quedo en mi lugar. No me muevo un centímetro. Pero tampoco le suelto su mano, el se desliza hacia aún lado queriendo salir de mi agarre. 

—No— susurre en cambio, repasando lo que dijo, mis dedos se cierran alrededor de los suyos, lento pero firme y voy aumentando poco a poco la presión.

—¿Porque me dirías que no?— la presión en las manos de ambos hacen que nuestros guantes se calienten, puedo imaginar como sus palmas se colorean de blanco. 

Captó cómo su expresión cambia, de la disculpa sincera pasa al dolor y creciente molesta. Una cara que nunca me había desdichado, está tenso pero no me grita y tampoco me insulta. El capitán va cerrado su mirada, aprieta la mandíbula y me sostiene, solo se escuchaban los pequeños ruidos que provocaba la misma nave.

—Green —dice, voz baja pero firme.

—Suéltame ahora—

No lo suelto, a pesar de que la llamada es clara porque, si me detengo ahora lo perdería, no me dejaría acercarme de nuevo por las incómodas interacciones que sentiría a mi lado. No quiero verme en un “jalar y soltar la cuerda” como lo es Red con Purple. Aprieto un poco más, inclinándome hasta que mi aliento choca con su mejilla, Red retrocede en su lugar nuevamente y esta vez si choca contra el mando pero no cambia el curso de nave. Pero las luces parpadean, un pequeño “tropezón”. Mi voz sale apenas audible.

—No tienes que decidir ahora, Red, solo… no me digas que no aún, por favor—

Red parecía más que incómodo, parecía querer decir algo, pero antes de siquiera hacerlo, intentó soltarme una vez más y no lo logró.

—Suéltame— 

 

Su mirada cambió de pronto, cuando volví a negarme, un silencio reino el lugar, Red perdió su brillo poco a poco, apagándose en mi agarre y con su pierna se mueve para golpear mi costado, cosa que no esperaba que hiciera a decir verdad. Duele como el maldito infierno. Me hace soltarlo y retroceder, Red se queda parado aún lado de mi, en silencio, tal vez intentando descifrar que hacer conmigo, ya que la confianza que me tenía se a roto en este momento. 

El golpe duele menos al ver su reacción. 

Su cara, esa que pone cuando se enoja de verdad, la forma en la que se queda en blanco y su cuerpo actúa antes que su mente, la forma en la que decide, es increíble. Entiendo por qué es el capitán a pesar de todo, él tiene un don que se a visto eclipsado por muchas de sus acciones imprudentes. 

Yo lo estaba lastimando y Red debía imponer un límite, lastimosamente para el, yo no quiero detenerme. Me paso la lengua por los labios, con gusto. Tal vez no debería hacerlo pero no quiero que se vaya lejos de mí, me a costado mucho trabajo, el frío de antes vuelve al ruedo, golpeando mis pulmones, como si algo me atravesara el cuerpo.  

Red me mira con confusión y desconcierto. Ya está más cerca de la puerta, él cree que se podrá ir tan fácil, no, esto no fue una “charla de sentimientos común” nada es sencillo, no conmigo cerca.

La luz tenue del lugar hace que el propio brillo de su traje rojo elegante se vea apagado pero aún atractivo y el mío, un verde casi oscuro, con mi gorra que tapa casi visibilidad de mi cara, se ve peligroso.

Veo el conflicto en sus ojos, Red quiere quedarse, hay muchas razones en juego, cuestionarme del porqué, no soy estúpido, se nota en cómo su pecho sube y baja, los sentimientos siempre mutuos, porque si fuera diferente, ¿porque aún no sale de la habitación? Sigue en mis manos.

Pero también veo en el fondo de su mente, las maldita reglas de MIRA tatuadas en su cabeza: No se permiten distracciones. Tiene un deber por encima de todos, llegar a Industria y completar la misión.

No tiene que consultar su libro porque esto es algo que debe decidir el mismo. Parece capturar algo en sus pensamientos porque se gira rápidamente dándome la espalda, lleva sus manos al escáner para abrir la puerta, y algo me rompe mientras pienso “cobarde”. 

El “cobarde” me revienta el cráneo. No pensé, el tentáculo salió solo, atrapó su pierna y lo tiro al suelo con un golpe brusco hacia atrás, no es fuerte para causar mucho ruido pero si lo suficiente para que entienda quién es el que manda aquí ahora. Cae de cara y su frente golpea el metal del suelo, se queda sin opciones un segundo y lo arrastro hacia mi, girándolo para hacer tener su atención.

Me inclino sobre él, tapando la poca luz que hay. Mi sombra lo cubre completo, extendiéndose por cada rincón de su existencia. Su mirada pasa por la confusión, el dolor y se mantiene en la angustia. 

—Tú… tú… eres un impostor —escupe, pero su voz tiembla, de enojo a miedo. Una parte de él no entiende como es que pude engañarlo, como jugaba antes con él a ser el becario de buena fe fascinado con su capitán. 

No es que eso fuera mentira. 

—Lo que hiciste antes…”rechazarme”, no fue la acción más inteligente que has hecho hasta ahora—

La respiración de Red es tan intensa que parece un pequeño roedor asustado, en sus ojos veo como sus pupilas se hacen pequeñas. El temblor en su cuerpo se detiene, puedo olerlo, la idea de que va morir aquí para él es real, pero para mí, es maravilloso que al tenerlo solo, apartado de los demás, que su fachada de seguridad se caiga por el miedo y todo esto gracias a mis esfuerzos.

Lo veo luchar contra la viscosidad de mi cuerpo antinatural, cuando logra soltarse, otro de mis tentáculos lo agarra, me quedo parado desde mi lugar, observando cómo su ansiedad crece más y más. Cada vez que se suelta solo le doy una falsa esperanza de huir, de hecho se suelta porque yo aplico menos fuerza, puedo ver como su mente funciona porque es un libro abierto en este momento, me calienta tanto mi interior.

Finalmente doy el primer paso y Red se detiene tirado en el suelo con terror, de que ya no hay ninguna posibilidad, hay algo en él que me revienta por dentro. Verlo asustado se me hace increíblemente bonito. No una belleza en bruto como lo fue Blue, sino algo que me revuelve todos los órganos que me conforman, me duele no haberlo obtenido antes.

Mi mano toma con delicadeza su mejilla, se queda hecho piedra, esperando. Posiblemente está pensando en cómo destrozaré su cuerpo, se puede ser ingenuo si cree que lo haré así.

Realmente es tonto, pero todo en el es mío, tiene que serlo.

—No voy a asesinarte —mi voz sale calmada, suave y fresca, tomé su sombrero de capitán y se lo levantó, pasando mis manos por su cabello rojizo—Sé que eso es lo que piensas y lo que esperas sobre todo por lo que le hice a los demás— acarició con suavidad cada mechón, Red aprieta su mandíbula ante la mención de los demás tripulantes, ya no importa y sonrió al ver que encontré una grieta en su imagen controlada.

—No eres como ellos, Red, nunca lo fuiste tú… eres… —trago saliva, odio que me tiemble el pulso más para esto que para matar gente.

—Eres lo único que no quiero perder, por eso te conservé y es por eso… que te necesito. Dime que no vas a reportarme, dime que te quedas conmigo, por favor—

¿Estaba manipulándolo aún más en este punto? Absolutamente y es delicioso cuando captó su indecisión. 

Notó como el sudor cae por su cuello y siento de nuevo esa necesidad palpitando por mi cuerpo, tocó nuevamente su cabello para tomarlo con suavidad. Pero la mirada feroz de Red se hace presente lo que me toma por sorpresa, mi ceño se oscurece molesto, el prefiere muchas cosas antes que siquiera aceptar mi propuesta.

El prefiere callar, prefiere golpearse por los demás, prefiere a MIRA antes que un tripulante, prefiere a todo menos a mi. ¿Cómo es posible que tenga tanta lealtad por una empresa como esta? Usaré todo esto a mi favor para arruinarlo. 

—¿Es que realmente tú quieres morir en esta habitación?— digo fríamente, cansado.

El coraje se precipita. Aún sostengo a Red del cabello, y antes de que se dé cuenta lo estrello contra el suelo, me la levanto para estirarme y observo como se estremece los primeros segundos. No es para matarlo. Para que reflexione, para que me diga algo, cualquier cosa, ¿porque las cosas no pudieron terminar bien?

—¿Porque me obligas hacerte esto?— suspiró, llevando mi mano hacia mi propia mejilla. 

¿Red tenía que ser tan mezquino con las reglas?

Un jadeo de dolor sale de sus labios. Su cuerpo se retuerce, sus ojos se enrojecen pero no veo ninguna lágrima y sinceramente eso me decepciona mucho pero más que nada me molesta porque significa que aún no lo rompo.

El cree que aún puede elegir, la moralidad no tiene juego ni reglas. Haré que Red se arrepienta de rechazarme, aprenderá que debería haber aceptado desde un inicio. El ya ni siquiera me tiene miedo por ser un maldito alíen.

Me inclino sobre él, bloqueándole la salida con mi cuerpo, el golpe lo aturdió unos segundos, pero no lo suficiente para dejar de pelear, me encanta su aguante y lo odio también, lo odio porque es justo por eso que no puedo dejarlo ir, hay algo que me gustó en el antes de ser asesinado y renacido como un impostor y no puedo dejarlo de lado, me vuelve estúpido.

Es realmente impresionante lo mucho que a soportado, sé a arrastrado, golpeado, y aquí sigue como si nada. Podría aventarlo con fuerza hacia la pared y tal vez se levante, tengo que hacer una lista de cosas que amo al verle resistir y otra de cosas que podemos hacer para ver los límites. 

Red pasa por muchas cosas en tan poco tiempo, su boca se abre y se cierra repetidas veces. El olor a cobre llena mis fosas nasales, la sangre se empieza a escurrir de la nariz de mi capitán, su traje hace un gran trabajo para ocultarlo.

Me estremezco en mi lugar al ver sus labios manchados, el silencio que creamos los dos es abrumador para el, puedo ver como el dolor se instala en sus ojos, aterrorizado. Sin escape.

—Yo-yo… — tartamudeaba parecía que finalmente pensaba correctamente en lo que debía decirme. 

— solo… solo hazlo —su voz tiembla, hay tanta inseguridad, tanta guerra interna. Deja de mirarme para mirar el suelo en donde está derrumbado, yo lo miro desde arriba, sintiéndome más grande. 

“Hazlo” podrían ser tantas cosas y a la vez nada. 

Sonrío para mis adentros. No porque yo gané si no porque al final entendió que decir "no" en voz alta lo mataría, y decir "sí" terminaría con el por dentro. Y aún así, sigue sin darme el gusto de escuchar ninguna de las dos, es asombroso como juega con las palabras con tal de no o si aceptar algo.

Pero tarde o temprano obtendré lo que deseo. 

La mitad de mi cara se retuerce, mi boca deja de existir pero aún está presente mi voz. Más fuerte y autoritaria que la Red. Mis manos se deslizan y apachurran sus mentón, lo acomodo en su lugar.

—Tengo que admitir que ver a una figura de autoridad así, a ti más bien, la más alta en esta nave... realmente me provoca. Estoy seguro que a muchos les encantaría tenerte de esta manera. Para tu mala y buena suerte, el que tiene el control de ti, soy yo —

Me inclino lo suficiente y le arrebato el aire, cada pequeño tentáculo de mi cara lo devora quitándole la posibilidad de gritar, siendo expuesto a mi dominio al arrástrame en sus labios, comiéndome el rastro de su sangre de su cara, acaparando sus pequeños gemidos ahogados y su jadeo agotado. Al sepárame estaba lleno de saliva, mi propia mucosidad, se veía muy sexy de esta manera. 

Cabello alborotado, labios hinchados, pequeñas marcas en su cara como de baldosas. Un hilo de saliva aún cayendo por sus labios y pocos rastros de sangre. Le sonreí y acomodé su gorro rojo encima de su cabeza, dándole unas palmadas.

—Esto puede empeorar para ti si decides hablar…así que, sé un buen capitán y quédate callado — le di un beso en su frente y todos los tentáculos que alguna vez existieron se habían ido, solo éramos nuevamente el capitán y su becario. 

Finalmente me levanto del suelo, dejando a Red aún tirado ya que le ofrecí mi mano y se negó. Podemos jugar este juego un buen rato. Me giro en mis pies y me doy la vuelta. Tal vez si hubiera puesto más atención, abría notado que detrás de Red alguien con rabia hacia mí se hacía presente en este plano.