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Pedri estaba feliz. El partido había sido agónico, pero Mikel había aparecido en el minuto 91 para marcar un golazo. Habían resistido los 6 minutos adicionales y habían logrado eliminar a la Portugal de Cristiano Ronaldo. Habían vuelto a unos cuartos después de dieciséis años. La adrenalina y la emoción le recorrían las venas como electricidad pura.
Caminaba por el túnel rumbo al vestuario para unirse a la celebración de sus compañeros, pero algo lo detuvo.
Un olor extraño, triste, que se colaba entre el aroma a sudor y césped. Y, acompañándolo, un sollozo ahogado y lastimero.
Pedri se caracterizaba por ser un alfa con los sentidos agudizados. Sus compañeros se burlaban de él diciendo que podía oler un balón a quinientos metros, y aunque era una exageración, tenía un poco de verdad.
Este olor, captó por completo su atención, desviándolo de su destino principal. Sin pensarlo, giró por un pasillo estrecho y solitario, alejándose del bullicio. Cuanto más se acercaba, más fuerte se hacía el aroma, una mezcla de algo agrio y angustioso como vinagre derramado, el olor se le pegaba a los huesos y le producía una especie de opresión en el pecho. Quien sea que estuviera liberando ese aroma, sin duda, estaba sufriendo.
Cuando dobló a la derecha, se encontró de frente con el responsable.
Al final del pasillo, recostado contra la pared fría, con la cabeza hundida entre las rodillas y los brazos abrazando sus piernas, estaba un jugador de Portugal. Todavía llevaba el uniforme puesto y las botas llenas de césped.
Pedri empezó a acercarse poco a poco, con pasos cautelosos. El chico tenía la cabeza escondida, así que no estaba seguro de quién era.
—Oye —habló Pedri, con voz suave, haciéndose notar para no asustarlo.
Al escuchar su voz, el portugués levantó la cabeza con un movimiento brusco. Tenía los ojos rojos e hinchados, y las lágrimas le escurrían por las mejillas. Al verlo, Pedri pudo reconocerlo.
Era João Neves, el mediocampista omega de Portugal.
Pedri no lo conocía mucho. No habían hablado casi nada, y lo poco que sabía de él era por Fabián Ruiz, su compañero en el PSG. Fabián, le había dicho que Neves era un omega muy dulce y talentoso, pero también algo sensible.
Lo más sensato que debía hacer era irse. Dejarlo llorar solo. O ir a buscar a uno de sus compañeros portugueses para que lo consolara. Tal vez mandar a buscar a su alfa, si es que lo tenía, y que se encargaran ellos. No debía ni tenía por qué meterse en eso.
Pero... joder. No podía dejar a un omega llorando solo. Y mucho menos a un omega tan lindo como João.
Sus compañeros siempre se burlaban de él diciendo que tenía un complejo de salvador, un instinto de alfa protector que, al ver al primer omega en apuros, corría a ayudarlo. Y bueno, tal vez eso era verdad. Porque era la única explicación lógica a por qué se siguió acercando.
El canario se arrodilló frente al portugués, quedando a su altura. Desde esa distancia, el olor era aún más fuerte, y le revolvió el corazón. No era solo tristeza, también habia miedo.
—¿Estás bien? —preguntó, aunque era una pregunta tonta. Obvio que no estaba bien. Pero necesitaba una forma de iniciar la conversación.
João lo miró, y luego negó con la cabeza, volviendo a esconderla entre sus rodillas.
—Oye, oye, tranquilo —dijo Pedri, colocando su mano en el hombro del omega, sintiendo cómo temblaba bajo su palma—Sé que es horrible perder, y es normal que estés triste. Pero no tienes por qué esconderte aquí solo. Eso no es bueno para ti—
João siguió llorando, y sus sollozos, entrecortados y agudos, hicieron que el alfa interior de Pedri se removiera con violencia. No soportaba ver sufrir a un omega.
—¿Quieres... quieres que vaya a buscar a alguno de tus compañeros? —ofreció Pedri, haciendo el ademán de levantarse—Puedo ir a buscar a tu capitán, o a Bruno, o.…—
—¡NO! —La voz de João salió rota, como un grito lastimero que le rompía la garganta. Pedri pudo ver el pánico en sus ojos, un miedo genuino que no encajaba con una derrota deportiva—No, no, no los llames. No quiero verlos.—
—Está bien, no los llamaré —dijo, suavizando el tono—Pero si no me dejas buscar ayuda, al menos dime por qué estás así—
João lo miró con una mezcla de confusión y desconfianza, como si no entendiera por qué un alfa semidesconocido se preocupaba por él.
—Sé que estás triste por quedar eliminado, lo entiendo —empezó a explicar Pedri, sentándose en el suelo a su lado, sin invadir su espacio—En 2022, cuando España quedó eliminada, los omegas de mi equipo también estaban desconsolados. Yo también estaba muy triste. Pero lo que percibo en tu olor... tu tristeza y tu angustia son mucho más profundas que la decepción por un partido. Así que... ¿por qué estás así?—
João lo miró durante unos segundos. Sus ojos, brillantes por las lágrimas, escrutaron el rostro de Pedri en busca de alguna burla, algún juicio. ¿Era prudente contarle a este alfa todo lo que aquejaba su mente?
—No te importa —murmuró, con la voz quebrada—Métete en tus propios asuntos—
—Vaya, no sabía que eras un mocoso —sonrió Pedri. Siempre había tenido debilidad por los omegas malcriados y mocosos.
João resopló y volvió a esconder la cabeza.
—Podría irme —continuó Pedri, acercándose un poco más—Podría irme, celebrar con mi equipo y dejarte aquí solo. Pero no voy a hacerlo. Así que... podrías decirme qué te pasa, y yo podría ayudarte a solucionarlo—
—No puedes solucionar esto —dijo João
—Si no me dices qué te pasa, no podré saber si puedo o no—
João respiró hondo. No quería. No quería compartirle todas sus inseguridades a este alfa, pero por alguna razón, la presencia de Pedri era tranquilizadora. Su voz era suave, y por primera vez en semanas, alguien lo trataba con decencia y se preocupaba por él. ¿Cómo no iba un omega joven como él a caer en esa red?
—Todos me odian —dijo al fin, levantando la cabeza para mirarlo.
—¿A quién te refieres con "todos"?—
—Todos. La afición, mis compañeros, la prensa. Todos —explicó, su voz mojada por las lágrimas—Todos me odian desde que dije eso sobre Ronaldo. Me han enviado amenazas de muerte. Me han dicho que cómo me atrevía a hablar así del comandante. Han amenazado a mi familia. Me han dicho que van a violarme para enseñarme mi lugar—
Pedri lo miró, y sintió cómo el pecho se le encogía. Había oído algo sobre eso, las palabras de João después del partido contra RD Congo. Personalmente, no le había parecido que hubiera dicho nada malo. Pero el fanatismo suele cegar a las personas, y al parecer João lo estaba pagando caro.
—Y mis compañeros... —continuó João, con la voz temblorosa—No me respaldaron. Se quedaron callados. Algunos incluso me dijeron que no debía hablar, que debía aprender a callarme frente a la prensa. Lo cual es hipócrita, porque la mayoría de ellos también piensa lo que dije. Algunos incluso han dicho cosas peores sobre Cris y lo individualista que es a veces. Pero ahora yo soy el mayor traidor—
—¿Ronaldo te dijo algo? —preguntó Pedri.
—No, él no... —João negó con la cabeza—Él y yo no hablamos mucho, en realidad—
Bajó la mirada y empezó a juguetear con el dobladillo de su camiseta.
—Yo pensé que si ganábamos el mundial, si quedábamos campeones, todo quedaría olvidado —susurró—Todos se centrarían en que CR7 por fin ganó su Mundial y olvidarían lo que dije. Mis compañeros me perdonarían y todo estaría bien. Pero... perdimos—
Las lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas, y un puchero tembloroso se formó en sus labios.
—Perdimos, y ahora... ahora tengo miedo de volver a casa—
Pedri lo miró, viendo cómo las lágrimas caían y cómo ese omega, que en el campo era un guerrero, se desmoronaba frente a él en la soledad de un pasillo. Su instinto alfa le gritaba "Ayudalo,calmalo, protégelo, no lo dejes solo"
Sin pensarlo, estiró los brazos y lo atrapó, acurrucándolo entre sus brazos y pegándolo a su pecho. Al principio, Joao se quedó paralizado, rígido por el shock. Pero poco a poco, se relajó en el abrazo.
Pedri empezó a emanar un aroma tranquilizador, ese que usaba a veces cuando los omegas del Barça estaban nerviosos o angustiados. Un olor a mandarina y algo característico que solo tenía Pedro. Colocó su cuello contra la nariz de João para que lo captara mejor, y comenzó a mecerlo suavemente, como si fuera un cachorro asustado.
—Shh, shh... tranquilo —murmuró Pedri, con la voz baja y ronca—Yo estoy aquí. Nadie va a hacerte daño—
João sabía que esas palabras eran vacías ¿Qué iba a hacer un alfa de 23 años contra todo un país? Pero en ese momento, estaba demasiado cansado para protestar. Llevaba tantos días angustiado, tantas noches sin dormir, que simplemente se dejó llevar. Enterró la nariz en el cuello del canario, inhalando su aroma protector, y se relajó en el abrazo.
Poco a poco, las lágrimas dejaron de caer. Su omega interior, que había estado aullando de miedo y soledad, empezó a ronronear de felicidad al sentirse arropado por un alfa fuerte y seguro. Por primera vez en semanas, se sintió a salvo.
—Tranquilo, pequeño —murmuró Pedri, con la barbilla apoyada en la cabeza de João—Yo te voy a proteger—
Se quedaron así un rato. Pedri no contaba los minutos, solo estaba enfocado en calmar a ese lindo omega angustiado que temblaba entre sus brazos. Poco a poco, la respiración de João se aquietó, y sus lágrimas se secaron sobre las mejillas. El portugués se sentía calmado, relajado, como si el peso de semanas enteras de angustia se hubiera disuelto en el calor del alfa. Su omega interior se sentía... ¿amado? No sabía cómo interpretar ese calor en el pecho, esa sensación de seguridad que nunca había experimentado con tanta intensidad.
Sin pensarlo, se acercó más a Pedri, olisqueando su cuello y apretando sus dedos contra la tela de la camiseta del mayor. Un pequeño gimoteo escapó de sus labios, un sonido involuntario y casi infantil. Quería estar más cerca de ese alfa, de su calor, de su olor. Quería fusionarse con él si eso era posible.
—¿Qué pasa, pequeñín? —preguntó Pedro, sintiendo cómo el omega se removía y se pegaba más a él, como un cachorro buscando refugio.
—Alfa... —gimoteó João, la voz pastosa y necesitada.
Oh... Bueno, eso era un poco inesperado. No es que no supiera que pudiera pasar. Un omega joven, sin marcar, en un estado de vulnerabilidad extrema, siendo consolado por un alfa... era una posibilidad real que el instinto del omega se activara y se volviera pegajoso, necesitado. Pedri sabía que su presencia y su aroma alfa tenían algo que enganchaba a los omegas. Ya le había pasado antes, y también le había generado problemas con otros alfas. Por eso debía asegurarse de que João no tuviera a nadie que pudiera reclamarlo.
—João —llamó Pedri, apartándose ligeramente del portugués para mirarlo a los ojos. Ese alejamiento hizo que el mediocampista gimoteara de inmediato—¿Tienes alfa, pequeño? ¿Algún alfa o beta que sea tu novio o tu novia?—
João negó con la cabeza con un movimiento rápido, casi desesperado.
—No —dijo, y volvió a presionarse contra el pecho de Pedri—Désiré a veces me ayuda con mis celos, pero nada más. Soy un omega soltero—
Pedri sintió un alivio inmediato al escuchar que João estaba disponible. Así se aseguraba de no meterse en problemas. Pero una parte de él, la más instintiva y primitiva, se retorció cuando escuchó el nombre de ese alfa francés. Había escuchado rumores sobre los alfas de la selección francesa y sus "grandes" atributos. Un sentimiento de posesividad, irracional y ardiente se apoderó de él, casi haciéndolo gruñir. Odiaba pensar en alguien más tocando a este hermoso omega que tenía en sus brazos. Se tragó ese pensamiento. No era el momento.
—Entonces, ¿qué necesitas de mí? —preguntó, acariciando la espalda del portugués con movimientos lentos.
João solo gimoteó y se pegó más a él, frotando su nariz contra la curva de su cuello.
—Necesito oírlo de ti, pequeño —dijo el alfa, con voz firme —Por tu comportamiento y tu olor puedo suponer lo que quieres, pero no quiero asumir nada. Así que dímelo—
João levantó la cabeza y lo miró. Sus ojos, aún brillantes por las lágrimas, tenían ahora un destello diferente. Un destello de necesidad, de deseo puro.
—Te necesito a ti, alfa —susurró, y con total confianza, se sentó sobre el regazo de Pedri, hundiendo la nariz en su cuello y respirando su aroma.
Pedri sonrió y metió sus manos bajo la camiseta del omega, acariciando la piel suave y caliente de sus caderas. João lo olisqueaba y lo abrazaba, y de vez en cuando dejaba pequeños besitos en su mandíbula, en su cuello, en cualquier parte que pudiera alcanzar. Por ahora, un comportamiento inocente. Pedro lo acariciaba, pasando sus palmas por la espalda del portugués, sintiendo cómo temblaba bajo sus dedos.
—Alfa... —murmuró el omega, apartándose lo suficiente para mirarlo.
—Dime, cachorro—
João no habló. En su lugar, tomó la mano de Pedri y la llevó directamente a su entrepierna, apretándola contra su calor. Pedri casi pudo sentir la humedad a través de la tela, y su alfa interior ronroneo de satisfacción.
—¿Me necesitas aquí? —preguntó Pedro, con una sonrisa coqueta—¿Necesitas un alfa que te cuide para olvidar todas tus penas?—
João asintió con urgencia, restregándose contra la mano del alfa.
—Mmm, ya veo —murmuró Pedri, deleitándose en la imagen— El cachorro está desesperado. Hace mucho que un alfa no te folla, ¿verdad? Solo eres un cachorro necesitado que necesita mimos y amor. ¿No es así?—
—Sip —gimoteó João, con una voz casi infantil.
—Qué suerte tienes de que yo esté aquí —dijo Pedri, acariciándolo sobre la tela con movimientos lentos —Voy a cuidarte muy bien—
Se inclinó y capturó los rosados labios del portugués en un beso hambriento pero cuidadoso, una mezcla de hambre y ternura que hizo que João se derritiera contra él. Mientras tanto, su mano seguía acariciando el centro caliente del mediocampista, sintiendo cómo se humedecía cada vez más. João gimió y se fundió en el beso, disfrutando de la sensación de ser devorado por un alfa, de ser deseado con esa intensidad.
Pedri se separó del beso con un chasquido casi obsceno, dejando un pequeño hilo de saliva entre ambos. João intentó volver a unir sus labios, pero el alfa lo detuvo sujetando sus caderas con firmeza. La falta de contacto hizo que el omega pataleara, un gesto infantil que hizo sonreír a Pedro.
—No seas un mocoso —advirtió el alfa, con un tono que era mitad regaño y mitad diversión—Sé que me necesitas, y yo quiero darte lo que necesitas, pero este pasillo es un espacio público. Creo que deberíamos ir a otro lugar, ¿no crees, cachorrito?—
Pedri se acercó a la oreja del omega, y su aliento caliente hizo que João se estremeciera por completo.
—A menos que quieras que alguien te vea con mi nudo dentro—
João sintió cómo una ola de calor recorría su cuerpo. Una parte de él, la más primitiva y exhibicionista, se excitaba al pensar en que alguien del staff, o incluso su propio equipo, lo encontrara siendo un buen omega para Pedro González. Pero la verdad era que no quería otro escándalo. No podía soportar más miradas de desprecio ni titulares hirientes.
Negó con la cabeza, con los ojos nublados de deseo.
—Entonces déjame levantarme —dijo el jugador del Barça, bajando al omega de su regazo.
Ambos se pusieron de pie rápidamente, y Pedri tomó la mano de João con firmeza, entrelazando sus dedos. El portugués se tambaleó ligeramente, las piernas aún temblorosas por la emoción, y Pedro lo sostuvo con una mano en su cintura.
Comenzaron a caminar, buscando un baño, un vestuario vacío, cualquier rincón donde pudiera empotrar al omega contra la pared y hacerle olvidar cada una de sus penas.
En cuanto encontraron un baño, Pedri miró rápidamente a ambos lados del pasillo. Abrió la puerta y jaló al portugués hacia el interior, cerrando tras ellos con un golpe seco. Era un baño para discapacitados, amplio y privado, con suficiente espacio para moverse. El alfa giró la cerradura para asegurar la puerta y se volvió hacia el omega.
Joder, qué lindo se veía.
João tenía una carita hermosa, unos ojos brillantes y un sonrojo que le cubría las mejillas hasta las orejas. El omega se estaba dejando crecer la barba, pero por alguna razón, ese vello incipiente lo hacía ver aún más adorable. Como un niño jugando a ser adulto. Un omega queriendo verse imponente cuando, en realidad, solo era un cachorrito que necesitaba atención, mimos y que lo llenaran de amor.
Pedro sonrió antes de acorralar al mediocampista del PSG contra la pared. Sus manos encontraron las caderas de João y sus labios se precipitaron sobre los del portugués en un beso hambriento. João, sin dudarlo, enredó sus brazos alrededor de la nuca del español, fundiéndose en el beso del alfa mayor, abriendo la boca para dejarlo entrar.
Pedri sostenía sus caderas con firmeza, restregando su ahora duro pene contra el cuerpo de João. Culpenlo por excitarte en tan poco tiempo, pero ¿quién no lo haría si João Neves te mira con esos ojitos prácticamente suplicando que lo follen? Dios, Pedri necesitaba estar dentro de su húmeda vagina ahora mismo. Pero debía ser racional. Ya había preguntado si tenía alfa. Ahora debía preguntar otra cosa importante antes de follarlo.
—Cariño —dijo Pedri, separándose del beso pero continuando con el movimiento rítmico de sus caderas—¿Tomas anticonceptivos? ¿O supresores? Necesito saberlo antes de follarte—
João asintió, volviendo a unir sus labios a los del alfa con desesperación.
—Sí, tomo supresores de calor —murmuró contra la boca de Pedri—También sirven como anticonceptivo—
Pedri sonrió contra sus labios. Genial. Podía meter su nudo y llenarlo de semen sin la preocupación de embarazarlo. Su alfa interior gruño de satisfacción.
—Date la vuelta, cachorrito —ordenó Pedri, con ese tono alfa que hacía derretir a cualquier omega—Papi quiere probarte —
João obedeció sin rechistar. Se giró y apoyó los brazos contra la pared blanca, arqueando la espalda para sacar el trasero, ofreciéndose como un buen omega. Pedro se restregó contra sus nalgas, sintiendo la curva perfecta de ese culo. Joder, el portugués tenía un trasero hermoso. Era casi un crimen no follárselo.
El español se alejó lo suficiente para bajarle los shorts deportivos con todo y calzoncillos, dejando su trasero expuesto al aire fresco del baño. Pedri le abrió un poco más las piernas con la rodilla y pudo ver su agujero goteando excitación. Dios, desde ese ángulo, su vagina y su ano se veían tan deliciosos. Sin pensarlo mucho, se arrodilló en el suelo y comenzó a devorar la vulva del omega como si fuera su última comida, agarrando la carne de su trasero con fuerza, haciendo que el omega gimiera.
Pedri era un comedor desordenado y ruidoso. Succionaba el clítoris de João con sonidos húmedos y obscenos, zigzagueaba con su lengua hasta su entrada y metía y sacaba la punta, haciendo retorcer al mediocampista. Sintiéndose aventurero, subió su lengua por el perineo hasta el agujero arrugado de João, dándole un par de lametones que hicieron que el portugués se estremeciera por completo.
La sensación de la lengua húmeda contra su ano hizo que el portugués gimiera con fuerza, un gemido de pura excitación que seguramente se escuchó fuera del baño. Pedri sonrió ante la reacción del omega y le dio una ligera nalgada, escuchando el chasquido de su piel contra la carne.
—Cachorro sucio —murmuró Pedri, con la voz ronca y la boca aún hundida en su humedad.
João se sentía en el cielo. Mierda, había pasado mucho tiempo desde que alguien le había comido el coño tan bien. Aunque el sexo con Désiré durante sus celos era muy bueno, rara vez hacían sexo oral. La última vez que sintió una lengua contra su coño fue quizás hace un año.
El omega se estaba derrumbando. La lengua de Pedro lo devoraba con avidez, y el alfa era tan bueno con su boca como lo era en el campo. Cuando el orgasmo lo atravesó sin avisar, un fuerte gemido y un escalofrío recorrieron su cuerpo. Un chorro de líquido cálido se derramó por sus muslos, dejándolo hecho un desastre, tembloroso y jadeante. Pedro lo acompañó durante todo su orgasmo, acariciando sus muslos y bebiendo su excitación, alargando el placer hasta que el omega bajó de su pico.
Cuando la respiración de João comenzó a estabilizarse, Pedri lo agarró por las caderas, manteniéndolo anclado contra su cuerpo, y se levantó, envolviendo al omega en un abrazo protector desde atrás.
—Lo hiciste muy bien, pequeño —susurró, besando su coronilla y acariciando su vientre con movimientos lentos.
João se dejó envolver, sintiendo el calor del alfa contra su espalda, su aliento en el cabello, sus manos firmes pero suaves. Cuando su respiración se estabilizó por completo, se giró para mirar al alfa. Sus ojitos brillaban con deseo renovado, y movió sus manos hasta el short de Pedri, jalándolo hacia abajo, pidiendo silenciosamente que se lo quitara.
—Cachorro ansioso —se burló Pedri, con una sonrisa divertida—¿Quieres complacerme?—
—Sí... sí, alfa, por favor —susurró João, con la voz quebrada.
—Está bien, cachorro —dijo Pedro, acariciando su mejilla— Ponte de rodillas—
João no necesitó que se lo repitieran. Cayó de rodillas frente a la entrepierna del alfa, subió la mirada y prácticamente rogó con los ojos. Pedri sonrió, bajó sus shorts y sus boxers, y dejó su pene erecto al aire. La polla dura del alfa golpeó suavemente la mejilla de João al ser liberada, y el omega gimió ante la sensación.
Pedro, con una sonrisa pícara, tomó su polla y comenzó a darle ligeras bofetadas en las mejillas del portugués. Era una vista tan excitante, el jugador del PSG, el mismo que hace unos meses habia levantado la champions, estaba siendo abofeteado por su polla. La imagen hacía que su alfa interior se regocijara.
—Eres un cachorro travieso, ¿verdad? —dijo Pedri, con voz grave y autoritaria—¿Hambriento de la polla de papi?—
—Sí... —gimoteó el omega, con la voz temblorosa.
—Entonces usa esa linda boquita tuya y chúpamela—
João no necesitó más permiso. Abrió la boca y, con un movimiento lento y deliberado, tomó la punta del pene de Pedri entre sus labios, saboreando el líquido preseminal que ya comenzaba a escapar. El alfa dejó escapar un gemido ronco y apoyó una mano en la pared, inclinándose ligeramente hacia adelante para tener mejor control.
João comenzó chupando la punta, con movimientos lentos y experimentales, y luego fue introduciendo el resto de la polla en su boca, centímetro a centímetro. Pedri tenía un buen tamaño,17cm. No se comparaban con los 24cm de Désiré, que le provocaban arcadas las pocas veces que se la había chupado. Pero el español era ligeramente más grueso que el alfa francés, y su ingle y testículos tenían el vello recortado, creando una ligera capa que lo hacía ver atractivo, pero no le molestaba en la nariz al inclinarse.
El omega lamía las venas con la punta de la lengua y ahuecaba las mejillas, creando una succión que hacía gemir al alfa. Quería darle una buena impresión al español, quería demostrarle que era un buen omega y que sabía cómo chupar una polla. Y joder, sí que sabía hacerlo.
Pedro gruñía, con la mano derecha apoyada en la pared para mantener el equilibrio y la izquierda enredada en el cabello de João, inclinándolo más hacia su pene para que se lo tragara por completo. El alfa casi podía ver cómo la garganta del omega se abultaba para hacerle espacio a su polla, un espectáculo que lo enloquecía. Bajó la mirada para conectar con la del portugués, que lo observaba con los ojos fijos en los suyos. Pedri ladeó la cabeza e hizo un gesto con las cejas, como haciendo una pregunta silenciosa. João asintió y tarareó lo que parecía un "sí" amortiguado por el pene en su boca.
Era la señal que Pedro necesitaba.
Enredó ambas manos en el cabello del portugués y comenzó a follarse su garganta, llevando su pene hasta lo más profundo y volviéndolo a sacar sin darle descanso. João respiraba por la nariz, relajando la garganta, dejando que el alfa utilizara su boca a su gusto. Era jodidamente placentero sentir las envestidas del mayor contra su paladar, sentirse utilizado, deseado. Tal vez ese era el verdadero propósito de su vida, ser el juguete para follar de Pedri, ser un niño bueno y recibir todo lo que el alfa quisiera darle.
—Muy bien, pequeño, así es —gruñó Pedri, acelerando el ritmo— Recibes a Papi de maravilla—
João gimió ante el halago, haciendo vibrar su garganta contra la polla del alfa. La vibración le arrancó un gruñido profundo a Pedro, que aumentó la velocidad, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba jodidamente rápido.
—Vas a recibir mi semen y te lo vas a tragar todo, ¿de acuerdo? —dijo Pedri, con la voz ronca y entrecortada, mientras aumentaba sus envestidas.
João ahuecó las mejillas, aumentando la succión, haciendo que el alfa apretara los dientes y lanzara la cabeza hacia atrás, un gemido gutural escapando de sus labios.
—Ahg... joder —gimió, antes de derramar todo su semen en la garganta del portugués, obligándolo a tragar.
El mediocampista se tragó hasta la última gota de la carga espesa del alfa, sintiendo el calor y el sabor salado en su lengua. Cuando terminó, jadeó, recuperando el aliento, y sintió cómo Pedri se deslizaba fuera de su boca con un sonido húmedo.
João se veía tan lindo, todo sonrojado, con los labios hinchados y brillantes, recuperando el aliento como si hubiera corrido un maratón. Pedri lo agarró por los hombros y lo levantó, besándolo con dulzura, saboreándose a sí mismo en el beso.
Mientras unían sus bocas, el mediocentro del PSG se acercó más al cuerpo del alfa, bajando una mano para agarrar el pene ya medio flácido y comenzar a bombearlo, sintiendo cómo volvía a endurecerse bajo sus dedos. Con la otra mano, agarró la muñeca del español y la guio hacia su centro húmedo, presionando la palma contra el corto vello púbico empapado.
—Mmm, travieso —murmuró Pedri contra sus labios—¿Aún no estás satisfecho, cachorro?—
—No, Pedri, no... —jadeó João, colocando la palma del alfa directamente contra su vulva caliente—Yo... yo necesito que estés aquí—
—¿Este lindo omega me necesita dentro de su vagina, eh? —se burló el mayor, acariciando su entrada con la yema de los dedos—¿Necesitas que papi te llene con su nudo y te deje tonto de tanto follar? ¿Eso es lo que necesitas?—
—Sí —gimoteó el portugués, con la voz rota de necesidad.
—Muy bien, entonces —dijo Pedri, dándole un suave beso en la frente— Apoya las manos en el lavamanos y mira al frente. Quiero que te veas en el espejo mientras te follo—
João asintió, sintiendo un escalofrío de excitación ante la orden. Se separó del alfa y caminó a trompicones hacia el lavamanos, aún con los shorts y calzoncillos amontonados en los tobillos. Se esforzó por abrir las piernas lo más que pudo, apoyó los antebrazos en el frío mármol y arqueó la espalda, presentándole su trasero al alfa como una ofrenda.
Pedri se acarició la polla, poniéndola otra vez completamente dura, deleitándose con la imagen que tenía frente a él, ese hermoso omega, entregado, expuesto, esperando por su polla.
—Estoy listo, papi —gimoteó el portugués, moviendo el trasero con impaciencia—Fóllame—
La sonrisa de Pedri cubría toda su cara, una mezcla de satisfacción y deseo insaciable. Le dio unas últimas caricias a su pene, ahora completamente duro y brillante por la saliva de João, y se acercó al omega. Alineó su polla contra la entrada húmeda y palpitante, colocando la punta justo en el agujero caliente.
Entró la punta lentamente, exasperando al portugués, que gimoteó y empujó sus caderas hacia atrás buscando más. Cuando la punta estuvo dentro, Pedri metió el resto de su polla de una sola estocada, quedando dentro hasta la empuñadura.
Se quedó quieto un momento, dejando que el pequeño se acostumbrara a su tamaño, sintiendo cómo las paredes calientes y apretadas del omega lo envolvían. João temblaba bajo él, y Pedri podía sentir lo necesitado que estaba.
—Así... así está bien —murmuró Pedri, con la voz ronca—Tranquilo, cachorro—
Cuando sintió que el omega se relajaba ligeramente, se agarró de sus caderas con fuerza y comenzó a mover las caderas en un ritmo implacable. Los sonidos húmedos de la penetración llenaron todo el baño, mezclándose con los gemidos ahogados de João. Pedri no tenía piedad,follaba al omega con todas sus fuerzas, cada embestida hundiéndolo más profundamente en el placer.
João gemía con fuerza, aferrándose al mármol del lavabo con los dedos blancos por la tensión. Sus ojos amenazaban con soltar lágrimas de puro placer, y tenía la vista un poco nublada.
—Esto es lo que querías — jadeó Pedri, sin reducir el ritmo—Que papi te folle. Eres tan bueno para mí, pequeño. Tu vagina fue creada para mi polla—
João gimió, apretándose alrededor del alfa.
—Eres mi buen omega —alagó el mayor, inclinándose para morderle suavemente el lóbulo de la oreja—Dilo. Di que eres el omega de papá—
—Soy... agh... soy el omega de papá —gimió el portugués, con la voz quebrada.
—¿Y quién es el único que puede follarte?—
—Tú... tú, alfa. Tú eres el único que puede follarme—
—Muy bien —gruñó Pedri, satisfecho—Porque te voy a follar tan bien que vas a olvidar a Désiré—
En un movimiento rápido, agarró a Joao y lo incorporó, pegando su espalda contra el pecho del alfa. Con una mano sujetó sus caderas con fuerza y con la otra lo rodeó por el pecho, manteniéndolo erguido contra su cuerpo. Desde esa posición, podía sentir al omega aún más apretado.
—Eso es, cariño, así —gruñó contra su oreja, con el aliento caliente— Deja que papi te folle. Sé mi vertedero de semen—
Joao no podía aguantar más. La charla sucia de Pedro y sus fuertes envestidas lo estaban llevando al límite. Podía sentir cómo el segundo orgasmo se acercaba con una velocidad aterradora, como una ola que amenazaba con arrastrarlo.
Pedri continuó envistiendo, buscando su propio placer mientras llevaba la mano que tenía sobre el pecho del portugués hasta su clítoris, comenzando a hacer círculos apretados. La estimulación directa hizo que João se retorciera, gimiendo sin control.
—Abre los ojos y mira al espejo —ordenó el alfa, con voz autoritaria—Quiero que veas tu propia cara cuando te vengas—
João abrió los ojos que no se dio cuenta que habia cerrado y, aunque su visión estaba nublada por las lágrimas, pudo verse reflejado. Estaba sonrojado, con las mejillas húmedas y los labios hinchados. Pedro estaba erguido tras él, su fuerte cuerpo presionándolo contra el lavabo, y su cabeza enterrada en el cuello del omega, dejando una estela de chupetones morados sobre su piel.
—Voy a llenarte, cariño —jadeó Pedri, sintiendo cómo el nudo comenzaba a formarse en la base de su polla—Voy a meterte mi nudo y vas a decir gracias—
Con tres últimas embestidas profundas, se derramó dentro del omega, llenándolo de semen caliente. En una cuarta embestida, metió su nudo, sintiendo cómo se inflaba y lo anclaba dentro del portugués. Al mismo tiempo, pellizcó el clítoris rojizo y sensible del omega, empujándolo directamente hacia el orgasmo.
El pellizco y el nudo dentro de su vagina fue la gota que colmó el vaso. João fue lanzado a un orgasmo violento que sacudió todo su cuerpo, haciendo que sus piernas temblaran y sus dedos se aferraran desesperadamente al mármol. Un chorro de líquido transparente manchó sus muslos y el suelo, y un gemido desgarrador escapó de su garganta.
—Obrigado, alpha... —gimió antes de derrumbarse contra el cuerpo de Pedri, completamente agotado.
Pedro lo agarró y lo sostuvo, sintiendo el peso del omega contra su pecho. Se tambaleó hacia el retrete cerrado y se sentó, con João sobre su regazo, aún con el nudo profundamente dentro.
—Tranquilo, pequeño —murmuró Pedri contra su oreja, acariciando su cabello y su espalda con movimientos lentos—Aquí te tengo. Estás bien—
Pedro siguió murmurándole palabras dulces al oído, ayudando a que el omega se calmara. Su voz era un bálsamo, suave y constante que envolvía a João en una burbuja de seguridad.
—Alfa… —gimoteó João, intentando girarse para tenerlo de frente.
—Ey, ey, no —Pedro lo sujetó por las caderas con firmeza —El nudo sigue ahí. Si te mueves, te vas a lastimar—
—Pero quiero acurrucarme en tu cuello —protestó el omega, con tono quejumbroso.
—Shh, lo vas a hacer —prometió el alfa, acariciando su abdomen con movimientos circulares—Pero espera a que el nudo baje. No quiero que te lastimes—
João pataleó un poco, un gesto infantil que hizo sonreír a Pedri. Sentía esa necesidad imperiosa de acurrucarse y olfatear al alfa, de hundir su nariz en su cuello y respirar su aroma hasta que sus pulmones se llenaran de él. Pero como lo habían tomado por detrás, no podía girarse sin que el nudo tirara de su interior.
—No seas un malcriado —regañó el alfa, dándole un golpecito suave en el muslo— Te estoy cuidando y te pones así. Mmm, parece que voy a tener que enseñarte modales la próxima vez—
¿Próxima vez?
El omega de João se removió de alegría al pensar que podía existir una próxima vez entre ellos. Pedri lo había follado como a una zorra y lo había cuidado como a un amante. Era el tipo de alfa con el que cualquier omega querría casarse. Además, el increíble aroma del español solo sumaba puntos a su favor. Su omega interior ronroneaba de satisfacción.
Cuando el nudo se desinfló por completo, sintió cómo Pedri lo levantaba con cuidado y sacaba su pene del omega. Un hilo de semen caliente se deslizó por sus muslos, se giró rápidamente, sentándose de lado sobre el regazo del español y acurrucándose en su cuello, hundiendo la nariz directamente contra su glándula.
—Aparte de mocoso, eres mimado —bromeó el español, acariciándole la espalda.
João se apretó más contra él, inhalando su aroma. Sus dedos se enredaron en la tela de la camiseta de Pedri, aferrándose a él.
—Aquí estoy —le dijo Pedri, dándole un beso en la sien—Podemos acurrucarnos el tiempo que necesites—
Se quedaron así, el alfa abrazando al omega con sus brazos protectores, simplemente existiendo juntos. El silencio era cómodo, interrumpido solo por el sonido de sus respiraciones.
Después de unos minutos, João se removió incómodo. El semen empezaba a secarse en su piel, pegándole los muslos y haciendo de cada movimiento una sensación extraña.
—Me siento pegajoso —se quejó, con un puchero
El español sonrió y lo levantó con cuidado, depositándolo en el retrete donde antes él había estado sentado.
—Muy bien, voy a limpiarte —dijo el alfa
Pedri se limpió su propio pene e ingle con papel higiénico, y se subió los calzoncillos y el short. Luego tomó más papel y se acercó al lavabo, humedeciendo algunos trozos para que la limpieza del semen medio seco fuera más fácil
Se acercó al omega y se arrodilló frente a él, quedando a la altura de sus muslos.
Pedro comenzó a limpiarlo con delicadeza. Primero con el papel mojado, retirando toda la pegajosidad que quedaba en sus muslos y su vulva y luego secó con el papel normal, pasando la yema de los dedos sobre la piel sensible del omega. Tal vez no fue la mejor limpieza, y sin duda João debería ducharse en cuanto tuviera oportunidad, pero al menos era suficiente para que no se sintiera tan incómodo.
Cuando terminó, ayudó a João a levantarse y a subirse la ropa.
Ya completamente vestido y arreglado, el omega volvió a abrazar a Pedro una última vez, aspirando su olor con avidez y apretándolo con todas sus fuerzas. Pedro le devolvió el abrazo, rodeándolo con sus brazos protectores, y le dio un beso corto en la coronilla antes de separarse.
—Hora de irnos —dijo Pedro—Debes volver con tu equipo, y yo con el mío—
João se estremeció ante la idea de volver con su selección. Aunque el alfa lo había calmado y lo había follado hasta casi olvidarse del asunto, darse cuenta de que debía regresar a la realidad le devolvió el miedo como un baldado de agua helada. Las amenazas, las miradas de sus compañeros, la prensa esperándolo con sus preguntas hirientes... todo volvió a su mente.
—Ey, no tengas miedo —dijo el alfa, posando una mano firme en su hombro—No te va a pasar nada. Te impregné con mi aroma, así que todo tu equipo sabrá que un alfa te respalda. Y no creo que ninguno sea tan tonto como para molestar a un omega marcado con aroma alfa—
João abrió los ojos en sorpresa. Estaba tan distraído abrazando a Pedro, tan perdido en el calor de su cuerpo, que no se había dado cuenta de que lo había marcado con su aroma. Pero ahora, al olerse a sí mismo, era obvio, apestaba al alfa español. Un olor que se había impregnado en su piel, en su ropa, en cada poro de su cuerpo.
—Vamos —dijo Pedro, tomando su mano y sacándolo del baño.
Caminaron por el pasillo en silencio. João agarraba su mano con fuerza, aferrándose a ese momento antes de que tuvieran que separarse.
Cuando llegaron a la zona de los vestuarios, donde los caminos se dividían hacia sus respectivos equipos, João miró a Pedro con ojitos tristes y brillantes. No quería separarse del alfa. No quería volver con su selección, con esas miradas frías y ese silencio cómplice que tanto daño le hacían.
—Pequeño, quiero que me escuches con atención —dijo Pedro, tomándolo por los hombros y mirándolo directamente a los ojos—Vas a ir al vestuario, te vas a cambiar, vas a volver a tu hotel y vas a empacar tus cosas. En unas tres horas, un ayudante de la selección española va a ir a recogerte y te va a traer a mi hotel—
João lo miró con cara de sorpresa, parpadeando varias veces para procesar lo que acababa de escuchar.
—¿Recogerme... para ir a tu hotel?—
—Sí —sonrió el mayor—A partir de ahora, vas a viajar conmigo y con mi selección el resto de la Copa. Irás conmigo a Los Ángeles para los cuartos, y luego a donde sea que juguemos las semis y la final—
João esbozó una sonrisa temblorosa. Qué confiado era ese alfa, que creía que llegarían a la final(Dios plan, ojalá lleguen).Pero algo se removió en su interior. ¿Viajar con la selección española? La única forma en que un omega ajeno al plantel viajara con el equipo era siendo el omega de consuelo. Un escalofrío recorrió su espalda.
—¿Entonces... seré el…el omega de consuelo? —preguntó, con voz temblorosa.
—Oh, no, no, no. Nada de eso —dijo Pedro, con total seriedad —No dejaría que nadie te tocara. Serás mi omega y viajarás con nosotros como mi omega—
Enfatizó la palabra "mi" con una intensidad que hizo que el pecho de João se llenara de un calor indescriptible. Sus ojos brillaron, y una sonrisa genuina comenzó a formarse en sus labios.
—¿Tu omega?—
—Claro —rio Pedro, con un tono que mezclaba diversión y ternura—¿Acaso pensaste que te dejaría ir tan fácil, cachorrito? Vas a quedarte conmigo. La federación tiene permitido que los omegas viajen con sus alfas siempre y cuando no interfieran en su rendimiento futbolístico. Por ejemplo, Álvaro, el omega de Rodri, viaja con nosotros todo el tiempo. No te preocupes, pequeñín. Prometí cuidarte, y eso haré—
Joao no pudo evitarlo. Se lanzó contra el alfa, abrazándolo con todas sus fuerzas, enterrando el rostro en su cuello y respirando su aroma como si fuera lo último que olería antes de morir. No habían sido palabras vacías. Iba a protegerlo de verdad. Iba a llevarlo consigo para mantenerlo a salvo, al menos por ahora.
—Obrigado —murmuró João contra su cuello, con la voz rota por la emoción.
Pedro simplemente sonrió y le dio un beso en la coronilla, acariciando su cabello con una mano.
—Muy bien. Ahora ve a hacer lo que te dije —dijo, separándose del abrazo y dándole palmaditas en el trasero para que se fuera—Te veo en el hotel —
João asintió y comenzó a caminar hacia su vestuario. Pero antes de que pudiera doblar la esquina, unas manos firmes lo agarraron de la cadera y lo detuvieron.
—Espera —dijo Pedro, con la voz cálida y baja cerca de su oído.
Lo giró suavemente, y cuando estuvieron frente a frente, el alfa lo besó. Uno beso lleno de amor y seguridad, una promesa silenciosa que envolvía a João por completo. El portugués sintió cómo el mundo se desvanecía a su alrededor, cómo todo el miedo y la incertidumbre se disolvían en el calor de los labios del alfa. Se fundió en el beso, aferrándose a la camiseta de Pedro como si fuera su única ancla.
Cuando se separaron para recuperar el aliento, Pedro tenía una sonrisa radiante en el rostro. Rápidamente, se quitó la camiseta y se la extendió a João.
—Toma —dijo, con una sonrisa que iluminaba todo su rostro—Para que tengas algo mío mientras estamos separados—
João tomó la camiseta con manos temblorosas y la apretó contra su pecho. Sin esperar respuesta, Pedro le dio un beso en la frente y se alejó, caminando hacia su vestuario sin mirar atrás.
El portugués se quedó allí, parado en medio del pasillo, con la camiseta del alfa español pegada a su pecho y una sonrisa tonta que no podía esconder.
Mientras caminaba de vuelta al vestuario de Portugal, un calor se expandió por su pecho, llenando cada rincón de su ser. Estas semanas habían sido duras, terriblemente duras. Pero ahora tenía un alfa que lo protegería, que lo llevaría con él. Tal vez solo era mientras durara la Copa del Mundo. Tal vez después del 19 de julio, cuando el torneo terminara y cada uno volviera a su vida, todo esto se desvaneciera como un sueño. Tal vez entonces tuviera que enfrentar al público, a la prensa, a las consecuencias de sus palabras.
Pero por ahora, tenía un alfa que se preocupaba por él. Y eso era lo único que su omega interior necesitaba, sentirse amado y seguro.
Tal vez Pedro González era su alfa predestinado. O tal vez João solo estaba fantaseando, dejándose llevar por la emoción del momento y el calor del sexo reciente.
Pero una cosa era segura.
João estaba feliz de ser el omega del español.
