Work Text:
Lo único en lo que Cristian pudo pensar cuando sonó el pitido final, fue que tenía fé.
Tenía fé en la selección, en sus compañeros, en el equipo y en que era posible darle a un país entero esa alegría que habían conseguido hace cuatro años atrás.
La cumbia empezó a sonar fuerte en el estadio, mientas Cristian se desplomaba en el suelo, exahusto y feliz en partes iguales. El rugido de alegría de los hinchas argentinos en el estadio se vió opacado rápidamente por las voces de sus compañeros que soltaban gritos de felicidad.
Cristian podía sentir cada cerda de cesped bajo su piel, pero la incómoda sensación quedaba eclipasada bajo la tranquilidad y satisfacción que sentía por poder ayudar a que su selección resultase victoriosa una vez más.
De pronto, sintió un peso sobre su espalda, y a Cristian no podría resultarle más fácil adivinar de quién se trataba.
- ¡Cuchi lo logramos! - Exclamó una voz en el acento característico de su provincia, en un sollozo agónico de felicidad. - ¡Y todo gracias a vos! - Soltó esa voz que amaba entre lágrimas de felicidad.
Cristian sintió como su torso era asfixiado en un abrazo fuerte, y siendo consciente de quién se trataba, se giró en el suelo para poder aprisionar entre sus brazos al cuerpo ajeno encima de él.
Los segundos pasaron con lentitud, haciendo conscientes a ambos y al resto de que habían conseguido aquello que tanto se habían propuesto después de más de ciento veinte minutos de sufrimiento infernal.
La tranquilidad llegó al cuerpo del jugador del Tottenham como una brisa tranquila. Aminorando la euforia del juego y borrando todo rastro de exaltación.
Por ahora, podían darse el lujo de estar tranquilos.
Luego de unos minutos, el sonido de la hinchada se hizo lejano, Cristian supone que porque estaban saliendo del estadio. Las luces se volvieron más frias de su piel y recién entonces la respiración ajena se despegó de su cuello.
Los ojos marrones del defensor chocaron con la mirada castaña de Julián.
Ambos intentaban transmitir todas sus emociones a través de sus iris.
Cristian le decía que "gracias a vos todo esto es posible"
Julián decía a gritos a través de sus iris que "Cristian, sos autor de la felicidad de un país entero".
- Te amo Cristian - Fue lo unico que Julián pudo decirle despues de varios segundos en un silencio compartido totalmente reconfortante. En el que ambos se hundieron en una batalla de miradas por ver quién de encontraba cediendo ante la dominancia ajena.
Fue Julián quien al final, relajo su cuerpo dejándose caer encima de Cristian y ocupando con su rostro el lugar entre el cuello y hombro del capitán del equipo londoniense.
- Te amo más, mi amor -
Cristian tomó ventaja de la situación y se aprovechó de la vulnerabilidad ajena, girando encima del cuerpo del otro para quedar posicionado encima de Julián.
Las piernas del delantero se ciñieron con familiaridad en la cadera del defensor, asegurando su lugar de dominancia.
Cristian aprovechó la posición del encuentro y se impulsó hacia adelante, presionando de manera intencional su entrepierna abultada contra la entrepierna ajena.
- Esta noche se festeja... Y no tenés idea de todo lo que pienso hacerte - Musitó el morocho en un tono que consiguió un gemido por parte del menor.
A Cristian parecía no importarle en lo más mínimo que estuviesen en medio de un estadio mundialista. Siendo captados por miles de cámaras que ansiaban con desespero una toma de dos futbolistas "festejando" el triunfo y el pase a la siguiente fase de eliminatorias.
Si ellos en realidad supieran cuál es el verdadero festejo. Pensó Cristian mientras frotaba su pija semierecta contra la entrepierna de Julián.
- C-Cris... - Murmuró Julián. - Vamos al vestuario - Rogó el de Calchín en un gemido entrecortado.
Recién entonces Cristian fue consciente de que estaban todavía en medio del estadio, tirados encima del cesped mojado y siendo los únicos que quedaban dentro del campo de juego.
El morocho sonrió contra el cuello blanquecino antes de levantarse en un movimiento rápido y extender su mano al delantero que había quedado recostado en el cesped húmedo.
De un tirón el cordobés levantó al jugador del Atleti, consiguiendo que este chocara contra su cuerpo por la fuerza del movimiento.
Cristian no desaprovechó la oportunidad de rodear la cintura del más bajo con un brazo y girar en su lugar con un agarre firme para emprender el viaje hacia los vestidores del equipo.
Sintió como a pesar del aturdimiento Julián pasaba un brazo por sus hombros, colgandose por la diferencia de altura entre ambos.
Su sonrisa para la hinchada restante en el estadio era gigante, sintiendo un calor gigante en el pecho al escuchar su nombre un coro uniforme por parte de la tribuna.
No iba a llorar, obvio que no. Pero el nudo que se armó en su pecho era lo más cercano al llanto que podía encontrarse.
Mientras ingresaban al tunel aún abrazados, dejando atrás el rugido del estado y sumiendose en el nuevo bullicio provocado por los cantos, gritos de sus compañeros y la música fuerte de su país, sonrieron con complicidad y euforia.
El vestuarios de la selección era un caos. En el buen sentido.
Gritos de alegría, bailes exagerados al compas de la música y sonrisas brillantes que podrían dejar ciego a cualquiera. Era una fiesta a pesar de tratarse del primer partido de eliminatorias victorioso, pero era justamente eso lo que lo hacía tan especial.
Que cada oportunidad de festejo era algo irrepetible.
Las camisetas se agitaban en el aire y los silbidos se dejaban oír fuertes al compás de la musica. Algunos de sus compañeros ya en ropa interior, bailaban sin importarles nada a pesar de que había uno que otro celular grabando el momento.
De repente Cristian perdió a Julián, no sabe en que momento se soltó de su agarre firme.
Pero lo primero que pudo notar al salir de su estupor, fue que una figura ligeramente más baja que la de él se acercaba con velocidad hasta impactar contra su cuerpo.
- ¡Cuti la concha de tu madre! - Soltó jocosa aquella voz con el regocijo que Cristian conocía muy bien. - ¡Estás completamente loco hermano! -
Un eufórico Lisandro rodeó con sus fuertes brazos el torso del defensor más alto. Y Cristian en automático pudo sentir su sonrisa nacer en su rostro antes de rodear al más bajo en un abrazo igual de fuerte.
- ¿Yo? ¡El demente sos vos culiado! -
Ambos rieron mientras giraban en el lugar, sonriendo ante los renovados festejos de sus compañeros por ver a dos de los goleadores abrazados.
- Vos nos diste el triunfo hoy mi Cuti, te amo -
Cristian sonrió con profunda felicidad y abrazó al entrerriano mientras se acercaba a su oído.
- Yo también te amo Licha -
Después del breve momento los festejos de la albiceleste siguieron por varios minutos. A pesar de no tener alcohol ni otra sustancia dudosa, no hizo falta más que botellas de agua fresca para prolongar los cánticos y celebraciones del equipo.
A medida que la euforia bajaba un poco pero la alegría se conservaba igual, se acercaba la hora de volver al hotel para un merecido descanso.
Fue entonces que cuando se acercó a su locker, pudo ver en la hilera del frente que Julián charalaba con un Enzo que parecía demasiado cercano al cordobés.
Cristian intentó no perseguirse pero al ver la sonrisa engreída del mediocampista y como este presumía de su torso desnudo y su bulto marcado frente a la mirada estoica de SU Julián, sintió la bronca brotar como fiebre en su cuerpo.
Despues de unos segundos pretendiendo que guardaba cosas en su locker pero sin perder de vista la interacción entre ambos ex gallinas, pudo ver como Julián por fin se sacaba de encima al pesado de Enzo.
Y su sonrisa no hizo más que crecer al ver que el castaño tomaba dirección hacia las duchas mientras que el tatuado se dirigía a la salida del vestuario.
En ese instante exacto, Cristian decidio que era momento para comenzar con su festejo.
Aprovechando que nadie rondaba la habitación y que las conversaciones de sus compañeros venían de las duchas individuales, el morocho se despojó de su uniforme quedándose en sus bóxers negros, antes de atar la toalla blanca que le habían dado, y finalmente sacarse la prenda para meterla dentro de su bolso.
Julián, envuelto nada más que en una toalla ingresó en uno de los cúbiculos y cerró la puerta tras de sí.
Comprobando que nadie más lo veía, Cristian se apresuró los pasos que lo separaban de su objetivo, y con un movimiento silencioso y fluido abrió la puerta y se mandó sin pensarlo dos veces.
El castaño, ajeno a su presencia, se encontraba bajo la ducha fresca con los ojos cerrados, masajeando su cabello en un intento vanal por disminuir el calor del encuentro.
Ajeno a la presencia del morocho detrás de él, Julian frotaba sus manos enjabonadas por su cuerpo con tranquilidad, masajeando los lugares en lo que sentía pequeños nudos o molestias.
Los suspiros escapaban de sus labios entreabiertos sin ser consciente del todo, y creyendo que estaba en un espacio seguro y privado.
Cristian, por otro lado, sentía la garganta seca y un dolor de bolas horribles. Porque sus ojos inquietos no habian tardado ni medio segundo desde que puso un pie dentro del pequeño cubículo en escanear cada centímetro de la figura ajena.
La piel suave e impoluta del castaño brillaba con el agua que se deslizaba como una caricia sobre su piel, y el recorrido de las pequeñas gotas que se deslizaban hacia abajo lo llevaron a deleitarse con la visión de esas nalgas gordas y mojadas por las que cualquiera mataria.
Pero que solo Cristian tenía el placer de ver.
- Fua... Alta burrita -
El sonido del agua de la ducha opacó la exclamación de terror de Julián.
El castaño, llegó a taparse la entrepierna con una mano mientras que con la otra intentaba cubrir la desnudez de su torso girando en su lugar para enfrentar al desconocido.
Desconocido que conocía muy bien, por lo que rodó los ojos con fastidio mientras su postura defensiva se relajaba bajo el agua fresca.
- Culiado de mierda - Insultó mientras se llevaba una mano al pecho, sintiendo los latidos desbocados de su corazón.
Cristian soltó una carcajada, y después de unos segundos contemplando el cuerpo ajeno notó que el delantero seguía tapando su intimidad.
- No hay nada que no haya visto ya - Señaló con la cabeza y una sonrisa pequeña.
Entonces, Julián se permitió sonrojarse y carraspear para aclarar su garganta antes de hablar.
- ¿Qué haces acá? -
Con una mano, y sin despegar sus ojos oscuros de los ojitos de bambi ajenos, Cristian desprendió la toalla atada a su cintura y la colgó en el pequeño gancho en la puerta, encima de la de Julián.
La satisfacción se hizo presente en su pecho cuando los ojos de Julián descendieron por tu torso hasta llegar a su miembro semierecto.
La atención del delantero hizo que la sangre empezara a correr con velocidad por sus venas, hacia el sur en específico. Acortó los pocos pasos que lo separaban del menor sin despegar su mirada del rostro sonrojado, y recién cuándo los escasos centímetros que los separaban permitieron sentir el calor que desprendía el cuerpo del otro, conectaron sus miradas de nuevo.
- ¿Qué me habías dicho que me ganaba si hacía un gol? -
Las manos del defensor encontraron su lugar natural en la cintura ajena, y Cristian ya podía sentir sus palmas picar de la expectación por acariciar cada centímetro de la piel blanquecina.
Las manos de Julián se aferraron de manera torpe a los bíceps del morocho, y un pequeño jadeo escapó de sus labios cuando la pared fría detrás de él le dió la bienvenida.
Cristian había echado su peso encima de él mientras en un movimiento veloz, sujetaba la parte trasera de los muslos anchos, indicándole sin palabras al castaño lo que quería.
Con un pequeño saltito, las piernas gruesas del menor se envolvieron en la cadera del defensor, y ambos soltaron un jadeo cuando sus entrepiernas se rozaron.
- Nos van a escuchar - Soltó Julián en algo parecido a un quejido.
- No me importa -
Cristian no espero más para unir sus labios con los de Julián.
El efecto fue inmediato.
Un gemido compartido.
El calor recorriendo sus venas como si se tratara de una infección.
Las ganas de meterse bajo la piel ajena hasta que no quedaran rastros de dos seres separados.
Los labios gruesos del mayor de movían expertos sobre la boca ajena. Reclamando, reafirmando lo que ambos sabían.
La lengua hábil del morocho no pedía permiso, exploraba todo a su paso sin vacilación.
Julián no podía hacer más que intentar seguirle el ritmo a su amante. Y sí, solo intentar, porque no creía que nunca pudiera mantenerse concentrado con esa forma de besar que tenía Cristian.
Que lo desarmaba.
Que lo reducía a ser una masa temblorosa.
Que lo calentaba de adentro hacia afuera.
Pasaron minutos eternos en aquella posición. Con Cristian saciando su necesidad de Julián, y con este permitiéndole que tome todo lo que quisiera.
Sin importar si no quedaba nada de él después de ello.
Los movimientos entre sus cuerpos no se detuvieron.
El vaiven entre sus caderas, las manos expertas haciendo un recorrido firme desde la nuca ajena, bajando por la espalda suave y perdiéndose hasta abarcar lo que podía de los gluteos carnosos de Julián.
Otras manos mas pequeñas, mas inseguras, que se aferraban a los hombros tatuados intentando contener de alguna forma el insmensurable placer que florecía en el sur de su cuerpo.
El choque entre sus bocas no se detenía, acompañando cada jadeo y embestida, cada segundo de su entrega primitiva.
El leve rastro de barba de Cristian irritaba el rostro de Julián, pero a este no podía resultarle más placentero.
Un quejido doloroso salió de sus garganta cuando el más alto tironeó de su labio inferior, con hambre y salvajismo.
- ¿En que mierda pensas? - Jadeó el morocho entre respiraciones entrecortadas, encorvando su cuerpo y regalando un empujón hacía arriba que acomodó su pija endurecida perfectamente entre los labios empapados del menor.
La reacción fue instantánea, Julián tembló violentamente en los brazos del defensor, soltando un gemido agudo que murió cuando una de las manos ajenas se ajustó en su cuello, cortando parcialmente su respiración.
- ¿Mhm? - Insistió el otro, mientras frotaba su miembro de arriba abajo sobre los labios de Julián, rozando su clitoris de manera intencional y logrando que el castaño blanqueara los ojos entre jadeos mudos. - ¿Me vas a decir? -
Julián asintió con desesperación.
Cristian aflojó su agarre, sin soltarlo del todo.
- Q-quiero chupartela - Soltó la voz ligeramente tomada del menor.
La sonrisa brillante del mayor apareció al instante.
- Si todos supieran que detrás de esa carita de ángel hay una putita necesitada - Soltó con la voz grave el morocho, justo encima de la boca temblorosa de Julián.
El menor fue puesto con los pies sobre el suelo en un movimientos suave por parte del más alto. Y al instante las manos grandes acunaron su culo amasando sus nalgas mientras sus bocas volvían a unirse.
Cristian los dió vuelta apoyándose contra la pared fria, y Julián no desaprovechó la oportunidad para enganchar sus brazos alrededor del cuello ajeno, teniendo que ponerse de puntitas para llegar bien.
La saliba desbordaba de sus belfos mezclandose con el agua de la ducha, sin importarles a ninguno de los dos el desastre que estaban haciendo.
Una de las manos del castaño bajó con velovidad por el torso de Cristian, yendo más allá de su vientre.
Un jadeo grave resonó en el pecho del defensor cuando los dedos de Julián envolvieron su miembro húmedo en un agarre firme. Al instante el más alto percibió la pequeña sonrisa del delantero contra sus labios.
- Mhm... Que sensible - Soltó Julián con un tono burlón. Mientras sus dedo pulgar pasaba por la punta brillante, recogiendo un poco de presemen. - Vos también estás todo mojadito -
En respuesta obtuvo un gemido un poco más agudo de los labios abultados del morocho.
- ¿Y si te llenas la boca de una vez? - Provocó Cristian mientras se impulsaba para intentar morder la boca ajena.
Julián lo esquivó con una sonrisa para luego acercarse y dejar un beso breve que el morocho intento profundizar.
Pero no hizo más que quedarse tieso en su lugar cuando el castaño se arrodilló lentamente en el suelo frío de la ducha.
Sin separar sus miradas en ningún momento.
La mano cálida del menor envolvió lo que pudo de la erección endurecida, comenzando a masturbarlo con un agarre firme y un ritmo pausado.
Recién entonces Julián bajó la mirada y se enfocó de lleno en su labor.
Admiraba el pedazo de Cristian con cada caricia, y el defensor se encontraba soltando jadeos mudos con la boca entreabierta, e intentando controlar las pequeñas embestidas involuntarias que su cuerpo daba.
Julián bajó la piel en un movimiento suave, prestando especial atención a la punta brillante por el lubricante natural del morocho.
El castaño se encontró tragando saliva por la anticipación, aguantando la ansiedad por tragarse toda la extensión del más alto.
En cambio, volvió a buscar la mirada de Cristian y la encontró fija en él.
Sin decir ni una palabra, abrió la boca y sacó la lengua un poco, sin ser exagerado. No quería perderse la más mínima reacción ajena.
Chupó el glande moreno como si se tratara de un chupetin, utilizando sus labios para envolverlo y gimiendo de gusto cuando el tan conocido sabor salado invadió sus papilas gustativas.
En respuesta obtuvo un gemido grave que resonó más allá de su cubículo, y aunque en otro momento podría preocuparles ser descubiertos, ahora no les importaba en lo más mínimo.
Pronto no fue suficiente y Julián decidió alejarse para lamer desde la base hasta la punta, una y otra vez como si se tratara de un helado.
La mano pesada del morocho cayó sobre sus rulos mojados, ajustando un agarre firme entre sus hebras que buscaba manejar la boca habilidosa del castaño a su antojo.
Cristian gimió ligeramente más grave cuando Julián por fin le prestó atención a sus bolas cargadas. Primero tomándose su tiempo para lamer y después para succionarlas por completo.
Entonces Cuti decidió que ya había tenido suficiente, y con un solo tirón separó por completo al delantero de su entrepierna.
Julián gimió con la boca abierta y se sostuvo con sus manos temblorosas de los muslos fibrosos.
Cristian se agachó y soltó un escupitajo directo en la boca caliente del otro. Y luego sin tener ningún tipo de reparo, se abalanzó para besar desastrosamente a su amante. Pudiendo probar su propio sabor en la boca ajena.
Se separaron después de unos segundos y el mayor se enderezó en su lugar para tirar de los rulos mojados y reubicar la boca pecaminosa del menor justo encima de su pija.
- Abrí grande... - Jadeó con un poco de dificultad. - Y ya sabés cómo es, bancatela -
Julián asintió con un suspiró tembloroso y abrió su boca para recibir a Cristian.
Chupó con fuerza la cabeza pero no duró mucho antes de ser forzado más allá.
Cristian lo empujó hasta que sus labios dolieron por el estiramiento, teniendo que apretar los dedos de los pies para evitar el reflejo de la arcada cuando su garganta fue abusada por la carne maciza.
Aquello duró unos segundos antes de que el morocho se retirara permitiéndole respirar con dificultad.
Tosió con fuerza, desacostumbrado a la sensación de picazón en su garganta. Pero no tuvo tiempo de recuperarse del todo antes de sentir como tiraban los pelos de su nuca, dejando su cabeza inclinada hacia atrás.
- Otra vez - Mandó el mayor con fuerza.
El movimiento esta vez fue más fluido, consiguiendo que Julián tragara todo el miembro de Cristian, hasta pegar su nariz a la pelviz del morocho y rozar el escazo rastro de vello púbico.
Las lágrimas se acumularon en sus cuencas, comenzando a deslizarse por sus mejillas cuando después de unos segundos el morocho lo seguía ahogando con su miembro.
Esta vez se soltó jadeando de manera pesada, luchando por aire.
No llegó muy lejos antes de sentir el tirón en su cabello.
- Otra... -
La voz del defensor ya no le pertenecía. El tono grave y necesitado que cubría cada una de sus palabras le pertenecía a otro ser. A uno más salvaje, consumido por la necesidad.
Las uñas del castaño se clavaron en los muslos del más alto en el tercer empujón. Soportando la fuerza de la embestida y mirando hacia arriba como los ojos oscuros ajenos se negaban a despegarse de él.
El agarre en su cabellera se aflojó un poco, pero Julián no llegó a separarse antes de que Cristian comenzara a embestir repetidamente con movimientos temblorosos.
Cogiendo la boca de Julián.
Quien sólo pudo gemir de gusto al ser usado por su amante como un simple agujero cálido. Y su cuerpo le respondió enviando una ola de calor y humedad a su intimidad.
El vaiven era irregular.
De a ratos Cristian aceleraba, penetrando superficialmente disfrutando de la calidez húmeda de la boca de Julián. Y de a ratos realentizaba su faena, disfrutando de llegar tan profundo en la garganta ajena como para lograr que el más bajo blanqueara sus ojos por la falta de oxígeno.
Después de unos minutos en los que sus bolas latían con anticipación, Cristian finalmente lo soltó después de ahogarlo una vez más con su verga.
El estado de Julián era deplorable.
Y hermoso a los ojos del morocho.
El rostro angelado del oriundo Calchín se encontraba enrojecido por el esfuerzo. Sus ojitos de bambi brillantes por las lágrimas acumuladas y el rastro húmedo encuadrando sus mejillas como la perfecta imágen de la divinidad.
Los labios enrojecidos, brillantes y levemente entumecidos por el esfuerzo temblaban con cada inhalación del menor.
La saliva espesa caía por la barbilla suave del castaño, descendiendo más allá de su nuez de Adán.
Pero lo más obsceno y caliente era el hilo brillante de precum y saliva que unía la boca de Julián y su pija.
- No hay mejor premio que esta vista - Soltó el morocho mientras con la misma mano que sostenía el cabello castaño, acariciaba la mejilla suave del menor.
Caricia contra la cual Julián se recostó, sonriendo tímidamente con cansancio.
- E-es lo que se merece el goleador -
Antes de que pudiera contestar, Julián se acercó al miembro de su amante.
La lengua experta del castaño se deslizó con lentitud desde la base ancha, por todo el tronco y hasta llegar a la punta hinchada que parecía a punto de explotar. Ahí se entretuvo con su lengua, endureciendo la misma y forzandola contra la uretra en un movimiento rápido y constante.
Ayudándose con su mano para masturbar con fuerza la pija de Cristian buscando exprimir cada gota de líquido espeso y salado.
Aquello consiguió que las piernas de uno de los mejores defensores de Argentina y del mundo, temblaran como si fueran las patas de un ciervo recién nacido.
- Hijo de puta -
El gemido del morocho cortó el aire, como un aviso de que estaba muy cerca de desmoronarse bajo las acciones del supuesto delantero tímido.
Julián siguió pajeando a Cristian en la misma posición, con más fuerza y presión ahora, disfrutando bajo su tacto el latido de las venas marcadas a punto de explotar y el calor que desprendía la dureza ajena.
La lengua del castaño esperaba ansiosa, lista para recibir lo que era suyo.
El defensor arqueó su cuerpo hacia adelante, tirando del cabello de Julián para dejarlo con la cabeza echada aún mas hacía atrás.
El orgasmo se construyo en su vientre y cuando estaba a punto de eyacular...
La puerta sonó con dos golpes firmes.
Reventando la burbuja a su alrededor con un sonido sordo que dejó sus mentes en blanco.
La mirada de Julián se desvió con terror hacia la puerta antes de volver al rostro confundido del defensor. Ambos se quedaron estáticos en sus lugares.
Esperando.
Y después de alrededor de diez segundos que se sintieron como una década, una voz sonó del otro lado de la puerda de madera.
- ¿Puedo pasar? - Preguntó una voz burlona con un un tono que conocían demasiado bien.
Cristian miró a Julián con confusión, aún sin poder bajar del todo de la nebulosa de placer a la que el menor lo había subido.
Y antes de obtener una respuesta, la puerta se abrió con un pequeño click, porque claro, era obvio que el más alto se había olvidado de ponerle traba a la puerta.
La persona detrás de la puerta abrió la misma e ingresó sin dudarlo. Recién entonces Cristian cayó en cuenta de quién se trataba.
Julián mientras tanto, seguía tieso y arrodillado con el miembro erecto en su mano.
Licha miraba la escena con una sonrisa ladeada, recargado en la puerta que ahora sí, fue cerrada con seguro.
- ¿Festejando desde ya? - Preguntó el defensor con burla.
Recién entonces el castaño se permitió escanear el cuerpo de Lisandro.
Quien vestía nada más que una toalla blanca.
Y sobra decir que no dejaba nada a la imaginación. Porque el bulto que se dejaba ver bajo la tela no daba lugar a la duda.
Entonces Cristian entendió la situación y le sonrió a su mejor amigo después de darle una mirada rápida al menor de los tres.
- ¿Quién te dijo que podías pasar? -
Licha se rió en respuesta y se enderezó en su lugar, cruzando los brazos sobra su pecho.
- Escuché el agua cayendo y como no me respondieron, pensé que alguien había dejado la ducha abierta - Contó con facilidad, como si no acabara de inventar esa mentira en dos segundos.
- Claro... Que consciente - Se burló el mayor.
Entonces, Julián que hasta entonces había permanecido callado, sintió como la mano de Cristian se enredaba en su pelo para repartir caricias suaves.
- Mi amor me estaba dando mi premio por el gol que hice hoy - Contó Cristian mirando fijamente a Lisandro, intentando transmitirle a su amigo la intención de juego detrás de sus palabras.
Julián creyó que vió mal, pero casi que estaba cien por ciento seguro de que el bulto de Lisandro no hizo más que crecer detrás de esa afirmación.
- ¿Ah sí? - Inquirió el número seis mientras se acercaba más a ellos. - Mira vos Juli... Que buen compañero -
Cristian empujó su miembro aún erecto contra la mejilla de un boquiabierto Julián que miraba a Lisandro como si este en cualquier momento fuese a devorarlo.
- Juli... - Llamo Cristian, atrayendo la atención del delantero y aprovechando para pasar su pija por los labios de su amante. - Licha también hizo un gol hoy -
Oh.
Cuando Julián salió de su estupor ya había entendido completamente lo que iba a pasar. Porque estaba frente a dos hombres con la testosterona por las nubes, el cuerpo caliente y la sangre fluyendo a mil por hora.
- Yo también me merezco un premio - Propuso el entrerriano mientras una de sus manos acariciaba también los rulos de Julián.
Y bueno, a Julián la salía más que bien ser un alma caritativa.
Miró a Cristian para serciorarse de que estaba completamente de acuerdo con la situación. Y no debería haberle sorprendido encontrar una sonrisa ladeada y un par de ojos oscuros que lo desafiaban a hacerlo.
Porque muy en fondo, sabía que Cristian disfrutaba de probar sus límites, ver hasta donde se la bancaba.
Entonces con una desconocida decisión, soltó la pija de Cristian y se giró en dirección del entrerriano.
Sujetando la parte inferior de la toalla de este y tirando suavemente en una orden tacita de acercamiento.
Cuando el bulto prominente casi choca con su rostro, fue que levantó la mirada.
La transpiración por el esfuerzo del partido cubría la piel bronceada de Lisandro dándole un brillo que lo hacía parecer un ser casi divino. Y desde su lugar, tenía la mejor vista de sus músculos marcados y tensionados después del encuentro.
Se mordió el labio inferior mientras y tiraba con más fuerza de la toalla, consiguiendo que la misma cayera en el suelo mojado con un sonido sordo.
Al instante la verga ya completamente erecta del entrerriano se liberó de un golpe, ligeramente curvada hacia abajo por el peso de su extensión.
Julián no pudo evitar pensar que aunque el "premio" era para los goleadores, el ganador en definitiva era él.
Quién ahora tenía en una mano el miembro de Licha Martinez y en la otra el de Cristian Romero.
Volviendo su atención a Lisandro, ajustó su agarre firme en el falo, tirando de la piel hacia abajo y sonriendo al ver que exáctamente como Cristian, Licha ya estaba que goteaba precum.
A Julián le encantaría saber desde qué momento Lisandro había estado escuchando "el agua abierta de la ducha".
Esta vez no se anduvo con rodeos y se metió la punta directamente en su boca con un movimiento seguro. Gimió de gusto cuando el sabor fuerte volvió a adormercer sus papilas gustativas.
El vaivén fue inmediato, la cabeza del delantero se movía con experiencia de atrás hacia adelante, porque aunque Cristian había estado hasta unos segundos atras maltratando su garganta, no quería darse el lujo de quedar como incapaz de complacer al otro defensor.
Julián aprovechó para acariciar con ambas manos ahora libres las piernes del entrerriano.
Se entretuvo apretando la piel caliente de los muslos macizos y clavando sus uñas con intención cuando Lisandro embestía su boca en reflejo.
La expresión burlona había desaparecido por completo del rostro del número seis, dándole paso al más puro de los placeres que podía dibujarse en sus facciones, acompañado de jadeos cortos y pequeños siseos que escapaban sin querer.
- Ahhh Juli - Suspiró el entrerriano. - No podés ser tan bueno chupando pija -
Y si el castaño creía que Licha era mas tranquilo que Cristian, se dió cuenta que estaba completamente equivocado.
Porque Lisandro tiró de su cabello, apartándolo de su tarea, y golpeó su rostro con su durísima erección.
Julián quedó atonito.
Pero le encantó.
Entonces cuando iba a volver a devorar la pija de Lisandro, fue frenado por otro agarre en su cabello que lo giró hacia donde estaba Cristian.
- Yo también estoy acá eh - Recordó el mayor con un leve tono de molestia. Sin darle tiempo al castaño de reaccionar antes de poner su glande sobre los labios brillantes del menor y empujar sin pedir permiso.
Julián lo recibió sin quejas.
Aún un poco shockeado por ser llevado de acá para allá.
Su mano izquierda masturbaba a Lisandro mientras su atención estaba puesta en recibir las embestidas potentes de Cristian.
El gorgojeo de su garganta seguido de los gemidos graves de ambos defensores era ahora una sinfonía que se escuchaba a la perfección en el vestuario vacío.
El menor fue tironeado levente desde el lado izquierdo y a pesar de un leve chasquido de molestia por parte del otro cordobés, se encontró cediendo y recibiendo el miembro de Lisandro con facilidad.
La falta de oxígeno estaba empezando a hacerle estragos.
Porque Cristian le cogía la boca con dureza y velocidad, impidiendo que sus pulmones tuvieran descanso, y Lisandro en cambio, se adentraba lentamente en la garganta maltratada, disfrutando de ver el rostro enrojecido por la falta de aire. Llegando hasta el punto de que el castaño tuviera que golpear los muslos del entrerriano para ser liberado.
Los siguientes minutos Julián se los paso en aquella posición, con las rodillas entumecidas contra el cerámico frío.
Mientras se ahogaba con el miembro de Cristian, masturbaba al otro, y así ambos defensores fueron intercambiandolo como si se tratara de un mero objeto.
Licha ahora embestía su garganta con fuerza, sujetando su rostro por ambos lados y disfrutando cada lágrima que lograba sacar de los ojos desorbitados del delantero.
A diferencia del cordobés morocho, Lisandro estaba completamente depilado. Eso no evitaba que cuando su nariz chocaba con la pelvis ajena, pudiese sentir su olfato adormecido por el olor puro a hombría con un rastro leve de sudor.
Para este punto, el número 9 ya había perdido cualquier ápice de cordura.
Dogrado por aromas, saliva y calor.
Y ambos defendores estaban fuera de sí.
Pelándose entre ellos por momentos para ver quién iba a deleitarse con su boca.
No tenían ningún tipo de reparo en profanar su cuerpo, y eso lo pudo reafirmar cuando sintió como Cristian lo levantaba por la cadera hasta dejarlo a la altura de su propia pelvis.
Ahora, con la garganta ocupada por Licha y la espalda en un ángulo perfecto de noventa grados, se sentía, si es que era posible, más vulnerable.
No pudo verlo porque hacía rato había cerrado los ojos intentando sobrellevar el placer, pero pudo adivinar que el sonido consecutivo de dos golpes era el morocho arrodillándose sobre el piso.
Por eso, y porque no tardó ni 5 segundos en sentir como ambas manos del defensor apretaban sus nalgas con fuerza para después separarlas lo más que se podía.
Dejando por completo su sexo húmedo y su orificios apretado a disposición del morocho.
El aire caliente del aliento de Cristian justo sobre su clitoris le envió un escalofrío violento que lo atravesó como un rayo. Y el gemido de placer que sintió cuando el más alto hundió su rostro de lleno contra su sexo, fue amortiguado por el miembro de Licha.
Gemido que resultó en una vibración tan placentera de la garganta del castaño que casi consigue hacerlo acabar.
Cristian no dudo. Chupando con fuerza la piel de los labios empapados, prestándole atención de a ratos al clitoris hinchado.
Julián ahora liberado del agarre mortal de Lisandro, gemía a boca abierta contra el cuello del entrerriano, mientras que con una mano se sostenía del bícep hinchado, con la otra masturbaba levemente el miembro cubierto de saliva.
Las piernas del castaño temblaron de manera violenta y buscaron juntarse para alejar a Cristian cuando una repentina ola de placer arrasó con su integridad.
Pero claro que el defensor no lo soltó, sino que no hizo más que ajustar su agarre en el culo voluptuoso, y penetró con su lengua endurecida el interior de la vagina caliente.
Los gemidos del castaño iban en aumento, pasando a ser chillidos agudos que Lisandro estaba seguro que en cualquier momentos los terminarían descubriendo.
Por lo que medio que usándolo de excusa, y por otro lado porque se había estado conteniendo desde hacía rato, ajustó sus manos en el rostro ajeno y lo acercó al suyo para fundirse en un beso desordenado con el castaño.
En el que el hambre del defensor predominaba sobre los labios adormecidos de un Julián que estaba completamente a merced de la dominancia ajena.
Lisandro se dió el lujo de explorar cada centímetro de esa boca pecaminosa con su lengua.
Mientras tanto y luego de dejar al borde del orgasmo a su amante, Cristian trazo una línea humedad en dirección ascendente, con una lentitud deseperante para Julián que pudo adivinar hacia donde se dirigía.
- Cristian la puta que te parió- Gimió el cordobés, luego de separarse de Licha, cuando los labios gruesos del cordobés empezaron a chupar la piel fruncida de su ano.
Una sonrisa bailo en la expresión del Cuti mientras este hundía su rostro de nuevo en el culo pomposo. De nuevo la lengua ajena serpenteó contra su entrada estimulando con caricias húmedas su agujero.
Luegos de unos segundos en los que Julián gemía bajito mientras Lisandro disfrutaba chupando y mordiendo el cuello blanquecino del menor, Cristian tanteó con un dedo la piel arrugada de su entrada.
El castaño ni siquiera llegó a preguntar antes de sentir como una falange se deslizaba en su interior.
Y aunque era un nada más un dedo, lo sintió como algo inmenso.
Sus uñas se deslizaron por la espalda de un Lisandro que ahora estaba casi completamente pegado a su cuerpo.
- A-aah por dios - Gimió el menor dejando caer su cabeza hacia atrás, impactando contra el hombro de Cristian que se había parado tras de él.
- Que apretadito... Ya quiero estar dentro tuyo - Le susurró el defensor más alto directamente en su oído, para luego atrapar su lóbulo izquierdo entre sus labios.
Lisandro, quien estaba escuchando atentamente mientras repartía chupones en el lado contrario, se acercó también al oído de Julián.
- Yo también - Declaró con la voz grave.
Y el castaño, lo uníco que pudo pensar fue:
Mierda.
Caminar va a ser difícil.
Cristian agregó un segundo dedo en un movimiento fluido, arrancándole un gemido al menor que Lisandro tuvo que cubrir con su boca para silenciarlo.
Los cuerpos calientes de los defensores rodeaban al delantero, envolviéndolo en un calor sofocante que derretía las neuronas del más bajo.
Entonces luego de aproximadamente tres minutos, los dedos del más alto desaparecieron. Y las manos asperas reafiramaron su agarre en su cintura.
Julián sabía de manera exacta lo que iba a pasar, pero aún así no pudo evitar sonrojarse y soltar un pequeño gemido cuando el escupitajo sucio de Cristian impactó de lleno contra su ano.
Entonces la pija del morocho rozó su entrada con un movimiento tentativo, frotando su extensión para lubricarla nada más que con la saliva que él mismo había soltado.
Licha se había separado para ver el rostro del castaño mientras continuaba masturbándose, sin querer perderse ninguna de las expresiones ajenas.
Por lo que soltó una protesta cuando una de las manos de Cristian de ajustó a la mandíbula de Julián para girar su rostro en su dirección.
- Quiero verte la cara cuando te entre toda - Soltó el cordobés mayor con vulgaridad.
Entonces la punta hinchada de Cristian presionó sobre el orificio escasamente dilatado, y el ardor a medida que se abría paso en su interior logró que Julián jadeara por la puntada aguda.
Mirando finamente al morocho.
Sin pedirle en ningún momento que parara.
Cristian sonrió al darse cuenta de aquel detalle y avanzó aún más, forzando su extensión en el apretadísimo interior aterciopelado.
Los ojos marrones se blanquearon mientras algo parecido a un gruñido profundo salía de la garganta maltratada. Mientras el cuerpo entero del jugador del Atleti convulsionaba por el placer.
Entonces cuando Cristian pegó su pelvis al culo del menor, lo soltó después de darle una pequeña cachetada, y se acercó para besar con hambre los labios hinchados.
- Muy bien... La recibiste como un campeón -
Los segundos pasaron en aquella posición, y Lisandro, pinchando levemente la burbuja de la pareja, tomó la mano derecha del delantero y la llevó a su miembro en una petición silenciosa.
Julián, aún recostado contra el cuerpo del más alto mientras este repartía besos y lamidas en su cuello, obedeció comenzando con un lento vaivén.
Un movimiento de la cadera de Cristian hizo que el cuerpo entero del castaño temblara en anticipación. El defensor se separó de su espalda para reajustar el agarre en su cintura y luego el castaño lo sintió.
Cristian se movió hacia atrás, deslizando su pija hacia fuera con un arrastre lento que rozaba sus terminaciones nerviosas de manera casi que pecaminosa.
Cuando nada más que la punta estuvo dentro, el morocho se impulsó con fuerza, penetrando con su verga de un solo movimiento hasta chocar con su pelvis las nalgas voluptuosas.
Julián no podía más.
Sentía que tan solo un roce a su clitoris le bastaría para acabar de manera vergonzosa.
Las embestidas se repitieron con más frecuencia y velocidad, resonando en un chapoteo húmedo que era acompañado por los gemidos agudos y jadeos graves.
Cristian mordisqueaba la nuca del menor con necesidad, y Julián no podía evitar darle más lugar para que lo marcara a su antojo.
Las bolas pesadas del morocho impactaban contra la vagina húmeda en cada penetración, logrando que Julián sintiera el revoltijo típico del orgasmo formándose en su vientre bajo.
Como si supiera exáctamente lo que estaba pasando por la mente y el cuerpo del más bajo, Cristian aceleró sus embestidas comenzando a gemir y jadear directo contra su oído de forma salvaje. El pecho musculoso del más alto se pegó a su espalda y Julián se derritió contra él.
En su mano, apretó la pija endurecida de Lisandro sacándole gemidos graves al entrerriano.
Justo antes de hacerlo acabar, Cristian detuvo por competo sus movimientos, dando una última embestida que lo dejó enterrado hasta las bolas y soltando un jadeo en el oído del menor.
La queja que Julián logró formular en su cerebro después de unos segundo murió ahí mismo cuando una mano del cordobés se deslizó hacia adelante, hasta acunar su sexo.
Dos dedos del defensor separaron sus labios frotándose con insistencia sobre su entrada, empapándose en su lubricante natural. Cuando Cristian consideró que estaban lo suficiente húmedos, forzó los mismo penetrando lentamente la vagina caliente.
Julián gimió.
Y entonces Cristian soltó su sentencia directo contra su oído.
- Ahora nos tenes que aguantar a los dos amor... -
Las neuronas no procesaban nada a este punto, no había ninguna actividad cerebral en el cuerpo del menor. Era todo instinto y respuesta a los estímulos.
- Licha, sentí lo humedito que esta Juli - Invitó el morocho para después retirar sus dígitos.
Julián miró a Lisandro llegando a notar la sonrisa ladeada del mismo antes de que este se abalanzara contra sus labios. Por lo que con los ojos cerrados, no vió la mano del entrerriano dirigirse directamente a su centro.
Sintió los dedos anchos acariciar sus labios brevemente antes de que dos dígitos se hundieran en su interior sacándole un gemido que murió contra la boca del mayor.
Lisandro fue más allá que Cristian e inició un lento vaivén qué hizo temblar al menor, quien aún seguía empalado hasta la base por el morocho y cuyo miembro caliente latía en su inferior.
Después de lo que parecieron horas y con un Julián que chorreaba lubricante, Lisandro se separó y miró fijamente la boca del castaño.
- Está listo -
No sabe como fue exactamente la maniobra que hizo el mayor, pero sin abandonar su interior, Cristian se agachó levemente y lo tomó por la parte de atrás de sus rodillas, levantándolo en el aire como si no pesara nada.
El movimiento hizo que en consecuencia la pija de Cristian llegase más profundo en su interior, haciéndolo retorcerse contra el cuerpo que ahora lo sostenía en el aire.
Cuando el breve ataque de placer pasó, y miró hacia el frente, vió en primer plano como Lisandro escupía sobre su erección palpitante, masturbándose con brevedad para curbirla con su saliva.
Entonces, bajo la mirada hambrienta del número seis, se sintió sucio.
Porque estaba de piernas abiertas en el aire, con el culo lleno, y su vagina caliente y húmeda lista para recibir otro miembro que lo llenara.
Pero no le dió mas importancia cuando Lisandro se acercó, con su pija agarrada de manera firme por la base. De manera obscena el entrerriano le pegó con fuerza directo sobre su clitoris, robándole gemidos agudos y espasmos violentos. Lisandro se frotó sobre sus pliegues antes de apuntar sobre su entrada y empujar sin pedir permiso.
Licha era más ruidoso, y no tuvo reparos en dejar caer su cabeza hacia atrás cuando el calor sofocante y húmedo le dió la bienvenida. Y antes de darse cuenta, se deslizó hasta que la labios de Julián abrazaron su base ancha.
El castaño se había aferrado con sus brazos a la espalda de Lisandro que se había pegado contra su pecho por completo cuando no hubo distancia entre sus entrepiernas.
Al delantero no le hizo falta mas que sentir como ambos defensores latían en su interior para tener su primer orgasmo, gimiendo al aire mientras su cuerpo temblaba en medio del agarre de ambos hombres.
- Estás flojito hoy - Se burló Cristian.
- Y recién empezamos Juli - Siguió Lisandro con una risita.
Julián se rió, anestesiado por todas las sensaciones.
- No llego al siguente partido así... Me van a matar -
Lisandro se perdió en el cuello enrojecido del castaño, y Cristian movió su cadera de arriba hacia abajo haciendo gemir al castaño.
- No... Porque desde ahora esto es cábala - Murmuró el morocho, conectando su mirada con su mejor amigo. - Y hay que festejar así siempre -
Lisandro se separó unos centímetros y bajo sus manos por el cuerpo del delantero hasta sujetar sus nalgas con ambas manos en un agarre firme, ayudando a Cristian a sostener al menor.
- Entonces... - Siguió el número seis. - Acostumbrate a estar lleno de nosotros -
La frase únicamente bastó para sacarle al menor un gemido agudo.
Entonces ambos defensores compartieron una mirada antes de acomodarse mejor en sus lugares.
Lisandro abrió más las piernas, abrazando la cadera ajena.
Cristian se agachó levemente, apretando más el agarre en las piernas temblorosas.
Y Julián no sabe como les salía tan bien, pero ambos se coordinaron perfectamente para comenzar a cogerlo.
Lisandro se deslizaba con lentitud, intercalando su fuerza para arrastrase con mayor empeño contra las peredes aterciopeladas.
Cristian martillaba sin compasión, subiendo y bajando a Julián sobre su dureza sin ningún tipo de contemplaciones.
El chapoteo ahora duplicado era música para los oídos de los defensores y una droga para el delantero.
En medio de ambos cuerpos, se sentía como el más afortunado del mundo. Porque Lisandro Martinez y Cristian Romero estaban apretándolo entre sus cuerpos mientras ambos lo llenaban por completo.
Sí, tienen todo el derecho a envidiarlo.
La boca de Cristian encontró la suya cuando giró su cuello en su dirección, y compartieron un beso necesitado en el que tragaron los gemidos del otro.
Lisandro, en un movimiento casi imposible se agacho para envoler los pezones de Julian entre sus labios, chupando y mordiendo. Completamente hipnotizado por la visión de las pequeñas protuberancias erectas.
El vaiven se hacía más desesperado conforma la competencia volvía entre los defensores.
Quién era el que mejor besaba a Julián.
Quién era el que más chupones le podía dejar.
Quien era el que más lo hacía temblar con cada embestida.
Julián no va a mentir, que aquello pelea durase toda la vida.
Licha soltó los botones enrojecidos del castaño y miró por encima del hombro blanquecino.
- Cristian - Llamó a su amigo, quien se encontraba con la cabeza colgando hacia atrás por el placer incontenible. Cuando el morocho lo miró, con la expresión adormecida y desencajada, supor que no podía dejar pasar la oportunidad. - El que acabe primero pierde -
Murmuró, repitiendo aquella frase que Cristian había dicho la primera vez que habían estado los tres juntos.
El morocho intentó disimular la puteada, pero asintió con resignación casi que aceptando la derrota, porque sus bolas latían listas para descargarse y el tan conocido vértigo del orgasmo hacía rato se arremolinaba en su vientre.
Las embestidas tomaron renovada potencia, ambos deseosos de ganar.
Julián gimió mientras se derretía contra el cuerpo de Cristian, blanqueando los ojos y dejando caer su cabeza hacia atrás.
Lisandro aprovechó para pegar su boca al oído del menor y hablar entre jadeos y respiraciones entrecortadas.
- ¿Sabés cómo te vamos a coger esta noche no? - Le dijo con un tono burlón levemente opacado por el esfuerzo de su respiración. - De pensarlo nomás se me pone la pija más dura - Le contó con obscenidad. - ¿Sentís? -
Su cadera regaló una embestida mas fuerte, haciendo saltar a Julián con un espasmo.
- ¡Licha! - Exclamó este con un tono más agudo.
Cristian entendió perfectamente lo que su amigo buscaba hacer.
Y lo único que pudo pensar fue:
Que hijo de puta.
- Mi amor... - Siguió el entrerriano. - Me apretas como si fueras virgen - Gimió en su oído. - Pero de santo no tenés nada, putita
Julián tembló con violencia.
Lisandro aceleró sus embestidas hasta el punto de que Cristian se detuvo para evitar salirse por la fuerza de los empujes. Entonces Licha escupió en medio de sus cuerpos, y con una mano acarició el clitoris qué parecía a punto de reventar
- Me dan unas ganas de llenarte de leche - Soltó en un jadeo pesado, en un tono mucho más grave.
Aquello logró su objetivo, logrando que Julián gimiera con desesperación mientras se corría de manera desastrosa contra la pelvis de un Lisandro que seguía penetrando con velocidad sin importarle nada.
Cristian gimió grave sintiendo la presión exquisita del ano de Julián alrededor de su pija, y maldijo a su mejor amigo mientras se corría con abundancia, aferrándose al cuerpo tembloroso de su amente como si se le fuera la vida en ello.
Lisandro sonrió, victorioso, aminorando solo un poco su marcha para darle un respiro al cuerpo tembloro del delantero.
Respiro que no duró demasiado, porque Cristian soltó un suspiro sonoro antes de salir de Julián, dejando caer las piernas temblorosas alrededor de la cadera del entrerriano después de compartir una mirada significativa con el mismo.
Lisandro acomodó el cuerpo casi laxo de Julián sobre el suyo propio, ajustando las piernas ajenas en su cadera y llevando los brazos del menor detrás de su cuello.
Julián respondía por instinto, aferrándose al hombre que quisiera dominarlo a pesar del cansancio.
Cristian se recostó contra la pared al lado de ellos, aprovechando un pequeño sobresaliente para sentarse y descansar, sin poder evitar masturbar su miembro aún erecto al comtemplar el show frente a él.
Orgulloso por completo del pequeño hilo de líquido espeso blanquecino que brotaba del ano maltradado de su arañita.
Lisandro apoyó a Julián contra la pared fría, sacándolo un poco de su ensoñación y consiguiendo que el menor lo mirara con los ojitos brillantes mientras se mordía el labio con necesidad.
Un jadeo grave salió de los labios del mayor cuando la cadera del cordobés comenzó a corresponder sus embistes, haciendo la penetración más profunda y despertando el lado más salvaje del jugador del United.
El aplauso era exquisito, y ambos se fundían en los labios del otro saboreando hasta donde podían la cavidad ajena.
Entonces Licha sintió la presión exquisita de sus bolas y comenzó a embestir con irregularidad, jadeando fuera de sí con cada penetración que lo alcanzaba al extasis.
El castaño sonrió anestesiado y con la poca fuerza que le quedaba, apretó las piernas alrededor de Lisandro, apresándolo en su interior y sosteniendo su rostro con ambas manos.
- Llename - Pidió con simpleza.
Y Licha le cumplió el deseo.
Hundiendo su rostro en cuello del menor y jadeando pesado, agotado. Mientras su pija enterrada hasta la base soltaba gruesos chorros de semen muy profundo en el interior del cordobés.
Profanando.
Marcándolo como se había acostumbrado a hacer.
Con la mirada pesada y satisfecha de Cristian en su nuca.
Los segundos pasaron lentos, livianos entre los cuerpos cansados que compartían el aire humedo de la ducha. El agarre mortal en el cuerpo del otro se fue aflojando lentamente conforme sus respiraciones volvían a ser lentas.
Ambos compartieron un siseo por la sensibilidad cuando el miembro semierecto del entrerriano se deslizó fuera del sexo hinchado de Julián.
Julián soltó sus extremidades el cuerpo de Lisandro y este lo ayudó a poner los pies sobre el suelo.
Lo que resultó en que el cordobés casi terminase en el suelo de no ser por las manos del defensor que se ajustaron en su cadera para sostenerlo.
- Cuidado - Se rió Licha.
- Sí, yo creo que me van a matar - Respondió con un tono risueño el más bajo. Anestesiado y drenado.
La mirada del castaño recorrió su propio cuerpo para ver los estragos que ambos habían hecho sobre su cuerpo, sintiendo como sus mejillas se sonrojaban al notar el desastre de semen y squirt entre sus piernas.
- Julián - Llamó la voz grave del cordobés mayor.
Ambos giraron la cabeza en dirección de Cristian y se quedaron tiesos al ver como los ojos serios del morocho comtemplaban la escena mientras una de sus manos masturbaba su miembro completamente erecto y duro.
- Bañate y seguimos en la pieza del hotel - Decretó sin dejar lugar a dudas.
Lisandro entendió que era su momento para irse, y le robó un último beso humedo al castaño antes de agacharse para recoger su toalla.
- ¿Y vos a donde te vas? - Preguntó Cristian con molestia.
Lisandro se giró con lentitud, sorprendido por la pregunta.
Se topó con la imagen de ambos cordobéses bajo la ducha fria, con Julián afirmado en el pecho duro del más alto.
- Eeeh - Tardó en conectar neuronas. - ¿A bañarme? -
Los ojos marrones del castaño miraron el rostro sereno de Cristian como pidiendo permiso, y este le concedió el mismo con un asentimiento.
- ¿No querés bañarte con nosotros? - Propuso con una sonrisita pequeña. - Y bueno si querés... Después podés ir a nuestra habitación -
Lisandro sonrió con satisfacción y no contestó.
Dejando caer de nuevo la toalla en el piso de la ducha.
