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Palacio del Olvido

Summary:

Subaru es acusado de ser el Arzobispo del Orgullo por su fuerte olor a Miasma tras Priestella. Lo arrestan y torturan.

Subaru muere y regresa tantas veces que ah perdido la cuenta. Su cabeza está tan saturada que empezó a olvidar cosas importantes; rostros, nombre, voces, eventos, etc.

Satella logra recordar a Subaru, y en un acto de desesperado, lo saca de prisión pero el daño ya es irreversible.

Notes:

Planeaba hacerlo en inglés pero, aparte que con suerte soy B1, sería mucho trabajo y esto es solo yo derilando porque mis obras favoritas no actualizan.

Son las 8 de la mañana y empecé a las 4....

Subaru es comido por gula y por circunstancias de trauma pierde gran parte de su memoria.

Chapter Text

Su cuerpo dolía. Dolía horriblemente ¿Siquiera dolía? Sentir ese dolor era una parte de si mismo ahora. Olvidó cómo se sentía estar sin ese constante dolor recorriendo cada nervio de su cuerpo.

 

¿Cuántas veces había visto su cuerpo sin cabeza? Lo había olvidado. Pero aún sentía como la hacha, con un filo miserable, tenía que golpear varias veces para separar la cabeza.

 

Fue un espectáculo genial, esperaba al menos haber hecho reír a aquellos desgraciados.

 

Se sentía cansado... Muy cansado.

 

Si la memoria no le fallaba, probablemente había pasado un mes desde Priestella.

 

Su apariencia juvenil, y débil , le jugó una muy mala pasada, siendo la principal razón por la que estaba donde estaba ahora.

 

Él era débil, todos los sabían, por eso es que pensaron que sería fácil extraer información. Cuando vieron que no hablaba, porque no sabía nada, lo ejecutaban al mes y 12 días de su encierro.

 

No importaba que hiciera, no había escapatoria, intento de todo pero cada intento solo lograba, en los casos donde había resultados, acortar su tiempo de vida.

 

La mirada de asco de todas esas personas una vez fue sometida ante las fuertes manos del de cabello rojo... ¿Cuál era su nombre?...

 

La niña rubia de vestido rosa, su cara era borrosa, gritando a todo pulmón que se trataba de un arzobispo, ¿Él?¿Un arzobispo? Por favor... 

 

 

La chica de pelo plateado fue la única que... Lo miro con menos asco que el resto, ha de ser alguien muy pura o inocente ¿Ira a estar bien ahora?

 

En algún punto dejo de responder a los insultos, llamadas y torturas. No sabía quién lo visitaba, quien le hablaba. Solo veía sus muslos, hueso apenas rodeado por músculo y piel.

 

Eternamente sentado en una posición que le molestaba la columna. Quedaban probablemente 12 días para su ejecución.

 

Pero sentí... Tanto sueño... Un sueño que no había experimentado en ningún bucle, nisquiera antes de ser encarcelado.

 

Cerró sus ojos lentamente. La voz lo llamaba.

 

"Lo siento. Lo siento. Lo siento."

 

Todo se sumió en la oscuridad rápidamente.

 

La dulce voz, cargada de un sentimiento que no sabría identificar, que s mezclaba con el ruido del goteo del agua, rebotando en cada esquina, provocando un eco que lo impacientaba pero aprendió a vivir con ello, fue remplazado por el goteo del agua en el pasto.

 

Una reciente lluvia había caído, y decir que estaba empapado era decir poco. 

 

La luz le molestaba los ojos. Vio todo blanco hasta que sus pupilas se acostumbraron a la repentina oleada de luz.

 

Todo olía a tierra mojaba, estaba rodeado de árboles y vegetación. Todo estaba tan tranquilo que lo desconcertó por un buen rato.

 

Después de tanto tiempo alzó la cabeza. Su cuello trono con un ruido extraño antes de ceder a la acción y vio, sintiéndose como la primera vez, el cielo azul.

 

Se sentía tan irreal, pero el picazón constante del pasto en sus piernas, apenas cubiertas por el arapo que le dieron que apenas si era una excusa de "ropa".

 

Se mira los muslos. Hacia tiempo no estaba así de limpio. Se sintió nostálgico. Ahora podía ver con claridad varias cicatrices, cortes, moretones, y más que nada, aquella "cosa rara y fea".

 

Tanto su pierna como su brazo izquierdo eran venosos, morados, asquerosos, repugnantes.

 

Se quedó sentado un rato, hacia el tiempo que no descansaba los brazos, eternamente suspendidos por cadenas. ¡Ahora podía rascarse las muñecas que tanto le picaban! Era un pequeño logro.

 

...

 

Se arrastro, con las pocas fuerzas que tenía en manos y piernas, y alcanzó llegar a la base del árbol más cercano. Con las pocas uñas que le quedaron lo trepó... Y logro pararse.

 

Las piernas le temblaban, sentía que se caería en cualquier momento, y aún así, seguía de pie.

 

Tomo un poco de impulso, con una fuerza que se sintió abismal para sus músculos atrofiados, y con pura fe, llegó al otro árbol, y al siguiente, y al siguiente, y al siguiente...

 

De a poco, los músculos se acostumbraron al movimiento, aunque dolieran, no era nada que no reconociera. Empezó a dar pequeños pasos torpes que lentamente se volvieron en una caminata torpe pero estable, aún su todavía depende de los árboles como apoyo.

 

Mirando sus pies, empezó a ignorar todo a su alrededor. Una dulce sonrisa se forma en su rostro sin notarlo.

 

Pequeñas luces se acercaban, iban y regresaban. Calidez rodeando sus heridas fueron ignoradas por el niño, quien seguía concentrado en dar pasos periódicos y firmes.

 

"¡Oh por Od Luguna! ¡Niño, ¿que te paso?!"

 

Lo tomo desprevenido. Dio un respingón del susto y callo de trasero al pasto. Los espíritus de su alrededor escaparon en pánico dejando el trabajo a medias, dejando solo a una luz roja que revoloteaba a su alrededor.

 

Cuando alzó la mirada, un señor de pelo verde, mirada aterradora, bien fornido, lo analizaba con el ceño fruncido, era una expresión que no iba con su apariencia.

 

En cuestión de dos zancadas ya estaba frente al niño. Quería huir, pero la sangre no le llegaba a las piernas y solo intercambiaba miradas, en shock.

 

El señor lo examinó, miro por aquí y por haya.

 

"¿Pero que te hicieron?" Pregunto, exéptico. Es muy joven, ¿qué? ¿tendrá unos 16 años a lo mucho?

 

Dudo, dudo un buen rato, pero pasó. Recordó a la muchacha que ayudó a su hija cuando se perdió y evito que algo malo le pasará.

 

En este caso, tenía en frente a un niñato de pelo blanco, cicatrices por todo el cuerpo, desnutrido, con un arapo, y que lo miraba como si tuviera 3 cabezas. La conversión era sencilla, ¿no?

 

 

...

 

 

En algún momento, lo subieron al carruaje, noto que estaba lleno de cajas con varias frutas, pero le llamo la atención unas rojas y brillantes donde incluso podía ver su reflejo si te concentrabas lo suficiente.

 

El dragón, arisco y viejo, iba a su propio ritmo. El señor, de la misma descripción, manejaba al frente.

 

"Dis...disculpe señor..." Le despertaría escuchar su propia voz, no por lo desgastada y ronca que sonada, denotando que había pasado días sin tomar una gota de agua, si no por lo mucho que le costó formular una oración tan simple...

 

"Kadomon Risch, pero solo Kadomon está bien, chico..."

 

"Señor... Kama-don ¿Cómo se llaman estás?"

 

Cuando Kamadon se dio vuelta, la fruta roja brillaba en la delgada mano del muchacho. 

 

"Appas, chico ¿Nunca habías visto una?"

 

¿Estaba genuinamente preucupado? Sonaba así.

 

"No, pero no recordaba su nombre, son dulces...¿No?"

 

"..."

 

"..."

 

"¿Que recuerdas? ¿De donde saliste y porque estabas en el bosque?" Lo directo que fue tomo en curva al chico. Lo pensé unos segundos, segundos que se volvieron minutos. Tratando de formular una respuesta, las palabras se le escapan incluso de la mente.

 

"No recuerdo mucho, pero todo estaba... Oscuro. Tenía sueño. Luego desperté... Y todo era verde y brillante." La sinceridad en su voz era indiscutible. Estaba claro. Mas que claro.

 

 

"Comete una si quieres, no me molestaré"

 

Los ojos, de pupilas pequeñas y espeluznantes le quemaron la nuca. Un chirrido que sino como un "Gracias" resonó en su espalda, y el sonido de la cáscara siendo desgarrado por un par de dientes no se hiso esperar.

 

 

"A todo esto...¿Como te llamas niño?"

 

Vaciló por un momento, con un pedazo de manzana aún en la boca, dudo.

 

"Creo que... Subaru, solo Subaru ... señor Kamadon..."