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Problemón | Brimiga |

Summary:

Donde Armando esta cansado de que Brian lo invite a ver anime y que no lo deje ver la televisión en paz.
O
Donde Brian esta obsesionado con comerse a su novio cada que tiene oportunidad.

Notes:

Viva el brimiga, el boypussy y así

Work Text:

Un gemido agudo, quebrado y completamente desvergonzado escapó de los labios de Armando, perdiéndose en el silencio del cuarto de Brian, en el televisor empotrado frente a la cama apenas corría el logo inicial del anime que habían puesto como simple excusa, pero a Armando ya no le importaba nada.

Tener a Brian allí abajo, de rodillas entre sus muslos en medio de la gran cama, era una sensación que lo consumía por completo, podía sentir el calor de la respiración de su novio directo contra su piel expuesta, el peso firme de sus manos sujetándole los muslos con posesividad y esa devoción casi pesada que Brian transmitía cada vez que se entregaba a su fijación, sus piernas, completamente abiertas y apoyadas sobre los hombros de Brian, lo dejaban en una posición de absoluta vulnerabilidad, hundiéndose en el colchón mientras se entregaba por completo.

—B-Brian... —alcanzó a jadear, con los dedos enredándose desesperadamente en el cabello de su novio, no para apartarlo, sino para hundirlo más contra su entrepierna — La se…

Brian apartó los labios un segundo de la húmeda intimidad de Armando, dejando un rastro de saliva brillante en su vagina que ya goteaba de pura anticipación.

—Al diablo la serie —gruñó Brian con la voz ronca, acariciando con los pulgares la parte interna de sus muslos— Sabes que no puedo contenerme cuando te tengo así de cerca, mírame, mi amor, mira cómo te pones de lindo para mí.

Armando no pudo responder, un sollozo sustituyó a sus palabras cuando la lengua de Brian volvió a recorrerlo de abajo hacia arriba, Brian se tomó todo el tiempo del mundo, con una lentitud deliciosamente cruel, comenzó a dar lameduras largas y firmes, abriendo los labios rosados de Armando con los dedos para saborearlo a fondo, concentrándose en ese botón increíblemente sensible que ya estaba hinchado y latiendo.

La boca de Brian era experta, empezó a succionar con un ritmo constante, profundo, creando un vacío que hizo que Armando perdiera el control de su propio cuerpo, la sensación era tan nítida y abrumadora que Armando sentía el placer expandirse como electricidad por su columna, el primer orgasmo tardó en llegar, construyéndose lentamente, estirando la agonía de Armando mientras suplicaba y lloraba bajito contra las almohadas. Cuando finalmente el clímax lo alcanzó, fue una explosión violenta, Armando arqueó la espalda por completo, su abdomen se tensó y se corrió con fuerza contra la boca de Brian, dejó una mancha húmeda que comenzó a extenderse sobre las sábanas limpias de Brian mientras su vagina se contraía en espasmos salvajes.

Pero Brian no se movió ni un milímetro, disfrutando de la hipersensibilidad extrema de Armando, continuó lamiendo y succionando los fluidos que brotaban, arrastrando la humedad por sus muslos.

—No, no, Brian, por favor, duele... está muy sensible —lloriqueó Armando, con la respiración totalmente rota y los ojos nublados por las lágrimas, intentando cerrar las piernas sobre el colchón.

—Sé que está sensible, mi vida, por eso me encanta —murmuró Brian contra su piel, mirándolo hacia arriba con los ojos oscuros de pura adoración— Déjate llevar por mí otra vez, mira cómo estás dejando mi cama.

Sin darle tiempo a recuperarse, Brian metió dos dedos profundamente en la entrada de Armando, masajeándolo por dentro con firmeza mientras su boca seguía devorándolo por fuera, la sobreestimulación fue inmediata y devastadora, las piernas de Armando, aún sobre los hombros de Brian, empezaron a temblar de forma incontrolable, sacudiéndose por el exceso de placer y frotándose contra las sábanas, que se volvían cada vez más un desastre de fluidos y sudor.

Este segundo orgasmo fue eterno, una ola de calor que se prolongó con cada embestida de los dedos de Brian y cada golpe de su lengua, Armando se tapó la boca con el antebrazo, soltando gritos ahogados mientras su cuerpo se mecía en la cama, completamente doblegado, derramando tanta lubricación que las sábanas de algodón debajo de sus glúteos quedaron completamente empapadas, pegándose a su piel, Armando se sacudía en una inconsciencia deliciosa donde solo existía la boca de su novio.

Cuando Brian finalmente se detuvo y se incorporó, Armando quedó hecho un desastre tembloroso en medio de la cama, con las piernas aún abiertas, débiles y sin fuerzas para cerrarse, hundido en la visible mancha húmeda que atestiguaba lo mucho que Brian lo había hecho gozar, el aire le faltaba y su piel ardía, pese al cansancio, a los temblores de sus muslos y a la hipersensibilidad, Armando sintió un vacío desesperado en su interior. Su cuerpo, completamente encendido y mimado por la boca de Brian, seguía necesitándolo con urgencia, no quería que terminara, necesitaba que Brian borrara esa distancia y usará esa misma humedad para llenarlo por completo.

—Brian... —rogó Armando con un hilo de voz, estirando los brazos hacia él con debilidad, con la espalda pegada a la tela mojada de la cama— Por favor... no me dejes así, te necesito dentro.

— Eres insaciable, mi amor.

Al escuchar la súplica temblorosa de Armando, Brian soltó un suspiro pesado, ronco, cargado de un deseo que ya no podía contener más, se deshizo de sus pantalones en un movimiento rápido, revelando su miembro completamente erecto y goteando con anticipación, la luz azulada del televisor recortaba su silueta imponente mientras se subía a la cama, acomodándose justo entre las piernas temblorosas de Armando.

—Aquí estoy, mi amor, aquí estoy —susurró Brian con voz suave, romántica, perdiendo por completo la rudeza de antes al ver los ojos lagrimosos de su novio.

Se inclinó sobre él, atrapando los labios de Armando en un beso profundo, lento y cargado de ternura, compartiendo el sabor de los propios fluidos de Armando que aún quedaban en su boca, al mismo tiempo, Brian bajó una de sus manos hacia la entrepierna de Armando. Con los dedos completamente lubricados por la propia humedad de la entrada de Armando, masajeó la entrada con suavidad, preparando el terreno y asegurándose de que estuviera lo suficientemente relajado.

—Despacio, mi vida... estás muy sensible —le murmuró Brian al oído, dejando un beso tierno en su mejilla antes de guiar su punta hacia la entrada rosada y húmeda— Dime si te duele, ¿de acuerdo? Voy a ir al ritmo que tú me pidas.

Armando asintió con la cabeza contra la almohada. Brian empujó las caderas con una lentitud casi agónica, la entrada de Armando se estiró, abrazando el grosor de Brian centímetro a centímetro, Armando echó la cabeza hacia atrás, con los ojos apretados y soltando un quejido agudo cuando sintió la tremenda longitud de su novio invadirlo, llenando por completo ese vacío desesperado, Brian se detuvo a la mitad, conteniendo el aliento, con las venas de su cuello marcadas por el esfuerzo de no embestir con fuerza, acarició el rostro sudado de Armando con total devoción, esperando pacientemente a que el cuerpo de su novio se habituara a él.

—¿Estás bien, amor? ¿Te gusta así? —preguntó Brian con voz ronca, buscando sus ojos— Dime si avanzo.

—Sí... sí, duele rico... métela toda, por favor, te quiero todo adentro —rogó Armando, rodeando la cintura de Brian con sus piernas.

Con esa confirmación, Brian soltó un gemido de satisfacción pura al sentir cómo las paredes internas de Armando lo abrazaban con una fuerza increíble, y empujó el resto de sus caderas hacia adelante, hundiéndose hasta la raíz en un solo movimiento fluido y profundo, el impacto hizo que Armando soltara un grito agudo, arqueando la espalda de tal manera que solo sus hombros y sus glúteos tocaban la tela empapada de la cama.

—¡Ah, Dios... B-Brian! —exclamó Armando, con los ojos abiertos de par en par, completamente sobrepasado por la brutal sensación de plenitud.

Brian no esperó a que se recuperara, con el cuerpo de Armando totalmente abierto y entregado a él, comenzó a embestir con un ritmo pesado y constante, implacable, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando comenzó a resonar con fuerza en la habitación, un eco rítmicamente carnal, la combinación de la hipersensibilidad de los orgasmos anteriores y el peso de Brian sobre él hizo que Armando perdiera la cabeza por completo, ya no había timidez, solo una necesidad salvaje, primitiva, que lo hacía arañar la espalda de su novio y suplicar de forma incoherente.

—Más... más duro, Brian, por favor... no pares, métela toda —rogaba Armando, balanceando las caderas hacia arriba, buscando desesperadamente que cada golpe fuera más profundo.

Brian lo miró desde arriba, con los ojos oscuros, inyectados de lujuria y devoción, disfrutando de ver a su novio tan jodidamente deshecho por su culpa, una sonrisa ladina se dibujó en sus labios.

—¿Quieres más, mi amor? ¿Así de puta te pones cuando te la meto? —le soltó Brian con la voz ronca, acelerando bruscamente el ritmo— Mírate cómo estás de abierto, pidiéndome que te rompa, te encanta que te dé duro, ¿verdad?

—S-sí... ah... ¡me encanta, Brian, más! —gimió Armando, completamente perdido en el delirio del placer.

Brian subió una de sus manos firmes desde el colchón directo hacia el cuello de Armando, cerró los dedos alrededor de su garganta, apretando con la fuerza justa para limitar un poco su aire, pero sin lastimarlo, conociendo a la perfección el punto exacto que a su novio lo volvía loco aunque a veces intentara disimularlo, el impacto en Armando fue inmediato, sentir la palma caliente y dominante de Brian aprisionando su cuello, restringiendo sus gemidos a puros jadeos roncos mientras abajo lo embestía sin piedad, lo llevó directo al borde del abismo. Intentó balbucear un "no", un quejido débil que se ahogó en su garganta, pero sus propias caderas desmentían cualquier negativa, empujando con más desesperación contra Brian.

—Dices que no, pero mira cómo me aprietas este coño cada vez que te aprieto el cuello —le susurró Brian, inclinándose sobre él— Estás desesperado, mi vida, pídeme que te de todo.

Armando solo pudo asentir con la mirada nublada, buscando aire, buscando su boca, Brian, leyendo perfectamente su desesperación, se inclinó un poco más y dejó caer un hilo de saliva espeso directamente dentro de la boca abierta de Armando, antes de sellar el acto con un beso sucio, profundo y húmedo, obligándolo a tragárselo mientras seguía dándole estocadas rápidas y brutales desde abajo, el roce de la saliva compartida, el agarre firme en su cuello y el vaivén salvaje terminaron por quebrar lo último que quedaba de la cordura de Armando.

Armando sentía la presión acumulándose dolorosamente en su entrepierna, estaba tan jodidamente cerca de venirse por tercera vez que el placer físico ya rozaba la tortura.

—B-Brian... ah, Dios, por favor —gimió Armando, ladeando la cabeza contra la almohada—. Déjame... déjame venir, ya no aguanto... por favor, mi amor, más.

Brian soltó una risa ronca, baja, sintiendo los espasmos desesperados de Armando alrededor de él, en lugar de ceder de inmediato, Brian sacó las manos de su cuello y bajó una de ellas directo hacia la entrepierna de Armando, con los dedos resbaladizos por la lubricación, localizó el centro inflamado de Armando y comenzó a frotar y presionar su clítoris con un ritmo rápido y experto, justo por encima de donde ambos estaban unidos.

La doble estimulación fue un golpe devastador, Armando soltó un grito agudo que resonó en todo el cuarto, perdiendo por completo el control de su cuerpo, intentó cerrar las piernas por el exceso de placer, pero Brian levantó una mano para asestarle una nalgada firme, ruda y ruidosa en uno de sus glúteos sonrojados, manteniéndolo abierto y a su merced.

—Te vienes cuando yo te diga, hermoso —le ordenó Brian, acelerando el movimiento de su mano sobre su clítoris por fuera mientras abajo seguía hundiéndose con fuerza— primero me vas a pedir que te llene.

Armando sollozó, perdiendo la poca dignidad que le quedaba en medio del colchón mojado, el roce frenético de la mano de Brian en su clítoris y el constante estímulo lo tenían en un estado de delirio puro.

—¡Lléname! —suplicó Armando en un grito quebrado, enterrando las uñas en los hombros de su novio— Lléname, Brian... termina dentro, por favor, hazlo dentro de mí, ¡ya!

Al escuchar la orden directa de su novio, el último gramo de control de Brian se rompió.

—Tu maldito deseo es una orden, mi vida —gruñó Brian contra su oído.

Brian apretó el cuerpo de Armando con fuerza contra sí, pegando sus pechos sudorosos y eliminando cualquier espacio entre los dos, con un brazo rodeando firmemente la espalda de Armando para aplastarlo contra su pecho, Brian retiró su mano del clítoris y usó ese último segundo para dar tres, cuatro embestidas brutales que chocaron directamente contra el muñón de nervios dentro de Armando, dando directamente en su punto dulce.

Fue el detonante final para ambos, Armando soltó un grito desgarrador, arqueándose por completo mientras se corría de forma violenta contra el miembro de Brian, derramándose en espasmos largos que le hicieron perder el aire, sintiéndolo contraerse con una fuerza increíble alrededor de él, Brian empujó las caderas al máximo, manteniéndose firmemente apretado contra el cuerpo de Armando, y soltó un rugido ronco mientras se vaciaba por completo. La descarga caliente llenó a Armando, inundando su interior, mientras Brian lo sostenía con fuerza contra su pecho, temblando juntos en un clímax eterno que pareció congelar la habitación.

 

Minutos después, la adrenalina comenzó a bajar y el silencio regresó al cuarto, solo interrumpido por el murmullo lejano de la televisión, donde los créditos de la película ya se reproducían en la pantalla ignorada.

Brian, con la respiración aún agitada, se salió de Armando con un suspiro pesado y se dejó caer a su lado, no pasó ni un segundo antes de que atrajera el cuerpo exhausto y tembloroso de Armando hacia su pecho. El ambiente salvaje y vulgar de hace unos minutos se disipó por completo, transformándose en una ternura abrumadora.

—Ven aquí, mi amor —susurró Brian con la voz suave, envolviendo a Armando entre sus brazos y subiendo la manta limpia que quedaba al borde de la cama para cubrirlos a ambos del frío del aire acondicionado.

Armando, con los ojos entreabiertos y las mejillas aún encendidas, se acurrucó de inmediato contra el pecho de su novio, escondiendo el rostro en su cuello. Su cuerpo seguía doliendo levemente por la intensidad, pero el calor de Brian lo calmaba por completo.

Brian comenzó a dejar besos lentos y dulces por toda la cara de Armando, en la frente, en las pestañas húmedas por las lágrimas, en la punta de la nariz y, finalmente, en sus labios, un beso suave, sin prisa, lleno de una devoción pura, con una mano, Brian acariciaba la espalda de Armando en círculos pausados, reconfortándolo, mientras que con la otra le retiraba con delicadeza los mechones de cabello sudado de la frente.

—Estuviste increíble, amor, lo siento si fui muy duro —le murmuró Brian al oído, besando la pequeña marca morada que le había dejado en la clavícula— Te amo tanto.

Armando sonrió débilmente, dejando escapar un suspiro de absoluta felicidad mientras entrelazaba sus dedos con los de Brian sobre su pecho.

—Te amo más... —alcanzó a decir Armando con un hilo de voz, cerrando los ojos por el cansancio—. Pero la próxima vez, dime que quieres coger, no engañarme con la serie, me emocione machin con verla.

Brian soltó una carcajada suave, besando la coronilla de su cabeza mientras lo apretaba más fuerte contra sí, cuidándolo, amándolo y dejándolo descansar sobre el tierno desastre de su cama.

 

El vestidor de Valle Verde estaba en absoluto silencio, roto únicamente por el goteo distante de una de las duchas, odos se habían marchado ya, pero Armando seguía allí, sentado en una de las bancas de madera con la espalda apoyada contra los casilleros de metal, completamente hipnotizado por la figura de su novio.

Brian estaba de pie enfrente del casillero, acababan de tener un entrenamiento pesado, iban a ducharse, Brian seguía desatando sus tachos, traía puesto aún el uniforme rojo, a Armando le costaba respirar cada vez que lo veía con esa tela ceñida a sus hombros anchos, el rojo lo hacía ver imponente, masculino, le resaltaba cada músculo de sus brazos, lo firme de su abdomen, le encantaba verlo, Armando se puso de pie con lentitud y caminó hacia él, deteniéndose a solo centímetros de su espalda.

— Maldita sea, Brian... —susurró Armando con la voz temblorosa, estirando las manos para delinear sus hombros cubiertos por la tela— Te ves jodidamente bien con ese uniforme, el rojo te queda increíble, me vuelve loco.

Brian se giró despacio, con una sonrisa ladina y arrogante en los labios al notar la devoción en los ojos de su novio, no le dio tiempo a decir nada más; se inclinó y atrapó los labios de Armando en un beso que empezó suave, pero que en cuestión de segundos tomó un ritmo completamente diferente, el beso se volvió profundo, sucio y hambriento, un intercambio desesperado donde sus lenguas se encontraron con fuerza, mezclando sus salivas y transmitiendo todo el deseo contenido que llevaban aguantando durante el partido. Brian le mordió el labio inferior con fuerza, sacándole un gemido ahogado.

Completamente encendido por la intensidad del beso y la visión del uniforme, Armando intentó deslizarse hacia abajo, buscando arrodillarse en las baldosas frías para deshacerse del short deportivo de su novio, desesperado por meterse esa anatomía en la boca, sin embargo, antes de que pudiera bajar del todo, la mano firme de Brian se posó sobre sus hombros, deteniendo su descenso con una fuerza imponente que hizo que Armando alzara la vista, confundido y jadeante.

—No, mi amor, aún no —le susurró Brian con una voz ronca que le erizó la piel, manteniendo el agarre posesivo— Primero te complazco yo, sé perfectamente cómo te pones de caliente cada vez que me visto de rojo, y no voy a dejar que te aguantes, quédate ahí.

Brian no le dio tiempo a replicar, lo tomó por la cintura y lo obligó a acostarse a lo largo de la banca de madera, dejando su cabeza apoyada cómodamente, mientras Brian se acomodaba de rodillas en el suelo, justo entre sus muslos, en un movimiento fluido, le bajó el short hasta las pantorrillas, para después abrir sus piernas por completo y apoyándolas sobre la banca para tener un acceso absoluto, la fijación de Brian por comérselo era insaciable, y ver los labios rosados del interior de Armando ya brillando por la pura excitación del momento fue el detonante final.

Brian hundió la lengua sin contemplaciones, devorándolo con una devoción salvaje, deseaba llevar a su novio poco a poco a la locura, saboreando el proceso, comenzó con lameduras lentas, exasperantemente largas, que ascendían desde su entrada húmeda hasta su clítoris inflamado, delineándolo con la punta de la lengua antes de succionarlo suavemente, solo para soltarlo y volver a empezar, el sonido húmedo de sus labios contra la piel de Armando resonaba con una acústica nítida en el vestidor vacío.

—Brian... ah, por favor, más rápido —rogaba Armando, arqueando la espalda sobre la madera, con los dedos enredados con fuerza en el cabello de su novio.

Pero Brian se tomó todo el tiempo del mundo, ignorando los rezos para estirar la agonía del placer, aumentó la intensidad de la succión de manera gradual, alternando golpes de lengua rápidos y firmes sobre el clítoris con besos húmedos en la parte interna de sus muslos, el estímulo constante y prolongado fue tan abrumador que Armando perdió por completo el control de su cuerpo, la estimulación lenta hizo que sus ojos brotaron lágrimas y sollozos bajitos, justo cuando Armando sentía que ya no podía más, Brian metió dos dedos profundamente en su entrada, masajeándolo por dentro con fuerza mientras mantenía la boca fija en su zona más sensible, la sobreestimulación llevó a Armando al borde del delirio, haciéndolo sacudirse en la banca hasta que estalló en un orgasmo violento, derramando su lubricación sobre la lengua de Brian en espasmos salvajes y prolongados que parecieron eternos.

Sin dejar que se recuperara del todo, Brian se incorporó con la respiración entrecortada, se deshizo de su ropa inferior rápidamente, revelando su miembro completamente erecto y goteando, pero manteniendo la camiseta roja del uniforme bien puesta, miró a Armando, quien seguía tendido en la banca, deshecho y tembloroso.

—Ahora es tu turno, amor —le habló ronco Brian, con los ojos inyectados de lujuria.

Brian extendió una mano firme, lo tomó con fuerza por la nuca y lo jaló obligándolo a ponerse de rodillas en las baldosas frías, justo frente a él, con un agarre posesivo que no admitía réplicas, Brian dictó la posición exacta, obligando a Armando a mirar su miembro completamente erecto antes de empujar sus caderas hacia adelante.

Fue el propio Brian quien marcó el ritmo desde el primer segundo, sosteniendo la nuca de Armando con firmeza, comenzó a guiar su cabeza en un vaivén pesado y constante, penetrando la boca de su novio centímetro a centímetro, obligándolo a tragar su longitud a la profundidad que él deseaba, Armando soltó un quejido ahogado, con los ojos nublados por las lágrimas mientras se aferraba a los muslos de su novio para no perder el equilibrio.

Cada vez que Brian empujaba sus caderas y se hundía profundamente en su garganta, le hablaba sucio, rompiendo el silencio del vestidor con sus palabras roncas.

—Eso es, amor, trágatela toda... —le gruñó Brian, jalándole un poco el cabello mientras se adentraba al máximo— Mira cómo te cabe de perfecto... me encanta sentir tu boca tan jodidamente caliente alrededor de mí.

Mientras mantenía el ritmo firme con su pelvis, penetrando la boca de Armando una y otra vez, Brian se inclinó ligeramente hacia adelante, con su mano libre, estiró los dedos hacia el pecho de Armando, atrapando sus pezones a través de la ropa limpia, comenzó a pellizcarlos y retorcerlos con fuerza, sabiendo la extrema sensibilidad que su novio tenía en esa zona, el dulce picor de los pellizcos en su pecho y la brutal sensación de tener a Brian dictando el ritmo en su garganta hicieron que Armando se volviera loco, siguiendo el movimiento de las caderas de su novio con desesperación.

Brian detuvo el vaivén por un momento, sacando su miembro solo para obligar a Armando a alzar el rostro, lo atrapó en una serie de besos sucios y profundos, mezclando sus salivas de forma salvaje y dándole mordidas firmes en los labios, marcándolo antes de volver a empujarlo hacia abajo con un tirón en la nuca.

El ritmo final se volvió frenético, Brian, completamente sobrepasado por la presión de la boca de Armando, el agarre en su nuca y el roce de sus pezones pellizcados, aceleró las estocadas contra su garganta, soltando un rugido ronco que rebotó en los azulejos, Brian se vino con fuerza, llenándole la boca con una descarga caliente y espesa. Armando se lo tragó todo sin dudarlo, cerrando los ojos con fuerza mientras saboreaba el clímax de su novio, quedando exhausto y feliz de rodillas en medio del vestidor.

Sin embargo, cuando Brian dio un paso atrás para recuperar el aliento, notó que Armando no se movía del suelo, su novio seguía de rodillas, temblando, con el rostro completamente encendido, la saliva brillante goteando por la comisura de sus labios hinchados y los ojos entornados, completamente idos, Armando bajó una mano temblorosa hacia su propia entrepierna, la estimulación de ver a Brian venirse y el sabor espeso en su boca lo habían vuelto a encender de forma brutal, su coño latía visiblemente, empapando el suelo con una nueva ola de lubricación desesperada.

Brian lo miró desde arriba y sintió que la sangre le hervía otra vez, ver a Armando tan jodidamente caliente, tan deshecho y necesitado justo después de haberle dado un oral, barrió con el poco autocontrol que le quedaba. Su miembro, aún sensible y semierecto, recuperó toda su dureza en un segundo.

—Mírate... eres un insaciable —gruñó Brian con una voz que ya no era humana, arrastrada por la pura lujuria— te la acabas de tragar y ya estás chorreando otra vez, no tienes suficiente, ¿verdad, amor?

Armando alzó los ojos llenos de lágrimas, suplicando en silencio, Brian lo tomó de las axilas y lo levantó del suelo con brusquedad, girándolo para estamparlo de frente contra los casilleros de metal, el crujido del aluminio resonó en todo el lugar, Brian le abrió las piernas por completo, obligándolo a apoyar una de sus rodillas sobre la banca de madera para dejarlo completamente expuesto, vulnerable y boca abajo.

Sin preámbulos, Brian bajó una de sus manos resbaladizas y enterró tres dedos profundamente en la entrada de Armando, descubriendo que estaba tan ridículamente blando, caliente y lubricado que no hacía falta prepararlo más, Armando soltó un chillido agudo, arqueando la espalda, mientras el metal frío del casillero le congelaba el pecho desnudo.

—Me vas a romper de lo mucho que me estás apretando, Armando —le susurró Brian contra la oreja, jalándole el cabello hacia atrás para obligarlo a mirar de reojo— pero tú te lo buscaste, agárrate de donde puedas.

Brian se posicionó justo detrás de él, manteniendo la camiseta roja del uniforme empapada en sudor pegada a su espalda, y empujó las caderas con una fuerza brutal, se hundió de un solo golpe seco, penetrándolo hasta el fondo, llenando ese vacío que a Armando lo estaba volviendo loco.

El grito de Armando fue desgarrador, un eco de puro éxtasis que rebotó en los azulejos, sus dedos se aferraron con desesperación a las ranuras de ventilación del casillero de metal para no caerse.

Brian comenzó a embestirme sin ninguna piedad, el ritmo era salvaje, rápido y destructivo, haciendo que los casilleros vibraran rítmicamente con un traqueteo metálico ensordecedor. Con cada estocada profunda que golpeaba el fondo de su vagina, Brian subía una mano hacia el cuello de Armando, apretándolo por detrás, restringiendo sus gemidos a puros jadeos agónicos mientras lo machacaba desde atrás.

—Te encanta que te dé duro en este lugar, ¿verdad? Mira cómo tiemblas, amor —le dijo Brian, soltando el cuello solo para asestarle una nalgada firme, ruda y ruidosa en su glúteo izquierdo que dejó la marca roja de sus dedos al instante.

Armando lloraba sin consuelo, perdiendo la cabeza ante la fricción implacable, se sentía completamente poseído, destrozado por la longitud de su novio que no paraba de golpear su punto más sensible, justo cuando sentía que iba a desmayarse por el exceso de placer, Brian estiró su mano libre hacia adelante, localizando su clítoris inflamado por fuera, comenzó a frotarlo de forma frenética, combinando el movimiento salvaje de sus caderas abajo con el estímulo eléctrico por fuera.

La sobreestimulación fue el golpe de gracia, Armando soltó un chillido quebrado, sus músculos internos se contrajeron como un puño alrededor de Brian y se corrió de forma violenta, cubriendo por completo con sus fluidos el miembro de Brian, al sentir el interior de Armando apretándolo con tanta fuerza, Brian soltó un rugido ronco y profundo, apretó a Armando por las caderas, pegando sus cuerpos por completo, y se vaciaba por segunda vez, inundando el interior de su novio con una descarga ardiente que los dejó a ambos temblando, exhaustos y unidos contra el metal.

 

 

El silencio en la casa de Brian era absoluto, sólo interrumpido por el zumbido suave del aire acondicionado que mantenía la habitación a una temperatura perfecta, no había prisa, ni riesgos, ni casilleros fríos, después del caos y la adrenalina de los vestidores, estar entre las cuatro paredes del cuarto de Brian se sentía como un santuario exclusivo para los dos.

Brian estaba recostado a lo largo de la cama, con la espalda apoyada contra las almohadas y el torso desnudo, Armando, completamente desvestido, se encontraba sobre él, a horcajadas, pero con una disposición diferente, estaba sentado directamente sobre la cara de su novio, sus muslos rodeaban las mejillas de Brian, dejándolo en una posición de absoluto poder físico, pero de total entrega sensorial.

Desde arriba, Armando miraba el cuerpo firme de su novio, sintiendo el calor de su respiración chocar directamente contra su intimidad desprotegida.

—Hazlo despacio, Brian... —susurró Armando, con la voz suave, entrelazando sus dedos en el cabello corto de su novio— No tenemos ninguna prisa.

Brian no respondió con palabras, subió sus manos grandes hacia las caderas de Armando, acariciando la piel suave con una presión pausada, antes de abrir los labios rosados del coño con los dedos, cuando hundió la lengua, lo hizo con un ritmo casi perezoso, largo y profundo, saboreándolo con una suavidad que a Armando le erizó la piel desde los pies hasta la cabeza.

Brian se deleitaba con el sabor y la textura de su novio, disfrutando genuinamente de la quietud del momento, pasaba la superficie de la lengua con una lentitud exasperante, ascendiendo centímetro a centímetro por la hendidura húmeda hasta alcanzar su clítoris inflamado, en lugar de succionarlo con la voracidad de otras veces, Brian daba pequeños toques húmedos, rozándolo apenas con la punta, dibujando círculos concéntricos que hacían que Armando soltara gemidos bajitos, largos y temblorosos.

Armando lo disfrutaba con cada fibra de su ser, perdiéndose por completo en las lameduras perezosas, incapaz de quedarse quieto ante la exquisita tortura, comenzó a menearse contra el rostro de Brian con movimientos lentos y circulares, restregando su intimidad empapada directamente contra la boca de su novio para buscar más presión, sentir la lengua firme de Brian delineándolo mientras él mismo controlaba el roce lo llevó a un estado de éxtasis puro.

El primer orgasmo se construyó de una forma agónica, impulsado por el propio balanceo de Armando sobre su cara, cuando el clímax finalmente lo alcanzó, fue una ola de calor lenta y profunda, Armando echó la cabeza hacia atrás, con los ojos apretados, soltando un quejido agudo mientras su interior se contrae en espasmos pausados, derramando su lubricación sobre los labios de su novio.

 

Cuando la primera oleada de espasmos disminuyó, Armando no intentó alejarse ni pidió que se detuviera, al contrario, completamente arrastrado por la inercia del placer, continuó moviéndose, se menea con torpeza pero con una insistencia desesperada sobre el rostro de Brian, frotándose contra sus labios húmedos.

Fue en ese instante cuando una sensación abrumadora y sumamente específica tomó el control de su cuerpo, tras ese primer clímax, Armando sintió una tremenda oleada de calor, era como si toda la sangre de su cuerpo se hubiera concentrado de golpe en su entrada, dejándola latiendo, pesada, hinchada y con una sensibilidad eléctrica que rozaba el dulce dolor, estaba tan cargado de sangre en esa zona que cualquier mínimo contacto se intensificaba al doble, sentir la boca de Brian justo ahí, notar sus labios carnosos moviéndose perezosamente contra su piel ultrasensible, fue el detonante para volver a calentarlo a una velocidad alarmante, en lugar de aplacarse, el deseo se multiplicó, quemándolo por dentro.

Brian captó el cambio de inmediato al sentir el calor abrasador que desprendía la intimidad de Armando y cómo se restregaba con más hambre, soltando un gruñido ronco contra su piel, Brian subió sus manos grandes hacia los costados de Armando y lo sujetó de las caderas con un agarre de hierro, fijándolo por completo contra su boca abierta para que no pudiera apartarse ni un milímetro.

Sin un segundo de tregua, Brian reanudó el oral con una devoción salvaje, succionando el clítoris inflamado con fuerza, mientras que con su mano libre bajó directo a su entrada, sin preámbulos, Brian le metió dos dedos profundamente, moviéndolos en un gancho firme que raspó su punto más sensible por dentro.

El impacto de la sangre concentrada en su entrada, combinada con la succión implacable de la boca de Brian y la brusquedad de sus dedos masajeándolo por dentro, rompió por completo el eje de Armando, sus músculos internos se contrajeron con una violencia incontrolable alrededor de los dedos de su novio, Armando soltó un chillido desgarrador que se quebró en el aire de la habitación, arqueando la espalda al límite mientras todo su cuerpo se sacudía en un espasmo masivo.

Sus paredes internas se dilataron y se tensaron al mismo tiempo, y antes de que pudiera procesarlo, su anatomía expulsó un chorro espeso, abundante y ardiente de fluido translúcido que salió proyectado hacia adelante con fuerza, el líquido salpicó con fuerza los dedos sumergidos de Brian, empapó su barbilla y bajó por su cuello en hilos calientes, Armando quedó suspendido en el aire por el espasmo puramente físico, tiritando mientras la descarga líquida continuaba manando a borbotones entre sus labios rosados.

Brian, lejos de apartarse, ensanchó su boca para recibir el impacto directo, se deleitó de forma salvaje con la visión de su novio desbordándose de esa manera, abrió los ojos de par en par, devorando con la mirada el temblor de los muslos de Armando y la forma en que su entrada se abría y se contraía expulsando el fluido, Brian lamió con avidez su propia barbilla y las comisuras de sus labios, saboreando la mezcla caliente y dulce que Armando acababa de derramar sobre él, soltando un gruñido de absoluta satisfacción al ver cómo lo había dejado completamente empapado y vacío.

Brian, con el rostro salpicado por los fluidos de Armando y los ojos inyectados de una lujuria implacable, no perdió el tiempo,su miembro ya estaba completamente erecto, goteando y latiendo, exigiendo su parte.

Brian tomó el control absoluto sabiendo el estado de debilidad de su novio, lo empujó suavemente hacia un lado, obligando a Armando a ponerse de rodillas sobre el colchón, pero manteniéndose apoyado sobre sus propios antebrazos, quedando a cuatro patas en una posición de total vulnerabilidad.

Armando parpadeó con dificultad, con la mirada nublada y la cabeza dándole vueltas por el mareo del placer, apenas podía sostenerse, con los glúteos elevados y temblorosos en dirección a Brian.

Brian se acomodó inmediatamente detrás de él, arrodillándose entre sus muslos, se inclinó sobre su espalda arqueada, envolviendo el torso de Armando con sus brazos para ofrecerle un soporte firme en medio de su post orgasmo, pero sin perder un ápice de posesividad. Antes de entrar, Brian se estiró hacia adelante, pegando pecho a la espalda de Armando, atrapó uno de sus pezones erectos y comenzó a acariciarlos con fuerza, tirando de la piel sensible con sus dedos humedecidos por su saliva, mientras pasaba la punta de la lengua por la extensión de su cuello.

Armando soltó un quejido agudo y sordo, balanceando la cabeza hacia los lados mientras se aferraba con las uñas a las sábanas para no caerse. Justo en ese momento de máxima distracción, Brian guió su miembro hacia la entrada de Armando, que estaba completamente abierta, palpitante y empapada por el desastre líquido anterior.

Sin preámbulos, Brian empujó las caderas hacia adelante. Su longitud se deslizó sin ninguna resistencia de un solo golpe profundo, estirando sus paredes internas y llenándolo hasta la raíz desde atrás.

—¡B-Brian! —el grito de Armando fue un sollozo quebrado, sentir el impacto completo de Brian entrando desde esa posición, mientras su mente flotaba en una nebulosa mareada, lo llevó a un nivel de sumisión absoluta.

Brian no detuvo la tortura, mientras mantenía el pezón de Armando entre sus dedos, dando pequeñas rotaciones firmes en la areola, comenzó a mover las caderas en un vaivén pesado, constante y sumamente profundo, cada estocada desde atrás hacía que el cuerpo de Armando se sacudiera hacia adelante, obligándolo a quejarse contra el colchón.

Brian soltó el pecho de Armando solo para incorporarse un poco y romper la distancia, rodeó el cuello de su novio con un brazo, jalándolo suavemente hacia atrás para atrapar sus labios en un beso hambriento, sucio y desesperado, le devoraba la boca con rabia, metiendo la lengua de forma profunda y agresiva, obligándolo a tragar su propia saliva mezclada con el sabor del orgasmo previo que aún rondaba entre los dos.

—Mira cómo te cabe toda desde atrás, mi vida... estás tan jodidamente blando y caliente —le habló Brian al oído, soltando un gruñido ronco mientras continuaba embistiéndolo con fuerza rítmica— Te encanta que te tome así cuando ni siquiera puedes mantenerte en pie, ¿verdad, amor?

Armando lloraba bajito, con la saliva brillando en sus labios hinchados, moviéndose en una nebulosa de éxtasis donde lo único real era el cuerpo de Brian empujándolo desde atrás y manteniéndolo firme a pesar del vértigo que sentía, el roce constante de las caderas de Brian contra sus glúteos y la profundidad de la penetración en esa postura lo estaban quebrando por completo.

—No puedo... Brian, ya no puedo más... me voy a caer —lloriqueó Armando, con los ojos en blanco, sintiendo que sus antebrazos flaqueaban por completo por el exceso de estímulo.

Al ver que Armando ya no podía sostener la posición de lo jodidamente roto que estaba por el placer, Brian soltó una risa ronca y baja llena de una posesividad salvaje.

— Deja que yo me encargue —le gruñó Brian contra el oído.

Sin retirar su miembro de su interior, Brian lo tomó por la cintura con sus manos de hierro y dejó caer todo el peso de Armando hacia adelante, acostándolo por completo boca abajo contra el colchón, Armando se hundió en las sábanas deshechas con el rostro aplastado contra la almohada, sin fuerzas ni para levantar un dedo, Brian se mantuvo encima, a horcajadas sobre sus muslos, manteniendo la penetración desde atrás pero ahora con Armando completamente plano y sometido bajo su cuerpo.

Sin darle un solo segundo de tregua para recuperarse del mareo, Brian lo agarró firmemente por las caderas, elevando sutilmente su pelvis para mantener el ángulo perfecto, y comenzó a follárselo de una manera brutal, dura e implacable.

El ritmo cambió por completo, Brian empujaba su pelvis con una violencia rítmica y ruidosa, haciendo que los cuerpos chocaran con un eco carnal que llenó toda la habitación, cada estocada era un golpe seco que se hundía hasta el fondo del coño de Armando, obligándolo a hundir los dedos en la almohada y a soltar gemidos ahogados por la tela.

— ¡Brian, más duro! D-Damelo todo… más por favor —gritaba Armando con la voz amortiguada, con las lágrimas desbordándose de sus ojos, completamente entregado a la furia de su novio.

—Mira cómo estas, mi amor, eres insaciable, te encanta que te trate como a una puta —le habló Brian, con las venas de su cuello marcadas por el esfuerzo mientras aceleraba aún más el ritmo, embestiéndolo sin piedad— Pídeme que te llene, dime que eres mío.

—¡Soy tuyo! ¡Lléname todo, ya no aguanto! —sollozó Armando, delirando en medio del vaivén salvaje.

Brian se inclinó por completo sobre su espalda sudorosa, eliminando cualquier espacio entre ellos, subió una mano firme hacia la nuca de Armando, enredando los dedos en su cabello para jalar su cabeza ligeramente hacia el lado y obligarlo a recibir un último beso de reojo, sucio y desesperado, mientras abajo le daba tres estocadas brutales que chocaron directamente contra su fondo.

Fue el detonante final, Armando soltó un chillido quebrado, contrayendo sus músculos internos con una fuerza increíble alrededor de él mientras se corría en espasmos largos sobre las sábanas, al sentir la tremenda presión interna de Armando, Brian soltó un rugido ronco y profundo, empujó las caderas al límite absoluto y se vació por completo, inundando el interior de su novio con una descarga caliente y abundante que los dejó a ambos temblando y exhaustos, unidos en el centro de la cama deshecha.