Chapter Text
Jude Belligham
¡Plack!
El frío traspasaba las paredes. Sentía sus huesos helados y todas las capas de ropa que traía puestas parecían ser la sábana más ligera del mundo. No podía sentir su cara, solo el aire gélido que quemaba al ingresar por su nariz. Volvió a encogerse sobre sí mismo y a exhalar en sus manos para tratar de obtener algo de calor. Nada. El hambre comenzaba a ser algo preocupante. Llevaban horas ahí, atrapados. Algo había bloqueado la puerta, seguramente objetos que estaban cerca de la entrada cuando el aire comenzó a azotar con fuerza todo el lugar. Había empezado a nevar también y posiblemente había una gran obstrucción de nieve.
¡Plack!
¿Había algo que hacer? Posiblemente deshacerse de la indeseable presencia que lo acompañaba. Debería de estar haciendo un plan para escapar o matarlo, pero lo único que podía pensar era en lo cansancio que se sentía y en lo mucho que desearía estar a su casa con un chocolate caliente en mano.
¡Plack!
¡Plack! ¡Plack! ¡Plack!
Ese ruido comenzó a repetirse incesantemente y Jude se estaba hartando de eso. ¿Qué sentido tenía? ¿No podía sentarse y dejarlo congelarse en paz?
—Cállate de una vez, por el amor de Dios— gruñó Jude. Ya habían intentado hacer actividad física para mantener el calor pero eso solo lo había agotado más y hecho que el sudor frío se sintiera peor en su piel.
—¿Qué no quieres salir de aquí? — ¡Plack!
Ya había dejado de intentarlo hace un par de horas. Habían quedado en una tregua silenciosa y se habían resignado a esperar a que terminara la tormenta de nieve o morir allí, al menos eso era lo que Jude había pensado.
—Quiero que te calles.
El alfa no lo escuchó y siguió azotando su cuerpo enorme contra la puerta atascada con, oh vaya, ningún resultado.
¡Plack! Silencio ¡Plack! Silencio.
Jude se había resignado a escucharlo gastar su maldita energía inútilmente y había retomado su descenso a ser un bloque de hielo, hasta que, de la jodida nada, sintió un dolor en el estómago que lo hizo alertarse. “Maldita sea”, pensó para sí. Eso no era bueno. Jude había sentido un dolor así el día anterior, pero lo atribuyó a un corte de carne sospechoso. Ahora ya no creía que fuera eso. Recordó su calendario mental y volvió a maldecir en voz baja. Era su celo. Su maldito celo se había adelantado una semana en el peor momento. Nada más ni nada menos que en un espacio cerrado con un alfa y no cualquier alfa, sino el estúpido noruego que se suponía que iba matar esa misma mañana. Bueno, Jude ya no podía volver a su sueño de ser un bloque de hielo. Nuevo plan, encontrar sus inhibidores.
Escuchaba a lo lejos el sonido del alfa rubio mientras trataba de recordar donde había puestos sus inhibidores, porque claro, Jude no pensaba que su celo fuera a adelantarse, pero había tenido un extraño presentimiento y los tomó antes de salir de su casa. El frío invernal lo hacía sentir aturdido, pero necesitaba recordar donde las había puesto. También debía tomarlos sin que el alfa lo viera para no alertarlo. Mmhm, ¿en su chamarra? No, no era un lugar muy seguro, si se le caían alguien podía sospechar de lo que había planeado hacer sobre matar al alfa. ¿Su ropa interior? Iugh, definitivamente no. ¡Oh, sus botas! Llevaba una bolsa secreta en las botas donde había metido unas pocas píldoras, por si acaso. Se movió lento y metió la mano dentro de su bota izquierda para sacar la píldora. Si, ya la tenía, ahora solo debía de…
—Ahg—jadeó de dolor Jude. Otra punzada lo atacó en su vientre bajo. En una situación normal el sonido habría sido imperceptible, pero solo estaban ellos dos en ese espacio en medio de la nada y no estaba frente a una persona cualquiera. Estaba encerrado con un alfa con los sentidos superdesarrollados. Claro que lo había escuchado y, peor aún, lo había olido.
El sonido de su cuerpo estrellándose contra la puerta había cesado y Jude se negó a mirar al estúpido rubio frente a él. Sin esperar más, se tragó la píldora y suplicó a Dios que el efecto comenzara pronto.
Bueno, siguiente parte del nuevo plan; salir de allí YA. Se espabiló como pudo y se levantó con un poco de torpeza, sintiendo todas sus extremidades pesadas y tensas. Tenía dos opciones: una, matar al alfa ahora mismo, deshacerse de todos sus problemas y pasar el resto de la tormenta con un cadáver y con las posibles heridas que pudiera tener o dos, unir fuerzas y salir ambos vivos sea como sea, ahorrándose la asquerosa experiencia de pasar su celo con un alfa que podría perder el control y atacarlo en su peor momento. La decisión estaba clara en la mente de Jude. Su misión principal podía esperar a que su celo terminase.
El alfa nórdico seguía sin moverse, eso lo inquietaba, pero prefirió ignorarlo y estirar sus músculos para entrar en acción.
—Es hora de irnos, gigante- sentenció lo más rudo que podía para hacer que el alfa volviera a sus sentidos.
La tormenta solo había aminorado un poco, seguía habiendo mucha nieve bloqueando la puerta y dudaba que tuvieran visibilidad con la tormenta en medio de ningún lugar.
—Vamos a tener que arriesgarnos a salir ya que tienes tanta prisa— sonrió burlón. Claro, no era Jude quien necesitaba salir de allí con urgencia—. Algún estúpido reforzó las ventanas con metal así que romper los vidrios no nos servirá de nada. Vamos a quitar las bisagras de la puerta. Yo busco una herramienta útil, tu busca una cuerda.
Jude era consciente de que el alfa había estado muy quieto oliéndolo, sus feromonas estaban delatando su celo y los inhibidores no eran lo suficientemente rápidos para evitar que se diera cuenta. Haaland también se veía aturdido, pero no parecía que solo fuera el frío lo que lo estuviera entumiendo. Tras dos segundos de terminar de hablar Jude, Haaland pareció despertar.
Era del alfa esta cabaña en mal estado en medio de la nada, sabía donde buscar una cuerda y alguna herramienta que pudiera servirles como palanca.
—Vamos a quedar expuestos al frío exterior, ¿cómo piensas salir de eso? — le reclamó luego de encontrar la soga y la herramienta y lanzársela al omega.
—Con pura fuerza de voluntad y un tanto de tu fuerza bruta, así que amárrate la soga por la cintura.
Jude hizo lo mismo con el otro extremo y luego miró al alfa con mucha desconfianza y un poco de repulsión. Lo siguiente que estaba pensando hacer no le hacía ninguna gracia.
—¿Qué tan capaz te sientes ahora mismo? — Haaland miró hacía el techo, pensando en su estado físico y que también se sentía muy entumido, por más que hubiera tratado de mantener su calor.
—No lo suficiente para llegar al pueblo en medio de una tormenta de nieve. No ahora.
Jude sintió que quería morir allí mismo. Tenía la esperanza que le dijera que estaba al 100% de sus capacidades físicas, pero eso era imposible, llevaban casi 24 horas atrapados sin comer. Estaba casi tan débil como él. Casi. Porque Jude tenía la desventaja de estar entrando a su celo y se sentía más débil y cansado de lo normal. Por otro lado, Erling Haaland era el hijo alfa de su manada. Alfa. Los putos alfas podían recuperarse más rápido del desgaste que los omegas, solo necesitaba de sus… feromonas.
Ya con los extremos de las sogas amarradas, Jude se acercó despacio al alfa, con las manos en alto para que el otro viera que no iba a atacarlo. —¿Qué estás haciendo? — El alfa casi parecía asustado y por cada paso que el omega hacía, Haaland lo retrocedía.
—Esto no me gusta más que a ti, pero no nos vamos a hacer los desentendidos. Tengo que salir de aquí y tu me vas a ayudar o tendré que matarte en este momento— Haaland sintió la garganta seca. Jude lo vio tragar con dificultad. —Voy a ayudarte a que te recuperes. Luego quitaremos las bisagras e iremos hacia el pueblo en medio de la tormenta y dejaremos esto atrás, ¿bien? Ni una palabra de esto a nadie— remarcó la última palabra letra por letra.
Jude se terminó de acercar a Haaland. Aún sentía ese frío cortante en sus huesos pero el celo estaba mandando dolores y oleadas de calor leves por todo su cuerpo. En la antigüedad, se decía que los omegas podían curar a los alfas, era una manera de decir que sus feromonas calmantes podían ayudarlos a restablecerse y a activar su capacidad sanadora de supervivencia. Decían que era un trabajo en equipo divino producto de su evolución. Ahora solo eran leyendas urbanas debido a la poca población que quedaba de ellos, pero seguía siendo cierto. Ellos lo sabían. Esparció la primera oleada de sus feromonas casi con timidez. Esto era una práctica muy intima que solo se hacía entre la familia, amigos cercanos o tu pareja. No lo hacías con cualquier hijo de vecino, menos con el alfa que el día anterior querías que desapareciese. Esparció la segunda oleada con más confianza una vez que se aseguró que Haaland ya no retrocedía y el alfa, por la sorpresa lo agarró por los brazos, casi como queriendo alejarlo, sin embargo, no se movió. En cambio, su gélido agarre pronto se relajó un poco y Jude siguió con las siguientes oleadas de forma lenta y constante. Tras unos minutos, el alfa pareció ancharse de los hombros un poco más y las manos que no había quitado de los brazos del omega, emitieron calor contra las capas de su ropa. Haaland tenía sus ojos cerrados con la cabeza agachada. Tenía cara de estar concentrado y su rostro comenzó a tener de vuelta un color más saludable en las mejillas.
Jude pensó que era suficiente y cuando estaba a punto de terminar con la última oleada, el alfa lo sorprendió tomándolo entre sus enormes y, ahora, cálidos brazos y lo estrechó mientras emitía sus propias feromonas para ayudarlo. Se suponía que también funcionaba a la inversa. No era común y Jude no pensó que el alfa gigante fuera a hacerlo. No debía aceptarlo. Estaba a un paso de ser vulnerable, pero el aroma era tan cálido, olía a sándalo, a hierbabuena y un poco a ese chocolate caliente que tanto se le estaba antojando. También, por una pizca de segundo creyó sentir un olor picante entre las feromonas del alfa pero este las cortó de pronto y lo separó en un rápido movimiento.
—Estamos a mano. Vámonos— el alfa tomó la herramienta y se dirigió hasta la puerta para seguir el plan.
Jude se quedó pasmado por un momento. Sintió las palmas de sus manos más cálidas y el vaho caliente salir de su boca por el suspiro de tranquilidad que se le había quedado atorado en la garganta. Espabiló y se dirigió hacia el alfa para ayudarle a quitar las bisagras de la puerta. Se sentía más revitalizado que hace unos momentos. Lo atribuyó a que el inhibidor por fin estaba haciendo efecto.
—A la cuenta de tres quitamos la puerta— La voz del alfa se escuchaba una octava más profunda e, incluso, Jude creía escuchar más de su acento natal en ella, como si las palabras se le atascaran en su boca y el inglés fuera más difícil de pronunciar. ¿No lo había calmado lo suficiente? Físicamente parecía verse en perfecto estado— Una. Dos. Tres— Con fuerza, ambos jalaron la puerta de madera libre de bisagras y esta cayó con una montaña de nieve al piso. El aire helado entró al espacio que compartían y pareció congelar aún más la habitación. Jude se movió instintivamente hacía Haaland. No podía ponerse testarudo, necesitaban todo el calor corporal que pudieran en esta situación. Como pudieron, quitaron varias cosas que habían obstruido la entrada y salieron de la cabaña abandonada hacia el campo de nieve que les llegaba hasta los muslos. No dudaron en caminar a paso firme entre la nieve codo a codo, teniendo la cuerda sujeta a ellos por si alguno llegaba a quedarse varado en algún punto. De esta situación salían juntos sí o sí. Jude necesitaba la fuerza y resistencia del gigante, además de la calidez que emanaba su cuerpo y ese sutil olor a chocolate caliente que era su motivación para llegar a su casa.
