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James suele quejarse de su mala suerte, siempre que pensaba que podía conseguir algo que deseaba, que podría llegar lejos en un campeonato, que podría fichar por un club mejor, siempre sucedía algo.
Lesiones.
James odiaba el dolor de las lesiones, no solo el dolor físico que lo atormentaba hasta no poder dormir, sino que también ese vacío y tristeza inexplicable que sentía al ser inútil para su equipo, para su selección.
Yo debería estar ahí.
Yo debería patear ese tiro libre.
Yo podría anotar un gol ahí.
Pero cuando fue vendido al Tottenham Hotspurs FC pareció que su suerte empezaba a cambiar, aunque sea un poco. No dejó de lesionarse, pero el ambiente era… diferente, en el equipo había muchos (de verdad muchos) omegas y solo tres alfas, quienes eran amables y considerados con sus compañeros omegas pese al alfachismo que hay presente en el mundo del fútbol.
Otra cosa buena que le trajo empezar a jugar en un equipo con mayor relevancia fue que por fin lo citaron para jugar con la selección después de mucho tiempo, James no daba más de la alegría que recorría su cuerpo cuando se enteró. Pero, en definitiva, lo mejor de volver a la selección inglesa fue conocer a su alfa.
Su alfa.
Aún lo avergonzaba llamarlo así, pese a todos los rumores que rodeaban al rubio por ser amigo de Jack, él era bastante tímido a la hora de coquetear con un alfa y especialmente uno con un atractivo juvenil como el de Jude.
Jude Bellingham.
La promesa.
Jude era hermoso, pero no era solo físico, no, era diferente, algo que James no puede describir con palabras. Jude era esa sensación que tenía al ganar un partido al último minuto con un gol suyo, lo que sentía al escuchar su canción favorita, lo que sentía cuando estaba sereno y feliz, Jude era hermoso.
Entonces fue difícil para James acercarse al alfa más joven. El poder mantener una conversación con él sin quedar como un viejo ridículo se sentía como una misión imposible. Pero al parecer el de ojos azules recibió el favor de todos los dioses que existen, sus chistes malos, sus mejillas sonrosadas suavemente y su sonrisa avergonzada llamaron la atención del alfa que vivía en Madrid.
Y todo comenzó con una pregunta sencilla.
¿Quieres ir a tomar café conmigo? Conozco una cafetería muy buena.
Lo dijo tartamudeando en algunas palabras, como si fuera un adolescente.
No tardó mucho en escuchar la carcajada de Jack que estaba detrás de ellos. Pickford, que estaba hablando con Jack, también se rió de él mientras ambos repetían la pregunta de James como si fuera la cosa más graciosa del mundo.
«Quede como un ridículo, genial»
El rubio estaba a punto de irse cuando el alfa menor le respondió.
“Claro, me encantaría ir a tomar el té contigo, James ¿Puede ser hoy?”
James se quedó un poco confundido. Estaba seguro que el alfa solo tomaba café, durante los días que estuvieron concentrados con la selección sólo lo había visto tomando aquella amarga bebida.
“¿No te gusta el café?”
Jude le sonrió a James y este sintió que el suave sonrojo que cubría sus mejillas se volvía más intenso, bajando hasta su pecho. Directo a su corazón.
“No, me encanta el café. Pero te veo todos los días, James, solo tomas té a todas horas.”
James sintió que se podía desmayar en ese momento ¿Lo veía todos los días? Era demasiada información para procesar.
Entonces tuvieron su primera cita. James estaba encantado. Podía hablar de Harry Potter y fútbol sin parar y Jude parecía escucharlo atentamente, incluso le seguía la conversación.
Se sentía escuchado.
Jude lo siguió invitando a citas, iban al cine, a caminar. Pasaban todo el tiempo que podían juntos, pero el menor desaparecía los fines de semana y los días antes de los partidos porque iba de fiesta con otros miembros de la selección. James no se quejaba, no quería parecer histérico cuando apenas estaban empezando.
Y cuando se dieron su primer beso, luego de ganar un partido de la eurocopa de local, sintió por fin las famosas mariposas en la panza. Los labios de Jude eran suaves, cálidos y amorosos contra los suyos.
A Jude, por su parte, le gustaba besar a James. El rubio era dócil en sus brazos, sus manos podían pasar por todo el cuerpo del omega, apretar su cintura y su trasero a su gusto. También le gustaba el sonrojo de James solo por un beso, era un poco patético y hacía que Jude quisiera reírse.
James amaba estar en los brazos de Jude, sentirse cortejado y mimado por él. Era su nueva sensación favorita.
A Jude le gustaba estar con James, era un omega bonito y experimentado, no lo presionaba y tampoco esperaba cosas irreales de él. Pasaban un buen rato juntos.
James amaba el olor de Jude, era como el aroma que hay cuando se entra en una cafetería. Granos de café tostados con un toque cítrico. Le encantaba que Jude lo macara con su aroma; eso significaba que olería al alfa por mucho tiempo y era algo James empezaba a amar.
Jude pensaba que el olor de James estaba bien, aunque a veces le parecía demasiado dulce. Vainilla, jazmín y galletas de chocolate. El joven alfa a veces debía lavar hasta tres veces sus chaquetas para sacarles el olor del omega.
Aunque tenían sus desacuerdos, como todas las parejas, James era muy feliz con Jude y estaba seguro que Jude era igual de feliz con él.
Lo sabía porque mientras pasaban juntos el celo del alfa, Jude decidió que sería buen momento para marcar a James como su omega.
Su omega.
Fue el momento más hermoso, y excitante, en la vida de James. Solo ganar la Premier League con el equipo que le dio todo podría estar a la altura de este momento, pero aún así no se le acercaba ni a los talones.
Pero para Jude fue un gran golpe, a él de verdad le gustaba James pero ¿Estar unidos? Sabe que fue una locura consecuencia del celo, está seguro que fue porque el exageradamente dulce aroma del omega mayor lo sedujo y terminó haciendo que su alfa pierda el control.
Jude no estaba listo para una responsabilidad de este tamaño.
Entonces se enojó con James.
Jude, frustrado con su vida y con el error que acababa de cometer al dejarse llevar por sus instintos más primitivos, consideraba que todo era culpa del omega.
James lo entendió, sabía que debía darle espacio a su alfa para pensar. No iba a presionarlo, no iba a exigirle.
Quería ser un buen omega.
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Jude volvió a Madrid sin despedirse del omega. No sabía qué decirle, estaba enojado consigo mismo por ceder a sus instintos y con el omega por provocarlo, cualquier cosa que pudiera decir en ese momento solo haría sentir mal al mayor y no quería eso. Al menos no por ahora.
No sabía por qué había propuesto pasar su celo juntos ¿Es que acaso había perdido la cordura?
No, en definitiva fue culpa del omega. James con sus hermosos ojos azules que siempre parecían estar rogando atención. James y su hermosa cintura que cabía perfectamente en sus manos. James y la forma en la que gemía su nombre cuando lo tomaba, sonando tan hermoso y adictivo como los cantos de una sirena.
Todo de James.
Jude no estaba seguro de querer todo de James, la pasaban bien juntos y el omega mayor era gracioso, atento y dulce. Pero Jude no quería eso, él quería ser libre y poder salir de fiesta con sus compañeros de equipo, coquetear y dormir con cuántas omegas se le cruzaran por el frente y luego jugar al fútbol.
¿Acaso era mucho pedir? Jude creía que no.
No quería estar atado a nada y a nadie. No quería tener nada serio con el omega mayor, solo diversión y sexo mientras estaban con la selección ¿Cuándo se descontroló todo?
Había cometido un error, uno muy grande, y no sabía cómo arreglarlo sin lastimar a nadie.
Entonces el joven alfa decidió que sería mejor pedir consejos a alguien más, tal vez a otro omega. Alguien más sabio que pudiera ayudarlo a superar su crisis existencial.
Y por su cabeza cruzó un solo nombre: Phil Foden.
El jugador del city no era un omega, pero habían hablado mucho cuando compartieron habitación y sabía que el alfa de rulos tenía un hermoso omega que, casualmente, también vivía en Madrid y tal vez ellos podrían ayudarlo.
Entonces lo llamo.
