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¿Envidia? ¿Celos? ¿O qué?

Summary:

Resulta que Okuyasu ha conseguido ligar, para la sorpresa de sus amigos. Ha conseguido una cita con una chica mona, pero no tiene ni la más menor idea de cómo tratar con mujeres. Le pide ayuda a Josuke que, sin saber por qué, le cuesta aceptar la realidad de que su colega va a comenzar una relación.

Josuke le ayuda a prepararse para la cita, y descubre que está empezando a percibir a Okuyasu de otra forma. O no, serán imaginaciones suyas.

o:
Josuke tiene una crisis de identidad sexual mientras aprende a ser un amigo mejor. Tachán, es gay, fingid que os sorprende

Notes:

este es el primer post que hago nunca para ao3, y la última vez que escribí un fanfic fue cuando tenia como 11 años, así que no prometo q salga bien lolo
gracias a la bendición de un amigo, me empecé JoJo's hace un par de meses y menuda joya. DiU es mi parte favorita hasta ahora diría yo, y el amor q le tengo a Josuke (no) es muy normal. pero el amor que okuyasu y josuke se tienen entre ellos me lo supera por mucho, y son muy fanfiqueables je je je me dan caries

Chapter 1: my way - Olivia Rodrigo

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

"Venga, tío, tú puedes con esto. ¡A triunfar!"

Se despidió de Okuyasu en su portal con su habitual choque de manos y una palmadita en la espalda, y entró en su casa. De normal hubiese estado feliz por su amigo, al fin y al cabo este había sido su objetivo desde hacía tiempo. Sin embargo, ¿qué era ese peso que sentía en el pecho, entonces? ¿Por qué todas sus sonrisas habían tenido que ser forzadas, por qué las bromas chinchando a su colega sobre ello no le salían de forma natural? ¿Por qué se le había caído tan rápido la cara al despedirse de él?

 

Josuke todavía tenía bien presente en su pecho lo que había sentido cuando Okuyasu había soltado la bomba. Había pasado esa misma mañana. Okuyasu había llegado un poco más tarde de lo normal a almorzar en la azotea del instituto, donde siempre solían reunirse. Llegó con el cuerpo tenso, a paso rápido, y con una expresión que ni Koichi ni Josuke le habían visto nunca: una mezcla de entusiasmo, confusión, pánico y alegría al borde del éxtasis.

"Tíos, una chavala de mi clase se me acaba de confesar."

El '¡¿Qué?!' y el '¡¿Cómo?!' de Josuke y Koichi que retumbaron al unísono llegaron a alarmar a la gente de su alrededor, y se ganaron unas miradas un poco descaradas y maleducadas como consecuencia. A ninguno le importó eso. Sus mandíbulas se hubieran caído al suelo de no ser por su imposibilidad física, pero la sorpresa de sus rostros ya era lo suficientemente obvia.

"Os lo juro por mi padre, que sí. No me lo esperaba para nada."

Okuyasu se sentó con ellos mientras Koichi intentaba formular sus preguntas, incertidumbre y emoción presentes en su tono, sin resultado alguno, pues sólo lograba balbucear y tartamudear. Sin que él mismo se diera cuenta de esto, a Josuke se le congelaron la cara, el cuerpo y los pensamientos. ¿Le fallaban los oídos, o de verdad acababa de oír que Okuyasu había ligado exitosamente? ¿Y por qué eso no le había generado emoción, pero en cambio sí un peso no familiar en todo el centro de su pecho? Parpadeó un par de veces y reaccionó por fin a la información, dejando escapar una carcajada directa desde su caja de resonancia mientras se acercaba a su amigo para felicitarle.

"¡Qué fuerte, qué fuerte! Menudo Don Juan te estás haciendo, ¿eh?" Pasó firmemente su brazo alrededor de los hombros de su colega mientras le arruinaba el pelo de manera divertida con su mano libre. Después, le dio un par de palmadas en el pecho, atribuyéndole mérito. La boca de Okuyasu formó una sonrisa que se encontraba en la línea entre la timidez y el orgullo, y sus mejillas emanaban tanto calor que Josuke lo pudo llegar a notar desde donde estaba.

"¡Y tanto! ¡Cuéntanos qué ha pasado!" Pidió Koichi, todavía con la boca abierta.

Sin ser capaz de mirar a ninguno de sus amigos a los ojos, Okuyasu empezó a narrar todo lo ocurrido. Comenzó por cómo había conocido a la muchacha, una compañera de clase con quien le habían sentado hacía unos meses después de tontear varias veces y molestar al profesor. Había resultado ser bastante amigable, coqueta y divertida, y Okuyasu no tardó en hacer migas con ella. Además, era bastante aplicada e inteligente, se notaba que le gustaba estudiar. Charlaban a menudo entre clases, se pasaban notas para no disturbar a la clase con cuchicheos (aunque les acababan pillando igual alguna que otra vez, digamos que la risa de Okuyasu no es muy disimulada), y había llegado a acompañarla a casa en reiteradas ocasiones. Eso explicaba dónde demonios se había metido Okuyasu todos esos días que Koichi y Josuke habían tenido que volver solos a casa tras no tener rastro de Okuyasu, e incluso los días que Josuke se había vuelto en soledad completa, al estar Koichi con Yukako. Siempre respondía con evasivas al ser cuestionado al día siguiente, ¿sería vergüenza?

Les continuó contando que, a pesar de no ser completamente su tipo de chica, le había empezado a molar un poco. Las conversas fluían entre ellos de manera natural, como si se conocieran de hace años; compartían los mismos gustos musicales, les gustaban las mismas comidas, tenían hábitos similares, cosas así. Y a pesar de que no coincidían con algunas cosas, a Okuyasu no le molestaba en lo más mínimo. El humor blanco de la chica no coincidía para nada con su humor negro y moralmente cuestionable. Aun así, le solía sacar risas genuinas, aunque a menudo lo que le provocaba esa reacción no era el chiste en sí, sino la propia muchacha. Les confesó que él mismo se estaba dando cuenta de su cambio de actitud y de la influencia que la joven estaba teniendo en él: cada vez decía menos palabrotas, su tono era más suave, era más considerado con cosas que antes se la pelaban, e incluso había adoptado una connotación tímida en su lenguaje corporal, algo que contrastaba considerablemente con su físico tosco e imponente.

Llegó por fin a lo que había pasado hacía apenas unos minutos. La muchacha había retenido a Okuyasu en clase antes de que saliese a almorzar, mucho más tímida y nerviosa de lo habitual. Le entregó al chico una carta al mismo tiempo que le confesaba sus sentimientos hacia él, avergonzada y con palabras breves. Le había invitado a salir después del instituto, a pasar la tarde en un parque cercano. Después, salió huyendo del aula, y Okuyasu había tardado en reunirse con sus amigos por culpa de su lento procesamiento de lo que le acababa de pasar.
Mientras les contaba esta parte, había sacado de su mochila la carta en cuestión, y la sostenía firmemente entre sus manos, inspeccionando cada centímetro de esta. Su mirada, no obstante, era indescifrable para sus amigos, que lo observaban con mucha atención; no sabían si lo que reflejaba era ternura, nervios, incertidumbre u otra cosa.

Josuke formó una expresión pícara y trató de quitarle la carta de las manos. "A ver, a ver", rió. Para su sorpresa, Okuyasu se apartó con una brusquedad exagerada, que hizo que Josuke casi perdiera el equilibrio y se cayese de bruces al suelo. "Ni de coña, tío. Esto es para mí, es privado." Cabizbajo, Okuyasu arrimó la carta a su pecho, donde la sostuvo por unos instantes antes de cuidadosamente volver a guardarla en su mochila.

Si la situación en sí ya le había provocado sentimientos encontrados, esto lo disturbó todavía más. Ellos dos se lo contaban absolutamente todo; y no solo le había ocultado toda esta narrativa durante meses, sino que ahora le estaba cerrando aún más sus puertas con esto. ¿Ya no confiaba en él? ¿Le había robado el puesto la chavala esa?

Antes de que Josuke pudiese abrir su boca y dejar escapar alguna pullita, Koichi intervino: "Espera, ¿has dicho que te ha invitado a salir esta tarde? ¿Vosotros dos solos?" Su rostro algo ruborizado delataba lo mucho que le estaba costando creerse que esto era real, que estaba sucediendo de verdad.

"Sí, nosotros dos. No tengo ni idea de qué hacer, tíos, estoy que me subo por las paredes. ¿Qué me pongo, qué le llevo? No puedo ir con las manos vacías. ¿La invito a una cafetería o algo? ¿Le compro un regalo? ¿Flores? Aunque no sé qué tipo de flores le gustan. Lo mismo si le pillo rosas tradicionales basta. Ostia, pero ¿y si es alérgica? ¿Y si-"

"Okuyasu, tío, calma" Josuke, ahora un poco más relajado, posó su mano en el hombro de su colega, tratando de calmarle y brindarle apoyo.

Suspiró, llevándose las manos a la cara. "Lo siento. Es que me pone muy nervioso. Yo pensaba que me veía sólo como a un compañero de clase más, no me esperaba gustarle de verdad. Ni siquiera hemos quedado nunca fuera del instituto. Y es una chica muy mona; es guapa, tiene curvas y su sonrisa es adorable." De normal, Josuke se hubiera reído al oír a Okuyasu describir de esa forma a una chica, como los adolescentes pubertos que son. ¿Por qué no le había hecho gracia? ¿Le estaba molestando eso, acaso? ¿Por qué? "Lo último que quiero es hacerle daño, no quiero cagarla y arruinar mi oportunidad.

"Tranquilo, Okuyasu. Seguro que te va genial, no te preocupes. El paso difícil ya lo tienes hecho: ¡conquistarla!" Le animó Koichi.

"Ya, pero aún la puedo pifiar." Levantó la cabeza súbitamente, y exclamó: "Oye, ¡vosotros me podéis ayudar! Koichi, tú ya tienes novia; y Josuke, tú siempre estás rodeado de tías y eres muy popular. Sabéis muchas más cosas que yo, y tenéis más experiencia."

"Pues claro que te vamos a ayudar. Como si pudiéramos dejarte solo con una chica sin indicarte nada antes." Bromeó Josuke, ganándose un codazo de su amigo.
"Me ha dicho que nos veamos en el parque de la plaza a las cinco. ¿Podéis venir un rato antes a mi casa?"

Koichi hizo una mueca de lástima, contestando: "Lo siento, Okuyasu, pero hoy he quedado con Yukako para acompañarla a hacerse las uñas..." Los otros dos muchachos resoplaron de manera no aprobante, pero pasaron página. En su lugar, habló Josuke: "Yo tengo la tarde libre. Si quieres, podemos ir a comer al restaurante de Tonio cuando salgamos y planificamos todo bien."

"¡Genial! Muchas gracias, bro." Okuyasu se acercó de nuevo a su amigo para darle un abrazo, al cual Josuke correspondió con gusto. La sonrisa del último titubeó un poco en su cara antes de murmurar un 'de nada' y darle un par de palmaditas en la espalda.

 

Casi como si fuese planificado, sonó la campana, marcando el final del recreo. Los tres amigos comenzaron a recoger sus cosas (porque con el dilema, ninguno había probado bocado de su almuerzo apenas). Koichi se paró por unos segundos, antes de preguntar: "Oye, Okuyasu, ¿vas a volver a clase con ella después de que se te haya declarado?" Su tono preocupado rápidamente hizo entender a Josuke lo que eso significaba: que sería una última hora muy larga e incómoda. Este exhaló y murmuró: "Uf, putada."

Okuyasu se detuvo de pronto y ahogó un grito. No obstante, después de un momento de pensar, su rostro retomó su expresión despreocupada y respondió: "Ah, qué va. Creo que ha elegido el recreo porque hoy ya no tiene más clases conmigo." Ambos chicos asintieron, comprendiendo y concluyendo que eso tenía sentido.

Los tres chavales se despidieron respectivamente, en especial Koichi, que no volvería a ver a los otros hasta el siguiente lunes; hoy no volvía con ellos, principalmente porque había quedado con Yukako, pero además porque los otros dos comían fuera. La última clase del viernes no tuvo nada de especial, fue igual de agonizante que de costumbre. Uno disociando mientras miraba por la ventana, el otro garabateando la mesa, y el tercero intentando tomar apuntes a pesar del cansancio; no es muy difícil cuadrar quién es quién.

Al sonar el último timbre, la avalancha de estudiantes llenó los pasillos en un abrir y cerrar de ojos. Okuyasu y Josuke, desde sus respectivas aulas, recogieron lo que habían sacado esa clase para disimular que hacían algo. Con toda la parsimonia del mundo, como siempre hacían, para dejar que el instituto se vaciase. En cuestión de minutos ya se habían reencontrado en la entrada, de todos modos. Era un truco que ambos habían acordado hacía tiempo, eso de salir más tarde de clase para evitar el tsunami de gente, y tampoco se necesitaba demasiado intelecto para saber que no era mala idea.

Emprendieron el camino hacia el restaurante de Tonio bajo la cálida manta del sol del mediodía de enero. En verano era insoportable y la falta de sombra en la carretera era increíblemente agonizante, pero en los meses más fríos del año hasta se agradecía. Era un alivio en los días de más viento, sobre todo. Okuyasu caminaba con las manos en los bolsillos y los hombros encogidos, pues solo llevaba dos capas de ropa: la camiseta interior y la chaqueta del uniforme. No poseía una chaqueta de invierno adecuada, ni tenía los recursos para comprarse una en condiciones. Josuke, en cambio, lucía con orgullo su chaqueta de marca y los guantes que su madre le había tejido; sencillos pero eficientes, y lo suficientemente disimulados para ocultar que eran artesanales y no comprados.

"A ver, ¿por dónde empezamos? ¿Qué es lo que más te preocupa?" Comenzó Jouske, su paso era liviano y despreocupado. "Tenemos tiempo de sobra para cubrir todo lo que te inquiete."

"Pues... no sé. Me preocupa todo, creo. Me preocupa no llevar el atuendo correcto, oler mal, aburrirla, incomodarla, que piense que no soy un caballero, que se dé cuenta de que no tengo mucho dinero, que piense que soy muy bruto..."

"¿O sea que te preocupa no gustarle tal cual eres?" Interrumpió el chico del tupé. Sacudiendo la cabeza, se aclaró la garganta. "Vayamos por partes. Primero, eres un chico muy guapo; si no le gustas por tu apariencia, es imbécil. Tu ropa no está nada mal, y bastará con que lleves algo casual pero que no parezca descuidado. Si tanto te inquieta, te puedo prestar algo de mi armario también. Ah, y con una buena ducha antes de la cita sobra para oler bien. Un poco de colonia antes de salir por la puerta y estarás reluciente."

"Vale..." Respondió el otro chico, con el ceño fruncido, mientras tomaba nota mental de todo lo que le decía su amigo.

"Qué más... Ah, sí. ¿Te preocupa aburrirla? ¿No has dicho antes que os pasáis las clases charlando y riendo? Creo que eso lo tienes pan comido. Con tu carisma natural, seguro que las horas se sentirán como minutos." Un momento. ¿Otro cumplido? Ninguno de los dos había sido tímido nunca a la hora de reconocer sus puntos fuertes y alabar al otro, pero en cuestión de momentos ya le había hecho dos. ¿De dónde le habían salido? Apartó su incertidumbre de su línea de pensamiento, y prosiguió: "Cuando realmente conectas con una persona, el tiempo pasa sin que te des cuenta, y estás a gusto sin preguntarte si le estás impresionando o no."

"Tienes razón, no lo había visto de esa manera. Qué listo eres, tío..." Josuke ruborizó un poco ante el halago, y sus labios se curvaron en los primeros atisbos de una sonrisa. Siempre le habían gustado los cumplidos, vinieran de quien viniesen, pero últimamente los que Okuyasu le hacía parecían tener más peso. Le subían mucho más la autoestima, les prestaba más atención, e incluso lo primero en lo que pensaba cada vez que se preparaba para salir era si Okuyasu le haría algún cumplido ese día. Siempre tomaba nota de cada cosa que su amigo le decía, y procuraba hacerlo igual siempre; si le decía que olía bien, no volvía a comprarse un perfume distinto; si le decía que le molaban sus zapatos, se los ponía cada vez que salía con él. La validación de su amigo (junto a la de su madre... pero eso no lo admitiría ni aunque le pagasen) era la más importante para él, y a pesar de los consejos que ahora mismo le estaba dando, en el fondo entendía muy bien lo que era querer impresionar a alguien.

Sacando a Josuke de su paraíso mental con Okuyasu, el muchacho continuó: "Aun así, no puedo evitar ponerme nervioso. No sé si puedo llegar a estar a la altura de lo que se merece. Es una chica muy amable e inteligente, y no sé si le compensa salir con un chico como yo, que no soy muy listo." Con la mirada en la acera, se encogió de hombros y suspiró, creando una bocanada de vaho enfrente de su boca.

Josuke ignoró cuán apretado se sentía su pecho después de oír la posibilidad de que Okuyasu salga con alguien. "No digas eso, cualquier chica tendría muchísima suerte de estar contigo. Eres un tío estupendo, lo tienes todo: atractivo, actitud, gracia, estilo y personalidad." Otra ronda de cumplidos. Al decirle todo esto, una calidez orgullosa llenaba su pecho, casi de manera autoritaria. No entendía de dónde venía, porque Okuyasu era su colega y nada más. Por qué estaba tan afectivo de repente, no lo sabía. Pero lo que sí sabía era que no le importaba en absoluto aprovechar la oportunidad para hacerle cumplidos. "Lo que careces en inteligencia lo compensas en bondad."

"Vaya... Gracias, tío." El chico de tez morena levantó la cabeza y le dedicó una amplia sonrisa, ajeno a lo que pasaba por la cabeza de su amigo.

Josuke se ruborizó un poco más que antes, y ahora él también metió sus manos en los bolsillos, a pesar de tener guantes. "Es la verdad. Así que descuida, porque seguro que todo va sobre ruedas esta tarde. Y si algo más te inquieta, aquí el menda te lo resuelve sin problema." Sacó una mano de su bolsillo y se apuntó con el pulgar, sonriendo con suficiencia.

"Muchas gracias, bro. De verdad." Okuyasu le dio un suave golpe con el puño en el brazo a su colega, y su sonrisa esta vez era más suave.

Caminaron un rato en silencio, uno que no se sentía incómodo para ninguno de los dos. Eso era algo que ambos apreciaban de su amistad: que habían aprendido a convivir y a disfrutar de la compañía del otro sin la necesidad de rellenar el espacio en blanco con palabras sin sentido. Podían caminar juntos tranquilamente sin estar pensando en si algo fallaba, o podían estar en la misma habitación haciendo cosas distintas, cada uno a lo suyo, sin la necesidad de emitir una sola palabra. Esa proximidad era complicada de encontrar y conseguir, y sin embargo ellos la habían alcanzado casi sin esfuerzo.

No obstante, después de un tiempo, Okuyasu volvió a hablar, vacilando: "Josuke, ¿qué hago si me quedo sin cosas que decir?"

"¿Eh?" Cuestionó el otro.

"¿Y si la conversación se acaba y me quedo sin cosas que decir, qué hago? Contigo no es así, pero a lo mejor ella se siente incómoda si estamos mucho tiempo sin hablar. No quiero que piense que no quiero hablar con ella."

"No debería pensarlo. Si es tan inteligente como tú dices, sabrá que no siempre es necesario estar hablando para disfrutar de la compañía de una persona. Y si se incomoda, mal para ella."
"Pero puede que ella interprete mi silencio como si no estuviera disfrutando de su compañía. Quizás piense que si no saco tema de conversación es porque no me interesa buscar más cosas de las que hablar, y a lo mejor entiende que me quiero ir."

"Entonces puedes establecerlo de manera clara. Dile que disfrutas de su compañía y que aprecias pasar tiempo con ella, aunque sea en silencio. Así, si ella entiende otra cosa o le sienta mal, el problema es suyo."

"Bien visto..."

 

Eventualmente llegaron a Trattoria Trussardi, y agradecieron la calefacción del lugar inmediatamente después de entrar por la puerta. No había mucha gente teniendo en cuenta que era un viernes a mediodía, por lo que pudieron escoger una mesa sin ningún problema. Cogieron asiento uno enfrente del otro, Josuke deteniéndose antes para dejar su chaqueta en el respaldo de la silla. Brevemente después llegó Tonio, listo para tomarles nota.

Benvenute, ragazzi! ¿Qué les puedo ofrecer hoy?”

“A mí, una de tus ensaladas antipasto, que ahora mismo me vendría genial descargarme los hombros.” Pidió Okuyasu.

“Que sean dos” Rectificó Josuke.

Capito.” Tras retirarse Tonio, Okuyasu se volvió hacia Josuke con una sonrisa burlona. “Te quedaste con ganas de probarla la última vez que vinimos juntos, ¿eh?”

Rechinando los dientes y mirando hacia un lado, Josuke respondió con un tono rosáceo en las mejillas: “Sí… Si alguien no hubiera sido tan avaricioso y me la hubiera dejado probar, quizá me pediría otra cosa.” Emuló enfado en su tono, pero ambos sabían que no era nada serio.

“Te aguantas, se siente. Eso estaba riquísimo, y me dejó los hombros como nuevos. Ya verás cómo te quedas al probarla. Y con lo inquieto que estoy con todo lo de Nozomi, me vendría bastante bien liberar tensión en los hombros.”

Nozomi. No se había dado cuenta de que, hasta ahora, Okuyasu no había pronunciado el nombre de la chica ni una sola vez. Nozomi, ‘esperanza’ en japonés. Incluso su nombre era agraciado. No pudo evitar que una mueca se formase en su cara al oírlo, no sabía si de desdén o de… ¿celos? “¿Celos de qué? Tiene todo el derecho a hablar de ella, es normal que ahora mismo solo tenga la cabeza para ella”, pensó. “Pero ya que está conmigo, podría al menos intentar olvidarse un rato de eso y centrarse en mí; ahora está conmigo, está pasando el tiempo conmigo, y soy yo quien le está ayudando con el tema. Podría intentar…”

“¿Josuke? Tierra llamando a Josuke” Okuyasu pasó una mano por delante de la cara de su amigo, quien parpadeó varias veces antes de reaccionar. “Perdona, me he distraído. ¿Qué decías? ¿Que necesitas descargar la tensión de los hombros? Te entiendo, creo que a mí tampoco me vendría mal.”

“Oh, ¿por qué? ¿Tú también estás muy nervioso por algo?”

“Sí. Mi mejor amigo está a punto de empezar una relación y eso no me gusta, no sé por qué” hubiera sido la respuesta más honesta. Pero no podía decir eso, evidentemente. Mintió con la primera excusa que se le vino a la cabeza. “No, pero creo que he dormido en una posición rara y me duelen los hombros.”

 

Disfrutaron de la comida como niños volviendo a casa del parque para merendar, y ambos se sintieron mucho más ligeros desde el momento del primer bocado. Agradecieron el alma benévola de Tonio por usar su Stand para ayudar al resto. La comida pasó entre conversas livianas y tontas. Afortunadamente para Josuke, no volvieron a mencionar nada relacionado con la muchacha, y pasaron el rato con los temas habituales entre ellos: críticas a profesores, dinámicas de videojuegos, o bromas estúpidas que solo les hacían gracia a ellos dos. No sólo agradeció volver a tener la atención completa de Okuyasu por un tiempo, sino que también se sintió orgulloso de poder distraerlo de sus preocupaciones y de poder hacer que se relajase y se divirtiera, como siempre que estaban juntos.

Al llegar el momento de pagar la cuenta, los dos chicos sacaron sus billeteras, para pagar la cuenta a medias. Sin embargo, a Okuyasu se le cayó la cara al ver el dinero del que disponía: poco menos de mil yenes. No le alcanzaba para pagar su mitad de la comida, ni mucho menos para comprarle nada a Nozomi. Se quedó congelado, y Josuke pareció darse cuenta.

“¿Todo bien?” Inquirió Josuke. Ante la falta de respuesta por parte de Okuyasu y la cara que tenía dibujada mientras miraba su cartera, no le hizo falta preguntar más. Sacó su tarjeta de débito y la puso encima de la mesa. “No te preocupes, hoy invito yo. Ahorra lo que tengas para esta tarde.”

Okuyasu llevaba mucho tiempo en una situación económica complicada. Los asuntos de los pagos los solía llevar su hermano, pero hacía más de medio año que no estaba, por lo que Okuyasu se había quedado completamente solo al lidiar con ellos. Había estado subsistiendo con los ahorros del ticket de lotería que habían obtenido meses atrás, pero se le estaban agotando, y cada vez tenía una peor calidad de vida. Además, al ser menor de edad, le estaba resultando muy difícil encontrar un lugar donde trabajar. Josuke, consciente de esto, le invitaba a su casa a comer y a cenar cuán a menudo podía, para ahorrarle gastos en comida. Su madre y él no tenían ningún problema en acogerle, y tampoco se ensañaba si era él quien tenía que pagar los helados del día o el viaje en tren hasta la Ciudad S. No le importaba pagarle una comida más.

Okuyasu sintió que la pena y la vergüenza le golpeaban el pecho como un mazo. No fue capaz de levantar la cabeza para mirarle a la cara mientras le daba las gracias. “Muchas gracias, Josuke. Me sabe muy mal que últimamente seas tú quien pague las cosas de los dos, pero…”

“Sé que no siempre puedes permitírtelo, y no pasa nada.” Le interrumpió Josuke. “Lo que sea por mi colega. Tú guarda lo que tengas para Nozomi.” Le costó trabajo que ese nombre saliese de su boca, pero logró disimularlo. Le dedicó una sonrisa sentida antes de levantarse para ir al mostrador a pagar la cuenta.

Okuyasu no pudo mustiar nada más antes de que Josuke se fuese. Su cuerpo se había paralizado con una repentina ola de agotamiento, frustración, nervios acumulados, aflicción, y más cosas que no podía distinguir.

 

Al volver a la mesa, Josuke quedó sorprendido por la pregunta repentina de Okuyasu: “Josuke, ¿crees que tengo alguna oportunidad con ella si estoy tan mal de dinero?”

Tuvo que procesar lo que acababa de oír antes de contestar. No sabía por dónde cogerlo; ¿qué pregunta era esa? Entendía su inseguridad, pero ¿realmente pensaba que la chica lo dejaría tirado sólo por no tener dinero? Era muy probable que esa inquietud viniera de las preocupaciones internas de Okuyasu por llegar a los estándares de la chica y nada más, pero en caso de que ella fuera capaz de tomar una decisión tan antipática, ¿de verdad le merecía la pena ir detrás de alguien con valores tan bajos?

“Okuyasu, ¿qué tonterías dices? Claro que tienes oportunidad. ¿Cómo vas a dejar de gustarle sólo por el dinero que tienes? Por lo que me has dicho parece que es una buena chica, y espero que lo sea, porque más le vale no fijarse en tu dinero; si lo hace, que sea para apoyarte.” La expresión preocupada y decaída de Okuyasu dejaba ver que sus palabras no le terminaban de convencer. Josuke se acercó y puso una mano en su hombro, antes de proseguir: “Esto está sólo en tu cabeza, Okuyasu, seguro que a ella estas cosas no le importan en absoluto. Y oye, si al final sí que resulta ser materialista, no te dejes subestimar; valórate y manda esa chica a la mierda, porque no merece la pena intentar sacar algo bueno de alguien que no te va a aceptar en tu plenitud. Lo bueno y lo malo.”
Hubo una pausa de incontables segundos después del sermón de Josuke. Antes de que este último pudiera preguntarle a su amigo si estaba bien, las características y escandalosas lágrimas de Okuyasu mojaron rápidamente sus mejillas y mancharon la chaqueta de su uniforme. El chico moreno hundió la cara en el hombro de su amigo a la vez que lo rodeaba con sus abultados brazos, atrapándolo en un firme abrazo. El otro chico pudo oír un “Muchas gracias, Josuke” amortiguado en la almohadilla de la chaqueta de su uniforme. Con una risa suave y negando con la cabeza, le devolvió el abrazo a su colega. “Venga, vayamos a mi casa y te ayudo a prepararte.”

 

Ambos muchachos llegaron a casa de Josuke con un margen de dos horas para la cita. Este último, una vez en su cuarto, escaneó su armario con cautela antes de elegir un atuendo, que le entregó a Okuyasu con seguridad. “Ten, dúchate bien y después ponte esto. La vas a dejar con la boca abierta. Ah, y no te acostumbres a que te preste mis productos, ¿eh? Usa lo que quieras, pero no los desperdicies. Sólo por esta vez.” Una sonrisa bromista se dibujó en su cara, pero Okuyasu sabía que esa advertencia iba en serio, y era consciente de lo mucho que sus productos de calidad le importaban a su amigo. Su rutina de cuidado personal era impecable, y era incapaz de acostarse por la noche sin realizar sus cuatro o cinco pasos imprescindibles. Había presenciado eso él mismo las veces que había dormido en su casa. Además, con todos los productos que había llegado a ver en los cajones de Josuke, apostaría que los días que tenía tiempo su rutina podría llegar a la docena de pasos.

Devolviéndole la sonrisa —aunque de manera algo más retraída—, Okuyasu le dio las gracias a Josuke antes de retirarse hacia el baño.

El chico de tez morena tuvo en mente lo que le había dicho Josuke, y miró bien los enunciados de los siete productos que había en el pequeño estante de la pared de su ducha. Era la primera vez que los usaba, porque Josuke siempre lo había obligado a traer su propio gel y champú de su casa, y cuando su situación económica había empezado a flaquear, había usado los de su madre. Pero nunca los suyos. Se fijó deliberadamente en la función establecida en las etiquetas de las botellas antes de usar una modesta y limitada cantidad, casi como si su intención fuese que su amigo no se diera cuenta de que los había usado. Desde luego, había mucha más variedad de lo que él usaba: exfoliante, manteca corporal, acondicionador de cabello…

Al terminar su ducha, apreció lo sedoso que había quedado su cabello y lo suave que se sentía su piel, además de desprender un ligero aroma a fresa. En otro contexto se hubiese sentido muy presumido y pijo al usar tal cantidad de productos, pero en ese momento se sentía como nuevo y mucho más fresco. Nunca hubiese imaginado que Josuke amaba el aroma de los frutos rojos, ni mucho menos que él disfrutaría oler de este modo.

Valoró de pronto lo íntimo que esto se sentía, en especial con alguien tan privado con sus pertenencias como lo era Josuke. Sonrió para sus adentros mientras comenzaba a vestirse con el atuendo pulcramente doblado sobre el mármol del lavabo (que también era de Josuke; de repente estaba deseando ver cómo le quedaría la ropa de su amigo, el que siempre estaba rodeado de chicas y a quien nunca le faltaban chocolates en San Valentín. ¿Su atractivo sería cosa de su ropa? Quería comprobarlo).

 

Aproximadamente unos veinte minutos después, Okuyasu retornó a la habitación de Josuke, con un aspecto impoluto. El chico del tupé dejó a un lado la revista que había cogido para esperar. Ojeando a su amigo, se le formó una sonrisa pícara y satisfecha, pero osciló un poco al observar la expresión de su amigo. Parecía estar incómodo.

“¡Te ves genial, Okuyasu! ¿Qué opinas?”

El aludido cruzó sus brazos sobre su torso, mirando hacia su cuerpo antes de acercarse al espejo de cuerpo entero al costado de la puerta. “No sé, Josuke, no lo veo muy… yo. No es mi estilo.” El chico se había probado la ropa con ganas, pero parecía que el resultado no le había convencido. Ahora estaba seguro de que el atractivo de su colega era cosa suya y solo suya, porque la ropa no le favorecía para nada; un polo de manga corta color cielo, junto a unos vaqueros de corte recto y de color negro.

Josuke suspiró y rodó los ojos, pero asintió con la cabeza tras un par de segundos y se levantó de su cama, donde había estado aguardando. “Como tú digas” arrastrándose, se volvió a dirigir a su armario. “Veamos más opciones.”

 

Durante la próxima hora, la situación con los dos amigos fue algo caótica; parecía una escena sacada de una película romántica cliché para adolescentes, pero a la inversa. En lugar de ser dos amigas tratando de encontrar el vestido perfecto para su cita, eran dos amigos con objetivos distintos. El del primero, encontrar el conjunto perfecto para impresionar a su cita; el del segundo, subirle el autoestima a su amigo encontrando la combinación perfecta, tratar de no desquiciarse por su preciada ropa de marca arrugada en el suelo, e ignorar los persistentes pensamientos ‘intrusivos’ sobre la atractiva y masculina figura que tenía enfrente.

Josuke, al cabo de un rato, perdió la cuenta de cuántos modelos distintos había ofrecido a Okuyasu. Todos habían recibido una pega. “Demasiado atrevido”, “Demasiado fresco”, “Demasiado casual”... Okuyasu había tenido mucho cuidado al criticar cada conjunto, tratando de encontrar inconvenientes que no tuviesen que ver con la ropa en sí. Había cambiado palabras como “hortera” por “poco presentable”, por ejemplo. No se atrevía a insultar el estilo de su amigo. De todos modos, el problema no era que le disgustara la ropa, sino que nada le parecía adecuado. En su cuerpo nada parecía encajar, y estaba convencido de que muchos conjuntos hubieran sido muy buenas opciones si fuera Josuke quien los llevara.

La hora de la cita se acercaba cada vez más, y el indeciso chico cada vez se desesperaba más y más. Media hora antes de las cinco, Josuke por fin se levantó y se impuso ante Okuyasu. “Okuyasu, no podemos seguir así. Mi cuarto está hecho una mierda” Lamentó, señalando con su brazo a su alrededor: todo tipo de prendas estaban desperdigadas por el suelo de la habitación, ya fueran camisas, polos, pantalones, suéteres, chaquetas o incluso zapatos. “y nada de lo que te has probado te parece bien. Déjame que elija yo el conjunto, y confía en mí cuando te diga que te queda bien. ¿De acuerdo?”

“Josuke, esto es muy importante para mí, y quiero estar presentable para-”

“Deja que yo te convierta en un hombre presentable, pues. Confía, ¿vale?”

A regañadientes, Okuyasu accedió después de una pausa. Se sentó en la cama mientras dejaba que Josuke escogiera un conjunto, de nuevo. Buscó tanto entre lo que quedaba ordenado en su armario como en el suelo. Se tomó su tiempo, pero en unos minutos ya lo tenía. Dobló la ropa y se la entregó a su amigo, con un “Toma”. Sus dedos se rozaron por menos de un segundo durante esta acción, pero el corazón de Josuke no rezagó ni un momento el vuelco que dio.

Okuyasu trató de desdoblar y separar cada prenda que ahora sostenía, pero Josuke se adelantó. Chistó y demandó: “Eh, no la mires todavía. Vístete y luego decides qué tal.”

Con paso inseguro, Okuyasu se dirigió al baño por enésima vez. No mucho después, volvió vestido; llevaba una chaqueta marrón con parches de graffiti y estilo streetwear, una camisa blanca con un diseño sencillo de color negro en el centro del pecho, unos vaqueros anchos corrientes junto a un cinturón de cuero marrón, y unos tenis gruesos estilo puffy, con cordones anchos y la lengüeta acolchada, de color rojo vivo.

Josuke tuvo que pasarse rápidamente una mano por la cara para tratar de asimilar lo que estaba viendo y no ponerse rojo. Por fin había dado con el conjunto perfecto. Llevaba cerca de una hora viendo a Okuyasu probarse prácticamente todo lo que tenía en su armario, y aunque pensaba que todo le quedaba bien, era evidente que la ropa no era suya y no encajaba con su vibra. Sin embargo, el conjunto que llevaba en ese momento le quedaba como anillo al dedo. Además de ser un estilo que favorecía su perfil, el hecho de que tenía una complexión muy similar a la suya era una ventaja importante. Echó una mirada bastante poco disimulada y algo descarada a toda la figura del chico moreno, de arriba a abajo. Rezando para que la sangre no le subiera a la cabeza (o a la segunda cabeza), sonrió ufano.

“Bueno, bueno… No me digas que no tenemos un ganador.”

El moreno miró su figura en el espejo por delante y por detrás, y esbozó una media sonrisa. “Este no está mal. No está nada mal…”

Josuke se posicionó a su lado, todavía sonriendo, y rodeó sus hombros con su brazo derecho. “Vamos, deja de fingir que no es perfecto. Te encanta, y lo sabes.”

Ambos se detuvieron durante unos instantes, mirando el empírico reflejo que el espejo les devolvía. Dos amigos cercanos que estaban a gusto con la compañía del otro. Cualquiera que los hubiera visto así hubiese sido capaz de decir que se confiaban plenamente, mutuamente. La sonrisa de Josuke se suavizó un poco, volviéndose más dulce. Okuyasu adoptó una expresión similar. La única diferencia estaba en la manera en la que Josuke miraba a su amigo, y ni él mismo lo había registrado: en sus ojos se leía claramente la ternura y el afecto profundo que sentía por Okuyasu. Quizás a niveles que mofaban la línea entre la amistad y algo más.

Rompiendo el íntimo momento, Okuyasu levantó su muñeca derecha para checar el reloj, y en seguida se sobresaltó. “¡¿Las cinco menos cuarto?! ¡Mierda!”

Josuke se separó de él, y rápidamente lo ayudó a asegurarse de que estaba listo: perfume rociado en toda su ropa, su cuello y sus muñecas; ropa bien arreglada y sin dobleces; cabello impecable, hasta el último pelo estaba fijado; y llevaba sus pertenencias encima, las llaves de casa y la cartera. Lo acompañó hasta la puerta de su casa, y salió con él hasta el porche.

“Muchas gracias por todo otra vez, Josuke, no sé qué habría hecho sin tu ayuda.” Los nervios habían vuelto a Okuyasu, y era evidente. Golpeaba el suelo con un pie rítmicamente y jugaba con el borde de su camisa. Eran hábitos inconscientes que Josuke había reconocido como patrón en estas situaciones.

“No me las des. Lo que sea por mi mejor amigo.” Sonrió Josuke, pero tuvo que forzar esa mueca. Sabía a dónde se dirigía ahora y qué finalidad tenía, y seguía sintiéndose incierto sobre por qué le disturbaba tanto.

Okuyasu le aseguró que lo llamaría esa noche para contarle todo. Realizaron su choque de manos habitual, típico saludo de adolescentes, pero original en cierta manera. Josuke, fuera de la rutina, le dio una palmada en la parte trasera del hombro a su amigo.

“Venga, tío, tú puedes con esto. ¡A triunfar!”

Se despidieron, y el chico del tupé volvió a entrar en su casa. De normal, se habría alegrado por su amigo; al fin y al cabo, éste llevaba mucho tiempo en busca de una chica que correspondiera sus sentimientos. Sin embargo, ¿qué demonios era ese peso que llevaba sintiendo todo el día en el pecho, entonces? No lo entendía. ¿Por qué sus sonrisas habían tenido que ser forzadas? ¿Por qué las bromas que hizo para chinchar a Okuyasu con el tema no le habían salido de forma natural? Y ¿por qué su cara había flaqueado tan rápido justo después de separarse de él?

Casi parecía que le molestaba que Okuyasu hubiera conseguido una cita. ¿Por qué? Sabía que Okuyasu tenía el derecho a conocer a gente nueva y tener otras relaciones interpersonales aparte de su amistad, pero aún así no le gustaba la idea. ¿Era porque no quería que Okuyasu pasara tiempo con una chica? ¿Porque no quería que pasara tiempo con otra persona? ¿O porque la persona con la que pasaba tiempo, de todas las que podrían ser, era una chica?

Conocía muy bien a Okuyasu, como la palma de su mano. Tenía memorizada su rutina y sabía todos sus hábitos y preferencias: cómo le gustaba tomar el café, su sabor favorito de helado, su santiguación cada que veía una hora espejo en el reloj (eso se lo inculcó Keicho, y aunque el chico no era religioso, lo seguía haciendo en su memoria; era su manera de llevar el duelo), su voz ronca mañanera…

Y, de ese modo, también conocía todas sus facetas. Reconocía las cosas malas que tenía, pero Josuke sólo pensaba en las partes buenas. Era una persona divertida, carismática, resiliente, confiable y honesta. Pero sobre todo, lo que más admiraba de él era su bondad y benevolencia. Okuyasu no era la persona más inteligente que conocía pero, desde su ignorancia, siempre actuaba intentando ayudar a las personas como podía. Aunque era un poco bruto y directo, sus acciones nunca iban malintencionadas y hacía lo posible para reparar las consecuencias accidentales de sus actos. Josuke no sabía de dónde venía esa generosidad, pues Okuyasu le había contado mucho sobre su padre y su hermano durante sus momentos más íntimos, y no eran figuras ejemplares en lo más mínimo. Había conseguido formar su propia posición moral y había mejorado muchísimo como persona, a pesar de los incontables momentos difíciles que había sufrido. Eso era lo que más sobrecogía a Josuke, y por eso pensaba que ninguna chica podría estar a su altura.

Por no mencionar su inmenso atractivo, inigualable y fuera del alcance de cualquier chica de su instituto. Okuyasu era un tío tosco e intimidante, masculino, fuerte, disciplinado, guapo, y estaba buenísimo. Las características cicatrices en su cara le atribuían mucha personalidad, sus hoyuelos hacían que su sonrisa deslumbrara mucho más, y sus facciones angulares dejaban en una posición humillante a las modelos de maquillaje. Sus vigorosos hombros y brazos impresionaban al gym bro promedio. Josuke había deseado más de una vez que esos atléticos brazos y ese prominente pecho lo atraparan, y se preguntaba cómo de seguro se sentiría en su abrazo. Su marcado abdomen resaltaba seis abdominales, y debajo de estos comenzaban a asomar otros dos. De su ombligo descendía un fino hilo de vello, y se preguntaba qué habría más allá de la forma de V que marcaban los músculos de su cadera…

Volvió a la realidad, y sintió que su cara estaba roja cual tomate, el color llegándole hasta el cuello y las orejas. ¿En qué momento había empezado a pensar todo eso? Y, más importante, ¿por qué estaba pensando así de su amigo? Era obvio que lo encontraba atractivo, no solo porque fuera su amigo, pero ¿no era un poco raro que pensara esas cosas, de esa forma?

Raro no era la palabra que buscaba… ¿Peculiar? No… Empezaba por g…

Se pegó dos cachetadas en ambas mejillas, y pronto comenzó a buscar algo que hacer para pasar el tiempo esa tarde, y esperar a la llamada de Okuyasu.

Notes:

no me gusta dejar las cosas sin terminar, pero si subo ya el capítulo me obligo a terminar la historia :*
muchísimas gracias a mis colegas Izan, Lucas y Tristán por leer la beta, darme feedback y apoyarme en el proceso de escritura, os juro q trabajo lo más rápido q puedo :,,,z
intentaré no tardar demasiado en subir el resto!! y uf perdón si se sale demasiado de personaje