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Yoongi siente el retumbar de la música en los oídos. Las luces del lugar lo marean un poco, pero aun distingue los cuerpos sudados y excitados de la pista de baile. Está en la barra del antro, tiene un vaso con whisky en la mano y entre el mar de gente nota unos ojos brillantes que lo miran fijamente.
Está entonado y puede responder la mirada sin sentir vergüenza.
Se trata de un hombre alto de piel blanca y cabello negro que se acerca hasta pararse frente a él. Yoongi lo reconoce de inmediato: Jungkook, su ex alumno.
Yoongi siente un escalofrío recorrerle el cuerpo porque ese único semestre que dio clases fue más miserable que nunca y porque su alumno cada vez está más cerca.
—Profesor, nunca esperé encontrármelo en un lugar como éste. —Se acerca demasiado para hablarle en el oído, le quita la bebida de la mano para inspeccionarla.
—Jungkook — Yoongi responde y el aludido sonríe y se inclina un poco más para responder. —No se ha olvidado de mí.
Yoongi niega con la cabeza. Jungkook le da un sorbo al trago de Yoongi y le regresa el vaso, procurando rozar su mano. No está pasando nada, pero el mayor se siente eufórico —El peor alumno que tuve. —dice y el menor niega con la cabeza mientras sonríe.
—Sabe que no. Déjeme invitarle otro trago para compensarlo. —Jungkook busca la atención del barman para pedir dos whiskys.
Hace años que nadie le habla de usted y mucho menos alguien tan atractivo. Jungkook ya era muy guapo cuando le daba clases en su primer semestre de la universidad, tenía una mirada inocente y una sonrisa que tenía enloquecidas a sus compañeras. Estaba más delgado y era tímido. Yoongi no podía negar que era un gusto verlo en clase, a pesar de que no tenía ningún interés en la materia.
—No ha cambiado nada profesor. —Yoongi aprovecha para mirarlo de arriba abajo —Tú sí que estás diferente. —Dice sin un dejo de vergüenza.
—¿Le gusta lo que ve? —Jungkook va completamente de negro, hace un ademan de girarse y Yoongi puede notar mejor sus músculos, abdomen plano, una cintura breve, piernas fuertes en las que le gustaría sentarse y un trasero fenomenal.
El barman les acerca las bebidas. Yoongi toma su vaso y da un trago largo sin quitar la mirada de Jungkook. —Más de lo que debería— responde y no puede creer que está tan cachondo por un exalumno. Jungkook se ríe y le dice al oído: —Vamos a bailar.
Yoongi preferiría ir directamente al cuarto oscuro, sentir el cuerpo de Jungkook contra el suyo y poder tocarlo bajo la ropa, sin interrupciones, sin embargo, disfruta la tensión que hay entre ellos, sabe que entre más tiempo se esperen en ponerse las manos encima, lo disfrutarán más.
Con las bebidas olvidadas sobre la barra, Jungkook lo lleva de la mano a la pista. Yoongi no es buen bailarín, pero se deja llevar por el ritmo de la música y el vaivén de las caderas de Jungkook.
No ha pasado ni una canción y siente su creciente erección contra la ropa, quiere tocarse para aumentar la tensión, pero qué ganas de que Jungkook ponga su mano tatuada sobre su entrepierna.
Las luces del lugar iluminan el rostro del menor, sus ojos brillan y Yoongi se está volviendo loco, necesita tocarlo, besarlo y sentirlo en todos lados, pero no quiere verse desesperado, al final de cuentas fue su alumno.
Sin embargo, Jungkook está igual de ansioso y aprovecha el ritmo de la música para tomar a Yoongi de la mano y girarlo para dejar su espalda contra su pecho.
Yoongi se muerde el labio para frenar un gemido y sin vergüenza alguna se restriega contra su alumno.
—Profesor —Jungkook le gime contra el oído y deja un par de besos sobre su cuello, —Por favor —suplica y empuja su cadera contra el trasero del mayor. Yoongi quiere restregarse un poco más, sentir la erección de Jungkook al ritmo del horny pop.
Yoongi siente unas manos en la cintura tomarlo con más fuerza, se gira un poco, buscando la mirada del menor, quien tiene los ojos brillosos y las mejillas sonrojadas de excitación.
Hay un entendimiento mutuo entre ambos. Yoongi se recuerda en el salón de clases con la mirada del menor clavada, transmitiéndole un deseo intenso que en ese momento no podía corresponder a pesar de que ambos eran mayores de edad.
Yoongi se separa por completo y toma a Jungkook de la mano. Caminan entre cuerpos sudados que se mueven al ritmo de la música. El cuarto oscuro se encuentra al fondo del antro, no hay tantas personas dentro y cuando llegan nadie parece notar su presencia. Las paredes amortiguan el ruido de afuera y solo escuchan piel contra piel.
Yoongi está nervioso, no es la primera vez que está en un lugar como ese, en la universidad pasaba todos los fines de semana hincado comiéndole el pene a su ligue del momento, pero con esta compañía el cuarto se siente nuevo y diferente.
Jungkook se encarga de todo, lo acomoda de espalda a la pared y sin decir nada, se acerca y deja un beso en su barbilla. —Profesor, no tiene idea de las veces que lo imagine así. —Jungkook le deja un camino de besos desde la mejilla hasta el cuello, con las manos le recorre la cintura y Yoongi se aferra a su cuello, quiere besarlo. Cómo es posible que hasta ese momento no se hayan besado, piensa el mayor.
Jungkook le cumple su deseo al capturar sus labios y lo besa con intensidad, Yoongi le responde con la misma fuerza, acariciando su nuca y sintiendo su cabello, jalándolo para que profundizara el beso.
Yoongi se siente perdido, está más caliente que nunca. Empuja su pelvis contra Jungkook para que sienta su dura erección y sepa que está dispuesto a todo.
Jungkook por su parte, está igual, ambos experimentan sensaciones indescriptibles por el tiempo en el que reprimieron el deseo por el otro. El menor lleva sus manos hacia el trasero de Yoongi, apretándolo con fuerza recibiendo un gemido a cambio.
—Jungkook —dice en un susurro sensual, no sabe qué estaba pidiendo, pero necesita sentirlo en todos lados. —Jungkook —gime. —Necesito.
El menor no le da permiso de decir nada más, con brusquedad lo gira, empujando su rostro contra la pared. De lo intenso del movimiento, Yoongi se arquea, levantando su trasero en una muda invitación.
Jungkook no pierde el tiempo y con gran habilidad le desabrocha el pantalón a su profesor y se lo baja hasta los tobillos de un tirón. No le importa que hay personas cerca de él, necesita tener a Yoongi a su merced.
El trasero pálido y redondo del mayor recibe una cachetada. Jungkook se pega a él, restregándole la mezclilla contra la piel desnuda. —Está delicioso, profe. No sabe las ganas que le tuve siempre. —Le susurra contra la nuca. —Desde el primer día cuando nos dio la espalda para escribir en el pizarrón quise pegarlo contra la pared y comerle el culo frente a todos. Yo sabía que no me iba a rechazar.
Jungkook le levanta la playera y le deja besos contra la espalda hasta llegar al surco de su trasero, el cual recorre con la lengua y con ello, se gana un delicioso gemido del mayor que ya no puede más del deseo. —Más.
—Profesor, quién diría que con una simple lamida lo tendría rogando. —Yoongi se empuja contra Jungkook, pidiéndole con su cuerpo que haga algo.
—Cállate, si no quieres que te castigue. Ponte a trabajar. —Dice contra la pared. Jungkook se apiada de él y le separa las nalgas, vuelve a recorrer con la lengua el surco entre ellas, deteniéndose en su entrada punzante.
Yoongi no hace nada por amortiguar los gemidos y el menor lo toma como aliciente para follárselo con la lengua. Poco a poco siente la entrada relajarse y al principio fue sólo la punta de la lengua y después acompaña el movimiento con un dedo.
Yoongi se siente derretirse. Necesita tocar su erección. Necesita tenerlo dentro, pero sabe que con saliva no será suficiente.
—No me la vas a meter sin lubricante. —Jungkook se ríe sin abandonar el vaivén de su dedo dentro de Yoongi.
—¿Seguro? Está bien mojado. —Jungkook intenta introducir un segundo dedo lleno de saliva y lo logra, Yoongi tiene los ojos cerrados y la boca entreabierta, pero aun así tiene la fuerza de negar con la cabeza. —Se siente bien rico, déjeme meter nada más la puntita.
No hay manera de que Yoongi no quiera sentirlo dentro. Sin más fuerza ni sentido común asiente, quiere que esa deliciosa tortura termine para moverse a un lugar más tranquilo.
Jungkook actúa como el adolescente que fue y de un tirón le saca los dedos, con destreza se desabrocha el pantalón dejando fuera su erección. Yoongi cae en cuenta de que sólo ha sentido ese pene a través de la ropa. Se separa de la pared para mirar y se siente salivar, es el pene más hermoso y grande que ha visto, antes de que pueda decir algo Jungkook le toma las manos y le indica que se separe las nalgas. Yoongi está tan expuesto y no le importa, siente nuevamente la lengua del menor que lo llena de saliva y poco después la cabeza del miembro de Jungkook restregarse contra él y se empuja para aumentar la fricción.
Yoongi se empuja logrando que el pene entre un poco más y más. Jungkook lo toma de las caderas con ambas manos para evitar el movimiento. —Tranquilo, le dice y poco a poco saca la cabeza de su miembro y vuelve a introducirla. Así dura un momento, pero él tampoco cree aguantar mucho. Con una embestida potente entra todo.
El menor toma un segundo para asegurar que el mayor está bien, pese al momento tan intenso, le besa el hombro para contrarrestar la incomodidad. Yoongi busca su mirada y sus labios. Jungkook lo besa delicadamente y sabe que puede moverse.
Empieza a follárselo suave, dándole oportunidad de acostumbrarse a su verga. —Profesor, siempre fue el mejor, mire que bien me está tomando. —Yoongi le da un manazo como puede y lo insta a que vaya más rápido.
—Por favor— suplica Yoongi y Jungkook lo embiste con vigor.
Perdido en el placer, Yoongi lleva su mano hasta su erección y con ahínco comienza a masturbarse, sin embargo, no aguanta mucho y se corre contra la pared.
Jungkook siente el trasero de Yoongi contraerse y con estocadas certeras logra terminar poco después que él. Mas no se sale, poco a poco mueve sus caderas en círculos, aumentando el placer del mayor y buscando recuperar su erección.
Yoongi está sobre estimulado y no tiene voluntad para rechazar al menor, se deja hacer y en pocos minutos siente un segundo orgasmo recorrerle todo el cuerpo.
Jungkook sale de su cuerpo, Yoongi siente el semen del menor bajar entre sus piernas y si no hubiera tenido dos orgasmos seguidos ya tendría una nueva erección.
—Profesor, déjeme llevarlo a su casa. —Yoongi ya está de frente al menor, quien lo mira con sus ojos inocentes y el fleco pegado a la frente por el sudor. Antes de responderle lo besa con intensidad, no tiene ganas de alejarse de él, nunca lo va a dejar ir.
—Vámonos. — Como pueden se acomodan la ropa.
En realidad, Yoongi se niega a irse juntos cuando descubre que Jungkook viaja en una motocicleta (en ese momento cobran sentido las prendas de cuero que lleva) y le da su dirección para que lo alcance).
Jungkook llega pocos minutos después que él y lo primero que hace es besarlo. Ya sin la excitación y las ganas guardadas por años, se sienten diferente. El menor le explica que no terminó la carrera, pero consiguió un buen trabajo de camarógrafo y le va bien.
—Siempre pensaba en usted. —Dice de repente. Ambos están en la cama de Yoongi, sentados uno frente al otro, tomando un té porque ya es tarde y Yoongi se quedó sin cerveza. —Nunca me pude despedir ni pedirle disculpas por mi actitud, me da gusto que nos hayamos reencontrado.
—Ya no me hables de usted. Acabas de estar dentro de mí, puedes tutearme. —Jungkook lo ignora. —Siempre quise metértela, eras un sueño la verdad. Un sueño que acabo de cumplir. —Yoongi le avienta una almohada, fingiendo enfado.
—Con esos comentarios, jamás me la vas a volver a meter.
—¿Estás seguro? Yo creo que una hora más y voy a tenerle de rodillas suplicando para que te deje chupármela.
—Imbécil, por eso te reprobé.
En realidad, Jungkook tenía razón, Yoongi se dejaría follar por él en cualquier momento, para su suerte, ambos querían lo mismo para esa noche y para siempre.
