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Eran casi las una de la mañana y la exclusiva fiesta del evento de alta costura al que habían asistido en Italia estaba en su punto más alto. La música retumbaba suave pero firme, envolviendo un ambiente saturado de luces tenues, champaña cara y el olor a perfumes de diseñador mezclado con tabaco fino.
Desde el momento en que Haaland había entrado al salón luciendo ese impecable traje a medida que resaltaba su imponente porte, Michele Morrone no había podido quitarle los ojos de encima. Para el actor italiano, el noruego no era solo un futbolista famoso, era una fascinación completa, una mezcla hipnótica de fuerza, elegancia y una calidez.
Hubo un flechazo instantáneo por parte de Michele, una atracción a primera vista que lo llevó a buscar la conversación con Haaland casi de inmediato.
Entre copas y risas discretas, Michele se mantenía demasiado cerca, buscando excusas para rozar sutilmente la espalda del rubio o susurrarle comentarios al oído con esa voz grave suya, cautivado por la timidez encantadora con la que el noruego respondía. Haaland, amable por naturaleza pero completamente ajeno al juego de seducción que se estaba desarrollando a su alrededor, simplemente disfrutaba de la velada.
Sin embargo, a unos metros de distancia, Jude lo observaba todo.
El inglés apretaba el vaso de cristal en su mano con tanta fuerza que los nudillos se le ponían blancos.
Cada caricia disimulada de Morrone sobre la ropa delgada de Haaland, cada mirada cargada de intención que el italiano le lanzaba a su novio, encendía una hoguera de celos puros en el pecho de Jude. Erling le pertenecía a él. Eran una pareja reservada, sí, pero ver a otro hombre asumir que podía pretender a su chico estaba pulverizando el control de Bellingham. Le estaba revolviendo el estómago.
Pero lo que le colmó todo fue cuando la fiesta subió de tono. Haaland terminó sin camisa en medio del salón, mostrando ese torso majestuoso y musculoso, rodeado de un grupo de hombres que cantaban y reían a su alrededor, con Michele pegado a su lado, cantando con él y buscando cualquier excusa para tocar su piel.
Ver a su novio desatado, tan exuberante y siendo el centro de atención de todos esos pretendientes, pulverizó el control de Jude. Caminó a zancadas firmes, atrapó al rubio de la cintura frente a la mirada atónita de Morrone y lo arrastró directamente hacia él.
── Nos vamos a la pista, honey ── murmuró Jude cerca del oído de Haaland, con un tono cargado de advertencia que no admitía réplica.
Jude sentía que iba a desfallecer de la rabia y la excitación, su lindo novio aunque inocente de la coquetería de Michele, lo estaba tentando de una manera brutal al dejar que esos celos consumieran al inglés. Jude quería poner fin a esa tortura y follarlo ahí mismo, a la vista de quien fuera, para que todos vieran lo mucho que Jude lo complacía y cómo se lo cogía con dureza mientras le demostraba a quién le pertenecía.
Con un agarre rudo y demandante, Jude atrapó las caderas de Erling, apegándose aún más al imponente pero flexible cuerpo del rubio.
── Necesito cogerte ahora mismo, Erling... ── susurró con su voz ronca contra el oído del rubio. Este ladeó su cabeza y le dio espacio a su novio a que hiciere un desastre de besos, mordidas y chupetones por todo su cuello.
Haaland podía sentir su sexo palpitar y lubricar por lo excitado que se encontraba en ese momento; quería a su novio dentro de él penetrándolo contra cualquier superficie, solo necesitaba ser follado y sus sentidos, su cordura se habían desvanecido, estaban hechas polvo en ese preciso momento. Nunca habían hecho algo así, ser tan descarados en presencia de otros y sucumbir ante sus deseos, ni siquiera tantas muestras de afecto porque los apenaba; les gustaba su privacidad y tener el lujo de ser reservados a pesar de sus carreras como futbolistas, ambos con una popularidad tremenda desde hacía varios años pero mayormente siendo reciente.
Agradecían enormemente que la organización del evento se hubiera encargado de realizar su fiesta en una zona VIP bastante alejada y sobre todo privada.
Entonces Jude ya no pudo soportarlo más, tomó a su bello novio de la mano y los hizo subir al segundo piso, buscaron la habitación más alejada de la mansión para no tener interrupciones ni mirones por ahí. Entraron a la habitación sin encender las luces, Jude no pudo esperar más, la necesidad lo cegaba, así que tomó de la cintura a su novio y lo besó apasionadamente, desabrochó el zipper del pantalón blanco que llevaba apresando dulce y maravillosamente sus torneadas piernas junto con su redondo trasero.
Amaba el cuerpo del mayor, cada parte de él era la perfección en toda la palabra, a pesar de que muchas veces su novio se avergonzara de tener un cuerpo tan... especial.
Porque eso era, era especial y perfecto.
Y lo volvía loco, se le inflaba el pecho como si fuese un macho con su pareja cada que veía cómo todos esos perdedores -especialmente tipos como Morrone- intentaban conquistar el corazón de esa hermosura que tenía de novio y ninguno de ellos lograba nada. Porque su chico lo amaba y él lo amaba también.
Se arrodilló delante de su pelvis aún cubierta, bajó el pantalón con los boxers crema que tenía. Dejó una regadera de besos por los suaves muslos de piel clara, chupetones y algunas mordidas que hicieron al rubio jadear gustoso. Sacó completamente los pantalones, desnudándolo de la cintura para abajo, hizo que se sentara en la cama que tenían en la habitación y abrió sus piernas observando como de su pequeño y delicioso coño escurría lubricante natural, estaba tan excitado.
── Jude cómeme, vamos, chupa mi apretado coño ── gimió Haaland acostado sobre las almohadas mientras acariciaba su clítoris mojándose terriblemente sus dedos con sus jugos vaginales, con su otra mano apretaba ligeramente sus pezones haciendo que su vista se nublara del placer, impidiéndole observar a su novio apretar los dientes y quitándose los pantalones, saltando al instante su grueso y largo miembro.
── ¿Eso quieres, Erling? ── dijo bajando su boca hasta la entrepierna del mayor ── ¿uhm? Quieres que chupe hasta la última gota de tus jugos.
── Sí... ¡Aah~! Sí, Jude, quiero sentir tu lengua follarme ── apretó las sábanas con fuerza al sentir la lengua de su novio jugueteando con su hinchado, rojizo y necesitado clítoris.
Lamió varias veces degustando el sabor de su novio, amaba hacerle orales al noruego, le encantaba como sus largas piernas intentaban cerrarse a los costados de su cabeza y como justo ahora de su boca salían jadeos y algunos agudos gemidos placenteros.
Pero lo que más le fascinaba, era cuando su novio llegaba al clímax gritando del éxtasis mientras mojaba parte de su cara de sus fluidos. Era delicioso.
── Joder Jude, ¡sí! ¡sí! ── gimió Haaland perdido en la lujuria, sentía que iba a correrse en cualquier momento con los dientes de Jude mordiendo delicadamente su clítoris.
Su lengua corría de lado a lado y de arriba a abajo hasta llegar al agujero rosáceo y húmedo donde metió su larga lengua haciendo al mayor pegar un grito agudo. Las piernas de Haaland no podían quedarse quietas, encerrando entre ellas la cabeza del menor. Sujetó el cabello oscuro de su pareja y lo atrajo más hacia su pequeño coño, si por él fuera lo mantendría entre sus piernas todo el tiempo para que nunca parara de lamerlo tan deliciosamente.
Con dos de sus dedos acarició lentamente el clítoris sintiendo más lubricante salir hacia su boca, no dejó de mover sus dedos rápidamente al igual que su lengua oyendo de fondo los dulces gemidos bajitos de su novio. Metió los dedos en el apretado agujero, hubo más de un intento hasta por fin entraron junto a su lengua.
── O-Oh amor, m-me v-voy a correr ── dijo Haaland en un hilito de voz, jadeaba y jadeaba sin cesar sujetándose fuertemente de las sábanas sin poder soportar como su hombre se lo comía entero haciéndolo temblar por tanta excitación ── J-Jude, por f-favor...
El moreno no respondió, solo siguió chupándolo y penetrándolo con sus dedos hasta que en un gritito algo agudo de su novio terminó derramándose sobre su boca inundándola de su esencia. Vio como su novio aún estaba en su pequeña nube de placer inconsciente, respiraba agitadamente, pero tenía una sonrisa de satisfacción que lo hizo sonreír también, se acercó a darle besitos por todo su rostro sudoroso y con restos de lágrimas.
── Aún no terminamos, my love ── dijo bajando a besar su cuello, sus clavículas y sus dulces pezones. Alineó su miembro en la húmeda entrada del rubio, sin parar de chupar uno de los botoncitos, de una estocada entró tocando al instante su punto.
── ¡Aaah~! ¡Jude! ── jaló de sus cabellos rubios sin importarle el pequeño quejido que salió de su novio, le había dolido un poco y eso terriblemente lo excitó. Amaba cuando Jude se lo hacía duro, porque usualmente siempre se tomaba su tiempo de prepararlo para entrar en él y era muy dulce, no era que no le gustase, pero probar cosas nuevas de vez en cuando era bueno y a ambos les encantaba experimentar.
Entonces Jude agarró sus caderas y arremetió contra su punto de quiebre repetidas veces, no dejaba de embestirlo duramente como tanto le gustaba y escuchar los dulces grititos de su chico.
── M-Mghh~ se siente tan rico... ── dijo entre gemidos Haaland. Cambiaron de posición y el rubio terminó en cuatro con Jude follándolo por detrás.
Bellingham gimió ronco rodando sus ojos hacia atrás, el pequeño coño del más alto estaba tan mojado que escurría hasta los muslos, ambos estaban verdaderamente excitados y no les importaba que hubiera una fiesta abajo, ellos solo querían disfrutar de sus cuerpos.
── Erling, ¡m-maldición! Estás demasiado húmedo ── exclamó dando palmadas al trasero enorme que rebotaba sobre su pelvis ── ¿ya vas a volver a correrte, honey? Recién estamos empezando, vamos por un poco más.
Lo levantó sin salir de él y lo empotró contra la pared más cercana, subió una de sus piernas hasta su hombro agarrándolo fuertemente para que no se cayera y siguió con las brutales estocadas haciendo gritar a Erling nublado de pasión.
Al estar así de abierto, siendo penetrado y con la mano de su dulce novio acariciando su bolita de nervios no pudo soportar más su placer y entre gemidos, jadeos y mucho sudor se vino con lágrimas escapando de sus ojos. Su corrida fue tan fuerte que hasta salpicó al piso dejando un pequeño charco de sus jugos, sin embargo aún así Jude no dejó de embestirlo mientras subía su intenso orgasmo.
── Oh cielos, creo que m-me correré de nuevo si sigues así ── exclamó jadeando con fuerza pues el moreno no tenía piedad de él para seguir follándolo como él quería. Jude esperaba hasta conseguir el clímax que había estado aplazando para ver el disfrute de su pareja tomando todo lo que le daba. Fue así que con unas cuantas embestidas más Jude llenó de su carga a su novio.
── J-Judee, creo que volveré a c-correrme ── sin soportar más de los empujes de Jude volvió a derramarse, ahora llegando a ensuciar la pared de su corrida.
Bellingham tomó en brazos a su novio para acostarlo en la cama, fue al baño a conseguir unas cuantas toallitas húmedas y limpió lo sucio que su chico se encontraba.
Limpió todo lo que habían ensuciado con sus corridas aún si le temblaban las piernas por la fuerza e intensidad que había ejercido durante su momento calenturiento.
Vistió a ambos con calma y tomando de la mano a un Erling completamente exhausto y satisfecho, salieron del lugar hacia su auto privado. Al pasar por el salón principal, Jude cruzó una última mirada con Michele Morrone; una mirada fría, firme y victoriosa que dejó en claro, sin decir una sola palabra, a quién le pertenecía el corazón y el cuerpo del noruego.
Se dieron un beso al entrar al auto, ambos solo querían llegar a su hotel a dormir hasta la tarde del día siguiente.
Con sonrisas en sus rostros volvieron a besarse para luego dormirse abrazados, se amaban sin importar nada, amaban cada parte del otro y apreciaban el tenerse el uno al otro como si fueran lo más valioso.
