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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-07-26
Updated:
2026-07-31
Words:
12,851
Chapters:
5/?
Comments:
3
Kudos:
19
Bookmarks:
3
Hits:
301

Mi trofeo es un vikingo

Summary:

Jude Bellingham, a talented young man aspiring to become a knight of the Order of Warriors, is put to the test: he must slay 800 dragons on a remote island within three years. Along the way, he meets a Viking named Erling Haaland—a formidable man who introduces him to a different way of fighting and viewing life. Little does Jude know that their bond will grow so close that feelings will become more intense than either of them can handle.
This is a medieval fantasy Alternate Universe that reimagines the story of these two football players, set in a world where a viking seeks to claim a knight as his own.

Notes:

Hola! Muchas gracias por pasarte. Por favor leer lo siguiente antes de continuar.

Disclaimer:
Intenté incorporar algunos de los sucesos de su amistad en la vida real en la historia pero no olvides que este es un universo alternativo de fantasía medieval, no una fiel adaptación ni pretende ser similar al mundo real, eso incluye los contextos históricos de las culturas y países mencionados.

No conozco mucho de fútbol, mucho menos de las selecciones inglesas y noruegas, pero hice mi mejor intento para escribirlo. No pretendo ofender a nadie con este fanfic, es ficción y su propósito es meramente entretenimiento. También valoro mucho la retroalimentación que me hagan.

Chapter 1: Hacha contra espada

Chapter Text

Sus pasos resonaban con un eco al correr por el túnel de piedra, la ciudad ardía en llamas y los gritos de los habitantes parecían alcanzarlo en cualquier momento. Un solo caballero corriendo sin parar, incluso después de sus heridas y caídas, su voluntad no se doblegaba al cansancio físico. Sin embargo, al salir de ahí, al cruzarse de frente al mar y sentir el calor recibirlo, su mente viajó 6 años en el pasado los cuales aún podía recordar como si fueran ayer.

— ¡Chico, apresúrate, que se nos hace tarde! — exclamó el muchacho al que acababa de conocer hace unos minutos mientras buscaba el camino a su destino.

— Si, si, ya voy — respondió descuidadamente mientras el mar inundaba sus ojos. La brisa salada, los pequeños barcos navegando a lo lejos, el sol iluminando los tejados cobrizos y blanquecinos, ese conjunto de detalles volvieron la escena un paisaje al que desearía regresar por siempre.

Jude Bellingham, un muchacho de 17 que por su talento se había abierto paso por las grandes ligas de caballeros destacando por su velocidad y tenacidad en batalla, ahora iba a presentarse con la Orden de Guerreros de su Majestad, un grupo de élite al que pocos podían aspirar entrar y mucho menos tan jóvenes.

Ilustración elaborada por LuciDreamerY

Recorrió las calles de la ciudad con prisa esquivando a la multitud de personas comprando en las ofertas de los pescadores o a carretas enormes de bienes que tapaban el camino. Al llegar, un edificio de piedra imponente lo hizo frenar para poder admirarlo un poco más, un porte serio e inquebrantable, justo como los hombres que lo recibieron en el interior.

— Bellingham, ¿cierto? — preguntó su guía.

— Es correcto. ¿Y tú? — regresó la pregunta por cortesía, pero aún seguía distraído observando el techo tan alto y los muros tan gruesos.

— Rice, Declan Rice — le indicó por donde debía ingresar y esperar — ¡suerte! — lo animó antes de cerrar la puerta a sus espaldas.

Entró a una habitación pequeña en dónde una mesa de madera enorme, una repisa con uno que otro libro, pero muchos pergaminos viejos mal doblados sobresalían y una gran silla vacía esperando a ser ocupada. Jude no se atrevió a sentarse, pero claro que lo pensó. Afortunadamente había una ventana que lo distrajo con la belleza que filtraba el mundo exterior hasta que unas voces detrás de la puerta interrumpieron con la armonía de ese espacio. El hombre que ingresó a esa habitación no saludó, lo analizó de arriba a abajo con cierta incredulidad y continuó hasta su silla.

— Buen día, señor — Jude tomó la iniciativa de saludar.

— No es un buen día ni yo soy tu señor — lo regañó — Harry Kane, capitán absoluto de la Orden de Guerreros de su Majestad y Señor, el Rey — lo miró un poco más como si estuviera decidiendo ahí mismo si recibía su aprobación — así que te mandaron para que te unas a la Orden así de fácil. ¿Cuál es tu nombre?

— Jude Bellingham — no había estado nervioso ni siquiera antes de entrar, pero ahora lo estaba.

— Bellingham, aquí no venimos a jugar a ser el más valiente o el más heroico, aquí somos disciplinados, honorables y sobre todo útiles. Si no puedes probar que eres capaz de desarrollar estas características, no servirás como guerrero de su majestad. ¿Sabes cuántos problemas tenemos con dragones o asaltantes últimamente? Si quieres probar tu valía, es ahí donde debes estar. ¿Algo que quieras responder? — no iba con juegos, pero podía entenderse, entrar a la élite no debía ser tan sencillo.

— Aceptaré la prueba que me ponga — Jude no vaciló, no se veía ni siquiera intimidado — probaré mi valía y demostraré que soy digno de entrar a la orden.

La decisión en ojos del joven impresionó al capitán, pero no lo suficiente para que pudiera reflejarse en su rostro.

— Si tan decidido estás — se levantó de su asiento y rebuscó en el estante, tomó uno de esos pergaminos rotos y lo extendió en la gran mesa, era un mapa que señalaba un par de islas al oriente rodeadas de dibujos de dragones, Borussia y Dortmund — irás a entrenar a este lugar, tienes 3 años para matar a 800 dragones de los tantos que migran a estas islas — no le dio oportunidad a que hablara — ya lo he preparado todo, partirás hoy mismo aprovechando que no tendrás que desempacar. Varios guerreros de otros reinos también van a esa isla a entrenar, quizás te ayude probar un poco del mundo de verdad, niño.

— Entendido, cumpliré con mi deber como así se me ha ordenado — puso la mano en su corazón.

El capitán Kane suspiró — júrelo en nombre de su Majestad que enfrentará cualquier enemigo del reino y cumplirá siempre con la misión encomendada.

— Lo juro... en nombre de su Majestad — repitió.

— Bien — se levantó y le puso una mano en el hombro — espero verlo regresar pronto.

— Gracias, aquí estaré.

Se despidieron. Bellingham quedó un poco decepcionado de que aún faltaría más tiempo del que creía para poder cumplir su meta y estar entre los mejores, pero estaba seguro de que podría cumplir con el plazo en solo un año. Rice lo acompañó al puerto, platicando de cosas triviales en el camino.

— Un barco irá cada inicio de mes para registrar el conteo de los dragones que debes matar, guarda alguna parte identificable del dragón que sirva como evidencia. También te llevaremos provisiones, pero debes de conseguir más por tu cuenta, así también podemos llevarte armas. ¿Qué sueles usar más?

— ¿Qué arma recomiendas para matar a un dragón? — preguntó con cierto tono de sarcasmo Bellingham.

— Mmm, yo creo que otro dragón — respondió la broma Rice — recomendaría un hacha.

— ¿Aún bromeas? — rió — las hachas son pesadas, estorbosas y solo son buenas para cortar madera. Prefiero las espadas, así que esperaré mi cargamento de buenas hojas afiladas cada cuando — ya sabía pelear con espadas, pero sin duda eran las que mejor se acoplaban al perfil que la Orden buscaba en él.

— No subestimes a las hachas — dijo mientras se levantaba de su asiento, el barco estaba listo — oye, si las cosas se complican demasiado, es mejor regresar. Con tu reputación no habrá quién no quiera contratarte como mercenario.

Bellingham subió a las tablas, se detuvo solo para girarse a mirarlo — yo aspiro a lo más alto... volveré, muy pronto — y desapareció del muelle a bordo de aquel barco.

 

Después de varios días meciéndose en ése gran bote, divisó las islas que serían su prisión por los próximos meses. Grandes y llenas de vida, pero altamente peligrosas. Algunos campamentos se divisaban en las orillas, por lo menos inhóspitas no eran. Al desembarcar lo recibieron algunos hombres que representaban a la Orden, así como también había personas de todos los mares, con aspectos rudos o provocativos que buscaban pelea hasta con el mar y la arena. A Bellingham le tomó un par de días acostumbrarse antes de salir a explorar al tercer día.

Iba dibujando una especie de mapa personalizado de la isla ubicando zonas claves para su misión hasta que perdió de vista el camino principal y el anochecer nuboso amenazaba con perderlo por completo. Traía su espada y una antorcha improvisada. Buscaba el camino desesperadamente hasta que escuchó un retumbar cercano. Se detuvo casi hasta su respiración cuando una bestia apareció frente a él, lo acorraló entre unos árboles enormes y una piedra tres veces de su tamaño que bloqueaba su espalda. Respiraba profundo, analizando al dragón que se acercaba cada vez más.

El combate comenzó y Jude se estaba desenvolviendo bastante mejor de lo que sus nervios lo presionaban. Gritaba para aturdirlo, esquivaba con una agilidad perfecta y justo cuando la tenía en el punto exacto, al querer encajar su espada en el cuello se desvió el corte, dejando caer varias escamas, pero ni siquiera lastimando a la criatura, Bellingham perdió el equilibrio y cayó al piso, viendo al enorme ser con intenciones de comerlo vivo. En eso, el dragón rugió de dolor y una silueta montó el lomo de la bestia, la luz de su antorcha olvidada sobre una piedra iluminó el filo de un hacha que clavó su hoja en la abertura que Jude había provocado, un corte fuerte y fugaz lograron abrir su cuello a la mitad, haciendola caer de inmediato sobre el piso y provocando que la antorcha se apagara.

El joven se levantó de inmediato del suelo, levantando su espada en dirección al asesino, temblaba, pero trataba de controlarlo modulando su respiración.

— ¡¿Quién anda ahí?! — preguntó casi gritando mientras retrocedía lentamente. Escuchó unas palabras en un idioma desconocido, hasta que por fin algo en lengua familiar se entendió la última frase.

— ¿En serio ibas a pelear contra un dragón escamoso con ese palo? — se burló la voz proveniente de la oscuridad.

Jude no entendió a qué se refería, la adrenalina aún lo tenía alerta ante la posibilidad de recibir un ataque. La luna logró iluminar mejor cuando la nube que los cubría finalmente pasó. Pudo distinguir que lo que tenía en frente no era nada más que un hombre de ropas exóticas muy alto con una inútil hacha.

— Ya casi lo tenía — se excusó pobremente, relajando un poco sus nervios y acercándose a reavivar su antorcha.

— Ajá, lo que digas — tenía acento, pero era relativamente entendible — ésa vara que traes no te va a servir aquí.

— ¿Vara? ¿Palo? Es una espada, pero si no conoces su nombre, mucho menos sus cualidades — empezaba a molestarlo más de lo que ya lo había notado, como le frustraba que un tipo con hacha le hubiera ganado su primer dragón en el contador.

— Lo que sea — se escuchó hablar nuevamente en su idioma, con cierto tono de coraje — te salvé la vida y tú dices tonterías.

Bellingham rodó los ojos, en el fondo de su cabeza resonó la palabra "honorable" del capitán Kane y suspiró, entendiendo que tenía que practicar esa palabra.

— Gracias — soltó al fin — ... por salvarme la vida — carraspeó — mi nombre es Jude Bellingham, ¿y el tuyo?

El rubio no se acercó, pero lo miró un poco más, indeciso — Haaland — dijo secamente y se dio la vuelta sin despedirse.

Quedó tan indignado por tan terribles modales y con la falta de respeto a su intento por ser honorable que para cuando se había percatado, el tal Haaland ya había desaparecido. Rápidamente tomó varias de las escamas que se habían caído aún ensangrentadas y las guardó en su mochila.

— Hey, es de mala educación irse sin despedirse — se quejó caminando en dirección a donde lo vio caminar. No encontró al odioso de hacha, pero si el camino que no había encontrado las pasadas 2 horas.

Al regresar al campamento observó a todos los hombres que estaban por ahí a esa hora, ninguno traía la ropa ni siquiera similar a la que Haaland traía. No se atrevió a preguntar. Entregó las escamas del dragón al representante de la Orden, impresionado al ver que había matado a un dragón escamoso el solo nada más llegar a la isla. Esto favorecía su reputación, pero le molestaba saber que en el fondo no tenía el crédito completo, solo la mitad.

Esa noche Jude no podía parar de pensar en aquél misterioso hombre, tan bestia que le molestaba, pero la intriga por saber de dónde había salido alguien tan fuerte parecía aún más poderosa.