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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-07-28
Completed:
2026-07-28
Words:
6,688
Chapters:
7/7
Kudos:
3
Bookmarks:
2
Hits:
44

Mortal Kombat: Armagedón (The Frozen Throne)

Summary:

Sub-Zero derrota la pirámide y ahora es un dios de hielo. Un falso dios según los Dioses Antiguos, lo que lo vuelve un paria para sus antiguos aliados. Sin embargo, una princesa edeniana ve una oportunidad y la aprovecha para salvar a su gente.

Chapter Text

Las antiguas leyes del universo dictaban que el fuego consumía la vida, pero en la cúspide de la Pirámide de Argus, fue el hielo el que reclamó la eternidad.

 

Kuai Liang ya no sentía el peso de su carne mortal. Al hundir sus puños en la esencia ardiente del titán Blaze, la conflagración cósmica que debía incinerar su cuerpo se doblegó ante el frío absoluto de su voluntad. El Medallón del Dragón, incrustado en su pecho como un parásito de oro y jade, latía ahora al compás de un corazón divino recién nacido. Su piel, antes marcada por el acero y las quemaduras de mil batallas terrenales, adoptó la textura pálida y marmórea de un glaciar milenario, surcada por venas de un azul eléctrico que emanaban un vaho constante. El aire a su alrededor dejó de enfriarse; simplemente se congelaba de forma geométrica, suspendiendo agujas de cristal en una órbita silenciosa alrededor de su nueva silueta divina.

 

Aquella ascensión, sin embargo, conllevaba el estigma de la blasfemia. Para los Dioses Antiguos, un mortal que alcanzaba la deidad por mérito y fuerza propia no era un héroe, sino una aberración que ponía en peligro el equilibrio burocrático del cosmos. Desde el firmamento agrietado de Edenia, las nubes comenzaron a teñirse de un dorado violento, cargándose con la electricidad del juicio divino. Las deidades del panteón ya preparaban a sus verdugos para cazar al dios falso del Lin Kuei.

 

Fue en ese instante de tensión cósmica cuando el espacio se rasgó a la izquierda del guerrero, abriendo una grieta de luz magenta que alteró la presión del aire.

 

La Princesa Kitana emergió de la brecha con la solemnidad de quien conoce el peso de la corona. Sus ropajes de seda azul ondeaban bajo la ventisca que el Gran Maestro generaba de manera inconsciente. No portaba sus abanicos en posición de combate; sus manos descansaban cruzadas sobre su regazo en un gesto de tregua política. Tras ella, la línea de sombras del portal reveló a su comitiva, un espectro de la historia de Edenia que buscaba un nuevo amanecer. La Reina Sindel avanzaba con la mirada fija en el horizonte, flanqueada por Jade y por tres figuras que cargaban con el peso de la redención: Mileena, libre de la locura; Li Mei, rigida ante el peligro; y Tanya, cuyos ojos calculadores buscaban redención.

 

El silencio entre ambos líderes fue absoluto, roto únicamente por el crujido de la escarcha bajo las botas de la princesa. Kitana observó el aura divina de Kuai Liang y comprendió que el destino le ofrecía el escudo que su reino necesitaba. Con Shao Kahn desintegrado y las fronteras de Edenia expuestas a la codicia de los señores de la guerra, un Dios del Hielo prófugo de la Tierra representaba la oportunidad perfecta de estabilizar el trono.

 

Por su parte, el pragmatismo frío del Lin Kuei guió los pensamientos de Kuai Liang. Permanecer en su reino natal significaba arrastrar a sus discípulos a una guerra de exterminio contra los campeones de Raiden y los Dioses Antiguos. En cambio, las leyes místicas de Edenia ofrecían un vacío legal: si la corona reclamaba formalmente a un dios como su Protector Oficial, el panteón no podía ejecutarlo sin desatar un conflicto teológico total que los burócratas celestiales preferían evitar.

 

La aceptación se selló con un sutil descenso en la intensidad de la tormenta. Kuai Liang extendió su mano diestra, permitiendo que Kitana colocara la suya encima. El contraste entre la calidez real de la princesa y el frío divino del guerrero pareció equilibrar el ambiente.

 

A la espalda de Kitana, Jade alzó su bastón de acero en un saludo militar que Mileena y las demás imitaron de inmediato. La orden de asesinos de la Tierra dejaría de existir en las sombras; los Lin Kuei se mudarían a los picos más altos de Edenia, fusionándose con la Guardia Real para dar nacimiento a un nuevo ejército de élite. 

 

Cuando el primer relámpago de los Dioses Antiguos impactó contra la cima de la pirámide, solo encontró piedra quemada y el eco de una ventisca extinguida. El portal magenta se había cerrado. Edenia ya no estaba indefensa; ahora bajo estaba bajo la protección del dios del Hielo.