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𝕯ℯ ℛ𝖎𝓋𝖆𝓁𝖊𝓈 𝒶 ℳ𝖆𝓇𝖎𝒹𝖔𝓈: 𝕰𝓁 𝒞𝖆ℴ𝖘 𝕻ℯ𝖗𝒻𝖊𝒸𝖙ℴ

Summary:

Sigue a Lin, una mujer analítica, perfeccionista y meticulosa, y a Nuttybutty, un hombre creativo, impulsivo y apasionado. Tras tres años de intensa rivalidad laboral en una gran firma, la tensión constante entre ambos explota cuando son obligados a trabajar encerrados en un importante proyecto.

Lo que comienza como peleas territoriales e insultos pasivo-agresivos se transforma en una atracción ineludible. A lo largo de la historia, ambos aprenden a ceder, equilibrar sus diferencias y canalizar esa misma intensidad que los dividía para construir un matrimonio sólido y, finalmente, formar una hermosa familia con la llegada de su primer hijo, Leo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: 𝓛𝓪 𝓖𝓾𝓮𝓻𝓻𝓪 𝓭𝓮𝓵 𝓟𝓲𝓼𝓸 𝓒𝓾𝓪𝓽𝓻𝓸

Chapter Text

Para el resto del personal en la oficina, ver a Lin y a Nuttybutty cruzarse en el pasillo era el equivalente a presenciar el choque inminente de dos placas tectónicas. La tensión era tangible, densa, casi eléctrica. Si Lin entraba a una sala de juntas caminando con la compostura elegante de quien tiene todo bajo control, Nuttybutty aparecía un minuto después con la corbata ligeramente desajustada, una sonrisa desafiante y una carpeta llena de argumentos diseñados minuciosamente para demoler cada propuesta de ella.

No siempre había sido así. Bueno, en realidad sí, desde el primer día. Cuando ambos fueron contratados en la misma semana para liderar departamentos clave en la firma, la rivalidad nació de manera instantánea. Lin era meticulosa, reservada, analítica hasta el extremo y extremadamente perfeccionista. Nuttybutty, por otro lado, era un torbellino de creatividad impredecible, apasionado, directo y exasperantemente astuto. No podían ver el mundo de la misma manera ni aunque sus vidas dependieran de ello.

​—Si vuelves a mover la configuración de la máquina de café express para que el grano salga más amargo, te juro por lo más sagrado que voy a esconder todas tus plumas estilográficas, Lin —amenazó Nuttybutty una mañana de martes, apoyado contra el marco de la puerta de la oficina de su rival.

​Lin ni siquiera levantó la vista de su monitor. Tecleó algo con parsimonia, se tomó un sorbo de su taza perfectamente graduada y finalmente clavó una mirada fría e imperturbable en los ojos de Nuttybutty.

​—El café de verdad tiene cuerpo, Nutty. Si prefieres tomar agua tibia con azúcar, hay un puesto de golosinas a dos cuadras. Además, la oficina de proyectos está al fondo. Te sugiero que vayas a trabajar en lugar de ser mi sombra.

​—¿Tu sombra? Quisieras —se burló Nuttybutty, dando un paso al frente y cruzándose de brazos—. Solo vine a asegurarme de que no estés arruinando la presentación para la junta directiva de este viernes. Es mi cliente el que está en juego.

​—Nuestro cliente —corrigió Lin, poniéndose de pie. Aunque él era un poco más alto, Lin sostenía la mirada con una compostura tan imponente que jamás se dejaba intimidar—. Y si el proyecto sale bien, será a pesar de tus ideas descabelladas, no gracias a ellas.

—A la junta le encantan mis ideas descabelladas. Lo que les aburre es tu absoluta falta de alma al presentar números.

​Ambos quedaron a centímetros de distancia, sosteniéndose la mirada como dos boxeadores esperando la campana del primer asalto. Era una rutina que llevaban repitiendo durante tres largos años. La oficina entera hacía apuestas sobre quién cedería primero, quién renunciaría o quién terminaría gritándole al otro en medio del vestíbulo.

​Lo que nadie predijo fue el desastre del Proyecto "Titán".

El cliente más importante de la historia de la empresa exigió que ambos departamentos trabajaran en conjunto para crear una propuesta unificada. La gerencia, en un acto de sadismo laboral o fe ciega, los encerró a ambos en la sala de juntas principal durante tres semanas. Tenían una fecha límite ridículamente ajustada y la orden estricta de no salir de esa habitación hasta tener un producto final.

​Las primeras dos semanas fueron un infierno de discusiones acaloradas. Había diagramas tachados con marcador rojo, papeles arrugados por toda la mesa y la pizarra blanca repleta de notas agresivas. Sin embargo, conforme los días pasaban y las madrugadas se acumulaban, la fricción violenta comenzó a transformarse en algo completamente distinto.

​Era una noche de jueves, pasadas las tres de la mañana. Llovía torrencialmente contra los ventanales del piso catorce. Lin estaba sentada frente a su laptop con los ojos irritados y el cabello recogido en un moño que amenazaba con deshacerse. Nuttybutty estaba tirado en el sofá de cuero de la sala, con la chaqueta tirada a un lado y el cabello hecho un desastre por la frustración.

​—El enfoque del presupuesto no funciona, Lin —murmuró Nuttybutty con la voz rasposa por el cansancio—. Si recortamos la campaña visual como quieres, el concepto pierde fuerza.

​—Y si gastamos todo en tu producción desmedida, nos quedamos sin margen operativo para la fase dos —respondió Lin, pero su voz ya no tenía la agresividad de antes. Sonaba agotada, vulnerable. Se quitó las gafas de lectura y se frotó el puente de la nariz.

​Nuttybutty se levantó lentamente del sofá y caminó hacia la mesa. Se sirvió una taza del café ya frío que quedaba en la jarra y se colocó justo detrás de la silla de Lin. Apoyó una mano sobre el respaldo de la silla, inclinándose para ver la pantalla.

​—Mira —dijo Nuttybutty, su aliento rozando la mejilla de Lin—. Si reestructuramos el flujo de caja del segundo trimestre aquí... y usamos mi modelo de distribución... encaja.

​Lin no miró la pantalla. Se quedó paralizada por la repentina cercanía. Nuttybutty olía a café, a lluvia y a una colonia amaderada que Lin había fingido detestar durante años, pero que en realidad conocía demasiado bien. Lin giró despacio la cabeza. La cara de Nuttybutty estaba a escasos centímetros de la suya. Sus miradas se cruzaron en la penumbra de la sala iluminada solo por la luz de la computadora.

​—Eres exasperante, ¿lo sabías? —susurró Lin, sintiendo que el corazón le latía a mil por hora contra las costillas.

​—Tú eres un dolor de cabeza andante —respondió Nuttybutty sin alejarse ni un milímetro. Sus ojos bajaron por un segundo hacia los labios de Lin.

—Te odio —dijo Lin, aunque la palabra carecía por completo de convicción.

​—Yo te odio más —contestó Nuttybutty.

​Y antes de que cualquiera de los dos pudiera procesar el pensamiento lógico o las consecuencias laborales, Nuttybutty acortó la distancia y la besó. El beso fue descuidado, hambriento y cargado de toda la tensión acumulada durante años de rivalidad reprimida. Lin soltó un leve gemido de sorpresa antes de responder al beso con la misma intensidad, rodeando el cuello de Nuttybutty con los brazos y enredando las manos en su cabello.

​El proyecto "Titán" fue un éxito rotundo al día siguiente. Pero la verdadera reestructuración no ocurrió en los libros de la empresa, sino en las vidas de Lin y Nuttybutty, quienes descubrieron que el límite entre el odio y la pasión era peligrosamente delgado.