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La luz amarillenta de la tienda desolada que solía frecuentar para reabastecerse del café barato que bebía todo el tiempo iluminaba pobremente su fornida silueta; una gorra protegía su identidad dependiendo de la posición en la que miraba a la gente: no es como si la cajera adolescente incapaz de despegar la vista de su teléfono fuese a analizarlo lo suficiente como para descubrir quién era.
Frank leía detenidamente el contenido de un frasco; usualmente no le interesaban estas cosas, siempre compraba cualquier porquería cuya etiqueta diga explícitamente “café” y cueste menos de diez dólares, pero desde que el mocoso arácnido se paseó por su hogar sin su consentimiento y él, en un gesto de hospitalidad poco entusiasta, le ofreció de ese líquido negro para que bebiera, lo único que obtuvo fue una avalancha de quejas de que sabía extremadamente artificial y que le causaría graves problemas de salud; además, su ego quedó vergonzosamente pisoteado.
En su momento Frank le respondió que si lo prefería mejor le servía mierda en un tazón, tratando de aparentar que no le importó su opinión en absoluto; aún así, en el fondo Peter le tocó un nervio, y se lo tomó personal. No tenía planeado morir pronto como le insinuó el mocoso quisquilloso, así que ahí estaba ahora, tratando de encontrar un frasco de café que no sea pura glucosa y colorante; quizá gastaría un poco más de lo habitual pero la idea de que incluso el sabor sería mucho mejor que lo que tomaba actualmente lo entusiasmó un poco.
Mientras la muchacha de la caja escaneaba los productos a una velocidad irritablemente lenta, Frank llevó sus ojos a la televisión que colgaba de la pared detrás de ella, los tipos del canal de noticias local hablaban mierda que no le interesaba para nada, giró su cuerpo hacia la entrada dispuesto a llevarse sus cosas luego de pagar, pero frenó en seco al oír la mención de Spider-Man; devolvió la vista al aparato electrónico y escuchó en silencio lo que el presentador tenía para decir.
“Hace dos semanas que no se sabe nada del héroe de Queens, ¿Será que Spider-Man decidió tomarse unas vacaciones de verano o le sucedió algo grave en su último enfrentamiento con Scorpion?”
Frunció el ceño; el mero hecho de oír su nombre lo estresaba, aunque era cierto que hacía mucho tiempo que no lo veía. Desde que Peter había recibido el alta del hospital no dejó de bombardearlo con mensajes y llamadas a todas horas, nunca se dió cuenta que, de un momento a otro, dejaron de llegar por completo.
No pudo evitar sentir una leve preocupación, el mocoso era insoportable pero realmente le importaba, o tal vez solo lo carcomía la culpa por haberle disparado hasta casi matarlo por accidente.
Caminó directo al estacionamiento donde lo esperaba una motocicleta que usaba en lugar de su van reforzada, para no llamar la atención. Guardó las compras en la baulera, se quitó la gorra para colocarse el casco y se montó.
Mientras recorría las calles calurosas de Nueva York se puso a considerar las posibilidades de que Parker haya resultado herido en batalla contra Scorpion, negó con la cabeza, claramente era muy poco probable de que eso pasara, no era solo un muchacho con medias bicolores: era un ex Vengador capaz de levantar un camión entero él solo; es más, Peter ya se había enfrentado al maldito varias veces y nunca había perdido contra él. ¿Será que aún seguía recuperándose del accidente? ¿Le quedaron secuelas del disparo? No, eso había ocurrido hace tres meses atrás, y Parker se cansó de repetirle una y otra vez que todo estaba bien, que ya había sanado.
La incertidumbre habría terminado de invadirle la mente si no fuera porque el teléfono comenzó a vibrar en el bolsillo de su pantalón, y dado su historial nulo de contactos sabía que se trataba exactamente del muchacho. Frenó en un semáforo y tomó el dispositivo entre sus manos, ciertamente, era Peter.
‘Hey, ¿Estás ocupado ahora mismo?’
Frank torció los labios, no planeó nada para esa noche pero tampoco tenía ganas de que el chico lo fastidiara con su optimismo abrumador y sus chistes de mierda; sin embargo, un suspiro de alivio salió de su boca, recibir ese mensaje confirmaba que aún seguía vivo.
‘Depende.’
Tecleó, breves segundos después se vió en el chat una burbuja con tres pequeños puntitos, seguido de otro mensaje como resultado.
“Necesito ayuda.”
Castle se quedó mirando expectante la pantalla con sus pulgares quietos sobre el teclado, el semáforo se puso en verde y se vió obligado a guardar el teléfono para avanzar, condujo hasta un callejón y se detuvo para poder contestar; tal vez se trataba de algo serio y debía dejar de lado su asqueroso temperamento para auxiliar al chico.
‘¿Qué sucede?’
De nuevo la burbuja, y una respuesta.
‘No puedo decírtelo por mensaje, necesito que vengas a mi departamento’
Frank chasqueó la lengua, algo histérico, ¿Qué le costaba simplemente decirlo ahora?
‘¿Este es otro de tus molestos juegos?’ Contestó.
‘Frank, por favor.’
El pelinegro cerró los ojos con fuerza y dejó escapar un gruñido audible, podía oír a la perfección la voz lastimera y patética del chico pronunciando esas palabras.
‘Está bien.’ Replicó.
‘Gracias, envié mi dirección al GPS de tu dispositivo.’
Frank guardó su móvil no sin antes memorizar la ubicación que el muchacho le había mandado, hizo rugir el motor y se puso en marcha.
Al parecer, el piso de Peter no estaba muy lejos de donde había empezado en primer lugar, llegó allí en menos de quince minutos, echó un vistazo a su alrededor antes de estacionar la moto, parecía un barrio seguro, se rió entre dientes: claro que lo sería, si el mismísimo Spider-Man vivía allí. Entró en el edificio y se dirigió directamente al ascensor, Peter le había indicado adónde tenía que ir.
Cuando Frank estuvo frente a la puerta golpeó dos veces, esperó: nada. Golpeó otra vez, comenzando a impacientarse.
“Hey, mocoso, ¿Estás ahí?”
Solo hubo silencio del otro lado, Castle se hartó de esperar y giró el picaporte, para su sorpresa la puerta estaba sin llave, pasó al hogar del muchacho con una cautela militar, miró con detenimiento el lugar; se veía algo desordenado y había telarañas por todos lados, una mueca de asco se formó en su rostro, detestaba esa cosa blanca.
Se desplazó algunos pasos hasta la sala, tratando de no hacer mucho ruido, se topó con lo que parecía ser un enorme… ¿Nido de araña? ¿Qué mierda?
Había una calma inquietante en el ambiente, palmó la Glock que tenía en su pantalón, en caso de que necesitara usarla.
“¿Frank?”
Una voz débil se oyó desde un cuarto al final del pasillo, Frank se relajó y apartó su mano de la pistola, dirigiéndose directo al origen del llamado.
La puerta del cuarto estaba abierta, Castle se metió sin dudar, encontrándose con una escena penosa.
Peter estaba en la cama, acurrucado en posición fetal y envuelto en sábanas y edredones hasta la cabeza, las ventanas estaban cerradas y tapadas con trozos de cartón, no había luz en la habitación, salvo una lámpara que emitía un tenue resplandor; además, había de las mismas telarañas pegajosas en el techo y en las esquinas del cuarto.
“¿Qué carajos?” Escupió Frank, Peter se removió debajo de las cobijas al oír su voz. “¿Qué demonios está pasando? Tu lugar es un desastre, y mira que te lo digo yo.”
Parker soltó un quejido audible seguido de un gemido, dejando desconcertado al hombre mayor.
“¿Estás enfermo o algo?”
“No lo sé…” Finalmente el chico respondió, aún sin abandonar su lugar debajo de las sábanas.
“Dijiste que necesitabas mi ayuda, si es es para que sea tu puta niñera mientras sufres de gripe arácnida o algo de eso me estoy largando ya mismo.” Cruzó sus brazos.
Parker se removió una vez más, al cabo de unos segundos reveló su cabeza, dejando ver su rostro, sus párpados caídos y sus mejillas teñidas de un vibrante carmesí que se podían percibir incluso en la oscuridad llamaron la atención de Frank, eso y que estaba respirando por la boca como si hubiera terminado de correr una maratón.
“Oye, si estás enfermo no quiero que me contagies.”
“¡No estoy enfermo!,” se apresuró a contestar, Frank alzó una ceja, “eso creo…”
“¿Eso crees? Mírate la cara, parece como si estuvieras en un puto sauna”
“No es lo que parece.” Suspiró, dejándose caer sobre la almohada.
“Pues explícame porque no estoy entendiendo por qué estás debajo de dos frazadas durante el maldito verano.”
Peter se mordió el labio inferior y dudó antes de responder; no sabía muy bien cómo explicar lo que estaba pasando, pero no quería que Frank se marchara, así que se quitó las sábanas de encima y se incorporó en la cama; Frank ignoró el hecho de que solo llevaba puesta la ropa interior.
“¿Y bien?”
La voz ronca del justiciero le erizó la piel. Miró sus propias manos mientras jugaba con sus dedos para evitar el contacto visual.
“Desde que dejé de usar el inhibidor luego de lo que pasó con Jean mi ADN arácnido tomó control de mi cuerpo.”
Frank escuchó en silencio.
“Y aunque estoy aprendiendo a vivir con eso, hay ciertas cosas que aún no puedo… no puedo manejar.” Se achicó de hombros.
Frank asintió, eso explicaba las telarañas por toda la casa.
“¿Entonces qué, estás teniendo una especie de segunda pubertad?”
Peter al fin clavó sus pupilas dilatadas en los ojos ajenos.
"Que las hormonas arácnidas predominen en mí quiere decir que mi cuerpo actúa más como una araña que como un humano.”
Una mueca de confusión se formó en el rostro del ex militar.
“Le pedí a E.V que reproduzca para mí un documental sobre arañas y, es como te digo, cumplo con todas las características… Incluso…” Hizo una pausa breve.
“¿Qué?”
Peter quería esconderse de nuevo debajo de sus sábanas, no sabía dónde más podría huir de la vergüenza.
“Al comenzar el verano ellas… Las arañas entran en una especie de celo, similar al de los mamíferos.”
Frank lo miró con incredulidad, luego se llevó una mano al puente de la nariz y se frotó la piel mientras cerraba los ojos.
“Me tienes que estar jodiendo.”
“¡Eso quisiera!,” gritó el muchacho, “no sabes lo horrible que se siente, llevo así dos semanas, no sé cuánto va a durar o si será permanente, estoy agotado, no puedo hacer nada más que…”
“¿Y qué demonios pretendes que haga? Que me disfrace de araña y deje que pongas tus huevecillos en mí?” Frank lo interrumpió.
“No funciona así…”
Un silencio incómodo invadió la habitación, Peter comenzó a desesperarse.
“Frank, eres el único que sabe mi identidad, no tengo a nadie más…”
El ex militar resopló, no podía creer lo que estaba sucediendo.
“Eres consciente de lo que me estás pidiendo, ¿No?”
Peter apartó la mirada, avergonzado; toda la situación le parecía increíblemente absurda, pero sus opciones eran muy limitadas: no podía acudir a DeWolff, mucho menos a MJ luego de cómo habían terminado las cosas, y liarse con un desconocido era prácticamente imposible, no solo porque se arriesgaba a revelar su identidad como superhéroe, sino también porque nunca haría algo tan humillante como eso: no era digno de un chico extremadamente prudente como él. La incomodidad que le provocaba el calor era insoportable, y no podía hacer otra cosa que tumbarse desnudo en la cama y recurrir a sus dedos, ahogándose en su propia excitación. Por mucho que se masturbara, nunca era suficiente; ese ardor persistente sólo podía aliviarse con el tacto de otra persona; lo necesitaba más de lo que podía expresar, y Frank no parecía comprender que no estaba bromeando. Aún así Peter entendía su reacción, ya que que un mocoso que conoces del «trabajo», y que es dos décadas más joven que tú, te llamara básicamente para insinuar que te lo folles era una locura total.
“No importa, olvídalo,” exhaló un quejido, “puedes irte, confío en que pronto se me pasará…”
De nuevo el silencio llenó el cuarto, sólo se oyó la respiración agitada de Peter, Frank no se movió de su lugar. Cuando el superhéroe pensó que el otro se iría por la puerta de una vez por todas decidió que se escondería nuevamente entre sus sábanas, pero la voz del hombre lo detuvo.
“La gente allá afuera necesita a Spider-Man de regreso.” Dijo, mientras acortaba la distancia hacia la cama, se paró a un costado y observó desde arriba al muchacho,”además supongo que aún estoy en deuda contigo.” Peter tragó saliva, Frank levantó la mano derecha y sostuvo su mentón con el índice y el pulgar, obligándolo a alzar la cabeza hacia él. “Espero que luego de la calentura que tienes sufras pérdida de memoria, porque no sé cómo podrás continuar normalmente con tu vida después de hacer esta mierda.”
Peter soltó un gemido lastimero.
A esa distancia Frank pudo apreciar mejor lo desastroso que lucía el muchacho, había sudor en su frente y algunos mechones se pegaban en su piel, sus labios estaban hinchados de tanto morderlos, probablemente por aguantar sus gemidos durante estas dos tortuosas semanas.
“Dios, te ves patético.” Afirmó, su tono grave envió un escalofrío directo a dónde Peter más lo necesitaba.
“Perdón.” Gimoteó, inclinándose hacia los dedos de Frank como un gato que busca el contacto de su dueño. El pelinegro rió por lo bajo.
“Dices que llevas así cuánto, ¿Dos semanas?” Parker asintió, “¿Y cómo estás tan seguro de que se te irá con esto?” Cuestionó.
“No lo sé, Frank, sólo quiero que hagas algo, lo que sea está bien.” Habló por lo bajo, su voz cargaba un leve rastro de dolor.
Castle depositó una caricia en su mentón.
“No pienso ir tan lejos.” Advirtió.
Peter solo pudo asentir.
“Quítate eso y recuestate.” Ordenó, señalando los boxers del chico, Peter se alejó de él e inmediatamente obedeció con una impaciencia ridícula, pero cuando sus dedos sostuvieron el elástico de la prenda se detuvo en seco, miró a Frank de una manera que el hombre no supo distinguir si era vergüenza o miedo. “¿Qué te pasa, tímido de repente?” Preguntó el ex militar.
Parker apretó los labios, no había manera de que pudiera vocalizar cuál era su problema, así que simplemente bajó la prenda y la deslizó despacio sin separar sus muslos, todo bajo la atenta mirada de Frank. Ladeó la cabeza hacia un costado, ruborizado.
“Abre las piernas.” Exigió, Peter dudó. Frank colocó su rodilla entre sus muslos y las separó de un movimiento brusco, el chico jadeó ante la rudeza, pero también lo hizo porque quedó completamente expuesto frente al hombre mayor.
Un silbido burlón escapó de los labios de Frank, seguido de una risita.
“Esto sí que jamás me lo hubiera imaginado.”
El superhéroe frunció el ceño.
“No había motivo para que lo sepas.” Dijo por lo bajo, demasiado a la defensiva.
Frank carcajeó ante la audacia del jovencito.
“No es un problema para mí.” Contestó.
El comentario lo relajó y se dejó caer despacio encima del colchón, Frank trepó sobre la cama posicionándose arriba de él.
La diferencia entre el enorme cuerpo del soldado y el suyo lo volvió a llenar de ese fervor insoportable que estuvo consumiéndolo por semanas. Frank sostuvo todo su peso en sus rodillas y su brazo izquierdo, con su mano derecha acarició el cuello de Peter, analizando la encantadora reacción del chico, el roce avanzó hacia su torso, sus dedos se toparon con las cicatrices casi imperceptibles debajo de su pecho, tocó allí con el pulgar, Peter tembló y Frank se odió a sí mismo porque el mocoso le pareció tierno.
La verdad era que Frank podía terminar esto pronto, hacerle una paja rápida al chico, regalarle por fin el orgasmo que tanto necesitaba sin darle tantas vueltas y largarse de allí lo antes posible, pero se admitió a sí mismo que esta faceta de Peter había despertado en él una curiosidad genuina; el chico ya estaba completamente desnudo debajo de él, y era demasiado tarde para echarse atrás, o al menos eso era lo que se repetía a sí mismo para no sentirse como un pedazo de mierda depravado.
Su mano siguió deslizándose hacia abajo, trazando un recorrido desde las costillas hasta el abdomen; inevitablemente, los jadeos desesperados de Parker acabaron por provocarle una sacudida directa en la verga. Cuando sus dedos llegaron a la parte interior del muslo, Peter dejó escapar un gemido que resonó por toda la habitación; al sentir las yemas del anular y el dedo corazón de Frank sobre su clítoris, volvió a ahogarse con el gemido que se le atascó en la garganta. Una ola de alivio recorrió su cuerpo al recibir el tacto que tanto añoraba.
Las manos de Frank eran grandes, con dedos gruesos y ásperos que presionaban su manojo de nervios a un ritmo delicioso, moviéndose despacio en pequeños círculos. Más de una vez, Peter lo había visto limpiar sus armas ejerciendo la misma delicadeza con la que estaba tocándolo ahora, y le surgió una incertidumbre sobre cómo se sentirían esos dedos sobre él. Era algo irónico, que un tipo tan tosco y violento como él fuese capaz de ser así de gentil, le provocó un cosquilleo en el vientre.
Era bueno, muy bueno. Peter estaba tan mojado que el ruido húmedo de su excitación lo avergonzaba hasta las orejas, pero no podía dejar de gemir y derretirse bajo la excelente atención que Frank le estaba prestando; se le curvaba la columna cada vez que un dedo se deslizaba entre sus labios y frotaba su impaciente agujero.
Frank no despegó los ojos del chico, no debería verse tan irresistible siendo que el mocoso tenía la edad para ser su maldito hijo; definitivamente la imagen le quedaría impregnada en la cabeza para siempre y eso le generó un conflicto interno. Esto no era para nada bueno, Castle apretó los dientes tratando de mantener la compostura, sería innecesario que hiciera otra cosa más que usar sus dedos, pero era un hombre, después de todo; la mesura se desvaneció de sus venas en el momento que Peter hizo contacto visual con él, su boca humedecida y el ceño fruncido en una expresión lasciva terminaron por destrozar la última pizca de ética que le quedaba.
Al carajo.
Se agachó hasta que sus labios rozaron la mandíbula del muchacho, disfrutó al máximo sus gemidos de placer cuando besó su piel caliente con la boca abierta. Mierda, Frank jamás había tocado una tez tan suave, y es que, ciertamente, era la primera vez que se metía con alguien tan jóven.
La fragancia masculina de Castle se apoderó de sus sentidos, una mezcla de colonia barata, sudor y pólvora, Peter se mordió los labios para tratar de controlar su voz, no quería que los vecinos se enteraran de que estaba siendo follado con los dedos por el mismísimo Punisher.
Frank se mofó.
“No seas tímido ahora, déjame escucharte.”
Al oír eso, el clítoris de Peter palpitó y el corazón le latió con fuerza en el pecho. Jamás pensó que podía calentarse tanto escuchando a alguien hablar; la voz áspera del hombre hizo eco en su oído, la sensación de su barba a medio crecer raspándole la cara provocó que encogiera los dedos de los pies. Peter asintió con la cabeza y Frank continuó sobando su mano a un ritmo meticuloso, cada tanto se detenía para dar bofetadas fugaces sobre su coño, arrebatándole pequeños lloriqueos.
“Frank…” Peter lo llamó, Dios, la forma en la que pronunciaba su nombre, Frank lo adoró.
“Dime.” Frank ladeó la cabeza y se abalanzó sobre el cuello del chico, hundiendo los dientes en su garganta; tenía un sabor tan peculiar que le resultó adictivo: era dulce. Sacó la lengua para lamer la carne cálida, en busca de obtener más de ese éxtasis. Peter se retorció debajo de él y empujó inmediatamente las caderas hacia adelante, buscando desesperadamente los dedos de Castle; en respuesta, el hombre de pelo oscuro redujo el ritmo; estaba jugando con él, Parker empezó a sentirse frustrado, no era suficiente.
“Tócame más.” Suspiró, rodeó la nuca del pelinegro con sus brazos y se aferró a él, acariciando su cabello. No le importó si Frank no lo quería tener a esa distancia tan íntima, necesitaba la cercanía con ese hombre como nunca.
Frank se apartó un poco para mirarlo a los ojos; su rostro estaba a solo unos peligrosos centímetros. Podía sentir el aliento del chico rozándole la boca. Se veía tan… ingenuo que a Frank le dio náuseas por tocarlo así, por haber accedido a hacerlo con tanta facilidad y por tomarse su tiempo disfrutando de sus pequeñas reacciones. ¿Acaso el muchacho había hecho esto con alguien más antes? ¿Era su primera vez? Aunque sus pensamientos lo estaban atormentando, no podía parar. Quería seguir adelante, ver qué más podía sacarle si lo tocaba de otras formas. Joder, incluso ansiaba saber qué expresión pondría si tuviera su polla dentro de él.
“Por favor…” Rogó Peter, el pelinegro dejó escapar un gruñido, no podía decir que no a una súplica tan bonita, finalmente metió un dedo dentro y el jóven puso los ojos en blanco, Parker separó sus rodillas a fin de recibirlo mejor y lo soltó para aferrarse a las sábanas, un gemido entrecortado le brotó de la garganta. “Sí, así…”
Frank sintió cómo se le calentó la cara y la lujuria le invadió las entrañas; decidió apartar el rostro antes de que el impulso de besarlo lo abrumara por completo. Peter lamentó la pérdida de calor tan cerca suyo y, inconscientemente, se incorporó para volver a buscarlo, pero se detuvo a mitad de camino cuando un segundo dedo invadió su intimidad; se apoyó sobre los antebrazos para no desplomarse; esto le permitió ver perfectamente cómo su coño se tragaba los gruesos dedos de Frank.
Era un espectáculo inigualable: el fuerte brazo de Castle maniobrandolo como si conociera exactamente cada lugar sensible de su cuerpo; la forma en la que giraba su muñeca, envuelta por ese jodido reloj que no tenía por qué quedarle tan bien, le resultó sofocante. Peter se afanó por la camisa de Frank, bajando hasta su pecho, agarrándosela para tirar de ella.
Frank sonrió con una malicia divertida.
“¿Es demasiado para ti, cariño?”
El apodo le produjo una dulce sensación en el estómago.
“No…” Peter tarareó en señal de aprobación, sin aliento, “se siente bien.” No supo qué más decir, tenía la mente nublada por el placer.
Enseguida los dedos de Frank se curvaron justo sobre su punto dulce y Peter vió estrellas. El líquido viscoso le ayudó al ex militar a moverse con facilidad; los sonidos de chapoteo que producían al deslizarse dentro y fuera hacían eco en todo el apartamento. Frank relamió sus labios; su pantalón comenzaba a sentirse ajustado, estaba completamente duro.
“Justo ahí…” Los ojos se le cerraron y se le hizo agua la boca ante el tacto, volvió a recostarse y enredó sus puños en las cobijas. “¡Ah! Frank…” Peter gimió, meneando sus caderas una vez, el hombre mayor continuó bombeando su interior.
“Haces unos sonidos preciosos.” Frank suspiró, dejando caer un poco su cuerpo; estaba pegado a Peter, una de sus rodillas colocada en medio de las piernas abiertas del jovencito, y su entrepierna presionando contra el muslo ajeno; al mover las caderas por segunda vez, Parker notó lo grande que tenía la verga. Dura y abultada, todo por haberle metido los dedos. Intentó decir algo pero las palabras se perdieron en la punta de su lengua, Frank hundía sus dedos a un ritmo rápido y adictivo, mientras que con la parte interna de la palma de la misma mano golpeaba su clítoris insistentemente con cada estocada. Se sentía exquisito, un cosquilleo aplastante nació de su abdomen e intentó sujetar con desesperación la muñeca de Frank para detenerlo por unos segundos, pero el hombre apartó su mano de una bofetada y volvió a penetrarlo con más fuerza.
“Vamos, puedes soportarlo.” Habló, el timbre de su voz le causó un escalofrío.
Peter sintió ganas de llorar; estaba a punto de correrse. Las piernas se le pusieron como gelatina y tembló bajo el enorme cuerpo del hombre mayor. Echó la cabeza hacia atrás y apretó los ojos con fuerza, abriendo la boca para soltar un grito inaudible. El orgasmo lo golpeó entero como un relámpago, arqueó la columna sobre el colchón y se dejó consumir por la deliciosa sensación, Castle siguió masturbándolo, permitiéndole disfrutar hasta la última gota de su clímax.
Le costó unos largos minutos recuperar el aliento, tenía el cuerpo cansado y sudado, las sábanas debajo suyo quedaron completamente mojadas, y Frank no dejó pasar la oportunidad para molestarlo.
“Nunca creí que Spider-Man fuese un niño tan sucio.”
Peter abrió los ojos lentamente, sólo pudo jadear una disculpa patéticamente débil, sintió como si un tren lo hubiera pasado por encima, pero a pesar de haber eyaculado, el maldito calor del celo no se iba. Frank se percató de ello cuando trató de incorporarse y el muchacho lo enredó con sus brazos, impidiendo que se separara de él.
“Espera, espera,” sollozó Peter, “aún no es suficiente.”
El ex militar lo miró, la cara post-orgasmo del chico hizo palpitar su verga, el corazón le dió un vuelco en el pecho cuando percibió la mano traviesa de Peter acariciandole la polla, que goteaba, a través de los pantalones; todo bajo esa hermosa mirada color café que claramente estaba desafiando sus límites.
Frank sostuvo la muñeca del jóven, deteniendolo. Mordió su labio inferior en busca de hallar en su interior el coraje para negarse, pero su cuerpo lo traicionó y sus caderas se impulsaron hacia la mano de Peter.
“Frank” Peter murmuró, relamiéndose los labios mientras levantaba la vista, sus largas pestañas revoloteando; jamás había visto a alguien cargar tanta ternura en el rostro mientras suplicaba por ser follado. “Está bien, puedes hacerlo.”
Frank tragó saliva.
“Te necesito.”
“No puedo hacer eso, Peter.”
Sí, podía. A Frank le encantaría hacérselo a Peter; lo destrozaría de formas que Peter ni siquiera podía imaginar, pero lo cierto era que el chico estaba embriagado por un deseo que no era suyo, y Castle lo sabía desde el principio. Sabía que, una vez que se disipara el caos hormonal que su ADN le estaba provocando, Peter probablemente se enfadaría con él y lo despreciaría por haber hecho todo aquello, y Frank admitía que el odio del mocoso le afectaría… o tal vez simplemente se negaba a renunciar a la imagen de pura inocencia que tenía de Peter, y el hecho de que fuera él quien lo hubiera corrompido de esa manera lo estaba volviendo loco.
“Por favor.” La palabra salió de su boca en un susurro.
Frank chasqueó la lengua, su pene se puso aún más duro.
“¿No quieres, Frank?” Peter ladeó la cabeza, esbozando una sonrisa sagaz, “Sé que lo haces…” Continuó, “Esto me dice todo lo que necesito saber.”
La mano del chico presionó con fuerza sobre su bulto, Frank inmediatamente lo soltó y lo empujó contra la cama, Peter cayó sobre el colchón liberando el aire de sus pulmones en un quejido ridículo.
“Necesito que entiendas que esto será cosa de una sóla vez.”
Frank sentenció, debería haber apartado al muchacho y desaparecido tras esa puerta sin decir nada más, pero en su lugar estaba arrojando hacia un costado la Glock que trajo consigo, mientras se quitaba el cinturón a una velocidad tan desesperada que cuando lo recordase luego le daría vergüenza.
Peter suspiró por la nariz mientras Frank le sujetaba un muslo para separarle las piernas y colocarse así entre ellas; no dejó de mirar ni un instante cómo el hombre se desabrochaba el botón de los pantalones y se bajaba la cremallera; cuando este dejó al descubierto su erección, se le hizo agua la boca y sintió un doloroso ardor en las mejillas, Frank era jodidamente enorme.
Castle envolvió su longitud con la mano y se bombeó unas cuantas veces antes de deslizar su polla entre los pliegues húmedos de Peter, el calor repentino invadiendo su piel hizo temblar su cuerpo, se tragó un gemido cuando el muchacho levantó su brazo para estirar su agujero con dos dedos, invitándolo.
"Llevo tanto tiempo deseando esto," confesó Peter con un gemido lascivo, "Frank…"
El pelinegro reaccionó ante su nombre empujando las caderas hacia adelante, la punta de su glande rozó repentinamente contra el clítoris hinchado de Peter, arrancándole un gemido desgarrador. El cuerpo del chico se retorció sobre el colchón. En su siguiente embestida, Frank deslizó la mano hasta la cintura de Parker, sujetándolo con suavidad, mientras la punta de su polla se introdujo apenas un poquito en su agujero.
“Respira hondo, cariño.” Frank advirtió en voz baja, y el dulce apodo terminó por derretir a Peter, quien asintió rápidamente.
En el instante en que su polla penetró por primera vez al muchacho él se arqueó por completo, con las uñas arañando las sábanas. Frank gruñó y se tomó un segundo para que Peter se ajustara a su tamaño, incluso si aún faltaba meter la mitad, no quiso lastimarlo ni provocarle dolor.
“Frank.”
El ex militar no aguantaría mucho si el muchacho seguía suspirando su nombre de esa manera.
“Continúa… Por favor.” La súplica salió de sus labios como una caricia, Frank esperó hasta que Peter se acomodara nuevamente, relajándose contra la cama, finalmente terminó de perderse dentro suyo. “No pares esta vez.” Gimió, mirando al Hombre con ojos de gacela.
Era inevitable que acabaran así, pero la sensación del estrecho coño de Peter envuelto alrededor de su miembro era demasiado placentera como para que se le ocurra siquiera pensar en parar. Frank comenzó a mover sus caderas a un ritmo determinado, Peter rodeó la cintura del hombre con sus piernas, atrayendo más su cuerpo hacia él, era tan jodidamente bueno.
Era la sensación más intensa que había sentido jamás; ni siquiera con sus antiguas parejas, ninguna de ellas podía compararse con lo que sentía con Peter ahora mismo. La forma en que su cuerpo se retorcía bajo él, su dulce voz escapándose de sus labios convertida en gemidos, la manera en que su coño se apretaba en torno a su polla… Todo era simplemente demasiado perfecto.
Incluso en ese momento, estando tan hundido en él, Peter se relajó con tanta facilidad, como si esto fuera todo lo que hubiera estado esperando desde que Frank llegó a ese departamento, y Frank gimió ante la idea de que el muchacho probablemente estuvo tocándose estas dos semanas pensando en él. Sus caderas se retorcieron, se impulsó hacia atrás, sacando su pene un poquito antes de volver a meterlo una vez más con una fuerza animal, Peter lloriqueó de placer; una vez que Frank asumió que ya se acostumbró a su tamaño, el muchacho no encontró más que un ritmo firme.
El sudor se les pegó a la piel, el calor de la habitación era sofocante y sus gemidos de placer resonaban en el aire. Peter estaba tan absorto en la sensación de que aquel hombre mayor se lo follara sin miramientos que se olvidó por completo de sus vecinos; lo único en lo que podía pensar era en Frank y en su enorme polla abriéndose camino tan profundo dentro de él.
“Me haces sentir tan bien, cariño.” Dijo Frank con voz ronca, sin poder respirar cuando Peter aprieta alrededor de su verga.
“Joder.” Peter jadeó, con la mirada perdida. Frank sonrió ante la palabrota.
“Qué boca tan sucia.”
Parker solloza y mueve sus piernas buscando estabilidad.
“Quédate quieto”. Las palabras salieron con más dureza de la que Frank pretendía, pero estaba perdiendo poco a poco el autocontrol, aunque intentara desesperadamente mantenerlo. Agarró las rodillas del chico con una sola mano y se las juntó, llevándoselas hasta el pecho e inclinándolo hacia delante; la postura era perfecta para penetrarlo como quisiera, sin que las piernas de Peter le estorbaran. Al bajar la mirada, se encontró con el coño de Peter bien abierto alrededor de la base de su polla, la imagen era obscena y a Frank le encantó; descendió la mano que tenía libre y desde arriba escupió en sus dedos, cubriendo el clítoris del chico con el líquido viscoso, frotó en círculos con su pulgar mientras que el resto de su mano descansó sobre el pubis.
Parker emitió un maullido de lo más bonito y se puso tenso al instante en cuanto Frank lo acarició, Lloriqueó desconsoladamente, con las lágrimas resbalándole por las mejillas. Sintió que alcanzaría el cielo en cualquier momento.
Frank observó embelesado cómo retiraba su miembro, completamente reluciente por lo mojado que estaba Peter. El coño del chico lo estrujó con fuerza, intentando retenerlo dentro. Castle supo que no aguantaría mucho más cuando lo volvió a hundir hasta el fondo, sus bolas pesadas golpeando incesantemente contra las nalgas del jovencito, haciéndolo ahogarse en sus propios gemidos.
El muchacho tembló debajo de él, respirando entrecortadamente con cada movimiento obsceno de las caderas de Frank, no pudo hacer otra cosa más que tomarlo todo sin que Castle siquiera le diera la oportunidad de negarse, ya era demasiado tarde para eso.
“Mierda, mierda, ¡Frank!”
Peter se las arregló para juntar las pocas palabras que pudo pronunciar en su boca sin atragantarse con ellas.
“¿Qué pasa, cariño? ¿Te vas a correr?”
Ah, esa voz. A los oídos de Peter sonó tan exquisita que lo hizo estremecerse; el mero hecho de oírle hablar podría hacerlo acabar. Parker asintió tres veces, apretando sus labios con fuerza, en apuros por mantenerse lúcido antes de desmayarse por el placer, la polla de Frank pulsó dentro del chico, carajo, ¿Acaso el mocoso era conciente de lo lindo que se veía luchando consigo mismo así?
Frank deslizó su polla una vez más y golpeó justo en ese lugar que hizo que Peter rodara los ojos y estirase el cuello hacia atrás, agarrando con fuerza los edredones hasta que sus puños se pusieron blancos, mientras el clímax se apoderó de él. Frank terminó convencido de que nada será jamás tan maravilloso como ver a Peter alcanzar el orgasmo, y se estremeció hundido en lo más profundo del chico, jadeando por lo jodidamente apretado que se puso.
“Mierda.” Frank gruñó, estaba tan cerca. La idea de correrse dentro del chico hizo vibrar su polla, sabía que estaba mal, que no importaba lo ebrio que estaba en lujuria no debía hacer eso bajo ninguna circunstancia, por eso soltó las piernas del muchacho y salió de él, su longitud estaba cubierta por completo por la humedad de Peter, sostuvo la carne con una sola mano, dispuesto a masturbarse hasta ordeñar la última gota de esperma que saliera de él, pero fue detenido por una telaraña golpeando su muñeca, que hizo apartar su mano inmediatamente.
“¿Qu-”
No sabía exactamente en qué momento Peter lo había rodeado con las piernas y lo tiró hacia la cama, girando el cuerpo para sentarse a horcajadas sobre él. Parker sujetó las manos de Frank contra el cabecero y lanzó una telaraña directamente desde su brazo, inmovilizándolo para que no pudiera escapar.
Frank frunció el ceño; no entendía nada de lo que estaba pasando. Cuando el chico se subió entre sus piernas y le agarró la polla para volver a sentarse sobre ella, Castle pudo distinguir, incluso en la oscuridad, que sus ojos eran de un negro extremadamente intenso. ¿Qué demonios estaba sucediendo?
“Oye, Peter…”
Frank trató de llamar su atención, pero el muchacho lo ignoró, enredó sus dedos en el grueso miembro del hombre y se penetró así mismo de una sola estocada, robándole un gemido gutural.
Las manos de Peter descansaban sobre el musculoso abdomen de Castle mientras balanceaba las caderas hacia adelante y hacia atrás a un ritmo frenético; el sonido del chapoteo de su coño al recibir la polla de Frank era lo único que se oía en la habitación. Peter ya no gemía ni suspiraba dulcemente como lo había hecho hacía unos minutos: estaba completamente concentrado en cabalgar la polla de Frank.
Frank comenzó a desesperarse, ese cosquilleo que conocía tan bien empezó a asomarse en su vientre, y su polla ardía en los interiores del muchachito. Estaba por acabar.
“Peter, espera un momento, voy a…”
“Házlo dentro.”
Peter habló, su voz sonaba firme, como si estuviera completamente seguro de lo que estaba pidiendo.
“No puedo, cariño, es peligroso…”
El hombre trató de safarse de las telarañas para poder apartar al chico, pero falló en el intento, cerró los ojos con fuerza.
Parker se inclinó hacia atrás, agarrándose a los muslos de Frank, y luego empezó a moverse arriba y abajo, golpeando su coño contra Frank con tal fuerza que él apretó los dientes. Su polla se estremeció y, con la última embestida del joven, se corrió.
Del orificio dilatado de Peter brotaban largos y espesos hilos de semen blanco. Se había incorporado ligeramente para sacar la polla de Frank de su interior y dejarle ver el desastre que había hecho con su agujero.
“¿Fue bueno?” Peter preguntó, un tono juguetón en su voz desconcertó a Frank.
Mientras el antiguo militar recuperaba el aliento, el chico-araña se agachó hacia delante, le agarró la cara y abrió la boca para besarlo con desesperación. Frank abrió los ojos, sorprendido, pero no pudo hacer nada. Peter sacó la lengua y la deslizó dentro de la boca del hombre mayor, saboreando cada rincón de su interior: era delicioso, caliente y pegajoso.
Antes de que se le acabara el aire en los pulmones por haber aguantado la respiración, Peter se apartó de él, con el rostro a solo unos centímetros del suyo.
“Vas a llenar mi interior todas las veces que yo quiera.”
Susurró, y a Frank se le pasó un escalofrío por la espalda, mientras su polla se estremecía de excitación debajo de las nalgas del jovencito.
“Joder.”
…
“¡Silencio! No quiero oírlo…”
Se escuchó desde una esquina del departamento, Peter se encontraba cubriendo su rostro con ambas manos, sólo vestía los mismos boxers que en el comienzo y su cuerpo estaba todo magullado y adolorido. “Frank, ¡No sigas contándome!”
“¡Tú preguntaste!” Frank respondió desde la sala, sobando sus muñecas, aún había restos de telaraña sobre su piel. “Oye, sí que es fuerte esa mierda orgánica tuya.”
“No puedo creerlo, ¡No puedo creerlo!” Peter gritó, desesperandose. “Debería haber usado el inhibidor, no sé por qué demonios me deshice de él…”
“Tranquilízate, niño, no es tu culpa, es la mía en todo caso, tendría que haber sabido lo peligroso que era que te encuentres en ese estado.”
“Lo siento mucho Frank, no pretendía perder el control y obligarte a…” Frenó, soltando un suspiro por la nariz. “A…” no pudo terminar la oración que el calor estaba subiendole por las mejillas.
“Ya te lo he dicho, no fue tu culpa.” Su tono de voz suave hizo que el jovencito se relajara un poco, aún así se mantenía inquieto dando vueltas en círculos sobre su lugar. “Aunque tengo una duda…”
“¿Qué es?” Preguntó el jóven.
“¿Tú no puedes?.. ya sabes…”
Una mueca de confusión se formó en el rostro del chico, no entendió de qué estaba hablando el hombre hasta que este señaló su estómago.
“Oh” Respondió, agitando su cabeza hacia los lados. “No, ya analicé mi sangre, cuando el ADN arácnido se mezcla con el humano sucede una reacción que hace que sea imposible para mí concebir.”
Frank dejó escapar un suspiro de alivio.
“Bien…”
“Sí… Bien.”
El silencio invadió la habitación; se miraron el uno al otro y, al cabo de unos segundos, Peter sonrió y Frank arqueó una ceja.
“¿Qué te pasa ahora?”
“Nada, solo quiero agradecerte.”
“No es necesario.” Frank alzó una mano, “todo esto fue demasiado raro, de todos modos.”
“Lo sé, aún así lo hiciste por mí, gracias.”
“Sólo asegúrate que la próxima vez tengas un jodido aire acondicionado, este lugar un infierno.”
Peter abrió los ojos y se puso rojo como un tomate.
“Si…” Susurró, “Si esa próxima vez existe, ¿Volverás a ayudarme?”. Cuestionó, alzando la voz para que Frank lo oyera.
Castle se dio cuenta del peso de sus palabras. Miró al chico por última vez y se dirigió directamente hacia la puerta principal; antes de desaparecer tras ella, murmuró, pero lo suficientemente alto como para que Peter lo oyera.
“Tal vez.”
