Actions

Work Header

Academia Interstelar SNV

Summary:

Solo un Au interestelar proyectado en la academia de nuestros lindos humanos convertidos en su version femenina

Chapter Text

Cronos y Odín contemplaron con expresiones sombrías la pila de documentos amontonada sobre el escritorio. Luego, casi al mismo tiempo, dirigieron la mirada hacia las mujeres y las jóvenes que aguardaban frente a ellos.

Cronos fue el primero en perder la paciencia.

Agarró los informes y los arrojó violentamente al suelo.

—¡MALDITA SEA! ¡¿ES QUE ACASO NO TIENEN CEREBRO?!

Deméter reaccionó de inmediato. Dio un paso al frente y se interpuso entre él y las muchachas, protegiéndolas.

—No es para tanto, hermano. Fue solo un accidente.

—¡NO ME VENGAS CON QUE FUE UN ACCIDENTE, DEMÉTER! ¡SE ENCONTRÓ HIERBA DEL CORAZÓN EN LA ROPA DE LAS CHICAS! ¡¿CREES QUE NO CONOZCO EL CARÁCTER DE TUS HIJAS?! ¡SUS MALDITOS CELOS NOS METIERON EN ESTA MIERDA!

Con cada palabra, la ira del hombre aumentaba.

Y su fuerza mental junto con ella.

La presión se extendió por la oficina hasta hacerse casi tangible. Las jóvenes comenzaron a temblar. Algunas palidecieron tanto que parecían estar a punto de perder el conocimiento.

Entonces surgieron otras dos fuerzas mentales.

Una envolvió a las muchachas, protegiéndolas de la presión. La segunda chocó directamente contra la de Cronos y la neutralizó antes de que pudiera continuar creciendo.

Una mano pesada cayó sobre su hombro.

Cronos se detuvo.

Era Odín.

Aunque observaba a las culpables con una expresión igual de severa, evidentemente poseía un control mucho mayor sobre su temperamento.

—Deméter, se suponía que era un entrenamiento práctico —dijo con frialdad—. Llevamos a nuestros cien estudiantes de élite, los mismos que debían representarnos en la Competencia Interestelar. De esos cien, más de cuarenta resultaron heridos leves, diez murieron, quince tienen el mar mental parcialmente destruido y otros veinticinco se encuentran gravemente heridos.

Odín inhaló profundamente, conteniendo su propio enojo.

—Todo porque tus hijas querían «darles una lección» a unas compañeras.

Una de las muchachas reunió el poco valor que le quedaba.

—P-Pero… no sabíamos. Obviamente… obviamente…

—¿Obviamente qué? —Odín soltó una risa cargada de sarcasmo—. ¿Que ya lo habían hecho antes? ¿Que nunca había terminado tan mal?

La joven cerró la boca.

—Lo sabemos —continuó él—. Y también sabemos por qué antes sus víctimas apenas acababan heridas o asustadas. Ocurrió dentro de zonas de entrenamiento especialmente diseñadas por la Academia. Con bestias estelares distribuidas estratégicamente, instructores posicionados para intervenir y sistemas de control preparados para cada criatura. ¡Bestias debilitadas específicamente para ustedes! ¡Para grupos numerosos de estudiantes con niveles de fuerza dispares! ¡Todo estaba diseñado para evitar accidentes graves!

Golpeó el escritorio con la palma.

—Tanto sus familias como la Academia podíamos permitirnos hacer la vista gorda ante sus pequeños juegos por consideración hacia sus madres.

Su mirada recorrió lentamente a Deméter, Rea y las demás mujeres.

—Pero jamás imaginé que serían tan estúpidas como para no distinguir el momento y el lugar adecuados para sus fechorías.

Cronos soltó una carcajada seca.

—¿Estúpidas? Creo que simplemente no tienen cerebro.

Señaló los documentos esparcidos por el suelo.

—Colocaron Hierba del Corazón de primer nivel en diez estudiantes diferentes y luego las enviaron a un bosque primigenio que acababa de sufrir una marea bestial. ¿Eso lo haría alguien con cerebro? ¡Claro que no! Hasta un niño de cinco años sabría que semejante concentración podía provocar una segunda marea.

Su mirada se clavó en las muchachas.

—Pero estas idiotas lo hicieron.

Nadie respondió.

—Y ahora hemos perdido prácticamente a todo el equipo que debía representarnos.

Cronos volvió los ojos hacia su hermana.

—Dime, Deméter. ¿Qué crees que podemos hacer ahora? ¿Qué brillante solución tienes?

El silencio fue absoluto.

—¿Ninguna?

La presión mental volvió a estremecer las paredes.

—¡ENTONCES SUS HIJAS SERÁN EXPULSADAS EN ESTE MISMO MOMENTO!

Rea puso los ojos en blanco durante una fracción de segundo. Cuando volvió a mirar a Cronos, ya llevaba puesta una sonrisa amable y aparentemente arrepentida.

—Cariño, no olvides un pequeño detalle. Ellas son prácticamente las únicas alumnas que quedan en los departamentos de Farmacia y Sanación. Y, además, son las más poderosas. Si las expulsas, ambos departamentos quedarán completamente vacíos.

Las otras mujeres asintieron.

Casi de manera coordinada, se colocaron frente a sus hijas.

El movimiento dejó perfectamente visibles las insignias que llevaban sobre sus uniformes.

Maestras.

Grandes Maestras.

Farmacéuticas y sanadoras que incluso la Federación debía tratar con respeto.

El mensaje era evidente.

Cronos sintió cómo la sangre le subía a la cabeza.

La puerta de la oficina se abrió de golpe bajo el impacto de su fuerza mental.

—¡FUERA!

El rugido hizo vibrar hasta los ventanales.

Las mujeres y sus hijas apenas alcanzaron a salir antes de que la puerta volviera a cerrarse violentamente detrás de ellas.

Durante varios segundos nadie habló.

Odín permaneció mirando la puerta con los ojos helados.

—Así que por eso esas viejas zorras no las detuvieron.

Cronos levantó la vista.

—Querían convertir a sus hijas en indispensables —continuó Odín—. Intocables. Eliminaron poco a poco a la competencia para asegurarse de que solo ellas pudieran destacar.

—¡Idiotas! —Cronos pateó uno de los informes caídos—. ¿Acaso la edad les pudrió el cerebro? ¿Realmente creen que porque sus hijas se convirtieron, mediante esos métodos mezquinos, en las más poderosas de la Academia Imperial significa que lo sean de verdad?

Se rio con desprecio.

—¡Ranas en el fondo de un pozo! Con la fuerza de sus hijas jamás podrán sostener a la Academia ni representar a la Federación frente a los monstruos que enviarán la Unión y el Imperio.

Golpeó nuevamente el escritorio.

—¡Su estupidez nos hará perder la cara! Y, peor aún, ¡nos hará perder los recursos! ¡Nos convertiremos en los pecadores de toda la Federación!

Odín, en contraste, se limitó a dar pequeños golpecitos con los dedos sobre la mesa.

Pensaba.

—Pero tienen razón en algo —dijo finalmente—. Aunque solo sea para completar los números, no podemos expulsarlas.

Cronos rechinó los dientes.

—¿Crees que no lo sé?

Una sonrisa furiosa apareció en su rostro.

—Que esperen. Primero sobreviviremos a esta tormenta. Después recibirán su castigo. Personalmente me aseguraré de que esas idiotas aprendan lo que ocurre cuando juegan con fuego.

Odín tomó asiento y levantó la mirada hacia el techo.

—Primero lo primero. Podemos ofrecer retrasar la graduación de algunos estudiantes que hayan alcanzado un nivel mental y una capacidad de combate aceptables. Luego podríamos…

Calló.

Cronos, que comenzaba finalmente a tranquilizarse mientras escuchaba a su viejo compañero, frunció el ceño.

—¿Luego qué?

Odín no respondió.

Su mirada había quedado fija en algo.

Cronos siguió la dirección de sus ojos hasta detenerse en una fotografía.

Era una imagen conmemorativa tomada durante el nombramiento del cuerpo de ejército más reciente de la Federación.

Los seis mariscales aparecían allí, cada uno representando a su respectivo ejército.

Y junto a ellos estaba el recién nombrado séptimo mariscal.

Adam Eden.

—Oye, Cronos —murmuró Odín—. ¿Recuerdas aquella noticia que recibimos hace algún tiempo?

El aludido apartó la mirada de la fotografía.

—¿Cuál de todas?

—Eva. Después de resultar herida y perder a su hijo, adoptó a varias niñas. Incluso fundó una academia exclusivamente para ellas.

La expresión de Cronos se volvió pensativa.

—Sí, recuerdo haber escuchado algo. Fue probablemente el mayor escándalo desde que mi hija rebelde cazó por su cuenta a un Rey Zerg mientras servía en el Séptimo Ejército y regresó cargando su cabeza para exigirme un puesto como maestra del Departamento de Mechas.

Hizo una pausa.

—Y eso ocurrió hace ciento cincuenta años…

El recuerdo pareció irritarlo nuevamente.

—Por lo que escuché, varias de las hijas de Eva fueron inspiradas por mi nieta. La mayoría quería convertirse en guerreras mecha. Pero ninguna academia quiso admitirlas. Ni siquiera nosotros, pese a todas las quejas de Atenea sobre la ausencia de mujeres entre nuestros estudiantes. Así que Eva decidió allanarles personalmente el camino y fundó una academia para ellas.

Cronos se detuvo.

Entrecerró los ojos.

—Espera. No estarás pensando…

—Escuché que varias de esas niñas alcanzaron el doble SS.

Cronos guardó silencio.

Esta vez Odín hablaba completamente en serio.

—Además, pese a ser una academia nueva, Eden alcanzó el puesto treinta en la clasificación interacadémica. Piénsalo, Cronos. Con una plantilla mínima de profesores y estudiantes, comparable a la de una academia rural, consiguieron colocarse entre las mejores de cientos de instituciones mucho más antiguas de toda la Federación.

Se inclinó ligeramente hacia adelante.

—¿Sabes lo que significa?

Cronos observó nuevamente la fotografía.

—Que Adam y Eva no escatimaron recursos para proporcionarles a sus hijas el mejor ambiente posible.

—Exactamente.

Una sonrisa comenzó a aparecer en el rostro de Odín.

—Puede que tengan pocos estudiantes, pero seguramente cada uno de ellos fue seleccionado y preparado cuidadosamente para acompañar algún día a esas muchachas al Séptimo Ejército.

Hizo una pequeña pausa.

—Y nosotros, precisamente ahora, necesitamos estudiantes.

Cronos evaluó aquellas palabras durante varios segundos.

—Quieres tragarte la Academia Eden.

No era una pregunta.

—¿Crees que Eva aceptaría?

Odín sonrió.

—Académicamente hablando, no es lo mismo graduarse de una institución fundada hace menos de veinte años que hacerlo de una academia que lleva siglos ocupando el primer puesto de la Federación.

Levantó un dedo.

—Ese es nuestro primer argumento.

Un segundo.

—El segundo es la situación del Séptimo Ejército. Los planetas de recursos que se disputarán en esta competencia se encuentran dentro de su zona de protección. Si nosotros fallamos y esos recursos terminan en manos de la Unión o del Imperio, el Séptimo perderá buena parte de los territorios que actualmente administra.

Cronos comenzó a comprender.

—Y la marea bestial se acerca.

—Exacto. Quiero ver cómo enfrentarán la próxima marea con menos territorios, menos recursos y, por consiguiente, una asignación presupuestaria menor.

La sonrisa de Odín se ensanchó.

—Además, podemos prometerles que, independientemente del resultado de esta marea, el Primer y el Segundo Ejército acudirán en ayuda del Séptimo de manera incondicional.

Apoyó ambas manos sobre el bastón.

—No creo que Adam y Eva se nieguen cuando están en juego tanto el futuro de sus hijas como el de su ejército.

Cronos golpeó pensativamente la mesa con los dedos.

Poco a poco, una sonrisa oscura se dibujó en su rostro.

—¿Y si aprovechamos esto para recordarles a ciertos estúpidos quién sigue gobernando esta academia?

Odín arqueó una ceja.

—Continúa.

—Ra será degradado a vicedecano. En su lugar ascenderé a esa hija rebelde mía como decana. Veamos si así conseguimos bajarle los humos a cierta pareja. No creas que no me he dado cuenta de que ese idiota lleva años poniendo a prueba mi tolerancia mientras utiliza a su mujer y a su hija como armas.

La sonrisa de Cronos se volvió más peligrosa.

—También sacaremos a Thot. Ese estúpido se deja manipular demasiado por su esposa y su hija. Permitiremos que Eva elija a su reemplazo como muestra de buena fe.

Odín dejó escapar una risa.

Cronos ya estaba completamente lanzado.

—Y, de paso, reduciremos nuestra propia carga. Dividiremos la Academia en tres grandes sectores: Combate, Auxiliares y Humanidades. Cada sector tendrá un subdirector y, por encima de los tres, estaré únicamente yo.

Comenzó a caminar alrededor del escritorio mientras organizaba mentalmente la nueva estructura.

—Hasta ahora, la Primera Academia Federal ha mantenido el equilibrio entre los dos ejércitos que participaron en su fundación: el Primero y el Segundo. Con Eden dentro, tendremos tres fuerzas.

Levantó tres dedos.

—Primer Ejército. Segundo Ejército. Séptimo Ejército.

Cerró la mano.

—Y, como máxima autoridad de la Academia, me colocaré en el sector políticamente más débil para mantener el equilibrio. Humanidades quedará bajo mi influencia directa y Hestia permanecerá como decana y subdirectora del sector.

Se volvió hacia Odín.

—Tú estarás a cargo de Combate. Comunicaciones, Pilotaje de Flotas, Pilotaje de Mechas, Comando y todos los departamentos relacionados. Eres un exmariscal del Segundo Ejército. Nadie podrá discutir tu autoridad.

Odín asintió lentamente.

—¿Y Eva?

—Auxiliares.

La respuesta fue inmediata.

—Farmacia, Botánica, Sanación, Logística, Diseño y las demás áreas de apoyo quedarán bajo su dirección.

Cronos volvió a mirar la fotografía.

—Eva puede estar herida, pero sigue siendo una exsanadora de nivel Divino. Además, es la maestra de una de las únicas tres farmacéuticas de ese nivel que posee actualmente la Federación y la esposa de Adam Eden, mariscal del Séptimo Ejército. Su posición será suficiente para mantener bajo control a las viejas del sector.

Odín le devolvió una sonrisa cargada de falsa inocencia.

—Ya estoy deseando ver sus caras cuando hagas el anuncio.

Soltó una pequeña carcajada.

—Quizá así aprendan a controlarse un poco.

Pero su expresión cambió enseguida.

—Aunque, Cronos… ¿estás seguro de aceptar mi propuesta?

Cronos lo miró.

—Esto significa cambiar reglas que jamás se han escrito, pero que todos hemos obedecido durante siglos. Una cosa es permitir que Adam y Eva funden una pequeña academia rural y hagan allí cuanto quieran. Otra muy diferente es que nosotros, la Primera Academia Federal, la institución que representa a la propia Federación, admitamos oficialmente a esas muchachas en carreras de combate.

Odín entrecerró los ojos.

—Una vez que lo hagamos, no habrá vuelta atrás.

Cronos permaneció callado.

—Y tú siempre has sido quien se ha opuesto con mayor vehemencia a permitir que las mujeres combatan —añadió Odín—. Si Atenea no hubiera tenido semejante talento y tu familia no hubiese sufrido aquella escasez de herederos prometedores, ni siquiera ella habría recibido tu perdón.

Cronos se levantó.

Caminó hasta el balcón y contempló la ciudad a través de los enormes ventanales.

Su expresión se oscureció.

—Es preferible eso a entregar nuestro lugar a las otras academias.

Odín esperó.

—Si permitimos que la Segunda o la Tercera Academia representen a la Federación en la competencia, la Primera Academia no podrá recuperar el título de mejor universidad durante los próximos cien años. El título pertenece al representante oficial.

Se volvió lentamente.

—¿Y sabes qué trae consigo ese título?

—Talentos.

—Exactamente.

Cronos apretó los puños detrás de la espalda.

—Los jóvenes que antes competían entre sí por ingresar aquí comenzarán a competir por entrar allí. Los grandes clanes enviarán a sus descendientes a nuestros rivales. Los recursos irán detrás de ellos. Los mejores profesores terminarán siguiendo el mismo camino.

Su voz descendió.

—¿Y nosotros?

El silencio llenó la oficina.

—Nosotros comenzaremos a decaer.

Por primera vez desde el inicio de la conversación, la ira había desaparecido de su voz.

Lo que quedaba era algo mucho más firme.

—No permitiré que miles de años de historia se derrumben en mis manos por culpa de un grupo de idiotas.

Odín lo observó durante unos segundos antes de asentir.

—Veo que, al menos, sabes distinguir qué es lo verdaderamente importante.

Se levantó y acomodó su ropa.

—Entonces, con tu permiso, me retiro. Tengo varias familias a las que llamar.

Caminó hacia la puerta, pero antes de salir volvió la cabeza.

—Y tú tienes a dos personas que convencer.

Cronos se limitó a hacer un gesto con la mano, ahuyentándolo.

La puerta se cerró.

Durante unos segundos permaneció solo frente al ventanal.

Después volvió la mirada hacia aquella fotografía.

Sus ojos se detuvieron nuevamente sobre Adam Eden.

 

Y la sonrisa oscura regresó a su rostro.