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Algo estuvo pasando.
Empezó hace apenas unos días, pero es la tercera vez que pasa.
Nico está junto a Valen en la habitación del hotel donde se estaban quedando. Ubicada al final del largo pasillo, un poco aislada, bastante más chica que las otras habitaciones. Los demás están durmiendo en los cuartos de al lado, seguramente.
Agarraron la compu. Esa que supuestamente era de Lisandro, pero que, al mismo tiempo, parecía pertenecerle a todos. Esa que estaba medio baqueteada y, para su suerte, bastante olvidada. Escribieron el link de la página que usaron la otra vuelta.
Cuando Valen aprieta Enter, aparecen varios videos en la pantalla, casi todos de mujeres con poca ropa, o sin ropa. Hay algún que otro hombre, pero son pocos. Algunos videos se mueven, como un gif, mostrando un adelanto de lo que está por pasar, otros solo dejan ver una imagen lo suficientemente explícita.
Casi siempre es Valen el que elige el video.
Quizás porque después de haberlo encontrado viendo eso la otra vez el colorado lo sacó rajando.
Pero entonces, con sus dulces ojos verdes, tan claros como el río, preguntó si él también podía mirar.
Como si nunca lo hubiera hecho antes. Como si no se le hubiera llenado de virus el celu por eso cuando era más pendejo. Como si fuera la inocencia en persona.
Sabe que no es la mejor manera de entretenerse. Es medio un bajón, pero sabe que las mujeres no son así, que el sexo no es así, sabe todo, pero quiere ver igual. Porque lo distrae, lo alivia.
Al principio pensó que Valentín lo iba a putear otra vez. O peor, se iba a ir otro lado dejándolo solo. Sorpresivamente en vez de eso se sentó un poco más al costado, dejándole un lugar en el suelo. Invitándolo a… mirar juntos.
Y sí, había sido rarísimo la primera vez que Valentín y él vieron porno juntos.
Barco lo miró con las mejillas rosas y le pidió que mantuviera la vista fija en la pantalla y no hiciera ruido, que no dijera nada, que se quedara quieto y punto.
Así que eso fue lo que pasó la primera vez, se masturbaron en silencio viendo porno lésbico. A Nico no le gusta el porno lésbico en realidad, prefiere el heterosexual.
Por suerte la segunda vez si vieron porno heterosexual. Y notó algo.
Se había dado cuenta de que Valentín gemía suavemente, casi susurrando, cuando la mujer le estaba chupando el pene al hombre.
Estaba esta regla de no hacer ruido, pero su amigo la rompió y eso lo puso nervioso.
Después se volvió muy difícil concentrarse.
¿Por qué Valentín sonaba así de... bien?
Le fue inevitable no sentir curiosidad por cómo se veía su compañero tocándose.
Miró un poco, apenas se giró.
Grave error.
La imagen de la cabeza de Valentín echada hacia atrás, la piel brillando por el sudor, los ojos cerrados, las cejas fruncidas, los labios entreabiertos que dejaban escapar leves jadeos, los rulos hechos un desastre, el agarre de su mano pálida alrededor de su pene, la forma en que elevaba las caderas hacia su mano.
No le sacó los ojos de encima por alrededor de un minuto. Capaz más.
Y entonces volvió a mirar el vídeo, solo para darse cuenta que ya no le generaba nada.
Lo único en lo que podía pensar era en que el pene de Valentín se veía mejor que el del tipo en la pantalla, que la cara de Valentín se veía mucho más linda que la de la mujer en la pantalla, y que, definitivamente, Valentín sonaba mucho mejor que cualquiera de los dos.
Durante el resto del vídeo, mantuvo los ojos cerrados y solo pudo pensar en su compañero cuando se corrió de lleno en su mano.
Y esta es la tercera vez que están ahí juntos.
Al toque Valen hace clic en un vídeo. Era uno en primera persona donde una mujer está practicando sexo oral.
Los primeros minutos siempre son raros. Los dos aún vestidos, con las manos sobre los muslos sin hacer nada.
Recién cuando la mujer empieza a bajar lentamente Nico ve de reojo como la mano del más bajo se mueve.
Bien.
Mira la pantalla.
Nico observa a la mujer abrir los labios alrededor del pene del tipo.
No está mal, pero no se parece en nada a lo que vió la vez anterior. No hace ni de lejos tanto calor.
Su pene apenas se levanta y cuando lo saca de sus pantalones apenas lo toca.
Solo cuando escucha a Valentín respirar con dificultad siente que su pene se contrae. Como se supone que no tienen que hacer ningún ruido, por alguna razón, eso hacía aún más excitante la situación.
Lo escucha gemir levemente. Es tierno, bajito. Hay algo tan erótico en ese sonido que Nico ni siquiera necesita ver el video.
Simplemente se toca a sí mismo en silencio y escucha la suave respiración de Valentín, sus delicados gemidos, la forma en que acelera el ritmo de su mano y llena la pequeña habitación con ese ruido tan dulce, obsceno.
— Mmm… aah… Perdón.
Valen se disculpa despacio después de gemir suavemente.
—No… No me importa.
Nico responde rápido. Es la primera vez que interactúan en medio de un video.
El colorado no dice nada después. Pero tampoco deja de emitir pequeños gemidos y jadeos.
En algún momento, Nico no puede soportarlo más. De verdad quiere verlo, volver a tener esa imágen de Valentín.
Y así lo hace. Mira otra vez.
Valentín tiene los ojos abiertos y se miran fijamente por un segundo antes de que el rubio vuelva rápidamente la vista a la pantalla.
El pánico se apodera de Nico, pero Barco no dice nada al respecto. El sonido de su mano moviéndose permanece imperturbable, nada indica que le haya preocupado el incidente.
—Perdón.
—No pasa nada.
Valentín responde, como si estuviera mirando la pantalla, sin importarle en absoluto.
Nico traga saliva y observa cómo la mujer del vídeo chupa el pene del hombre hasta la punta.
Se pregunta a qué sabe, cómo es hacer eso. Cómo sonaría Valen si se lo hicieran.
¿No debería preguntarse qué se sentiría si se lo hicieran a él?
—Mmmh... dios.
Barco gime. Es más fuerte que las otras veces. Paz siente su cara arder.
¿Por qué hace tanto calor? ¿Por qué le da tanto calor escuchar a Valentín así?
—¿No te gusta… mm…?
La puta madre.
Nico se muerde el labio y gira la cabeza para mirar a su compañero.
La reputisima madre.
No quiere mirar abajo. Bueno si quiere. Pero no lo hace.
—¿No te gusta el vídeo?
Valen pregunta de nuevo, esta vez completando la frase, sus ojos oscuros están vidriosos. Se ven tan pero tan lindos.
No mueve la mano, y entonces Nico se da cuenta de que él tampoco mueve la suya. Seguro se colgó escuchando los gemidos de su amigo y se olvidó por completo de tocarse.
—Si, me gusta.
Contesta rápido, tratando de restarle importancia.
Valentín se ve tan hermoso, tan necesitado de correrse. No quiere interrumpirlo.
—Si te resulta muy incómodo…
—Para nada. En serio.
Nico lo tranquiliza. Porque, en todo caso, sabía que debía sentirse incómodo, no tan cautivado y caliente.
Él argumenta que solo quiere mirar porque le ayuda a liberar estrés o alguna pavada así.
Obvio, esa es la razón.
—Bueno.
Barco responde sin agregar nada más.
El vídeo continúa. Y también los sonidos de su compañero masturbándose justo a su lado. Nico casi puede sentir el brazo de Valentín rozando el suyo; así de pequeña y aislada es la habitación, bueno tal vez no tanto, pero así se sentía. Como si no tuvieran más lugar, como si sofocara. Sus piernas apenas se tocan en la alfombra que cubría el frío suelo.
Es tan raro. Tan raro.
Puede echarle una miradita disimuladamente cuando Valen empiece a subir el ritmo ¿No? Porque entonces va a volver a echar la cabeza hacia atrás, va a volver a cerrar los ojos y no se va a enterar.
Nico espera un poco más, hasta que escucha a Valentín contener la respiración y ve de reojo cómo, efectivamente, inclina la cabeza hacia atrás.
Y lo mira.
La vista es todavía más hermosa que la última vez. Las mejillas del más bajo están rojas y se está mordiendo el labio inferior, sus bíceps se tensan mientras mueve la muñeca más rápido, la punta de su pene se ve preciosamente sonrojada y entonces…
—¡Aah!
Valentín se corre.
Nico observa con la boca ligeramente abierta cómo el semen salpica en chorros sobre la camiseta del colorado, mientras sus caderas aún se mueven y su cuerpo se estremece. Observa cómo la frente tensa se le suaviza, y es reemplazada por una expresión de satisfacción.
Nicolás siente cómo su propio pene se contrae hasta ponerse completamente duro contra su estómago. No puede dejar de mirar.
Ni siquiera cuando Valentín abre los ojos y lo descubre mirándolo otra vez. Nico está en estado de shock, completamente hechizado por lo precioso que se veía su amigo.
—No mires, pajero. Es raro.
Valentín se queja, sus pecas teñidas de rojo como si ardieran, seguramente ardían, mientras gira la cabeza hacia otro lado.
Nico aprieta los labios mientras vuelve la cabeza hacia la pantalla. No puede concentrarse en el video. Mientras mueve la mano, Valen vuelve a su mente por segunda vez. Cuando llega al clímax, casi gime su nombre.
—¿Esta noche?
Pasaron dos semanas desde que miraron porno juntos.
Estuvieron muy ocupados, demasiado cansados. A veces Barco se quejaba de que quería verlo solo.
Nico sabe que se siente incómodo por lo que pasó la última vez. Es obvio.
Ahora Valen lo mira, tratando de encontrar una excusa para estar solo otra vez.
—Por favor… Sabes que solo hay una compu y a la noche es el único horario donde podemos ver.
—Miralo en tu celular.
Valentín murmura, desviando la mirada.
—No es lo mismo y lo sabes. No seas malo.
El rubio lo presiona sutilmente, tratando de sonar lo más triste posible. Barco es sensible a ese tono de voz.
Un suspiro escapa de los labios de Valentín y se pasa la mano por la cara, antes de dirigirle la mirada.
—Bueno. Pero no me podes mirar esta vuelta.
Al fin. Esa era la verdadera razón. Lo sabía.
Nico asiente con cuidado.
—¿Por qué... por qué me miraste?
Valen pregunta justo después, pretendiendo ser curioso nada más, pero se pone nervioso. Y es muy tierno.
Nicolás sabía que esta pregunta era inevitable, pero no había podido encontrar una buena excusa.
—Es que dijiste que no podía y no me gusta hacerte caso.
Es una boludez, lo sabe. Pero mejor que “tu voz hace que mi polla se ponga dura como la mierda y sos el pibe más lindo que conozco” era. Valentín lo re cargaría a palos si dijera eso.
El colorado no dice nada, solo lo mira con una expresión indescifrable.
—Perdón.
Añade casi al instante. No es una disculpa sincera, porque no la siente. Valentín probablemente también sabe que no lo es, porque lo mira con los ojos ligeramente abiertos.
—¿A vos te gusta mirarme?
Valentín pregunta, cada vez más nervioso, jugueteando con el cordón de su buzo, mientras su pie empezaba a golpear delicadamente el piso.
—No, obvio que no. Me dió curiosidad nada más, no lo voy a volver a hacer.
Nico dice, ahora más serio porque no quiere perder la oportunidad de ver porno justo al lado de Valentín otra vez... y escucharlo.
—Pero si me volves a mirar no vamos a poder seguir con esto ¿Entendés?
Ah, un ultimátum.
Nico asiente seriamente.
Se había vuelto muy, muy astuto.
Cuando su compañero permite que él elija el video siempre elige uno que sea lo suficientemente oscuro como para poder ver el reflejo de Valentín en la pantalla.
Encuentra uno en primera persona, sabe que a Valen le gustan, en realidad cualquier cosa que involucre sexo oral servía. Porque es incapaz de contener sus gemidos con esos videos.
Y ahí es cuando baja un poco más la guardia.
Entonces observa a Valentín a través de la pantalla, observa cómo enrosca su mano alrededor de su miembro inmediatamente cuando la mujer del vídeo envuelve los labios alrededor del pene del hombre.
Es lindo. El pene de Valen es lindo. Un poco más chico que el suyo, pero tiene un buen grosor, la cabeza es rosada, bonita. Nico se pregunta a qué sabe. Sobre todo después de tocarlo hasta que esté rojo y húmedo por el líquido preseminal.
Y un poco después, le encanta ver cómo se acumula el sudor en la cara de Valentín, le encantan las respiraciones entrecortadas, la forma en que su pecho se agita, cómo cambia el ritmo de su mano.
Le encanta observar cómo Valen jadea y se muerde el labio inferior, concentrado mientras frunce el ceño con fuerza.
Sus ojos amenazan con cerrarse, pero él quiere mirar con tantas ganas. Intenta enfocarse pero no puede.
Y la forma en la que gime… No puede contenerse, gime fuerte, a veces incluso parece ronronear. Es vulgar, lo sabe, y eso enciende todo en Nico.
Lo desea. Lo quiere todo para él solo.
Cuando Valentín se corre, Nico no puede contener un gemido, siente cómo su cuerpo tiembla y sus piernas se abren un poco más.
El leve roce de sus muslos también le hace echar la cabeza hacia atrás, y se corre pensando en el pene de Valentín en su boca.
—Che vos siempre… siempre te venís justo después de mí.
Valen dice al otro día, mientras ambos salían de la habitación.
Nico se detiene un instante antes de seguir caminando con naturalidad, encogiéndose de hombros. Actuar como si no le importara suele hacer que Valentín sospeche menos.
Pero hoy no era el caso.
—No me escuchas ¿No?
Valen baja un poco la voz mientras pasan junto a algunos de sus compañeros saliendo del hotel.
—Eh no… Yo solo miro la pantalla. Bueno, a veces si eres algo ruidoso.
Lo dice sin bajar ni un poco la voz.
Valentín le da un golpe en el brazo, mira para otro lado avergonzado unos segundos antes de volver a mirarlo.
Valen se ríe entre dientes, algo nervioso.
—Son esos videos… los del punto de vista de… bueno vos sabes cuales.
Si, Nico lo sabe. Precisamente por eso los elige. Simplemente tararea y asiente. Mira una vez los cachetes colorados del más bajo que parecían combinar con su pelo.
Precioso.
—Perdón si hago mucho ruido es que… se siente muy bien cuando te hacen eso viste.
Valentín se disculpa y entra al micro con los demás. Ambos se sientan juntos, algo apartados del resto. Hoy había partido.
Ah.
Nico siente que el calor le sube repentinamente a la cara, le falta el aire por un momento. Intenta regular su respiración.
—Uh ¿Me pase de sincero?
Barco pregunta, aunque no suena muy arrepentido. Parece bastante divertido con la reacción.
Nico niega con la cabeza. Es que va a tener que volver a tocarse si Valentín dice cosas así.
—Digo no más.
Valen se encoge de hombros.
Nico se muerde la lengua para evitar ofrecerse como voluntario.
Pasa algo.
Hay un cambio en el aire.
Valen a veces habla durante... durante sus juntadas nocturnas.
Hace que Nico se ponga demasiado duro. Hace que se corra demasiado rápido.
—Mm si… dios… que bueno… seguro se siente re… bien.
Valentín gime, viendo uno de los millones de videos de sexo oral en primera persona que hay en internet. Nico transpira, escuchandolo con los ojos entrecerrados.
—Ojala… mmm… a mi… la puta madre.
Valentín gimotea, acelerando el ritmo de su mano, jadeando tan dulcemente mientras lo hace. Nico no puede contener sus propios gemidos, quiere ayudar a Valentín a sentirse bien, pero no puede.
Él simplemente observa a su compañero retorciéndose en su lugar a través del reflejo de la pantalla, siente cómo su muslo toca el suyo a veces. Le calienta tanto.
—Aaah… quiero…
Valentín apenas puede articular palabra. Está gimiendo, masturbándose tan rápido y con tanta fuerza que el sonido resuena en las paredes.
Nico se va a correr.
—Tengo tantas ganas de que me la chupen.
Esa es la gota que derrama el vaso. Nicolás abre la boca, siente un nudo en el estómago y se corre con fuerza.
—V-valen.
Mierda.
—Bajá la voz.
Nico lo reta.
Ja.
Barco lo mira con incredulidad.
—¿Por qué sonó a que gemiste mi nombre?
—O sea, lo hice, pero no en la forma en la que piensas.
Nico desvía la conversación, intentando que Valen deje de sospechar de él por algo que, sin duda, hizo.
—Gritabas tanto que apenas podía concentrarme en el vídeo. Quería que te callaras.
Valentín se muerde el labio, reflexiona sobre lo que está diciendo y se pone un poco nervioso porque Nico tiene razón. Gime muy alto.
Probablemente sean los deslices anteriores lo que hacen sospechar a Valentín. La vez que lo miró y lo engancho justo, y ahora esto. Se da cuenta de que las cosas no están a su favor.
Pero Barco le da el beneficio de la duda y decide creerle.
Al menos, Nico cree que sí.
Hasta la noche siguiente, cuando el más bajo hace clic en un vídeo que no tiene absolutamente nada que ver con lo que suelen ver.
Son dos chicos.
Definitivamente no es algo que le guste a Valentín. Al menos, en las últimas semanas no mostró ningún interés en eso.
Nico observa a su amigo, intenta descifrar la expresión de su rostro, pero no puede.
—¿Te gusta esto?
Valentín pregunta sin mirarlo.
Hace que el corazón de Nico se acelere, lo deja paralizado como un ciervo ante las luces de un coche. No sabe qué decir. No entiende las intenciones de esto.
Entonces él se queda mirándolo atónito, mientras el colorado permanece sentado y observa la pantalla.
Nico traga saliva, vuelve a mirar la pantalla y ve a dos chicos besándose en una cama, acariciándose. Eso le provoca un escalofrío. Le hace pensar en cómo podría tocar y besar a su compañero de esa manera.
—¿Y a ti? ¿Te calienta?
Nico redirige la pregunta porque siente que Valentín lo está poniendo a prueba.
Sobre todo porque Valentín no se está tocando. Está mirando la pantalla, pero no se toca en absoluto. Así que Nico deja caer sus manos, fingiendo que no le afecta.
—Mhm.
Es solo una expresión vaga. No es afirmativa, pero tampoco es un "no". No revela nada.
Nico se muerde la lengua mientras observa a los chicos en la cama, y descubre que el colorado se parece un poco a Valen, y que el rubio se parece un poco a él.
Le hace arder las mejillas, aparece un rojo intenso que se extiende por todo su rostro en segundos.
Observa cómo sus penes se frotan entre sí. Se le hace agua la boca, siente un deseo incontrolable de tocarse, pero mantiene las manos quietas. Si Valentín no se tocaba, él tampoco lo haría.
—Se parecen a nosotros.
Suelta Valentín.
Nico se ríe entre dientes, demasiado nervioso. Preguntándose qué mierda le pasa a su amigo por la cabeza.
Observa cómo el rubio se arrastra hacia abajo, besando el pecho del colorado, bajando hasta sus abdominales, observa cómo lame la línea en V de su pareja.
Nico aprieta los muslos con fuerza, pero no puede evitar que se le ponga dura al ver la escena. No puede apartar la vista de la pantalla.
El rubio succiona uno de los testículos del colorado con la boca, y Nicolás contiene la respiración, una de sus manos tiembla y tiene que agarrarse las piernas.
Mierda.
Valentín lo observa, puede sentir su mirada. No debe tocarse.
—¿Vos qué opinas? El colorado se parece un toque a mí.
Valentín vuelve a comentar, esta vez con un tono más relajado.
Nico traga saliva y asiente una sola vez, mordiéndose el labio inferior mientras mira el vídeo.
Cuando el rubio chupa el pene del pelirrojo, la mano de Nico se dirige a su entrepierna. Sabe que no debería tocarse, sobre todo porque su compañero no se mueve ni un centímetro, pero el vídeo le acelera el pulso.
—El rubio se parece a vos.
Dice Valentín.
Son solo comentarios sueltos, boludeces, y Nico solo puede asentir con la cabeza, aturdido, porque no entiende lo que Barco intenta insinuar.
Es mejor que se calle.
El rubio en la pantalla toma el pene del pelirrojo en su boca y lo introduce lentamente, solo la punta.
Nico exhala temblorosamente, mira la pantalla con los ojos muy abiertos y su mano se mueve sola. Está increíblemente excitado.
—Agarrandome la pija con tu boca.
Valentín susurra suavemente.
Nicolás gira la cabeza bruscamente hacia él, quien simplemente asiente mirando la pantalla.
—Es lo que parece ¿No? Una locura.
Lo dice con indiferencia, como si fuera divertido de ver. Como si de alguna manera fuera gracioso.
Nico no sabe qué responder, así que simplemente asiente de nuevo. Intenta ver si Valentín está afectado, pero él tiene las piernas relajadas y los brazos cruzados sobre su pecho. Como si nada.
Aunque, por alguna razón, da la sensación de que lo está examinando.
Él vuelve a girar la cabeza hacia la pantalla, se muerde el labio inferior mientras observa con los ojos muy abiertos cómo el rubio introduce lentamente el pene del colorado en su boca, mientras su mano rodea los testículos del mismo. El colorado gime, inclina la cabeza hacia atrás y aprieta con fuerza el pelo del rubio.
—Joder.
Nico maldice en voz baja, frotandose la entrepierna. Se pregunta si a Valen también le gusta, si Valen se imagina que son ellos dos. No se escucha ningún sonido, ningún movimiento del lado donde está sentado su amigo. Qué mal.
Tiene la sensación de que no debería seguir viendo.
Pero cuando el colorado empieza a follarle la boca al rubio Nico no puede apartar la vista. Se baja los pantalones para liberar su pene, lo sujeta y empieza a masturbarse lentamente.
Sus párpados se cierran mientras piensa en el pene de Valentín en su boca. Piensa en lo lindo que gime Valentín, en cómo no puede contener esos sonidos cuando ven esos videos.
—Que bien me la chupas.
Susurra Barco. Despacio. Con ese tono que se siente como una caricia.
Nicolás contiene la respiración, sus orejas se ponen rojas al imaginar a su compañero follandole la boca. Se acaricia la punta del pene con el pulgar, mirando fijamente la pantalla.
—¿Te gustaría?
La pregunta hace que Nico se estremezca. No puede responder. Valentín ya demostró lo incómodo que se siente cuando lo mira o lo escucha. No hay forma de que esté insinuando esto.
Él simplemente observa a los tipos en la pantalla, con las mejillas cada vez más rojas. Observa cómo el pelirrojo folla la boca del rubio con rudeza, haciéndolo atragantarse.
—Mmm…
Nico echa la cabeza hacia atrás, sintiendo que ya está cerca.
Ahora de reojo nota que Valentín se mueve y se sienta en la cama. También escucha como se baja un poco el pantalón.
—Si querés…
Valentín susurra una vez más.
Nico se quiebra. Asiente frenéticamente.
—Si, joder.
No sabe con qué rapidez se posiciona entre las rodillas del más bajo, pero sabe que es torpe y parece desesperado. Le da igual. Se pone rojo de deseo, separa los muslos de Valentín con las manos y le baja los pantalones de un tirón.
Se le hace agua la boca como a un cachorro hambriento mientras se acerca al pene semi erecto de su compañero.
—Ah, cediste rápido.
Dice Barco, con la voz un poco más grave de lo normal.
Nico es prácticamente sordo. Besa el pene de su amigo, lo lame varias veces con un hambre que no puede controlar. Sabe bien. Huele bien. Chupa uno de sus testículos.
—No Nico, te estaba jodiendo… Nada más queria ver si…
Valentín intenta apartarlo, pero Nico sujeta con fuerza sus muslos sin darse cuenta, lame desde la base hasta la punta del pene y siente cómo este se contrae contra su lengua.
—Ah…
Las manos del colorado se aferran a su cabello, manteniéndolo ahí. Y entonces Nico lo hace una y otra vez. Cubre el pene de Valentín con su saliva, lo lame hasta que está completamente erecto.
—Mmm… Nico, p-pará… quería ver si te… gustaban los chabones no más… mmmh…
A Nico, sinceramente, le importaba un bledo lo que Valentín estuviera intentando decir. Lo único que quería era chuparle la pija y hacer que gimiera de esa forma tan… linda, como siempre hace cuando ven esos vídeos de mierda.
Envuelve su boca alrededor de la punta del pene de Valentín, lo succiona y luego chasquea los labios para saborearlo.
—Esto es… mmh… r-rarísimo… Nico… la puta madre.
Barco putea dulcemente, sus manos en el cabello del rubio lo empujan más cerca de su pene, en completo contraste con sus palabras.
Nico está ansioso, toma el pene de Valentín completamente en su boca, le encanta la sensación. Es suave y cálido, y se contrae en su boca, exactamente como lo había imaginado. Su nariz se presiona contra el vello púbico del más bajo, y gime con su pene entre los labios, como si fuese lo más rico que hubiera probado.
Seguramente lo es.
—Aaah… mmh… si…
Valentín gime, moviendo las caderas hacia adelante una vez, lo que provoca que Nico tenga arcadas.
—Mmmhh…
Muy bueno. Nico se estremece de placer, apretando con las manos la parte interior de los muslos de Barco. Luego se mueve, asiente con la cabeza, deja que su saliva recorra su miembro y pasa la lengua por la parte inferior del pene.
Muy bueno, muy bueno.
Él succiona, ahuecando las mejillas mientras lo hace, asegurándose de marcar un buen ritmo. Cada vez que se le escapa un poco, frota sus labios sobre la punta del pene de su amigo.
La temperatura de la habitación sube, los sonidos húmedos resuenan contra las paredes. Nicolás puede ver la sombra que la luz de la pantalla proyecta en la pared. Puede ver la silueta de Valentín echando la cabeza hacia atrás.
—Sos tan bueno… lo haces muy bien.
Valentín lo halaga, tal vez sin querer, pero Nico siente que el orgullo le sube al pecho. Se esfuerza aún más, succiona con más fuerza, se atreve a separar los labios y agarrar la base del pene para golpear la punta contra su lengua.
—Mmm… por dios… ¿puedo… yo quiero…
—Sí.
El rubio acepta. Ni siquiera sabe lo que su amigo quiere decir, pero lo quiere todo.
—Aah… hijo de puta…
Valen lo insulta y luego agarra con fuerza el cabello de Nico. Lo obliga a acercarse, y él se deja, porque lleva demasiado tiempo deseando esto.
—¿Posta p-puedo…?
La voz de Valentín suena entrecortada y necesitada, como si él también hubiera deseado esto desde hace mucho tiempo. Lo cual, probablemente, es cierto, solo que no con él.
Nico asiente.
—Por favor.
Eso es todo lo que necesita Valentín para presionar su pene contra sus labios. Sujeta la cabeza de Nico hundiendo los dedos en su cabello y comienza a embestir su boca.
Mierda.
—Mmmh…
El rubio gime de placer, abriendo aún más la boca. Le encanta cómo le agarra el pelo, le encanta el ligero dolor, le encanta que Valentín gima incluso más fuerte de lo normal.
Esto es con lo que estuvo fantaseando. Por fin saborearlo con su lengua. Por fin tener a su compañero usando su boca para su propio placer.
—Ah… tu boca es… es…
Valentín divaga, embistiendo con especial fuerza, lo que provoca que el rubio vuelva a tener arcadas. Es perfecto. Nico siente su propio pene palpitar, suplicando ser tocado, así que se lo agarra mientras Valen le coge la boca.
—Mierda…. mmm…
Barco gime, y su mano recorre el cabello de Nico hasta llegar a su mejilla, apartándole un mechón de pelo de la cara. Es un gesto amable y, en cierto modo, dulce. Eso hace que las mejillas de Nico se pongan aún más rojas.
—Bancá.
Valentín jadea suavemente y luego saca su pene de la boca de Nico, para gran consternación de este último.
—Por favor, no paremos.
—No, no. Sentate.
El colorado ordena sin aliento.
Nico hace una mueca, con aire de tristeza, mientras se pone de pie con dificultad para sentarse en la cama junto a él.
En realidad, espera que Valentín le dé un sermón o algo así. Pero en vez de eso se levanta y se pone al frente de él, levantando una pierna y apoyandola justo a su lado en la cama. La vista era un espectáculo. Su pene erecto se acerca de nuevo y Nico abre la boca con avidez.
Levanta la vista una vez y hace contacto visual con Valentín, que parece completamente destrozado. Tiene la mirada perdida, los labios rojos y mordidos, y parece un hombre necesitado de afecto. Hambriento, con los ojos llenos de lujuria.
Nico quiere darle todo. Cualquier cosa que Valen desee.
—Dale, mostrame lo bien que la chupas.
Barco le ordena en voz baja, provocando que Paz se estremezca de nuevo. En esto es en lo único que estuvo pensando durante el último tiempo: en tener el pene de su compañero en la boca, oírlo gemir dulcemente y obedecer todas sus órdenes.
Él asiente, apenas consciente, mientras vuelve a rodear el pene de Valentín con sus labios. Deja que se lo meta completamente en la boca, y luego succiona con más fuerza, lo introduce lo más profundo posible, lo devora y saborea el gusto en su lengua.
Escucha los gemidos del más bajo, sus jadeos y las puteadas que suelta entre dientes. Eso lo motiva a esforzarse más.
—Sos muy bueno, no puedo creer que seas tan bueno chupandola.
Valentín lo halaga otra vez, mientras vuelve a agarrar el pelo del rubio.
Nico no quiere parar nunca.
Él quiere quedarse en esta pequeña habitación con Valen, hasta que estén completamente agotados, hasta que hayan descubierto cada centímetro del otro a fondo.
Recorre con una mano el muslo pintado de Valentín, lo acaricia hasta llegar a su nalga, siente la piel suave y blanda, la aprieta mientras introduce el pene más profundamente en su boca.
—Dios.
Valentín gime, algo áspero, pero lindo aún, eso hace que el pene se le estremezca y duela.
—Tocate vos también.
Valentín le indica.
Nico lo escucha fuerte y claro. Se envuelve la mano alrededor de sí mismo y mierda…
No va a durar mucho.
Tira una vez, dos veces, y luego tiene que parar antes de poder correrse por toda su camiseta.
—No pares, quiero ver como te tocas.
Otra orden.
Nico gime alrededor del pene de Valentín. Esa debe ser la cosa más excitante que jamás haya escuchado decir a su amigo. Lo hace arder, y lentamente vuelve a rodear su pene con la mano, sabiendo que él lo está mirando.
—Mmmh…
Gime el más bajo. Suena muy bien y puede notar que Valentín se está acercando. Solo por la forma en que le coge la boca con más fuerza, más rápido, sin ritmo. La mandíbula de Paz se relaja, dejando que Barco use cada centímetro de él porque su mente está completamente en blanco.
—Aah… voy a…
Nico no escucha el resto de la frase porque con solo otro movimiento de su muñeca siente cómo los músculos de su propio estómago se contraen con fuerza, sus ojos se ponen en blanco mientras se corre por completo.
También escucha a Valentín llegar al orgasmo, pero lo siente lejos. Aún en el clímax de su propio orgasmo, siente el líquido caliente que le baja por la garganta. El rubio se lo traga todo sin pensarlo dos veces y mantiene al más bajo quieto hasta que siente que le da unas palmaditas en la cabeza.
—Te cuesta parar.
Nico tararea en respuesta, deja que el pene de Valentín se deslice fuera de su boca y cierra los ojos para revivir todo ese momento.
—La puta madre.
Valen insulta en voz baja.
—No puedo creer que vos y yo… No puede volver a pasar.
Nico tararea de nuevo, sin procesar realmente las palabras porque aquello fue lo más excitante que experimentó en su vida.
Y todavía siente el sabor de Valentín en su lengua al día siguiente.
—No, no vamos a mirar juntos.
Barco lo dice estrictamente, por tercera vez. Nico contó los días. Pasaron dos semanas enteras sin porno. Sin Valen, en realidad.
Este último tiempo decidió aceptar lo que sentía y descubrió que no es solo porque Barco le haya prohibido mirarlo o porque le da simple curiosidad. Siente atracción sexual por su compañero, y esa atracción se extiende fuera de la pequeña habitación.
Por ejemplo, cuando están conversando, él se fija en los labios de Valentín y en cómo se los humedece cuando se le secan demasiado. Cuando están entrenando, se fija en lo lindas y delicadas que se ven sus piernas pálidas. Cuando están jugando, se fija en la fluidez de sus movimientos.
Una atracción genuina, puramente física, nada que no pueda superar.
Él no está enamorado ni nada por el estilo.
Él simplemente tiene muchísimas ganas de tocar a su compañero.
—La última vez fue nada más que un arrebato por la calentura del momento como dijiste ¿Qué te da miedo?
Esta vez, Paz pregunta. Es la primera vez que se atreve a decir algo al respecto, ya que Valentín evitó el tema todo este tiempo.
—No tengo miedo. Pero no me parece buena idea.
No da ninguna razón.
—¿Por qué?
—Porque no.
Barco desvía la mirada, girando la cabeza e intentando encontrar algo con lo que distraerse.
—Yo creo que tenes miedo porque te gustó.
Nico comenta, con la voz un poco más baja. Valentín gira la cabeza bruscamente hacia él, completamente sorprendido. Se le ruborizan las mejillas y se pone nervioso en cuestión de segundos.
—No, no fue así. No me gustó… fue la-
—La calentura del momento.
Nico termina la frase por él. Ya lo había escuchado todo antes.
—Pero entonces ¿Qué te da miedo? Las otras veces que vimos juntos no pasó nada.
Él argumenta.
El más bajo se sonroja, se sonroja tanto que toda su cara se pone completamente roja.
—Así que yo creo… creo que te gustó mucho.
Sí. Nico ya estaba preparado para esta charla.
—A mí me gustó.
Admite. Esto pone a Valentín aún más nervioso, no se esperaba esa respuesta.
—Pero tú dijiste que no puede volver a pasar y coincido. Yo no fui quien empezó la jodita igual.
Eso hace que Barco se quede sin aliento. Nico puede ver la expresión de su cara bañada en vergüenza porque sabe que fue así, él empezó.
A veces la audacia da sus frutos.
—Dale, miremos. Por favor.
Súplica en voz baja una última vez, esperando que su amigo caiga nuevamente rendido ante sus brillantes ojos verdes mientras revolotea un poco las pestañas.
Valentín respira hondo y luego suspira, sacudiendo la cabeza.
—Bueno.
Nico mira la pantalla con cierto aburrimiento, esperando que aparezcan las mismas mujeres de siempre en ese sitio web. Pero cuando Valentín aprieta Enter, aparece otra página completamente distinta.
Aparecen letras grandes en el medio.
"Recomendado porque viste: Un chico necesitado recibe sexo oral de su compañero de cuarto."
Las cejas de Nico se arquean al ver la miniatura del video. Unos chicos parecidos a los del último set, un colorado y un rubio, con la cara del rubio toda cubierta de semen.
Entonces se da cuenta de que esta no es la página que suelen usar.
Solo hay hombres.
Cuando baja la mirada ve otra ventana emergente.
"Recomendado porque viste: POV: mi compañero de clase me hace una mamada durante la clase de historia."
Con la miniatura de un chico rubio chupandosela a alguien debajo de un escritorio.
—Ah.
Valentín exhala, cambia rápidamente el link a la página de siempre y aprieta Enter otra vez.
Interesante.
Las mejillas de Nico se tiñen de color rosa mientras mira a su compañero que parece estar perdiendo la cabeza.
Se ríe nervioso, se frota el cuello y luego tose mientras desplaza la página a gran velocidad, sin siquiera mirar los vídeos.
Mierda.
Nico no se atreve a abrir la boca, pero está bastante seguro de que no debería haber visto eso.
Valentín ve porno gay. Sin él.
Las últimas dos semanas solo probablemente vió mucha pornografía gay. Tipeo el link tan rápido, sin pensar, como si se lo acordara de memoria por escribirlo tantas veces.
Nico no se atreve a moverse ni un poco. Aunque lo desea. Quiere ver qué expresión tiene el colorado, quiere saber lo atrapado que se siente en ese momento.
Silencio. Solo está el sonido de su respiración. El ambiente se siente pesado, tan pesado que sofoca un poco.
—¿Qué-
Barco se aclara la garganta.
—¿Qué querés ver?
Le pregunta. Suave, entrecortado, nervioso.
Nico tiene que tragar saliva porque la tensión lo está matando.
Valentín nunca le preguntaba qué quiere ver. Probablemente solo sea para disimular lo que acaba de pasar, pero eso solo lo hace aún más evidente.
Valentín… viendo porno gay…
Viendo videos de hombres que se parecen a él…
Porque se parecían a él ¿No? Demasiado específicos, el pelo rubio, brillante, largo hasta la nuca, chupando una polla. Como si su amigo estuviera intentando revivir lo que pasó.
—Voy a elegir cualquiera.
Barco avisa cuando Paz sigue sin moverse, sin decir una palabra.
Hace clic en un vídeo al azar, un vídeo muy insulso, de un hombre y una mujer en la postura del misionero. La verdad es que es aburrido, y Nico no consigue excitarse ni un poco.
Sigue estancado con Valentín viendo porno gay. Su amigo viendo porno gay. Valentín diciendo que fue un impulso del momento, que no le gusta. Pero le gusta, y ve esos vídeos, y está intentando ocultar que los ve. Esos vídeos con chicos que se parecen a él.
Su compañero tampoco está viendo el vídeo. Cuando Nico lo mira a través del reflejo de la pantalla, se encuentra con que Valentín le devuelve la mirada.
El más bajo se sobresalta un poco, y sus ojos se abren ligeramente al darse cuenta de que lo agarraron con las manos en la masa. Gira la cabeza y aprieta los labios avergonzado.
Nico siente que le arden un poco las orejas porque se siente muy tenso.
La pareja en la pantalla no está haciendo nada por ninguno de los dos. Cuando Nico baja la mirada, ve que las manos de Valen siguen sobre sus muslos, los pantalones intactos.
—¿Querés ver otra cosa?
El colorado pregunta, con la voz aún más vulnerable. Ni siquiera espera una respuesta, ya está buscando nuevos vídeos. Las piernas le tiemblan un poco. Está muy nervioso.
Nico se aclara la garganta.
—¿Y qué onda con… la otra página?
Consulta, haciendo que Barco detenga sus movimientos. Deja de desplazarse por la pantalla, aprieta la mandíbula y contiene la respiración durante unos segundos.
Nico espera.
—¿Qué página?
Valen pregunta, aunque por su tono queda claro que ya sabe.
—No sé, la otra parecida a esta.
La mentira se extiende aún más y ahora está escribiendo frenéticamente un link aleatorio; la forma en que presiona las teclas es demasiado brusca y rompe el tenso silencio, haciéndolo aún más incómodo.
Entonces Nico levanta la mano y la coloca sobre la de Valentín, encima del cursor. Luego la mueve lentamente hacia la esquina superior izquierda de la pantalla, hacia la flecha que los lleva de vuelta a la página anterior.
Barco permanece en absoluto silencio, salvo por su respiración agitada, que pone aún más tenso al más alto.
Presiona el dedo de su amigo, le hace apretar la flecha y observa cómo vuelve a aparecer aquella página.
"Recomendado porque viste: Un chico necesitado recibe sexo oral de su compañero de cuarto."
Nico se lame los labios al ver la miniatura y siente que su pene ya se contrae.
Otro vídeo recomendado se titula: "Chicos universitarios curiosos se tocan debajo del escritorio."
Tiene buena pinta.
Nico mueve el dedo de nuevo, y Valen no lo detiene.
Entonces Nico hace clic en el vídeo recomendado, se muerde el labio inferior mientras retira lentamente la mano y se acomoda en su lugar.
Barco no aparta la mano de la computadora, pero tampoco hace nada más, como si estuviera paralizado. No sabe si ver esto con él o no.
Nico anticipa el video, bajándose el pantalón, porque sabe que le va a excitar.
Cuando empieza el vídeo, solo se ven dos chicos sentados en las sillas del salón. La cámara pasa por distintos planos, más lejos, más cerca, y eso hace que a Nico se le humedezca un poco la cara.
Solo con ver cómo ambos chicos están duros debajo de sus pantalones, y mirando los bultos del otro, curiosos y nerviosos, manteniendo las manos quietas al principio.
Comete el pequeño error de volver a mirar a Valentín a través de la pantalla y ve como mueve la mano al fin, encima de su entrepierna.
Al igual que los chicos del video, están sentados uno al lado del otro, muslo contra muslo, tocándose tímidamente.
Nico reprime la tensión que siente en la garganta, observa cómo los chicos en la pantalla se acarician levemente, se abren los cierres para liberar sus miembros. Observa cómo se miran entre sí, ansiosos, preguntándose si pueden tocarse.
Dios. Tiene muchísimas ganas de tocar a Valentín.
Nico deja escapar un suave gemido, cierra los ojos por un segundo y envuelve su mano alrededor de su propio pene, imaginando que es la mano pálida de su compañero.
Puede escuchar a Valentín respirar con dificultad a su lado, y también escucha cuando baja su pantalón. Eso es suficiente para saber que le gusta.
Esto le gusta.
Nico se siente mucho mejor al saber que no es el único al que le gusta el porno gay.
Cuando mira a través de sus pestañas la pantalla, puede ver cómo uno de ellos ahora está agarrando los testículos del otro, y el otro está agarrandole el muslo con fuerza.
Eso hace que separe más las piernas, sintiendo cómo el muslo del colorado presiona ligeramente contra el suyo.
Hace calor. Muchísimo calor en la habitación, pero siguen rozándose los muslos. Siguen presionándose el uno contra el otro.
Se atreve a mirar a Valentín a través de la pantalla otra vez, pero se sorprende cuando nota la mirada de su compañero posándose en él también. Ambos tenían puestos los ojos en el otro.
Ah.
No puede apartar la vista. Su mano frena un instante antes de intentar mirar a otro lado. Pero no puede. No puede romper el contacto visual. Aunque su rostro se empieza a calentar y su cuerpo aún más, no puede apartar la vista del pelirrojo. Y tampoco puede dejar de mover la mano.
Barco lo mira avergonzado, mordiéndose el labio inferior mientras se toca a sí mismo.
Por Dios.
Nico se siente sin aliento, caliente y ardiendo por todas partes. Llegaron a este punto. Llegaron a este punto y él quiere más. Quiere mucho más.
No basta con chuparsela a Valentín, quiere tenerlo de todas las maneras posibles justo ahora. Justo en esta habitación de hotel.
Y sabe que Valentín no va a dar el primer paso.
Barco mueve sus muñecas con una rapidez increíble, gime tan, tan dulcemente, pero al mismo tiempo con fuerza. Aún suena tan necesitado. Siempre tan necesitado.
A Nico se le hace agua la boca mientras mira al más bajo a través de la pantalla, lo mira intensamente porque quiere más. Los chicos del video se están tocando ¿Y por qué ellos no pueden? ¿De verdad no pueden?
Nico aparta la mirada de la pantalla al fin y mira fijamente a Valentín, solo para escucharlo jadear, fingiendo que no se estaban mirando ya. Fingiendo que no le gusta.
—Nico no me mires.
El pelirrojo jadea, pero sigue tocándose, sigue acariciandose el pene con la mano. Y Nico sigue mirando. Sus ojos hambrientos recorren el cuerpo de Barco. Baja, baja hasta que ve su lindo pene en su mano, algo rojo por la fricción, muy sensible.
No puede contenerse más.
Agarra el muslo de Valentín con la mano, lo aprieta, se muerde el labio inferior mientras sube, quiere tocarlo pero su mano es detenida.
—No.
El colorado entra en pánico, pero sigue sujetando su mano. La mantiene ahí, dejando que Nico le agarre el muslo. Y así lo hace, acariciándolo con impaciencia, con la boca hecha agua al verlo tocarse.
Valentín nunca experimenta, siempre se masturba de la misma manera, no cambia mucho el ritmo, no juega con sus testículos, no prueba ninguna técnica nueva. Lo sabe porque lo viene observando hace tiempo.
—Girá… girá un poco la mano.
Se le escapa de la boca, no puede evitarlo. Barco aparta la mirada, con un rubor intenso, y empieza a retorcer un poco más la muñeca mientras se excita. Eso lo hace estremecerse aún más, y de él escapan pequeños gemidos que a Nico le encanta oír.
—Pone el dedo sobre la punta-
—Nico.
—Por favor.
Valentín gime, echa la cabeza hacia atrás mientras se frota el glande con el pulgar. Está húmedo. Nico nota la pegajosidad mientras su compañero se lo frota y recuerda el sabor de su semen en la boca.
Joder.
Él vuelve a acariciar su mano mientras sigue su recorrido, y sujeta los testículos de Valen entre sus dedos. Él se deja esta vez y gime al hacerlo.
—Más rápido.
Susurra, acercándose al más bajo. Este acelera el paso y obedece todas sus órdenes. Jamás habría imaginado que a Barco le gustara seguir órdenes, y sin embargo, es de lo más dócil.
—Precioso, eres precioso Valentín.
Tira suavemente de los testículos de su amigo, los masajea con la mano sólo para oírlo gemir. Dios, la piel de Barco se ve hermosa, suave y pálida ¿No puede quizás…? Sin pensarlo mucho se inclina a su lado y presiona sus labios contra el cuello del más bajo, solo para comprobarlo él mismo. Sí. La piel es suave, muy suave. Recorre con la nariz la vena de su cuello, lo inhala, lo besa justo debajo de la mandíbula.
—Aah… no, besos no, Nico.
—¿Te puedo tocar la polla y no besarte?
Pregunta.
Barco no contesta, qué sorpresa. Simplemente niega con la cabeza, con los ojos cerrados mientras se toca. Paz resopla, se reincorpora y suelta a Valentín por completo. No le gusta que le permitan una cosa y le nieguen otra. La última vez Valentín se había corrido en su boca y ahora ni siquiera puede besarlo.
Se concentra en el video, observa cómo esos dos tipos se besan apasionadamente sin ningún reparo mientras se tocan mutuamente. Mierda. Se muerde el labio mientras se masturba, observa cómo los chicos en la pantalla empiezan a frotarse. Dios, le encanta lo que ve.
—Mmmh…
Juega consigo mismo, se toca el torso, se acaricia los testículos, los golpea suavemente y luego escupe en su mano para lubricar más su pene mientras lo toca.
De reojo mira cómo Valentín disminuye la velocidad de sus movimientos, escucha cómo sus gemidos se ahogan en suaves jadeos, hasta que solo respira profundamente.
Lo está mirando.
Puede verlo a través de la pantalla. Los ojos curiosos del más bajo lo recorren, con el labio inferior entre los dientes mientras se detiene en su pene.
Entonces hace un espectáculo, abre aún más las piernas, mueve la mano lentamente arriba y abajo para dejar expuesto su tamaño. Vuelve a escupir en su mano, haciendo que parezca lo más resbaladiza posible, haciendo que suene suave y húmeda.
Sí, Barco parece estar hipnotizado, con la expresión perdida, los párpados caídos y la mandíbula ligeramente desencajada.
No va a poder defenderse. La expresión de su rostro lo dice todo.
Apenas unos segundos después, Valentín le roza el muslo "sin querer" con su mano. Fingiendo no darse cuenta, finge ignorar cómo lo mira. El colorado sube la mano, moviéndola con vacilación hacia su pene.
Se lame los labios, con una leve sonrisa victoriosa, mientras la mano de Valentín se enrosca alrededor de la suya, rodeandolo. Deja de mover las muñecas para que su amigo pueda explorar, y lentamente retira la mano para que solo quede la de Barco alrededor de su miembro.
Valentín jadea suavemente, sin atreverse a moverse. Gira la cabeza hacia él y se encuentra con su mirada por un instante. Está abochornado. Es evidente, en su mirada siente pudor por haber hecho eso.
—Disculpame.
Valentín aleja la mano y se toca el pene lentamente, descubriendo cómo se siente en su propio tacto otra vez.
—¿Por qué?
Exhala, conteniendo un gemido.
—Por tocarte, sos mi compañero, no puedo.
Ah. Por eso. Por eso son todas estas señales contradictorias. Tocar, no tocar, mirar, no mirar, permitirle ver porno juntos y después negarselo otra vez. Valentín es su compañero, juegan juntos, desea que las cosas no sean incómodas entre ellos. Y al mismo tiempo, sabe que desea esto con la misma intensidad.
—Te deseo…
Él le susurra en respuesta, inclinándose lentamente hacia Valentín otra vez, con la mano de nuevo sobre su muslo.
—No sabes cuánto te deseo.
Acerca la mano hacia el miembro de su amigo, y esta vez Barco no la aparta bruscamente mientras también estira la suya con vergüenza y la enrosca alrededor de su pene. Ahora sin cagonearse.
Valentín se muerde el labio inferior avergonzado mientras mueve su mano con vacilación. Se siente tan bien cuando otro te toca. La mano de Valentín es algo chica y hace que su pene parezca más grande de lo que es.
—Joder.
Maldice el más alto, mientras también mueve su mano alrededor del pene de su compañero. Para Valentín los cálidos dedos largos que lo rodean se sienten algo extraños contra su piel.
—Mmmh…
La habitación se llena de jadeos y gemidos, sonidos de cómo se acercan el uno al otro a través de la alfombra, ruidos húmedos por la forma en que se tocan. Barco acelera el ritmo, obligándolo a contener la respiración mientras lo imita.
Lamentablemente ya no es suficiente.
Los ojos de Paz están fijos en los labios del colorado. Los observa con los ojos entrecerrados, los observa mientras se acerca lentamente y apoya su frente contra la de él.
Intenta ser sigiloso, intenta rozar su nariz con la de Valentín acercándose poco a poco. Reparte unos besos sobre sus pecas, lentamente, muy lentamente, hasta llegar a sus labios.
—Nico.
—Por favor, por favor.
Súplica contra su boca. Lo necesita. Lo necesita desesperadamente. Barco cede y acorta la distancia primero.
No puede ser.
Los labios de Valentín se sienten suaves, calientes y ansiosos. Es como si se hubiera reprimido durante demasiado tiempo y ahora finalmente consiguiera lo que deseaba. Nico lo deja tomarlo todo, lo deja devorar su boca, lo deja deslizar su lengua, descubrir a qué sabe.
Es como si Valen lo hubiera deseado aún más que él, como si se hubiera reprimido durante más tiempo. Tal vez así fue. Tal vez fue un pequeño secreto inconfesable. Tal vez el cariño y compañerismo de Valentín siempre estuvo teñido de ese deseo.
Él lo besa así, como si no se cansara nunca, como si quisiera besarlo por cada segundo que estuvo deseandolo.
Mierda.
Sigue el ritmo, besando al más bajo con la misma pasión. Aunque no era su primer beso, no está seguro de si lo está haciendo bien, pero el más bajo gime y jadea en su boca, haciéndole sentir que no importa. No importa si mueve los labios o no, no importa si besa mal, Barco está demasiado absorto en el placer como para darse cuenta.
Eso solo hace que quiera más. Ahora que Valentín también dejó ver que lo desea, él quiere más.
No sabe cómo funciona el sexo con un hombre, realmente no tiene mucha idea, pero lo desea. Quiere estar dentro de su amigo, o que Valen este dentro de él, le da igual. Se imagina tomándolo contra la pared, o a Barco acorralandolo contra la cama.
Con un gemido desesperado, arquea las caderas con más fuerza contra la mano del pelirrojo. Rompe el beso, jadeando contra sus labios.
—¿Podemos follar? Quiero hacerlo.
Suena vulgar cuando lo dice, y los ojos de Valentín se abren un poco. Probablemente todavía piensa que es el mismo chico inocente y tímido que era cuando se unió al equipo. Lo entiende, es bueno fingiendo. Pero no cuando está así de caliente y desesperado.
—¿Eh? No, no podemos.
—¿No podemos? ¿O no quieres?
—No podemos.
—Entonces quieres.
Dice, haciendo que el colorado contenga la respiración. Sí que quiere. Puede verlo en sus ojos, sus pupilas están dilatadas, un deseo fuerte y profundo tiñe sus iris. Dios ¿Cuánto tiempo lleva Valentín deseando acostarse con él?
—No importa. No podemos.
—¿Podemos hacer esto pero no follar?
Pregunta, mirando hacia abajo, donde aún se tocan, moviendo la muñeca más rápido solo para ver cómo los ojos de Valentín pierden el enfoque, para oírlo reprimir un gemido.
—Quiero que estés encima mío.
Dice el rubio señalando su propio regazo con la mirada. Valentín niega con la cabeza al escucharlo, sin mirarlo, siguen tocándose.
Nico se detiene y dirige sus manos a la cintura de su compañero levantandolo delicadamente. Para su sorpresa, Valen se deja. Ahora está encima suyo, aún sin poder mirarlo.
—No sabes como se hace esto Nicolás.
Valentín discute.
Pero no le importa, está demasiado absorto en la fantasía. Se incorpora un poco, con la espalda contra la cama, lo atrae aún más cerca. Su pene rozando la entrada del más bajo.
—Creo que es algo así ¿No?
Susurra, sintiendo cómo Valentín se tensa encima de él. Barco apoya la frente contra su hombro, un suave jadeo escapa de sus labios mientras mira hacía abajo, como su pene chocaba contra su estómago y más abajo, el de su amigo, rozando contra sus nalgas.
—No estamos preparados. No somos así… la concha de la lora.
Reprime un gemido.
Valentín contiene la respiración, el silencio se prolonga y Nico mueve las caderas lentamente, frotándose descaradamente contra su compañero.
—Dime que quieres esto tanto como yo.
Vuelve a negar con la cabeza, pero su boca lo traiciona y se contradice.
—S-si.
Valentín maldice internamente, aún negando con la cabeza, esconde su rostro teñido de rojo, por la vergüenza y otra cosa, en el cuello del más alto. Nico estira su mano hasta su pantalón, no se acuerda bien cuando se lo sacó. Busca en el bolsillo y saca un sobrecito. Valen no quiere preguntar qué es, ni cómo lo consiguió o por qué lo traía con él. Observa cómo lo abre torpemente y se lo echa por toda la mano. Y después se pasa la mano por el pene.
—Te voy a meter los dedos primero.
Nico avisa.
—¿Hace falta que lo digas así?
Nico se ríe y lo besa mientras introduce un dedo. Barco gime ante la sensación, rara, muy rara. No pasa mucho hasta que mete otro, y otro, y empieza a moverlos juntos. Arriba, abajo. Adentro, afuera. Lo folla con los dedos fríos, viscosos, largos. No pasan muchos minutos hasta que el placer empieza a consumirlo.
Gemía fuerte en respuesta a la penetración del más alto. Era un caos. Se sentía algo incómodo, pero mucho más excitado y necesitado.
Quería más.
Y, para su suerte, Nico pareció leerle la mente porque no tarda en retirar su mano y agarrarse el pene, apuntando directo hacía su entrada.
—Creo que lo estoy haciendo bien.
Dice divertido, pero ansioso. Siente como Valentín mueve las caderas hacia abajo y al mismo tiempo él las mueve un poco hacia arriba, intenta hundir su pene lentamente. Cada vez más profundo. Quiere que Barco se sienta bien, lo desea con todas sus fuerzas. Y aunque le diga que no, sabe que el más bajo quiere lo mismo. Las manos del colorado se aferran a su espalda, rasguñandolo sin querer. Sus caderas también empiezan a moverse más rápido.
—No podemos hacer esto.
—No, por supuesto.
Nico susurra en respuesta, separando las nalgas de Valentín y hundiéndose aún más profundo, más fuerte. Barco gime contra su cuello, tan dulcemente, la melodía más bella que había escuchado jamás. Lo coge hasta el fondo, golpea varias veces su pene contra ese punto. Ese que hace gritar al más bajo, haciendole temblar las piernas, derritiendose.
—No podemos coger Nico, no.
—No Valen, no podemos.
Susurra de nuevo, presionando más arriba, sientiendo como la entrada de su amigo lo recibía tan bien. Tan, tan bien. Siente como Valentín se queja por lo bajo pero gime más fuerte, todo al mismo tiempo. Era un desastre, uno muy hermoso. Y lo desea con todas sus fuerzas.
Barco jadea y gime contra su cuello, perdiendo completamente el control. Su espalda se arquea y baja con fuerza para sentirlo aún más adentro de él, sin ningún autocontrol.
—Valen, Valen….
—M-me duele.
Nico se preocupa, están demasiado excitados para funcionar correctamente. Pero Barco no para, está fuera de sí, bajando y subiendo las caderas. Entregandose por completo.
—P-podemos parar si quieres.
—Mmmh si, si.
Así que Nico se retira, un poco triste.
—¿No te queda más de lo de ese… sobre?
Pregunta el colorado con vergüenza. Al rubio se le ilumina la cara al oírlo. Otra vez Nico agarra un sobrecito del pantalón que seguía en el suelo. Y de vuelta, Valentín no quiere preguntar por qué mierda tiene eso. Nico se lo echa en el pene, lo cubre por completo. Luego lo mira, como pidiendo permiso para seguir. Era la primera vez que cruzaban miradas en ese estado. Y por alguna razón no dejan de mirarse, aún cuando Barco asiente, aún cuando Nico vuelve a hundirse dentro de él. Con vergüenza pero se miran, sus alientos chocaban.
El rubio vuelve a clavar sus dedos en las caderas del más bajo y lo folla con ganas.
—Que bien se siente.
—Esto está mal ¿Sabes…?
Besa a Valentín para que se calle. Ya no puede escuchar sus “no podemos” y “está mal” porque lo único que quiere ahora era devorarlo por completo.
Barco gime en su boca, acariciando su cabello, enredando sus dedos en esos rizos color oro que apenas se formaban en la punta de su pelo. Nico siente un escalofrío en la espalda al sentir las manos tibias de su compañero tomarlo así.
—Joder.
Sube las caderas otra vez, se deja llevar por los dedos de Valentín que ahora acariciaban su cuello, y su cara, y de nuevo su pelo. Todo está sudoroso y húmedo en la habitación, la cama golpea contra la pared un poco, espera que nadie se de cuenta. En realidad no le importa.
El líquido preseminal del más bajo se sacude por todo su estómago. Y entonces mueve su mano justo ahí. Lo masturba frenéticamente, al ritmo de sus estocadas. Valentín arquea la espalda, era demasiado. Se sentía tan bien, como si una descarga eléctrica le recorriera todo el cuerpo.
—Aaah…
El colorado se tapa rápidamente la boca con la mano, y Nico se sonroja un poco. Sabe que él lo está haciendo gemir así. Tan lindo.
Sigue moviéndose sobre la entrada de Valentín, intentando encontrar ese punto de nuevo, moviendo las caderas, probando diferentes ángulos. Los ojos del colorado se ponen blancos de placer.
—La puta madre Nico.
—Eres tan lindo.
Lo besa otra vez, recorren la boca del otro con la lengua. Obsceno, todo era muy obsceno. Pero, al mismo tiempo, también un poco tierno.
—Me estoy por venir Valen.
—A-ah yo también.
—¿Puedo… Dentro de ti?
—Mhm.
No era una respuesta clara, de nuevo. Nico frenó en seco por un segundo y tomó el rostro de Barco entre sus manos, mirándolo fijamente. Y pregunta otra vez, está vez correctamente.
—¿Me puedo venir dentro de ti?
—Sí.
Nico jadea ante la afirmación, y lo penetra unas cuantas veces más, golpeando su próstata de lleno, lo que hace que Valentín se vuelva un manojo de gemidos y puteadas sin sentido. Todo su cuerpo tiembla cuando finalmente llega al climax manchando el estómago de ambos. Unos segundos después Nico hace lo mismo, llenandolo por completo con su semen.
—A-ah Valentín, joder.
La sensación del pene del rubio palpitando y eyaculando dentro de él deja perplejo al más bajo. Quiere babear, llorar, gritar, todo al mismo tiempo. Es un lío.
Así que Nico lo abraza y Valen se desploma sobre él, jadeando contra su hombro, completamente exhausto.
Se quedan ahí un rato, recuperando el aliento. Y entonces Nico le llena la cara de besos, bajando hasta el cuello, mientras le acaricia el pelo con la mano.
—¿Estas bien?
Valentín asiente.
—Si, muy bien.
Lo dice, y lo dice en serio.
Nico se separa de él y hace que Barco se acueste en la cama. Busca unas toallas en el baño y lo limpia, y se limpia. Como puede, y sin mucho cuidado. Ninguno de los dos tiene fuerza para hacer mucho más.
Es difícil encontrar las palabras adecuadas después de todo eso. Así que Nico simplemente se recuesta a su lado y se acerca para besarlo, y Valentín se deja. Es un beso cálido y familiar, la forma en la que Valen le acaricia el pelo y mueve sus suaves labios contra los suyos lo estremece. Nico suspira, rodeando la cintura de su compañero con sus brazos y estrechándolo contra sí.
Él no sabe cuánto tiempo se besan, pero ninguno de los dos se detiene hasta que el cansancio les gana y se duermen. No sin antes prometerse una cosa.
Esto no iba a volver a pasar.
