Work Text:
Nakamura Okuto es un joven tímido de 17 años y absolutamente gay. Cada fibra de su ser exalta un desmedido y hasta patético amor por su compañero de clase; Hirose Aiki. Se había enamorado perdidamente de él en su primer año de secundaria y seguía siendo así hasta hoy en día.
Ya habían pasado un poco más de cuatro años desde que aquel par de ojos marrones se convirtieron en todo para él.
Y ese amor desmedido ahora se había convertido en la fuente de todo su dolor porque, su querido Hirose había iniciado una relación con una compañera de otra clase, Hana.
El corazón de Nakamura se apretaba dolorosamente en su pecho cada que veía a la hermosa chica acercarse con confianza a quien él amaba, todo su ser ardía en una incontenible tristeza y celos con cada mínima cercanía, palabra o roce que esos dos intercambiaban.
¿Cuánto tiempo llevaban juntos ya? Eran al menos unas 4 semanas, dos días y aproximadamente 9 horas con 37 segundos y contando.
…
…..
……….
……………No es como que Nakamura llevara mentalmente la cuenta para atormentarse a sí mismo, claro que no.
Tal vez…
𖣠 𖣠 𖣠
Un suspiro salió de lo más profundo de sí solo al recordar su lamentable situación. Hoy en particular la tristeza lo invadía al punto que deseaba morir para poder descansar de ese incesante dolor en su pecho que le hacía perder la respiración, estaba agotado y su cabeza cada día lo atormentaba más con la idea de que era patético por pensar que él tendría aunque sea una mínima oportunidad con Hirose.
Era absolutamente patético.
Solo deseaba encerrarse y llorar hasta que sintiera que su cabeza estaba a punto de estallar. Aunque en este momento le estaba empezando a doler por otro motivo.
¿Cuál? Bueno… ¡Todo es culpa de los imbéciles de sus amigos!
Tamura y Reiko en un extraño pacto hecho por ambos, decidieron que lo que Nakamura necesitaba era salir, convivir con personas e incluso si era necesario emborracharse, para así finalmente “quitarse toda esa mala vibra”, palabras de Reiko.
Fue así que decidieron que harían una fiesta en casa de Tamura y para ser honestos, ¡Nakamura no estaba ni remotamente interesado! Él jamás había ido a una fiesta y nunca le había interesado ir a una, él estaba deprimido y solo deseaba enterrar su cabeza en la tierra hasta que sus problemas desaparecieran.
Nakamura Okuto batalló con todas sus fuerzas para negarse, sobre todo cuando ese par de destortolados al inicio dijeron y le prometieron “será una reunión tranqui Okuto” para que al día siguiente todos en su curso e incluso de grados superiores hubieran recibido una invitación a la dichosa fiesta.
Hicieron tarjetas y todo.
Una estúpida y horrible tarjeta en la que decía:
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𖣠 “ESTAS CORDIALMENTE INVITADO A 𖣠
LA FIESTA ‘FUERA FUERA DEPRESIÓN’ DE TAMURA Y REIKO. 𖣠
Todo esto en honor a nuestro querido amigo zombie
૮₍꜆꜄ ˃ ³ ˂ ₎ა
¡¡¡¡La tarjeta es pura formalidad puedes ir tú, tu amigo, novio, mozo y pretendiente!!!!
Fecha: xx/xx/26
Hora: lol
Dirección: ¡Caigan a la casa de Tamura!
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Nakamura notó lo mucho que había escalado el asunto cuando vió a Hana acercarse a Hirose con una de las malditas tarjetas e incluso juraría que lo había visto al par de malnacidos en la salida hablando con personas de otras escuelas.
«¡Hoy ante los ojos de dios todo poderoso creador del cielo y de la tierra, juro que me vengaré por hacerme pasar por esta humillación y quedar como un zapato con todo el mundo!»
Él no iba a ir a ningún lado y si ese par tenía el descaro de aparecerse en su casa los iba a sacar a palo.
No iba a salir de su casa.
No iba a ir a esa dichosa fiesta.
Y absolutamente no iba a ver a Hirose y menos en ese lugar.
No.
No.
— ¡NO! - Gritó Nakamura mientras luchaba por no ser arrastrado fuera de su habitación por el séquito del club de ocultismo de Reiko.
Y estaba perdiendo…
«Dios mío por favor ayuda, no puedo más, esto es vergonzoso. Se supone que llevo mucho haciendo ejercicio y aún así estoy perdiendo, ¡soy patético!»
Tamura solo miraba a las chicas hacer todo el trabajo sucio mientras en su rostro se plasmaba una sonrisa de suficiencia, ese hijo de puta incluso se encontraba grabando “esto podría funcionar muy bien en mi próxima obra maestra” decía entre risas.
— ¡Okuto! Deja de luchar, de ser necesario te voy a amordazar. - Reiko ya se encontraba agotada de lidiar con él.
«Reiko me voy a matar frente a tu casa por forzarme a hacer esto y humillarme vilmente en mi propia casa, lo juro»
— ¿Por qué tengo que ir? ¡Me rehúso! No quiero ver a Hirose con Hana y menos porque yo sé que ustedes los invitaron ¡intencionalmente!- Gritó entre sollozos.
— Es que tú no entiendes la profundidad de nuestras acciones, esta es una terapia de choque, mi querido amigo. - respondió Tamura.
«claro, hijo de- es muy fácil decir eso cuándo no eres tú al que están arrastrando»
Perse a todo lo que insultaba a sus amigos en su mente, era incapaz de decirlo en voz alta, no era muy de su gusto ser vulgar en voz alta, aunque en este momento realmente deseaba poder serlo, porque este par lo va a terminar llevando a su ruina.
— ¡Suficiente! Traigan la cuerda. - Declaró Tamura, cansado de ver que no tenían un progreso con sacar a Nakamura de casa.
— ¡No! Te lo suplico, ya no voy a llorar más, lo juro, ¡Es más, ya superé a Hirose! - Exclamó presa del pánico.
«¡En mi carta de suicidio voy a poner que todo fue culpa de ustedes dos!»
En cuestión de instantes le ataron de pies y manos para comenzar a arrastrarlo por toda su casa hasta el umbral de la puerta, sus padres miraban la escena asombrados pero elegían voluntariamente no interferir.
En realidad…esta era como la tercera vez en las últimas semanas que sus amigos recurrían a la misma técnica para forzarlo a salir de su habitación.
Reiko y Tamura se habían convertido en sus mejores amigos desde que empezó la secundaria, así que ya era algo común de ver que ellos fueran a su casa aunque él no quisiera, incluso desde ese entonces ya tenían que forzar a Nakamura para salir con ellos. Pero lo cierto es que nunca antes habían sido tan extremos al momento de querer que saliera con ellos, esto de amordazarlo y llevarlo a rastras comenzó hasta hace poco, cuando Nakamura se aisló completamente debido a lo mucho que se deprimió al enterarse de la relación de Hirose.
Reiko y Tamura se negaban a dejarlo hundirse así que empezaron a obligarlo a salir para que se despejara un poco y asegurarse de que su amigo no se ahogara en su propia tristeza.
Él no estaba solo y ellos deseaban mostrarle que tenía una red de apoyo, que habían dos personas que le tendían una amistad completamente incondicional en la que valoraban su presencia y a él por quién era.
Exactamente por eso mismo deseaban apoyarlo.
Así que Nakamura quiera o no, ellos iban a estar ahí.
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— ¡A-aayúdenme! - Gritó Nakamura con la esperanza de que al menos por esta vez recibiera ayuda de su familia, quienes igual que en veces anteriores solo observaban.
Y está vez exactamente igual que en otras ocasiones; su hermana Kana se limitaba reír a carcajadas, su madre le daba una mirada compasiva y su padre elegía directamente fingir no haber escuchado ni visto nada.
De repente su madre habló.
— Ten mucho cuidado fuera cariño, ya Tamura me dijo que vas a quedarte esta noche en su casa. - Finalmente dijo antes de que terminarán de sacarlo por la puerta.
«¡Traidores!»
Ya estando fuera de la casa y siendo arrastrado por el jardín Nakamura gastó su último recurso con la esperanza de que le dejaran libre.
— ¡Esperen! E-estoy en pijama, sería mejor que regresara y m-me cambiara. - Soltó mientras volvía a forcejear.
— Tranquilo mi querido amigo, yo ya me encargué de eso para que ya no tengas que verte como un vagabundo miserable. ¡Te haré lucir como todo un protagonista de película! - Exclamó Tamura.
Nakamura volvió a sollozar mientras pedía que lo liberarán, pero sus amigos solo lo ignoraban.
— Ahí llegó, perfecto. - le mencionó Tamura a Reiko.
«¿Quién llegó? No. NO. ¿Quién me va a ver en esta humillante situación?»
Una minivan se detuvo frente a ellos, la persona que venía al volante se bajó de la camioneta mientras las secuaces de Reiko se dirigían a abrir la parte trasera, preparándose para arrastrar a Nakamura hacia dentro.
— ¿Tamura qué mierda es esto? -
«¡Vida hijueputa, ese es Omori! Que vergüenza, ¿Y si le contara esto a Hirose? NO. No puedo permitir eso…Voy a tener que matarlos a todos y después suicidarme, así Hirose jamás podrá enterarse de esto»
— Ah, este es un Nakamura Okuto, pero ¿Por qué preguntas si ya lo conoces? - Exclamó Tamura, quien claramente se estaba haciendo el tonto para evitar dar explicaciones.
Omori lo miró fijamente mientras se frotaba el puente de la nariz.
— ¿Por eso me pediste que trajera la van y a alguien que fuera muy alto y tuviera bastante fuerza? ¿¡Para hacerme cómplice de un secuestro!? - Exclamó en una mezcla de pánico y enojo.
«¡Es mi momento!»
— ¡Omori! ¡Omori por favor ayuda! - Empezó a sollozar hasta que Reiko le tapó la boca.
— ¡Suficiente! Esto no es un secuestro, sus padres ya saben dónde y con quiénes va a estar, solo está atado porque este hombre es tan terco que se negaba a salir de su casa. - explicó con dejo de irritación en su voz. — Ahora Omori; trajiste a un varón para que nos ayudara, ¿no? No aguanto pasar más vergüenza aquí con todos ustedes gritando. ¡Metan a este agüevado en la Van ya! -
La fuerte voz de Reiko hizo a todos temblar e instantáneamente Omori volvió a la van a hablarle a alguien que al parecer estaba sentado dentro del auto y… ay no.
«¡¿Dios qué tienes contra mi?!»
Un muy confundido Matsumura apareció y se quedó atónito al observar la escena.
— ¡No digas nada! - ordenó Nakamura al notar que el imbécil frente a él estuvo a punto de abrir la boca.
— Metanlo a la camioneta. - Comandó Reiko.
Pero pese a sus palabras, todos se quedaron inmóviles y en silencio, mirando cómo Nakamura y Matsumura se observaban fijamente, como si tuvieran mucho que decirle al otro pero ninguno hablaba.
— ¡Para ayer es tarde! - volvió a hablar Reiko y ahora todos empezaron a moverse.
Con una sonrisa sardónica Matsumura se acercó lentamente, lo sujetó por las muñecas con una de sus manos y con su otra mano lo sujetó por la cintura, de un solo tirón lo levantó del suelo para echárselo al hombro cuál costal de papas. Nakamura quedó petrificado al instante, sorprendido por su propia situación, al segundo siguiente fue dejado en la parte trasera, al cuidado del séquito de Reiko.
El camino hasta el hogar de Tamura lo sintió eterno, nunca había ido a la casa de este así que se estaba sorprendiendo de la enorme cantidad de tiempo que estuvo tirado en el frío piso de la van, maniatado. Cuando se estaba comenzando a aburrir y estresar de estar ahí y mientras consideraba volver a gritar y sollozar para que lo liberaran sintió cómo el auto se detenía.
Tan pronto como llegaron a su destino, las chicas del séquito de Reiko se bajaron dejándolo solo, al inicio se preocupó de que lo dejaran ahí, hasta que vió otra vez al idiota de Matsumura aparecer con esa tonta y burlona expresión en su rostro.
— Tamura me contó que esta es la tercera vez que tienen que atarte para que salgas de tu casa. - Soltó.
«¡Mi vida se acabó! Ahora mi enemigo sabe demasiado. Jamás me recuperaré de esto, tendré que cambiarme el nombre e irme a otro país»
— Cállate. - fue lo único que pudo decir antes de que intentando desatarlo accidentalmente Matsumura tirara su piel con la cuerda, haciendo que tuviera que contraerse de dolor.
El más alto se quedó inmóvil, sorprendido empezó a revisar un poco sus extremidades, debido a todo el forcejeo la cuerda había alcanzado a quemar levemente su piel, así que esta se encontraba irritada y enrojecida. Nakamura vió cómo el hombre frente a él fruncía levemente el ceño para empezar a desatarlo ahora con mayor delicadeza.
— La casa de Tamura queda levemente fuera de la ciudad, no sé si te diste cuenta, pero estamos a más de 40 minutos de tu casa. - terminó finalmente con sus manos y empezó con la cuerda en sus tobillos. — Por aquí no vas a poder conseguir un taxi, ni un InDrive, nada. La única forma de irte es que alguien te lleve, así que te recomendaría no intentar escapar, puede ser peligroso. - dicho eso último le ayudó a salir de la camioneta y ponerse en pie.
Nakamura dió un suspiro derrotado y se tiró el cabello lleno de frustración mientras observaba a su alrededor y no pudo evitar sorprenderse, él sabía que su amigo era de una familia acomodada pero, ¡Según Tamura no era la gran cosa! Con razón su club es de los que cuenta con mejor dotación y equipamiento…
En lo que él se encontraba analizando el lugar, Matsumura solo lo miraba, parecía querer decir por algo.
— Nakamura - dijo finalmente, haciendo que el mencionado lo observara. — ¿Estás así por lo de…Hirose? - su tono era bajo e incluso bastante pausado.
— Sí. - dijo honestamente antes de soltar un suspiro. — Q-quiero decir, su felicidad es la mía, pero igual…es difícil de aceptar para mí. - sintió cómo su vista se empezaba a nublar y su pecho se apretaba, hasta que escuchó una risita.
Totalmente indignado dirigió su vista a Matsumura.
— ¡¿De qué te ríes?! - soltó completamente molesto. — Tú deberías estar igual que yo, ¡Incluso peor! Llevas casi toda tu vida detrás de él y ¿tu reacción es esta? - Sentía cómo se estaba poniendo rojo del enojo.
— ¡Amo a Hirose! - respondió rápidamente, antes de aclarar su garganta. — solo, creo que desde hace tiempo empecé a ver mis sentimientos como algo platónico. En plan, sí me duele pero…nunca sentí que tuviera realmente una oportunidad. - hizo una pausa antes de suspirar. — Inclusive, en algún punto pensé que Hirose ya sabía de mis sentimientos por él, pero que solo le gustaba saber que yo gustaba de él… No sé, ¿Sí me doy a entender? -
Un silencio se instaló entre ellos, Nakamura estuvo a punto de decir algo pero Tamura apareció.
— ¡Okuto! Vamos adentro, tengo una misión contigo. -
Dicho eso fue arrastrado hasta el interior de la casa, mientras iba pasando por algunas habitaciones notó a sus amigos repartidos por el lugar, Omori se encontraba ayudando con la decoración junto con Kawamura y sus amigas, en la cocina se escuchaba la estruendosa risa de Reiko, mientras decía algo sobre una poción. Al final Tamura lo llevó hasta su habitación y lo dejó ahí mientras iba por Reiko, al parecer para los dos era muy importante estar en su proceso de “arreglado”.
Al finalmente verlos entrar juntos, notó que cada uno llevaba vasos plásticos de colores y uno extra que suponía era para él.
— ¿Qué es? - preguntó mientras olía lo que sea que le hubieran dado.
— Es una poción para potenciar la confianza en uno mismo. - soltó su amiga mientras portaba una enorme, enorme sonrisa en su rostro.
Algo dudoso Nakamura lo probó, el sabor era extraño, sabía un poco a limón pero también a soda Izots y a la vez tenía un sabor a cereza pero al final te dejaba una sensación de calor y un leve picor en la garganta… sabía cómo si hubieran mezclado todos los refrescos y bebidas que habían en la casa.
En algún momento y sin darse cuenta se había terminado su bebida y Tamura ya casi terminaba de arreglarlo, lo vistió con unos jeans negros tipo baggi a la cadera, una especie de tank top negra de compresión, que iba a juego con unas mangas, también le había dicho que se pusiera unas botas negras que tenían plataforma.
«Si de por sí soy alto y grande… esta ropa me hace ver enorme»
Para finalizar le puso un collar plateado compuesto por varias cadenas y un par de anillos del mismo color, al fijarse bien notó que uno de los dijes tenía forma de pulpo, realmente Tamura lo había dado todo para arreglarlo.
— ¡¿Quién pidió pollo?! - gritó Tamura de manera exagerada cuando ya su look estuvo completo, avergonzandolo un poco.
— Nakamura créeme, que nunca te has visto mejor. - soltó Reiko mientras lo miraba de arriba a abajo.
El mencionado solo podía reír tímidamente mientras se miraba en el espejo, debía decir que sí, se veía bien, toda su ropa parecía muy bien planeada para resaltar su cuerpo; sus piernas espesas y largas, su abdomen tonificado y sus brazos sobre todo eran los que más resaltaban. Nakamura siempre pensó que sus años de ejercicio no se notaban, pero con la camisa que llevaba hacía parecer que estos eran enormes. Eso le gustaba, extrañamente le gustaba demasiado.
Según entendía la fiesta a penas iba a comenzar, pero Tamura lo dejó en su habitación mientras le extendía otro de esos vasos de colores y le decía “sal cuando te sientas listo, tampoco te presiones demasiado”, hizo caso a aquellas palabras hasta que finalmente se terminó el refresco y decidió armarse de valor para salir.
Miró el reloj que había en la pared del corredor, ya eran las 11:30pm, suponía que la hora estaba bien. Empezó a caminar por la casa sin saber muy bien qué hacer, había mucha gente que no conocía por los corredores; al fijarse bien notó que también había muchas personas en la sala principal, varios de estos se encontraban bailando, otros sentados y en algunas esquinas otros que parecían estar en un momento un tanto más…íntimo.
«okay, eso fue incómodo, no quiero mirar más hacia las esquinas»
Se quedó de pie un momento, realmente no sabía cómo se supone que debía actuar y era extraño, algunas personas que ni siquiera conocía lo saludaban, incluso hubo alguna que otra chica que al pasar le extendían pequeños papeles que él solo guardaba en su bolsillo sin siquiera mirarlos. De un momento a otro sintió alguien que le pasaba el brazo por sus hombros y lo jalaba hacia un incómodo “abrazo” de saludo y oh, era Takeuchi, junto a él estaba Mukai y detrás de ellos estaban…Hirose y Hanna.
— ¡Nakamura, mi perro! Casi que no lo reconozco. - dijo riéndose, parecía como si le costara estar correctamente de pie e incluso hablar.
Aunque, Nakamura realmente no le prestó mucha atención, pues sus ojos se cruzaron con los de Hirose. Desde que él había empezado a salir con Hanna ellos prácticamente ya no hablaban e incluso el más alto lo evitaba, pues su pecho se apretaba cada que su sola presencia existía muy cerca a la suya.
Los ojos de Hirose parecieron brillar cuando sus miradas chocaron, se vió cómo si fuera a hacer el intento de acercarse hasta que de la nada apareció Matsumura, quitó el brazo de Takeuchi y ahora se le colgó él.
— ¡Okuto! - dijo entre risas, confundiendo a todos los presentes, pues hasta donde ellos sabían, él solo era amigo de Hirose, no de Nakamura y era todavía más raro que lo llamara por su nombre de pila. — ¿Al final aquella chica te dió su número, no? ¡Yo te dije que lo haría! Ahora ven, ven, nos están esperando. - seguía riendo mientras hablaba, también parecía fuera de sí.
Al terminar esa extraña interacción Matsumura empezó a arrastrarlo hacia otra dirección, donde estaban sus amigos y Nakamura solo pudo ver de reojo cómo Hirose lo siguió mirando fijamente hasta que sus amigos y novia emprendieron camino en dirección opuesta.
— Llevábamos rato intentando hacerte señas para que vinieras con nosotros, ¿No nos viste? - preguntó Kawamura.
— En mi defensa, hay demasiadas personas, así que no pude verlos. - soltó una pequeña risita antes de sentarse entre Kawamura y Matsumura.
Lo que prosiguió de la noche no lo recuerda muy bien, sabe que le siguieron entregando más de esa bebida extraña e incluso en algún punto había empezado a tomar de una botella de alcohol que tenían.
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— No, no, Hirose tiene más bien cara de que le gustan los besos suaves y lentos pero profundos. - Le dijo a Matsumura.
— Nooo, no, no. - le dió un golpecito en el muslo mientras negaba. — Escúchame, escúchame, Hirose debe ser de esas personas que se ve tierno pero en realidad es atrevido, así que le gustan los besos rápidos, con lengua y muchas mordidas. - Ko le llevaba la contraría.
— ¡Estás proyectando tus preferencias pervertidas en Hirose! - rápidamente le contestó.
— Y tú estás proyectando tu mojigatería en él. -
Nakamura se ofendió.
— ¡¿Qué tiene de mojigato un beso lento?! -
— O-ku-to. - le puso una mano en el hombro, con expresión muy seria, mirándolo fijo a los ojos. — Los besos lentos son aburridos. -
Nakamura no pudo evitar soltar una carcajada.
— ¿Eres un experto en estos temas? -
— No tengo que ser un experto para saberlo. - dijo solemnemente.
Nakamura soltó otra carcajada.
— ¡Entonces no tienes experiencia! ¿Cómo quieres dar un beso francés si no sabes besar? -
Matsumura reflexionó un momento, con el ceño fruncido.
— Te puedo preguntar lo mismo. ¿Cómo vas a dar un beso “lento y profundo” si no sabes besar? ¡Va a terminar siendo incómodo entonces! - dijo con una sonrisa mientras se inclinaba hacia su rostro.
Nakamura se alejó, algo nervioso de que se le acercarán tanto.
— Tal vez tengas razón, pero… ¡Cuando lo haga será lento e incluso romántico! -
Matsumura se quedó mirándolo un momento, reflexivo.
— ¿Y si practicamos entre los dos? - soltó demasiado serio para pensar que era un chiste.
— ¡¿Qué?! - Nakamura estuvo a punto de levantarse para huir pero fue sujetado por el hombro.
— Shhh, escúchame. - se quedó inmóvil. — Los dos estamos…¡Muy! Enamorados de Hirose como para poder besar a alguien más. ¡Miranos! Tenemos 17 y nuestras posibilidades son mínimas con él, por no decir que es imposible. -
Nakamura entendió el hilo por el que iba Ko.
— Entonces estás diciendo que sí a los dos nos gusta Hirose… -
— ¡Sería como si al fin se nos hubiera hecho el milagro! -
Nakamura todavía no se sentía seguro, era una idea extraña, pero ¿Por qué siquiera lo estaba pensando?
Estaba muy sumergido en sus pensamientos hasta que por el rabillo del ojo notó que Hirose venía hacia ellos, tanto él como Matsumura entraron en pánico y sin siquiera poder reaccionar bien Ko agarró a Okuto por la muñeca y empezaron a alejarse rápidamente de donde estaban, entraron a la primer habitación vacía que vieron y cerraron.
Ambos se quedaron un momento de pie, mirando hacia la puerta, con sus manos ahora entrelazadas, se miraron a los ojos y antes que cualquiera de los dos siquiera se detuviera a pensar, la mano de Ko se fue hacia la nuca de su acompañante y tiró de él para empezar un beso.
Empezaron de manera torpe, los chasquidos de sus bocas resonaban por la habitación y un hilo de saliva escapaba lentamente por el mentón de Nakamura.
Las manos de Matsumura pasaron a posarse sobre sus caderas, tirando de ellas para quedar lo más pegados posible e incluso empezar a rozar sus miembros por sobre la ropa, los cuales lentamente reaccionaban ante el contacto.
Los dos se encontraban completamente idos en el momento, sintiéndose arrollados por el repentino placer que les causó sentir al otro y probarse mutuamente, no podían evitar soltar pequeños jadeos y quejidos en medio de los besos, era adictivo sentir el sabor ajeno en sus lenguas mientras escuchaba sus voces embriagadas y anhelantes.
Para Matsumura besar a Nakamura Okuto era toda una experiencia; sus labios eran suaves y de un sabor adictivo, se sentía como tocar las estrellas con la punta de los dedos mientras el resto de su cuerpo sentía un calor propio del infierno, uno que solo le hacía querer más, más de aquel precioso hombre que tenía jadeando entre sus brazos.
— M-matsumura-
Besar a Nakamura Okuto era todo un logro, porque por fin sentía algo en él llenarse, inflarse, como si finalmente hubiera encontrado lo que le hacía falta a su vida. Porque ahora está seguro que si nunca se hubieran besado, habría vivido en vano, si no pudiera explorar esa dulce boca con su lengua entonces nunca habría sentido plenitud.
— Mat-matsur~ah -
Porque besar a Nakamura Okuto se sentía incluso como una experiencia religiosa, se sentía tan bien al punto que no podía desear otra cosa más que ponerse de rodillas y convertir al hombre que tiene enfrente en su todo, se sentía como descubrir a dios, así que solo deseaba postrarse ante él y alabarlo hasta el fin de sus días.
— Ko, por favor…-
Porque besar a Nakamura Okuto era lo mejor que le pudo pasar nunca.
Matsumura estaba tan inmerso durante aquel beso que ni siquiera pudo escuchar cómo su nombre salía de forma tan deliciosa de los labios de su amado. Prácticamente Nakamura tuvo que sujetarlo de la mandíbula y obligarlo a apartarse para que reaccionara.
Cuando finalmente despertó de su ensoñación fue que soltó el imponente agarre que tenía sobre las caderas ajenas, ambos se apartaron algo avergonzados; Nakamura porque jamás se imaginó hacer eso con su “enemigo” y Matsumura porque finalmente fue consciente de que su solo existencia carecía de sentido al no tener cerca a Okuto.
En la habitación a la que habían entrado había una cama en el medio, así que Nakamura se encaminó a ella y se sentó en el borde, necesitaba un momento para reflexionar sobre lo recién ocurrido, se sentía aturdido, estaba con los nervios tan a flor de piel que cuando notó que el más alto se acercaba a él se puso peor, todo su cuerpo temblaba e incluso podía sentir un fuego interno que se propagaba por todo su ser.
Una vez que Matsumura ya estuvo cerca a la cama, estando ambos frente a frente, decidió que, no podía permitirse ser orgulloso y privarse del contacto del hombre frente a él, así que en un solo movimiento se dejó caer sobre sus rodillas, postrándose frente al dueño de su todo, sintiendo la garganta seca y todo su ser temblar, lo único que pudo hacer fue acercar lentamente una de sus manos a la bota izquierda de Nakamura, siguiendo lentamente el camino de la cremallera, hasta aventurarse debajo del pantalón, ahora solo rozaba sus dedos siguiendo una línea imaginaria por su pierna, un ligero jadeo escapó de aquellos labios al sentir el roce de sus dedos con su piel.
Desde el momento en que Matsumura se había plantado frente a aquel hermoso hombre hasta ahora, no habían roto contacto visual y al notar un sutil cambio en los oscuros ojos de Okuto, al ver un destello de deseo, decidió recostar su rostro en la espesura de sus muslos, mientras seguía repartiendo ligeros roces en la piel de la parte inferior de su pierna. En un lento movimiento empezó a bajar la cremallera de su bota, todavía sin despegar su mirada de la contraría, buscando descifrar cada micro expresión que atravesaba aquel precioso rostro.
Para Nakamura, el tener ese par de iris grises sobre sí le causaba una emoción que no podría describir con palabras, sentía una irracional necesidad de no romper el contacto visual, era hasta hipnotizante e incluso le hacía desear estar más cerca.
Mucho más cerca…
Su cuerpo estaba reaccionando de manera patética por unos cuantos roces por su tobillo y una mejilla apoyada en su muslo, podía sentir cómo su pantalón se empezaba a sentir apretado en su ingle.
Se estaba volviendo loco y eso lo avergonzaba.
Un escalofrío le recorrió la espalda cuando la mano que Ko no estaba usando para acariciar su tobillo buscó posarse en su rodilla derecha, empezando a subir lentamente por su muslo, sentía que estaba perdiendo el aire, más cuando por voluntad propia, el más alto rompió el contacto visual para escanear todo su cuerpo con una mirada hambrienta.
— ¿Sabes Okuto? - dijo en voz baja, temiendo romper el momento. — Si quieres puedo ayudarte a aliviar tu incomodidad. - cuando soltó la última parte se acomodó, ahora con su cabeza en alto, permitiendo que el hambre voraz que sentía se filtrara por sus ojos, los cuales no se despegaban de la infinidad y profundidad de aquel par de ónix negros pertenecientes a su amado, ahora sus dos manos estaban en aquel par de espesos muslos, tentadoramente cerca de su erección, pero no subían de ahí, necesitaba una confirmación directa.
Nakamura no pudo evitar soltar un jadeo y en ese mismo instante sintió algo romperse dentro de sí, tomó a Matsumura por la mandíbula con un agarre imponente y desesperado, para después inclinarse e iniciar un nuevo beso; desordenado, ansioso y anhelante de todo lo que el otro le podría brindar.
Matsumura casi gime cuando sus labios se unieron, rápidamente correspondió y se tomó la libertad de empezar a repartir caricias por el miembro aún cubierto del azabache, sintiendo instantáneamente cómo este se empezaba a derretir en medio del beso, lo cual solo lo hacía desear con mayor intensidad corromperlo y tomar todo lo que pudiera de él.
En algún punto el beso pasó de ser un contacto entre sus labios a ser simplemente Matsumura bebiendo los gemidos y jadeos que escapaban de su boca, mientras también repartía besos por su mandíbula, mejillas y empezaba a descender lentamente hasta su cuello, Nakamura sintió un escalofrío recorrer su columna y un gemido un poco más agudo que los demás escapar de su boca al momento que el más alto empezó a repartir besos húmedos por toda la piel que estaba a su alcance, nuevamente un respingo escapó de él cuando sintió aquellos dientes empezar a clavarse en su piel, ahora Kousei alternaba entre los besos húmedos, succiones y mordidas.
Nakamura estaba jodido.
Estaba jodido desde que todo empezó y ahora lo estaba todavía más cuando el ser masajeado sobre la ropa ya no era suficiente, quería más pero le daba demasiada vergüenza hacer esa petición en voz alta, estaba temblando e incluso había empezado a mover su pelvis inconscientemente buscando que aquellas manos se aventuraran a explorar más.
Una risita que sonó más como una exhalación salió del más alto, finalmente se despegó de se cuello y empezó a dar besos castos hasta llegar a sus labios.
Habló muy cerca a su boca.
— ¿Ya no es suficiente? - dió un apretón sobre su miembro haciendo temblar al azabache. — Si quieres más de mí solo tienes que pedirlo. - empezó a desabrochar lentamente aquellos pantalones que empezaban a ser un estorbo.
— E-es que y-yo -
Matsumura se acercó a su oído.
— Te voy a hacer sentir muy bien, lindo. -
Dicho eso finalmente liberó el miembro de Okuto, haciéndolo jadear, lo envolvió con su mano y comenzó un vaivén lento, incluso tortuoso, en el cual se tomaba todo el tiempo del mundo para que su mano recorriera cada centímetro de su extensión.
Nakamura no podía hacer otra cosa más que soltar ligeros quejidos, empezando a desesperarse, queriendo más y más.
— ¿Mhmm? - el más alto detuvo abruptamente el movimiento, pero conservaba un agarre firme en la base, ejerciendo la presión suficiente para hacer temblar a su amado. — ¿No te gusta Okuto? O ¿No es suficiente? - dijo con una enorme sonrisa en su rostro.
A Nakamura realmente le molestaba esa estúpida sonrisa, porque sabía que esa en particular significaba que lo está retando, que se estaba burlando, así que, reuniendo suficiente aire en sus pulmones decidió regresar la provocación.
— Es que para ser honesto, esperaba más de tí. - su voz sonó mucho más ronca y aireada de lo que esperaba, pero igualmente se esforzó enormemente para terminar lo que quería decir mientras forzaba una sonrisa venenosa.
Aunque no tardó mucho en arrepentirse cuando aquel par de iris grises se oscurecieron mientras ahora empezaba a masturbarlo con un ritmo frenético y desordenado, que hizo que los vellos de todo su cuerpo se erizaran mientras un gemido alto escapaba por su garganta, fue casi obsceno cómo ahora incluso se lograba escuchar la humedad que su miembro desprendía con cada caricia proporcionada por Matsumura.
El azabache tuvo que poner su propia mano sobre su boca, mientras sus orbes comenzaban a virar hacía atrás y todo su cuerpo empezaba a temblar por los espasmos involuntarios que el placer le provocaba, se sentía al límite, una presión se instalaba bajo su abdomen mientras sentía un cosquilleo que iba desde sus bolas hasta la punta de su pene.
Estaba tan cerca…
— M-mat-matsumur- ah -
Ni siquiera fue capaz de pronunciar mayor palabra para al menos avisar a su acompañante que estaba a punto, era vergonzoso.
— mierda - escuchó pronunciar en un susurro antes de sentir cómo empezaba a envolverlo con su calidez.
Con los ojos muy abiertos Nakamura observó a Ko llevar su miembro a su boca, pudo sentir incluso cómo la punta chocaba contra el fondo de su garganta y ahora empezaba a darle una felación. Matsumura siempre se aseguraba a de envolver todo lo que podía de su hombría y cuando lo sacaba de su boca no lo hacía completamente, parecía como si incluso él disfruta sintiendo ese pedazo de carne golpeando contra su uvula.
Matsumura estaba jodido.
Estaba jodido por la abrumadora sensación que lo envolvió que le hacía sentir que estaba mirando a dios a los ojos, todo su cuerpo temblaba del puro placer que le generaba tener a Okuto en su boca, su propio pene se contraría sin control dentro de su ropa interior, se creía perfectamente capaz de acabar solo por el hecho de estarle brindando placer a su todo.
Un escalofrío recorrió su columna vertebral cuando sintió las manos de Nakamura sujetarlo por el cabello y forzarlo a quedarse quieto, su nariz estaba pegada a su pelvis y podía sentir el par de testículos rozando con su mentón, podía sentir incluso cómo pulseaba en el interior de su garganta. Le excitaba muchísimo estar recibiendo a Nakamura en su boca al punto que no pudo contener un gemido.
Y Dios…
Es como si haber escuchado gemir a Matsumura hubiera despertado un demonio dentro de Nakamura.
Sin previo aviso, tiró de la cabeza de Ko hacia arriba y empezó a mover sus caderas.
Se estaba cogiendo la boca de Matsumura.
Se estaba follando su garganta.
El movimiento era salvaje, errático, ni siquiera daba un segundo para acostumbrarse o siquiera intentar respirar y eso hizo a Matsumura empezar a gemir por el placer que le daba que su Okuto lo usara para alcanzar su propio placer.
Cuando finalmente Nakamura llegó, empujando su miembro hasta el fondo de su garganta y regando toda su escencia directamente en esta, Matsumura también llegó.
Llegó solo por la idea de complacer al hombre que lo volvía loco.
Ni siquiera se había tocado o lo habían tocado.
Y llegó…
Realmente era un tonto patético y enamorado.
Lentamente las manos que lo sujetaban anteriormente de manera brutal se relajaron y lo soltaron, así que él con todo el dolor que le provocaba dejar de tener a Nakamura en sí, lo sacó de su boca con un ruidoso “pop”.
Al centrar su vista en Okuto notó cómo él ahora se encontraba recostado en la cama, con el pecho agitado y los ojos cerrados, aún se estaba recuperando del abrumador orgasmo que acababa de tener.
Ko no sabía muy bien qué hacer ahora, no sabía si Nakamura preferiría fingir que nada pasó o si querría tomar más de él o si…tal vez sí deseara aceptar su corazón el cual Matsumura se encontraba ofreciéndole en bandeja de plata.
Todavía seguía arrodillado en el suelo, mirando fijamente a aquel hermoso hombre, estaba en una crisis interna y el muy tonto de Nakamura seguía ahí echado respirando como un loco.
Tal vez esa era una señal de actuar como si nada pasó, así que con un enorme dolor en su corazón se dispuso a levantarse, aunque sus piernas estaban adormecidas debido a la enorme cantidad de tiempo que había estado postrado en el piso, cuando se sintió tambalear y casi se cae, pudo sentir las manos de Nakamura sujetarlo para evitarlo.
Se quedaron en silencio un momento, mirándose fijamente a los ojos y antes de que Matsumura pudiera pensar en qué decir, sintió cómo era sujetado por la nuca y arrastrado a un beso intenso, ansioso y hambriento.
Siguió el ritmo del beso y cuando menos se dió cuenta ahora ambos se encontraban en la cama, Kousei arriba, sujetando al otro por la cadera para que sus miembros pudieran rozarse mientras se besaban.
Estaban tan metidos en lo suyo que apenas se dieron cuenta cuando alguien entró a la habitación y se quedó petrificado en el umbral al ver tal escena.
— ¿Chicos? - dijo quedito haciendo que los otros dos se congelaran.
Hirose había entrado en la habitación…
Hirose había entrado y los había visto en una situación demasiado comprometedora y sobre todo difícil de explicar.
Hirose había entrado y aquella vista hizo que su miembro reaccionara instantáneamente, siendo muy obvia para los tres.
Siendo muy obvio que Hirose había amado aquella vista y deseaba con toda las fuerzas de su ser unirse.
𖣠 𖣠 𖣠
