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El Hokage Black

Summary:

Tobirama Senju renace como Regulus Black. Un shinobi ahora como mago traerá mucho cambios a la historia.

Chapter 1: Segundo Invierno

Chapter Text

La primera cosa que Tobirama Senju recordó fue el frío, no el frío de la nieve, no el frío del agua.

El frío de una muerte demasiado temprana.

Recordó el río, la batalla... a Hashirama.

Recordó su propia mano hundiéndose en el agua mientras intentaba alcanzar algo que ya se había perdido. Y después...

Nada.

Hasta que volvió a respirar.

—¡Regulus!

El grito fue lo primero que escuchó. Abrió los ojos, un techo oscuro, una habitación enorme, sábanas negras, una mujer de cabello oscuro inclinándose sobre él y un hombre detrás de ella, observándolo con una expresión severa.

Tobirama parpadeó una vez, dos, tres.

—¿Dónde estoy? — Intentó incorporarse, pero su cuerpo no respondió como esperaba, era pequeño, demasiado pequeño.

Sus manos eran diminutas, su chakra... No, no había chakra, Tobirama abrió los ojos de golpe.

—Nuestro pequeño Regulus — La mujer sonrió con alivio.

—Es fuerte — El hombre asintió.

Tobirama permaneció inmóvil.

Regulus... ese era su nombre, el nombre de aquel cuerpo. Su mente, sin embargo... seguía siendo la suya.

Tobirama Senju, segundo Hokage, hermano menor de Hashirama, investigador, creador, estratega, ninja, asesino, Hokage y muerto.

Otra vez... Pero esta vez no había campo de batalla, no había clanes enemigos esperando en los árboles, no había niños de cinco años sosteniendo kunai, no había un hermano pequeño muerto entre sus brazos.

Había una habitación, una familia y una vida. Tobirama cerró los ojos.

Otra vez.

Había nacido otra vez, y lo más desconcertante era que, no parecía haber una guerra esperándolo.

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Paso los primeros años en silencio, Tobirama aprendió, siempre aprendía, era lo único que sabía hacer.

Lo primero fue conocer a la criatura más curiosa nunca vista, un ser parecido a un murciélago servicial, que podía hacer cualquier clase de cosas de manera que Tobirama no termina de entender, Kreacher fue un descubrimiento novedoso, pero tenia que concentrarse en fortalecerse.

Primero aprendió a caminar, después a hablar, después a leer y entonces descubrió algo fascinante... Magia.

Sus padres siempre hablaban de eso, al principio le pareció una fantasía, pero no había otra explicación para lo que hacia Kreacher y tambien sus padres con esos palitos de madera.

Siempre que los veía hacer cualquier cosa se queda viendo durante varios segundos. Un día su madre se dio cuenta mientras estaba levitando un libro, la mujer aunque severa, se permitió sonreír ante su hijo menor.

—¿Te gusta?

Tobirama no respondió.

El libro cayó. Él se acerco a tocar la tapa, lo examinó.

—¿Cómo?

Su madre levantó una ceja.

—¿Cómo qué?

—¿Cómo funciona?

La mujer soltó una pequeña carcajada.

—Porque somos magos.

Tobirama frunció el ceño.

Respuesta inútil.

—¿Y eso qué significa?

Su madre se quedó mirándolo.

Regulus Black tenía cuatro años.

Y ya interrogaba a los adultos como si estuviera interrogando a prisioneros.

—Significa que nacimos con magia.

Tobirama observó sus manos.

No chakra. No sellos. No circulación de energía como la conocía.

Pero había algo, una fuerza, una energía diferente, sutil, extraña, potente.

Tobirama sonrió ligeramente, por primera vez desde que había despertado en aquella vida, sintió verdadera curiosidad.

Entonces investigaré esto.

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La familia Black era... Extrañamente familiar. Prestigiosa, antigua, orgullosa, extremadamente orgullosa.

Había retratos de antepasados por toda la casa, reglas para todo, cómo sentarse, cómo hablar, cómo vestir, con quién relacionarse, qué familias eran dignas, qué familias eran despreciables, qué apellido debía protegerse, qué tradición debía respetarse.

Tobirama observaba y escuchaba, no discutía... Todavía.

Porque había aprendido algo durante su primera vida: "Antes de atacar una estructura, había que entenderla"

Así que estudió a los Black, estudió su historia, sus alianzas, sus matrimonios, sus propiedades, su influencia, sus enemigos, sus relaciones con otras familias y especialmente... a su hermano.

Sirius.

Tobirama lo observó durante horas, Sirius Black era... Caótico, impulsivo, escandaloso, rebelde, orgulloso, brillante y completamente incapaz de permanecer quieto.

Tobirama lo observaba correr por la casa mientras su madre gritaba detrás de él.

—¡SIRIUS!

—¡NO HICE NADA!

—¡ROMPISTE EL JARRÓN!

—¡EL JARRÓN ESTABA MAL PUESTO!

Tobirama cerró los ojos.

Hashirama.

Era Hashirama, solo que... Peor, mucho peor.

Porque Hashirama, al menos, tenía la decencia de preocuparse cuando Tobirama le decía que algo era peligroso.

Sirius parecía considerar las palabras "es peligroso" como una invitación.

####

Una tarde, Sirius entró en la habitación de Regulus.

—¡Reg!

Regulus levantó la mirada de su libro.

—¿Qué quieres?

—Ven.

—No.

—Ni siquiera sabes qué quiero.

—Precisamente.

Sirius se quedó callado.

—Vamos a explorar.

—No.

—Hay una habitación cerrada en el tercer piso.

Regulus volvió al libro.

—Probablemente esté cerrada por una razón.

—Exacto.

Tobirama levantó la mirada.

Sirius sonrió.

—¿Ves? Sabía que te interesaría.

—No dije eso.

—Pero vas a venir.

—No.

Cinco minutos después...

Ambos caminaban por el tercer piso.

Tobirama suspiró.

Otra vez.

Otra vida, otro hermano, otra vez siendo arrastrado por un idiota, aunque... Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, quizá no era tan malo.

####

Tobirama no tardó en darse cuenta de algo, Sirius odiaba aquella casa, odiaba las reglas, odiaba las expectativas, odiaba la obsesión de su familia con la sangre y sobre todo, odiaba sentirse atrapado.

Tobirama comprendía ese sentimiento demasiado bien, pero él había aprendido algo que Sirius todavía no comprendía, no siempre se podía destruir una estructura desde afuera. A veces... Había que dominarla desde dentro.

Por eso, cuando sus padres comenzaron a hablarle sobre su futuro, Tobirama escuchó.

—Los Black esperan grandes cosas de ti, Regulus.

—Lo sé.

—Serás un digno heredero.

Tobirama mantuvo la mirada firme.

—¿Y si no quiero serlo?

Su padre se quedó quieto.

—No se trata de querer.

Tobirama recordó a su propio padre.

Butsuma Senju.

Recordó las guerras, las órdenes, los sacrificios, los hermanos enviados al combate, niños convertidos en armas, recordó a Kawarama, Itama, Hashirama, y finalmente... A sí mismo.

Su mirada se volvió fría.

—Entonces están equivocados.

Su padre lo observó.

—¿Qué dijiste?

Regulus levantó la cabeza.

Tenía apenas seis años.

Pero sus ojos ya no eran los de un niño.

—Dije que están equivocados.

Silencio.

Su madre lo miró sorprendida.

Tobirama continuó.

—Puedo cumplir sus expectativas si eso me beneficia.

—Regulus...

—Pero no pueden decidir quién voy a ser.

Su padre golpeó la mesa.

—¡Eres un Black!

Tobirama ni siquiera pestañeó.

—Y usted es mi padre — se hizo silencio — eso no significa que sea su propiedad.

Sirius, que estaba escuchando desde el pasillo, abrió los ojos, por primera vez vio a su hermano menor de otra manera.

Tobirama continuó:

—Pueden enseñarme, pueden exigirme, pueden ponerme pruebas, pero no pueden decidir lo que pienso. No pueden decidir qué quiero proteger y jamás volverán a decidir por mí qué debo sacrificar.

Su padre permaneció en silencio.

Tobirama bajó la mirada, porque había una promesa que jamás pronunciaría en voz alta. Una promesa hecha a un hermano que ya no existía.

"Esta vez no perderé a mi hermano. No importa cuánto tenga que cambiar"

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A los ocho años, Regulus Black ya había leído una cantidad absurda de libros. Historia. Magia. Pociones. Encantamientos. Criaturas mágicas. Runas. Herbología. Astronomía. Teoría mágica. Duelo. Política. Genealogía.

Incluso había comenzado a estudiar magia oscura, no porque le interesara hacer daño. Sino porque Tobirama tenía una regla.

"Nunca temer aquello que no comprendía"

La magia oscura no era inherentemente malvada... Era magia.

El propósito detrás de ella era lo que importaba, había aprendido esa lección con el chakra, el mismo chakra podía utilizarse para curar, para construir, proteger o para matar.

La magia no era diferente y entonces descubrió algo. Los magos tenían una enorme cantidad de conocimiento, pero carecían de estructura.

No había academias dedicadas exclusivamente a investigación, no había una clasificación científica coherente de los hechizos. Muchos encantamientos se transmitían como tradiciones familiares, los conocimientos se perdían y los errores se repetían, los magos dependían demasiado de la memoria.

Tobirama estaba horrorizado.

—Son unos irresponsables.

Sirius levantó la mirada.

—¿Quiénes?

—Todos.

—Ah — Sirius volvió a comer.

—Eso suena como algo que dirías.

Tobirama señaló un libro.

—Mira esto.

Sirius observó las páginas.

—No entiendo nada.

—Precisamente.

—¿Y?

—Un hechizo tan complejo debería tener una explicación detallada.

—Reg, es magia.

—Eso no es una explicación.

Sirius sonrió.

—Eres un viejo atrapado en el cuerpo de un niño.

Tobirama se quedó inmóvil.

Sirius soltó una carcajada.

—¡Lo sabía!

—Cállate.

—¡Sabía que eras raro!

—Sirius.

—¡Hermano pequeño raro!

—Sirius.

—¡Viejo!

Tobirama levantó una mano.

Sirius salió corriendo.

—¡MAMÁ! ¡REGULUS ME QUIERE MATAR!

—¡SIRIUS!

Tobirama suspiró.

Hashirama.

Definitivamente era Hashirama.

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Con el paso de los años, ocurrió algo inesperado, Tobirama comenzó a querer a Sirius, no de la misma forma que había querido a Hashirama, era diferente. Hashirama había sido su hermano mayor, su líder, su rival, su dolor, su esperanza.

Sirius era... Sirius.

Un desastre, un idiota, un provocador y un rebelde.

Pero también era alguien que podía sentarse junto a Regulus durante horas sin hablar.

Alguien que le llevaba comida cuando se olvidaba de comer.

Alguien que se metía entre él y sus padres cuando las discusiones se volvían demasiado intensas.

Alguien que, aunque no entendiera la mitad de lo que Regulus decía, siempre escuchaba.

Una noche, Sirius entró a su habitación.

—Reg.

—¿Qué?

—¿Alguna vez te irías?

Tobirama levantó la mirada.

—¿De dónde?

—De aquí.

Sirius miró hacia la puerta.

—De esta familia.

Tobirama guardó silencio. Después cerró el libro.

—No.

Sirius frunció el ceño.

—¿Por qué?

Tobirama respondió con absoluta calma.

—Porque alguien tiene que quedarse.

—¿Para qué?

—Para proteger lo que importa.

Sirius lo observó.

—¿Y qué importa?

Tobirama tardó unos segundos en responder.

—Tú.

Sirius quedó completamente inmóvil.

—¿Yo?

—Sí.

—Pero soy un desastre.

—Lo sé.

—Soy insoportable.

—También.

—Probablemente terminaré haciendo algo estúpido.

—Sin duda.

Sirius sonrió.

—Entonces estás perdido.

Tobirama dejó escapar una pequeña risa.

—Probablemente.

Sirius se acercó y se sentó junto a él.

Durante unos segundos no dijeron nada.

Entonces Sirius apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Gracias, Reg.

Tobirama miró por la ventana, la noche estaba tranquila. No había guerras, no había clanes enemigos, no había niños muriendo, no había un hermano tendido sobre el suelo. Solo dos hermanos y una casa llena de secretos.

Tobirama cerró los ojos.

"Esta vez será diferente"

No permitiría que sus padres lo convirtieran en una herramienta, no permitiría que el apellido Black decidiera su destino, no permitiría que Sirius terminara destruido por aquella familia y tampoco permitiría perderse a sí mismo.

Porque esta vez...

No era Tobirama Senju, el niño obligado a crecer demasiado rápido, era Regulus Black, un niño nacido en una familia poderosa, un investigador, un estratega, un futuro mago y quizá... El hombre que algún día cambiaría completamente el mundo mágico.

Pero primero, tenía que descubrir exactamente qué demonios era un Horrocrux, porque había encontrado una referencia a ellos en un libro prohibido y Tobirama Senju jamás había sabido dejar un misterio sin resolver.