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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-09-14
Completed:
2026-09-16
Words:
16,207
Chapters:
5/5
Kudos:
3
Hits:
101

De mentira a verdad

Summary:

Harry y Louis no se soportan.

Pero cuando los rumores empiezan a complicarles la vida, fingir que están juntos parece ser la solución perfecta.

Solo hay un problema: sus Alfas y Omegas no parecen estar de acuerdo con las reglas.

Chapter Text

Louis había decidido que el primer día de universidad no iba a impresionarlo.

Era una decisión bastante sencilla de tomar mientras se encontraba frente al edificio, con una carpeta nueva bajo el brazo y el teléfono en la mano, fingiendo que sabía perfectamente hacia dónde tenía que ir. Había demasiada gente alrededor para permitirse parecer perdido. Grupos de estudiantes se amontonaban cerca de la entrada, algunos comparando horarios, otros fumando antes de que comenzaran las clases y varios intentando descifrar los mapas del edificio con la misma expresión de desconcierto que Louis llevaba cuidadosamente escondida detrás de una mirada de absoluta indiferencia.

El problema era que el edificio era enorme.

Humanidades y Ciencias Sociales ocupaba una parte considerable del campus y parecía haber sido diseñado por alguien que consideraba divertido obligar a los estudiantes de primer año a recorrer tres pasillos, subir dos pisos y atravesar un patio interior para llegar a un aula que, según el plano, debería haber estado a veinte metros de la entrada.

Louis miró nuevamente el número que había guardado en el teléfono.

Después levantó la cabeza hacia el cartel que tenía enfrente.

Después volvió a mirar el teléfono.

—Claro —murmuró—. Porque hacerlo fácil habría sido demasiado.

Se guardó el teléfono en el bolsillo y continuó caminando.

No estaba nervioso.

Se negó a llamarlo nerviosismo.

Era anticipación, como mucho.

Había esperado bastante por aquel momento. Dos años compartiendo materias con estudiantes que después se dispersarían hacia distintas especializaciones no le parecía una mala manera de comenzar. De hecho, la idea de tener un tronco común antes de elegir Literatura y Escritura Creativa le gustaba. Le daba tiempo para probar cosas, conocer profesores, descubrir qué quería realmente hacer y, sobre todo, no tener que decidir el resto de su vida a los dieciocho o diecinueve años.

Había gente que parecía tener perfectamente claro hacia dónde iba.

Louis no.

Pero sabía lo suficiente.

Sabía que quería escribir. Sabía que quería leer. Sabía que quería estudiar algo que le importara.

Y sabía, con una seguridad mucho mayor, qué clase de vida no quería.

No quería depender de nadie.

No quería que una relación definiera sus decisiones.

No quería un alfa diciéndole dónde estar, con quién hablar o qué hacer bajo la excusa de que simplemente estaba siguiendo su naturaleza.

Había crecido escuchando ese tipo de explicaciones.

Los alfas son así.

No lo puede evitar.

Es instinto.

Cuando encuentres a tu alfa vas a entenderlo.

Louis siempre había odiado la forma en que esas frases convertían comportamientos perfectamente cuestionables en algo inevitable. Como si tener una naturaleza alfa u omega eliminara automáticamente la responsabilidad de elegir.

Por eso había aprendido a mantenerse lejos de los alfas.

No porque odiara ser omega.

Al contrario.

Le gustaba serlo. Nunca había sentido vergüenza de su naturaleza ni había deseado ser otra cosa. Lo que rechazaba era todo lo que otras personas parecían creer que venía incluido en ella.

La dependencia.

La obediencia.

La idea de que, en algún momento, aparecería un alfa que tendría derecho a reclamar algo sobre él.

Louis no necesitaba eso.

Y estaba bastante seguro de que tampoco lo quería.

Con esa convicción llegó finalmente al aula.

Todavía quedaban unos minutos antes de que comenzara la clase, así que eligió un asiento lateral, relativamente cerca del frente. Le gustaba poder escuchar bien sin convertirse en el estudiante al que todos los profesores recordaban por sentarse siempre en primera fila. Dejó el bolso junto a la silla, acomodó el cuaderno y se dedicó a observar el salón.

Era más agradable de lo que esperaba.

Había ventanas grandes por donde entraba la luz de la mañana, paredes blancas cubiertas por algunos carteles viejos y mesas dispuestas en filas que claramente habían sido pensadas para mantener a los estudiantes atentos. Alrededor suyo empezaban a aparecer pequeños grupos. Un par de betas conversaban sobre una fiesta que había ocurrido el fin de semana anterior; dos omegas discutían sobre sus horarios; un alfa se quejaba de que no encontraba el aula correspondiente a su siguiente materia.

Normal.

Cómodo.

Louis apoyó el codo sobre la mesa.

Y entonces el aire cambió.

No fue algo dramático. Nadie más pareció notarlo. Simplemente hubo un momento en que el aroma de alguien se mezcló con el resto de los olores del salón y consiguió destacarse.

Madera.

Algo cálido.

Ligeramente especiado.

Louis levantó la mirada.

El chico que acababa de entrar era alto, de rizos oscuros y una expresión tranquila que, por algún motivo, le produjo inmediatamente una irritación inexplicable.

Alfa.

Louis lo supo antes de que su cabeza terminara de procesarlo.

Su Omega también.

La reacción fue tan inmediata que Louis tuvo que contener el impulso de fruncir el ceño.

No.

No, gracias.

No había nada particularmente especial en aquel alfa. Era atractivo, sí, pero eso no significaba nada. Había personas atractivas en todas partes. La universidad estaba llena de gente atractiva.

El problema era que su Omega parecía haber llegado a una conclusión diferente.

Había una especie de interés silencioso, una atención instintiva que Louis reconocía demasiado bien.

No.

La respuesta fue inmediata, aunque nadie le hubiera preguntado nada.

Apartó la mirada y se concentró en el cuaderno.

No iba a empezar.

No iba a pasarle.

No después de todo lo que había pensado sobre ese tema.

La presencia del alfa se instaló en algún lugar detrás de él. Louis no necesitó mirar para saberlo. El aroma seguía ahí, lo suficientemente tenue como para no resultar invasivo, pero presente.

Intentó concentrarse en las hojas de inscripción.

No funcionó.

Al cabo de unos segundos, terminó mirando por encima del hombro.

Sus ojos se encontraron con los del desconocido.

Fue apenas un instante, pero bastó.

La mirada del alfa descendió brevemente hasta su cuello antes de regresar a sus ojos, y Louis sintió una incomodidad inmediata. No exactamente miedo. Más bien esa sensación de estar siendo observado de una manera demasiado personal por alguien a quien ni siquiera conocía.

Enderezó la espalda.

El otro apartó la mirada primero.

Bien.

Louis volvió al frente.

Bonito.

Su Omega no necesitó decirlo. La idea apareció de manera espontánea, acompañada de una respuesta física que Louis se negó rotundamente a reconocer.

—Ni se te ocurra —susurró.

Una chica sentada cerca giró la cabeza.

—¿Perdón?

Louis sonrió.

—Nada. Estaba hablando solo.

La chica volvió a lo suyo.

Louis respiró profundamente.

Aquello era absurdo.

No iba a enamorarse de un alfa porque su cuerpo hubiera detectado que era compatible con él. No iba a interpretar una reacción instintiva como una señal del destino. Y, desde luego, no iba a empezar a pensar que aquel desconocido podía ser diferente a los demás simplemente porque tenía una sonrisa bonita.

Además, cuanto más lo observaba, más le molestaba.

Había algo en él.

Una seguridad tranquila. La manera de moverse. La forma en que parecía perfectamente cómodo en un lugar en el que todos los demás todavía estaban tratando de encontrar su sitio.

Louis decidió que era arrogancia.

Le resultó mucho más fácil así.

El profesor llegó unos minutos después y la conversación se apagó poco a poco. La primera clase fue principalmente una introducción al programa, una explicación de cómo funcionarían los próximos dos años y una presentación general de las áreas de especialización disponibles.

Louis escuchó con atención.

Cuando mencionaron Literatura y Escritura Creativa, anotó el nombre en el margen de su cuaderno.

Eso sí le interesaba.

Mientras el profesor explicaba que durante el tronco común compartirían buena parte de las materias, Louis levantó la mano para preguntar por los trabajos grupales. La respuesta fue exactamente la que esperaba.

Sí, habría varios.

Louis dejó caer la cabeza contra el respaldo.

Alguien detrás de él soltó una risa.

Louis giró.

Era el alfa.

—¿Qué? —preguntó.

—Nada.

—Te reíste.

—Porque tu cara fue graciosa.

Louis lo miró durante un segundo.

—Qué bueno saber que ya encontraste entretenimiento.

El chico sonrió apenas.

—Parece que sí.

Louis se volvió hacia el frente antes de que la conversación pudiera continuar.

No le gustaba.

Definitivamente no le gustaba.

Y, para su desgracia, una pequeña parte de él parecía disfrutar de aquella provocación.

La clase siguió avanzando.

Cuando el profesor empezó a hablar sobre las distintas especializaciones, Louis se relajó un poco. Literatura y Escritura Creativa le parecía la opción más natural, mientras que otras áreas le resultaban menos atractivas. Había algo reconfortante en pensar que, aunque todavía tuviera dos años de materias compartidas por delante, eventualmente cada uno terminaría siguiendo su propio camino.

Quizá incluso dejaría de ver al alfa.

La idea le gustó.

Hasta que escuchó al profesor mencionar Economía y Gestión.

El chico detrás de él levantó la mano.

—¿La especialización de Economía y Gestión también tiene cupos limitados?

Louis giró apenas la cabeza.

El alfa estaba tomando notas.

Claro.

Economía.

Tenía sentido.

Tenía toda la pinta de ser alguien que disfrutaba hablando de números y creyendo que podía resolver cualquier problema.

Louis volvió al frente.

Dos años.

Pensó que podría soportarlo.

Harry no había planeado prestar atención a Louis Tomlinson.

No sabía su nombre cuando entró al aula. No sabía nada de él. Ni siquiera sabía que existía.

Y, sin embargo, apenas cruzó la puerta, algo dentro de él reaccionó.

El aroma fue lo primero.

No era fuerte. De hecho, probablemente la mayoría de las personas en el salón ni siquiera lo habrían distinguido entre todos los demás olores. Pero Harry sí.

Su Alfa sí.

Omega.

La palabra apareció con una certeza instintiva.

Harry sintió que algo en su interior se tensaba.

No era algo que no hubiera experimentado antes. Los alfas podían reconocer a los omegas compatibles. Era parte de la biología. Una reacción automática que no significaba absolutamente nada.

Había aprendido eso desde muy joven.

Y, aun así, aquella vez fue diferente.

No por la intensidad.

Por la persona.

Harry vio al omega sentado cerca del frente y tuvo que admitir, aunque fuera solamente para sí mismo, que era atractivo.

Muy atractivo.

Tenía el cabello desordenado, ojos claros y una expresión que parecía decirle al mundo entero que no necesitaba su aprobación. Había algo descarado en su postura, algo que hacía que pareciera estar preparado para discutir con cualquiera.

Su Alfa reaccionó con interés.

Él.

Harry ignoró la sensación.

No.

No empezaba.

Había aprendido hacía mucho tiempo que una reacción instintiva no tenía por qué convertirse en una acción.

Su padre había utilizado esa misma idea para justificar demasiadas cosas.

Es mi omega.

Es naturaleza.

No puedo evitarlo.

Harry había escuchado frases así durante años.

Sabía perfectamente a dónde podían llevar.

Por eso había construido una distancia casi obsesiva entre lo que sentía y lo que hacía. Podía sentir territorialidad sin actuar sobre ella. Podía sentir celos sin convertirlos en órdenes. Podía notar un aroma y simplemente dejarlo pasar.

Eso era lo que significaba tener control.

No reprimir las emociones.

Elegir qué hacer con ellas.

Al menos, eso era lo que se repetía.

Tomó asiento detrás del omega.

No demasiado cerca.

Lo suficiente para poder concentrarse en la clase.

O eso intentó.

Porque cada tanto volvía a percibir aquel aroma.

Y su Alfa seguía prestándole atención.

Harry apretó ligeramente la mandíbula.

Bonito.

La palabra le produjo una irritación inmediata.

—No —murmuró casi sin voz.

Nadie pareció escucharlo.

Mejor.

Sacó el cuaderno y empezó a escribir.

El profesor comenzó a explicar el programa y Harry se concentró en la información. Dos años de materias compartidas antes de poder elegir especialización. Le parecía razonable. Tenía bastante en claro su orientación, aunque todavía no supiera exactamente qué quería hacer después.

La beca hacía que todo aquello tuviera un peso distinto.

Para muchos de sus compañeros, elegir una carrera podía ser cuestión de probar y equivocarse. Para Harry no era tan sencillo.

La universidad era una oportunidad que no podía desperdiciar.

Había trabajado demasiado para llegar hasta ahí.

No pensaba permitir que una mala decisión o cualquier problema innecesario pusiera todo en peligro.

Por eso necesitaba mantener una buena imagen, caerle bien a todos como en secundaria, y no permitirse escándalos.

Y claro, cuando el profesor hizo un comentario sobre los trabajos grupales y el omega de delante reaccionó exageradamente, Harry se tuvo que reír.

Fue un error.

El omega se giró.

—¿Qué?

Harry negó con la cabeza.

—Nada.

—Te reíste.

Harry tuvo que contener otra sonrisa.

—Sí.

—Entonces no es nada.

Había algo en su manera de hablar que era irritante.

Y divertido.

Harry decidió que probablemente lo segundo era un problema.

—Me pareció gracioso.

—¿Qué cosa?

—Tu reacción.

El omega entrecerró los ojos.

—¿Siempre eres así?

Harry arqueó una ceja.

—¿Así cómo?

—Así.

Aquello sí le arrancó una sonrisa.

—Muy descriptivo.

El otro puso los ojos en blanco.

Harry volvió al cuaderno.

Definitivamente era insoportable.

Su Alfa, sin embargo, parecía bastante satisfecho.

Eso era peor.

Durante el resto de la clase, Harry intentó no prestarle atención. Lo consiguió durante períodos razonables de tiempo, pero había momentos en los que el omega se movía, se inclinaba sobre el cuaderno o se acomodaba el cabello y la atención de Harry regresaba sin permiso.

No debía importarle.

No podía importarle.

Era simplemente un omega atractivo.

Nada más.

Cuando terminó la clase, Harry guardó sus cosas y esperó unos segundos antes de levantarse. No tenía ninguna intención de volver a hablar con él.

Hasta que ambos llegaron a la puerta al mismo tiempo.

El resto de los estudiantes salió alrededor de ellos, llenando el pasillo de conversaciones. Harry podría haber esperado.

Louis también.

Ninguno lo hizo.

—Pasa —dijo Harry.

—Estoy esperando que pases tú.

—Te estoy diciendo que pases.

—Y yo te estoy diciendo que estabas delante.

Harry soltó una respiración que estuvo peligrosamente cerca de convertirse en una risa.

—¿Siempre discutes por todo?

Louis lo miró.

—¿Siempre crees que tienes razón?

—Generalmente.

La expresión del omega cambió.

No fue exactamente sorpresa.

Fue indignación.

—Ah, perfecto.

—¿Qué?

—Ya entendí.

Harry no sabía qué se suponía que había entendido, pero no tuvo que esperar demasiado.

—Eres exactamente el tipo de alfa que pensaba que iba a encontrar aquí.

Harry sintió que algo dentro de él se tensaba.

—¿Y eso qué significa?

Louis lo recorrió con la mirada antes de responder.

—Que crees que todo gira alrededor tuyo.

Aquello sí lo molestó.

No porque la opinión de Louis le importara.

No debía importarle.

Pero había pasado años intentando demostrar que no era su padre, que no utilizaba su naturaleza como excusa, que podía ser un alfa sin convertirse en una amenaza para las personas a su alrededor.

Y aquel desconocido acababa de meterlo en la misma categoría sin conocerlo.

—No sabes absolutamente nada de mí.

Louis sostuvo su mirada.

—Y, sinceramente, prefiero que siga así.

La respuesta fue tan directa que Harry se quedó en silencio durante un segundo.

Su Alfa reaccionó con algo parecido a una protesta.

No le gustó que Louis se alejara.

A Harry tampoco le gustó.

Eso fue lo que más lo irritó.

—Entonces estamos de acuerdo en algo —dijo finalmente.

—¿En qué?

—En que no necesitamos conocernos.

Louis sonrió sin humor.

—Perfecto.

—Perfecto.

Durante unos segundos ninguno se movió.

Había estudiantes pasando alrededor de ellos, conversaciones cruzándose, puertas abriéndose y cerrándose, pero Harry apenas escuchaba nada.

Solo podía sentir el aroma de Louis.

Y la frustrante certeza de que aquel omega era mucho más interesante de lo que debería.

Louis fue el primero en apartarse.

—Hazme un favor.

—¿Cuál?

—No vuelvas a hablarme.

Harry lo miró alejarse.

—Créeme —respondió, aunque Louis ya no estaba frente a él—. Era exactamente lo que estaba pensando.

Y mientras se alejaba en dirección contraria, Harry intentó convencerse de que lo decía en serio.

Su Alfa no parecía demasiado convencido.

Pero Harry había pasado toda su vida aprendiendo a ignorarlo.

Podría hacerlo otra vez.

Al fin y al cabo, solo era un omega.

Solo era un alfa.

Y no significaban absolutamente nada el uno para el otro.