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Cuando el Frío es Cálido ✰ KageHina

Summary:

Dos años pueden sentirse como una eternidad cuando estás al otro lado del mundo.

Shoyou Hinata siempre había querido llegar muy lejos. Por eso dejó Japón después de graduarse y viajó a Brasil con el objetivo de entrenar vóley de playa y convertirse en un jugador más completo.

Pero adaptarse a un país nuevo no era tan fácil como había imaginado.

Un idioma desconocido. Una nueva cultura. Nuevas personas. Mientras Hinata intenta adaptarse a su nueva vida en Río de Janeiro, hay alguien a quien no puede evitar recordar.

Tobio Kageyama, su antiguo compañero. Y más que compañero, un rival. Alguien que parecía estar avanzando mucho más rápido que él.

Tal vez dos años sean demasiado tiempo.

O tal vez sean justo lo que necesitan para reencontrarse.

Porque algunas distancias enfrían las cosas. Mientras que otras terminan haciéndolas sentir más cálidas.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: La persona que no sabía que necesitaba ver

Chapter Text

Definitivamente no lo había esperado.

Brasil era una experiencia distinta. Cualquiera que viajase al otro lado del mundo diría lo mismo. Sin embargo, Hinata podría confirmar con total libertad que su experiencia fue completamente distinta.

Nuevo idioma, cultura, calles… No fue fácil adaptarse. Había decidido viajar hasta allí prácticamente desde su primer año de preparatoria. Así que solo le quedaba repetir nuevamente que no se arrepentía. ¡Estaba aquí para practicar voleibol!

Seguía adelante. Eso era lo que importaba.

Incluso cuando solo era él sentado en una esquina de su habitación.

La luz permanecía apagada durante las noches. Honestamente no tenía motivos para encenderla, ni siquiera cuando volvía de un largo día y dejaba su mochila sobre la cama en un movimiento casi automático. Le gustaba decir que prefería la luz de la luna y la manera tan natural que tenía de llenar todo ese espacio en una penumbra cálida. Cálida por la manera en la que esa atmósfera parecía empatizar con su estado de ánimo.

Hinata suspiró y levantó la cabeza poco a poco, apartando el rostro de sus brazos. Otra vez se encontraba encogido sobre sí mismo en esa esquina, sentado en el suelo. Su mirada recorrió vagamente los alrededores, sin encontrar nada que consiguiera distraerlo.

¿Cuánto tiempo estaría así?

Tenía momentos en los que solo pensaba cuando volvería a Japón. De repente, su época de preparatoria se convertía en un recuerdo que percibía como los años más felices de su vida. Y tal vez era así. Por eso a veces se encontraba a sí mismo imaginando cómo sería vivir esos años nuevamente.

De pronto un pensamiento apareció sin que lo buscara. “Nos vemos luego, Kageyama”, le había dicho el día de su graduación.

Y desde entonces no volvieron a estar en contacto. Él ahora era reconocido como uno de los jugadores prodigio de la V-League de Japón, con tan solo diecinueve años.

Kageyama siempre fue su rival. En realidad lo seguía siendo. De ahí que quisiera saber que era de su vida más allá de lo que decían las noticias. Seguramente él la estaba pasando mejor. No estaba al otro lado del mundo preguntándose si realmente estaba avanzando. Kageyama ascendía más y más, mientras que él sentía que no daba ningún paso adelante en el camino tan largo que serían dos años en Río.

Era tanto para pensar. Hinata quería volver al presente aunque resultara difícil. Darle vueltas a lo mismo solo lo hundía más. Así que se incorporó y tomó un par de respiraciones lentas.

Seguir adelante.

Repítelo otra vez.

Tomó su teléfono y salió de su habitación. En realidad no tenía mucha idea de a dónde. Solo caminó hasta salir del complejo de departamentos y fue a la zona donde dejaba su bicicleta.

Y pedaleó con mucho entusiasmo, o eso era lo que notaban las personas que lo veían pasar a toda velocidad.

Eso no era importante ahora.

La noche aún era joven y la mejor manera para despejar sus pensamientos —o al menos darle a su mente otra cosa para pensar— era ir a la playa, donde la gente jugaba voleibol.

La playa Flamengo se había convertido en uno de sus lugares habituales. Tenía el ambiente perfecto para que personas de todas las edades se pusieran a jugar vóley de playa a cualquier hora. Por eso no era de extrañarse que Hinata viera a más de uno ya en la cancha.

Dejó las sandalias en una banca y pasó por ahí tranquilamente, sintiendo la arena suave bajo los pies. En realidad no sabía si jugar o solo caminar. Tal vez solo miraría a la gente. Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una pelota llegó directamente hasta él.

Hinata automáticamente la recibió y la devolvió para que cayera en las manos del hombre que la había lanzado. Este lo miró con sorpresa pero sonrió casi al instante.

—¡Vaya, hombre! Eres muy bueno —el hombre se acercó y le lanzó suavemente la pelota. Hinata la atrapó y lo miró confundido. No entendía realmente que le había dicho—. ¡Cambia conmigo!

“¿Uh?”, Hinata volteó y miró al hombre alejarse, diciendo otra cosa que tampoco entendió. “¿Me dijo que me uniera?”

Bueno, si le dio la pelota fue por algo. Así que ingresó a la cancha dando una reverencia a los demás que estaban jugando.

Después de eso perdió la noción del tiempo. Probablemente había jugado una hora. Eso no le importaba mucho en ese momento. Cada recepción, colocación y remate le revelaba que se estaba enfrentando a algo nuevo. Esto no era lo mismo que el voleibol de sala. Y eso era casi refrescante.

Como cuando puedes iniciar desde cero en algo.

El partido improvisado terminó y el equipo de Hinata había ganado. Celebró junto a los demás, quienes por un momento lo miraron raro al no entenderlo cuando exclamó una expresión en japonés, una que era normal cuando jugaba en la preparatoria.

A pesar de eso siguió sonriendo y se despidió de los señores con los que jugó. Ya estaba listo para volver a su apartamento.

—Huh, ¿en serio? —Hinata escuchó a alguien hablar en lo que parecía… ¿Japonés?

Se volteó ligeramente.

Su expresión cambió a completa sorpresa cuando notó un rostro conocido.

“¡¿El Gran Rey?!”

Oikawa también parecía sorprendido. Iba acompañado de lo que parecían ser dos amigos suyos.

Definitivamente no lo había esperado.

—¡¿Qué haces aquí Gran Rey?! —preguntó Hinata con entusiasmo.

—Eso iba a preguntar yo.

—¡Yo estoy entrenando vóley de playa!

Oikawa soltó una carcajada.

—¡Sí que eres aterrador, pequeñín!

Hinata lo miró con un poco de confusión, notando que los amigos de Oikawa se acercaban.

—Tooru, ¿lo conoces? —preguntó uno de ellos. Era un chico de piel oscura y cabello corto, y hablaba en un idioma que Hinata reconoció como inglés.

—Es un niño de secundaria que vivía en mi vecindario —respondió él mientras señalaba a Hinata.

—Oikawa, hasta yo puedo entender algo de inglés…

—Bueno —intervino el otro amigo, acariciándose la barba corta—. Nosotros nos vamos a cenar.

—¡Okay! Los veo luego.

Y con eso los dos amigos se despidieron.

—¿Y bien? —Oikawa colocó las manos sobre las caderas—. Vóley de playa, ¿Huh?

Hinata le explicó cómo había terminado viajando a Río y que hace un par de minutos había terminado de jugar con los locales. La conversación continuó hasta que Oikawa lo invitó a comer, así que Hinata no tardó en recomendarle un lugar.

Después de eso ambos se encontraron en el restaurante, no sin antes tomarse una foto que Oikawa, por supuesto, mandó a la mayoría de sus contactos.

El lugar no estaba tan lleno. Pero había personas que ya comenzaban una noche de copas con sus amigos.

—¿En serio se la mandaste a todos? —preguntó Hinata mientras ambos esperaban a que trajeran la comida.

—Tómalo como una forma de presumirte —le guiñó el ojo.

—Me halagas mucho, Gran Rey.

Oikawa sonrió y guardó su teléfono.

—Listo.

—¿Qué cosa?

—Nada importante.

Hinata levantó una ceja.

Oikawa también.

Ambos soltaron una carcajada.

Pasaron un par de minutos más y eventualmente trajeron la comida. Dos platos de Feijoada y guarniciones de carne. Agradecieron y empezaron a comer.

—Hmm, ¡está muy bueno! —comentó Oikawa mientras sostenía el tenedor de una manera un tanto inusual.

—¡Sí!

El resto de la conversación fluyó con facilidad. Oikawa le contó algunas cosas sobre su vida en Argentina, aunque había algo que había captado la atención de Hinata desde el inicio.

—¿Y por qué Argentina?

Oikawa dejó el tenedor sobre el plato y apoyó la barbilla sobre una de sus manos.

—Ah, es una historia un poco larga —dijo, fingiendo desinterés.

—¡Quiero saber más!

—¿Tan interesado estás? —Oikawa levantó una ceja.

—¡Sí!

Oikawa soltó una risita y volvió a tomar el tenedor. Aunque esta vez no probó más comida.

—Bueno… ¿Qué te puedo decir? Cuando estaba en la primaria fui a ver un partido entre Japón y Argentina.

Por un instante su semblante cambió. Ya no tenía aquella actitud burlona que Hinata conocía de tantos años atrás.

—En ese tiempo había una joven estrella que estaba causando gran impresión.

Hizo una pequeña pausa.

—Pero durante el partido contra Japón, las cosas no le salieron tan bien. Empezó a cometer errores y parecía que lo iban a sustituir.

Hinata dejó de comer poco a poco.

—Entonces cambiaron al armador. Un veterano que se mantuvo calmado y dejaba rematar balones fáciles a la estrella —Oikawa sonrió ligeramente—. Y poco a poco… la estrella se recuperó. La gente estaba emocionadisima.

—¿Y tú?

—Si me lo preguntas a mí, la verdadera estrella fue José Blanco.

Hinata parpadeó, sorprendido.

—¿José Blanco?

—Sí. Hace cuatro años estuvo entrenando en la V-League.

—¡Oh! ¡En los Halcones Rojos de Tachibana!

—Exacto —Oikawa apoyó nuevamente la barbilla sobre su mano—. Tuve la oportunidad de hablarle cuando aún estaba en la preparatoria.

Su sonrisa se volvió un poco más pequeña.

—En ese tiempo no estaba seguro de querer seguir jugando voleibol o no.

—¿Tú?

—¿Qué? ¿Tan difícil de creer?

Hinata parpadeó un par de veces. Sí lo era, pues él siempre había creído que Oikawa tenía muy claro desde un inicio hasta donde quería llegar.

—¿Y qué pasó?

—Seguí su ejemplo —sonrió ligeramente—. Aunque debo de admitir que en ese momento pensaba que estaba haciendo algo fuera de lo común. Pero tú estás entrenando vóley de playa al otro lado del mundo y eso es…

—¡Juguemos!

Pausa.

—¿Ah?

Hinata ya se estaba levantando de la mesa.

—¡Por aquí la gente juega hasta tarde!

Oikawa lo miró durante unos segundos.

—Te has vuelto bastante arrogante, ¿ahora quieres vencerme?

Dejaron el restaurante poco después y caminaron de regreso hacia la playa. La noche se había vuelto un poco más oscura, pero las voces de las personas jugando aún se oían a la distancia.

Oikawa se acercó a uno de los jugadores y, después de intercambiar un par de palabras con él, volvió con una pelota en la mano.

—Listo —dijo mientras se la lanzaba.

Hinata la atrapó en el aire.

—¡¿Ya la conseguiste?!

—¿Con qué pensabas jugar?

Unos minutos después, Oikawa intentaba recepcionar uno de los balones que Hinata le lanzaba. No era lo mismo que el voleibol de sala y parecía estar teniendo más problemas de los que esperaba.

Hinata no pudo evitar sonreír.

Y eso era extraño.

Por una vez él sabía algo que Oikawa no. Así que una pequeña sensación de superioridad se apoderó de él.

—¿Sabes?

Oikawa recogió el balón de la arena y le prestó atención.

—¿Hm?

—Hoy… Solo por un segundo estuve bastante deprimido —admitió e hizo una pausa.

En realidad no había sido solo un segundo, pero…

—Bueno, bastante deprimido.

El castaño lo seguía mirando, con las manos en las caderas. Por un momento Hinata creyó ver algo parecido a comprensión en sus ojos.

—Me siento mucho mejor después de haberme encontrado contigo —sonrió.

—Entonces invítame a comer la próxima vez.

—¡Claro!

Se sentía mucho mejor.

Había salido de su apartamento sin saber siquiera a donde ir y había terminado encontrándose con alguien a quien jamás habría esperado ver en Brasil.

Pero quizás lo más extraño no había sido encontrárselo.

Era descubrir que alguien a quien había admirado podía parecerse un poco a él.

Hinata sonrió.

Tal vez todavía tenía mucho por descubrir.

Notes:

Holaa solo hago esto por diversión 🙉