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Otra explosión. Otro fallo. Otra vez Wile E. Coyote ha acabado planchado contra el suelo de la ardiente carretera del desierto.
Un quejido abandona su hocico, incorporándose para ponerse de pie a la vez que se sacude el polvo ¿que falló esta vez? ¿Los cálculos? ¿El cableado?
Wile está bastante seguro de que el principal responsable de los fallos es la maldita suerte de esa ave. Sea como fuera la situación, el Correcaminos siempre consigue salir intacto. Siempre sale ganando.
— Lindo kaboom, Wile.
Las oreja del canino se elevan al oir su nombre. Voltea para toparse con una figura que hace mucho tiempo no veía. Aquel conejo gris masticando una zanahoria con su típica tranquilidad de siempre.
Wile lo recuerda, claro que sí. Habia intentado atraparlo en varias ocasiones, todas acabando en un horrible fracaso. Fue toparse con Bugs Bunny lo que enseñó como funciona el mundo si eres un toon: Eres un ganador o eres un perdedor. Bugs Bunny es el mas grande ganador de todos.
Eleva un cartel en el que se lee “¿Qué haces aquí?”
La última vez que supo del conejo es que había abandonado la vida del desierto para dedicarse a la actuación, a lo cual parece estarle yendo bastante bien. Incluso él viviendo alejado de la ciudad ha sabido de su éxito.
— ¿Uno no puede pasar a saludar a un viejo amigo?
¿Amigo? Wile no llamaría a ese conejo su amigo. Eleva otra cartel en el que se lee: “¿Tienes algún rodaje aquí?"
Espera que no sea el caso. No quiere que interfieran con su casería.
— Oye, viejo ¿a qué vienen los carteles? No me digas que ahora eres mudo.
Wile eleva otro cartel. “No hablo mucho” se lee en este.
— Pero yo te he oído hablar, se de primera mano que puedes hacerlo. — abraza por los hombros al Coyote, forzando una cercanía que Wile no aprecia. — Y no lo haces nada mal. Tienes una voz muy bonita, podría conseguirte algún papel en un musical si gustas.
¿Musicales? ¿Una película? No gracias. Wile no tiene tiempo para eso. Interferiría con sus planes.
— ¡Anda Wile! — Bugs aprieta aún más el abrazo, forzando que la cara de Wile quede cercana a la zanahoria que se encontraba comiendo. — No seas así de frio conmigo. Hieres los sentimientos de este pobre conejito, ¿es que acaso no soy merecedor de tu voz?
— ¡Ugh! ¡Eres desesperante! — se aparta del toque ajeno.
A Wile no le gusta hablar. Lo considera innecesario pues no es que el Correcaminos pudiera decir mucho, más hay algo en la irritable presencia de Bugs Bunny que le obliga expresar su desagrado en palabras.
— ¡Ahi está! — celebra el conejo sonriente. — Sabía que aún podías hacerlo.
Los ojos de Wile se entornan.
— ¿Te importaría explicarme a qué se debe tu súbita irrupción en mí hogar? — Inquiere él sin abandonar su usual tono suave por muy irritado que esté. — Si acaso planean comprar estas tierras para convertirlas en algún estudio de películas, centro comercial o cualquier vacío metodo de distracción citadino; debo decirte que no permitiré eso y usaré todos mis inventos para—
— Wow, wow. No hablas nunca pero cuando lo hagas no hay quien te detenga. — ríe Bugs alzando los brazos para que se detenga. — No vine por nada de eso.
— Entonces no comprendo el porque se tu presencia aquí. — se da la media vuelta para iniciar su retirada. — Dudo que una mente como la tuya pueda apreciar las pequeñas maravillas que el desierto pueda ofrecer, así que—
— En realidad vine por ti.
La declaración congela el cuerpo del Coyote, quien observa a Bugs incrédulo. ¿Será está alguna broma de cámara oculta de algún problema suyo? Mas vale que no intente besarlo de nuevo.
— Iré directo al grano, Wile. No creo tener mucho tiempo. — Con actitud dramáticas, fuerza al Coyote a sentarse juntos a él a la sombra de unas enormes rocas. — ¡La gran vida de Hollywood ya no es para mí! No todo es la gloria, los lujos y el trato preferencial que te hacen creer en la televisión.
— Yo no miro televisión, me distrae.
Intenta ponerse de pie para alejarse, pero Bugs se lo impide volviendo a tomarlo del brazo, esta vez con más fuerza. Wile se sentiría tentado a comérselo allí mismo si no supiera como terminaría. Uno simplemente no puede ganarle a Bugs Bunny.
— ¡Eso ya no es para mí! Ya no deseo los lujos, las luces, los escenarios. Todo se ha vuelto tan frívolo y carente de pasión con estudios que solo miran por si mismos, llegando a desechar hermosos proyectos solo porque creen que no dejarán ganacias suficiente, ¡ya no deseo formar parte de este mundo! Deseo una vida tranquila y humilde en mí pequeña mansión de seis pisos con mis nueve zanahorias de oro.
— ¿Y qué tiene eso que ver conmi—?
— ¡Y el pobre Lucas! — Bugs lo interrumpe, arrojandose a su regazo para iniciar un desconsolado llanto. — ¡Oh! Él al oír de mí retiro decidió intentar tomar mí lugar para sanar el corazón del público ¡pero todo salió mal! Una loca se lo ha llevado secuestrado ¡quien sabe lo que le hará! ¡Ya me lo imagino asado o al horno!
— Eso suena delicioso. — intenta consolar a Bugs con algunas caricias en su espalda por mera educación. — Pero reitero mí cuestionamiento anterior, ¿que tiene que ver conmigo?
— Necesito ayuda para salvarlo. — explica enderezandose. — Te necesito a ti.
La confusión se apodera del rostro de Wile.
— ¿A mi? Pero tú eres Bugs Bunny. Tu podrías lograr encontrarlo en siete minutos aproximadamente.
— Esto es diferente, Wile. No es una pequeña aventura comica es algo grande, ¡muy grande! Por eso necesito ayuda, no puedo ir yo solo.
— Estoy seguro que tienes un amplio abanico de conocidos y amigos dispuesto a auxiliarte en este predicamento. — endereza a Bugs a la vez que se pone de pie, sacudiéndose el polvo de su pelaje. — No veo como mí ayuda es requerida.
— ¡Es que necesito a alguien como tu, Wile! — responde aferrándose a los hombros del aludido. — Si todo sale mal, si todo falla, necesito a alguien que pueda ponerse de pie. Alguien que lo intente nuevamente aún luego de haber sido aplastado, atropellado, achicharrado, electrocutado, chamuscado…
— ¿Se supone que esto deba hacerme sentir mejor? — cuestiona zafandose del agarre del conejo, cruzando sus brazos. — Lo que necesitas es que yo esté ahí para recibir los golpes por ti. De esa forma tu podrás seguir siendo Bugs Bunny, el absoluto y auténtico ganador.
— Lo que digo, viejo, es que no soy lo suficientemente listo para hacer esto solo. Necesito a alguien cuya mente sea lo más grande habido y por haber. Necesito un genio. Un maestro. Un experto en cuánta área habida y por haber haya.
— ¿Estás intentando apelar a mí ego?
— ¿Está funcionando?
Responde Bugs con otra pregunta, sonriendo con complicidad y dedicándole al Coyote una mirada entrecerrada y picara. La sonrisa en su rostro se acentúa cuando Wile le devuelve el gesto.
— Quizás…
No negará que tener Bugs Bunny reconociendo su intelecto es satisfactorio.
— ¡Anda, viejo! ¡Ilumina a esta pobre alma desesperada con tu intelecto! — intenta convencerlo sin borrar su sonrisa, volviendo abrazarlo por los hombros. — ¿Por qué no lo tomas como un pequeño descanso de tu eterna persecución? Un cambio de ambiente te vendría bien, quizás tengas nuevas ideas para atrapar a ese pájaro.
Wile adopta una expresión pensativa. Él no es de los que se toman vacaciones de su labor, hacerlo por primera vez no vendría mal.
— Yo invito cuánto quieras comer en el viaje. — finaliza el conejo con su carta maestra. — Dudo que podamos encontrar algún restaurante que sirva correcaminos pero lo que veas yo…
— ¡Pues que no se diga más! — exclama el Coyote dando una única palmada para celebrar el acuerdo. — Hay un pato que salvar. El tiempo es de vital importancia.
Satisfecho, Bugs sonríe viendo cómo Wile empieza a caminar incluso aunque él no le haya dado indicación alguna. Todas las personas —y toons— tiene su precio, solo es cuestión de encontrarlo.
Se dispone a unirse al coyote, más una súbita ráfaga de aire tras él lo hace voltear.
— ¡Beep, beep!
Ahí se encuentra parado el Correcaminos con una nube de polvo que él acaba de levantar y su imborrable sonrisa.
— ¡Oh, tu eres el ave que Wile siempre persigue! ¿Que hay, Cami? Puedo decirte Cami, ¿no?
El Correcaminos simplemente mantiene una mirada inexpresiva en el conejo. Lo ha visto un par de veces rondando a Wile mientras él intenta comérselo. A decir verdad, no le agrada.
Ladea el rostro para observar al coyote alejándose, por lo que ignorando olímpicamente a Bugs corre hacia él, dejando a un mareado conejo en el proceso.
Wile se detiene al sentir un toque en la parte posterior de su cabeza, un picoteo. Al voltear, ve allí a su inalcanzable presa.
— ¡Beep, beep! — Exclama sonriente, sacando la lengua un par de veces antes de partir a correr una vez más, nuevamente haciendo dar a Bugs varias vueltas en su lugar.
— ¿Que fue eso? — pregunta confundido señalando el ave.
— No le des muchas vueltas. He llegado a la conclusión de que la mente del Correcaminos no funciona de una forma convencional. — es la única explicación que da, encogiendo sus hombros. — ¡Pongámonos en marcha mejor! ¿Donde está el agujero que excarvaste para llegar aquí?
— ¿Agujero? ¡Vine aquí en auto! — informa ofendido Bugs, sacando la llave de su vehículo para encenderlo. ¿Cuánto tiempo lleva ese auto rojo a media carretera? Wile no lo había notado. — ¿Que parezco? ¿Un salvaje?
Wile decide no responder, no vale la pena.
— ¡Beep, beep!
Nuevamente aquel sonido, nuevamente el Correcaminos ha vuelto. Parado delante de ambos mamíferos con la misma sonrisa y sus ojos únicamente fijos en Wile.
El Coyote decide, por primera vez, ignorarlo. Ya tendrá tiempo para darle caza nuevamente al volver. Mas no llega a dar media vuelta cuando siente un brusco agarre en su cola.
— ¡Ow! ¡Tu maldita ave sin vergüenza! — lo regaña apartandolo agitando su mano para después dedicarse a peinar su cola. — ¿No te enseñaron que no es correcto invadir el espacio personal de la gente de esa forma?
El Correcaminos parece haber ignorado completamente sus palabras.
“¿Juego?” Se lee en un cartel que eleva el ave.
Ambos mamíferos intercambian una mirada.
— Escucha deliciosa ave de carretera. Nuestra eterna persecución no es ningún juego, es una cacería en la que yo, el genio, intento atraparte a ti para comerte. No sé trata de ningún entretenimiento para nadie, ¿ha quedado claro?
El Correcaminos solo ladea la cabeza sin borrar su sonrisa. No ha escuchado casi nada de lo que el coyote ha dicho. Solo piensa en que usa muchas palabras al hablar; eso le gusta, tiene una voz muy bonita. Ojala le hablara más seguido.
“¡Juego!” Se lee otro cartel que saca, deseoso de iniciar otra persecución. Wile suspira, debió imaginarlo.
— Me temo que dicha persecución deberá ponerse en pausa temporalmente.
Por primera vez, el ave parece entenderle pues su sonrisa se borra.
— Yo, Wile E. Coyote, he sido llamado para asistir a una pobre víctima que solicita mi ayuda. — hace un gesto hacia el conejo a su lado al decir eso.
— Ese soy yo, ¡la pobre e indefensa víctima! — lleva el dorso de su mano a la frente con actitud teatral.
Con esa información, el Correcaminos le dedica al conejo una mirada asesina que sirve para recordar que las aves son descendientes de los dinosaurios. ¿Por qué cada vez que se aparece, Wile se va con él? ¿Por qué Wile solo habla cuando está con el?
— Es el deber de un genio ayudar a quienes lo necesiten. Iluminar el oscuro mundo de los ignorantes con su genialidad y mostrarles el camino a la verdad. — continúa Wile, llevando una mano a su pecho con actitud vanidosa. — Por lo que voy a ausentarme temporalmente.
Ahora el horror se pinta en el rostro del Correcaminos, cuyo cartel cae al suelo.
— ¿Beep, beep?
Wile debe estar loco, porque juraría que ha oído tristeza en la voz del ave.
— ¡No te regodees todavía! Prometo volver tras haber socorrido al conejo para continuar dándote caza. Durante mí ausencia, pido que te cuides de cazadores y otros depredadores pues nadie que no sea yo merece el lujo de poner atraparte al fin.
Las cejas del ave continúan afligidas. Para total desentendimiento de Wile, este acerca la cabeza a su pecho para acurrucar la cabeza alli.
— Beep, beep…
¡Ah! Jamás lo había tenido tan cerca. Podría intentar atraparlo ahora, pero él sabe que se esfumaría una comica nube de polvo con forma de ave nada más lo intentara, por lo que simplemente la aparta.
— Desconozco el significado que cargan esas onomatopeyas, más como dije será temporal. Así que no te duermas en los laureles. Cuando vuelva, seré más ingenioso que nunca.
“¿Cuando?” Se lee en un cartel que eleva.
— No lo se. Lo que sea necesario para acabar con esta misión.
El ave únicamente observa con aparente tristeza, pero Wile sabe que eso es ridículo. ¿Que animal de pondría triste de despedir a su depredador?
— Señor Bugs, no perdamos más tiempo, este es el principal enemigo en casos de secuestro. — exclama dirigiendose al conejo nuevamente. — Propongo un viaje a la ciudad para buscar provisiones, herramientas y trazar un plan.
— Y comer algo, ¿no? — pregunta un sonriente Bugs al ver cómo el coyote se frota las manos con anticipación. Acto seguido se vuelve al ave que continúa portando un sombrio semblante. — Tranquilo, viejo, te lo devolveré tan pronto termine con…
Su intento de acercarse es recompensado por el intento de una mordida en su mano por parte del ave. ¡Maldito conejo entrometido! Siempre que se aparece, arruina todo. ¿Será este algún plan para que Wile lo persiga?
— De acuerdo. Se leer las señales. — Bugs recula, sintiendo algo de miedo de darle la espalda al Correcaminos. — Volverá antes de que te des cuenta, lo juro. Tómalo como un pequeño descanso. Puedes hacer otra cosa en su ausencia.
Con eso dicho, Bugs le da la espalda al ave para abrir las puertas de su auto y subirse a este.
Esa frase basta para que el Correcaminos confirme que Bugs Bunny no tiene idea de lo que habla.
¿Hacer otra cosa? ¿Qué otra cosa podría hacer? Vive en el desierto. Lo único que hay aquí son kilómetros y kilómetros de aburrida carretera y llanura. Aquí no hay diversión. Aquí no hay entretenimiento. Aquí no hay nada.
Solo Wile.
Wile es lo unico que él tiene. Wile es la única variante de este monótono lugar. Wile es todo lo que le motiva a despertarse y salir de su nido, preguntándose cuál sería la atracción del día de hoy.
El Correcaminos no conoce a muchas personas, pero no las necesita porque sabe que nadie pondría ni siquiera la mitad de esfuerzo y empeño en él que Wile. Wile E. Coyote. Él es todo en el universo del ave. Es lo que da color a su vida.
¿Que hay en este lugar cuando él se va? No hay nada. Wile E. Coyote es todo para el Correcaminos, es lo que lo motiva a correr, a moverse, es quien da sentido a su nombre.
¿Que se supone que haga sin él?
— ¿Este aparato tuyo no puede ir más rápido? — inquiere Wile en el asiento del pasajero. — Has conducido por horas y no hemos abandonado el desierto.
— Es un desierto muy largo, viejo.
— Si me dejaras hacerle unos ajustes a tu vehículo, saldríamos de aquí en veinte minutos.
— No te ofendas Wile, pero preferiría que mi auto no explotara en mil pedazos aún. No deseo quedarme varado aquí.
El coyote resopla. Maldito conejo mal agradecido, y él va y ofrece sus servicios de genio de forma gratuita.
Se dedica únicamente a disfrutar el aire acondicionado del auto y a observar el panorama.
¿Que se encontrara haciendo el Correcaminos? Corriendo de seguro. Wile espera que no se canse mucho, no desea que se canse, eso estropearía su sabor de seguro.
Cierra los ojos. Mas vale que a ningún otro depredador se le ocurra ponerle las garras encima Él es suyo.
Beep, beep
— Ja, que gracioso. La bocina suena igual que mí querida presa de plumaje azul.
— Esa no fue la bocina. — informa Bugs algo confundido.
Wile abre los ojos. Voltea y para su sorpresa es recibido por el mismo plumaje azul que ve cada día en la carretera.
— ¿Tu?
— ¡Beep, beep! — exclama el ave, sacando su lengua para dar algunas lamidas en la nariz del canino, quien se revuelve ante ello.
— ¡Bugs! Tenemos un invitado no deseado.
— Ya lo veo. Debió escabullirse al asiento de atrás en algún momento. Ja, eres muy escurridizo amigo ave.
— Beep, beep.
Aquella habia sido dicho con una mirada de odio. Aún no perdona a ese conejo. Mas vale que cuando recuperen a ese pato, no vuelva a acercarse a Wile.
— ¡Oye, cuídalo con tu lenguaje! Estamos en un programa para todo público.
— ¡Detén el auto! — protesta el coyote. — Hay que bajarlo.
— ¿Hay que hacerlo? Creo que nuestro amigo desea acompañarnos en nuestra aventura. — Bugs se encoge de hombros. — Además toda ayuda para rescatar a Lucas viene bien.
Wile se deja caer en el asiento, derrotado. Pensó que alejarse de su presa imposible podría despejar su mente y darle ideas para atraparlo, pero parece que ese no será el caso.
Podría intentar atraparlo aquí y ahora, pero dios sabe que de alguna forma eso saldría mal. Quizás el auto explote y no desea quedarse sin aire acondicionado, por lo que simplemente lo dejara ser.
— Llamémosle a esto una tregua temporal, ¿bien? Tan pronto esta aventura termine, volveremos a nuestra rutina, ¿de acuerdo?
Extiende una mano hacia el ave, esperando que esta la tomé, más su respuesta le deja sin habla. El Correcaminos acurruca la cabeza en su cuello, cerrando los ojos a la vez que se frota contra su pelaje.
— ¿Tienes sueño acaso? — pregunta Wile confundido. — Creo que dormirías más cómodo si te acurrucaras en el asiento.
— ¡Cielos viejo! Para ser un genio, eres bastante ciego. — carcajea el conejo, quien no dice nada más pese a la insistencia del Coyote.
Aún con los ojos cerrados, el Correcaminos permanece en esa posición y con una sonrisa en sus labios.
— No entiendo porque decidiste venir. — murmura pensativo el canino con la vista en la ventana.
Él quizas no lo entiende, pero el Correcaminos si. Vayan dónde vayan, sea la aventura que sea, tienen que estar juntos. El Coyote y el Correcaminos, así debe ser. Uno no puede estar sin el otro
Vaya donde vaya Wile E. Coyote, el Correcaminos irá también. Porque así es como debe ser. Porque su lugar es junto a él.
