Chapter Text
El zumbido constante de las máquinas de la enfermería llenaba la habitación con un incómodo silencio. Damian estaba de pie, a cierta distancia, con los brazos cruzados, observando a Danny. Tenso e incierto. Danny, recostado en la camilla, podía sentir la mirada sobre él y trataba de ignorarla, pero era casi imposible. Lo estaba analizando, juzgándolo, y eso lo ponía aún más nervioso.
Damian: "¿Cómo te sientes?"
La pregunta fue directa, casi cortante. No era el tipo de cosa que Damian solía preguntar, pero no sabía cómo empezar una conversación con alguien que le era tan familiar y extraño al mismo tiempo.
Danny: "He estado mejor" —respondió, evitando el contacto visual—. "¿Tú qué opinas? ¿Vas a seguir observándome como si fuera una especie de espécimen raro?"
Damian frunció el ceño ante ese comentario. Una respuesta rápida e irritable estuvo a punto de salir de su boca, pero se obligó a contenerse. No quería arruinar este momento. No después de haberlo encontrado.
Damian: "No es eso. Es que… es extraño verte así."
Danny: "¿Verme cómo?"
Damian: "Olvídalo…" —Las palabras salieron casi con pesar, y por un segundo, Danny captó algo detrás de esa fachada seria.
Se quedó en silencio, sintiendo un incómodo tirón en su interior. Había algo en esa respuesta que despertaba una curiosidad que no podía ignorar.
Danny: "Así que… ¿Robin, eh?" —admitió finalmente, su voz más baja, pero con un tono de frustración—. "Todo esto es raro para mí. Ustedes, esta cueva, las miradas… Uno esperaría encontrarse con un montón de personas vestidas de negro, pero tú…"
Damian: "Es complicado."
El silencio se instaló entre ambos nuevamente, pero esta vez no era tan cargado de tensión. Ambos parecían lidiar con pensamientos no resueltos, buscando respuestas que no querían pedir directamente. Finalmente, fue Danny quien rompió el hielo, alzando una ceja.
Danny: "Entonces, ¿quieres explicarme por qué actuaste como si fueras a matarme antes?"
Damian apretó los labios, claramente irritado consigo mismo. No estaba acostumbrado a este tipo de conversación, donde las palabras parecían tan pesadas como cualquier golpe. Había peleado contra enemigos más grandes, había enfrentado situaciones de vida o muerte, pero hablar con Danny era… diferente. No se trataba de un interrogatorio brutal ni de simples discusiones con sus otros compañeros. Normalmente, su trato rudo era su sello, pero no podía hacer eso con él. No ahora, y tal vez nunca más.
Damian: "Me equivoqué." —dijo con esfuerzo, como si las palabras le costaran—. "Pensé que… eras otra cosa."
Danny: "¿Un clon, tal vez?"
La respuesta directa de Danny pilló a Damian por sorpresa. Danny soltó una risa amarga y seca.
Danny: "Te vi mirándome como si fuera uno."
Damian: "¿Cómo sabes eso?" —preguntó Damian rápidamente, su tono más serio y agudo—. "¿Cómo sabes cómo se ve a un clon?"
"Porque son experimentos de laboratorio, y es difícil olvidar esa mirada de desprecio en el rostro de otras personas, tan hiriente y profunda que sobrepasa la máscara de un traje blanco", pensó Danny, pero no lo diría en voz alta. Había aprendido a leer las miradas frías y calculadoras de los científicos. Sabía lo que era sentirse como un simple experimento, como un clon sin alma, y eso le había dejado cicatrices más profundas de lo que quería admitir.
Danny: "No soy un clon" —respondió, esquivando la pregunta—. "Eso ya lo dejaste claro, ¿no?"
Si tan solo recordara la testarudez de su hermano.
Damian: "No es lo que pregunté" —dijo con firmeza—. "¿Cómo sabes lo que es ser mirado como un clon?"
El corazón de Danny latió un poco más rápido. No sabía cuánto debía revelar. Había sido cauteloso hasta ahora, manteniéndose en silencio sobre lo que había pasado con el GIW. No confiaba plenamente en nadie, ni siquiera en estos extraños que, de alguna manera, lo habían rescatado. Pero había algo en la forma en que Damian lo miraba… una orden implícita, un impulso de obedecer.
Danny: "No es algo que quiera explicar ahora" —respondió al fin, su voz más apagada, pero con un tono definitivo—. "Solo sé que no quiero ser tratado como un experimento."
Damian apretó los puños al escuchar eso, pero no dijo nada. El sufrimiento era algo común en su "trabajo", pero ver a su hermano en ese estado, herido y desconfiado, era un dolor que él no podía soportar. Si alguna vez Damian había confiado plenamente en alguien, había sido en Danyal. Y ahora, se sentía indigno de ese privilegio.
Damian: "No lo serás" —murmuró con la mayor sinceridad que podía reunir—.
Danny lo miró a los ojos por primera vez desde que comenzó la conversación. En esos ojos verdes que tanto lo inquietaban, pudo ver una promesa. No entendía por qué, pero creyó en esas palabras, aunque solo fuera por un instante.
Girando la cabeza ligeramente hacia Damian, Danny lanzó una nueva pregunta.
Danny: "¿Hay una razón específica por la que querías verme?" —preguntó, arqueando una ceja—. "Parecía que querías esconderte detrás de Bruce todo el tiempo."
Damian frunció el ceño al escuchar eso, claramente ofendido, pero vaciló un segundo antes de responder.
Damian: "No me estaba escondiendo." —dijo con su tono cortante habitual, aunque algo en su voz revelaba una pequeña grieta—. "Solo… estaba esperando el momento preciso para…"
Danny lo observó con interés. Damian había dejado la frase en el aire, como si le costara encontrar las palabras correctas. Entonces lo entendió.
Danny: "¿Disculparte?" —su voz era incrédula, pero había un tono de comprensión—.
Damian tensó la mandíbula, evitando mirar a Danny por un instante. No quería admitirlo abiertamente. Aunque el reciente ataque estaba en su mente, el peso de su disculpa era mucho mayor. Damian no lo revelaría, al menos no aún.
Antes de que pudiera decir algo más, Damian notó el tazón de avena tibio a un lado de la cama. Había estado ahí desde que Alfred lo dejó.
Damian: "¿Has comido algo?"
La reciente jovialidad de Damian se esfumó de repente. Danny sintió una punzada en el estómago al escuchar la pregunta, pero rápidamente intentó ocultarlo.
Danny: "No tengo hambre."
Damian lo observó, sus ojos verdes penetrando la fachada de indiferencia que Danny intentaba mantener. Demasiado brusco.
Damian: "¿No tienes hambre o no quieres comer?"
Danny: "Es lo mismo." —respondió rápidamente, evitando el tema y esquivando la conversación—.
Damian y Jason compartían la misma impaciencia y carácter directo, pero las emociones de Damian siempre estaban involucradas de una forma más intensa. No aceptaría un "no" como respuesta.
Damian: "No, no lo es."
El tono de Damian comenzaba a caldear la conversación, y Danny sintió el impulso de cortarla. Sin embargo, antes de que pudiera insistir en que no tenía hambre, su estómago rugió, fuerte y doloroso. La protesta sonora reverberó en la habitación, arrancándole un gemido involuntario de frustración y vergüenza. Se llevó una mano al abdomen, su rostro tenso.
El silencio que siguió fue pesado, incómodo.
Damian, tras mirarlo unos segundos, tomó el tazón de avena y lo acercó bruscamente a Danny, con una mirada intensa que no admitía réplica.
Damian: "Come." —ordenó con una voz tan directa que Danny casi se estremeció—.
Danny se sintió como un cachorro asustado, incapaz de decir que no. Esa mirada, esos ojos verdes… eran del mismo color que habitaba sus pesadillas. La presión de Damian lo intimidaba, tanto que no pudo hacer más que tomar la cuchara con manos temblorosas. Se sentía acorralado, y su cuerpo reaccionaba como lo había hecho en el GIW: paralizado, sin capacidad de rebelarse.
La cuchara de avena temblaba en su mano mientras intentaba levantarla, el peso parecía demasiado para sus débiles músculos. Cuando finalmente logró llevar una pequeña cantidad a su boca, apenas podía saborearla. Estaba decidido a no comer demasiado, pero su cuerpo clamaba por sustento, y la saliva empezaba a acumularse, traicionándolo.
Después de unos pocos intentos, sin que Danny lo notara, el rostro de Damian comenzó a cambiar. Su expresión, habitualmente dura y estoica, se transformó en una mueca horrorizada. Internamente, Damian luchaba contra una ola de emociones: rabia, tristeza, desesperación. Quería gritar, llorar, y sobre todo, encontrar a los responsables de dejar a su hermano en este estado… y acabar con ellos de la manera más dolorosa posible.
Antes de que Danny pudiera derramar más avena por la falta de control, Damian movió su mano rápidamente, colocando la suya sobre la de Danny. La mano pequeña y fría de Danny se sintió insignificante en comparación con la de Damian.
Damian: "Déjame ayudarte." —dijo, con un tono más duro de lo que pretendía—.
Danny lo tomó como una orden, y una oleada de recuerdos aterradores lo golpeó. Su mente lo transportó a su tiempo en el GIW, donde cualquier resistencia significaba más dolor. No podía oponerse, así que dejó que Damian tomara el control. Este le ofreció una cucharada nueva, esta vez llena, y aunque Danny quería gritar, derribar el tazón y escapar de la situación, se quedó quieto, paralizado por la presencia de Damian.
La primera cucharada entró lentamente en su boca. El calor de la avena se sintió pesado en su estómago vacío, provocando una sensación de náuseas que tuvo que ocultar. Aceptó dos cucharadas más, su cuerpo deseando más, pero su mente resistiéndose a cada sensación, odiando el proceso.
Damian: "Es suficiente." —dijo de repente, rompiendo el ciclo—.
Danny: "¿Qué?" —preguntó, confundido, apenas procesando lo que acababa de suceder—.
Damian: "Necesitas comer, pero está claro que esto no te está sentando bien." —respondió con calma, casi con preocupación—. "Descansa. Podrás comer más conforme tu cuerpo se acostumbre."
Damian se levantó entonces, sin esperar respuesta, y apagó la luz de la enfermería, sumiendo la habitación en una oscuridad total. Danny, recostado en la camilla, quedó completamente inmóvil. La oscuridad se sentía como un peso adicional, pero al menos ocultaba su vergüenza por haber sido alimentado por un extraño.
Fuera de la enfermería, Damian salió abruptamente, casi huyendo de la escena. Todo era demasiado. Llegó a la cocina, todavía con el tazón de avena en las manos, y lo dejó caer en el fregadero sin cuidado.
Tim: "¡Oye! ¡Tienes que lavar lo que ensucias! ¡Es la regla!"
Damian le gritó:
Damian: "¡No me importa, déjame en paz!"
La agresividad en su voz fue un látigo que dejó a todos en la cocina en completo silencio. Alfred, Tim, Jason, Duke y Dick lo miraron sorprendidos. Estaban acostumbrados a su temperamento, pero nunca había reaccionado sin razón y, menos aún, evadiendo las reglas. Jason frunció el ceño, dispuesto a decir algo, pero Dick levantó una mano antes de que cualquiera pudiera intervenir. Sin una palabra, Richard salió en busca del más pequeño de los murciélagos.
Damian caminaba rápido, sin rumbo, sus pensamientos una maraña de furia y confusión. Apenas llegó a su habitación, intentó encerrarse allí, lejos de todo y todos, pero Dick se coló justo antes de que pudiera cerrarle la puerta en la cara.
Dick: "¿Qué sucede?" —preguntó con calma el hermano mayor, cruzando los brazos—.
Damian: "Nada." —respondió, evitando el contacto visual—.
Dick soltó una pequeña carcajada, intentando aliviar la tensión, y lanzó una broma.
Dick: "Sabía que eras un duende demonio, pero hoy tus niveles de maldad están descontrolados… para alguien de tu tamaño, claro."
Esperaba que Damian le respondiera con algún sarcasmo o incluso con un grito, pero en lugar de eso, el joven simplemente se encogió de hombros, manteniéndose en un silencio preocupante. La sonrisa de Dick se desvaneció al notar el cambio. El aire se sentía espeso, cargado de algo más que ira.
El rostro de Damian era una máscara de contención, pero eso no engañaba a Richard, jamás lo había hecho.
Dick: "Damian…" —intentó acercarse con más delicadeza esta vez—.
Cuando su mano tocó el hombro del adolescente, Damian se giró bruscamente, explotando en una tormenta de gritos que Dick no vio venir.
Damian: "¿Cuál es el maldito objetivo de este trabajo de mierda?! ¿Para qué?! Sé que somos humanos y nos limitamos a Gótica, ¡pero de qué sirve atender esta posilga si aún queda más gente putrefacta allá afuera?!! ¿Por qué Bruce se empeña en limpiar esta ciudad?! ¡No es más que un nido de ratas! ¡Nadie merece salvarse! Deberíamos destruirla y dedicarnos a otros sitios, otras ciudades que merezcan ser salvadas!! ¡Como esa organización del GIW, los sobrevivientes de la Liga de Asesinos!! ¡Incluso las personas que convirtieron a Danyal en alguien con la piel muy fría y el corazón demasiado lento!!" —blasfemaba, su voz quebrándose con cada palabra—. "¡Los Pozos de Lázaro, mi abuelo, mi madre que no me dijo nada! ¡Maldita sea, todos!"
La furia de Damian era palpable, su voz temblaba mientras arrojaba palabras cargadas de odio y dolor. Golpeó una lámpara de la mesa, que se hizo añicos contra la pared. Algunos adornos en su habitación sufrieron el mismo destino mientras su ataque de ira continuaba.
Dick permaneció en su lugar, dejando que Damian gritara todo lo que tenía dentro. Cada palabra que Damian escupía era como una puñalada que Dick soportaba en silencio.
Al final, cuando Damian ya no encontró más objetos para golpear, se volvió hacia Dick con los puños cerrados, su respiración agitada, los ojos encendidos de furia. Con un último esfuerzo, lanzó un golpe directo a Dick, esperando que su hermano lo esquivara como siempre. Pero Dick no se movió. No levantó ni un dedo para defenderse. Dejó que Damian lo golpeara de lleno.
El impacto fue fuerte, pero lo que realmente detuvo a Damian fue que Dick no lo esquivara. Su puño se quedó inmóvil sobre el pecho de su hermano mayor, temblando, y de repente, todo el aire que tenía dentro pareció escaparse.
Damian bajó la mirada, todavía con el puño apretado contra Dick, y su cuerpo entero empezó a temblar.
Damian: "No puedo creer… que todas esas malas personas, todas esas malditas situaciones… converjan solo para atacar a Danyal. A él." —su voz era un susurro, cargado de incredulidad y dolor—. "El más puro y bueno… de todas las personas que he conocido… Ni siquiera haber sido criado con asesinos lo corrompió, Dick. Jamás. A diferencia de mí."
Dick sintió el nudo formándose en su garganta mientras Damian comenzaba a derrumbarse frente a él. Las palabras del joven estaban llenas de culpa y autodesprecio.
Damian: "Ni siquiera allá abajo y en el estado en que está… me trata como a un extraño, pero sigue siendo tan jodidamente amigable y comprensivo. En cambio, yo… Si alguien debió sufrir lo que él sufrió… debería haber sido yo. No él. Nunca él." —confesó Damian, su voz quebrándose por completo, su cuerpo colapsando al suelo—.
Perdió el control de sus emociones. Se dejó caer de rodillas, el peso de todo lo que había contenido aplastándolo. Dick, sin decir una palabra, se arrodilló junto a él en la alfombra, envolviendo a su hermano menor en un abrazo firme y protector.
Dick: "Damian, escúchame… No es tu culpa. Deja de hablar tan mal de ti." —susurró con suavidad, apoyando una mano en la espalda del joven, frotándola lentamente—. "Todos sobrevivimos como podemos. Es normal corromperse cuando hay malas influencias, pero sobreviviste. Y Danyal lo hizo también. No es tu culpa lo que les hicieron."
Damian sollozó más fuerte contra el pecho de Dick, aferrándose a su hermano como si fuera un salvavidas en medio de una tormenta.
Cuando las lágrimas comenzaron a secarse, Damian habló en voz baja, rota, dejando caer el peso de sus palabras sobre su hermano mayor.
Damian: "Lo mataban de hambre." —admitió, con el dolor evidente en su voz—. "Y no solo eso… de alguna manera lo hicieron temer por eso. Lo vi… Tiene miedo de comer… a pesar de que su cuerpo se lo pide. Él… su cuerpo y su mente se ponen en su contra."
Dick lo abrazó más fuerte, sintiendo el dolor de su hermano menor profundamente.
Dick: "Tranquilo. Sé que suena mal, pero no podemos alterarnos si queremos curar su mente." —dijo suavemente, con la voz firme—. "Tal vez tome tiempo, pero vamos a ayudarlo. Te lo prometo, Damian. Lo ayudaremos."
Damian asintió en silencio, aferrándose al calor y la seguridad del abrazo de su hermano mayor mientras las sombras de sus pesadillas se alejaban, al menos por un momento.
