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Nuestro Camino Al Altar

Summary:

Los reyes de Warnerstock buscan alianza con algún reino vecino y Mickey: el rey de Disneyland. Busca un buen consorte para su ahijado Max. Por lo que al nacer Yakko, el heredero al trono de Warnerstock. Los reyes llegan a un acuerdo: Unir a Yakko y Max en santo matrimonio, al cumplir la mayoría de edad. Sin embargo, eventos del pasado recaen sobre la familia real.

NOTA: El fic está basado en la película de la princesa cisne o princesa encantada XD por lo que leerán referencias. Yakko toma el papel de Odett y Max de Dereck XD

Este fic esta escrito en español, usen traductor. Pido perdón (ノ◕ヮ◕)ノ*:・゚✧

Notes:

Hello nurse ❤
( ˙▿˙ ) eh ah bueno...algunos conocerán este fic por Wattpad y bueno, me aventure a publicarlo por aquí también, no se que vaya a ocurrir, pero bueno, poco a poco subiré los demás capítulos.
Por cierto hice algunos cambios respecto a los nombres así que espero no les moleste.

De antemano pido perdón por los feos errores ortográficos y demás.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: PRÓLOGO

Chapter Text

Las campanas del pueblo y del castillo, resonaban en honor a una gran ceremonia. Una boda real y una coronación, era la noticia en cada rincón de los reinos vecinos. 

La princesa Angelina ll, contraía matrimonio con un noble caballero de su corte, y ahora ambos, se convertían en reina y rey de Warnerstock. 

Como cuento de hadas, la pareja saludaba a su gente desde lo alto, en el balcón principal del castillo y la gente dispersa por todo el campo vitoreaban con alegría. Todos tenían esperanzas de que su reino siguiera siendo próspero y pacífico bajo su mandato.

Sin embargo, no todos estaban felices por aquel matrimonio.  A las afueras del castillo y resguardado en el interior de su elegante carruaje, Salazar: rey de una tierra vecina. Miraba con recelo la escena de la feliz pareja. El hombre frunció el ceño molesto y desvió su mirada al frente.

—Avanza— ordeno el rey. 

El carruaje avanzó, dejando atrás el castillo y al reino de Warnerstock. Sin embargo, en cuanto llegaron al reino de Ticktoniak y Salazar entró a su castillo, se desató el mismísimo demonio. 

—¡Esto es inaudito, he sido humillado! ¡Yo soy un rey, cómo se atreve esa tonta a rechazarme!— gritó furioso. Salazar explotó en ira e iba derribando todo a su paso (incluyendo a los pobres sirvientes que pretendían atenderlo).

El rey siguió por el pasillo hasta llegar a la habitación de la biblioteca, entró e inmediatamente cerró con llave la entrada.

—Esto no se quedará así— Dijo agitado. Sin embargo, hizo una pausa para tranquilizarse. 

Respiró ondo y guardó compostura; peinó con sus dedos su cabello, acomodó una vez más su corona y vestimenta. Dio un suspiro y comenzó a caminar entre los estantes de libros hasta llegar a un gran retrato de él pintado majestuosamente como rey. Tomó entonces el cuadro y lo retiró de su lugar en la pared, después sacó de entre su capa una daga y con un fino corte en el tapiz de la pared reveló una pequeña puerta secreta. A dentro había un extraño libro negro, lo tomo entre sus manos y comenzó a ojear sus páginas.

Fue en ese momento en que el personal del castillo no volvió a ver a Salazar y solo escucharon su siniestra risa tras la puerta. 

En el tiempo que Salazar desapareció, Warnerstock se dedicó a conocer a su nuevo rey.

William, era un joven respetable y en poco tiempo se ganó el afecto de la gente, incluso ganándose el sobrenombre de "rey William, el bueno" esto por todas las nobles acciones que había hecho en su época de caballero. 

Sin embargo, aún con el reinado más justo, la guerra cayo sobre warnerstock y la noticia del ataque, no sorprendió a William, menos aún al saber quién dirigía a las tropas enemigas. 

Warnerstock y Ticktoniak se enfrentaron. 

William con su experiencia de noble caballero, tuvo una gran ventaja. Comandó sabiamente a sus tropas y con ingenio precisó logro salir victirioso. 

La guerra fue dura, pero al final, Salazar cayó derrotado. Tras su captura la gente del pueblo pidió que se ejecutará. Sin embargo, William no planeaba mancharse las manos de sangre y junto a Angelina tomó una decisión: el exilió.

Sin duda, la gente del reino creyó que sus soberanos habían sido demasiado benévolos con él. 

—vete y no regreses— Ordenó William. A un derrocado rey Salazar. 

Salazar miró el bosque. Un bosque lúgubre del que corrían rumores de que cosas extrañas pasaban ahí. 

—oh William esto no se quedará así... todo cuánto posees, todo cuánto amas ¡será mío!— amenazó Salazar, albergando ira, locura y rencor en sus palabras. 

William no se inmutó y miró al bosque, dando la orden de que se fuera con una mirada severa. 

Salazar comprendió y tomó su rumbo adentrándose al lúgubre bosque sin mirar atrás. 

—¿Su majestad, está seguro de esto?— preguntó cierto ratón sobre el hombro del rey. 

Sin embargo, William no respondió, tenía la mirada fija en Salazar. 

El ratón entonces entendió ese simple gesto: su rey estaba preocupado.

—Calma Brain, esperemos que todo haya terminado. Pero por si acaso, buscaré algo para defendernos— respondió William para después levantar su espada y tirar de su caballo, las tropas comprendiendo la señal del rey y emprendieron el galope de regreso a casa. 

Así la guerra al fin había terminado y al cabo de unos meses la alegría del reino volvió.

Sin embargo, para William y Angelina la alegría era mayor. Tan pronto como William regresó a su reino recibió la noticia de que pronto tendrían un bebé. 

Así es, Angelina estaba embarazada y al fin el reino tendría un heredero. 

Nueve meses pasaron y un gran revuelo se desató en el castillo cuando la reina comenzó a dar a luz al nuevo futuro rey. 

—¡Un príncipe! ¡Es un príncipe!— se anunció con orgullo, fuerte y claro por el castillo. 

Las campanas de cada pueblo, villas y ciudades resonaron para anunciar el nacimiento y la gente de Warnerstock festejó a su modo entre bailes, bebidas y canciones.

—¡Qué viva el futuro rey de Warnerstock!—. Se escuchó por todo el reino e incluso dentro del castillo. 

En el aposento de la reina, el nuevo bebé descansaba en brazos de su padre. El rey estaba encantado y algo temeroso de dejar caer a su bebé, el era tan pequeño y ligero. 

Por otro lado, la reina vio la tierna escena recostada en su cama, estaba cansada, pero feliz de ver a su hijo sano y salvo en brazos de su padre.  

—Hay un gran alboroto por ti mi pequeño— comentó William con cariño, embolsando una sonrisa amplía al sostener a su hijo. 

El pequeño por su parte, se movió un poco en los brazos de su padre e hizo que la manda sobre su cabeza se deslizara y revelara aquella curiosa apariencia con pelaje negro y blanco con largas orejas. 

—Yakko será un gran rey, igual que tú querido— comentó la reina, mirando el tierno cuadro familiar.  

—Lo será, con nuestra ayuda lo será— dijo William besando la frente de su esposa en un gesto cariñoso. Pero nuevamente volvió la vista a su bebé, podría verlo simplemente todo el día, era la combinación perfecta de Angelina y él. 

William se sintió orgulloso, sin duda era lo mejor de su vida. 

Una gran celebración se dió después del nacimiento del príncipe Yakko y todos los nobles del reino asistieron presentando sus respetos y un obsequio al joven príncipe. 

Entre los nobles distinguidos, asistió el rey Mickey: soberano del reino de Disneyland. El rey era un buen amigo de los reyes y estaba feliz de felicitar a los nuevos padres. 

—rey Mickey— Angelina saludo alegre dándole un abrazo y una amplia sonrisa. 

—Les sienta bien ser padres, queridos amigos ¡Felicidades!— dijo correspondiendo el gesto amable de Angelina.

William por su parte saludó con un fuerte apretón de manos y palmadas en su hombro.

—Es bueno verlo, su majestad— saludo William. Sin embargo, su atención se posó en un pequeño niño que se asomaba tímidamente detrás del ratón. Era un pequeño toon de apariencia canina y parecía asombrado y curioso de lo que pasaba. 

—Sean bienvenidos— agregó Wiliam amablemente, haciendo una cortés reverencia ante el pequeño. El pequeño cachorro no respondió y decidió esconderse detras de Mickey. William solo sonrió. 

—es un placer estar aquí— Mickey noto aquella mirada curiosa de William sobre el pequeño y solo sonrió acariciándole la cabeza— permítanme presentarles a Maximiliano Goof, mi querido ahijado, solo tiene dos años, pero en unos meses cumplirá otro año mas—dijo presentado al menor tras de él. 

Max miró tímido a los presentes y solo acento con la cabeza en una forma de saludo.

—Que lindo es— exclamó la reina. Max le parecía un niño adorable— ¿sabes? Hoy Yakko cumple su primer año, nos alegra que vinieran— dijo amable al pequeño. 

—Es un honor estar aquí— respondió Mickey con una amable sonrisa. Sin embargo, miro a Max y antes de que pudiera esconderse de nuevo se inclinó ante él—. Max que tal si le entregas al príncipe Yakko su regalo— pidió y sacó de su bolsillo un hermoso collar de oro con forma ovalada.

Max sostuvo el collar en sus manos. Miró a su padrino, a los reyes de Warnerstock y después a la cuna en medio de los tronos. Se preguntó mentalmente si estaba bien acercarse. Sin embargo, al ver la sonrisa de los adultos y un ademán de su padrino invitándolo a pasar, le dio confianza. Se acercó a la cuna y al llegar se asomó entre los barrotes: notó un curioso bebé de pelaje negro y blanco con largas orejas. Dio una mirada de extrañeza al no saber qué clase de toon era, ya que parecía una curiosa combinación de perro, gato y conejo.

Después de verlo un momento, decidió mostrar el collar, era un lindo relicario de oro con forma ovalada y ornamentos florales tallados en el frente, demás en el centro podía distinguirse un diamante blanco que completaba la bella pieza. Max levantó el collar y lo acercó al pequeño príncipe, vio como él bebé levantó sus manitas hacía el objeto brillante y lo llevaba directo su boca.

Mickey y Angelina no pudieron evitar notar lo lindos que se vieron los niños y fue entonces que aquella escena les dio una idea.

Hacía tiempo que Angelina y Mickey querían formalizar la alianza entre sus reinos. Angelina veía en Mickey a alguien muy leal, él era un personaje valeroso, amable y confiable. 

Por otra parte, Mickey vio en los monarcas de Warnerstock un gran apoyo, ambos eran generosos, valientes y leales. Eran una buena familia. En ese momento no pudo evitar pensar en que Yakko sería un buen prospecto para su ahijado. Deseaba que Max tuviera una buena vida, una buena pareja, además al no tener hijos y en caso de emergencia, Max era el perfecto heredero para su reino. 

Después de la fiesta, Angelina no tardó en hablar con su esposo y la idea que Angelina soltó sin duda tomo a William desprevenido. 

—¿una boda?— exclamó William sorprendido y miró a su esposa que jugaba con Yakko a levantarlo en el aire. A Yakko parecía gustarle ya que reía a cada movimiento que hacía su madre.

-¡Si! Max y Yakko harán una linda pareja— dijo Angelina emocionada y observó a su hijo entre sus brazos (el jugaba con el relicario que le habían obsequiado)— . Se que el reino de Mickey cuidara bien de Yakko y su reino será de gran apoyo para el nuestro— sonrió abrazando a su bebé— ¿Qué dices? Después de lo que pasó con Salazar creo que sería una buena unión—

William lo meditó un poco, miró a su esposa y a su hijo. Angelina tenía razón, el reino de Mickey era fuerte, tan fuerte como el suyo, seguro que serían buenos aliados. 

—A Yakko no le agradará saber que lo comprometimos a tan corta edad. Recuerda, debe haber amor de por medio, como nosotros— explicó William, sopesando la idea de su esposa.  

Angelina sonrió al oír a su esposo. Él tenía razón y también quería amor para su hijo.

—Bueno para eso debe conocerse y convivir. Si no funciona eso, Yakko y Max podrán ser libres de elegir a su pareja— dijo la reina y entrego a William su bebé.

William alzó en brazos a Yakko, mirando que no dejaba de jugar con el collar. Pensó un poco en la idea y suspiró en la derrota. Se acercó a su esposa posando su mano en su mejilla.

—De acuerdo...apoyaré tu loca idea, pero recuerda, si no sale bien, no hay que insistir—decreto el rey, aún dudando el aceptar.

Angelina sonrió al oír que su esposo aceptaba y dio un beso fugaz en los labios. 

—De acuerdo, si nada pasa no insistiré. Pero ahora,— dijo picando la nariz de su esposo de madera juguetona— le escribiré al rey Mickey. Sólo espero que el papá de Max también acepté— agregó la reina y salió de la habitación entusiasmada.  

William solo negó con la cabeza, manteniendo una amplia sonrisa al ver a su esposa. Sin embargo, volvió su atención hacia su hijo, el cual lo miraba expectante, abrazando su collar. 

—En qué lío te ha metido tu madre— dijo el rey a su pequeño y decidió quedarse en la habitación, quería jugar un rato con su hijo antes de sus largas juntas. 

—Sin duda alguna, al príncipe no le gustará la noticia cuando sea mayor, su majestad—. Se escuchó interrumpiendo el momento: era un ratón conocido el que entraba a la habitación— Perdón si escuché su conversación, majestad, sólo vine a avisar que parte del parlamento ha llegado. 

—Hola Brain, no te preocupes sé que puedo confiar en ti, ya te contaré los detalles más tarde. Por ahora, no le digas a nadie más ¿de acuerdo?— pidió William. Brain asintió con la cabeza al oír la petición y dejó que William prosiguiera— Por cierto, hay algo que quiero pedirte— dijo el rey, haciendo un ademán con su mano invitando al ratón a pasar a la habitación de su hijo.

Brain así lo hizo y cuando llegó frente al rey, esté se inclinó posando su mano en el suelo.

El ratón subió a la palma de su majestad y él enseguida lo levantó del suelo, colocándolo en la cómoda, al lado de la cuna de su hijo. 

—En qué puedo servirle, majestad— dijo Brain en un tono cortés, mientras hacía una reverencia ante el rey y esperaba sus órdenes. 

—Brain solo llámame William, recuerda— pidió el rey amablemente. 

Brain había sido su compañero y tutor desde que ingresó al palacio como escudero, ambos habían pasado por varias aventuras desde aquel entonces, hasta que prefirió ser un caballero de la corte y ahora era un gran. Aquel ratón no sólo se convirtió en su mejor amigo, también en su guía y sabía que para Yakko sería una gran figura de enseñanza, además de él y Angelina. 

—Quiero que seas tú quien cuide de Yakko— pidió el rey. 

Brain arqueó una ceja, como único gesto de sorpresa. Miró al bebé en brazos de William e intuyo. 

—¿Aún te preocupa lo de Salazar?— dijo observando al rey. Sabía que había una clara preocupación por el bienestar del príncipe. 

El rey asintió con la cabeza y miró a Yakko en sus brazos. 

—Sí y la verdad me sentiría más seguro de dejarlo andar por el castillo si tú le haces compañía— confesó. 

Brain lo medito un momento, pero ese tonto cariño que tenía por William evitaba que se negara a la petición. 

—De acuerdo, te ayudaré en tu nueva aventura, aunque sea como niñera— respondió el ratón. Aunque al ver al pequeño Yakko, creyó que no sería un problema cuidar de un niño, ya había tenido una experiencia con William. 

—Pero tranquilo esta vez no estarás solo, hay alguien que va ayudarte— sonrió el rey mirando a su amigo. 

Brain una vez más arqueó sus cejas, preguntándose quién sería su compañero, y justo en ese momento su respuesta fue respondida. 

—¡Hola cerebro, punto! Jah, gusto en verte— una voz conocida para Brain se hizo presente y no hizo más que sorprender al mencionado. 

—¿Pinky? ¿Qué haces aquí? Creí que estarías con la reina— dijo Brain al verlo. 

—El rey William me pidió venir ¡zort!— respondió el pequeño ratón, entrando feliz a la habitación. 

Pinky había sido acompañante de la reina Angelina, él era más que un pequeño sirviente o mensajero para ella: era su amigo. En la historia de amor de Angelina y William, Pinky había sido una especie de cupido para ambos reyes. Había ayudado a Angelina a seguir su corazón, había ayudado a elegir a William por esposo. 

—Brain él será tu compañero, sé que trabajan bien juntos así que confió en ustedes para cuidar de Yakko— reveló William. Levantó a Pinky del suelo y lo acercó a él.  

«No puede» pensó Brain, golpeando su rostro con la palma de su mano.

—¡¿Enserio?! ¿Cuidaremos al bebé? ¡Brain, cuidaremos al pequeño príncipe!— festejo Pinky, dando saltos sin parar al oír la noticia y cuando estuvo cerca de su compañero se arrojó hacía él girando un gran abrazo, estrujando hasta dejarlo casi sin aliento.

Por otro lado, el rey Mickey, tratará de explicarle al duque Goofy la idea. Goofy era su mejor amigo, el Gran Maestre, el condestable de su reino. 

Y en ese momento, para el duque, lo que proponía el rey, era una idea descabellada: entregar a su hijo para un matrimonio arreglado, no le era de su agrado. Sin embargo, sopesando, Max ascendería a un alto cargo entre los nobles y ser rey de uno de los reinos más prósperos y fuertes era algo que no todo toon o persona podía lograr. Además, ambos reinos unidos podrían ser de gran apoyo. 

—Vamos Goofy ¿Qué me dices? Max estará bien, el príncipe Yakko es un buen partido— dijo Mickey, mirando a su amigo. Sabía que dudaba sobre esa unión y no lo podía culpar, era su hijo después de todo. 

—No lo sé Mickey...sé que es una gran oportunidad, pero qué hay de Max, siempre creí que se enamoraría y correría sus propios riesgos —argumentó el duque.   

—¿Qué tal si hacemos que se conozcan? Quién sabe, puede que realmente se enamoren y cuando los dos cumplan la mayoría de edad ¡boom! una gran boda festejaremos— dijo entusiasta. Mickey ya podía ver la gran boda real y se sentiría aliviado de que su reino tuviera otro pilar. 

—Pero…— Goofy lo sopeso. No sonaba del todo convencido, al contrario, parecía preocupado de que Max pudiera salir afectado por todo ese asunto. 

Mickey noto la preocupación de su amigo y agrego:

— Te prometo que si Max encuentra a alguien antes es libre de elegirlo, no me opondré, solo deja que se conozcan— dijo Mickey, posando su mano en el hombro de su amigo y dio una cálida sonrisa para calmarlo— Solo quiero lo mejor para mi ahijado, yo aún no tengo hijos pero Max es como mi hijo también, además... si algo me pasa él sería el único heredero de este reino— Mickey lo miró suplicante, era una buena oportunidad para que Max estuviera seguro— ¿Qué dices?— dijo en un tono suave. 

Goofy miró al rey y meditó un poco sus palabras. En ese momento su familia estaba conformada sólo por Max y él. Y si algo le pasaba… no quería que Max se quedara solo. Sin duda una pareja le seria de gran apoyo. 

—De acuerdo— respondió Goofy tras pensarlo —pero si Max se enamora antes de tiempo, esto se cancela— advirtió al rey. 

Mickey al escuchar su respuesta, abrazó a su amigo, sabía que estaba preocupado pero para Max esto era una gran oportunidad.

—Es un trato— le susurró. Mickey soltó a su amigo, le dio un par de palmadas en los hombros— le escribiré a la reina ahora— dijo entusiasta— Solo espero que ella y el rey William acepten— agregó y sin más se acercó a su escritorio, estaba ansioso por hacer la petición a la reina.

Los días pasaron y ambas cartas llegaron al mismo tiempo a sus destinos, y para alegría de los líderes un trato estaba hecho. 

—¡Acepto!— exclamó Angelina emocionada, tras leer la carta del rey Mickey. Se levantó de su escritorio, dejando atrás un gran desastre de papeles volando. Corrió por el pasillo, hasta llegar a la sala de reuniones dónde interrumpió sorpresivamente a William y a un grupo de cortesanos— ¡William, el rey Mickey acepto—

William miró a su esposa no comprendiendo del todo. 

Por otro lado en Disneylandia.

—¡espléndido! La reina Angelina y el rey William aceptaron, ¡Goofy, aceptaron!— gritó Mickey, saliendo de su aposento con la buena noticia para el duque. 

Fue entonces, que a tan corta edad. Yakko y Max estaban ahora comprometidos en santo matrimonio. Eso si todo salía como sus padres esperaban.

 

 Continuara...