Chapter Text
Era un día soleado. Todomatsu iba camino a la cafetería donde solía trabajar. Apenas comenzaba su rutina del diario. Podría parecer aburrida, pero mientras fuese un paso más para su persona, no había problema alguno. Era perfecto.
—Su cambio es de 3,400 yenes. ¡Gracias por venir! —Todomatsu estaba en la caja cobrando a un cliente, y no sólo a él, sino a muchos otros. Era un día cálido, por lo que la gente al salir solía comprar mucho y por ende, había mucho trabajo. El local estaba lleno.
—Te estás esforzando mucho. ¡Buen trabajo! —Por detrás suyo llegaron Sacchi y Aida—. Al parecer no tendremos descanso hoy... ¿Verdad, Totty? —Rio una de las chicas.
—Así parece. Pero por mí está bien, así mejoraré mi desempeño en el trabajo. —Todomatsu sonrío y les guiñó un ojo para seguir ocupándose de la caja.
La fila fue disminuyendo. Aun así, casi todas las mesas del lugar estaban llenas. Sólo quedaba un chico al cuál atender.
—Buenas tardes, ¿qué desea ordenar? —Le extendió al joven un menú dónde venían las variadas bebidas que podía adquirir. Sonreía energéticamente.
—Buenas tardes. —El joven sonrió un poco. «Qué sonrisa más estética», pensó—. Quiero un frappé mediano, por favor. —No le quitaba la mirada de encima al joven empleado. Parecía querer provocarle miedo, ¿o acaso algo más?
—Entendido... —Todomatsu no podía desviar la vista. Era una persona preciosa. Se comenzó a sentir extraño. No sólo era alto, sino que también era muy atractivo. Vestía de traje y su forma de hablar era muy formal. Bastante inusual, no hallas a una persona así en cualquier parte, independientemente de su sexo—. Espere en la mesa seis, por favor. —Con señas le indicó cuál era la mesa que le correspondía.
Entre ellos no estaban ni muy cerca ni muy lejos.
Pasó un poco de tiempo. El chico sacó una computadora portátil del maletín que portaba y se entretuvo un poco en la mesa tecleando algo mientras esperaba. Se veía como una persona de bien y bastante tranquila. Por alguna razón daba una sensación de seguridad.
—Aquí está su frappé. —Todomatsu llegó a la mesa dejando el vaso cuidadosamente sonriendo un poco—. Gracias por esperar, que lo disfrute.
—Espera... —La voz grave del muchacho lo detuvo casi como si este le hubiese dado una orden.
—¿Sí? —Sentía curiosidad. Justamente cuando pensó ver una persona guapa, éste le había hablado. No sentía humillación ni mucho menos, pero hasta ahora, sabía que él era posiblemente el más tierno y atractivo de sus cinco hermanos. Llegado hasta ese punto, nunca vio a alguien que se asemejara a su círculo social. Por ello, hablarle lo ponía un poco nervioso. «No estoy a su nivel», pensaba para sí mismo. Algún instinto le indicó que se había ruborizado.
—¿Nos hemos visto antes?
—N-No... Supongo que no.
—Eh... Qué extraño. Sentí un ambiente un tanto inusual y por eso lo creí, lo siento. Cómo me mirabas de esa manera... —No tenía mala intención, pero seguía sonriendo con tranquilidad. No quitaba sus ojos del chico más pequeño. Lo miraba hacia arriba de manera juguetona.
—¡¿Eh?! N-No... Lo siento, no quería incomodarlo. Perdóneme. —Se ruborizó notablemente. Se sentía más nervioso. Le hubiera gustado decir: «El que me miraba así eres tú», pero, ¿tanto se notaba su interés? Qué vergüenza...
El muchacho río. Su voz era grave,pero con un toque de dulzura.
Todomatsu no hizo más que mirarlo aún avergonzado, y por alguna razón, aún no se había retirado de la mesa, qué pena.
—Con permiso... —Trató de retirarse lo más rápido que pudo, pero el chico lo tomó de la muñeca. Se detuvo en seco por el agarre y volteó a verlo. Advirtió que cuando se acercó un poquito a él, olía bastante bien. Despedía un aroma fresco y dulce. ¿Qué perfume usaba? ¡También eso era especial, por Dios!
—Espera, no quiero que esto se quede así. No es un buen inicio..., de otra forma no podré sentirme tranquilo viniendo aquí de nuevo. —Sonreía forzadamente soltando al menor—. Me llamo Atsushi, mucho gusto. —Le extendió la mano.
—Soy... Todomatsu. —Le dio la mano estrechándola con la de él. Era tan suave. Qué buena sensación, pero, ¿por qué se sentía así?
—Ya veo. Un placer, Todomatsu. —Sonreía aún sin soltar su mano. Le dio un leve apretón.
—Ah, debo seguir con el trabajo. Lo siento y hasta pronto. —Se soltó del tacto y agitó su mano diciéndole "adiós".
Atsushi lo miraba mientras se retiraba. También había algo que le atraía de él, púes por supuesto que él sabía que se le quedó viendo bastante cuándo recién entró al local.
Le gustaba. Le gustaba porque era un chico dócil. Es inusual también, ¿cuántas veces encuentras a un chico así de lindo por ahí en la ciudad?
Además, su actitud le atraía. Se ponía nervioso bastante fácil con verlo a él. Y tenía pinta de ser alguien que busca superarse a sí mismo, era muy trabajador, se esforzaba, y a simple vista, Atsushi fue capaz de darse cuenta de esos detalles. Era sensacional. Ambos sabían que se habían interesado el uno con el otro, pero, ¿por qué?
Sin poder evitarlo, durante ese pequeño transcurso del día cruzaron miradas varias veces. Demasiadas. Era inevitable. La atracción no se podía disimular. Bueno, Atsushi no tenía problema alguno, en cambio, Todomatsu trataba lo más que podía de evadirlo. Incluso cuando trataba de ignorarlo, por el rabillo del ojo podía notar que Atsushi lo observaba detenidamente por largos ratos. Qué incómodo.
Si tan sólo el pudiese verlo así...
Pronto Atsushi terminó su café y el trabajo que estaba realizando mediante su laptop. Había hecho un intento por quedarse un poco más, pero no se veía que la clientela fuese a disminuir, así que se decidió y se levantó de su asiento, dejando igual que antes la pequeña mesa.
Todomatsu lo notó enseguida. Llevaba un buen rato cuidándolo sin que Atsushi lo notara. Simplemente por más que tratara, no podía dejar de verlo...
En ese momento, cuándo Todomatsu observaba la espalda del mayor retirándose, este último se volteó por unos segundos ( "¡segundos que parecían minutos!") y le guiñó un ojo al mismo tiempo que le dedicó una hermosa sonrisa para después salir del lugar. ¡Qué muchacho más espléndido!
Todomatsu no le quitó la mirada ni cuándo el atractivo joven salió de ahí. Sólo alcanzó a ver cuándo abrió la puerta de un hermoso auto gris estacionado cerca, y se metió en él para irse conduciendo. Qué maravilla. También eso era tan genial.
¿Aquél muchacho volvería? ¿Volvería a ver a Atsushi? Ojalá así fuera, pero... Pero... ¿¡por qué de repente el interés!? Algo estaba mal, definitivamente. Pero había sido un día interesante. No se puede negar.
Oscureció y fue su hora de salida. Debía ir a casa. Qué horror, ¡debería ver a sus hermanos! Esos demonios que lo atormentaban...
—¡Ya llegué! —gritó por lo alto para que todos lo escucharan.
—¡Bienvenidooo! —Era la voz del mayor, Osomatsu.
—Welcome, brother! —dijo Karamatsu, indudablemente.
—¡Sí, ¡Sí, sí! —Jyushimatsu se escuchaba igual de alborotado que siempre.
—Bienvenido... —Era el tercero de los hermanos, Choromatsu.
—Bien... —habló Ichimatsu. Apenas y Todomatsu escuchó su tenue voz.
Subió las escaleras y entró a la habitación dónde estaban sus cinco hermanos, holgazaneando. Estaba muy cansado, y verlos así lo irritaba bastante.
—¿Cómo estuvo tu día, eh, Totty? —Hablaba Osomatsu bastante animado con una falsa curiosidad.
—Más pesado que otros días.
—Osomatsu nii-san, déjalo descansar. —Jyushimatsu entró en su defensa—. El pobre debe estar cansado, por eso deberías dejarlo dormir, es el único que prefiere desperdiciar su tiempo en algo aburridooo...
—¡Para nada! ¡Estoy haciendo algo por el bien de mi persona, futuro y familia! ¡No es perder tiempo! —Todomatsu exclamó enfadado. A veces parecía que no piensan.
—Ah... Yo también conseguiré un trabajo pronto —Choromatsu se metió—, y cuando eso pase, yo...
—Sabes que no pasará, Choromatsu —Karamatsu soltó en secó.
—¡Cierto, Cierto! —Jyushimatsu le siguió el juego.
Al día siguiente Todomatsu tenía su día libre. Así que no cabía ni la más mínima posibilidad de volver a ver al joven, aunque así lo quería. Pensó en él toda la noche... ¿Qué estará haciendo? ¿En dónde vivirá? ¿En dónde y cómo estará?
Era una mañana tranquila. Choromatsu madrugó, así que tuvo que esperar a que sus hermanos se levantaran también. Para dejar pasar el tiempo, se puso a leer algunos mangas que tenía en aquella habitación. Después de todo, eran ninis, podían levantarse a la hora que quisieran y no tendrían ningún problema. Una hora después, el resto de sus hermanos despertó. Todos seguían muy soñolientos, aún estaban con los cabellos alborotados y no dejaban de bostezar... A excepción de Jyushimatsu, él siempre era el más animado de todos, gracias a él las mañanas solían llenarse de alegría y les levantaba los ánimos un poco.
Todos seguían en la habitación sin ánimos de nada, aún encima del futón.
—¡Tardan mucho en despertar! Es aburrido tener que esperarlos cada mañana —decía Choromatsu protestando a sus cinco hermanos.
—¿Eh?, ¿por qué te molestas? —contestó Osomatsu sin ponerle mucha importancia—. No tenemos nada que hacer de todas maneras.
—¡Eso no importa! ¡Esto no debería de ser así diario! Ya es más de medio día —riñó el tercero—. Son cosas pequeñas, pero... ¡De esta manera jamás podremos dejar de ser ninis! —subió el tono.
—Choromatsu, ya nos has dicho eso miles de veces y aun así nada ha cambiado —respondió Karamatsu.
—Sólo hablas de responsabilidad, pero tú no eres diferente a nosotros... —habló Ichimatsu casi para sí mismo.
—¡Deja de preocuparte, Choromatsu-niisan! —dijo Jyushimatsu con su típica sonrisa.
—¿Esperabas a que despertáramos para gritarnos? Qué horrible —dijo Todomatsu desviando la mirada.
—No lo tomen de esa manera, ustedes mismos se dan cuenta de que no somos lo que pensábamos de nosotros mismos cuando pequeños —dijo Choromatsu analizando lo que había dicho—. ¡Pongan un poco de su parte! ¿No les importa?
—No —contestaron todos al unísono.
—¡Serán...! —Choromatsu estaba a su límite. Fueran cosas pequeñas, pero esos detalles los convertían en lo que eran: ninis.
—¡Tengo hambre! —gritó Jyushimatsu interrumpiendo al tercer hermano.
Se cambiaron y bajaron a la cocina. La comida ya estaba lista, pues era realmente tarde y su madre cocinaba para ellos temprano. Sus padres, Matsuyo y Matsuzo no estaban en casa. Su papá iba a trabajar y su mamá salía de compras de vez en cuando.
Todos estaban sentados alrededor de aquella mesa redonda y pequeña donde solían comer. Mientras desayunaban Choromatsu volvió a sacar el tema de antes. Trataba de convencer a sus hermanos de que salieran a buscar trabajo.
—¡Ya deja eso, Choromatsu! Se está volviendo un dolor de cabeza. Además, no nos pidas ir. Si quieres hacer algo, ve y hazlo. Please, brother. —Karamatsu intentó acabar con la conversación de Choromatsu, que, por cierto, ya habían escuchado una y otra vez.
Aquellas palabras por parte del segundo fueron suficientes para que Choromatsu dejara de hablar. Pronto empezaron a perder su tiempo como de costumbre. No tenían absolutamente nada que hacer.
2:00 pm.
—¿Uh? Todomatsu... ¿Vas a salir? —preguntó Osomatsu al notar que salía más arreglado de lo normal.
—Ah, sí. Solo será un momento —respondió el más pequeño, algo nervioso al parecer.
—¿Eh? ¿Podemos ir contigo?
—No hace falta, voy y vengo rápido. —Debía inventarse cualquier cosa para no tener que soportar una carga tan pesada—. ¡Ya me voy! ¡Vuelvo pronto, adiós! —Salió corriendo y cerró la puerta.
Había sol, pero el viento que hacía era helado y gracias a ello, el día se calificaba como frío.
En realidad no había pensado a dónde ir cuándo saliera. Sólo no quería estar en su día libre junto con sus tontos hermanos. Eso sería desperdiciarlo totalmente. Ahora solo caminaba por los alrededores. Merodeaba entre las calles viendo tienda tras tienda, y decidió ir a comprar ropa. De cualquier manera, le gustaba estar a la moda y no vestir siempre igual que sus hermanos. Ser sextillizos ya era demasiada calamidad. Además, estando con ellos no podría salir de compras. Eran muchos y además son muy inquietos y ruidosos. ¿Cómo no se iba a sentir avergonzado? Lastimosamente debía cargar con eso toda su vida.
De repente, escuchó un motor detrás suyo. Volteó rápidamente para ver quién era. Nunca debes fiarte en la calle. Al principio se asustó demasiado, pero el conductor del automóvil bajó los vidrios para dejarse ver.
—Hola, Todomatsu. —Era Atsushi. Lucía igual de arreglado que ayer—. ¿A dónde vas? —Sonreía sin despegar una mano del volante mientras se recargaba con el otro brazo en el asiento del automóvil.
—Qué sorpresa... ¡Me asusté! —Dio un suspiro de alivio.
—Discúlpame. —Se rió un poco apenado.
—No, no... —Negaba con la cabeza y sonriendo por el nerviosismo—. Hola, A-Atsushi-kun... —Era la primera vez que mencionaba su nombre. Por alguna razón no se acostumbraba a hacerlo—. Iba hacia... —Por un momento lo pensó. Es cierto que había simpatizado un poco con Atsushi, pero darle su confianza de esa manera no estaba bien. Después de todo seguía siendo un desconocido—. Hacia... —titubeó al tratar de hablar. ¿Debería de decírselo o no? Estaba inseguro—. Hacia la plaza comercial. —Lo dijo. A pesar de habérselo pensado detenidamente, se lo dijo.
—Oh, qué coincidencia. Justo voy para allá también. ¿Quieres que te lleve? —De nuevo su casual sonrisa carente de inseguridad.
Todomatsu se lo pensó por un momento. Aquel chico era un desconocido, pero sentía ganas de saber más de él. Desde el día de ayer en la cafetería despertó su interés y deseaba saciarlo ahora. No podría suceder nada malo. Además, ya era un adulto, podía cuidarse solo.
—Sí, gracias. —Todomatsu se acercó al automóvil de Atsushi para abrir la puerta y entró cuidadosamente. Decidió sentarse en el asiento del copiloto, púes no pensó que tuviera algo de malo, y Atsushi desde luego no se lo negó. El auto olía a nuevo por dentro y lucía muy bien.
Cuándo estaba adentro se sintió incómodo. No por el lugar, sino por el silencio que reinó entre él y el imponente muchacho, Atsushi. No volteaba a verlo. Tenía la miraba fija a su propio regazo, y después la dirigió hacia delante para ver la carretera. No sabía qué hacer, pero debía disimular.
Pasaron unos segundos o tal vez minutos en los que sólo se podía escuchar el leve sonido del motor. Pero si se concentraba bien, también podía escuchar otra cosa... La respiración del joven a su lado. Sonrió un poco sin darse cuenta de lo que había pensado con exactitud.
El lugar quedaba un tanto lejos, así que tardarían un poco en llegar. «Este podría ser uno de los momentos más desesperantes de mi vida», pensó Todomatsu. Lo meditó un poco en medio de ese silencio que le permitió adentrarse en sus pensamientos, y se dio cuenta de que, en efecto, Atsushi le atraía. Sintió una emoción desagradable y trató de negarlo. No podía ser... Él no era ese tipo de persona. Se sonrojó un poquito. Por si fuera poco, la luz del semáforo cambió de verde a rojo. El tráfico los atrapó por un momento, ¡pero sentía que pasaban miles de minutos!
—Qué agradable coincidencia, ¿verdad? —Atsushi habló aún con la vista en el parabrisas. Su voz grave sacó al menor de sus pensamientos.
—Eh... —Lo tomó por sorpresa—. Sí, la verdad no me lo esperaba. —Sonrió de una manera nerviosa, pero tierna, como era digno de él.
—Esperaba poder hablar contigo alguna vez en privado, como ahora. —Le dirigió la vista.
Por su parte, Todomatsu sentía que se derretiría. Aquel chico era tan dulce, y su aroma encantaba a cualquiera. Seguramente era muy popular entre las chicas.
—¡Y-Yo también! A decir verdad, cuándo te vi también pensé que ya nos conocíamos de otra parte. —Mentiras.
—Ah, ya veo. —Desvío la mirada. Menos mal, aquellos ojos tan profundos estaban volviéndolo loco.
Llegaron a la plaza comercial. Todomatsu compró algunas cosas que necesitaba y Atsushi dijo arrepentirse de querer comprar aquel día. Todo había sido una mentira para pasar tiempo con el chico más bajito, aunque este último en medio de su ingenuidad no lo notara.
Caminaron juntos por todas partes. No intercambiaban muchas palabras, sólo lo necesario. Ambos disfrutaban estando el uno con el otro. ¿Eso se puede? Cada quién tenía a su chico especial, pues ambos habían encontrado en el otro alguna peculiaridad que no podían ignorar y que les gustaba. Atsushi lo sabía ya, estaba enamorado de Todomatsu.
En cambio, Todomatsu se negaba a aceptar aquel sentimiento. A él le gustaban las chicas, ¿no? Así que el hecho de que un hombre le atrajera, era casi una humillación. O eso tenía entendido. ¿Por qué sería una humillación? No, no podía estar pasando.
Acabaron con todo lo que debían de hacer. No pasó mucho realmente. Estaban en un lugar de la plaza en dónde el estacionamiento quedaba cerca.
—Todomatsu. —Atsushi volteó a verlo hacia abajo. Era notablemente más alto que él.
—¿Sí? —Lo miró abriendo los ojos un poco más.
—¿Te parece si vamos a ese pequeño restaurante de allá? —Era una pequeña cafetería. Era súper cara, pero valía la pena ir con él. Además, el dinero no le faltaba.
—¿Eh, de verdad? Pero...
—No te preocupes, yo invito.
—De acuerdo. —Le dedicó una sonrisa.
Fueron a dejar las bolsas de las compras al coche, ya que no les quitaba casi nada de tiempo. No era ninguna molestia en lo absoluto. Llegaron a la cafetería y ordenaron. Un cappuccino para Atsushi y un smoothie para Todomatsu. El sol estaba ocultándose, pero a ellos no les importó. Siguieron platicando.
—Muchas gracias por lo de hoy, Atsushi-kun.
—Ni lo menciones, es un placer para mí.
Se sentía tan nervioso hablando con él. Deseaba desde el fondo de su corazón que aquellos nervios y aquél temor desaparecieran para siempre. Necesitaba estar solo.
—Discúlpame, debo ir al baño un momento... —Se levantó lentamente y se retiró evadiendo su mirada.
—Está bien, adelante.
Atsushi se daba cuenta de que Todomatsu se ponía nervioso cuando estaba junto a él y eso le gustaba. Parecía un juego que podría ganar fácilmente.
En el baño, Todomatsu se vio al espejo y se decía a sí mismo: «Tranquilo, respira y relájate. Nada puede salir mal. No te pongas así por ese chico, ¿qué te sucede? ¿Te pones así por un muchacho? No puede estar pasándote algo como esto. Es una broma, lo que yo siento por él fue solo curiosidad».
No sabía cómo convencerse de que no le gustaba aquel chico. Pero algo que más le intrigaba se resumía con la siguiente pregunta: ¿a él le gustan los chicos en vez de las chicas? Todo fue tan repentino, no tenía tiempo de explicarse nada.
Todomatsu había tardado ya mucho en el baño, así que Atsushi fue a buscarlo. El local ya estaba solo. Solamente quedaban ellos dos, pues pronto cerraría, ya estaba oscuro.
Atsushi fue al baño y tocó la puerta.
—Todomatsu, ¿puedo entrar?
—¡A-Adelante!
Atsushi entró.
—Hey, ¿qué tanto haces aquí?, ¿te sientes bien?
—Lo siento, me sentí mareado. —Mentiras, otra vez.
—Ya veo —Atsushi caminó un poco hasta donde se encontraba Todomatsu recargándolo un poco contra la pared.
—¿Atsushi-kun?
—Todomatsu, hay algo que debo decirte. No lo puedo seguir ocultando y no pienso permitirlo. - Su tono de voz pasó a ser un poco más grave que antes. Sonaba muy sensual.
—¿Eh? ¿Q-Qué sucede? —Sonrió forzadamente. Sus mejillas se tornaron de un vivo color carmesí. Inconscientemente comenzó a temblar un poco.
—Me gustas. Suena algo fuera de lugar, pero cuándo te vi, supe que eras especial y que quería estar contigo. No lo tomes a mal, por favor.
—Atsushi-kun, yo... —Jamás pensó que se le declararía de repente, o de tan siquiera que lo fuera hacer—. Yo no puedo corresponderte. A mí no me gustan los chicos. —Seguía tratando de autocorregirse, pero muy en el fondo sabía que era una mentira—. Por eso, lo siento...
—Ya veo. Bueno, de ser posible hubiese deseado que me hubieses dicho algo lindo. —Rió apretándolo más contra la pared—. Pero, quieras o no, haré algo de lo que he tenido muchas ganas.
Atsushi era muy fuerte. Con un movimiento un poco brusco tomó a Todomatsu del rostro con sus dos manos y levantó su rostro. Atsushi se agachó un poco acercándose al rostro del menor.
—¡No! ¿¡Atsushi-kun, qué hac...!? —No pudo acabar de hablar.
Atsushi le dio un tierno beso.
Todomatsu tenía los ojos desmesuradamente abiertos, todo lo contrario al mayor. Los corazones de ambos latían a mil por hora. Qué sensación más placentera. El tacto de sus labios era muy suave. Todomatsu seguía recargado fuertemente contra la pared, estaba soportando parte del peso del cuerpo de Atsushi. Incluso en eso era especial. No fue un beso vulgar ni obsceno. Sólo fue el roce de sus labios que se tocaban gentilmente. Atsushi era demasiado dulce.
—¡Mhm! —Todomatsu comenzó a forcejear. Atsushi era más alto y fuerte, era difícil quitárselo de encima. No quería admitirlo, pero Atsushi lo enloquecía. Le gustaba todo de él... Su aroma, su voz, le gustaba sentirlo cerca de él. Pero cuando esos pensamientos llenos de sentimientos y emociones comenzaron a surgir, se estremeció. Pensó que lo mejor sería mantenerse alejado de él. No valía la pena realmente. ¿Chico con chico? ¡Por favor!
Atsushi se despegó de los labios del más pequeño. Ambos tenían la respiración agitada por la falta de aire.
No hacían más que mirarse a los ojos a tan solo pocos centímetros de distancia. Ambos tenían un rubor exagerado, sus mejillas estaban muy calientes.
—A-Atsushi-kun... —Todomatsu hablaba entre jadeos. No creía lo que acababa de suceder—. ¿Por qué?
—Te lo dije desde el principio... —Jadeaba, consecuencia de la falta de aire—. Me gustas, estoy enamorado de ti. Y si no quieres tener algo conmigo, está bien. Pero debes saber algo. Haré lo que sea necesario para lograr que me quieras también.
Todomatsu ya no podía más. ¿Por qué se comenzó a sentir así? Se sentía tan triste. Demasiado triste, ¿pero por qué? Sólo se hacía tonto el solo. Entendía perfectamente por qué su corazón se sentía tan roto. Tan marchitado... No sólo se dio cuenta de que se había enamorado profundamente de un chico al cuál no conocía bien, sino que, para empezar, se dio cuenta de que le gustaban los chicos. Ya, por fin lo había aceptado. ¿Qué dirían sus hermanos cuándo se los dijera o se dieran cuenta por otro medio? Quizá lo volverían a echar de casa. ¿Qué pensarían sus padres? Seguramente que ya no era el ejemplo de los sextillizos ni de la familia. Estaba tan triste y se sentía tan solo. ¿Por qué las cosas se dieron así?
Además había algo que lo terminó de romper. La persona que amaba estaba ahí, en frente de él, y aun así no quería aceptarlo frente a frente. Que lo amaba, por una razón que quizá jamás podría explicarse a sí mismo. Lo quería muchísimo...
Y también, ¿qué acababa de decir? "Haré lo que sea necesario para lograr que me quieras también." Auch... ¡Pero si ya lo quería!
Solamente era cuestión de decírselo.
—Salgamos de aquí... —Se mantuvo cabizbajo al hablar.
Salieron. El baño no era el mejor lugar. Aunque aquel restaurante era de lujo, así que no hubo incomodidad por el olor, la limpieza ni mucho menos.
Subieron al auto de Atsushi de nuevo. Todo estaba en silencio. El muchacho mayor estaba serio y Todomatsu, deprimido. Atsushi echó a andar el auto. Se dirigían en dirección a la casa de los Matsuno, pues Todomatsu lo guiaría. Estaban bastante lejos, así que tardarían mucho en llegar. Era totalmente de noche. Durante el camino solo podían ver las luces de los otros autos, la luz de los locales, la luna, las estrellas, los semáforos, la luz de neón...
El olor a perfume, la sensación de frío y soledad, el tráfico infinito, el ruido del claxon, los vidrios empañados, y el saber que tu persona especial está a tu lado sin hablarte desde hace un tiempo considerable... ¿Cómo no sentirse triste, nervioso y lleno de miedo?
Dentro del auto no se escuchaba nada. «Sólo la respiración del joven que tengo a mi lado», pensaban. Ambos se escuchaban, estaban conectados.
El tráfico parecía jamás acabar. El silencio fue interrumpido por los sollozos del más pequeño, Todomatsu. Lloraba como si jamás fuese a parar. Había perdido la vergüenza, no podría soportarlo ni un momento más. Las lágrimas recorrían sus mejillas, cuyos caminos más lágrimas ya habían recorrido con anterioridad.
—Todomatsu... —Por primera vez se le vio sorprendido—. No llores, por favor. Te lo suplico, ¿qué sucede?
—Perdón. Lo siento... mucho...
El pobre muchacho no entendía nada. Atsushi se acercó a Todomatsu y con delicadeza tomó en su mano izquierda su barbilla, y con la derecha limpió sus lágrimas con mucho cuidado. Lo hacía como si estuviese puliendo una fina pieza de porcelana.
—Dime... ¿Qué sucede, Todomatsu?
—Atsushi... Yo... ¡Lo siento! Simplemente yo no quería aceptarlo—. Mantenía su mirada en los ojos del muchacho.
Atsushi sólo atinaba a seguir limpiando sus lágrimas y a asentir mientras sonreía dulcemente.
—Atsushi-kun... Tú también me gustas. Me gustas mucho... Te quiero. —Su linda voz estaba quebrada.
—Qué alegría. —Sonrió—. Me hace muy feliz escuchar eso... Yo también te quiero. —Tomó y juntó ambas manos del jovencito y depositó un sincero beso en ellas.
El semáforo cambió de color y avanzaron. Atsushi se estacionó en una esquina de la calle para poder charlar. El clima estaba helado.
—Entonces eso quiere decir que, ¿aceptas salir conmigo? —Esperaba una respuesta positiva del dócil chico.
—Atsushi-kun —no sabía cómo decírselo—, este no es el estilo de vida que... yo tenía planeado. Te quiero mucho... pero no podrá ser. —Sus ojos se humedecían en lágrimas de nuevo—. Creo que, si no empiezo a salir con una chica, ¡no soy digno de salir con nadie! —Ante esta última frase rio aún con lágrimas en sus ojos.
—No podrá ser, ¿eh? —Le dolía muchísimo verlo así.
—Lo siento tanto.... —Lloraba a cántaros.
Atsushi se quitó el cinturón de seguridad y se dio vuelta al asiento del copiloto para darle un cálido abrazo a Todomatsu. Dejó que llorara en su pecho.
Su camisa quedó empapada de lágrimas del menor. Estaba muy dolido y necesitado de consuelo. Todomatsu abrazó también a Atsushi, estaba aferrado a su espalda. No parecía grave, pero en una gran parte de la sociedad, una relación de chico por chico es considerado un tabú. ¿Qué les harían? ¿Serían discriminados y maltratados por las calles? ¿Serían siempre odiados por el mundo? Qué mundo tan cruel.
Pasó un rato en que el que sólo se escuchaba el llanto del joven. Después de un momento, se calmó.
—¿Por qué en un día normal nosotros...? —Todomatsu quiso decir: "nos gustamos".
—Quién sabe... Seguro eso dicta la estrella bajo la cual nacimos. Estábamos destinados a encontrarnos y atraernos.
—Ya veo. —Sonrió. Quizás tenía razón—. Atsushi-kun, gracias.
—¿Por qué?
—Por existir.
—De nada. —Sonrió—. Lo mismo digo.
Duraron unos segundos viéndose sin decir ni una sola palabra. Estaban con la mano agarrada, con los dedos entrelazados mientras platicaban. Así, se podían sentir más cerca el uno al otro. Sintiendo el calor de sus cálidas manos.
—Atsushi-kun, el amor de un chico por otro chico no puede ser.
—¿Por qué no? A mí me gustas tú.
—A mí también me gustas, pero no puede ser. Trae problemas, ¿entiendes? —Todomatsu decía tenuemente con tristeza. Sintió cómo Atsushi apretó un poco su mano.
—Si dices que no puede ser, no puede ser. —Lo miró juguetón—. ¿Esta será la última vez que nos veremos?
—Definitivamente.
—Ya veo. Qué triste... —Cerró sus ojos y los apretó. Se levantó después de estar recargado en el asiento del auto y tomó ambas manos de Todomatsu entrelazando sus dedos.
—No quiero dejar de verte nunca, pero... —al parecer sus ojos llorosos no desaparecerían por esa noche— si mi familia se enterara tendría muchos problemas y no sería capaz de seguir viviendo más.
—No te preocupes, te entiendo. Por lo mismo yo ya no vivo más con ellos.
—Ya. —Asentía.
—Bueno...
—Atsushi-kun, creo que es mejor que camine a casa.
—¿De verdad?, ¿estarás bien?
—No te preocupes. Tengo 20 años, ya soy un adulto.
—Tienes razón. —Sonrió dejando ver sus dientes; era lindo.
—Entonces...
Ambos se miraban con ojos cristalinos. ¿De verdad sería la última vez que se verían? Qué destino más despiadado... Incluso si no son aceptados por el mundo, nacieron el uno para el otro. Peor, ahora dos almas que fueron creadas y educadas para destinarse a vivir juntas son separadas cruelmente. Quién sabe si algún día serán capaces de encontrarse de nuevo. Hay una posibilidad. El hilo rojo del destino los unirá por siempre.
—Adiós.
—No digas eso —dijo Todomatsu en forma de reproche.
—Ojalá el destino nos junte algún día de nuevo.
—No sé si eso es algo bueno o algo malo. —Soltó una risilla—. Nos conocimos de repente y ahora nos despedimos para siempre de repente.
—La confianza. Me sorprende la confianza. Siento que te conozco de hace mucho.
—Tú me sorprendes.
—¿Por qué?
—Nada en especial —Rió. Abrió la puerta del automóvil y salió.
—Espera. —Atsushi jaló de la camisa a Todomatsu, dándole un pequeño beso en la mejilla.
—Este no es un buen beso de despedida. —Volvió a reír, derramando lágrimas.
Entonces Atsushi lo besó en la boca, atrayéndolo a un dulce roce. Cuando le sujetó la cara, se dio cuenta de que Todomatsu tenía las mejillas mojadas; era cálido y frágil.
Se separaron y éste último solo vio cómo Todomatsu se iba caminando. No sabían nada el uno acerca del otro, y era mejor así. Tal vez algún día se vuelvan a encontrar.
Notes:
Muchas gracias por haber leído. Sigan adelante y veamos qué pasa. ¡Se nos viene el longfic! :D
Chapter Text
Todomatsu perdió de vista a Atsushi, así como Atsushi a él. Lo notó al voltear cuidadosamente después de un rato de caminata.
Tenía las esperanzas de que Atsushi fuera tras él y le dijera: "¡No te vayas, no quiero estar sin ti!". Pero bien sabía que incluso si el muchacho hubiera hecho aquello, se negaría.
Seguía caminando por la calle, con la cabeza a gachas mientras hacía pucheros. Tenía aún los ojos llenos de lágrimas. Ahogaba sus sollozos silenciosamente mientras trataba con desesperación de limpiar sus lágrimas. Se sentía muy triste.
Faltaba mucho aún para llegar a su casa.
Había aún varios autos en la autopista. Por suerte, las luces de la ciudad no eran lo suficientemente potentes cómo para que los demás notaran que el jovencito caminaba mientras lloraba. Qué vergüenza.
Seguramente no podría dormir aquella noche. Lo sabía perfectamente, pero debía seguir adelante. Tuvo un día muy cansado, así como de decepcionante.
Divisó a lo lejos su hogar. Era demasiado tarde, se preguntaba si todos estaban dormidos.
Cuándo entró a su casa, advirtió que que todas las luces estaban encendidas y que no había ni un sólo ruido. Era algo extraño. Caminó lentamente hasta su habitación. Se detuvo en seco al escuchar unas leves risas en el cuarto que compartía con sus hermanos. Seguramente trataban de dormir sin resultados.
Pasaba de media noche. ¿Qué acaso sus hermanos no se preocupaban por él?
De inmediato se sintió fatal ante aquel desagradable pensamiento: "No les importo".
Parado frente a la habitación sin abrir la puerta, volvió a pasar sus manos para limpiar los restos de lágrimas (si es que aún las había). Una vez listo, con decisión abrió la puerta y entró lentamente, en silencio.
Encontró a sus hermanos acostados en el futón tratando de conciliar el sueño, fracasando una y otra vez, pues seguían platicando. Tenían una pequeña lámpara encendida aún, quizás para cuando él llegara. O al menos eso pensó.
—Hola, Totty —Osomatsu saludó tranquilamente, sin prestar atención mirando hacia el techo.
No recibió respuesta.
—Nos preocupamos por ti, ¿en dónde estabas? —Esta vez fue Choromatsu quien formuló la pregunta.
Si realmente se hubieran preocupado, habrían intentado comunicarse con él o habrían salido a buscarlo, ¿no?
—Por ahí. —Todomatsu no tenía ánimos para hablar.
—¡Vamos, Totty! ¡No es justo que sólo tú te diviertas! —Osomatsu hablaba pícaramente como acostumbraba.
—¡¿Eh?! ¿Qué pasa? ¿Qué quieres decir, Osomatsu-niisan? —Jyushimatsu se unió.
—Lo más probable es que Todomatsu haya estado divirtiéndose con alguna chica mientras nos abandonó aquí.
¿Quién abandonó a quién al fin y al cabo?
—¿¡Eh!? ¡No es justo! —Jyushimatsu hacía berrinche.
—Bueno, bueno... Es digno de nuestro hermanito. Después de todo él nos ayudará a ascender también —Karamatsu hablaba con seguridad—, ¿o no, Totty?
—Eso dije, pero... —Todomatsu habló apenas en un leve susurro.
—¿¡Eh!? ¡No puedes echarte para atrás! Nos lo prometiste... —Osomatsu lo señalaba con su dedo índice.
El menor de los sextillizos se sentía fatal. ¿Por qué además de todo lo que le sucedía, debía lidiar con unos hermanos como aquellos? Era un verdadero fastidio.
—Hoy no hice nada —habló mientras se quitaba la ropa para ponerse su pijama—. Nada de lo que ustedes piensan.
—¿Esperas que te creamos? ¡Estuviste todo el día fuera de casa! —Osomatsu insistía.
—Osomatsu... —Choromatsu trató de interferir.
Todomatsu terminó de vestirse y trató de acomodarse entre Osomatsu y Karamatsu, como acostumbraba ir a dormir. No sabía exactamente por qué, pero entre sus dos hermanos mayores se sentía seguro. Tal vez era lo que necesitaba, dormir un poco junto a ellos.
No se lo esperaba, pero Osomatsu lo sacó de sus pensamientos.
—¡Detente! No dejaré que te acuestes hasta que nos digas la verdad —Osomatsu se levantó tapándole el paso a Todomatsu. No lo hacía tratando de perjudicar al menor, pero resultaba bastante molesto.
—Osomatsu-niisan, hazte a un lado.
—¡Por favor, Totty! No me digas que... ¿Te peleaste con tu novia? —Denotaba mucha curiosidad.
—Osomatsu-niisan, déjalo descansar —El tercero de los sextillizos intervino una vez más—. Lo que sea que haya sucedido nos lo contará más tarde.
—¿¡Eh!? ¿Por qué no ahora?
Todomatsu se agachó un poco. Seguía de pie a poca distancia del futón. Sentía cómo sus ojos se llenaban de una ligera capa de lágrimas casi imperceptibles. Era una capa demasiado ligera como para que los demás se dieran cuenta de ella.
—Osomatsu-niisan. Déjame en paz.
—Bueno, bueno... Si así quieres. —El mayor pronto perdió el interés.
—¡Durmamos ya! ¡De lo contrario no podremos jugar béisbol mañana! ¡Husttle, Husttle! ¡Muscle, Muscle!
—Tienes razón, brother. Durmamos de una vez.
—Todomatsu... Acuéstate. —Ichimatsu estaba demasiado cansado. Se notaba en su tono de voz.
Todomatsu apagó la luz y se acostó indiferente junto a sus hermanos. Cerró sus ojos volteando boca arriba mientras apoyaba su cabeza a la suave almohada. Su cabeza le daba vueltas. Tras la oscuridad en su mente podía ver las escenas que pasó junto con Atsushi en la mañana. Se sentía desconsolado. Pasaron algunas horas más y Todomatsu seguía sin poder dormir. Se volteó hacía su lado derecho.
Sintió como más lágrimas recorrían sus mejillas. Nunca había imaginado que el amor hacía sufrir tanto. Se preguntaba: "¿Cómo estará él?, ¿ya no le importo más?". Ese enamoramiento fue extraño, pero lindo. Y sabía que tenía la culpa de perder a alguien así.
Es decir... ¿Puedes llegar hasta el punto de llorar por alguien a quien nunca habías visto antes?
Se sentía dolido porque ahora sabía que allá afuera había alguien que lo quería mucho también, pero no podían estar juntos. Tenía miedo que sus hermanos se enteraran que estaba enamorado de un chico. Después de todo, él era la única esperanza de la familia. Quería de verdad poder llenar a su padre y madre de nietos, pero ahora esa fantasía se había esfumado. Se esfumó por completo.
Tocó sus labios delicadamente al recordar el tierno beso que Atsushi le dio. Nunca se olvidaría de aquel mágico momento. Definitivamente quería permanecer a su lado. Sin duda alguna.
Con su mano aún sobre sus labios cubrió por completo su boca, tratando de callar el llanto que pronto se hizo venir. Se pegó junto a la espalda de Karamatsu, buscando un poco de calor. Karamatsu se dio cuenta del tacto, aunque permanecía entre sueños y volteó lentamente.
—Todoma...
—Quédate así.
—¿Te sientes mal? —preguntó con nerviosismo—. No quiero que me vomites encima o algo así...
—Déjame estar así... un poquito más.
—¿Totty?
—...por favor.
Karamatsu no se dio cuenta de que Todomatsu estaba llorando. Como siempre, era demasiado despistado. En ese momento, el más pequeño sólo quería sentir algo de cariño fraternal. Quería sentir esa calidez antes de que se disipara, pues pronto debería confesarles la verdad a los siete. Le gustaban los chicos.
Al día siguiente amaneció con mucho sueño y los ojos bastante hinchados. Le dolía mucho la cabeza, así como los huesos y el estómago. Era otro mal día. Bajó tarde a la cocina. Por alguna razón pensó que sus hermanos se habían devorado su comida, pero no. Lo único que vio fue su plato con takoyaki ya frío sobre la mesa. Sus hermanos se encontraban en la sala de estar.
Terminó de comer y fue con ellos.
—Buenos días...
—Oh, ¡buenos días, Totty! —Karamatsu estaba muy energético—. ¿Cómo dormiste? Anoche no me soltabas.
—Más o menos.
—¡Eh, Todomatsu!
—¿Qué sucede, Osomatsu-niisan? —Le respondió con fastidio.
—Si tienes mal de amores, ¡quizá podamos ayudarte con la chica!
—Osomatsu-niisan, detente. No hace falta que le digas eso... —Choromatsu parecía fastidiado también.
—Está bien, no ha pasado nada. Sólo tuve una mala noche.
—Si tú lo dices. Confiaré en ti, Todomatsu.
Todomatsu se metió a su habitación de nuevo. Estaba harto de sus cinco tontos hermanos. Jamás podrían comprenderlo. Es más, ni siquiera le prestaban realmente atención. Anoche pasó más de media noche fuera de casa y no se molestaron en preocuparse por él. ¿Cómo aseguraban que estaba bien? ¿Qué tal que lo habían secuestrado? No manifestaban un verdadero interés.
No tenía ánimos para salir con amigos tampoco. Prefería estar solo un tiempo considerable. Cuando su corazón latía, se sentía débil, pero también con una ligera emoción. ¿Qué era eso?
No hacía falta darle tantas vueltas. Era evidente. Deseaba con todo su corazón encontrar a Atsushi. A pesar de que él fue quién se alejó de él. A pesar de que él lo rechazó. A pesar de que lo estuvo evitando. A pesar de todo.
Primeramente: Todomatsu decidió alejarse de aquel muchacho que amaba, ¿por qué?
"Mis hermanos se decepcionarán de mí ", fue lo que pensó. Pero sus hermanos nunca han sido lo suficientemente buenos con él. ¿Qué importaba la opinión de ellos? Si meditaba tranquilamente, todos y cada uno de ellos eran nada más ni nada menos que basura. Sólo eso.
Por miedo a sus hermanos perdió la oportunidad de elegir vivir una vida feliz junto con aquel lindo joven, Atsushi. Había sido un estúpido por dejarse llevar por aquel tonto impulso. Y ahora se sentía triste, pero con una pequeña luz de esperanza y emoción.
Estaba lejos de Atsushi, sí. ¿El paradero de Atsushi? Lo desconocía. Pero podía hacer algo para volver a verlo. Qué hermosa es la tristeza. En medio del sufrimiento puede llegarte a hacer pensar muchas cosas positivas también. Te abre los ojos totalmente, solo a veces.
Fue extraño pensarlo, pero de verdad lo creía. "La tristeza es hermosa a su manera".
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de varios pasos consecutivos aproximándose a la habitación. Cuando la puerta se abrió, pudo ver quién era: Ichimatsu.
El menor se volteó hacia la ventana tratando de ignorarlo.
Se sentía incómodo ante la presencia de su hermano ahí con él.
—Todomatsu.
—¿A-Ah? ¿Sí? —Definitivamente no esperaba que le fuera a hablar. Era siempre tan callado que resultaba increíble—. ¿Qué sucede, Ichimatsu-niisan?
—Desde ayer... estás actuando de una manera extraña. ¿Ha pasado algo?
—Ya dije que no ha pasado nada.
—No parece que así sea.
—Pues no parece, pero estoy bien.
—No, no estás bien.
—¡¿Y tú qué sabes?! ¿Eh? Si realmente te preocupara me lo habrías preguntado antes.
—¿Querías que te preguntara?
Todomatsu le dio una rápida mirada con enojo reprimido.
—Ayer estabas peor —Ichimatsu hizo una pequeña pausa—. Si ayer te hubiera preguntado algo, tal vez lo habría agravado.
—Estoy perfectamente, ¿está bien?
—Todomatsu.
—Ichimatsu-niisan, ¡ya te dije que...!
—Lo sé porque actúas igual que ellos.
—"¿Ellos?" ¿Qué quieres decir con eso?
—Los gatos. Cuando los gatos se sienten tristes, se alejan de los demás. Para morir solos y no hacer sufrir a quienes quieren, o para no hacerse más daño viendo un lugar en el que ya no podrán estar.
Todomatsu permaneció atento ante aquel comentario de su hermano mayor. No se lo esperaba. ¿Acaso fue el único que se dio cuenta?
—No soy un gato.
—Lo sé. No eres un gato.
Todomatsu estaba desconcertado. Aunque lo intentara no podía contárselo. No, no solamente no podía, sino que no debía. No se imaginaba que podría pasar. Además, incluso si se lo dijera, Ichimatsu no lo ayudaría con nada. No era del tipo de persona que rápidamente buscaba una solución a los problemas ajenos. Aunque quizá podría conversar un poco con él. ¿Por qué no?
Eran hermanos, y aunque no siempre se comunicaran, podía intentar hacer algo. Así tal vez, solo tal vez... podría hallar algo de consuelo. Eso esperaba, así que lo intentaría. Pero, ¿cómo comenzaría?
—Ichimatsu-niisan.
—¿Hum?
—Gracias.
—No he hecho nada.
—No, pero... Nadie nunca me preguntó nada porque yo le importara realmente.
—Eso no es verdad, Choromatsu te preguntó antes.
—Sí, pero.... no parecía realmente interesado. —El más pequeño hablaba viéndose a los pies.
—Cierto, no parecía. Esos idiotas no parecen sentir un verdadero interés por nada. Todos somos iguales, somos sólo basura. Pero ahora parece que a ti sí te interesa algo.
—Ichi...
—No. No es que te interese algo, sino que algo te preocupa —Volteó a verlo—. ¿Verdad?
Fue verdaderamente sorprendente por parte de Ichimatsu. Dio en el clavo de inmediato. Después de todo dicen que las personas que menos hablan tienen las mentes más ruidosas. Aquí se confirmaba aquel dicho. Todomatsu suspiró pesadamente y luego habló.
—Me sorprendes. De verdad me sorprendes. —Seguía con la vista hacia abajo, prestando una fingida atención a sus zapatos—. No pensé que se notara. O al menos que tú lo notaras.
—No es difícil.
—Ya... — Rió—. Pero de verdad debo agradecerte.
Ichimatsu no hacía más que verlo con sus típicos ojos entrecerrados que denotaban aburrimiento, pero ahora, brillaban y al parecer estaban llenos de interés. Más que interés, curiosidad.
—¿Entonces?
—Bueno... —Se humedeció los labios—. Sólo... prométeme que no se lo vas a contar a nadie.
—Mhm. —Asintió.
—Hace dos días... conocí a alguien. Era una magnífica persona. La conocí en la cafetería donde trabajo y simpatizamos. Aunque creí que no volvería a ver a esa persona, me equivoqué. Ayer que salí nos volvimos a encontrar.
—¿Y luego?
—Bueno... —vaciló un poco. La daba demasiado rodeo al tema—. Las cosas no se dieron como yo esperaba. Salimos de compras y...
—Mentiroso.
—¿¡Eh!? ¿Crees que miento?
—Es obvio.
—¿Eh?, ¿qué dices?
—Ayer no llegaste con ninguna bolsa.
—¡Claro que...! —Entonces recordó.
Estúpido. Olvidó las bolsas con sus compras en el auto de Atsushi.
—Bueno, olvida eso. —Eso terminó por sacarlo más de quicio y siguió—. Lo que quiero decir es que salimos juntos a varios lugares y lo pasamos muy bien juntos. Como ya había mencionado, no hicimos nada de lo que ustedes se imaginan. Sólo... conversábamos gentilmente. —Sonrió con tristeza al recordar aquellos momentos que pasó con Atsushi.
—No veo que tiene eso de malo.
—No parece malo, pero...
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Ichimatsu se dio cuenta de esto enseguida y se sintió incómodo. Se sintió muy mal.
—Todomatsu, si quieres podemos parar...
—No. No, Ichimatsu-niisan... —Sonrió derramando lágrimas. Sentía la necesidad de sonreír, aunque estaba prácticamente rompiéndose—. Quiero hablar de esto. Necesito hablar de esto con alguien. Por favor...
Ichimatsu se puso nervioso. Lo desconcertaba ver a su hermanito así, él siempre había sido tan fuerte, pero ahora era totalmente distinto.
—Está bien, Todomatsu. Te escucharé.
Todomatsu tomó aire.
—La persona que conocí me llamó la atención prácticamente por... "todo y nada". —Guardó silencio un momento y continuó—. No sabría explicarlo. Por una parte me gustaba todo al verle, cada pequeño detalle, pero, a la vez no estaba seguro de por qué y me convencí de que me gustaba sólo porque sí. No me lo pude explicar y me desconcerté. —Dijo tomándoselo con calma. Ichimatsu prestaba mucha atención. Los demás estaban jugando en el tejado y no entrarían en un tiempo considerable—. Además, es demasiado amable y... me mira con mucho cariño. —Todomatsu hablaba en pausas, pues no estaba seguro de qué podía decir que no quisiera que Ichimatsu supiera—. Es una persona especial.
—Así parece ser.
—Lo es totalmente —Sonrió—. Pero, no pudimos quedarnos juntos.
—¿Por qué?
—Porque... —Lo meditó. ¿Qué debía de decirle a su hermano? De nuevo no estaba seguro—. No es el tipo de persona que... puede estar con alguien como yo. Verás, tiene dinero y es una persona trabajadora. ¡No nos parecemos en nada!
—¿Y eso qué? Dijiste que te miraba con cariño, ¿no? —Usaba su monótono tono de voz—. Eso quiere decir que te quiere. ¿Era mentira?
—No es eso. Es que...
—¿Cuál es el verdadero problema? Por favor dímelo, Todomatsu.
—No nos parecemos, Ichimatsu-niisan. Simplemente no era para mí.
—Ni siquiera me has dicho cómo es la chica. —Trataba de disimular su interés y su tenue rubor—. ¿Es linda? ¿O se portó mal contigo? No me digas que... ¿te engañaba con otro sujeto?
—No.
—Todomatsu. —Parecía molesto, como si el pronunciar su nombre fuera una sentencia.
Se lo pensó mejor. ¿Debía decírselo? ¿Le diría que esa persona especial era un muchacho?
Ichimatsu no era una mala persona. Quizá era el único que no lo juzgaría, y si lo hacía, no sería tan rudo ni severo como lo podrían ser el resto de sus hermanos. Tenía mucho miedo. Pero necesitaba respuestas... Necesitaba ayuda. Además Ichimatsu siempre tenía la idea de que todos eran basura. Aquel pensamiento no podría ser peor si le decía la verdad. Pero tenía tanto, tanto miedo... Tenía muchas ganas de llorar. ¿Era malo?
Además no tendría otra oportunidad para hablar con él como la tenía ahora mismo. Debía ser fuerte. Así quizá pueda ser comprendido por alguien. Pero la sola idea de que puedan volver a echarlo de la casa y conseguir un reemplazo de nuevo le daba escalofríos y le llenaba de rabia la consciencia. Ni modo, no había de otra. Tenía que ser así.
—Ichimatsu-niisan...
—¿Hum?
Todomatsu empezó a sollozar.
—Yo... quiero que pase lo que pase... —tragó saliva—... no me odies, por favor.
—¿Eh?
—Perdón. Te va a sonar raro, y puede que incluso pienses que es asqueroso e inaceptable, pero... —Se armó de valor—. La persona de la que me enamoré... es un chico. —Todomatsu limpiaba sus lágrimas.
—¿Qué has dicho? —Parpadeó varias veces, como si se quisiera asegurar de que no estaba soñando—. Todomatsu, ¿tú...?
—Sí. —Rompió en llanto—. Y-Ya sabes... ahora... que me gustan los chicos...
El cuarto de los sextillizos sólo se quedó ahí, inmóvil, observando al más pequeño mientras éste lloraba. Quedó atónito, no se lo esperaba para nada.
—Todomatsu... —Ichimatsu se acercó a Totty y lo envolvió en un cálido abrazo. Fue un impulso que no podía negar.
—¿Ichimatsu-niisan...?
—Está bien, Totty —Lo abrazaba fuertemente mientras acariciaba su suave cabellera—. Está bien. Te has preocupado todo este tiempo por nada, pequeño y torpe hermano menor. Todo está bien.
Todomatsu no pudo más. Al momento en que Ichimatsu lo abrazó, sintió que se rompería ahí mismo. No aguantaría más. Justo como aquella vez en la que lloró en los brazos de Atsushi, mientras se recargaba en su pecho. Se sintió triste, pero también sentía una firme sensación de alivio. Al parecer el mayor no se había molestado, solo se desconcertó, pero eso era normal en una situación como aquella, ¿no? Qué bueno que tenía un hermano tan amable.
—Ichimatsu-niisan.... Gracias. —Sonrió aún con espesas lágrimas en sus ojos, entre los brazos del mencionado.
—No te preocupes. —Negó con la cabeza—. Somos hermanos. Siempre te querré a como seas... Además, si los sextillizos son iguales, es más aburrido, ¿no? —Usó un tono burlón.
Todomatsu se separó del abrazo y con sus ojos cristalinos miró a su hermano.
—Creí... que saldrías corriendo mientras me insultabas.
—Heh... Para nada. Eres el chiquito, no haría eso. Si fuera Karamatsu quien estuviera en tu lugar quizá sí lo habría hecho. —Al ver los gestos de miedo tristeza de Todomatsu se corrigió sonrojándose—: Solo estoy bromeando.
Pasaron algunos minutos en los que Todomatsu tomó su postura mental de antes. Dejó de llorar y de lamentarse. Ahora se sentía cómodo junto a Ichimatsu. Gracias al cielo.
—Me siento mejor ahora. Pero... —Sonreía forzosamente.
—Cuéntame.
—¿Te interesa?
—Pareciera que no, pero sí. —Esbozó una sonrisa diminuta, casi imperceptible—. ¿Por qué te diste cuenta de que te gustaba?
—Porque... no era alguien que encontraras en cualquier parte. Daba de primera impresión que era una persona única. Su aspecto era tan... ¿cómo decirlo?, ¿elegante? —En medio de todo lo que decía, optó por evadir lo del beso.
—"Elegante..."
—Sí, vestía de traje y además tenía perfectos modales. Me daba la sensación de que lo conocía de alguna otra parte. Y cuando él me miraba y yo a él, parecía que compartíamos algo especial. No sé cómo decirlo. Me da pena.
—Ya veo. Es interesante. —Por fin admitió su interés.
—Es lindo.
—¿Y entonces qué estás haciendo?
—¿Qué dices?
—Ve por él.
—Ichimatsu, ¿te refieres a...?
—Por eso estás triste, ¿no es verdad? Desperdiciaste esa maravillosa oportunidad de elegir ir con él por culpa de nosotros. Pero somos hermanos. Somos sextillizos, así que no deberíamos de ocultarnos nada. No sé si lo que haces está bien o está mal, pero una cosa es segura: puedes contar con mi apoyo.
—Ichimatsu-niisan...
—Aunque... —se sonrojó y se puso nervioso al darse cuenta de lo que acababa de decir— no estoy seguro de que una basura como yo sirva de algo.
—¡Está bien, hermano! —Sonrió abiertamente—. Gracias. Pero... ¿Qué debería hacer? Atsushi-kun no me dio alguna pista o algo para encontrarlo.
—¿Atsushi-kun...? Me parece que conocíamos a alguien llamado así hace mucho tiempo. ¡Ah! —Tuvo una idea—. ¿Por qué no lo buscas entre tus contactos? Será fácil.
—¡Cierto, cierto!
Todomatsu sacó su celular a toda prisa y buscó. Fue increíble, pero en alguna de todas sus redes sociales lo encontró. ¡Era él! Sin duda alguna era él. No podría olvidarlo. Pensaba que en persona se veía más guapo todavía.
—¿Y esa sonrisa? ¿Lo encontraste?
—¡Sí, Ichimatsu-niisan! ¡Lo encontré! "Atsushi Takahashi". Con que ese es su nombre completo...
—Quiero verlo.
—¡¿Eh?! No, espe...
Ichimatsu se asomó a la pantalla del smartphone. Todomatsu advirtió que cuando su hermano lo vio, hizo una mueca extraña.
—Tienes razón. No parece un mal tipo.
—¿Verdad?
—Pero... podrías haber conseguido una chica linda y habérmela dado a mí.
—¡Ichimatsu-niisan!
—Je, je... Bromeo. Aunque pensé que estabas tan emocionado como nosotros cuando veíamos los pechos de una chica y fantaseábamos con tocarlos. —Rio pícaramente.
—Lo estaba. Pero como te digo, de repente yo... he cambiado sin darme cuenta.
—Ya veo. Por cierto, me parece como si a ese tal Atsushi lo hubiese visto ya en alguna parte. Quizá... —Se interrumpió a sí mismo y dijo—: ¡Ah! —Ichimatsu miró la pantalla del celular y vio algo particular. Era perfecto—. Mira, ¿no es tu amigo también?
El más pequeño vio lo que su hermano le indicó. Entre los contactos de Atsushi estaba... ¿¡Futsuumaru!? ¿Ellos dos se conocían? ¡Futsuumaru, su mejor amigo, conocía a Atsushi! ¡Perfecto! Y no sólo eso... ¡También a Kusosuke! Todo este tiempo batalló y sufrió por nada. ¡Pero ahora estaba tan feliz!
—¡Ichimatsu-niisan! ¡Debo hacer una llamada!
—Bien. —Sonrió.
Todomatsu salió rápidamente de la habitación, no sin antes voltear hacia donde estaba su hermano.
—Gracias, Ichimatsu.
—Por nada. —Esbozó una leve sonrisa.
Todomatsu salió corriendo al patio para realizar aquella llamada. Sus hermanos no podían verlo desde ese punto, era perfecto. La llamada entró y una voz amable le respondió.
—¿Hola? ¿Todomatsu?
—¡Futsuumaru! Cuanto tiempo.
—¡Hey! ¡Hace mucho que no hablábamos realmente!
—¡Lo sé! —Hablaba muy animado.
—¿Qué sucede? ¿Hay algún problema? ¡Si necesitas un trabajo puedo recomendarte a...!
— No, no es eso. Sólo necesito un pequeño favor de otro tipo. ¿Podrías? No es mucho en realidad.
—Por supuesto. Haría cualquier cosa por ti, Todomatsu. Somos amigos, ¿no? —Por el tono que usaba, era evidente que tras la línea estaba sonriendo.
—Necesito que me des el número telefónico de Atsushi-kun.
—¿Atsushi-kun? ¿Lo conoces?
—Sí... Pero por cosas que han pasado no he podido contactarlo.
—¡Qué coincidencia! Claro, ahora mismo te lo doy. ¿Hablamos del mismo Atsushi, cierto?
—¡Atsushi Takahashi!
—Correcto.
—Gracias, Futsuumaru.
—No hay de qué, Todomatsu. Espero que pronto podamos volver a reunirnos.
—Yo también... —Sonrió—. Disculpa por llamarte así, de repente.
—Sin cuidado, Todomatsu.
Futsuumaru le dio el número de Atsushi. Todomatsu lo anotó en una hoja de papel y además lo registró en su móvil. Debía cerciorarse de no perderlo por ninguna razón, pues seguía creyendo que llamar a su amigo sólo para pedirle un favor había sido muy descortés, así que no quería que se repitiera la ocasión. Pero en aquellos momentos estaba muy desesperado y hasta emocionado, así que no se detuvo a pensarlo antes de hacer aquella llamada. Pensó que debería de darle un regalo de su parte por ayudarlo. Como muestra de gratitud. Aunque seguramente Futsuumaru se desconcertaría... Después de todo solamente le dio un número de celular. Pero Todomatsu sentía la necesidad de agradecerle. Sí, pensaría en algo que pasara desapercibido.
—Bien, ahora... —Marcó al número de Atsushi.
Nada. Esperó un poco pero sólo le respondió la contestadora. Colgó y marcó otra vez. Haría otro intento. Y... nada otra vez.
—¿Será que Atsushi-kun no acostumbra responder a números desconocidos?
De pronto el teléfono de casa se hizo sonar. Bueno, no importaba. Seguro respondería Ichimatsu, era el único y estaba dentro de la casa. Siguió insistiendo con el número de Atsushi, pero no respondía. Comenzó a deprimirse. Se hizo la idea de que quizá Atsushi no le quisiera hablar más, porque después de todo, él lo rechazó. Era lo más lógico.
Dejó de insistir en la llamada. Lo intentaría más tarde, además no quería molestarlo.
—¡Todomatsu! —Ichimatsu se asomó desde la puerta de entrada.
Todomatsu estaba ido, concentrándose en las posibles razones por las cuales Atsushi no había tomado sus llamadas. Ichimatsu se desesperó al verlo así.
—¡Hey, Todomatsu!
—Eh... ¿Sí, Ichimatsu-niisan?
—La llamada es para ti.
—¿Eh? ¿Para mí? Ya voy.
Se plantó frente a su hermano. Ichimatsu le alargó el teléfono de casa.
—¿Quién es? —le cuestionó a su hermano en voz baja antes de atender a la llamada.
—Ese tipo, Atsushi-kun. —Habló bajito.
—¿¡Eh!?
Su corazón comenzó a latir muy fuerte. ¿Qué estaba pasando? Tomó el teléfono cuidadosamente y se lo puso en la oreja. ¿Qué le diría? ¿Cómo lo saludaría? No se había detenido a pensar esos detalles en medio de su exaltación. Sus manos temblaban. No podía evitar ponerse nervioso incluso cuando ni siquiera lo estaba viendo. Era sólo una llamada telefónica, después de todo.
—Bueno, te dejo. —Ichimatsu se retiró de nuevo a la habitación para jugar con su gato, no sin antes sonreír a espaldas del menor.
Fueron segundos incómodos. Detrás de la línea podía escuchar la tranquila respiración de Atsushi. Eso lo ponía nervioso. Pero ahora debía hablar él primero. No le dio muchas vueltas, que pase lo que pase.
—¿Atsushi-kun?
—No tienes idea de cuánto me alegra escuchar tu voz otra vez.
—¿C-Cómo es que...?
—Curiosamente tenemos unos cuantos amigos en común. —Rió.
—Perdón. Hice todo lo que pude para olvidarte, pero, perdón por lo de antes. He sido tan infantil...
—No, tú perdóname a mí. No debí dejarte ir.
—Me dejaste ir porque te lo pedí. Eres una buena persona.
—Bien, te concedo la palabra, pero incluso ahora, a pesar de que me dijiste que no podíamos estar juntos, te busqué y te encontré. Lo siento.
—N-No... Ya no es así. Ya no pienso que debamos estar así, separados.
—¿De verdad?
—Sí, de verdad.
Todomatsu escuchó cómo Atsushi rio. Sentía casi como su corazón daba brincos de felicidad. Estaba seguro. Quería estar junto a él.
—Todomatsu, eres malo.
—¿Eh? —Abrió desmesuradamente sus ojos.
—Me hiciste sufrir toda la noche. Algunas de mis memorias se avivaron.
—Lo siento.
—No te preocupes, seguramente lo pasaste peor. Lo digo porque con escucharte puedo saberlo. Todomatsu, quisiera haber estado ahí contigo para secar tus lágrimas.
—Atsushi-kun... —Se sonrojó y apretó el teléfono—. Si hubieses estado conmigo no habría lágrimas que secar.
—De verdad hubiera querido estar contigo.
—Sería mentira si dijera que yo no, por supuesto.
—Lo sé —Rió una vez más—. Lo sé muy bien, mejor que nadie.
—Pero ya me siento mejor. Me gusta escucharte reír. Quiero verte.
—También yo.
—Perdóname. No debí tratarte tan mal.
—Está bien. Entiendo por qué lo hiciste, no te preocupes.
—Gracias. Eres tan bueno...
—¿Y bien? ¿En dónde nos vemos?
—No, hoy no.
—¿Eh? ¿Estás ocupado?
A decir verdad, había faltado al trabajo aquel día y también pensaba faltar pronto, pues no tenía ánimos para nada. Pero ahora aquel pensamiento había cambiado totalmente.
—No, pero tengo algo que hacer en casa...
Claro, debía encontrar una manera de salir de casa sin que sus hermanos se dieran cuenta. Al menos ahora podía contar con Ichimatsu. Eso era un punto a su favor.
—Entiendo, te dejaré un mensaje. Ya sé cómo encontrarte.
—Sí, gracias —Le fascinaba escuchar su voz grave tan cerca de su oído.
—No hay de qué.
—Atsushi-kun.... Te quiero.
—Yo también te quiero, Todomatsu.
Colgaron. Esa tarde recibió un mensaje qué decía: "Todomatsu, mañana veámonos en el café que está en el centro de la ciudad. Puedes ir, ¿verdad? Encontrémonos a las 5:30 pm. Cité a Futsuumaru a las 6:30 pm. Está bien que venga con nosotros, ¿no? Te esperaré".
Definitivamente iría. Además era perfecto. Podía aprovechar esa hora extra para conseguir un obsequio para su amigo Futsuumaru, y para hablar con Atsushi a solas. No había ningún inconveniente.
Todomatsu se dirigió a la habitación donde yacía Ichimatsu y entró con calma.
—Ichimatsu-niisan, ¡nos veremos mañana!
—¿En serio? Bien por ti, Totty.
—Necesito que me hagas un favor.
—¿Qué podrá ser?
—No puedo dejar que los demás se enteren. Ayúdame, Ichimatsu.
—Veré que puedo hacer. Los distraeré con algo.
—Gracias.
Pasó el día emocionado pensando en qué le diría a Atsushi cuando lo viera. Ansiaba que ya fuera mañana. Ese día durmió al lado de Ichimatsu. No tenía ánimos de estar junto a los demás.
—Ichimatsu-niisan.... —susurró cuando todos ya se habían dormido.
—¿Hum?
—Gracias. De verdad, muchas gracias por escucharme. —Le sonrió a su hermano. Estaban cara a cara—. Estaba muy asustado, pero gracias a ti podré dormir tranquilo hoy.
—Está bien, Totty. No fue nada. Has sido muy valiente. Gracias por confiar en alguien como yo.
Todomatsu tomó la mano de Ichimatsu y así durmieron. Con sus manos suavemente unidas. Ichimatsu también era una de sus personas favoritas.
Con el tacto de sus dedos entrelazados descansaron tranquilamente. Pronto sería un nuevo día, quién sabe qué podría pasar.
Notes:
¡Hola! Gracias por leer el segundo capítulo. No puedo evitar sonreír mientras escribo... Mientras escribía escuchaba "kaku core" de Ozaki Yutaka, me encanta y me sirve mucho como inspiración.
-Ary.
Chapter 3: Mi persona favorita
Chapter Text
Pronto un nuevo día comenzó.
Era un buen día, no había nada que lo descalificara. El sol emanaba gentilmente su agradable resplandor y las calles no eran ni muy ruidosas ni muy silenciosas. Era una mañana perfecta.
Pronto Todomatsu se levantaría. Esta vez no fue ni el primero ni el último en salir del futón.
Salió al patio de la casa mientras se estiraba aún adormilado, no podía dejar de bostezar. Cuando deslizó la puerta pudo ver a Jyushimatsu practicando, como siempre, con su bate de béisbol, pero había un problema, Ichimatsu estaba atado al bate.
—¡4,567! ¡4,568! ¡4,569! ¡4,570!
—¡Espe...!
—¡Buenos días, Totty! —Jyushimatsu exclamó alegremente aún sin dejar de batear—. ¿¡Quieres jugar béisbol!?
—Me voy a morir... —Ichimatsu hablaba mareado.
—¡Jyushimatsu-niisan! ¡Detente! —Posó sus manos en el bate y se apoderó de él, desatando a Ichimatsu.
—G-Gracias, Todo...matsu. —Parecía que Ichimatsu iba a vomitar.
—Deja de hacer esto, Jyushimatsu...
—¡Yep!
—Bueno, es hora de que me vaya despidiendo.
—¿Eh? ¿Totty, ya te vas? —Jyushimatsu se desilusionó—. ¡Creí que jugarías béisbol!
—Lo siento, Jyushimatsu-niisan, hoy no. Será después... —Todomatsu se disculpó.
—Totty, ¿ya te vas al trabajo? —Ichimatsu habló.
—Iré a darme una ducha primero y luego saldré. —Todomatsu se dio la vuelta.
Entró a la casa yendo directo al baño. Se duchó con algo de prisa, se cambió, arregló sus cosas y salió del baño.
Miró la habitación una vez más, sus otros tres hermanos aún no se levantaban. Qué molestia.
Abrió la puerta de la entrada para salir, e Ichimatsu le tapó el camino.
—Espera, Todomatsu.
Jyushimatsu estaba entusiasmado jugando béisbol solo a unos metros de distancia, así que no escucharía la conversación de Ichimatsu y Todomatsu.
—¿Qué pasa, Ichimatsu-niisan?
—Vas a verlo hoy, ¿verdad?
—Sí, será después del trabajo.
—Ten cuidado, no sabemos que intenciones tenga.
—Ichimatsu, Atsushi-kun no es así.
—¿Cómo puedes saberlo? Apenas lo conociste hace unos días...
—Sé que es una buena persona.
—¿Cómo sabes?
—Intuición.
—Todomatsu... —Estaba preocupado, aunque jamás lo admitiría.
—No te preocupes, quedamos de vernos a las 5:30 pm. Saldré temprano del trabajo y después lo compensaré con horas extras. Atsushi-kun me acompañará en parte del camino. ¡Estaré bien!
—De acuerdo. Confiaré en ti... —Le gustaba ver a su hermano feliz—. Ah, por cierto, no hizo falta que ayudara a distraer al resto. Parece que se levantarán muy tarde hoy.
—De todas formas, gracias.
—Ve. Se te hará tarde.
—¡Ah, es verdad! ¡Adiós Ichimatsu y Jyushimatsu-niisan! —Salió corriendo.
—¡Hasta luego, Totty! —Jyushimatsu levantó las manos y las agitaba.
Corrió unas cuadras más hasta que se cansó y comenzó a caminar. Pronto llegó a la cafetería.
Por suerte para él y sus compañeras de trabajo, no había mucha gente. Menos mal.
—¡Totty! Creímos que no ibas a venir de nuevo... —Aida habló.
—Nos preocupamos por ti. Te dejamos varios mensajes pero aun así no respondiste. —Sacchi parecía una madre la cual regañaba a su hijo.
—Lo siento, chicas. Lo compensaré con una buena jornada de trabajo —Sonrió preocupado—. Pero, tengo un favor que pedirles.
—¿Sí?
—¿Qué es?
—Pues, hoy saldré con unos amigos, es una reunión importante, y me preguntaba si podrían hacerme el favor de tomar mi lugar en el turno nocturno...
—Mmm... Está bien. —Aida aceptó.
—Bien, Totty. Pero deberás compensarlo otro día.
—¿De verdad? ¡Muchas gracias!
—Sí, pero anda ya... ¡A trabajar! —Sacchi dio unos pequeños aplausos.
Pasó el día y a decir verdad, fue un día tranquilo, no había mucha clientela como se acostumbraba.
Había momentos en los que Todomatsu se quedaba viendo el lugar detenidamente, como si estuviese buscando algo que apreciaba mucho y que acababa de perder. Recordaba la primera vez que vio a Atsushi. Era un ser magnífico. Simplemente era radiante a comparación del resto de personas... Tanto así, que aquel día descubrió su verdadero yo: le gustaban los chicos.
Pero, ¿sería que sí le gustaban los chicos o sólo... le gustaba Atsushi?
No importaba realmente, estaba feliz de haber encontrado aquel sentimiento.
Le daba tanta emoción pensar que lo volvería a ver pronto.
Casi serían las 5:30 de la tarde, faltaba alrededor de una hora.
Mientras no tenía trabajo que hacer revisó su celular, y en ese momento le llegó una nueva notificación. Era un mensaje de Atsushi. «¿De Atsushi-kun?»
Lo abrió enseguida, y decía así:
"Hola, Todomatsu. Hubo un pequeño inconveniente. Futsumaru me llamó para decirme que no podrá venir con nosotros. Seremos solamente tú y yo. Así que no creo necesario vernos tan temprano. Encontrémonos a las 6:00 pm. Espero que no te moleste. Pasaré por ti, no puedo esperar".
Todomatsu terminó de leer el mensaje y sin poder evitarlo, suspiró.
A pesar de que era temprano, oscurecía rápido, pero aun así había todavía un poco de luz solar. No tenía por qué preocuparse.
Faltaban diez minutos para la hora acordada del encuentro.
Todomatsu estaba nervioso, sentía mariposas en el estómago y no podía evitar que sus manos temblaran un poco. Su pulso estaba fuera de su control.
Escuchó el sonido de un motor aproximándose. La sangre se le heló...
Ahí estaba. Era Atsushi, estaba estacionado justo delante de la cafetería. ¿Qué le diría?
Todomatsu se despidió de las chicas y se aproximó al automóvil.
Sacchi y Aida recibieron varios clientes, así que poca o nada de atención le prestaron a Todomatsu una vez salió del local. Todomatsu advirtió ver a Atsushi recargado en el coche con las manos en los bolsillos, esperándolo. Caminó un poco alejándose de la cafetería y luego se quedó ahí, plantado, antes de llegar con Atsushi.
Sentía que lloraría de felicidad y nerviosismo. Atsushi no le quitaba los ojos de encima, que, por cierto, parecían estar cristalinos.
—Atsushi-kun... Yo... —Le hablaba a distancia.
—Ven aquí, Todomatsu.
Todomatsu se acercó. Si lo pensaba bien, no era nada cortés hablarle desde lejos después de tanto tiempo que ambos anhelaban volver a encontrarse. Dio unos pasos más hasta quedar frente a Atsushi.
Atsushi permaneció en silencio viendo directo a los ojos al más pequeño. Parecía como si quisiera intimidarlo.
—Atsushi-kun. Te... —Fue interrumpido.
Atsushi se acercó rápidamente a Todomatsu y le dio un fuerte abrazo. Todomatsu estaba de puntas, y Atsushi estaba un poco encorvado. Lo apretaba bastante, como si estuviera desesperado por su calidez.
El más pequeño se sorprendió totalmente por el acto del otro. No se lo esperaba para nada...
Correspondió al abrazo de Atsushi, apretando fuertemente su espalda. Al hacer esto notó que este último estaba temblando ligeramente. Era bastante cálido. Era una sensación hermosa, mejor que ninguna otra. Ambos deseaban que aquel momento, aquel abrazo, no terminara nunca. Era mejor así. Era un mágico momento... No necesitaban palabras para entenderse.
—Te extrañé, Todomatsu. —Su voz sonaba más suave que de costumbre. Parecería que estaba a punto de quebrarse, y al parecer, no tenía intenciones de soltarlo todavía.
—Yo también, Atsushi-kun. Yo también, de verdad... Te extrañé muchísimo. —Se pegó a su pecho. Olía muy bien, le gustaba aquella característica de él. Emanaba un olor a perfume caro, era bastante masculino y lo hacía enloquecer.
—Gracias por no olvidarte de mí.
—No podría hacerlo. Te quiero mucho. Simplemente no podría hacerlo....
Atsushi y Todomatsu se separaron. Atsushi tenía sus manos en los hombros de Todomatsu. Se vieron a los ojos un instante, y sonrieron. No podrían explicar con palabras cuán felices estaban por estar tan cerca el uno del otro. Era como un regalo divino, y por ende, una felicidad que se podría compartir solamente entre ellos dos.
—¿Nos vamos? —Atsushi le tendió la mano mientras esbozaba su tan atractiva y confiable sonrisa.
Todomatsu sonrió sonrojándose un poco y accedió. Tomó la mano de Atsushi y con ayuda de él, entró al carro. Estaba ya en el asiento de copiloto esperando que Atsushi entrara también, pues debía rodear el auto después de abrirle la puerta para entrar por la contraria. Estaba feliz pero nervioso. Era una linda sensación, a decir verdad. Intentaba disimular su infantil sonrisa, no solamente porque le parecía inadecuada, sino también porque le daba vergüenza que lo viera de aquella manera.
Hubo silencio. Cuando el chico de terno entró al auto, Todomatsu se estremeció. Pronto echó a andar el auto. Le daba pena hablar estando cerca de él. Una vez dentro del automóvil sólo escuchaba la respiración de su chico, como ya lo había notado antes, y le daba una sensación de inseguridad.
—Atsushi-kun. —No sólo debía escuchar, también intentaría entablar conversación con él—. ¿A dónde vamos?
—¿A dónde quieres ir?
Todomatsu desvío la mirada hacía la ventana que estaba de su lado pensando en la respuesta que le daría.
—No estoy seguro... —Realmente no le importaba. Sólo quería estar cerca de él. Era lo único que era verdaderamente importante para él.
—Mmm.... Hay un lugar cerca al que suelo recurrir cuando asisto a citas grupales. —Lo dijo como pensando en voz alta—. ¿Vamos allí?
—¿Eh? Ah, sí. Por mí está bien... —bajó el volumen— …mientras esté contigo.
—De acuerdo. —No pudo evitar sonreír—. ¿Te gusta beber?
—Sí me gusta.
—Entonces te agradará ese lugar.
El recorrido no duró mucho. Como lo mencionó Atsushi, el lugar estaba cerca. Era pequeño, pero lindo. Además, tenían privacidad. Atsushi ordenó la comida, siempre que Todomatsu estuviera de acuerdo. Para Atsushi, takoyaki. Para Totty, Udon.
Ambos lo acompañarían con horenso gomaae. Pronto cada uno ya tenía su platillo delante de él, con un tarro americano lleno de cerveza bien fría.
—Atsushi, de verdad me alegro de poder estar aquí hoy, contigo. Muchas gracias.
—¿Por qué agradeces? No hay porqué hacerlo... Además, yo también me alegro de poder estar aquí contigo. —Sonrió ladeando un poco la cabeza.
—Está bien... —Sonrió también.
—Vamos, come. Esto debe de estar bueno.
—Sí. —Intentaba comer, pero no quería quitarle la mirada de encima a Atsushi. Tenía muchas cosas que decirle, pero no sabía por dónde empezar.
Miraba como Atsushi sujetó los palillos para tomar una bolita de takoyaki, mientras masticaba suavemente. Se veía muy lindo. Era como el príncipe de un cuento infantil, ahora que lo veía bien. De esos príncipes que las niñas pequeñas amaban con todo su corazón al verlos en películas de princesas. Era un muchacho de ensueños.
También tomó los palillos para comenzar a comer. La comida en medio de todos aquellos pensamientos no le sabía a nada, pero poco le importaba. Le dio un trago al tarro de cerveza.
Seguía pensando que Atsushi era especial. ¿Es posible no poder cansarse de ver a alguien? Podría estar así todo el bendito día.
Pronto se dio cuenta de que por estar flotando en aquel mundo de sueños y fantasías, dejó de respirar, y a causa de eso, se estaba ahogando. Tosió violentamente. «Qué vergüenza», pensó.
—¿¡Todomatsu!?, ¡¿estás bien?! —Atsushi se acercó rápidamente y le dio unas cuantas palmaditas en la espalda.
Se recuperó de inmediato.
—Ah... —Recuperó el aire—. Gracias, Atsushi-kun...
—Me asustaste... ¿Qué sucedió?
—Lo siento, no mastiqué bien... —Mentiras. Dejó de respirar por su encanto.
Atsushi dio un suspiro de alivio. Pronto el sol comenzó a ocultarse. En aquella habitación donde estaban había una pequeña ventana que les permitía ver el ocaso.
—Qué lindo está el cielo... —Atsushi miraba aquel hermoso cielo con esponjosas nubes, entre anaranjado y rosa.
—Lo es, totalmente. —Él miraba a Atsushi.
Atsushi volteó a ver a Todomatsu. Los dos acabaron su comida, aunque aún les quedaba algo de cerveza. ¿De qué deberían hablar ahora? Esta vez Todomatsu no hizo ningún esfuerzo por hablar primero, estaba dispuesto a esperar y escuchar.
—Todomatsu, te extrañé. De verdad lo hice.
—Igual yo, Atsushi-kun... Sentía que moría.
—Creo fielmente que somos especiales.
—¿Especiales?
—Juntos, sí. ¿Crees en el hilo rojo del destino?
—Creía que era solo un mito, pero con esto, ahora sé que es real.
—Lo es. Por supuesto que lo es. Es decir... Desde el momento en que te vi sentí algo especial, y aún lo siento. —Estiró sus manos hasta Todomatsu.
Totty le dio sus manos y las entrelazaron. Aquel tacto era demasiado suave. Posiblemente era lo que más le gustaba de Atsushi; su infinita dulzura.
—Haces que me sienta especial. Creo también de una manera fiel que nacimos el uno para el otro. No tiene mucho que nos conocimos, pero... este amor a primera vista es auténtico. Como en un cuento. —Terminó la frase con una enorme sonrisa.
—Sí, como en un cuento —Rió—. Ahora que lo dices, me siento como en un cuento.
Hubo un pequeño momento en silencio.
—Atsushi-kun... ¿Puedo ir contigo?
—¿Eh?
—A tu lado. Literalmente. Quiero estar cerca de ti...
—Ah, sí, claro.
Todomatsu se levantó y se fue al otro lado de la mesa, sentándose justo al lado de Atsushi.
Al hacerlo volteó a ver al mayor y sonrió. Tenía las mejillas rojas a causa de todo lo que había bebido. Seguían ambos con las manos entrelazadas fuertemente.
—Atsushi-kun. Le conté... a mi hermano Ichimatsu sobre lo nuestro.
—¿Eh?, ¿por qué?
—Estaba muy triste y el insistió, además necesitaba hablar con alguien para desahogarme. Y...
—¿No me digas que...?
—No, está bien. Él... me apoya. Nos apoya, mejor dicho.
—¿De verdad? Esa es una buena noticia.
—Pero el resto de mis hermanos no lo sabe y tengo miedo.
—¿El resto de tus hermanos...?
Todomatsu nunca le habló sobre su familia y ahora lo hacía de repente, cosa que le pareció extraña.
—¡Sí! —Estaba ligeramente ebrio. En otras circunstancias jamás admitiría que tenía hermanos frente al chico, y ahora lo decía fuerte y claro—. ¿Y si se dan cuenta de lo nuestro? No quiero...
—No te preocupes, todo estará bien.
—No quiero...
—Todomatsu, hay algo que...
—Atsushi-kun, ¿cuidarás de mí?
Atsushi tenía planeado pedirle aquel día que salieran oficialmente, pero en la condición que estaba Todomatsu, preferiría hacerlo después. No estaba tan borracho, pero no estaba con su mente al 100%, desde luego.
—No dejaría que nada te pase.
Todomatsu dio unos sorbos más a la cerveza. Atsushi tenía mucha resistencia al alcohol, todo lo contrario a él.
—Atsushi-kun, no me siento muy bien.
—Es porque bebiste demasiado.
—Si solo fue un vaso...
—Pues con eso bastó. —Rió. Su voz era grave, pero cuando reía, era como escuchar a un ángel—. Volvamos al auto.
—Bien...
8:00 pm.
Todomatsu se balanceaba un poquito al salir del local. Entraron al auto.
—La dirección.
—Ah, no, Atsushi-kun... Aún no quiero volver.
—¿Entonces?
—De ser posible... quiero hablar contigo aquí.
—Está bien. Moveré el auto a un lugar mejor.
Atsushi condujo hasta una especie de colina donde se podía apreciar perfectamente la ciudad. Las luces se veían pequeñitas y lucían hermosas.
—Bien. Ya estamos completamente solos.
—Mhm. Gracias, Atsushi-kun.
—No hay de qué. ¿Ya te sientes mejor? Podemos ir a conseguir medicina o algo.
—Estoy bien, gracias. Necesitaba respirar aire fresco.
—¿De qué querías hablar?
—De nada en especial. Con pasar tiempo a solas contigo soy feliz. Incluso si es en silencio...
Por el día, el clima era cálido. Pero por la noche hacía verdaderamente mucho frío. Los vidrios del coche se empañaban y eso lo hacía sentir seguro estando al lado de Atsushi. Eran sólo ellos dos.
—Entiendo. —Nuevamente se agarraron de las manos.
Todomatsu cabeceaba por los efectos del alcohol. Le estaba ganando el sueño.
Una vez más escuchaban sus respiraciones. La de Todomatsu era pesada y la de Atsushi tranquila.
—Atsushi-kun, nunca imaginé que estaría así contigo.
—Yo tampoco, pero estoy feliz.
Todomatsu se quedó poco a poco dormido, se recargó en el pecho de Atsushi y este se dejó.
Atsushi podía sentir la calidez del jovencito y esto lo hacía enloquecer a su vez. No estaba seguro si era por el alcohol que ingirió con anterioridad, pero comenzó a sentir mucho calor, así que se despojó de su saco, moviendo un poco al más pequeño haciendo que despierte. Todomatsu tenía las mejillas bastante rojas por el calor así que hizo lo mismo y se despojó de su sudadera de una vez.
Atsushi se acercó a Todomatsu para acariciar su cabello.
Todomatsu dejó que las manos de Atsushi lo llenaran de caricias. Poco a poco Atsushi se fue acercando a Todomatsu, recargándolo contra el asiento. Atsushi metió sus manos debajo de la camisa de Todomatsu sobando su abdomen, mientras depositaba pequeños besos en su cuello. Por tal acto Todomatsu soltó inconscientemente un leve gemido.
El aliento de ambos hacía que los vidrios se empañaran aún más. Atsushi tomó a Todomatsu de las muñecas y se recargó en su pecho, escuchando los latidos de su agitado corazón.
—At-Atsushi-kun....
Atsushi se recargó dejando caer su peso sobre el frágil cuerpo de Todomatsu. Se lo pensó un momento. ¿Lo harían ahí, en el auto?
Olió su cabello. Aún apretaba fuertemente sus muñecas. Todomatsu no hacía ningún intento por safarse del agarre. Se aproximó un momento al rostro del pequeño para darle un beso en los labios, pero Todomatsu se volteó. Apretaba con fuerza sus puños. Cerraba los ojos fuertemente y evitaba la mirada de Atsushi.
—¿Todomatsu?
—Atsushi-kun, aquí no —habló con timidez—. Tengo miedo... Yo nunca lo he hecho.
Atsushi se quedó viendo a Todomatsu un momento. Quedó perplejo por sus palabras. ¿Nunca lo había hecho? Le dio vueltas al asunto.
—Todomatsu...
—Por favor. Aquí no. —Temblaba. Sus ojos se llenaron de unas casi imperceptibles lágrimas y seguía bastante sonrojado—. Todavía no. Tengo miedo, Atsushi-kun...
Entendió de inmediato: Todomatsu todavía era virgen. Por eso tenía tanto miedo. Jamás lo creyó. Debía ser todo lo contrario al ser popular entre las mujeres, pero no lo era. Además, comprendió enseguida a Todomatsu. No era un buen lugar para llevar a cabo aquella acción. Debería ser en un lugar y momento hermoso para que sea inolvidable. Se estaba aprovechando de la ebriedad del menor, ¿no es así? Si de verdad lo quisiera podría usar la fuerza con él, pues sus impulsos de llegar a aquella intimidad eran muy fuertes también, pero... No, no debía. Lo quería mucho como para poder hacerle algo tan horrible. Lo que menos quería era verlo llorar. Encima, también se sentía nervioso. Las viejas memorias y el momento presente no le permitieron seguir moviéndose con libertad.
Lo soltó de las muñecas y acarició una de sus mejillas.
—Tienes razón. Lo siento, no llores, por favor. —Depositó un besito en su frente.
—Lo... siento. —Miró a los ojos a Atsushi—. No puedo evitarlo. Tengo miedo...
—No, no. Está bien. No te haré nada que no quieras, Todomatsu.
—Atsushi-kun... —Abrió sus brazos para alcanzar a Atsushi que todavía estaba sobre él.
Atsushi se agachó y lo abrazó. Estaban en un solo asiento que habían echado para atrás.
—Perdóname tú a mí.
Todomatsu se aferró a Atsushi. No quería soltarlo. Lo sabía, fuese cual fuese la ocasión, Atsushi era muy dulce. Lo amaba. Sin duda alguna era su persona favorita.
Atsushi recuperó su postura y se acomodó la corbata. Tomó el volante y se dirigió a la casa de Todomatsu.
—Atsushi-kun, no me dejes en la puerta.
—¿Por qué?
—Por favor. No quiero que ellos vean.
—Está bien... —Suspiró.
Mintió. Atsushi de ninguna manera lo dejaría lejos de su casa estando ebrio. Era muy peligroso. Siguió el camino que Todomatsu le había indicado sin ninguna intervención. Dos cuadras antes de llegar, el chico más pequeño le pidió que lo dejara ahí en la banqueta.
—Atsushi-kun, por favor... —Lo sujetó de la manga de su camisa, mientras que Atsushi tenía todavía la mano en el volante.
—No, Todomatsu. Te llevaré a tu casa. —Todomatsu frunció el ceño—. Además, tienes cosas que llevar contigo —siguió diciendo Atsushi y echó una mirada a los asientos de atrás.
Todomatsu volteó y lo notó. Eran las bolsas con sus compras que había olvidado aquel día en el que salieron juntos.
—Está bien...
Atsushi estacionó el auto enfrente de la casa de los Matsuno, bajó del auto y abrió la otra puerta para ayudar a Totty a bajar. Atsushi con una mano cargaba las bolsas y con la otra dejaba que Todomatsu apoyara su espalda en él. De repente las luces de la sala se encendieron y se escuchaban los pasos de alguien que se aproximaba a la puerta principal.
—Atsushi-kun, vete. Por favor, vete ya. Mis hermanos...
—Está bien. ¿Y las llaves?
Todomatsu bajó la mano a la bolsa de su pantalón. Revisó sus bolsillos desesperadamente, pero no las llevaba con él. Deberían tocar la puerta aunque no lo quisieran. Atsushi dio un suspiro con pesadez y tocó suavemente la puerta. Alguien se aproximaba.
—¡Atsushi-kun, no! —Todomatsu lo tomó del brazo.
Pronto uno de los sextillizos abrió la puerta lentamente y asomó la cabeza. Se trataba de Ichimatsu.
—Buenas noches —Atsushi saludó cortésmente—. Perdón por las molestias.
—Oh. Buenas... noches... —Ichimatsu quedó estupefacto. No se esperaba ver a aquel muchacho aquella noche.
—Todomatsu se siente un poco mareado, pero no es grave, así que pensé que lo mejor sería que lo trajera hasta acá.
—Ah... Sí. —Ichimatsu se agachó para que no le pudiera ver el rostro en medio de la oscuridad, pero al parecer esto no sirvió de mucho, pues Atsushi lo miraba fijamente, casi como si lo escaneara.
—¿Eh? —Atsushi se agachó también—. Ustedes son... ¿gemelos?
—Eh... —Ichimatsu se puso tenso.
—Ichimatsu-niisan... No te preocupes, estoy bien. —Todomatsu estiró una mano balanceándose en él mientras lo abrazaba.
"Ichimatsu". Al escuchar aquel nombre, Atsushi lo supo. Sin duda alguna se trataba del hermano de Todomatsu, de quien le había hablado hace casi una hora atrás.
—Estas cosas son de Todomatsu. —Le pasó las bolsas a Ichimatsu—. Bueno... Perdón por la interrupción, me retiro por hoy. —Decidido se dirigió al auto.
—A... A-¡Atsushi-san! —Ichimatsu le gritó. Todomatsu le dio un vistazo extrañado por la acción de su hermano quien solía ser siempre muy tímido como para alzar la voz. Atsushi volteó—. Gra-Gracias por cuidar de mi hermano...
—No hay de qué. —Le dedicó una sonrisa al mayor de los hermanos y subió al coche.
En ese instante Osomatsu se asomó por la ventana junto con Jyushimatsu.
—¡Oye, Ichimacchan! —Osomatsu le gritó desde la ventana—. ¿Ya llegó Todomatsu? —Preguntó solo por preguntar, pues ya había visto al mencionado.
—Sí, aquí está.
—¿Hum? —Osomatsu echó una rápida mirada a Atsushi. —¿Y ese?
—¡Totty se divirtió mucho hoy! —Jyushimatsu agitaba sus mangas sueltas por la ventana.
—¿Qué cosas dicen? —Todomatsu se abrió paso y entró a la casa.
Ichimatsu metió las bolsas con las ropa y las dejó en la sala.
Atsushi volteó a ver a Osomatsu y abrió bastante los ojos al cruzar miradas con él. Finalmente sonrió y se fue conduciendo el automóvil.
Totty finalmente entró a la habitación. Se acostó en la orilla del futón y cerró los ojos. Los demás se le quedaron viendo extraños y con un toque de molestia, a excepción de Ichimatsu, que parecía tranquilo.
—¡Oye, Todomatsu! —Osomatsu lo llamó.
—Totty. Totty, Totty, ¿Totty? —Choromatsu le insistía, aunque no conseguía respuesta.
—¿Estás bien, brother? —Karamatsu le picó los cachetes.
—¡TOTTY! —Jyushimatsu gritó juguetonamente y funcionó. Todomatsu abrió los ojos.
—¿Hum? ¿Qué quieren? Déjenme dormir... —Todomatsu se aferró a la almohada.
—¡Dinos a dónde fuiste! Llegaste más tarde de lo que deberías. ¡Tú sales del trabajo a las 8:00 de la noche!, ¿no?
—No fue a ningún lado. Ya les dije que... —El cuarto lo excusaba.
—¡Deja de cubrirlo, Ichimatsu! Todos sabemos que fue a alguna otra parte. Además, ¿quién era el tipo de recién?, ¿eh?
—Yo no lo conozco.
—Todomatsu... —El tercero se unió—. Deberías de considerar llevarnos a dónde sea que tú vayas. ¡Estamos desesperados!
—Ya les dije que a ningún lado. —Todomatsu estaba enfadado.
—¡No nos has dicho nada de nada! —Jyushimatsu le estaba llevando la contraria, al parecer.
—Bueno, fui a beber a un lugar de por ahí... ¿está bien?
—¿Eh? ¡no es justo, my little brother! —Karamatsu exclamaba.
—¿Por qué estás tan cansado? —Osomatsu no se rendiría—. No me digas que hoy... ¿¡Finalmente perdiste la virginidad con alguna chica!?
—¿¡Eh!? ¿¡Fue así, Todomatsu!? —Choromatsu se exaltó.
—¡¿Eeehhh?! —Jyushimatsu era el más ruidoso de todos.
Ichimatsu sólo atinaba a quedarse viendo la escena desde la esquina de la habitación silenciosamente.
—¿¡Finalmente lo hiciste, Todomatsu!? —Karamatsu tenía un brillo peculiar en sus ojos—. ¡Brother!
—¡Enséñanos, Todomatsu! —Choromatsu se acercó al más pequeño.
—No le pidas algo así, Choromatsu-niisan. ¡De cualquier manera no podrás dejar las pajas! —Jyushimatsu le dijo mientras reía.
Se hizo una algarabía.
—¡Ya! ¿¡Por qué nunca me escuchan!? —Todomatsu se enfureció—. ¡No hice nada y no salí con ninguna chica! ¡Estoy diciendo la verdad!
A decir verdad, casi perdía la virginidad, pero con un muchacho. Pensar en eso lo hacía estremecerse y sentía un ligero cosquilleo en el estómago. En ese momento no se sentía capaz de hacerlo, ¿pero acaso podría alguna vez?
—¿Saliste con alguien de la preparatoria? —Choromatsu preguntó.
—¿Eh? Eso es imposible... —Karamatsu lo descartó al instante.
—Nadie nos habla desde la graduación. —Osomatsu razonó.
—No. Nadie de la preparatoria. —Afirmó Todomatsu.
—¿Entonces? —Osomatsu insistía.
—¿Qué?
—¡No te hagas el tonto, Todomatsu!
—¿Eh?, ¿por qué lo dices, Osomatsu-niisan? ¡Ya basta!
—¡Pues porque...!
—¡Te vimos con un chico cuando llegaste! —Jyushimatsu terminó la frase del mayor.
—Ah... Él es... —Dio una rápida ojeada a Ichimatsu, quién permanecía inmóvil en la esquina de la habitación, sin decir absolutamente nada. Ni siquiera hacía gestos—... mi compañero de trabajo.
—¿Saliste sólo para beber con él? —Choromatsu cuestionó.
—¡Sí! Es mi amigo.
—Todomatsu... —El quinto lo llamó.
—No confío del todo en ti, Totty. Algo me dice que hiciste algo más... —Karamatsu estaba seguro de sí mismo—. ¿Acaso de verdad tocaste a una chica y no nos lo quieres decir? ¡Está bien! Pronto lo haremos nosotros también...
—No, Karamatsu-niisan.
—Totty, estás ebrio. Apestas a alcohol...
—¡Claro que no! Bueno... Sólo un poco, ¡pero estoy bien! —Tomó la almohada y se la puso encima de la cara, apretándola fuertemente contra todo su rostro—. ¡Ya déjenme dormir, estúpidos hermanos! Déjenme... —Se escondió entre las cobijas del futón.
Todos una vez más ignoraron el tema y se acostaron para intentar dormir. No volvió a haber molestias o interrupciones.
A la mañana siguiente, Todomatsu se levantó más temprano que de costumbre para irse a la cafetería a reponer las horas de trabajo que las chicas le habían disminuido.
Fue un día pesado. Le dolía la cabeza, pero aun así les ofrecía una enorme sonrisa a sus clientes.
En uno que otro rato platicaba con Sacchi y Aida y se divertía. Después de todo se sentía más que agradecido con ellas.
Por lo menos aquel trabajo no era del todo pesado. Al pensar en aquello se preguntó en qué trabajaría Atsushi. Debía de ser un muy buen trabajo, sí o sí. No dejaba de pensar en él. No había hecho el ridículo por pasarse de copas aquella noche, o al menos eso creía. De cualquier forma, a Atsushi siempre se le vio contento y nunca reclamó sobre nada. Era un muy buen punto.
—Totty —Sacchi lo llamó—, ¿quién era tu amigo de ayer?
—Es que nos llamó la atención —Aida continuó—. Parece ser un buen chico. Pero no pudimos ver cuándo se encontraron, teníamos mucho trabajo.
—Ah. Él es Atsushi-kun. —Hizo una pausa—. Es un amigo de la universidad —mintió.
—Deberías de presentárnoslo... —Sacchi bromeó.
Las dos chicas rieron.
—Claro, algún día. —Todomatsu les devolvió la sonrisa.
Siguieron con el trabajo. Pronto pasó el tiempo y la hora de la salida llegó. Todomatsu se despidió de Sacchi y Aida y caminó hasta su casa.
Cuando abrió la puerta para entrar a su habitación, notó que Ichimatsu y Jyushimatsu jugaban mah jong en una pequeña mesa; casi a oscuras.
—Ya llegué. —No se esforzó en hacerse oír ante toda la familia.
—¡Sí! —Jyushimatsu quitó la atención del juego—. ¡Bienvenido a casa, Totty!
Como de costumbre, fueron a dormir todos juntos. Todomatsu intentaba con todo lo que podía concentrarse en el sueño, pero no lo lograba. Lo cual era extraño, pues se supone que con todo el trabajo que tenía debería de estar cansado. Era más de media noche.
Todomatsu escuchó el zumbido de su celular por encima de él, el cual estaba fuera del futón. De inmediato tomó el celular y revisó sus notificaciones. Tenía un mensaje de Atsushi que decía:
"Buenas noches, Todomatsu".
Sonrió. Era realmente tarde, pero Atsushi pensó en él incluso en el último momento. Seguro trabajaba en una oficina o algo por el estilo con aquel horario tan espantoso.
Pronto sintió ganas de ir al baño. Qué mal... Aún no superaba su miedo a la oscuridad. Pensaba en hablarle a alguno de los tres mayores, pero de inmediato descartó la idea. Últimamente no se estaba llevando bien con ellos y pensar en eso lo hacía ponerse histérico. Pensó en la mejor de sus opciones: Ichimatsu.
Salió con cuidado de las cobijas y se acercó al cuarto de sus hermanos.
—Ichimatsu-niisan... —Susurró. No logró despertarlo del todo, así que siguió insistiendo—. ¡Ichimatsu-niisan...! —Subió el tono de su voz, aun susurrando.
—¿Hum? —Solo recibió un gruñido por parte de Ichimatsu—. Todomatsu, ¿qué sucede?
—Baño. Quiero ir al baño.
Ichimatsu suspiró.
—Voy... —Ichimatsu se incorporó y se levantó del futón.
Salieron de la habitación y llegaron al baño. Ichimatsu esperaba afuera al más pequeño. No podía dejar de bostezar, aún tenía mucho sueño, pero no podía solamente ignorar a Todomatsu.
Estaba recargado contra la espesa pared con los brazos cruzados, medio dormitando.
Todomatsu salió del baño y se dirigió hacia su hermano.
—Listo, Ichimatsu-niisan. Gracias. —Tomó de los hombros a Ichimatsu sacudiéndolo un poco para despejarlo del sueño.
—De nada... —Se dio la vuelta—. Volvamos.
—Espera. —Tomó al mayor del brazo—. Tengo hambre... ¿podrías acompañarme a la cocina? —Esbozó una tímida sonrisa.
—Es muy tarde, Todomatsu.
—Vamos, Ichimatsu...
—Mmm... Está bien.
Caminaron a la cocina. Ichimatsu se sentó en una de las sillas que estaban incorporadas a la mesa esperando a Todomatsu, mientras que este último husmeaba entre la alacena para ver qué podría comer. Al final se hizo un sándwich con crema de cacahuate. Buscó algo más para Ichimatsu.
—Ten. —A Ichimatsu le dio una bolsa de papitas.
Ichimatsu la tomó. Comían en la mesa en silencio. Sólo se escuchaba cómo masticaban.
2:30 am. Terminaron de comer.
—Todomatsu. Debo decirte algo.
—¿Mmm? ¿El qué?
—Hoy llegó algo a la casa mientras trabajabas.
—¿Eh?
—Un paquete. No, no luce como un paquete... Pero es para ti.
—¿Para mí?
Ichimatsu asintió.
—Ven conmigo.
Salieron de la casa por la parte de atrás y se dirigieron a donde dormían los muchos gatos que Ichimatsu cuidaba.
—Ichimatsu-niisan, ¿qué significa esto?
—Ten. —Ichimatsu le tendió el objeto.
Todomatsu lo agarró con cuidado. Era una caja de regalo de un brillante color rosa metálico con una enorme cinta de color rojo. La caja era pequeña.
—¿Y esto?
Los dos caminaron y entraron de nuevo a la casa. Se sentaron en el sofá de la sala.
—No estoy seguro —hablaba Ichimatsu— pero creo que es de ese tipo Atsushi...
—¿Eh? —Estaba desconcertado. Por un momento pensó que había envuelto sus propias ropas que olvidó en el auto—. ¿Y qué es?
—No lo sé. Traté de ocultarlo tan rápido como pude, pero Osomatsu y los demás lo vieron. Estaba esperando el momento adecuado para dártelo. Pensaba hacerlo mañana...
—Gracias, Ichimatsu-niisan. Pero, ¿les dijiste de...?
Todomatsu estaba preocupado.
—No. Ellos piensan que es un regalo de parte de una chica, aunque no discutieron mucho conmigo. Les dije que era tuyo, así que sólo tú podrías ver qué había dentro. Por eso lo oculté atrás y debajo de la casa. No dejé que vieran quién lo enviaba —Explicaba Ichimatsu.
—Gracias.
—Que no se den cuenta.
—Va a ser difícil. ¿Qué les diré?
—Te ayudaré. Además....
—¿Qué pasa?
—Quiero saber cómo te fue. No me has contado nada.
—Oh. —Todomatsu esbozó una sonrisa—. Te lo diré mañana.
Ichimatsu sonrió y asintió. Todomatsu dirigió su mirada a la pequeña caja que yacía en sus pequeñas manos.
—¿Está bien si lo abro?
—Hazlo.
Totty jaló de la cinta. Enseguida vio el regalo. No era algo muy significante, pero era lindo.
—Todomatsu...
Luego de soltar una risita, el mejor dijo:
—Atsushi-kun es mi persona favorita.
Chapter Text
Tomó entre sus manos el pequeño objeto.
Era un llavero de conejo muy esponjoso y de color rosa. Tenía un listón en el cuello que decía: "Te quiero". Era adorable. Al fondo de la pequeña caja venía una pequeña nota que decía: "Has pintado mi mundo igual que el tuyo. De rosa".
Todomatsu apretó un poco el pequeño peluche y lo acercó a su rostro para aspirar su aroma y sentir su suavidad. Pensó que tenía el mismo aroma que el perfume de Atsushi.
—No entiendo —Todomatsu habló por lo bajo—. ¿Atsushi-kun envió esto antes de que nos viéramos?
—Tal vez quería que fuera una sorpresa para cuando llegaras.
—Gracias de nuevo, Ichimatsu-niisan. —Le tomó la mano derecha—. No sé qué haría sin ti.
El mencionado se ruborizó un poco.
—Heh...
—Volvamos a la habitación.
Entraron de nuevo al futón junto con el resto de sus hermanos y durmieron tranquilamente. El llavero lo guardó en su bolso que usaba para llevar sus cosas al Sutabaa. De esa forma sus hermanos no esculcarían ahí.
Pronto todos despertaron. Otro día comenzó. Todomatsu e Ichimatsu fueron los últimos en levantarse. Todos desayunaban en la pequeña mesa redonda que se encontraba en medio de la habitación.
— Ichimatsu... —Choromatsu lo llamó. El cuarto sólo volteó a verlo. —Ya dinos qué era. ¿Tú lo viste, verdad?
—¿Eh?
—Yes! No pude dejar de pensar en eso anoche... —Karamatsu apoyó su mano contra su mentón—. ¿O no, Osomatsu?
— Ah, sí. —El mayor de todos dejó de masticar—. Queríamos... No, ¡queremos saber qué le regaló esa chica! —Dicho esto, dirigió su mirada a Todomatsu.
—Ah... Eso no era... —Ichimatsu inventaría una excusa o mentira que los callara.
—¿¡Eh!? ¡No se escucha! —Jyushimatsu reía meciéndose de un lado a otro energéticamente—. ¡Qué hable más fuerte! —Aplaudía aun manteniendo su enorme sonrisa.
—No era de una chica ni nada así —Todomatsu soltó en seco.
—¿Eh? ¿Abriste ya el obsequio, Totty? —Choromatsu parecía extrañado—. ¿A qué hora?
—Eso no te importa.
—¡Si te estoy preguntando es porque me importa!
—Sólo dinos, Totty. No nos importa en realidad lo que había dentro de la caja... Lo que de verdad queremos, ¡es conocer a la chica! —Osomatsu se entusiasmó con su propio comentario.
—¿Para qué? Ya les dije que no hay ninguna chica. Es una caja que me llegó de un amigo.
—¿Qué amigo? —Karamatsu se interesó—. No tenemos amigos, my little brother...
—¡Ustedes no tienen amigos porque son unos malditos ninis! ¡Yo sí tengo amigos! —Golpeó la mesa con su puño—. ¡Ya conocen a mi amigo! Del que les hablé... Futsuumaru. ¿¡Acaso lo recuerdan!?
Los cinco se quedaron viendo al techo ignorando al pequeño.
—¿¡Lo ven!? ¡No me prestan atención! —Todomatsu posó sus manos sobre su cabeza simulando arrancarse el cabello a tirones.
—Parece que no nos dirás la verdad —El tercero se indignó.
—No necesito decirles nada, ¡dejen de molestar!
Todomatsu ni siquiera acabó de comer. Se levantó enfurecido de la mesa y se salió al patio trasero a grandes zancadas.
Los demás sólo se quedaron viendo hacia la puerta. Osomatsu siguió comiendo como si nada hubiese pasado, e Ichimatsu dio con pesadez un leve suspiro.
Totty permaneció afuera viendo el cielo aborregado.
¿Siempre sería así? Se preguntaba por qué sus hermanos se metían en todos sus asuntos. Nunca podía hacer nada en paz, pues tenía que cuidar que ellos no estuvieran cerca para que no arruinaran lo que sea que estuviera haciendo. No podía salir con nadie, ni hablar con nadie. Con suerte y había podido mantener su trabajo, pero porque los había convencido de no ir a verlo ya que les prometió "ayudarlos a ascender". Prácticamente cualquier cosa era un suicidio si implicaba llevar a sus hermanos con o cerca de él.
Se seguían comportando como niños pequeños y lo hacían quedar mal a él también. Ya estaba harto. Permaneció solo un momento más.
[ ...... ]
—Todomatsu.... —Ichimatsu posó su mano izquierda en uno de los hombros del menor.
El más pequeño no prestó atención. Ichimatsu se puso de cuclillas al lado de él.
—Ichimatsu-niisan. Gracias por ayudarme en todo momento, pero si te es difícil, puedes detenerte.
—No —Negó con la cabeza—. Nada de eso. Esos tipos son muy molestos, lo mejor será no hacerles caso. Así son desde que recuerdo.
—Ah, sí. Desde que íbamos todos juntos a la escuela... —Todomatsu sonrió con nostalgia—. Éramos todos los más ruidosos en el metro. Qué vergüenza...
—Antes éramos todos muy unidos —dijo Ichimatsu. Todomatsu sonrió mirando hacia el suelo—. Pero... —Ichimatsu continuó— no hay necesidad de que lo sigamos siendo ahora.
—¿Eh? ¿Qué dices, Ichimatsu-niisan?
—Tú debes saber mejor que nadie a lo que me refiero.
—No, no. No entiendo. Ichimatsu, ¿qué quieres decir con eso?
—No hay necesidad de que sigas aquí.
—¿Eh? Acaso...
—No. No estoy diciéndote que te vayas, pero si esa es la única manera en la que podrás ser feliz puedes considerarlo... —Desvío la mirada un momento, aunque el menor no lo estaba viendo.
—¿Por qué?
—Ya no nos necesitas.
Todomatsu levantó la vista al cielo e inhaló profundamente para después exhalar.
—Ichimatsu-niisan, yo no voy a dejar de necesitar nunca de ustedes. Son mis hermanos. Además somos sextillizos y yo...
—¡Me sacas de quicio, Todomatsu!
—¿Qué dices Ichimatsu? Yo sólo...
—¡No tiene caso! —Hizo un ademán exagerado—. ¡Es que simplemente no lo tiene!
Ichimatsu estaba verdaderamente molesto. Esa actitud nunca la sacaba a relucir abiertamente y terminó por desconcertar al menor. Era inusual por donde sea que lo veas.
—Todomatsu... —El mayor continuó diciendo—: Pensaba dejarlo a tu criterio, pero veo que no puedo. Si sigues con nosotros no llegarás a nada nunca, ¿está bien? Déjanos atrás de una vez por todas. Mientras los seis estemos juntos seguiremos dejando basura a nuestro paso, y no quiero que esto continúe así.
—Ichimatsu...
—Si tú eres el único que puede salvarse de esa desdicha, está bien. Pienso que es mejor así. Así que ve. Puedes hacerlo. Por favor... No quiero que te lamentes en un futuro por nuestra culpa.
—No lo haría nunca.
—¡Deja de decir eso! —Apretó los puños—. A pesar de que todos te hemos hecho cosas terribles... A pesar de que hemos arruinado parte de tu vida, tus relaciones con tus amigos y el hecho de que te hemos ignorado en ocasiones... ¡Sigues siendo igual de blando! Ya, deja de decir eso - Para cuando terminó de reprender a su hermano, notó que lo tenía apretando fuertemente de los brazos.
—Ichimatsu... —Tragó saliva—. Me lastimas.
—Por favor, considera lo que te he dicho.
—Eso duele... ¡Me estás lastimando!
Ichimatsu lo soltó.
Todomatsu se sobó ambos brazos frotándose como si quisiera entrar en calor. Apretaba los dientes con fuerza mientras gruñía.
—Disculpa.
—Lo haré, Ichimatsu-niisan. Estoy seguro de que lo haré.
Todomatsu fue a trabajar el día entero y aquella mañana no interactuó para nada más con ninguno de sus hermanos. El día se pasó muy lentamente, pues sus pensamientos no lo dejaban concentrarse en nada más. En un pequeño descanso revisó su celular y miro un mensaje que Atsushi le dejó otra vez:
"Buenos días, Todomatsu. ¿Cómo estás? ¿Ya te sientes mejor?".
Sonrió al terminar de leerlo. Sólo le contestó:
"Mucho mejor. Gracias, Atsushi-kun".
El mensaje lo había recibido temprano, y lo contestó tarde. Se preguntaba cuál sería el horario de trabajo de Atsushi. No había mucho trabajo realmente, y Sacchi y Aida no estaban cerca de él, así que decidió hacer una llamada. Se arriesgaría en interrumpir a Atsushi.
Tomó el móvil y marcó al número. Se puso el celular en la oreja y esperó.
Nada. No contestaba nadie. Volvió a intentar. Seguía el mismo silencio. Se dio por vencido y dejo el celular en la barra.
Casi de inmediato su teléfono sonó. Lo tomó de inmediato y contestó.
—¿Hola?
—Todomatsu, ¿qué sucede?
—Eh... Atsushi-kun - Sonrió infantilmente. - Buenas tardes…
—No tienes por qué ser tan formal conmigo, lo sabes - Sonaba bastante amigable.
—Lo siento. Atsushi-kun, ¿estás trabajando?
—¿Hmm? Ahora no, ¿por qué?
—No quería interrumpir.
—No lo haces, Todomatsu.
—Atsushi-kun... Extrañaba escuchar tu voz. Quería hablar contigo una vez más...
—Yo también y lo sabes - sonrió tras la línea y luego suspiró.
—Atsushi-kun...
—Dime.
—¿Podemos hablar solamente por teléfono, por lo menos mientras termina esta semana?
—¿Y eso por qué?
—Porque... —El silencio se hizo venir. Atsushi se incomodó.
—Por supuesto. No hay problema.
—Muchas gracias, Atsushi-kun...
—No te preocupes - Negó con la cabeza aunque el menor obviamente no lo podía ver.
—Ahora mismo estoy trabajado. ¿Puedo llamarte más tarde?
— Mmm... Trabajo hasta tarde hoy. Envíame un mensaje y te responderé en un momento en el que esté desocupado.
—Bueno. Gracias...
—Ni lo menciones.
—Hasta luego, Atsushi-kun.
—Hasta luego, Todomatsu.
Todomatsu no quería hacerlo, pero colgó el primero. Se aproximaban algunos clientes a la caja, así que tuvo que ocupar su atención en ellos.
Pasó el día rápidamente una vez más. Últimamente los días se le iban como agua entre las manos. Se sentía como en las nubes.
Al llegar a casa se detuvo en la puerta un momento. Nuevamente no escuchó a sus hermanos hablar. No tenía ganas de conversar con ellos, así que decidió dormir en el sofá de la sala. Tenía mucho miedo, pues le temía demasiado a la oscuridad. Estaba temblando ligeramente. Con un ápice de valor que logró reunir apagó la luz y se fue corriendo al sofá.
Hacía frío, pero sólo dormiría con una manta que se encontraba doblada en la esquina del sillón. No había de otra.
Cerró los ojos para conciliar el sueño mientras se encogía para acomodarse al lugar. De repente entre sueños pudo ver el rostro de Atsushi.
—Cierto, prometí dejarle un mensaje... —Habló para él mismo en medio de la oscuridad.
Escribió: "Atsushi-kun, ya estoy en casa. Perdón por causarte molestias. Y perdón por mi extraña petición. Últimamente no me ha ido muy bien".
Cuando acabó de escribir, revisó su mensaje leyéndolo una vez más y dejó el teléfono a un lado suyo, por si necesitaría la luz de éste. Aún seguía nervioso por la oscuridad. Se puso en postura fetal y apretó un cojín contra su pecho mientras lo abrazaba fuertemente.
Hubo un largo momento en el que no pudo dormir ni un poco. Ni siquiera pudo conciliar el sueño, ¡y era porque no estaba acostumbrado a dormir solo, caray!
12:00 am.
No podía dormir, daba demasiadas vueltas. Simplemente no podría dormir en aquel lugar tan incómodo... Le daba la sensación de que estaba durmiendo en un ataúd. Se comenzó a poner nervioso y poco a poco el miedo se apoderó de él una vez más.
De entre el silencio escuchó unas pisadas que venían del pasillo. Se envolvió en aquella fría manta y cerró los ojos. Pronto una tenue luz se encendió. Era la lámpara de la sala de estar. Emanaba una luz amarillenta que le ayudó a disipar su nerviosismo.
—¿Todomatsu?
Escuchó una voz muy familiar. No quería ver a ningún miembro de su familia, pero allí estaba alguien. Al menos no era un fantasma, un ladrón o un monstruo.
—¿Qué sucede, Choromatsu-niisan? —habló con una voz ronca, pues estaba dormitando.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Y tú por qué bajaste?
— No podía dormir porque tenía sed. Además, estaba... preocupado por ti, creí que aún no habías llegado. —Se rascó la nuca.
—Ah.
—Dime, ¿qué estás haciendo aquí?
—No tengo por qué decirte.
—¿Es por Osomatsu-niisan, verdad?
—¡No tiene que ver!
—¿Entonces por qué te enojas? Eso indica que...
—¿¡Por qué siempre se entrometen en mis cosas!?
Hubo silencio por un breve instante. Esa pregunta fue la que admitió cual era el problema ante todo aquello.
—No hagas ruido, Todomatsu. Los demás están dormidos.
—¡Ya deja de molestarme!
—Todomatsu... —El mayor apretó los puños.
—¿Por qué son así?
—Todomatsu... —Se acercó al sofá.
—¡Quítate! ¡Vete, aléjate!
Choromatsu se sentó al lado del más pequeño con tranquilidad.
—Todomatsu, ya entiendo.
— Sí, claro —habló con sarcasmo—. Te dije que te quites.
—Yo ya no te preguntaré nada. Al menos puedes confiar en mi por ese lado.
—¿Eh? —Entrecerró los ojos.
—Ya no pienso meterme en tu vida de esta manera. Te molesta, ¿no es así? Dejaré de preguntar. Sé que tienes una novia. De hecho, era bastante obvio que la tendrías. Es decir, ¡tienes muchas razones para tener una!
—Choromatsu, ¿qué te picó?
—Ya, lo digo en serio. Era obvio que tendrías novia y que ascenderías primero que cualquiera de nosotros cinco.
—Choromatsu-niisan...
—Me encargaré de hacer que los demás dejen de molestarte. Todos sabemos de cualquier manera que ya tienes novia. Aunque Osomatsu será difícil...
—Oye... —Sintió un nudo en la garganta.
—Está bien, Totty. Ahora párate. —Se puso de pie.
—¿Qué? No.
—Vamos. —Le tendió la mano—. Todos te esperan, se fueron a dormir estando preocupados.
—Seguro... —Mostró una sonrisa cínica—. Lo diré de nuevo: Si realmente se hubieran preocupado por mí, habrían intentado contactarme. ¿Cómo es que no escucharon cuando abrí la puerta de la casa?
—Todomatsu, por favor.
—Sabes que mientes... —Agachó la cara mientras aferró sus manos en la delgada manta—. Yo no les...
—¡No! ¡No miento! ¡No estoy mintiendo!
Choromatsu se puso histérico y sus gritos hicieron a Todomatsu ponerse tenso.
—¿Choromatsu-niisan? ¿Qué?
El mayor alejó la mano.
—¡Todos te apreciamos! ¿Está bien? ¡Realmente lo hacemos, y digas lo que digas y hagas lo que hagas no podrás contradecir eso! —Todomatsu abrió los ojos desmesuradamente—. ¡Así que ya deja de estar actuando como si fueses la víctima!
—¿¡Es que acaso no lo soy!?
—¿Ahora qué es lo que estás...?
—¡Se comportan como idiotas! —Realmente sentía que estallaría.
—¿Y no hemos sido así siempre? —Justificó.
—¡Obviamente hemos sido así siempre! Pero, ustedes se han... ¡Se están excediendo conmigo!
—Todomatsu, eso no es...
—¿¡Por qué!? ¿Por qué soy el menor? ¿Por qué soy el único que se esfuerza? ¿Por qué soy quien más ha hecho esfuerzo por escapar de este estilo de vida?
Choromatsu se quedó sin palabras.
—Ustedes... —el menor siguió—. Todos ustedes... ¡me tienen envidia! Por eso son así conmigo... —La voz se le quebró con la última palabra. Se levantó del sofá y agarró su celular, así enfrentaría mejor a su hermano mayor.
—Todomatsu, ¡no sabes lo que dices! ¿¡Por qué dices que sólo has sido tú!? ¡A todos nos ha ido mal! Incluso si nos hacemos sentir mal entre nosotros por las bromas pesadas y los malos chistes... ¿Acaso no recuerdas cómo hemos ignorado todos juntos a Karamatsu?
—¡Es diferente! ¿Ser ignorado? No sólo he pasado yo por eso, sino también... ¡Me hicieron quedar mal en una cita grupal! Me hicieron perder varios amigos, me hicieron una vez perder mi trabajo, y ahora que lo he recuperado... ¿Piensan hacerlo otra vez?
—Todo...
—¡Y también me corrieron de casa! ¡¿Por qué?! Porque soy el único que fue capaz de dar un paso adelante... ¿¡Quieren arrastrarme al abismo en el que están ustedes!? ¡Yo no les importo!
Ichimatsu bajó a la sala. Aquellos estrepitosos gritos eran inusuales y quería ir a ver qué había sucedido. Parecía como si hubiese ocurrido un accidente. Salió de la habitación y se encaminó...
—Y además... —Todomatsu seguía hablando, tenía mucho que reclamar—, ustedes... ¡Consiguieron un remplazo! Consiguieron a alguien para reemplazarme... ¡Yo no les importo! ¿¡Verdad!? ¡Ya dímelo, acéptalo, Choromatsu!
Ichimatsu llegó de entre el pasillo y entró a la sala. Pudo ver a sus hermanos.
—¿Qué está...? —El cuarto hermano habló y calló inmediatamente. Pudo sentir la terrible atmósfera del lugar.
—¡Yo no valgo nada! ¡No valgo nada para ustedes! —La voz de Totty se quebró. Sus lágrimas recorrieron sus mejillas sin la intención de detenerse—. Yo... esperaba que... ustedes pudieran entenderme. —Le costaba mucho trabajo hablar en medio de todo aquel llanto. La voz la tenía demasiado descompuesta—. ¡Yo quería ayudarlos! ¡Yo quería ayudarlos a todos ustedes! ¡Y a mamá y a papá! —Comenzó a llorar mientras cubría su rostro.
Choromatsu estaba sin palabras. No sólo en parte porque lo que había dicho era verdad, sino también porque no creyó que fuera a reclamar todo aquello algún día. El tercero dirigió una mirada entre nerviosa y molesta a Ichimatsu. Ichimatsu estaba sorprendido.
—Todomatsu, escúchame... —Choromatsu lo tomó de la muñeca suavemente.
— ¡Suéltame! —Se soltó del agarre bruscamente—. ¡No me molestes!
—To... Todomatsu... Deja que Choromatsu te expli... —Ichimatsu se metió.
—¡No interfieras, Ichimatsu-niisan! —Volteó de nuevo dirigiendo su mirada al mayor de los tres amenazadoramente.
—¡Deja de descalificar lo que digo! —Choromatsu se desesperó.
—¡No, no, no, no! ¡No me molestes! Sólo finges que me aprecias... ¡Pero sabes que es mentira! Todo es mentira, ¡y lo peor es que hablas por los demás! —Seguía llorando—. Ya, Choromatsu... ¡Acéptalo y dímelo de una vez para que me pueda ir a dormir en paz! No me quieres, no me aprecias, no te importo... ¡No te importa lo que me pase! ¡Choromatsu, no me jodas!
—Todomatsu...
—¡Ya dímelo! ¡Todo lo hacen ustedes a mi contra! ¡¿no?! ¡Sólo para que al final yo les vaya a pedir disculpas a ustedes por algo que supuestamente hice mal cuando no es así! —Sus manos temblaban—. ¿¡No encajo con los sextillizos!? ¡Es mejor así! Yo... ¡Yo no necesito nada de ustedes! ¡No necesito nada de nadie! ¡Y mucho menos de ti, Choromatsu! Que siempre te andas haciendo pasar como el mejor y el más responsable. Eres la misma basura que todos nosotros... —Choromatsu apretó la mano mientras Todomatsu seguía llorando y gritando—. Tú... ¡Hijo de puta!
Fue la gota que derramó el vaso. Todomatsu terminó con la cara volteada gracias a la bofetada que Choromatsu le propinó en su empapado rostro.
Hubo un largo momento de tenso silencio. Ichimatsu se quedó helado y Choromatsu igual. Reaccionó por instinto. Rápidamente Choromatsu sujetó su propia mano con la otra.
—Todomatsu, yo... Yo no quería... —Choromatsu se acercó un poco al más pequeño.
—No me toques... —Todomatsu habló entre dientes aún con el rostro volteado—. No me... toques... —Balbuceó abrazándose a sí mismo.
Choromatsu permaneció estático.
—Choromatsu, ¿por qué? —Ichimatsu tomó del hombro al tercero.
—Yo... ya no soporto... —Todomatsu subió el volumen de su voz—. Estoy harto de todos ustedes. De esta casa... —Se incorporó, tomó su bolso y caminó hacia la puerta de la entrada.
—¡Todomatsu! —Choromatsu fue tras él.
—Déjalo. —Ichimatsu lo agarró nuevamente del hombro.
Todomatsu dio media vuelta para ver a sus hermanos.
—¡No los necesito! ¡A nadie! ¡A ninguno de ustedes! —Ichimatsu no tenía la culpa en lo absoluto, pero la rabia le hizo decir cosas que no creía en serio.
Sin más, Todomatsu se salió corriendo de la casa aventando la puerta. Corrió sin rumbo tan rápido como pudo.
—¡Todomatsu! ¡Oye! ¡Todomatsu! —Choromatsu salió corriendo al patio mientras miraba como el menor se perdía entre la penumbra.
Se quedó un breve instante observando a su pequeño hermano alejarse. Pronto decidió meterse a la casa de nuevo, pues de repente sintió mucho frío. Se abrazó a si mismo encorvándose un poco, mientras veía sus pies. Sintió una terrible sensación de culpa. Caminó lentamente hasta la casa y se metió.
Al entrar, vio a Ichimatsu, quien no hizo ningún esfuerzo por detener al pequeño. Mantenía su estoica mirada fija en él. Notó que estaba apretando los puños a través de las bolsas de la sudadera, al parecer estaba intentando de reprimir todo su enojo, incluso su coraje. No obstante, abrió los labios para objetar.
—Estuvo muy mal lo que hiciste. —Miraba al mayor. Choromatsu se relamió los labios por el nerviosismo—. Muy, muy mal... —Negaba con la cabeza.
— Ichimatsu, yo... ¿qué fue lo que hice? —El tercero se dejó caer al suelo de rodillas tirándose del cabello.
—Choromatsu... —Ichimatsu se sentía indignado.
—¿Ahora qué hago? —Sus ojos se llenaron de una fina capa de lágrimas.
—No tengo idea de qué tanto se dijeron, ni por qué empezó todo esto, pero... Déjalo ir.
Choromatsu comenzó a sollozar.
—Estará bien. Ya no es un niño. —Se corrigió—: Ya no somos unos niños.
Osomatsu, Karamatsu y Jyushimatsu bajaron a toda prisa las escaleras y llegaron hasta la sala, al igual que sus padres.
—¿Qué sucedió aquí? —preguntó Matsuyo.
—¡Escuchamos mucho ruido! —Osomatsu exclamó.
—¡Sí, sí! ¡Eso, eso! ¡Dejen dormir! —Jyushimatsu se quejó.
—Come on, brothers... Estamos cansados —Karamatsu se unió.
—No tienen porqué ser tan escandalosos, ¿me escuchan? —Matsuzo se rascó la nuca.
Ichimatsu volteó a verlos a todos con una mirada asesina.
Todos se encogieron de hombros.
—¿Q-Qué sucede, Ichimatsu-niisan? —Jyushimatsu preguntó con nerviosismo aun manteniendo su enorme sonrisa.
Ichimatsu no desvío la vista de sus tres hermanos. En ese momento, Choromatsu levantó la cabeza dejando ver su rostro, exponiendo sus abundantes lágrimas.
—¿Choromatsu? —Karamatsu se asombró.
—¡Oye! ¿Qué sucede, Choromatsu? —El mayor de los sextillizos caminó hacia el tercero y lo tomó por los hombros—. ¡Dinos!
—Yo... —Choromatsu no podía ni hablar.
—¿Eh?
—Todomatsu... se fue de la casa.
—¿¡Eh!? —Todos se sorprendieron, sobre todo sus padres, Matsuyo y Matsuzo—. ¿Qué dices? ¿Cómo sabes?
—Ni siquiera llegó a la casa... —Karamatsu habló.
—Sí llegó —Ichimatsu dijo con su monótono tono de voz—, pero dormía aquí, en la sala.
—Yo... —Choromatsu prosiguió—: le dije cosas horribles. —Se cubrió el rostro con ambas manos.
—Choromatsu-niisan... —Jyushimatsu se acercó y acarició su cabello.
—Papá, Mamá... —Ichimatsu se dirigió a los mencionados—. Está bien. Vuelvan a dormir. Esto lo arregláremos entre nosotros, ya somos adultos.
—Está bien... —Matsuzo se dio la vuelta indeciso.
—De acuerdo, ninis... —Matsuyo hizo lo mismo con una mueca de preocupación—. Buenas noches.
—Buenas noches. —Ichimatsu asintió.
Ahora sólo estaban los cinco hermanos en la sala. Era tarde.
—Choromatsu, ¡no entendemos nada! —Osomatsu lo apretó de los hombros.
—Brother? ¿Qué tienes? No te quedes callado. —El segundo hermano se cruzó de brazos—. Me pones nervioso...
—Es que... él tenía razón. La tenía, pero... ¡eso no quiere decir que no lo queramos! —Sorbía los mocos—. Todo era parte de las bromas, ¿no?
—¿Eh? —Osomatsu lo veía confundido. Estaba justo enfrente de él.
—Además... lo que pasó... ¡También es culpa tuya! —Choromatsu empujó a Osomatsu bruscamente.
—¿¡Eh!? ¿¡Eso a que viene!? —Se incorporó—. ¡¿Qué te pasa?!
—¡Basta! —Karamatsu se puso en medio de ambos—. Brother... —Dirigió su vista al tercero—. No sabemos qué pasó, pero tranquilízate por favor. Quizá si nos explicas entendamos algo.
—¡Hablemos! —Jyushimatsu también estaba preocupado—. ¡Pero no peleen! —Agitaba las mangas de su sudadera en el aire.
Choromatsu seguía derramando lágrimas e Ichimatsu cambió su expresión facial a una más suave. Se veía más vulnerable. Ichimatsu carraspeó.
—Tenemos que hablar, queramos o no. Esto ha ido muy lejos.
Subieron a la habitación. Todos estaban ya acostados en el futón. Sobraba un espacio, que era el de Totty. Tenían la luz encendida, aunque emanaba una luz bastante tenue. Decidieron hablar de aquella manera. Choromatsu se tranquilizó y dejó de llorar. Pronto les comenzó a contar poco a poco, a profundidad y con detalle lo que sucedió. Ante todo lo que relataba, el menos sorprendido era Ichimatsu.
—Ya veo... —dijo Karamatsu con un asentimiento y mantenía los ojos cerrados.
Nadie más hizo ningún comentario. El no tener al menor de los sextillizos en la casa los hacía sentir culpables. Pasaron quizá veinte minutos y el quinto de los hermanos hizo un comentario.
—¿En dónde está Totty? —Jyushimatsu preguntó con un tono de voz neutro.
—Seguro está con su novia... —Choromatsu opinó.
—Sí, con su novia. —Osomatsu asintió, aunque nadie lo veía, siguiéndole la corriente—. ¿Con quién más pudo haber ido?
Ichimatsu guardaba silencio. Sabía que no se trataba de una novia. Todomatsu se lo dijo, no era una chica. Era un chico.
Le daba tentación decírselo a sus hermanos. Después de todo, a pesar de la confianza que le ofreció a Todomatsu, este lo insultó diciéndole que no lo necesitaba. Se sentía muy ofendido, pero pase lo que pasase le prometió no decir nada. Él confió en él para contarle su secreto y ahora debía guardarlo. Debería soportar mantener la boca cerrada. Bueno, para alguien que no habla mucho no es difícil, ¿no es así?
Pasó un momento más en completo silencio. Ya era hora de dormir y todos estaban cansados.
—Estará bien donde sea que esté. —Ichimatsu cerró los ojos dispuesto a dormir.
—Eso esperemos... —Karamatsu lo imitó.
—Bueno —Osomatsu bostezó—, buenas noches a todos...
—¿Choromatsu-niisan? —Jyushimatsu se giró hacia su hermano.
—¿Hum? —Osomatsu volteó hacia el mencionado—. Ah, se durmió.
—Choromatsu-niisan —Jyushimatsu acarició su rostro para quitarle las pocas lágrimas que aún permanecían en sus cálidas mejillas—. Buenas noches.
Todos durmieron.
1:35 am.
Todomatsu caminaba sin rumbo por la banqueta. Se abrazaba a sí mismo buscando calidez. Hacía demasiado frío y no se lo pensó para salir de casa. Traía la ropa con la que se había ido al trabajo, porque no se la había quitado para dormir cuando se acostó en el sillón.
—No los... necesito. —Sentía que se le congelaba el corazón, de su boca salía vapor.
Caminó bastante rato más hasta que llegó al parque. Estaba cerrado, pero se sentó frente del portón. La luz de la ciudad llenaba aquel lugar y eso lo hacía sentir seguro.
Inhaló profundamente para recuperar el aire que perdió en medio del llanto, y exhaló. De repente recordó a Atsushi. Tomó su celular y lo encendió. Cuando lo hizo miró que le había respondido el último mensaje que le había dejado:
"Te lo he dicho mil veces: no te preocupes. Estaré bien mientras sepa que tú estás bien. Si necesitas ayuda, dímelo."
—Atsushi-kun.... —Abrió mucho los ojos y apretó el celular.
Le había pedido no verlo por una semana, pero ya no lo soportaba. Se lo dijo por los problemas que había tenido con sus hermanos. Tenía miedo de que alguno de ellos lo viera junto con Atsushi, ¿pero ahora que más daba? Ellos lo habían hecho pasar por cosas peores. Lo hicieron sufrir en la calle... y esto no podía ser peor. Ya no le importaba. De todas formas ninguno de ellos iría a buscarlo. Choromatsu lo golpeó... Lo golpeo solo por contradecirlo usando la verdad. ¿Y decía que lo apreciaba?
Ahora sólo necesitaba un lugar en dónde dormir. Tenía mucho frío, mucho sueño, mucho miedo y mucha hambre. Se sentía fatal.
¿Podría seguir yendo al trabajo?
Buscó entre sus contactos y trató de marcarle a Atsushi, pero no contestaba.
—Contesta... —Agitaba los pies—. Por favor, contesta.
No contestaba. Hizo un último intento. Se colocó el celular en el oído y esperó con mucho miedo.
—Por favor... Atsushi-kun...
Una lágrima recorrió su mejilla. El teléfono comenzó a sonar y la llamada por fin entró. Una voz muy dulce se hizo sonar por el otro lado de la línea.
—¿Bueno? ¿Todomatsu? —De nuevo con su tono de despreocupación.
—Ah... —Sonrió mientras lloraba. Se sentía muy aliviado—. At... A-Atsushi... kun… —Comenzó a sollozar.
—¿Qué sucede, Todomatsu? —Atsushi se alteró un poco.
—Ven por mí... —Lloraba—. Atsushi-kun... —De alguna manera se sentía mejor si pronunciaba su nombre.
—¿Todomatsu? ¿Estás bien? ¿En dónde estás?
—¿Tú en dónde estás? —Sorbió la nariz.
—Acabo de salir del trabajo, estoy conduciendo camino a casa.
—¿Puedes venir por mí?
—¿En dónde estás?
—En la entrada del parque de la ciudad. El parque Akatsuka.
—Llegaré en unos minutos.
—Gracias, Atsushi-kun... Gracias. —Con una mano sostenía el teléfono y con la otra limpiaba sus lágrimas.
—¿Estás herido? —Atsushi se preocupó.
—No. Pero, no estoy bien.
Había mucho tráfico, eso le daba tiempo a Atsushi para hablar con el chico.
—Todomatsu.
—¿Hmm?
—No llores.
—Atsushi-kun... —Se le hizo un nudo en la garganta.
—Por favor, ya no llores. A mí también me duele.
—Perdón, pero no puedo detenerme...
—Está bien. Tan pronto como esté ahí te sentirás mejor.
—Sí... —Sonrió—. Gracias.
—No necesitas agradecer, estaré ahí para ti siempre que lo necesites. —Habló con dulzura y lleno de confianza.
—No sé qué hacer si no te agradezco, Atsushi-kun.
—Puedo decirte algo que hará que cambies de respuesta aunque no lo creas. —Rio.
—¿Qué?
Atsushi hizo una pequeña pausa y le dijo:
—Te quiero.
Todomatsu guardó silencio y sonrió.
—Yo también te quiero. Te quiero, Atsushi-kun.
—Así está mejor, Todomatsu.
—Podría decirlo todo el día.
—No me molestaría si así fuera —bromeó.
—Atsushi-kun...
Todomatsu se sentía roto. No sólo porque ahora no podía hablar con ninguno de sus hermanos, sino porque Choromatsu había admitido de alguna manera que no lo quería. Y además, Ichimatsu; pobre Ichimatsu. Él no tenía la culpa. Pensó en la confianza que le ofreció, y además le ayudó a disipar su miedo. Pero quizá ya le había contado todo a sus hermanos. Era lo más probable. Estaba tan confundido que era lo que esperaba que hiciera a modo de venganza.
Estaba solo. Ya no sentía los lazos se familia. Era cierto que ya era un adulto, ¿pero por qué sus padres no hicieron un intento por buscarlo y encontrarlo? Era la peor familia que pudiese desear. Ya no se consideraba el mismo parte de los sextillizos. Empezaría a pintar su futuro de los colores que él quisiera y saldría de aquella vida gris. Estaba muy triste.
Por otro lado, Atsushi se sentía muy mal al saber que Todomatsu, quien era la persona que más quería, estaba sufriendo de aquella manera. Quería abstenerse a preguntar y solamente a ayudarlo. Claro, no ciegamente, pero deseaba desde lo más profundo de su corazón poder ayudarlo y verlo feliz. Eso era lo que más quería en el mundo.
—Yo también podría decírtelo siempre a todas horas, Todomatsu. Te quiero.
Todomatsu rio y Atsushi escuchó, haciendo que él lo hiciera también. Pronto el sextillizo menor notó que ya no le quedaba tanto crédito, la llamada se cortaría, así que habló rápido.
—Atsushi-kun... —Se quitó algunas lágrimas de los párpados—. Debo colgar.
—De acuerdo.
—Ven por mí rápido, por favor. Tengo miedo.
—No te preocupes, voy en camino.
—Gracias...
Atsushi le mandó un beso y colgó.
Hacía mucho frío. Se quedó viendo un instante a su celular. Notaba que las manos le temblaban demasiado. Las puntas de sus dedos se estaban haciendo de color morado... Eso estaba mal.
Se frotó las manos intentando conseguir calor, pero era inútil. Su sudadera no era lo suficientemente gruesa como para quitarle el frío. Le dolían los huesos, no sentía los dedos de los pies. Tenía las orejas heladas al igual que la nariz.
Esperó y esperó... Pero Atsushi tardaba demasiado. En aquel momento de desesperación se puso a pensar cosas negativas, no lo creía de él, pero pensó: "¿Y si me engañó?" ¿No vendrá a ayudarme?".
—Atsushi-kun...
Estaba muy débil. Su cuerpo no lo soportó más. Sus pies flaquearon y se ladeó, haciendo que su cuerpo se desplomara contra el frío suelo, golpeándose la cabeza estrepitosamente. Quedó inconsciente gracias al impacto. No había nadie ya en la calle, nadie que lo ayudara. Si se quedaba allí, quizá moriría.
El viento soplaba fuerte.
Comenzó a nevar y nadie llegaba.
Notes:
Dejé un pedazo de mi corazón en este capítulo. Gracias por leer :)
Chapter Text
Todomatsu permanecía desplomado en el frío suelo, inconsciente.
Poco a poco la espesa nieve comenzó a cubrirlo. No había nadie cerca para ayudar. Sin saber inhalaba el frío aire, congelando sus frágiles pulmones. Podía morir por hipotermia ahí mismo, y no lo sabía.
Atsushi venía en camino tan rápido como podía. El tráfico disminuyó un poco y aceleró para encontrarse con Todomatsu en aquel lugar de la ciudad. Ciertamente era un lugar abandonado alrededor de aquellas horas. La nieve no permitía al vehículo moverse con fluidez. Haría lo mejor que pudiera.
1:50 am.
Sólo unas calles más y llegaría. Trató de llamar a Todomatsu, pero no respondía. Se comenzó a preocupar. Alguien podría hacerle algo malo si lo veían solo a aquellas horas de la noche. Pronto llegaría.
Pudo divisar el lugar, pero no veía a nadie. El lugar estaba totalmente solo, pero, ¿y Todomatsu? ¿En dónde estaba? Pensó que quizás fue a caminar a otro lado. Pero de ser así, le habría dicho algo antes de colgar el teléfono, ¿o no?
Se aproximaba al portón de aquel lugar.
—¿Eh? —Entrecerró los ojos un poco para enfocar la vista.
Se acercó más. Pronto se dio cuenta; ya lo había visto.
Todomatsu estaba en el suelo, cubierto por la nieve. De inmediato estacionó el auto a la orilla de la banqueta y salió corriendo.
—¡Todomatsu! ¡Oye! —Lo sostuvo entre sus brazos—. ¡Todomatsu! —Le dio unas leves palmadas en las mejillas para ver si reaccionaba, estaba heladísimo—. Todomatsu... —Le quitó la nieve de encima y aproximó una de sus manos a la nariz del pequeño. Notó que su respiración era bastante suave. Demasiado, y eso era malo. Pero al menos seguía respirando.
Atsushi levantó a Todomatsu y lo llevó hasta el automóvil en su espalda. Lo acomodó en los asientos traseros. Estaba acostado. Antes de comenzar a conducir se quitó el saco y se lo puso a Todomatsu. Necesitaba recuperar el calor con algo rápidamente, o de lo contrario podría empeorar.
—Llegaremos pronto, Todomatsu. —Hablaba con preocupación a pesar de que el mencionado no lo estaba escuchando. Lo miró por el espejo mientras mantenía sus manos temblorosas en el volante. Sintió pena al verlo de aquella forma—. Perdóname...
Por culpa de la nieve el carro se movía lentamente.
Llegaron a su destino. Atsushi no llevó a Todomatsu con sus hermanos porque sabía que estaba escapando de ellos. El lugar al que lo había llevado era a su casa; la casa de Atsushi. Se metió al garaje, bajó a Todomatsu con cuidado sobre su espalda y se encaminó hacia la puerta de entrada.
Estando ya adentro lo acomodó en el sofá. Lo miró un momento y luego lo volvió a sostener en sus brazos. Esta vez lo acomodó en su cama. Lo arropó muy bien. Le puso bastantes cobijas encima y cerró muy bien las ventanas ya que hacía mucho frío.
Atsushi se quedó viéndolo un momento mientras "dormía". Trataría que recuperara la consciencia, así que le volvió a hablar.
—¿Todomatsu? —Posó una de sus manos en una de sus mejillas. Lo único que obtuvo como respuesta fue un quejido. Tenía una mueca de dolor.
Lo dejó descansar.
Atsushi se quitó la camisa que estaba mojada por la nieve y se puso algo más cómodo para dormir. Lo mismo hizo con el pantalón de vestir.
Lo pensó un momento. Las ropas de Todomatsu estaban empapadas, así que lo levantó un poco apoyándolo en su hombro para quitarle lo que traía por encima, para después ponerle algo de él. Era un cálido suéter. No serviría de mucho para su mejora, pero mañana podría hacer algo para ayudarlo.
Al haber hecho esto, decidió ir a dormir. No se quedaría en la cama, porque ahí estaba Todomatsu y seguramente (por supuesto que sí) sería incómodo. No quería estar tampoco en el sofá de la sala, porque debía cuidar del pequeño, así que optó por usar la última y única opción.
Se quedaría a dormir acurrucado en una silla que tenía en su habitación al lado de la cama. Estaba recargado contra la pared, era bastante incómodo, pero le preocupaba mucho el joven inconsciente. Se puso varias cobijas encima y se cruzó de brazos para intentar dormir. Dejó la lámpara encendida, bajó la cabeza y cerró los ojos.
—Perdón... —susurró Atsushi en medio del silencio y la oscuridad.
La noche fue larga. Estaba preocupado por Todomatsu, más que estar incómodo en aquel lugar. El frío era intenso, pero arropó muy bien al menor. Confiaba en que al día siguiente estaría mucho mejor.
Fue una noche silenciosa, en la que, por cierto, los cinco hermanos de Todomatsu no pudieron dormir bien del todo. Se preguntaban en dónde estaba realmente, y más grande fue su preocupación al percatarse de que estaba nevando. ¿En dónde estaría, cómo, y con quién? No podían ir a buscarlo con aquel clima y aquella hora de la noche. Esperarían a que amaneciera.
9:30 am.
Pronto fue un nuevo día. Atsushi despertó, pero Todomatsu no.
Era de día, el cielo brillaba; seguía nublado y la suave nieve continuaba cayendo.
Se levantó y tomó un baño caliente. Se puso ropa cómoda.
Volvió a la habitación y se sentó en la orilla de la cama. Se comenzó a preocupar aún más...
Pronto Todomatsu abrió lentamente los ojos, tenía la vista perdida. Volteó a los lados inspeccionando el lugar. Estaba desconcertado y tenía miedo. Se dio cuenta de que alguien estaba sentado junto a él, dándole la espalda.
Estiró la mano débilmente para jalar la manga del mayor. Enfocó la vista.
—¿Atsushi...kun? —Su voz era débil y ronca.
—¡Todomatsu! —Atsushi se exaltó. Se acercó al rostro de Totty y tomó su mano que tenía estirada hacia él—. ¿Cómo te sientes? ¿Qué te duele?
—Atsushi-kun... —Parpadeó varias veces—… ¿verdad?
—¿Eh?
—¿Eres Atsushi-kun verdad? —Exhaló—. ¿No estoy soñando? —Estiró su mano para tocar el rostro de Atsushi. Acarició una de sus mejillas gentilmente.
—Sí, Todomatsu, soy yo.
Todomatsu dejó caer su mano y Atsushi la tomó entre las suyas y la apretó.
—Perdón —Lo miró fijamente—. Perdóname, si yo hubiera llegado antes tú no habrías...
—Está bien.
—Pero yo hice que tú... —Hizo pausa. No sabía cómo expresar la pena que sentía en ese momento—. Lo siento. Debí haberme apurado. Te hice pasarlo muy mal.
—No tengo nada que perdonarte, Atsushi-kun. —Esbozó una débil sonrisa—. Gracias por haber ido por mí.
—Bueno, y entonces —suspiró—, ¿cómo te sientes?
—Me duele mucho la cabeza.
—¿Qué pasó? ¿Alguien te hizo algo?
—No. Sólo que... soy muy friolento. Me afectó demasiado el frío y cuando comenzó a nevar me sentí muy mal y no pude mantenerme más de pie.
—Me asusté mucho.
—Yo estaba muy aterrado.
—No dejaré que estas cosas pasen de nuevo.
—Está bien. —Sonrió.
Hubo un breve momento de silencio.
—Todomatsu.
—¿Mhm?
Atsushi se lo pensó antes de preguntar, y finalmente lo hizo.
—¿Por qué estabas solo a esa hora de la noche?
—¿Eh? —Sintió un nudo en la garganta y tragó saliva—. Porque... mis hermanos y yo discutimos sobre algo que planeábamos ignorar, por lo que pensé que no podía seguir más ahí. —Recordó lo sucedido de anoche.
—Todomatsu, tal vez yo no me compare, pero yo puedo actuar como...
—No, Atsushi-kun. Tú eres mejor que mis hermanos.
De nuevo el silencio incómodo. Todomatsu se sintió mal y de pronto una duda surgió.
—Oye, Atsushi-kun.
—¿Sí?
—¿En dónde estamos?
Atsushi sonrió tocándose suavemente el mentón.
—En mi casa.
—¿¡Eh!? —Lo miró amedrantado por unos instantes.
—Lo siento, no había manera de que te devolviera a tu casa.
—No, Atsushi-kun. Es solo que yo no merezco estar aquí... Qué vergüenza. —Cubrió su rostro con una de sus manos.
—No digas eso. —Atsushi nuevamente mostró su sonrisa llena de confianza propia.
—Entonces, significa que... Atsushi-kun —Se incorporó—, esta es tu... —Miró en dónde estaba. Efectivamente era la cama de Atsushi; el lugar donde Atsushi evidente y obviamente dormía. Pronto sus mejillas se enrojecieron y continuó cubriendo su rostro—. ¡Lo siento!
Atsushi rio. Le parecía demasiado graciosa aquella escena. Todomatsu se veía más tierno ante aquella faceta de lo que de por sí ya era.
—Ugh —Todomatsu puso una de sus manos en su cabeza, mientras se recostaba de nuevo en la suave almohada.
—¿Todomatsu?
—No te preocupes.
—Toma. —Atsushi tomó del buró una caja de pastillas y le pasó a Todomatsu un vaso con agua—. Toma una de estas. Es medicina, te sentirás mejor.
Todomatsu obedeció y la tomó.
—Gracias.
—No hay de qué.
Todomatsu se relamió los labios antes de pronunciar unas palabras.
—Atsushi-kun.
—¿Sí?
—Yo... —Se sonrojó y desvío la mirada. Apretaba su mano.
—Dime.
—Es que, yo...
—¿Mhm?
—Tengo hambre...
—Ah, lo siento. —Rascó su nuca y rio—. ¿Qué quieres comer?
—No sé... —Infló los cachetes con la vista aún desviada.
Atsushi lo pensó un poco.
—Haré una sopa de pollo. Te ayudará para recuperarte rápidamente, ¿sí?
—Sí, Atsushi-kun. —Le dedicó una linda sonrisa.
—Vuelvo en un momento.
Atsushi no tardó mucho cuando entró a la habitación con un plato despidiendo un sabroso aroma a pollo.
—Ten. —Le puso el plato a Todomatsu sobre las piernas en una bandeja.
Atsushi se volteó para que el joven no se sintiera incómodo mientras comía. Estaba doblando la ropa que anteriormente estaba mojada y que ya había secado más temprano. Todomatsu probó la sopa, estaba muy calientita. Sonrió involuntariamente y continuó comiendo hasta dejar el plato vacío. Atsushi volteó a verlo.
—¿Eh? ¿Ya acabaste? —Le retiró el plato—. Me alegra que te hayas sentido con los ánimos para poder comer.
—Gracias a ti por cuidarme. —Puso una de sus manos en su cabeza con una mueca retorcida.
—¿Te sigue doliendo? Con la medicina quizá se apacigüe un poco el dolor, aunque no hace efecto inmediatamente.
—Es muy leve, estoy bien. —Todomatsu sonrió. Le alegraba y le causaba gracia la manera en la que Atsushi se preocupaba por él. Parecía como un padre cariñoso cuidando a su hijo.
—Te haré caso. —Asintió tranquilamente.
Todomatsu se encogió un poco.
— Atsushi-kun, lo siento. Mientras yo esperaba dudé de ti. Creí que no llegarías nunca por mí y que me dejarías ahí, solo.
—¿Qué dices? Nunca haría eso.
—Lo sé. Pero, imaginé cosas muy feas. Estaba muy asustado. Supongo que en ese momento no podía pensar bien.
—No te preocupes. En una situación así cualquiera se hubiera imaginado lo peor.
—Supongo. —Miró hacia abajo.
Unos repentinos escalofríos invadieron al menor, haciéndolo estremecerse.
—Ah, cierto... —Atsushi comentó.
—¿Sí? —Todomatsu se abrazaba a sí mismo para propinarse calor, temblando.
—Anoche no pude hacer nada, pero te quité tu ropa empapada solamente de encima y te puse una más acogedora.
—Ah. —Se miró al pecho. Efectivamente traía un abrigo distinto—. Gracias...
—Pero aun así tu ropa de abajo debe seguir un poco fresca, así que yo creo que lo mejor sería que tomes un baño.
—¿¡Eh!? ¿Atsushi-kun? ¿¡Un baño!? —Lo meditó un momento y luego se sonrojó.
—De lo contrario te vas a resfri...
—¡No! —Todomatsu interrumpió al mayor—. Esto es demasiado, perdón por causarte molestias. —Se quitó las cobijas de encima y trató débilmente de ponerse de pie—. Gracias por todo, será mejor que yo me vaya a un hotel o algo así antes de molestarte.
Todomatsu trató de ponerse de pie, pero sus piernas estaban muy débiles y flaqueó un poco ladeándose contra el suelo.
—¡Ah!
—¡Todomatsu! —Atsushi lo sujetó entre sus brazos. Suspiró aliviado—. Por poco y vuelves a caer. —Rio—. Qué travieso eres...
—Ah, lo siento... —Todomatsu hablaba mientras tenía su rostro pegado al pecho de Atsushi.
Atsushi soltó una risilla. Rió cerca del oído de Todomatsu, provocándole escalofríos.
—Te ayudaré a ponerte de pie.
—Perdón por molestar.
—Es más importante que estés bien, ¿no te parece?
—Supongo...
—No supongas. Es un hecho.
Todomatsu sonrió y asintió. Se apoyó en los hombros de Atsushi hasta que recuperó el equilibrio y pudo caminar. Primero lentamente y después ya lo hacía bien, aunque seguía con un ligero dolor de cabeza.
—Vamos, ve y toma un baño.
—¿De verdad está bien? —Se ruborizó.
—Sí, no te preocupes. Siéntete como en tu casa.
—Gracias de nuevo.
Atsushi acompañó a Todomatsu al cuarto de baño para que tomara una ducha con agua caliente. Todomatsu esperó en la puerta y Atsushi volvió con algo entre las manos.
—Te dejaré algo de ropa aquí. Úsala. Es mía, pero deberá estar bien.
Todomatsu sentía mucha vergüenza. Durmió en cama ajena, y ahora, ¿usaría la ropa de aquel chico?
Pero no le quedaba otra opción. Después de todo él fue quien llamó a Atsushi para que fuera por él y le ayudara. No podría reclamar nada ni intentar escapar de nuevo. Eso sería demasiado estúpido.
—Gracias, Atsushi-kun.
—Sí, sí. Ahora ve. —Le dio un pequeño empujón.
—Ah. —Estaba adentro en el baño y Atsushi estaba detrás del marco de la puerta, afuera de éste—. Oye...
—¿Sí? —Ladeó la cabeza alzando una ceja.
—No vas a espiar ni a hacer algo raro, ¿verdad? —Desvió la mirada.
Atsushi quedó congelado unos segundos y luego se rio cubriendo su boca infantilmente.
—No lo haré —Continuaba riendo—. Puedes estar en paz, no haré nada malo. Estaré en la habitación. —Cerró la puerta.
Todomatsu se quedó solo en el baño. Puso el seguro a la puerta y se dio media vuelta. Se miró al espejo unos momentos; notó que tenía oscuro debajo de los ojos. No había dormido bien.
Se quitó el abrigo. Comenzó a despojarse de su ropa hasta quedar completamente desnudo. Hacía mucho frío, así que se apresuró a entrar en la ducha.
Abrió la llave y el agua calientita corrió por su pecho hasta llegar a su abdomen. Se sentía demasiado bien. Aquel baño era demasiado elegante. Se sentía como si estuviera bañándose en el cuarto de baño de un castillo, el cual era de un príncipe, o algo por el estilo; aunque aquel pensamiento era exagerado. El agua corrió por su espalda y su cabello terminó de empaparse por completo.
No quiso cerrar la llave. Hacía mucho frío y se sentía muy mal, y no sólo físicamente. Se puso champú y comenzó a frotar la barra de jabón por todo su cuerpo. La regadera continuaba dejando caer el agua caliente sobre todo su cuerpo, enjuagándolo. El baño se llenó de vapor.
Recordó a sus hermanos. ¿Estarían preocupados por él? Era poco probable.
Recordó cuando Choromatsu lo abofeteó. Antes este pensamiento, Todomatsu llevó una de sus manos a su mejilla, acariciándola un poco. Choromatsu siempre trató de protegerlo, porque aunque no era el mayor, actuaba como tal, y Todomatsu era el más pequeño. El bebé de los sextillizos. Cuidaba de él con su vida...
Pero ayer en la noche le había levantado la mano y lo agredió. Le daba mucha tristeza recordar aquello. Entre todas sus cavilaciones, el rostro de Ichimatsu se cruzó entre sus pensamientos.
—Ichimatsu-niisan... —Susurró. El eco del agua cayendo no dejaba que su voz se escuchara en lo más mínimo.
Ichimatsu no había tenido la culpa de nada, y lo rechazó al igual que al tercero. Lo maltrató y le dijo cosas feas. Además de que negó su cariño y confianza. Eso había estado muy mal. Los ojos de Todomatsu de llenaron de lágrimas y corrieron por sus mejillas.
Cuando leía en novelas cursis que alguien lloraba en el baño, creía que era demasiado cliché y absurdo, pero ahora lo estaba viviendo. Se sentía acabado.
[ ...... ]
Osomatsu, Karamatsu, Choromatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu estaban desayunando en la pequeña mesa redonda dónde todos se reunían todas las mañanas como de costumbre. Todos comían curry con arroz. Tardaron un buen rato en intercambiar palabras, pero siempre alguien debía romper con el incómodo silencio.
—¿Vamos a ir a buscarlo? —Jyushimatsu preguntó.
—¿Mhm? —Osomatsu no prestaba mucha atención.
—A Totty.
—Ah, ¿deberíamos?
—¡Osomatsu-niisan! —Jyushimatsu lo miró con reproche.
—Tranquilos, brothers. Seguro que volverá antes del atardecer. —El segundo trató de tranquilizarlos.
—No. —Ichimatsu habló casi susurrando.
—¿Por qué dices eso, Ichimatsu-niisan? —Llamó la atención de Jyushimatsu.
—Ustedes afirmaban que tenía una novia, ¿no? —Los miraba uno a uno—. Entonces está con ella. No se preocupen.
—¡Eso mismo digo yo! —Osomatsu hizo un ademán exagerado.
Ichimatsu estaba internamente muy preocupado por Todomatsu. Sabía lo de Atsushi, pero no estaba seguro si había llegado bien con él.
—Choromatsu, estás muy callado —Karamatsu opinó—. ¿Tú qué crees que debamos hacer?
Choromatsu sólo atinó a levantar la mirada por fin.
—Yo no lo sé… —Soltó los palillos.
—Choromatsu —Ichimatsu mencionó a modo de reproche.
—Me porté mal con él.
—Lo sé.
—Será mejor no vernos por ahora, o las cosas podrían empeorar. Créeme, se pondría peor.
—Lo sé.
Se quedaron en silencio.
—Bueno, ya deberá suceder algo. Pongámonos en contacto con él. —Karamatsu estaba decidido.
—Seguro, pero después. —Osomatsu continuó comiendo.
—Ah... —Jyushimatsu suspiró con resignación.
Terminaron de comer y cada uno fue a hacer algo por su lado.
Choromatsu se fue a la habitación y se sentó justo delante de la ventana, dejando que le diera el aire. Miraba el cielo con nubes esponjosas. Estaba nublado, y hacía mucho frío, pero necesitaba respirar aire fresco. Cerró los ojos, inhaló y exhaló. Un nudo se le hacía en la garganta y el miedo se apoderaba de él. Fue a buscar su móvil y buscó a su pequeño hermanito Todomatsu entre los contactos; tecleó algo.
[ ...... ]
Todomatsu se salió de la ducha. Se secó con las toallas y se cambió con la ropa que le dejó Atsushi. Era un pants que le quedaba un poco grande. Le cubría parte de los pies, pero era muy calentito. En la parte de arriba se puso una camiseta de unas cuantas tallas más grandes con una sudadera de pijama holgada. Era ropa de color azul claro.
Se tocó el abdomen suavemente notando que la ropa era considerablemente más ancha que él. Se sonrojó al imaginarse a Atsushi usando aquellas prendas y sacudió la cabeza de un lado a otro.
Secó su cabello con la toalla más pequeña y salió de la ducha temblando un poco. No se sentía frío dentro del baño desde hace poco tiempo gracias al vapor que se concentró ahí, pero al salir el frío le caló hasta los huesos. Se dirigió a la habitación donde yacía Atsushi.
Entró tímidamente por la puerta a paso lento.
—¿Atsushi-kun?
Cuando miró al mencionado, notó que no estaba haciendo realmente nada.
Miraba fijamente hacia la ventana con los brazos y piernas cruzadas. Estaba sentado en la orilla de la cama dándole la espalda la puerta.
—Ah... Hola, Todomatsu. —Llamó su atención. Rio al ver al chico—. Esas ropas te quedan muy grandes, pero seguro que estarás cómodo.
—Sí, así es, Atsushi-kun. Gracias. —Rio.
—Ven, siéntate. —Le dio unas leves palmaditas a la cama justo al lado suyo.
Todomatsu obedeció y se sentó.
10:40 am.
Atsushi notó que los ojos de Todomatsu estaban irritados. Sospechó que había llorado en la ducha. Todomatsu estaba evidentemente decaído y aunque hacía su mejor esfuerzo para disimularlo, le era imposible.
—Todomatsu —Atsushi lo llamó.
—¿Sí? —Sintió dolor en el estómago y su ritmo cardíaco aumentó.
—Puedes hablar conmigo.
El menor sintió nervios al percatarse de cómo la voz de Atsushi se hizo más grave. Dejó que continuara con lo que quería decirle.
—Puedes contarme lo que quieras. No te juzgaré y hallaré la manera de ayudarte, así que siéntete protegido, por favor.
Todomatsu apretó los dientes y mantuvo el contacto visual.
—No quiero que sientas miedo. —Se acercó a Todomatsu. Guardó silencio unos breves segundos y bajó la vista—. A mí me gustas como eres.
—Atsushi-kun, yo quiero contarte. Quiero contarle a alguien, pero si no soy capaz de ayudarme a mí mismo, alguien más no podría.
—Bueno —lo pensó—, haré lo que pueda.
—Entonces...
—Dime —Atsushi puso una mano suya encima de la de Todomatsu.
Todomatsu sentía como su rostro ardía. Estaba casi seguro de que se había ruborizado, pero no quería callar.
—Pues...
—¿Sí? No tengas pena.
Todomatsu tragó saliva y habló clavándole la vista a Atsushi con mucha vergüenza.
—¿Podría quedarme contigo?
—¿Conmigo? —Se extrañó.
Todomatsu asintió.
—Sólo unos días. —Tenía la cara roja.
Atsushi lo miró unos momentos como si lo estuviese meditando y soltó su mano.
—Está bien.
—¡¿En serio?! ¡Atsushi-kun, muchas gracias!
—Pero...
—¿Eh?
—Prométeme algo.
—¿Qué cosa?
—No quiero que haya secretos entre nosotros dos. Por favor, cuéntame cualquier cosa que te haga sentir mal. —Atsushi levantó su dedo índice como dando indicaciones—. Trataré de ayudarte siempre.
—De acuerdo. Sí, te lo prometo.
—Bien. —Sonrió.
—Atsushi-kun. Lo siento, nunca cumplo lo que digo...
—¿Por qué lo dices?
—Te había dicho que no quería verte en toda una semana, pero con esto rompí mi palabra y seguro te hice sentir mal.
—No te preocupes por eso, tenía ganas de verte.
Atsushi volvió a tomar las manos de Todomatsu y depositó un beso en ellas.
—¿A-Atsushi-kun?
—Eres muy lindo.
—Vamos, no digas eso. —Se ruborizó.
Todomatsu no se sentía especial. Por lo menos no se sentía como una persona importante al estar junto a su familia. Pero cuando estaba con Atsushi era distinto. Cuando estaba con Atsushi sentía que el mundo estaba hecho para él, y no él para el mundo.
Se sentía muy contento.
—Todomatsu. Por favor, date cuenta de que eres especial.
—No, Atsushi-kun. Tú eres el único especial.
—No.
—Sí. Quizá yo sigo viviendo porque tú estás aquí para mí.
Todomatsu acarició el rostro de Atsushi.
—¿Yo estoy ahí para ti?
—Por supuesto.
—Te equivocas. Tú eres el que está ahí para mí.
Su corazoncito comenzó a latir muy fuerte. Todomatsu estiró los brazos volteándose con Atsushi.
Atsushi correspondió y abrazó al jovencito. Se apretaban fuertemente el uno contra el otro, porque daba la sensación de que así se tenían más cerca. Había la necesidad de grabar en el cuerpo del otro el tacto que se daban. Atsushi acarició el cabello de Todomatsu. Era muy suave. Todomatsu se aferró a la espalda de Atsushi. Se separaron.
—Quiero contarte. —Todomatsu miraba desde abajo a Atsushi—. ¿Está bien?
—Te escucharé con toda la atención del mundo.
—Bueno...
Atsushi se cruzó de piernas. Estaban aún en la orilla de la cama. Todomatsu se hizo un poco hacia atrás. El mayor apoyó su mano en su barbilla, mientras sonreía y observaba a Todomatsu.
—Ayer en la noche discutí con mis hermanos.
—Ah, cierto. Creí que era uno solo, pero cuando fui a tu casa a llevarte, eh... ¿Son trillizos?
—Somos sextillizos.
Atsushi abrió mucho los ojos. Él sólo había visto a dos aparte de Todomatsu. Ichimatsu, quién fue quien le abrió la puerta para recibir a su hermano, y a Osomatsu, aquella vez que se asomó por la ventana en el momento que subió a su auto.
—Bueno, pues... Ese es el principal problema, supongo. A pesar de que nacimos juntos, no me consideran parte de ellos. Ellos me tratan como a un bebé, ¡pero al fin y al cabo todos tenemos la misma edad!
—No veo el porqué.
—No quieren superarse, Atsushi-kun. Y yo lo intento porque quería convencerme a mí mismo de que soy especial. Toda mi vida me han confundido con mis hermanos, y quería probar que soy distinto. Que yo no soy un fracasado como ellos.
Atsushi se acercó un poco al jovencito.
—Pero —puso su mano en su frente—, no me entienden... Ni ellos ni mis padres. Estoy tratando de mejorar. Quiero un buen futuro. —Hizo una pausa y fue directamente al grano—. Ayer quise evitarlos y fui a dormirme a la sala, pero uno de ellos fue por mí. Dice que se preocupa por mí, ¡pero no es verdad! Yo siempre me he cuidado solo. Además... —Guardó silencio un momento. Se sonrojó.
—¿Sí? —Atsushi parpadeó varias veces.
—Creen que tengo una novia y por eso me odian.
—¿Odiarte por eso?
—Sí... No quieren que yo ascienda sin ellos. Pero es que ellos no pueden ascender... Yo ya no quiero vivir con ellos. Además, siento como si estuviera aprisionado. Ayer en la noche mi hermano me insultó. Me dejó en claro que me odiaba... Y los demás no interfirieron. Ni siquiera se preocuparon por mí cuando salí corriendo.
—¿Ninguno de tus hermanos interfirió?
Todomatsu se lo pensó.
—Bueno, hay algo que no resalté. Yo también le dije cosas feas a uno de mis hermanos, Ichimatsu. Es quien sabe de lo nuestro, Atsushi-kun. Pero él no tenía la culpa. —Su vista se perdió—. No tenía la culpa y le dije que no lo necesitaba. Pero, seguramente ya le contó a los demás todo lo que le dije sobre ti. Y ahora no sé cómo les daré la cara. No fue fácil para mí aceptar lo que sentía cuando te vi.
—Ya veo...
—Ahora no me importa lo que piensen de mí, pero aun así, tengo miedo. Miedo de no tener el cariño de mi familia. Y miedo de estar solo.
—Todomatsu. Quizá no estés de acuerdo, pero si se tomaran una tarde para hablar ustedes seguro podrían volver a...
—No. No puedo. No se puede. Quisiera, pero... ¿Tienes idea de qué se siente que se entrometan en tu vida? No quiero. —Apretó los puños con fuerza.
—Todomatsu, escúchame. Yo no tengo hermanos. Nunca los tuve. Así que no sé cómo se siente vivir con alguien de esa manera, pero estoy seguro de que en una ocasión como esta, hablaría con mis hermanos. Tuvo que haber algo que a ellos no les gustó de ti, así como a ti de ellos. Hablen sobre eso. Considéralo, por favor.
—Atsushi-kun, no sólo les desagrado. Ellos me odian. Han comenzado a ignorarme repentinamente y cualquier comentario u opinión que doy, la descalifican. ¿Y por qué? Porque soy el único que se comporta como el adulto que es. Tienen envidia.
—¿De verdad?
—Y además... uno de mis hermanos me golpeó.
Atsushi se asombró.
—¿Eh? ¿Qué dijiste?
—Le dije algo desagradable y me alzó la mano; me abofeteó. Nunca ninguno de ellos me había golpeado en serio. Por eso... —se llevó su mano nuevamente a su mejilla— no puedo perdonarlo. Cuando digo algo que no le gusta se pone agresivo. Lo peor es que la mayoría de veces tengo razón.
Atsushi lo escuchaba. Ayudaba más con aquella parquedad en sus palabras.
—Sabes que eres bienvenido conmigo pase lo que pase, ¿verdad?
—Sí…
—Bien. Haz lo que creas mejor. Intenta hablar con tus hermanos y llegar a un acuerdo. Si crees que no se puede, tómate un tiempo para ti.
—Sí, Atsushi-kun. —Asintió—. Gracias por dejarme quedar aquí.
—No hay de qué. Estoy feliz al saber que estás a salvo.
La noche llegó. 7:00 pm.
—¿¡En dónde está Totty!? —Jyushimatsu estaba histérico.
—¡Cállate, Jyushimatsu! —Osomatsu le arrojó un cojín.
—Ya les dije que está bien. —Ichimatsu aplastaba burbujas de aire.
—¿Cómo sabes, niisan? —Jyushimatsu volteó con él.
—Ah... Ciertamente me preocupa. —Choromatsu se tronaba los dedos muy nervioso.
—Es tu culpa, Choromatsu. —Karamatsu hablaba desde la ventana donde sostenía su guitarra—. Ahora nunca volverá.
—¡Cierto, cierto! —Jyushimatsu estaba furioso. Era raro verlo así.
—Argh —Choromatsu gruñó.
—Bueno, volverá pronto. —Osomatsu como siempre, estaba tranquilo.
—¡Preocúpense más por él! —Jyushimatsu brincaba de un lado a otro.
—Lo hacemos, my little sunshine. Pero, ¿a dónde deberíamos ir a buscar? Además Ichimatsu dice que está bien; sabe algo que nosotros no.
Jyushimatsu volteó a ver furioso a Ichimatsu.
—Está bien, Jyushimatsu.
—Si Ichimacchan lo dice, está bien. —Osomatsu se acostó en el sofá.
—Tch, cállense. —Choromatsu se daba golpecitos en la cabeza.
[ ....... ]
Atsushi se puso su traje con su usual corbata amarilla.
—Bueno, Todomatsu, hoy me toca el turno nocturno en el trabajo. Te dejo a cargo de la casa.
—Sí, Atsushi-kun. Ten cuidado, no ha dejado de nevar.
—Claro, no te preocupes. —Tomó su maletín y se encaminó a la salida—. Bueno, ya me voy.
—Que te vaya bien. —Todomatsu se ruborizó.
Atsushi regresó para darle un beso en la frente a Todomatsu.
—Gracias. —Le guiñó.
—Atsushi-kun, por cierto... Gracias por el conejito de peluche que me regalaste.
—No es nada. —Sonrió.
Todomatsu sonrió al igual que el otro.
—Se te hará tarde. —Todomatsu rio cubriéndose la boca gentilmente.
—Ah. —Atsushi vio su reloj de mano—. Es verdad, adiós Todomatsu. Por favor, quédate a dormir en la cama. —Atsushi cerró la puerta.
Todomatsu se asomó por la ventana para observar como Atsushi se iba conduciendo. Había mucha nieve.
Suspiró con pesar. Nuevamente se sentía muy solo. Había pasado el día hablando con Atsushi. Además había sido muy amable con él. Lo había procurado mucho, y además, descubrió que Atsushi era muy bueno cocinando. Él se había encargado de preparar la comida de la tarde.
Estaba muy feliz con solo estar cerca de él. Estaba feliz de seguir vivo, y de haber conocido a Atsushi, pero sus hermanos se cruzaban entre sus pensamientos y sentía una opresión en el pecho. La angustia no lo dejaba respirar adecuadamente. Tenía ganas de verlos. De abrazarlos y decirles que los quería, porque realmente los quería. Pero se sentía fuertemente rechazado y tenía mucho miedo. Miedo de pensar que él no valía nada para ellos, su familia.
Tenía ganas de llorar de nuevo, pero apretó los dientes para no hacerlo. Siempre pasaba. Desde el momento en que Atsushi se apartaba de su lado sentía un enorme vacío que no se podía llenar con nada.
Sus hermanos seguramente habían decidido olvidarlo, o eso pensaba.
Se levantó y decidió ir a dormir.
10:40 pm.
Se metió a la habitación y se quedó parado un rato pensado.
Estaba muy cansado y tenía mucho frío. Estaba considerando dormir en la cama, pues Atsushi le dio permiso, pero aun así sentía vergüenza. No lo merecía. Era demasiado. Además, ¿en dónde dormiría Atsushi cuando llegara cansado del trabajo?
No, no podía.
Caminó hacia el sofá de la otra habitación (porque era una gran casa con muchas habitaciones) y se acostó en un sofá que estaba por ahí. Eso sí, tomó las cobijas con las que Atsushi lo arropó. Se acostó en el sofá, apagó la luz y cerró los ojos.
No podía dormir. Tenía mucho frío y estaba muy inquieto. Era injusto que sus hermanos no supieran nada de él, ¿cierto? Aunque no se preocuparan, sus padres deberían saber al menos su ubicación.
Tomó su teléfono celular y lo encendió en medio de la oscuridad. Al desbloquearlo notó que tenía un mensaje de alguien así que lo abrió. Sus ojos se le llenaron de lágrimas y soltó el celular.
Era un mensaje de Choromatsu que sencillamente decía: "Lo siento".
Lo miró unos segundos más.
—Idiota —balbuceó entre lágrimas.
Notes:
Gracias por leer. Esta vez me tardé en escribir porque quería aprovechar el tiempo con mi familia y tengo que cargar con mis problemas existenciales. Además, la escuela es una molestia. No es pesada por ahora, pero me siento sola…
Chapter Text
Cubría su rostro tratando de secar sus lágrimas, pero no paraban de brotar. Estaba harto de estar viviendo de aquella forma.
Cerró sus ojos apretándolos ligeramente haciendo un puchero y se concentró en conciliar el sueño una vez más. No podía hacer otra cosa mejor.
6:00 am.
Escuchó pisadas en la casa. ¿Alguien había entrado? No estaba muy seguro y no trataría de averiguarlo. Aún estaba modorro y no estaba del todo consciente. Abrazó el cojín y hundió su cabeza en éste. Volvió a quedarse dormido.
9:00 am.
Todomatsu volvió a abrir los ojos. Ya no estaba cansado. Parpadeó unas cuantas veces y se estiró mientras daba un largo bostezo. Se incorporó y notó que tenía encima suyo más cobijas de las que se había puesto antes de acostarse en el sillón.
—¿Eh? —Levantó una de las cobijas para ponerse de pie. Al mirarse los pies, recordó que traía aun puesta la ropa de Atsushi.
—¿Ya despertaste? —Una voz se hizo escuchar desde la cocina.
Atsushi se asomó por la puerta. Ya no traía su traje. Traía puesto un pants con un suéter. Eran bastante cómodos. Y también unas pantuflas. Hacía demasiado frío como para andar formal incluso en casa.
—Ah... Buenos días, Atsushi-kun. —Saludó con la mano.
—Haces lo que quieres. Creí que eras un chico obediente... —Atsushi rio cubriendo su boca de forma burlona.
—¿Lo que quiero?
Atsushi se acercó a Todomatsu.
—Así es. Te dije que podías dormir en la cama, pero no lo hiciste.
—¿Cómo podría hacer eso? —Se rascó la nuca—. ¿Dónde dormirías tú?
—No te preocupes, estoy acostumbrado a no dormir.
—¿¡No dormir!?
—Mis horarios de trabajo son extremos. —Rio con pesadez—. Uno se acostumbra. Pero, en fin. —Se acercó a Todomatsu—. Buenos días.
—Buenos días, Atsushi-kun. —Sonrió.
Hacía tanto que alguien no le decía "buenos días" con tanto cariño.
—¿Ya te sientes mejor? Tu fiebre podría empeorar.
—Uh, no. De hecho ha mejorado. Gracias por cuidar de mí.
—No hay de qué. —Atsushi acarició la cabeza de Todomatsu—. ¿Ya tienes hambre?
—Un poquito. —Moría de hambre, pero al menos debía disimular un poco. Todo sea por la dignidad. De hecho, rezaba para que no le fueran a gruñir las tripas en aquel preciso instante.
—Muy bien. Preparare algo para desayunar. Cuando volvía del trabajo me detuve en un mini súper y compré algunos ingredientes. —Se dio la vuelta y se metió a la cocina.
—Espera, Atsushi-kun —dijo inútilmente, pues no fue escuchado.
Atsushi estaba sacando varias verduras de una bolsa de plástico que estaba sobre la mesa. Comenzó a preparar la comida. Inesperadamente se le daba muy bien la cocina.
Todomatsu busco rápidamente en el suelo. Atsushi le había prestado unas cómodas pantuflas también, pero no las hallaba. Se dio cuenta de que las había dejado en la habitación. Se levantó tan rápido que se mareó y enseguida fue por las pantuflas. Las encontró.
Se vio en el espejo y se dio cuenta de cómo lucia su cabello. Estaba todo desordenado. Se peinó rápidamente al azar. Se puso las pantuflas y fue en seguida a la cocina con Atsushi.
—Atsushi-kun, detente. —Entró y se quedó parado frente al comedor, atrás de la barra.
—¿Eh? No, no. Siéntate.
—Déjame ayudarte. —Se aproximó hacia la estufa, donde Atsushi terminaba de picar unas cebollitas.
—No hace falta, de verdad. Deberías seguir descansando.
Todomatsu negó con la cabeza.
—No es necesario. Ya me siento mucho mejor. Además, quiero ayudarte.
—Todomatsu... —Atsushi rio al ver la tierna sonrisa del más pequeño, insistiendo.
—Vamos, no lo hago tan mal —dijo mientras se lavaba las manos.
—Está bien. —Aceptó—. Entonces, ayúdame con esto de aquí. —Le indicó que cuidara lo que estaba en la estufa que se encontraba a fuego lento.
Atsushi y Todomatsu intercambiaban algunos comentarios y se reían. El menor se sentía feliz. Cuando estaba al lado de Atsushi se sentía tan alegre... Se sentía muy protegido. Al final terminaron de cocinar. No les tomó mucho tiempo. Había sido divertido porque estaban juntos.
Se sentaron a la mesa y comenzaron a servir el curry en pequeños platos para comenzar a comer. Todomatsu puso los palillos en la mesa y Atsushi se llevó el primer bocado a la boca.
—¿Qué tal? —Preguntó Todomatsu con curiosidad—. Creo que no lo hice tan mal.
Atsushi siguió masticando y acabo el bocado.
—Al contrario. Lo haces muy bien, para ser honesto.
Todomatsu rio.
—¡No pongas esa cara! —Todomatsu seguía riendo—. No te lo esperabas de mí, ¿o qué? —Tenía una sonrisa de oreja a oreja.
—No es eso, no lo tomes a mal. —Atsushi rio nervioso—. Pero me sorprendes, no me había quedado tan bueno a mí jamás.
—Bueno, me alegra oír eso. —Probó la comida también—. Tienes razón, no está mal.
—¿Verdad? Pero no tenías por qué molestarte en hacerlo. —Usaba un tono muy amable al hablar.
—No digas eso... Atsushi-kun, tú preparaste para mí la comida de la tarde y noche. —Sonrió—. Y lo hacías muy bien.
—No es para tanto.
—No te avergüences.
—¡No lo hago!
Los dos rieron.
Pasaron unos minutos más y ambos terminaron de comer. Todomatsu insistió en que ayudaría a lavar los platos y Atsushi no pudo negarse tampoco esta vez. Cuando acabaron, fueron a la sala de ver televisión. No estaba en un canal fijo, solo era un método de distracción para ambos. Simplemente la encendieron para deshacerse del silencio que reinaba en aquel hogar.
Estaban en el mismo sofá, aunque algo separados. Había espacio como para que una persona se sentara en medio de ellos dos. Todomatsu aún no se acostumbraba a estar tan cerca de aquel hombre, pero había perdido el nerviosismo cuando estaba con él. Eso ya era un punto a su favor. Todomatsu mantenía la vista clavada en la televisión de plasma. Fingía que le ponía atención, pero realmente prestaba más atención a su acompañante. Miró con el rabillo del ojo a éste último rápidamente; notó que miraba la televisión, pero no parecía entretenido del todo.
—Atsushi-kun. —Todomatsu decidió romper el silencio de una vez.
—Sí, ¿qué sucede, Todomatsu?
—Me has ayudado bastante y lo agradezco mucho, y desearía poder dejar de molestar. Es decir, de molestarte, pero...
—Dime.
—¿Me podrías hacer un favor?
11:30 am.
Un nuevo día comenzó en la casa Matsuno. Todos despertaban tarde puesto que no tenían nada que hacer. Eran ninis, ¿que debían hacer? Todos se encontraban acurrucados los unos con los otros en el futón. La nieve paraba de caer por escasos minutos y luego continuaba. Ninguno de los cinco hermanos tenía ganas de levantarse. El clima había cambiado de manera drástica.
—Desearía que la temperatura subiera un poco... —Osomatsu se quejaba mientras se enrollaba en la cobija como un burrito. —Choromatsu, abrázame.
—Quítate.
—Well, my dear brothers... Supongo que hoy estaremos todo el día en cama, je, je… —dijo Karamatsu.
—Eso parece —balbuceó Ichimatsu.
Jyushimatsu estaba dormido y acurrucado junto a Choromatsu.
—Bueno, supongo que más al rato hará un poco de calor —dijo el mayor—. Iré al pachinko, ¿alguien quiere ir? —preguntó con su sonrisa pícara.
—Yo voy. —Se apuntó Karamatsu.
Choromatsu lo pensó un momento para luego hablar.
—Yo también voy.
—¿¡Eh?! ¿¡De verdad!? —Osomatsu se sorprendió.
—Sí —dijo el tercero—. He dicho que iré con ustedes.
En realidad, Choromatsu no tenía ganas de salir con ellos para probar esos bobos juegos de apuestas, pero deseaba poder distraerse con cualquier cosa para olvidarse del asunto con su hermano de aquella noche. Deseaba olvidarse de Todomatsu por un momento. A su vez, estaba preocupado, triste, y ligeramente molesto porque no le había respondido el mensaje que le escribió la noche anterior. Pero ni modo, nada se le podía hacer.
—Yo me quedo —Ichimatsu habló con su monótono tono de voz, pero esta vez con más volumen.
—Lo supuse, Ichimacchan.
—¡Yo también me quedo! —Jyushimatsu se alborotó—. ¡No puedo dejar a Ichimatsu-niisan solo!
—¡¿Eh?! ¡Jyushimatsu! —Karamatsu se asustó.
—¡Jyushimatsu! Se supone que estabas dormido, ¿no? —dijo Choromatsu.
—¡Se supone! —exclamó y comenzó a reírse.
Karamatsu y Osomatsu rieron con él. Ichimatsu y Choromatsu estaban muy serios por el asunto con Totty. Tenían mucho que pensar.
Pasaron el rato viendo televisión, jugando videojuegos, jugando al mah jong, comiendo (porque el frío les despertaba el apetito) o solamente dejando pasar el tiempo. Pronto se hizo tarde y todos dejaron de usar sus pijamas. Llevaban sus sudaderas con sus colores característicos y unas bufandas con el mismo color. Hacía mucho frío. La nieve se detuvo pero el viento seguía siendo fuerte y helado.
[ ....... ]
—Seguro, haré cualquier cosa por ti, Todomatsu. ¿En qué te puedo ayudar?
—Bueno, me dejaste quedarme aquí por un tiempo, ¿verdad? Así que pensé que sería mejor que fuese a casa por unas cosas mías.
—Entiendo.
—Además, quiero hablar con mis hermanos. Les hablaré con la verdad y luego trataré de vivir con ellos.
—Eso es, Todomatsu. Eso es lo mejor.
—Sí. Creo que lo mejor es que no nos ocultemos nada. Les diré todo lo que pienso. Pero si te molesta de alguna forma...
—No, está bien. —Atsushi sonrió sin problemas.
—Gracias, Atsushi-kun.
—Aunque no necesariamente debemos ir ahora.
—Ok.—Sonrió.
Pasaron varias horas. Era un día muy frío y siquiera moverse un poco costaba trabajo. Las articulaciones comenzaban a doler. Siguieron mirando la televisión. Todomatsu se acercó lentamente a Atsushi y se le acurrucó en el hombro. Permanecieron así un tiempo considerable hasta que se hizo más tarde.
1:30 pm.
—Atsushi-kun.
—¿Mhm?
—Creo que deberíamos de... ir a mi casa.
—¿Ahora?
—Por favor, me da pena llegar tarde.
—Está bien, entonces vayamos. Oh, ¿qué tienes? Tu expresión ahora es algo inusual.
—¿Puedes prestarme ropa? No puedo salir en pijama —dijo con pena, estaba cansado de ser una molestia.
—Oh, claro, discúlpame..
—Está bien. No te preocupes. —Todomatsu negó con la cabeza.
Atsushi fue a la habitación y sacó algunas prendas para que Todomatsu se vistiera. Se salió para que se cambiara de ropa cómodamente. Poco después el chico se mostró luciendo las prendas. Efectivamente, la ropa le quedaba muy holgada.
—Bueno —opinó Atsushi—, no es tu talla, pero no te ves mal.
Atsushi ya se encontraba vestido. Usara lo que usara se veía muy elegante. Salieron de la casa.
Cuando Todomatsu miró la casa desde afuera por primera vez abrió mucho los ojos. Estaba muy asombrado. La casa era muy elegante y era enorme. De hecho, por dentro lucía preciosa, pero por afuera lucía aún mejor. ''¿Cuánto se debe trabajar para lograr tener una casa así?", pensaba.
Atsushi abrió la puerta del auto indicándole a Todomatsu que entrara.
—Vamos, Todomatsu. Te resfriarás si no entras pronto.
Subió al asiento del copiloto. Dentro del automóvil estaba muy cálido. Los vidrios se empañaban más conforme los minutos pasaban.
Atsushi salió de garaje y poco después entró a la autopista, encaminándose a la casa de los Matsuno.
[ ....... ]
—Osomatsu-niisan, ¿ya se van? —preguntó Jyushimatsu.
—Sí, Jyushimatsu. ¡Esta vez tengo la certeza de que ganaré!
—Aunque siempre dices eso, brother. —Karamatsu se burló.
—Volvemos en unas horas —afirmó Choromatsu.
—¡Que les vaya bien! —Jyushimatsu agitó las mangas largas de su suéter amarillo—. ¡Abríguense!
—¡Pachinko! ¡Pachinko! ¡Pachinko! —Osomatsu se fue canturreando.
Los tres hermanos mayores se fueron de la casa y ahora solamente los hijos números cuatro y cinco se encontraban habitándola.
Jyushimatsu cerró la puerta y se dirigió a la habitación donde yacía Ichimatsu.
—Ichimatsu-niisan, ¿por qué no fuiste con ellos?
—¿Por qué no fuiste tú con ellos?
—No me gusta salir sabiendo que estás solo en casa —dijo sonriendo.
—Ya veo… —Su expresión decía que no se esperaba aquella respuesta.
—Hermano, ¿en dónde está Totty?
—¿Por qué me preguntas a mí?
—Tú debes de saber algo de él, niisan. Eres quien más ha hablado con él últimamente.
—No lo sé, Jyushimatsu.
—¡Ichimatsu-niisan! —Jyushimatsu agitó sus manos delante de los ojos de su hermano para llamar su atención.
—¡¿Qué quieres, Jyushimatsu?!
—¡Dime!
—¡No lo sé! No lo sé, no lo sé. Lo siento. ¡No lo sé! Lo siento pero él tenía razón. Ya es un adulto, no deberíamos de preocuparnos por él... No es necesario.
—No, Ichimatsu.
—Jyushimatsu, por favor.
—¡Por favor dime con quién está Totty!
—No me preguntes.
—Pero estoy muy preocupado por Totty...
—Ya es un adulto, Jyushimatsu. Sabe lo que hace.
—Sí, pero... es nuestro hermano pequeño, niisan.
—Todos tenemos la misma edad.
—¡Lo sé! ¡Pero al menos deberíamos saber en dónde y con quién está Todomatsu!
—Jyushimatsu...
Ichimatsu consideró por un instante el contarle la verdad, pero no, no podía. Simplemente no debía.
—¡Hermano, por favor!
—Jyushimatsu, no sabemos bien lo que paso, pero al menos ya sabes un poco sobre lo de aquella noche.
—¿Lo de Chormatsu-niisan y Totty?
—Sí. No sé exactamente por qué habrán discutido, pero Todomatsu se ofendió demasiado. Será mejor darle su tiempo y espacio correspondientes.
—Aun así...
—¡¿Acaso no escuchaste?! ¡Él no nos necesita! ¡A ninguno de nosotros!
—No es así, él nos necesita. Es solo que estaba buscando algo con que desquitarse de nosotros.
—¿Eh? —Ichimatsu estaba un poco molesto—. ¿Por qué lo haría?
—Es fácil de deducir. —Alzó su mano mostrando su dedo índice como si diera una clase de primaria—. Realmente quería que nos preocupáramos más por él. Por eso estaba triste y tiene razón. Además, hermano, yo no pude escuchar la discusión.
—No sé qué hacer. —Suspiraba con el entrecejo fruncido.
—Buscarlo. Es precisamente lo que él quisiera, ¿no? —Jyushimatsu sonreía nuevamente.
—Quizá.
[ ....... ]
Atsushi se paró en un semáforo. Afortunadamente no había tanto tráfico aquel día. De por sí la nieve era suficiente para causar retrasos.
—Atsushi-kun, este... Espero que comprendas, pero, ¿podrías tratar de no dejarme frente a la casa?
—Claro, pero, ¿por qué?
—Bueno, si mis hermanos te ven te harían un montón de preguntas y a mí me van a molestar. Quiero hablar con ellos de una manera amable.
—Entiendo. Ya los he visto una vez, de cualquier modo.
—Gracias.
Casi llegaban a la casa. Atsushi frenó un poco antes de llegar.
—¿Aquí está bien?
—Sí, gracias —Todomatsu abrió la puerta del coche y bajó con cuidado.
—Todomatsu —Atsushi lo llamó.
—¿Sí? —Todomatsu se agachó un poco asomándose por la puerta del auto.
—Buena suerte.
Atsushi sonrió un poco. Sólo un poco.
—Muchas gracias, Atsushi-kun. —Cerró la puerta del automóvil—. Trataré de no tardar mucho. —Habló asomándose por la ventana.
—Tómate tu tiempo.
Todomatsu asintió para después aproximarse a su casa.
Se sintió un poco inseguro y le comenzó a doler un poco el estómago. Los nervios lo estaban invadiendo. Caminó pasándose lentamente por el patio hasta finalmente llegar a la puerta. Inhaló y exhaló. Finalmente reunió el valor suficiente y tocó la puerta.
—¿Mhm? ¿Escuchaste, niisan? —dijo Jyushimatsu.
—¿La puerta? Sí, lo oí. Tocaron la puerta.
—Qué raro. Osomatsu-niisan y los demás acaban de irse. ¿Llegaron tan rápido?
—Quien sabe.
Todomatsu se desesperó y volvió a tocar la puerta, esta vez más fuerte.
—¡Voy! —Jyushimatsu bajó las escaleras tan rápido como pudo. Abrió la puerta y quedó estupefacto con lo que vio—. To... ¡Totty! —Lo abrazó fuertemente—. ¡Totty! ¡Regresaste a casa!
—Hola, Jyushimatsu.
—¡Pasa, pasa! —Jyushimatsu cerró la puerta detrás suyo.
Todomatsu se quedó parado en la entrada, con la mirada perdida. Ni siquiera se quitó los zapatos al entrar. Al notar que no había ni un solo ruido se sintió extraño.
—Subiré.
—Está bien, Totty.
—¿Vienes conmigo, por favor?
—¿Eh? Sí.
Todomatsu se encaminó hacia la planta de arriba. Esperaba ver a todos sus hermanos y aclarar todo de una vez. Al abrir la puerta, se encontró con una desagradable sorpresa. El único que se encontraba presente era Ichimatsu. Todomatsu guardó silencio.
Ichimatsu lo miró y desvió la mirada. En realidad estaba sorprendido de que su hermano haya vuelto tan rápido a la vivienda.
—¿Qué pasa, Todomatsu? —Jyushimatsu seguía sonriente, pero algo lo hizo sentir incómodo.
—¿Y los demás? —Todomatsu preguntó con un tono neutro.
—Salieron hace poquito al pachinko.
—Ya veo. —Sintió ganas de llorar. ¡Le había costado tanto reunir coraje!
Jyushimatsu estaba preocupado; su hermano no se veía nada feliz.
Todomatsu dirigió su mirada al número cuatro de sus hermanos, esperando que esta volteara a verlo también, pero no lo hizo.
—Ichimatsu-niisan —Todomatsu lo llamó esperando llamar su atención—. Lo siento.
Ichimatsu abrió mucho los ojos y apretó los dientes. No era necesario que su hermano se disculpara con él, entendía perfectamente que había hecho cosas malas; había fallado como hermano mayor.
—No te disculpes, Todomatsu. Soy yo el que debe hacerlo. Perdóname.
—No, Ichimatsu. Lo que dije esa noche no era verdad. Me dejé llevar. —Suspiró con pesar—. Confiaste en mí y yo en ti... Y aun así no supe valorarlo. Lo que dije no era cierto, niisan.
Ichimatsu se puso colorado. Todomatsu miraba hacia abajo, no se sentía satisfecho. Sin pensarlo dos veces se arrodilló y pegó su cabeza contra el suelo.
—Perdón.
—¡¿Totty?! —Jyushimatsu se asombró.
—¿Eh? - Ichimatsu se sintió terrible—. ¡Todomatsu! ¡Levanta la cabeza! —Ichimatsu se acercó y lo tomó de los hombros tratando de levantarlo por la fuerza.
—¡Totty! ¡Levántate! —Jyushimatsu se preocupó. Aquella actitud no era digna de su hermanito.
—¡Vamos, Todomatsu! Ya, detente.
Todomatsu levantó la cabeza, pero permaneció arrodillado en el piso.
—¿Qué pasa, Todomatsu? —Ichimatsu se acercó a su hermano.
—Ya te lo dije... Lo que dije aquella noche no era en serio. Tan sólo recordar mis palabras me hace sentir como la peor basura del mundo.
—No digas eso...
—Ichimatsu-niisan, dime que me perdonas.
—¿Qué? Pero...
—Todomatsu. —Jyushimatsu le dirigió la palabra a modo de reproche.
El menor lo miraba fijamente.
—Está bien, Todomatsu. —Suspiró e hizo una pausa—. Te perdono.
—Gracias... —Pronto Todomatsu sintió un peso menos sobre sus hombros.
Ichimatsu notó cuan roto lucía Todomatsu. No podía evitar sentir un nudo en la garganta y un revoltijo de emociones en su estómago.
—Ven aquí —Ichimatsu extendió sus brazos a Todomatsu.
Todomatsu permaneció paralizado unos segundos y después pudo reaccionar.
—¡Ichimatsu-niisan! —El menor se aproximó rápidamente hacia su hermano, abrazándolo fuertemente.
Jyushimatsu permaneció estático en la puerta apreciando aquella escena. Se sentía tan feliz de que sus hermanos se reconciliaran. Ichimatsu y Todomatsu permanecieron abrazados un momento más para después separarse con calma.
—Ya me siento un poco mejor —Todomatsu respiraba profundamente—. Jyushimatsu-niisan, lo mismo contigo. No quería que...
—¡Está bien, Totty! —Jyushimatsu corrió hacia Todomatsu y saltó sobre él abriendo sus brazos para abrazarlo.
Todomatsu terminó en el suelo envuelto en un cálido abrazo por parte de Jyushimatsu. Tras un momento se separaron y Jyushimatsu ayudó al menor a levantarse.
—Ichimatsu-niisan, Jyushimatsu-niisan... Lo siento, de verdad lo siento. No estuvo bien por mi parte, no debí haber dicho nada de lo que dije. Perdón. Esperaba poder disculparme con ustedes. —Todomatsu mantenía sus dos manos juntas en su pecho.
—Está bien, Todomatsu. Puedes olvidarte de eso. —Ichimatsu le puso una mano encima del hombro.
—Aunque... —Todomatsu prosiguió—… esperaba poder ver a Choromatsu-niisan y disculparme con él también. Quiero hablar con él —balbuceó, denotando tristeza en sus palabras.
—¡Podrás hablar con él! —Jyushimatsu exclamó—. Llegarán en unas horas y podrás verlo para decirle todo lo que quieras —enfatizó con una enorme sonrisa.
—No, Jyushimatsu... —Todomatsu negó.
—¿Eh? ¿Qué sucede? —Jyushimatsu ladeó un poco la cabeza ante el desconcierto.
—No he venido para quedarme.
—¿Eh? —Ichimatsu sintió un terrible vacío.
—Verán, estoy quedándome en la casa de alguien. —Todomatsu terminó la frase dirigiéndole una rápida mirada a Ichimatsu, como diciéndole: "Sabes a qué me refiero".
—¿Con quién, Totty? —Jyushimatsu se sintió triste pero trató de disimularlo—. Totty, ¿por qué te vas?
—Quiero tratar de valerme por mí mismo, ¿está bien? No es tan difícil de entender...
Jyushimatsu asintió.
—Todomatsu, quiero hablar contigo, pero a solas... —Ichimatsu habló por lo bajo.
—Ah, sí, pero...
—¡Está bien! —Jyushimastu aceptó—. Saldré de la habitación para que hablen. ¡Husttle, husttle! ¡Muscle, muscle!
El quinto hermano abandonó la estancia y bajó al primer piso mientras iba cantando tontamente justo como su hermano Osomatsu hacía.
—Todomatsu... —Ichimatsu comenzó.
—¿Sí, Ichimatsu-niisan? —Todomatsu se esperaba un reproche por parte de su hermano, pero no fue así.
—Estás con ese muchacho, Atsushi-san, ¿verdad? ¿Estás seguro de lo que estás haciendo? Sabes que eres bienvenido aquí, así que no tienes que irte.
—Está bien, Ichimatsu-niisan. Es una decisión mía. Estaré bien, Atsushi-kun cuida muy bien de mí. Es una persona amable.
—Aun así... me preocupas. —Desvió la mirada y se sonrojó un poco.
Todomatsu también se ruborizó un poquito.
—Ya veo. —Se enroscó un mechón de cabello, apenado. Ichimatsu no sabía qué decirle, así que siguió la conversación—. Ichimatsu-niisan —Todomatsu le habló con un tono más serio, que a su vez parecía preocupado—, ¿les contaste? A los otros; a la familia. ¿Les contaste sobre mí y Atsushi-kun?
—No lo hice.
Todomatsu se sorprendió, pero se sintió mejor de alguna manera.
—Creí que se los habías contado. Después de todo lo que te dije esa era una buena manera de vengarte.
—No, Todomatsu. No lo haría, tú confiaste en mí.
—Gracias...
Ichimatsu sonrió ligeramente y asintió.
—Que hayas pensado eso me asusta, pero olvídalo. ¿No te quedas entonces, verdad? Es una pena.
—Vine por unas cosas solamente. No te preocupes, niisan. Será sólo por un tiempo. Volveré un día cuando menos te lo esperes. Tomaré algunas cosas y me iré.
Todomatsu se aproximó al armario y tomó algunas de sus cosas. Entre ellas tomó dos pares de zapatos, sus toallas de baño, algunos cambios de pijama, ropa casual, y sacó sus ahorros para después guardárselos en su billetera. Llevó también su cepillo de dientes, ropa interior y el cargador de su celular.
Todo lo echó a una mochila rosa que tenía cerca del armario, parecida a la que usaba cuando iba al gimnasio.
—Bueno, me voy, Ichimatsu. El clima está empeorando.
—De acuerdo. Te encaminaré hasta la puerta.
Bajaron al primer piso y se encontraron con Jyushimatsu.
—¡Totty! ¡¿Ya te vas?! —Jyushimatsu gritaba como si hiciera un berrinche.
—Lo siento, Jyushimatsu-niisan. Volveré pronto.
—¡Totty! ¡No te vayas!
Todomatsu apretó los dientes.
—Ve, Todomatsu —Ichimatsu habló tratando de aparentar indiferencia—. Suerte.
—Gracias, Ichimatsu-niisan.
—¡Totty! ¡No quiero que te vayas! —Jyushimatsu se desesperó—. ¡Quiero que te quedes con nosotros!
—Lo siento, ya no puedo seguir dependiendo de mamá y papá, Jyushimatsu.
Todomatsu abrió la puerta de la entrada y salió al patio.
—Todomatsu, ve con cuidado.
—Lo haré, Ichimatsu-niisan.
—Totty... —Jyushimatsu corrió hacia Todomatsu y le tomó con ambas de sus manos una sola mano al contrario—. Espero que vuelvas pronto. —Jyushimatsu estaba conteniendo sus lágrimas. El hecho de que uno de los sextillizos dejara la casa era algo que sin duda dejaría un vacío en cada miembro de aquella familia.
—Claro, Jyushimatsu-niisan. No te preocupes por mí, por favor.
Jyushimatsu sólo asintió.
Todomatsu se fue caminando rápidamente de aquella casa. Dio una rápida mirada hacia atrás y levantó su mano agitándola varias veces despidiéndose. Sus hermanos hicieron lo mismo. Se despidieron de él y lo perdieron de vista cuando el menor dio vuelta en la esquina de la cuadra.
El viento soplaba fuerte. Todomatsu con mucho esfuerzo logró suprimir aquel llanto que temía se hiciera presente estando delante de sus hermanos.
Caminó tan rápido como pudo hacia el lugar donde estaba Atsushi. Pronto divisó el automóvil. Llegó hasta la puerta del coche y le dio unos leves golpecitos para llamar la atención del conductor, quien estaba cruzado de brazos con los ojos cerrados, cabizbajo. Atsushi al escuchar aquel sonido proveniente de la puerta, abrió los ojos y quitó el seguro de la puerta. Todomatsu entró tranquilamente acomodando la mochila con sus cosas en su regazo.
—Lo siento —Atsushi se disculpó—, traté de dormir un poco.
—No te preocupes. —Todomatsu negó con la cabeza.
—¿Y cómo te fue?
—Bien y mal.
Atsushi encendió el auto y lo echó a andar.
—Eso me preocupa.
—No, no te preocupes. Atsushi-kun, es sólo que, solamente dos de mis hermanos se encontraban en casa.
—Ah, eso...
—Lo bueno de ello es que pude conversar tranquilamente.
—Eso está bien, ¿no?
—Supongo. Siento un peso menos sobre mí. Pero aun así quiero hablar con mi otro hermano mayor, Choromatsu.
—Ya habrá otra oportunidad. Deja de pensar en cosas que te preocupen. Por ahora sabes que nadie tuvo la culpa, no podías saber que no estarían en casa.
—Tienes razón.
—Vayamos a casa.
Atsushi condujo hasta la casa de regreso. Cuando por fin llegaron, trataron de ponerse cómodos otra vez. Todomatsu dejó la mochila cerca del sofá. Atsushi se quitó el saco y se puso ropas limpias y más cómodas. Todomatsu hizo lo mismo. Con permiso de Atsushi se puso su pijama y pantuflas. Era algo "exagerado" puesto que ya era tarde, pero el clima de aquel día lo ameritaba.
Atsushi se sentó en el sofá.
—¿Atsushi-kun? ¿Estás muy cansado? —Todomatsu sonreía.
—No te preocupes, estoy bien. Apenas y en el trabajo nos dan un respiro.
Efectivamente lucía bastante cansado. Le costaba trabajo mantener los ojos abiertos.
— Entonces... —Todomatsu se aproximó al sofá, donde estaba una cálida manta color guinda doblada en una esquina de éste y la tomó entre sus manos—. Recuéstate —le indicó. Atsushi obedeció y se recostó en el sofá. Todomatsu lo cubrió con la suave manta—. Duerme, no te preocupes por mí, te cuidaré.
—Todomatsu.
—¿Sí?
Atsushi se extrañó por la sonrisa de Todomatsu, pero pudo ignorar aquel pensamiento.
—No quiero dormir estando solo.
—¿Eh?
Atsushi se pegó más a la espalda del sofá para hacer espacio y alzó la cobija.
—Ven.
—¿Eh? No, Atsushi-kun. Estoy bien, en serio.
—Vamos, Todomatsu, no seas tímido. —Atsushi sonrió abiertamente. Le daba gracia ver a Todomatsu nervioso por algo tan simple.
—Atsushi-kun...
—Ven aquí. —Atsuhi le dio unas palmaditas al lugar vacío para que Todomatsu se acostara junto a él.
Por otra parte, Todomatsu se sentía muy nervioso. No había dormido en la cama de Atsushi precisamente porque creía que no debería de dormir con Atsushi, pero la situación de ahora dictaba otra cosa.
Se detuvo delante del sofá y con pasos lentos se aproximó al espacio que el muchacho abrió para él. Se recargó poniendo primero su rodilla y después se acostó cuidadosamente, sin poder acomodar su cabeza.
—Recárgate aquí. —Atsushi recargó la cabeza de Todomatsu contra su pecho con su mano.
Todomatsu se sonrojó notablemente. Sentía la cara caliente, pero aquella sensación era hermosa.
—Relájate. Duerme un momento conmigo.
Todomatsu se sentía feliz. Atsushi lo abrazaba fuertemente. Perdió la vergüenza prontamente y también lo abrazó, rodeando con sus brazos su cintura, sintiendo su fornida espalda con sus delicadas manos. Podría ser quizá la sensación más bonita que había tenido desde que nació.
Todomatsu se recargó en el pecho de Atsushi. Podía escuchar perfectamente los latidos de su corazón. Qué cálido era... Era un amor.
Sin darse cuenta ya tenía las piernas cruzadas con las de Atsushi por debajo de la manta. El sofá no era muy grande ni muy pequeño. Era perfecto para ellos dos. Todomatsu estaba encantado con aquel hombre.
Estaba seguro que mientras se mantuviera al lado suyo, sería feliz. Le encantaba su perfume, su voz, su amabilidad, sus ojos, su piel. Todo...
Pasaron un tiempo más así, abrazados. Pronto Todomatsu notó cómo la respiración de Atsushi se hizo más ligera. Sus brazos ya no lo apretaban como hace momentos atrás. No había duda, se había quedado dormido.
Todomatsu sintió una sensación de serenidad. Se veía hermoso así. De repente actuó sin pensarlo.
Llevó una de sus manos al rostro de Atsushi y lo acarició cuidadosamente. Era demasiado suave. Aquel tono rojizo en sus mejillas lo hacía lucir bastante lindo. Todomatsu quitó su mano del rostro de Atsushi y se acurrucó nuevamente en su pecho, cubriéndose con la manta suavecita. Le miró unos segundos más; de verdad estaba profundamente dormido. Depositó un suave besito en una de sus cálidas mejillas y sonrió. Tomó una de las manos de Atsushi y entrelazó sus dedos con los suyos.
—En serio, no tienes idea de lo muchísimo que significas para mí, Atsushi-kun... —susurró con ternura.
Sin hacer nada más, cerró sus ojos y dejó caer su peso en el cuerpo del mayor para esta vez dormir cómodamente junto a su chico. Qué precioso momento. Si aquel era un sueño, deseaba nunca despertar.
Notes:
Gracias por leer el capítulo seis. Me tardé mucho en escribir, pasaron muchas cosas <:')
Quiero dar un agradecimiento especial a mi preciosa amiga Ana Bonilla, que sin ella reescribir este capítulo no habría sido posible. ¡Muchas gracias! Por alguna razón perdí el respaldo de mis escritos, la plataforma lo eliminó, ¡pero ella pudo rescatarlo a tiempo y ayudarme! Por siempre le daré las gracias por salvar mis horas de trabajo e inspiración.
Chapter Text
La siesta no duró tanto como se estimaba. Pasó alrededor de una hora, quizá. Todomatsu fue el primero en despertar. Abrió los ojos lentamente y trató de moverse un poco para estirarse, pero no pudo hacerlo. Lo había olvidado. Levantó la vista lentamente y a escasos centímetros de su rostro, pudo ver también el rostro de Atsushi. Casi dio un brinco, pero no lo hizo. Lo único que pudo hacer como reflejo fue encogerse un poco. Se sintió un poco nervioso, aunque sabía que no debía. Justo en aquel momento tenía a Atsushi pegado a su cuerpo, sintiendo por completo toda la calidez que aquel muchacho le pudiera propinar. Podía sentir la respiración de Atsushi chocando tenuemente contra sus mejillas. Sentía que se volvería loco, resultaba ser un poco emocionante. Lo miró a detalle.
Se veía como un muñeco de porcelana, era hermoso. Su piel tan blanca, su nariz fina, su cabello castaño claro y sus finas pestañas lo hacían ver precioso. Entre ese pensamiento, Todomatsu se distrajo viendo sus labios.
Lo había olvidado, pero era cierto. La primera vez que había hecho contacto con aquellos labios fue aquella vez en la que Atsushi lo forzó (gentilmente, de alguna forma) a rozar sus labios con los de él pegándolo contra la pared. A su vez, también fue la última ocasión en que aquello se pudo dar.
No despegó la vista de su rostro. Con su mano algo temblorosa teniendo cuidado de no mover mucho a Atsushi, tocó una de sus mejillas gentilmente, de arriba abajo, de un lado al otro, y circularmente. Después, lo tomó del mentón con cuidado y con su dedo pulgar acarició suavemente sus labios.
Se detuvo en seco. ¿Qué estaba haciendo?
Tenía muchas ganas de besarlo, pero, ¿qué pensaría Atsushi? Eso era aprovecharse, ¿no? Apartó su mano y pasó saliva.
Lo que estaba haciendo no era bueno. En primer lugar, él había sido grosero al rechazarlo al principio de todo, en segundo lugar, se sentía fatal. Era un completo inútil en todos los sentidos. No había podido ayudar a Atsushi en ninguna ocasión, así como él le había ofrecido su ayuda muchas veces. En tercer lugar, se sentía tan poca cosa...
Un chico sin gracia, que sus hermanos no soportan y su vida social no funciona como lo desea... No estaba viviendo como quería.
Vio a Atsushi unos segundos más. Se sentía feliz con sólo verlo a su lado, a pocos centímetros de él.
Se asustó. El mayor estaba abriendo los ojos lentamente. Todomatsu aún estaba recargado en el pecho de Atsushi, pero cuando éste último despertó, se echó para atrás.
—At… Atsushi...kun. ¡Hola! —Rio.
—¿Qué tienes? —Atsushi habló con voz ronca y rió también. Siempre que miraba a Todomatsu con un poquito de pánico resultaba muy cómico—. ¡No voy a hacerte nada!
—Lo sé... —Rio.
Atsushi también rio un poco.
—¿Cómo dormiste? —Atsushi le dedicó una bonita sonrisa.
—Pues para serte sincero... —tomó algo de aire— ... estaba tan contento que no pude concentrarme en dormir. —Todomatsu se sonrojó.
—¿De verdad? —Sonrió—. Yo también estaba muy contento. Estoy muy contento — Atsushi acarició gentilmente la cabeza de Todomatsu.
—Ah... Este... ¿No te molesté?
—Para nada. No me di cuenta de nada. Dormí como un bebé.
—Es que trabajas mucho. —Todomatsu sonrió.
Atsushi también sonrió.
—Como te había dicho, no es para tanto —Atsushi volteó a ver el reloj y dio un suspiro—. Por cierto... —Atsushi trató de incorporarse, y Todomatsu lo imitó, aunque disimuladamente—. Hoy me toca trabajar en el turno nocturno.
—¿Eh? ¿Llegarás tarde otra vez?
—Sí, lo siento —Atsushi le guiñó un ojo con una cara triste que a su vez, era chistosa—. Así que... —rio—, sabes que puedes dormir en la cama. No me molestaría ver que cuando llegue estés ahí.
—Sí, entiendo. —Rio—. Perdón. Me sentía muy inseguro.
—No te preocupes, es normal.
—Pero, Atsushi-kun. —Sonrió viéndolo a los ojos—. Hoy me sentí muy feliz de estar a tu lado; de estar muy cerca de ti. Y..., no pude evitar pensar que me gustaría despertar al lado tuyo cada día de mi vida.
—Todomatsu...
—Creo que es lo que realmente siento. Aunque no quería ser sincero conmigo mismo... —Rascó su mejilla con su dedo índice—. Lo siento.
—Ya veo. —Atsushi lo miró unos instantes más—. Me alegra que yo haya podido lograr ser alguien especial para ti.
—¿Eh? ¿Por qué no podrías serlo? Tienes demasiadas cualidades. Lo serías para cualquier persona fácilmente.
Atsushi rió y pellizcó una de las mejillas de Todomatsu.
—Gracias. —Se levantó cuidadosamente del sofá, dejando a Todomatsu solamente ahí—. Iré a tomar una ducha. Aprovecharé el tiempo o se me hará tarde a la hora de la hora.
—Entiendo —dijo Todomatsu viendo la manta—. Eh... Yo seguiré aquí. —Hizo un ademán indicando el lugar donde yacía.
Atsushi asintió y se metió al baño. Todomatsu sólo pudo escuchar el sonido de la regadera. Tomó su celular para ver sus mensajes un momento. Ninguna notificación; de nada ni de nadie.
No duró mucho. Diez minutos o menos, probablemente.
Todomatsu se quedó husmeando en las redes sociales, hasta que Atsushi salió de la ducha. Cuando lo volteó a mirar, se sonrojó notablemente; sólo tenía una toalla amarrada a la cintura, dejando ver su abdomen marcado. Aún escurrían unas gotas de agua por su cuerpo y cabellos; se veía muy sensual.
Todomatsu se quedó embobado unos largos segundos mirándolo, y Atsushi lo notó.
—Ah... ¡Atsushi-kun! —Todomatsu se volteó rápidamente fingiendo una aparente indiferencia—. Saliste rápido...
—No suelo durar mucho. —Atsushi se había percatado de que Todomatsu se había puesto nervioso, quizá incómodo—. Lo siento, olvidé llevar mi ropa al baño. —Sonrió a modo de disculpa.
—No, si es tu casa...
—Aun así es incómodo, ¿verdad?
—No, no realmente... —Todomatsu se tocaba el mentón—. Haz como quieras, me acostumbro.
Atsushi sólo rio. Se dirigió a la habitación a buscar su ropa, enternecido por el comportamiento de Todomatsu que no se había atrevido a voltear aún.
Atsushi salió de la habitación vestido. Todomatsu sintió un ligero escalofrío al escuchar la goma de sus zapatos haciéndose sonar al chocar contra el piso.
—Iré a arreglar unas cosas —dijo Atsushi—, y después saldré.
—Está bien. —Asintió.
—Volveré por la mañana —le dijo tomando su portafolios—. Cuídate, y no le abras a nadie.
—¿Qué dices? —Todomatsu creyó que fue bastante tierno—. Lo sé. Puedes irte tranquilo, Atsushi-kun. Tú cuídate, el clima es horrible.
—Bien. —Sonrió.
Atsushi estaba por salir, cuando Todomatsu lo detuvo poniendo una mano en uno de sus hombros por detrás de él.
—Espera, Atsushi-kun.
—¿Eh? Todoma...
Todomatsu le tomó el cuello de la camisa y ajustó su corbata. La acomodó de tal forma que pudiese verse presentable y fuera cómoda a la vez. Seguido de eso, abotonó su saco y sacudió con sus manos gentilmente su traje, deshaciéndose de alguna posible arruga.
—Ahora sí. —Todomatsu juntó sus dos manos—. Que te vaya bien, Atsushi-kun. —Sonrió gentilmente.
—Gracias, Todomatsu. —No se lo esperó para nada. Todomatsu podía ser tímido, pero aquel lado lindo de él le encantaba.
Atsushi se inclinó un poco acercándose a Todomatsu, y le dio un tierno beso. Apenas un roce de labios.
—Volveré pronto —dijo Atsushi separándose.
—Esperaré por ti.
Todomatsu quedó estupefacto. Olvidó esa sensación, hasta ese momento que volvió a repetirlo. No quería que se vaya.
Atsushi cerró la puerta mirando sobre el hombro a Todomatsu con una gentil sonrisa. Una vez quedándose solo, suspiró.
—Quédate conmigo... —dijo apenas en un susurro, sonriendo débilmente.
Escuchó el sonido del automóvil yéndose y volvió a la sala de estar. Estaría completamente en silencio, de no ser por el sonido de las gotas de lluvia impactando contra el suelo.
Estuvo un momento en su celular, y luego tomó una ducha. Ya era tarde, y de nuevo repitió aquel hábito que odiaba pero no podía evitar hacer. Se acostó con el cabello mojado.
Logró conciliar el sueño casi de forma instantánea.
Pasó un tiempo y Todomatsu retomó su rutina. Comenzó a trabajar nuevamente, pues el estar con Atsushi hizo que faltara varios días en el trabajo. Quizá 2, 3, 4... ¡O más!
Poco le importó su sueldo. Ni siquiera pensó en el día de paga y no se preocupó. Se preguntaba si ya lo abrían despedido. Tal vez cuando llegara dispuesto a su monótona jornada, el gerente le diría: "Lo siento, Matsuno. Ya no eres más un empleado de este lugar."
Sin embargo, nada de eso pasó. Fue al lugar un día por la tarde y lo recibieron bien. Sacchi y Aida estaba preocupadas, y dijeron: "No te preocupes, Totty. Nosotras hicimos tu parte del trabajo. Te justificamos. ¡Nos preocupamos mucho!". Se sintió muy aliviado. Retomó aquel ritmo de vida.
Los días pasaban rápidamente y la rutina era la misma de siempre. Atsushi iba a trabajar por las noches, y Todomatsu trabaja en la cafetería durante las tardes. Se sentía un poco extraño. Tenía dos razones para sentirse así:
La primera: Era raro no llegar a casa, con sus hermanos y sus padres. Ichimatsu sabía perfectamente con quién estaba, pero... ¿Y los demás? Tenían por supuesto muchas dudas. Rompió con aquella vida de repente, y jamás habló de ello más que con uno de sus hermanos, Ichimatsu.
La segunda: ¡No tenía tiempo para estar con Atsushi! Exactamente cuando el salía de casa, apenas tenía tiempo de verlo en las mañanas y Atsushi se quedaba sólo. Y cuando él por fin llegaba a la casa, Atsushi salía.
Muy poquito tiempo se veían. Eso no era como se lo había estado imaginando. ¡No era posible vivir de aquella manera!
Pasaron varias semanas. ¡De verdad, muchos días! Días en los que tuvieron que verse quizá 3 horas por día y salteadas.
Al estar así, acordaron algo. Un poquito extraño, pero resultó gracioso para ambos. Todomatsu prepararía el desayuno y Atsushi la cena. De acuerdo al horario de cada uno, debería resultar bastante bien. Así estuvieron durante algunos días.
Totty se acostumbró a dormir en la cama queen size con Atsushi, aunque casi no se tocaban. Todomatsu se acostaba solo, esperando a que Atsushi llegase de trabajar, y con mucha pena, se dormía. Nunca soportaba permanecer despierto hasta la madrugada.
Cuando Atsushi llegaba encontraba a Todomatsu dormido en una esquina de la cama. Se quitaba el terno y se ponía su ropa de dormir para después acostarse también. Casi siempre al hacer un simple ruido o algún movimiento estrepitoso, Todomatsu abría poquito los ojos, sonreía al ver a Atsushi a su lado, y le tomaba la mano, entrelazando sus dedos con los de él por debajo de las sábanas. Así permanecían hasta el día siguiente.
Era el único contacto, además de los besos, que se propinaban.
A veces, Todomatsu se sentía muy triste por la misma razón. No podían dedicarse mucho tiempo... No había tiempo de jugar, bromear, pasar un tiempo charlando, abrazarse y quedarse así un tiempo viendo televisión, o lo que sea.
Consideró varias veces dejar de trabajar, sin embargo la idea le resultaba horripilante y también muy egoísta.
Simplemente hacerse la idea de convertirse en un inútil y darle molestias a Atsushi le disgustaba mucho. Ya era suficiente con estar con él, así que por lo menos seguiría ayudándolo con los gastos de la casa. Aunque... Atsushi tenía un buen trabajo y un muy buen sueldo. No lo necesitaba realmente, ¿o sí?
A pesar de aquello, no se echó para atrás.
Un mes había estado viviendo ya con Atsushi. Como siempre, aburrido, desconsolado y tristemente decepcionado, se levantó de la cama cuando Atsushi aún dormía, preparó el desayuno, lo dejó con cuidado en la mesa, y salió encaminándose al trabajo.
Era un día muy soleado, con mucho viento. Cálido y fresco a la vez. Resultaba ser muy agradable.
Llegó a la cafetería y dejó su bolsa al lado de la caja registradora, pasándose para el otro lado.
—Buenos días.
Acababan de abrir.
—Buenos días —respondió Aida sonriendo. Era la única, además del gerente, que había llegado.
—¿Y Sacchi-chan?
—No vendrá hoy —respondió la chica—. Tuvo algo qué hacer, así que... —lo tomó del hombro, riendo— …. tendrás que reemplazar su parte de hoy también.
—Ah... De acuerdo. —Todomatsu se rascó la nuca—. De acuerdo. No hay problema, ustedes hicieron mucho por mí.
Aida sonrió y Todomatsu se colocó el delantal que solían usar en la cafetería como uniforme.
Algunos clientes comenzaron a llegar y el día de trabajo pesado comenzó, una vez más.
[ ....... ]
Mientras tanto, Atsushi se levantó y se vistió.
Fue directo a la cocina y se sentó en la mesa para comer su desayuno. Miró una nota.
La tomó y la leyó.
"Buenos días, Atsushi-kun. ¿Cómo dormiste? Perdón por no haber preparado algo mejor, me levanté tarde... Espero que te vaya bien en el trabajo. Cuídate mucho, por favor. Te quiero".
Atsushi sonrió.
Una vez más releyó el recado, aunque esta vez le dio risa. Efectivamente se había levantado tarde. La nota estaba escrita con tinta azul que había manchado la hoja de forma brusca, y todo estaba escrito con una letra horrible. Rió un momento (a pesar de estar solo) y dobló la hoja guardándola en uno de sus bolsillos.
Normalmente Todomatsu preparaba sopa de miso, pescado a la parrilla, tamagoyaki, arroz blanco y encurtidos. Pero esta vez no pudo hacer mucho. Preparó tamagoyaki (en mayor cantidad) y tsukemono. Puso un poco de papas hervidas y un pan de judías.
No era lo de siempre, pero no estaba nada mal. Si Todomatsu estuviera allí le diría: "No te preocupes. Cualquier cosa que tú hagas está bien, porque la hiciste tú", o algo parecido.
Atsushi terminó su desayuno y el resto del día hizo algunas labores de la casa. Cuando terminó, leyó algunos libros y permaneció así gran parte de la tarde.
3:40 pm.
[ ....... ]
—¡Totty! ¡Atiende la caja por favor!
—¡Voy! —Todomatsu corrió a atender a algunos clientes que se encontraban haciendo fila. Con mucho esfuerzo sonreía tomándose el tiempo de atender a todos y cada uno de los clientes.
Aida hacía los pedidos rápida, pero cuidadosamente. Finalmente entregaron los pedidos y algunos clientes tomaron asiento, otros salieron del local.
Finalmente hubo un momento tranquilo. Aida permaneció en la caja registradora un rato. Todomatsu suspiró.
—Finalmente acabó —dijo.
—Aún no —dijo Aida estirándose—. Debemos resistir otras cuatro horas aquí... —Rio.
—Ugh... Quiero irme.
—Yo también. —La chica suspiró sin dejar de sonreír.
En ese plazo de paz, el celular de Todomatsu vibró. Todomatsu buscó en sus bolsillos y lo sacó. Era el teléfono de la casa Matsuno.
¿Quién podría llamarle? Y además... ¿Después de un mes? Se sintió nervioso.
Él dejaba mensajes de texto, aunque sus hermanos nunca le contestaban.
—¿Qué pasa, Totty?
—Ah... —Tengo que contestar.
—De acuerdo. Puedes tomar un descanso en la parte de atrás.
—Mhm. Vuelvo pronto.
Todomatsu se encerró en dónde estaba el comedor de empleados y contestó la llamada.
—¿Hola? —habló un poco cortante, instintivamente.
—Todomatsu —contestó una voz ronca y apagada al otro lado de la línea. Era Ichimatsu—. ¿Qué tal?
—¿Ichimatsu-niisan? ¿Eh? ¿Qué sucedió?
—Oh. Nada, lo siento. No ha pasado nada.
—Uff... Me asustaste.
—Heh...
—Este... ¿Ichimatsu?
—Ah, sí. Sólo quería saber cómo estabas.
—Pues... Muy bien.
—¿Ese tal Atsushi se ha portado bien contigo? Porque si no es así, voy a ir y le voy a partir la...
—¡Sí, Ichimatsu! Todo ha estado muy bien. ¡Y no hables de Atsushi-kun en voz alta! Podrían oírte.
—No lo harán. No hay nadie en casa, solamente mamá, pero está en el piso de arriba.
—¿A dónde fueron?
—A pescar, supongo. No sé, no quise ir. Y papá... trabajando.
—Sí, lo supuse.
—Entonces…
—No te preocupes. Estoy bien... —Sonrió al otro lado de la línea—. ¿Cómo han estado ustedes?
—Yo diría que bastante bien.
—Ah, me preocupé. No me respondían los mensajes.
—Los únicos que tienen celular son Choromatsu y Karamatsu. Pero Choromatsu no le pone atención, y Karamatsu es tan idiota que no sabe cómo usarlo; sólo se toma fotos a sí mismo.
—Selfies.
—Lo que sea.
—Mmm... Pues me alegra saber que están bien.
—A mí me alegra más saber que... tú estás bien.
—Muchas gracias, Ichimatsu-niisan. ¿Han cambiado las cosas sin mí?
—No.
—Ya... Ya veo.
—¿Aún trabajas?
—Sí. Estoy en el trabajo ahora mismo. Pensé en dejarlo, pero...
—¿La casa del muchacho está lejos de la nuestra?
—¿Mucha...? Ah, Atsushi-kun. Pues... yo diría que sí, está bastante retirada de la nuestra. Muy lejos.
—Ah.
—Está en un mejor barrio; mucho mejor. Créeme.
—Entonces sí estás bien. Pórtate bien, no hagas travesuras.
—¿A qué te refieres Ichimatsu? —Escuchó a Ichimatsu reír al otro lado de la línea. Le dio escalofríos, y supo inmediatamente a lo que se refería—. ¡No...! Atsushi-kun y yo no hacemos esas cosas...
—Bueno. Eso no debería de importarme a mí.
—Ajá... —Todomatsu se había puesto colorado.
—¡Totty! ¡La caja! —Era la voz de Aida llamando.
—¡Lo siento, ya voy! —Todomatsu se disculpó—. Ichimatsu-niisan, tengo que colgar.
—Entiendo, no te preocupes. Te llamaré después.
—Bien. ¡Adiós!
Todomatsu colgó el celular.
4:10 pm.
Todomatsu siguió con la jornada de trabajo, así hasta la noche.
Atendían gente, y Todomatsu y Aida hablaban riéndose de vez en cuando sin dejar de ser respetuosos con los clientes, sin molestarlos.
Ese día hubo mucha clientela, y disminuyó cuando la luna se hizo presente.
Llegó la hora de salida, y Todomatsu se despidió de Aida con un beso en la mejilla. Cerraron el Sutabaa y salió corriendo lo más rápido que pudo. Quizá si corría, podría alcanzar a ver a Atsushi.
¡Estaba tan desesperado! Durante casi tres semanas, el único momento que compartía con él, era a la hora de dormir; al tomarse de las manos y no soltarse hasta la mañana.
Corrió. Corrió, corrió, y corrió tan rápido como pudo y sin parar.
7:50 pm.
Llegó a la casa respirando violentamente. Había sudado mucho mientras corría. Se agachó sosteniéndose de las rodillas jadeando. Trataba de incorporarse, pero era inútil. Corrió hacia la puerta de la casa y se sintió muy mal. El automóvil ya no estaba en el garaje.
—Atsushi-kun... —hablaba entre jadeos, muy molesto consigo mismo y triste—. Maldición...
Entró en la casa sin ningún problema (porque Atsushi le permitió sacar una copia de las llaves) y se encerró, asegurando todo.
Buscó con la posibilidad de encontrar a Atsushi en algún rincón de la casa. Pero no. No había nadie.
—Atsushi-kun... —susurró recargándose en la pared, aún cansado—. Ya llegué.
Todomatsu se dejó caer en el suelo, permaneciendo recargado a la pared. Su ritmo cardíaco volvió a la normalidad, y se quedó viendo por unos minutos sus manos, boca abajo. Estaba temblando.
¿De impotencia? ¿De coraje? ¿De tristeza? Seguramente todas esas razones.
Se metió al baño con su pijama para tomar una ducha. Se quitó toda la ropa lentamente, con molestia, y se metió a la regadera. Dejó que el agua tibia corriera por su espalda, su abdomen, y su cara. Puso champú en su cabello haciendo rápidamente espuma. Tomó el jabón y lo pasó por todo su cuerpo... Al final, volvió a entrar en el agua, y salió. Se puso crema por todo el cuerpo, hidratándose. Se cambió y se puso una mascarilla de azúcar y limón, para después enjuagar su rostro nuevamente. Notó que había una secadora cerca. No importaba si la usaba, ¿verdad?
Secó su cabello cuidadosamente y salió del baño.
Se había puesto a pensar que el baño de esa casa era muy cómodo. Además de la regadera, había un jacuzzi. Casi como un hotel cinco estrellas.
No tenía por qué molestarse de nuevo en ir a los baños públicos. Era muy agradable...
Comió la cena que Atsushi le preparó. Pensó que habría asa teishoku de nuevo. Quizá Atsushi lo habría preparado en la noche, puesto que había carecido por la mañana. Pero no. Para cenar había onigiri. Le dio una mordida. Era muy delicioso... Estaba relleno de pechuga de pollo con algo de mayonesa dulce. Estaba muy calientito, así que lo disfrutó mucho.
Terminó de comer y fue a la sala. Se quedó escuchando música con sus audífonos, vio la televisión un momento, tomó uno de los libros que Atsushi tenía, revisó sus notificaciones, etc. Fue a la cocina a tomar agua también.
Al final, fue al baño para después acostarse en la cama.
Se metió entre las blancas sábanas y apagó la luz.
11:00 pm.
Trató de dormir. Mientras trataba de conciliar el sueño, pensaba muchas cosas.
"Atsushi-kun, ¿en dónde estás? ¿Estás bien?".
Trató de abrazar su almohada, y abajo de ésta sintió algo. Era papel; una nota. En seguida encendió la lámpara que estaba en el buró y la leyó:
"Buenas noches, Todomatsu. Gracias por procurarme... Descansa. Y yo también te quiero. Te quiero muchísimo".
Todomatsu se sonrojó y guardó la nota debajo del colchón. La guardaría mañana en su mochila. Apagó la luz nuevamente y se durmió.
4:00 am.
Por la mañana escuchó ruido, pero no puso atención. Quizá había sido el día más pesado que se le había presentado. Pasó gran parte de la noche dando vueltas sin poder conseguir una pose cómoda que le permitiera descansar. Más tarde, se percató de algo. Había un cuerpo al lado suyo.
—A... ¿Atsushi-kun?
—Hola... Todomatsu —susurró.
—No es un sueño, ¿verdad?
—Claro que no —rio.
—Ay. —Cubrió su boca con su mano, hundiéndose en las cobijas.
—Lo siento. Sé que no te gusta vivir así.
—A ti tampoco, ¿verdad?
Atsushi negó con la cabeza.
—Quisiera pasar más tiempo contigo.
—Yo... —le tendió su mano a Atsushi— .... también.
—No te preocupes. —Tomó su mano—. Haré algo, te lo prometo.
—Atsushi-kun... De verdad te extrañé. Me siento muy mal al no poder compartir ni un momento contigo.
—Igual yo. Estuve pensando todo el tiempo en ti.
Todomatsu se acercó a Atsushi. Lo rodeó con sus brazos, recargándose en su pecho. Se apretó junto con él.
—Sé que estás cansado, pero déjame dormir aquí, así, contigo, por favor.
—No eres para nada una molestia. Me hace feliz tenerte tan cerca de mí.
Lo rodeó con sus brazos fuertes y lo atrapó con una de sus piernas Todomatsu cerró los ojos. Deseaba poder dormir así y jamás olvidar esa sensación.
—Te prometo que a partir de mañana las cosas van a cambiar.
—Pondré de mi parte. No seré más el Todomatsu tímido que...
Atsushi lo hizo callar cubriendo con una de sus grandes manos su boca.
—No te esfuerces en convertirte en alguien que no eres, Todomatsu. —Le dio un beso en la frente—. A mí me gusta cómo eres.
Todomatsu estaba completamente conmovido. Atsushi le encantaba; le encantaba todo de él. Era definitivamente su amor de amores.
—Atsushi-kun... —susurró.
—¿Sí?
—Te amo.
—Yo también te amo. —Sonrió.
Una vez más durmieron juntos, acurrucados entre ellos. Atsushi sonrió. Se le ocurrió una muy buena idea.
Notes:
¡Escribí este capítulo en dos días!
Chapter 8: Cálida compañía
Chapter Text
A veces da la sensación de que, por más cerca que estás de alguien, sigues estando lejos. Quizá no sea culpa de la otra persona. Seguro sólo es culpa de uno mismo. Hacerse la idea de que no puedes entender a esa persona, que no la conoces bien, no sabes nada... Sus gustos, miedos, objetivos, fantasías...
A pesar de mantenerte abrazado de ese alguien, o de sostenerlo de la mano, te sientes lejos, porque sabes que no sabes nada. Y te da vergüenza preguntar. Te abstienes a preguntar. Pero, ¿es vergüenza o miedo?
Seguramente ninguna de las dos. Sólo es inseguridad.
Por ello, lo único que podemos hacer es tomar a esa persona de la mano y apretarla fuertemente, porque da la sensación de que se está más cerca. Da la sensación de que puedes entenderte con esa persona, y porque da la sensación de que... De que te sientes más querido.
Quizá sea así o quizá no.
Todomatsu a menudo sentía que a pesar de estar junto a Atsushi, estaba realmente a kilómetros de distancia. A veces sentía que incluso ambos permanecían a diferentes mundos. No se había dado mucho el lujo de poder charlar con Atsushi sobre cosas de sus vidas cotidianas, asuntos personales, o cosas del pasado. Y sabía por qué. En realidad lo único que quería era saber sobre él, quería conocerlo mejor porque se moría de curiosidad, pero a su vez tenía mucho miedo de hablar. ¿Y si Atsushi le preguntaba sobre su niñez? Era una sensación extraña, porque de sólo hacerse la idea, se acoquinaba al hablar de su familia, pero los amaba... Los amaba mucho. ¿Entonces por qué?
Estaba luchando para evitar convertirse en un megalómano, eso sí, pero nunca se ha dado el tiempo de hablar con alguien, ¿verdad?
Había hablado con sus hermanos, pero sólo unas palabras sin importancia. Había hablado con chicas, pero sólo cosas irrelevantes. Había hablado con sus papás, aunque fue muy poco. Había hablado con sus amigos, aunque sólo cosas triviales y nada más.
Al último... Pensó. ¿Había hablado con Atsushi? Sí, pero unas simples palabras que se llevó el viento. Quizá palabras con mucho significado, pero que habían sido dichas débilmente.
Estaba decidido. Se tomaría el tiempo de poder conocerlo, y se dejaría conocer. Debía ser así.
Aun así, la horrible rutina continuó.
Siguió yendo al trabajo, y siguió llegando a la casa a la hora correspondida. No hacía nada más. Tal vez... Cuando salía del Sutabaa aprovechaba para comprar algunos ingredientes para la cena y se compraba quizá alguna bebida. Pero poco o casi nada de tiempo le llevaba realizar aquella tarea.
Probablemente, después de aquella semana comenzó a sentirse muy fatigado. No podía obtener otro resultado.
Al llegar a casa como siempre, saludaba a Atsushi con un cálido abrazo (si es que de casualidad se lo topaba en la puerta), o si no, pasaba derechito hacía la habitación para, exhausto, quitarse la ropa, no sin antes quitarse los zapatos en la entrada. Después iba a buscar su comida, y encendía la televisión para deshacerse del silencio que regía en aquella vivienda. Algunas veces fingía entretenerse con los canales de deportes, o con los de recetas, o caricaturas, documentales... Con lo que sea. Pero al final resultaba ser sólo un medio de distracción. "Para no enloquecer en medio de la soledad", se diría. Algo simple, pero deprimente a sus ojos.
Al final siempre se iba temprano a dormir.
Daba vueltas sin poder dormir, una y otra vez. Ya no prestaba atención a su celular, y a cambio de eso sólo dejaba la lámpara encendida, dejando que la habitación se torneé de un tenue color ámbar de esquina a esquina.
Fuera de eso, sólo se dedicaba a ver el techo hasta dormirse.
Se acostumbró a dejar la luz encendida; porque no le molestaba y porque de repente le invadían unos nervios inexplicables. De esos nervios que llegan de repente y no sabes por qué.
Se enrollaba en las sábanas, apretaba los ojos ligeramente esperando a que su pulso vuelva a la normalidad y al final... No recordaba nada, hasta la mañana siguiente, al ver a Atsushi dormido a su lado.
No hacía más que dar un leve suspiro, se levantaba de la cama, y después se iba a lavar la cara.
Pero ese día, sucedió algo diferente. Algo que cambiaría un poquito la rutina. Todomatsu se levantó débilmente y se estiró tronándose la espalda, y cada uno de sus huesos.
8:00 am.
Sintió como la mano de Atsushi lo sujetó de su camisa por la espalda, deteniéndolo, y atrayéndolo hacía sí.
—Todomatsu... Buenos días.
—Buenos días, Atsushi-kun... —Sonrió con las mejillas rojas—. Vuelve a dormir. Anoche trabajaste horas extras, debes estar cansado...
Atsushi negó con la cabeza.
—Quiero estar contigo. Sabes muy bien que casi no hemos podido estar juntos. —Sonrió.
—Ah... Sobre eso.
—Por eso, no hace falta que sigas yendo al Sutabaa. Quisiera pasar más tiempo contigo...
—¿Atsushi-kun? ¿Qué estás...? No, no. Eso sería algo muy molesto. ¡Me gusta ayudarte! —Sonrió alzando los puños—. Por eso seguiré trabajando y quizá pronto podremos...
—Ah, sí. Eso está bien. Aunque, bueno, supongo que es un obstáculo para nosotros, pero te ayuda para socializar y eso es muy agradable. Es saludable.
—Ah, sí. Supongo que sí.
—Tengo una noticia para ti.
Todomatsu se sintió tenso, pero no supo por qué.
—Sí, Atsushi-kun, dime.
—Tengo que llevar a cabo unos asuntos relacionados con el trabajo. Así que…
—Todomatsu escuchaba con atención lo que Atsushi le decía—, tendré que estar fuera un tiempo.
—¿Eh?
—No será realmente mucho tiempo, y lo que debo de hacer será sencillo y bastante rápido.
—¿Atsushi-kun? O sea que... —Se sintió destrozado por unos segundos. Era algo muy malo en la situación en la que estaban, ¿no? Su relación estaba perdiendo la chispa, o eso creía él.
—Pero no será malo, Todomatsu. —Sonrió.
—Atsushi-kun... ¿A dónde te vas y cuánto tiempo? No quiero que te vayas. No vas a ir, ¿verdad? Diles que envíen a alguien más.
—Todomatsu, no tienes nada de qué preocuparte, porque...
—¿Por qué?
—Porque irás conmigo.
—¿Eh?
—Así que... —Atsushi prosiguió hablando despacio y sonriendo—... no tienes por qué preocuparte por mí, ni por ti. Estaremos juntos mucho tiempo. Bueno... Por lo menos un poco más tiempo del que normalmente estamos.
—¿Irnos? —Un brillo peculiar se hizo presente en sus ojos—. ¿A dónde?
—Tengo algo que hacer cerca de Kioto, así que estaremos un momento ahí, solos, tú y yo. En realidad el hecho de que vaya a hacer algo para mi trabajo cerca de ahí es solamente una insignificante excusa. Quiero poder hablar contigo.
—¿Cuándo?
—Mañana.
—¡Es muy pronto!
—Lo sé, debí decírtelo antes, pero debía de establecer mi horario y poder comunicártelo después. Lo siento. —Sonrió, haciendo que sus pómulos se marcaran.
—No te preocupes. Hoy pediré permiso para poder ausentarme en el trabajo.
—Serán cuatro días. Desearía que fuera más tiempo, pero debo volver pronto.
—No te preocupes por eso, yo lo entiendo muy bien.
—Entonces... —Atsushi soltó a Todomatsu de su camisa—, estaré esperando para que sea mañana.
—Se puso las pantuflas y se encaminó a la cocina, no sin antes darle una última ojeada a Atsushi—. Yo también. —Sonrió.
8:07 am.
Todomatsu hizo lo de siempre. Se lavó la cara con agua fría y salió de casa.
—¡Lo siento! ¡Llegué un poco tarde! —Todomatsu llegó al Sutabaa como si algo o alguien lo hubiese estado correteando, se aproximó a la caja, dejó su mochila en la parte trasera, se colocó el delantal, se arremangó las mangas hasta un poco abajo de los codos, se pasó la mano por el copete y pasó limpiando las mesas antes de que los clientes llegaran.
—Nos acostumbramos, Totty —dijo Sacchi.
Todomatsu soltó una risilla nerviosa.
—¿Estás bien? Como faltaste el otro día...
—Ah, estoy bien. Sólo fui a visitar a mi familia. Recién llegaron a Japón y tuvieron que irse de inmediato... Es una pena. —Sonrió.
—Ya veo.
—Bueno —dijo Aida—, esperemos que este día esté un poquito más relajado.
—Tratemos de pasarlo bien. —Todomatsu les dedicó una tierna sonrisa.
Las chicas sonrieron.
—Y también...
—¿Eh?
—¿Qué sucede, Totty?
Pensó en pedirles de nuevo que ellas sean su reemplazo, pero no. Pensó en otra cosa. "Algo mejor, quizá", o quizá no.
El día se pasó rápido, y de repente Todomatsu comenzó a comportarse un poco más serio. A lo largo del rato, Todomatsu pensó en lo que Atsushi le había dicho, y lo que incluso él había llegado a pensar. Dejar de trabajar. Pero al final lo descartó y no actuó.
Al final, le pidió a las chicas que lo cubrieran en su jornada durante el fin de semana, y ellas sólo asintieron levemente y contestaron positivamente.
Ese día casi no estaban teniendo clientes, y había sido relajante; por lo menos a comparación de otros molestos días.
Mientras no atendían a nadie, Sacchi y Aida se quedaban hablando entre ellas o retocando su suave maquillaje, y Todomatsu iba a descansar a la parte de atrás o iba a limpiar las mesas, sólo por distracción, púes estaban verdaderamente limpias.
Al aburrirse nuevamente, revisó en su mochila buscando su teléfono celular, y encontró la nota que Atsushi le había dejado debajo de la almohada. Sonrió un poco, la arrugó y la metió nuevamente a la mochila.
Pasó un poco de tiempo más, venían clientes, se iban, y Todomatsu sólo dejaba pasar el tiempo.
Como siempre, cerraron el local, se despidió utilizando su monótono tono de voz, y salió para marcharse a su casa. La casa de Atsushi, que ahora era su casa.
Al principio trató de correr un poco, se sentía desesperado y necesitaba liberarse de eso, pero... No quería gastar energías, no había por qué.
Corrió quizás dos cuadras, y para el resto... tomó el tren de las 7:00 pm y abordó, se sentó jadeando sutilmente. Quizás, si el tren era puntual, llegaría a casa a las 7:30 pm. Así tal vez podría ver a Atsushi, pero si no, era una verdadera pena.
Efectivamente, calculó mal el tiempo. Estuvo frente a casa a las 7:45 pm, lo que significa que una vez más, estaba solo. Dio un suspiro y se dirigió a la puerta, entró con la cabeza gacha y dejó caer su mochila.
Tras hacer eso, dio un portazo por accidente, obra del viento. Caminó hasta la habitación y se despojó de su sudadera, pero al estar frente a la puerta miró un hilo de luz amarilla por debajo de ésta. Sostenía el picaporte un poco nervioso.
—¿Qué diablos...?
Abrió la puerta del cuarto
—¡Hola, Todomatsu! —Sonreía y movía la mano de derecha a izquierda. Resultó ser un poquito extraño.
—¿¡Qué!? ¿Eh? Eh... ¿Atsushi-kun?
—Llegaste 15 minutos tarde.
—Este... ¿Qué estás haciendo? Digo, esta es tu casa, pero...
—Ah, tengo este día libre, ¿recuerdas?
—Creí que irías a trabajar todavía hoy y volverías mañana como siempre.
—No, no. Eso sería molesto. Mañana iremos juntos a Kioto, así que desde ahora hasta mañana estaremos juntos, hasta que volvamos aquí.
—¿Eh? ¡Eso es genial! Gracias...
—Ja… —Atsushi negó con la cabeza—. No, soy una persona horrible. Te dije que iba a hacer algo para poder estar juntos pero no he podido hacer más que esto... Y además, sólo cuatro días juntos... es....
—Es genial —Todomatsu sonreía con una sonrisa bastante marcada. Sus mejillas estaban rojas y cálidas, lo que lo hacía lucir bastante cómico.
—¿Ah, sí? —Sonrió también, no sabiendo exactamente por qué.
—Sé que no te gusta que te agradezca continuamente, pero, lo haré siempre. Quizá hasta que deje de existir, así que... —Todomatsu se acercó a Atsushi y posó una de sus frías manos en una de las grandes y cálidas manos de Atsushi— ... déjame hacerlo.
—Haz lo que gustes, por favor. No lo malinterpretes, no soy quién para decirte qué hacer o qué no hacer. Es sólo que... Creí que te sentías obligado a ello.
—No, no...
Atsushi suspiró, relajando los hombros.
—Qué bueno. Me siento mejor escuchando eso, viniendo de ti.
—Eh —Todomatsu soltó una risa apenas audible—. Bueno, iré a tomar un baño —dijo señalando hacia la puerta—. Corrí un poco en el trayecto - Rió de nuevo.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Quería poder verte.
—No es necesario que lo hagas… —dijo Atsushi con un tono de preocupación, que parecía de culpa.
—No, hombre. No te preocupes... Lo hago porque soy un desesperado.
—Desesperado... ¿Por mí?
—Sí. Soy muy idiota.
—Oye... —Atsushi reía demasiado—. ¡No digas eso! ¡Eres lindo!
—Y también idiota.
—¡Agh, basta! —Reía demasiado, y le dolía el estómago—. ¡No digas eso!
—¡Es que así me pones! —Todomatsu también rio al darse cuenta de lo que decía—. ¡Me pongo todo menso!
Atsushi estalló en carcajadas. Todomatsu por un momento al ver a Atsushi así, sentía como su corazón saltaba. Sintió una oleada de calidez invadiendo su cuerpo y sus pies se sintieron livianos, como si flotaran. Sonrió un poco, una sonrisa de verdad. Y luego, cubrió su rostro con una de sus manos.
Unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos.
Atsushi al dejar de reír se dio cuenta, pero no se sintió mal, pues Todomatsu estaba sonriendo. Estaba sonriendo y temblando, cubriendo suavemente su rostro.
—¿Todomatsu? —preguntó Atsushi, apartando gentilmente su mano de su rostro.
—Lo siento... —sonrió con sus ojos cristalinos—. Hace tanto que no reía así, y también... Hacía tanto que alguien no reía así, de esta manera, junto a mí... — Sonrió, mostrando sus blancos dientes.
—Ah, ¿es eso? —Suavizó sus facciones.
Todomatsu sólo asintió.
—Eres demasiado conmovedor, ¿sabes?
—Para nada... —Atsushi soltó la mano de Todomatsu—. Bueno, ve a ducharte, se te hará más tarde.
—Sí, Atsushi-kun.
Todomatsu se metió a la bañera y se bañó con agua caliente. Se cambió ahí mismo, y salió del baño sintiendo el frío del exterior. Había usado un champú de manzana verde que resultó tener un aroma bastante dulce. Le gustaba.
Caminó hacia la habitación y se sentó en el borde de la cama.
Atsushi estaba con la lámpara encendida, leyendo un libro.
Todomatsu permaneció ahí unos segundos más y después se metió entre las sábanas, cuidadosamente. Atsushi no lo había volteado a ver. Todomatsu aún, a pesar de haber estado junto a Atsushi con anterioridad, sentía pena al acercársele. ¿Por qué?
Revisó su celular y lo dejó en el buró. Después volteó la cabeza hacia Atsushi, y habló.
—¿Qué lees?
Atsushi apartó la vista de la lectura un momento y luego la volvió.
—Ah... ¿Esto?
Todomatsu asintió.
—Bueno —prosiguió Atsushi—, quizá sea extraño para ti, pero a veces leo otras cosas fuera del mercadeo, ventas, y esas cosas horribles de oficina... Ya sabes, algo interesante. —Rio y volteó el libro hacia Todomatsu, dejándolo observar la portada— Este es un libro que me encanta releer durante todas las noches... Claro, cada que puedo.
—¿Poesía?
—Así es. ¿Raro, verdad?
—¿Pero qué cosas dices, Atsushi-kun? ¡No lo es! De hecho… —Se volteó con cuerpo completo hacia Atsushi—, es espléndido.
—¿Sí? Temía que pensaras lo contrario.
—Imposible.
Atsushi sonrió entrecerrando los ojos.
—Léeme.
—¿Qué quieres que te lea?
—Lo que sea que te encontrabas leyendo hace unos minutos. Quiero saber qué es lo que te gusta. Parece bastante lindo y profundo.
—Bien.
Todomatsu sonrió, y abrazó la almohada, viendo atentamente a Atsushi, para después cerrar sus ojos lentamente y escuchar su dulce voz.
Atsushi pronunció:
Asomaba a sus ojos una lágrima y a mis ojos una frase de perdón... habló en orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro; pero al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?" Y ella dirá: "¿Por qué no lloré yo?"
-Gustavo Adolfo Becquer.
—Wah... Ese es hermoso... —Susurró Todomatsu, dejándose llevar por el sueño—, Atsushi-kun - bostezó interrumpiéndose—, sigue.
—Claro... —Atsushi se sentía muy contento con Todomatsu a su lado.
9:20 pm.
Todomatsu se quedó dormido mientras escuchaba a Atsushi leer aquellas estrofas... Cada verso lo hizo imaginar preciosos escenarios, hasta que finalmente, quedó en su mundo de sueños.
Atsushi cerró su libro, lo dejó en el buró y apagó la lámpara para después dormirse junto con Todomatsu.
Le dio un impulso por abrazarlo, pero esta vez no lo hizo. Todomatsu abrazaba una almohada y por si fuera poco, estaba lejos.
Desistió.
Cada uno quedó rendido ante aquel día y durmieron uno al lado del otro.
Inconscientemente, Todomatsu se acercó a Atsushi para obtener calor de él, y así permaneció toda la noche.
Una noche tranquila. El conticinio no se hizo esperar.
Al día siguiente, cuando el alba se hizo presente, Todomatsu abrió los ojos. Estaba abrazando fuertemente a Atsushi, recargándose en su pecho. Atsushi ya se encontraba despierto.
—¡Woh! —Se separó de un pequeño empujón y un rápido brinco.
—Buenos días, Todomatsu. —Sonrió cálidamente.
—Ay, Atsushi-kun... Buenos días. —Resopló—. Pudiste haberme dicho que me quitara. Lo siento, te estaba apretando muy fuerte. —Se rascó la mejilla con su dedo índice.
—Eso no te lo voy a negar - Rió. - Pero dormías plácidamente, así que no creí necesario despertarte.
—Uy, señor amable... —Rio.
—Además, ya me acostumbré.
—¿Eh?
—Siempre te me pegas a una hora determinada de la noche y me abrazas. —Sonrió—. No creas que sólo ha sucedido hoy.
—Ah, yo... Ah... —Puso ambas manos en su cabeza, cerca de sus sienes.
—No te preocupes. Es algo característico de ti. No lo dejes. —Guiñó un ojo—. Ah —prosiguió—, es un poco tarde... Claro, a comparación de la vida ininterrumpida que llevamos.
—¿Ah, sí?
Todomatsu volteó buscando el reloj. Éste marcaba las 10:00 am.
—No te preocupes, saldremos de aquí a la una y media de la tarde. Supongo que tenemos tiempo.
—Ah, sí, sí. Entonces... —Dejó colgar sus pies descalzos de la cama—... iré a preparar el desayuno.
—Yo te ayudaré, por supuesto.
—No. —Tomó a Atsushi de uno de sus hombros—. Quédate aquí, hombre.
—¡No tengo nada mejor que hacer! Además cuando tú insistes es imposible desviarte de tus deseos. Yo no soy diferente, ¿sabes? —Sonrió acariciando su mentón un poco.
Todomatsu suspiró.
—Entiendo. Entonces, dejaré que me ayudes. —Todomatsu soltó a Atsushi y se levantó de la cama.
Al estar de pie, escuchó vibrar a su celular para después oír el tono de llamada. Una llamada entrante. Miró la pantalla de su celular. Quien lo estaba llamando era Ichimatsu.
Al ver a Todomatsu indeciso observando la pantalla del celular, Atsushi se levantó también.
—¿Qué sucede? —preguntó.
—Ah, es mi hermano.
—Contesta. Iré a ducharme. —Se estiraba, hablando de lo más normal.
Atsushi salió de la habitación y Todomatsu atendió la llamada.
—¿Bueno?
Nadie contestaba.
—¿Hola? —repitió. Había ruido al fondo—. ¿Es una broma o qué?
—Hola, Todomatsu.
—Ah, Ichimatsu-niisan. —Suspiró—. ¿Qué tal? ¿Todo bien?
—Eso iba a preguntar yo, pero sí. Monótono, como siempre.
Todomatsu sonrió, aunque Ichimatsu no podía verlo.
—¿Cómo te sientes? –preguntó Ichimatsu.
—¿Físicamente? Bastante bien. Mentalmente; confundido.
—Ah, lo normal.
—¿Sabes qué, Ichimatsu? Me siento inútil a pesar de tener trabajo.
—Sé por qué.
—¿De veras?
—Sí. Lo que pasa es que deberías de salir más. Sé que tienes trabajo, pero antes salías con nosotros aunque sólo fuese para bobear o hacer alguna tontería. Te hace falta eso.
—Ya veo... Ahora que lo dices, creo que tiene sentido. Ah, por cierto, ahora que lo recuerdo; qué bueno que me has llamado. Tenía que decirte... Hoy iré a Kioto con Atsushi-kun.
—¿De verdad? ¿Cuánto tiempo?
—Sólo cuatro días. Tiene algo que hacer y yo lo acompañaré.
—Muy bien. Gracias por decirme, Totty.
—De nada. Sí puedo te traeré algo.
—No hay necesidad.
—Sí que la hay.
Ichimatsu soltó una risa apenas audible.
—Eh...
—Ah, Todomatsu. Te diré la verdad.
—¿Mhm?
—La verdad es que hice esta llamada porque Choromatsu quería hablar contigo.
—¿Eh, conmigo?
—Ajá. Pero el muy cobarde salió corriendo de la habitación cuando le pasé el teléfono. Por eso no contesté al instante, lo siento.
—No hay problema.
—Ha pasado tiempo y él ya no está molesto contigo. Nunca lo estuvo. —Recalcó la última frase—. Pero se siente mal por no poder verte desde... aquella vez.
—Dile que no se preocupe.
—Sí. Jyushimatsu y yo le contamos que viniste a casa, pero insiste en que quiere hablar contigo.
—Ya veo. —Todomatsu bajó el tono de su voz. Recordó que, efectivamente, jamás respondió al mensaje de su hermano, Choromatsu. Aquel corto mensaje, pero con profundo significado: "Lo siento".
—Pero... ¿Sabes?
—¿Sí? —respondió Todomatsu.
—¡No lo entiendo! ¿¡Qué carajo piensa!? ¡Primero dice que quiere hablar contigo, y luego, cuando le paso el teléfono, sale corriendo el muy maldito!
—¡Ichimatsu-niisan! —Lo interrumpió riéndose—. Lo sé, ¡pero debe tener sus razones! Sabes cómo es él... —Reía. Ichimatsu no cambiaba nada.
—¡Es que...! Uff... Está mal ese tipo.
—Pronto lo llamaré yo, no te preocupes. —Continuó riendo.
—Agh… Por eso el más "responsable" no se responsabiliza...
—¡Todos lo sabemos!
—Bueno, no te interrumpo más. Qué te vaya bien en Kioto. Ven a vernos pronto. —Hizo una pausa—. Iría yo, pero... me da vergüenza con ese.... Atsushi.
—¡Claro! Adiós, Ichimatsu-niisan.
—Bye.
La llamada terminó. Colgó.
Dejó el teléfono en el buró y al hacerlo miró el libro de la noche anterior. El libro de poemas. Lo hojeó con curiosidad.
—Así que a Atsushi-kun le gustan estas cosas... —Habló para sí mismo, con una sonrisa bastante suave.
Mientras hojeaba miró unas estrofas remarcadas con un marcatextos de color anaranjado. Se detuvo y retrocedió unas cuantas páginas.
Miró y leyó aquello.
Otro lindo poema:
"Nuestra pasión fue un trágico sainete
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.
Pero fue lo peor de aquella historia
que al fin de la jornada
a ella tocaron lágrimas y risas
y a mí, sólo las lágrimas".
Lo miró unos instantes, acarició la hoja y cerró el libro.
Si Atsushi había subrayado aquello era porque le gustaba específicamente sobre los otros escritos, ¿no?
—Pues vaya... —dijo Todomatsu, dirigiéndose a la cocina.
Atsushi salió del baño con una toalla en la cintura y otra más pequeña sobre los hombros. Caminó hacia el cuarto y cerró la puerta para después cambiarse.
Todomatsu se quedó unos minutos mirando a la alacena, indeciso.
No se le ocurría qué podía hacer de desayunar.
Se paró ahí unos instantes con los brazos cruzados, mirando con el ceño fruncido e inflando un poco las mejillas.
—¡Atsushi-kuuuuun!
—¿Qué pasa, Todomatsuuuuu? —respondió Atsushi desde el interior de la habitación. Luego abrió la puerta y salió con un pantalón de vestir y una camisa de manga larga blanca que estaba desabotonada en el pecho.
—¿Qué quieres comer?
—Por mí cualquier cosa está bien.
—Ugh, no sé qué hacer. —Todomatsu se rascó la frente ladeando la cabeza—. ¡Ah! ¿Te gustan las cosas dulces?
—¿Cosas dulces?
—Sí, ¡podría hacer algo de lo que preparamos en la cafetería para ti!
—¡Perfecto! ¿Qué exactamente?
—Ya verás. Tú sólo tienes que ir a la sala y esperar.
—Pero...
—No, regresa.
—Oww... Claro. Como tú digas, Todomatsu. Supongo que esta vez no puedo hacer nada.
—Entonces, regresa. —Le dio un empujoncito por la espalda.
Atsushi se dirigió a la sala y leyó el periódico mientras miraba el noticiero también. Era un hombre bastante inteligente, y por ende se sentía necesitado de mantenerse informado de lo que pasaba a su alrededor.
Entre todo aquello, escuchó a Todomatsu cantar una canción. Le pareció hermosamente nostálgica. Se quedó estático escuchando un momento, pero fingió no prestar atención. No quería que Todomatsu se detuviera. Siguió con lo suyo, pero al cabo de un momento, Todomatsu calló.
“¿Por qué?”.
Esperó quizá quince minutos. Se levantó del sofá, apagó la televisión y se dirigió a la cocina para ayudar a poner la mesa, pero fue innecesario.
Cuando estaba a pocos centímetros de entrar a la cocina, Todomatsu lo llamó.
—¡Atsushi-kun! ¡Ya está listo, ven a sentarte!
—¡Voy!
—¡Y bien, aquí está!
Miró a la mesa. Todomatsu arregló todo de forma muy bonita y sobre los platos de vidrio sirvió la comida.
Preparó unas deliciosas crepas.
—¡Todomatsu, esto es genial!
— ¡Tampoco es para tanto! ¡Aún no puedo hacerlo tan bien como mis compañeras! —Rio con el delantal aún puesto, que por cierto, estaba ahora desabrochándose—. Siéntate, come y dime qué tal está.
Atsushi obedeció. Con el cuchillo y tenedor tomó un trozo. Era exquisito, totalmente dulce y sabroso.
—Todomatsu... ¡Está buenísimo!
—Traté de jugar un poco con la receta... —Rio de manera traviesa, apoyando una mano en su mejilla.
—Siempre supe que eras mejor cocinero que yo. Cada vez me sorprendes más, ¡en serio!
—Ja... Quizá eso sea cierto. —Rio.
Charlaron un rato. Un momento cómodo y alegre. La casa era cálida, mientras afuera estaba helado. Un escenario romántico. Al final los dos terminaron de comer, no duraron tanto.
Después Todomatsu fue a la habitación a cambiarse de ropa.
Se puso una camisa blanca de manga larga, la abotonó dejando sólo un botón suelto, y encima un chaleco de color rosa. Junto con unos pantalones color marrón un poco arremangados, y tenis blancos.
Atsushi se puso una camisa de manga larga blanca con un saco color negro sin abrochar. Esta vez decidió no usar corbata. Llevaba pantalones y zapatos negros.
—Bueno —dijo Atsushi—, ¿llevas tus cosas?
—Sí. No son muchas en realidad. Sólo son cuatro días, después de todo.
—Muy bien, vamos. —Atsushi abrió la puerta para que Todomatsu saliera. Una vez éste último afuera, cerró la puerta con seguro.
Se dirigieron al garaje y subieron al automóvil. Salieron de la casa y se encaminaron a su destino: Kioto.
De Tokio a Kioto durarían aproximadamente 2 horas y 15 minutos de recorrido. Tal vez, si se entretenían, durarían 3 horas. Tenían sólo 5 minutos de haber salido de casa.
Hacía realmente mucho frío, pero no parecía que fuese a llover ni mucho menos a nevar. Las ventanas permanecían cerradas, y ya que Todomatsu lo pensaba, no había habido una sola vez en la que hubiera recorrido la ciudad en el auto de Atsushi con las ventanas abiertas. Tokio estaba en pleno invierno.
—Atsushi-kun, ¿lo que debes hacer es difícil?
—¿Hmm? Ah, es sólo un simple papeleo. Además, tengo que ir a hablar con alguien importante. Importante para la empresa.
—Ah.
—¿Por qué?
—Bueno, estaba pensando que casi nunca pareces preocupado.
—Ah, ¿no?
—No. Pero creo que eso es genial... Necesito esos nervios de acero.
—Ja... Claro. Prefiero tomarme todo esto con calma y no molestar a nadie. No vale la pena preocuparme por algo que no ha pasado y que será inevitable. Además, me acostumbré a mi trabajo.
—Exactamente, ¿en qué trabajas?
—¿Eh? Ah, bueno, ventas y comercio. Administración de empresas... Tú sabes.
—Lo imaginé. Tal como esperaba de Atsushi-kun. —Sonrió.
—Es algo sencillo, aunque para mí, bastante aburrido. Por eso lo tomo con calma. Y bueno, ¿a qué viene eso?
—No estoy seguro.
—¿No te parece un poco molesto tener que venir conmigo?
—¿Eh? ¿Lo dices en serio? ¡No quería quedarme solo en casa esperando por ti! Así que estoy contento.
El auto siguió andando y Atsushi rio.
—Ya veo.
Todomatsu miró a los alrededores. Juraría que había varios lugares en los barrios de Tokio que no había visto antes. No los conocía.
Pasó un tiempo más.
Miró hacia atrás sólo por instinto. Atsushi llevaba un portafolio y una maleta con sus cosas. Todomatsu llevaba también una pequeña maleta, una mochila rosa.
Ese día no había mucho tráfico, era perfecto para el viaje. Esta vez Todomatsu no estaba callado como siempre, y a Atsushi le pareció inusual, pero le agradaba. Se desenvolvía con él y hacia toda clase de preguntas. Estaba muy parlanchín.
Atsushi le preguntó en un instante que pudo que a qué se debía, a lo que Todomatsu respondió: "¿Por qué debería tener una razón concreta? Me gustaría hablar contigo de lo que sea, siempre. Si no te molesta".
Pronto salieron de la ciudad y entraron a zonas rurales que parecían sacadas de pinturas artísticas.
El viaje era alegre, y conforme iban avanzando, el clima iba cambiando. Al acercarse a Kioto poco a poco, el clima era cada vez más cálido. El cielo más despejado, y el sol más brillante.
Llevaban aproximadamente una hora y media de camino, casi llegarían.
En medio de todo aquello, Todomatsu se quedó en silencio por momento; quizá seis minutos.
Después, con ligereza comenzó a tararear una canción. Atsushi permaneció en silencio por unos instantes, con la vista clavada en el camino.
La melodía le parecía nostálgica. No sabía por qué, pero le gustaba escucharla. La dulce voz de Todomatsu hacía resaltar las partes agudas de aquella canción, que después de tararear, comenzó a cantar tenuemente.
Atsushi se humedeció los labios y se enderezó, pegándose más al asiento del auto.
—¿De dónde es? —Interrumpió su cantar.
—¿Eh?
—La melodía —especificó—. Me parece haberla escuchado en otra parte.
—Oh, pues...
—¿Tiene un significado especial para ti?
Todomatsu sonrió y se perdió entre sus recuerdos.
—¡Karamatsu! ¡Todomatsu! ¡No se alejen tanto! —exclamaba Matsuyo. La voz de su madre era joven y dulce.
—¡No, mamá! —gritaba Karamatsu, mientras tomaba la mano de Todomatsu—. ¡Vamos!
—¡Sí!
Jugaban con las hojas secas, corrían, y reían. Después, entre toda aquella alegría, Karamatsu corrió por los senderos, y Todomatsu lo siguió. Aunque éste último, cayó haciéndose un raspón.
—¡Wahhh! —sollozaba Todomatsu.
—¡Todomatsu! ¿Estás bien? —preguntó un preocupado Karamatsu—. Vamos, te ayudaré a levantarte.
—¡Mamá, papá! —Lloraba a cántaros.
—Te pondrás bien. —Karamatsu ayudó a Todomatsu a levantarse, y éste no dejaba de llorar. Se dispuso a ir de inmediato a donde estaban sus padres y hermanos, pero no encontraban el lugar. Se habían perdido—. Este...
—¡Papá! ¡Mamá!
—Todomatsu, tranquilo... —Cargó a Todomatsu en su espalda. Karamatsu comenzó a cantar aquella canción para animar a Todomatsu—. Vamos, canta conmigo. ¡Así nos encontrarán más rápido! —Sonreía para hacer sentir en confianza al menor.
Poco después, Todomatsu perdió la noción del dolor en su rodilla, sólo quedó un poco se ardor. Y comenzó a cantar junto con Karamatsu.
—¡Eso! —decía Karamatsu, animando a su hermanito—. Pronto estaremos junto a papá, mamá y los demás.
Todomatsu dejó de tararear y se fue arrullando en la espalda de su hermano mayor. Sólo escuchaba aquella melodía, aquella canción que jamás pudo olvidar. Karamatsu siguió caminando, cantando, cargando a su hermano y buscando a su familia.
Tras salir de sus cavilaciones Todomatsu le contó a Atsushi la historia.
—Después de eso... —prosiguió— mis otros cuatro hermanos nos encontraron. Habían salido corriendo a buscarnos. Y cuando llegamos con mamá y papá, me abrazaron fuertemente al verme todavía llorar. —Sonrió, recordando, y Atsushi lo escuchaba con atención—. Ah —vocalizó—, y después de eso... Choromatsu-niisan, uno de mis hermanos, me curó el raspón de la rodilla.
—Es un bonito recuerdo. —Sonrió de verdad.
—Aunque es muy simple... —Reconoció—. Aquella vez íbamos de vacaciones al campo, y mi hermano y yo nos separamos sin darnos cuenta. Eso pasó en un lugar muy parecido a ese... —dijo Todomatsu mirando a través del vidrio, los cuales ya estaban abajo. Observó los árboles con hojas grandes y secas entre un color café, naranja y amarillo—. Por eso lo recordé.
—Bonita melodía... —habló por lo bajo.
—¡También me gusta! Ahora que lo pienso... No tengo ni idea de dónde la sacó mi hermano. —Reía.
—Quizá alguien más se la enseñó... —opinó.
—Lo dudo. Nunca nadie jugaba con nosotros —meditó—. Bueno, hubo una vez en la que un hombre llegó a nuestra casa y vivió allí por un tiempo, pero...
—Guarda ese recuerdo —lo interrumpió—. Tienes una familia muy cariñosa. — Sonrió.
—Sí... —Miró su regazo—. En aquel entonces sólo teníamos ocho años.
—El final fue feliz...
—Ajá. —Rio.
Siguieron andando.
Todomatsu siguió contando anécdotas simples, pero en un punto de sintió incómodo. No sabía si estaba molestando a Atsushi, porque estaba hablando realmente demasiado. Y también, porque Atsushi no parecía tener intenciones de platicar algo sobre su infancia. ¿Qué clase de persona sería?
—Oh, mira —dijo Atsushi alzando su dedo índice, apuntando sin soltar el volante—. Ya llegamos.
Todomatsu alzó la cabeza visualizando un letrero que indicaba que, efectivamente ya estaban en Kioto.
—¡Qué bien! —Todomatsu miraba todo con un brillo peculiar en sus ojos—. Todo aquí es muy bonito...
—Lo es, sin dudas.
Al principio, se instalaron en un motel simple, por lo menos unas dos horas. Y todo ese tiempo, Todomatsu estuvo solo en la habitación.
Atsushi había ido a hacer aquel asunto de su trabajo pendiente.
Cuando tuvo listo el papeleo y habló con aquella persona importante, regresó a la habitación del motel, y junto a Todomatsu, salió del lugar, dirigiéndose nuevamente al automóvil. El clima era muy agradable. El sol estaba en un punto perfecto. Después de aquello, a Todomatsu le entró una duda.
—Atsushi-kun... —Volteó la cabeza hacia el volante—. ¿A dónde vamos?
—Ah... —Pisó el pedal, acelerando—. A ese lugar de ahí. —Le indicó con la mirada.
—¿Hmm? —Levantó la vista hacia un lugar lleno de árboles y plantas preciosas. Visualizó su destino y se quedó sin palabras por unos instantes—. ¿Eh? Pero si es...
—Un ryokan.
Más feliz no podía estar.
—Eh, ¿está bien?
—Por supuesto. Nos alojaremos aquí los siguientes cuatro días.
Llegaron frente al lugar y se estacionó. Salieron del coche bajando las maletas (que realmente no eran muy grandes) y se encaminaron al lugar. Todomatsu, voluntariamente, iba unos dos pasos atrás de Atsushi.
Llegaron a la recepción e hicieron la reservación. No había nadie más, solamente ellos. Se dirigieron a la habitación. Nuevamente estaban solos.
—Atsushi-kun, gracias. Este lugar es espléndido...
El canto de las aves que provenía desde las ventanas hacía del lugar un sitio bastante agradable.
—Me alegra que te agrade. —Sonrió, mientras se quitaba los zapatos.
Todomatsu se sentó en el suelo de madera que rechinaba un poco al caminar encima de él. Cerró sus ojos e inhaló el aire fresco. Observó el paisaje desde el ventanal. Era maravilloso, magnífico.
De repente llegó a su cabeza un pensamiento al azar.
« ¿Hace cuánto tiempo que no salía de Tokio? »
Es más, ni siquiera había salido de su casa en años. Se sintió extraño. No recordaba haber estado junto a sus hermanos, compartiendo un momento así.
Aunque nadie lo había propuesto; todos eran ninis. Por supuesto que para ellos toda la vida eran vacaciones. Así que cuando llegaban las verdaderas vacaciones no se les pasaba por la mente: “¡Hay que ir a aquel lugar!”.
X lugar. No importa cuál sea. Habían perdido el interés.
—Por cierto, Todomatsu. ¿Estás cómodo con esa ropa? Puedo ir por unas yukatas a la habitación de al lado.
—Pues, estoy bien, pero creo que van a ser necesarias.
—Tal vez haya ahí, si no hay, iré a la recepción a solicitarlas.
—Claro.
—Traeré también unas getas.
—Ah, sí. Por favor.
—Bien, voy para allá.
—Ah. Este... Tenía curiosidad. ¿Cómo están las aguas termales?
—Pues, supongo que en un muy buen punto. ¿Quieres ir?
—Eh... —Apretaba sus uñas con nerviosismo—. Supongo que sí. Tal vez más tarde.
—Ya veo.
—Atsushi-kun, eh, espero que lo entiendas, pero ya sabes como soy.
—Oh, no te preocupes, no entraré contigo si no quieres.
Todomatsu sólo asintió. Atsushi salió a buscar las yukatas y las getas.
Por mientras, Todomatsu se levantó del suelo y se dirigió al balcón para poder apreciar mejor el paisaje. El aire era fresco, natural. Respiró el olor a los pinos y a flores. Precioso.
Mientras estaba perdido en sus pensamientos, apreciando aquello delante a sus ojos, escuchó algo. Su celular vibró. Fue a checar para ver de qué se trataba.
Era un mensaje de voz de Choromatsu.
Chapter 9: Amor fraternal
Chapter Text
Mantuvo la mirada clavada unos segundos en la pantalla del celular y después sin vacilar punzó sobre el mensaje para escuchar lo que su hermano tenía que decirle. Sostuvo con sus dos manos el celular acercándolo a su oído izquierdo, teniendo cuidado de no cubrir la bocina del aparato.
El mensaje se hizo sonar.
"Todomatsu... Habla Choromatsu. Siento mucho no poder verte desde... desde aquella vez. Lo siento. Por ser un cobarde, y también por no tener el suficiente coraje para poder ir a buscarte y verte... No sé en dónde estás, ni tampoco con quién, pero Ichimatsu dice que estás bien. ¿Lo estás, cierto? Espero poder hablar contigo pronto. Lo siento mucho por no haberte llamado... Al momento de decir alguna frase se me queda la cabeza en blanco y no sé qué decir o qué hacer. Necesitaba un momento, sólo eso; igual que tú. Todos en casa te extrañamos mucho... aunque nadie sabe expresarse correctamente. Me incluyo, lo siento. Papá y mamá están preocupados por ti, piénsalo. Mamá no deja de preguntar por ti todos los días... No entiende nada, pero le hemos dicho que somos adultos, y que estaremos bien. También, por supuesto, supe que hace un mes viniste a la casa, pero por desgracia nadie estaba allí, más que Ichimatsu y Jyushimatsu... Me gustaría poder haberte visto y... disculparme contigo. Siento mucho haberte hecho sufrir, y también me disculpo con los demás. Pase lo que pase puedes hablar conmigo. Lo siento. Ah, algo más: Tú no debes ser quién lleve su cabeza al suelo para disculparse. No tienes la culpa. Nunca entendí cómo te sentías, y nunca traté de entenderte. Lo siento mucho. Sólo... Sólo te pido que no me odies. Aun así, me gustaría saber dónde estás, estoy preocupado, e Ichimatsu no quiere abrir la boca cada que le pregunto algo, ni siquiera para balbucear algo... Lo siento mucho, por causar molestias. Nunca fuiste una molestia... Lo siento. Sólo... Quiero que sepas que no te odio".
El mensaje terminó. La habitación se quedó en silencio.
Todomatsu separó el celular de su oído y se quedó mirando la pantalla unos instantes.
—Choromatsu-niisan... ¿qué cosas dices? —Rio para sí mismo, colocándose una mano en la frente, cubriendo parte de sus cejas.
Las palabras de su hermano ciertamente le habían llegado al corazón. Sintió como sus emociones se abatían entre sí; una mezcla de felicidad con tristeza. Hacía tanto que no sentía algo así, pero recordaba una situación parecida, cuando iba junto con sus hermanos en la secundaria. Siempre lo mismo. Extrañaba aquellos días, pero, ¿cómo habían sido?
[.....]
5:00 pm.
—¡Choromatsu!, ¿quieres jugar conmigo al mah jong? —preguntaba Osomatsu con dicho juego en sus manos.
—No tengo ganas. Pídele a Jyushimatsu que juegue contigo.
—¿Eh? ¡Jyushimatsu no se toma esto en serio!
—Pues enséñale. —Choromatsu estaba leyendo algo escrito en una hoja de papel.
—Pff... Qué más da. Jugaré yo solo.
—¿Por qué no juegas con Karamatsu o Ichimatsu?
—¿Cacamatsu y Oscuromatsu? ¡No gracias! Me echan a perder los ánimos.
—Ni siquiera tienes buen autoestima... —susurró.
—¿Eh?
—Nada. —Dobló la hoja y la metió entre los libros del estante de la sala.
No habían hecho nada en todo el día. Era cierto que nunca hacían nada, sin embargo en este día se habían limitado a no salir de la casa ni un instante.
Ni a pescar ni al pachinko ni a jugar por las calles ni con Chibita ni a la casa de Totoko... No habían hecho nada.
Jyushimatsu estaba animado como siempre haciendo abdominales en la sala. Karamatsu estaba en el techo con su guitarra e Ichimatsu estaba leyendo algunos libros sobre cuidado de gatos en la habitación.
Choromatsu se levantó en seco del sofá.
—Iré a la habitación, está comenzando a darme frío —dijo el tercero.
—¡Bien, Choropajerovski!
—Tch... —renegó para después subir por las escaleras tranquilamente. Estaba comenzando a dolerle la cabeza.
Dejó a Osomatsu y Jyushimatsu solos en la sala, en la planta de abajo.
Quería esperar a que Matsuzo llegara, pero no lo hizo. Sólo su madre estaba en casa, además de ellos cinco.
Choromatsu deslizó la puerta de la habitación y entró lentamente con la cabeza mirando hacia abajo, resoplando. Ichimatsu le dirigió una mirada rápida y luego la devolvió al libro. Choromatsu se dejó caer en el futón de rodillas y luego se metió en él, junto con Ichimatsu.
—Ah... —Choromatsu se quedó mirando al techo.
—¿Qué?
—Estoy aburrido.
—Uh… —Poca o nada de atención le prestaba.
—¡No sé qué hacer!
—Si estás aburrido es tu culpa. Puedes irte a alguna parte sin necesidad de que nosotros también vayamos.
—¿Qué dices, Ichimatsu? Estemos o no juntos al ir a algún lugar sigue siendo igual de aburrido.
—Entonces consíguete un trabajo.
—¿¡Eh!? ¿Por qué lo mencionas?
—Siempre eras tú el que daba la misma cantaleta. "Voy a buscar un trabajo y seré responsable". ¿Qué pasa? ¿Ya no piensas igual? —Sonrió victorioso, agradecido de poder molestar un poco a Choromatsu.
—¿Eh? Ugh... Últimamente no tengo ganas de nada.
—Me doy cuenta.
Choromatsu bostezó.
Hubo un momento de silencio. Sólo se escuchaba cómo Ichimatsu le daba vuelta a las hojas del libro que sostenía.
Aunque, Choromatsu quizá después de quince minutos decidió romper con el silencio.
—Oye, Ichimatsu —dijo y logró captar la atención del menor—. ¿Piensas que estoy jugando?
—¿Qué? Yo la verdad no me molesto siquiera en pensar en ti o en lo que piensas.
—¿Qué tienes en mente, eh? —Choromatsu le clavó la mirada y hasta volteó su cuerpo hacia él.
—Tch... No te entiendo, idiota. Si quieres saber algo, sólo pregúntalo directamente.
—Uff... ¿Por dónde empezar? —comentó irónico. Ichimatsu lo miraba con recelo—. Escucha, no sé qué piensas, pero no nos puedes tener tranquilos ocultando el paradero de Todomatsu.
—Ah, es eso... —Desvió la mirada, la devolvió y continuó—. Salió un tiempo de Tokio. Está junto con un amigo suyo.
—¿Eh? No me digas... ¿Al extranjero?
—No, no. Fue a Kioto. Por lo que sé, volverá dentro de cuatro días.
—¿Eh? ¿Y cómo podemos saber que estará bien, Ichimatsu? ¿Cómo se llama su amigo?
—No lo sé —Mintió—. Pero tú sabes cómo es Todomatsu. Se las arregla para vivir plenamente sin nosotros —dijo, a lo que Choromatsu guardó silencio con la mirada perdida—. ¿Mm? ¿Qué pasa?
—Es que... ¿estará muy molesto conmigo? ¿Realmente él...?
—Choromatsu, por favor cállate.
—¿Eh? Oye, pero...
—Él desde un principio vino para disculparse contigo, ¿no es así? —Choromatsu asintió e Ichimatsu continuó—. Él tenía ganas de hablar contigo, tenía la necesidad de hablar contigo. Así que no puedes sentirte mal.
—Pero no contesta mis mensajes... por más que insisto.
—Seguro tiene pena de hacerlo. O tal vez sólo esté guardándose todo lo que tiene que decir para cuando te vea.
—Tal vez tengas razón... —dijo por lo bajo. Ichimatsu asintió, volviendo al libro nuevamente—. ¿Qué debería decirle cuando lo vea?
—¿Mm? No lo sé. Eso es cosa tuya. Yo no sé por qué pelearon. Sólo estaba de paso.
—Estuviste un buen rato ahí.
—Un buen rato del final de la discusión.
—Ugh… —Se rascó la cabeza—. Bueno, Ichimatsu. Insistiré: dame por lo menos una pista de dónde se encuentra Todomatsu. Es decir, donde vive.
—La verdad que no lo sé... —Era verdad, no lo sabía. Estaba seguro de que estaba con Atsushi, pero no sabía exactamente en dónde.
—Bien. Si no quieres decirme, está bien. Se lo preguntaré a él. —Resopló.
—¿Has hablado con mamá?
—No.
—Mmm... Ella sí está preocupada. Aunque yo ya le he dado algunas explicaciones al igual que a papá.
—Ya veo... ¿Y a mí no?
—Choro, tranquilo. Para empezar, no debería de hablarte sobre la vida privada de Todomatsu. Te estoy haciendo un favor.
—¿Un favor? Pero desde toda la vida nosotros nos hemos confiado nuestros secretos...
—No, no toda. No sé si lo notaste, pero en la época de secundaria y preparatoria Todomatsu comenzó a distanciarse de nosotros.
—Creo que así fue, aunque por un tiempo fui como su mamá canguro. —Lo pensó por un momento.
—O quizá —repuso—, nosotros fuimos quienes nos distanciamos del mundo.
—¿Eh?
—No, no —Se lo pensó unos momentos—. Olvídalo, creo que al final sólo hablo para mí.
Choromatsu bostezó y abrió la boca para articular algo, pero Jyushimatsu entró a la habitación gritando e interrumpiendo.
—¡Vamos, Jyushimatsu! ¡Cállate! —Renegó Choromatsu—. Hubiese sido mejor que te quedaras entreteniendo a Osomatsu…
—¡Lo intenté, pero no quiere jugar al mah jong conmigo!
—Porque eres idiota... —susurró Ichimatsu con una sonrisa casi imperceptible.
—¡No soy idiota! ¡Tengo mis razones!
—Bueno, Jyushimatsu. No interrumpas nuestro momento de paz —espetó el tercero.
—¡Sí!
Ichimatsu siguió leyendo y Choromatsu miraba al techo, mientras miles de pensamientos lo agobiaban. Jyushimatsu estaba jugando con una pelota de béisbol.
—Jyushimatsu —lo llamó Choromatsu.
—¿Sí, Choromatsu-niisan? —contestó sonriendo.
—¿Tú que piensas acerca de la situación con Todomatsu? ¿Crees que... lo tratamos muy mal?
—Choromatsu —le llamó la atención el cuarto de los sextillizos—, no sigas con eso, por favor. Te estás carcomiendo la cabeza. No te preocupes por cosas que aún no han sucedido.
—Es que de verdad me interesa... Por algo pasó todo esto, ¿no? Pero, a pesar de que ya pasó un mes no puedo dejar de pensar en eso. Se puso tan histérico...
El silencio regía en la habitación.
—¿Que qué opino de la situación con Totty? —Jyushimatsu rompió el silencio con un tono dulce.
Ichimatsu lo miró con indiferencia por unos instantes, con sus usuales ojos apagados y entrecerrados. Choromatsu asintió.
—Bueno... —Jyushimatsu se puso la mano en la sien, tratando de recordar—. ¡Supongo que no fue tan malo! No como con Karamatsu-niisan... —opinó.
—Bueno, supongo que la situación daba para más —dijo Choromatsu.
—Pero, si lo piensan bien —prosiguió Jyushimatsu—, ¡nos pasamos un poco!
Ichimatsu se quedó estupefacto.
—Agh... Tienes razón. No debimos haberle prestado ese tipo de atención. Pero, no teníamos de otra, ¿no? —dijo Choromatsu.
—Pues no es que no tuviéramos opción, niisan. ¡Es solamente que no queríamos aceptar que Totty es mejor que nosotros! —dijo el quinto con una expresión infantil, sincera y alegre.
—Ahora que lo dices... —dijo Ichimatsu por lo bajo.
—Ah... Eso es —Choromatsu suspiró y prosiguió—: A veces yo quería creer que podía llegar a hacer más cosas que ustedes y los otros, y por eso me esforzaba. O tal vez sólo aparentemente me esforzaba. En realidad nunca llegué a hacer tanto como Todomatsu —admitió.
—Es por eso que se puso así, entonces —dijo el cuarto—. Él era quién realmente quería hacer algo por nosotros y por él mismo. Y nosotros no hicimos más que hundirlo junto al resto.
—¡Totty tenía razón! —exclamó Jyushimatsu.
—Ah... Necesito hablar con él.
—¡Podrás hacerlo, Choromatsu-niisan! Apuesto a que Totty volverá otra vez. —Sonreía.
Choromatsu le devolvió la sonrisa e Ichimatsu sólo miraba aquella escena, un poco conmovido. Era típico de sus hermanos.
Seguido de aquella coloquial charla, Osomatsu entró a la habitación amedrentando a los presentes por unos leves segundos.
—¡Ah! ¡Ya me aburrí!
Los menores hicieron caso omiso. Osomatsu no era una mala persona, pero era un tanto insoportable y últimamente todos optaban por no prestarle atención.
—¡Intenté jugar con mamá, pero también se enfadó de mí! —se quejaba el primogénito.
—No veo por qué querría jugar contigo —dijo Choromatsu.
—Seguramente perdiste y tú eres quién decidió dejar de jugar con mamá —Rio Jyushimatsu, dejando en claro su suposición.
—Eh... —Osomatsu se quedó callado. Dio en el clavo.
—Bueno, pero no deberías enojarte —añadió Choromatsu—. Mamá debe estar aburrida también, ve a jugar con ella.
—Ah, creo que está estresada por lo de Todomatsu.
—¿Aún? —dijo Ichimatsu—. Pero si ya ha pasado casi un mes y medio de eso...
—Precisamente por eso —espetó Osomatsu.
—Deberíamos pasar más tiempo con ella, ahora que lo pienso —opinó el tercero.
—Nah —dijo Jyushimatsu—. ¡Yo creo que lo que realmente quiere es que todos nos vayamos de la casa, igual que Totty! —Rio a carcajadas.
—Jyushimatsu, hay cosas que no deberías decir —dijo Osomatsu un poco fastidiado.
—Bueno, yo ya le di las explicaciones necesarias a papá y a mamá —aclaró Ichimatsu—. Sólo será cuestión de tiempo para que ustedes seis sean capaces de comprender... Quizá él les explique.
—¡Maldición! —dijo un curioso Osomatsu—. ¡No veo por qué tanto drama! Después de todo nosotros también hemos querido hacer lo mismo; irnos de la casa.
—Aunque no somos capaces —dijo el tercero.
—Bueno, bueno... Entonces la cosa ya está tranquila —dijo Osomatsu.
—Sí, por lo menos —suspiró Ichimatsu.
—Aún recuerdo cómo eran nuestros días de secundaria... —dijo Choromatsu mientras miraba al techo con una linda sonrisa—. Nosotros nos esforzábamos en entrar a clubes de fútbol o básquetbol para impresionar a las chicas y jamás lográbamos hacerlo. En cambio Todomatsu sin necesidad de esforzarse fue capaz de conseguir muchos amigos y el cariño de los profesores...
—¡Te equivocas, niisan! —exclamó Jyushimatsu.
—¿Eh? —dijeron todos al unísono.
—¡Yo sí logré entrar al club de béisbol! —dijo Jyushimatsu sonriendo.
—Ah... Sí. —Rio Choromatsu.
—Aunque eso no cambió nada —recordó Ichimatsu.
—¡Cierto! Cero chicas para mí —admitió el quinto.
Todos rieron.
—Pero, lo que quiero decir es que siempre ha sido así —dijo Choromatsu.
—¿De qué forma? —preguntó Osomatsu—. La verdad, creo que dependemos los unos de los otros, pero si Totty ha querido separarse de nosotros está bien. Además, el hecho de que debamos disculparnos con él no debería ser, ¿no? —Todos lo observaban—. Si quiere hacer algo, que lo haga. Como tú has dicho, Choromatsu. Él es muy peculiar a nosotros. Durante la secundaria y preparatoria él fue capaz de hacer cosas que nosotros no, pero al fin y al cabo, él sigue siendo por una parte igual a nosotros. Tiene más dinero que nosotros, sí, un poco. También tiene chicas y amigos, pero, ¿además de eso, qué tiene? Lo más importante que le queda son sus recuerdos y eso es lo que importa. Nosotros estamos en sus recuerdos y formamos parte de él, y él de nosotros. Pero hasta ahí. No veo por qué la preocupación...
—Pero... —dijo Choromatsu.
—¡Aunque...! —prosiguió Osomatsu—. Tampoco digo que no me importe. ¡Sólo no debería dejarnos de lado de esta manera! Él también debería tratar de comprender. Mira que decir un montón de cosas de nosotros en la madrugada y salirse corriendo de la casa... Hubiese podido decir: "Hasta luego, hermanos. Tomaré mi propio camino a partir de ahora". Con eso hubiese bastado. Pero, en cambio, no nos dio ninguna explicación y no sabemos a dónde ir a buscarlo. Es horrible. Sé que se apena de nosotros, pero no sólo deberíamos tratar de comprenderlo nosotros a él.
—Osomatsu-niisan...
El silencio se apoderó del lugar, hasta que fue interrumpido por un estrépito proveniente del exterior. Todos se quedaron anonadados por unos momentos, hasta que la puerta de la habitación se deslizó.
—¡Fuh! ¡Brothers! Me acabo de caer del tejado... Casi me muero —dijo Karamatsu entrando y posándose en el marco de la puerta con un aire de victoria.
—Ya veo —dijo Osomatsu con poco interés. Los demás no dijeron nada.
—¿¡Ven lo que les digo!? —exclamó alegre Jyushimatsu agitando sus mangas—. ¡Totty no podría sufrir tanto como Karamatsu-niisan!
—¡Oh! ¡Lo entiendo! —dijo Choromatsu.
—Ah, tiene sentido —soltó Ichimatsu.
—¿Eh? ¿De qué hablan? —preguntó Karamatsu.
—Hablamos sobre Totty —dijo Osomatsu.
—¡Oh, my little pink baby, Totty!
—Oh, rayos. Cállate, por favor... —dijo Ichimatsu dirigiéndole una mirada de asco absoluto.
—Bueno, pronto lo veremos. Creo que... tomaré en cuenta lo que has dicho, Osomatsu —dijo Choromatsu.
Osomatsu asintió. Todos se quedaron en silencio un momento.
—Ah… Estoy aburrido —repitió Osomatsu.
—¿Vamos a beber? —preguntó Choromatsu.
—No tenemos dinero —advirtió Ichimatsu.
—¡Ah! ¡Ahora que lo recuerdo...! Karamatsu-niisan ganó en el pachinko hace ya bastante tiempo y no ha gastado el dinero aún —informó Jyushimatsu, contento.
—¿¡Eh!? ¡Jyushimatsuuuu! —gritó el segundo sintiéndose traicionado.
—¡Entonces ya está! —dijo Osomatsu con autoridad—. ¡Karamatsu pagará las bebidas y la comida!
—¿Eh? ¡Pero...! —Karamatsu trató de justificarse.
—Bueno, vayamos —dijo Choromatsu.
—Aunque ya es tarde... ¿Iremos? —preguntó Jyushimatsu.
—¿Por qué no? No tenemos nada más que hacer aquí —dijo el mayor.
—¿Tú irás, Ichimatsu? —preguntó el tercero.
—Iré —asintió el mencionado.
Se pusieron sus sudaderas, le informaron a su madre que pasearían un rato y salieron. Era un día frío en Tokio, a diferencia de Kioto, así que se pusieron las capuchas.
6:30 pm.
Decidieron ir a un izakaya.
Eligieron una mesa que se encontrara en una esquina o en cualquier rincón. La sentían más cómoda de esta manera.
Al sentarse, sintieron una sensación extraña al ver cómo el usual asiento del menor de los sextillizos quedaba vacío. Aunque, la incomodidad se disipó fácilmente. Un joven se acercó a tomarles la orden y todos pidieron al azar la comida, además de un tarro de cerveza para cada quien.
El mesero pronto llegó a la mesa con todo (en partes) y comenzaron a comer. Hablaban mucho mientras bebían y apenas tocaban la comida. Probaban a veces algunos pistachos y tomaban un poco de la sopa o picaban la carne con arroz.
El pobre Karamatsu no hacía más que ver cómo todos gastaban su dinero. Aun así, lo estaba pasando muy bien. Se limitó a sonreír, ya nada se le podía hacer.
Entre trago y trago se pusieron cada vez más habladores y pedían una cerveza tras otra. Aun así, no estaban tan risueños como otras veces ni estaban bromeando. Todos estaban en sus cinco sentidos. Quizá el único ido podría ser Osomatsu.
—Ah... Choromatsu —lo llamó Ichimatsu, con sus mejillas un poquito rojas.
—¿Sí?
—¿No hablaste con Todomatsu después de que yo le marcara? Es que... vi algo que escribiste en un papel. ¿Era para desahogarte?
Los demás no los escuchaban porque mantenían su propia conversación aparte entre risas. Choromatsu e Ichimatsu estaban en un extremo aparte.
—¿¡Eh!? Ichimatsu, ¿qué viste?
—Unas palabras para Todomatsu.
—Ah... —Lo recordó. Se trataba del papel que leía aquella tarde en la sala y que después metió en un libro que se encontraba en un estante cerca—. Ah... Es que... No me atreví a marcarle, así que decidí dejarle un mensaje de voz.
—¿Y?
—Bueno... Soy muy torpe para hablar y expresarme, así que decidí escribir lo que... lo que quería decirle. Redactar todo lo importante. Por eso... lo escribí y lo leí grabando mi voz.
—Ah... Ya veo. Seguro que se da cuenta.
—¿Tú crees?
—Creo que sí. Así es Todomatsu. Se da cuenta de este tipo de detalles —dijo sosteniendo el tarro de cerveza mientras lo miraba con sus ojos más entrecerrados de lo normal.
—Ichimatsu, estás borracho. —Rio.
—¿De qué hablas? Estoy muy... muy bien.
—Ya. —Sonrió.
—Ya no te preocupes por Todomatsu —Soltó—. La verdad... pensé en decirte la verdad, pero... me sabe mal. Le prometí que no... iba a decir nada.
—¿Eh? ¿Por qué no?
—Ya deja... de preguntar, Choro.
—Es que no veo que tiene de malo. ¿Está con un amigo suyo, no? Cualquier cosa seguro que la entiendo. ¿Quiere irse acaso del país?
—Eh… —Efectivamente, estaba un poco pasado de copas, así que decidió no abrir la boca por si acaso.
—Tú eres el que me preocupa. No me haces más que pensar que alguien te tiene amenazado o algo. ¿Qué con Totty?
—Es que él....
—¡Ichimacchan! —interrumpió Osomatsu—. ¡Ya no te queda nada! ¿Qué te parece otra ronda? —Estaba muy risueño y muy parlanchín. Tenía las mejillas rojas. A diferencia de las otras personas, él no recaía con los efectos del alcohol.
—¿Eh? Pero... yo ya he tenido suficien...
—¡Recuerda que Karamatsu paga! No hay problema... —dijo el mayor acariciando los alborotados cabellos de Ichimatsu con una mano y sosteniendo su cerveza con la otra.
—Muy bien —Ichimatsu sonrió.
—¡¿Y los demás?! —exclamó Osomatsu muy animado.
—Bueno, ya que insistes... —aceptó Choromatsu.
—¡Sí, sí, sí! ¡Otra ronda! ¡Otra ronda! —Jyushimatsu se emocionó.
—Y-Yo estoy bien… —dijo un adormilado Karamatsu.
—¿Qué diablos dices? ¡Pero si tú pagas! ¡Aprovecha tu propio dinero, hombre! ¡Ja, ja, ja! —Osomatsu reía a carcajadas dándole unas fuertes palmadas en la espalda al segundo.
Todos reían. Pidieron más cervezas y algunas botanas. Cuando llegaron todavía se asomaba un poco de sol, pero ahora ya había oscurecido totalmente. El tiempo se les fue muy rápido. Tenía mucho tiempo que no lo pasaban así de a gusto. Siguieron bebiendo, y se les despertó el apetito, por lo que volvieron a comer más tardecito. A Karamatsu parecía ya no importarle lo que sucediera con su dinero. Entre tanto y tanto, salieron del lugar cuando Choromatsu se dio cuenta de que tenía nueve llamadas perdidas de su mamá.
Significa peligro.
Salieron del lugar cuando ya era muy oscuro. Iban a ser casi las ocho con treinta minutos. Llegaron a su casa a como pudieron, apoyándose los unos con los otros.
9:00 pm.
Cuando ya habían llegado, se acostaron todos juntitos en el futón y se acurrucaron entre ellos. La noche estaba muy fría.
Osomatsu y Karamatsu se sintieron especialmente más solos que de costumbre. Todomatsu no estaba entre ellos y no acostumbraban a acurrucarse entre ellos dos en las noches frías, pero no les quedó de otra. De lo contrario morirían congelados. Todos cayeron y quedaron profundamente dormidos.
Choromatsu fue el último en conciliar completamente el sueño. Estaba nervioso con respecto al mensaje que dejó para Todomatsu. Esperaba de todo corazón que le respondiera.
Chapter 10: Atardecer contigo
Notes:
En este capítulo se redacta lo que Todomatsu y Atsushi estuvieron haciendo en el ryokan mientras los ninis bebían y charlaban. Será un "mientras tanto", al menos hasta que anochezca y sea otro día.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
5:00 pm.
Todomatsu después de escuchar el mensaje dejó el celular en una pequeña mesa que había en medio de la habitación y se dedicó a observar el espeso bosque que yacía frente a la instalación. El ryokan estaría deshabitado a no ser porque Todomatsu, Atsushi y los dueños del lugar estaban ahí.
Ya era tardecito y el lugar se pintó de una cálida tonalidad rojiza, tocando todos y cada uno de los rincones.
Todomatsu pensó por un largo rato las palabras de su hermano, y había algo raro en ello. Hablaba demasiado seguro y parecía decir toda la verdad.
Rápidamente llegó a una conclusión y rió para sí mismo. Se dio cuenta de que Choromatsu estaba leyendo lo que había dicho. Le resultaba casi imposible pensar que su hermano pudiese hablar y expresarse con semejante fluidez. No cabía la menor duda.
Observó cómo los árboles se mecían con el viento y las hojas secas se desprendían de éstos. Nuevas flores comenzaban a brotar y un camino de tierra y finas rocas abrían paso a las profundidades del lugar. Se quedó perplejo observando todo aquello hasta que el sonido de las pisadas de Atsushi en el rechinante piso de madera aproximándose interrumpió sus pensamientos. Atsushi deslizó la puerta y entró al lugar con unas prendas sobre su brazo y unas sandalias de madera (de las cuales ya traía puestas un par).
Atsushi ya traía puesto el yukata. Era una prenda muy cómoda de color azul marino con detalles azul cielo y gris.
—Perdón por tardar. Cuando llegué por alguna razón no había nadie que pudiese atenderme... ¡Qué cosas! —Se aproximó a Todomatsu y le tendió el yukata y las sandalias—. Ten, póntelas. Creo que te sentirás más cómodo con esto.
—¡Está bien! No te preocupes. Miraba los alrededores del lugar. Aquí es muy bonito y el clima es mucho más cálido que en Tokio.
—Creí que sería un buen lugar donde pudiésemos relajarnos.
—Sí, creo que la vida en casa no estaba marchando muy bien. —Simuló una sonrisa que apenas fue una mueca imposible de descifrar.
Atsushi sonrió y se dio la vuelta para acomodar algunas cosas de las maletas en la extensa habitación. Todomatsu se quitó la ropa de la parte superior y se colocó el yukata ajustándolo un poco. Una vez puesto, se quitó lo de la parte inferior.
Era un yukata color rosa con detalles color rojo y amarillo. Después Atsushi volvió con una bandeja de comida. Era pescado hervido con algunos encurtidos y pan, acompañado con algunas frutas y una taza de té.
—Traje esto de una vez también —dijo el mayor—. Supuse que tendrías hambre. Nos hemos esforzado mucho últimamente por seguir con nuestras vidas.
—Muchas gracias. —Todomatsu sonrió.
—Ah, también... —Atsushi se sentó a la pequeña mesita del centro y Todomatsu lo imitó, mientras tomaba su parte de la comida—, si quieres hablar de algo en especial conmigo, puedes hacerlo. Creo que no hemos tenido el suficiente tiempo como para poder interactuar lo suficiente...
—Tienes razón. Bueno, ahora que lo dices... Tengo cosas que preguntarte, aunque no creo que sea nada relevante. Sólo quiero conocerte más —dijo terminando la frase con una sonrisa.
Atsushi asintió también sonriendo.
—Yo también quiero conocerte más, Todomatsu.
Primero se dedicaron a comer. Por alguna razón Atsushi no tenía tanto apetito como lo tenía Todomatsu, así que acabó después del mencionado.
Se levantaron del suelo, separándose de la mesa y se dirigieron al balcón que incitaba a observar el rojizo atardecer.
5:40 pm.
—Bueno, ¿querías hablar de algo conmigo?
Todomatsu vaciló por un momento y luego aclaró.
—Bueno, quiero hablar contigo, sí. Pero no de algo en especial.
—Oh, de acuerdo. Me gustaría pasar un rato así contigo. Siento que han pasado semanas en las que no hemos convivido mucho. —Rio.
A Todomatsu se le derretía el corazón al ver sonreír a Atsushi. Era guapísimo.
—A decir verdad, Atsushi-kun, siento que aunque ya he estado casi un mes y medio junto a ti, no me he dado el tiempo de conocerte. Es casi como si... recién te hubiese conocido. —Dio un suspiro—. Por eso...
—Muy bien. Responderé cualquier cosa que preguntes. —Volteó a verlo.
Todomatsu lo pensó un momento. No tenía algo en especial qué preguntar, pero quería conocer más de Atsushi, así que cualquier cosa coloquial estaría bien sin necesidad de profundizar.
—¿Cuánto mides, Atsushi-kun?
—Mido 1.82 —dijo sonriendo, como si le hubiese causado ternura.
—¡Rayos! Sabía que eras alto, pero... —Rio.
—¿Tú como cuánto mides? ¿1.73?
—1.70 —afirmó.
—Ah, ¡casi lo adivino! Creo que soy bueno calculando este tipo de cosas. —Apoyó su mano en su mejilla.
—Creo que eres bueno en todo, Atsushi-kun —dijo tras una pausa.
—¿Eh? No es verdad. En realidad a veces no sé ni siquiera qué es lo que intento hacer.
Todomatsu rio un momento y después desvío su vista al tornasolado cielo. Inhalaba el aroma del aire fresco y relajante. Se escuchaba cómo las hojas caídas de los árboles se arrastraban con el feroz viento. El aire se disipaba y volvía, pero siempre siendo gentil.
Por un momento creyó que era uno de los pocos momentos de su vida en los que de verdad se sentía vivo. El simple hecho de poder respirar aquel aire fresco... De poder sentir la calidez en su piel de quién estaba a su lado, de poder escuchar su voz, de poder sonreír, de sentir cómo su cabello era alborotado por obra de la naturaleza... Aquella debía ser la verdadera felicidad.
Hablaron un rato más. Desde las cosas que hacían en la universidad, las que hacían hace poco antes de conocerse, hasta las más coloquiales, como qué les gustaba comer, qué no les gustaba, sus hobbies. De todo.
—Atsushi-kun, debiste ser muy popular entre las chicas en la universidad, ¿no?
—Digamos que sí —Asintió—. Pero eso no era algo que realmente me gustara...
—Yo creo que es algo de lo que muy pocos pueden presumir. Debía de haberte gustado con que sea un poco. —Sonrió.
—Traté de que no fuera molesto para mí, pero...
—“¿Pero?”
Atsushi se humedeció los labios como si estuviese a punto de decir algo, pero sólo atinó a cerrar la boca muy indeciso y negó con la cabeza.
—Nada. —Sonrió.
Todomatsu lo miró confundido unos segundos y después desvió la mirada. Pronto Todomatsu comenzó a sentir sueño, estaba un poco cansado. Después de todo acababa de dejar su trabajo después de largas jornadas (al igual que Atsushi) y se habían ido demasiado rápido a aquel lugar. Sin mencionar el tiempo de recorrido y el tiempo que Atsushi duró en hacer su papeleo y hablar con aquella persona importante.
7:40 pm.
Atsushi se dio un baño en las aguas termales. Después de quince minutos, Todomatsu hizo lo mismo. Aunque Atsushi ya no se encontraba ahí.
8:35 pm.
El menor se dirigió a la habitación y se topó con Atsushi de nuevo. Se volvió a colocar el yukata. Atsushi había colocado el futón en la habitación, listo para que fuesen a dormir.
Ambos se recostaron. Inmediatamente Todomatsu quedó profundamente dormido y Atsushi al darse cuenta de esto lo abrazó por la espalda, oliendo el dulce aroma de su cabello. Dejaron la ventana abierta, debido al calor que estaba haciendo.
Ambos durmieron profundamente.
Al día siguiente despertaron temprano.
7:30 am.
Todomatsu abrió los ojos tras sus sueños desvanecerse y se giró hacia donde yacía Atsushi, que por cierto, éste último seguía dormido. Todomatsu se giró completo hacia él y comenzó a acariciarle la cara gentilmente y después acercó sus mejillas a las de él, pegándolas completamente sintiendo su suavidad. Ante esto, Atsushi soltó una risita abriendo lentamente los ojos comenzando a desmodorrarse. Todomatsu sonrió al verlo despertar.
—Buenos días, Todomatsu... —dijo dulcemente.
—Buenos días, Atsushi-kun... —Rio—. Aunque yo debía decirlo primero.
—¿De veras? —Sonrió abrazando la almohada.
—Anoche dormí tan temprano que ya no tengo sueño y en cambio tengo hambre.
—Sí, yo también. —Reconoció.
—Esta vez me toca ir a mí por algo.
—¿Qué dices? Si siempre lo haces todo tú.
—No es verdad. Vuelvo en un momento.
Todomatsu salió de la habitación y se dirigió hacia la habitación donde le servirían el desayuno de aquel día. No había nadie, pero la comida ya estaba preparada, así que solamente teniendo cuidado la tomó.
Entró a la habitación con la comida que compartió con Atsushi y después levantaron y sacudieron el futón.
8:00 am.
Todomatsu se dirigió al balcón y observó el bosque cercano una vez más.
Atsushi lo observó un momento así, tal y como estaba. Resultaba ser muy tierno. Los finos rayos de luz que el alba emitía hacía que resaltase su encanto.
—Todomatsu.
—¿Sí, Atsushi-kun?
—¿Te parece si damos un paseo por los alrededores?
Los ojos de Todomatsu se iluminaron.
—¿De verdad? —Miró al mayor con felicidad—. ¡Me encantaría! Hay muchas cosas que quiero ver.
—Muy bien, entonces cambiémonos.
—¡Sí!
Atsushi y Totty se deshicieron de los yukatas y se pusieron ropa casual. Todomatsu su típico jeans azul arremangado de los talones con su polera rosa y Atsushi una camisa blanca con un pantalón de vestir y zapatos negros, sin corbata ni saco.
8:10 am.
Antes de salir del ryokan pasaron por la recepción y saludaron amablemente a los diseños del lugar, dándoles los buenos días. Eran una pareja de ancianos muy amables.
Quizá se habían separado ya del lugar como unos veinte metros. Pronto se adentrarían al bosque.
Era un paisaje extraño, porque a pesar de que el color verde regía en el lugar, había cientos de árboles que se deshacían de sus hojas. Árboles de colores cálidos; como café, naranja, amarillo y rojo.
La luz del sol que se filtraba a través de las hojas de los árboles (komorebi) pintaba el camino como si de un lugar mágico se tratase. Al adentrarse al bosque, había un pequeño sendero de tierra aplacada que los dirigía hacia la civilización, y otro que los dirigía hacia las montañas.
—Mmm... ¿Qué camino quieres tomar, Atsushi-kun?
—Bueno, el de la izquierda nos guiará con las demás personas y el de la derecha supongo que se adentra más al bosque.
—¿Conoces allá?
—Pues la verdad es que no... —Sonrió.
—¡Vamos!
—¿No sientes miedo? —preguntó, aunque se cuestionó a sí mismo también.
—Ahora no porque estamos juntos —dijo alzando un poco la mirada, sonriendo.
Atsushi le devolvió el gesto.
—Bien, veamos que podemos encontrar allá.
Todomatsu sonrió mientras sacaba su smartphone del bolsillo de su sudadera.
—Tomaré algunas fotos. Es un bonito lugar —exclamó Todomatsu, como si pensara en voz alta.
—Perfecto —dijo, esbozando una sonrisa.
Siguieron andando a pie. Todomatsu caminaba unos dos pasos por detrás de Atsushi.
Mientras avanzaban, Todomatsu jugaba con las hojas secas que caían y las que ya yacían en el suelo con anterioridad. Daba pequeños saltos aplastándolas divertidamente. Le gustaba el ruido que hacían; adoraba oírlas crujir. Cosas tan simples como aquellas eran las que él consideraba indispensables para disfrutar de los pequeños detalles que la vida le obsequiaba para ser feliz.
Pero... ¿Realmente era eso? ¿Eran los detalles? ¿O era porque Atsushi estaba ahí caminando a su lado?
A su vez, Atsushi al mirarlo de reojo pensó para sí mismo que era como ir de paseo con un niño pequeño; como un chico de secundaria. Pero, aquel chico era un adulto de 20 años ya. Y así le gustaba, actuara como actuara. Así le gustaba.
Pronto Todomatsu se emparejó con Atsushi respecto a la caminata. Sus pasos eran uniformes.
Todomatsu sacó su celular y comenzó a tomar fotos de los árboles, del rocío que permanecía en el pasto, las mariposas que revoloteaban entre las flores amarillas y blancas, las ardillas que husmeaban por ahí, los pájaros carpinteros picando la madera, las cigarras...
Cualquier cosa bonita que viera, era merecedora de ser fotografiada. Observó curiosamente los alrededores, con cuidado, pero no hallaba nada más.
De pronto, observó como un pájaro aleteó saliendo de un árbol para tirar un montón de hojas de éste, haciéndolas caer sobre Atsushi. Todomatsu aprovechó el momento para sacar una foto de aquella escena.
La fotografía fue espectacular. En la imagen se podía ver a un Atsushi siendo iluminado por la luz del sol con tonos rojizos por la filtración de las hojas que caían sobre él.
Aunque, Atsushi jamás se dio cuenta de aquello.
Entre más avanzaban, Todomatsu tomaba fotografías al azar (después de sacar las más importantes) y poco a poco fue perdiendo el interés por sus alrededores. Se dio cuenta que había empezado a fotografiar solamente a Atsushi.
Después de unos minutos, Todomatsu guardó su celular en el bolsillo de su pantalón. Se acercó a Atsushi hábilmente y lo sujetó de la mano, entrelazando sus dedos con los de él. Tras haber realizado este acto, ambos sonrieron.
—Atsushi-kun, ¿quién eres?
—¿Cómo?
—¿Por qué me siento tan especial cuando estoy cerca de ti?
—Lo mismo me pregunto, Todomatsu. ¿Por qué siento que estoy flotando cuando estoy contigo? Como si estuviera a centímetros del suelo... ¿Por qué?
—Lo había dicho ya y lo vuelvo a decir. Estoy muy agradecido de haberte conocido, Atsushi-kun.
—Pienso igual. —Esbozó una sonrisa—. Ahora, quiero preguntarlo yo —articuló—. Todomatsu, ¿quién eres?
Todomatsu comenzó a reírse abiertamente. Todo aquello le había causado gracia y ternura. Estaba muy feliz y Atsushi también reía con él.
Siguieron caminando adentrándose más a aquel misterioso pero cálido lugar.
Todomatsu sintió un poquito de calor y se despojó de su sudadera, amarrándosela en la cintura. Ahora sólo traía una camiseta color crema.
Sin darse cuenta, estaban en un lugar mucho más alto del que se esperaban. No estaban en la montaña, pero habían logrado subir una gran colina. Quizá al pie de la montaña.
—Atsushi-kun, ¿qué es este lugar?
—No lo sé —dijo viendo alrededor—. Seguimos el camino, pero no parece que vayamos a un lugar concreto.
—Bueno... —dijo Todomatsu señalando hacia delante. El camino se había partido en dos, otra vez—. Esta vez tomaremos, ¿izquierda o derecha?
A la izquierda había un montón de árboles repletos de flores y el camino era un poco oscuro. A la derecha, arbustos y árboles secos, dejando filtrar los rayos de luz y un riachuelo.
—Sigamos por la derecha —sugirió Atsushi.
—Muy bien.
Siguieron a pie. Caminaron por un lado del riachuelo escuchando cómo el agua topaba contra las finas y redondas rocas.
—¿No te parece como un lugar de caricatura?
—¡Ja! Es lo que acabo de pensar —dijo el menor sonriendo. Tras hacer una breve pausa, sus pupilas se dilataron. Podía ver algo a lo lejos—. ¡Atsushi-kun! Mira, ¿qué es eso?
—¿Mm? ¿Qué es qué? —Miró hacia el mismo punto que Todomatsu—. Oh, ya...
—¿Vamos a ver?
—Vamos.
Se acercaron al lugar. Era una especie de templo escondido a lo profundo del bosque. Estaba todo sucio, lleno de plantas e insectos. Había algunas gárgolas al fondo, blancas y de ángeles. Las ramas de los árboles cercanos de empotraban en las paredes y daba un aire de soledad.
Se quedaron estáticos un momento y después Atsushi avanzó, haciendo el segundo joven lo mismo.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Todomatsu al mismo tiempo que sacaba su celular del bolsillo de su pantalón—. Parece un templo, pero... da la sensación de que se trata de una iglesia o algo así.
—No sé qué pensar. Pero por lo que se ve, nadie ha venido aquí desde hace años.
Todomatsu comenzó a sacar fotografías nuevamente. De pronto algo le llamó la atención. Todo estaba vacío, sin nada ni nadie, a no ser...
—Atsushi-kun, ¿escuchas esto?
—¿Mmm? ¿Oír qué?
—Eso... Allá atrás. —Apuntó al fondo del lugar.
—Oh, lo escucho.
Ambos se acercaron al lugar de donde provenía aquel agudo sonido. El sonido de algo pillando.
Todomatsu se adentró a aquel sitio removiendo algunas plantas secas que interferían en su camino. Después se puso de rodillas mientras husmeaba de donde venía el ruido.
—¡Atsushi-kun! ¡Mira, lo encontré!
—¿Eh? —Atsushi se acercó, poniéndose de cuclillas al lado de Todomatsu—. ¿Un pichón?
Entre toda aquella hierba inservible había un pequeño pajarito bebé que estaba pillando. Todomatsu lo tomó con cuidado entre sus manos y acarició gentilmente sus plumas.
—Seguramente se cayó de su nido y por eso está aquí —dijo mientras acariciaba una de sus alas.
—Sí, aunque no se ven muchos pájaros alrededor —dijo Atsushi inspeccionando el lugar.
—Atsushi-kun, ¿podemos llevárnoslo?
Atsushi al ver a Todomatsu, nuevamente sintió aquel sentimiento entre ternura y dulzura. Sentía que todos sus sentidos eran abatidos por aquella mirada del chico. Parecía como la mirada de un cachorro suplicando por algo de comida.
—Por favor... —Insistió Todomatsu—. Está herido, no podrá seguir viviendo si lo dejamos aquí solo. Ayudemos a que se mejore...
Atsushi lo miró un momento, sonrió y asintió.
—De acuerdo. Llevémoslo con nosotros. Habrá algo que podamos hacer.
—¡Viva! Pronto estará mucho mejor.
—Claro, estoy seguro de que se recuperará fácilmente. Se ve fuerte —exclamó el de camisa blanca observando al animalito.
—Atsushi-kun, ¿sabes cuidar aves?
—Supongo que sí. No debe ser muy difícil, puedo hacer algo por él. No te preocupes. —Sonrió.
—Bien. —Imitó el gesto.
—O sea que... —soltó una risita—... No sabes cuidar pájaros y aun así quieres llevarlo contigo.
—Bueno... ¡No podía dejarlo aquí abandonado! Es injusto para él. Además, estoy seguro de que por algo estamos aquí. Quizá era obra del destino o algo así. Por eso...
—Bien, bien. No te preocupes. No pedía que te justificaras — Aclaró. — Sólo... me pareció algo... —su voz se hizo fina y acabó la frase casi en un susurro—... inusual.
—¿Eh?
Hubo una pequeña pausa. Atsushi inhaló el aire alzando la vista hacia el cielo, y después dirigiéndola hacia Todomatsu.
—Regresemos, Todomatsu. No creo que haya algo más allá en las montañas. Hemos caminado lo suficiente y no parece haber algo característico. Hasta podría ser peligroso, después de todo no conocemos aquí.
—Está bien, pero... —miró a su alrededor—... ¿sabes qué podría ser este lugar? Aunque al inicio tiene el aire de un templo, pareciera más como una iglesia occidental.
—Quizá sea una imitación que no logró hacerse conocer luego del periodo Edo. Después de todo, está muy alejada de la civilización.
—Supongo... —dijo, apretando un poco a la pequeña ave en sus manos.
Todomatsu se puso de pie, y Atsushi comenzó a caminar de regreso al ryokan, siguiendo el mismo sendero, guiándose por el riachuelo.
Mientras caminaban Todomatsu había cubierto al pajarito con su camisa, enrollándolo en ésta para darle calor (porque aunque aquel era un día caluroso, los pajaritos bebés necesitan aún más), dejando ver una parte de su abdomen.
9:20 am.
—Atsushi-kun, ¿qué comen los pájaros?
—Pues... Supongo que alpiste, gusanos, frutas o pan.
—¿Tenemos algo de eso?
—Me temo que no. Pero, también podríamos darle frutas. Le caerán bien, ya que será fácil para él picar cosas blanditas.
—Hmh. —Todomatsu sonrió y asintió. En definitiva, Atsushi hacía ver las cosas demasiado fáciles.
Atsushi avanzaba quizás unos dos pasos más por adelante de Todomatsu, con las manos en los bolsillos de su pantalón. Todomatsu lo observó detenidamente. Lo alto que era, su piel blanca, sus hombros anchos, su castaño cabello; más claro que el de él, sus largas piernas, su fornida espalda.
Era una imagen digna de retratar.
Todomatsu aceleró un poquito más el paso y se puso a la par con el otro muchacho.
—Atsushi-kun...
—¿Sí?
Todomatsu infló un poco las mejillas, sonrojándose levemente.
—Sería raro que te preguntara esto pero...
—Adelante —dijo dirigiéndole la mirada mientras sonreía—. Puedes preguntar lo que quieras.
—Bueno, no le había prestado tanta atención, pero... ¡Ay! ¿Por qué me da vergüenza? —dijo desviando su cara que estaba toda roja—. Bueno, quizá es porque ya tengo un mes con dos semanas viviendo contigo y aún no sé eso, pero...
—¿Sí?
—C-Cu… ¿Cuántos años tienes?
Atsushi rio cubriéndose la boca con una mano y Todomatsu fijó la vista hacia sus pies, siguiendo el camino.
—Tengo 24 años, Todomatsu.
—¿Eh? Atsushi-kun, ¿eres cuatro años mayor que yo?
—Así es —dijo riendo—. Aunque yo ya sabía que tú tienes sólo veinte.
—Vaya...
—¿Qué? ¿No te gustan los hombres viejos como yo? —Bromeaba—. Qué cruel...
—¡No digas eso! Yo nunca dije eso, Atsushi-kun... Sólo que, me parecía que en todo este tiempo no te lo había preguntado.
—Ya. —Relajó sus facciones.
Atsushi tuvo el impulso por sostener la mano del menor, pero éste último estaba ocupado cuidando del ave. Vaciló unos segundos y llevó su mano nuevamente a su bolsillo.
Finalmente llegaron al ryokan de nuevo.
Todomatsu se desamarró la sudadera de la cintura y se puso una camiseta limpia, color rosa palo. Atsushi cuidó del pajarito por un momento. Le hizo un vendaje en su ala con algunas cosas que pidió a los dueños, y con agua tibia, lavó al animal con cuidado deshaciéndose de la mugre en su plumaje y patitas. Finalmente, Todomatsu picó algo de kiwi y fresas para que el ave pudiera comer.
Era algo bueno del ryokan; en cada comida (o incluso para picar) había algo de fruta. Le ayudaría para el pajarito.
Lo envolvieron en una toalla que lo mantendría calentito. Tras haber alimentado al ave, Todomatsu se sentó en un sofá junto con Atsushi.
—Atsushi-kun, ¿crees que el pajarito logre mejorarse para los siguientes tres días?
—Quizá, no estoy seguro. Pero no parece muy lastimado —dijo, poniendo una mano en la rodilla de Todomatsu, sonriendo y proporcionándole seguridad—. No te preocupes.
—Necesita un nombre... Creo que, lo llamaré... —pensó por unos momentos—. ¡Pichi!
—¿Pichi? ¿Por qué?
—Bueno, pues no lo sé. ¿A veces no le pones nombres al azar a tus cosas? Ya sabes... Una mezcla extraña que se te viene a la mente. Como por ejemplo, a tus peluches cuando eras niño, o...
—La verdad es que jamás le he puesto nombre a nada —admitió, con una sonrisa nerviosa.
—Ya... —Se sorprendió.
Atsushi fue a pedir una pequeña caja para meter a la avecilla de plumaje blanco en ella. Cuando volvió, Todomatsu le cuestionó.
10:00 am.
—Atsushi-kun, ¿qué haremos? Aún es muy temprano...
—Bueno, tengo una idea. Muy cerca hay un lugar popular entre los turistas, dónde venden todo tipo de cosas. Vamos allí, ¿qué te parece?
—¿Cómo una especie de festival?
—Bueno, algo así. Aunque no es necesario llevar yukata ni nada de eso. — Esbozó una sonrisa—. Es un lugar bonito, como una especie de mercado conformado por puestos ambulantes y demás...
—¡Vamos! Suena muy divertido. —El menor se puso de pie casi de un salto, muy emocionado, juntando ambas manos, hasta que recordó algo—. Ah, pero... ¿Y Pichi?
—No te preocupes, lo podemos dejar al cuidado de los dueños de este lugar. Ellos son muy amables. Si les pedimos el favor, seguramente con gusto aceptarán.
—Está bien, Atsushi-kun.
Seguido de eso, dejaron al pájaro encargado con los dueños del ryokan. Salieron juntos encaminándose al lugar atravesando por el bosque, tomados de las manos. Finalmente llegaron al lugar viendo cada una de las cosas que vendían, y, cerca, había un templo. Un templo que sí estaba habitado y muy bien cuidado. Había personas rezando en su interior, niños jugando y riendo al rededor, vendedores ambulantes a las afueras, y personas (algunas extranjeras) tomando fotografías y explorando el lugar, a su vez que compraban algunos objetos. Todomatsu también llevaba su celular consigo, tomando varias fotos.
Estuvieron quizá una hora viendo los alrededores.
Sin embargo, hubo un poco de incomodidad por unos momentos. Para Todomatsu, bastante frustración.
Todomatsu le pidió con demasiada pena a Atsushi que le soltase la mano. Porque, mientras caminaban con la mano sujetada, algunas personas les dirigían una mirada desagradable, y no faltaba quienes hablaran a sus espaldas susurrando, o en el peor de los casos, hablando en voz alta.
"¿Ya viste? Son hombres y mira que tener la mano entrelazada..."
"¿Qué acaso no ven que hay gente alrededor?"
"Qué desagradable".
"No sienten vergüenza. Eso no es normal".
"No deberían de andar de melosos, me da rabia siquiera verlos..."
"Fenómenos, eso es lo que son".
"No deberían de existir. ¿Y si los niños los ven?"
"Malditos homos, ¿creen que es gracioso?"
"¡Hey! ¡Sepárense más!"
"¿Ves, hijo? No debes de juntarte con esta clase de personas nunca".
"¿Ya miraron? ¿Desagradable, verdad?"
—At… Atsushi-kun... Ellos están...
—No los escuches, Todomatsu. —Lo tranquilizó—. No vale la pena siquiera prestarles atención...
El corazón de Todomatsu comenzó a latir muy fuerte. Estaba muy asustado. ¿Por qué tenía que ser así?
Atsushi le extendió la mano a Todomatsu para que la volviese a sujetar, pero Todomatsu no hizo más que hacer caso omiso y se limitó a meter sus manos a las bolsas de sus jeans. Cerró los ojos y los apretó.
—¿Todomatsu?
—Lo siento, Atsushi-kun... —susurró, agachando la cabeza. Parecía estar a punto de echarse a llorar—. Me da miedo que me vean de esa manera, me asusta que no nos acepten, por eso... Lo siento.
Atsushi no hizo más que desviar la mirada. Después de un momento de seguir caminando, aquel aire de incomodidad se disipó un poco.
—Todomatsu, escúchame. —Atsushi se detuvo en seco y sujetó a Todomatsu de los hombros.
—Atsushi-kun... ¡No...! —Trató de zafarse del agarre, pero le fue imposible. Atsushi seguía siendo más fuerte que él.
—Si niegas lo que sientes... Si no aceptas lo que realmente quieres, no podrás ser feliz por completo.
—Atsushi-kun... Te dije que...
—Por eso, no le des victoria a otros. Si sigues ocultando lo que realmente sientes y quieres hacer, no podrás seguir viviendo siendo tú. Así que, camina con libertad. Pase lo que pase, yo seguiré aquí, contigo. No tienes que prestar atención a todo lo que los demás dicen. Y no quiero que sientas miedo, nunca más. —Sonrió con dulzura—. Pase lo que pase, yo soy tu aliado. Así que no tienes por qué sentirte asustado nunca más, ¿de acuerdo? —Lo soltó lentamente con cuidado y siguió andando.
Todomatsu sólo se sintió... Contento, agradecido, aliviado, protegido, amado.
Sus ojos estaban un poco cristalinos, pero no permitió que ninguna lágrima brotara de ellos.
Si tan sólo pudiera deshacerse de sus pensamientos negativos por sí mismo... Habría algo que pudiera haber por Atsushi. Después de todo, aquellas horribles palabras no sólo habían ido dirigidas a él.
"Atsushi-kun es un hombre fantástico", pensaba Todomatsu. "Tan hábil con las palabras, me haces sentir tan protegido de todos y de todo... Tan perfecto en todo... Quisiera caminar con la cabeza en alto, como tú".
Se adelantó tan rápido como pudo después de haberse quedado estático y alcanzó a Atsushi, sujetándole la mano nuevamente, abrazando uno de sus brazos y recargando su cabeza en su hombro.
No le importaba lo que siguieran diciendo. Lo que siguieran susurrando a sus espaldas. Aquella felicidad era suya, no de los demás, y no permitiría que se acabase de aquella manera.
—¿Todomatsu?
—Lo siento, ya te lo he dicho. Soy muy idiota. Pero... debes estar seguro de algo.
—¿Qué es?
Todomatsu sonrió y seguro de sí mismo continuó.
—Así como tú haces por mí, yo puedo hacer por ti.
Notes:
Gracias a las vacaciones de verano (2018) he podido escribir este capítulo. ¡Adelante! C:
Chapter 11: Obsequio
Chapter Text
Atsushi sonrió y le apretó la mano gentilmente sin lastimarlo.
Siguieron adelante, caminando y mirando cuidadosamente los alrededores.
Había algunos lugares donde vendían comida, manualidades, figuras de porcelana, juguetes para los niños, algodones de azúcar entre otras golosinas.
Todomatsu se acercó a un puesto y miró algunas de las cosas que ofrecían. El dueño del lugar le dirigía la palabra con amabilidad, y también a Atsushi. Al final, compró un poco de takoyaki que comió junto al mayor.
Siguieron caminando varios minutos. Perdían la noción del tiempo, pero eso no les importaba mucho. Al final, Todomatsu compró un helado de vainilla al igual que Atsushi, ya que lo ameritaba el calor que estaba haciendo.
Se recorría el lugar en torno a aquel extenso templo, púes se dirigieran a donde se dirigieran, no se perdía de vista. Primero en línea recta y después desviándose en círculos, el lugar era muy entretenido.
Aún así, las malas miradas de las personas seguían presentes de una o de otra forma. Algunos lo hacían con intención de incomodar, seguramente. Pero, ante todo esto, Atsushi supo disimularlo bien y hacerse el de la vista gorda. En cambio Todomatsu se limitaba a esconder su rostro ligeramente en el hombro de Atsushi, sin soltarse del agarre; no podía evitar sentirse presionado.
Todomatsu enfocó la vista en un lugar donde vendían lindas figuras tradicionales. Era todo muy bonito. Entonces recordó que le prometió a su hermano Ichimatsu que le llevaría un recuerdo.
Entre todas las cosas que había allí, algo le llamó la atención.
Tomó una figura color blanquecina entre sus manos y pagó por él. Era un atractivo maneki-neko de al menos doce centímetros de alto.
Lo compró y lo llevó consigo en sus manos.
Creía que su hermano quedaría encantado con aquel acendrado objeto. Sonrió un poco al pensarlo.
Todomatsu y Atsushi caminaban en algunos instantes solamente por hacerlo. Iban sin rumbo, mirando hacia adelante, a veces a las nubes, inhalando el aroma del cielo.
Atsushi soltó al jovencito un instante y le pidió que lo esperara, por lo que Todomatsu se recargó en un árbol que había cerca con los brazos cruzados, mirando cómo Atsushi se desviaba a un puesto que tenía a varias personas alrededor.
Al regresar, volvió con una cajita color púrpura entre sus manos. La abrió y sacó cuidadosamente lo que había en su interior, mostrándoselo a Todomatsu con una sonrisa juguetona.
—Este —dijo Atsushi tomando la mano de Todomatsu, a su vez que volteaba su palma hacia arriba posando aquel obsequio en ella— es para ti, y este otro —dijo levantando su mano sujetando otro objeto— es para mí.
Eran apenas unas cadenas de plata a juego. Eran básicamente la forma de un corazón, cuando se les unía. Cada uno tenía una mitad, simulando un corazón roto.
Todomatsu le agradeció al mayor y apretó aquel amuleto con sus dos manos mientras sonreía. Después Atsushi le ayudó a ponérselo y él también se colocó el suyo.
—Voy a cuidarla mucho —dijo Todomatsu, viendo a los ojos a aquel muchacho castaño que tanto le gustaba.
12:00 pm.
Siguieron caminado un rato más. Se desviaron del lugar y comenzaron a adentrarse un poco más a la zona urbana de Kioto. Decidieron ir a caminar por el parque.
Se sentaron en una banca que estaba rodeada de árboles, y frente a ellos jugaban varios niños en los juegos infantiles, corriendo, gritando y riendo. En los toboganes y demás cosas para entretenerse y divertirse.
Atsushi y Todomatsu sólo los observaban.
—Hoy es un día más pleno de lo normal —dijo Todomatsu—. Cuando se trata de tu trabajo, ¿sales de esta manera?
—Para nada. Salgo a hacer lo que me han pedido o lo que sea necesario, y vuelvo enseguida. Pero esta vez es diferente, porque he venido contigo.
Todomatsu se ruborizó tenuemente y rio quedito.
—Una respuesta que esperaba de ti, Atsushi-kun.
—Mis respuestas suelen ser previstas con facilidad.
—No creo que así sea siempre —opinó, posando su mano por encima de la de Atsushi.
Atsushi correspondió al tacto y presionó un poco su mano con la de él, para después entrelazar sus dedos suavemente.
Todomatsu sonrió. Atsushi dirigió su mano hacia el rostro ajeno y tocó con fragilidad sus mejillas, tomándose su tiempo. Después, detuvo el movimiento de su mano, poniéndola en la barbilla de Todomatsu, sujetándolo del mentón. Se quedó mirando un breve instante hacia sus labios, acercándose y se detuvo. Todomatsu posaba una de sus manos extendida en el pecho de Atsushi, temblando ligeramente, y con su poca fuerza, lo empujaba hacia atrás, con algo de vergüenza y pena.
—Lo siento —dijo el menor apenas balbuceando.
Atsushi se detuvo en seco separándose instantáneamente echando un vistazo a su alrededor. Había muchas miradas encima de ellos, otra vez.
Algunos niños se les habían quedado viendo con extrañeza. Y las madres de éstos, con una mueca retorcida que denotaba inverosimilitud ante la situación.
Todomatsu pasó saliva parpadeando varias veces, como si tratara de interpretar otra escena que no fuera la que estaba ahí, viviendo. Sintió como su ritmo cardíaco aumentó, como es de costumbre, y sus mejillas se pusieron aún más rojas. Atsushi sólo miró a algunas de las mujeres y de sus hijos con unos ojos indiferentes, que realmente no sentían indiferencia.
Todomatsu se quedó perplejo observando aquella escena, mientras varios pares de ojos ajenos lo miraban con asco; con repulsión.
Pronto, sus sentidos se agudizaron y comenzó a escuchar montones de cosas que prefería no oír.
"¿Es en serio? Esos dos muchachos iban a..."
"No deberían de estar aquí. Contaminan a las demás personas".
"Un mal ejemplo para los niños... No tienen consideración".
"Desagradable, ¿de verdad este tipo de personas siguen existiendo?"
"¿Cómo les permiten entrar aquí? Maldito asco que me provocan".
"Mami, ¿por qué si son hombres ellos están actuando como una pareja?"
"Se vea por donde se vea, no es normal".
"¿Qué están pensando? Será mejor que se larguen antes de que los mate".
"Mamá, ¿viste? ¿Qué fue eso? No está bien".
"Y aun así se atreven a vernos a la cara. Qué rabia..."
Todomatsu no pudo con todo aquello. Se quedó anonadado, amedrentado...
Se puso de pie casi por instinto, y mientras sus ojos se humedecían nuevamente, no hizo más que cubrirse los oídos con sus manos temblorosas.
—Atsushi-kun —Se separó del mencionado, que se encontraba a sus espaldas, poniéndose de pie también—. No quiero… seguir así...
—Todomatsu, por favor, no los escuches, ellos están...
—No, Atsushi-kun. —Lo interrumpió—. Es que no puedo evitar escucharlos y que todo eso me duela... —Hablaba con la voz un poco entrecortada.
—Todomatsu... —Puso una de sus manos en uno de sus hombros, mientras aún el joven le daba la espalda, pero al sentir el tacto tembló un poco y se separó de él.
—Oye... ¡Hey, ustedes! —Una voz femenina se escuchó a lo lejos. Una mujer se aproximaba hacia ellos con grandes ancadas. Parecía una mujer de unos treinta y cinco años de edad, y tenía una mueca de sumo desagrado. Atsushi sólo volteó a verla con sus usuales ojos entrecerrados y naturalmente relajados, aunque su sonrisa había desaparecido. Y, Todomatsu, había optado por refugiarse detrás de Atsushi como si fuese un pequeño animal asustado; con sus ojos llorosos y sus manos juntas en su pecho, apretándolas.
—Escúchenme... —Siguió la mujer—. No voy a tolerar esta clase de comportamiento en este lugar. Ni yo, ni nadie. ¡Tengan un poco de respeto por nuestros hijos! ¿Qué no ven que están rodeados de niños? Por favor, ¡lo que ustedes están haciendo no es normal!
—¿Qué no es normal, señora? —dijo Atsushi con una voz ronca y apagada, viéndola hacia abajo, restándole interés—. ¿Que seamos capaces de sentir cariño? ¿Que podamos dar muestras de afecto? —Sin darse cuenta comenzó a apretar los puños, haciéndose daño con sus uñas—. ¿Que podamos ser... felices?
—¡Sabes muy bien a lo que me refiero, niño! ¡No está bien y por más que trates nunca lo va a estar! —La mujer subió considerablemente su tono de voz—. Si es que sienten un poco de respeto por nosotros, ¡váyanse de aquí y dejen de hacer sus atrocidades! ¡Sientan vergüenza!
Algunas de las personas de alrededor los miraban como si estuviesen presenciando algo inefable. Como no queriendo, Atsushi y Todomatsu sintieron una ola de miedo recorrerles por todo el cuerpo.
—No se haga la víctima, señora —dijo Atsushi con una voz suave pero sin perder su toque grave—. Porque, le aseguro, que si aquí hay una víctima... no es usted.
—¿Qué has dicho? —dijo la mujer un tanto acoquinada.
—¿Atsushi-kun? —Apenas susurró Todomatsu—. ¿Qué…?
Atsushi tomó a Todomatsu de la muñeca con brusquedad y lo jaló con él.
—Vámonos, Todomatsu.
—¿Eh? ¡Oigan! Dejen de hacer lo que están haciendo. ¡Ustedes nunca podrán llegar a ser como la gente normal! —decía la vieja loca a modo de mofa.
—Señora, hay cosas más importantes de las que debería preocuparse. Le está dando demasiada importancia.
Sin más, jaló a Todomatsu de la muñeca con él, alejándose del lugar. La mujer sólo se quedó ahí, plantada haciendo un mohín.
Atsushi y Todomatsu se encaminaron nuevamente hacia el ryokan. Atsushi no había soltado a Todomatsu de la muñeca, y él iba caminando por delante, mirando hacia enfrente con el ceño fruncido. Sentía su ritmo cardíaco más irregular de lo que debería, y no podía evitar sentirse oprimido.
—At… Atsushi-kun... —El menor lo llamaba, pero no lograba captar un ápice de su atención. Parecía ensimismado y eso le causaba mucha extrañeza. Él no era así—. ¿Atsushi-kun? ¿Me escuchas? Me… Me estás lastimando... —decía con una voz gutural.
Atsushi no respondió hasta después de unos segundos, cuando pareció salir de su aparente hipnótica visión. Soltó poco a poco su mano para después alejar la suya bruscamente, temblando un poco.
—Lo... Lo siento. No me di cuenta —dijo con una voz trémula.
Todomatsu sobaba lentamente su muñeca. En verdad le había dolido aquel brusco agarre, era muy fuerte. Pero algo le decía que la verdadera intención de Atsushi no era hacerle daño.
—No te preocupes... —dijo sin más.
Caminaron el resto del camino en total silencio, separados uno del otro. Hasta que llegaron al lugar Atsushi se dejó caer en el pequeño sofá que había en la habitación, mientras que Todomatsu fue a pedir el ave a los dueños que lo habían cuidado en su ausencia. Agradeció y lo llevó con él a la habitación, donde yacía Atsushi.
Entró sigilosamente sin saber por qué, y se sentó al lado del mayor, separados por un pequeño espacio. Todomatsu traía a Pichi entre las manos, en un pañuelo que tenía en su mochila. Aún no se recuperaba del todo.
Guardaron silencio un momento, hasta que uno de ellos rompió con aquella atmósfera.
—Atsushi-kun, yo... —No pudo decir nada. Su voz se volvió átona.
—Antes de que digas algo —Atsushi lo interrumpió sin voltearlo a ver, pero sí hablando con la verdad— déjame disculparme otra vez contigo. —Todomatsu acariciaba al pajarito en sus manos, que ahora ya no pillaba tanto—. Lo siento.
—No, no te disculpes. No fue tu culpa.
Atsushi había tratado de no decir frases superfluas, pero no podía evitarlo. Quería de todo corazón disculparse; que Totty se sintiera mejor, pero nada podía hacer. Aun así, no quería simplemente callar.
—¿Qué dices? ¿Que no fue mi culpa? —Rio un poco de manera cínica—. Yo... me acerqué demasiado a ti y por eso ha pasado lo que pasó. Fue mi culpa, lo siento.
No había contacto visual. El menor sólo prefería escuchar. No tenía verdaderamente nada que decir.
—Aun así, me pregunto por qué —dijo quedito—. No le hicimos daño a nadie.
—No, no le hicimos daño a nadie —dijo con su voz gélida.
—Sólo... quisiera saber por qué.
Todomatsu se levantó del sofá y se encaminó hacia una esquina de la habitación, cerca de la ventana junto al balcón. Acariciaba la cabeza de la avecilla con su vista apagada.
Atsushi miró a Todomatsu unos instantes con aquel sinsabor. Estaba un poco lejos de él, pero se sintió con la necesidad de no alejarse de allí.
El viento seguía soplando fuerte. Entonces, un sonido se hizo oír en la habitación. Todomatsu había comenzado a llorar. Sus lágrimas se desbordaban de sus ojos, apretó un poco al ave entre sus blancas manos. Atsushi se limitó a verlo desde lejos. Se lo pensó un poco dudándolo, pero aun teniendo sus ojos entrecerrados sin trastabillar se puso de pie y se acercó a Todomatsu. Se puso en frente de él de rodillas, se acercó y lo envolvió en un cálido abrazo. Todomatsu pasmado abrió sus ojos desmesuradamente aún llenos de lágrimas, que también recorrían sus mejillas.
—Está bien, Todomatsu. Llora si quieres hacerlo —dijo Atsushi mientras acariciaba su cabello de manera melosa—. Nadie puede culparte por lo que ha pasado. Ni a ti ni a mí...
Todomatsu se hundió en el pecho de Atsushi, cerrando fuertemente sus ojos de par en par, ahogado en sus sollozos. Con una mano sostenía a aquel albo pajarito, y con la otra abrazaba fuertemente a Atsushi, apretándolo contra él fuertemente.
Duraron así un par de minutos, hasta que Todomatsu se reincorporó y se despegó del tacto con la voz un tanto quebrada, desgarrada, susurrante.
Atsushi le tomó de la barbilla y limpió con gentileza sus lágrimas, tomándose su tiempo. Después, le dedicó una bonita sonrisa. Una sonrisa que parecía triste, pero que al fin y al cabo, era bonita.
—Atsushi-kun, perdóname. Te quiero mucho, pero... no estoy acostumbrado a que me traten de esta manera. Es decir... públicamente. Lo siento, pero no es por ti.
—Yo entiendo, no te preocupes —dijo desviando la mirada como si viera algo por detrás de Todomatsu, aunque no era así.
Todomatsu asintió y pegó aquel animalito lechoso a su pecho, sonriendo también. Aunque, aquella no podía ser una sonrisa auténtica.
El día avanzó muy rápido. Estuvieron moviéndose de aquí para allá. En ratos hablaban sobre algunas cosas que habían hecho cuando estaban en el trabajo cada uno por su lado, acerca de lo que opinaban de la comida del lugar, o Todomatsu hablaba acerca de sus hermanos (omitiendo los malos rasgos). Atsushi al escuchar hablar de ellos, no hacía más que sonreír y asentir.
También vagaban por el lugar para distraerse o conocer un poco mejor lo que estuviese presente. Encontraron algunas cosas interesantes en algunas habitaciones como ropa o comida que estaba ahí para ellos. Después, quisieron probar algunos de los cosméticos que había para ellos en la habitación de baño. La mayoría, cosméticos especialmente para pedicura. Atsushi se ofreció a usar una de las cremas y ponérsela a Todomatsu en los pies, y aunque éste se negó con algo de pena, accedió a causa de la insistencia del otro.
Se colocó de cuclillas a los pies de Todomatsu y untó un poco de la crema en sus pies descalzos, haciendo masaje con mucho cuidado, y después los enjugó con un poco de agua tibia, que después secó con una toalla esponjosa.
Atsushi no usó ninguna crema para él, ni siquiera cuando Todomatsu se ofreció a hacer lo mismo por él. Sólo se puso de pie, y se encaminó a la habitación. Llegada la noche, nuevamente durmieron en el futón juntos. Todomatsu se quedó mirando aquel maneki-neko que compró para Ichimatsu. El hipnotizador movimiento de la patita del gato al subir y bajar hizo que se arrullara, y finalmente se durmió.
Al día siguiente como acostumbraban, se despertaron y levantaron temprano. Fueron a dar una caminata en el enrojecido bosque para pasar el rato. Todomatsu llevaba a Pichi en manos para que le diera un poco el aire y la luz del sol, y así hacer más fácil su posible pronta recuperación.
Al volver al ryokan Atsushi le cambió el vendaje de las alas y le picó un poco de fruta y verduras para que pudiera comer, ya que aún era muy pequeño. Calabaza y manzana. De vez en cuando, también comía un poco de arroz blanco.
Se tomaron gran parte del día en cuidar al pichón. No tenían ningún tipo de medicina, pero con algo de agua fría hacían que se disipara el dolor de sus patas y alas.
Aquella serendipia había sido reconfortante especialmente para Todomatsu. Pronto le tomó mucho cariño a Pichi, así como él también demostró al no tener miedo cada vez que era tocado por él. Sus plumas se habían puesto muy bonitas y llenas de brillo. Se veía saludable, pero aún era incapaz de emprender vuelo.
Se pasó el día completo nuevamente.
Al día siguiente, ambos dieron una última caminata en el bosque ya que era su último día en el lugar. Pronto regresarían a Tokio.
Todomatsu esperaba que el ave se curara antes de volver a casa, pero no había sido posible. Por ello, habían salido a caminar entre aquellos árboles siguiendo el sendero, pero al tratar de soltar a Pichi, éste no había podido volar. Además de eso, no había ni un otro pájaro a los alrededores. Sólo podían escuchar el melifluo canto de otras aves ajenas a la especie de aquel pichón que tenían en manos, que ahora tenía por nombre Pichi.
—Atsushi-kun, ¿crees que... podamos llevarlo a casa? No podrá ser capaz de sobrevivir si lo dejamos aquí.
—No hay problema —hizo un gesto afirmativo—. Llevémoslo con nosotros. Quizá viva mejor en la urbanidad. —Opinó.
Así pasaron el día bastante rápido. Cuidaron de Pichi un poco más.
Se dieron por separado un último baño en las aguas termales y se cambiaron de ropa. Comieron la comida y cena que les correspondía por ese día y después ordenaron sus cosas para marcharse sin problemas muy pronto.
Todomatsu al cambiarse miró la cadena que colgaba de su cuello y sonrió un poco. Metió el obsequio para su hermano con delicadeza en su mochila.
Hicieron las cosas que se deben hacer dejando todo en orden y fueron a dormir.
Se hizo noche y pronto ya fue otro día. Ya era el día de la partida.
Atsushi y Todomatsu se dirigieron a donde yacían los dueños de la residencia y de despidieron con todo gusto agradeciendo por la agradable estancia de la que habían estado disfrutando. Los ancianos también se despidieron agradeciendo haciendo una breve reverencia y los encaminaron a la salida. Estaban agradecidos de que aquellos chicos hayan llegado a pasar unos días al ryokan. Y a decir verdad, no había casi nadie que fuese capaz de pagar por quedarse allí por lo menos un día. El lugar era muy lujoso, mirando bien los detalles.
Subieron al auto con las maletas y Todomatsu con su mochila. Atsushi echó a andar el auto directo a Tokio. Cuando llevaban solamente cinco minutos de recorrido, Todomatsu le pidió a Atsushi que se detuviera un momento en una pequeña tienda. Parecía ser una pastelería. Cuando salió tenía en manos una caja mediana color blanco, y otra encima de esa más pequeña. En su interior había unos pequeños dulces de frutillas parecidos a unas tartaletas. Un postre tradicional que solían preparar muy bien en Kioto.
Llegó al auto, abrió las puertas traseras y los puso en la parte de atrás, y después subió al asiento del copiloto.
—¿Qué has comprado? —preguntó Atsushi con curiosidad.
—Wagashi —dijo—. Ese tipo de dulces les gustan mucho a mis hermanos.
—Oh, sí. La verdad es que son muy buenos —dijo casi pensando en voz alta.
—Por eso —dijo sonriendo— pensé que podría llevarles algunos. Como hospitalidad.
—Muy bien, estoy seguro de que les gustarán. Se pondrán muy contentos.
—Eso espero. —Suspiró—. ¿Tú no llevarás nada?
—¿Mmm? ¿Para qué? Creo que no me apetece nada... —dijo sonriendo con su voz suave, pero varonil.
—No, para ti no. Para algún amigo o alguien que conozcas.
—Bueno, hace pocos días les llevé algo de sake de la región a Futsuumaru y a Kusosuke. Creo que no me apetece llevarle nada más a nadie.
—¿Y a tus padres?
Atsushi guardó silencio.
—N-No hace falta… —Pasó saliva y abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar.
—¿Atsushi-kun?
—Por cierto, Todomatsu. ¿Qué ha sucedido entre tu hermano y tú? ¿Ya han podido hacer las paces?
Frunció el ceño un poco y después habló tratando de no tergiversar aquella pregunta.
—Bueno, no hemos podido hablar por teléfono. Pero sí por mensajes de texto, aunque no mucho realmente. Mi hermano me envió un mensaje grabado y...
Hubo silencio.
—¿Todomatsu? ¿Qué sucede?
—¡Demonios! ¡Agh! ¿Cómo pude olvidarlo?
—¿Eh?
—¡Jamás le contesté a mi hermano! ¡Ay, soy una basura! —Tomó su teléfono violentamente con una sola mano y con la otra cuidaba del ave blanquecina—. ¿Puedo escribir algo ahora?
—Adelante. —Sonrió.
Todomatsu tomó su teléfono, pero las palabras no se le venían a la mente. Tardó quizá media hora del viaje en pensar algo y comenzó a teclear algo en su teléfono, y finalmente envió el mensaje.
"Muchas gracias, Choromatsu-niisan. Yo tampoco te odio. Perdóname tú a mí por mis actos irresponsables e infantiles. Lo siento. Ah, también estoy muy contento porque podré verte pronto... Y no tengo que perdonarte. Sólo perdónate a ti mismo y sigue viviendo como lo haces".
Pasó una hora del recorrido en auto de vuelta a Tokio. En unos treinta minutos más estarían en casa. Como costumbre, hablaban de algunas cosas triviales e intercambiaban risas.
En un momento en el que nuevamente se quedaron en silencio, Todomatsu revisó su celular. Miró el montón de fotos que había tomado del paisaje, del ryokan, del bosque, de la pequeña ciudad y... ¿Atsushi? Sin darse cuenta, tenía demasiadas fotos de Atsushi en su galería. La mayoría, las había tomado cuando salieron al bosque juntos por primera vez.
Fotos de él a espaldas, algunas mirando hacia otros lugares (como el horizonte), y otras pocas, de perfil. Muchas fotografías de Atsushi. Sonrió un poquito y se sonrojó al ver todas y cada una de ellas. Sin darse cuenta se había dedicado a fotografiar al mayor cuando éste estaba distraído. Sacudió su cabeza un poco al intentar eliminar esa sonrisa retorcida de su rostro y apagó el móvil. Se aseguraría de que Atsushi jamás encontrara aquello. No era que fueran fotos malas, pero le daba vergüenza.
Pronto Todomatsu pudo divisar un cartel en verde que les indicaba que estaban entrando a Tokio nuevamente. El ambiente cambió.
Como estaba con anterioridad, a diferencia de Kioto, hacía mucho frío.
Kioto era cálido a pesar de los ventarrones que había de vez en cuando, y las hojas estaban secas aún, cayéndose. Pero, en Tokio no era así. En Tokio hacía mucho frío. El cielo estaba nublado; color gris. El viendo era gélido y daba la sensación de que si no tenías algo en las manos, las dejabas de sentir. Además, los árboles no tenían ni una sola hoja. Todomatsu sin quererlo comenzó a tiritar.
Rodearon parte de la ciudad y llegaron a la casa de Atsushi. Por la calle, había grandes cantidades de nieve. Quizá había nevado poco antes de que ellos llegaran. Llegaron al garaje, se bajaron con las cosas y se metieron a la casa rápidamente. Estaba helada. Claro, porque da la sensación de que si alguien no está habitando el lugar, la casa se muere poco a poco.
Todomatsu dejó su mochila en la esquina de la habitación (que traía el llavero de conejo) y dejó al ave que ahora había comenzado a pillar sobre la mesita de la sala. Después fue en busca de algo caliente. Estaba temblando de frío.
—Todomatsu, creo que deberías tomar un baño caliente. Te resfriarás si permaneces así —dijo Atsushi con algo de preocupación.
—Claro... —exclamó abrazándose a sí mismo—. Vaya, había olvidado este clima.
—Bueno, en realidad creo que aumentó.
—Ya.
—Bueno, te esperaré. Seguiré yo después de ti.
—¡Sí! No tardaré mucho.
Todomatsu se metió a la ducha con agua caliente. Atsushi nuevamente arregló el vendaje del ala de Pichi y lo acomodó en una cajita sustituyendo la toalla por una pequeña cobija calentita. El ave comió un poco y dejó de temblar también. Todomatsu salió de la ducha ya vestido con un pantalón holgado calentito y suave, y una sudadera con capucha para dormir.
Atsushi seguido de él se duchó y salió con el cabello un poco empapado aún. Durmieron un poco después de ello, llevando al ave a su habitación, que también durmió.
5:03 pm.
Al despertar más tarde, Todomatsu llamó a Ichimatsu para decirle que todo estaba bien; que él y Atsushi ya habían vuelto. Ichimatsu le dijo a su vez que Choromatsu estaba contento por el mensaje que le había dejado y que estaba preocupado por no haber recibido una respuesta casi de inmediato.
—Lo siento, olvidé responderle. Me distraje —dijo apenado.
—Sí, lo pensé. Él no dejaba de hablar sobre eso —dijo Ichimatsu.
—Bueno, ya sabes, pronto iré a verlos.
—Te esperamos.
Hablaron un poco más y finalmente colgaron.
Atsushi se encontraba ordenando algunos papeles y demás documentos que agrupaba y guardaba con dedicación en su maletín. Los necesitaría para volver al trabajo de nuevo. Pasó el día y Todomatsu se durmió un poco más tarde como acostumbraba. Atsushi cayó rendido por el sueño o quizá sólo trataba de hacerse la idea de que debía de entrarle sueño de todas formas.
Atsushi se iría a trabajar en el turno nocturno de nuevo. Todomatsu despertó por la mañana y como supuso, Atsushi ya no estaba.
Había cambiado de turno por ese día, porque según él, tenía algunas cosas que hacer en la oficina. Así quedó.
Todomatsu tomó su desayuno y dejó al ave bien abrigada. Aún no podía volar, así que no había problema con que lo dejara ahí. Tomó una pequeña caja con los wagashi y salió con su mochila rosa hacia la cafetería.
Cuando llegó, se disculpó y también agradeció a Sacchi y Aida, y por supuesto, al gerente. Les entregó los dulces a las chicas como agradecimiento por haber cubierto su parte de la jornada y ellas asintieron sonriendo aceptando el obsequio.
Trabajó duro y acabó parte de su trabajo. Todo el día estuvo atendiendo a los clientes mientras las chicas lo ayudaban o limpiaban las mesas y demás. Así fue como se pasó su día demasiado rápido.
"Devuelta a la realidad", pensó.
Cuando salió ya estaba un poco oscuro. Caminaba por la banqueta con la frente en alto, deslumbrado por las luces de neón de la ciudad. Iba caminando hacia la estación de trenes cuando vislumbró una silueta a lo lejos. Se quedó estático unos segundos y después no dudó en gritar.
—¡Ichimatsu-niisan!
—¿Totty? —dijo el mencionado con una voz átona.
—Sí, Ichimatsu-niisan. —Se acercó corriendo a su hermano, bajando el tono de su voz—. ¿Cómo estás? —dijo contento.
—Pues, aún camino.
—No cambias, hermano... —Rio.
—Todomatsu, ¿cómo te...? —Fue interrumpido por Todomatsu, que se acercó a él rápidamente y lo envolvió en un fortísimo abrazo. Se quedó anonadado y después también correspondió.
Se separaron.
—Lo siento, niisan. —Se rascó la nuca sonriendo—. ¿Decías?
—Está bien, no te preocupes —balbuceó, con una sonrisa casi imperceptible—. ¿Cómo te fue? —Subió de volumen a su voz.
—Bien, fue genial.
—Me lo esperaba. Menos mal, necesitas un descanso.
—También, tengo una nueva mascota. Encontré un pajarito herido cerca del bosque junto con Atsushi-kun.
—¿Sabes cuidar pájaros?
—No... Pero Atsushi-kun es bueno con ellos.
—Ya —dijo.
—¿Qué hacías aquí? Es un poco peligroso.
—¿Te parece? Tú también das caminatas en la noche —dijo sonriendo pícaramente. Al notar el silencio del menor, prosiguió—: Vine a comprar comida de gato.
—¿Llevaste más gatos a casa?
—Al verlos me da la sensación de que me piden que los lleve conmigo —se explicó.
—Bien. Puedes hacer lo que quieras —dijo, y después estornudó.
—Salud.
—G-Gracias...
—¿Te sientes bien? Te ves un poco cansado.
—Siento un poquito de escalofríos, pero estoy bien.
—Deberías volver pronto.
—Sí, de hecho voy hacia la estación a tomar el metro. Pero faltan algunos minutos para que llegue.
—Te cuidas mucho —dijo desviando la mirada, sonrojándose un poco, a su vez que acomodaba su tapabocas.
—Claro, ¡tú también, Ichimatsu! —Posó una de sus manos en su hombro.
—¿Cuándo irás a casa?
—Eh... no estoy seguro —dijo quedito—. No sé si debería llegar yo solo... o con... Atsushi-kun. No lo sé...
—He pensado en eso también.
—¿Cómo podría explicarles a papá y a mamá? —dijo tristemente y quitó la mano del hombro de su hermano.
—Sólo es cuestión de tiempo, Totty. Las cosas se darán solas.
—Eso espero...
—Sólo, por favor, ten en cuenta que ellos están expuestos a cualquier tipo de reacción. Así que, sin importar la expresión que muestren, recuerda que te quieren mucho. No te desanimes...
Todomatsu asintió.
—Gracias...
—Tengo que volver a casa o los demás se volverán locos.
—Entiendo. ¡Nos vemos pronto!
—Hasta pronto.
Todomatsu siguió su camino al igual que Ichimatsu. El mayor se encaminó a casa, pero después un sonido se hizo escuchar detrás de él. Era el sonido de la goma de unos zapatos correr hacia él. Era Todomatsu.
—Ichi... ¡Ichimatsu-niisan! Lo siento... Lo olvidé... —Jadeaba.
—¿Qué sucede? —dijo sorprendido.
Todomatsu recordó que nunca sacó sus cosas de la mochila, y traía el obsequio de su hermano consigo. Pasó la mochila quitándosela de la espalda hacía su pecho, y mientras que con una mano la sostenía, con otra sacó el regalo.
—Aquí tienes, niisan. Lo siento, casi me voy sin dártelo... Espero que te guste.
Ichimatsu al verlo le brillaron mucho sus ojitos, y lo tomó con sus dos manos, sonrojándose un poco. Todomatsu juraría que miró sus ojos un poco cristalinos, pero sólo se limitó a sonreír.
—¿Gustarme? —dijo mirando el maneki-neko fijamente—. ¡Sí es muy tierno! —Abrazó el obsequio y después a Todomatsu.
Todomatsu se quedó estático ante aquella reacción tan inusual de su hermano mayor, pero después se acostumbró y lo abrazó también. Le parecía un poco gracioso que a simple vista, aunque medían lo mismo, Ichimatsu pareciera más bajito por mantenerse de pie un poco encorvado. Se separaron y de nuevo, Ichimatsu le dio las gracias al menor.
Ichimatsu apegó a su pecho el regalo y con la otra mano sostenía las bolsas con las latas de comida de gato.
—Ahora sí, ¡nos vemos, Ichimatsu-niisan! ¡Voy a perder el tren!
—Sí... Hasta pronto. —Subió el volumen de su voz—. ¡Por favor ven a casa junto con Atsushi-san!
Todomatsu se quedó quieto y sin verlo a la cara contestó.
—¡Claro! Adiós, niisan.
Todomatsu salió corriendo hacia la estación. Perdió de vista a Ichimatsu. Se colocó la mochila en el hombro de un sólo lado y llegó jadeante nuevamente. El metro llegó unos pocos minutos después de él. Quizá tres o cinco. Volvió a estornudar.
El tren avanzó y prontamente estuvo en casa. Encontró a Atsushi acostado en el sofá, dormido. Dejó sus cosas en la habitación y cuando llegó a la sala, miró algo nuevo. Una pequeña jaula, aunque aún vacía.
Se duchó rápidamente y salió de nuevo con ropa suave y calentita. Se acercó al sofá para despertar a Atsushi. Le dio muchos besitos traviesos por todo el rostro hasta que despertó. Dio un pequeño gemido y abrió los ojos.
—Ah... Todomatsu, ya estás aquí.
—¡Sí! ¿Cómo te fue en el trabajo, Atsushi-kun?
—Fue pesado después de tanto. ¿Y a ti? —respondió enternecido.
—No estuvo mal. —Se encogió de hombros y después exclamó con alegría—: ¡Pude ver a mi hermano Ichimatsu! Ya sabes, el que te recibió en la puerta aquella vez que bebí de más...
—¡Qué bien! ¿Cómo está?
—Dice que está bien y yo lo veo igual que siempre... Le di su regalo y le gustó mucho. Juraría que su voz se quebró un poco. —Rio con ternura.
—Me alegro. —Sonrió.
Todomatsu estaba en el suelo de rodillas viendo a Atsushi y éste último seguía acostado en el sofá.
—Ah, también, ¿cómo está Pichi?
—Mucho mejor —dijo—. Quizá pueda volar en dos días más.
—¿En serio? ¡Qué bien!
—También, conseguí esa pequeña jaula para él —dijo desviando su vista a la mesa de la sala, donde yacía la dicha jaula.
—La vi cuando entré. ¡Gracias!
—No hay de qué.
—Atsush... —No pudo acabar. Todomatsu estornudó de nuevo.
—Salud.
—Uh. G-Gracias...
—¿Decías?
—Bueno, nada. Sólo pensaba acerca del trabajo... ¿Viviremos como —le dio un escalofrío— lo hacíamos antes?
—Oh, sobre eso...
—No soportaría de nuevo vivir así, sin que podamos vernos.
—Voy a tratar de hacer algo, no te preocupes. —Acarició su cabello.
—Está bi... —Todomatsu volvió a estornudar.
—Salud —dijo de nuevo—. ¿Estás bien? Te miras muy cansado.
—Mi hermano también me lo dijo, lo siento... Debe ser por el frío.
—Te dije que te resfriarías.
—Aún estoy bien... No me molesta mucho.
Atsushi se acercó a Todomatsu, incorporándose.
—Esta noche —dijo tranquilamente— durmamos abrazados. Así no tendrás tanto frío.
Todomatsu se sonrojó y asintió.
—Bien, Atsushi-kun... —dijo con su voz un poquito ronca.
Llevaron a Pichi con ellos a la habitación porque estaba más cálido.
Fueron a dormir temprano. Atsushi volvería a su rutina de siempre. Esta vez, sería él quien saliera un poco más tarde de casa y Todomatsu más temprano.
Se acostaron muy pegaditos y se abrazaron. Todomatsu se acurrucó en el hombro de Atsushi, y éste apretó su mano gentilmente para dormir con ese tacto. La noche se apoderó del tiempo y ambos cayeron profundamente dormidos. Una vez más, el conticinio rigió en el lugar.
Cuando amaneciera, Todomatsu le pediría a Atsushi que lo acompañe a casa a ver a su familia.
Chapter 12: Malestar
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Amaneció.
Atsushi se levantó primero que Todomatsu. Pensó en despertarlo, pero se veía muy cansado; más de lo normal, así que lo dejó descansar un poco más.
Al final el menor despertó un poco tarde, y se dirigió a la cocina para desayunar. Atsushi le dio los buenos días dándole un beso en la mejilla, y se sentó junto a él a la mesa. Comerían sólo un poco de espagueti.
Atsushi observó detenidamente a Todomatsu. Se veía quizá un poco irritado y tenía unas ojeras un poco marcadas (lo cual era raro en él, ya que se cuidaba mucho la piel), y también sus movimientos eran muy lentos y un poco torpes. Sin mencionar que no estaba sonriendo.
—Todomatsu... —El aludido sólo alzó un poco la vista mientras masticaba los espaguetis, con su mirada sin brillo—. ¿Estás bien? Luces un poco... enfermo.
—¿De verdad? —Suspiró—. Bueno, sólo... me duele un poco la cabeza.
—¿En serio?
—S-Sí... Estoy un poco cansado, desde ayer. No sé exactamente por qué. Ayer cuando llegamos a casa, me sentía... bien. —Sonrió.
—Mmm... Ya veo. Quizá tenga un poco de medicina para esto. Te daré una pastilla.
—No, Atsushi-kun... Estoy bien.
Todomatsu quería pedirle a Atsushi que fuesen a su casa, pero no estaba seguro del todo. Además, no se estaba sintiendo muy bien. Quería hablar sobre lo suyo con el mayor frente a sus padres, y quería ver a sus hermanos. Pero, aún estaba esa inseguridad.
Todomatsu estornudó.
—Salud.
—Gra-Gracias, Atsushi-kun...
—Todomatsu, de verdad. Quédate aquí hoy.
—No... Si falto de nuevo al trabajo me despedirán.
—Tu salud es más importante. Por favor, quédate aquí. Yo iré a hablar con tu jefe, si así lo quieres. Además, ya se te hizo tarde.
Todomatsu lo pensó un momento.
—Está bien. Me quedaré. Pero, no hace falta que vayas.
—Bien, entonces... me alistaré. —Atsushi se incorporó y se dirigió a la habitación para cambiarse e ir al trabajo de nuevo.
Todomatsu se quedó sólo en la mesa, viendo su plato vacío. Se quedó meditando un rato sobre ir o no con su familia. Algo en su interior le decía que se lo tenía que pedir, que decir... Y otra parte simplemente no quería.
Cuando Atsushi salió con su traje ya puesto y bien bañado, se fijó en su reloj y se dirigió al recibidor. Estaba a punto de despedirse, pero, Todomatsu se puso de pie. Se quedó ahí plantado con los puños fuertemente apretados y abrió los labios para articular algo. ¡Se lo diría!
—At… Atsushi-kun...
—¿Sí? Dime.
—Este... —Tenía la mirada de Atsushi clavada. Se sintió un poco nervioso y a Atsushi se le haría tarde si tardaba en hablar.
—¿Sí?
—Eh... N-No... no te preocupes por mí. Voy a estar bien. —Sonrió forzosamente.
Hubo una pequeña pausa; silencio. Atsushi frunció el ceño desconcertado.
—¿Eso querías decirme?
Atsushi notó extraño a Todomatsu, pero no lo forzaría a hablar.
—Lo siento. —Todomatsu asintió rápidamente—. Se te está haciendo tarde, Atsushi-kun... Apresúrate.
Atsushi miró su reloj de mano y se dirigió a la puerta.
—Tienes razón, cuídate mucho. Si necesitas algo, llámame. Encontraré un momento apropiado para poder ayudarte.
—Está bien, Atsushi-kun. Preocúpate ahora por llegar temprano a tu oficina. —Le dio un empujoncito sonriendo delicadamente.
—Parece que hoy nevará, así que abrígate bien.
—Igual tú, Atsushi-kun. Cuídate, esperaré por ti. —Le dedicó una sonrisa, de nuevo.
—Está bien, entonces... Me voy.
Todomatsu asintió. Despidió a Atsushi en la puerta después de haberle ajustado la corbata y haberle colocado con cuidado una bufanda amarilla para mantener el calor. El mayor le dio un beso en la frente y se separó. Salió dirigiéndose al garaje para tomar el auto y entró a la autopista. Se fue a la oficina. Una vez estando sólo, se dirigió a la sala para tomar su celular, pero dio cuenta que ya no tenía batería, así que lo puso a cargar.
Fue a ver cómo estaba Pichi. Notablemente se le veía mucho mejor. Destapó a la blanquecina ave con cuidado; ésta caminaba un poquito, y fue capaz de deshacerse del agarre del chico con un brinquito. Se encontraba mejor. Pronto volaría.
Lo comenzó a acariciar mientras sonreía un poco, con los ojos entrecerrados por el sueño que aún poseía.
—¿Sabes? —comenzó a hablar con el pajarito—, me siento mal al no decirle lo que siento a Atsushi-kun... Quiero que conozca a mi familia y que ellos lo conozcan a él, pero tengo miedo. ¿Qué me dirán papá y mamá cuando sepan que... me gustan los chicos? Tengo miedo. Quizá me odien... Y no quiero que odien a Atsushi-kun por mi culpa, porque él es un buen muchacho.
El pájaro pilló. Todomatsu prosiguió.
—¿Cómo podría decirles? Quiero vivir plenamente sin ser juzgado por los otros. ¿Eso está mal? Quizá Atsushi-kun se siente mal porque soy muy tímido con él, pero no puedo evitarlo... Lo quiero mucho.
Miró a Pichi unos instantes. El ave se le había quedado mirando en silencio, moviendo únicamente la cabeza de un lado a otro.
Todomatsu suspiró y sonrió tristemente, dejando al ave en su caja después de limpiarla. "¿Qué hago hablándole a un ave?", pensó.
—Está bien si no dices nada —dijo sonriendo cínicamente y se dirigió a la ventana.
Observó detenidamente a los autos pasar en la autopista. Algunos iban rápido y otros más lento. Se recargó en el marco con la ventana cerrada. Había comenzado a nevar un poco.
Miró detenidamente a la carretera. Se sentía tan vacío... Como si no fuera parte de ese mundo.
"Alguien va dentro de cada auto que pasa a gran velocidad. Y ese alguien tiene un lugar a donde ir, tiene algo que hacer, tiene alguien que lo espera en alguna parte", pensaba con melancolía. Al ver a la distancia, todo lucía tan pequeño e insignificante. Aterradoramente insignificante.
Sintió un horrible mareo.
—Ngh... Pero... —habló para sí mismo colocándose una mano en la sien— yo tengo a alguien que debo esperar.
El dolor se hizo más intenso. Sentía que la cabeza le palpitaba y pronto le estallaría. Grandes olas de dolor lo abatían. "¿Por qué?", pensó. Se recargó en la fría pared respirando pesadamente. Y de pronto, el dolor se disipó. Se puso de pie, completamente derecho. Su vista estaba un poco borrosa.
—¿Qué...? ¿Qué sucede? —balbuceó.
De pronto se comenzó a sentir caliente, muy caliente. Tenía muchísimo calor. A pesar de que afuera había comenzado a nevar, sentía que estaba ardiendo desde sus entrañas. Soportó ese malestar aproximadamente una hora y media más. Se recostó en el sofá, encendió la televisión y cerró sus ojos. Intentaría no pensar en nada. Pichi comenzó a pillar.
No podía dormir. Quería que el dolor de su cabeza se fuera, al igual que aquella infernal sensación, pero era inútil. No se iba.
Se levantó y fue a la habitación en busca de algunas pastillas para disminuir el dolor. Se las tomó y esperó quince minutos más, y aun así no hubo resultados. Quizá se sentía peor. Comenzó a sentir náuseas y fue al baño. Vomitó.
¿Qué le sucedía? No estaba seguro, pero se sentía terrible. Quizá un virus se había adueñado por completo de su cuerpo. Salió del baño casi arrastrándose, mareado y con un dolor horrible en su estómago, trémulo. Cerró la puerta del baño y se dejó caer al suelo pegando su espalda a ésta, con sus manos temblando un poco aún.
Se quedó ahí cinco minutos y después se metió a la ducha desesperadamente. Dejó que el agua tibia (más fría que caliente) recorriera cada rincón de su cuerpo, pero por más que hacía que el agua estuviese un poco más fría, el calor de su espalda y rostro no desaparecía. Cuando se enjuagó el pelo notó que muchos cabellos se le habían caído. Más de lo normal. Se extrañó, pero poca importancia le dio. No era lo peor que le sucedía. Se rindió y salió de la ducha. Se vistió y comenzó a masticar hielo, para el calor y la ansiedad.
El calor aumentó. Se miró en el espejo del baño un momento, y notó que sus mejillas estaban muy rojas. De un color rojo intenso. También, tenía los ojos un poco hundidos. No podía dejar de temblar.
Salió y se dirigió a la cama. Se abrazó fuertemente a la almohada y apretó sus uñas en la tela de ésta. Un dolor en el estómago más fuerte que el anterior lo sucumbió.
Comenzó a respirar a grandes bocanadas de aire. A pesar de que estaba prácticamente nevando, el calor que lo agobiaba no disminuía, no podía respirar y decidió abrir un poco las ventanas. Una vez frente al espejo de nuevo, cepilló su cabello. Notó que en el peine había muchos cabellos. Se le estaba cayendo más de lo normal. Frunció el entrecejo.
Pasaron treinta minutos más. Se sintió abrumado por la nueva experiencia, y con miedo y cansancio se dirigió a la sala. Su celular aún estaba a cargándose.
Cuando iba por el pasillo, de nuevo un mareo lo atacó, lo que provocó que perdiera el equilibrio y cayera. Alcanzó a sostenerse de la pared; permaneció de rodillas con la vista gacha, apretando fuertemente los ojos.
"¿Qué es esto?", pensó con pesar. Las piernas le flaqueaban un poco, así que se tomó un tiempo para poder ponerse de pie nuevamente. Cuando lo logró, decidido fue a la sala por su celular. No se estaba sintiendo muy bien, y eso lo hacía sentir muy asustado. Nunca antes se había sentido peor.
Sentía que el pecho le estallaría. Unas constantes y fortísimas taquicardias lo estaban haciendo desfallecer. Y su rostro tenía una altísima temperatura...
Estiró una mano para alcanzar su celular, pero cuando apenas lo tocó, nuevamente el dolor de estómago y cabeza llegó a él. Un malestar general parecía querer causarle una muerte dolorosa, o al menos eso pensó él en ese momento. El mareo fue tan intenso que su vista se nubló y soltó el aparato. Se puso ambas manos en la cabeza y después, se desplomó contra el suelo estrepitosamente. El sonido seco que provocó el impacto de su cabeza contra el piso había sido horrible. No pudo hablarle a nadie. A pesar de que le prometió a Atsushi hacerle saber si algo malo le ocurría, no pudo hacer la llamada.
Duró aproximadamente dos horas tirado en el suelo. Dos horas en las que nadie se dio cuenta de que necesitaba ayuda. Alguien lo llamó a su celular, aunque como era de esperarse, no lo escuchó. El pajarito comenzó a cantar. Después de insistir varias veces, finalmente aquella persona desistió.
Se trataba de Ichimatsu nuevamente. Todomatsu había prometido ir a casa con sus padres y hermanos, e Ichimatsu se extrañó al no recibir notificaciones de su hermano menor informándole de algo. Es decir, no le dijo si iría, pero tampoco le hizo saber si no. Por más que insistió no contestó. Era extraño, pues ya era tarde.
Entonces un vago recuerdo vino a su cabeza. Poco después de que Todomatsu se marchara de casa, había anotado el número de Atsushi en una hoja de papel, quizá para no olvidarlo. Seguramente lo había anotado después de la segunda cita o algo así. Al menos eso deducía. Aquella vez se encontraba limpiando la habitación junto con Jyushimatsu y Osomatsu, y entre las cosas del más pequeño de todos halló aquella hoja. Por supuesto, la guardó sin saber por qué y la escondió.
Quizá había sido una indirecta del destino. Aunque, a Ichimatsu no le agradaba pensar aquello, púes no le agradaba la idea de que alguien decidía por él. En este caso, el destino. Aun así, decidió confiar en ello.
Existe la fiel creencia de que los gemelos, indirectamente simbolizan una sola alma, así que pueden saber lo que el otro siente o piensa. Y en este caso, se trataba de sextillizos. Ichimatsu podía sentir cómo sus sentidos se agudizaban y sabía (por alguna razón que no se explicaba) que Todomatsu se encontraba en un lío. Quizá no en uno muy grave, pero el malestar no se desvanecía de su ser. Así que no había opción...
Fue a buscar entre sus cosas aquella hoja con el número escrito en tinta azul y tomando su teléfono con la otra mano marcó.
Quizá por el miedo. Quizá por la vergüenza que sentía, pero, estaba ligeramente temblando, frunciendo el entrecejo, esperando alguna respuesta.
Notes:
A partir de aquí habrá un dramón. ¡Gracias por seguir leyendo! Sus comentarios en Wattpad me emocionan. Espero que la historia tenga el mismo impacto en las demás plataformas :)
Chapter 13: Triste intriga
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Atsushi en medio de su jornada de trabajo tomó el celular. Se extrañó un poco al no reconocer el número que se encontraba en pantalla, pero sin perder más tiempo, atendió la llamada.
—¿Hola?
—Este... ¿Atsushi-san?
Atsushi pensó a primera instancia que se trataba de un cliente de la empresa o algo parecido, así que lo pasó por alto.
—Él habla. Ahora mismo me encuentro en mi trabajo un poco ocupado, así que si no hay inconveniente puedo atenderle un poco más tarde o...
—No, es sólo que... —lo interrumpió.
—¿Quién habla?
—Ichi… Ichimatsu Matsuno... Soy hermano de Todomatsu.
—Oh, hola. ¿Qué tal? —Cambió sin voluntad a un tono de voz más agradable—. Perdona por haber sido cortante... Mil disculpas. —Sólo hubo silencio al otro lado de la línea—. ¿Qué sucede, Ichimatsu-san?
—Bueno... En realidad quería saber si mi hermano estaba contigo, pero me doy cuenta que no, al saber que estás trabajando.
—¿Mhm?
—Verás... Quería hablar con él, así que le marqué a su teléfono celular pero no me responde desde ya hace un rato. ¿Sabes... qué sucede?
—¿Eh? ¿Todomatsu no responde? Qué extraño... Espera un momento por favor, trataré de contactarlo yo mismo. En un momento te devuelvo la llamada.
—De acuerdo... —dijo con un hilo de voz quebradizo.
El mayor colgó. Ichimatsu se quedó esperando mientras tanto y miró el teléfono impacientado. ¿Por qué su hermanito no se puso en contacto con él?
Mientras se hundía en sus pensamientos, Choromatsu entró a la habitación.
—¿Ichimatsu? —dijo el de sudadera verde—. ¡Deja de hacerte el vago y deja ese celular! Hay cosas que debemos hacer... Mamá dijo que hoy nos toca preparar la cena a nosotros y a Osomatsu-niisan.
—En un momento iré.
—¿Qué haces?
—Estoy... llamando a Todomatsu.
—¿Totty? ¿Está molesto contigo?
—No. Sólo no responde —dijo, omitiendo lo de Atsushi. Ocultaría su existencia lo más que pudiera hasta que Todomatsu lo sacara a la luz.
Mientras tanto, Atsushi marcó varias veces al número de Todomatsu, pero por más que insistió no obtuvo respuesta alguna. Se comenzó a impacientar y llamó a Ichimatsu de vuelta.
—Oh, parece que ya te contestó —dijo Choromatsu cruzado de brazos.
—Cállate, guarda silencio —dijo Ichimatsu con una voz ronca poniendo una de sus manos en el rostro de su hermano, empujándolo para apartarlo del aparato y así evitar que lograra escuchar algo—. ¿Hola?
—Ichimatsu-san, marqué al celular de Todomatsu, pero la llamada se pierde. No me responde.
—¿Eh? ¿Pero por qué...?
—Ahora mismo iré con él. Cualquier cosa yo te aviso, ¿está bien? —dijo Atsushi, al parecer un poco agitado.
Ichimatsu entró en preocupación, y sólo se limitó a asentir.
—De acuerdo. Gracias, Atsu... —Se detuvo en seco al recordar que su hermano mayor estaba en la misma habitación que él, observándolo y escuchándolo.
—“¿Atsu?” —repitió el tercero, cuestionando.
Atsushi se despidió y colgó. Ichimatsu se quedó ahí, un tanto abrumado.
—¿Qué sucede, Ichimatsu? —preguntó Choromatsu.
Ichimatsu inhaló y exhaló.
Mientras tanto, Atsushi se puso de pie, restándole importancia a las cuentas y papeleos que se encontraba haciendo. Apagó el ordenador que tenía justo en frente suyo sobre su escritorio, tomó su maletín y salió.
—Atsushi-san... ¿A dónde vas? —preguntó un hombre, al parecer un empleado, que se encontraba en la misma oficina que el mencionado.
—Ha ocurrido una emergencia. Tendré que ausentarme por hoy, lo siento.
—¿Qué dices? ¡Pero si tú eres uno de los hombres más importantes para esta compañía! Quédate. Sin ti... no acabáremos a tiempo la jornada de hoy —decía el hombre, tratando de convencer al muchacho a quedarse, quizá para ese día volver más temprano a casa.
—Ya dije que lo siento. Si es necesario, me quedaré más tiempo después. Buen trabajo...
Y Atsushi salió, lejos de la habitación, y más allá del edificio de oficinas...
Con paso apresurado llegó a la casa y tras haberse estacionado entró abriendo la puerta con cuidado. Entró un poco agitado, pero tratando de mantener la calma, rezando por que todo esté bien.
—¡Todomatsu! ¿En dónde estás? —Apresuró un poco el paso, buscándolo en cada una de las habitaciones. Abría una por una cada una de las puertas, pero no había rastro de él. Era difícil buscar a alguien de esa manera en una casa tan grande. Subió rápidamente al segundo piso, dejando sus cosas abajo—. ¿Todomatsu? Respóndeme... ¿En dónde estás? ¿Qué estás haciendo? —Cuando iba abriéndose camino por el pasillo, enmudeció—. Todoma...
Se paró en seco. ¿Qué había sucedido? Encontró al pequeño tirado en el frío suelo, inconsciente. Su respiración era demasiado tenue y sus manos estaban heladas. Pero, a pesar de todo aquello, cuando Atsushi lo tomó en brazos notó que su rostro estaba de un intenso color carmesí y sus mejillas ardiendo.
Lo levantó tan rápido como pudo y salió de casa cargándolo en sus brazos. Lo subió al auto y se echó a andar a un hospital.
Pero, antes de eso, en medio de toda aquella prisa, llamó a Ichimatsu. Después de todo, le prometió informarle acerca de lo que sucediera con su hermano.
Se acomodó el celular en el hombro pegándolo a su oído, poniendo atención a la carretera, conduciendo lo más rápido que podía pero con cuidado.
—¿Ichimatsu-san?
Ichimatsu había estado todo el rato esperando la llamada, deseando recibir buenas noticias, junto a Choromatsu. Aunque éste último no tenía idea de lo que pasaba, así que no lo pasaba mal.
Ichimatsu respondió.
—S... Sí, ¿qué sucede?
—Verás, salí tan rápido como pude del trabajo y me dirigí hacia donde estaba Todomatsu. Pero, cuando llegué lo encontré en el suelo inconsciente...
—¿Eh? —respondió trémulo.
—Ahora mismo voy camino al hospital con él. Me extraña porque sus manos estaban muy frías, pero al ver su rostro, me parecía que tenía fiebre... Así que...
—¿En qué hospital estarán?
Choromatsu para este punto no prestaba atención a la conversación. Se puso a mirar la televisión.
Atsushi le dio las direcciones a Ichimatsu.
—Pero... Ichimatsu-san. Todomatsu no quería que sus demás hermanos y yo...
—Está bien, tengo que ir —dijo incorporándose, apretando los puños—. Les informaré en seguida y nos veremos allá. Iré yo solo.
—Espera —Finalmente llegó al hospital y se estacionó rápida y hábilmente—, por lo menos, espera unos veinte minutos. Quizá se mejore pronto.
—De acuerdo.
Atsushi colgó. Guardó su celular en su bolsillo y cargó a Todomatsu, llevándolo a la sala donde lo atenderían. Dos enfermeras y un doctor se acercaron con él a toda prisa y metieron a Todomatsu a una sala, en una camilla. Atsushi se quedó afuera esperando muy nervioso.
Ichimatsu se apresuró después de un rato, pero al estar a punto de salir de la casa, Osomatsu lo sujetó de la manga de la sudadera.
—¿A dónde vas, Ichimacchan? —decía con su sonrisa picarona.
—Voy a... eh… Por comida de gato.
—¿Eh? Pero si acabas de salir por eso hace muy poco. Y además... está nevando.
—No hay problema, llevo mi paraguas. Y tomaré el metro.
Jyushimatsu llegó.
—¡Niisan! —gritaba—. Si sales así, ¡te enfermarás!
—C... Claro que no. Sólo esperen aquí y ya, ¿sí? —Acto seguido, se dio la vuelta para seguir caminando, aunque Osomatsu aún no lo soltaba—. ¡Ya suéltame, estúpido hermano!
—¡Quédate, Ichimatsu! Aún hay comida para tus gatitos en casa. —Le sonrió.
—¡Hey! —Choromatsu gritó desde más a fondo de la casa—. ¡Cierren la puerta! ¡El viento está helado y la nieve se está metiendo!
—¡Brother! —Karamatsu se unió—. ¡Come on! Cierra la puerta... —decía temblando de frío.
Ichimatsu se desesperó y soltándose bruscamente del agarre de Osomatsu, habló casi a gritos dirigiéndose a sus hermanos.
—¡Maldita sea! ¡Cállense todos de una buena vez! ¡Necesito salir! ¿¡Está bien!? —decía el cuarto hermano, mientras sus cabellos eran revueltos por el despiadado viento.
—Pe... Pero morirás congelado allá afuera... —dijo Osomatsu, anonadado.
Ichimatsu apretó los dientes, y arrepintiéndose por unos instantes, habló fuerte y claro, casi a modo de regaño.
—To... ¡Todomatsu está en el hospital! ¿Está bien? ¡Voy a ir a verlo!
—¿¡Eh!? ¿My little brother? ¡Iré contigo, Ichimatsu! —Se levantó a toda prisa el segundo, yendo a la puerta con él.
—¿Cómo? —Balbuceó Choromatsu—. ¿Qué sucedió, Ichimatsu?
—Yo también quisiera saber qué sucedió... —dijo Ichimatsu.
—¿Cómo lo sabes? —lo cuestionó Osomatsu.
—E... Eso es lo de menos, ahora, ¡me voy!
—Voy contigo —dijo Choromatsu, acercándose.
—¡Yo también voy, Ichimatsu-niisan! —Exclamó un preocupado Jyushimatsu—. ¡La cena puede esperar!
—¿De qué están...? No, iré yo sólo —dijo Ichimatsu firmemente. Tenía realmente mucho miedo de que Atsushi y ellos se encontraran, aunque no estaba seguro de lo que podría pasar.
—¡Ichimatsu! Mira lo que dices y haces... Estás diciendo que Todomatsu, el más pequeño de nosotros, ¡está en el hospital, y no sabemos qué tiene! Además de eso, ¡nosotros también tenemos derecho a verlo! Así que... — Choromatsu se puso un abrigo y tomó a su hermano del hombro—. Yo también voy.
—Vamos juntos, brothers —dijo el segundo, imitando las acciones del tercero.
Ichimatsu no dijo nada y se salió de la casa a toda prisa. Sus hermanos lo tomaron como un gesto afirmativo y lo siguieron.
Jyushimatsu fue el último en salir de casa, pues subió a la segunda planta a explicarle a su mamá lo que había ocurrido sin asustarla. Luego se despidió para después rápidamente alcanzar a sus hermanos cuando estaban a punto de subir al metro y lo tomaron.
Pasaron quizá 15 minutos.
Sin saber cuándo, Atsushi escuchó prontamente el sonido de varios zapatos corriendo a toda prisa por el piso del hospital. Algunos tenis rechinando...
Choromatsu pidió indicaciones y les indicaron en dónde estaba su hermano. No había mucha gente en el hospital.
—¿Quién trajo a Todomatsu aquí? —dijo Osomatsu intranquilo—. Este hospital es muy lujoso, no podremos pagarlo...
—Vete tú a saber... —respondió el tercero.
Jyushimatsu sólo observaba y analizaba el suntuoso lugar.
Ichimatsu se quedó helado al ver a Atsushi. Se quedó plantado como un tronco. Había hablado con él por teléfono y una sola vez en persona, pero se llenó de impaciencia. Al verlo se sentía muy inferior. ¿Qué le diría? ¿Cómo lo saludaría?
Una enfermera salió de la habitación, y se dirigió a Atsushi.
—¿Usted es familiar del señor Matsuno?
—No. Nosotros... —Los cinco hermanos escuchaban a lo lejos— ... somos amigos.
—Oh, bien. Me temo entonces que aún no puede entrar. Debe verlo algún familiar autorizado.
Atsushi echó la vista hacia atrás.
—¿Ve a los cinco muchachos de allá? Son sus hermanos. Dígale a ellos que pasen, si es necesario. Pero dígame, ¿cómo se encuentra?
—Por el momento está estable. Deberá permanecer aquí unas horas, hasta que se vea capaz de caminar. Sufrió un leve episodio de estrés y se juntó con la fiebre altísima que traía consigo. Pronto estará mejor.
—¡Hey! —Osomatsu gritó desde lejos, acercándose—. ¡Oiga! Nosotros somos hermanos del paciente, ¡déjenos entrar a verlo!
Los hermanos discutían por quién entraría a verlo, restándole importancia a Atsushi. Mientras tanto, éste último se preguntaba quién de todos era Ichimatsu.
La enfermera los miró con detenimiento bastante sorprendida. Nunca había visto seis rostros iguales. De pronto otra enfermera un poco más robusta y mayor salió de la misma sala donde se encontraba Todomatsu, y se dirigió a la enfermera más joven.
—No hay necesidad de que entre alguno de ellos —le explicó a la más pequeña.
—¿Eh? —dijeron los sextillizos y la enfermera más joven al unísono.
—Este caballero trajo al paciente aquí y estuvo esperando un buen rato, ¿no? —dijo tranquilamente y con autoridad refiriéndose a Atsushi—. Entonces que entre él primero a ver al muchacho.
—Eh... Sí —respondió la enfermera novata.
Atsushi sólo alzó un poco la cara y abrió un poco los ojos.
—¿Perdón? —exclamó Osomatsu—. ¡Nosotros somos sus hermanos! ¡Queremos pasar a verlo!
—Osomatsu, espera... —dijo Karamatsu poniéndole una mano en el hombro.
—Enfermera, por favor —suplicó Choromatsu con ambas manos unidas.
Jyushimatsu e Ichimatsu sólo observaban la escena.
La enfermera mayor permaneció en silencio y después pronunció algo.
—Permítanme un momento. Consultaré al señor Matsuno —dijo refiriéndose a Todomatsu para después ingresar a la sala de nuevo, dejando fuera a los cinco hermanos y a Atsushi esperando.
La enfermera más pequeña la siguió, y después se perdió entre otras salas para atender a otras personas, prestando caso omiso al caso de Todomatsu. Lo dejaría a manos de la mayor.
Mientras tanto, esperarían alguna una noticia.
—¿Quién demonios es ese tipo? —susurraba Osomatsu de mala gana, mirando a Atsushi de reojo—. Seguramente por él estamos aquí, seguramente le hizo algo a Todomatsu. Jamás habría acabado en un hospital junto con nosotros...
—Osomatsu, ¡cállate! —balbuceó Choromatsu, abriendo mucho los ojos, poniendo su dedo índice en sus labios, haciendo un ademán de silencio.
Atsushi fingía no poner atención, pero podía escuchar absolutamente todo.
—¡Cállate tú! —susurró más fuerte el mayor.
—Brother, no es el momento...
—¡Tú también cállate, Karamatsu! Sabes bien que ese tipo no puede traer nada bueno... ¡Mira! ¿Cuándo nuestro hermanito había demostrado estar enfermo de algo? ¡Nunca! Quizá él... —susurraba el de sudadera roja a los otros dos mayores.
—¿Crees que le hizo algo malo? —preguntó Jyushimatsu, uniéndose a aquel "intercambio de ideas", con mucho miedo.
—No lo sé... Quizá pudo haberlo drogado o algo así. Quizá lo amenazó — siguió el mayor.
—Totty había estado actuando extraño desde hace casi dos meses, cuando huyó de casa —concordó Karamatsu—. ¿Creen que quizá él lo secuestró o algo? —Supuso, llegando a lo extremo.
—¿Eh? No puede ser —dijo el tercero, amedrentado.
—Hermano... —Balbuceó Jyushimatsu.
Todos hablaban muy bajito.
—Bueno, miren las pintas que tiene... —Susurró Osomatsu, dirigiendo una rápida ojeada a Atsushi—. Parece un adinerado incógnito. No dudaría en pensar que anda en malos pasos, y además, ¡trajo a Todomatsu a un hospital carísimo! ¿Qué clase de persona hace eso por alguien que no conoce? ¡Esto está mal!
—Osomatsu, ¿entonces qué...? —susurró el segundo.
—Pensaremos en algo para llevarlo a casa con nosotros —afirmó el mayor, con determinación.
—¡Sí, sí! Pensaremos en algo —dijo Jyushimatsu, bajito.
Choromatsu asintió, con el entrecejo fruncido.
Atsushi estuvo escuchando disimuladamente todo aquello. Estaba desconcertado, pero al no tener noticias de su hermano pequeño, era obvio que actuarían así. Era lo más normal, ¿no?
Se quedaron en silencio un momento.
—¿Y si resulta que sí le hizo algo? —preguntó Karamatsu.
—¿No es obvio? —dijo un arisco Osomatsu—. Llamaremos a la policía.
—Pero... la policía no actuará. Si es que resulta ser un pez gordo entonces nosotros... —balbuceó el segundo.
—Pero, Osomatsu —Habló el tercero con seriedad—, ¿y si sucede lo mismo?
—¿Lo mismo? —susurró el mencionado.
—Sí, ya sabes... Como cuando éramos niños, y aquel hombre...
—¡Cállate! —exclamó Osomatsu subiendo el tono de su voz considerablemente, palideciendo un poco.
—La policía actuó hasta el final —terminó Choromatsu.
Osomatsu le dirigió una mirada llena de repulsión, tristeza, enojo y terror.
—¡Bueno, bueno! —dijo Jyushimatsu para levantarles los ánimos—. Son sólo suposiciones, hermanitos...
Osomatsu calló. Choromatsu pasó saliva y Karamatsu asintió. Atsushi apretó los puños y los dientes. No podía creer que aquello estuviera pasando. De pronto, Ichimatsu, quién había estado observando todo en total silencio un poco alejado, interrumpió.
—Todos ustedes son tan estúpidos como lo parecen.
—¿Qué dijiste? —dijo Osomatsu molesto.
—Yo ya les había dicho que era un amigo de él —dijo de lo más normal sin susurrar, pero sí con su monótono tono de voz.
—Ichimatsu, brother, baja la voz —dijo Karamatsu muy bajito.
—Se fue un tiempo a vivir con él para independizarse un poco —siguió hablando sin prestarle atención al segundo—, y se estuvo comunicando conmigo. Se los dije. Y a ti también te ha estado enviando mensajes, ¿no? Choromatsu.
—Eh... Sí. —Afirmó el tercero.
—¿No creen que si estuviera realmente secuestrado no podría siquiera usar su celular? —preguntó un poco fastidiado.
—Ichimatsu-niisan, pero mira —dijo Jyushimatsu—. ¡Estamos en un hospital!
Ichimatsu se dio una palmada en la frente y resopló.
Atsushi al ver el comportamiento de todos, dedujo fácilmente que Ichimatsu era el chico despeinado de la sudadera morada. Además de que su voz sonaba exactamente igual que en la llamada que realizó, parecía tener bastante confianza en él. Todomatsu una vez le contó que uno de sus hermanos (Ichimatsu) ya sabía todo acerca de su relación. Quizá por eso se encontraba como no queriendo, tratando de hacer que los otros cuatro chicos asimilen la situación. Aunque, jamás aclaró lo de su relación. Los declaró como "amigos", porque también lo eran, ¿o no?
—Ichimatsu, tú en parte tienes la culpa —declaró Osomatsu—. Siempre te callaste la boca y no nos hiciste saber nada, y aun así... ¡parece que nos escondes algo!
—¿Es cierto, niisan? —preguntó Jyushimatsu, triste.
Ichimatsu sólo pasó saliva y los demás observaban. De alguna forma, no se le podía negar nada al primogénito.
Atsushi después de meditarlo un rato, aprovechó el silencio y antes de que la situación se tornase peor, se acercó a los cinco hermanos decidido.
—Disculpen las molestias, de verdad. Mi nombre es Atsushi Takahashi y soy un muy buen amigo de Todomatsu, así que por eso no tienen que tener problema. De verdad me disculpo por cualquier mal entendido —dijo con una leve sonrisa para tratar de no parecer descortés, aunque la situación no la ameritaba.
—Eh, claro… —dijo Choromatsu, desconcertado por tal formalidad. Era inusual, pero agradable y a su vez alucinante.
—Ya —dijo Osomatsu—. Y supongo que tú pagarás los servicios de este lugar y todo, ¿verdad?
—¡Osomatsu! —lo regañó Karamatsu.
—Por eso no se preocupen —afirmó Atsushi.
—¡Mi hermano no está bien! ¡Queremos a Totty en casa con nosotros! —exclamó el quinto de los hermanos.
"¿Totty?", pensó Atsushi.
—Jyushimatsu, cálmate. —Lo tranquilizó Choromatsu, poniendo una de sus manos en su cabeza, acariciando su cabello y frente.
—Sí, lo entiendo. Lo siento —dijo Atsushi sintiéndose un poco apenado por todo lo que había pasado por las mentes de los hermanos por culpa suya—. Lo que quiero decir es que nunca debieron sentirse preocupados, y aún ahora, no deben hacerlo. Confíen en mí.
—¿Y por qué deberíamos? —dijo Osomatsu con una voz muy cortante. Parecía estar a punto de comenzar a despotricar.
—¡Niisan! —dijo Jyushimatsu, preocupado.
—Osomatsu, cierra la boca —dijo un enfadadísimo Choromatsu, entre dientes.
Atsushi sólo lo miró con sus ojos entrecerrados. Sin molestia, sin pena, sin nada. Sólo lo miró.
—También —prosiguió Atsushi— quería disculparme personalmente contigo, Ichimatsu-san. Lo siento —dijo mirando al mencionado, que palideció un poco.
—¿Eh? —dijeron los demás al mismo tiempo.
—Está bien...
Ichimatsu se sorprendió un poco al darse cuenta de que Atsushi lo había podido distinguir del resto de sus hermanos, pero supuso que después de juzgar el comportamiento de cada uno, sería obvio saber quién sería él.
—Ichimatsu, ¿tú ya conocías a este sujeto? —preguntó Osomatsu.
—¿Ichimatsu? —dijo Karamatsu.
—Yo... —apenas balbuceó el cuarto cuando fue interrumpido.
La enfermera se dirigió a ellos nuevamente después de salir de la sala. Cuando ya estuvo lo suficientemente cerca, comenzó a hablar.
—Verán —comenzó—, lo estabilizamos y ahora se encuentra mucho mejor. Debido al pequeño escándalo que se formó, cuestionamos al señor Todomatsu sobre a quién quería ver primero.
—¿Y? —dijo Osomatsu, impaciente.
Choromatsu lo sujetó de la muñeca. La enfermera prosiguió.
—Ha dicho que quiere ver al señor Atsushi-san.
—¿Eh? —dijo Osomatsu.
—Totty no quiere... ¿vernos? —balbuceó Jyushimatsu.
Los hermanos se quedaron desconcertados.
—¿Que no oíste? —dijo Ichimatsu, mirando un poco molesto al quinto—. No es que no quiera vernos, sólo ha querido ver a Atsushi-san primero y ya.
—Pero yo quiero saber cómo está... —dijo Choromatsu.
—¡Yo también! —exclamó el de sudadera azul.
Osomatsu apretaba los puños.
No podía seguir soportando el comportamiento infantil de su hermano menor, simplemente no lo soportaba. No podía entenderlo.
Había demasiados cabos sueltos.
—Tranquilos —dijo la enfermera—. Hablaremos acerca de su estado y salud mientras este caballero —dijo viendo a Atsushi— entra a verlo.
—No... ¡Yo voy a entrar a ver a mi hermano! ¡No me importa lo que él haya...!
—¡Ya cállate, Osomatsu! ¡Tú sólo empeoras las cosas! —gritó Choromatsu.
—Mira quién lo dice... —susurró y se tranquilizó.
—Adelante —dijo la enfermera—, serán solamente unos minutos.
—Gracias —Atsushi asintió y después entró a la sala de pacientes.
Había varias cosas de las cuales debían hablar.
Notes:
¡Ya entro a la prepa de regreso en cuatro días! Qué triste. Por favor disfruten las actualizaciones, no voy a abandonarlos.
Chapter 14: Yo también
Chapter Text
Todomatsu estaba mirando hacia arriba, ya despabilado. Tenía una manguerita con una pequeña jeringa en su mano que le permitía que un suero entrase a su sangre. Dolía un poco.
Al escuchar el sonido de los zapatos de Atsushi se sintió un poco mejor. Se sintió protegido.
—¿Todomatsu? —Llegó hasta la camilla y se sentó a un lado de él, en una silla que había cerca.
—Atsushi-kun... Hola...
—Todomatsu... ¿Por qué no me dijiste? No, lo siento. Yo debí darme cuenta. No me moveré de tu lado, lo prometo.
—Atsushi-kun, quiero ir a casa contigo. Aquí es muy silencioso y huele raro.
—Sí, lo sé. Son las medicinas.
—Me alegra que estés aquí.
—¿Cómo te sientes?
—Me siento raro. Un poco mareado, pero mejor. Creo que ya puedo caminar sin problemas.
—Perdóname.
—¿Por qué dices eso, Atsushi-kun? —dijo bajito.
—Quizá yo hubiese podido hacer algo por ti...
—No hagas eso. Es normal que la gente... se sienta culpable al no poder evitar algo. Pero es normal, ya que no podemos ver el futuro, Atsushi-kun... Y tú no has cometido ningún error.
Hubo un pequeño silencio.
—Todomatsu, hay algo que debo decirte.
Todomatsu se sintió un poco intimidado por la grave voz de Atsushi y sólo se limitó a asentir.
—Dime.
Atsushi tomó un poco de aire y prosiguió.
—Tus hermanos están aquí en el hospital.
—¿¡Qué!? —Se incorporó rápidamente casi de un brinco provocando que la jeringa le cortase un poco más la vena, lastimándolo y llenando un poco de sangre el fino tubo—. ¡Agh!
Todomatsu se quejó y Atsushi rápidamente lo recostó de nuevo.
—¡No hagas eso, Todomatsu! Recuéstate, te hace mal.
—Atsushi-kun... ¿cómo es que...? —balbuceó agitado.
—Tu hermano, Ichimatsu, me llamó.
—¿Eh? —Estaba confundido y adolorido.
Atsushi suspiró.
—Te contaré.
Mientras tanto, la enfermera afuera de la sala respondía a las preguntas que los preocupados hermanos le formulaban, una tras otra.
—Entonces, ¿qué tiene mi hermano? —preguntó Choromatsu.
—Perdió el sentido unas horas a causa de estrés —dijo la enfermera—, y además se juntó con su fiebre alta. Quizá se deba a un repentino cambio de clima, algún lugar al que el muchacho no esté a acostumbrado. Sufrió un breve episodio postraumático, lo que lo ha llevado a la confusión, y le hizo un notable daño. Pero no se preocupen, está bien. Hablé con él sobre sus síntomas y me dijo que también notó una repentina caída de cabello, lo que nos afirma que efectivamente se debe a episodios de estrés.
—Ya veo... Gracias al cielo —dijo el tercero, suspirando.
—¡Menos mal! —Se alegró Jyushimatsu.
—Supongo que estás tranquilo ahora, ¿no, brother? —dijo Karamatsu.
—Con eso basta —dijo el mayor.
—Con permiso. El doctor vendrá en un rato, así que si necesitan algo diríjanse a él —dijo la enfermera y se retiró.
Se quedaron en silencio un rato.
Se sentaron en algunas sillas, sillones y sofás que había para la espera e intercambiaron algunas ideas. Osomatsu le dirigía una mirada desagradable a Ichimatsu. Tenía ganas de preguntarle muchas cosas.
—Yo no sé, pero nos llevaremos a Todomatsu con nosotros —dijo el mayor, decidido.
5:20 pm.
Atsushi se encontraba acariciando el cabello de Todomatsu para relajarlo un poco.
—Ya veo —dijo Todomatsu, después de que Atsushi le contara todo lo que había sucedido.
—Por eso ellos están aquí. —Terminó el relato. Todomatsu asintió—. Todomatsu, escúchame. Quizá, si así tú lo quieres, puedes ir a vivir con tus hermanos nuevamente.
—¿Qué dices, Atsushi-kun? No... No quiero eso. Quiero estar contigo. —Se sorprendió por aquella aparente petición.
—Escuché que quieren que vuelvas a tu casa. Lo que quieren es llevarte lo más pronto posible con ellos de vuelta.
—Yo... ¡Yo no quiero ir con ellos!
—Quizá si vuelves a tu hogar estarás mejor que estando conmigo, hablando francamente.
—¿Eh? Atsushi-kun...
—Así ya no sufrirás tanto. Estos dos últimos meses te he hecho la vida imposible.
—No digas eso.
—Así que si quieres regresar a tu casa, pues...
—Atsushi-kun, es que yo no quiero regresar. Me da miedo, ¿qué le diré a mis hermanos? Además, para ser sincero, quería presentarte con mis padres y platicarles sobre mí... Pero no tuve el valor. No podía dejar de pensar en eso, y ahora pasó esto: enfermé. ¡Pero no voy a regresar! ¡No lo haré!
—Es por tu bien, Todomatsu. Estoy viendo por ti.
—No insistas...
—¿Y por qué quieres hacerte daño de esta forma?
—¡Porque yo quiero vivir así! Yo... te quiero mucho, Atsushi-kun. Y no quiero negar esto que siento. Por una vez en mi vida quiero permitirme ser feliz, pero aun así siento miedo. Miedo por lo que los demás me digan o hagan conmigo… —dijo con sinceridad. Atsushi escuchaba atentamente—. Hace poco creía que nada de esto me lo podía merecer. Pero al estar contigo, incluso si no ha sido mucho tiempo, ¡me hace feliz! Ahora me di cuenta. Quiero estar contigo por siempre.
—Todomatsu, ¿entonces por qué?
—"¿Por qué?". No puedo creer que no lo entiendas...
—No, no me doy a entender. Sí te entiendo, pero yo...
—Tú eres el lugar al que siempre debo regresar, Atsushi-kun.
Atsushi enmudeció. Su corazón latía a mil... Aquello era tan bonito, pero, sonaba triste. El doctor entró a la sala e interrumpió.
—Disculpen —dijo el hombre—. El horario de visitas terminó. Los demás jóvenes entrarán.
—De acuerdo —dijo Atsushi levantándose y apretando la mano de Todomatsu mientras lo miraba—. Todomatsu, sé fuerte.
—Atsushi-kun, no te...
—Lo siento. —Se retiró.
Cuando los muchachos vieron que Atsushi salió al igual que el doctor, decidieron entrar.
—Vamos, let's go! —dijo Karamatsu.
—Yo me quedo aquí —dijo Ichimatsu.
—¿Eh? Pero Ichimatsu...
—Está bien, nos acabamos de ver hace poco. Además, tengo algo que arreglar aquí.
—¡Ichimatsu! —dijo Choromatsu.
—Como sea, ¡sólo entremos! —dijo Osomatsu, abriendo la puerta de la habitación, irrumpiendo.
Los demás lo siguieron e Ichimatsu se quedó afuera, con Atsushi.
—¡Totty! —Jyushimatsu se adelantó—. ¿¡Cómo estás!? ¿Tienes hambre? ¿Te duele algo? ¿Tienes frío o calor? ¿Estás cansado? ¡Hermanito!
—Eh... Estoy bien, Jyushimatsu-niisan —dijo Todomatsu, sorprendido por aquella energía.
—¡Brother! Estábamos muy preocupados por ti...
—Totty, ¿cómo te encuentras? - cuestionó el mayor de los seis.
—Estoy bien. Ya sabes, cansado.
Choromatsu fue el último en entrar. Se quedó plantado un rato detrás de los demás y después se encontró con la mirada de Todomatsu. No sabía qué decirle, pero reaccionó.
—Choromatsu nii... —Todomatsu no acabó de pronunciar nada, pues fue interrumpido.
—¡Lo siento! —Se apresuró a decir Choromatsu, haciendo una exagerada reverencia—. ¡Lo siento mucho, perdóname! Por tratarte como lo hice y hacerte sentir mal... ¡Lo siento!
Todomatsu tenía ganas de llorar, pero se contuvo.
—Está bien, Choromatsu-niisan... Yo tuve la culpa de todo.
—No es verdad... —se acercó rápidamente con Todomatsu y lo envolvió en un cálido abrazo.
Todomatsu correspondió, aferrándose a sus ropas. Los demás observaban, enternecidos y aliviados.
—¡Abrazo! —exclamó Jyushimatsu uniéndose al abrazo. Los demás correspondieron entre risas haciendo lo mismo.
Al notar que podían lastimar al más pequeño se separaron, dejando al tercero y al sexto solos, aún unidos en el abrazo.
—Choromatsu-niisan... No llores.
Todomatsu comenzó a limpiar las lágrimas de su hermano que comenzaron a fluir de repente, separándose un poquito.
—Sí... Lo siento. Tenía muchas ganas de verte... —decía Choromatsu tallándose un ojo con la voz entrecortada.
Después de que Choromatsu se compuso, siguieron.
A su vez, afuera de la sala, estaba Ichimatsu, quien tímidamente se acercó a Atsushi, tratando de no trastabillar o hacer algo embarazoso. Cuando estuvo casi al frente suyo, por fin dijo algo.
—A... Atsushi-san...
—Hola, Ichimatsu-san. Discúlpame por todo esto.
—No, al contrario... Eso debería decirlo yo.
Atsushi rio un poco, haciendo que Ichimatsu perdiera la tensión.
—Eres igual a tu hermano Todomatsu. En el sentido de que dices mi nombre en cada frase —dijo amigablemente—. Y además del físico, claro.
—Ya veo...
—Me alegro de que pueda confiar en ti. Tus hermanos podrían escribir una buena novela dramática usándome como antagonista...
—¿Lo escuchaste? —dijo apenado—. Perdónalos, ellos están...
—Lo entiendo, no te preocupes.
—Uh… —Ichimatsu se sonrojó.
—¿Mhm? ¿Qué sucede?
—Pues... nunca había hablado tanto contigo... Sólo estoy agradecido. A diferencia de mis hermanos, creo que puedo confiar en ti.
—¡Gracias!
—Pero, hay algo que quiero pedirte...
—Dime.
—Por favor, pase lo que pase, cuida a mi hermano.
—Eso haré.
—No, quiero decir que no dejes que venga con nosotros a casa.
—¿Eh?
—No te imaginas... En casa él siempre se veía triste. No le gustaba su estilo de vida. Él quería... encontrar a alguien que realmente lo quisiera. Por eso, por favor, llévalo contigo.
Hubo silencio.
—Está bien, Ichimatsu-san...
—Gracias. —Sonrió, algo muy inusual en él.
Estuvieron hablando un rato más sobre lo que había sido de aquellos meses. Mientras tanto, Todomatsu estaba siendo abatido por el resto dentro de la sala.
—¡Totty, cuando te sientas mejor podrás volver a casa con nosotros! —decía un emocionado Karamatsu.
—¿Qué? ¿Volver?
—¡Yes, yes!
Todomatsu miró alrededor.
—¿En dónde está Ichimatsu-niisan?
—¡Está afuera con tu amigo! —contestó Jyushimatsu, con una sonrisa—. Dijo que tenía algo que arreglar.
—No, no puede ser...
—Todomatsu, vas a venir con nosotros —dijo Osomatsu.
—No, no quiero.
—¡Todomatsu! ¡Es por tu bien! Estás mejor con nosotros que con ese sujeto.
—¿Y tú qué sabes?
—¡Todomatsu!
—Tú sólo supones y no investigas...
—¿Qué debería investigar?
Todomatsu apretó los dientes.
—Ya les dije que pronto iré a casa, pero no para quedarme.
—¿Por qué no? —preguntó Choromatsu.
—Estoy mejor así.
—Pero...
—¡Ya! Les dije que no iré... No iré... ¡Ngh! —Le dio un dolor repentino de cabeza.
—¡No te sobre esfuerces, Todomatsu! —dijo Karamatsu, preocupado.
—Está bien, si así lo quieres... —dijo Osomatsu, reprimiendo su enojo y su inconformidad.
—¿Y por qué te dio el shock? —preguntó Jyushimatsu—. ¿Hay algo que te estresa?
Todomatsu sólo carraspeó.
—Hay algo que debo decirles... —dijo Todomatsu.
—¿Qué es? —dijeron todos al unísono.
Lo pensó. ¿Les diría la verdad, ahí en el hospital, en ese estado? Si lo hacía, era idiota. Se deshizo del valor.
—No... No puedo —dijo con un nudo en la garganta—. Olvídenlo.
—Totty... —dijo Choromatsu.
—Por favor, ¿podrían dejarme sólo? Gracias por venir.
—Está bien —dijo Osomatsu—. ¡Pero tienes que ir a casa a ver a papá y a mamá!
—Lo haré —susurró Todomatsu—. Por supuesto que lo haré.
Dicho esto, todos se despidieron y salieron del lugar. Después consultaron al doctor y se despidieron. Ichimatsu siguió a los cuatro chicos también.
Después de quizá una hora más, el doctor le dijo a Atsushi que Todomatsu debería permanecer una semana más internado en el hospital, hasta que se recuperara por completo.
Atsushi estuvo visitando a Todomatsu durante ese plazo. Quería estar con él todo el tiempo pero no podía faltar a su trabajo.
Mientras tanto en casa de los Matsuno los padres habían salido de Tokio por una semana y media. Así que poco sabían de su hijo, pero sus hermanos les habían platicado que estaba bien. Y ellos querían de verdad verlo...
El tiempo pasó y pronto sólo faltaba un día para que Todomatsu saliera del hospital.
Una tarde Atsushi se encontraba en casa debido al cambio de turno, cuidando del pajarito, que ahora era capaz de volar. Se había curado exitosamente.
—Ojalá Todomatsu pudiera verte —le dijo al ave, sonriendo.
Estaba solo, no había ningún otro ruido más que el canto de Pichi. Atsushi se perdió en sus pensamientos mientras anhelaba finalmente poder estar con Todomatsu. Esa noche no fue a dormir a la cama, pues se quedó profundamente dormido en el sofá.
Al día siguiente volvió a ir al hospital y esta vez trajo a Todomatsu con él en el automóvil. Seguía siendo un día muy helado y la nieve apenas permitía que el coche se desplazara hábilmente.
—Gracias por cuidarme todo este tiempo, Atsushi-kun.
—Ni lo menciones. Te lo dije, ¿no? Estaré ahí para ti siempre que lo necesites.
Todomatsu sonrió cálidamente.
Llegaron a la casa, y enseguida Atsushi preparó la ducha para Todomatsu. Se bañó con agua caliente y se vistió. Al salir, Atsushi estaba en la habitación principal, así que se dirigió para allá.
El mayor se dirigió rápidamente a Todomatsu y le pidió que se sentara al borde de la cama. Le abrochó el abrigo y le arremangó las mangas.
Todomatsu rio.
—Atsushi-kun, no soy un bebé. —Sonrió tiernamente.
—Quiero hacer esto.
—De acuerdo.
—Ven, vamos a la sala.
Atsushi encendió el televisor. Miraban una película juntos.
Todomatsu lo siguió y se sentó en el suelo. Atsushi se sentó en el sofá un poco atrás de él, y con un cepillo en mano y una secadora, peinó a Todomatsu.
—Así está mejor, ¿verdad? —hablaba Atsushi—. Si te mantienes con el cabello húmedo con este frío, puedes recaer.
—¡Gracias, me siento mejor así!
Atsushi se tomó el tiempo de cepillar cuidadosamente el sedoso y brillante cabello de Todomatsu.
—¿Debería hacer esto siempre? —dijo Atsushi.
—No. Si lo haces siempre me terminaré durmiendo, casi como ahora. Ya me arrullé —dijo riendo.
Después de que terminó de cepillar a Todomatsu, éste subió al sofá junto al mayor y se recargó en él.
De pronto Todomatsu sintió que su celular vibró y lo revisó. Se quedó perplejo unos momentos y después suspiró con pesadez.
—Ah...
—¿Qué sucede, Todomatsu?
—Me acaban de despedir.
—¿En serio? —dijo preocupado.
—Sí. Mis compañeras me acaban de enviar un mensaje.
—Ay, es mi culpa. Debí ir a hablar con el gerente. Pero mira, yo puedo ayudarte a conseguir un nuevo empleo.
—No, no. Está bien. Quiero descansar un momento.
—¿De verdad?
—Sí, de verdad.
Pasaron el resto del día juntos. De hecho, podrían pasar muchos días juntos, pues los horarios de trabajo ya no les impedirían dedicarse tiempo. Y mientras Atsushi no estaba en casa, Todomatsu jugaba con Pichi, que, por cierto, estaba muy contento de verlo recuperado por fin.
Así, Todomatsu incluso cuando Atsushi se encontraba ausente no estaba del todo solo.
Estaba muy contento. Así pasó una semana y media más en la que no fue a casa, pero sí seguía hablando con Ichimatsu, y ahora hasta hablaba con sus demás hermanos por teléfono, a excepción de Osomatsu, que no confiaba mucho en Atsushi.
Tres meses y medio con Atsushi, quizá. Aquella rutina ya formaba parte de su vida. Todomatsu duró una semana y media sin trabajo, sin remordimientos. Si sus hermanos lo hacían, ¿por qué él no? Después se encargaría de hacer algo para ayudar a Atsushi, pues actualmente no se sentía del todo bien mentalmente.
Una tarde soleada pero fría, Todomatsu y Atsushi se levantaron temprano como de costumbre y desayunaron juntos. Sacaron al pajarito de la jaula que había aprendido a no irse a pesar de estar las ventanas abiertas. Se encariñó con los chicos.
La radio estaba encendida, reproduciendo canciones viejas y románticas. La mayoría baladas y no en un volumen muy alto. Todomatsu observó a Atsushi mientras comía, y cuando terminó se decidió por hacer una pregunta.
—Atsushi-kun... Tengo algo que preguntarte.
—Dime.
—¿En dónde está tu familia?
Atsushi abrió bastante los ojos y carraspeó. El silencio fue efímero, pero pareció haber transcurrido por una eternidad. Pasó saliva y después, batallando, las palabras salieron de su boca.
—Hay cosas que preferiría no contar.
—Pero, Atsushi-kun, yo quiero saber más de ti. Quiero saberlo todo sobre ti. Así que...
—No quiero hablar de eso, Todomatsu.
—Atsushi-kun, yo entiendo si te...
—Todomatsu, por favor.
Hubo silencio. Todomatsu vio al mayor haciendo un mohín y después volvió a hablar.
—Lo siento, Atsushi-kun. No pensé que fuese tan malo. Entiendo si no quieres hablar de eso, pero en verdad quisiera saber. De esta forma, siento que podré ser más cercano a ti.
—No hay necesidad de hablar de eso, de todas formas.
—¡Claro que sí!
—¿Por qué? —Atsushi frunció el ceño, un poquito enfadado.
—Porque quiero ayudarte, Atsushi-kun. Quiero conocerte. Yo he dejado que te acerques a mí y me conozcas... Lo que me da miedo y lo que no, y así tú has sido capaz de darme consuelo y hacerme sentir feliz. Te lo dije, ¿no? Así como tú haces por mí, yo puedo hacer por ti. Y es lo que trato de hacer, así que... por favor, háblame de ti. —Se mantuvo firme, a lo que Atsushi relajó sus facciones y suspiró, pensando en su respuesta—. Po... Por favor...
Atsushi sonrió, a causa de la ternura del rostro de Todomatsu al finalizar aquella petición.
—Bien.
—¿Atsushi-kun?
—Verás, no es que no me moleste recordar todo esto, pero, no hay opción. Creo que no estoy siendo justo y tienes razón.
—De acuerdo... —Todomatsu apoyó su mano en su mejilla—. Te escucharé con toda la atención del mundo.
—Bueno... —Suspiró y se tronó los dedos de las manos—. ¿Por dónde debería empezar?
—Puedes contar cualquier cosa que te guste.
—¿Que me guste? —Rio bajito, agachándose, como si no quisiera que Todomatsu lo viera.
—Bueno, en realidad... cualquier cosa está bien.
Atsushi lo miró y sonrió tristemente. Después se enderezó y golpeó un poco los dedos contra la mesa, deshaciéndose del nerviosismo.
—Todomatsu, te advierto que esta historia puede aburrirte, así que, si te entra sueño, detenme.
—¡Quiero escuchar! —dijo moviéndose de un lado a otro en la silla de la mesa.
—Bueno, te contaré acerca de mi familia. Realmente comenzaré con algo simple. —Todomatsu asintió y Atsushi prosiguió con la anécdota—: En aquella época yo tenía… ¿cuánto? Quizás apenas unos siete años. Nací siendo hijo de una familia muy adinerada y de buen estatus social, así que, por ello, mis padres siempre me educaron haciéndome creer que la apariencia era lo más importante en una persona; en cualquier persona. Así que... como ellos lo pedían, siempre traté de ser el mejor en todo. Deportes, calificaciones, carisma... En fin. Total, que al final nosotros no éramos una familia de verdad, ¿sabes? —dijo con un aire nostálgico.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, mamá acostumbraba a presumirme con sus amigas, al igual que mi papá. "Mi hijo hace aquello y lo otro", "¡este es mi hijo!", decían orgullosos. Pero a mí no me gustaba vivir así. Mamá no me dejaba salir de mi habitación para jugar, nunca tuve un amigo con quien jugar cuando era niño... Pasaba horas y horas estudiando, siempre para ser el mejor en la escuela y que mis padres pudiesen presumir de ello. También, en mi tiempo libre no hacía más que leer libros aburridos o complicados de cualquier cosa que yo no pudiese entender en aquella edad. Se volvió tedioso y no hacía más que llorar, y mis padres, para que yo fuese un ser humano ejemplar, me inscribían en las mejores instituciones del país, en tiempo completo. Día y noche estudiando, quién sabe para qué...
Todomatsu escuchaba, deseando saber más. Atsushi nunca le hubiese hablado de él si él no se lo hubiera pedido.
»Papá decía que un día iba a heredar todo su dinero, lo que construyó, que sería igual de brillante que él y que sería el ejemplo de la familia —siguió—, pero a mí realmente no me importaba parecerme a mi papá. Así que, como no sabía qué hacer y no había nadie que pudiese ayudarme, seguí haciendo lo mismo. A mis siete años me levantaba temprano para ir a estudiar, salía e iba al turno intermedio a tomar clases de música, arte, cualquier cosa, y durante las noches un profesor venía a casa a darme la clase nocturna que tanto le encantaba a mi mamá que recibiera... Mi padre y madre salían constantemente del país por cuestiones de trabajo y me dejaban muy solo. Sólo se quedaban conmigo las sirvientas que trabajaban en mi casa y sólo me hablaban si es que yo les preguntaba algo. Me encerraba en mi cuarto, estudiaba, y al día siguiente iba a la escuela de nuevo, deseando que algo ocurriese para que aquello acabara... Como era de esperarse, yo estaba desesperado. Mis padres nunca me dieron ni una muestra de afecto ni hablaban conmigo. Tampoco me preguntaban cómo me iba.
Silencio.
—Debió ser duro...
—¡Lo fue! Pero sabes, un día cuando mamá estaba a punto de salir a un viaje, incluso cuando recién había llegado del extranjero, la abracé de las piernas mientras lloraba, rogándole que se quedara conmigo. Y ella me miró y dijo algo como: "Puedes hablar con las mucamas". Pero no era lo mismo y yo no necesitaba eso. En aquella época papá salió del país por casi seis meses, según porque estaba ocupándose de negocios importantes.
La casa brillaba a causa del sol, y a pesar de que estaba nublado y nevaba un poco, la luz detrás de las nubes seguía estando presente.
»Yo quería sentirme querido —dijo Atsushi—. Los niños que iban junto conmigo en la escuela no querían hablarme porque tenían resentimiento hacia mí, ya que incluso los profesores me presumían ante todos y eso resultaba desagradable... —Hizo pausa—. Mis papás eran políglotas, así que de repente lo pensaron y me dijeron: "Tú no te puedes quedar atrás", así que, mamá me obligó a aprender a hablar inglés, además del japonés que ya dominaba, y algunos otros idiomas de su preferencia; ya no lo recuerdo... Estudiaba todos los días, esperando poder agradarle más a papá y a mamá, y que así hacer que me demostraran cariño. Pero eso nunca pasó. El día de mi cumpleaños desperté; sabía que era mi cumpleaños, pero no me importó. Mis padres no estaban y el simple hecho de que nunca nos habíamos sentado juntos a una mesa me hacía perder cualquier esperanza, y ellos nunca le dieron importancia a ese día. Pero no me extrañaba, siempre había sido igual. Entre más estudiara y más habilidades adquiriera, mamá estaba feliz y papá satisfecho, y yo estaba bien tan sólo con eso.
»Pero, ¿sabes? Un día cuando mamá estaba de viaje, llegó una carta. Una de las sirvientas la recibió y la leyó, y luego la rompió. Era una carta enviada desde la oficina de mamá en el extranjero. Yo pregunté: "¿Qué dice la carta?", y la sirvienta simplemente dijo que mi madre estaba muerta. Yo me sentí devastado... ¿Cómo había podido decirlo de aquella manera? En fin, papá llegó a casa sabiendo aquella noticia, quién sabe cómo. Según los rumores, mamá hacía cosas malas y por eso la mataron. Huimos a otro país, ya no era ningún problema para mí, pues dominaba perfectamente el idioma universal. Papá compró otra casa y contrató nuevas sirvientas. Mi vida comenzaría de nuevo, en un lugar que yo no sabía dónde quedaba. Mi papá nunca mostró tristeza o remordimiento por la muerte de mi mamá, porque según él, ella se había casado con él sólo por conveniencia. Entonces, fue cuando recordé una conversación entre papá y mamá... Mi padre le preguntó a mamá: "¿Si no me amas realmente, cuál era la verdadera razón para que te hubieses embarazado de nuestro hijo?", a lo que ella respondió: "¿No es obvio? Necesitaba una excusa para poder permanecer junto a ti". —Suspiró—. Era cierto, mamá sólo me utilizó como objeto de su orgullo y amarre hacia mi papá. Mamá también era de buena familia, pero su estatus no se acercaba ni un poco al de papá y se aprovechó de ello para estar por encima de los demás. —Inhaló y exhaló—. Nunca supe nada acerca de su funeral; ni siquiera sé si fue alguien siquiera a verla, incluso muerta. Y yo me sentía tan triste y a la vez aliviado... Como si el destino finalmente me hubiese liberado...
—Atsushi... kun... —dijo con voz baja. Todomatsu estaba trémulo.
—Poco después, cuando cumplí ocho años, papá se enamoró de una mujer de buena familia y se casaron. La mujer no tenía hijos y eso me hizo entristecer. Al no haber tenido yo nunca hermanos, comencé a sentirme solo. Quería a alguien con quien pudiese jugar y platicar, pero eso nunca pasó. —Miró hacia el techo, entrelazó sus dedos, bajó la mirada y siguió relatando. En ese momento sus recuerdos cambiaron de repente, pero convenciéndose a sí mismo dijo—: Su nueva esposa, mi madrastra, me maltrataba de todas las maneras que podía. A pesar de que yo no hacía nada malo, quería deshacerse de mí. Me tenía envidia, pues aunque fuese sólo para oprimirme, papá me ponía más atención a mí que a ella. Fingía ser buena conmigo, pero al irse mi papá a su oficina, de vez en cuando me soltaba algunas frases como: "Tu mamá nunca debió parirte", o "siempre serás una carga". ¡Era terrible! Inclusive de manera física me agredía... Algunos golpes repentinos sólo porque sí o porque me equivocaba en algo no podían faltar. Varias veces me abofeteó, pero nunca delante de mi padre. Fue cuando pasó el tiempo y cumplí nueve años, yo ya no soportaba vivir fuera de Japón. Nada me resultaba familiar y nada me hacía sentir cómodo, y aquella mujer sólo vivía para hacerme sentir mal, desanimándome con cualquier cosa que yo hiciera, con insultos y bromas pesadas. Y papá, después de haber estado casi un mes fuera de casa sin verme, llegó y no me dio siquiera un abrazo ni me saludó. En cambio, fue de inmediato dirigiéndose hacia aquella mujer y la besó. Y a mí... sólo me ignoró. Él ya me había olvidado o eliminado para siempre. Eso pensaba.
Todomatsu se mantuvo atento, con los ojos muy abiertos. Chocó un poco sus dientes entre sí con la boca cerrada haciendo un poco de ruido y jamás despegó su vista del rostro de Atsushi.
»Varias veces le dije a papá muy desesperado que era maltratado, pero él sólo decía: "Eres hombre, puedes soportar eso, ¿o no?". Y yo podía soportarlo, pero era duro... —Se detuvo un momento antes de continuar—. Fue entonces cuando cumplí trece años, que papá descubrió que su nueva esposa le robaba dinero y además de eso, que al igual que mi madre, lo utilizó por conveniencia. Por su dinero y sólo por eso. Y no nada más aquello, sino que también ella lo engañaba con otro hombre. Como papá no estaba casi nunca en casa, ella metía hombres, y allí pasaban la noche. Se emborrachaban y de vez en cuando me golpeaban o insultaban sólo por "interrumpir", aun cuando estaban de vez en cuando en mi habitación. Me lanzaban las botellas de vidrio del vino o los vasos rompiéndose en mis pies, me escupían, o incluso me hacían quemaduras con los cigarrillos. Las sirvientas fingían no ver ni escuchar nada, y por más que yo les pedía que hicieran algo sólo me daban la espalda. Varias veces tuve que dormir en la sala de estar o en la oficina de papá, con vidrios en los pies o heridas frescas sin que nadie llegase a darme consuelo. Por supuesto, cuando yo pude se lo dije a papá, pero no me creyó. Decía que no podía ser y que yo exageraba o que era poco hombre; cosas por el estilo. Poco después que llegó del trabajo papá encontró a su esposa en la cama con un hombre mayor que ella, uno de los muchos que había metido a casa y que me habían maltratado, y por supuesto, muy enfurecido la corrió de la casa. Antes de aquello, cuando salió corriendo junto con el hombre, la mujer me escupió en la cara.
—No puede ser. Eso... es horrible.
—Sin duda alguna —dijo en voz muy baja—. Después de eso papá se divorció y volvimos a Japón, en donde seguí estudiando desde la mañana hasta la noche, sin saber por qué o para qué. Jamás volví a ver a aquella mujer. Estudié la preparatoria, y al llegar a casa sólo repasaba lo que veía en clase, pues papá no me daba de comer si no me veía haciéndolo. Papá quería que fuese un hombre importante, y por ello me educó presionándome al querer enseñarme todo sobre negocios, así que, cuando entré finalmente a una de las mejores universidades de Japón, papá decidió por mí la carrera que llevaría a cabo. Para serle de utilidad a la sociedad y ayudar a los demás —Hizo pausa—. Y a pesar de todo ello, ¿sabes? Yo era muy popular entre las chicas y papá estaba muy orgulloso también con ese lado mío, pero a mí jamás me importó aquello. Era amable con todos, pero sólo por apariencia, ya que realmente no tenía ganas de sonreír...
Hubo un momento de silencio, el tono que utilizó Atsushi al final del relato parecía indicar que seguiría con la historia.
— ¿Y entonces qué pasó? —Todomatsu intentó impulsar a Atsushi a continuar, y funcionó.
—Papá decidió que era tiempo de buscar una muchacha para que sea mi pareja, pero yo no tenía ánimos de tener novia o algo así. Yo no tenía idea de cómo se quería a alguien o de cómo alguien podía quererme. Pero, como era de esperarse, no me negué y mantuve mi orgullo, siempre fingiendo ser alguien importante, superior a los demás, aunque no lo era. Así comencé a salir con varias chicas aunque no me atraía ninguna. Papá se enojó conmigo porque rompía con ellas bastante rápido y eso me irritó. Yo en aquel entonces tenía dieciocho años; aún no sabía lo que quería. —Tragó—. Y al final, me di cuenta de que realmente no me gustaban las mujeres más allá de lo carnal. Un día fui y se lo dije a papá seriamente, pues ya nada me daba miedo en ese punto. Papá sólo levantó su mano y me abofeteó. "Eres una vergüenza para mí. Lo que has estado haciendo todos estos años se ha desmoronado, se fue a la basura. Detesto todo lo que ahora representas", dijo. Era la primera vez que siquiera se tomaba la molestia de hacerme algo o regañarme, y por ello, por alguna razón, me sentí emocionado. Lejos de ser cohibido de nuevo... Pero, papá se molestó conmigo. Y aunque no dijo nada directamente hacia mis gustos, se molestó simplemente por no hacer crecer la familia. Me comenzó a odiar y aun así, él tenía miedo por cómo decirle a sus amigos, conocidos y compañeros a los que tanto les presumía a su hijo, que era “diferente”. Le resultó una molestia. —Carraspeó y dijo casi en un susurro para sí mismo—: Quizá me odiaba porque era igual a él…
»Un día dejó un mensaje en casa que decía que debía hacer un viaje por su trabajo y que estaba muy emocionado por verme graduarme. Duró fuera quizá cinco meses. Yo me esforcé al máximo por ello con la esperanza de que quizá ese día él me felicitara o me abrazara... Cualquier cosa que no fuese para presumirle a los demás. Yo quería que estuviese orgulloso por lo que yo era, por mi esencia. Entonces obtuve mi certificado, pero él nunca llegó a la ceremonia. Esperé y esperé y nunca dejó un mensaje disculpándose o algo por el estilo. Entonces, dejó un mensaje a mi correo electrónico que decía: "Necesitaba darte inspiración y te la has creído. Ya que jamás tendrás una familia o serás feliz por culpa de tu homosexualidad, ahora al menos puedes conseguir un buen trabajo. Podrás seguir viviendo sin molestar a los demás. Me pregunto por qué es que hasta ahora me he dado cuenta de que no debí criarte... Fue una molestia".
Hubo silencio.
»Y entonces, jamás volvió —dijo Atsushi, quedito. De vez en cuando hacía pausa como si intentara armar el rompecabezas que suponía su pasado, pues la sensación de que había dejado piezas sueltas no abandonaba su corazón. Quizá había rostros o nombres que no podía recordar e incluir en su relato. Con confusión y una noción rota siguió diciendo—: Salió al extranjero sin decir exactamente a dónde, o eso dijo. Creo que estuvo de inquilino en algún lugar como en el pasado. Cumplí diecinueve años y salí a buscar trabajo a las oficinas por las cuales me especialicé y conseguí un empleo muy bien pagado. Huí de casa abandonando a las mucamas a la suerte y alquilé un apartamento con el dinero que papá dejó. Ahorré y compré una casa con el paso del tiempo y también un auto. Comencé a llenarme de lujos, pero a pesar de tenerlo todo, sabía que realmente no tenía nada... De vez en cuando salía con chicas a platicar, a beber o a pasar el rato con compañeros del trabajo; iba al gimnasio o con quién sea con tal de no estar solo. Estaba muy frustrado. He vivido solo casi toda mi vida. Comencé a hablar con otros chicos y chicas prácticamente hasta que cumplí diecisiete años, si lo pienso bien. —Sonrió un poco—. Hasta que hace poco, sólo porque sí, me escapé un rato de mi oficina y decidí comprar un café para levantar mi ánimo. Y te conocí.
Atsushi relajó sus facciones y enderezándose un poco con una bonita sonrisa siguió hablando.
»Me liberaste de mi pesadilla, Todomatsu. Gracias. Yo... estaba tan feliz. Aquel día sin saber por qué supe que era parte del destino, y a la vez estaba tan sorprendido... Creía que no me lo merecía, pero por primera vez pude sentir cómo mi corazón palpitaba —Atsushi alcanzó la mano de Todomatsu sobre la mesa y la apretó entre las suyas—. Por eso, Todomatsu, quiero que sepas que yo también he tenido miedo, que yo también me he sentido inseguro de mí mismo. Yo también he estado triste, yo también he querido gritar con todas mis fuerzas, yo también he querido que alguien me abrace... Yo también he querido ser alguien. Yo también he querido que alguien me quiera por lo que soy y como soy. Yo también soy como tú, Todomatsu... —Acarició su mano—. Así que, aunque nuestras vidas han sido diferentes, se parecen un poco en cierta forma. Por ello, aprovecha a tus hermanos, a tus padres, o incluso si tienes o no un trabajo... Puedes ser feliz tan sólo con eso. Por eso, si sientes que no respiras, que no puedes seguir adelante o que sigues teniendo miedo y no puedes seguir de pie enfrentando a este mundo... déjate caer sin problemas, porque yo siempre estaré ahí para levantarte.
Atsushi acabó la frase con una sonrisa bastante marcada y las mejillas rojas. Con la voz grave, pero suave. Acariciaba la mano de Todomatsu, mientras éste último lo miró con unos ojos bastante tristes mientras hacía un puchero. El mayor sólo le ofreció una sonrisa aún más dulce, se pasó la mano por la nuca un poquito nervioso y suspiró.
—Todomatsu, ¿por qué estás llorando?
Chapter 15: Corazón marchito
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
—Lo siento…
Todomatsu se talló sus ojos y mejillas buscando deshacerse de las lágrimas que aún estaban ahí en su rostro.
—¿Por qué te disculpas? No lo hagas. —Le dedicó una sonrisa dulce llena de confianza.
—Atsushi-kun, lo siento, de verdad. No me di cuenta de lo que tenía y lo que estaba dejando ir. Soy un idiota... A diferencia de ti yo no he logrado nada. Mi autoestima es pésima, está por los suelos..., y me detesto por eso.
Atsushi resopló y rodeó la mesa para acercarse a Todomatsu, arrodillándose a su lado y tomando una de sus manos entre las de él.
—Perdóname tú a mí. Si hubiera sabido que hablar de ello te traería estos malos pensamientos, habría mantenido mi posición y no habría dicho ni una sola palabra sobre eso.
—No... Está bien. Yo quería saber.
Una última lágrima se escurrió por la mejilla de Todomatsu, y Atsushi como si nada acercó su mano al rostro del joven para con mucho cuidado limpiar los restos de tristeza con sus dedos.
—Está bien. —Sonrió—. Estoy feliz de que por lo menos, aunque no fuese en un futuro inmediato, pudiese estar junto a ti.
Todomatsu sonrió. Atsushi se puso de pie sin soltarle la mano y se dirigió a la habitación.
—Ven —dijo el mayor.
«Salí de casa para dejar de depender de papá y mamá, pero ahora dependo completamente de Atsushi-kun. ¿Está bien esto?», pensaba Todomatsu.
7:41 pm.
Atsushi apagó la radio y se dejó caer en la cama boca arriba, exhausto. Todomatsu se sentó en ésta delicadamente y sonrió al ver a Atsushi sin saber por qué. Le parecía un poco gracioso verlo desplomado de aquella manera.
—¿Qué sucede, Atsushi-kun?
Atsushi inhaló y exhaló. Cubrió sus ojos con su mano, con la palma hacia arriba.
—Nada, sólo... me siento liberado. Gracias.
—¿Liberado?
—Sí. Lo que te he contado jamás se lo había contado a nadie. Detestaba vivir con ese peso, pero ahora he podido desahogarme un poco. Gracias...
—No, no hay de qué.
Atsushi sonrió y pasó una mano por su cabello. Después se enderezó y se levantó.
—Siento haber causado molestias. Ah, también, es hora de que me vaya al trabajo.
—¿Eh? ¿Ya?
—Sí, es una pena. —Sonrió pesadamente.
—Bien, te estaré esperando.
—No me esperes despierto, por favor. Duerme un poco. Si no descansas bien podrías enfermarte, hace mucho frío.
—Trataré, Atsushi-kun.
8:40 pm.
Se hizo más tarde. Miles de pensamientos invadían la mente de Todomatsu, pero no les daría tantas vueltas. Casi siempre dejaba mensajes de texto a sus hermanos aunque no siempre le contestaban.
Aquella misma noche, todos sus hermanos dormían calientitos mientras nevaba violentamente. Ichimatsu se arrullaba viendo el movimiento de la patita del maneki-neko, y los demás descansaban acurrucados unos con otros.
Sus padres habían vuelto del viaje que realizaron, y ya no tan preocupados por su hijo más pequeño (gracias a lo que sus hermanos les habían contado) dormían plácidamente.
Todomatsu cerró sus ojos y durmió.
7:00 am.
Era temprano, Todomatsu estaba boca arriba mientras abría lentamente sus ojos, y al girarse, ahí estaba Atsushi. Sólo se dio media vuelta hacia él y se acurrucó entre sus brazos, recargando la cabeza en su pecho como acostumbraba. Al parecer Atsushi llegó a la casa, pero salió de nuevo al trabajo. Así que, al despertar más tarde ya no estaba allí.
"¿Por qué tienes que dejar que algo te ate?", se preguntaba Todomatsu.
Más tarde le llegó un mensaje a su celular, era de Atsushi: "Todomatsu, encontrémonos en la biblioteca más tarde, ¿sí? Lo siento, tuve que trabajar a esta hora también".
Todomatsu aceptó y en cuanto acabó la hora de trabajo de Atsushi, éste último se sorprendió. Todomatsu estaba ahí parado, frente al edificio de oficinas donde trabajaba.
—Todomatsu, ¿qué haces aquí?
—¿Por qué no podría venir? Me di cuenta que nunca había venido a donde trabajas. —Rio.
—Seguro fue una molestia.
—Estoy acostumbrado a tomar el metro.
—Bueno, vamos al auto, sube. Ni siquiera traes un paraguas. La nieve te va a empapar.
—Traigo el gorro de la chamarra puesto, es muy calientito. No siento frío para nada. —Sonrió.
Subió al auto de Atsushi. Cerraron las ventanas y el auto arrancó. Se movía lento debido a la nieve que se había acumulado y se dirigieron a su destino.
—Gracias a la nieve el metro se detuvo un momento, pero aun así llegué a tiempo. Es extraño —dijo Todomatsu, frotando sus manos.
—¿De verdad? No debiste venir hasta acá. Sería más rápido que hayas ido directamente a la biblioteca; ahora iremos de regreso.
—Está bien... —sonrió el más pequeño y luego continuó—. Por cierto, ¿por qué estamos yendo a una biblioteca?
—Me gusta ir de vez en cuando. Ya tiene mucho tiempo que no voy allá y quiero pasar un momento ahí contigo.
Todomatsu sonrió y asintió. Llegaron a la biblioteca y entraron después de sacudirse los zapatos y la ropa para deshacerse de la nieve que los cubría. Atsushi saludó a la bibliotecaria con una sonrisa y ésta se la devolvió; parecía que se conocían. Además de ellos había quizá otras trece personas en el lugar, leyendo libros silenciosamente. Algunos utilizando algunas computadoras que había en el lugar y otros entre los estantes eligiendo qué leerían.
Todomatsu y Atsushi se sentaron un poco separados del resto. Se levantaron a elegir alguno de los libros que leerían para pasar el rato juntos.
Estaban entre los estantes buscando sus libros; Todomatsu caminaba sigilosamente mientras observaba con atención, mientras que Atsushi era un poco más ágil ante la búsqueda.
Todomatsu encontró algo que le llamó la atención y al estirarse por su libro notó que no podía alcanzarlo. Sin tardar mucho, Atsushi estiró su brazo hacia el estante más alto y bajó el libro para Todomatsu.
—Aquí tienes. —Sonrió.
—Gracias, Atsushi-kun. Es una pena... —Rio.
Seguido de eso, Atsushi hizo caso omiso al libro y se lo entregó. Buscó otro libro y se sentó junto a Todomatsu. Era interesante ir a un lugar así juntos. Tan bonito, silencioso y relajante. Sin embargo, Atsushi notó que Todomatsu leía algunos fragmentos de novelas completamente complejas y muy bien estructuradas. Se extrañó y sonrió.
—Todomatsu —susurró para no molestar a la gente—, ¿desde cuándo te ha interesado ese tipo de... literatura?
—Desde siempre, aunque no lo creas. —Rio bajito—. Yo también fui a la universidad y aprendí a leer otras cosas además de cuentos y demás. Además, estas novelas me gustan. Son difíciles de entender, pero te atrapan.
—Qué coincidencia —dijo Atsushi hablando en tono bajo pero sin susurrar—. A mí también me gustan.
—Creo que tú y yo ya hemos leído las mismas cosas, Atsushi-kun. Al menos algunas.
—¿Mhm? ¿Por qué lo dices?
—Hace días he estado leyendo tus libros; los que tienes en casa. Algunos yo ya los había leído. ¿Y sabes qué? Me di cuenta que cuando una frase me gustaba, tú ya la habías subrayado. Tenemos cosas en común...
—Ya veo, ¡estoy feliz por eso! —Sonrió.
Atsushi dejó su libro a un lado y juntos leyeron el mismo libro. Parecía como si estuvieran a la par, pues cuando exactamente uno acababa de leer, el otro también; y era hora de darle vuelta a la hoja.
Pasaron un rato así. Primero una y luego dos horas... En un momento dado Atsushi enfocó una mirada superflua hacia el menor y sonrió con lo que vio.
—No pensé que la siguieras usando.
—¿Qué cosa? —preguntó Todomatsu.
—Esta de aquí —dijo Atsushi señalando a su pecho. Estaba tocando aquella cadena con dije de corazón roto. La mitad que Todomatsu tenía.
—Oh, ¿de verdad? Nunca me la quito. —Sonrió.
—Y a decir verdad —dijo Atsushi desabotonando un poco su camisa, aflojando su corbata para dejar ver su cuello, mostrando la cadenita— yo también la uso siempre.
Todomatsu sonrió.
Aquel día en que Atsushi le obsequió aquella alhaja que hacía juego, en realidad creyó que realmente no la usaría y no se molestó en fijarse si lo hacía o no. De igual forma él la usaría. Así que aquel hecho lo hizo feliz.
No terminaron de leer el libro, pero a Todomatsu le gustó tanto que Atsushi lo compró para él. Fueron a dejar algunos otros ejemplares que habían tomado a los estantes adelantándose a los empleados de la biblioteca. Atsushi miró a Todomatsu tiernamente y después sujetó ambas manos suyas y le dio un beso en la mejilla. Todomatsu correspondió.
Algunos los miraron con extrañeza y muchos otros ni siquiera lo notaron. Salieron del lugar con las manos entrelazadas. Atsushi acomodó bien la bufanda que Todomatsu traía puesta y abotonó su abrigo.
—Atsushi-kun, ¿tú no tienes frío? Sólo estás usando ese traje y está nevando.
—Estoy bien. —Sonrió.
—Deberían de permitirles dejar de usar corbatas durante esta época y dejarles usar un bonito abrigo esponjoso.
—Estoy de acuerdo. —Rio, ya que Todomatsu se veía muy tierno con sus mejillas rojas e infladas ligeramente.
Atsushi le colocó la capucha al menor para que la nieve no lo empapase. De repente notó algo más, así que se agachó hasta la altura de los pies de Todomatsu para abrochar sus agujetas desatadas.
El menor insistió con un poco de pena en que él podía hacerlo pero Atsushi siguió, así que sólo le agradeció.
Caminaron como pudieron y llegaron al auto. Se metieron rápidamente y frotaron sus manos para obtener calor. Los vidrios estaban empañados y el parabrisas estaba repleto de nieve. Cuando llegaron a casa tomaron un baño caliente y descansaron un rato en el sofá viendo televisión. Nuevamente Atsushi secó con cuidado el cabello de Todomatsu para que no se fuese a resfriar y después hizo lo mismo consigo mismo.
Atsushi usaba ropa cálida y cómoda. Todomatsu estaba vestido con algo de ropa calientita que había comprado con el sueldo que le quedaba del Sutabaa, un día que salió mientras Atsushi no estaba en casa. Usar el metro estando solo no debía estar tan mal.
Estaba enroscado en una cobija con sus pantuflas puestas. Encendieron la calefacción en un grado agradable; Todomatsu se relajó. Aun así, no había dejado de tiritar del frío. Atsushi se levantó del sofá y se dirigió a la cocina. Sacó algunas cervezas de la nevera y las llevó a la sala con el chico, sentándose junto a él. Abrió una y se la entregó.
Todomatsu al observar a Atsushi con el brazo extendido accedió y la agarró. Una vez estando uno al lado del otro sólo observaron cómo la nieve caía lentamente mientras se acumulaba.
El televisor seguía encendido, aunque con el volumen considerablemente bajo.
Atsushi dio un sorbo a la lata de cerveza y Todomatsu lo imitó. No dijeron nada.
El menor observó en silencio un momento su panorama. Observó cuidadosamente. A Atsushi bebiendo cerveza tranquilamente mientras nevaba, estando sentado junto a él en la misma casa, solos. En cuerpo sentía frío, pero en alma estaba completamente cálido. Y, aun así, algún pensamiento no lo dejaba estar en paz y sabía perfectamente cuál era.
«¿Por qué el tiempo simplemente no se puede detener por siempre en este momento? ¿Acaso podré ser capaz de permanecer así de tranquilo junto a Atsushi-kun después de...?», pensó Todomatsu, marchitando un poco su corazón.
—Quizá con esto —dijo Atsushi— estés más cálido.
—Sí, creo que ya me siento mejor.
—Oh, tus mejillas están un poco rojas. —Sonrió, causándole ternura.
—¿Ah, sí?
—Sí. Creo que yo no mucho...
—No, en realidad no.
—Eso es lo malo de esto. Tengo una muy buena resistencia con el alcohol. Incluso si quisiera emborracharme para ahogar las penas no puedo hacerlo. —Sonrió mirando al menor.
—Pero por otro lado está bien, ¿no? Así estás seguro de que jamás harás el ridículo ante nadie si es que bebes.
—Quizá tengas razón.
Siguieron bebiendo, Atsushi acabó su cerveza y tomó otra. Todomatsu también terminó la suya y Atsushi le ofreció otra, la cual éste último aceptó.
—Puedes beber todo lo que quieras. En la nevera siempre tengo cerveza, aunque no suelo beberla siempre. Sólo en ocasiones como esta.
—¿Es algún capricho tuyo?
—Puedes llamarlo así.
Todomatsu rio quedito. Siguieron bebiendo tranquilamente mientras observaban por la ventana cómo la nieve caía lentamente, adueñándose de las calles. Se encontraban en el segundo piso de la casa.
Después de un rato, Todomatsu soltó una frase sin más.
—Si algo cambia, ¿seguirás ahí para mí?
—¿Eh?
—Aunque no estoy seguro de qué podría suceder...
—¿De qué hablas, Todomatsu?
—Pienso ir a casa y finalmente hablar con la verdad. Ya no quiero que haya nada que ocultar, pero tengo miedo de hacerlo.
—¿De verdad? Tú...
—Iré.
—Y... ¿quieres que vaya contigo?
Todomatsu lo pensó un momento, y después movió la cabeza de un lado a otro haciendo un gesto negativo antes de decir algo.
—No, gracias... Lo mejor será que vaya yo solo. Primero necesito hacer que mis padres digieran la información que les daré.
—¿Estarás bien? Si te ocurre algo, lo sabes. Sólo llámame.
—Estaré bien. —Sonrió para tranquilizar al mayor—. Sólo estoy muy nervioso por lo que vayan a decir mis padres y mis hermanos.
—Te entiendo —dijo el mayor—. Es duro...
Hubo un momento de silencio que no se prolongó demasiado. Hasta que uno de los muchachos decidió articular algo.
—Atsushi-kun, ¿tú desde siempre supiste que te gustaban los chicos? Es decir, tú salías con chicas...
—Oh. Salía con chicas, pero no era porque me gustaran realmente. Simplemente era porque yo mismo trataba de convencerme. Por eso salí con una chica tras otra, pero ninguna llamaba mi atención en realidad. Sólo me quedó aceptar que no me interesaban realmente las mujeres. Aunque, es extraño. Porque tú eres el primer muchacho que llamó mi atención y también eres el primer chico con el que he salido. Eres muy especial para mí, me gustas mucho. Antes no había experimentado el amor. —Sonrió con dulzura.
—Ja, ja... Tú también, Atsushi-kun. Eres la primera persona que me gusta realmente y también eres mi chico especial.
Ambos rieron. Todomatsu tomó un sorbo del giste de la cerveza. Atsushi abrió otra lata; bebía más rápido. Nuevamente duraron un momento en silencio. Todomatsu fue un momento al baño y volvió. No sabía qué decir exactamente.
Atsushi comenzó esta vez.
—Pero ahora soy feliz de esta forma.
—Me alegro mucho por ti. Yo también soy muy feliz.
Atsushi bebió más cerveza y Todomatsu hizo lo mismo. Aunque Todomatsu de tanto y tanto ya se estaba comenzando a sentir algo mareado. Ambos dejaron de beber, dejando las latas en la mesa de la sala.
Todomatsu quería formular una pregunta pero moría de vergüenza de sólo imaginárselo. Atsushi lo notó extraño y le preguntó acerca de ello, así que Todomatsu se limitó a balbucear algunas palabras.
—A... Atsushi-kun...
—Dime.
—Entonces, tú y yo... somos...
—Oh, perdóname. Nunca te pregunté nada formal, ¿verdad? Aunque creo que tú también podrías hacerlo. —Sonrió juguetonamente.
—Sí, después de tanto tiempo, supongo que es obvio —dijo Todomatsu nervioso.
—Así es. Tú y yo somos novios.
—Ya... —Rio un poco, sonrojándose furiosamente.
—Tú y yo hemos sido pareja desde el primer momento en que nos vimos, Todomatsu.
—Suena curioso, ahora que lo dices. —Sonrió.
—Ajá. Somos dos muchachos que se quieren mucho.
—Ya basta, Atsushi-kun... Estás haciendo que me sonroje —decía riendo y cubriendo su rostro con pena.
—¡Pero te ves lindísimo así! —Rio.
Atsushi se abalanzó hacia Todomatsu haciéndole cosquillas juguetonamente. Picó sus costillas, espalda y pansa.
—¡No! ¡Atsushi-kun, para! —decía Todomatsu muriendo de cosquillas mientras lloraba de la risa.
—¡No me detendré! —Reía el mayor, dejando caer un poco su peso contra el menor, haciéndolo estallar en carcajadas.
—¡Atsu... Atsushi-kun! ¡Ya detente! -—Reía y reía, hasta que empezó a toser un poco a causa del esfuerzo de su garganta.
Atsushi lo soltó para permitirle tomar aire. Todomatsu trató de respirar y recuperar todo el aire que perdió a causa de la risa.
—Lo siento... —Seguía riendo el mayor.
—Atsushi-kun... Te pasaste... —decía aún sin recuperar el aire del todo, con lágrimas en sus ojos por las carcajadas anteriores.
Los rayos del sol se filtraban a través de las nubes, aunque no calentaba mucho, pero al menos el cielo no estaba oscuro del todo. Y a pesar de ello la nieve seguía cayendo y a veces se detenía por pequeños momentos.
—Me gusta verte reír, Todomatsu.
—Igual a mí a ti. —Guardó silencio mientras se reincorporaba—. Oh, Atsushi-kun. Tengo algo que pedirte.
—¿Sí?
—¿Puedo tomarme una foto contigo? Me di cuenta que no tenemos ninguna foto juntos...
—Oh, adelante. —Sonrió—. Es una buena idea.
Todomatsu sacó su celular de su bolsillo y estiró la mano para tomar la fotografía. Se acercó a Atsushi lentamente y éste último al notar que no salían del todo bien en la cámara, se pegó más a Todomatsu, recargando su mejilla con la de él. Todomatsu se estremeció un poco por el suave tacto, pero se deshizo de esa sensación rápidamente y se apresuró a tomar la foto. Apretó su dedo contra la pantalla y la sacó.
Ambos habían salido muy guapos.
Se hizo tarde y ambos se arrullaron en el sofá. Todomatsu se recargó en Atsushi apoyando su cabeza en su hombro. Oscureció y la televisión permaneció encendida.
Todomatsu comenzó a temblar.
—¿Aún tienes frío?
—Un poco. Es que estoy algo nervioso por mañana...
—No te preocupes, Todomatsu. Todo estará bien. Confía en el cariño de tu familia.
—Pero...
Atsushi lo besó. Todomatsu fue interrumpido por su chico, que con una de sus manos acercó la cabeza ajena hacia sí para poder juntar ambos labios.
Pero, esta vez fue diferente. Atsushi lo besó con intensidad, metiendo un poco su lengua en su boca. Fue un poco rudo, pero no perdió su toque dulce.
Todomatsu rápidamente se separó empujando a Atsushi levemente con las manos en su pecho. Sintió un hormigueo en el estómago.
El mayor frunció el entrecejo.
—¿Estás bien, Todomatsu?
—Sí, es sólo que... Agh, no sé qué me pasa. Nunca había besado a nadie, solamente a ti, y hacerlo de esta manera... Me pareció extraño. —Se sonrojó.
—Ya veo... No te preocupes, no haré nada que no te guste.
—Yo no dije eso...
Atsushi se ruborizó tenuemente. El tiempo transcurrió y llegó la hora de dormir. Se acostaron juntos en la cama y se acurrucaron. Apagaron las luces.
—Suerte, Todomatsu. Te deseo lo mejor desde el fondo de mi corazón.
—Muchas gracias, Atsushi-kun... Gracias.
—Pase lo que pase, ¿volverás, verdad?
—Por supuesto que sí.
—Perfecto, no me asustes...
—Claro.
—Trabajaré gran parte de mañana, pero sabes que puedes llamarme cuando quieras.
Todomatsu asintió. Atsushi abrazó a Todomatsu por la espalda y durmieron plácidamente.
«Atsushi-kun, me haces cosquillas cuando me respiras en la oreja», quizá fue lo último que pensó Todomatsu antes de dormir.
Como era de costumbre, a la mañana siguiente Atsushi ya no estaba.
Preparó tamagoyaki y desayunó. Alimentó con frutas y alpiste al pajarito y se dio un baño caliente.
Ya no nevaba, aunque aún había nieve en las calles, la cual se había acumulado. Pichi cantaba mientras él se vestía. Después lo metió devuelta a la jaula y se puso un abrigo con una bufanda. Tomó algo de dinero y salió de casa.
Caminaba tranquilamente sobre la banqueta y finalmente llegó a la estación. Tomó el tren que lo llevaría directo hacia su casa y se quedó ahí hasta que finalmente llegó la hora de bajar. Todavía debía caminar algunas calles para poder llegar a su destino. Sólo faltaban algunas cuadras para que llegara a su casa y enfrentara sus miedos.
Finalmente la divisó desde lejos y sólo atinó a hacer más lentos y cortos sus pasos. Tenía mucho miedo de llegar. A tan sólo unos metros antes de llegar a su casa se detuvo en seco. Se quedó de pie unos minutos meditándolo.
No se había puesto a pensar con profundidad, pero, exactamente, ¿cómo les diría a sus padres sobre Atsushi? Y sus hermanos... Oh, sus hermanos.
Sentía que las piernas no sostenían su peso, comenzó a sentir cómo su rostro se ponía colorado y cómo un sudor frío lo abatía. Sus manos estaban heladas, no podía respirar con profundidad, sentía tantas ganas de llorar y de gritar...
Pero nadie se daba cuenta de eso. Aquello pasaba desapercibido. Pues, por fuera se veía como un chico cualquiera, con cara de que todo le parecía estúpido. O al menos así lo percibiría cualquier persona con quién se cruzase.
Sólo estaba ahí.
Finalmente sintió cómo sus nervios se ablandaron y antes de que se arrepintiera continuó caminando. Se abrió paso en el patio de la casa y llegó a la puerta de la entrada.
Inhaló y exhaló, porque en momentos de tensión lo primero que debes hacer es respirar bien y tener la mente clara según Futsuumaru.
Aun temblando ligeramente con un pequeño nudo en la garganta que imploraba desaparecer alzó su mano acercándola a escasos centímetros de la puerta y decidido tocó, pero nadie contestó. Lo volvió a hacer, esta vez más fuerte.
—¡Adelante! —gritaron desde el interior.
Fue difícil descifrar de quién era aquella voz.
Pero no se animó a entrar. Entonces escuchó cómo alguien desde adentro se aproximó a la puerta y la abrió, uno de sus hermanos lo recibió.
—¿Todomatsu?
El menor muy nervioso hizo su mejor intento por esbozar una sonrisa.
—Hola, Choromatsu-niisan.
Notes:
A veces sonreír cuando no tienes ganas de hacerlo y comportarse positivamente hace que engañes a tu propio cerebro y comienzas a sentirte bien de repente genuinamente. No funciona siempre, pero ocasionalmente lo he podido comprobar.
Chapter 16: La verdad
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
El mayor se quedó boquiabierto. Pasó saliva y habló.
—Totty, qué sorpresa...
—¿Puedo pasar?
—Adelante, adelante.
Se metió a la casa, y para su sorpresa, todos sus hermanos estaban ahí en la sala pelando mandarinas. Sintió un poco de terror al sentir las cinco miradas clavadas en él.
—Welcome back, brother!
—¡Totty, has vuelto! —dijo alegremente Jyushimatsu—. ¡Totty volvió! ¡Totty volvió! —Brincaba de un lado a otro.
—Hola, Todomatsu —dijo Osomatsu alzando la mano para saludar.
—Muy mal, Todomatsu —dijo Ichimatsu sonriendo levemente—. Nos hiciste esperar...
—Lo siento... —dijo el recién llegado haciendo una leve reverencia, aún sin borrar su sonrisa.
—Cielos, Todomatsu. Han pasado dos semanas y media desde la última vez que nos vimos y apenas has venido —se quejó el tercero con un tono amable, como una madre preocupada.
—Lo siento. Al menos les llamé por teléfono.
—Eso sí, brother —dijo Karamatsu—. No le des tantas vueltas a lo que Choromatsu te diga. Eres libre de hacer lo que gustes... —dijo haciendo una pose extraña que él llamaría "cool".
Choromatsu entrecerró los ojos haciendo un puchero. Era una cara muy graciosa.
—Claro... —Todomatsu sonrió de corazón. Extrañaba a sus hermanos, su comportamiento, todo de ellos.
—¿Pasarás el día junto a nosotros? —preguntó Osomatsu—. Nos lo merecemos después de tanta espera.
—Quizá. Si las cosas salen bien... —dijo Todomatsu susurrando la última frase.
—¿Eh?
—Nada...
—¡Totty! ¿Qué quieres hacer? —preguntó Jyushimatsu.
—Primero que todo... —Todomatsu arrugó un poco su ropa. Sus manos comenzaron a sudar frío. Sentía un débil peso en el pecho que no lo dejaba respirar correctamente—, quiero ver a papá y a mamá.
—Adelante, ¡están arriba, brother!
—Gracias... —dijo el menor.
Nadie se había molestado en subir antes para avisar a sus padres que el menor de los sextillizos había vuelto a casa. Así que, todo lo que quedaba era ir a ver a sus padres y hablarles después de tres meses y algunos días después.
Cuando Todomatsu se dio la vuelta para dirigirse al pasillo y subir las escaleras, escuchó unos pasos detrás de él, pero poco o nada de atención les puso. Ichimatsu estaba nervioso por la manera en que Todomatsu se veía aquel día. Lucía decaído a pesar de tener una sonrisa en el rostro y eso le preocupaba. Nuevamente era su sexto sentido.
De pronto se le vino a la mente la idea de que a su hermano se le ocurriera hablar con sus padres acerca de lo que era, de lo que sentía.
Después de tanto tiempo... ¿estaba bien?
Sintió un cosquilleo en las piernas, cuello, manos y hombros. Deseaba para su hermano lo mejor del mundo, si es que a eso iba.
No había absolutamente ningún sonido proveniente del exterior.
Todomatsu subía las escaleras. Se escuchaba el sonido seco de la goma de sus zapatos subir las escaleras a pasos lentos. Uno tras otro, temiendo trastabillar. Tan sólo unos cuatro escalones más para estar en la planta alta, dónde estaban sus padres, en su habitación.
Quizá sea por el frío de aquel día o quizá no, pero no podía dejar de temblar. Creía que quizá le explotaría la cabeza o que tal vez caería de rodillas ahí mismo.
«¿Qué es lo que tengo que decir?», se preguntaba.
Estando arriba se posó frente a la puerta de la habitación de sus padres y tocó. Apenas tres tenues golpes.
Por su parte, adentro los mayores se encontraban entretenidos con cosas simples, aburridos. Matsuzo arreglando papeles del trabajo y Matsuyo doblando la ropa recién lavada y secada.
Cuando escucharon a alguien llamar a la puerta, accedieron. Aunque les resultaba extraño que uno de sus hijos hubiese considerado llegar de esa manera tan tranquila en lugar de gritar desde afuera o irrumpir sin más.
—Adelante.
Desde afuera Todomatsu pudo escuchar la voz grave de su padre permitirle el paso. Su corazón estaba a mil por hora. Era su casa, su hogar, pero a pesar de eso...
Todomatsu tomó el picaporte y lo giró lentamente. Abrió la puerta y entró tímidamente a la habitación, primero apenas asomándose.
—Hola... papá, mamá.
Le dirigió la mirada a cada uno de sus padres con nerviosismo.
Cuando sus padres lo vieron casi saltaron de la emoción.
Su padre dejó de hacer lo que sea que estaba haciendo y su madre muy contenta se dirigió hacia él y lo abrazó con una enorme sonrisa, dándole besos en las mejillas. Acariciaba su cabello muy feliz y también algo angustiada.
—Todomatsu, volviste a casa... —decía Matsuyo con mucha alegría sin soltar al más pequeño.
Todomatsu posó una mano en la delicada espalda de su madre, recargándose un poco en su cabeza debido a que él era más alto que ella. Se soltó del agarre y su padre enseguida le dio un fuerte abrazo. Un poco brusco si se comparaba al de su madre. Correspondió.
—Perdón por no haber podido venir antes...
—¿De qué hablas? ¡No te disculpes! —dijo su padre.
—Es cierto que nos preocupamos, pero estamos felices de que estés aquí —dijo su madre, aliviada—. ¿Ya no has enfermado? ¿Te sientes bien? ¿Has comido lo suficiente?
—Sí, mamá. Estoy bien, no te preocupes. De verdad estoy bien —dijo sonriendo un poco.
Abajo, sus hermanos comenzaron a hablar acerca de Todomatsu. De lo pálido que se veía aquella mañana y de su extraño comportamiento. Se veía un poco más frágil que de costumbre, espiritualmente.
Sus hermanos morían de curiosidad. Y también, deseaban estar junto a Todomatsu el mayor tiempo posible. Quizá se iría rápido otra vez, y debían aprovechar su tiempo con él. Aunque no estaban seguros de a dónde se iría.
Todos se encaminaron hacia arriba con la esperanza de tener una agradable reunión familiar después de tanto tiempo. Estarían todos juntos de nuevo.
Y, aunque Ichimatsu intentó sacarles aquella idea de la cabeza, simplemente pasaron por alto sus palabras. Esta vez era el cuarto quién estaba muy nervioso.
Todos se dirigieron arriba. Osomatsu por delante e Ichimatsu hasta el final, éste último carraspeando cada tantos segundos...
La puerta de la habitación había quedado emparejada. No estaba del todo abierta ni tampoco cerrada. Apenas se alcanzaba a ver un hilo de luz desde dentro de la habitación alumbrando el pasillo.
Ninguno hablaba, y a decir verdad, sólo se escuchaba el eco de las voces del interior de la habitación. Las voces de Matsuzo, Matsuyo y Todomatsu.
Osomatsu, Karamatsu y Jyushimatsu fueron adelante a asomarse un poco por la puerta, mientras que Ichimatsu se quedó plantado hasta el final. Choromatsu lo tomó de la muñeca y lo animó a acercarse a los demás.
—Vamos, Ichimatsu —le dijo el de verde.
Todos iban con la intención de reunirse en un ambiente alegre, sin embargo, se sentía un poco de tensión. Las voces de adentro tenían un tono para nada monótono. Además, ¿por qué demonios Todomatsu lucía tan apagado?
Por instinto permanecieron plantados detrás de la puerta escuchando con atención. Todomatsu se veía extraño. ¿Los había estado evitando?
Todos se preguntaban la razón por la cual se quedaron ahí sin hacer nada, pero nadie hizo algo por entrar a la habitación. Cómo si se leyeran las mentes.
—No deberíamos estar aquí. No ahora —balbuceó el cuarto—. Por favor, vámonos... —susurró apenas. Ni siquiera Choromatsu pudo entender qué había dicho. Ichimatsu se esforzaba por ordenarle a su cuerpo que retrocediera, pero no podía moverse. Ni él ni nadie.
Él por el nerviosismo y posiblemente los demás por curiosidad, más que nada. Mientras tanto, dentro de la habitación el inseguro y trémulo muchacho prosiguió.
—Perdón por hacerlos preocupar, fui muy egoísta.
—Ya te hemos dicho que no te preocupes, Todomatsu —dijo su madre con una sonrisa. Su padre asintió—. Ahora estarás aquí con nosotros para siempre como solía ser.
Tragó saliva.
—Mamá, papá, de eso es de lo que vengo a hablarles —Hizo una pausa—. No he venido a quedarme. Bueno, es una parte de lo que... quiero decirles.
—¿Eh? ¿Por qué? —Su madre se preocupó un poco por el tono que su hijo usaba.
—¿Ocurre algo malo, Todomatsu? —dijo su padre.
Todomatsu carraspeó. Trataba de reunir fuerzas para no ponerse a llorar antes de tiempo. Aunque le costaba muchísimo. Los latidos de su corazón y su entrecortada respiración lo traicionaban. Y era que, de tan sólo imaginarse cualquier cosa que pudiese pasar, se atormentaba. Tenía ganas de gritar y llorar. Pero no había quién hablara por él. Sólo él podía hacerlo.
« Nadie vendrá esta vez. Nada interferirá esta vez... »
—Tengo algo que decirles.
Matsuzo y Matsuyo permanecieron atentos. Todomatsu prosiguió.
»Verán... Yo llevaba tiempo sintiéndome solo y sentía que no tenía las suficientes ganas de seguir viviendo como lo hacía. Ir a trabajar y volver a casa... para después repetir el día incontables veces. Me sentía muy vacío. —Hizo una pausa y prosiguió—: Pero a pesar de eso, un día conocí a alguien... que cambió mi vida.
Sus padres entornaron mucho sus ojos.
"¿Eh?", pensaron sus hermanos, todos detrás de la puerta.
Ichimatsu cerró fuertemente sus ojos mientras que apretaba sus manos dentro de las bolsas de la sudadera y retorcía los dedos de los pies.
»Y ese alguien... —siguió Todomatsu con la voz un tanto entrecortada, forzando a su garganta y apretando los puños—... es un chico.
Nadie dijo nada. Su madre carraspeó y esta vez su padre tomó la palabra.
—Ya veo, no te preocupes. Todos hacemos amigos y ellos se vuelven importantes para nosotros. Por supuesto que yo también tengo muy buenos socios en el trabajo.
—¿Eh? No, eso no es lo que...
—Pero, verás. Para decir algo así, no deberías ponerte de esa manera tan rara, Todomatsu. —Forzó su sonrisa mientras lo interrumpía.
—Papá, no me has entendido.
Su madre estaba confundida, pero ella tenía ya nociones de lo que quizá su hijo diría, aunque no pensaba decir nada todavía.
—¿Eh? —exclamó el hombre—. ¿Entonces qué quieres decir?
—Bueno... Ese chico se convirtió en una persona muy importante para mí. —Agachó la cabeza un poco. Pero finalmente se armó de valor y clavó sus ojos color avellana en los de su padre—. Papá... Mamá...
Silencio. Tal como supuso, nadie lo interrumpió. Y por supuesto continuó.
—Yo me enamoré de ese muchacho.
«Oh. ¿En serio lo dije?»
Sus hermanos enmudecieron. Se podría haber jurado que cada quién era capaz de escuchar su propio corazón. Sus padres abrieron desmesuradamente sus ojos y se tensaron.
Osomatsu abrió cuidadosamente la puerta un poco más. Solamente un poco.
Las piernas de Todomatsu temblaban demasiado. Creía que no sería capaz de mantener su peso y caería; que perdería el conocimiento. Sentía cómo iba palideciendo lentamente. Hubo sudor frío. Cavilaba acerca de la respuesta que prontamente recibiría.
Ahora era incapaz de presenciar el atisbo de aquella confesión.
Pero, ¿por qué nadie decía nada? ¿No lo habían entendido? Era horrible. Era triste, era injusto. Era increíble y desesperante. ¿Por qué tenía que ser tan difícil? ¿Por qué debía sentirse así? Si no había hecho nada malo. ¿Acaso había matado a alguien? Lo único que había hecho fue enamorarse.
—¿De qué hablas, Todomatsu? —dijo Matsuyo.
—Acaso... —balbuceó el mencionado—, ¿quieres hacerme las cosas más difíciles?
Comenzó a dolerle horriblemente la cabeza. Una tremenda migraña.
»Todomatsu, no estás hablando bien. No te entendemos. Sé claro... —dijo su padre.
—¡Ya, papá! Yo... ya les... dije... —Sus lágrimas se hicieron presentes. Jugueteaba con los hilos de su bufanda debido al nerviosismo y finalmente lo dijo—. Me... ¡Me gusta un chico! ¿Está bien? —Comenzó a llorar. Carajo. Lo que no quería que sucediera, sucedió—. Me enamoré de ese muchacho. Y yo... he estado viviendo con él. Lo siento, debí decirles desde hace mucho... —Comenzó a llorar. Limpiaba sus lágrimas una tras otra y nadie llegaba a consolarlo—. ¡Lo siento tanto!
Se quedó ahí de pie cubriendo su rostro, ahora rojizo, con ambas manos. Limpiaba sus lágrimas que al parecer jamás dejarían de brotar.
—To... Todomatsu, tú... —Su madre habló, pero su padre la interrumpió.
—De verdad... no lo puedo creer. —El hombre se enderezó—. Todomatsu, mírame. ¡Voltea a verme!
Todomatsu se sobresaltó por el grito de su padre, por lo que inmediatamente levantó su cabeza para verlo al rostro muy asustado.
—Espero... —decía Matsuzo— que sea una broma. Lo es, ¿verdad?
—¿Eh?
—¡Querido! ¿Qué es lo que estás...? —Matsuyo quiso intervenir, pero no pudo hacer nada, pues el hombre continuó.
—Dime que es una broma. ¡Rápido! Deja de jugar con nosotros.
—No... No, papá. No es una broma. Lo que acabo de decir es cierto, no estoy jugando —decía entre pucheros.
—¡Tiene que ser una broma!
—¿Eh? Pero, papá, yo...
—No, nada. Es que no puedo creerlo. No creo que seas capaz de rematar tu dignidad con esto.
—¿Mi...? No, papá. ¡Esto es lo que yo siento! Perdóname por no ser como tú querías... —Lloraba—. Quería llevar esto con más tranquilidad, pero... ¿Qué tiene de malo, papá? ¿Mamá? A mí me gusta estar con ese chico porque me hace sentir bien cuando estoy a su lado. Soy feliz... ¿Por qué no puedo estar con él? Sólo porque sea hombre... A mí me gusta él como persona. Es una persona maravillosa y lo quiero mucho. No veo por qué eso tiene que ser un pecado... No he matado a nadie, ¿por qué me ven así? Es lo que siento. No estaba seguro al principio, pero cuando lo vi lo supe. ¡Y soy feliz de esta manera! Por favor... No me odien. Espero que me entiendan. Que lo entiendan... No soy el único, ¿sí? —Hizo un intento por controlarse. No quería llorar más.
—No, Todomatsu. Esto no está bien. ¡Es inaceptable!
—¡Papá!
Sus hermanos estaban congelados detrás de la puerta.
—¡No puedo creer que me decepcionaras de esta manera! En primer lugar, ¡todo lo haces por ti mismo! ¿Por qué no piensas por un instante en los demás? Siempre fuiste un nini que no fue capaz de ayudar a nadie en nada jamás, y ahora me sales con esto. ¡Ja! ¿Qué pensabas? ¿Qué esto podía ser normal?
—No... No estás hablando en serio. Yo no hago las cosas por mí. Yo todo el tiempo he estado viendo por ustedes... No digas eso...
—Esperaba que fueses tú quien no hablaba en serio. ¡Es que es imposible!
—¡¿Por qué no puedes simplemente aceptarme como soy?!
—¿Eh? No, ¡tú no eres así! Esas son seguro mañas que te metieron en la cabeza.
—¿¡Qué tiene de malo!? ¡Estoy tratando de ser yo!
—¿¡Eh!? ¿No te das cuenta? Yo miro por ti. Muchas personas te maltratarán si se dan cuenta de... de que...
—No, no es así... Yo... —Sus lágrimas jamás dejarían de salir—. Yo no...
—Todomatsu, escúchame... Está bien. —Matsuyo se acercó a su hijo—. Lo que realmente sucede es que tu padre está muy preocupado por ti, pero nosotros te amamos tal y como eres... —dijo sincera, pero ahora con ninguna sonrisa en el rostro.
—Es una vergüenza... —balbuceó el hombre—. ¿Cómo podré decirle al mundo que uno de mis hijos es...?
—¡Papá! Estás exagerando... —Tenía la voz cortada.
—No, no lo estoy.
—¿Qué crimen he cometido? Sólo estoy enamorado.
—¡De un hombre! Todomatsu, ¡eso de ninguna manera es normal!
—¿¡Qué te hace pensar eso!?
—¡No me alces la voz!
—Papá, ¿por qué te cuesta tanto entenderme? Tú también, mamá. ¿Por qué a la gente le molesta? Siempre teniendo que soportar miradas de repulsión... ¿¡Por qué!?
—¡Es lo normal! ¿No crees? Es... —El hombre balbuceó la última frase—… asqueroso.
—¿Eh?
—Ya basta, el que no puede entender lo lógico y natural eres tú. Y desde ahora, ¡te prohíbo volver a ver a ese muchacho!
Palideció.
—¿Qué has dicho, papá?
—Ya me escuchaste. No es posible que seas capaz de abandonar a tu familia por alguien que no conoces. Nosotros que te hemos alimentado y cuidando durante años... ¡Y mucho menos un hombre! Qué deshonra...
—Yo... no quiero que las cosas queden de esta manera... Tenía mucho miedo y esperaba que pudieras entenderlo, pero...
—Olvídalo. Ya me escuchaste. Te ordeno que te quedes aquí.
—No... No lo haré...
—¡Todomatsu! Obedece.
—Cariño —intervino Matsuyo, nerviosa—. Escucha a tu padre...
—¿Qué debo... escuchar? —Limpió sus lágrimas y después retrocedió unos dos pasos—. ¡¿Qué les hice para que me rechacen de esta manera?!
—¡Con esto es suficiente!
—No, no... Ustedes... No puede ser verdad. —Puso una mano en su cabeza, le dio un fuerte dolor—. Esto es un sueño... ¿Verdad? Estoy... soñando. —Apenas y podía balbucear algo. Trataba de convencerse a sí mismo de que realmente no estaba viviendo aquella pesadilla.
—Deja de balbucear tonterías, Todomatsu. Ahora siéntate. Habrá algo que podemos hacer... quizá para ayudarte.
Su madre estaba ahí de pie, muy confundida. No entendía nada y no hacía ni un mínimo esfuerzo por hacer algo, porque no sabía qué podía hacer. Amaba a su hijo, pero incluso una noticia así... Aunque no creía que fuese malo, le cayó como un balde de agua fría. Tal vez era lo que se podía esperar.
¿Ahora que se podía hacer? Las cosas no habían salido como él quería. ¿Debía obedecer a su padre y quedarse ahí, o...? No. Debía volver. Debía volver con Atsushi.
«Tú eres el lugar al que siempre debo regresar, Atsushi-kun».
Quizá no estaba bien desobedecer a aquel que te alimentó, que te dio techo, y que te cuidó durante tantos años. No estaba bien. Pero esta situación era diferente; no había opción.
—Papá. Yo... lo siento.
Esta vez su padre no dijo nada. No le pidió que no se disculpara. Todomatsu miraba hacia el suelo con los ojos muy abiertos, derramando sus lágrimas por un tiempo inconmensurable. Quería desaparecer entre la tierra como lo hacía la nieve al derretirse allá afuera...
Su madre no decía nada. Tampoco lo miraba.
—No voy a quedarme aquí. Ya no soy un adolescente, tengo 20 años y tengo derecho a tomar mis decisiones —dijo entrecortadamente—. Lo siento, yo ya me voy...
Sin más, Todomatsu se dio la media vuelta para finalmente dirigirse a la salida y salir corriendo a quién sabe dónde. Sin embargo, había olvidado a sus hermanos. Debía enfrentarlos a ellos también en el piso de abajo.
Su padre se movilizó rápidamente, tratando de detener a Todomatsu yendo detrás de él al igual que su mamá. Cuando se acercó a la puerta, los oyentes se alteraron. ¡Los vería! Intentaron alejarse rápidamente de ahí para evitar a su hermano, pero unos tropezaron con los otros y no pudieron siquiera moverse de lugar. Todomatsu abrió la puerta por completo y ahí estaban. Sus cinco hermanos, viéndolo con miedo, quizá.
Todomatsu con sus ojos llorosos los miró detenidamente, mientras que éstos parpadeaban tratando de deshacerse de aquella imagen de su hermanito.
Comenzó a temblar. Quizá era su fin. ¿Cómo es que no se esperaba algo así?
«Hubiese sido mejor no volver nunca», pensó rápidamente.
—To... Todomatsu... —Karamatsu estiró una de sus manos para intentar tocar la cabeza de su hermano y tranquilizarlo. Quizá para darle un abrazo, pero el menor se alejó.
Todomatsu abrió mucho los ojos al toparse con la distorsionada imagen de sus hermanos observándolo. Retrocedió un poco y echó a correr.
—¡Todomatsu! —Su padre y madre le gritaron al unísono.
El tercero de los hermanos salió corriendo inmediatamente detrás de él. Jyushimatsu no supo por qué, pero imitó al mayor. Fueron los dos únicos que lo persiguieron por todo el pasillo hasta llegar a la puerta de la entrada.
Los demás permanecieron inmóviles susurrando algunas cosas, bastante confundidos.
—¡Todomatsu! ¡Espera! —decía Choromatsu jadeando, sin detener el paso—. ¡Deja de correr!
Abrió violentamente la puerta de la casa, pero tropezó poco antes de llegar al recibidor, así que le tomó un poco de tiempo reincorporarse y seguir huyendo.
—¡Hermanito! —Jyushimatsu rápidamente rebasó a Choromatsu y alcanzó a sujetar a Todomatsu de una de sus muñecas, apretando su manga—. Totty, por favor… ¡Espera, Totty!
—¡Su...! ¡Suéltame! —decía más aterrado que enojado.
—¡Hermanito! ¡No te vayas así! —decía un desesperado Jyushimatsu.
—Todomatsu, por favor... Déjanos hablar contigo. No quiero despedirme de ti de esta forma de nuevo... —suplicaba el mayor de los tres.
—No... Choromatsu-niisan. Déjame ir... —decía Todomatsu con lágrimas en los ojos. Así sería, jamás dejarían de brotar.
—¡Por favor, Totty! —Jyushimatsu apretó más fuerte la muñeca de su hermano.
—No tengo nada de qué hablar... Ya lo escucharon, ¿no? Soy... —Un nudo en la garganta no lo dejó terminar la frase.
—Todomatsu...
—¡Por favor! Se los ruego... —Agachó la cabeza ligeramente—. No quiero pelear con ustedes y tampoco quiero pelear de nuevo contigo, Choromatsu-niisan. Así que, por favor... —Se agachó dejando caer sus lágrimas al suelo, desapareciendo en el pavimento—. Además, si vuelvo, papá va a... ¡No! ¡No quiero!
Todomatsu estaba roto completamente. Jamás se esperó aquella reacción por parte de su papá. Y lo que tampoco se esperaba, es que su madre no haya podido hacer nada. ¿Realmente no había podido hacer nada?
Pero sin importarle más aquello, se soltó del agarre desesperadamente.
—Hermanito, no te vayas. Nosotros haremos lo posible para que...
—¡Ya basta! —Todomatsu interrumpió a Jyushimatsu—. Lo siento, no es su culpa. No es con ustedes. Lo siento...
Todomatsu limpió sus lágrimas nuevamente y continuó corriendo más allá del patio de su casa. Choromatsu intentó volver a sujetarlo, pero Jyushimatsu lo agarró de su sudadera verde por la espalda. Hizo un gesto negativo con una sonrisa y soltó poco a poco al mayor. Éste último sólo suspiró pesadamente con un nudo en la garganta.
Jamás se esperó algo así.
Se resignó y se quedó ahí. Ambos se metieron a la casa con la mirada gacha. Al entrar miraron a un Osomatsu con cara de desagrado; haciendo un mohín. Karamatsu tenía los ojos fuertemente cerrados con una mano puesta en la sien. E Ichimatsu aún estaba más pálido de lo que naturalmente ya era. Tenía las manos entrelazadas dentro de la sudadera, encorvado, haciendo un puchero. Su largo y desordenado cabello no dejaba ver sus ojos opacos. Quizá estaba llorando... Al ver entrar al tercero y quinto salió corriendo a toda prisa de la casa.
—¡Ichimatsu! —Choromatsu se alarmó por aquel acto, sin embargo, no hizo nada por detenerlo.
Lo entendía muy bien. No era idiota. Ichimatsu tenía algo que ver con todo esto.
Ichimatsu lucía como un chico antipático la mayor parte del tiempo, pero en el interior..., muy en el fondo, era una buena persona. Y esta vez algo tocó su corazón. La manera en la que vio actuar a sus padres. El rostro de Todomatsu y su voz quebrada... La ausencia de cariño.
Nadie hizo nada... Ni siquiera él mismo.
El cuarto se fue a un pequeño callejón que había cerca de la casa para pasar algo de tiempo junto a sus gatos, buscando consuelo. Se sintió terrible. Quizá Todomatsu creería que era una persona muy superficial.
Sin importarle la nieve que yacía acumulada en el suelo, se posó en ella con cuidado. Corrió sin importarle que sus zapatos se empotraran en ésta. Hacía mucho frío, pero al menos ya no nevaba. No caía nada.
Se agachó para acariciar a los gatos y se recargó junto a una pared. Abrazó sus piernas y lloró.
Todomatsu corrió desconsolado. Corrió y corrió tan rápido como pudo. Tras asegurarse de que nadie lo estaba siguiendo, dejó de avanzar. Jadeando comenzó a caminar teniendo cuidado de no resbalar por la nieve que estaba derritiéndose de a poco. Quería perder el tiempo con algo, pero no tenía a dónde ir o con quién. Se dirigió a la estación para tomar el tren que lo llevaría de regreso a la casa con Atsushi, aunque éste aún estaba en la oficina.
Tomó el metro y llegó. Entró a la casa tras haberse quitado los zapatos en el recibidor y se dejó caer. Recargó su espalda bruscamente en la fría pared y descendió poco a poco.
Su mirada estaba clavada en el suelo. Ya no lloraba, pero aún seguía esa fuerte presión en su pecho. Algo que parecía no dejarle ver ni escuchar nada a su alrededor.
—Soy un idiota...
Hablar consigo mismo quizá podría parecer estúpido, pero era una costumbre que no podía perder y que quizá jamás lo haría.
Se tiró en el sofá con la cara hacia abajo. Gemía un poco a causa del dolor emocional... Era como un modo de escape. Trataba de hacer algún ruido, porque el silencio presente le permitía por poco escuchar sus latidos y eso lo estaba volviendo loco. Sin embargo, escuchó al pajarito silbar.
Gracias al cielo que estaba ahí. Lo sacó de la jaula y comenzó a jugar con él.
Esperaría a Atsushi.
—Bueno —comentó Osomatsu para romper con aquel desagradable silencio—. Ya decía yo que era extraño que Totty no saliera con ninguna chica a pesar de estar rodeado de ellas. ¡Vaya! Qué desagradable...
—Osomatsu, no te expreses de esa manera —lo riñó Karamatsu.
—¡Osomatsu-niisan! —Se molestó el quinto.
—¡Osomatsu! No empieces con tus estupideces... —Choromatsu realmente se enojó—. ¡Si no vas a decir nada productivo, cállate! Todomatsu es nuestro hermano y debemos quererlo y cuidarlo pase lo que pase. ¿¡Cómo es que puedes portarte así con él!?
—Yo no vi que tú fueras de mucha ayuda.
—Serás...
—¡Ya basta, brothers! —interrumpió Karamatsu—. Enough!
Choromatsu sin pensarlo mucho tiempo se dirigió a la habitación de sus padres y discutió con ellos sobre el asunto. Pasó un inconmensurable tiempo en el que el tercero no pudo cambiar la manera de pensar de su padre. Su madre lloró y no volvió a abrir la boca para decir nada.
Después pelearon entre los hermanos que quedaban.
Osomatsu estaba totalmente en contra. Karamatsu, decepcionado. Él realmente creía que Todomatsu sería el primero en llevar a una chica a casa y llenar a su madre de nietos. Jyushimatsu no decía nada, pero lucía positivo ante todo. Choromatsu estaba confundido y extremadamente preocupado por su pequeño hermanito. E Ichimatsu estaba por ahí sufriendo a solas.
—¡Todo es culpa de Ichimatsu! Él sabía todo desde el principio... ¡Yo sé que tú piensas lo mismo, Choromatsu! —decía Osomatsu.
—¿Y qué con eso? —respondió el tercero.
—Es cierto que estoy un poco decepcionado y aún no lo puedo creer —interfirió Karamatsu—, pero hay que tratar de entender a Ichimatsu también. Ellos tenían miedo precisamente de nosotros. De lo que pudiéramos hacer, decir o pensar... Y aun así confiaron en nosotros. ¡Goddness! Por favor, necesitamos estar a solas para pensar. Cada uno por su parte, brothers...
—¡Karamatsu-niisan tiene razón! —exclamó Jyushimatsu—. Necesitamos un tiempo para pensarlo. No nos dejemos llevar por las ideas de cada uno. Quizá, como dijo Totty, es lo mejor...
—¿¡Qué!? —exclamó un arisco Osomatsu.
—¡Al diablo contigo! ¿Por qué tienes que ser así? ¡Ten respeto! ¿¡Entiendes!? —Choromatsu le gritó al primogénito.
—¡Cállate!
—¡Ya basta, brothers!
—¡Iré a buscar a Ichimatsu-niisan! —Jyushimatsu salió corriendo de la casa.
Jyushimatsu corrió por las calles hasta encontrar a su hermano mayor junto a un montón de gatos acurrucados en él, en un callejón no tan oscuro. Fue con él y lo abrazó. El mayor correspondió.
Ninguno de los dos dijo nada. Quizá porque realmente las palabras serían superfluas en aquella ocasión. Ichimatsu empezó a gimotear y Jyushimatsu lo apretó, dando pequeñas palmaditas en su espalda. Acarició su cabello.
Jyushimatsu le sonrió al mayor y éste entre lágrimas hizo lo mismo. Estaba feliz de que alguien haya ido a buscarlo para darle consuelo. Aunque, aún así, a pesar de que no tenía realmente la culpa de lo sucedido y no podía hacer nada, se sentía muy culpable.
—No te preocupes, niisan... Algo bueno pasará. —Se sentó junto a su hermano y acarició a los gatos también—. No creo que esté mal que Ichimatsu-niisan llore. ¡Está bien! Así es como te das cuenta de que realmente estás vivo... —Sonrió, sonrojándose un poquito.
Ichimatsu guardó silencio, limpió sus lágrimas y asintió.
—Gracias, Jyushimatsu...
Jyushimatsu consideró la posibilidad de que Ichimatsu quisiera estar solo para desahogarse en silencio, pero creyó que también quizá necesitaba consuelo, y se dio cuenta de que no se equivocó después de escuchar las palabras de agradecimiento de su hermano y su sincera y pacífica mirada.
Tomó a su hermano de sus heladas manos y lo jaló gentilmente hacia arriba para ayudarlo a levantarse.
—¡Vamos, niisan! Debemos volver a casa. Hay cosas de las cuales debemos hablar. ¡No te preocupes! Yo quiero a mis hermanos tal y como son. Estaré contigo todo el tiempo. Y, si quieres llorar de nuevo... ¡puedes venir conmigo y llorar en mi hombro! —dijo con una enorme sonrisa.
Ichimatsu sonrió un poco y acarició el cabello del menor.
Ambos caminaron hacia su casa.
Notes:
Me duele mucho poner palabras tan desagradables en boca de Matsuzo.
Fue un reto para mí actualizar teniendo exámenes.
Chapter 17: No puedo regresar
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Cuando llegaron a casa, encontraron a Choromatsu discutiendo con su padre, aunque éste último se veía bastante imponente. No ganaría nada. Finalmente desistió.
—¿Tú lo sabías, Ichimatsu? —preguntó su madre.
El mencionado asintió.
—¿Por qué no nos dijiste nada? —preguntó el hombre.
—¿No es obvio? —balbuceó el chico encorvado—. Tenía miedo de que actuaran como lo han hecho... De que lo rechazaran. Yo tenía mucho miedo, tanto como él.
Jyushimatsu tenía una de sus manos (cubiertas por las mangas) en el hombro de Ichimatsu.
—Era obvio que papá actuaría de esta manera. Ichimatsu, Todomatsu no es una persona normal... —interrumpió el primogénito.
—¡Cállate, maldita sea! ¡Osomatsu de mierda! —gritó el tercero.
Karamatsu se interpuso entre los dos por si a alguno se le ocurría pasarse de listo.
—Tch... Hagan como quieran. Quizá nunca vuelva —dijo Osomatsu.
—¡Maldito! ¿¡Qué necesitas para...!?
—Basta, Choromatsu —dijo seriamente el segundo, interrumpiendo.
—¡Alguien tiene que hacerle entender!
—Saldré un rato —dijo Osomatsu sin más.
—¿A dónde? —preguntó Jyushimatsu.
—Por ahí.
Matsuzo se fue a trabajar y no volvieron a hablar más del tema con él por lo menos esa tarde. Matsuyo se metió a la cocina a terminar de arreglar algunas cosas y después salió de compras, tardaría quizá toda la tarde afuera caminando por ahí.
Osomatsu regresó horas más tarde y entró a la habitación donde estaba Ichimatsu. El menor le dirigió una mirada no muy agradable y se sentó frente a él.
—¿Qué? —preguntó Ichimatsu de mala gana—. ¿Me miras así porque tengo los ojos de un pescado muerto?
—Estuve pensando, ¿sabes? He estado pensando.
—¿Y tú qué piensas exactamente?
—Lo que dije hace rato... Bueno, no he cambiado de opinión. No creo que lo que Todomatsu ha hecho esté bien y tampoco creo que su comportamiento anterior haya sido adecuado. Pero, debí haber hecho algo para que no se sienta tan mal...
—Estúpido. Debiste pensar en eso antes.
—Lo sé, pero yo...
—No volverá. Tú lo dijiste, ¿no? Así que irás conmigo a buscarlo.
—¿¡Eh!? No, Ichimacchan.
—Eres repugnante, no deberías de hablar antes de tiempo. Aprende a callarte, bocón.
—¿Eh? ¡No dije nada! Nadie dijo nada. Ni siquiera tú.
—Lo sé, lo sé. Ya no hables.
—Parece que Choromatsu seguirá insistiéndole a papá. Qué necio, ¡y a mí me trata como a una sucia rata!
—Y yo le doy la razón.
—¿¡Tú también!?
—Inepto. Necesitamos hablar con papá sobre eso. ¿Por qué crees que está mal?
En ese momento Karamatsu entró a la habitación.
—¿Eh? ¿Cómo que por qué? No es normal que dos hombres se... Agh, no. ¿Tú qué piensas, Karamatsu? —preguntó Osomatsu.
—¿Uh? Bueno... Yo tenía fe en que Totty fuese el primero en hacerlo con una chica, pero...
—Eso es un "no".
—¡Al menos déjalo acabar, Osomatsu-niisan! —espetó el cuarto—. Necesitamos las voces positivas de todos.
—En realidad yo creía Totty sería diferente. Estoy un poco confundido. No lo entiendo —dijo Karamatsu.
—Bueno, supongo que era algo normal —habló Ichimatsu—. Sólo falta hablar con mamá.
—Yo no voy —dijo rápidamente Osomatsu—. No hace falta, Choromatsu hablará por todos seguramente.
—¡Vendrás!
—Ichimatsu, hay algo que quiero dejarte claro. A ti y a todos —Osomatsu usó un tono un poco serio—. En realidad estoy muy sorprendido por la declaración de Todomatsu. Pero, tengo tolerancia. A pesar de que creo que no es del todo natural, no voy a ir a decirle nada malo a la cara. Y, cuándo dije que Todomatsu no era normal, no lo decía por eso. ¡Lo decía simplemente por el coraje que tiene para decir las cosas! Era obvio que papá se enojaría si hablaba con la voz tan alta... —Ichimatsu abrió mucho sus ojos y sus facciones se relajaron—. También me sentí mal cuando papá le dijo todas esas cosas horribles. ¡También me sentí fatal! Todos tenemos opiniones diferentes, pero...
—Ya... —Ichimatsu asintió.
—No, lo que quiero decir... ¡Lo que quiero decir es que está mal tratar de entendernos!
—Osomatsu...
—Yo lo apoyaré. A pesar de que sigo pensando que es un maldito idiota desconsiderado.
—Bueno —interrumpió Karamatsu—, una cosa conlleva a la otra. Brothers, vayamos...
Karamatsu fue por Choromatsu y Jyushimatsu que se encontraban en la sala hablando y se reunieron arriba fuera de la habitación de su madre, de la cual, la puerta estaba abierta.
Los cinco hermanos estaban ahí parados en silencio. Karamatsu fue quién tocó la puerta con unos tenues golpes consecutivos.
—Adelante. —Era la suave voz de su madre, Matsuyo.
—Con permiso... —Karamatsu entró despacio tomando el picaporte y los demás entraron seguidos de él—. Mom, ¿podemos hablar contigo un momento?
Matsuyo los miró detenidamente, al parecer algo triste. Su mirada se veía apagada pero ya no estaba nerviosa.
—Por favor —dijo Jyushimatsu ante el silencio.
—Niños... —Los llamaba todavía así ya que, para ella siempre serían sus bebés—. Saben que pueden hablar conmigo cuando quieran. No tienen por qué preguntar algo así…
Se miraron unos con otros.
—Mamá... —Choromatsu estaba a punto de decir algo, pero fue interrumpido por ésta.
—Siéntense —dijo. Al ver que ninguno hizo ningún movimiento, ella avanzó hacia la puerta—. Vayamos a la sala, esta habitación es pequeña para todos.
Caminaron en silencio al lugar indicado. Su madre se sentó en un pequeño sillón que había en una esquina de la sala y los demás se sentaron juntos en el sofá más largo frente al anterior.
El silencio reinó y Karamatsu comenzó a hablar de nuevo.
—Mamá, tú dijiste que si teníamos algo... sin importar nuestra edad o situación, podíamos hablar contigo...
—Dime. —Matsuyo asintió.
Karamatsu se trabó, pues no estaba muy seguro de a lo que quería llegar. Tragó saliva y Osomatsu retomó la palabra.
—Mamá, lo que pasa es que no queremos que Todomatsu se sienta mal de nuevo —dijo el mayor sin más.
—Aunque debemos empezar por ti, Osomatsu —dijo Choromatsu con una mirada apagada y el ceño ligeramente fruncido.
Karamatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu lo miraron algo anonadados. No querían que una discusión surgiera de nuevo.
—Choromatsu, escucha. Al principio estaba totalmente en contra, pero era porque no me había tomado el tiempo para siquiera pensarlo, ¿sabes? He estado meditando y pienso apoyar a Todomatsu con lo que necesite... Además, ustedes para mí son... — Osomatsu se sonrojó un poco y no pudo continuar—. Son…
—Oh, ¡te preocupas por nosotros, niisan! —exclamó un alegre Jyushimatsu.
El mencionado sólo apretó los puños fuertemente con las mejillas coloradas.
—Mamá, ¿tú que piensas? —preguntó Ichimatsu.
—Habla con sinceridad, por favor —dijo un nervioso Choromatsu.
Su mamá carraspeó y los miró detenidamente, pensando muy bien en lo que diría a continuación. Después abrió la boca para articular.
—Como podrán saber, para un padre saber que su hijo tiene preferencias distintas a las del resto es un poco extraño y duro. Pero yo no estoy en contra. Todomatsu es mi hijo al igual que ustedes y los amo a todos por igual, jamás podría despreciarlo —dijo su madre serena.
Guardaron silencio.
—Entonces, si piensas así, mamá... ¿Por qué no hiciste nada para detener a papá? —preguntó Ichimatsu.
—Tenía miedo y en ese momento no estaba segura de lo que pensaba. Pero ahora lo sé... Los amo a todos más que a mi vida. Quiero que eso lo sepan siempre y no lo olviden, por favor.
Karamatsu asintió.
—¿Entonces...? —preguntó Osomatsu.
—Pero, ahora Todomatsu no será capaz de volver de nuevo. Después de esto, no lo hará —dijo Choromatsu reflexionado tristemente.
—Bueno —continuó la mujer—, ustedes deberían de saber que en este mundo todos tienen opiniones diferentes sobre cualquier cosa. Jamás sabes qué reacción tendrás de alguien ante alguna situación... Su padre quizá necesita tiempo para comprender. Los tiempos han cambiado y ahora con tener una opinión distinta puedes ganarte el odio de muchos fácilmente. Cada quién puede pensar lo que quiera, pero debe de ser cuidadoso con la manera en que se expresa... Y la manera en la que su padre reaccionó no estuvo bien. Ese es el problema. Sólo necesita tiempo para pensar, como todos. No se preocupen —afirmó Matsuyo—. Yo hablaré con su padre... —Sonrió.
Todos se tranquilizaron un poco ante las palabras de su madre.
—Mamá, ¿nosotros podemos hacer algo? —preguntó Jyushimatsu.
—Tranquilo. Yo me encargaré de todo por ahora.
—Mom, ¿y nosotros entonces qué hacemos? ¿Deberíamos de seguir a Todomatsu y hablar con él? —dijo Karamatsu preocupado.
—No tuvimos tiempo siquiera de decirle algo y a juzgar por su mirada... —dijo Choromatsu.
—Debe de sentirse muy mal. Quizá piensa que lo odiamos —complementó Osomatsu.
—Bueno, Choromatsu-niisan y yo fuimos tras él —mencionó Jyushimatsu—, aunque no quiso estar ni un momento más ahí y se fue corriendo.
—Tch... Desde que lo vi supe que algo le preocupaba —dijo Osomatsu.
—Ichimatsu, debiste haber dicho algo... —balbuceó Karamatsu.
—¿Eh?
Todos estaban un poco nerviosos, pero al recordar lo que su madre les había dicho se sentían protegidos. Los cinco fueron con ella y la abrazaron. Eso les quitaba la atención, pues cada uno de ellos estaba sediento de cariño.
Dejarían que ella hablara con su padre cuando llegara del trabajo, o quizá al día siguiente. Pero lo haría ella. Choromatsu puso de su parte, pero Matsuzo era demasiado necio.
Seguramente Todomatsu necesitaría tiempo para asimilar las cosas, así como ellos. Por lo pronto no lo llamarían ni lo buscarían. Algo bueno pasaría.
Todomatsu acarició el suave y blanco plumaje de Pichi y subió su opaca mirada hacia el techo.
Se sentía fatal. Y a pesar de que sabía que tenía que esperar por Atsushi, y él esperaba por irlo a ver, creía que no tenía realmente un lugar a donde volver.
"Tú eres el lugar al que siempre debo regresar, Atsushi-kun".
¿Acaso esas palabras fueron una mentira? Realmente quería estar con él, pero no podía evitar pensar que todo a su paso se hacía color gris. O que quizá, él lo hacía todo gris.
Todomatsu se quitó la bufanda y el abrigo y se fue a acostar al sofá. Encendió la televisión pero pronto se aburrió y la apagó. Se quedó viendo a través de la ventana. Se quedó sentado en una esquina de éste con la cabeza recargada de un lado y el pajarito en manos. Picoteaba un poco sus dedos.
Se quedó ido en sus pensamientos.
Atsushi llegó a la casa. Todomatsu escuchó el sonido de sus zapatos acercándose, pero casi nada de atención le prestó.
—Ya estoy en casa —exclamó el mayor. No hubo respuesta. Atsushi se extrañó y caminó lentamente por el pasillo hasta subir al segundo piso, y lo encontró ahí en el sofá de espaldas—. ¿Todomatsu?
Creyó que quizá estaría dormido, pero al caminar un poco más acercándose a él para verlo mejor notó que tenía los ojos abiertos, con la mirada clavada en el ventanal. No tenía brillo en sus ojos y parecía casi como si estuviese sonámbulo.
Atsushi le puso una mano en el hombro y lo sacudió un poco sin ser brusco.
—Todomatsu, ¿por qué no contestas?
Todomatsu débilmente se giró hacia el mayor, que estaba de pie ligeramente inclinado frente a él. Lo miró y no sonrió ni hizo ningún otro gesto. Se volteó de nuevo hacia el ventanal como si no hubiese visto a nadie.
Atsushi se extrañó, y a decir verdad se molestó un poco, pero su preocupación fue más grande. No se veía nada bien.
Se irguió y sin dejar de ver a Todomatsu, le habló bajito.
—Todomatsu, ¿qué ha sucedido?
No dijo nada. Lo volteó a ver, pero no parecía tener intenciones de abrir la boca.
—¿Cómo te fue? Puedes contármelo —dijo seguro—. No, de hecho, cuéntamelo por favor.
—Atsushi-kun... No quiero hablar de eso ahora. Las cosas... no salieron bien.
—¿Eh? ¿A qué te refieres? Escucha, te lo he dicho y tú me lo has dicho, ¿no? Estamos para escucharnos el uno al otro. Así que por favor, cuéntamelo todo.
—Atsushi-kun, ya te dije que no quiero hablar...
—Y yo no quiero que te guardes todas tus preocupaciones para ti solo... Estoy contigo.
—Lo sé.
Hubo silencio.
—Todomatsu, no quiero que estés triste por mi culpa.
—No es tu culpa. Nada de lo que me pasa es tu culpa... No digas eso.
—No pienses que todo lo que sucede es tu culpa tampoco. Quiero verte sonreír, Todomatsu, confía en mí. Yo jamás sería capaz de hacerte algo malo.
—Atsushi-kun... —balbuceaba con la voz ronca.
—Todomatsu, quiero que haya confianza entre nosotros. ¿Qué sucedió?
Apretó los puños un poco sin voltear a verlo aún. Todomatsu tenía una apariencia bastante cansada y no contestó. Se volvió a voltear a la ventana sin ver nada en especial. Estaba evitando a Atsushi a toda costa y no sabía exactamente por qué. Quizá no era precisamente porque no le tuviera confianza, sino porque sentía que si hablaba del asunto se echaría a llorar de nuevo.
Estaba cansado de llorar siempre frente a Atsushi y a otras personas. Y se sentía molesto consigo mismo por ser tan sensible, tan frágil.
Apretaba ligeramente al ave entre sus blancas manos y cuando lo escuchó pillar un poco lo dejó salir de éstas. Ahora la avecilla sólo estaba en su regazo, sin hacer nada más que picotear su pantalón un poco.
—Está bien —dijo Atsushi con la voz grave. Frunció el entrecejo un poco. Parecía enojado—. Si no quieres decírmelo está bien. Tampoco estaré rogándote por algo que posiblemente te moleste o te pueda hacer más daño.
Todomatsu volteó desconcertado por el tono que Atsushi utilizó, pero éste último ya no lo miraba. Ahora estaba dándole la espalda.
—Tengo trabajo que hacer —dijo Atsushi a la vez que se retiraba, quitándose el saco—. Si necesitas algo, búscame.
Bajó al primer piso y se metió a su pequeña oficina sin más.
El chico no habló en todo el día con Atsushi. Ahora se sentía peor. No tenía ganas de hablar, pero tampoco debió haberlo tratado mal. Ni siquiera debió ignorarlo. En verdad no tenía ganas de hablar del asunto, pero al menos debió haber intentado sonreírle un poco.
Y a decir verdad, esta vez Atsushi estaba en su derecho. Él le había contado todo sobre su infancia, su pasado... Y Todomatsu no podía contarle ni un poco sobre él. Ambos tenían problemas al fin y al cabo, ¿no?
Ambos eran vistos de la misma manera por las calles. Atsushi ponía todo de su parte por hacer entender a Todomatsu que él estaría siempre ahí para él, pero éste último desistía. A veces no lo entendía...
Desconfiaba demasiado de sí mismo. Todomatsu necesitaba ayuda, o quizá sólo era demasiado necio.
Tal y como dijo Atsushi, tenía mucho trabajo que hacer. Últimamente la compañía les exigía demasiado. Pasó toda la tarde arreglando archivos en su computadora, haciendo papeleos y cuentas. Arreglando citas con empresarios importantes, corrigiendo errores en documentos importantes para la empresa y también ayudando a sus colegas más jóvenes. La vida de un contador no era fácil.
Pasó todo el día encerrado en su oficina y Todomatsu no fue a buscarlo.
El menor se levantó y dejó al pajarito en la jaula de nuevo.
Así continuaron los días siguientes.
Atsushi se levantaba temprano y llegaba súper tarde. Cada que se iba y cada que regresaba saludaba y se despedía de Todomatsu. Sólo eso.
Ahora casi siempre iba tan apurado que no tenían tiempo para ellos, otra vez. Ni un sólo beso, ni una sola caricia. Nada de palabras…
Todomatsu creía que quizá sólo era percepción suya, pero cada que miraba a Atsushi, éste ya no le dirigía la mirada ni tampoco le sonreía.
A lo mejor era por su trabajo, pues también lucía bastante cansado y apenas pasaba algo de tiempo en casa. Aun así, Todomatsu permaneció preparándole la cena al mayor. Aunque casi no intercambiaban palabras mientras comían.
Atsushi comía en silencio con la mirada clavada hacia abajo, hasta que terminaba, agradecía la comida y se retiraba de nuevo a su oficina. Al dormir, Todomatsu se acostaba primero y se dormía antes de que Atsushi siquiera llegara a la cama.
Atsushi estaba un poco dolido, pero su comportamiento no lo hacía exactamente a propósito. Sólo se sentía mal por no poder animar a Todomatsu, hiciera lo que hiciera. Pensaba que quizá Todomatsu intentaba encerrarse en sus propias preocupaciones, y no le permitiría entrar más profundo a su corazón. Podría decir que se sentía innecesario. Y a pesar de que recordaba cada palabra de Todomatsu dirigida hacia él con cariño, se sentía un poco triste. Porque a pesar de haber tenido buenas acciones con Todomatsu, tratarlo con cariño y haber estado mucho tiempo juntos, sentía que aún no confiaba del todo en él. Siempre lucía tan inseguro... Todomatsu de por sí era indefenso, pero simplemente hacerse la idea de que todo ese tiempo y acciones fueron en vano... No podía con ello.
Todomatsu comenzaba a sentirse mal con tan sólo recordar el rostro de sus cinco hermanos.
Choromatsu y Jyushimatsu habían ido tras él diciendo que podían hablar y arreglar las cosas, pero, ¿con arreglar las cosas se referían a alejarlo de Atsushi? ¿Lo llevarían con un psicólogo o algo así? Y apenas que había hecho las paces con Choromatsu... Qué mal.
Además, se sentía inútil e innecesario.
Al principio, antes de conocer a Atsushi tenía trabajo. Y aunque vivía infelizmente, por lo menos tenía en mente que se ganaba una parte de su vida. Ganaba dinero con su propio esfuerzo y eso era una pequeña ayuda para su papá. Después fue a vivir con Atsushi y sin quererlo, por una u otra razón se fue descuidando hasta perder su trabajo.
Ahora no era más que un inútil, al igual que sus hermanos, a quienes tanto reprochaba.
Todomatsu pensaba que quizá por eso Atsushi se había molestado. No ponía ni un solo centavo y aun así vivía, comía, y dormía en su casa.
Seguramente era enfadoso para él tener que llegar del edificio de oficinas y verlo a él ahí sin hacer nada. Debía ser molesto. O al menos eso pensaba.
Atsushi estaba cansado, pensando en una posible solución para la tormenta de sentimientos revueltos que Todomatsu enfrentaba día a día, pero por más que pensaba y pensaba, no creía que nada fuese a funcionar. No había algo que no hubiese tratado ya, ¿o sí?
Todomatsu simplemente estaba más que confundido y eso era todo.
Nuevamente un día comenzó y no vio a Atsushi salir de casa. Ya no estaba. Pensó que quizá de nuevo tendría que esperarlo hasta la noche, casi a la madrugada. Casi dieciséis horas sin verlo... Era aburrido estar ahí en casa sin hacer nada. Pero no tenía un lugar a dónde ir que no sea allí.
Y en realidad estaba evitando salir a toda costa de la casa, pues hacerlo costaría dinero para el pasaje en el metro o cualquier cosa que comprase, y de por sí ya era una molestia para Atsushi que él gastara su dinero. El dinero por el cual él no trabajaba. Y aunque también se le pasó por la cabeza la idea de ir en busca de un nuevo trabajo, la descartó. No tenía ánimos de nada.
Se llevó una idea equivocada de sus hermanos y eso le carcomía el alma.
El tan sólo recordar sus miradas... Seguramente sentían asco por él. Repugnancia absoluta... ¿Cómo podría volver? ¡No podría! También se sentía preocupado por Ichimatsu. Seguramente sus padres y hermanos le habían hecho una lluvia de preguntas molestas y lo habían despreciado también por jamás haber hablado para rebelar cuán desagradable podía llegar a ser.
Cuán desagradable podía llegar a ser que uno de los sextillizos estuviera enamorado de quien no debía.
No quería recordar y mucho menos hablar.
Incluso si le contaba a Atsushi lo que había sucedido, no podría hacer nada.
Pues su padre jamás lo aceptaría y quizá su madre tampoco. Y sus hermanos...
Ah, claro. ¿Y cómo olvidarse de las horribles miradas que recibiría por siempre de parte de todo el mundo? No había nada peor.
«
¿Qué haces cuando te sientes un estorbo incluso en tu propia casa?
»
Aquel día la pasó viendo televisión, envuelto en las sábanas. Hacía bastante frío, aunque ya no nevaba.
Jugaba con el pajarito de vez en cuando... Hablaba con él, púes no tenía a nadie más con quién hacerlo. Revisaba su celular en ratos y miraba en pantalla notificaciones de mensajes, ninguno de Atsushi ni tampoco de sus hermanos o padres.
Eran mensajes de Aida y Sacchi, que, a pesar de no verlas ya a diario, las estimaba y ellas a él. Pero, se sentía una amistad algo vacía. Jamás podría contarles a ellas nada de lo que le sucedía o sentía... No existía esa confianza.
Aun así no perdió el contacto.
Limpiaba la casa sólo para desaburrirse (pues realmente no había tareas domésticas que hacer) o aprovechaba para hacer algunas compras. Nada que importase.
Si se sentía con energía sólo merodeaba por toda la casa, que era enorme. El primer piso... Y el segundo también. Iba a la azotea, al ático, al garaje... Pero al fin y al cabo, seguía estando aburrido.
Pensó en tomar alguno de los libros de Atsushi, pero al acercarse un ligero escalofrío lo recorrió de pies a cabeza, al imaginarse el serio rostro del mayor.
Estaba un poco molesto con él... ¿No? ¿Y si se molestaba si tocaba sus cosas? ¿Un flojo cómo él? Desistió y fue al sofá de nuevo para escuchar algo de música, para después ducharse.
Se hizo de noche y se fue a la cama. Esperó a que Atsushi llegara del trabajo, pero el sueño lo traicionó y se quedó profundamente dormido.
Atsushi al día siguiente llegó más temprano de lo que acostumbraba. Pues en la tarde ya estaba ahí en casa. Solía avisar que ya había llegado, pero Todomatsu no iba a su encuentro y al mayor no se le veía muy bien.
Todomatsu había preparado la comida para Atsushi (ya que el mayor preparaba la del desayuno para Todomatsu), pero éste último avisó que no tenía mucho apetito, por lo que ni siquiera se sentó a la mesa.
De nuevo avisó que estaba muy ocupado, y no era mentira, por lo que fue al piso inferior y de nuevo se encerró en su oficina a continuar con lo mismo de siempre. Aburridos papeleos.
Todomatsu estando en el piso superior estaba desesperado por querer deshacerse de la presión que sentía en su pecho. Necesitaba hablar con Atsushi... Caminó lentamente con sus pies descalzos por las escaleras, dirigiéndose al primer piso. Iba a buscarlo. Al bajar caminó despacio hacia la oficina y se detuvo en seco frente a la puerta.
5:30 pm.
No estaba muy seguro de por qué estaba ahí plantado sin mover ni un sólo músculo. Inhaló y exhaló.
—Atsushi-kun... —habló muy bajito, esperando que el mayor lo escuchase, lo cual no logró. No escuchaba ningún ruido detrás de la puerta, lo que lo hizo ponerse un poco nervioso. Sin embargo, alzó la mano para tocar ésta con los nudillos tenuemente. No esperaría ninguna respuesta, pues era él quién había echado a perder las cosas, ¿no? Debería hablar él primero. Se humedeció los labios y habló pegando su cabeza en la puerta ligeramente—. Atsushi-kun, ¿me dejas entrar?
Hubo un efímero silencio, y finalmente escuchó la grave voz de Atsushi accediéndole el paso.
—Está abierto.
Abrió la puerta y la cerró detrás de él con cuidado.
Encontró a Atsushi de espaldas escribiendo en el escritorio sobre varios papeles y libretas a la vez que tecleaba algo en su laptop... Una vez dentro el mayor no le dijo nada más. Todomatsu entrelazó sus dedos y con la mirada cabizbaja habló en un tono muy bajo.
—A... Atsushi-kun... ¿Puedo hablar contigo un momento? —preguntó. El mencionado solamente asintió sin verlo, y sin dejar de hacer su trabajo—. Bueno... escucha, hace cuatro días, cuando me preguntaste sobre mí —Frunció el entrecejo un poco nervioso—, no debí tratarte así. Lo siento mucho... Es sólo que no estaba pensando muy bien. Bueno, soy un idiota. Yo nunca pienso con claridad las cosas. Pero, perdóname...
—Está bien, Todomatsu. Eso ya no importa ahora.
—Hablo en serio... Lo siento. No debí ignorarte. Lo siento...
—Ya. No te preocupes por eso.
Las respuestas de Atsushi estaban siendo muy frías y a juzgar por su voz grave y apagada podía deducir que aún seguía molesto. Además, no lo veía a la cara. No se daba la vuelta, pues mantenía su vista clavada en los papeleos. No parecía estarlo escuchando realmente y eso comenzó a molestarle un poco.
—Atsushi-kun, estoy disculpándome contigo... Me costó un poco hacerlo.
—¿Hm? No hace falta que te preocupes por algo así, ya te dije.
—No. Es que no quiero que me digas que no me preocupe, porque lo sigo haciendo. No me has dicho si me perdonas o no.
Atsushi tragó saliva.
—Todomatsu, está bien. Sólo... estoy algo triste.
—¿Eh? Atsu...
—Y también tengo mucho trabajo por hacer.
—Déjame estar aquí contigo.
—....
—Atsushi-kun, ¿por qué no te das vuelta y me miras?
Atsushi abrió los ojos un poco y soltó una risita casi inaudible.
—Todomatsu, quiero que me cuentes sobre ti, ¿está bien? —dijo sin aún darse la vuelta.
—Pero yo... No. No soy alguien importante y no tengo una vida que importe... No vale la pena contar nada acerca de mí —dijo y Atsushi se puso serio—. No lo haré.
—Todomatsu... Eres muy molesto. Deja de hacer esto. Detente de una vez, te lo ruego.
—¿De...? ¿De qué hablas? No te entiendo...
—¡De esto, Todomatsu! —dijo girándose y poniéndose de pie, mirándolo a los ojos—. ¡Me estoy esforzando en volver a empezar una nueva vida, para ti y para mí! Pero, por más que intento ayudarte y verte feliz, pareciera que nada ha cambiado...
—No... No es así. No digas eso. Atsushi-kun, perdóname... Es sólo que estoy pasando por un momento muy difícil, de verdad. Entiéndeme por favor.
Atsushi tenía una mirada seria, casi tan penetrante como un filoso cuchillo.
—¿Y crees que... yo he estado caminando en un camino de rosas? Yo ya te conté sobre mí, ¿recuerdas? Las cosas han sido muy difíciles para mí también, pero aun así estoy tratando de cambiar... Y no por eso trataré mal a los demás, ni me despreciaré yo mismo.
—Lo sé...
—¿Por qué es tan difícil para ti aceptarte como eres?
—No... No me entenderías…
—¡Claro que lo haré! ¿Qué te hace pensar que no? Quizá hemos tenido vidas diferentes, pero estoy seguro de que...
—¡Ya no me insistas! —interrumpió.
Hubo un silencio bastante incómodo. La tensión comenzó a incrementarse.
—¡Por favor, sé sincero conmigo!
En efecto, Todomatsu tenía miedo de hablar. Estaba cansado de llorar mientras hablaba frente a él. Ya no quería volver a lucir como un cobarde, pero...
—¡Estoy siendo sincero contigo, Atsushi-kun! Es sólo que...
—Ya basta. No entiendo por qué te reservas tanto. ¿No confías en mí?
—Lo hago.
—¿Entonces cuál es el problema?
—¡Tengo miedo! ¿¡Está bien!? Sigo teniendo miedo a pesar de que estoy contigo... Mi felicidad depende de ti... ¡Y eso me está haciendo sentir mal! Porque a pesar de que me sentí feliz de conocerte... también me sentí... desagraciado por ello. Me he distanciado de mi familia y amigos... ¡Y creo que es injusto que viva de esta manera! Yo también me he estado esforzando. Lo he hecho, pero nada me hace sentir completo. Pensé que era injusto que yo estuviera aquí contigo mientras mis hermanos y padres se quedaban pudriéndose en casa con su vida monótona... Pero la misma suerte corrió conmigo. ¡Es eso! Y no quiero contarte nada sobre mí porque simplemente no debería hacerte cargar con toda esa basura. ¿Lo entiendes?
—¡Yo te conté sobre mí! ¿Acaso pensaste que eso también era basura?
—¡¿Cómo podría...?!
—¿Acaso pensaste que todo nuestro tiempo compartido no valió la pena?
—¡Atsu...!
—¡¿Acaso pensaste que yo no era necesario?!
Todomatsu tragó saliva. Atsushi jamás le había gritado... Hasta hoy.
—N... No. Yo no...
—¡No te reserves todo sólo para ti! ¿Sabes qué? No me importa si crees que no eres importante, ¡yo quiero seguir ayudándote! Quiero estar contigo... ¡pero eres molesto! No me dejas acercarme a ti...
—¡Lo hago por tu bien, Atsushi-kun! Una persona nociva como yo simplemente no debería andar caminando por ahí buscando consuelo... No lo merezco. Ni siquiera yo me entiendo. ¡No quiero que nadie esté triste por mi culpa y mucho menos tú! Ya he generado muchos problemas... Incluso papá y mamá me odian. Quizá mis hermanos no quieran volver a verme jamás. Los decepcioné... ¡Y no quiero hablar de eso! Ese ya no es un lugar al que pueda volver. ¡Lo supe al ver sus ojos! —Su voz se quebró un poco.
—¡No te entiendo! ¿¡Entonces qué es lo que quieres!?
—¡No lo sé! ¡No me preguntes! No puedo entenderme muy bien. Sólo no quiero hacerte cargar conmigo más de lo que ya lo hago…
—¡Todomatsu! ¿Has escuchado cómo hablas? ¡No estás pensando!
—¡Ya te dije! ¿No? ¡Yo nunca pienso las cosas!
—¡Deja de comportarte como un tonto! ¡Necesitas darte cuenta de que lo que haces y dices está mal! ¡Estoy tratando de ayudarte! ¿¡Está bien!? —Atsushi sujetó a Todomatsu de los hombros, acercándolo hacia él para asegurarse de que lo mirara a los ojos—. ¡Y si sigues dándole la espalda al mundo y a la realidad no podrás seguir viviendo de la manera que tú quieres! Yo... ¡Yo también tengo miedo! ¡Así que no pienses que eres el único que sufre! Todomatsu... Yo ya pasé por esto una vez y estoy dispuesto a ayudarte con lo que quieras.
—No, no necesito que me ayudes. ¿No lo entiendes, Atsushi-kun? Incluso si tú estás conmigo... ¡incluso si tú estás conmigo no puedo volver a casa! Yo quiero volver a estar con mis hermanos y llevarnos bien como antes. Quiero ser el orgullo de papá y mamá... Y no quiero o necesito que vengas y me digas palabras de amor o algo así, ¡por qué no evitará que todos nos miren con asco como han hecho hasta ahora!
—¡Eso es precisamente lo que no debes hacer! ¡Tú te estás preocupando por ti mismo! ¡Tú...!
—¡¿Tú también?! ¿Tú también crees que hago todo por mí?
—¿Eh? ¿¡De qué estás...!?
—¡Ya basta! ¡No me entiendes! ¡No puedo seguir con esto! —Parecía a punto se echarse a llorar—. No puedo... Yo no era así... Yo no era así...
—¿Qué tanto balbuceas? ¡Todomatsu, yo...!
—¡Suéltame, me estás lastimando! —Se deshizo de las manos del mayor—. ¡Todo es culpa de este mundo! ¡De todo el mundo! Yo no debería estar aquí... Nunca he hecho algo que valga realmente la pena, y sólo he causado molestias a los demás. ¡Causando molestias a mis padres por lo que hacía o no hacía! ¡También haciendo sentir inferiores a mis hermanos y fingir tener amigos que realmente no me apoyaban! ¡Si tan sólo jamás hubiese intentado mejorar y no hubiese intentado hacer nada! ¡Si tan sólo me hubiese conformado con vivir como un nini junto a mis hermanos! Debí tratar de convencerme de que no necesitaba de nadie... y no sentir lástima por mí. ¡Si tan sólo no te hubiese conocido, yo...! —Calló. Se arrepintió de haber escupido la última frase.
—Cállate. Con eso basta...
Todomatsu agachó la cabeza con los ojos desmesuradamente abiertos mientras su corazón palpitaba fuerte y rápidamente. Se arrepintió de haber hablado. Y sobre todo, Atsushi se veía más enojado que nunca, aunque, también lucía triste. Jamás lo había visto así.
Sintió una firme oleada de miedo. Nunca habían discutido de esa forma. Incluso su tono era más alto que el que utilizó al discutir con su padre. Y Atsushi también se había exaltado e incluso se había comportado un poco grosero a comparación de su usual comportamiento cortés.
Quizá era sólo su imaginación, pero advirtió que los ojos de Atsushi se miraban un poco cristalinos. «Acaso él...?»
—Atsu... Atsushi-kun... Yo... No es lo que yo quise... —Tartamudeaba a causa del nerviosismo, poniéndose una mano en la sien para calmar la fuerte migraña que lo atacó. Trato de acercar su mano a una de las manos de Atsushi pero éste se apartó.
—No te acerques... Ya entendí. Si eso es lo que pensabas, no debiste jugar conmigo.
—N-No... es eso…
Atsushi caminó hasta el escritorio tomando su portafolio y se dirigió a la puerta.
—No te preocupes. Tienes razón. Lo mejor será que no estemos juntos, probablemente.
Sin más, el mayor se dirigió a la puerta de entrada.
—¿¡Eh!? No, no es... ¡No es cierto! Atsushi-kun... ¿A dónde...? —Todomatsu caminó rápidamente siguiéndolo, pero éste no le prestó atención. Atsushi se dirigió al garaje y salió en su auto a quién sabe dónde—. Atsushi... kun...
Todomatsu se dejó caer al suelo de rodillas, recargándose en la fría pared. Se quedó viendo el techo unos minutos, mientras las oleadas de dolor en su cabeza lo atacaban. Finalmente pudo volver a la realidad, y cuando menos lo esperó sintió cómo sus mejillas eran empapadas por lágrimas que caían de sus ojos. Entre llantos y gemidos de dolor llamaba desconsolado a Atsushi.
Probablemente era egoísta, pero en ocasiones como esa, podía jurar que era la persona que más sufría en el mundo.
—Osomatsu-niisan, Karamatsu-niisan... —Se quejaba y lamentaba, como si esperara alguna respuesta que jamás llegaría—. Choromatsu-niisan, Ichimatsu-niisan, Jyushimatsu-niisan... Alguien...
Se levantó débilmente. Anocheció y se acostó en el sofá con nada más que una simple manta en el piso de abajo. Seguramente cuando Atsushi llegara y subiera al segundo piso no lo notaría. Seguro se sentiría aliviado de no verlo ahí. Quizá ni siquiera quería verlo en la casa o quizá hasta lo echaría.
Se sentía como un fracasado. Ni siquiera en una situación así podía dejar de depender de alguien.
«Vayamos al pasado y volvamos a conocernos, Atsushi-kun».
Lloró hasta que se durmió. Era una horrible sensación que no había experimentado, aunque en su niñez, recordaba haber visto a Osomatsu hacerlo algunas veces a escondidas por razones que desconocía.
No creía cierto que hubiese sido mejor no haber conocido a Atsushi, pero aquella manera de expresar lo que sentía no fue la mejor y no podía resolverlo.
Se acurrucó con mucho frío en los cojines y quedó profundamente dormido.
«Desearía que el sol jamás saliera…»
Notes:
¡Comencé a escribir esta historia en noviembre del 2017 y ya estamos en octubre en 2018! Quería acabarla este año, pero se está extendiendo más de lo previsto y por lo que veo quizá dure mucho más. Si has leído desde el principio y ya estás aquí, ¡mil gracias! Estoy muy agradecida <3
Chapter 18: Vacío del alma
Notes:
Mi mente ahora es una tormenta.
Chapter Text
Un nuevo día comenzó. Las nubes eran grisáceas y el aire era frío.
Con trabajo Todomatsu abrió sus ojos, aún un poquito irritados, y se enderezó inspeccionando el lugar aún modorro. Le dolía un poco la nuca; seguro se había torcido en aquel incómodo sofá. Sonrió apenas un poco cuando miró a su blanquecina mascota en la jaula, pero al recordar lo de la noche anterior un dolor le recorrió por el abdomen, revolviéndole el estómago. Hizo un gesto de molestia y cerró fuertemente sus ojos, agachándose y abrazándose a un cojín.
—Ah... Lo olvidé.
Abrió y cerró sus ojos varias veces. Después se levantó y caminó trastabillando; sus pies le dolían a causa del frío, pues no traía calcetines. Se quedó de pie un rato en medio de la alfombra esponjosa de la sala y después miró hacia las escaleras. Suspiró y decidió subir, pero al estar ya en la planta de arriba recorrió sigilosamente los pasillos y se sorprendió al darse cuenta de que Atsushi no estaba en casa. Se preguntaba en dónde estaría o a dónde había salido ayer en la noche.
En realidad se dejó consumir por el enojo y tristeza. Atsushi tenía que volver a la oficina a entregar unos documentos y además seguramente tuvo que haberse quedado a trabajar toda la noche y mañana ahí como acostumbraba. Lo de siempre, sólo que lo olvidó.
Resopló y fue cabizbajo a lavarse los dientes. Después fue a la cocina a prepararse el desayuno. Atsushi no había cocinado nada esta vez porque estaba muy ocupado. Realmente lo estaba...
Se sentó a la mesa y comió lentamente un poco de nabemono que cocinó sólo para él. Apenas un pequeño plato. Creía que algo ligero lo tranquilizaría y quizá le daría un poco de calor en aquel frío día.
Pasó su día esperando a que Atsushi llegara, y cuando por fin lo hizo (hasta la noche) no se dirigieron la palabra. Todomatsu ni siquiera había volteado a verlo. Cuando Atsushi entró, lo miró en el primer piso de espaldas, con todas las luces apagadas, y la vista clavada completamente en la televisión. Atsushi sólo fue al piso de arriba sin decir nada, y sin tratar de ocultar que ya había llegado. Ni siquiera se molestó en decir dónde estaba...
Todomatsu había preparado la comida, pero Atsushi no fue a la cocina a buscar ni un sólo bocado. Se metió a su oficina de nuevo.
Los siguientes tres días continuaron así, de nuevo.
Todomatsu para el día siguiente despertó, se lavó los dientes y desayunó. Jugó con Pichi mientras pasaba el rato, y a veces dormía. Aún se encontraba mal físicamente, sin mencionar la inestabilidad emocional. Aquel día hubo una llovizna mañanera, lo cual hizo que se preocupara por Atsushi. No sabía si estaba sufriendo de frío, o si tan siquiera había desayunado... No lo sabía.
Pero algo sí sabía. Ahora no podía acercarse a él igual que antes. No después de haberlo ofendido de aquella manera imperdonable.
Ni una llamada telefónica. Ni un mensaje de texto. Ni un e-mail. Absolutamente nada. Estaba devastado. El día pasaba rápido y al oír el aguacero lo hacía transportarse más allá de la realidad.
—¿Tú qué crees que debería hacer? —dijo Todomatsu sonriendo, dirigiéndole la palabra al ave que ahora estaba en su hombro izquierdo con él en el sofá—. No puedo llamar a nadie para que venga por mí... —Inhaló y exhaló—. Porque después de todo, Atsushi-kun fue quién me buscó en algún lugar y me trajo aquí. Alguien ya vino por mí.
Parpadeó varias veces viendo el ventanal y después se levantó del sofá.
—Bueno —continuó hablando para el ave o quizá para sí mismo—, esforcémonos una vez más.
Dicho esto, preparó la cena para cuando Atsushi llegara. Tenía la esperanza de poder hablar con él, tan siquiera un poco. Aunque al pensar eso su corazón se agitaba y sus manos comenzaban a temblar. El sólo imaginar sus ojos serenos viéndolo fijamente y teniendo su rostro tan cerca del suyo lo ponía nervioso.
Meneó la cabeza varias veces cerrando los ojos. Al terminar, acomodó los tazones con el arroz y el curry en la mesa en sus respectivos lugares junto con los palillos. Curioso miró el reloj. Atsushi no tardaría en llegar.
Esperó y esperó, pero él nunca llegó. La comida en los platos se enfrió. Todomatsu permaneció ahí un poco más, impaciente, esperando ver a su amado entrar por la puerta, pero nunca pasó.
Él solo comió su plato con curry y se quedó ahí, viendo sin ver a la ventana.
Suspiró y se levantó después de recoger todo.
—Al menos hazme saber que estás bien... —susurró con los ojos llorosos.
Se tiró al sofá y se durmió, junto a su agobiante dolor de cabeza.
Cuando abrió los ojos, advirtió que ya debía de ser bastante tarde. No tenía idea de cuánto había dormido, pero ya no había luz en aquella habitación. Revisó la hora en su celular. Aproximadamente la una con cuarenta de la mañana.
Se enderezó un poco y entrecerrando los ojos pudo divisar entre la oscuridad un hilo de luz que se arrastraba por el piso, viniendo desde abajo de una puerta cerrada. Atsushi ya había llegado, y estaba dentro de su oficina de nuevo.
Con cuidado se acercó y pegó su oído a la puerta. Podía escuchar a Atsushi decir algo; al parecer hablaba por teléfono. Era verdad que estaba ocupado, pues sólo podía escuchar cosas sobre negocios, negocios y más negocios...
Aún con malestar fue a la cocina a tomar un poco de agua sigilosamente y volvió al sofá. No sentía la confianza de poder volver a la habitación de arriba junto con Atsushi. Creía que sería un acto horrendo el volver a dormir junto a él después de haber echado a perder parte de su relación. O quizá la relación misma.
Se abstuvo a considerarlo y se quedó ahí en la sala.
Todomatsu y Atsushi dejaron de dormir juntos durante los próximos días.
Atsushi llegaba bastante cansado y algunas veces sólo se pasaba de largo a la habitación o a su oficina. Ya sea para seguir con su trabajo o para dormir un poco. Y a pesar de no intercambiar ahora ninguna palabra y no compartir habitación ni pasar tiempo juntos, Todomatsu seguía preparando la comida.
Pero siempre por una u otra razón, Atsushi no llegaba nunca a la hora indicada ni se sentaba a la mesa. La comida permanecía sobre la mesa y se enfriaba mientras Todomatsu comía solo y seguía esperando. Ahora tenían días que no se sentaban juntos a desayunar, almorzar y cenar.
Atsushi al salir de casa, de vez en cuando llegaba rápidamente a cualquier tienda que se le cruzara por el camino y compraba cualquier cosa que mirase. Algunas veces algún pan de melón u otras veces algo de yakisoba instantáneo o comida rápida cualquiera.
No tenía siquiera tiempo para comer ni tiempo para él mismo. Aunque, poco le importaba lo que consumía.
Ya estaba demasiado exhausto con tan sólo ver la misma oficina gris en aquel aburrido edificio todos los días. Además, se sentía extraño cada vez que volvía a su hogar. No podía negar que Todomatsu lo había hecho sentir mal, pero, ¿qué era lo que pensaba? Ahora incluso estaba evitándolo quedándose a dormir en la sala todas las noches. ¿Eso qué significaba? Se sentía culpable por no poder pasar tiempo con él, pero ciertamente quería darle un tiempo y a veces se centraba en poder tardar un poco más en las oficinas. ¿Qué más daba? Incluso si volviese temprano, no tendría tacto con Todomatsu. Y si le preguntaba algo, seguramente lo evitaría o ignoraría de nuevo... No quería intentar algo y ser rechazado de nuevo. Se había esforzado demasiado, pero creía que quizá Todomatsu nunca abriría totalmente su corazón hacia él.
Atsushi se acostó en medio de aquella enorme cama fría, ausente del calor que emergía de aquellos dos cuerpos abrazados. Pero, ahora sólo estaba él ahí viendo hacia el techo en medio de la oscuridad. Teniendo en mente el rostro del menor, cerró sus ojos y se durmió.
Era la madrugada.
Al abrir los ojos nuevamente apenas y percibía un poco de luz. Estaba completamente nublado, como si el cielo hubiera conspirado con su estado de ánimo. Se dio una ducha con agua caliente, se lavó los dientes, se acicaló rápidamente y bajó al primer piso muy apresurado, pero tratando de ser silencioso.
Antes de salir con su portafolio en mano pasó rápidamente por el pasillo alumbrando parte de la sala y ahí estaba Todomatsu.
Lo observó unos instantes con la vista serena, indiferente. El más pequeño yacía ahí durmiendo profundamente con una expresión cansada y frunciendo un poco el ceño, quizá porque inconscientemente la tenue luz le molestaba.
Atsushi meneó la cabeza y sin perder más tiempo se giró hacia el recibidor, dispuesto a salir de su casa. Encendió el auto y frotándose los brazos para darse calor salió rumbo a la autopista. Se comenzaba a sentir un poco más oprimido.
En fin, llegó a la oficina y su jornada de trabajo comenzó de nuevo. El aguacero llegó y él sólo se limitó a pensar por un momento en Todomatsu, para después fruncir el ceño y seguir con lo suyo tras menear la cabeza para despabilarse.
Las horas pasaron lentamente. Después de que las pesadas y negras nubes se descargaron, los rayos del sol se abrieron paso entre éstas, iluminando los rincones de la ciudad.
En la casa Matsuno, los cinco hermanos miraban la televisión mientras comían naranjas, cobijados. Choromatsu decidió llamar a Todomatsu después de ya algo de tiempo. Como había mencionado anteriormente, creía que darle algo de tiempo era lo mejor, pero seguía preocupado. Debía de preguntarle algo, lo que sea. Por lo menos quería escucharlo.
Bajaron el volumen del televisor y estando todos atentos al teléfono que sostenía el tercer hermano esperaban la contestación del menor.
Hubo sólo un momento de silencio en la línea y después nada. La operadora.
Todomatsu aún posado sobre el sofá color vino, abrió sus ojos pesadamente y se incorporó al escuchar su teléfono sonar. Lo tomó entre sus manos y al ver el nombre de su hermano mayor en la pantalla hizo un gesto algo extraño y colgó.
Pero volvieron a insistir. Esta vez dejó perder la llamada.
—Rayos, ¿por qué no contesta? —bufó Choromatsu.
—Tranquilízate, seguro no escuchó —dijo Karamatsu.
—Debería contestar siempre su celular. Me preocupa un poco... —dijo Jyushimatsu con sus manitas entrelazadas y las mangas largas por encima.
—Yo digo que deberíamos de ir por él, Choromatsu —opinó el mayor, Osomatsu.
—Con esta lluvia impredecible no podemos. Además ni siquiera yo sé exactamente dónde está —aclaró Ichimatsu desganadamente.
—¿No sabes dónde vive su...? —Choromatsu calló y carraspeó un tanto nervioso. Sus mejillas se coloraron—. Su...
—Su acompañante de vida. —Rio Jyushimatsu.
—La verdad no tengo idea —dijo Ichimatsu—. Lamento no poder ayudar.
—Es el tipo de aquella vez, ¿verdad? —dijo Osomatsu.
—¿El que estaba con Totty en el hospital? Osomatsu, es obvio que... —Karamatsu hablaba serio.
—Lo sé —Osomatsu interrumpió a Karamatsu—. Pero incluso antes de eso ya lo había visto y apenas lo recordé. Aquella vez hace casi cuatro meses, cuando Totty llegó ebrio a la casa. Aquel tipo lo dejó hasta la puerta y aunque no bajé hasta el recibidor, pude verlo desde arriba de la casa. Observé cuando se retiraba en su auto hasta perderlo de vista. Ichimatsu, tú lo viste más de cerca porque tú fuiste por Todomatsu preocupado. Dime, ¿qué pensaste? —Osomatsu acabó la pregunta con una sonrisa.
Todos voltearon a ver al cuarto hermano.
—Te diré qué pensé: nada —dijo Ichimatsu con un tono arisco—. En aquel entonces, no hacía más que preocuparme por Todomatsu. Yo tampoco confiaba en Atsushi-san del todo, pero aun así confié en mi intuición de que Todomatsu podría cuidarse solo, aunque ahora ya no lo haré más. Como todos, él necesita ayuda.
—¿Atsushi? ¿Así se llama? —preguntó Choromatsu, abriendo un poco los ojos.
—Ah, sí. Lo siento. Con toda esta conmoción olvidé decírselos. No lo hice, ¿verdad? Bueno, incluso si lo hice, debieron olvidarlo —exclamó Ichimatsu.
—Pero aun así, me parece haberlo visto de algún lugar... Cuando lo vi de espaldas en el hospital me pareció conocido —dijo Jyushimatsu, poniendo una mano en su boca mientras pensaba.
—¿Eh? —dijo Ichimatsu.
Jyushimatsu trató de recordar, y como si fuese un choque eléctrico, un vago recuerdo llegó a su cabeza.
—¡Oh! ¡Lo tengo!
—¿Qué, my sunshine? —preguntó Karamatsu.
—¿Acaso Atsushi-san no es el mismo Atsushi que...?
Fue interrumpido. Era su madre tocando la puerta de la habitación.
—Eh... Adelante —accedió Choromatsu.
Matsuyo entró a la habitación y al ver a todos sus hijos reunidos en bolita no pudo evitar cuestionarlos.
—Ninis, ¿está todo bien?
—Intentamos hablar con Todomatsu —dijo Osomatsu de golpe— pero no contesta el teléfono.
—Ya veo... —dijo Matsuyo con tristeza.
—Mom, tú dijiste que...
—Lo sé, Karamatsu. Vengo a decirles algo al respecto. Algo acerca sobre el caso con Todomatsu —aclaró la mujer antes de cambiar el tema—. De hecho, me alegra que ustedes lo hayan mencionado.
—¿Eh? —exclamaron al unísono.
—Ayer por la noche intenté hablar con su padre de nuevo, aunque al principio no quería escuchar... Justo como aquel día.
—¿Y? —preguntó Ichimatsu.
—Bueno, parece ser un poco menos accesible que aquella vez. Está desganado, ¿entienden? Pero supongo que es normal, no todos los papás opinan lo mismo de las mismas cosas. Creo que era lo que se podía esperar.
—¿Qué le dijiste, mamá? —cuestionó esta vez Osomatsu.
—En pocas palabras, traté de hacerle saber lo valioso que es Todomatsu y que por ser o hacer lo que declaró aquel día, él no es menos que nosotros. Pero... —Parecía que su madre se echaría a llorar—. Mi bebé... No debí dejar que esto pasara. Lo siento, ninis, yo dije que hablaría con su padre sobre esto para darle remedio, pero al final no he podido hacer nada...
—Don't worry, mom! Ya verás que lo haremos cambiar de opinión. Además, ¡nosotros somos aliados de Todomatsu!
—¡Lo somos! —dijo Jyushimatsu ante el comentario del segundo hermano.
—Aunque, a Todomatsu lo que más le importa es la opinión de papá —bufó Osomatsu.
—Bueno, puede que parezca así, pero también le importa lo que digamos nosotros, ¿no? —dijo el tercero.
—¿Por qué lo dices? —Ichimatsu apenas balbuceó.
—Bueno —contestó Choromatsu—, porque cuando corrimos tras él nos miró con preocupación y dijo que no quería que lo "ayudáramos" dándole una plática acerca de lo que debía o no hacer. Eso es todo. Lo que él quiere es ser libre...
—Ya veo. Pero él entiende mal las cosas —gruñó Osomatsu—. Porque a pesar de que nosotros nunca le dijimos nada malo en la cara, corrió con sólo vernos. Era normal que pondríamos cara de sorpresa, ¿no? Pero eso no quiere decir con convirtamos una situación como esta en una calamidad. Él no deja que nos le acerquemos y eso es lo que más odio de él. ¡Es un idiota! Él no quiere saber nada de nosotros. ¿Cómo demonios puede saber si lo odiamos o no si ni siquiera contesta el teléfono? Necesitamos hablar... ¿Ni siquiera va a intentarlo?
Hubo silencio tras aquel rudo comentario.
—Pues, es verdad... —admitió Karamatsu.
—¿Cómo podemos hacérselo saber? —preguntó Jyushimatsu con una sonrisa nerviosa, dirigiendo la vista hacia Ichimatsu aunque éste último no tuvo reacción.
—Por ahora lo único que podemos hacer es hablar con papá. Lo demás ya lo veremos después —ordenó el tercero.
—¿Papá sigue en casa? —preguntó Ichimatsu.
—Sí, aunque se irá a trabajar en unos minutos... —dijo su madre, encogida.
—¡Vamos con él! —dijo Choromatsu saliendo de la habitación tan rápido como pudo. Incluso sintió que casi le daba un calambre en el pie, pero se reincorporó apoyándose en la pared y siguió corriendo.
—¡Choromatsu-niisan! —Jyushimatsu corrió seguido de él.
El resto salió corriendo igual y al último quedó Karamatsu, que se acercó lentamente hacia su madre y la abrazó con fuerza.
—Gracias, mommy. Ahora déjanos el resto a nosotros. —Le dio un beso en la mejilla y fue tras sus hermanos también.
Su madre sonrió con las mejillas ruborizadas, quedándose sola en aquella habitación.
Los hermanos llegaron hasta la entrada de la casa bajando rápidamente por las escaleras, alcanzando a su padre Matsuzo, justo en el recibidor.
—¡Papá! —Lo alcanzó Choromatsu—. ¿Podemos hablar un momento?
—¿Ahora?
—Sí, este...
—¿Qué le has dicho a mamá? —preguntó Karamatsu.
—Bueno, ¿y eso a qué viene?
—Papá, mamá está preocupada, y... nosotros también.
—Sé claro, Karamatsu. ¿Qué dices? —preguntó el hombre.
—¡Hablo sobre Todomatsu! Papá, él no puede volver por culpa tuya... Lo que dijiste fue...
—¿Qué? Si tienes algo que decir dilo de una vez.
—Papá, ¡Todomatsu no se encuentra bien y hace tiempo que no hemos podido verlo ni estar en contacto con él! Estamos preocupados. Pero, necesitamos tu aprobación y así iremos juntos a buscarlo y hablaremos, ¡como una familia!
—No hay nada de qué hablar. ¿Qué buscan exactamente?
—Es broma... ¿verdad? —dijo un trémulo Choromatsu.
—¿No es obvio? Papá... ¿Cómo puedes rechazar a uno de tus hijos? —balbuceó Karamatsu.
—¿Qué era lo que esperaban? Era obvio que si uno de ustedes echaba a perder su vida sólo por irse a vivir con un sujeto, estaría defraudado. Es una pena... ¿Qué clase de padre desea algo así? ¿Es acaso algo a lo que se le deba aplaudir?
—¿Ese es el problema? —dijo Karamatsu.
—Papá, lo que Todomatsu haga no es culpa tuya. Él ya es un adulto como todos en esta casa y sabe tomar sus decisiones. Si el problema es que a Todomatsu "no lo criaste así", puedes olvidarlo. Porque, a pesar de que a todos nos criaron igual seguimos siendo todos diferentes... —opinó Ichimatsu.
—Papá, por favor escucha a mis hermanos. Necesitamos ayuda tuya, no podemos ayudar a Totty nosotros solos —suplicó Jyushimatsu.
—No lo entiendo... ¿Cómo pueden perdonar a su hermano después del terrible comportamiento que tuvo? Todomatsu no es normal... Nunca lo ha sido.
—¡Papá, no digas eso! —exclamó Osomatsu.
—¿Qué, Osomatsu? ¿Tienes algo que decir? Lo que habías dicho aquel día no es diferente a lo que acabo de decir —riñó Matsuzo.
—Ya lo dije varias veces... No estaba pensando. Y no me había dado el tiempo de meditarlo, y me di cuenta de que me equivoqué. ¡Cometí muchos errores! Por eso, ahora sólo quiero ayudar a mi hermanito con lo que pueda —aclaró el primer hijo.
Matsuyo estaba observando desde las escaleras la escena, aunque no podían verla a ella.
—Todomatsu debe reflexionar acerca de lo que ha hecho mal. Tarde o temprano volverá. Este era el lugar donde mejor le podía ir...
—Papá... —Choromatsu intentó hablar con su padre pero fue interrumpido.
—Choromatsu, déjalo. Nada de lo que digan va a hacerme cambiar de opinión. ¿Cómo podríamos decírselo a los demás? El simple hecho de que tenga esas preferencias ya le ha arruinado gran parte de su vida. No, más bien, le ha arruinado la vida entera. Todo lo que hicimos por él no fue más que una pérdida de tiempo y esfuerzo.
—¡Papá! ¡No digas eso! ¡Totty es una buena persona! —Jyushimatsu alzó considerablemente la voz.
—¡Ya basta! Ustedes están peor por prestarle tanta atención a un necio como él. Muchachos, Todomatsu necesita ayuda. No es como todos nosotros, él está... enfermo. Y no necesitamos comprender nada. Él debería siquiera sentir algo de empatía por nosotros. Sin necesidad de que hagamos algo ya volverá. Pronto se le ofrecerá, así como esta vez vino a casa. Así que pueden quedarse aquí sin hacer nada como siempre hacen.
—¡Pero, pa...! —Karamatsu fue interrumpido.
—Esta es mi última palabra, adiós. Llegaré tarde al trabajo.
Dicho esto, el hombre salió de la casa.
—No puede ser... —balbuceó Choromatsu, e Ichimatsu lo miró con impotencia, así que se limitó a posar una de sus manos en su hombro.
—Qué porquería... ¿Cómo todo se volvió así? —bufó Osomatsu.
—Osomatsu-niisan.
—¿Qué, Jyushimatsu?
—Gracias por... decir lo de antes.
Osomatsu frunció el entrecejo.
—Ah, ¿eso?
—Sí —Jyushimatsu asintió—. Me da la sensación de que has cambiado para bien. ¡Gracias, hermano! Necesitábamos de ese hermano mayor.
Osomatsu un poco ruborizado sólo se frotó la nariz con su dedo índice como le era costumbre, desviando la mirada.
—No se preocupen, brothers. Lo seguiremos intentado.
—Así será —afirmó Ichimatsu muy decaído.
Matsuyo apretó los dientes y se encerró en su habitación. Más tarde salió de compras al mercado local; no era el mejor clima, pero lo haría antes de que la lluvia llegase de nuevo. Todos ordenaron sus cosas, se vistieron con sus sudaderas o alguna otra chamarra por encima y después de su madre, quizá como por una hora, salieron a tomar algo y quizá también irían a comer cualquier cosa por ahí.
La casa quedó sola.
El tiempo pasaba lento aquel día para todos, y más para Atsushi que se encontraba en aquella oficina gris y fría desde temprano, y que seguramente abandonaría hasta la madrugada de nuevo.
Parecía como si todos le llevaran la contra. Todomatsu apenas abrió sus ojos estando acostado boca arriba y sintió un nudo en la garganta que le provocó algo de dolor. Tomó su celular y lo revisó.
Había miles de llamadas pérdidas de sus hermanos. Revisó nuevamente, y además de llamadas, mensajes que no se molestó en abrir. Temía que hubiese algo escrito ahí que pudiese desear no haber leído. Aunque algunos le llamaron la atención. Había algunos mensajes de Sacchi y Aida como si se hubiesen puesto de acuerdo para enviarle un mensaje al mismo tiempo. Le preguntaban que cómo estaba, o en dónde, qué hacía, cómo le iba, cómo se sentía...
No tuvo que pensar mucho. Creyó que quizá una respuesta superficial como las acostumbradas estaría bien. Después de todo, no podían verle el rostro detrás de aquella pantalla, ¿verdad? Además de todo, no había nada que alguien pudiese hacer para ayudarle.
"¡Estoy bien! Muchas gracias por preocuparse".
Cualquier cosa bastaba.
Se enderezó, pues ya era tarde. Tenía que comer algo y seguir con el día. Pero, ¿qué haría?
Se lavó los dientes y cepilló su cabello. Al ir a la cocina se sentía culpable por intentar tomar algo para comer, además de que no tenía mucha hambre. Tomó una pera del frutero solamente, quizá con eso bastaría hasta mucho más tarde.
Era un día normal como los anteriores, aunque aburrido y triste. Como solía ser y lo había sido durante las últimas semanas.
No podía dejar de pensar: «a qué hora llegará Atsushi-kun a casa? ¿Cómo estará?»
Pero fuera de eso, se sentía vacío. Y no creía que Atsushi lo necesitara para nada. Después de todo él ya había vivido varios años solo. Casi toda su vida, a diferencia de él que siempre había estado junto a sus excéntricos hermanos.
No hacía falta. Por ende, estaba de más ahí.
Se sentía roto. Haciendo de lado la pésima situación con su familia, al ver la fría mirada de Atsushi sentía que se le ponía la piel de gallina y los pelos de punta. Nunca lo había visto así.
Su relación comenzó de la nada, como algo mágico y bonito, pero poco a poco aquel apego se deterioró.
Conforme pasaba el tiempo se sentía un poco más distante. Y aunque debía ser lo contrario, había algo ahí que no lo dejaba ser él.
Como siempre, sacó al pajarito blanco de la jaula y jugó un rato con él. Era su único amigo en las buenas y en las malas.
Acarició su suave plumaje y después de algunas horas lo encerró de nuevo. Se tiró un momento en la cama.
Creía y sabía que no debía de estar ahí, pero no le importó. Se metió en la cama, se enrolló en las sábanas blancas y agachando su cabeza lloró.
Se sentía muy impotente ante todo aquello que le estaba sucediendo. No sabía qué hacer y no sabía cómo actuar. Estaba muy asustado, todo le aterraba.
Tenía miedo de decir algo y volver a meter la pata como ya lo había hecho anteriormente, o de callar algo y de igual manera echar a perder las cosas.
No estaba seguro acerca de lo que debía hacer y eso ya no le permitía pensar correctamente.
No estaba feliz con la vida que estaba llevando y al estar abrumado no hacía más que deprimirse en silencio y soledad.
Los hipidos pronto aparecieron y aunque no le permitían respirar bien, no hizo el esfuerzo mínimo por callarlos. Temía llorar a cántaros y sollozar sin temer por que alguien lo escuche...
Nunca lo hacía por vergüenza hacia el mismo, y la posible repugnancia que le podría provocar a su consciencia, pero esta vez se dio el lujo se hacerlo. Se dio el lujo de llorar todo lo que quería, y lo que pudiera. Dejaría que las lágrimas empaparan su rostro con libertad. Permitiría que aquellos lamentos y gemidos de pena y dolor salieran de su garganta hasta que se secara y no quedara más que dolor en ella...
Se aferró a las sábanas y lloró mucho tiempo más. Había momentos en los que se calmaba, y de repente cuando cualquier otro recuerdo vago pasaba por su cabeza, los sollozos volvían de nuevo. Su nariz y mejillas se tornaron rojas, al igual que sus irritados ojos de bonito color miel.
Después de estar varias horas llorando y ahogando las penas, se levantó de la cama. Aún había luz entre las nubes, pero parecía que pronto llovería. Una extraña combinación, pues los rayos del sol se abrían paso imponentes entre las grisáceas nubes.
Salió al balcón a sentir la brisa fresca. Levantó su vista hacia el cielo mientras se sujetaba del barandal, con sus ojos cerrados. Inhaló y exhaló el aire helado.
Después volvió tranquilo adentro.
Tendió bien la cama sin dejar rastro alguno de que había estado ahí. Limpió todo lo que había desordenado.
3:32 pm.
Caminó por toda la casa inquieto, pensando en todo y a la vez en nada...
Se quedaba en ratos viendo hacia el suelo, fijamente a sus trémulos pies, y otros ratos mirando a su celular deseando llamar a alguien, pero no lo haría.
Sin poder hacer nada más, aunque era temprano, preparó la comida para Atsushi. No podría evitar que se enfriara, pero al menos trataría de mantenerla calientita lo más que pudiera. Sirvió la comida en una caja para almuerzo y la envolvió en una furoshiki cuidadosamente.
Cocinó algo de arroz con curry, y aunque era algo muy sencillo, sabía que a Atsushi le gustaba mucho, así que lo hizo con mucho cariño.
Colocó la cajita en la mesa color marrón y se retiró. Era algo precipitado, pero no podría esperar por mucho a Atsushi...
Se quedó estático en el pasillo.
Se tronaba los dedos de las manos con nerviosismo y después sin tener una razón fue a la oficina de Atsushi. Bajó por las escaleras sin ninguna prisa y buscó entre los papeles.
Aquella habitación se sentía muy sola. Movió algunas cosas sin desordenar nada. No sabía qué era lo que hacía y no sabía por qué lo hacía...
Pero, deseaba encontrar algo incluso en el último momento. Algo que no supiera, para bien o para mal. Algo que lo pudiese hacer sonreír, pero no había nada. Curiosear era una mala costumbre suya.
—Es cierto. No tienes nada que ocultarme, Atsushi-kun.
Susurró para sí mismo poniendo una mano en su frente con pesar. Atsushi y él ya llevaban más de medio año saliendo y aun así parecía que todo pasaba demasiado rápido. Temía que aquellos momentos jamás volvieran... Y en ese plazo de tiempo, Atsushi logró mostrarle y enseñarle todo sobre él. Pero, Todomatsu no podía y no se dejaba. ¿Por qué? Todo por miedo.
Se sentó en la silla frente al escritorio y dejó reposar su cabeza sobre éste, recargándose a su vez con sus brazos cruzados.
Tomó su celular de nuevo y miró aquella fotografía que se había tomado con Atsushi. Apenas torció un poco los labios al verla. Suspiró y presionó el celular contra su pecho como si estuviese abrazando a su amado.
Tomó una hoja que salía de una carpeta. Al parecer era el horario de trabajo de Atsushi, que por lo que se veía no era respetado. Seguramente llegaría hasta la madrugada.
Pensó por unos segundos y se enderezó. Tomó una hoja de papel y un bolígrafo. Escribió algo en ella. No duró mucho.
Después acomodando todo tal y como estaba salió cerrando la puerta despacio con la hoja en mano. También dejó su celular dentro de la oficina sobre el escritorio.
Fue y acomodó la hoja en la mesa de la cocina, justo al lado de la cajita con comida que había preparado momentos atrás. Quería estar seguro de que Atsushi la viera.
Se dirigió a la entrada y estando justo en frente del recibidor se colocó un abrigo algo grueso, y sin llevar nada más consigo, sujetó la chapa de la puerta para abrirla, pero algo no le permitió hacerlo.
Estaba olvidando algo.
Subió un poquito apresurado hasta el último piso y sacando al ave de la jaula, Pichi, le dio un beso en el lomo sujetándolo con las dos manos. Se dirigió al ventanal, abrió, caminó hasta el balcón, y abriendo sus manos gentil y lentamente permitió que el ave emprendiera vuelo.
—Supongo que al mantenerte aquí encerrado te sentías igual que yo. Lo siento, no fui capaz de comprender…
Perdió de vista al pajarito entre las casas y árboles. Nunca lo volvería a ver.
Cerró el ventanal. Pasó cerca de un espejo que había en la sala y al verse apartó la mirada con desagrado.
De nuevo caminó hasta la entrada y echando un vistazo al interior de la casa, melancólico, cerró la puerta. Caminó hasta el portón y sin voltear de nuevo atrás siguió su camino.
De ser posible le gustaría ver a Atsushi en aquel momento, pero claro estaba que no se podría. Y no podía esperar, porque al verlo estaba seguro de que su corazón se rompería más. Y no sabía qué debía decir para reparar algo tan grave como un: "Si no te hubiese conocido".
Estuvo fuera por fin. El aire se sentía grotescamente helado. La casa estaba realmente cálida en comparación con el exterior, y aunque sentía aquel frío hasta sus huesos, no volvió.
Había algo que debía hacer.
Chapter 19: Mirando al cielo
Notes:
¿Saben qué es lo bonito de describir escenarios? Que no importa que todos leamos exactamente lo mismo… Al fin y al cabo, cada quien tiene una imagen distinta en su cabeza.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
4:16 pm.
Caminaba solo por la orilla de la húmeda banqueta. Comenzó a hacer frío, así que se aferró a aquel oscuro abrigo, abrazándose a sí mismo mientras avanzaba lenta y firmemente.
Miró hacia el cielo. La luz se estaba comenzando a desvanecer y las nubes cargadas se comenzaron a juntar. Y aunque sabía que la lluvia llegaría pronto, no se molestó en apresurar su paso. La suela de sus zapatos se pegaba con el piso y se sentía cada vez más pesado. Volteó hacia atrás sólo porque sí, y notó que ya había avanzado bastante. Había salido de aquella pequeña privada donde estaba la enorme casa de Atsushi. Realmente era enorme, incluso se notaba desde lejos.
Por un momento se sintió muy mal. Extraño. Más de lo acostumbrado, porque casi siempre que salía de aquella casa era para comprar los ingredientes de la cena, y anteriormente, hace un mes probablemente, lo hacía para acudir a su trabajo, el cual ya no tenía. Siempre teniendo la idea de que regresaría. De que regresaría junto con Atsushi y pasarían un momento agradable juntos.
Pero esta vez era diferente, pues salió por otra razón.
Siguió caminando a pasos lentos. Caminó por el frío concreto, y una vez que perdió de vista la enorme casa, se sintió un poco más seguro de lo que estaba haciendo.
Mirando con ojos serenos a las personas que pasan de aquí para allá, desviaba la mirada buscando encontrar cualquier detalle. Algo que lo hiciera sonreír, pero nada.
Un poco antes de llegar a la ciudad, en las pequeñas colonias, había varias personas por todos lados corriendo de un lado a otro, buscando resguardarse de la lluvia que prontamente se vendría. Algunos corriendo con las bolsas en las manos de compras que apenas habían hecho, estudiantes de primaria y secundaria corriendo hacia sus casas, las aves escondiéndose en los árboles, los vendedores cerrando las puertas de sus locales y los autos conduciendo con cuidado por el bulevar.
Volteó al cielo de nuevo. A pesar de las nubes grises, era tan brillante que no podía abrir los ojos completamente sin fruncir el entrecejo. En efecto llovería. Pero, sin importarle siguió avanzando como cualquier otro día con cualquier otro clima.
Miró los edificios de oficinas. Ninguno era el de Atsushi, pero si caminaba algunas cuantas calles más, seguro llegaría. Pero estando frente a él, ¿qué haría? Se quedó pensando mientras veía los autos avanzar por la carretera y meneando la cabeza, se desvió. No era el lugar al que quería llegar, y teniendo en mente la esperanza de poder verlo otra vez, no podía dejar de pensar en cosas malas. No podía hacer nada ya.
Una vez cruzando la calle, sin darse cuenta llegó a la estación.
No sabía qué estaba haciendo, y aunque pensó en meterse al abarrotado vagón, desistió. Se quedó plantado frente a éste, y abriendo un poco los ojos, asintió. Debía salir de ahí lo antes posible; había muchas personas.
Al salir de la estación y liberarse de todas aquellas personas que pululaban alrededor, miró cómo el cielo estaba notablemente más oscuro.
Los tonos naranjas de la luz del sol chocando con las edificaciones habían desaparecido. Era una pena que aquel día fuera así.
« Como el día en que conocí a Atsushi-kun. Este mismo cielo... Este mismo ambiente » .
Miró cómo las luces de algunos locales se iban encendiendo. Las luces de neón y la iluminación local también...
Se acomodó aquel grueso abrigo de nuevo y siguió caminando, alejándose de la ciudad. Quizá caminó durante cuarenta minutos viendo cualquier cosa que hubiese por su camino. El aire helado comenzó a soplar con fuerza, aunque por suerte, a su dirección contraria. Poca atención prestaba al cansancio que manifestaban sus piernas.
No pasó mucho cuando se dio cuenta de que había salido de la ciudad. No estaba en el centro de Tokio, y a decir verdad, estando fuera de ese atiborrado lugar se sentía más seguro.
Seguramente sus hermanos estaban al otro lado de la ciudad.
Siguió caminado por una calle más tranquila. No había muchos autos y no había absolutamente ninguna persona andando a pie aparte de él.
Oscurecía temprano.
De pronto, una gota de agua cayó y resbaló por su mejilla. Alzó la vista instintivamente y la bajó. En efecto había comenzado a llover, pues el suelo se llenó de gotas que caían consecutivamente. Pero poco o nada le importó. Caminó más, sin importarle si se empapaba en el futuro inmediato.
Primero una tras otra gota, después de pasar a ser suaves cayeron más y más rápido, hasta que pronto aquello se convirtió en un firme aguacero. Se cubrió la cabeza con las manos, y después sin importarle nada más se dejó empapar por completo por el agua fría.
Atsushi salió de la oficina temprano como resultado de su arduo esfuerzo. Así que, se dirigió a su casa con prisa antes de que la lluvia se volviese una molestia.
Todomatsu siguió caminando firmemente. El ruido de la lluvia no lo dejaba escuchar nada más. Se colocó el saco sobre la cabeza, pues el agua lo estaba lastimando. Los autos pasaban cuidadosamente por la calle y a él sin importarle siguió.
De pronto le pareció ver entre la brisa y el agua la silueta de una persona, pero le pareció que sólo era parte de su imaginación y lo ignoró. Siguió caminando. Se quedó de pie unos instantes mirando hacia en frente sin más, con sus ojos serenos y sus manos heladas aferradas al saco. Esta vez decidió evadir el metro y fue en busca del tren tradicional, donde no habría tanta gente observando.
Caminaba tranquilo, aunque sus latidos comenzaron a acelerarse. Unos metros frente a él estaba la vía del tren.
Se quedó estático por unos momentos. Sabía bien por qué estaba ahí...
Se acercó con cuidado. Estaba a tan sólo dos metros de distancia.
Estaba cansado de vivir de aquella forma. Siempre preocupado por pensar en lo que aún no sucedía...
Incluso, creía que aunque Atsushi le había tenido compasión en algunas ocasiones, no podría volver a verlo. Porque, seguramente ya se había dado cuenta de cuán desagradable era. Lo mismo con sus padres; lo odiaban por ser algo que él no eligió. Por algo que él siente y que en instantes lo hizo feliz. Y sus hermanos..., bueno, ellos eran todos muy diferentes unos con otros. Pero sabía que por más que hablara y tratara de justificarse, no lo entenderían. Ahora tenían más razones para rechazarlo.
"Eres una persona repugnante. No quieres que te entendamos. Eres un egoísta. Eres un cobarde, inútil, presumido. No vales nada", eran algunas cosas que resonaban en su cabeza.
Sentía miedo volver y seguir con la misma vida monótona que no le prometía ni un sólo momento de felicidad. Volver y sentir miedo una vez más por lo que hacía, por lo que era, por lo que pensaba o decía... Tenía miedo. Estaba cansado de tener que llorar solo en medio de la oscuridad cuando ya nadie lo escuchaba y no le prestaban atención. Cansado de que cuando un amigo le preguntara cómo estaba, respondiera "bien" sin ningún problema, ocultando todo lo que de verdad quería decir. Estaba devastado por no poder ser útil, por no tener trabajo y tener un carácter que ni él mismo soportaba, y no entendía siquiera por qué...
Temía no tener a nadie con quién hablar con seguridad. Temía depender de alguien, y a su vez, de caminar solo por el mundo.
A pesar de estar con Atsushi, seguía teniendo miedo. Porque no se habían dado el tiempo suficiente para conocerse, para hablar de todo lo que les gustaba o atormentaba. No pasaban el suficiente tiempo juntos y aunque le daba pena admitirlo, sentía vergüenza al estar muy cerca de él. Creía que no merecía un hombre tan amable como él. Sabía que debía hablarle, pero siempre que lo miraba, al ver sus ojos podía ver por las ventanas de su alma. Se sentía intimidado por estar junto a alguien tan perfecto.
Al estar a su lado se sentía protegido y a la vez intimidado. ¡Aunque se sentía bien al estar junto a él! Pero, ahí estaba de nuevo eso: no podía volver.
Nada volvería a ser como antes.
Desearía que hubiese un botón que lo regresara al pasado y pudiera corregir todo lo que hizo mal. Si es que, había hecho algo mal.
Sólo se enamoró de alguien por primera vez. Y aunque jamás se imaginó que su primer amor sería un muchacho, se sintió tan feliz... Incuso él aceptó que cuando lo supo, no quería aceptar que estaba enamorado de Atsushi, pero sabía que su corazón realmente comenzó a latir aquel día.
Sólo había hecho eso. Y el mundo lo odió sólo por eso.
Había dado todo de sí y ya no podía más. No había algo que le indicara que algo podría enmendarse y eso lo metió en el abismo donde ahora estaba.
Se acercó a las vías que comenzaron a temblar por la vibración del tren aproximándose. Venía desde lejos, pronto llegaría.
Quería seguir sintiendo la calidez en sus manos. Quería sentirse cálido entre los brazos de Atsushi y al recargarse en su pecho escuchar su palpitar. Pero eso no sería posible nunca...
Se había decidido. Incluso llegó a pensar que acabar con su vida ahí sería lo más inteligente antes de que las cosas pudiesen empeorar y tuviera que irse acabando de una manera dolorosa. Miraba al cielo anhelando por ayuda. Pero nada podía cambiar. Ya estaba ahí y había tomado una decisión.
Y aun estando ahí y estando consciente de que serían sus últimos momentos de vida, seguía temblando de miedo. Porque después de todo, él no quería morir. Sólo quería ser salvado.
Alguien caminaba cerca de ahí con su paraguas en manos. Ese chico se quedó viendo unos segundos a Todomatsu con curiosidad. La misma silueta que figuró Todomatsu momentos atrás.
Este chico al ver de espaldas a su amigo caminó con total calma. Debía confirmar que se trataba de Todomatsu. Pues aun teniendo el saco encima, lo reconocía a como sea. Aunque, se extrañó al verlo todo empapado a diestra y siniestra. Parecía no importarle, y el verlo ahí plantado frente a las vías del tren le hizo preguntarse por qué no sólo cruzaba de una vez al otro lado o sólo regresaba.
Pero, ya no le daría tantas vueltas.
Futsuumaru decidió acercarse a él. No era un escenario muy agradable, pero hacía mucho que no lo veía, mucho menos que no le hablaba.
El tren se acercaba.
Todomatsu metió su mano por el cuello de la camisa hasta su pecho, teniendo entre sus dedos el dije de la cadenita que le regaló Atsushi. Siempre la traía puesta... Incuso era irónico que aquel fuera una figura de un corazón roto. Como debía de ser, ¿no? O quizás algo así pensaba el destino.
Apretando el collar en su puño contra su pecho, no pudo evitar soltar una lágrima que se perdía junto al resto de agua que corría por su rostro.
Temía llorar de nuevo, porque sabía que una vez que comenzara no podría parar. Pero ahí estaba de nuevo. Se llevaría consigo aquel sentimiento como el último de sus días.
Mirando por última vez el dije, lo guardó de nuevo. Se volvió a aferrar al abrigo. Estaba a tan solo tres pasos de las vías.
No tenía sentido seguir con su vida. No quería llevar el mismo ritmo de siempre y además de eso no podía. Temía dejar de respirar, dejar de sentir...
Pero de aquella manera podría liberarse de todo su sufrimiento. No tenía otra opción, o al menos fue lo único que se podía permitir pensar en ese momento. Tomó aire, y abrazándose a sí mismo, con su cuerpo trémulo, avanzó quedando al tope de las vías.
El ritmo de la lluvia aumentó, provocando que las pesadas gotas del agua helada calaran como cuchillos. Parecía como si se hubiese ido a nadar a un río y hubiese salido a caminar tal cual se encontraba.
Se quedó estático unos segundos. El tren venía, cada vez se miraba menos pequeño. Suspiró mirando al cielo, sin importarle que las gotas de lluvia se clavaran despiadadamente en su fino rostro.
—Oye... ¡Todomatsu! —Futsuumaru reaccionó. En un principio no sabía exactamente qué estaba pasando, pero pareció comprender la situación poco después. No se veía bien en lo absoluto. A pasos apresurados se acercó teniendo cuidado con no resbalar por el concreto encharcado—. ¡Todomatsu! ¡Oye! ¡Todo...! —Siguió intentado captar su atención, pero no lograba nada. Se detuvo. Al parecer no lo escucharía desde tal distancia, y en aquella situación, probablemente aunque lograra escucharlo sólo lo ignoraría. El muchacho de cabellos claros decidió acercarse más, hasta que sin darse cuenta comenzó a correr—. ¡Oye!
Debía haber algo que pudiera hacer. Corrió tan rápido como pudo. Cruzar los charcos sin mojarse era difícil, pero poco le importó. Aún sostenía el paraguas con una mano y con la otra se impulsaba a seguir corriendo.
—¡Todomatsu! ¡Todomatsu! ¡Oye! ¡Voltea! —La verdad, nunca confirmó que se tratara de su amigo, pero una corazonada le dictaba que así era, y aunque no lo fuera, ¿cómo no haría nada en una situación así? No podía cruzarse de brazos—. ¿¡Qué estás haciendo!? —Por segundos creyó que no podría hacer nada, y por más que corría, el aguacero que ahora era una tormenta, parecía que no le dejaría avanzar—. ¡Todomatsu! ¡Muévete de ahí! ¡Escúchame!
Era inútil, jamás lo escucharía.
El ruido del agua que las nubes descargaban impactándose contra el suelo era feroz. Era estrepitosamente agobiante. Además, el sonido del tren aproximándose no lo dejaría escuchar nada a su alrededor y el claxon era inimaginablemente aturdidor.
No habría manera...
El tren venía a su máxima velocidad y debido a la neblina el conductor no podría verlo ni frenar antes de tiempo. No había tiempo de nada.
Estando a escasos metros de distancia, aun mirando hacia el cielo, Todomatsu siguió ahí plantado sin intenciones de moverse.
La bocina del tren se escuchaba cada vez más cerca.
El tren estaba a punto de impactarse contra su cuerpo. Sabía que aunque fuese por un instante, sentiría dolor. Mucho dolor... Pero, creía que el dolor emocional era aún mayor que el dolor físico. Por ello estaba ahí parado, y estando consciente de que aquel era su último día de vida, no desistiría. Porque así lo eligió. Porque así debía de ser. Porque no había opción.
Inhaló y exhaló, queriendo aprovechar la dicha de poder respirar, aunque sea por una última vez.
En ese momento, se arrepintió de haber pensado días atrás: «desearía que el sol jamás saliera», porque ahora lo que más quería era sentir la calidez de los rayos del sol en su rostro una vez más.
Se odiaba por no pensar lo suficiente en los demás. Se odiaba por no poder sonreír en el último momento. Su rostro estaba lleno de lágrimas, y haciendo un puchero no hacía más que lamentarse. Se odiaba.
Las vías vibraban estrepitosamente, la tierra temblaba y el sonido de la lluvia se perdía a causa de la bocina del tren.
Cerró fuertemente los ojos esperando desaparecer en aquel plano de existencia... Aún con la cabeza hacia arriba se abrazó a sí mismo fuertemente, sabiendo que estaría muerto en unos segundos.
No pudo sonreír.
El tren ya estaba ahí.
Cuando el tren estaba a punto de arrollarlo, escuchó cómo alguien lo llamaba desde atrás. Una voz que era distorsionada entre su mar de emociones. Gritaba su nombre.
No tuvo tiempo de pensar nada más, cuando sintió una mano que lo sujetó violentamente del brazo y lo jaló hacia atrás, haciendo que cayera al pavimento.
El tren pasó velozmente frente a sus ojos.
Sus cabellos volaron alborotados por el viento del tren que pasó a toda velocidad a escasos centímetros de él.
« ¿Eh? »
Se quedó estupefacto con la mirada clavada al piso, con los ojos muy abiertos. Y aun llorando miró sus manos temblando.
—¿Por qué...? ¿Cómo...?
—¡Todomatsu! ¿¡Estás bien!? ¿Te lastimaste?
Ahora Futsuumaru también estaba empapado. Había soltado el paraguas algunos metros atrás.
—¿Eh? —Estaba totalmente desconcertado. No sabía cómo es que seguía ahí.
—¡Dios mío! ¡No puede ser! ¿Cómo es que...? Todomatsu... —Lo tomó de los hombros y aunque él también estaba tembloroso, le extendió una mano para ayudarlo a levantarse, pero en vista de que el más pequeño no lo volteaba a ver, levantó el saco oscuro que traía encima, logrando verlo a los ojos. Sus enormes ojos llenos de lágrimas.
Todomatsu lo miró con miedo, pero al estar cara a cara con él sus facciones se relajaron un poco.
—¿Futsuumaru... kun?
—¿"Kun"? Sólo Futsuumaru. —Sonrió con debilidad. Al parecer seguía desconcertado.
—¿Qué...? —No pudo evitar volver a llorar. Ni siquiera pudo acabar la frase.
Futsuumaru lo abrazó mientras acariciaba fraternalmente su espalda. Era lo mejor que podía hacer.
—Ya, Todomatsu. Está bien... No preguntaré nada. —Lo abrazó fuertemente y éste sintió cómo Todomatsu se aferró a su camisa por su espalda—. Está bien...
—Ugh... Futsuu... maru...
Se quedaron un momento así bajo la lluvia. Hasta que el chico de cabellos rizados notó que éste ya no se quejaba tanto, se separó.
—Ven, Todomatsu. Si nos quedamos más tiempo aquí nos enfermaremos gravemente.
—No. Yo no... puedo...
Futsuumaru asintió ofreciéndole la mejor sonrisa que podía esbozar.
—Tranquilo, vayamos a mi casa, ¿te parece? Es lo menos que puedo hacer por ti... —dijo amistosamente, aunque muy preocupado.
—Pero...
—Vamos, tienes que secarte. Además, debes estar hambriento. No te preocupes, puedo cocinar algo para ti. Quiero tenerte en casa.
Todomatsu se quedó viéndolo unos segundos y después desvió su mirada al suelo, sin saber qué hacer.
—Vamos. —Futsuumaru tomó una de las heladas manos de Todomatsu—. Eres bienvenido en mi casa. —Sonrió una vez más.
Todomatsu asintió entre lágrimas.
Futsuumaru se apresuró y fue por el paraguas, que aunque ya estaban empapados, serviría para evitar más molestias.
El petricor estaba en el ambiente.
Caminaron rápidamente algunas cuadras sin intercambiar ni una sola palabra. Al llegar a la casa se secaron bien antes de entrar. Futsuumaru obligó a Todomatsu a darse una ducha con agua caliente y después él hizo lo mismo.
Le prestó ropa que después dijo que podía quedarse y le ofreció una taza de café, que más que ofrecerle, sólo se la llevó y la puso entre sus manos. Se sentaron en la sala, Todomatsu en la esquina del sofá que estaba allí y Futsuumaru desde el otro extremo con una taza de leche tibia.
Ninguno dijo nada por un tiempo, pero Futsuumaru decidió tomar la iniciativa.
—Todomatsu... Sé que te dije que no preguntaría nada, pero quedarme callado me preocupa mucho.
Todomatsu levantó la vista de su café.
—No te... preocupes.
Futsuumaru sabía que tocar el tema del suicido era muy difícil, sin embargo, por muy difícil que fuera o el daño que pudiera causar en el chico, sabía que sería peor dejarlo de lado como si simplemente no hubiese significado nada o no hubiese ocurrido. Tenía que tomar las riendas de la situación y hacer algo con la mayor madurez que pudiera poseer.
Tomó aire antes de seguir.
—Bueno, ¿cómo es que... llegaste ahí?
—¿Eh?
—Ah, perdóname, fue una pregunta estúpida. Creo que no se puede explicar algo así. Estoy angustiado y no sé qué decir. —Se rascó la nuca, nervioso.
—No te preocupes... Ni siquiera yo lo entiendo.
—Lo siento.
—Disculpa. —Tomó un sorbo de la bebida—. Siento haber causado tantos problemas...
—No, no. No digas eso. Para nada... —dijo quedito. Todomatsu sólo asintió—. Todomatsu, me alegra verte —siguió diciendo Futsuumaru—. Hace tiempo que no hablamos.
—Lo sé, a mí también... Futsuumaru.
—Aunque, de ser posible habría preferido no encontrarnos en esta situación... —dijo con una sonrisa triste.
—Yo... Yo no...
—Tranquilo. No quiero que te justifiques, pero, creo que deberías hablar con alguien, y si quieres, conmigo.
—¿Puedo?
—¡Adelante!
—Sólo... prométeme una cosa.
—¿Mhm? Bueno, ¿qué es?
—Por favor, no te burles de mí. Te lo ruego...
Futsuumaru vio cómo los ojos de Todomatsu se llenaban de una fina capa de lágrimas, por lo que sabía que no podría hacer nada más que escuchar. No perdía nada y deseaba de todo corazón ayudar a su amigo.
—Está bien, te lo prometo. —Asintió pacíficamente.
—¿De verdad?
—Por supuesto. —Sonrió.
—Bueno... —Sonfirmó que Futsuumaru lo estuviese escuchando y prosiguió—. Atsushi-kun y yo estamos saliendo...
—¿Eh? De... ¿De verdad? —No se lo creía—. ¿Tú y Atsushi? ¿Atsushi Takahashi?
—Sí, tú y él también son amigos, ¿verdad? —dijo tenuemente.
—Sí... ¡Qué sorpresa! ¡No puedo creerlo! —Abrió muchos sus ojos color aceituna—. ¿En serio? ¿Desde cuándo?
Todomatsu se extrañó. ¿No diría nada malo?
—Este... Hace poco más de seis meses... Y, bueno... Eso tiene que ver con lo que... Lo que yo... Yo...
Agachó su cabeza. Odiaba que su voz se quebrase de aquella manera. De nuevo sus manos comenzaron a helarse y sus piernas a temblar. No podía recordar todo aquello sin poder echarse a llorar.
Futsuumaru no dijo nada. El sonido seco de la lluvia llenaba aquel momento silencioso e incómodo. Y para Todomatsu el tan sólo recordar lo que había hecho minutos atrás era algo atormentador.
Sollozos, sollozos, y nada más que sollozos junto con la gélida lluvia.
Lloró con la cabeza hacia abajo, dejando caer sus lágrimas en su regazo. Futsuumaru se limitó a desviar la mirada y cerrar los ojos fuertemente, escuchando a su amigo y sintiéndose impotente.
—Soy un estúpido... Lo siento tanto... —Sollozaba.
—Todomatsu. —Futsuumaru dejó su taza vacía en la mesita de a un lado y se acercó al menor—. Escucha, sé que no todo está bien. Pero, si tienes que decir algo, hazlo por favor. No está bien que te guardes todo para ti mismo.
Todomatsu se secó las lágrimas.
—Lo sé... Lo siento, ya lo sé...
Futsuumaru lo miró tranquilo.
—Atsushi-kun y yo... no nos hemos estado llevando bien desde hace días. Creo que, semanas... Y me comencé a sentir solo. Además de... del rechazo de mi familia y la sociedad... Perdí mi trabajo, estoy solo todo el tiempo... —hizo una pausa—. Lo siento. Creo que suena estúpido. No creo que lo entiendas, y estoy haciéndote perder el tiempo. Lo siento...
—¿Eh? ¡Para nada! Todomatsu, es cierto, yo no entiendo cómo te sientes, pero, ¿por qué no has intentado hablar con Atsushi? Él es un buen hombre, es un gran amigo. Siempre me ayuda cuando lo necesito y seguro hace lo mismo contigo.
—Él... No, no quiero. No puedo. Yo ya lo hice, pero...
—Todomatsu. Todos, en serio, todos deben estar preocupados por ti.
—Pero… —Tragó saliva.
—Todomatsu, yo también estoy preocupado por ti. Cuando te vi de espaldas no pude evitar flaquear un poco, pero de verdad tenía miedo de que algo te pasara porque eres un gran amigo. ¡Seguro fue el peor susto que me he llevado en toda mi vida! Y puedes estar seguro de que no quiero otra vez lo mismo, para ti o para alguien más. No lo quiero...
—Futsuumaru...
—Todomatsu, Atsushi espera por ti. Tus hermanos también y tus padres igual. Todos esperan por ti... No te vuelvas a rendir nunca por favor. No lo hagas. Porque, a pesar de lo malo que te suceda, al levantarte y ver la luz del sol cada día significa que puedes cambiar algo. Y así como tú necesitas de otros, los demás necesitan de ti. Todomatsu, vuelvo a decir, no sé cómo se han dado las cosas, pero no todo debería de estar perdido. Aún puedes volver, ¿no? Seguramente... Atsushi te aprecia así como tú a él, y en tu hogar también. Con tus padres y hermanos... ¿Acaso no había todos los días una cena deliciosa esperado por ti sobre la mesa? Hay personas que se preocupan por ti... Personas con las cuales puedes hablar, y aunque no siempre podemos entendernos lo mejor es mantener ese contacto. Sólo es difícil tratar de entendernos, pero podemos seguir intentado día con día. Y, si no puedes superar tus miedos, lo mejor sería aprender a vivir con ellos. ¿No te parece?
Una solitaria lágrima corrió por su mejilla. Y asintió lentamente.
—Lo siento...
—No, no te disculpes. No se trata de eso.
—Es que, yo...
—Está bien. Bueno, Todomatsu, estás consciente de que lo que trataste de hacer fue algo muy grave, ¿verdad? —le preguntaba Futsuumaru y el mencionado asintió, trémulo. El chico siguió hablando—: Bueno, no me gustaría que algo así se repitiera... Por Dios. —Hizo una pausa desviando la mirada de Todomatsu, clavándola en su regazo—. Todomatsu, cuando te vi realmente no creí que fueras tú, y al prestar más atención al ambiente a tu alrededor, no quería creer que realmente se trataba de ti. Lo siento, por no poder hacer mucho incluso ahora.
—No te aflijas... —dijo sin nada más que agregar.
—Y, bueno, lo siento. No puedo quedarme en silencio. Después de todo, hace tiempo que no nos vemos... —Sonrió con nerviosismo.
—No te preocupes. —Asintió, aún entre las nubes.
—Este... Todomatsu, me... me gustaría que me contaras sobre ti. Tu situación.
—¿Eh?
—Por favor, quiero ayudarte. Necesitamos hablar.
—¿Qué? Cómo... ¿Cómo qué?
—Bueno, ¿por qué intentaste...?
—Ah, yo... —Sorbió la nariz—. No estaba pensando con claridad. Lo siento, han pasado muchas cosas. —Se limpió las lágrimas y sujetó tembloroso la taza de café—. Pero, está bien... —Hablaba entrecortadamente, entre hipidos—. Te diré.
—Está bien.
Todomatsu dio el último trago a su café, dejando la taza vacía. Pero no la apartó de sus manos.
—Hace casi medio año, conocí a Atsushi-kun en la cafetería... donde yo trabajaba. Es difícil explicar por qué, pero, yo... me enamoré de él —dijo tratando de concentrarse en mantener un ritmo en la conversación, que, a pesar de seguir llorando, había logrado comenzar—. Y entonces, después de tiempo, por obra de algo que yo creo que fue destino, nos volvimos a encontrar. Pero yo no quería aceptar que él me llamaba la atención y fue cuando él lo dijo. Que estaba enamorado de mí, y desde luego, yo también, pero yo sabía que desencadenaría miles de problemas y me rehusé a decirle que yo sentía lo mismo. Hasta el final. Fue muy raro, y estúpido para muchos. Y aún no termino de entenderlo...
Futsuumaru observaba y escuchaba con atención.
» Pero, aquella noche le dije que no podía verlo nunca más y regresé a casa lo más rápido que pude, porque estaba muy asustado al sentir algo que nunca había sentido. Estaba muy asustado y... —Más lágrimas salieron de sus ojos y al carraspear un poco prosiguió—: Yo quería volver a verlo, pero tenía miedo. Fue entonces cuando descubrí que tú y él se conocían por medios sociales. Aquella noche usándote como excusa, Atsushi-kun me contactó y me pidió que nos viéramos. Lo siento, pero yo estaba aliviado de que tú, Futsuumaru, estuvieras ahí. Pero al final sólo fuimos Atsushi-kun y yo, y... comenzamos a salir indirectamente. Pasaron semanas, meses... Hasta que se lo conté a mis padres, y ellos... me dijeron cosas horribles. Y mis hermanos, bueno, uno de ellos sabía sobre mí, pero no sabía qué podría pasar. Y ese se convirtió en un lugar al que ya no podía volver. Yo sólo quise refugiarme con Atsushi-kun, pero fue imposible... Nosotros peleamos por algo estúpido... —Recordó el rostro lleno de furia de Atsushi y se arrepintió, por lo que decidió corregirse—. No, no fue algo estúpido. En realidad peleamos por culpa mía... Y yo me quedé sin nada... —Hubo más lágrimas solamente.
—Todomatsu...
—Por culpa mía todo se echó a perder. Le hice las cosas difíciles a todos y yo me sentí tan odiado por todos... Incluso ahora. —Se cubrió su rostro colorado empapado por las lágrimas—. El mundo me estaba haciendo pagar algo que yo no pedí y me sentí el ser más repulsivo de todos. No había un lugar en el que quisiera estar, y pensé que si desaparecía a nadie le iba a importar... Fui un egoísta. Al recordar a Atsushi-kun dándome la espalda no pude ya sentirme peor, porque me dejé llevar por las exclamaciones de los demás... —Ahogó un gemido de dolor entre dientes—. Perdí a mi familia por amar a Atsushi-kun, y cuando perdí el amor de Atsushi-kun, creí que lo había perdido todo...
Había silencio. El único sonido era el de la lluvia y los sollozos de Todomatsu.
Futsuumaru tragó saliva meditando lo que diría y poniendo una mano en el hombro de su amigo, lo obligó a mirarle a los ojos.
—Todomatsu, lo siento. No puedo decir que sé cómo te sientes y no puedo hacer mucho por ti, pero, tengo algo que decirte.
El mencionado levantó la vista, y mirando la dulce sonrisa de su amigo quedó perplejo. Se dejó al descubierto, dejando de sentir vergüenza por su no tan agraciado rostro.
—Yo... —Futsuumaru decía suavemente— pase lo que pase, te ayudaré. Estaré de tu lado. Y si tu familia no te acepta como eres y sigues teniendo miedo, puedes estar seguro de que puedes volver conmigo, porque yo seré tu familia.
Todomatsu abrió mucho los ojos y se sonrojó un poco más.
—Gra... Gracias, Futsuumaru. De verdad, gracias... —dijo apenas en un susurro, con toda la sinceridad del mundo.
—Todomatsu, cuando a alguien de verdad le importa algo, no renuncia. Y a ti te importa mucho Atsushi, ¿verdad? Por favor, no vuelvas a caer. No renuncies a él. Y si de verdad te causa daño, puedes venir a mí luego de olvidarlo. —Le sonrió y lo abrazó.
Todomatsu correspondió entre hipidos. Futsuumaru lo abrazó muy fuerte, sobando su espalda para tranquilizarlo, y el más pequeño asintió.
Se separó de él poco a poco tanteando que ya se hubiera tranquilizado un poco.
—¡Ah! Lo olvidé. —Soltó una risita—. Todomatsu, quédate a cenar conmigo hoy. Debes estar hambriento...
—Bueno, sólo un poco —dijo con pena.
—Bien, haré algo rápido para los dos. Espera aquí por favor. —Sonrió, indicándole con un dedo.
—¿Está bien?
—¡Seguro! Puedes quedarte aquí mirando la televisión, siéntete como en tu casa, por favor.
Futsuumaru salió de la sala y se dirigió a la cocina.
«Todomatsu —pensó—, si puedes sentir hambre quiere decir que realmente no quieres morir, ¿cierto? Tan solo quieres un hombro en el cual llorar…»
Después de algunos minutos Todomatsu llegó detrás de él.
—Futsuumaru, déjame ayudarte.
—¿Eh? No hace falta —exclamó penoso.
—Vamos, es lo menos que puedo hacer, después de... tu ayuda —dijo, sólo así. Sin mirarle ni un poco.
—Muy bien. —No se negó.
Cocinaron algo juntos, sin hablar, dejando retumbar el melifluo sonido de la lluvia.
Después colocaron los platos con el omurice sobre la mesa y comenzaron a comer. El buen aroma de aquella comida calientita llenó el lugar.
Mientras comían Futsuumaru le contaba acerca de otras cosas que habían sucedido mientras no se veían, sin mencionar ni una sola vez a Atsushi. Compartiendo anécdotas, haciendo preguntas coloquiales y escuchando la lluvia con tranquilidad.
—Todomatsu, creo que Atsushi debería saber que estás aquí.
—¿Atsushi... kun?
—Permíteme llamarlo por mi celular. Le diré que te encuentras aquí, no puedes salir con esta lluvia.
—No. No, no... Futsuumaru, déjame quedarme contigo aquí, esta noche. Por favor, te lo pido...
—Todomatsu, no es posible. No quiero ser cruel, ni tampoco quiero intentar aparentar ser correcto, pero sabes que debe estar preocupado.
—Él no está en casa probablemente…
—¿Ah, no?
—Seguramente debe de estar ocupado en su oficina... No deberíamos interrumpirlo.
—De igual forma debe saber, Todomatsu. Preferiría que no estés solo, y aunque me siento muy bien teniéndote como compañía, prefiero que tú y él estén juntos lo antes posible. Un descuento en su salario no debería importarle si es que... ya sabe lo que ha sucedido.
El silencio de Todomatsu le indicó que estaba de acuerdo, a lo que el chico de cabellos rizados dijo:
—Marcaré.
Todomatsu asintió y el teléfono comenzó a sonar.
Mientras todo aquello había pasado, al mismo tiempo Atsushi iba camino a casa. Llegó a la casa tranquilamente sin avisar que ya estaba ahí. Se recostó un momento en el sofá. Se distrajo con el televisor así como leyendo el periódico. Quería olvidar cualquier asunto con el trabajo.
Al haber descansado unos minutos se dirigió al comedor, aflojándose la corbata en busca de algo para comer.
Al llegar notó algo inusual. Había una caja de almuerzo envuelta en una furoshiki y al lado suyo una nota.
Sin mucho cuidado la tomó y la leyó. Al leer las primeras líneas quedó helado.
"No me siento nada bien. Ahora me siento seguro con mi decisión, pero quizá estando al borde comience a temblar de terror. Gracias por estar conmigo, haber cargado conmigo, y siempre hablarme con la verdad. Perdón por ser tan egoísta y no poder sonreír todo el tiempo. Perdón por morir antes que tú".
Se quedó pálido y sin poder moverse. No se debía ser muy listo para darse cuenta de que aquella era una nota de suicidio. No obstante, había algo más. Una especie de déjà vu, una sensación conocida, como quien ya conoce la cercanía de la muerte. Meneó la cabeza, se sintió confundido.
Se maldijo al no haber ido inmediatamente al comedor. Quizá había pasado ya una hora desde que llegó...
Por instinto salió corriendo hacia el segundo piso, esperando que fuese una broma de mal gusto, porque eso deseaba. Teniendo miedo que al subir pudiese ver los pies del muchacho colgando o algo peor.
Pero nada de eso pasó. No había nadie.
Marcó con su celular a Todomatsu, porque, ¿a dónde lo iría a buscar? La probabilidad de que hubiese vuelto con sus padres no funcionaba para él.
Se escuchó el tono de un teléfono en el piso inferior.
Bajó lo más rápido posible, golpeando la pesada suela de sus zapatos contra las escaleras. El sonido provenía de la oficina.
Se metió a su oficina como de costumbre, imaginando que Todomatsu estaría ahí, aún sano y salvo. Al entrar notó que había algo sobre el escritorio que no era de él. El teléfono de Todomatsu sonando.
Se maldijo a sí mismo por no haberlo sospechado. Estaba desesperado. ¡Había dejado a propósito el celular!
—¡Maldición! —Le dio un golpe a la mesa con rabia y preocupación.
Comenzó a sentirse mareado y su ritmo cardíaco aumentó considerable. Estaba comenzado a hiperventilar de sólo imaginarse que no podría hacer nada y sus trémulas piernas no le permitían moverse adecuadamente.
Justo cuando estaba a punto de salir a toda prisa de la casa una vez más, el celular en su bolsillo sonó.
Pensó en no contestar, pues estaba en medio de una emergencia, pero al pensar en cualquier posibilidad positiva o negativa, atendió la llamada sin saber quién era.
—¿Hola? —contestó, tembloroso, con la voz entrecortada.
—Hola, Atsushi. Cuanto tiempo, disculpa las molestias. Soy Futsuumaru.
—¡Ahora no tengo tiempo de...!
—Todomatsu está aquí conmigo, en mi casa. Está bien, no te preocupes.
—¿Eh? —Sentía que casi se echaría a llorar.
—Lo siento. De verdad lo siento, debiste pasar un mal rato. Debí llamar antes.
—¿¡Todomatsu está bien!? ¿Está herido? ¿Qué le pasó? ¡Déjame escucharlo!
—Atsushi, él está bien. Relájate por favor...
—Futsuumaru, ¿cómo es que...?
—Conoces mi domicilio. ¿Puedes venir ahora?
Atsushi tragó saliva, apretando los puños y sintiéndose un estúpido.
—¡Voy enseguida!
Notes:
Edit (12/sep/2024): Quizá no manejé la situación con el tacto que se merecía. Desconozco, al igual que Futsuumaru, la forma de tratar temas frágiles. Tal vez debía haber algo más allí; más que una sonrisa o palabras de apoyo. Quizá el silencio podría haber ayudado más. No lo sé.
Chapter 20: Para ti y para mí
Chapter Text
Atsushi metió el celular en su bolsillo, cortando la llamada sin despedirse. Salió rápidamente sin importarle un poco el mojarse un tanto por la lluvia y se metió al auto saliendo inmediatamente del garaje. Sus manos aún estaban temblando y sus pies se sentían más livianos; sentía un molesto hormigueo.
Con una desagradable sensación en su estómago se concentró en sostener el volante apropiadamente y conducir de manera serena. Era muy difícil.
Gracias a aquella lluvia, tardaría más de lo que debía. Los neumáticos del auto resbalaban de manera espantosa, lo cual le hizo reaccionar, tomando de nuevo su anterior posición. ¿Cómo era posible que ahora se encontraba en aquella situación?
La casa de Futsuumaru no debía de estar muy lejos. Quizá pasaron diez minutos de transcurso hasta que visualizó el hogar del chico.
Dentro de la casa, Todomatsu levantó los platos de la mesa con nerviosismo. Futsuumaru no dijo nada.
Se sentaron en el sofá de la sala nuevamente. Atsushi no tardaría en llegar.
—Futsuumaru...
—¿Mhm? ¿Qué sucede, Todomatsu?
—Antes de que algo más suceda, déjame agradecerte por todo...
—¿Eh? Para nada. Hice lo que cualquiera haría en mi lugar —repuso.
—Y, también déjame disculparme una vez más. Lo siento. —Hizo una leve reverencia.
—¿Por qué lo harías?
—La verdad es que cuando me salvaste, más que sentirme aliviado, me sentí muy molesto contigo. Lo siento... Creía que no quería ser salvado, y también creí que todo el valor que logré reunir se había disipado lentamente, como si nada. Pero ahora estoy agradecido... Gracias. —Sonrió. Quizá era la primera vez que sonreía desde hace semanas.
—No te preocupes por algo así. —Imitó el gesto.
Todomatsu asintió, frotándose los brazos. Nuevamente el frío lo atacó.
—De acuerdo.
—Ah, lo siento —dijo observando a Todomatsu—, te traeré una manta u otro abrigo. Está realmente helado… Vaya, primero nieve y ahora se viene la lluvia. —Se levantó—. Enseguida vuelvo.
Dicho esto, Futsuumaru caminó rumbo a la habitación a buscar algo en el clóset. Su casa no era más espaciosa que la de Atsushi, pero si más grande que la casa de los Matsuno.
El chico de rizados y claros cabellos tomó su celular y le dejó un mensaje a Atsushi indicándole que entrase a la casa, que la puerta estaba abierta.
Sólo unos semáforos más, no estaba muy lejos. Podía divisar la casa.
Atsushi giró el volante de manera experta y se estacionó justo frente a la casa. Bajó a toda prisa del automóvil cubriéndose del agua con un solo brazo, hasta que llegó y se refugió bajo el tejado.
Frotándose los brazos se acercó a la puerta con prisa y tocó a pesar de haber leído el mensaje, sólo para no irrumpir. Abrió la puerta con cuidado y entró.
Todomatsu sintió intimidación al escuchar la pesada goma de los zapatos del mayor chocar contra el piso. Se encogió. Atsushi aceleró el paso y abriendo una puerta de cristal que había entre una habitación y otra, lo vio.
Miró a Todomatsu.
Éste último tenía la vista clavada en el suelo, tronándose los dedos quizá. Al presentir que Atsushi estaba plantado en el marco de la puerta, alzó un poco la vista, la cual era cubierta por el flequillo.
Nadie dijo nada.
Atsushi estaba ahí parado sin saber qué decir, con los ojos muy abiertos y su corazón palpitando a mil por hora. Con una mano se sostuvo de una pared como si tuviera miedo a caerse, con la camisa arrugada, el saco desacomodado y la corbata desajustada. El terno estaba un poco mojado y sus zapatos igual, pero no generaba problemas. De su cabello escurrían gotas del agua helada.
—Todo... matsu...
—At... Atsushi-kun, yo...
Todomatsu no sabía cómo reaccionar. Después de tanto tiempo ahí estaba Atsushi mirándole a los ojos. No sabía exactamente qué le diría ni cómo lo haría. Temía decir nuevamente algo que causara algún problema. Pero, aunque era una sensación entre emoción, miedo, intimidación y tristeza, estaba feliz por poder ver a Atsushi una vez más. Incluso cuando estaba al borde de la muerte, se sentía demasiado mal por no poder verle, creyendo que nunca lo haría. Jamás... Pero ahí estaba.
Atsushi suspiró con alivio y angustia, si es posible. Se adentró a la sala y torciendo un poco los labios se acercó a Todomatsu. Primero lento y después acelerando el paso. Y casi aventándosele encima, lo abrazó fuertemente.
Todomatsu quedó estático. No dijo nada.
"¿Eh?"
El tiempo parecía transcurrir más lento de lo que podía significar "lento". Una eternidad.
El menor no hizo ni un solo movimiento, y aunque por su cabeza transcurría la idea de abrazarlo también, algo le impedía moverse. Porque muy en el fondo se sintió indudablemente intimidado.
Tenía la vista hacia arriba, mientras que Atsushi lo tenía envuelto en sus brazos con la cabeza hacia abajo. Recargaba su cabeza con sus claros cabellos aún escurriendo en su pecho, empapando su camisa.
—Estaba tan preocupado... —Temblaba ligeramente.
—Atsu... Atsushi-kun...
—Todomatsu, estaba muy asustado. De verdad estaba muy preocupado por ti. Lo siento, lo lamento. Perdóname... —balbuceó.
Futsuumaru se acercó y se quedó plantado poco antes de llegar a la puerta que estaba entre abierta. Sigilosamente se pegó a la pared. Tendría que limitarse a observar, aunque, cuando un pensamiento de culpa lo invadió, decidió sólo escuchar a sus dos amigos. No podía intervenir en aquel momento. Con las mantas en las manos se volteó quedándose estático tras la pared, limitándose a sólo asentir y sonreír por el encuentro.
Seguramente no notarían que estaba ahí ni se acordarían de su presencia, y estaba bien así.
Una pequeña lámpara alumbraba gentilmente la habitación con su luz ámbar. Y las cortinas obscuras y recorridas daban paso a observar caer la pesada lluvia.
Todomatsu temblaba un poco. Insistía en que sería por la emoción, aunque en realidad, quizá era por la cálida sensación de ser envuelto en los fuertes brazos de su amado de nuevo.
Se impresionó mucho. En aquella acción había mucha desesperación desbordando. Lo abrazaba como si nunca lo fuese a soltar, tanto así que creía que le estaba faltando el aire. Lo estaba apretando demasiado.
Sentía que alguno de sus huesos daría un crujido en cualquier momento.
En un intento por suavizar aquel abrazo, Todomatsu puso una de sus manos en el hombro de Atsushi por detrás, apegándolo así hacia él. Y realmente, Atsushi estaba temblando demasiado.
Es verdad que hacía muchísimo frío, pero era imposible que Atsushi temblara de esa forma debido a ello.
—Atsushi-kun, yo... lo lamento mucho... No quería causar más molestias, y... fue por eso que yo...
Atsushi negó con la cabeza.
—No. No digas nada. Está bien así, porque estás aquí y estás bien...
—No, de verdad... D-Déjame discul...
Hablaban aún abrazados sin verse todavía a los ojos.
—No, Todomatsu... Lo siento. Te fallé, te mentí. No hice las cosas como debía. Lo siento... Te lo dije. "Déjate caer sin problemas. Estaré ahí para levantarte", pero no fui capaz de cumplir eso. Perdóname. —Lo apretó aún más.
—Ngh... Atsushi... kun...
No protestaría por el dolor.
—Lo sien... to...
Todomatsu se quedó más quieto, como si un choque eléctrico lo hubiese paralizado sin más. No sabía qué hacer ni qué decir.
Escuchaba atentamente a Atsushi. Su voz estaba tan cerca de su oído... Y a pesar de siempre escucharle con su tono de voz firme, grave y amable, esta vez se escuchaba más dócil. Sabía que por más que se lo pidiese (si es que se animaba a hacerlo) no dejaría de temblar, y tampoco dejaría de apretarlo de aquella manera tan desesperada.
Pero, se sentía realmente muy mal. Aunque, ¿se debería alguien de sentir mal por ser amado, por cuya persona los demás dicen que es dañina?
"Sentirse mal por ser amado. Sentirse mal por recibir amor que creo no merecer y que creo no poder dar". ¿Qué era todo eso?
—Atsushi-kun, detente, te lo suplico. Fui yo el de la culpa... —balbuceaba, esforzándose por alzar el tono de su voz—. Te prometo que...
No pudo continuar.
—Ya, basta. N-No digas... nada... Por favor...
Todomatsu enmudeció.
La voz de Atsushi estaba entrecortada. Y además, se sentía cada vez más pesado, como si ya no se estuviera esforzando en no aplastarlo. Sus manos se aferraban a él, y ligeramente temblando buscaba consuelo.
Estaba sorprendido. Nunca lo había visto de aquella manera. Y jamás se le pasó por la mente que aquella escena pudiese vivirla junto a él. Los gimoteos no le permitirían decir nada y ahogado en sollozos que iban aflorando, se acurrucó más en el menor.
Atsushi estaba llorando.
Todomatsu tragó saliva, muy nervioso, con un doloroso nudo en la garganta. De la espalda de Atsushi subió una de sus manos y le acarició el cabello húmedo con ternura. Mientras que con la otra lo seguía abrazando fuertemente. No le importó nada más… Dejó que el peso del mayor cayera sobre él sin problemas.
Era muy doloroso.
Todomatsu desearía poder hacer algo para que Atsushi no estuviera de aquella manera, pero todo había sido su culpa. Nada podía hacer. Y Atsushi creía que no podía hacer nada para evitar que Todomatsu se sintiera inseguro, y aun así, a pesar de todo, allí estaban los dos juntos. Quizá era necesario intentar entenderse, o quizá tratar de entenderse era lo que estaba mal, pero no importaba, porque ahí estaban los dos a fin de cuentas. Lo mejor sería que vivieran como el destino les dictara, tratando de tomar buenas decisiones en las situaciones que la vida les ofreciera. Vivir sólo por vivir estaba bien, ¿no? Aun así, era necesario encontrar una luz entre la oscuridad, y seguro podían hacerlo. Pero sería difícil. Era doloroso.
Todomatsu consoló a Atsushi entre sus brazos durante mucho tiempo más, sintiendo su cálida y entrecortada respiración. Acariciaba finas hebras de su cabello, sobaba su espalda, dejaba caer el peso...
Le dolía tener que escucharlo gemir de lamento. Y definitivamente odiaba desde lo más profundo de su alma escucharlo sollozar. También oír los gimoteos, sentirlo temblar, verlo tan frágil... Lo odiaba.
Una vez que estuvieron así un tiempo abrazados, Todomatsu se separó un poco, pero Atsushi mantuvo su cabeza agachada, como si fuera a vomitar.
Todomatsu no dijo nada. Por el contrario, sus ojos también se llenaron de lágrimas. Trató de ser fuerte, pero ver a Atsushi, quién siempre lo sostuvo, de esa manera...
Un pequeño hipido salió y lágrimas escurrieron por sus mejillas. De repente fue difícil diferenciar quién necesitaba consuelo de quién.
—Ugh… Atsu... Atsushi-kun...
Hablaba con una terrible voz gangosa. Ya lo sabía, que no podría dejar de llorar en un buen rato. Pero a diferencia del mayor, mantuvo su cabeza en alto.
Miró a Atsushi con sus mejillas empapadas y su rostro ligeramente colorado. No intentó acercarse porque seguía asustado. Se sentía culpable. Él había puesto a su persona especial de aquella manera...
Atsushi subió el rostro lentamente, dejando ver sus ojos irritados con delicadeza. Y por supuesto, tenía una expresión que Todomatsu jamás había visto. Se enderezó sobrepasando la altura del menor, y tallándose los ojos para reincorporarse, intentó decir algo tras carraspear dolorosamente. Pero simplemente no sabía qué debía decir. No se le ocurría algo que pudiera decir más que disculparse, y Todomatsu no diría nada.
Seguro él estaba más roto aún...
—To... Todomatsu, yo... Lo lamento tanto. Jamás debí poner ese peso sobre ti. Perdóname...
—No, Atsushi-kun... No es...
—No, no. No digas nada. Lo siento tanto... Creo que, a final de cuentas, ni siquiera yo debería depender tanto de mí mismo... Lo lamento tanto... —Las lágrimas no se detenían.
—Atsushi-kun, yo lo lamento... Pero, quiero que sepas que... nunca dejé de pensar en ti...
Atsushi cerró sus ojos con sus pestañas empapadas de lágrimas y negó con la cabeza, con el entrecejo ligeramente fruncido.
—No es eso. No me importa si yo... estaba en tu mente o no. Sólo estoy muy triste, por no poder darme cuenta de cuánto sufrías... Lo siento... Siempre pensé que debía protegerte. Que yo estaba aquí sólo para protegerte... —Ahogó un sollozo. A Todomatsu le partía el alma verlo así—. Pero... no pude hacer nada. No hubo nada que pudiera hacer y no me di cuenta hasta el final. Soy un fracaso...
—No —Negó con muchas lágrimas recorriendo sus mejillas hasta llegar a su barbilla—. No es así, Atsushi-kun... No era responsabilidad tuya. Nunca lo fue... ¡Lo siento mucho! —Agachó su cabeza, haciendo una exagerada reverencia—. Atsushi-kun... Lo siento. Lo siento, lo siento... Lo lamento tanto. Yo... no creo que haya sido mejor no conocerte. Eres la persona más especial para mí. Lo lamento... —Gimoteaba. Las lágrimas caían en su regazo. Permaneció encima del sofá.
—Ya no le des importancia a eso... Entiendo cómo te sentías... De verdad lo entiendo. Yo me sentí así durante mucho tiempo... —Limpió sus lágrimas—. Pero, es extraño, porque por alguna razón no puedo recordar… más allá de la mismísima sensación de soledad…
—Lo lamento. De verdad...
—Todomatsu, sólo... gracias por no rendirte.
—De... ¿De qué hablas? Si yo me rendí desde el primer momento...
—No —Negó—. No es así. Tú fuiste capaz de contarle a uno de tus hermanos sobre mí... Fuiste capaz de hablarle a tus padres con la verdad. Fuiste capaz de hacer todo de lado por mí, para vivir como tú querías, incluso si eso significaba que te quedarías solo. Y también, aquella noche, fuiste capaz de volver a hablarme... Aun cuando sabías que estabas confundido y tratabas de convencerte de que lo que sentías hacia mí no era real por tu miedo, volviste a hablarme... Y también fuiste la primera persona que me escuchó. Fuiste mi primer verdadero amigo y la primera persona a la que pude amar de verdad... Gracias por eso...
—Atsushi-kun, gracias... a ti por todo. No habría forma de que pudiese pagar algo así...
—Todomatsu...
—¿Qué sucede... Atsushi-kun? —preguntó con su dulce voz entrecortada.
—Nunca has sido una carga para mí y no me importa si no sonríes todo el tiempo...
Todomatsu quedó estático. Aquello tenía que ver con su instantánea carta de suicidio.
—¿Eh?
—"Perdón por morir antes que tú". ¿Cómo pensaste que podría perdonarte después de desaparecer así de mi vida? Y... que... ¿qué pensaste que yo pensaría después de leer eso? —Lloraba como un niño desconsoladamente. Estaba realmente dolido.
—Atsushi... kun... Yo estaba pensando sin pensar... Lo lamento —Lloró más fuerte.
Ninguno dijo nada. Ambos continuaron derramando sus lágrimas.
Fue entonces cuando Todomatsu se acercó al pecho de Atsushi y se le acurrucó. Atsushi lo abrazó muy fuerte sin dejar de temblar. Todomatsu podía escuchar los latidos de su amado palpitando a mil por hora.
Ninguno decía nada. Ambos lloraban sintiendo el calor del otro, sintiendo alivio por volver a estar juntos. Sus trémulos cuerpos se buscaban el uno al otro esperando no soltarse.
—Todomatsu... —dijo sin soltarlo—. No puedo vivir sin ti. No podría seguir respirando si tú no estás... No quiero estar aquí si tú no estás...
—Yo tampoco... Atsushi-kun... —Lo apretó más—. Lo siento, por ser tan egoísta... No debí tratarte mal nunca porque no lo merecías.
—Está bien... —Acarició su cabello.
—Lo siento, por no pensar en ti lo suficiente...
—Está bien... —Insistió sollozando.
—Y también lo siento... por no confiar en nada. Porque cuando discutimos creí que lo había perdido todo, porque creía que te había perdido a ti... Tú lo eres todo para mí... Atsushi-kun.
—Pero está bien —dijo—, porque ahora estamos aquí. Y siempre estará bien, porque yo te protegeré siempre...
—Sí... —Asintió, y siguieron abrazados.
Todomatsu acariciaba la espalda de Atsushi con ambas manos y Atsushi acariciaba el cabello del menor con una mano mientras que con la otra lo apegaba hacia él.
Después se separaron lentamente con sus rostros empapados. Eran lágrimas de felicidad, de tristeza, y más que nada de alivio.
Después, Atsushi hizo algo que ya había hecho mil veces con anterioridad. Le dedicó una bonita sonrisa. Una sonrisa que parecía triste, pero que al fin y al cabo era bonita.
—De verdad te amo mucho —dijo viéndolo a los ojos. Con una voz gutural.
—Yo te amo más... —contestó Todomatsu, limpiando ahora él las lágrimas de Atsushi.
Mientras tanto, al otro lado de la pared permanecía Futsuumaru. Sonreía y asentía satisfecho con el reconcilio. Y a decir verdad, era bueno aparentando. Pues él desde el principio sabía (o sospechaba) de la relación entre sus amigos. Desde que Atsushi dejó de ir a citas grupales, desde que dejaron de salir para beber o pasar el rato, desde que dejó de abordar chicas y desde que comenzó a interactuar más con Todomatsu...
Porque él desde el principio sabía acerca de Atsushi. Sobre lo que sentía y pensaba respecto a los chicos y chicas. Él lo sabía.
Se sorprendió cuando Todomatsu se lo confirmó. Se asombró, no porque fuesen lo que eran (una común pareja de muchachos amándose), sino porque su no tan elaborada teoría resultó ser cierta.
Y ahora que ya estaba confirmada su verdad, estaba aliviado de que sus amigos pudiesen ser felices juntos. Porque sabía sobre Atsushi... Porque sabía sobre Todomatsu... Porque los conocía. Y al saber que ambos llevaban vidas no tan envidiables, merecían ser felices. Se merecían el uno al otro.
Fingió no haber estado allí tanto tiempo, y advirtiendo que se habían quedado en silencio un momento, dedujo que no tenían nada que decir por el momento.
Teniendo cuidado de no irrumpir con estrépito, se acercó al hilo de luz que dejaba ver la puerta entrecerrada y tocó. Por supuesto que la situación ameritaba pedir permiso incluso si estaba en su propia casa. Claro, no esperó a que nadie contestara, porque seguro ninguno de los dos se sentiría seguro de hacerlo. Entonces habló.
—¡Chicos! Disculpen la molestia... Voy a pasar —dijo con un tono de voz animado.
—Eh... Sí... ¡Sí, Fustuumaru! —contestó Todomatsu.
Futsuumaru entró.
—Uff... ¡Sigue haciendo mucho frío! Aquí tienes —le arrojó delicadamente las mantas a Todomatsu. Después se volteó hacia Atsushi que permaneció ahí sentado en el sofá limpiando su propio rostro—. Ah, Atsushi... Disculpa las molestias. No tengo auto, así que te hice venir hasta acá —Fingió no haberse percatado de que había llorado para no incomodarlo—. ¿Te ofrezco una taza de café? ¿O té?
—Así está bien —dijo, recuperando su tono grave de voz—. Gracias...
—Muy bien. Supongo que tú estás bien también, ¿no, Totty?
"¿Totty?", pensó Atsushi.
—Sí, estoy bien... —Sonrió un poco.
—Vaya, de verdad lamento los inconvenientes. Sería mejor que yo no estuviera aquí, pero...
Atsushi negó con la cabeza.
—Esta es tu casa. No te preocupes. Has hecho demasiado por nosotros... —comentó.
—¿Ah, sí? —El pecoso se rascó la nuca.
Todomatsu sonrió al ver a Atsushi.
—Ah, sí —repuso Futsuumaru—: toma —dijo dejando caer una pequeña toalla blanca sobre la cabeza de Atsushi—, tienes el cabello empapado.
Atsushi le sonrió y agradeció.
Al final hablaron un rato con él. Futsuumaru le ofreció algo de comida a Atsushi y éste no se pudo negar.
Quizá estuvieron ahí veinte minutos más. Después Futsuumaru decidió que lo mejor sería que volviesen a su hogar, porque tenían cosas de qué hablar.
"Necesitan hablar de muchas cosas con más calma y sin mí aquí. Vuelvan a casa, vamos. Además, Atsushi, necesitas tomar un baño caliente pronto o te resfriarás", dijo.
En ningún momento dejó de sonreír. No una sonrisa que incomodara. Era una sonrisa que te aliviaba; que te daba confianza.
Todomatsu se sacó la idea de pernoctar aquella noche. Ahora estaba con Atsushi. Tomó la ropa que estaba secándose de la entrada y agradeció a su amigo por la ropa que traía puesta.
Salieron de la casa. Tendrían que pasar de nuevo bajo la lluvia, aunque fuera un poco.
Atsushi se quitó el saco y se lo puso a Todomatsu encima. Al fin y al cabo él ya estaba mojado. No importaba si se empapaba más, y tampoco le importaba si se mojaba el auto por dentro. Después de todo Todomatsu estaba cálido y si le daba el aire frío seguro enfermaría.
Él podría soportar algo así, al menos en teoría.
Corrieron al auto. Como el mayor supuso, Todomatsu estaba seco y seguía estando cálido. Se sentó en el asiento de copiloto. Él entró al auto escurriendo y echó a andar al automóvil. Iba despacio rumbo a la casa, teniendo cuidado por la lluvia que no daba indicios de parar aquella noche.
Se quedaron atascados en el tráfico. Además, los semáforos los detenían.
—Todomatsu...
—¿Sí, Atsushi-kun? —Se tronaba los dedos de las manos, todavía nervioso.
Atsushi puso una de sus manos en ellas para tranquilizarlo, mientras que con la otra sostenía el volante.
—No quiero que te sientas culpable por como yo reaccione ante lo que digas, o ante cualquier situación. Todos tenemos una manera muy distinta de expresarnos, así que, no te sientas agobiado por eso, por favor.
—Lo intento, Atsushi-kun. Yo no quería verte llorar...
Atsushi se ruborizó.
Se acercó a Todomatsu y le dio un beso en los labios. Apenas fue un dulce roce. Aquel tacto suave lo hizo tranquilizarse, tal como Atsushi lo planeó.
Hacía tanto que no se tocaban y mucho menos que se besaban. Todomatsu se dejó llevar por el cálido tacto cerrando sus ojos. Después se separaron lentamente mirándose a los ojos sin decir nada.
Todomatsu se recargó en Atsushi y esbozó una sonrisa. Estaba contento de poder estar con él. Y a su vez, estaba asustado. Intrigado. ¿Realmente planeaba morir tan sólo unas horas atrás?
El semáforo cambió a color verde. El auto avanzó.
Llegaron. Entraron al garaje y después se bajaron. Una vez adentro de la casa se quitaron los zapatos y no hubo nada más que silencio. El menor colgó el abrigo en el perchero que estaba en la entrada, en el recibidor.
Todomatsu le pidió a Atsushi que se fuera inmediatamente a tomar una ducha caliente porque se enfermaría si no lo hacía. Éste último se negó.
Aún estaba escurriendo por el agua helada que lo empapó de un momento a otro. La camisa se le pegó al cuerpo. Pero sin importarle mucho su estado, se acercó a Todomatsu lentamente y lo abrazó una vez más, muy fuertemente.
Todomatsu estaba anonadado.
—Necesito que hagas algo por mí… —dijo Atsushi muy bajito.
—¿Qué...? ¿Qué es, Atsushi-kun? —habló Todomatsu en el mismo tono.
—Por favor, ve a la cocina y deshazte de la nota que escribiste...
—Atsushi-kun... Yo lo...
Atsushi se separó de Todomatsu, evitando que se disculpara.
—Está bien. Debe de estar tirada por alguna parte en el suelo.
—Sí, lo haré. No te preocupes por eso, Atsushi-kun —dijo decidido.
Atsushi sonrió con debilidad, aun estando de pie frente a Todomatsu.
—Ah, también... ¿Qué fue lo que pensaste cuando —volteó a ver la jaula vacía junto a la ventana— lo dejaste ir?
Todomatsu carraspeó.
—Bueno, yo... no quería que se sintiera como yo. Creo que era lo mejor porque después de todo, el destino hizo que lo encontráramos para ayudarle, y él debía ser libre, como lo fue en algún punto de su vida... —dijo en un tono apenas audible—. No quería arrebatarle eso.
—Ya veo —dijo con su sonrisa tranquila que parecía ser fingida a leguas y ojos cansados.
—Atsushi-kun... Te vas a resfriar.
—Ah, vamos, es lo de menos —dijo adentrándose a la casa, dirigiéndose al baño—. Saldré pronto. Y, siento mucho haberte abrazado estando así. Humedecí tu ropa. —Se metió en el cuarto de baño.
Todomatsu sólo se sonrojó sin poder decir nada.
Fue de inmediato a la cocina e hizo pedazos aquella nota tras haberla encontrado tirada bajo la mesa. Se cambió la ropa una vez más. Esta vez usando prendas que de verdad eran de él y no ropas prestadas —más bien regaladas— por Futsuumaru.
Al cabo de un rato, Atsushi salió ya acicalado del baño.
Todomatsu estaba en la sala con la vista plantada en el ventanal y con el cuerpo totalmente erguido que apenas se notaba que respiraba. Al escuchar la puerta, volteó buscando encontrar la vista del mayor y lo logró.
Atsushi hizo un gesto que no era de enfado, pero tampoco era una sonrisa. Se acercó al pequeño.
Se postró justo a un lado de él. Todomatsu se giró mientras se relamía los labios, buscando las palabras correctas para poder comenzar a conversar son Atsushi sobre muchas cosas, pero no sabía qué decir.
Atsushi comenzó.
—Todomatsu, quiero hablar contigo sobre varias cosas.
—Yo también, Atsushi-kun. Necesito hablarte.
Todomatsu se subió completamente al sofá, cruzándose de piernas y dándole la espalda al ventanal, mirando a Atsushi. Y éste último también lo miraba fijamente, completamente encima del sofá con las piernas un poco extendidas.
—Mira, no trataré de ofenderte —aclaró—, y si hay algo que no quieras contestar está bien. Pero, hablemos como no lo hemos hecho hace tiempo.
—Está bien. Y no te preocupes esta vez, te lo pido. Responderé a todo.
—Bien. —Sonrió de nuevo con aquella cara extenuada.
—Eh, ¿Atsushi-kun? ¿Qué necesitas saber?
—Bueno, no es en sí que lo necesite, pero quiero saber. —Sonrió fatigado—. No es nada sobre tu familia ni nada sobre los demás. Quiero hablar contigo acerca de...
« Quiero hablar contigo acerca de todo, y nada ».
Por el silencio, Todomatsu asintió, y con eso Atsushi fue capaz de continuar. Pero, Todomatsu tomó la iniciativa.
—Bueno, Atsushi-kun, a pesar de que ya lo hice siento la necesidad de volver a disculparme contigo acerca de lo que hice, o lo que estuve a punto de hacer. Lo siento. —Agachó la cabeza unos leves segundos y la levantó enseguida, forzando una sonrisa que por alguna razón no lograba verse natural.
—¿De qué hablas? Todomatsu, estuviste a punto de morir... Estuviste a punto de desaparecer. ¿Entiendes lo que es eso? No deberías ser quien se disculpa. Si intentaste algo así —se relamió los labios—, es porque de verdad te sentías mal, o lo haces todavía.
—Yo no fui la única víctima.
—No, pero sí la más afectada.
Hubo silencio.
—Atsushi-kun...
—¿Sí?
—Nunca he sabido realmente cómo lidiar con mis problemas. —Por el tono que usó parecía que agregaría algo más, pero calló enseguida.
—Creo que nadie sabe realmente cómo hacerlo. Lo que hacemos es huir o aparentar poder con todo, pero supongo que si contamos con alguien lo hacemos todo más fácil.
—Atsushi-kun, lo siento. Siento mucho no poder dejar de disculparme —Agachó la cabeza y Atsushi no apartó la mirada de él.
Sólo podía oírse el melifluo sonido de la lluvia.
—Está bien...
—Yo era un adolescente mimado que a la hora de salir y enfrentarme al mundo real no sabía realmente lo que quería y me perdí. —Hizo una pausa—. Y quizá así sea siempre.
—¿Y sabes qué? No me importa. Porque, seas como seas, estaré contigo —Tomó una de las manos de Todomatsu—. Después de todo, todos en el interior somos niños obligados a comportarnos como adultos. Puedes aprender a vivir con tus miedos conforme pase el tiempo, pero siempre conservamos la misma alma... Y, no importa si tengo que cargar con más. Yo quiero vivir sujetando los miedos de ambos para que podamos vivir juntos en paz.
Todomatsu pasó saliva, y sonrojándose un poco apretó la mano del mayor. Él tenía manos grandes, pero comparadas con las de Atsushi, en realidad parecían pequeñas.
—Muchas gracias... —Se asomó una leve sonrisa—. También pensé eso. Realmente me consideré una carga, siempre lo hice. Y siempre pensé que sería mejor no involucrarte conmigo. Pero, pensando por mí, después me di cuenta que también lo hacía por ti... Pero ya no será así.
—Por favor, permíteme ayudarte.
—Sólo puedo permitírtelo a ti. —Le sonrió.
Atsushi suspiró. Se acercó más al menor tomándole ambas manos. Todomatsu se dejó envolver por el suave tacto.
—Todomatsu, desearía haber podido conocerte desde hace mucho tiempo antes.
Todomatsu se desconcertó.
—¿No lo habíamos hecho ya?
—¿Eh?
La mente de Todomatsu se quedó en blanco. Sólo había recuerdos borrosos.
—Oh, nada... Lo siento. Cuando te vi por primera vez pensé que ya te había visto, pero, no recuerdo nada.
—¿Ah, sí? Tuve la misma corazonada pero... tampoco recuerdo nada. Creo que fue como si soñara con alguien y al despertar esa persona se desvaneciera por siempre...
Hubo un silencio incómodo. Después, afuera se escuchó cómo el ritmo de la lluvia aumentó, convirtiéndose en una tormenta.
—Gracias por estar aquí para mí.
—Siempre voy a estarlo.
—Siento mucho no poder hablar con más gentileza hacia ti. Fui un problemático, tú no tenías la culpa.
—No debes preocuparte por eso.
Todomatsu sonrió con sinceridad.
Se acercó a Atsushi, abriéndose paso entre sus piernas y lentamente se le acurrucó en el pecho. Atsushi lo abrazó.
—Atsushi-kun, lo estuve pensando mucho tiempo y llegué siempre a la misma conclusión. No me importa si los demás no me recuerdan. Yo quiero vivir para mí. Para nosotros... —habló quedito—. Sigo teniendo miedo, pero no quiero vivir de la misma forma que siempre: sin ti —aclaró.
«Siempre estuve pensando que, si hacía algo bien, debía ser reconocido por los demás. Si tenía algún talento, o si le ayudaba a alguien. Pero incluso si no tenía nada que le pudiese gustar a alguien, quería ser reconocido para que sepan que existo, y me den su cariño. No importa quién sea. Porque tenía miedo a desparecer en la consciencia de todos y no dejar alguna huella en el mundo. Pero, realmente ya no me importa si nadie me recuerda o nadie me nota, porque hay una persona que se preocupa por mí. Atsushi-kun... Desde ahora en adelante, viviré para ti y para mí. Y si de todas formas en algún punto de la historia seré eliminado de los recuerdos de este mundo, al menos viviré para mí. Quiero vivir como yo quiero», pensaba. Lo abatió una oleada de recuerdos enlazados entre sí.
—Es una manera extraña de decirlo —sonrió —, pero siempre pensé que sería mejor relajarnos un poco. Porque el mundo está hecho para nosotros.
Todomatsu también sonrió.
—Siempre pensé que no podría hacer nada bien, y cuando me esforzaba mucho en hacer algo y no daba resultados me sentía realmente mal, y no por mí. No me preocupaba superarme para sentirme mejor con mi persona, sino que yo quería gustarle a la gente.
—Bueno, creo que es normal. Todos queremos gustarle a los demás, supongo... —Rio quedito—. No conozco a alguien que no se preocupe en absoluto por lo que piensen los demás. Solo se trata de no girar en torno a eso.
—Lo entiendo. —Asintió Todomatsu mientras se recargaba en el mayor, escuchando el feroz sonido de la lluvia y el palpitar de su afligido corazón.
Permanecieron un rato sin decir nada, uno apoyado en el otro.
Por la mente de Todomatsu seguían recorriendo todas aquellas escenas que prefería olvidar; cosas que había hecho en un pasado muy lejano y ahora en uno más reciente. Por otro lado, Atsushi intentaba hallar sentido a todo lo que había sucedido y a las sensaciones de déjà vu.
Los minutos pasaban. Se convertían en horas.
Hablaron sobre otras cosas, siempre alentándose entre ellos. No se soltaron ni un momento. No era necesario usar palabras, ese era su lenguaje.
El silencio lo decía todo sin decir nada. Con tan sólo escuchar los latidos y la respiración del otro sabían que todo estaba bien. Que no pasaba nada. Y más que el silencio, el sonido de la lluvia resonaba en cada rincón del lugar grabando cada momento.
Después de quizá una hora, Atsushi se acercó más a Todomatsu, muy cerca de su rostro.
—Todomatsu, siento no haber estado contigo desde el principio.
Todomatsu asintió.
—Estaría agradecido de haberte conocido, incluso si fuese hasta el fin del mundo —dijo el menor.
—Y eso es precisamente lo que quiero.
—¿Eh?
Atsushi guardó silencio unos segundos. Sonrió y continuó.
—No estuve desde el principio, pero estaré hasta el final.
Se presenció un efímero silencio.
Todomatsu sonrió y sintiéndose seguro en los brazos de su amado, asintió.
« Estoy convencido de que quiero vivir para ti y para mí... »
Se quedarían ahí un momento más dejándose llevar por el momento.
Seguramente la vida no permitiría que se separaran de nuevo. Confiaban el uno en el otro, y aunque tenían muchos sentimientos encontrados y algunos ocultos, sabían que podían dejarlos sobre los hombros del otro, porque juntos no habría peso que no pudiesen cargar. Estaban convencidos de que juntos sobrellevarían sus vidas. Incuso si eran o no las que los demás imaginaban para ellos.
A veces es necesario separarse para poder volverse a encontrar.
Chapter 21: Liberación
Chapter Text
Todomatsu miró a Atsushi.
—Atsushi-kun, deberías ir a terminar tus deberes...
—Prefiero estar contigo.
—Pero, tu trabajo.
—No importa. No iré mañana, y quizá pasado tampoco.
—¿Está bien?
—Está bien. —Sonrió—. Es lo que menos me importa ahora. —Puso una de sus manos en la cabeza del menor para acariciar su cabello.
Todomatsu sonrió.
Y realmente era lo que menos le importaba. Ese trabajo tenía la culpa de que él y Todomatsu no pudieran pasar el tiempo suficiente juntos. Y además, si hubiese cumplido con el horario que le establecían ese día, seguro seguiría metido en la oficina, y no habría podido ver a Todomatsu; aunque sea una última vez.
Atsushi le extendió una mano a Todomatsu y juntos se dirigieron a la habitación.
Todomatsu sentía pena al volver a dormir allí, con él. Pero al mayor no parecía importarle y accedió. Las cosas estaban (no completamente) olvidadas.
Pasaron la noche juntos. A la mañana siguiente despertaron juntos, abrazados. Ya no llovía fuerte. Sólo había una llovizna leve.
Atsushi se levantó primero que Todomatsu, se vistió con otra ropa y se dirigió a la cocina. Comería la comida que estaba ahí sobre la mesa, en la caja de almuerzo envuelta con la furoshiki. Todomatsu también comería algo.
Más tarde Todomatsu se despertó y comió junto a él. Hablaron de cosas triviales. Los minutos se convirtieron en horas.
Atsushi le preguntó a Todomatsu si había visto antes a Futsuumaru (incluso después de que ellos se conocieran), pues recordaba que le había dicho hace meses que le había llevado una botella de cierta bebida. Por supuesto, éste le contestó que sí lo había visto, aunque para él había transcurrido un tiempo conmensurable; aunque sólo fuese en su mente.
También, comentaron que al final se comieron ellos dos los wagashi; los dulces de frutillas que compraron en Kioto, pues no hubo oportunidad para que Todomatsu se los entregara a sus hermanos. Rieron al recordarlo.
Después de un buen rato sólo pasaron el tiempo con cualquier cosa sin hacer nada necesariamente.
Todomatsu sonreía un poco más y al verlo Atsushi hacía lo mismo.
1:00 pm.
Atsushi bajó a la oficina con cuidado, con los pies casi descalzos por completo; únicamente con calcetines y sin sus típicos zapatos.
Quería realizar una llamada que él consideraba importante. Seguramente lo era. Todomatsu se había quedado arriba, entretenido con el libro que le había comprado Atsushi.
Llegó a la oficina. No estaba nada desordenada ni tampoco sucia, pero había cierto olor a polvo que le provocaba ansiedad. Seguro Todomatsu no lo escucharía ahí.
Su mirada se detuvo en un punto fijo. Había algo sobre la mesa: el celular de Todomatsu. Se acercó y lo tomó, y por mera curiosidad lo encendió. No estaba bloqueado. No le agradaba la idea de hurgar entre cosas ajenas, pero, al fin y al cabo ese celular estaba ahí por algo. Todomatsu había estado ahí por alguna razón, teniendo en mente que más tarde saldría de casa para no volver más. Lo encendió.
«¿Eh?».
Estaba en la galería. Primero miró una foto, después otra, otra, y otra... Primero miró en pantalla la única foto que se habían hecho juntos. Aquel día donde yacían en el sofá, bebiendo cerveza.
La miró un momento. Todomatsu tenía las mejillas un poco rojas gracias al alcohol, y pensó que era lindo. Él también tenía ese efecto, pero no le importó. Después siguió viendo las demás imágenes, una tras otra. La mayoría eran de los alrededores del ryokan donde se habían hospedado en Kioto.
Siguió mirando más fotos. Más, y más, y más.
Todomatsu tenía muchas fotos de Atsushi también. ¿Cuándo había sido? Desde siempre. De aquella vez donde caminaban juntos en el sendero del bosque, al pie de la montaña, caminando entre las hojas secas. Tenía fotos de él, de espaldas y de perfil. Fotos de él durmiendo, leyendo, antes de dormir, cocinando. O sólo ahí, sin hacer nada en específico.
—¿Eh?
No sabía cómo reaccionar. Estaba pasmado. Cierto sentimiento de gracia lo invadió.
También miró varios mensajes, al parecer de sus hermanos y sin contestar. Aunque, pensó que ya no se involucraría en eso. No lo checaría. No sabía cómo habían marchado las cosas en casa, pero al ver varios mensajes se preocupó un poco. Aún querían hablarle.
Sin intenciones de decirle nada aquel día sólo apagó el celular dejándolo tal y como estaba sobre la mesa. Haría lo que debía hacer y a lo que había ido a esa habitación.
Al ver los mensajes sin responder en el celular del menor supo que algo no estaba bien, pero algo trataría de hacer. Tomó en sus manos ahora su teléfono y marcó a un número específico. Y quizá al más apropiado de los hermanos según él: Ichimatsu Matsuno.
Necesitaba hablar con él lo antes posible. Informarse de todo y aclarar las cosas. Pulsó en la pantalla el número. Estaba marcando. El silencio de la línea hacía eco en su mente. Se puso el celular cerca del oído, esperando oír la endeble voz del cuarto hermano.
Sólo unos segundos más y contestó.
—¿Atsushi-san...?
Atsushi se alivió de que al menos alguien contestara a la llamada.
Dejó de caer agua del cielo. Se despejó y los rayos del sol se abrieron paso sutilmente.
—Buenas tardes. ¿No interrumpo nada?
—No. —Negó con la cabeza aunque el mayor no lo veía.
—De acuerdo. Hace tiempo que no hablamos...
—Atsushi-san… —Tenía su usual voz apagada—. Gracias por contactarnos... —Hizo una pausa—. A la familia Matsuno —agregó.
—No es nada.
—¿Cómo está mi hermano?
—He marcado para hablar de él, como sabrás. —Pasó saliva. Un nudo en su garganta.
—¿Está bien?
—Mira, han pasado muchas cosas. Está dolido y no sé qué fue lo que sucedió cuando volvió a su casa a hablar con sus padres.
—Ajá.
—Pero sé que no le favoreció en lo absoluto.
—No podría contarte todo, pero seguro tienes una idea —dijo triste.
—La tengo.
—¿Y? Hace semanas que no contesta los mensajes ni las llamadas. Temíamos ir a buscarlo. No sabíamos nada de él...
—Les... ¿Les dijo a todos la verdad?
—A papá y a mamá directamente. Los demás escuchamos todo detrás de la puerta.
—Vaya... ¿alguien le dijo algo malo?
—Atsushi-san, somos sus hermanos y siempre vamos a serlo. Todos lo apoyamos con todo y sus cosas, buenas o malas. Pero, papá es otro caso.
—Ya veo. Bueno, por una parte estoy tan aliviado.
—Yo no. Él no sabe nada de lo que nosotros pensamos porque se fue corriendo. No pudo decirnos nada ni nosotros a él.
Atsushi trató de hacerse una imagen en su cabeza de la escena. Todomatsu le había contado acerca de sus hermanos en muchas ocasiones y pensaba que si los veía de nuevo quizá sabría quién era quién. Al menos reconocía sus voces.
—Así que ese es el caso...
Hubo un corto silencio.
—Atsushi-san, ¿para qué llamaste? —Se preocupó, aunque su arisco tono de voz no lo indicaba.
Atsushi guardó silencio tras la línea unos segundos, clavando su vista en la mesa con el celular de Todomatsu encima. Ichimatsu por su parte, estaba solo en la habitación de la segunda planta, con la vista perdida hacia la ventana. El mayor se humedeció los labios buscando las palabras concretas.
—Ayer Todomatsu hizo algo muy grave, pero no te preocupes demasiado por el momento. Él está bien ahora, conmigo.
—¿Eh?
—Sólo necesitaba hablar de ello contigo. Creí que eras el más indicado para saberlo.
—¿Qué?
—Me sentí impotente y no volveré a dejar que pase —hablaba sin razonarlo muy bien.
—Pero, ¿qué sucedió? No me has dicho nada.
Atsushi hizo una pausa.
—Ayer... Todomatsu intentó quitarse la vida.
Ichimatsu tragó en seco. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo; sentía que la cabeza se le caería.
—Eh... ¿Qué?
—Por eso creí que... —Fue interrumpido.
—¿Eh? ¿¡Eh!? ¿Atsushi-san? ¿¡Cómo o dónde...!?
—¡Pero está bien! Ahora está bien. —Intentó tranquilizarlo.
—¿Por qué...? —Puso una de sus pálidas manos en su rostro, cubriendo su boca. No podía creerlo. Con la otra mano sostenía el móvil con debilidad.
—Te contaré todo, pero por favor, no te alarmes.
—¿¡Está contigo!? ¿Está escuchándome? No, no lo dejes solo... Él podría...
—Ichimatsu-san —lo llamó con su voz grave intimidándolo un poco, aunque esa no fue su intención—. Está bien, él no volverá a intentarlo. Cálmate por favor, él está bien...
—Él... ¿De verdad?
—Sí, te contaré.
Atsushi le contó los puntos importantes; todo lo que sabía. Ichimatsu asentía cada vez que Atsushi terminaba alguna frase y comenzaba otra. Comprendió que en verdad, Todomatsu no había entendido nada acerca de los sentimientos del otro.
Después de relatar todo, Ichimatsu parecía un poco más tranquilo.
—Gracias por... —No pudo continuar porque fue interrumpido por el sonido de la puerta abriéndose. Era Osomatsu—. ...por decírmelo —terminó la frase viendo a su hermano con cautela.
—Y bueno, no sé qué tengan en mente... además de eso —dijo Atsushi.
Ichimatsu tragó saliva. No quería que Osomatsu hiciera algo instintivamente.
—¿Ichimacchan? ¿Quién es? —dijo con esa sonrisa juguetona.
—Atsushi-san, voy a colgar. Necesito hablar de esto con alguien más ahora mismo —dijo Ichimatsu.
—Entiendo. Hablaremos después —respondió el mencionado y colgó.
Ichimatsu guardó el celular en la bolsa de su sudadera.
—¿Eh? ¡Ichimatsu! ¿Era ese tipo? ¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué cortaste la llamada? ¡Teníamos mucho de qué hablar!
—Lo sé, pero no lo harás sólo tú, ni yo.
—Demonios, Ichimacchan. ¡Desde hace semanas que no sabemos nada de Todomatsu! No puedes cortarle así como así...
—Tengo algo de qué hablar contigo. Y claro, con los demás. Por el momento confiaremos en que Totty estará bien con Atsushi-san, así que vamos. Necesito decírselo a los otros también.
—¿Qué cosa? —Sonrió un poco nervioso—. ¿Sucedió algo con Todomatsu? No me digas que... ¿está en el hospital otra vez?
Ichimatsu bufó.
—Es algo más delicado, pero ya no debemos preocuparnos, así que por favor tranquilízate —dijo con un tono serio a pesar de que minutos atrás él estaba igual o peor de alterado. Aunque Osomatsu lo disimulaba mejor.
—¿Y por qué hemos de dejárselo todo a... Atsu... shi? ¿Así se llama?
—Sí.
Osomatsu meneó la cabeza.
—Vamos, Ichimatsu. No tengo idea de lo que ha sucedido o por qué estás más serio de lo normal, pero vayamos por los otros.
Ichimatsu asintió. Salieron y se reunieron en la habitación una vez más.
Atsushi guardó su celular en su bolsillo y se encaminó a la segunda planta de nuevo, llevándose el celular de Todomatsu consigo. Cuando llegó a la habitación miró al más pequeño leyendo su libro tranquilamente con la radio encendida, escuchando Sky Restaurant de Yuri Tanaka.
Se acercó tranquilo y le dejó el celular a un lado.
—Por alguna razón estaba en mi oficina —dijo juguetón.
—Ya... Ya veo —respondió con una sonrisa torcida, apoderándose de él.
Todomatsu se seguía sintiendo un poco extraño frente a Atsushi, después de haber pensado cosas como: «perdón por haber dejado mis cosas en tu casa ocupando espacio a lo estúpido aun cuando sabía que ya no iba a volver jamás». Aunque ahora esos pensamientos le daban un poco de pena.
—Todomatsu —Atsushi hizo una pequeña pausa después de mencionar su nombre y prosiguió—, todo se resolverá muy pronto. Estoy seguro. —Sonrió.
—¿Eh? ¿Por qué dices eso?
—Me encargaré de todos tus problemas. Cada uno de ellos, pero me llevará algo de tiempo...
—¿Eh?
—¿Puedes esperar sólo un poco más?
—¿Qué...? ¿A qué debo esperar?
—Bueno, no será nada gracias a mí. Serán las decisiones y las palabras de los demás.
—"¿Los demás?"
Todomatsu lo miró con mucha confusión. Atsushi asintió.
[ ....... ]
—¿¡Qué hizo qué!? —gritó Choromatsu.
Ichimatsu había terminado de contar la anécdota que Atsushi le relató con anterioridad acerca de Todomatsu.
—¿¡Qué demonios, Ichimatsu!? ¿Cómo pudiste quedarte en silencio como si nada? ¡Cortaste la llamada en medio de algo tan importante! —reclamó Osomatsu.
—¡No! ¡Eso es imposible! —dijo Jyushimatsu interrumpiendo al mayor, meneando la cabeza de un lado a otro.
Ichimatsu los miraba con indiferencia, aunque por dentro era un mar de emociones también.
—¿Estás seguro? ¿No fue sólo una pequeña exageración? —preguntó Karamatsu esperando que alguno de los otros sonriera y asintiera, pero no pasó.
—Ichimatsu... ¿sabías algo desde antes? —preguntó Choromatsu muy angustiado, batallando por aparentar su desesperación—. ¿Hablaste con él después de que vino aquí?
—No, no hablé con él porque me estaba evitando al igual que a ustedes —dijo Ichimatsu con sus manos pálidas, huesudas y temblorosas en las bolsas de la sudadera morada.
—¿Por qué nadie lo sabía? —preguntó Karamatsu muy decaído—. Debimos salir e ir tras él. En ese momento debimos ir a buscarlo...
—Niisan —Jyushimatsu puso una de sus manos en el hombro del segundo para tranquilizarlo. Éste sólo lo miró.
Osomatsu tragó saliva.
—¡Ichimatsu! ¡Ya basta! Deja de cargar con todo esto. Vamos de una vez y hablemos con papá. Iremos a contarle acerca de Todomatsu, lo obligáremos a entender y después iremos a buscarlo —dijo Osomatsu.
—Papá no está ahora... —informó el quinto.
—¡Al diablo con eso! Estoy harto. Toda esa clase de discusiones casi hacen que perdamos a Todomatsu. Si es necesario iremos a buscarlo a su trabajo y arreglaremos esto de una vez por todas —ordenó.
—Osomatsu-niisan...
—Ichimatsu, entiendo por qué Todomatsu confió en ti desde el principio, pero desde ahora en adelante no vuelvas a hacer algo a nuestras espaldas. Necesitamos saber todo por igual —dijo el mayor muy serio.
Ichimatsu con sudor frío asintió.
[ ....... ]
—No todo caerá sobre mí ni tampoco sobre ti —contestó Atsushi ante la confundida mirada del menor. Aquella respuesta no aclararía nada, pero aunque no la captara estaba siendo muy precisa.
—Bueno, Atsushi-kun. Gracias... Que seas tan amable conmigo después de todo lo que ha sucedido me hace feliz...
Atsushi se acercó a Todomatsu y le dio un beso en la mejilla. Todomatsu sonrió y lo abrazó. Algunas horas pasaron.
El frío intenso siguió.
Ni una gota de agua más cayó del cielo pero se compensaba con el gélido viento que usurpaba alocadamente por toda la ciudad junto a las negras nubes disipadas.
—Pe... Pero... ¿cómo fue eso posible? Mi... mi bebé —Matsuyo balbuceaba muy preocupada con los ojos muy abiertos, temblando ligeramente. Hizo un intento por levantarse como si fuera a ir a buscarlo en aquel instante.
—Mamá, por favor cálmate... Ya te dijimos que todo está bien. Todomatsu está bien —decía Choromatsu preocupado.
—Sí, no es bueno para tu salud —agregó Karamatsu. La tomó de la mano ayudándola a sentarse de nuevo delicadamente. La sujetó de los hombros para tranquilizarla.
Los chicos le contaron lo que había sucedido con su hermano de la manera más gentil posible y a detalle. Por lo menos de todo aquello que sabían. Su intento fallido por quitarse la vida.
—Yo... Yo no entiendo... ¿Cómo fue que yo...? Nosotros... ¿no pudimos hacer nada? —decía su madre con lágrimas en sus ojos.
—Mamá... —dijo Ichimatsu.
—Pero, el caso es ahora otro. Eso ya pasó y ahora está bien. Hay cosas que debemos hacer —exclamó Osomatsu.
Pasó algo de tiempo. La mujer se encerró en su cuarto a descansar un poco. Jyushimatsu no se movió de su lado hasta que se quedó profundamente dormida.
Los hermanos prepararon la comida de aquel día y mantuvieron la casa en orden. No querían causar más molestias.
Aquel día había sido muy pesado para todos al recibir una noticia tan desagradable... A nadie le gustaría haber tenido que escuchar aquello jamás, seguramente porque nunca lo hubieran imaginado ni lo hubieran creído posible de alguien en aquella familia.
—Karamatsu, Choromatsu —Osomatsu los nombró, poniendo sus manos en los hombros de cada uno—, necesitaré de su coraje para enfrentar a papá. —Después volteó a ver a Jyushimatsu y a Ichimatsu—. Y ustedes, por favor apoyen cada palabra como siempre hacen —dijo.
Jyushimatsu e Ichimatsu asintieron con determinación. Escucharon el ruido del picaporte moverse y la puerta abrirse. Matsuzo llegó a su hogar temprano. Entró a la casa que era habitada por su esposa y sus ahora cinco hijos.
Al verlos los notó algo serios. Los saludó y ellos igual. Le sirvieron la comida y esperaron a que acabara de comer. Le advirtieron que su madre estaba dormida.
Quizá pasó sólo una hora.
El cielo estaba un poco más despejado, así que daba una sensación de libertad.
Cuando el hombre se quitó el saco y los zapatos, y ya se le veía más cómodo, Osomatsu se acercó con el resto de sus hermanos acompañándole por detrás.
No sabría cómo debía empezar. Quizá como lo había hecho con su madre.
En principio pensó que lo mejor sería que Ichimatsu hablara ya que él conocía más detalles, pero odiaba tener que estar dejándole todo a él.
No sabía cómo comenzar. Fue entonces cuando Karamatsu posó una de sus manos en el hombro del mayor, y con un gesto afirmativo y una sonrisa amable para aligerar sus pensamientos comenzó.
—Papá, hay algo de lo que queremos hablar contigo.
El hombre miraba la televisión con un volumen neutro, pero al escuchar a su hijo y ver que los otros permanecían atrás de él, bajó el volumen y apartó la mirada de éste.
—Sí, díganme.
—Hace un día, casi dos, sucedió algo de lo cual deberíamos de preocuparnos —dijo el segundo tratando de ser lo más gentil posible.
—¿Sí?
—Quizá te moleste —dijo esta vez Jyushimatsu—, pero es sobre Totty.
Choromatsu parpadeó varias veces con ansiedad.
—¿Qué sucedió con ese muchacho ahora? —dijo Matsuzo exhalando.
—Papá, Todomatsu está muy afectado. Siempre lo estuvo y no nos dimos cuenta de cuánto daño le pudimos haber hecho. Sólo quiero que sepas eso antes de continuar. —Karamatsu hizo una pausa. Su padre asintió y él prosiguió diciendo—: Papá, Todomatsu intentó acabar con su vida.
El corazón de Karamatsu latía fuerte y rápidamente después de haber mencionado aquello. Era tan triste escucharlo salir de su boca… Horrible.
—¿Qué? ¿Que Todomatsu...?
—Sí, papá. Todomatsu tuvo un intento fallido de suicidio —afirmó el segundo.
—Pero ahora está bien —agregó Ichimatsu rápidamente, aunque pudiese ser algo obvio.
—Sabes a qué se debe, ¿no? —dijo Osomatsu.
—¿Cómo es posible? ¿De verdad él...? —Matsuzo se interrumpió—. Están diciendo que... ¿fue culpa mía?
—¿De quién más podría ser? —contestó el mayor con brusquedad.
—¡Oye, Osomatsu! ¡Mide tus palabras! —exclamó su padre—. Mira en qué situación está tu hermano.
—Osomatsu, tómalo con calma. Acusar a papá es... —Choromatsu intervino sin acabar su frase.
—Bueno, bueno... —resopló el mencionado.
—Papá, por favor, ayúdanos a apoyar a Todomatsu —dijo Karamatsu—. Él no está bien.
—Papá, nuestro hermano está atascado. Necesitamos ir a decirle que todo está bien. Él puede volver aquí... —dijo Jyushimatsu suavemente.
—Están exagerando —dijo Matsuzo cavilando sobre las palabras de sus hijos.
—No, no es una exageración. Si fuera sólo un capricho no habría llegado a tanto. De verdad tiene un daño difícil de reparar —espetó Ichimatsu con aquella voz arisca, fácil de causar temor en otros.
—Osomatsu, piensa un poco sobre esto. El asunto es grave —dijo Matsuzo nervioso—, pero, ¿por qué ahora te comportas así? —dijo viendo a su hijo mayor—. A ti también te resultaba difícil aceptar lo que Todomatsu era, y hasta desagradable, ¿no es así? Ahora vienen y me echan la culpa por su poca estabilidad mental...
—Papá, no importa qué tan desagradable resultara Todomatsu para mí. ¡Eso no quiere decir que lo quiera ver muerto! Nunca lo dejaría morir —Osomatsu se defendió.
Matsuzo se mantuvo firme, pero en el fondo en verdad estaba preocupado por su hijo más pequeño.
—Está bien ahora, ¿verdad? —dijo el hombre—. ¿No debería de ser suficiente con eso? No sabría qué hacer después de esto. Entiendo la situación, pero nada tiene que ver conmigo. Quiero decir, no todo gira en torno a mí. ¿Pretenden ablandarme con esto?
—¿Por qué habríamos de hacerlo? —dijo Choromatsu con los ojos desmesuradamente abiertos.
—Siempre que pretenden hablar conmigo es únicamente de Todomatsu. ¿Por qué? Quieren que diga algo que realmente no quiero decir. Tengo cosas que hacer y esto es lo único de lo que hablan...
—No puedo creer que... —Karamatsu balbuceó.
—¡Papá, te estamos diciendo que...! —Jyushimatsu exclamó, pero fue interrumpido por la penetrante mirada de Ichimatsu.
Matsuzo al parecer fue víctima del ataque de una terrible migraña. Posó una de sus manos en su cabeza con molestia.
Hubo un leve silencio en el que nadie dijo nada. Temían argumentar algo que no encajara. Todos tenían la vista clavada en su padre y éste en el suelo.
—¿Saben qué? —soltó el hombre de la nada sin retirar la mano de su cabeza, con una leve sonrisa burlona, muy parecida a la de Osomatsu—. Olvídenlo todo, ¿sí? Ustedes exageraron todo y él también. Todomatsu puede volver a casa, ¿está bien? Simplemente no quiero ver a ese sujeto aquí, ni tampoco escuchar nada sobre él jamás —dijo refiriéndose a Atsushi. Por supuesto, no conocía ni su nombre ni su rostro.
—¿Eh? ¿Que puede volver? —dijo Choromatsu muy bajito.
—Con esa condición —le recordó su padre.
—Pero, ¿qué caso tiene? Papá, Todomatsu no estaría feliz sin... —Karamatsu no se atrevió a mencionar el nombre de Atsushi.
Todos conocían el nombre del mayor por una u otra cosa. Por ejemplo cuando salía el tema de vez en cuando entre ellos y tenían que mencionarlo. Además, cuando llamaban a Todomatsu o le dejaban mensajes, lo mencionaba en al menos una línea.
—¿Qué te acabo de decir? Puede venir cuando quiera —dijo Matsuzo tratando de apaciguar las aguas, aunque en realidad lo estaba empeorando todo y no lo notaba—, siempre y cuando deje todo olvidado. Será lo mejor.
Ese “todo” era Atsushi.
—¿Eh? —dijeron los hermanos al unísono.
—¿Por qué supones que hará eso? Él no lo consideraría —dijo Ichimatsu.
—¿De qué hablas? Seguro se sentiría feliz de poder volver y además de deshacerse de su carga —aclaró el mayor en aquella habitación. Al notar las miradas inconformes de sus hijos tragó saliva y frunció el ceño.
—¿Eh? ¡No es su molestia! —exclamó Osomatsu.
—¿Qué dices, muchacho? Lo es totalmente. Si Todomatsu no hubiese conocido a semejante sujeto jamás se habría encerrado en su pequeño mundo y jamás habría caído tan bajo. Se está haciendo daño estando junto a ese tipo. Es muy dañino, ¿no lo ven? Con más razón debemos ayudarlo a alejarlo de él y traerlo para acá. O quizá si él quiere, para que siga viviendo por él mismo, debamos conseguirle un nuevo departamento. Es tan raro…
—¿Qué dices, papá? ¡No! Es todo lo contrario —dijo Choromatsu.
—No. Ustedes tratan de convencerse de que fue así pero no lo es. Ni siquiera lo conocen...
Jyushimatsu abrió mucho los ojos.
—Olvídenlo. ¡Todomatsu puede volver, pero estas son las condiciones! Lo entienden, ¿verdad? Sí, son adultos. Sé que lo entienden.
—Papá... —dijo Karamatsu muy bajito.
—No sé qué pensó ese muchacho al irse con alguien que apenas conoció. Y sobre todo con un hombre... Todomatsu es totalmente muy diferente a nosotros y por eso hay que darle atención especial. Trataremos de cuidarlo alejándolo de ese tipo de gente.
"Ese tipo de gente" era Atsushi, por supuesto.
Osomatsu apretó los puños.
—Agradezco que por lo menos muestres interés en Todomatsu —exclamó Osomatsu, y ante esas palabras Matsuzo hizo una cara de enfado—, pero no es el tipo de ayuda que estamos buscando.
—No está mal estar junto a una persona porque se le quiere mucho, ¿verdad? Sea a como sea —le dijo Jyushimatsu a su padre esperando alguna reacción por parte de éste, pero no la hubo.
—Por eso haremos lo que creamos correcto —dijo Osomatsu con un tono de liderazgo—. ¡Si mi estúpido hermano quiere utilizar su vida de esa manera, que lo haga! ¡Que viva para él! No veo por qué no pueda hacerlo. Puede que sea molesto y su actitud es hasta cierto punto desesperante, pero sea o no desagradable, iré a sacarlo del abismo en donde está. ¡Nada de lo que tengan que decir los demás debe de importar!
Osomatsu salió corriendo rápido de la habitación en cuanto terminó de hablar (o quizá gritar). Matsuzo se quedó perplejo.
Los hermanos que aún yacían plantados en aquella habitación se miraron entre ellos de nuevo. Al ver que nadie tenía intenciones de decir algo, aunque fuese para despotricar, salieron inmediatamente siguiendo al mayor, dejando a su padre solo en el frío lugar.
El hombre meneó la cabeza. Fue a la habitación donde su esposa Matsuyo dormía y se encerró.
Osomatsu atravesó el pasillo con rapidez, apoyándose de las paredes tras trastabillar bruscamente.
—¡Osomatsu! ¿Qué haces? —decía Karamatsu que iba detrás de él con el entrecejo fruncido.
El sonido hueco de las pisadas sobre el suelo de madera resonaba por cada esquina.
—¿No tenías algo más que agregar? —preguntó Choromatsu siguiéndole—. No hagas alguna estupidez. ¿Qué sucede?
Osomatsu frenó poco a poco, parándose frente al recibidor.
—¿Osomatsu-niisan? —preguntó Jyushimatsu tomándolo del brazo para lograr que volteara a verlo.
Osomatsu lo apartó.
—Osomatsu, no seas tonto —dijo Ichimatsu con su actitud cerril—. Ya no está lloviendo fuerte, seguro que la lluvia desaparecerá pronto... Quizá ya lo hizo, pero afuera sigue habiendo un desastre. No podremos salir de aquí ahora.
—Lo sé —dijo el mayor sin más.
—Volvamos, Osomatsu —dijo Karamatsu—. Hagamos algo después.
—Si seguimos con eso; si seguimos diciendo eso, ese "después" nunca llegará —dijo el primer hijo.
—Entonces, ¿qué harás? —preguntó Choromatsu.
—Lo haremos todos juntos —Osomatsu dijo seriamente y después relajó las facciones de todos regalándoles una sonrisa.
Se acercó al teléfono que se encontraba en la entrada, y sujetándolo marcó un número. El número de Todomatsu.
¿Por qué ese teléfono y no cualquier otro celular? Bueno, cabía la posibilidad de que no quisiera contestar otro número que ya conociera, y a su vez quizá pensaría que sucedió algo en casa, por lo que se vería obligado a contestar. Si no contestaba Todomatsu, lo haría Atsushi. Una trastada conveniente.
Los ojos de todos se abrieron bastante. ¿Hablarían con Todomatsu en aquel instante? Más que los nervios que los invadían por no saber qué decir en aquel momento, se sentían ligeramente atemorizados por el hecho de que fuese Osomatsu quien estuviese sosteniendo el teléfono. Quién sabe qué cosas pudiese blasfemar.
Sólo se escuchaba el silencio de la línea, y de pronto un ruido ligero al fondo.
[ ....... ]
4:00 pm.
Atsushi y Todomatsu se encontraban en el sofá de la sala que estaba en la segunda planta escuchando la televisión. Mirando revistas y leyendo algunos periódicos.
—Atsushi-kun, es diciembre —dijo, pensando que quizá Atsushi no lo había notado aún.
—Lo sé —dijo con una sonrisa.
—Atsushi-kun, ¿cómo es que...?
Fue interrumpido por el tono del celular. No pudo continuar.
Todomatsu miró al mayor con curiosidad, como si estuviera leyendo sus movimientos. Atsushi tomó el celular y contestó.
—¿Hola?
Osomatsu tragó saliva y se limitó a hacer un gesto afirmativo con la cabeza. Los demás lo miraron con asombro. Dio en el blanco. Por fin alguien había contestado después de fracasar rotundamente con los miles de mensajes y llamadas, una y otra vez.
Los hermanos se miraron preguntándose qué sucedería a continuación.
Osomatsu carraspeó al darse cuenta de que notablemente aquella no era la voz de Todomatsu. No supo qué decir, pero quiso ser sincero consigo mismo. Él no quería hablarle a Atsushi, él quería hablar con Todomatsu.
Sintió un poco de coraje al no escuchar la voz de su hermano.
—Disculpa, amigo —dijo Osomatsu—. Todomatsu está ahí contigo, ¿verdad? Quiero hablar con él.
—¿Quién habla? —preguntó lo más cortés posible. Después de todo, atender llamadas era una de sus especialidades.
—Osomatsu. Uno de sus tantos hermanos. Creo que entiendes que la situación es delicada, ¿no? Has estado poniéndote en contacto con Ichimatsu y nos ha dicho algunas cosas. Estamos preocupados y necesitamos hablar lo más pronto posible. Por favor, devuélvele su teléfono.
Atsushi entornó los ojos y asintió lentamente. Aquel chico tenía bastante seguridad en sí mismo. Al pensar en ello incluso sonrió un poco. En verdad que Todomatsu llegó hasta tal punto con su miedo e inseguridad, que incluso no contestaba su teléfono si es que no miraba un número confiable en la pantalla. Por supuesto que no recordaba el número de su casa. Nadie lo usaba.
—De acuerdo. —Le pasó el teléfono a Todomatsu y antes de soltarlo por completo para dejarlo en su mano, lo miró a los ojos y sonrió una vez más—. Todomatsu, todo está bien, ¿sí? Iré un momento al dormitorio.
Atsushi se fue. Todomatsu estaba desconcertado. Enseguida se puso el celular en el oído.
—¿Sí?
El corazón de Osomatsu latió muy rápido.
—¿Todomatsu? ¡Demonios, hombre! ¡Estoy tan feliz de escucharte!
—Osomatsu-niisan...
Todomatsu se alejó un poco del celular por instinto. Enseguida se acercó de nuevo para seguir escuchando a su hermano decir:
—¡Oye! ¿Cómo has estado? ¿Te encuentras bien? Nos tienes a todos muy angustiados.
—Lo siento. Yo...
—No he hablado para que te disculpes. Quiero saber qué sucedió. Todomatsu, ¿por qué no nos dijiste ni una sola palabra hasta el momento? Desapareciste del mapa... Incluso pensamos en llamar a la policía, pero eso haría un escándalo y además no había ningún acusado de nada. Así que...
—Osomatsu-niisan, también estoy feliz de escucharte.
Osomatsu sonrió.
—Todomatsu, no vuelvas a hacer algo así nunca. ¿Qué es lo que has estado pensando?
—¿Eh? ¿De...?
—Nosotros nunca pensamos nada malo acerca de ti. Y no lo hacemos ahora. —Sólo había silencio en la línea, por lo que Osomatsu continuó—: Todomatsu, nosotros te queremos como eres. Lo siento si en algún momento me expresé mal y pensaste lo contrario…
—Niisan...
—Todomatsu, los otros quieren hablar contigo. Todos tenemos muchas cosas que decirte.
—Déjame hablar con ellos —dijo nervioso.
—No. No nos vamos a entender si hablamos por teléfono.
Choromatsu le había dirigido una mirada de reproche a Osomatsu. Éste último se encogió de hombros.
—¿Eh? Pero, Osomatsu-niisan... Yo ahora...
—Está bien —lo interrumpi—. Él entenderá —dijo refiriéndose a Atsushi—. Todomatsu, por favor, encontrémonos en algún lugar y platiquemos con calma.
Karamatsu miró a Osomatsu con asombro. Jyushimatsu se emocionó e Ichimatsu abrió bastante los ojos, sacudiendo un poco su cabeza.
—¿Qué haces, Osomatsu? —susurró Choromatsu.
Hubo un momento de silencio.
—Creo que... —Todomatsu intentó pensar en ello.
—Todomatsu, sólo seremos nosotros. Sin nuestros padres. Sólo los seis, como siempre.
—Yo...
—¿Puedes hacerlo? —insistió Osomatsu.
Todomatsu miró de reojo la habitación donde se encontraba Atsushi. Bastaría con avisarle, ¿no? Era un momento especial, por así decirlo.
—Sí. Puedo hacerlo —dijo bajito.
—¡De acuerdo! —Osomatsu se alegró mucho.
Se despidieron y colgaron. Acordaron rápidamente un lugar para verse.
Todomatsu se sentía de lo más extraño. Después de haber pasado realmente por un muy mal momento, ahora estaba a punto de ver a sus hermanos. Es decir, creía que jamás los vería. Lo había dado por sentado y temía volverlos a encarar. Pero aceptó, y aceptó porque estaba dispuesto a vivir con sus miedos desde el momento presente.
Todomatsu se dirigió a donde Atsushi y le explicó lo que le habían propuesto. Éste último se limitó a sonreír. Después de todo, aquel día podría pasar algo bueno.
Todomatsu se puso un abrigo y se dirigió a la entrada.
—Te acompañaré —dijo Atsushi.
—Creo que es mejor que vaya solo. Por favor, no pienses mal —dijo gentilmente—. Mis hermanos se ponen extraños cuando te ven. —Sonrió.
—Entiendo. —Rio un poco—. Por favor cuídate mucho.
Atsushi abrigó a Todomatsu apropiadamente y lo encaminó hasta la salida. Se despidieron.
Todomatsu caminó hasta el lugar. No se sentía de humor para ir a la estación.
Mojaba la suela de sus zapatos con los finos charcos de agua helada que se formaron sobre el concreto.
Iría a una plaza comercial. Tenía las manos en sus bolsillos. Extrañamente no sentía ningún tipo de malestar. Sólo se sentía extraño. No habría de emocionarse mucho por ver a quiénes han vivido con él durante veinte años, pero...
Al llegar se quedó ahí plantado. Ahí estaban sus hermanos, todos sentados alrededor de la fuente que estaba en el centro de la plaza.
Cayó la noche. El cielo estaba totalmente limpio. Los últimos rayos anaranjados bañaron el horizonte de la luminosa ciudad antes de ser engullidos por el púrpura del cielo.
Tomó aire y se acercó. Ellos no lo habían visto aún. Al estar casi en frente se quedó ahí, con una mueca retorcida.
—Hola —dijo por lo bajo sin acercarse mucho.
Todos se giraron al escucharlo.
—¿Totty? —Jyushimatsu lo miró y se acercó rápidamente hasta él—. ¡Totty! —Lo abrazó con fuerza, levantándolo un poco.
—¡Todomatsu! Vaya que nos tenías preocupados... —dijo Choromatsu acercándose.
Jyushimatsu lo soltó.
—¡Todomatsu! ¡Tardaste! ¿No tomaste el metro? —dijo Osomatsu—. Hace mucho frío...
—Me alegra mucho verte después de tanto tiempo, brother —dijo Karamatsu amablemente, como solía hacer él.
Todomatsu se limitó a sonreír. Enseguida volteó a ver a su cuarto hermano, el cual no había dicho nada.
—Hola... —soltó Ichimatsu, para que Todomatsu no dijera nada primero.
Todomatsu sonrió.
—Hermanos, yo de verdad lo siento. No tenía idea de que... —Fue interrumpido.
—¡Sólo no lo vuelvas a hacer! —dijo Osomatsu tomándolo de los hombros—. ¡Rayos, Todomatsu! De verdad estuvimos muy preocupados, y después de enterarnos de lo que sucedió... contigo... —Hizo una mueca—. ¡Olvida eso! Yo me equivoqué, lo siento mucho. Seré sincero contigo: nada de lo que haces me molesta, ¿está bien? Incluso si lo hiciera, no debería de importarte.
Todomatsu abrió mucho los ojos, tenían un brillo especial. Choromatsu se acercó ahora.
—Todomatsu, lo siento. —El tercero hizo una rápida reverencia y se reincorporó—. No pensé que lo que fuéramos a hacer te afectara tanto. No, de hecho, te afectó el que no hiciéramos nada. Perdónanos. Debimos de haber abierto la boca a tiempo y no después. Lo siento, por parecer poco confiables. Si fuéramos mejores hermanos podríamos haberte ahorrado toda esta preocupación y no tendrías que dejárselo todo a Ichimatsu. Lo siento.
—Podías haber contado con nosotros también —dijo Karamatsu—. Discúlpanos por ser tan innecesarios...
« ¿Innecesarios? »
—Yo... ¡Yo nunca dije que ustedes fueran innecesarios! —dijo Todomatsu enseguida, sujetando la fría mano de Karamatsu, reprendiéndole. Éste se sorprendió. Todomatsu lo soltó—. Nunca lo hice y no lo haría. Es verdad que me preocupé, pero pensar en volverlos a ver de cierta forma me mantuvo animado. Deseaba poder hablar con ustedes de nuevo como antes...
—Totty, ¿de verdad piensas así? —preguntó Jyushimatsu—. Nos gustaría que cualquier cosa que pienses, nos la digas. Sé que no duermo contigo al lado del futón, pero al sentirme más espacioso también me sentía más triste cada noche, porque tú hacías falta ahí. —Hizo una pausa. Estaba mirando a Todomatsu a los ojos—. Y no es especialmente porque no estuvieras ahí, sino porque no sabía dónde estabas. Incluso si nos hubieras dicho que estabas en paz con Atsushi-san, estaríamos a gusto. Aun así, no nos dijiste nada especialmente a nosotros y estuve nervioso. Quería saber qué pensabas y por eso ahora nosotros nos encontramos angustiados… Estaba triste porque no sabía qué pensabas. Estaba triste como no tienes idea —dijo Jyushimatsu tristemente, aunque lo arregló todo con una sonrisa final, típica de él.
Todomatsu se sonrojó al escuchar el nombre de Atsushi y también sonrió ante las palabras de su hermano.
—Gracias. Por favor, no te preocupes —dijo Todomatsu dulcemente.
—Bueno, supongo que puedes predecir cualquier cosa que yo diga —dijo Ichimatsu con su voz floja—. Pero, por favor, si tienes que preocuparte por algo, hazlo por una verdadera razón y no por algo tan estúpido como la opinión de los demás. Incluso si fuera la nuestra, por favor...
Todomatsu no pudo evitar reír un poco ante las palabras de su hermano y asintió.
—Está bien. Lo prometo —dijo el menor.
Afortunadamente nadie les prestaba atención. No tenían un drama ni nada, pero sería incómodo que alguien los viera detenidamente. Permanecían alrededor de la fuente; las luces de la plaza se comenzaron a encender al igual que los apartamentos y el alumbrado local. Se veía espléndido. Anocheció.
Hablaron un rato más de asuntos que no pudieron aclarar y de cosas triviales. Rieron un poco y también se apoyaron con sus palabras hasta que, finalmente hablaron sobre Atsushi.
—Ese muchacho... es tu pareja, ¿verdad? —dijo Choromatsu—. ¿Entonces podemos estar seguros de que estarás bien con él?
—Qué pena. —Caviló Osomatsu—. Aquel día en el hospital lo vimos y yo...
—Ni lo digas —espetó Karamatsu.
—Bueno, no debe de tener una muy buena imagen de nosotros después de eso, pero... —Ichimatsu fue interrumpido.
—Creo que de alguna manera él ya los conoce porque le he hablado de ustedes —dijo Todomatsu con una sonrisa.
—¿De verdad, Totty? —dijo Jyushimatsu.
—Sí. Traté de no olvidarlos. Después de todo, descubrí que me avergonzaba más de mí mismo que de ustedes... —Todos lo vieron con ganas de corregirle, pero enseguida continuó—: Pero, ahora no será así. Los tengo a ustedes y a Atsushi-kun. Estoy bien sólo con eso.
Todos sonrieron.
Una vez más, siguieron hablando. Para aclarar dudas, le preguntaron a Todomatsu acerca de Atsushi y él les contó todo, omitiendo los detalles que no fuesen cruciales. Les contó la misma historia que le contó a Ichimatsu varios meses atrás en su confesión. Sólo asentían y soltaban algún otro comentario inofensivo. Al final, nada resultó mal. Es decir, fue extraño al principio. Fue diferente. Pero querían a Todomatsu tal y como era.
Lo amaban mucho, aunque no se lo dirían.
También les pasó la dirección de la casa de Atsushi. Podrían encontrarlo ahí. No le molestaría, ¿verdad? No quería que sus hermanos siguieran desconociendo su paradero.
Se abrazaron y se despidieron. No pasaría mucho tiempo y quizá en un futuro cercano se volverían a ver. Así lo habían prometido. En ningún momento los cinco hermanos le dijeron algo a Todomatsu acerca de su padre para no estresarlo o incomodarlo, ya que no era necesario.
A los hermanos les sorprendía que en ningún momento Todomatsu hubiese llorado, porque así era él. Quizá se había vuelto más fuerte.
—¡No nos olvides, Todomatsu! —gritó Osomatsu desde lejos.
Karamatsu, Choromatsu, Jyushimatsu y hasta Ichimatsu sonrieron, agitando la mano en el aire, despidiéndose. Todomatsu hizo lo mismo.
Como ya era noche subió a un vagón del metro y fue a casa con Atsushi. Una sonrisa se asomó de entre sus labios.
Todomatsu llegó a la casa. Atsushi lo recibió con una sonrisa y una taza de chocolate caliente.
—Hola, Todomatsu. ¿Cómo te fue?
—Me han liberado —Rio—. Bueno, en cierta forma.
—Con ver tu rostro puedo decir que no estás mal —dijo.
—Estoy bastante bien. Mis hermanos son muy amables, después de todo —dijo bajito.
Atsushi sonrió con sus mejillas tornadas de un ligero carmín.
—Vamos, cámbiate.
Todomatsu se puso su pijama y fue a la cama junto a Atsushi tomando el chocolate caliente. Estuvieron los dos juntitos hasta que se arrullaron y se durmieron. Finalmente se volvieron a abrazar después de tanto tiempo de no hacerlo, sintiendo el calor del otro. Esta vez Todomatsu metió sus manos bajo la ropa de Atsushi, acariciando su suave y formado abdomen, sintiendo su calidez. Atsushi permitió el tacto.
Todomatsu sonrió y se detuvo en su pecho. Atsushi tomó las manos del menor con las suyas y las apretó dócilmente.
—Atsushi-kun, me siento mejor ahora. Gracias.
—¿Por qué?
—Porque tú llamaste a Ichimatsu-niisan.
—Oh, lo entiendo. Pero no he sido yo el que...
—Lo sé. Fueron ellos; sus decisiones, ¿verdad? Pero tú te has preocupado por mí y ellos han venido a buscarme. Quiero decir, yo nunca habría tomado el valor para poder ir con ellos de nuevo. Nunca me enteré de nada; de lo que pensaban de mí. Sólo los juzgué por sus ojos al verme aquella vez...
Todomatsu lo abrazaba por la espalda.
—En verdad me alegra que tengas mejor semblante. ¿Te sientes bien junto a mí?
—Sí, me siento bien junto a ti. —Se apegó al mayor y le dio unos suaves besos en la espalda, sobre la camisa.
Durmieron. A la mañana siguiente se despertaron juntos. La luz del sol se asomó por la ventana. Después de tanto, el cielo se despejó. Un leve calor abundó en la ciudad.
Durante mucho tiempo, Atsushi estuvo apapachando a Todomatsu hasta que se sintió seguro de proporcionarle todo el amor que merecía. Jamás volvería a permitir que su amado se sintiera solo de nuevo. Lo cuidaría como a su vida misma. Durante semanas, permanecieron juntos como tórtolas. El semblante del chico lucía mejor, pero el mayor se dijo que dejarlo reposar en cama por varios días le vendría bien. Después de todo, la preocupación y tristeza no era algo que desaparecía tan fácil.
Pasaron algunos días. Días de un mes algo especial: diciembre.
Todomatsu estaba un poco nervioso. Era el primer año que no pasaba aquella fecha junto a sus padres y hermanos.
Atsushi había vuelto a su trabajo. Por supuesto, él seguía tratando con mucho cariño a Todomatsu, como se lo merecía. Y éste también hacía lo mismo con el contrario. Era casi imposible abandonar el trabajo para él. Un hombre de negocios está siempre muy ocupado, ¿no?
Todomatsu incluso se sentía un poco vacío en ratos al no tener a Atsushi junto a él, pero al llegar a casa recibía todo ese calor que le hacía falta. Incluso de vez en cuando salió a caminar por las calles mirando los foquitos navideños adornar las cálidas casas por la noche y los muñecos de nieve en los parques infantiles.
También pensó en Atsushi antes de conocerle, ¿cómo pasaba él esas fechas?
Entornó los ojos hacia el cielo pensando en ello con melancolía y suspiró. En ese instante algo pasó por su mente rápidamente y sonrió.
No sólo se ayudaría a sí mismo. Era increíble que no hubiese pensado en eso los últimos días, incluso antes del incidente...
Quizá esto fuera lo que pudiese iluminar los últimos días o meses.
Era el momento de poder hacer algo por Atsushi.
Después de todo, resolviendo los problemas del corazón ajeno se resuelven los propios.
Chapter 22: Feliz navidad
Notes:
¡Hola! Este capítulo es un regalo de mí para ustedes, como especial navideño. Pásenlo bonito.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Atsushi y Todomatsu se encontraban desayunando.
—Todomatsu, hace unos días me habías querido preguntar algo. ¿Qué era?
—¿Eh? No lo recuerdo.
—Era tan sólo un poco antes de que tus hermanos llamaran.
Enseguida se acordó.
—Ah, sí. Sonará un poco extraño —dijo como modo de advertencia—. ¿Cómo es que pasas estas fechas?
—Eh, ¿yo?
—Sí. ¿Qué sueles hacer? La verdad creo que puedo adaptarme a cualquier costumbre tuya. —Sonrió.
Atsushi lo meditó. Pronto sería navidad y por eso Todomatsu hacía todas esas preguntas, seguramente.
—Nada en especial.
—¿Eh? ¿Cómo?
—Es raro, lo sé. Pero nunca he celebrado la navidad como se debe. —Sonrió—. Tal vez por la mala relación con mi familia fue que nunca acostumbré a prestarle atención a algo así. Te conté todo, ¿no? Ni siquiera pude celebrar mi cumpleaños... —Sonrió tranquilamente—. No tengo nada en mente.
Todomatsu calló. «¡Imposible!», pensaba.
—¡Atsushi-kun!
—¿Sí?
—Yo... Bueno...
—¿Irás con tus hermanos ese día? Creo que lo pasarán bien a como están ahora. —Sonrió y se levantó de la mesa gentilmente agradeciendo la comida.
—Yo no lo sé... —balbuceó.
Atsushi se ajustó la corbata.
—Volveré por la noche. Con suerte no tardaré mucho.
—De acuerdo, cuídate.
Atsushi subió al coche y se encaminó a su trabajo.
Todomatsu pensó un momento en lo que haría. El cielo ya no estaba oscuro, y aunque aún hacía mucho frío, así se estaba bien. Se sentía mucho mejor ahora, Atsushi tenía razón. Las cosas se arreglarían muy pronto… Y se arreglaron muy pronto.
Caviló sobre la actual situación unos minutos y enseguida tuvo una idea. No podía seguir así... Pensó en esperar a Atsushi hasta la noche, pero apenas había empezado el día.
Salió un momento a caminar.
Recordaba las palabras de Osomatsu con su tono tan hiriente y su significado tan reconfortante. Su hermano de verdad le había dicho mucho, pero entre todo ello, algo especial resonaba en su cabeza.
"¿Por qué te partes el alma por otros y no puedes hacerlo ni siquiera por ti?"
En cierta forma era cierto. ¿Pero qué tenía de malo preocuparse por otros?
Él todo el tiempo pensó que se preocupaba por sí mismo y era la verdad de las verdades. Sólo se preocupaba por sí mismo y por lo que le importaba. Se preocupaba por Atsushi, porque si algo malo le sucedía él se sentiría mal. Y si Atsushi estaba triste, él también estaría triste. Todo se basaba en eso.
Los días pasaron lentamente y de la nada Todomatsu comenzó a llenar de "basura innecesaria" toda la casa. Ahora había un más notable ambiente navideño, pues había adornos color rojo, blanco, dorado, plateado y verde por toda la casa, con algunos cascabeles y una corona navideña muy esponjosa colgada en la puerta. Sólo eran algunas cosas que pudo comprar con sus ahorros sin destino.
Cuando Atsushi llegó a casa aquella noche se percató inmediatamente de todo y quedó sorprendido. Su casa jamás se veía así de colorida y bonita, o al menos era lo que pensó al instante.
Agradeció a Todomatsu y lo abrazó. Estaba muy contento y muy agotado. Durante todo el día en la oficina no hacía más que pensar en llegar a casa, ver a Todomatsu y pasar un tiempo con él. Y era lo que haría. Ambos de nuevo comieron la comida caliente sobre la mesa y se acostaron juntos en el sofá.
El cielo tenía una extraña pero agradable combinación de azul claro con nubes de un anaranjado intenso. Se veía precioso junto a la luz filtrada, aunque todo aquello venía acompañado con un gélido aire.
Pasaron algunos días.
Atsushi estaba un poco entusiasmado, pero el tan sólo pensar que debía trabajar la noche de navidad como todos los años hasta tarde le quitaba un poco el ánimo.
—Atsushi-kun, ¿en serio no puedes faltar?
—Me despedirían.
—¿De verdad? —Miró hacia techo pensando acerca de ello.
—De verdad. Creo que no puedo pensar en perder un puesto tan importante.
—Ya veo.
—Doblaré el turno nocturno. —Suspiró.
—Ya veo —dijo de nuevo e hizo una mueca.
—Así que, para que no lo pases mal podrías hacer algo con tus hermanos. En serio, lo siento...
Todomatsu lo pensó. No asintió, pero tampoco lo ignoró. Sólo le sonrió y no dijo nada más. Otro día pasó… Pronto sería navidad.
Todomatsu salió un día en el que nevaba ligeramente. Bastó con llevar un abrigo lo suficientemente grueso de capucha esponjosa y un paraguas transparente. La nieve se veía bonita por encima de éste y el frío no calaba como debería. Con todo el dinero que tenía ahorrado, el cual no era mucho, compró un regalo para Atsushi.
Llegó a casa y lo envolvió en una pequeña caja con un llamativo papel color azul metálico y un moño blanco. La cinta quedaba preciosa.
Puesto que no tenían un árbol de navidad, no tenía dónde colocarlo por el momento, por lo que decidió guardárselo en la bolsa que llevaba al Sutabaa. No sabía si Atsushi compraría algo para él, pero no importaba. No esperaba nada a cambio. Pasaron quizá dos o tres días más.
Un olor a canela y menta emanaba de la sala. Todomatsu de vez en cuando salía con Atsushi a ver los adornos navideños al anochecer junto a las luces de colores por las calles. En todas partes vendían comida y adornos muy interesantes. Las compras en aquella época eran las mejores. Pero, casi siempre Atsushi estaba en la oficina. De alguna manera se sentía como si realmente lo estuviese ignorando todo.
«¿Qué estarán haciendo Osomatsu y los otros? ¿Y papá y mamá?», pensaba.
El caso es que, Todomatsu y Atsushi se volvieron aún más cercanos. Todomatsu volvió a sonreír, y Atsushi al verlo hacerlo, lo imitaba.
Todomatsu recordó que Atsushi no había estado comiendo bien el último mes y eso le inquietaba. Es decir, trabajaba demasiado y dormía muy poco, y además, ¡no comía lo suficiente! Por ello se aseguró de que mantuviera las fuerzas. Así que, Todomatsu comenzó a comer de nuevo junto a Atsushi como antes cuando podían, en las mañanas y tardes. De esa manera recobró el color de sus mejillas.
Haciendo todo ello, se le vino a la mente algo. Tuvo una idea. ¡Haría una deliciosa cena de navidad! Aprovechó para hacer las compras cuando Atsushi no estaba. Tenía todo el tiempo del mundo.
Estaba preocupado. No sabía cómo se llevaría a cabo aquel día.
Atsushi no estaría ahí, pero... Incluso si es para otro día, antes o después, quería cenar con él y hacerle pasar su primera navidad de una forma agradable. Atsushi no sabía nada de aquello, ¿o sí? Imaginarse flagrante en esa situación lo hacía emocionarse.
Tan sólo unos días antes Todomatsu lo pensó varias veces y decidió preguntar lo mismo teniendo la esperanza de que la respuesta cambiara.
—¿Por qué no te quedas conmigo pasado mañana en la noche, Atsushi-kun?
—No puedo... —dijo con pesadez.
—¡Por favor! Yo voy a tratar de hacer que te relajes un poco.
—Quizá esperen demasiado de mí y afectaré a mis colegas negativamente si no me presento.
—Entiendo.
Pero no pasó. Al final, las decisiones de Atsushi eran difíciles de cambiar.
Tenía todo listo para prepararlo. El pavo relleno junto a algunos aperitivos y el pan de frutas. ¿Atsushi se lo esperaría de él? En realidad nunca trató de ocultar nada, pero por alguna razón no lo comentó en ninguna ocasión.
La mañana de la navidad en un futuro inmediato había llegado. Por fin era 24 de diciembre.
Primero, Todomatsu planeaba despertar a Atsushi con un cálido abrazo y un dulce "buenos días" mientras acomodaba discretamente el flequillo del contrario en un intento por despertarlo.
Pero tuvo que despertar solo. Atsushi por alguna razón había aceptado cubrir el turno nocturno en su oficina, y no es que le molestara, pero si le desilusionaba un poco el no poder seguir sus planes. Gracias a esto, el preparar pan francés y café con leche caliente se fue cuesta abajo.
Estaba bien, no era nada.
Al principio de la mañana llamó cuidadosamente a sus hermanos. Jyushimatsu atendió la llamada, y como los otros años, le hizo saber al sexto hermano que sólo comerían la comida que su madre haría, usarían luces de bengala, fuegos artificiales, se darían regalos mediocres entre ellos y después dormirían tranquilamente por haber bebido demasiado. A Todomatsu le dio gracia.
Después de eso colgó y dio vueltas sin saber qué hacer. Pasaban las horas...
Pronto se hizo tarde. Quizá eran las cinco de la tarde.
Todomatsu comenzó a preparar la cena navideña. Hizo el pavo relleno con algunos dulces y una que otra ensalada o pasta. Aunque miró detenidamente la mesa al comenzar con la comida y torció los labios. No había ninguna bebida especial.
5:02 pm.
Era aún temprano pero ya estaba oscuro y nevaba gentilmente.
Atsushi estaba en su oficina con la mirada clavada al monitor, siendo encandilado por la luz blanquecina. Con movimientos ágiles tecleaba rápidamente varias cuentas y acomodaba la información Y con una mano, atendía las llamadas de otros empresarios o clientes importantes de la compañía que lo llamaban cada hora. Estaba algo presionando. Ni siquiera tenía tiempo para comer. Miró por un momento hacia la ventana y parpadeó varias veces.
—¿Nieve?
No se esperó que fuese a nevar aquella noche. Mover el coche sería un problema si es que la nieve se acumulaba. Carraspeó y apretó los puños. Le estaba comenzando a doler la cabeza y ese clima no le ayudaba mucho.
Miró un momento más la pantalla llena de letras y números, y sin pensarlo más se levantó de su lugar. Comenzó a guardar sus cosas en su portafolio y salió de aquella habitación a paso lento. Después de todo, dejar a Todomatsu solo en casa no había sido una buena idea en absoluto.
Miró a sus demás compañeros y pasando una tarjeta en el registrador del lugar estando al marco de la puerta, informó sobre su retiro.
—Buen trabajo.
—¿Eh? ¿Te vas ya, Takahashi-kun? Si aún no ha caído la noche —dijo uno de sus colegas. Quizá era tan sólo algunos años mayor que él.
—Si es necesario doblaré turno otro día —dijo Atsushi, decidido—. No tengo ánimos de seguir aquí hasta mañana de nuevo.
Los demás en aquella gran fría habitación del edificio se limitaron a dirigirle una mirada indiferente y seguir con lo suyo en silencio, hablando casi a susurros por el teléfono, únicamente con el sonido de las teclas de las computadoras siendo presionadas y bolígrafos escribiendo sobre el papel.
—Ya veo. Pásalo bien entonces. Esta noche es especial después de todo. Y descansa un poco también —le dijo el hombre mayor.
Atsushi apenas esbozó una simple sonrisa e hizo una reverencia para luego darse la media vuelta y retirarse.
Conducía por la ciudad de Tokio cuidadosamente, mirando los locales. Comenzaba a haber actividad por las calles. Las luces se encendieron.
Había vendedores afuera de las tiendas ofreciendo sus especiales navideños; regalos, pasteles, entre otras cosas pese a que estaba nevando.
Atsushi estaba un poco nervioso. No sabía cómo debería de comportarse ese día. No sabía exactamente qué debería hacer... Debería de permanecer en su oficina hasta el amanecer como los otros años, ¿no? Meneó la cabeza.
Sin pensar mucho tiempo en ello se detuvo frente a una tienda realmente suntuosa y compró algo con precisión. Al menos intentaría hacer algo.
Al entrar al coche puso la caja con la compra en los asientos traseros y se encaminó a su casa. Aunque, antes de continuar se detuvo en otra tienda. Volvió a comprar algo.
El blanco reinaba alrededor y su pureza sólo era corrompida por los reflejos de las luces de los locales y los fuegos artificiales que comenzaban a adornar el cielo nocturno. Parejas iban y venían.
« Ah... Si tan sólo fuera así de fácil » .
Sin pensarlo más, se dirigió de nuevo a donde Todomatsu estaba. Quizá no sería la mejor noche, o eso temía. Aunque, también pensó que quizá Todomatsu estaría con sus hermanos. No descartaría la probabilidad.
En medio del tráfico metió una de sus manos en su bolsillo para tomar su celular, mientras que con la otra sostenía el volante. Llamó a Todomatsu.
—¿Hola? —Era la voz de Todomatsu—. ¿Atsushi-kun?
—Todomatsu...
—¿Ha sucedido algo?
—Eh, no, nada. No te preocupes. Quiero saber en dónde estás.
—Menos mal —dijo con cierto tono preocupado y de alivio, si es eso posible—. Estoy en la casa ahora mismo. ¿Por qué?
—He salido de la oficina temprano.
—¿En serio? ¡Qué bien! ¿Eso quiere decir que vendrás? —Se oía alegre.
—Por supuesto, voy para allá. —Sonrió.
—Espero por ti. Y... ¿sabes, Atsushi-kun? Te tengo una sorpresa.
Atsushi soltó una risita a través de la línea que le hizo sentir cosquillas.
—No puedo esperar.
Terminaron la llamada. Con el limpiaparabrisas se deshacía de la nieve que se acumulaba poco a poco en el cristal. Además, los vidrios se empañaban. Atsushi se dirigió a su hogar con cuidado, mirando tranquilamente todo a su alrededor. Nunca se puso a pensar cuán bonito podía lucir afuera aquel día, en aquel lugar, en aquellas horas. Más colorido de lo que recordaba.
Por alguna razón aquel día su corazón latía más rápido...
Entró al garaje y dejó el auto. Dirigiéndose a la casa pasando por el patio llegó a la puerta y tocó. Enseguida escuchó pasos desde adentro que se dirigían a la puerta. Todomatsu abrió desde adentro.
—Atsushi-kun, ¡bienvenido!
—Estoy en casa —dijo con una sonrisa.
—Entra. Podría darte un resfriado o algo así... —Tomó a Atsushi del brazo y lo hizo entrar con delicadeza.
—¿Podrías esperar un momento? Olvidé algunas cosas en el auto. —Hizo un ademán, refiriéndose al portafolio.
—Ah, está bien. Ve —dijo Todomatsu y se dirigió a la cocina a terminar todos sus preparativos.
Atsushi fue y regresó enseguida con el portafolio en mano, dejándolo en la sala a un costado del sofá. Además, traía la caja blanca que compró en una de las tiendas y una bolsa bastante grande y elegante en otra de sus manos. Todo de verdad pesaba. Quitándose los zapatos se encaminó a la cocina con una sonrisa en el rostro.
Al entrar quedó sorprendido. Había una cena deliciosa sobre la mesa con un ambiente muy agradable y un olor muy suave. Era todo tan cálido.
Se quedó ahí parado aspirando el dulce aroma a pan de naranja, café, canela y frutos secos. Cierto sentimiento nostálgico invadió su mente y su corazón. No podía evitarlo.
—Todomatsu... ¿qué es todo esto?
—Ah, es tu sorpresa. —Sonrió con sus mejillas coloradas—. Creo que es tu primera vez con una de estas, así que quise hacer algo especial para ti... No es mucho, pero al poder estar juntos me parece que es algo lindo. Incluso la preparé pensando que no estarías, pero de igual forma quería sentarme a la mesa contigo, incluso si no fuera esta noche. —Se acercó a Atsushi y volvió a sonreír—. Así que estoy feliz de que estés aquí.
Atsushi se había quedado mudo.
—Gra... Gracias.
—¿Eh? ¿Estás bien, Atsushi-kun? Luces algo...
—¡Estoy bien! —lo interrumpió antes de que acabara la frase—. Lo siento, estaba muy cansado. —Meneó la cabeza y sonrió.
—Ya veo. —Miró a Atsushi un momento y notó que traía algo en las manos—. Atsushi-kun, ¿qué es eso?
—Lo compré para ti —se limitó a decir—. Aunque no estoy seguro de si estas cosas se pueden regalar en un día como hoy...
—¿Mhm? ¿Qué es? —preguntó juguetonamente acercándose al mayor. Éste le entregó la caja y Todomatsu la abrió sobre la mesa. Al abrirla miró lo que era: un rico pastel de vainilla con crema y fresas, que además de ser delicioso lucía también precioso.
—Es especialmente para ti. Aunque...
—¡Me encanta! Muchas gracias, Atsushi-kun.
—Y, bueno, lo siento. No pude pensar en un regalo mejor, así que esto es todo de mi parte...
—No te preocupes. Para mí, mi mejor regalo eres tú.
Atsushi pudo sentir cómo sus mejillas se hacían rojas y desvió la mirada algo apenado por aquel elogio tan directo. Es decir, viniendo de Todomatsu era extraño, pero agradable.
—Bueno...
Todomatsu miró la escarcha que aún permanecía en el traje de Atsushi con preocupación. Entre el cabello también tenía nieve todavía.
—¡Ah, ve a cambiarte! La cena estará lista pronto, así que debes estar cómodo.
—Voy enseguida. —Sonrió y obedeció al menor.
Todomatsu puso el pastel sobre la mesa. Atsushi fue al cuarto y se cambió a un atuendo más cómodo como Todomatsu.
8:40 pm.
Se dirigió a la cocina de nuevo y al ver a Todomatsu le dio un poco de risa. Estaba abrazándose a sí mismo, frotando sus brazos en busca de calor.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Atsushi de manera curiosa.
—¡Muero de frío! Atsushi-kun... Afuera está cayendo muchísima nieve. ¿Cómo podías andar así, únicamente con el saco? —dijo forzosamente—. Lo diré una vez más: ¡definitivamente no deberías usar corbata todos los días!
Atsushi rio.
—Estoy acostumbrado al frío.
—Ya lo veo... —Todomatsu se quedó un momento en silencio y después esbozó una sonrisa—. Atsushi-kun, la cena ya está lista.
Atsushi meditó un momento.
—Está helando. Hace demasiado frío como para comer en la cocina, ¿no crees? —dijo el mayor, y al ver la cara confundida de Todomatsu, siguió—: Será mejor que comamos en la sala. Pongamos la comida sobre el kotatsu —sugirió.
—De acuerdo. —Asintió sonriendo.
Llevaron todo a la sala, poniendo cuidadosamente los platos con la comida sobre la mesa con calentador. Ahora ya no había problemas con el frío.
Atsushi encendió la radio y escuchaban las canciones que se reproducían automáticamente. De hecho, aquella noche la música parecía escucharse más hermosa. Jazz, city pop, oldies, baladas...
Se sentaron metiendo sus piernas debajo de la mesa.
Estaban justo frente al ventanal, que a pesar de estar descubierta la cortina de la habitación, no había problemas en absoluto. Podían observar la nieve caer ligeramente. Además del suave alumbrado ámbar de la lámpara de la sala, la pálida luz de la luna les hacía compañía, asomándose a través del vidrio.
Todomatsu le sirvió a Atsushi en un plato muy gustoso.
—Me dices qué tal está —dijo un poco nervioso.
Atsushi probó la comida sosteniendo los palillos, metiéndose un bocado a la boca. Masticó cuidadosamente.
—Está... —De nuevo lo invadió ese sentimiento de nostalgia—. Está delicioso...
—¿De verdad? Me costó un poco más el hacerlo todo yo solo, pero estoy feliz de que te haya gustado. ¿No le falta nada?
—Claro que no. ¡Está bueno! Me ha encantado todo...
—¡Menos mal! —Se puso una mano en el pecho, soltando un respiro.
—¿Eh? No me digas que... ¿estabas preocupado por mí?
—¿Pero cómo no iba a estarlo? Es tu primera navidad de esta forma y no quería que te llevaras un recuerdo extraño o algo así —dijo riendo ante lo último.
—Ya veo...
Siguieron cenando tranquilamente sin importarles mucho el tiempo. El ambiente dentro de la casa era estupendo.
10:00 pm.
—¿Podemos comer un poco de pastel ahora?
—Claro que si —dijo Atsushi—. Es tuyo, después de todo.
Todomatsu sonrió. Con delicadeza tomó el cuchillo y partió dos rebanadas de pastel. Ambos comieron. Todomatsu quedó fascinado con el sabor dulce de las fresas, la crema y la vainilla. El mayor sonreía al ver al más pequeño.
Cuando hubo un momento de silencio, Todomatsu cuestionó:
—Atsushi-kun, ¿por qué has decidido regresar a casa?
Atsushi terminó lo que traía en la boca y tras pensarlo unos efímeros segundos, contestó:
—Creo que tengo varias razones para haberlo hecho.
—¿Eh?
—Para empezar, no debí comprometerme con haber ido hoy. Es decir, incluso si yo estuviera solo como antes, aceptaba porque no tenía nada que hacer y no me gustaba la idea de quedarme aquí en soledad. Aunque estuviera cansado hasta el límite, yo iba...
—Atsushi-kun, pero ahora...
—Es sólo que no quería llegar —Atsushi lo interrumpió— y ver la misma casa fría una y otra vez. Aunque para mí, días como hoy eran de lo más normal del mundo, pero aun así no me gustaba estar aquí sin hacer nada, y por no querer sentirme inútil aumentaba mi jornada de trabajo más de lo necesario. Yo estaba bien con eso. Ah, pero ya no es así. Hoy decidí no quedarme porque quería estar contigo. Aunque... no sabía exactamente qué hacer hoy. —Rio.
—¿Hacer?
—Sí. Como no he pasado noche buena con nadie como se debe, no sabía cómo comportarme.
—Como siempre. —Sonrió—. Solamente se trata de pasar un buen rato. Somos buenos en eso, ¿o no?
Atsushi sonrió. Todomatsu advirtió que las mejillas del mayor se tornaban de un tenue color carmín.
—Sí. —Asintió Atsushi.
Todomatsu miró al cielo un minuto y después sus ojos brillaron. Pareciera como si la luna lo hubiese iluminado y no pudo evitar sonreír ante esto.
—Atsushi-kun, espera aquí un momento, por favor. Volveré en seguida. —Todomatsu se levantó y se dirigió a una habitación del primer piso.
—Bien. —dijo y Atsushi esperó.
El menor fue en busca de su bolso del Sutabaa y metió la mano en ella, sacando algo. Pasó menos de un minuto y Todomatsu volvió con las manos por la espalda. Se sentó tranquilamente de nuevo y metió los pies debajo del kotatsu. Atsushi lo miró con curiosidad.
—Atsushi-kun, ¿sabes? Ahora que lo pienso bien, nunca te he dado algo especial. —Hizo una pausa y siguió—: Pero esta vez salí por la ciudad y creí que quizá no estaría mal entregarte un regalo especial. Sólo es algo simple, así que... —Extendió las manos y le entregó una caja pequeña y brillante.
Atsushi la tomó. Sus manos blancas hacían contraste con el papel metálico.
—Gracias... —dijo Atsushi.
—Bueno, ¡tendrás que esperar hasta las doce para poder abrirlo! —exclamó de manera graciosa.
—Claro. —Rio—. También compré otra cosa —dijo Atsushi sacando algo de una bolsa al lado suyo con cuidado—. Esto —dijo. En sus manos traía una lujosa botella de vino, para nada barato.
—¿Eh? ¿Atsushi-kun? ¿Eh?
—Tómalo como un regalo. Bebamos juntos una vez más —dijo gustosamente.
Todomatsu abrió mucho los ojos y sonrió.
—¡Claro! —Enseguida se levantó y fue por unas copas a la alacena que estaba en la primera planta.
Atsushi sirvió el vino cuidadosamente en las copas y bebieron. Al ver la cara de gusto de Todomatsu, Atsushi soltó una risita.
—¿Te ha gustado?
—¡Está buenísimo! Beber algo así vale realmente la pena —habló con las mejillas sonrojadas.
—Claro que sí. Extrañaba poder beber contigo de nuevo. —Sonrió.
—Igual yo. Podríamos hacerlo más seguido, incluso si es sólo cerveza barata...
Atsushi rio.
—No estaría mal. Hagámoslo más seguido…—dijo, sonrió de una manera muy pícara y terminó la frase—, Totty.
Todomatsu palideció.
—¡¿Eh?! ¿Cómo...?
Atsushi soltó una carcajada.
Todomatsu pensó que se miraba lindo con las mejillas rojas, riendo de aquella manera. No dejaba de ser guapo de ningún modo.
—¡Lo siento! —Seguía riendo—. Tenía ganas de decirte así también... —Apenas unas lágrimas se asomaban por sus ojos. Al ver la cara de asombro de Todomatsu no podía evitar seguir riendo.
—¡Eres malvado! —Infló las mejillas.
—Ah... Lo siento. —Paró se reír. Se acercó un poco y acarició el cabello de Todomatsu. Éste se dejó.
—Pero, ¿cómo?
—Ah, sí. He escuchado que tus hermanos te dicen así, aunque nunca le presté mucha atención en realidad. Y además Futsuumaru-kun te llama así también. Lo escuché el otro día. Me parece curioso que yo no haya sabido de eso...
—Ya... Ya veo —balbuceó aún sonrojado, bebiendo de la copa.
—Pero, ¡vamos! No está mal, es lindo. Y también... tienes muchas fotos de mí. ¿Cómo no me doy cuenta de cuándo es que las tomas? —Rio el mayor.
Todomatsu sintió cómo su temperatura aumentaba.
—Eh... Atsushi-kun... Yo...
—¡Está bien! No te preocupes. —Volvió a reír—. Aunque no creo que yo sea tan agraciado.
Todomatsu lo miró con desconcierto.
—Debes estar bromeando.
—¿Y eso por qué?
—Yo ya te había dicho que... —Tomó aire—. ¡Que creo que eres muy guapo! Me... Me gustas mucho.
—A mí también me gustas mucho.
Todomatsu abrió mucho los ojos con el rostro sonrojado por las palabras de Atsushi que salían con suma facilidad de su boca. Moría de vergüenza.
«¿¡Cómo supo lo de las fotos!?», pensaba. Pero no planeaba preguntarle nada.
—Ya...
Todomatsu sonrió y Atsushi igual.
—Creí que estarías con tus hermanos cuando llamé.
—Oh, claro que no.
—¿Por qué?
—Harán lo que hacemos todos los años y me aburriré. —Rio—. Ellos están bien y yo también.
Atsushi sonrió. Hablaron de muchas cosas hasta que finalmente a Todomatsu se le ocurrió ver la hora y... 11:40 p.m.
—¿¡Eh!? ¡Atsushi-kun! ¡Es tarde!
—Sí, lo es. ¿Qué sucede con eso?
—Es que... el tiempo se fue rápido.
—Es verdad. Vaya, estoy lleno...
—Igual yo. Bueno... —Le extendió la copa a Atsushi—. ¿Te importaría? —Sonrió.
Atsushi le sirvió más vino. Una tras otra copa... Increíblemente a Todomatsu no se le veía ebrio. Simplemente sus mejillas estaban muy rojas, pero no se le veía mal.
Hicieron cualquier cosa para que el tiempo se vaya rápido y de pronto pasó.
12:00 am.
Atsushi se desconcertó. No supo cómo, pero estaba acostado en el piso, con la vista hacia arriba y con Todomatsu encima de él.
Éste último lo apegaba con todas sus fuerzas a él.
—¡Feliz navidad, Atsushi-kun!
Atsushi no sabía cómo reaccionar, pero se dejó llevar. Sonrió abiertamente y correspondió al menor. Lo abrazó muy fuerte también.
—Atsushi-kun, ¡abre tu regalo! —dijo Todomatsu muy emocionado.
Atsushi obedeció. Tomó la caja y rompió el papel. Cuando sacó el regalo, quedó impresionado.
Era una preciosa pluma estilográfica. Pese a ser un hombre de negocios, nunca se tomó el tiempo de conseguirse algo así.
—¡Todos los muchachos con excelentes trabajos deben portar una! —dijo Todomatsu.
—¡Muchas gracias! ¡Qué bonito detalle! —Atsushi abrazó a Todomatsu. El menor sonrió. Se escuchaban los fuegos artificiales afuera y las luces de colores adornaban el cielo junto a la preciosa luna, testigo de aquella y de todas las noches—. Bueno, creo que... ¿puedo decirte unas palabras? Por favor.
—¿Uh? Claro que sí.
Atsushi tomó a Todomatsu de los hombros.
—Gracias por hacer de este el año más feliz de mi vida.
Todomatsu sonrió con melancolía.
—No ha sido nada...
La música de la radio junto a la pirotecnia de afuera seguían llenando el superfluo silencio del lugar.
—Y también gracias por haber pensado en mí y hacer que por primera vez haya tenido una muy bonita navidad contigo...
—No ha sido nada —repitió con una sonrisa.
—Y también tengo otra cosa que decirte.
Todomatsu asintió ante el silencio final de aquella frase.
—Dime —dijo con ternura.
—No quiero que vivas porque yo o alguien más te lo pide. Quiero que pienses que este mundo te merece y que realmente quieres vivir en él, porque es hermoso...
—Atsushi-kun...
—¿De acuerdo?
Todomatsu asintió repetidas veces.
—De acuerdo —dijo con un nudo en la garganta, sin deshacerse de su sonrisa.
Todomatsu se aferró al cuerpo de Atsushi y depositó un tierno beso en sus labios. Un toque ligero, pero que transmitía fuertes sentimientos.
Miraban a través del ventanal los fuegos artificiales; eran preciosos. La música con ritmo dulce sonaba al fondo.
—Creo que... yo debería agradecerte más a ti de lo que tú a mí —dijo Todomatsu sin más.
—Claro que no...
—Di como quieras. —Rio juguetón—. Quiero estar contigo el mayor tiempo posible. Toda mi vida, seguramente...
Hubo un "silencio", en donde sólo se escuchaba el ambiente exterior y la música intrusa en sus pensamientos. Un silencio existente sólo entre ellos dos.
Atsushi recargó su cabeza en el hombro de Todomatsu y sonrió dulcemente.
—Creo que esta es la primera vez que diré esto...
—¿Mhm?
Atsushi guardó un leve silencio y miró a Todomatsu directamente a los ojos. ¡Todomatsu se volvía loco con los preciosos ojos color avellana de Atsushi!
El mayor tomó entre las suyas las suaves manos de Todomatsu con cariño.
Atsushi abrió sus labios y musitó:
—Feliz navidad, Todomatsu.
Todomatsu sonrió como nunca y Atsushi sentía su corazón lleno de amor. Se sentía tan bien estar junto a alguien a quien amar...
Ambos se quedaron ahí abrazados. Nada se comparaba con el calor del otro. Así iba a ser siempre: sólo ellos dos.
Miraban el cielo oscuro, decorado con todos aquellos colores que iban y se desvanecían.
Así querían vivir.
Todomatsu sentía cómo su corazón latía de una manera más firme. Esta era su razón de vivir. El muchacho que estaba con él era por quién quería vivir...
Nada era mejor que estar en un día especial con un chico especial.
Aquello y sólo aquello era su felicidad.
El aire que respiraba ya no era el mismo de antes.
Existía un aura un poco más simple, más confiable, cómoda. Y con ello, el aroma de Atsushi se volvió cada vez más dulce.
Notes:
¡Hola! ¡Muchas gracias por leer! Espero que les haya gustado el especial de hoy. Deseo de todo corazón que pasen una bonita noche junto a sus seres queridos y que sus más anhelados sueños se cumplan. ¡Celebremos! Aquí no se trata de decir: “no parece que sea navidad”, sino de hacer el momento. Miren al cielo y sonrían sobre todo. Felices fiestas, los adoro. Recuerden que en estas fechas (o en cualquier otro día) no importa lo material, sino los sentimientos que tenemos para compartir con alguien más. Mil gracias por estar aquí…
¡Feliz navidad 2018!
Chapter 23: El tiempo vuela
Chapter Text
Después de su última velada juntos, volvieron a sus vidas normales sin ningún problema. Más despejados, más felices y sintiéndose más libres.
Pasaron dos meses y ya estaban en febrero. El tiempo de verdad volaba...
Atsushi permaneció en su trabajo como siempre. Llegaba cansado, pero el saber que había alguien en casa que lo esperaba de verdad lo reconfortaba.
Era verdad que el trabajo era pesado, y de vez en cuando las horas extra y el cambio de horario le quitaban tiempo como Todomatsu, pero podía cargar con eso. Después de todo, Todomatsu no estaba aburriéndose en casa, sino que había tomado de nuevo la iniciativa con una nueva y más radiante sonrisa.
Comenzó a salir con sus amigos.
Había salido con Sacchi y Aida de compras por la plaza comercial. Y también había visto a sus hermanos. Fue al pachinko con Osomatsu y Karamatsu, fue a ver a Jyushimatsu jugar béisbol, fue con Choromatsu a comer con Chibita, y también había ido con Ichimatsu a caminar por ahí y platicar un rato.
Era feliz así. Los últimos dos meses no estaban nada mal. Aunque, era posible que ellos no le hubieran dicho nada a sus padres y ellos no sabían que los cinco chicos estaban con él. Pero, estaba bien así.
Estaba con Atsushi y estaba bien.
Incluso Todomatsu consiguió un trabajo.
Estaba aburrido por las mañanas, tardes y noches sin Atsushi en casa, y decidió salir un día a buscar empleo. Sería genial tener algo en qué distraerse y en qué poder ser útil. No estaba mal. Así que, entre las tardes y noches cocinaba en un Yatai. No era necesariamente un trabajo cómodo, pero sí entretenido y la paga era buena. Era suficiente para lo que él pudiese pedir.
Cuando llegó el 14 de febrero, también lo pasaron bien. Fue un día muy bonito.
Todomatsu compró e hizo chocolate para Atsushi, e increíblemente aunque pensó que éste lo había olvidado, también le regaló unos cuantos chocolates.
Se correspondieron mutuamente aquel día. Nunca habían pasado aquella fecha juntos y había sido genial. Atsushi había invitado a Todomatsu a comer en un lugar muy bonito y después fueron a pasear por toda la ciudad.
El clima los favoreció. Podían pensar quizá que desde que estaban juntos, no podían ver la luz del sol iluminar libremente los edificios y las calles de Tokio. Pero ya no era así. Después, poco a poco los árboles de cerezo fueron floreciendo, pintando de color rosa las calles con los pétalos caídos de las tiernas flores. Una tarde preciosa como lo había querido siempre.
El olor y el sabor a chocolate con vino tinto los acompañó toda la noche.
El tiempo se iba como agua entre las manos, y pronto ya había pasado un mes y algunos días. Principios de marzo. ¿Cómo fue que llegaron ahí?
Cada vez que Todomatsu se dirigía al trabajo y tomaba su bolso con el llavero del conejo rosa que Atsushi le había regalado, desencadenaba viejos recuerdos. Tristes y felices. Pero sin duda alguna, no se permitiría olvidarlos.
Mientras estaba trabajando, pensaba. Creía que debería visitar a Futsuumaru después de tanto tiempo y agradecerle por lo de hace meses atrás. De alguna manera sentía pena, pero, si no fuera por él, ahora sería incapaz de hacer algo tan simple como respirar. No habría podido ver a sus hermanos de nuevo, no hubiese podido sentir el cálido tacto de Atsushi una vez más, y sobre todo, no habría podido volver a sonreír.
Aquella tarde así lo decidió. Cuando salió del Yatai a su hora indicada, compró algunos bocadillos y dulces, y se dirigió a la casa de su amigo.
Cuando llegó tocó la puerta y para suerte suya, sí estaba en casa.
Futsuumaru abrió la puerta con cuidado y al ver a Todomatsu se sorprendió.
—¡Todomatsu! —exclamó—. Hola...
—¡Hola, Futsuumaru! ¿Qué tal? —Le extendió la mano.
Futsuumaru correspondió.
—Qué sorpresa verte.
—Perdón por llegar sin avisar.
—No te preocupes. —Negó con la cabeza, sonriendo.
—Perdón también por no haber venido antes, después de la última vez. Estaba aún un poco confundido y lo olvidé. Lo siento. —Sonrió con nervios.
—Ya te digo que no pasa nada. —También sonrió—. Anda, pasa.
Futsuumaru abrió la puerta y Todomatsu entró cuidadosamente, haciendo una reverencia antes.
—Gracias, con permiso.
Estando adentro se quitó los zapatos y se puso las pantuflas para invitados que estaban en el recibidor. Fue y se sentó en la sala como la última vez, sin deshacerse por ningún momento de su bolso.
Se sentía seguro en casa de su amigo.
Futsuumaru cerró la puerta y lo miró detenidamente sin borrar su suave sonrisa. Se enroscó uno de sus rizos y después fue a sentarse junto a su amigo también.
—Este... ¿Ha pasado algo?
—¿Eh?
—Uh, no. Nada, olvídalo. No es como si esperara que pasara algo, de todas formas. —Rio.
—Ya veo. —Todomatsu asintió.
—¡Ah! Lo siento. No te he ofrecido nada... —Se levantó—. ¿Quieres agua?, ¿té?, ¿jugo?, ¿café?
—Bueno... Creo que podría tomar una taza de té —dijo con pena.
—Está bien. ¡Iré a hacerla!
—Disculpa.
—No te preocupes. —Sonrió.
Después de un ratito, Futsuumaru regresó con dos tazas de té. Charlaron un momento. Todomatsu inhaló y exhaló. Decidió que no daría tantas vueltas al asunto. Estaba ahí por una sola cosa: agradecerle.
—Futsuumaru, muchas gracias. —Hizo una reverencia sin soltar la pequeña taza.
Futsuumaru se sorprendió.
—¿Por qué? Todomatsu, ya te dije que...
—Lo sé —Lo interrumpió—. Pero después de todo este tiempo sólo podía pensar en volver y agradecértelo. Lo que has hecho por mí y por Atsushi-kun. Gracias...
—Está bien. —Sonrió otra vez. Su sonrisa era algo que rara vez desaparecía—. Por dos amigos tan importantes para mí como lo son ustedes haría cualquier cosa.
—Gracias. —Sonrió con sinceridad—. ¡Ah! —Recordó—. Toma. —Le extendió una caja que sacó de su bolso y otra cajita más pequeña—. Los traje para ti. No sabía qué te gustaba, así que...
—¡Gracias! Ha pasado tiempo desde que recibí un regalo. —Se emocionó.
Todomatsu rio ante la actitud de su amigo.
—De nada...
—¿Es un bentō? —preguntó al ver una de las pequeñas cajas.
—Eh, algo así —dijo—. Hace poco conseguí trabajo en un Yatai, así que lo que hice fue meter un montón de comida ahí. Espero que te guste. Y lo otro es wagashi.
—¡Ah, gracias! Acompañémoslos con el té.
—¿Eh? ¡No! Son para ti.
—Ajá, son míos. Puedo hacer lo que quiera con ellos, ¿no? Y quiero comerlos contigo.
Todomatsu se sonrojó de pena. Su amigo era demasiado amable. No recordaba haber hablado con una persona así que no sea Atsushi. Comieron juntos y pronto se hizo noche.
—Todomatsu, ¿cómo marchan las cosas ahora?
—¿Eh? ¿Con Atsushi-kun? Bastante bien. A veces no podemos estar juntos mucho tiempo, pero creo que mientras pueda estar con él, está bien. Ese es mi único deseo.
—¿De verdad está bien? ¿Él cómo luce?
—Ah, ahora que lo mencionas, lo siento. Él está muy ocupado con el trabajo y no pudo venir hoy conmigo.
—No te preocupes por algo así.
—Y, bueno, él luce más animado. El trabajo lo cansa mucho, pero cuando está en casa tengo la sensación de que está en paz.
—Espero que sigan juntos. Me siento de verdad muy feliz por ustedes.
Todomatsu sonrió. La amabilidad del chico lo tenía chiveado.
—Gracias.
—Ah, y, Todomatsu...
—¿Sí?
—Bueno, no quiero que te sientas incómodo por lo de antes, por si acaso.
—¿Eh? No. Al contrario. Por una parte es algo que no quiero recordar, pero, tampoco quiero olvidar lo que has hecho por mí. Gracias...
—No tienes que agradecerme. Yo sólo estaba muy asustado cuando te vi.
Todomatsu sonrió y exhaló con pesadez.
—A veces no me siento muy contento ni muy seguro, pero cuando miro el rostro de Atsushi-kun y veo salir el sol, de verdad creo que puedo seguir sosteniéndome. Ya no me da miedo caer —dijo sonriendo delicadamente.
—Es un paso adelante. En todo caso, puedes venir siempre conmigo.
—Te lo agradeceré eternamente —dijo de corazón.
Oscureció más y llegó el momento de volver a casa junto a Atsushi. Quizá ya estaba ahí, o quizá no. Pero lo único que quería era volver a su hogar.
¿Qué era esa sensación? Simplemente se sentía tan bien. De verdad quería sentirse así de despejado siempre.
Aunque, cuando la imagen de sus padres pasaba por sus párpados detrás de la oscuridad, su sonrisa desaparecía poco a poco.
—Cuídate, ¿bien? Gracias por los regalos.
—No fue nada.
—Iré a verte después. A ti y a Atsushi. ¿Bien?
—Gracias. Estaré feliz. —Sonrió.
Se despidieron.
Después de eso, Todomatsu tomó el camión y se dirigió a casa con Atsushi.
Cuando llegó, notó que al mismo tiempo que él, el auto iba entrando al garaje. Atsushi y él iban llegando al mismo tiempo. ¿Cómo fue que no se encontraron?
Todomatsu rio y encaminándose a la puerta esperó a Atsushi con una sonrisa. Éste último se sorprendió al verlo afuera.
—Hola —dijo y sonrió.
—Hola, Todomatsu —hizo lo mismo—. ¿Por qué estás afuera de la casa tan tarde? ¿No llegabas temprano hoy?
—Ah, sí. Pero después del trabajo fui a ver a Futsuumaru.
—¿Fuutsumaru-kun? Oh...
Todomatsu asintió.
—Entremos —dijo el menor.
Atsushi se acercó con el maletín en mano y abrió con una pequeña llave de plata. Entraron a la casa. Al llegar apenas a la sala, Atsushi se desplomó en el sofá con pesadez soltando un jadeo.
—¿Cómo te fue hoy, Atsushi-kun?
Atsushi suspiró.
—Estuve la mayor parte del día estresado. Tratar de convivir con los gerentes arrogantes de otras empresas es complicado cuando intentas sonreír todo el tiempo.
Todomatsu sonrió.
—Bueno, pero ya estás aquí. Iré a prepararte una taza de té. Así podrás dormir mejor.
—Gracias...
Después de dirigirse a la cocina y preparar el té, Todomatsu regresó con dos tazas y las puso en la mesita de la sala con cuidado. Como aún estaban muy calientes, dejarían que se enfríen un poco. Atsushi sonrió a modo de agradecimiento y Todomatsu le correspondió. Después éste último se dirigió hacia el sofá, a espaldas del mayor.
Atsushi lo miró con curiosidad y después lo ignoró, pensando que se había ido al segundo piso o a algún otro lado. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por el suave tacto de unas manos que se colocaron firmemente en sus hombros con delicadeza. Todomatsu comenzó a apretar un poco en esa área, tratando de no lastimar a Atsushi. Creyó que un poco de masaje le quitaría la tensión acumulada y lo ayudaría a relajarse.
—Ay, Todomatsu... —Atsushi rio un poco al sentir cosquillas al principio, pero después comenzó a relajarse.
—No te tenses. Necesitas descansar un poco. Tú sólo relájate —indicó Todomatsu.
Atsushi echó su cabeza para atrás un poco y cerró los ojos. Y Todomatsu continuó haciéndole masaje en los hombros.
Después de que logró relajarlo un poco, Todomatsu se sentó a un lado de él y le dio un beso en la mejilla. Atsushi sonrió y sus mejillas se tornaron de un tenue color rosa. Después retomó la energía.
—Iré a darme una ducha —dijo Atsushi.
—Está bien. Yo iré después de ti.
Una vez que los dos se acicalaron, durmieron juntos. Un nuevo día comenzó y todo siguió exactamente igual que siempre. Sin embargo...
Pasó el tiempo. Estaban probablemente a la mitad de mayo. La primavera pasaba lentamente y el vivo color de las flores seguía por las calles cubriendo gentilmente la ciudad, siendo bañadas por la luz del sol.
En la casa de los Matsuno las cosas habían estado marchando de lo más normal, aunque de vez en cuando Matsuzo soltaba uno que otro comentario refiriéndose al más pequeño y eso no sacaba más que mera disputa. Pero, las razones, los argumentos, y las conclusiones eran siempre las mismas.
No había problema. El tiempo volaba y él se encargaría de todo con esperanza y ayuda de las decisiones adecuadas, seguramente.
—Estoy aburrido. ¿Deberíamos salir con Totty hoy? —dijo Osomatsu.
—No podemos hoy. Él trabaja hasta tarde —respondió Choromatsu.
—Ah, es verdad. Totty ha vuelto a tener un trabajo —dijo Jyushimatsu, estando en las nubes quizá—. ¿Qué se sentirá?
—Averígualo tú mismo —dijo Choromatsu dirigiéndole una mirada de reproche.
Jyushimatsu rio. Le causaba mucha gracia ver a su hermano mayor de aquella manera. Nadie dijo nada. Aunque sus pensamientos eran interrumpidos por un melifluo sonido proveniente del techo; el sonido de la guitarra de Karamatsu siendo tocada por él con gentileza.
—¡Bueno, my brothers! —decía Karamatsu, que los había estado escuchando desde afuera. Al parecer la conversación podía ser oída desde el tejado—. Creo que no nos queda de otra. Tendremos que quedarnos aquí y seguir respirando el aroma del cielo, junto al sunshine. ¡Vamos! Toquemos una canción todos jun...
—Jyushimatsu, cierra la ventana —ordenó Ichimatsu.
Jyushimatsu obedeció.
—¿Eh? ¿Brothers?
—De acuerdo, ¿entonces qué hacemos? —preguntó Choromatsu.
—¿Pachinko? —sugirió Osomatsu.
—No, eso ya está muy quemado.
—¿Ah?
Jyushimatsu rio y sugirió:
—¡Vamos al parque!
—¿Al parque? —exclamó Choromatsu—. Pero te perderás de nuevo jugando con los niños...
—¡Cierto! —Rio una vez más.
—¿Qué piensas, Ichimatsu? —cuestionó Osomatsu.
—¿Eh? —dijo el cuarto—. No estoy seguro. No creo que necesariamente debamos hacer algo. Caminar por ahí está bien —opinó Ichimatsu, mirando la patita del maneki-neko moverse de arriba a abajo.
—Hmm, qué aburrido… —exclamó Osomatsu con voz cantarina.
Todos guardaron silencio un momento.
—Además, no podemos salir más con Todomatsu —dijo Choromatsu—. Papá y mamá se dan cuenta, aunque no lo creas. Y eso molesta un poco a papá...
—¿Y eso qué? —replicó Osomatsu—. Ya somos adultos, de todas formas.
—Osomatsu, sé que somos adultos, pero seguimos viviendo bajo su techo y si tienes un poco de vergüenza, al menos escucha lo que tienen que decirte, porque son nuestra autoridad aún —le dijo Choromatsu en un tono serio.
—Pff...
Choromatsu frunció el ceño ante la actitud de su hermano mayor.
—La otra vez escuché que dijeron que pasó lo peor, porque Todomatsu era quién podía mejorarnos —dijo Jyushimatsu—. El único que tenía posibilidades de dejar descendencia de esta familia —aclaró.
—Oh, claro. Ese es el problema. ¡Uno de los tantos jodidos problemas que hay! —dijo el mayor.
—Pero finalmente logramos entendernos entre nosotros —se metió Ichimatsu—. Y eso ya es suficiente. Está bien así.
—Bueno, es así. —El tercero sonrió.
Osomatsu asintió y después se le vino un recuerdo a la cabeza.
—¡Oh, Jyushimatsu! —exclamó.
—¡Ah! —El mencionado se asustó—. ¿S-Sí, Osomatsu-niisan?
—¡Por cierto! Habías dicho algo de ese Atsushi, ¿no? —exclamó Osomatsu—. ¿¡Qué era!?
Ichimatsu hizo una mueca de desagrado al ver cómo los ojos de Osomatsu se abrían mucho y Choromatsu también sintió desconcierto al mirar su pícara sonrisa que solo asustaba más y más al quinto hermano.
—Eh... Este... Yo decía que me parecía haberlo visto en algún lado. —Sonrió de manera nerviosa.
—¡Sí! Y no terminaste de decirlo.
—Bueno... Sólo pensaba que quizá esa época sería algo que no querríamos recordar. —Desvío su mirada a Ichimatsu—. Algunos de nosotros, al menos.
Éste último desvió su mirada también.
—¿Mhm? Bueno, tuve el presentimiento de que lo vi alguna vez en... la escuela preparatoria...
—¿Eh? —se metió Choromatsu—. ¿Cómo puede ser eso?
Osomatsu abrió mucho los ojos.
—Es que él —siguió diciendo Jyushimatsu—, ¿no era uno de los alumnos estrella?
—¿Eh? —dijeron Osomatsu, Choromatsu e Ichimatsu al unísono.
—Bueno, quizá ustedes no lo notaron mucho, o quizá estoy equivocado, pero... —Jyushimatsu se sonrojó— ... yo era un poco rebelde en aquel entonces, y a veces podía verlo en la dirección del instituto. —Bajó el tono de la voz—. Él parecía ser muy apegado a los profesores.
—Pe... Pero, ¿es Atsushi-san? —preguntó Choromatsu.
—¿Él, en la misma preparatoria que nosotros? ¿Estás seguro? —cuestionó Osomatsu.
—Bueno, es lo más probable —Jyushimatsu se encogió de hombros—. Quizá me confundo porque el chico que recuerdo era más bajito, con el cabello oscuro y con la voz un poco más suave, pero el nombre definitivamente es el mismo. Atsushi.
Nadie tenía alguna forma de confirmar aquellos recuerdos, salvo Jyushimatsu, aunque en realidad jamás lo comentarían frente a Atsushi o Todomatsu, y todos lo sabían. Era sólo una suposición.
Ichimatsu intentó recordarlo, pero ningún recuerdo vago se cruzó.
—Ya veo —dijo Osomatsu—. Siento curiosidad, pero no logro recordar nada. —Resopló con una sonrisa—. Además debe de haber cientos de Atsushis.
—¿Totty recordará? —preguntó el quinto.
—Vete tú a saber —respondió el mayor—. Todomatsu es un caso perdido. Tenemos que hablar con él, porque no logro entenderlo y porque no sabemos muchas cosas sobre su vida o forma de ser. —Sonrió con naturalidad.
Choromatsu sonrió también ante el pensamiento.
—Aunque los últimos meses hemos podido verlo mucho, brothers —dijo Karamatsu, entrando naturalmente por la puerta de la habitación.
Todos lo miraron pero nadie dijo nada.
Osomatsu suspiró y los otros desviaron la mirada hacia el techo, ventana, suelo, o a cualquier otra cosa. Simplemente decidieron ver la televisión todos juntos en la sala.
Después de terminar película tras película, Jyushimatsu tuvo una idea y saltó de la emoción. Alarmó a todos, pero no parecía escuchar a nadie.
—¡Tengo una idea!, ¡tengo una idea!, ¡tengo una idea! —Jyushimatsu saltaba de un sofá a otro por toda la sala muy contento y aplaudiendo varias veces.
—¡Jyushimatsu, nos asustas! —lo regañó Osomatsu.
—¿Qué se te vino de repente? —preguntó Karamatsu con su voz suave.
Choromatsu e Ichimatsu lo miraron con los ojos entrecerrados, esperando escuchar cualquier barbaridad.
—¡Ya casi es nuestro cumpleaños!, ¿no? ¡Eso significa que también es el cumpleaños de Totty! —exclamó Jyushimatsu con felicidad.
—Sí, pero eso... —decía Choromatsu.
—¡Qué rápido! Cumpliremos veintiún años. Me siento viejo —dijo Osomatsu cerrando los ojos con una sonrisa torcida.
—Lo olvidé por completo —admitió Karamatsu.
—¿Y entonces? —preguntó Ichimatsu.
—¡¿Eh?! ¿Cómo que "y entonces"? Hermano, ¡es una gran oportunidad para ver a Totty! —dijo Jyushimatsu—. Podemos organizar algo en grande.
—Lo hemos visto mucho los últimos meses —comentó Osomatsu—, pero hacer algo así como una fiesta no está mal. ¡Bebamos juntos! —Se emocionó también.
Jyushimatsu asintió contento.
—Suena genial, pero... —Choromatsu sonrió, pero poco a poco el color de sus mejillas se fue—. ¿Con qué dinero?
Todos callaron.
—Emm, bueno, eso... —Jyushimatsu pensaba en algo que decir con una sonrisa, pero ninguna idea se le vino a la mente.
—Se acabó —balbuceó Ichimatsu.
—S-Sí... De todas formas, ¡nosotros no celebramos mucho nuestros cumpleaños, brothers! —El segundo intentó convencerse de ello.
—¿¡Eh!? ¡No echen a perder la emoción! Tenemos mucho dinero. —Rio Osomatsu.
—¿De qué estás hablando? —dijo Choromatsu—. Todos estamos jodidos.
—No realmente. —Osomatsu mantenía su sonrisa pícara.
—¿Por qué lo dices, Osomatsu-niisan? —preguntó Jyushimatsu.
—¿Eh? ¿En serio no lo saben? —decía como si fuera lo más obvio del mundo—. ¿No se dan cuenta?
—Pues la verdad es que no —se apresuró a decir Ichimatsu.
—Tenemos lo necesario y lo suficiente —aclaró Osomatsu—. ¡Sólo debemos llamar a Todomatsu!
—Pero, por eso dinos —dijo Karamatsu—. ¿Qué estás pensando?
—¿No es obvio? —Osomatsu habló—. Ese Atsushi tiene mucho dinero… —Sonrió—. Le pediremos un poco y organizáremos algo para Todomatsu. Y para nosotros también. —Acabó con una enorme sonrisa casi idéntica a la de Jyushimatsu.
Todos lo miraron perplejos.
—¿¡Eh!? —exclamaron al unísono.
—Al menos ten algo de vergüenza —dijo Ichimatsu entre dientes.
—¡Ni hablar! De ninguna manera —exclamó Choromatsu—. ¡No podemos hacer algo así!
—Pero, brother... —balbuceó el segundo.
—Hermano —opinó Jyushimatsu—, no creo que eso esté bien.
—¿Eh? ¿De qué hablan? —Osomatsu se defendió—. ¡No se hagan los mensos! Ese sujeto tiene un montón de dinero, de inmediato se le ve. Lo poco que lo hemos visto hemos podido estar seguros de eso. ¿Qué acaso no recuerdan su bonito auto, el aroma de su colonia fina, o su ropa de marca y de buena calidad? Seguramente tiene un buen empleo. ¡No sean mensos! No hace falta ser muy observador. En realidad en un principio pensé que Todomatsu había comenzado a andar con él por el dinero, pero...
—¡Osomatsu-niisan! —Choromatsu lo interrumpió. El mencionado se sorprendió un poco y se calló. Aquella era una de las pocas veces en las que Choromatsu lo llamaba "nii-san".
—¿Ese es tu plan? —preguntó Karamatsu—. ¿De verdad?
—Bueno, ¿por qué no? —Osomatsu sonrió de manera pícara, con sus mejillas coloradas.
—Uff, ¿qué se le puede hacer? —dijo Ichimatsu—. Hagámoslo.
—¿¡Eh!? —exclamó Choromatsu—. ¡Ichimatsu! No podemos.
—¡Muy bien, Ichimacchan! Sabía que tú pensabas como yo. —Osomatsu lo abrazó.
—Ah... Lo haremos, ¿eh? —dijo Karamatsu intentando sonreír, colocándose de manera coqueta sus lentes oscuros—. Muy bien.
—¡Lo haremos entonces! —Jyushimatsu agitó sus manos en el aire y comenzó a aplaudir—. ¡Fiesta de cumpleaños!, ¡fiesta de cumpleaños!, ¡fiesta de cumpleaños!
—¡De acuerdo! Hagamos una llamada. —Osomatsu corrió por el teléfono.
—Oigan, espe... ¿eh?, ustedes... —Choromatsu tartamudeaba—. De... ¿De verdad lo harán?
—Ya dijimos que sí. No seas aguafiestas y ven —le indicó el mayor.
Choromatsu meneó la cabeza varias veces y después de poner los ojos en blanco y quejarse una vez más, fue para allá junto a los otros. No había opción.
—Qué vergüenza —insistía Choromatsu al ver a Osomatsu sostener el teléfono colocándoselo en la oreja, esperando a que alguien contestara—. Me gustaría no involucrarme con ustedes, pero... nacimos el mismo día después de todo —decía muy bajito.
Ichimatsu rio bajito.
—Así es, brother. Y deberás pasar tu cumpleaños con todos nosotros, ya que es el nuestro también. —Karamatsu le puso una mano en el hombro.
Choromatsu suspiró rendido. Al final, alguien por fin contestó la llamada.
—¿Hola? —Era la suave voz de Todomatsu.
—¡Totty! ¡Hola! No estamos molestando, ¿cierto?
—H-Hola... Osomatsu-niisan. No, claro que no. ¿Qué tal estás?
—¡De maravilla! Oye, Totty. ¿Tú ya tienes algo planeado para la semana que viene?
—¿Eh? No. ¿Por qué?
—¿¡Eh!? Qué extraño, ¡pero es perfecto! —dijo muy emocionado—. Hemos tenido una gran idea.
—¿Qué cosa?
—Ugh, ¡eres igual que los otros! ¿No se te ocurre nada?
—Bueno...
—¡En una semana será nuestro cumpleaños!
Todomatsu sonrió. Estaba sentando en el sofá frente al televisor cómodamente; era su día libre. Atsushi no estaba con él.
—Ya veo. ¿Qué fue lo que pensaron? —Tenía curiosidad, y escuchar a su hermano mayor lo emocionaba.
—¡Una fiesta de cumpleaños!
Todos se quedaron escuchando cuidadosamente. Todomatsu suspiró.
—Osomatsu-niisan, no puedo volver a casa todavía.
—Lo sé, lo sé. Pero ese no es un problema ahora, porque nosotros iremos a la que ahora es tu casa. —Sonrió con confianza.
Todomatsu quedó en shock ante aquel comentario y los demás hermanos también. De hecho ni siquiera ellos sabían qué iban a hacer y mucho menos pensaron en que Osomatsu decidiría todo.
—¿Eh? —balbuceó Todomatsu, todavía con una sonrisa incómoda que no se borraba de su rostro.
—¿Qué? —preguntó Osomatsu a la defensiva.
—¿Ustedes? —Hizo una pequeña pausa para después seguir—. ¿Vendrán a la casa de Atsushi-kun?
—¿Por qué no podríamos? —Osomatsu se quedó pensando—. ¡Oh! ¿Acaso crees que no querrá dejarnos pasar?
—No, no es eso, pero...
—Olvídalo —dijo Choromatsu poniendo una mano sobre el brazo de Osomatsu.
—¡No te metas! —Osomatsu empujó al tercero agresivamente—. Totty, ¿me escuchas? Creo que te parece un poco extraño, ¿pero qué tiene de malo?
—No tiene nada de malo —se apresuró a decir—, pero Atsushi-kun no está acostumbrado a tener a tantas personas en casa, y yo no puedo hacer mucho, así que...
—¡Deja que nosotros le preguntemos a él!
—¿¡Eh!? —Se sonrojó—. Osomatsu-niisan... ¿Por qué el alboroto con eso?
—¡Fue idea mía! —Jyushimatsu se metió a la conversación, que estaba muy pegadito al teléfono.
—¡Jyushimatsu-niisan! —Se asombró Todomatsu—. ¿Todos están escuchándome?
—Así es, brother —contestó el segundo con su voz profunda.
—Igual que siempre. —Ichimatsu se unió.
Choromatsu permaneció callado.
—Bueno, yo... —Todomatsu no hallaba algunas palabras exactas para ofrecerle a sus hermanos—. Atsushi-kun no piensa nada malo de ustedes, pero creo que deberé confirmar si está libre ese día.
—¿Eh? ¿¡De verdad!? —dijo Osomatsu.
—¡Qué bien! ¡Fiesta! —se escuchaba decir a Jyushimatsu al fondo.
—Sí —Todomatsu asintió aunque no podían verle.
—Totty, sé que no hemos podido convivir tanto como se debe casi por un año entero, pero con esto podemos revivir algún recuerdo divertido como en aquel entonces —comentó el primero.
—No te preocupes, niisan. Entiendo, es sólo que me parece extraño. ¿Ustedes ya no tienen ningún pensamiento extraño sobre Atsushi-kun?
—¿Eh? Bueno, claro que no —aclaró—. Para ser sinceros, queremos conocerlo mejor. Queremos saber más acerca de ti y tratar de comprender nuestro alrededor, y de por qué todo se volvió así.
Los demás hermanos guardaron silencio junto algunos asentimientos. Era instinto de sextillizos seguramente, porque todos pensaban lo mismo.
—Osomatsu-niisan...
—¡No te preocupes, Totty! —habló Karamatsu al teléfono, siendo positivo como siempre.
—Confía en nosotros una vez más —dijo Ichimatsu con una tierna sonrisa, dejando que un suave color carmín pintara sus pálidas mejillas.
—Queremos volver a convivir un poco —dijo Osomatsu—. No me importa si te sientes avergonzado de mí, pero yo quiero conocer a tu pareja. ¿Está bien? Incuso si no eres capaz de venir aquí con él, presentarlo y comer en la mesa con papá, mamá y nosotros, ¡nosotros iremos allá y veremos qué tan buena persona es, tal y como tú dices! Y, lo siento por todo lo que dije antes. Totty, tú no eres desagradable. —Se sonrojó.
Todomatsu quedó perplejo. ¡Su hermano mayor era tan malditamente dulce a veces! Aunque jamás lo admitiría al frente suyo. Todomatsu meneó la cabeza bajando el volumen de la plasma y soltó una risita.
—Imagina que somos una segunda familia mucho más cálida —dijo Choromatsu, uniéndose tranquilamente a la conversación—. Por favor…
—¡Danos una oportunidad de conocer mejor a Atsushi-san! Después de todo, se convertirá en nuestra familia —dijo Jyushimatsu, sonriendo como siempre.
Todomatsu rio de manera tierna sin ninguna intención de burlarse de sus hermanos y acercó más el teléfono a su oído.
—Está bien, está bien. —Sonreía—. No se preocupen, hermanos. Gracias por decirme todo esto. Voy a comentarlo con Atsushi-kun.
—¡Gracias, Totty! —dijeron todos al unísono.
—Ah, pero, ¿qué haremos exactamente y qué compráremos?
—Lo comprarás tú —dijo Osomatsu riendo.
—¿¡Eh!? Oye, ¡no es justo!
—¡Todomatsu! Atsushi tiene un montón de dinero y nosotros ni un centavo. ¡Puedes encargarte de esto! —decía con una voz tierna, a pesar de ser el mayor—. Por favor.
Choromatsu se dio una palmada en la frente, avergonzado de la situación y de su hermano mayor. Los demás sólo escuchaban.
Todomatsu hizo un puchero.
—Pero, aprovecharme de Atsushi-kun sería...
—No lo estás haciendo, Todomatsu —decía el mayor—. Es una fiesta de cumpleaños. Nosotros no haremos mucho monetariamente, pero estaremos ahí para divertirnos y pasarla bien contigo.
«Nosotros no haremos nada», pensó Ichimatsu sin poder evitar esbozar una sonrisa juguetona.
Todomatsu infló los cachetes como señal de su enojo o berrinche, y asintió.
—Le diré a Atsushi-kun.
—¡Gracias, Totty! —dijo Osomatsu muy risueño.
Todos agradecieron y se despidieron de Todomatsu.
Éste se preguntaba sinceramente si Atsushi se acordaba de su cumpleaños. Esperaba que, si lo hacía, no tuviese algo ideado y tuviera que echarle a perder sus planes. Con algo de suerte y podría decirle con total calma.
Por otra parte, con lo de los gastos, de ninguna manera pensaba pedirle nada de dinero, porque no quería sentir realmente que se estuviera aprovechando de él. En cuanto habló con Osomatsu, pensó en que él mismo pagaría lo que pudiera con el sueldo de su nuevo trabajo, que no era mucho pero tampoco era poco. También, le daba algo de nervios tener que presentar a Atsushi con sus hermanos y viceversa.
¿Qué pasaría? ¿De qué hablarían?
Y sólo faltaba una semana para aquel día. Pero, no podía negar que la idea le emocionaba bastante. Una ligera sensación de cosquilleo le invadió el estómago.
Por otra parte, Atsushi sí se acordaba del cumpleaños del menor, por supuesto. Después de aquel juego de preguntas que habían jugado hace varios meses ya durante aquellos días libres, fue incapaz de olvidarlo.
Jamás lo olvidaría y estaba esperando por esa fecha. No sabía exactamente qué le regalaría o qué haría, pero quería que fuera especial para él.
Aquella tarde salió más temprano de su oficina. El edificio comenzaba a recibir la luz amarillenta del sol que acostumbraba emanar por las tardes, reflejándola en la ciudad.
Condujo hasta su casa y cuando llegó saludó a Todomatsu con ternura, como siempre. Después de que éste tomara un baño y ambos cenaran juntos, Atsushi se sentó un rato en el sillón rojo de la sala a leer un poco.
Todomatsu lo miraba con dedicación. No sabía por qué ver a Atsushi le hacía sentir tan feliz. Ahí fue cuando se dio cuenta de que las personas eran simples y podían ponerse felices tan sólo con ver a alguien importante para ellas.
Después de que caviló por un buen ratito, se aproximó a él y se paró a su lado. Debía decirle cuanto antes sobre la fiesta que sus hermanos llevaban organizando desde quién sabe cuándo.
Una sonrisa se dibujó en sus labios, porque sin darse cuenta, ya estaba esperando muy ansioso su cumpleaños.
El mayor lo volteó a ver, y él acercándose más con mucha emoción como un niño pequeño, le sonrió de nuevo, como quién está a punto de contarle una buena anécdota a un muy buen amigo.
—Oye, Atsushi-kun...
Chapter 24: Veinticuatro de mayo
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Atsushi lo miró con serenidad.
—Dime, Todomatsu.
—Bueno, hoy mis hermanos me llamaron.
—¿Ah, sí? —Le pareció que Todomatsu se comportaba extraño. Tal vez era porque estaba emocionado por algo, o así parecía ser—. ¿Y qué te dijeron?
—Bueno, es que... Eh... No quiero tener que echar a perder algo. Digo, si es que tenías algo planeado —dijo aún parado a un lado del mayor.
—¿Por qué luces nervioso? —Atsushi soltó una risita con ternura—. Dime lo que quieras.
Todomatsu asintió.
—Quizá no lo recuerdes, pero, en una semana será mi cumpleaños —dijo sonrojándose.
El mayor sonrió y dio unas palmaditas al sofá justo al lado de él, indicándole a Todomatsu que se sentara a su lado. Todomatsu se sentó.
Atsushi se acercó al rostro del menor, muy cerquita. Lo miró con cariño y con gracia.
—¿Cómo crees que podría olvidarme de tu cumpleaños, Todomatsu?
Todomatsu al tener a Atsushi tan cerca suyo se encogió de hombros con nerviosismo. Por más que lo conociera, su imponente alma le hacía erizar su piel. Se encogió y sonrió; le causó gracia que aún lo intimidara un poco.
—Sólo era una posibilidad...
—Bueno, vamos, que no se me puede olvidar por nada. —Sonrió y se alejó lentamente—. ¿Y qué sucede? ¿Quieres algo especial ese día? —Lo miró con ternura—. Puedo hacer lo que quieras por ti.
—Bueno —Sonrió—, en realidad no es tanto como... pedir algo físico.
—¿Y entonces? —Frunció el ceño confundido.
—Bueno, en realidad es una petición —se corrigió—, o algo así. No lo sé.
Atsushi miró a Todomatsu y no pudo evitar reírse. Éste último sólo lo miró confundido, sin apartar la mirada.
—Lo siento —dijo Atsushi—. Es sólo que te ves demasiado nervioso. ¿Sucedió algo malo? Incluso si es algo así, puedo ayudarte con lo que sea.
—No te rías —dijo colorado—. Tú me pones nervioso.
—¿Yo? —Miró al menor y éste asintió. Atsushi retomó su postura—. Bueno, dime qué es lo que quieres, o... lo que sea que sucede.
Todomatsu carraspeó.
—Pues lo que pasa es que Osomatsu, mi hermano mayor, me llamó hoy para decirme que… —se lo pensó bien—, bueno...
Todomatsu se comenzó a retorcer los dedos. Sabía que Atsushi era muy social, pues asistía seguido a reuniones de trabajo, había salido a citas grupales, era popular entre las chicas y caminaba por las calles con facilidad y confianza. Pero algo le decía que quizá él podría sentirse incómodo con sus hermanos ahí.
—Oh, creo que sé lo que vas a decir. —Atsushi sonrió delicadamente.
—¿De verdad?
—Eso creo. Irás ese día a pasarlo con tus hermanos, ¿cierto? Está bien. Yo entiendo que tú quieras...
—No —interrumpió—. No es eso. Si fuera eso te lo hubiera dicho sin rodeo, quizá.
—¿Eh?
—¡Ay! Es que me parece extraño pedírtelo, pero después de todo, después de tanto tiempo tendría que pasar. —Infló sus mejillas.
—¿Qué podrá ser? —Soltó una risita.
Todomatsu asintió decidido.
—Como mis hermanos y yo nacimos el mismo día, es más que normal para nosotros pasar ese día juntos, pero yo quiero estar también contigo, así que —tomó aire—, mis hermanos tuvieron la brillante idea de venir... aquí.
Atsushi abrió mucho los ojos.
—¿Ellos? ¿Aquí?
—Sí. —Asintió con una sonrisa torcida—. Quieren hacer una fiesta de cumpleaños aquí en tu casa, Atsushi-kun. Quieren conocerte. —Se ruborizó—. Están muy emocionados por organizar todo y venir aquí. No será nada en grande, sólo son ellos, pero entiendo que quizá sea una molestia para ti porque seguro estarás muy ocupado. Ellos insistieron en que yo te lo dijera, aunque estuve dudando. Es extraño para ti, ¿verdad? No te preocupes, no tienen por qué venir si no quieres o no se puede. Después de todo son algo ruidosos y no miden bien sus palabras. Así que...
Atsushi se quedó pensándolo unos segundos y después asintió tranquilamente con una sonrisa.
—Está bien. Creo que sería genial si vinieran —dijo.
—De... ¿De verdad?
—Sí. He hablado con ellos algunas veces, aunque no he podido conocerlos muy bien.
—Ah, sí. Bueno, ellos son... —Se rascó la nuca—. Ya sabes, son muy extraños. Cuando los veas te vas a confundir y quizá hasta te desesperes.
—No te preocupes —Rio—. Seguramente será divertido conocerlos.
Todomatsu asintió rápidamente, satisfecho y ya tranquilo.
—Gracias, les diré mañana que hablé contigo.
—De acuerdo. —Atsushi asintió—. Seguramente será una velada interesante. —Sonrió de lado.
—Eso espero —dijo aún con sus mejillas pintadas de color rosa.
Atsushi dejó a un lado el libro que tenía entre las manos, bostezó y se estiró.
—No tienes problemas con eso, ¿verdad? Ya que eres tú quien lo pide.
—No. —Meneó la cabeza—. Quiero que conozcas más a mis hermanos y que ellos te conozcan mucho más a ti...
—Entiendo. —Suspiró.
Hubo un ratito de silencio.
—Atsushi-kun, ¿el trabajo está siendo muy pesado?
—Así suele ser —dijo. Volteó a ver a Todomatsu y notó que éste estaba con un rostro ahora un poco preocupado. Sonrió con amabilidad y puso una de sus manos sobre la cabeza de Todomatsu acariciando su cabello—. Pero tranquilo. No es nada que no pueda sobrellevar. Más importante, ¿cómo te va con tu nuevo trabajo?
—Bastante bien. No es molesto y el horario me agrada.
Como de costumbre hablaron un rato más hasta que cayó la noche. Estaban en el sofá viendo la televisión y después de ello terminaron adormilados y fueron a la cama. Ya que, minutos antes Todomatsu se encontraba dormido sobre el regazo de Atsushi, tenía la cara de un bonito tono rojizo estando adormilado. Durmieron.
Por la madrugada el sol ni siquiera había alcanzado a salir y Atsushi ya se encaminaba a su trabajo. Todomatsu trabajaría casi hasta la noche, así que se levantó más tarde. Atsushi llegó al edificio de oficinas y una vez más comenzó su jornada habitual.
9:00 am.
Todomatsu decidió llamar a sus hermanos. Estaba muy emocionado por la respuesta de Atsushi hacia su petición y la de sus hermanos, sobre todo.
Tomó su celular y marcó. Nadie contestaba.
Marcó una vez más y la línea se perdía en el silencio incómodamente. Una vez más marcó y la voz ronca de uno de sus hermanos finalmente le contestó.
—¿Quién es? —preguntó somnoliento—. Todavía es temprano. ¿No le importaría llamar más tarde?
—Son poco ya más de las nueve, Karamatsu-niisan. No es tan temprano. —Todomatsu rio ante la voz adormilada y neutra de su hermano.
—To... ¿Totty? Vaya, qué sorpresa. ¿Qué sucede? —dijo, endulzando su voz de manera natural.
—¿Siguen todos dormidos?
—Bueno, todos menos Jyushimatsu...
—Oh, bueno. Supongo que después de todo deberé llamar más tarde. —Rió.
—¡Para nada! Ahora mismo vienen —dijo—. ¿Hay algo importante que quieras decirnos?
—Mhm —hizo un sonido afirmativo—. Son buenas noticias, pronto lo sabrán.
Karamatsu fue cuidadosamente a la habitación donde estaban el resto de sus hermanos y les dijo que Todomatsu estaba en la línea esperando. Ellos se abalanzaron contra él y le quitaron el teléfono enseguida. Solamente se quedó mirando un poco distante, con sus gruesas cejas fruncidas y los cabellos revueltos.
—¿Totty?, ¿hola? —hablaba Osomatsu con su carismática voz, aunque aún un poco ronca.
—¿Todomatsu? —Se pegó ahora Choromatsu al teléfono junto al mayor—. ¿Por qué llamas tan temprano?, ¿sucedió algo?
Todomatsu rio al escucharlos.
—¿Totty? —Se unió Jyushimatsu.
Ichimatsu como siempre se mantuvo alejado, confiaba en Todomatsu. No estaba en el mismo rincón que Karamatsu.
—En primer lugar, niisan —aclaró Todomatsu desde el otro lado de la línea—, no es tan temprano. Y en segundo, no ha pasado nada malo, así que despreocúpate.
—¿Entonces? —preguntó Choromatsu.
—¡Todomatsu! —exclamó Osomatsu—. ¿Vas a decirnos qué pasó sobre...?
—Sé a qué vas. —Todomatsu lo interrumpió con gracia—. Sobre la propuesta del cumpleaños, ¿verdad? —Al percibir el silencio supo que sus hermanos esperaban por una respuesta y continuó—: Atsushi-kun aceptó.
—¿¡De verdad!? —Osomatsu y Choromatsu exclamaron al unísono.
—¡Qué emoción! —canturreaba Jyushimatsu.
—Así que, este fin de semana será... interesante —dijo el sexto.
—¡Mhm! No puedo esperar. Esa tarde será única, ¿no es así, brothers? —preguntó Karamatsu con una sonrisa seductora. Nadie contestó.
Ichimatsu se acercó al teléfono.
—Totty, está bien, ¿verdad? —trató de reafirmar el cuarto.
—Sí, Ichimatsu-niisan. Atsushi-kun se veía bien anoche cuando hablamos de ello. Creo que también quiere hablar con ustedes —dijo Todomatsu.
—Ay, qué pena... —susurró Choromatsu, nervioso—. Hablar con... ya sabes, Atsushi-san... ¿Después de tantas cosas que han sucedido? —Se puso colorado.
—Confío en ustedes —Todomatsu sonrió—. ¡Ah! ¿Y qué sigue?, ¿se comprará algo en especial?
—Bueno... Tenemos en mente unas cosas —le dijo Osomatsu, riendo—. Pero, será mejor que tú también compres varias cosas.
Todomatsu infló las mejillas.
—Osomatsu-niisan, no vayas a hacer algo raro.
—¿Eh? ¿No confías en tu onii-chan? —Rio burlonamente.
—No es eso. Es que... Bueno, no lo sé. Nunca he sabido realmente si alguien además de mí ha entrado en la casa de Atsushi-kun, así que...
—¡Entendido! Habláremos más tarde, Totty. Concentrémonos en lo demás por ahora.
Todomatsu asintió. Estaba a punto de colgar y despedirse cuando de repente tuvo una idea.
—Osomatsu-niisan, haré una llamada a un amigo. —No estaba pidiéndole permiso necesariamente, pero sentía que debía decirle—. Es importante para mí, así que, si me lo permiten...
—Haz lo que quieras —dijo Osomatsu amistosamente.
Colgó. Todomatsu marcó a otro número y enseguida la persona que esperaba contestó:
—¿Hola?
—Hola, Futsuumaru.
—Todomatsu, no ha pasado mucho tiempo que digamos. —Rio—. ¿Qué tal todo?
—Bien todo por acá. Bueno, llamé para pedirte algo. Sólo si quieres.
—¿Qué sucede?
Todomatsu sonrió y respiró hondo.
—¡Ven a casa de Atsushi-kun conmigo y con él este fin de semana, por favor!
—¿Eh? ¿A qué se debe? Digo, no es que no pueda, pero...
—¿Vendrás? —Al no escuchar respuesta de su amigo, continuó diciendo—: Pronto será mi cumpleaños y quiero que vengas para poder pasarlo todos juntos. Mis hermanos también estarán allí. Será una pequeña reunión para celebrar seis cumpleaños a la vez.
—¿Tus hermanos, Todomatsu? —Se sorprendió.
—Ajá.
Futsuumaru asintió.
—De acuerdo, iré.
—¡Wah, qué alegría! Te daré los detalles pronto —dijo muy contento.
—Esperaré.
Se despidieron y colgaron.
La semana suele pasarse más rápido de lo que uno realmente cree, y el fin de semana estaba a tan sólo tres días.
Todomatsu después de su trabajo por la noche se desvió a la plaza comercial para comprar algunas cosas. Por suerte aún tenía algo de su sueldo en el bolsillo.
Compró algunos dulces y además fue a una pastelería, a la cual volvería muy pronto. No estuvo viendo muy a menudo a Atsushi ya que él estuvo doblando horas en su oficina, y él no estaba desde temprano en casa. Tampoco vio a Futsuumaru o a sus hermanos. Esperarían hasta el día acordado.
Los hermanos Matsuno se aseguraron de no comentar nada con sus padres. No tenía nada de malo, pero nunca se sabría cómo algo, quizá malo, podría resultar de ello. Estuvieron estableciendo el horario una y otra vez. Osomatsu especialmente estaba muy emocionado, al igual que Karamatsu y Jyushimatsu, pero a Choromatsu y a Ichimatsu se les veía un poco preocupados, o apenados tal vez.
22 de mayo, 6:10 pm.
—Bien, muchachos —decía Osomatsu—, ¡iremos a casa de Todomatsu y ese tipo y la pasaremos al máximo!
—Todomatsu y Atsushi-san —corrigió Ichimatsu tranquilamente.
—Además esa no es la casa de Todomatsu —comentó Choromatsu.
—¡Por ahora lo es! —se apresuró a decir Osomatsu—. ¿Entonces qué? ¿Iremos con tranquilidad y nos presentaremos como es debido? —alentó.
—Así debe ser —dijo Karamatsu acomodándose sus gafas oscuras.
—¡Niisan! ¿No llevaremos nada? —preguntó Jyushimatsu.
Todos voltearon a ver al mayor, dudosos.
—Hmm... —Osomatsu pensaba—. Ya veremos eso mañana. —Sonrió.
Siguió pasando la tarde y al día siguiente siguieron con cuidado con todo. Era sólo una pequeña reunión después de todo, ¿no?
Todomatsu siguió yendo a su trabajo al igual que Atsushi. Cuando llegó por la tarde a casa, para su sorpresa se encontró con él.
23 de mayo, 7:40 pm.
Simplemente Todomatsu llegó a su casa, cargado con una enorme caja color blanco, subiendo las escaleras con mucho cuidado. Atsushi lo miró y rio al verlo caminar tan cautelosamente, pero no dijo nada. Todomatsu metió la caja al refrigerador y cuando caminó hacia la sala encontró a Atsushi ahí sentado en el sofá casi a oscuras.
—¡Oh! At... Atsushi-kun —dijo sorprendido—. Qué sorpresa. No sabía que estabas aquí...
—Salí temprano de la oficina. —Sonrió.
Todomatsu dejó a un lado del sofá su mochila, de donde aún colgaba su llavero de conejo rosa. Se desplomó en el sofá a un lado de Atsushi y suspiró. Se sentía muy cansado.
—Estoy feliz de estar en casa finalmente —dijo acurrucándose entre los cojines.
—Sí, finalmente —dijo el mayor. Guardó silencio un ratito y después habló—. ¿Estás listo para mañana?
—¿Mhm? —Lo miró—. Algo así. Me inquieta qué puedan hacer mis hermanos aquí. —Soltó una risita.
—¿De qué son capaces? —Rio y luego suspiró, aflojándose la corbata—. Se ven buenos chicos.
—¿Sabes quién es quién?
—Eso creo. Me has hablado lo suficiente de ellos, más las pocas veces que los he visto. Creo que puedo saber quién es quién.
—Ya veo. Un peso menos. —Sonrió.
—¿Crees que soy muy...?
—¿Eh?
—No, nada. No sé qué es lo que digo.
—Dímelo, Atsushi-kun.
—No lo sé. Hace tanto que no hay tantas personas en casa. ¿Crees que se sientan cómodos aquí?, ¿o de qué querrán hablar? Quizá les parezca extraño hablar con alguien tan... ¿extraño? No lo sé. Después de todas las ideas que se hicieron de mí aquel día en el hospital mientras esperábamos para verte, no sé qué puedan pensar de mí. No soy muy difícil de tratar, ¿verdad?
—¿Qué cosas dices, Atsushi-kun?
—Bueno, constantemente trato a mucha gente en la oficina, empresas o cualquier parte, pero, me da una sensación de déjà vu cuando pienso en que estarán aquí junto a ti, conmigo, y Futsuumaru-kun. No es nada extraño para mí, pero no sé. He estado pensando sobre mañana desde hace días, ¿sabes? ¿Crees que me ven como alguien no confiable?, ¿o acaso...?
—Atsushi-kun, hoy estás muy parlanchín. —Soltó una risita con ternura—. Todo estará bien.
Los ojos de Atsushi retomaron su brillo.
—Lo siento, no estaba siendo yo mismo. Es sólo que, bueno, yo ya te conté sobre mí, ¿verdad? Hace tanto que no siento esta sensación de calidez. Me lleno de melancolía, Todomatsu.
Todomatsu sonrió y sujetó las manos frías de Atsushi. Se acercó tiernamente con él y pegó su cabeza en su pecho después de besar su frente.
—Mira, Atsushi-kun. Mis hermanos son tontos, no piensan bien las cosas. Perjudican la mayoría de las veces y necesitas repetirles las cosas para que logren entender, aunque sea lo más obvio del mundo. Se alteran muy fácil, son ruidosos, son nefelibatos y se ríen de cualquier cosa. —Hizo una pausa—. Pero están ahí para mí siempre que los necesito. Atsushi-kun, estoy seguro de que lo harán contigo también.
Atsushi asintió.
—¿Eso crees?
—Así es —afirmó Todomatsu. — No deberías esperar mucho en realidad —dijo separándose de él y torciendo la boca—, pero, así es como son. Ellos quieren verte más a ti que a mí, seguramente. Así que tú sigue como siempre… —Sonrió.
Atsushi se sintió más ligero y terminó por quitarse la corbata por completo.
—De acuerdo. Así es como debe ser —dijo sin más.
Todomatsu sonrió.
—Ahora que lo pienso, me pregunto cómo se sentirá Futsuumaru. Nunca le he presentado a mis hermanos tampoco. Creo que apenas sabe que tengo hermanos —dijo de forma graciosa.
—Bueno, mejor preocupémonos por eso. —Rio.
Hablaron un rato más y después fueron a la habitación, en donde se sentaron sobre el colchón acogedor de la cama.
—Atsushi-kun, ¿sigues terminando asuntos con el trabajo? —preguntó al ver al mayor escribiendo varias cosas en unos documentos por su pc.
—Son sólo cosas breves. —Dejó todo y se puso a leer un rato alguno de sus libros.
8:00 pm.
—¿Estarás aquí mañana cuando mis hermanos lleguen?
—Claro que sí, aunque antes debo encargarme de otra cosa.
—¿Te desviarás después de la oficina?
—No te preocupes, Todomatsu. Llegaré a tiempo. —Sonrió—. En serio, no te preocupes por mí. Recuerda lo más importante de todo: mañana es tu cumpleaños.
—Sí, es verdad. —Sonrió.
—Bueno, será mejor que descansemos. Aún mañana tenemos cosas que hacer —sonrió—, Totty.
—¿¡To...!? ¡Atsushi-kun! —Su rostro se puso rojo.
Atsushi rio. Apagó la luz y se acurrucó, dándole la espalda a Todomatsu.
—Descansa.
El menor se quedó sentado en la cama en medio de la oscuridad, sin nada que decir con la cara colorada y la vista perdida al frente. Miró la silueta de Atsushi y sólo sonrió.
—Tú también descansa, Atsushi-kun. —Se dejó caer contra el colchón.
Apagaron la luz y los dos durmieron.
24 de mayo, 8:00 am.
Todomatsu despertó y caminó despacio hacia la sala, bajando las escaleras lentamente. Atsushi no estaba.
Le pareció extraño, ya que se supone que él saldría de la casa más tarde. Se fue a fijar a la cochera y efectivamente el auto no estaba. Suspiró y se encogió de hombros. Todomatsu no fue a trabajar como de costumbre, ya que de nuevo llegó su día libre. Se cepilló los dientes, desayunó, se acicaló y después salió a alguna otra parte. El día parecía pasarse rápido y él no sabía cómo sentirse. Estaba emocionado por ver a sus hermanos y a Futsuumaru, pero muy aparte le inquietaba un poco la preocupación de Atsushi.
Salió un momento a la estación a buscar algunos aperitivos, aunque nada le llamó la atención y volvió a casa rendido. Creyó que podría llamar a Futsuumaru pero lo descartó, ya que lo vería en unas horas después de todo y no valía la pena quitarle un poco más de su tiempo.
El sol se metió, haciendo de aquel día hermoso también un día fugaz. De manera tranquila Todomatsu pasó las primeras horas de su cumpleaños en completa soledad.
Atsushi estaba terminando su jornada. Se arregló el saco, se ajustó la corbata, fue al baño a lavarse la cara, se arregló un poco el cabello y se despidió para salir de su oficina. Se metió al auto y se dirigió a su casa.
6:25 pm.
Todos habían quedado de cuerdo en verse en casa de Atsushi a las siete, justo cuando se metiera el sol, y en la casa Matsuno los hermanos ya estaban más que emocionados, nerviosos y alterados.
Karamatsu se encontraba acomodando sus gafas obscuras tras peinar cuidadosamente su flequillo, viéndose en el espejo con una estética sonrisa.
—¿Qué haces, Karamatsu-niisan? —decía un fastidiado Choromatsu al verlo ahí así—. Ya casi no hay luz. No necesitas lentes de sol cuando no hay sol.
—Why not, brother? No hay necesidad de que el sunshine brille para que yo pueda brillar.
—Ugh...
Choromatsu lo miró con una cara de desagrado, meneó la cabeza y se dirigió a la sala, donde estaba el resto de sus hermanos. Karamatsu también venía por detrás. Pensaron en ponerse sus trajes azules celeste que suelen usar cuando salen a buscar trabajo, pero mejor optaron por usar sus sudaderas de colores, ya que creyeron que sería más fácil para Atsushi reconocerlos de esa forma. Además, recordaron que Todomatsu llamaría a un amigo, así que afirmaron que era la mejor decisión.
Por la mañana de aquel día, Matsuyo les preparó su comida favorita y un postre debido a su cumpleaños. A la mujer le dio pena que su hijo más pequeño no estuviera en casa, pero simplemente no dijo nada. Ese vacío lo llevaba ella sola. Además, de nuevo consiguió ropa nueva (aunque fuera al por mayor) para ellos, y sobró un sexto cambio. Su padre también los felicitó y les dio algo de dinero. No era bastante, pero sí algo que no ganarían jamás con su posible esfuerzo. Eso bastó para animarlos bastante.
Los hermanos se encontraban cambiados y bien peinados ya en la sala de estar, a excepción de Ichimatsu, que mantenía su cabello siempre desordenado.
—¿Entonces no llevaremos nada? —decía un sonrojado Choromatsu.
—¡Toma las cosas con calma, Choropajerovski! Nadie dijo que no llevaremos nada —dijo Osomatsu rápidamente.
—Pues yo no veo que tengas algo entre las manos —espetó.
—Nos encargaremos de eso en un momento —dijo el mayor. Después volteó a ver al resto: Karamatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu—. ¿Nos vamos entonces? —Sonrió y frotó su nariz.
—Muy bien —dijo Ichimatsu.
—¡Ya es hora! Seguro nos costará encontrar la casa —dijo Jyushimatsu.
—No hay problema, ya que Todomatsu nos dio las indicaciones —recordó Karamatsu.
—¡Ustedes no saben seguir indicaciones! —exclamó Choromatsu.
—¡Va, va! Sólo salgamos y vayamos a donde sea que el camino nos lleve —dijo Osomatsu tomando el picaporte de la puerta, aunque fue interrumpido.
Justo cuando todos se disponían a salir escucharon unos pasos que provenían del pasillo. Era Matsuyo, su madre. La miraron en silencio con un poco de pánico, aunque Osomatsu se veía más tranquilo sobre todos.
—¿A dónde van? —dijo la mujer en un tono bajo.
—Mamá, creímos que estabas en la cama —dijo Choromatsu.
—Vamos a volver en un par de horas —avisó Ichimatsu.
—Este... Vamos a comer oden con Chibita —se apresuró a decir Karamatsu.
—Sí, iremos a beber un rato —afirmó Osomatsu—. Lo de siempre, mamá. Tú estate tranquila. —Sonrió.
—¿Es así? —su madre preguntó.
—¡Sí! Quizá hasta nos regale la comida esta vez —dijo Jyushimatsu sonriendo—. Es nuestro cumpleaños número veintiuno después de todo.
La mujer asintió y sonrió rápidamente con gentileza.
—De acuerdo, los estaré esperando. Que les vaya bien, cuídense mucho —se despidió.
Todos asintieron y salieron al patio, rumbo a la casa de Atsushi. Estando ya a dos o tres cuadras de distancia, Osomatsu se metió a una tienda y salió sonriendo con varias bolsas.
—¿Qué compraste, Osomatsu? —preguntó Ichimatsu.
—¡Cerveza! —dijo mostrando las bolsas.
—¿Que...? ¡Oye! Esto es muy poco —dijo Karamatsu metiéndose.
—¡Cállate, doloroso! ¡Es para lo que me alcanza! —el primero se defendió.
—Osomatsu, ¿no te da pena llegar así? —decía Choromatsu muy bajito.
—¡Si tú no quieres ir, entonces no vayas! Además a todos los hombres les gusta beber, ¿no?
—No creo que Atsushi-san sea de ese tipo. —Choromatsu rio.
Jyushimatsu sólo se reía de sus hermanos.
Siguieron caminando sin hacer mucho caso de todo aquello.
—¿A Totty le gustará su regalo? —preguntó Karamatsu.
—Eso no lo sé. Debería conformarse con eso, que es todo lo que pudimos conseguir —dijo Ichimatsu viendo la bolsa de cumpleaños que Choromatsu llevaba. Siguieron caminando.
6:40 pm.
Atsushi había llegado a la casa. Entró y sonrió al ver a Todomatsu.
—Ah, ¡Atsushi-kun! Finalmente en casa. Hoy se me hizo eterno no verte aquí.
—Sí, igual a mí. Perdón por tardar tanto. —Hizo una reverencia leve sin borrar su sonrisa. Después se acercó a Todomatsu y le dio un fuerte abrazo y un beso en la frente—. Feliz cumpleaños, Todomatsu.
Todomatsu sonrió ampliamente y correspondió al abrazo.
—Gracias, Atsushi-kun...
—Veintiuno, ¿verdad? —Sonrió—. Te ves bastante bien.
—Gracias. —Se sonrojó.
Ambos rieron.
—Espera aquí —dijo el mayor—. Te tengo un regalo, pero lo dejé en la sala.
—¿De verdad?, ¿para mí?
Atsushi asintió con una sonrisa y se dirigió a la sala. Enseguida volvió con una caja en las manos, decorada con un bonito y fino papel rosa dorado y un enorme y atractivo moño rojo. La verdad es que la cinta era muy bonita.
—Feliz cumpleaños —volvió a decir—. Aquí tienes, ábrelo. —Le extendió el regalo sonriendo.
—¿Uh? Atsushi-kun, a pesar de tu ajustada agenda, ¿fuiste a buscar un regalo sólo para mí? —Sus ojos brillaron—. ¡Muchas gracias! —Hizo una rápida reverencia antes de abrir el regalo y después comenzó a romper el papel.
Se deshizo cuidadosamente de la cinta roja y comenzó a abrir la caja. Sonrió al ver lo que era. Se encontró con unos bonitos zapatos nuevos de un precioso color marrón, algo suntuosos y bastante caros podía decir.
—¡Atsushi-kun, gracias por pensar en mí! Muchas gracias —Lo abrazó una vez más.
—No es nada, Todomatsu. Por ti puedo hacer lo que sea. Aunque me apena pensar que no estaba muy seguro de tu medida. Conservo la nota para que los cambies si quieres… —Lo abrazó también y después se separaron. Al menor se le veía muy contento. Fue entonces cuando sonó el celular de Todomatsu.
—¿Mhm? ¿Será Futsuumaru? —se preguntó. Fue corriendo por su celular, lo tomó y contestó—. ¿Hola?
—¡Todomatsu, feliz cumpleaños! —saludaron todos sus hermanos al unísono.
—¡Feliz cumpleaños a ustedes también! —Rio.
—Oye, Totty, ya sé que seguro renegarás, pero, sabemos que estamos por la calle que nos indicaste, aunque Choromatsu insiste en que ya estamos perdidos —dijo Osomatsu—. ¿Será que puedes salir a buscarnos?
—¡Ustedes vengan!
—¡Imposible! —dijo Osomatsu.
—Claro que no es imposible. ¡Tú eres el que trae el celular!, ¿no? Entonces fíjate muy bien en el GPS. La casa de Atsushi-kun debería poder verse desde ahí. Así que sólo tengo eso que decir.
—Oh, creo que estamos cerca —dijo Osomatsu viendo el celular y manteniendo la llamada.
—¿Lo ves? Bueno, aquí los esperamos.
—¡Ya vamos, estamos cerca!
Cortaron la llamada. Todomatsu puso el celular en la mesa.
—Mis hermanos ya casi llegan —informó a Atsushi.
—Ya veo. Será una velada emocionante. —Sonrió. Se levantó y se ajustó la corbata.
Todomatsu quería cambiarse de ropa y Atsushi le ayudó a escoger algo.
Después, él también decidió cambiarse a algo que no fuese tan formal y que luciera más coloquial o confiable. Era muy importante lucir amigable, accesible. Una vez listos, se sentaron en el sofá de la sala a hablar un momento. En realidad también esperaban una llamada de Futsuumaru, pero ésta permaneció sin llegar por un largo tiempo.
Finalmente escucharon el sonido de un auto estacionándose frente a la casa, aunque en realidad creyeron que obviamente no se trataba de los hermanos Matsuno, ya que, bueno, ¡ellos no tienen auto!
Seguramente sería Futsuumaru llegando con alguien, o cualquier otra opción estaba bien. Ya no había que arreglar nada. La casa estaba más que limpia y ordenada.
7:00 pm.
—¿Por qué tardarán tanto? Ya son las siete. Tendrían que haber llegado un poco antes, ¿no? —dijo Todomatsu chocando los pies contra el suelo, mirando la puerta.
—Se estaban equivocando de camino. Es normal que lleguen un poco tarde, Todomatsu.
—Bueno, eso es verdad.
Pasó sólo un poco más de rato y de repente escucharon un leve sonido en la entrada. Después se hizo más fuerte y más repetitivo. Estaban tocando la puerta con tranquilidad y después más desesperadamente.
—Alguien llegó —dijo Atsushi, burlándose de su propia frase que era más obvia que nada.
—Lo sé. Iré a abrir —dijo Todomatsu levantándose—. Está bien, ¿verdad?
—Sí, ve.
Todomatsu se dirigió a la puerta de la entrada para dejar pasar a quien sea que estuviese tocando la puerta. Menos mal que no había llegado tan tarde.
—¡Ya voy! —dijo Todomatsu.
Atsushi se puso de pie y a pasos lentos se acercó un poco a la entrada, no estando exactamente en el recibidor.
Todomatsu tomó el picaporte de la puerta y la abrió.
Notes:
¡Ahora sí me tomé mi descanso! Duré mucho para retomar la inspiración. Gracias por esperar :)
Yo también comparto cumpleaños con mi amiga del alma, así que indudablemente durante esa fecha además de recibir felicitaciones es una costumbre preparar algo también. ¡Te entiendo, Totty!
Chapter 25: Cumpleaños
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Una vez abierta la puerta, apenas asomó un poco la cabeza más allá del marco y fue de inmediato envuelto por unos brazos fuertes. Se quedó anonadado, sin soltar la chapa.
—¡Feliz cumpleaños, Todomatsu! —dijo Osomatsu abrazándolo fuertemente.
—¡Chicos, ya están aquí! —dijo sorprendido viendo al resto de sus hermanos por la espalda de su hermano mayor sin soltarse de aquel abrazo, siendo un poco apretujado—. Feliz cumpleaños —dijo sonriendo y acariciando la espalda de Osomatsu, viendo a sus demás hermanos.
El resto de los chicos se aproximaron más a la entrada de la casa y abrazaron todos juntos a Todomatsu. No había pasado demasiado desde la última vez que se habían visto, pero no estar los seis todos juntos aunque sea poco tiempo era doloroso. Se apretujaron entre todos.
—¿Cómo llegaron después de todo? —preguntó Todomatsu entre risas.
—¡Eso fue simple! —Osomatsu se encogió de hombros—. Bastaba con preguntarle a alguien por la dirección exacta.
—Y pedir un aventón —recalcó Ichimatsu.
—¿Eh? —Todomatsu se sorprendió.
—¡Ichimacchan! ¡Te dije que no le dijeras! —exclamó el primero.
Ichimatsu rio bajito.
—Eso explica el sonido del motor fuera de la casa —dijo Todomatsu poniendo un dedo en su mentón, como pensando en voz alta.
Todos lo miraron extrañados, no tenían idea.
De repente se escuchó cómo unos pasos provenientes desde adentro de la casa se aproximaban. Era Atsushi, viéndolos desde adentro con una ligera sonrisa y sus naturales ojos entrecerrados.
Los chicos lo vieron de frente y no dijeron nada. Todomatsu estaba de espaldas, por lo que al sentir el extraño ambiente entre sus hermanos se dio la vuelta y chocó la mirada con Atsushi también.
El único que reaccionó con gestos temblorosos y las mejillas coloradas fue Choromatsu, que apenas hizo una reverencia. Jyushimatsu por instinto alzó una mano y la movió de un lado a otro, saludándolo y sin desaparecer su casi permanente sonrisa. Atsushi sonrió e hizo una reverencia también, con gusto. Todomatsu asintió y se apresuró a romper con esa "tensión".
—Bueno, hermanos, pasen, adelante —dijo haciéndose a un lado para que los muchachos pudiesen pasar.
Ninguno se movió.
—Es un placer de nuevo, muchachos —dijo Atsushi cordialmente—. Por favor, pasen. No se queden ahí. —Sonrió.
Ellos se quedaron un momento más ahí sin hacer nada y Atsushi no se hizo para atrás. Todomatsu les dirigió una mirada que instintivamente los incitaba a entrar rápidamente, sin titubear.
—¡Bueno! Ya que estamos aquí, comencemos de una vez —exclamó Osomatsu entrando con los brazos levantados hacia atrás, juntando las manos en su nuca; a pasos largos y seguros.
—Con permiso —dijo Choromatsu cordial aunque tímidamente mientras entraba, siguiendo al primero.
—¡Vamos a entrar! —exclamó Jyushimatsu pasándose también, acariciando el cabello de Todomatsu a la vez que lo hacía.
—Nice place —atinó a decir Karamatsu con una sonrisa mientras entraba y observaba, sujetando el hombro del quinto hermano.
Ichimatsu entró después de sonreír a Todomatsu y asentir levemente al ver a Atsushi como forma de saludo.
—Te imaginarás que hemos escuchado mucho de ti, ¿no? —decía un risueño Osomatsu aproximándose a Atsushi—. ¡Mucho gusto! Soy Osomatsu, el primer hijo de la familia Matsuno. —Le tendió la mano.
Se habían visto ya, pero para los sextillizos era muy necesario volver a presentarse formalmente; de eso habían discutido también en el camino.
—Mucho gusto, Osomatsu-kun. —Le dio la mano y sonrió—. Soy Atsushi Takahashi, es un placer verte de nuevo.
Se separaron de aquel fuerte apretón de manos.
—Ah, estos son mis hermanos —siguió diciendo Osomatsu, pasando como "anfitrión"—, Karamatsu, Choromatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu. —Señaló a cada uno conforme mencionaba sus nombres.
Hicieron una reverencia y Atsushi estrechó las manos de cada uno a la manera occidental. Estaba acostumbrado a ello.
—Bueno, adelante —dijo Atsushi avanzando hacia la cocina—. Están en su casa.
Todomatsu le dio un empujoncito a sus hermanos para que entrasen con más confianza. En realidad el único que se veía tenso era Choromatsu, y sólo un poco Ichimatsu. Osomatsu entró a la cocina primero junto con Atsushi y dejó las bolsas que llevaba sobre la mesa. Estaban llenas de cerveza y papitas.
Atsushi les indicó que se sentaran en la mesa que estaba cerca del ventanal en la segunda planta y subieron. Antes de sentarse Choromatsu se detuvo repentinamente; se quedó de pie, estático.
—Casi lo olvido —dijo el tercero volteándose a con Todomatsu—. Aquí tienes, feliz cumpleaños de nuevo. Ábrelo más tarde, ¿sí? —Sonrió, tendiéndole una bolsa de cumpleaños—. En realidad no es mucho, es una pena, pero...
—Gracias, Choromatsu-niisan. —Le sonrió con las mejillas sonrojadas y tomó el regalo.
Choromatsu le devolvió el gesto.
7:15 pm.
Todos se sentaron a la mesa cerca del balcón y el ventanal. Las luces de la ciudad durante la noche se podían ver muy bien desde allí arriba y el sereno no hacía daño alguno. Sin duda sería una buena noche.
—Bueno —dijo Atsushi—, ¿qué tal si bebemos un poco para empezar?
—¡Buena idea, Atsushi-san! —lo elogió Jyushimatsu.
—Comencemos entonces —aceptó Karamatsu.
Osomatsu sacó varias de las latas de cerveza y las puso sobre la mesa. Se repartieron.
Todos tomaron una y la abrieron, y después tomaron un trago de cada una de sus latas con gusto.
—¡Ah! ¡Está muy buena! —dijo Osomatsu con las mejillas coloradas.
—No está nada mal —opinó Atsushi—. Hacía tiempo que no bebía una cerveza tan buena —dijo con una ligera sonrisa, dejando ver un leve sonrojo en su cara.
—Qué cosas dices, Atsushi-kun —Todomatsu rio.
—Creo que sabe mejor cuando tienes algo que picar —dijo Ichimatsu.
—¿De qué hablas? Esto sabe muy bien así —exclamó Choromatsu.
—¡Abran las papas! —Karamatsu dio unos golpecitos a la mesa.
—¡Espera un poco más! —le dijo Todomatsu al segundo.
Atsushi reía.
Jyushimatsu tomó la bolsa de papas y la abrió.
—Podemos comenzar a comer un poco de esto —dijo el quinto con una sonrisa—. Adelante.
En ese momento cuando Todomatsu se disponía a sentarse junto a todos (porque él permanecía de pie), se escuchó el sonido de la puerta siendo tenuemente tocada.
—Ah, debe ser Futsuumaru-kun —dijo Atsushi como pensando en voz alta.
—¿Eh? ¿Futsuu...maru? —dijo Osomatsu.
—El amigo de Todomatsu que iba a venir también —aclaró Ichimatsu.
Todomatsu bajó hasta la entrada y abrió la puerta. Vio a Futsuumaru con varias bolsas en las manos.
—¡Lo siento, Todomatsu! —dijo rápidamente Futsuumaru haciendo una reverencia—. Tenía algo que hacer así que llegué algo tarde y...
—No, está bien. Pasa, no te preocupes. —Sonrió. Se hizo a un lado para que Futsuumaru entrase—. Atsushi-kun y mis hermanos están arriba, cerca del ventanal. Deja las cosas en la mesa —dijo amablemente.
—¡Gracias! —Se detuvo en el marco de la puerta antes de entrar por completo.
—Ah, aquí tienes. Tu regalo de cumpleaños. —Sacó una caja de una de las bolsas y se la tendió.
Todomatsu la agarró con cuidado.
—Gracias, Futsuumaru. —Sus ojos brillaron.
Futsuumaru le dio un abrazo a Todomatsu y él correspondió. Después entró completamente a la casa y se encaminó a la segunda planta.
Todomatsu lo siguió con su regalo entre las manos y lo observaba caminar tan tranquilamente por las escaleras.
—Futsuumaru...
—¿Sí?
—¿Habías venido ya a la casa de Atsushi-kun?
—Sí, unas cuantas veces. Fue tan sólo unos meses antes de que él te conociera, ha sido un tiempo ya. —Sonrió volteándolo a ver—. ¿Por qué?
—Creí que caminabas como si fuese tu casa. —Rio.
—No digas eso. —Reía también.
Llegaron cerca del ventanal, en el balcón, y ahí estaban Atsushi y el resto de los Matsuno.
—Buenas noches —saludó Futsuumaru.
—¡Hola! —saludó Jyushimatsu.
—Buenas noches —saludó el resto de los hermanos al unísono, cada uno con el tono característico de su voz.
—¡Lo siento, chicos! —dijo Futsuumaru, como si los conociera desde hace tiempo—. No pude traer un regalo para cada uno, así que tendrán que compartir. —Sacó una caja llena de wagashi—. Y estas otras son para todos nosotros. —Le sonrió a Atsushi, poniendo las botellas de sake sobre la mesa.
—¡No debiste haberte molestado tanto, Futsuumaru-san! —dijo Jyushimatsu con una enorme sonrisa.
Los demás hermanos se quedaron sorprendidos. No es que Futsuumaru tuviese mucho dinero, pero incluso él había llevado algo, y ellos...
—No te preocupes, estamos agradecidos contigo, Fustuumaru-san —dijo rápidamente Choromatsu.
—Con que sólo me digan Futsuumaru está bien. —Sonrió el mencionado.
—¿No tuviste algún inconveniente? —Atsushi se sumó—. Ven, siéntate. —Le señaló un lugar sonriendo sutilmente.
Futsuumaru se sentó en medio de los hermanos y Todomatsu puso su regalo en otra mesita para sentarse también.
—Bueno, Futsuumaru-kun… Sabías de nosotros, ¿no es así?, ¿por qué no habías ido a nuestra casa antes? —preguntó Osomatsu.
—¡Osomatsu-niisan! —Todomatsu le llamó la atención.
A Futsuumaru no le incomodó.
—Nunca me puse a pensar en eso. ¿Por qué ustedes no salían con Todomatsu y conmigo? —Futsuumaru respondió con una sonrisa.
—¡Eso es porque nuestro hermanito no habla de él! Es decir, de ti. O no hablaba —contestó Osomatsu.
—Ya veo. —Asintió soltándose una risita—. Por cierto, me pregunto quién es quién, entre ustedes. A pesar de ser idénticos a Todomatsu sólo puedo saber que Todomatsu es Todomatsu —Rio—. ¿Tú eres...?
—¡Soy Osomatsu! Y ellos son Karamatsu, Choromatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu —volvió a decir, señalando a cada uno.
—Nos sabrás reconocer pronto —afirmó Ichimatsu.
—¡No es muy difícil, boy! Claro, sabiendo que hay un océano y mundo muy distintos dentro de cada uno de nosotros —exclamó Karamatsu.
Ichimatsu hizo un gesto de repulsión ante el comentario del segundo.
—Es verdad —añadió Atsushi—. Al principio no se pueden diferenciar muy fácil, ¿cierto? Pero a pesar de tener la misma cara, todos son muy distintos en el interior. —Sonrió—. Me tomó algo de tiempo.
—Ah, es cierto. Lo hiciste, ¿verdad? —Osomatsu frotó su nariz—. Nos mirabas distinto a todos, eso está bien.
Rieron.
—¡Ah, traje algo de sake! Supongo que ya lo vieron. ¿Qué les parece si bebemos un poco? —dijo Futsuumaru—. ¿Está bien, Atsushi?
—Por supuesto, no veo por qué no.
—Bueno —dijo Futsuumaru con mucha confianza—, serviré un poco. ¿Beberán todos?
Futsuumaru intentó levantarse para alcanzar unas copas, pero enseguida Atsushi las arrimó a la mesa. Antes de que alguno pudiera contestar, Atsushi comentó:
—Ah, lo olvidé —dijo con una ligera sonrisa—, yo también conseguí algo. — Atsushi se levantó y se dirigió a la barra que estaba en la cocina. Sacó unas botellas finas de vino tinto y volvió a la mesa junto al ventanal—. Tal vez es demasiado ahora que todos hemos traído algo, pero por favor beban todo lo que quieran, adelante.
—Cerveza, sake y vino. Me pregunto si podré con todo —dijo Jyushimatsu con una sonrisa más grande de lo normal.
—¡Imposible! —Choromatsu le dijo al quinto abriendo mucho los ojos.
—¡Gracias, Atsushi-san! —dijo Karamatsu—. Será un privilegio for us.
Ichimatsu se dio un manotazo en el rostro, frunciendo el ceño. Todomatsu ayudó a Futsuumaru a servir las copas.
—Ah, chicos. ¿Cuántos años están cumpliendo? —preguntó Futsuumaru.
—Veintiuno —contestaron los sextillizos al unísono.
—¿Eh? ¡Se ven muy bien!
Las copas estaban en frente de cada quien. No todos bebían vino. Osomatsu e Ichimatsu siguieron bebiendo cerveza. Atsushi, Karamatsu y Jyushimatsu probaron el vino gustosos. Todomatsu y Futsuumaru bebieron sake.
Futsuumaru puso los wagashi en medio de la mesa y por supuesto todos comieron. También de las papitas que habían llevado, entre otras cosas para picar que Atsushi compró. Se sentían extraños estando allí todos juntos, no sabían de qué o cómo hablar.
—Me gusta tu casa, Atsushi-san —soltó Jyushimatsu, viendo cada rincón del lugar con una sonrisa.
—Muchas gracias, siéntete cómodo —le dijo Atsushi viéndolo con su expresión amigable.
Osomatsu le tomó un gran trago a su cerveza y sonrió.
—¡Oye, Atsushi-san! Entiendo que no te hayas podido pasar por nuestra casa, pero pudiste habernos dicho dónde quedar, ¿no? —exclamó Osomatsu con una gran sonrisa.
Ichimatsu lo miró de reojo.
—No le digas esas cosas... —le reprochó Choromatsu.
—Es verdad —dijo Atsushi respondiendo hábilmente—, pero supuse que sería un problema si alguien los veía conmigo en el auto.
Osomatsu mostró una de sus sonrisas pícaras a modo de respuesta y bebió de nuevo a su cerveza.
—Ah, como sea, Atsushi-san. Gracias por cuidar de nuestro hermanito —dijo Karamatsu—. Estamos agradecidos por eso y queríamos que lo supieras.
—Ah, sí —se unió Choromatsu—. Cualquier cosa que te haya molestado de nosotros, discúlpanos. —Agachó la cabeza levemente—. No pensamos siempre de manera clara.
—No se preocupen por eso, son cosas que ya pasaron —dijo Atsushi—. No deberían de vivir con ese peso, no hay nada malo que yo piense de ustedes. —Sonrió—. Y hablo para todos, claro.
Se quedaron viéndole.
—Pues, gracias —dijeron al unísono los seis. Hasta Todomatsu esta vez.
—¡Wah! ¡Qué raro! Hasta hablan al mismo tiempo y todo —dijo Futsuumaru muy sorprendido entre risas—. No me dijiste nada de eso, Todomatsu.
—No, no te dije nada.
Todos rieron. Futsuumaru se sentía cómodo a pesar de que no había tratado con todos los chicos y mucho menos juntos.
—Ah, este... Atsushi-kun —dijo Todomatsu acordándose de algo.
—Sí, dime.
Futsuumaru y los cinco chicos los miraban muy atentos. Tal vez era porque no se explicaban cómo fue que ellos terminaron juntos. Les daba mucha curiosidad. Eran algo distintos, pero no hacían un mal dúo.
—Bueno —siguió diciendo—, ¿no te parece genial que estemos aquí para hablar finalmente todos juntos? —Sonrió.
—Ah, tienes razón —dijo Atsushi asintiendo. Se irguió y carraspeó.
Todos lo miraron curiosos.
—Ahora que lo dicen, también queremos hablar de algo —intervino Karamatsu refiriéndose a él y los otros cuatro de sus hermanos.
—Hagámoslo de una vez —dijo Choromatsu.
—¿Para dónde van? —Osomatsu dijo entre dientes, haciendo referencia a la conversación.
Jyushimatsu recargó sus manos en sus mejillas, poniendo los codos sobre la mesa y prestando atención. Futsuumaru tomó un trago de sake.
Todomatsu respiró hondo.
—Ya se sabe desde hace mucho, pero... —decía Todomatsu con un sonrojo—, Atsushi-kun y yo somos pareja. Y pues... bueno, es reconfortante que ustedes puedan saberlo y lo apoyen. Estoy —se corrigió—; estamos agradecidos con ustedes.
Al terminar de decir aquello, todos quedaron en silencio sin saber qué decir. Ichimatsu se sonrojó levemente y todos se miraron entre ellos con una sonrisa.
—No es algo que se deba agradecer —dijo Futsuumaru casi para él mismo con una expresión tranquila.
Todomatsu y Atsushi sonrieron.
—¿Y? —preguntó Osomatsu esperando algo más por parte del menor—. ¿Volverás a casa?
Karamatsu lo miró de reojo con curiosidad, algo asombrado. Aunque era extraño (realmente raro), Jyushimatsu frunció el entrecejo como si algo le hubiera molestado, aun con sus manos en sus mejillas.
—¿Eh?, ¿volver? —Todomatsu sonrió apenas de manera nerviosa.
—Po... ¿Por qué le dices eso? —habló Choromatsu tartamudeando un poco. Posó una de sus manos en una de las piernas de Osomatsu para captar más su atención—. Él se encuentra bien con Atsushi-san aquí, ¿no lo ves?
—Agh, no quise decir eso... —corrigió Osomatsu.
—No te preocupes. Creo que es normal que quieras tener a tu pequeño hermano en casa —dijo Atsushi—. No podría cuidar de él tan bien como tú lo haces, hermano mayor.
—Totty es el más pequeño, pero somos de la misma edad —exclamó Jyushimatsu entre risas, naturales en él.
Ichimatsu se quedó atento al ambiente.
—Me preguntaba si pensabas darte aunque sea una vuelta por la casa —aclaró Osomatsu en seco—. No hace falta que regreses para quedarte si no quieres, después de todo —dijo. Miró tranquilamente a Atsushi casi como si lo retara, no sin antes dirigir una rápida pero ligera mirada de fastidio a Choromatsu. Estaba harto de que lo corrigiera.
Osomatsu sin voltear a ver quiso agarrar su cerveza de la mesa, pero su mano chocó con la copa de vino de Karamatsu y la derramó sobre la alfombra. Todomatsu se sobó la sien con un poco de molestia.
—Oh. —Futsuumaru apenas y se preocupó.
—No puede ser —balbuceó Ichimatsu aparentando indiferencia.
Jyushimatsu se rio y Choromatsu cubrió su rostro con una de sus manos, frunciendo el ceño y cerrando sus ojos. Karamatau miró con tristeza su vino derramado.
—Ah... Lo siento —dijo Osomatsu en un tono bajo haciendo una mueca.
Nadie habló y la música que Todomatsu había puesto anteriormente en una pequeña bocina se siguió escuchando.
—No te preocupes —dijo Atsushi tranquilamente sin borrar su sonrisa—. Si la mancha no sale basta con cambiar la alfombra, nada que no se arregle.
—Eh, está bien. —Asintió Osomatsu.
Hubo un momento de silencio.
—Sabes que no puedo volver. Ni siquiera para saludar —dijo Todomatsu de repente, cavilando en alto. Había retomado el hilo de la conversación.
—¿Cómo que no? —dijo Karamatsu—. Claro que puedes, Totty...
—¿Qué dicen papá y mamá? —preguntó el mencionado.
—Bueno, ellos no han cambiado de parecer pero... —trató de intervenir Choromatsu.
—No iré —aclaró Todomatsu.
En vista de que Todomatsu no accedería, Ichimatsu decidió esta vez tratar él con Atsushi.
—Atsushi-san —habló el cuarto con su natural voz apagada y ronca—, eres bienvenido en casa por parte de nosotros, pero sabes cómo son los padres... Nos hubiera gustado cenar junto a ti en nuestra mesa y en nuestra casa.
Atsushi sonrió de corazón al escucharlo.
—Entiendo, no tienen por qué lamentarse ante eso —dijo el mayor. Después su sonrisa se borró de su rostro lentamente—. También pasé por algo así —dijo casi en un susurro.
—Y bueno, quería... —dijo Ichimatsu, pero fue interrumpido.
—¡Queríamos que lo supieras! —continuó Jyushimatsu.
—Gracias, chicos. —Atsushi exhaló.
—¡Y por supuesto saben que yo estoy con ustedes! —exclamó Futsuumaru—. ¡Ahora brindemos porque estamos celebrando un cumpleaños y porque estamos aquí todos juntos! —Alzó su mano, sujetando su sake.
—¡Porque estamos todos juntos! —dijo Jyushimatsu alzando su copa de vino, sujetándola de manera extraña.
Todos levantaron sus bebidas; también Karamatsu, que ya tenía una nueva copa con vino que Todomatsu le sirvió.
—¡Salud! —vocalizaron todos al unísono.
Brindaron y bebieron. Discretamente Choromatsu puso algunas toallas de papel sobre la mancha en la alfombra, tratando inútilmente de secarla. Atsushi se dio cuenta de esto y soltó una risita casi inaudible.
—Ah, este... Nunca habíamos hablado de nada sobre su relación, todos juntos —dijo Osomatsu refiriéndose a Atsushi y a Todomatsu—, pero hay que dejarlo como una especie de "caso cerrado". Hace meses las cosas estuvieron sombrías. Ya saben…
Todomatsu asintió.
—No sé si lo hacen o no, pero no se escondan —apenas se escuchó decir de Ichimatsu.
—Me tranquiliza realmente que todos lo digan —declaró Atsushi. Le dirigió una mirada especial a Futsuumaru, ya que eran amigos desde hace ya bastante tiempo e incluso sabía cosas de él que ni él mismo conocía.
En realidad, a todos les alegraba que Todomatsu por lo menos se haya enamorado de un muchacho de sangre azul. Era quizás sólo por la necesidad de los sextillizos de salir de lo más bajo del estatus social que poseían.
En parte era eso, y también estaban felices por su hermano.
Pasó un poco más de rato y Todomatsu les salió a todos con la sorpresa de que había comprado un pastel de cumpleaños para celebrarse a él y a sus hermanos. Lo pusieron en medio de la mesa y prendieron las velas que colocaron encima, no precisamente de un número exacto. Cantaron la canción de cumpleaños todos juntos y después de pedir un deseo, soplaron y apagaron las pequeñas llamas. Hubo aplausos, principalmente por parte de Atsushi y Futsuumaru.
El pastel se partió y todos comieron su parte. De rato, después de seguir hablando y bebiendo como si no hubiera un mañana, les dio algo de hambre.
—Osomatsu-niisan, ¿y la comida? —preguntó Todomatsu inocentemente.
—¿Comida? —respondió el mencionado—. ¿Qué comida?
—Teníamos un acuerdo. Ustedes vendrían, y también traerían la co...
—¡Fue imposible! —interrumpió de nuevo Jyushimatsu moviendo extrañamente sus manos—. Pasa que no teníamos dinero, no encontramos nada aceptable y se nos fue el tiempo.
Y nadie dijo nada, porque era la verdad.
—Ah, sobre eso... —Choromatsu intentó enmendar el problema sin resultados—. Nosotros...
—No hay nada ahora. Les dije que no era buena idea venir nomas así —opinó Ichimatsu.
—Podríamos ir con Chibita —sugirió Karamatsu.
Nadie lo escuchó.
—Ay, Totty —dijo Futsuumaru pensativo—. Pudiste habérmelo dicho a mí y yo habría preparado algo para todos nosotros.
—Bueno, nadie se culpe —dijo Atsushi—. Nadie pensó muy bien en eso, ni siquiera yo pude comprar algo más. Solamente el vino.
Ya no había bebida y estaban hambrientos.
—¿Entonces? —casi susurró Todomatsu.
—Mhm. Podríamos ir rápidamente a comprar algo de comer —sugirió Choromatsu—. O comprar ingredientes para cocinar algo todos aquí, quizá.
—¡Sólo consigan más vino! —exclamó Jyushimatsu con una enorme sonrisa.
—Eso sí puedo hacerlo por ti —le respondió Atsushi a Jyushimatsu sonriendo también.
—Ah… También tengo hambre —Futsuumaru se recargó en Jyushimatsu.
Jyushimatsu rio e hizo lo mismo.
—Qué hambre —susurró Ichimatsu.
—¡Ah! ¡Ya sé! —exclamó Osomatsu de repente.
—¿Mhm? — captó la atención de todos, que lo cuestionaron al unísono de manera gutural.
—¿Qué, Osomatsu? —le preguntó Choromatsu.
—¿Y si vamos con Chibita?
—¡Oh, buena idea! —exclamó Todomatsu.
—Hmm, no está mal —reconoció Choromatsu.
Karamatsu no dijo nada.
—Pero —interrumpió Jyushimatsu—, no trajimos dinero, ¿o sí?
—Ah, este... —Osomatsu intentó hallar una solución.
Choromatsu le dirigió una mirada asesina al primero.
—Bueno, no se preocupen por eso. Si se trata del dinero o por cualquier otra causa, yo me haré cargo, ¿bien? —Atsushi esbozó una sonrisa—. Vayamos afuera y vamos a ese lugar —dijo levantándose.
Ninguno se movió a primer instante.
—¡Ya vamos, tengo hambre! —dijo Futsuumaru siguiéndole.
Jyushimatsu rio ante el comentario de éste último y al haber estado recargado en él, se levantó también. Todos hicieron lo mismo. Todomatsu fue el último en salir.
Estando parados frente al automóvil, se preguntaban cómo demonios cabrían todos en un coche de tamaño promedio. No había suficientes opciones.
—Ni modo —dijo Todomatsu—, tendrán que apretujarse para entrar, porque yo iré en el asiento del copiloto. —Terminó la frase con un tono y una sonrisa burlona.
—¡Ah, no es justo! —decía Futsuumaru.
Atsushi miraba detenidamente el auto, tratando de asimilar que se irían los ocho ahí.
—¡Sólo métanse y no se quejen! —exclamó Ichimatsu, tomando a Karamatsu fuertemente de un brazo y lanzándolo al interior del vehículo—. ¡Y ustedes también! —Señaló al resto.
Al final, quien sabe cómo, se metieron. Atsushi conducía, Todomatsu iba en el asiento del copiloto como dijo, y los demás en la parte de atrás, más torcidos que nada. Afortunadamente no hubo necesidad de recurrir a arrojar a alguno de ellos hacia la cajuela. Que, de todas formas, Atsushi no habría aceptado semejante petición por parte de nadie.
—¡Quítame el pie de la cara! —se quejó Choromatsu.
—Perdón, Choromatsu-niisan —se disculpó Jyushimatsu.
—¡Me están aplastando!
—Y te aplastaremos más si no te callas, Karamatsu —respondió Osomatsu.
—Creo que si la puerta se abre rodaré en la autopista —dijo Ichimatsu.
—¿Por qué tienen que ser tantos? —comentó Futsuumaru—. Como sea, ¡aguanten un poco más, chicos!
—¡Tú no dices nada porque estás arriba de nosotros! —dijeron los cinco hermanos al unísono.
—Wah, qué miedo —exclamó el chico de cabellos claros y rizados.
Todomatsu apretaba los ojos fuertemente. Gracias a que Futsuumaru estaba con sus hermanos no se sentía tan avergonzado como de costumbre.
Mientras tanto, Atsushi se aguantaba la risa lo mejor que podía. Trataba de concentrarse en mantener la vista fija en la carretera. No supo cómo fue que terminaron así, pero le hacía mucha gracia. Sentía como si fuese parte de una familia cariñosa por primera vez.
[ ...... ]
Todomatsu fue indicando el lugar y finalmente llegaron. Se bajaron todos del carro y se desentumieron.
—¡Ah, Chibita! —levantó la mano Osomatsu, saludando al chico de baja estatura desde lejos.
Todos se acercaron.
—¡Maldita sea! —exclamó Chibita al tenerlos ya de frente—. ¿Por qué no habían venido? Me tienen muy abandonado por aquí desde hace tiempo. —Se giró y miró a Todomatsu entre los chicos de rostros iguales—. ¡Ah, Todomatsu! Demonios, ha pasado mucho tiempo. —Sonrió.
—Hola, Chibita. Lo sé, desearía haber venido un poco más seguido —contestó el menor.
La sonrisa de Chibita se borró al ver a los otros dos chicos que acompañaban a los sextillizos.
—¿Y ellos...? —preguntó.
—¡Oh, hola! —reaccionó—. Soy Futsuumaru, mucho gusto. Soy amigo de Totty. —Saludó con su mano algo apenado, debido a que la manera de hablar de Chibita le intimidaba un poco.
—Encantado, soy Atsushi —dijo haciendo una muy leve reverencia incorporándose de manera rápida con su expresión tranquila. Le tendió la mano.
—¿Eh? ¿Atsushi? —dijo Chibita casi en un susurro—. ¿Ese Atsushi?
—¿Uh? —El mencionando ladeó un poco la cabeza.
Chibita recordaba que con anterioridad Osomatsu y los otros le habían contado algo sobre el tal "Atsushi". Y le habían dicho que era la razón del abandono de Todomatsu al barrio; que era su pareja. Por supuesto se lo tomó con calma y asintió varias veces al recordarlo para sí mismo.
—¡Oh, maldición! Un placer. —Estrechó la mano del hombre—. Estos tipos me han contado varias cosas sobre ti.
Todomatsu se sorprendió. Entendió que sus hermanos ya le habían contado a Chibita sobre su relación y pudo relajarse un poco.
—Ya veo —dijo Atsushi tranquilamente.
—¡Pero vamos, siéntense! —suplicó Chibita—. ¡Adelante!
Y así fue. Todos se sentaron frente a Chibita ahí en su puesto de comida, que estaba cocinando oden. Les sirvió su comida.
—Luce todo muy rico. ¡Buen provecho! —dijo Futsuumaru y comió—. Ah, ¡está extremadamente bueno!
—Pues claro, idiota. ¡Mi oden es el mejor del mundo!
—Me consta —afirmó Atsushi tras probarlo también.
Chibita sonrío sintiéndose exitoso.
—¿Y qué los trae a todos por acá? —preguntó.
—Verás Chibita —dijo Karamatsu de manera cool—, hoy es nuestro cumpleaños número veintiuno.
—¡Oh, felicitaciones, maldita sea!
—Gracias —dijeron al unísono con las mejillas rojas.
Futsuumaru no hacía más que morir de risa internamente por la manera de hablar de Chibita.
—Y nosotros somos su compañía —aclaró Atsushi.
Pasaron el rato. Siguieron comiendo y conversado.
—Por favor, coman todo lo que quieran. La cuenta la pagaré yo —les recordó Atsushi.
—¡Gracias, hombre! —exclamó Osomatsu.
«Al final te saliste con la tuya, ¿no, Osomatsu? Maldito tacaño», pensó Choromatsu.
Con respecto al hecho de que Atsushi y Todomatsu se aparecieron juntos de repente, Chibita no dijo nada para no incomodar, aunque tenía ganas de hacerlo. Pero no lo hizo, después de todo, los Matsuno ya le habían contado bastante.
—Me tuvieron abandonado un tiempo —comentó Chibita—. ¡Solamente Karamatsu ha estado viniendo más a menudo!
—Eso es porque you're my best friend, Chibita —dijo Karamatsu.
Ichimatsu puso los ojos en blanco. Chibita hizo un gesto de repulsión y después se resignó con una sonrisa torcida.
Aunque ya habían bebido en la casa, también pidieron algo de cerveza estando ahí. Botella tras botella.
Choromatsu, Ichimatsu y Todomatsu ya no pidieron nada.
Era bastante tarde ya.
11:30 pm.
Todos se pusieron de pie después de un muy buen rato; estaban muy satisfechos.
—Bueno, Chibita-kun —decía Atsushi—, gracias por recibirnos. La comida estuvo muy deliciosa, déjame decirte, ¿eh?
—¡Gracias, vuelve pronto, maldición!
—Esto es por lo de todos. —Sacó algunos billetes de su cartera y los dejó sobre el pequeño mostrador—. Y esto es para ti —Atsushi dejó una cantidad extra a un lado—. Gracias de nuevo. —Sonrió.
Chibita lo miró atónito. Estaba acostumbrado a que los sextillizos fuesen a comer ahí y se fueran sin pagar, así que ese gesto lo tomó por sorpresa, y además... ¿propina?
—¡Me gustaría volver! —exclamó Futsuumaru.
Los hermanos se despidieron y todos subieron al coche.
—¡Demonios! —gritaba Chibita al borde de las lágrimas tras recibir bastante dinero—. ¡Vuelvan pronto, imbéciles! ¡Feliz cumpleaños!
Atsushi se despidió meneando su mano con una sonrisa, al igual que Futsuumaru y Todomatsu.
Después de comer, Atsushi se dirigió a la misma tienda lujosa de antes para comprar más vino que obsequiaría a Jyushimatsu. Una vez dentro del coche de nuevo, se lo dio y agradeció.
Cuando llegaron a la casa entraron de nuevo a la sala y hablaron un ratito más. Se sentaron a ver algo de televisión, lejos del ventanal. Comenzó a hacer frío.
—¡Yo digo que ya deberías abrir tu regalo, Totty! —dijo Jyushimatsu.
—¿Ahora? —preguntó el mencionado.
—Sí, hemos esperado bastante —dijo Karamatsu.
12:00 am.
—Aunque —dijo Choromatsu tímidamente—, no es la gran cosa. Así que...
Futsuumaru estaba acostado en uno de los sillones de la sala boca arriba con la cabeza un poco ladeada hacia atrás, recargada en el porta brazos. Moría de sueño y estaba muy lleno.
Jyushimatsu siguió bebiendo vino, sus mejillas estaban rojas.
—Y también abre mi regalo —dijo Futsuumaru—. Ah, lo siento, chicos. El sake será su regalo, ¿sí?
Los Matsuno lo miraron resignados, aunque con una sonrisa burlona.
—Bien, lo haré —dijo Todomatsu.
—Iré por los obsequios —se ofreció Atsushi.
—No, está bien. Gracias, lo haré yo, Atsushi-kun —contestó el menor.
Atsushi aceptó y se sentó de nuevo.
En seguida Todomatsu volvió con la bolsa de cumpleaños y otra cajita.
—Vamos, Totty —dijo Ichimatsu desviando su mirada del televisor—. Ábrelos.
—¡A eso voy! —respondió riendo.
Todos le prestaron atención.
Primero abrió la bolsa que sus hermanos le dieron, ya que se la habían entregado primero. Con cuidado metió la mano y sacó un sencillo pero bonito sombrero color crema con un listón color rosa alrededor de él. Sonrió al verlo.
Choromatsu estaba avergonzado de semejante regalo tan simple, aunque ninguno de los otros pensaba nada al respecto.
—¡Gracias, está muy bonito! —dijo con brillo en sus ojos.
—¿De verdad te gustó? —preguntó Osomatsu.
—Sí —contestó Todomatsu con las mejillas rosadas y una sonrisa.
Todos sonrieron satisfechos. Choromatsu dio un respiro de alivio.
Después tomó el regalo de Futsuumaru y lo abrió también. Resultó ser un pequeño reloj plateado de muñeca; lucía algo caro y era elegante. Muy bonito.
—¡Ay, qué bonito! —exclamó Todomatsu.
—¿De veras? —preguntó el chico de cabellos rizados.
—¡Sí, gracias! —dijo.
Atsushi dio unos pequeños aplausos.
Osomatsu, Karamatsu, Choromatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu voltearon a ver a Futsuumaru de una manera extraña, debido a que se sintieron repentinamente "opacados" por el obsequio de éste.
—¿Qué? —dijo Futsuumaru abriendo mucho los ojos al percibir las cinco miradas iguales y aterradoras, sintiendo nervios—. ¿Me lucí?
—¡Le echas más leña al fuego! —exclamó Jyushimatsu meneando la cabeza y las mangas.
Atsushi rio, y al verlo Todomatsu se empezó a reír también. Esto provocó una sonrisa en los demás.
—¡Qué noche! —Karamatsu se estiró—. He estado muy a gusto.
—Igual yo —le siguió Choromatsu.
—Yo estoy muy lleno —dijo Futsuumaru—. Pero la comida estaba rica.
12:30 am.
Ya era muy tarde. Sólo pasaron un rato más juntos.
—Atsushi-san, ya es algo tarde. Debemos irnos ya, gracias por invitarnos —dijo Choromatsu poniéndose de pie—. Un gusto de nuevo. —Le tendió la mano.
—El gusto es mío. —Atsushi correspondió al apretón de manos.
—Nos veremos después, ¿de acuerdo? —le dijo Osomatsu a Atsushi dándole una palmada en la espalda.
Atsushi se extrañó ante ese acto.
—Seguro, pronto —contestó Atsushi con una confiada sonrisa.
—¡Bye, bye, Atsushi-san! —se despidió Jyushimatsu—. ¡Gracias por el vino! — dijo llevándose lo que quedaba en las botellas.
—¡Adiós, our wealthy guy! —Karamatsu hizo un ademán de despedida.
Ichimatsu no se despidió.
—Adiós, chicos. —Atsushi los acompañó hasta la puerta.
—¿Mhm? ¿Qué hay de ti? —preguntó Choromatsu a Futsuumaru.
—Creo que me quedaré aquí un rato más.
—De acuerdo, buenas noches. Nos vemos después. —Sonrió y le dio la mano.
Futsuumaru estrechó la pálida mano de Choromatsu.
—¡Claro! ¿Eres...?
—Choromatsu.
—Nos vemos después, Choromatsu-kun. —Futsuumaru reafirmó con una sonrisa.
—¿Quieren que los lleve a su casa? —preguntó Atsushi.
—Nos gustaría, hombre, pero traería algunos problemillas —respondió Osomatsu—. En todo caso, gracias. —Sonrió y frotó su nariz con su dedo.
—Bueno. —Atsushi aceptó encogiéndose de hombros.
—¡Adiós, Totty! ¡Adiós, Futsuumaru-kun! —se despidieron todos al unísono.
Los chicos salieron de la casa y buscaron algún taxi que los llevase a la estación. Tomarían el tren nocturno.
Una vez estando sólo Atsushi, Todomatsu y Futsuumaru, volvieron a la sala.
—¡Wah, todo fue divertido! —decía Todomatsu.
—Así es —decía Atsushi—, Totty. —Terminó la frase de manera burlona otra vez.
—At... ¡Atsushi-kun! —Todomatsu rio y se sonrojó.
Hubo un ratito de silencio.
—Ah, Futsuumaru-kun, estaba pensándolo. ¿Por qué no te quedas aquí esta noche? Vives algo lejos después de todo —sugirió Atsushi.
—¿Está bien?
—Sí, hay demasiado espacio —dijo.
Futsuumaru lo pensó un momento y después asintió.
—De acuerdo, no suena mal. —Sonrió—. Me quedaré.
—¡Muy bien! —Todomatsu dio un salto—. Será como una pijamada.
Atsushi sonrió.
En ese instante, se escuchó la puerta siendo golpeada tenuemente por golpecitos consecutivos.
Todomatsu, Atsushi y Futsuumaru se preguntaban qué pasaba.
—¿Volvieron? —preguntó Atsushi.
—Qué raro —casi susurró Futsuumaru.
—Yo iré a ver, seguro se les olvidó algo —dijo Todomatsu.
—Aunque ya tiene un ratito que se fueron —comentó Futsuumaru.
Todomatsu se dirigió a la puerta de la entrada, en el recibidor. Los golpes en la puerta habían cesado en cuanto se acercó; seguro que lo escucharon caminar. Tomó con cuidado el picaporte y abrió la puerta. Se sorprendió un poco.
—¿Ichimatsu-niisan?
—Hola de nuevo, Todomatsu —dijo con su tono de siempre.
—Este... ¿Qué pasó?, ¿se te olvidó algo?
—No, yo sólo...
Todomatsu parpadeó un par de veces, desconcertado.
—¿Qué pasa?
—Bueno...
—¿Estás malito?
—No, nada de eso.
—¿Entonces?
Ichimatsu tomó aire y habló con sus mejillas pintándose de color rosa.
—¿Me puedo quedar a dormir aquí contigo?
—¿Uh?
—Bueno, con ustedes.
—¿Y eso?, ¿y los demás?
—Tal vez ya tomaron el tren. Les dije que regresaría contigo y dijeron que estaba bien, aunque Choromatsu-niisan me dijo que no lo hiciera porque molestaría. Y entiendo si no puedo estar aquí. No es tampoco como si ahorita no pudiera tomar el tren yo solo.
—Por mí no hay problema, pero...
—¿Lo dices por Atsushi-san?
—Sí. —Asintió—. Aunque, Futsuumaru se quedará aquí también así que no habrá problema —explicó—. Y... ¿por qué quieres quedarte?
—Porque...
—¿Mhm?
—Es porque... me... contigo...
—No balbucees, niisan —dijo con ternura—. Apenas y te oigo.
Ichimatsu levantó la mirada sonrojado y habló de nuevo.
—Po... Porque, me gusta estar contigo —dijo bajito—. ¿Bien? Además —sus manos temblaban—, no puedo hablar mucho estando con los otros. Y es por eso que yo...
A Todomatsu le dio ternura. Esbozó una sonrisa y acarició las frías y pálidas manos de su hermano mayor. Le daba gracia saber que, a pesar de ser tan rudo a veces, era muy en el fondo considerablemente dulce.
Todomatsu echó una rápida mirada al interior de la casa y al exterior por detrás de Ichimatsu. Después asintió y se hizo a un lado con su sonrisa burlona, pero extrañamente linda e inocente.
—Entra.
Notes:
Tengo entendido que dar propina es una falta de respeto en Japón, pero tómenlo como un gesto de gratitud al estilo occidental.
Gracias por seguir aquí, tengo preparadas muchas cosas lindas :D
Chapter 26: Propuesta
Chapter Text
—Con permiso —dijo Ichimatsu entrando a la casa.
Todomatsu cerró la puerta detrás de su hermano y lo acompañó hasta la sala, con Atsushi y Futsuumaru.
—¿Quién era, Todomatsu? —preguntó Atsushi al escuchar la puerta cerrándose. Al ver a Ichimatsu entrar por el marco de la puerta se dio cuenta, tardándose un poco, de que no era Todomatsu—. Oh, ¿Ichimatsu-san?
—Sólo Ichimatsu —dijo el mencionado.
Todomatsu entró a la habitación.
—Atsushi-kun, Ichimatsu-niisan se quedará con nosotros hoy. ¿Te parece bien? —decía Todomatsu—. Ahora sí parecerá una pijamada. —Rio.
—No hay ningún problema —se apresuró a decir Atsushi.
—¿Ichimatsu? —dijo Futsuumaru mirándolo detenidamente—. Creo que ya sé diferenciarte —dijo casi seguro.
—Bien por mí —dijo Ichimatsu haciendo un ademán con su puño, a modo de victoria.
12:50 am.
—Ya es algo tarde —dijo Atsushi al ver bostezar a Futsuumaru, tallándose los ojos después—. ¿Les parece si vamos a la habitación para arreglar las cosas de una vez?
—Vamos —dijo Futsuumaru. Hizo una pequeña pausa y después añadió algo más mientras subía las escaleras que lo llevarían a la habitación en el segundo piso—. Lo siento, Atsushi. No acostumbro a quedarme así de repente en casas ajenas pero mi casa queda algo lejos y...
—No — lo interrumpió el mayor—. No es ninguna molestia tenerte a ti, ni a nadie aquí. Tampoco a Ichimatsu —dijo mirando a éste último, quitando el honorífico que complementaba (o sobraba) de su nombre—. De verdad, estén a gusto, por favor.
Futsuumaru asintió y agradeció, encaminándose. Ichimatsu lo siguió.
—Iré por más mantas —dijo Todomatsu yendo hacia un clóset que estaba en una habitación cercana.
Atsushi fue con Todomatsu para ayudarle y después subieron a la segunda planta. Entraron a la habitación.
—¿Y bien? —dijo Futsuumaru que los esperaba de pie junto a la cama con los brazos cruzados.
—Si quieren —dijo Ichimatsu en tono neutro—, podría dormir en el sofá. Incluso con una simple bolsa para dormir me basta.
Ichimatsu no mentía, pues después de todo él sólo quería estar con Todomatsu (aunque no fuera literalmente). Le bastaba con haberse quedado en aquella casa, y dormir en el sofá no sería un problema. Ya estaba acostumbrado; estaba acostumbrado a estar solo.
—No, nada de eso —dijo Atsushi—. Si Ichimatsu se queda solo —decía—, esto ya no será una pijamada. —Rio al decir lo último, sonrojándose un poquito y viendo de reojo a Todomatsu.
Todomatsu infló sus rosadas mejillas fingiendo estar molesto ante el comentario.
—Tiene razón —opinó Futsuumaru con una sonrisa—. Le quitaría lo divertido.
Ichimatsu asintió pensándolo y apenas esbozó una sonrisa simple pero sincera.
—De acuerdo —dijo Ichimatsu—, me quedo aquí.
—Y... ¿cómo nos acomodaremos? —preguntó Todomatsu.
Atsushi se cruzó de brazos pensándolo y Futsuumaru lo observaba, al igual que Todomatsu. Ichimatsu sólo esperaba la respuesta para aceptarla, aunque...
—Podría dormir junto a Futsuumaru-kun —empezó a decir Atsushi—, y dejar que tú, Todomatsu, duermas junto a tu hermano en la cama.
—¡Ni hablar! —exclamó Ichimatsu—. No pienso dormir en la cama.
—Ichimatsu-niisan, será como cuando éramos niños —dijo Todomatsu—. O incluso de adultos, durmiendo en el futón los seis juntos, ¿no crees? Así que...
—No —aclaró de una vez el mayor de los hermanos—. No dormiré en la cama, no está bien.
—Pero, hermano...
Atsushi ladeó la cabeza, pensativo.
—O yo podría dormir junto a Ichimatsu en el futón —opinó Futsuumaru—. Claro, sólo si quieres. Y le dejamos la cama a Todomatsu y Atsushi y todo seguirá normal.
Futsuumaru y Atsushi habían sido amigos demasiado tiempo, incluso mucho tiempo antes de que éste último haya podido conocer a Todomatsu.
De vez en cuando Futsuumaru iba y se quedaba en casa del mayor para pasar el rato, tanto así que hasta Atsushi consiguió un futón para su amigo y de ahí que éste recordara que había algo en qué poder dormir.
Atsushi había traído el futón, no una bolsa de dormir como Ichimatsu pensaba.
—Bueno —dijo Ichimatsu—. Me parece bien.
—¡Bueno, durmamos juntos! —exclamó un entusiasmado Futsuumaru, arrojándose al futón que estaba ya tendido mientras acomodaba las esponjosas almohadas a como podía, dándole la mejor a Ichimatsu—. Estoy muy cansado y creo que algo ebrio. —Rio
—No se te nota —afirmó Ichimatsu.
Futsuumaru sintió alivio ante ese comentario.
—Entonces así quedamos —Atsushi confirmó, satisfecho.
[ ....... ]
Osomatsu, Karamatsu, Choromatsu y Jyushimatsu iban llegando a la casa bastante cansados y muy tarde ya.
Entraron con cuidado tratando de no hacer ruido y se metieron a su habitación, todos dispuestos a meterse en el futón para de una vez dormir. Sin embargo, algo los detuvo. Había una silueta que parecía observarlos por detrás de la oscuridad, desde el pasillo llegando a las escaleras. Era su madre.
—Cuatro —dijo la mujer.
—Mamá... —balbuceó Choromatsu—. ¿Qué haces despierta?
—Sólo son cuatro —dijo Matsuyo, ignorando la pregunta de su hijo. Parecía que los inspeccionaba uno por uno—. ¿Dónde está Ichimatsu?
—Bueno, él... —intentó explicar Karamatsu.
Osomatsu se desesperó.
—Está con Todomatsu. Pasará la noche ahí —dijo Osomatsu sin más.
Jyushimatsu se acercó a la pequeña mujer.
—Mamá, deja que Ichimatsu-niisan haga lo que... —Jyushimatsu intentó dar una explicación también, pero la mujer lo interrumpió.
—No les estoy pidiendo explicaciones a fondo —exclamó su madre.
—¿Eh? —musitó Choromatsu.
—Sólo quería saber en dónde está Ichimatsu, y Osomatsu ya me respondió. Eso es todo —aclaró Matsuyo—. Y estaba despierta porque tardaron demasiado, se hizo tarde y quería esperar a que llegaran. Me preocuparon.
Los chicos se miraron entre ellos, algo angustiados y un poco aliviados pasados los segundos también.
—Lo siento, mommy. Debimos haberte llamado —se disculpó Karamatsu.
—En realidad sabes que Ichimatsu está con Todomatsu —decía Choromatsu —, pero, ¿te tranquiliza aunque no sabes cómo ubicarlos?
—¿Choromatsu? —cuestionó Osomatsu.
—Me tranquiliza —afirmó la mujer—. No sé ubicarlos, pero sé que Todomatsu no está solo. Está con ese chico, ¿no? Pero tu padre no puede saberlo. Él tiene que pensar que esta noche volvieron cinco de ustedes.
—¿Por qué, mamá? —preguntó Jyushimatsu.
—Así es como lo decidió tu padre, cielo. Sabes que para él es difícil aceptar lo que pasó con Todomatsu, ¿verdad? Lo saben. Le duele que haya elegido a un desconocido por encima que su familia, quienes siempre lo cuidaron. Y no quiere perderlos también a ustedes —explicó su madre.
—¿Perdernos? —susurró Karamatsu.
—O sea que, si consigo trabajo y me caso con una chica linda —decía Choromatsu—, ¿eso sería perderme también?
—Baja de esa nube, Choropajerovski —gruñó Osomatsu.
Choromatsu le dirigió una mirada nada agradable. Jyushimatsu apenas pudo sonreír.
La mujer guardó silencio.
—Choromatsu —siguió diciendo Matsuyo—, tu papá está preocupado. Todomatsu comenzó a desaparecer de la nada e incluso ahora no sabemos nada —dijo y después tomó aire—. Pero, no discutamos eso. Sé que ustedes lo miran de vez en cuando y me alegro de que lo admitan. Mientras ustedes me digan que él está bien, estaré tranquila, ¿bien? —Sonrió.
—Mamá… —la llamó Osomatsu.
—Ya es muy tarde, váyanse a dormir —dijo su madre con una sonrisa.
—No, yo quiero... —insistió en vano.
—Ahora no, Osomatsu. —La mujer tomó la mano de su hijo a modo de súplica tal vez—. Ahora es tarde y todos deben dormir.
Osomatsu apretó los labios.
—Buenas noches —dijeron los chicos con un tono muy bajito y al unísono.
Matsuyo volvió a su habitación. Los cuatro chicos se metieron en el futón, donde había más espacio de lo acostumbrado y se durmieron.
[ ........ ]
—¿No te aprieto? —preguntó un apenado Ichimatsu estando a un lado de Futsuumaru bajo las cobijas.
—Para nada. —Respondió.
—¿Está bien si apago la luz? —cuestionó Atsushi.
—Adelante —dijeron Todomatsu, Ichimatsu y Futsuumaru.
Se dieron las buenas noches y se dispusieron a dormir.
Para Atsushi, dormir con Todomatsu era de lo más normal, pero le parecía extraño que ahora Ichimatsu y Futsuumaru tuviesen que estar juntos de alguna manera, y también le parecía gracioso.
Durmieron lo suficiente.
Cuando era de madrugada, Atsushi se levantó cuidadosamente y se alistó para irse a trabajar. Debía estar temprano en su oficina sin falta. Era una pena que no pudiese despedirse de los chicos. No los despertó.
Salió de la casa tras echar un último vistazo hacia la habitación. Ichimatsu apenas despegó los ojos al escuchar el automóvil irse seguido del sonido de la puerta al cerrarse. Podría decirse que era de sentidos agudos.
5:20 am.
Parpadeó un par de veces y en seguida volvió a intentar dormir.
«Debe estar realmente loco para levantarse temprano y volver extremadamente tarde casi todos los días», pensó Ichimatsu antes de caer en la inconsciencia y volver a su mundo de sueños.
Pronto el cielo comenzó a iluminarse, el sol estaba saliendo.
8:45 am.
Ichimatsu talló sus ojos con cuidado y parpadeó varias veces para despabilarse. Se enderezó y miró a Todomatsu, que estaba en la orilla de la cama junto a Futsuumaru, éste último cruzado de piernas hablando con el otro.
Al darse cuenta de que ya había despertado, rieron un poco.
—Buenos días, dormilón —dijo Todomatsu viendo a su hermano.
—Buenos días —contestó Ichimatsu con su voz ronca.
—¿Sabes? Me pateaste varias veces —dijo Futsuumaru viendo hacia la ventana, pero dirigiendo sus palabras a Ichimatsu—. Y hablas dormido.
—¿¡Eh!? —Ichimatsu se puso rojo—. ¡Lo siento! No es que... Yo no quería...
Futsuumaru comenzó a reírse y Todomatsu meneó la cabeza.
—¡Es broma! Tranquilo —dijo Futsuumaru—. No causas molestias en absoluto. —Sonrió.
—Ya veo... —balbuceó todavía colorado.
—¡No seas así, Futsuumaru! —exclamó Todomatsu sonriendo. Se levantó y se estiró. Se arregló un poco el cabello y salió de la habitación—. Prepararé algo para desayunar.
—¡Espera!, ¿no es muy temprano? —dijo Ichimatsu.
—Sí, espera un rato más, Todomatsu —dijo Futsuumaru.
Todomatsu asintió.
—De acuerdo —dijo finalmente.
Futsuumaru y Todomatsu debían ir a trabajar, e Ichimatsu debería volver a su casa. Esperaron un poco más en la habitación. Recogieron todo, dejaron todo en orden y Futsuumaru e Ichimatsu se fueron a cambiar las prendas que Atsushi y Todomatsu les prestaron para dormir. No podían lavarse los dientes, pues no llevaban cepillo lastimosamente.
9:20 am.
Todomatsu comenzó a preparar algo para el desayuno y Futsuumaru e Ichimatsu se dirigieron a la cocina con él para ayudarle, aunque Todomatsu insistió en que no necesitaba ayuda, que podía él solo. Los chicos desistieron y lo esperaron en la barra de la cocina mientras él seguía cocinando los omelettes.
—Todomatsu —decía Futsuumaru—, saldré primero que tú de la casa. Debo ir a trabajar un poco más temprano y el tren sale antes de tiempo.
—¿Oh? Está bien —dijo Todomatsu mientras acomodada un omelette cuidadosamente con la espátula en uno de los platos.
—Por favor dale las gracias a Atsushi por mí cuando lo veas —le pidió Futsuumaru—, aunque de todas formas le enviaré un mensaje más tarde. Fue divertido quedarme aquí con ustedes.
—Me alegra —comentó Todomatsu.
—Iré arriba por mi sudadera —dijo Ichimatsu—. La olvidé en la habitación.
Se levantó y fue por ella. Una vez que vio que no estaba, Todomatsu se acercó un poco más a Futsuumaru recargándose en la barra para preguntarle:
—¿Te agradó mi hermano?
—Por supuesto —contestó el chico con una sonrisa—. Es calladito pero amigable... Creo que ya puedo diferenciarlo de tus otros hermanos.
—¿En serio? —Se sorprendió.
—Sí, aunque creo que a los demás no les hallo diferencias. —Se estremeció al recordarlos, todos iguales.
—Ya. —Soltó una risita y siguió sirviendo los otros omelettes.
—Además...
—¿Qué más?
—La ropa de tu hermano Ichimatsu está llena de pelos de gato. —Soltó una risa.
—¿Sí? —Se rio—. Creo que eso lo caracteriza mucho.
—Ahora veo por qué le tienes mucha confianza. Es agradable...
En ese momento Ichimatsu volvió de la habitación con la sudadera sobre el brazo tranquilamente.
—Ah, Ichimatsu-niisan —habló Todomatsu—, aquí está tu desayuno.
Todomatsu acomodó los platos enfrente de cada uno de los chicos y les sirvió un vaso de jugo de naranja. Él comería de pie al otro lado de la barra, no habría problema con eso.
—Así que ya hasta cocinas tú —comentó Ichimatsu.
—Claro, Ichimatsu-niisan, después de todo no puedo esperar a que Atsushi-kun lo haga por mí.
—Y está rico —dijo Futsuumaru.
—En casa mamá sigue cocinando para todos nosotros —admitió Ichimatsu.
Futsuumaru se rio, no de mala gana. Comieron un rato más hasta que terminaron.
9:40 am.
Futsuumaru finalmente se despidió de Todomatsu e Ichimatsu, dándole un abrazo al menor y un apretón de manos al mayor. Salió de la casa con cuidado y se dirigió a su propia casa. Se daría un baño, tomaría el tren y volvería al trabajo.
—Tu amigo me cayó bien —le dijo Ichimatsu a Todomatsu con una ligera sonrisa.
—¿Sí? Él es un chico simple y agradable. Creo que encaja donde sea...
—No es como Jyushimatsu, pero siempre está sonriendo.
—Me sorprende —dijo—. Es agradable, en las buenas y en las malas. —Esbozó una sonrisa nostálgica al terminar de hablar.
Ichimatsu lo miró pensativo.
—Todomatsu, ¿él fue quien te ayudó cuando...?
—Sí —interrumpió.
Ichimatsu asintió varias veces viendo su plato, todavía con un poco de comida.
Siguió comiendo sin decir nada más. Todomatsu ya había terminado su desayuno, se encontraba terminando de beber el jugo. Hubo un momento de silencio. Todomatsu bajó el vaso chocándolo levemente contra la barra y se humedeció los labios para articular algo.
—Ichimat...
—Todoma...
Ambos hablaron al mismo tiempo interrumpiéndose a la par. De nuevo guardaron silencio.
—Dime, Todomatsu.
—Bueno —siguió diciendo—, no soy quién para decírtelo, pero, ¿no te gustaría intentar vivir así?
—"¿Así?"
—Digo, aparte. O sea, lejos de los demás, de nuestros padres y hermanos.
—No sé si podría.
—¿Por qué no? Mira, yo podría ayudarte a conseguir lugar en un departamento con el dinero que gano —explicaba—, y te puedo ayudar a conseguir trabajo. Quizá conmigo o cerca de ahí.
—Pero...
—Podrías tener a los gatos contigo si conseguimos alquilar un departamento donde los permitan. Y podrías hacer o comprar cualquier cosa que tú quieras. Yo te ayudo —dijo.
—Todomatsu, suena bien, pero no creo que yo sea capaz de vivir así.
—¿Por qué?
—No sé, yo...
—Ichimatsu-niisan, creo que tú puedes prosperar más que los otros. Tienes el corazón abierto para esa clase de cosas y no mereces vivir como lo haces siempre. Yo me separé porque quería estar con Atsushi-kun, pero seguro habría alquilado un apartamento tarde o temprano para comenzar por mí mismo. Así que creo que tú también puedes hacerlo.
—Todomatsu, no puedo. No podría vivir solo, no soy capaz. Seguramente no aguantaría mucho tiempo así y terminaría regresando con los demás.
—No digas eso, tú eres más capaz de lo que crees. Eres muy fuerte, Ichimatsu-niisan. Si realmente lo quieres, puedes hacerlo.
—Gracias.
—Bueno, considéralo por favor.
—Está bien, gracias —dijo con sinceridad.
Todomatsu asintió satisfecho tras lo dicho. Ichimatsu se quedó un poco pensativo, viendo su plato vacío mientras terminaba con el último bocado que quedaba en él. Todomatsu se dirigió al otro lado de la barra y se sentó a un lado de su hermano.
—Y, ¿decías?
—¿Uh?
—¿Tenías algo que decirme antes?
Ichimatsu abrió más los ojos ante la pregunta.
—Ah.
—¿Qué pasa?
—No es nada importante, sólo una duda mía muy rara —dijo con voz entrecortada.
—Ajá. —Asintió.
—Si no quieres contestarme no tienes que hacerlo a la fuerza.
—Dime.
—Pues... —Ichimatsu enroscaba nervioso uno de sus oscuros y desordenados mechones desviando la mirada—. ¿Atsushi-san y tú ya...?
—¿Ya qué?
Ichimatsu se sonrojó.
—Tú ya sabes...
—Dilo por favor, no estoy entendiéndote.
—Todomatsu, no me hagas decirlo —dijo apenado.
—¿Entonces qué? —Rio.
—Pues, ¿ya has dormido con Atsushi-san?, o sea, ¿acostarse juntos?
—Sí —dijo de lo más normal.
—Quiero decir, un poco más allá de eso. —Se sonrojó.
Al parecer Todomatsu logró captar el mensaje y se ruborizó también.
—¿Q-Qué...? Ichimatsu-niisan...
—¡Ya te dije que si no quieres no respondas! —Desvió la mirada todo rojo.
—Eh... Pues no, todavía no...
—Ya veo. —Asintió todavía apenado.
—De hecho... él no ha mencionado nada de eso...
—Ya veo —repitió—. Sólo quería saber si seguías siendo como nosotros...
—¿Vírgenes? —Soltó una risilla.
—Sí... —susurró muy nervioso rascando su cabeza.
—Ya ves que sí. —Se rio y se sonrojó—. Es que... no hablamos de eso y no sabría cómo es que... Ya sabes, no sé cómo... hacerlo...
Ichimatsu asintió.
—De acuerdo. Sólo era una duda, no hablo de esto con nadie. Así que... no te preocupes.
Todomatsu sonrió y no agregó nada más.
10:00 am.
Pasó un pequeño momento en el que no dijeron nada más. Ichimatsu terminó su jugo de naranja.
—Ichimatsu-niisan —decía Todomatsu—, iré a darme una ducha. ¿Puedes esperarme para irnos juntos? Debo ir a la cafetería.
—Está bien. —Aceptó.
—¿Tú no tomas una ducha?
—¿Cómo crees? Claro que no. La tomaré cuando llegue a casa.
Todomatsu se encogió de hombros.
—De acuerdo, no me tardaré mucho.
Ichimatsu asintió y esperó. Se quedó viendo por mientras los adornos de la sala: los cuadros, ventanas, tapiz, etcétera.
Como si no hubiera pasado mucho tiempo —que realmente no lo pasó—, Todomatsu salió del baño ya acicalado.
Estaba con el cabello todavía húmedo pero ya bien peinado y oliendo muy bien. Llevaba en una de sus muñecas el reloj que su amigo Futsuumaru le regaló. Además llevaba puestos los zapatos bien lustrados que le obsequió Atsushi y el sombrero que recibió por parte de sus hermanos.
—Oh, luces muy bien —reconoció Ichimatsu—. ¿Harás algo importante?
—¿Mhm? Para nada. No hace falta para vestir ropa bonita. —Sonrió.
—Claro —bufó.
Salieron de la casa tranquilamente. Ya estaba comenzando a hacer calor, así que de vez en cuando Ichimatsu agitaba su sudadera desde la parte de su pecho para hacerse algo de aire. Caminaron tranquilamente dirigiéndose hacia la estación de trenes y tomaron el metro. Estuvieron ahí quizá diez o quince minutos hasta que se bajaron.
—Y llegando a casa, Ichimatsu-niisan —preguntaba Todomatsu—, ¿qué haces o qué harás?
—Nada importante. Cepillar a los gatos, creo.
—¿Y luego?
—No hay "luego".
—Debes de hacer algo...
—Creo que ando deambulando por ahí viendo qué hacen los otros.
—Mhm... Deberíamos salir más.
—¿Eh?
—Tú y yo. Los otros a como sea aguantan. ¿Qué te parece?
Ichimatsu lo pensó y sonrió.
—Se oye bien.
Llegaron a una esquina de la calle, donde Todomatsu debería girarse e Ichimatsu seguir caminando derecho hasta llegar a su casa. Se quedaron estáticos frente la calle, viendo el semáforo en rojo para ellos.
—Bueno, Ichimatsu-niisan, me dio mucho gusto verte, y verlos a todos. Espero que se dé la ocasión de nuevo...
—Digo lo mismo. Esa especie de pijamada fue muy acogedora.
—¿Verdad que sí? —Sonrió.
—Creo que iré a la cafetería de vez en cuando —comentó como si pensara en voz alta.
—Te espero —aceptó. Después pensó en otra cosa y formuló otra pregunta—. ¿Estarás bien? Quizá papá y mamá se molesten contigo.
—Sí, quizá. Pero no te preocupes, estoy bien. Llegaré pronto y todo será como siempre. Igual, ya somos adultos. —Se encogió de hombros.
—Entiendo. En ese caso está bien.
—Cuídate mucho, por favor.
—Igual tú, niisan.
Se despidieron con un abrazo muy fuerte. Quizá ni una persona de en medio del gentío les prestaba atención por las calles. El semáforo cambió a verde.
Todomatsu se retiró yendo a la otra esquina de la banqueta mientras Ichimatsu cruzaba la calle. El menor se giró para ver a su hermano irse, sonriendo y quedando tranquilo, y volvió la vista al frente. También Ichimatsu se giró para ver a Todomatsu una última vez; observó su frágil espalda, alejándose cada vez más, poco a poco. Después siguió su camino. Ya no cruzaron miradas.
[ ........ ]
10:45 am.
El tintinear de la campanita de la puerta avisó que Todomatsu había llegado a la cafetería. Había algunas personas dispersadas en varias mesas. Al parecer sería un día lleno de trabajo.
—¡Bienvenido! —exclamaron Sacchi y Aida al unísono, pero al ver que se trataba de Todomatsu sus rostros cambiaron de expresión.
—Hola —Todomatsu saludó gentilmente a las chicas aproximándose a la caja. Sonrió con naturalidad. Pasó para el otro lado de la barra, dejando su bolso encima de una mesa.
—¡Feliz cumpleaños, Totty! —exclamó Aida, abrazándolo.
—¿Qué tal estuvo tu día? Desearíamos haber podido estar contigo, pero ayer hubo mucho trabajo —dijo Sacchi con una sonrisa y abrazándolo también—. Feliz cumpleaños, Totty.
—Muchas gracias —agradeció el muchacho con las mejillas rositas.
Después, ambas se dirigieron a la parte de atrás donde solían guardar sus cosas y agarraron una bolsa decorada. La llevaron a con Todomatsu y se la entregaron. Era su regalo de cumpleaños por parte de ellas.
Con una sonrisa le pidieron que lo abriera y él gustoso lo hizo. Lo sacó cuidadosamente. Eran unas gafas de sol muy bonitas y a la moda (para nada como las de Karamatsu), y unos guantes tejidos para el frío.
Él agradeció muy complacido.
—Es pleno verano —explicó Sacchi—, pero quería darte algo hecho por mí. Tienen todo mi cariño. Durante el invierno te mantendrán cálido —dijo refiriéndose a los guantes, sonriendo.
—Creo que a ti te gustan las cosas simples pero bonitas, ¿no? —dijo Aida—. Feliz cumpleaños de nuevo...
Los tres sonrieron.
—Gracias, chicas.
—Por cierto, hoy te ves muy bien —dijo una de ellas.
Agradeció de nuevo.
Todomatsu se puso la ropa del trabajo y comenzó con la jornada una vez que terminó de amarrarse el mandil. Empezó por atender la caja mientras las muchachas se encargaban de atender a los clientes mesa por mesa. Hacía tiempo había arreglado sus problemas y volvió a aquel sitio, dejando de lado su otro trabajo. Después de todo, la cafetería seguía siendo un buen lugar. Por supuesto, aquello había llevado algunos días de arreglar después de que aclarara algunos asuntos con el jefe. Comenzó a tratar de arreglar las cosas casi cuando consiguió su otro trabajo después de que sus amigas lo convencieran de volver. Su relación con Sacchi y Aida volvió a ser demasiado natural. Hace un tiempo atrás, cuando una de sus amigas había entablado conversación con él luego de un tiempo, le hizo saber que la gerencia de la cafetería había cambiado y que ahora todo estaba muchísimo mejor que antes. Los horarios, la paga y sobre todo el ambiente laboral se había realzado mucho, por lo que fue un placer para ellas el volver a recomendarlo ante su nuevo superior. Algo que a ambas les fascinaba era compartir momentos con su querido amigo. Sachiko y Aida eran siempre agradables y se encontraban dispuestas a ayudar a Todomatsu. Luego de que se hubiese marchado y encontrara otro trabajo, coincidieron en que lo mejor sería que de nuevo estuvieran los tres juntos como antes. Después de todo, las cosas eran diferentes. Dicho cambio fue comentado a Atsushi quien opinó que parecía una oportunidad muy cómoda para él. Por ello, Todomatsu no tuvo problemas con volver. Era menos pesado y conocía la rutina de llegada.
El día terminó y comenzó uno nuevo. Y otro, y otro.
Pasaron casi catorce días desde que los hermanos Matsuno estuvieron en la casa de Atsushi, y de la cual ahora Todomatsu formaba parte.
Todo siguió igual que siempre. A veces los horarios de Todomatsu y Atsushi como era de costumbre, chocaban. Por ello, constantemente se evitaban sin querer hacerlo. Por las mañanas como lo hacían según su acuerdo, preparaban las comidas para el otro dependiendo del horario. Quien se levantase temprano haría el desayuno y quien volviese en la tarde haría la merienda. La cena era opcional.
De vez en cuando podían tener un leve momento para comer juntos, pero uno muy cortito. Quizá los días libres del menor hacían una leve mejoría, sin embargo, ¿al menos Atsushi tenía días de descanso? Era difícil decirlo, pues todo el tiempo estaba en la oficina. Incluso llegaba a tener jornadas de hasta 12 horas diarias durante semanas enteras.
Todomatsu se aburría cuando volvía temprano a casa. Pasaba tiempo en las redes sociales, aunque le aburrían rápidamente. Salía con Futsuumaru, con Sacchi y Aida, Ichimatsu, rara vez con Choromatsu, o pasaba el rato realizando la limpieza del hogar. Después de todo la casa de Atsushi era muy grande. Tanto que Todomatsu se preguntaba cómo hacía Atsushi para mantenerla tan limpia, ya que, según él, necesitaría por lo menos una mucama. A diferencia de su pobre casa que tan sólo tenía cuando mucho cinco o seis pequeñas habitaciones que juntas lograban abarcar lo mismo que dos habitaciones de la casa de Atsushi. Meneó la cabeza al pensarlo.
Como sea, pasaba días enteros limpiando hasta que todo quedaba reluciente, en orden, y poco después volvía a aburrirse.
La idea de pasar al ático o al sótano empezaba a ser atrayente, pero pocas ganas tenía de indagar en lo ajeno.
Comenzó a extrañar a Pichi.
Un día común se encontraba en la sala viendo la televisión mientras almorzaba al mismo tiempo. Era la tarde.
Todomatsu escuchó el sonido de un automóvil aproximarse. Al principio creyó que podría ser un auto cualquiera cerca de la autopista a la privada, pero, efectivamente se trataba de Atsushi. Esperó tranquilamente, siguió comiendo. Cuando terminó dejó el plato en la mesa de cristal que estaba en medio de la sala frente a la televisión y en el centro de los sillones.
Escuchó la puerta abrirse. El sonido de los pesados zapatos del mayor hizo eco conforme daba paso tras paso.
—Ya estoy en casa —dijo Atsushi como de costumbre.
Todomatsu se sorprendió. Caminó hasta la cocina con el plato vacío en manos y lo dejó ahí. Después se dirigió al recibidor. Se asomó desde la esquina de una pared tímidamente y con ternura. Le sonrió.
—Bienvenido —contestó el más pequeño.
—Creí que quizás estarías en la cafetería todavía —le dijo y sonrió.
—Nope.
—Ya lo veo y me alegro.
Todomatsu sonrió y cubrió su boca soltando una risita.
—Qué raro —dijo el menor—, y qué sorpresa. No esperaba que llegaras tan temprano. Avísame cuando vengas por favor, sólo preparé comida para mí —dijo con pena.
6:13 pm.
—No estaba planeado —explicó mientras se quitaba los zapatos—, pero me vino bien.
—Ven, siéntate —le dijo apuntando a la mesa de la cocina—. Te prepararé algo.
—No hace falta, gracias.
—¿De verdad?
—Sí —Atsushi asintió—. Comí algo antes de venir aquí.
«Mentiroso», pensó Todomatsu.
Atsushi entró a la casa totalmente con unas pantuflas ya puestas. Dejó su portafolio en la mesa de la sala, se quitó el saco y se aflojó un poco la corbata. Se estiró y suspiró pesadamente mientras caminaba al segundo piso subiendo las escaleras con calma.
—¿No continuarás con tu trabajo en tu oficina? —Todomatsu cuestionó extrañado al ver que no se quedaba en la primera planta, ya que era lo de costumbre.
—Hoy no —dijo Atsushi—. Digamos que hoy tengo tiempo libre.
—Ya veo. Me alegra que puedas tomar un descanso —exclamó todavía desde abajo, viendo a Atsushi en las escaleras.
Atsushi asintió.
—Iré a darme un baño —dijo el mayor.
—Te espero.
Atsushi se quedó ahí de pie sin moverse, viendo al menor. Al ver que éste se extrañaba al no verle actuar, decidió dejar de callar.
—De hecho... —repuso Atsushi con una sonrisa pícara—, ¿por qué no vienes conmigo?
Todomatsu abrió mucho sus ojos.
—¿E-Eh? Atsu... Atsushi-kun, ¿qué dices? —Se sonrojó bastante—. Eso sería...
—Bueno, si no quieres está bien. —Rio al verle en ese estado—. Puedo ducharme solo.
—Oye... P-Por... ¿Por qué de repente? —titubeó. Preguntaba con su cara todavía colorada. Al no recibir respuesta del mayor se desesperó todavía más al verle subir las escaleras sin hacerle caso—. ¡Oye, Atsushi-kun!, ¡no juegues! —gritaba apenado.
—¡No estoy jugando! —le contestó riendo desde arriba en el pasillo mientras seguía caminando. Ya no lo veía.
Todomatsu no dijo nada más. Al escuchar el sonido de la puerta del baño cerrarse suspiró y se dejó caer en el sillón. Sin interés volteó a ver la televisión que había permanecido encendida.
No pudo evitar menear la cabeza y con ambas manos cubrió su todavía rojo rostro. Una retorcida sonrisa nerviosa se dibujó en su cara.
—¿Qué estoy haciendo? —apenas balbuceó para sí mismo.
Atsushi salió del baño oliendo bastante rico y con ropa cómoda. Bajó las escaleras cuidadosamente. Todomatsu seguía viendo televisión; una ridícula novela mega dramática. Atsushi llegó sin previo aviso y se sentó a un lado de Todomatsu. Éste último se sorprendió.
—¿Qué sucede? —preguntó el mayor al ver la mirada del más pequeño.
—Nada en especial. —Se sonrojó—. Sólo pensaba que últimamente no hemos... estado mucho tiempo juntos. A veces no te veo.
—Es verdad —dijo con tristeza—. ¿Cómo te fue hoy? —preguntó en un tono grave pero amable.
—Bastante bien, fue un día relajado.
—Mhm.
—¿Y a ti?
—Agotador. Pero es lo normal. El horario comienza a fastidiarme un poco...
—Sería bueno que pudieses descansar. Pero a veces llegas y sigues con tu trabajo aquí. No está bien.
—Lo sé, pero no hay opción —terminó diciendo. Después dijo otra cosa tratando de dar un giro a la conversación—. Todomatsu, tengo algo que hacer.
—¿Ah?, ¿qué es?
—Tiene que ver con el trabajo. Debo salir por un tiempo y...
—¿De nuevo? —Se entristeció.
Ya se habían presentado otras ocasiones en las que Atsushi salía por un tiempo a causa de negocios y ello separaba a ambos. Todomatsu cuidaba de la casa, pues no había otra cosa que pudiera hacer.
—Todomatsu, escucha. Yo...
—¡No! —interrumpió—. No quiero que te vayas. Me aburro, no quiero quedarme aquí solo otra vez. —Lo sujetó de la muñeca.
Atsushi suspiró.
—Todomatsu...
—¿Sí?
—Ya hemos cumplido poquito más de un año de habernos conocido, y poco también de estar juntos. Un año, ¿lo entiendes? Y me hace feliz estar contigo. Todo este tiempo he estado muy agradecido contigo, profundamente.
—Atsushi-kun, ¿por qué me dices esto?
—No solamente debo salir debido a mi trabajo.
—No entiendo. —Negó con la cabeza.
—Tomemos estos días como reemplazo de unas vacaciones de verano. El trabajo es muy importante, pero yo me ofrecí a realizarlo. Lo hice para tomarlo como una excusa para salir contigo.
—¿Conmigo?
—Quiero que tú me acompañes.
—¿Cuándo?
—En dos semanas, más o menos. Tal vez un poquito menos. Pero no sólo es el trabajo; no es lo que más me importa. Quiero pasar más tiempo contigo, Todomatsu. Vamos a hospedarnos en un hotel cerca de la playa, ¿qué te parece? Haremos lo que tú quieras y visitaremos varios lugares.
Todomatsu se sorprendió.
—¿En serio?, ¿iremos los dos?, ¿solos? —Sonrió. Un brillo peculiar invadió sus ojos.
—Claro que sí. —Atsushi tomó las manos de Todomatsu gentilmente entre las suyas—. Será algo así como un regalo de... aniversario.
—Gracias, Atsushi-kun. Estoy muy feliz…
—No hay de qué, no agradezcas. —Le dio un beso en la frente—. Quiero mostrarte un poco más de este mundo, no sólo esta fría habitación de esta casa solitaria. Este apenas es el rincón de un rincón.
Todomatsu sonrió.
—Quizá es lo que más necesitamos ahora. —Se rio.
—¿Verdad que sí? —También se rio—. También estoy cansado y estresado de la vida monótona. He estado pensando en ti.
—Yo también pienso en ti. Pienso en una manera de sacarte de la oficina y tenerte para mí solito —bromeó.
—¿Ah, sí? —Atsushi lo miró de manera seductora.
—Claro. Como ya no vas a verme a la cafetería...
Atsushi rio ante la personalidad tan juguetona de Todomatsu.
—Cierto, quizá debería volver —dijo.
—Así es —Todomatsu se recargó en el sillón, acomodándose mejor en él.
Atsushi se levantó y se dirigió a la cocina. Según dijo, prepararía algo para cenar. Todomatsu torció el labio al darse cuenta de la mentira de Atsushi: "Comí algo antes de venir aquí".
No estaba comiendo. Trabajaba durante varias horas consecutivas y hacer eso, saltarse las horas de comida, no estaba bien.
—Por cierto —hablaba Atsushi desde la cocina—, ¿quieres hacer algo en especial?
—Creo que no —contestó Todomatsu desde la sala, llevándose la mano al mentón—. Creo que lo sabré estando allá. No planeo nada.
—Ya está entonces.
—Pero haremos primero lo de tu trabajo, ¿no? Porque después de todo sí es importante.
—Para quitar pendientes, sí.
10:00 pm.
Fueron a la cama y se abrazaron.
Atsushi acostumbraba a dormir demasiado temprano o demasiado tarde. Pero por Todomatsu podía hacer excepciones y dormir a la hora que sea de vez en cuando. Estuvieron en silencio en la cama los dos juntos con las luces apagadas. Compartían bastante con su silencio, más que con sus palabras en aquellas situaciones. A pesar de que llevaban mucho tiempo sin decir nada en medio de la oscuridad, cuando Todomatsu creía que por fin Atsushi se había dormido y menos se lo esperó, apenas y oyó al mayor decir algo muy bajito.
—Pero, ¿sabes qué, Todomatsu? —susurró.
El pequeño se extrañó.
—¿Mhm?
Atsushi siguió:
—Esta podría ser como nuestra luna de miel.
Chapter 27: Cambio de planes
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Todomatsu abrió un poquito sus ojos e hizo una mueca parecida a una sonrisa.
—¿Luna de miel, Atsushi-kun? —preguntó.
Atsushi rio y se encogió de hombros todavía en medio de la oscuridad sin dirigirle exactamente la mirada al menor.
—Algo así. Por lo menos para mí lo será.
—Supongo que, ya que lo dices... para mí también. —Se ruborizó.
Era una lástima que Atsushi no hubiese podido ver aquellas lindas mejillas coloradas. El mayor sonrió y acarició la mano de Todomatsu suavemente con cariño.
Se durmieron. Amaneció y comenzó otro día. Se acabó y comenzó otro, y otro, y otro... Se pasó una semana entera en la que siguieron con sus vidas en el trabajo sin casi compartir palabras o acciones después de aquella vez durmiendo juntos.
Durante ese lapso, a Todomatsu le hicieron saber que la cafetería estaría en remodelación y que no necesitaría ir a trabajar durante por lo menos casi un mes. Esas tres semanas y pico le vendrían muy bien; eso lo puso muy contento. Ya tendría tiempo para trabajar después, podría seguir viendo a Sacchi y a Aida de vez en cuando de todas formas cuando no tenga que estar con sus hermanos o con Atsushi (lástima que no pueda estar mucho tiempo con éste último). Por otro lado, sentía pena al tener que depender completamente del salario de su pareja.
«Podré estar más tranquilo durante mi viaje con Atsushi-kun», pensaba Todomatsu de manera positiva, alentándose un poco.
Y pasó el tiempo.
Otra semana después Todomatsu empezó a hacer sus únicas dos maletas para ir tranquilo al lugar que Atsushi prometió. Después de todo estarían unos días allá y necesitaría algo de ropa. Atsushi también hizo una maleta y además preparó su portafolio.
Todomatsu avisó a sus hermanos de nuevo que estaría fuera por un tiempo, sólo para que no se preocupasen. Gracias al cielo tenía mucho tiempo para relajarse.
—¿Estás listo, Todomatsu? —preguntó Atsushi mientras ajustaba su corbata un poco para finalmente salir de la casa.
—Estoy listo —respondió.
Ambos subieron al automóvil y se dirigieron a su destino con entusiasmo. Tanto tiempo esperando para estar juntos un par de días, ¡y finalmente llegó el momento!
Se dirigieron a Chigasaki, en la prefectura de Kanagawa.
Quizá desde Tokio hasta allí en auto tardarían por lo menos de tres a cinco horas en llegar y alojarse en un lugar. Pero, ¿qué importaba? Tenían todo el día. Pasó un momento en el que platicaron un rato, reían, comían alguna chuchería o simplemente estaban en silencio mientras Todomatsu dormitaba un poco involuntariamente.
—Esperé ansioso por este día, Todomatsu.
—Yo también. Atsushi-kun, ¡desde que me dijiste que vendríamos no me lo pude sacar de la cabeza!
—Ah, ¿sí?
—¡Sí! —Rio.
—Bueno, pues pasémoslo bien. —Sonrió. Era una sonrisa un poco diferente a las que él solía esbozar.
—Mhm. —Todomatsu asintió sonriendo. Notó que últimamente Atsushi terminaba sus frases con unas sonrisas algo pícaras, por así decirlo, y eso le extrañaba un poco.
Atsushi manipuló ágilmente el volante del coche y giró para salirse de la carretera. Se detuvo frente a una tienda. Una vez que se estacionó se dispuso a bajar.
—Volveré en un momento —avisó el mayor—, no me tardo.
—No te preocupes, yo voy contig...
—No —lo interrumpió rápidamente—, vengo rápido. No te molestes.
—Uh, está bien. —Asintió confundido, pero ya no le puso tanta importancia.
Atsushi salió del auto para meterse a la tienda, y tal y como dijo, volvió casi en menos de dos minutos. Entró al carro y siguieron con el recorrido.
Casi dos horas y media después, llegaron. No se instalaron inmediatamente en el hotel, pero se quedaron hospedados en un condominio mientras Atsushi terminaba con su trabajo.
5:00 pm.
El mayor dejó solo a Todomatsu mientras él terminaba con un negocio. Tardó algunas horas... Tal vez cuatro.
En verdad que deseaba no asistir a aquella junta, pero para desgracia suya o para su fortuna, él era uno de los hombres más importantes e indispensables dentro de su edificio de oficinas y dentro de la empresa completa. Estaba demás decir que su nombre era conocido a nivel nacional.
Estaba bien, pronto acabaría y podría volver con su pequeño.
Y así lo hizo.
Atsushi llegó al lugar en el que se encontraba Todomatsu casi a las nueve y media de la noche. No descansó casi nada, y después de ello se dirigió junto al menor a la recepción del hotel cerca de la playa.
No se veía el mar. Se alcanzaba a observar un inmenso, oscuro e interminable abismo al fondo. Solamente se escuchaba el sonido de las furiosas olas del océano chocar contra las rocas del borde. El crujido y resonar de la marea era aterradoramente imponente.
Se apresuraron a hospedarse, ahora sí en el hotel principal. Atsushi había hecho una buena reservación.
Dentro del hotel Akatsuka no había realmente muchas personas, pero era perfecto e increíblemente espacioso. Atsushi llegó junto a Todomatsu y tomaron un baño tibio cada quien por su lado.
Al día siguiente Atsushi se levantó temprano y se fue en su auto a las oficinas de aquel lugar para terminar otra parte de su trabajo, dejando a Todomatsu solo. Éste último se levantó casi dos horas después cuando comenzó a salir el sol.
El menor se vistió, se lavó los dientes y la cara, y se encaminó hacia la ventana cerca del balcón. Se asomó y miró cuidadosamente la hermosa vista que tenían... El mar azul se miraba precioso contrastado con los suaves rayos de luz del sol que recién salía.
—¿Por qué no estás viendo esto también, Atsushi-kun? —susurró para sí mismo con una sonrisa casi imperceptible.
Esperaría un par de horas más. Después de todo tarde o temprano llegaría Atsushi y estarían juntos por fin.
Pasaron las horas y Atsushi nunca llegó. Todomatsu pensó en llamarlo con su télefono pero también se imaginó que quizá interrumpiría algo importante que Atsushi tal vez estaría haciendo, así que omitió su idea.
El día se le fue muy rápido. Decidió ir a dar una vuelta alrededor del hotel. Miró a los vendedores ambulantes a lo lejos en las costas, la barra de bebidas, las habitaciones, la piscina y muchas cosas más. Todo era muy bonito, pero estar dando vueltas solo era increíblemente aburrido.
Después de rato sacó la llave de su habitación de su bolsillo y la abrió para entrar de nuevo. Tomó algunas galletitas que llevaba en su bolsillo y las comió.
Puso un poco de música con su celular para distraerse y aunque no quería hacerlo se distrajo en sus redes sociales, que por cierto cerró enseguida. No quería volver a lo que llamaba realidad.
Siguió esperando.
7:22 pm.
Se hizo sonar el picaporte y Atsushi entró por la puerta con su portafolios en mano. Todomatsu abrió mucho los ojos y le dio la bienvenida. Atsushi sonrió con una expresión bastante agotada. Pero de verdad muy agotada. Apenas y podía mantener los ojos abiertos.
—Atsushi-kun, ¿cómo te fue?
—Ya terminé por el momento. —Suspiró con alivio—. Ahora sólo quiero aprovechar más mi tiempo.
—Entiendo. —Asintió.
—Lo siento, por hacerte esperar de nuevo. ¿Lo pasaste mal?
Todomatsu negó con la cabeza.
—Está bien, di un par de vueltas al lugar así que pude conocerlo bien. No te preocupes, sé que tus asuntos son importantes.
Atsushi esbozó una sonrisa mientras desviaba su vista y aflojaba su corbata.
Desde que comenzaron el viaje, él había usado exactamente dos días para su trabajo y no habían hecho nada juntos. Y no era justo. Quería aprovechar sus días de descanso y por ello se esforzaría para dar lo mejor. Además, había algo importante que de verdad quería hacer.
Atsushi tomó algo de agua y se desabrochó su reloj de la muñeca.
—Lo olvidé, Todomatsu, pero me imagino que no has comido nada.
—Oh, la verdad hace rato piqué algo que traía en mi maleta, pero pensaba que quizá podríamos comprar algo...
—Es verdad, la estadía aquí sólo incluye el desayuno después de todo. ¿Qué te parece si salimos a algún lugar a cenar algo?
—Muy bien, ¡vamos!
Salieron del hotel y fueron a un lugar que se encontraba un poco cerca.
Encontraron un pequeño restaurante de mariscos. Era algo bueno para comenzar de cero después del arduo trabajo de ambos.
Cenaron sushi, camarones, cangrejo, pulpo, salmón, entre otras cosas.
No hablaron mucho, pues Atsushi se miraba bastante cansado como para poder sostener una conversación. Aunque no lo dijera, Todomatsu se daba cuenta de ello. Aun así, el mayor no dejaba de sonreír.
Terminaron de cenar.
Atsushi sugirió ir a dar una caminata nocturna cerca de la playa, a lo que Todomatsu muy gustoso aceptó.
Estacionaron el auto cerca de la zona y se bajaron.
9:00 pm.
No había nadie en la playa, sólo ellos dos. Las ligeras luces de los edificios y establecimientos cercanos se dejaban ver con gentileza.
La mangata los acompañaba apasionadamente aquella noche.
Todomatsu y Atsushi caminaban juntos uno al lado del otro.
—Atsushi-kun, me alegra poder estar contigo de nuevo. Siempre puedo esperarte, ¿sabías? —Sonrió.
—¿Sí? No me gustaría hacerte esperarme demasiado de todas formas.
—Tú no te preocupes.
—Está bien. Confío en ti...
Todomatsu sonrió. Después, Atsushi interrumpió su andar y se agachó. En medio de la oscuridad a Todomatsu le costó darse cuenta de qué era lo que hacía, y poco después lo notó. Atsushi se estaba quitando los zapatos. Una vez que quedó totalmente descalzo tomó su par de zapatos con una sola mano, dejando la otra libre.
—¿Atsushi-kun?, ¿y eso?
—Haz lo mismo también. Sentir la arena en tus pies es una sensación muy agradable, créeme.
Todomatsu lo hizo. Se quitó los zapatos exactamente igual que el mayor y los sostuvo con una mano.
—¡Es verdad! —Rio mientras movía los dedos de sus pies juguetonamente entre la arena.
Caminaron así sin hacer nada más que ver las olas del mar hacerse y deshacerse.
No intercambiaban ninguna palabra. Entre el silencio, Todomatsu sintió cómo la mano de Atsushi se entrelazó con la suya. Fue una sensación preciosa que lo sacó de sus pensamientos al instante. Sintió cómo su corazón se aceleró. ¿Pero por qué? Ya había tomado su mano muchísimas veces y aun así él...
—Tenía mucho que no caminábamos de esta manera, ¿no, Totty?
Todomatsu se puso colorado.
—S-Sí, lo sé. Extrañaba poder hacerlo, pero...
—¿Pero?
—No, nada. Ya sabes, no podemos hacerlo normalmente... Además de que no estamos juntos mucho tiempo, si hiciéramos esto por las calles se volvería una pesadilla.
—Ah, te refieres a eso...
—Sí, aunque... ya no le doy tantas vueltas. No te preocupes.
—Bueno —acarició su mano—, esta vez estamos solos. Estás conmigo, así que no tienes por qué preocuparte.
—Y tú también, Atsushi-kun. No tienes por qué ver hacia atrás, porque estamos aquí los dos.
Ambos sonrieron juntándose un poco más. Todomatsu apoyó su cabeza en el hombro del mayor.
Se detuvieron un momento. Atsushi contemplaba el océano mientras sus claros cabellos eran revueltos por el viento y Todomatsu lo observaba con atención.
—Nunca pensé que podríamos estar así los dos, juntos una noche, Todomatsu.
—Yo menos. —Soltó una risita—. Pero me gusta este destino.
Atsushi dirigió su mirada a Todomatsu tranquilamente. Todomatsu no dejó de mirarlo.
No se dijeron nada. Atsushi dejó caer sus zapatos al suelo y con ambas manos tomó el rostro de Todomatsu. Tomando su tiempo levantó el rostro del más pequeño sujetándolo de la barbilla. Miró por un instante los grandes y bonitos ojos de Todomatsu, que ahora reflejaban la pálida luz de la luna. Acarició sus suaves mejillas y removió el cabello de su frente. Todomatsu permaneció expectante, sin decir ni una sola palabra y sin hacer ningún gesto. Atsushi sonrió al ver al menor, lo quería tanto... Aún con ambas manos sujetando al pequeño, se acercó lentamente al rostro ajeno.
El sonido de las olas rompiendo contra las rocas, el olor a sal y el brillo de la luna.
Todomatsu comenzó a sentir la respiración de Atsushi. Con tranquilidad, a pesar de la rapidez con la que latía su corazón, cerró sus ojos. Atsushi se detuvo. Se quedó un momento así, con su rostro justo enfrente al de Todomatsu, absolutamente inmóvil. Disfrutaron del momento así, estando frente a frente sin decir o hacer nada, sin moverse. El menor disfrutaba de la sensación de las grandes y suaves manos del joven sosteniendo su rostro con ternura.
Atsushi se acercó más a Todomatsu y pegó gentilmente sus labios a los ajenos poco a poco, todavía sin tocarse. Se detuvo un momento ahí.
—¿Atsushi-kun? —susurró sin abrir sus ojos, esperando respuesta.
—Dime —susurró también el mayor.
Todomatsu casi podía sentir los labios de Atsushi tocando los suyos. Estaba tan cerca...
Levantó su mano libre y con ella acarició el rostro del mayor, pasando sus dedos por su mentón y mejillas.
—Bésame ya.
Atsushi sonrió con satisfacción ante la súplica del menor y se acercó.
Pegó sus labios con los suaves y carnosos labios de Todomatsu haciendo apenas un roce. Un dulce roce que fue profundizando poco a poco. Lo besó. Sus labios permanecieron tocándose durante un momento, inmóviles. Las mejillas de ambos se tornaron de un generoso color rosa y sus latidos aumentaron de ritmo. Disfrutaron del tacto, ambos con los ojos cerrados escuchando únicamente el sonido del mar.
Se separaron.
Se miraron fijamente a los ojos, Todomatsu todavía con la vista hacia arriba, y sonrieron. Atsushi acarició el rostro de Todomatsu con dedicación, pegó un momento su frente con la suya y le dio un beso en la mejilla.
Todomatsu depositó un pequeño beso en el cuello de Atsushi y éste sonrió ante el acto.
Siguieron con la caminata nocturna y después volvieron al hotel. Se quitaron la arena de entre los dedos de los pies.
Cuando entraron a la habitación, ya sin hambre, se acostaron en la cama también ya bañados.
Todomatsu esperaba a Atsushi en la cama mientras admiraba el suntuoso lugar viendo el mar también, al menos lo que permitía ver el ventanal.
Atsushi terminaba algo en una mesita cerca de la habitación, a lo que se miraba estaba llenando unos papeles con un bolígrafo rápidamente. Algo relacionado con su trabajo.
—Atsushi-kun, ¿no habías acabado ya con tu trabajo?
—Ah, por el momento. Hay cosas que aún deben hacerse. No te preocupes, enseguida voy contigo —decía con los ojos entrecerrados.
—No, no lo digo por mí. Es sólo que... luces muy cansado —dijo con preocupación—. ¿Crees que pueda ayudarte con algo? Debes dormir...
—Pronto acabaré, no te preocupes. —Sonrió con pesadez.
Todomatsu lo miró y vacilando un poco se dio la vuelta para acurrucarse en la cama. Se abrazó de la enorme, blanca y esponjosa almohada.
Esperó.
Al día siguiente despertó viendo hacia el techo con la vista perdida y Atsushi a su lado, éste con la parte superior de su torso sin cubrir.
Todomatsu se levantó temprano y primero que el otro.
—¿Cómo dormiste, Atsushi-kun?
—Mhm —gimió—. Yo diría que bien.
—Qué bueno. —Sonrió.
—Ah, perdón por dejarte solo ayer otra vez.
—No te preocupes. —Sonrió—. Tu trabajo es más importante. Por eso estamos aquí. Además tú te esfuerzas mucho y...
—No —interrumpió negando con la cabeza—. No, no. No estamos aquí solamente por eso. Mi trabajo es muy importante, pero para mí lo eres más tú.
Todomatsu se sonrojó y sonrió, y se dio la vuelta para que Atsushi no mirara aquel tímido gesto.
—S-Sí...
—Ah, no quiero levantarme —dijo riendo con sus ojos cerrados. Atsushi seguía en la cama.
—Quédate un ratito más así —dijo Todomatsu viéndolo muy cerquita, estando él de pie junto a la cama y acercando el rostro a Atsushi.
Atsushi suspiró.
—No. —Se enderezó—. Se hará tarde. Vayamos a alguna parte, ¿te parece bien?
—Claro que sí.
—Se supone que debemos descansar un poco y aun así el trabajo me persigue a todas partes. —Talló sus ojos.
—Entiendo, hagamos algo que te guste. —Sonrió.
Atsushi se enderezó y se cambió. Después de que tomaron el desayuno que les correspondía en el lugar cada mañana, bajaron por el ascensor hasta el último piso. Ellos estaban en el penúltimo piso.
Primero dieron una vuelta a los alrededores del hotel mirando con detenimiento cada detalle. Todo era muy distinto en contraste con las grandes ciudades pero no dejaba de ser muy bonito.
Después de que visitaron varios lugares volvieron a la costa.
—¿Sabías que aquí es un gran lugar para pescar? Hay zonas donde hay muchos peces —comentó Atsushi.
—¿De veras? Vamos a ver entonces —animó.
—¿Sólo a ver? Vamos a pescar.
—¡De acuerdo!
Todomatsu se adelantó un poco.
Cuando llegaron al lugar tomaron unas cañas para pescar y estuvieron un rato ahí sentados. Efectivamente, había bastantes peces en aquel lugar. Era un gran sitio para pescar. Rápidamente sus cubetas comenzaron a llenarse de peces, sin embargo lo que buscaban no era quedárselos, por lo que los regresaban al cabo de un tiempo. Claro, no eran peces muy grandes.
Después de rato Atsushi echó un vistazo a la cubeta de a un lado de Todomatsu. Se llenaba más rápido que la de él, una y otra vez.
—Eres muy bueno en esto —comentó Atsushi mientras miraba el montón de pececillos nadando en la cubeta ajena.
—Sí, es uno de mis... —se corrigió—: era uno de mis pasatiempos preferidos.
—Pues no me lo esperaba.
—Osomatsu-niisan lo hace mejor que yo.
—¿Él te enseñó?
—Sí... Aun así, nunca puedo ganarle en estas cosas. En realidad hay pocas cosas que puedo hacer bien.
—¿De qué hablas? Haces muchas cosas geniales.
—Lo dices porque te gusto... —Infló las mejillas con un gesto muy infantil y una sonrisita.
—¡Y por eso debería de valer más! —exclamó.
Todomatsu lo miró a los ojos un momento.
—Bueno, tienes razón.
Atsushi solamente sonrió.
Todomatsu dejó ir a los peces una vez más. En lo que llenó otra cubeta Atsushi apenas llenó la anterior. Pasó un momento más.
Los ojos de Atsushi estaban entrecerrándose y Todomatsu se dio cuenta de eso. Pensó en sugerirle que fuesen a otro lado a hacer otra cosa, pero antes de eso simplemente se puso de pie y tiró la caña de manera juguetona, lo que provocó que Atsushi lo volteara a ver de manera curiosa.
3:00 pm.
—Atsushi-kun, hagamos algo más entretenido.
—¿Entretenido?
—Bueno, no suelo salir de casa así que no sé de estas cosas, pero por favor tú guíame, seguro que ya conoces estos sitios. ¿Hay algo que podamos hacer y que te guste?
Atsushi lo pensó.
—Lo hay, ven conmigo. —Se puso de pie, recogiendo a la vez la caña del menor.
Todomatsu sonrió y lo siguió.
De nuevo caminaron hasta la playa pero no se quitaron los zapatos. Había varias personas y Todomatsu caminaba un poco más atrás que Atsushi. El menor tomó la mano del mayor y hundió su rostro suavemente en la espalda de éste con un leve sonrojo y una diminuta sonrisa.
Atsushi suspiró y sonrió viendo hacia adelante. Cuando por fin llegaron a donde se planeaba llegar, Todomatsu mantuvo su mirada fija.
—At... Atsushi-kun, ¿esto...?
—¿Hmn?, ¿te da miedo el agua?
Todomatsu miró una vez más las lanchas enfrente suyo. La verdad es que nunca había pensado que "flotaría" en el mar más allá de la costa.
—No es eso, es sólo que... me da un poco de miedo estar en medio del mar.
—No es en medio, Todomatsu.
—Tú entiendes. —Sacudió la cabeza.
—Bueno, querías algo más emocionante, ¿no? Esto es todavía más emocionante que pescar.
Todomatsu inspeccionó los botes unos segundos más y asintió.
—Está bien, subiré.
—Bueno, vamos. —Sonrió.
Después de seguir las indicaciones y colocarse bien el salvavidas, se sentaron en el bote y comenzó a navegar.
Poco a poco se metieron más al mar y comenzaron a admirar el paisaje. Todomatsu perdió prontamente el miedo y observaba detenidamente las pequeñas islas que se dejaban ver al horizonte, en donde parecía terminar el océano.
—¡Atsushi-kun! —Alzó la voz debido a que el motor del bote no dejaba escuchar muy bien—. ¡Ya estamos alejados de la costa!
—¡Ya me di cuenta! —Rio. Después un pequeño mareo llegó y se tentó la sien.
El bote siguió andando. Después de un muy buen rato se volvieron a acercar a la playa. Todomatsu le perdió el miedo al mar abierto.
Mientras volvían transcurrió un poco más de tiempo. El bote no era lento, pero tampoco llevaba su máxima velocidad. Los cabellos de ambos chicos eran alborotados salvajemente por el feroz viento marino.
Una vez casi llegando a la orilla, Atsushi posó su mano en su cabeza; una leve punzada de dolor lo aturdió. Todomatsu se dio cuenta de esto, pero no preguntó nada, seguro le diría de todas maneras que estaba bien. Eso deseaba.
Caminaron un rato por la playa, pero como no querían requemarse sólo fue un ratito. Además hacía demasiado calor y estar bajo el sol tanto tiempo era desesperante.
Anduvieron de allá para acá todo el rato, viendo alrededor de la zona. Ahora que Atsushi había terminado su trabajo podían explorar un poco más.
Varias horas anduvieron haciendo de turistas. Al cabo de un rato les dio hambre y comieron en un pequeño restaurante cercano. Mientras comían a Todomatsu le parecía que Atsushi se veía un poco raro. Sus ojos estaban entrecerrados más de lo normal y sus mejillas estaban un poco rojas.
—Atsushi-kun..., ¿estás bien? —preguntó Todomatsu ya con su plato vacío al frente suyo—. Luces algo cansado, te ves mal.
Una mesera pasó a recoger los vasos y platos.
—Estoy bien —dijo forzando su sonrisa—, es sólo un pequeño mareo.
—Llevas así ya un buen rato... Quizá debas descansar. Has trabajado muy duro estos últimos días, incluso todavía ayer, y hoy hicimos muchas cosas así que... ya sabes.
—Estaré bien, esto suele ocurrir a veces. Estoy acostumbrado.
Todomatsu lo miró un momento fijamente y asintió.
—Está bien —dijo sin más. Prefería hacerle caso a Atsushi. Estaba algo preocupado pero no quería molestarlo con más preguntas, además seguramente sólo estaba pensando demás. Esperaba que se le pasara pronto. De repente tuvo otro pensamiento; algo que lo desconcertaba un poco—. Ah, por cierto, Atsushi-kun...
—¿Hmn? Dime.
—Este... Bueno, ¿a qué te referías con que esta sería la luna de miel? —Sonrió con inocencia.
—Ah, es porque lo es. —Sonrió—. Simplemente eso.
Todomatsu lo observó con curiosidad. «Qué raro está siendo», pensó.
8:00 pm.
—Vayamos por unos tragos, ¿qué te parece? —sugirió Atsushi al cabo de un tiempo.
—¿Está bien?
—Miré un buen lugar cerca, ¿qué te parece pasar el rato ahí?
—¡De acuerdo, vamos! —Sonrió.
Anduvieron a pie un rato más. Por la tarde el lugar estaba que ardía, pero por la noche era una auténtica nevera. La brisa del mar era espeluznante. Se apresuraron a llegar.
Al llegar al bar, ambos muchachos se sentaron en la barra y ordenaron. Les arrimaron unas botellas y con ellas llenaban sus copas de poco a poco.
El sonido del jazz al fondo daba un excelente ambiente al lugar. La melodía del piano, el bajo y el saxofón, el olor a cigarro y a alcohol fino, además del sonido del cristal de las botellas y copas siendo chocadas tras cada brindis era perfecto y demasiado cómodo.
A Todomatsu tras observar involuntariamente a Atsushi después de cada trago, le parecía que éste estaba bebiendo más rápido de lo habitual. Es decir, Atsushi siempre se tomaba su tiempo, y sobre todo no se notaba la ebriedad en su rostro, pero ahora era diferente.
Sus ojos entrecerrados, sus coloradas mejillas y su voz un poco ronca lo delataban. Sin embargo, Todomatsu no comentó nada sobre esto.
—¿Me prepara una bebida, por favor? —dijo Atsushi con un tono de voz suave dirigiéndose al barman. Éste siguiendo la orden se lo preparó y le entregó la pequeña y fina copa. Atsushi agradeció.
—Atsushi-kun, estábamos tomando vino. ¿Está bien que ahora tomes esas bebidas preparadas?
—No pasa nada.
—Bueno. —Se resignó—. Oye, Atsushi-kun, ¿solías beber solo?
El mayor recordó.
—La verdad no. —Atsushi apenas le contestaba a como podía—. Lo hacía con Futsuumaru-kun o con compañeros del trabajo.
—Ya veo...
—Si bebo mientras estoy en casa solo, es aburrido. Además como no debía hacer nada en casa prefería quedarme en mi oficina trabajando. Era mejor de ese modo... Las responsabilidades laborales siempre me ayudan a sobrellevar todo…
—Sólo tú usas tus días libres para ponerte al corriente con el trabajo. —Rio.
—Tal vez.
Todomatsu sonrió, Atsushi desvió la mirada y ya no dijo nada más. No agregó ni un solo gesto o palabra, simplemente se limitó a estirar su brazo tan sólo un poco para alcanzar la pequeña copa de cristal con el licor en ella y se lo tomó todo de un solo trago.
Después de mirarle de reojo, Todomatsu bebió de su copa de vino también. No podía dejar de pensar en cuán extraño lucía Atsushi aquella noche.
Éste apenas y contestaba o hablaba, además de que ya no lucía como en la mañana. Se veía cansado sobre todo y bebía rápidamente. Parecía que el alcohol no le calaba en la garganta, pues terminaba sus copas como si fuesen simplemente agua. El mayor mantuvo la mirada perdida durante un rato y después puso su cabeza sobre la barra, usando sus propios brazos como almohada. Todomatsu abrió mucho los ojos, mientras que el contrario cerraba los suyos.
—¿Atsushi-kun? —Todomatsu notó que las manos del mayor temblaban ligeramente, por lo que las tentó en un intento de cambiar algo en aquella acción. Se asombró—. Tus manos están heladas...
—¿Mhm?, ¿sí? —Se enderezó.
—¿Te sientes bien?
Atsushi meneó la cabeza para despabilarse, pero ante esto se mareó. Un fuerte dolor de cabeza lo invadió por completo. También llegaron las náuseas, el dolor y cansancio en sus ojos, acompañado del sudor frío.
—En realidad —decía entrecortadamente y temblando un poco—, no mucho...
Todomatsu estiró su mano para colocarla en la frente de Atsushi. Al tocarlo se dio cuenta de que su temperatura era demasiado alta, su rostro estaba totalmente de color rojo. ¿Acaso se debía al alcohol?
—At... Atsushi-kun... Tienes una fiebre alta.
Atsushi tenía una respiración pesada.
—¿De verdad? —balbuceó.
—Sí. —Caviló un momento. Después miró alrededor y asintió para sí mismo tras tomar una decisión—. Atsushi-kun, volvamos al hotel.
—¿Ahora?
—¡Ahora!, ¡estás muy mal!
—Pero —hablaba con tono bajo—, si hacemos eso se echará a perder este día. Habíamos acordado pasarla bien, y todavía no es demasiado tarde así que...
—¡Olvídalo! Me preocupa más tu bienestar. Volvamos al hotel, no te lo estoy sugiriendo. Vamos, te ayudo a levantarte.
—Pero, esta noche tú y yo íbamos a...
—Levántate, cuidado, puedes caerte si te mareas.
Atsushi no dijo nada. Se limitó a sacar unos billetes de su cartera y los colocó sobre la barra, dirigiéndoselos al barman. Seguido de esto volvió su mirada a la billetera, observando algo más que tenía allí. Sin más meneó la cabeza e intentó levantarse. Trastabilló un poco, pero usando sus fuerzas se puso de pie correctamente y siguió. Todomatsu le ofreció su hombro para que pudiera apoyarse, lo cual aceptó.
Todomatsu se arrepentía de haberle negado a Atsushi que fueran en el auto, pues ahora debían caminar hasta el hotel, que en ese momento no quedaba muy cerca que digamos, pero tampoco muy lejos. Aunque, pensándolo mejor, no era como si Atsushi pudiera conducir bajo esas condiciones de todas formas.
Caminaron lo más rápido que podían, la brisa del océano no ayudaba.
9:10 pm.
Cuando por fin llegaron al hotel, Todomatsu le indicó a Atsushi que se acostara de inmediato. Éste último obedeció, de verdad se estaba sintiendo peor.
—Tápate con las sábanas. En seguida regreso, tal vez en la recepción tengan medicamento o algo, iré a pedir algunas cosas. ¡No me tardo!
Todomatsu salió del cuarto. Después de quizá unos quince minutos regresó con unas bolsas pequeñas de plástico en las manos. Se dirigió de inmediato a donde estaba el mayor.
—Lo siento, tardé mucho —dijo apenado y preocupado—. En la recepción tenían sólo medicina simple pero no serviría demasiado para la fiebre, así que me dijeron que podía salir del hotel que porque había una farmacia cerca de aquí, pero ya estaba cerrado y no pude hacer mucho. Al final me quedé sólo con lo que me dieron aquí... ¡Corrí tan rápido como pude! Lo siento.
—Está... bien.
—Ahora sí, voy a curarte. ¿Cómo te sientes?
—Estoy empeorando... Duele, me duele mucho la cabeza. —Hacía un gesto muy preocupante y muy poco característico de él. Una verdadera mueca de dolor.
Atsushi ya se encontraba en pijama, Todomatsu todavía no.
El menor puso de nuevo la mano sobre la frente del otro. Atsushi relajó sus facciones al sentir la mano fría de Todomatsu sobre su frente hirviendo, era un tacto relajante.
No obstante su condición no mejoraba. Los escalofríos aumentaron, al igual que el dolor de cabeza y el mareo. La ambivalente sensación de frío y calor era agonizante, parecía una toxina que lo carcomía por dentro. Prontamente comenzó a jadear. Sus latidos aumentaron de ritmo al igual que su temperatura corporal.
Todomatsu mojó en agua tibia unos paños que consiguió y después de exprimir uno de ellos lo colocó en la frente de Atsushi con cuidado. También hizo que tomara unas pastillas que le propinaron, además de arroparlo bien.
Atsushi cerró sus ojos e intentó dormir. Todomatsu se quedó cuidándolo insomne. Inconscientemente Atsushi se quejaba entre sueños. Aunque sólo dormitaba, no lograba desconectarse por completo. Todomatsu pasaba su mano por la frente del mayor y al darse cuenta de que éste no mejoraba se preocupaba un poco más.
10:00 pm.
Atsushi estaba despierto, con sus ojos ligeramente entrecerrados viendo hacia arriba exactamente al techo. Su rostro continuaba colorado y caliente, el dolor de su cabeza no mejoraba. Sus manos seguían temblando y muy al contrario que su rostro, éstas estaban heladas. Se sentía desfallecer.
Todomatsu lo despojó de las gruesas mantas y lo cubrió solamente con una simple sábana. Ante esto Atsushi renegó pero el menor se mantuvo firme, haría lo que hiciera falta para poder curarlo.
¿Por qué se había enfermado?
¿El alcohol?, ¿el tiempo que estuvo bajo el sol durante su estadía en la playa?, ¿el estrés en el trabajo? Tal vez fueran las tres cosas.
—Atsushi-kun —susurró Todomatsu—, me dieron esto en la recepción también. No se compara al medicamento que venden en la farmacia, pero por favor tómalo —dijo mientras abría un frasco de jarabe.
—No hace falta... —balbuceó.
—Atsushi-kun, ¿hablas en serio? Esto es para curarte.
—Creo que con las pastillas basta —dijo débilmente—, ¿no?
—Pues no —negó con la cabeza. Tomó una cuchara y vació un poco de jarabe en ésta para después acercarla al rostro de Atsushi—. Ya, bébelo.
Atsushi hizo un mohín.
—En serio, no hace falta. Y además de que esa cosa sabe horrible, es de dudosa procedencia —se defendió con el ceño ligeramente fruncido.
—Es lo de menos. Tómalo de una vez. —Acercó más la cuchara a su rostro, pegándola a los labios ajenos.
—To... Todomatsu... — balbuceó.
—No hagas esto difícil, Atsushi-kun. No creo que sepa tan mal como para no querer tomarlo. —Soltó una risita ante el infantil comportamiento del mayor.
Sería capaz de seguirse negando, pero el malestar era mayor que cualquier otra cosa. Incluso dudaba de la efectividad de la medicina para poder curarlo.
—De acuerdo —dijo resoplando—, si esto puede mejorar algo... —Se resignó y tomó la medicina.
Todomatsu asintió satisfecho ante el acto y guardó el jarabe. Siguió cuidando de Atsushi.
11:15 pm.
Atsushi gemía de dolor. Sentía que su cabeza explotaría, no soportaba el calor de su cuerpo. Respiraba pesada y débilmente. Su mente jugaba con él, apenas y se manifestaban algunas alucinaciones entre sueños. El sudor frío lo empeoraba, no permitía a su trémulo cuerpo descansar.
Todomatsu se apuraba a cambiar el paño de su cabeza cada cierto tiempo con cuidado, pero Atsushi no presentaba ningún signo de mejoría.
—To... Todomatsu... —jadeaba entre sueños—. Todomatsu...
—Aquí estoy, Atsushi-kun —exclamó tomando la fría mano del mayor—. No te preocupes, te voy a curar. Vas a mejorarte pronto, te lo prometo. —Se oía un tono preocupado en su voz, pero seguro de sí mismo.
No recibió respuesta, Atsushi volvió a quedar inconsciente. Todomatsu se limitó a observarlo mientras dormía, quería asegurarse de que tuviera un sueño tranquilo.
11:40 pm.
Sin embargo, Atsushi no mejoró.
—Atsushi-kun, si esto se vuelve más grave deberíamos ir a un hospital. Tú sabes, sólo para que estés bien...
—No creo que sea necesario. Sólo estoy muy cansado ahora —casi susurró. Hablar en un tono alto o normal no le venía nada bien para el dolor de cabeza.
—No te ves nada bien, estoy haciendo lo que puedo.
Atsushi sólo asintió. Todomatsu lo observó abrir sus ojos y clavar la vista al vacío. La tenue luz ámbar de la lámpara de noche le permitía relajarse un poco. De pronto Todomatsu se percató de cómo en el rostro del mayor se formó un gesto de dolor y tristeza combinados.
—Lo siento, Todomatsu. Otra vez... no pude hacer nada por ti.
—¿Eh? Atsushi-kun, ¿de qué hablas?
—Otra vez... eché todo a perder. Quería darte un momento para olvidarte de todo pero...
—Ya basta —lo interrumpió—. No hables, no te hace bien. Todavía sigues medio dormido.
—Todomatsu...
—Voy por agua tibia, ahora vuelvo. —Todomatsu se encaminó a la pequeña mesa que se encontraba a un lado del lavabo y nivelando la temperatura del agua llenó una pequeña jarra. La temperatura era perfecta—. Ya volví —avisó con una sonrisa—, quédate quieto. —Exprimió el paño y lo colocó en la frente de Atsushi una vez más.
—Gracias por cuidarme...
—No hay de qué. Es lo mismo que tú harías por mí. —Usaba el mismo tono bajo—. Mientras estés conmigo tendrás el mejor cuidado, te lo prometo.
Atsushi apenas atinó a sonreír.
—Mañana no será así. Esto te lo prometo yo.
—No digas eso —espetó el menor—. Tú eres más importante, céntrate en eso. No es como si tú hubieras decidido esto —dijo sin mirarlo, prestando atención al medicamento del buró—. Y... ¿seguro no quieres que vuelva a ir a la recepción? Quizá puedo encontrar con suerte una farmacia o algo, no lo sé. O puedes considerar hablarle a un médico, cualquier cosa que me pidas la haré —dijo decidido, esperando por la petición.
Atsushi lo pensó.
—No creo que haga falta. Si me duermo, mañana me sentiré mejor.
Todomatsu suspiró.
—Como tú digas...
El menor seguía preocupado por los síntomas que el mayor presentaba. ¿Cómo podía ponerle prioridad a otra cosa que no fuera su salud en aquel momento? No lo entendía. Se veía realmente mal.
Por otro lado, Atsushi estaba triste y molesto consigo mismo. Esperaba poder darle a Todomatsu un momento de paz y libertad llevándolo a aquel lugar. Seguramente estar en casa solo todo el tiempo cuando no estaba trabajando debía ser espantoso. Él mismo se acostumbró varios años a vivir como un lobo solitario, ¿pero Todomatsu?
Quería hacerle sentir bien.
Además, aquello no era ni lo más mínimo a algo parecido a una luna de miel. No lo era, definitivamente no lo era.
Esperaba poder acercarse más a Todomatsu, pero gracias al suceso imprevisto no podría disfrutar de aquel momento. ¿Luna de miel?, ¿qué tenía aquello de parecido a una luna de miel?
Esa cercanía que quería tener con el menor le fue imposible de alcanzar. Esa estadía no era la que quería.
Simplemente, aquella no era el tipo de noche que tenía planeada.
Notes:
Mi beta reader y yo estuvimos un rato considerable buscando en Google Maps un buen lugar para que Totty y Atsushi pudieran hospedarse.
Gracias por leer hasta este punto. Ya saben, la actualización puede ser tardada, pero es seguro que llegará.
Chapter 28: Día de playa
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Atsushi se recostó para una vez más tratar de conciliar el sueño, y hundiendo la cabeza en las suaves almohadas, lo consiguió. Aquella noche Todomatsu fue testigo de los gemidos de malestar y dolor que Atsushi soltaba con secuencia mientras estaba en el segundo sueño. Prefirió observarlo y atenderlo gran parte de la noche, por lo que no pudo dormir adecuadamente.
Cambió el paño de su frente quizá seis veces durante una hora y siguió con lo mismo gran parte de la noche. De verdad deseaba que pudiese curarse lo antes posible.
Una vez que consideró que el mayor ya podría estar unas cuantas horas nocturnas sin cuidado, se tumbó en la cama y cerró sus ojos que no podía mantener ya más tiempo abiertos. Se durmió casi en cuanto cerró éstos.
9:00 am.
Atsushi abrió sus ojos lentamente. Una de las claras cortinas del ventanal estaba recorrida, por lo que un hilo de luz se abría paso hasta la cama, pasando por en medio de la suntuosa habitación.
Al fruncir el ceño le dolía muchísimo la frente y sus ojos todavía estaban cansados. Subió débilmente una mano hacia su frente y retiró el paño que yacía sobre ésta, seco.
Con un gruñido se intentó reincorporar con cuidado sobre la cama para no marearse, poco a poco. Al estar completamente enderezado parpadeó algunas veces. Se dio cuenta de que su malestar había mejorado bastante. Si bien era cierto que todavía tenía fatiga, su cuerpo ya no temblaba y su cabeza ya no daba vueltas.
Al haberse despabilado buscó por la habitación. No se oía ningún ruido.
—¿Todomatsu? —exclamó débilmente.
No obtuvo respuesta. Ante ésto decidió levantarse completamente de la cama. Le costó trabajo, parecía que las sábanas se le pegaban al cuerpo. Sus huesos aún dolían pero lo consiguió.
Inspeccionó el lugar de nuevo; no había nadie.
Seguía de pie frente al ventanal. Atsushi oyó el sonido del picaporte de la puerta abriéndose. Era Todomatsu que llegaba junto a una señorita a la habitación. La chica se quedó del otro lado del margen de la puerta una vez que el muchacho entró y la cerró a espaldas de éste, no sin antes hacer una leve reverencia.
Una vez solos Atsushi observó confundido a Todomatsu.
Había llegado cargando con unas bolsas de papel y otras de plástico colgando de sus muñecas. Todomatsu le devolvió la mirada inconscientemente, y al ver al mayor ahí de pie abrió mucho los ojos y luego una sonrisa se dibujó en su rostro.
—¡Atsushi-kun! ¿Ya te encuentras bien?, ¿ya no te duele nada?
—Buenos días, Todomatsu.
—¡Buenos días! —dijo rápidamente.
—Estoy mareado pero la temperatura bajó.
—Ah, ¿sí?
Atsushi asintió.
—¿Qué traes ahí? —Apuntó hacia las bolsas.
—Medicina —dijo—. Medicina para ti, ya sabes... Jarabes y eso —aclaró.
—Ya. —Asintió.
—Pero veo que ya no te sientes tan mal como ayer, y tampoco te ves mal. ¡Qué alivio! —Sonrió—. De todos modos, creo que deberías ingerir parte del medicamento, por si acaso.
—Gracias. —Esbozó una sonrisa.
—¡Ah! Por cierto, ¿te desperté? Salí temprano a buscar una farmacia pero me olvidé de las llaves de la habitación y tuve que regresar a la primera planta para pedirle a una de las chicas del servicio del hotel que me abriera la puerta —dijo rascándose la nuca con una sonrisa nerviosa.
—Pues no —declaró—, me desperté por mi cuenta en realidad.
—¡Fuh! Menos mal —decía mientras se quitaba los zapatos.
Atsushi se sobó en la sien. Tomó parte del medicamento que Todomatsu le consiguió y se sentó en una silla frente al ventanal. Ambos observaron el azul del cielo y el océano combinándose en un punto del paisaje ante ellos.
Ya que pasó algo más de rato tomaron el desayuno nuevamente al igual que los días anteriores con calma.
Todomatsu pasó su mano por la frente de Atsushi una vez más para verificar que la fiebre realmente haya bajado, y sí. En efecto la temperatura había bajado.
10:45 am.
Durante los días anteriores Atsushi había estado sufriendo en silencio mientras estaba en sus horas laborales. Temprano en el trabajo y tarde en el mismo, e incluso al llegar con Todomatsu. Su mente divagaba y daba vueltas a situaciones o temas que en realidad sabía que no importaban pero que no podía simplemente abandonar. Problemas de cualquier empresario, supuso.
Incluso durante el día anterior intentó pasarlo bien con Todomatsu pero el malestar reprimido de todo ese tiempo finalmente cayó directamente a sus hombros y enfermó.
Todomatsu estaba consciente del esfuerzo de Atsushi, sin embargo, se sintió mal al darse cuenta de que éste trataba de disimularlo. ¿Por qué?
En realidad le extrañaba que después de arduo trabajo y dedicación diaria a su vocación, ésta no lo hubiese hecho enfermar. Es decir, no paseaba ni hablaba ni se divertía ni dormía y algunas veces no comía. Utilizaba el único tiempo libre que tenía para asearse. Era de esperar que pasara algo así, terriblemente.
Y ya que lo recordaba, era eso: Atsushi se culpaba a sí mismo por no poder pasar tiempo con Todomatsu. Lo había mencionado la noche anterior. Aunque sólo dijo un poquito de eso.
Todomatsu le tendió al mayor una cuchara que llenó con jarabe y le pidió que se lo tomara. Atsushi hizo una mueca y lo hizo.
—Bueno —siguió diciendo Todomatsu—, salgamos un momento. ¿Te parece? Ahora que te sientes mejor podrás ir a que te dé el aire un poco y.., ya sabes. Sólo por tu bien. —Sonrió.
Todomatsu dejó todo a un lado y se disponía a caminar hacia la puerta de entrada, pero la mano de Atsushi sosteniéndolo de la manga lo detuvo.
—Quédate aquí —dijo en un tono bajito.
—Atsushi-kun...
—Sólo un ratito, ¿sí?
Todomatsu se acercó a Atsushi y lo abrazó. Se quedaron así un momento dejando que el tiempo pasara lentamente, de nuevo sin hablar.
Todomatsu pegó el rostro al pecho de Atsushi, y Atsushi acarició el cabello de Todomatsu.
—Bueno, si tú quieres —decía Todomatsu— podemos salir hasta mañana, ya que mejores un poquito más. Nos quedan todavía un montón de días de vacaciones aquí. —Sonrió.
Atsushi lo miró con sus ojos entrecerrados.
—De acuerdo —dijo con voz ronca—. Quedémonos aquí. —Sonrió también.
Y entonces, durante aquel día no salieron del hotel. Estuvieron en su habitación dando vueltas, charlando, descansando, estando juntos. Disfrutando de no hacer nada. Después de algunas horas en las que estuvieron sólo abrazados, descansando el uno al lado del otro, despertaron. La alegría por poder compartir un momento así no se disipaba, pero a su vez, Todomatsu estaba ligeramente preocupado.
—Atsushi-kun, ¿ya te sientes un poco mejor?
—Sólo algo mareado. Quizá se me quite pronto. Bueno, en cualquier caso me alegra que estés conmigo.
—Es inusual verte así —dijo—. Bueno, me has ayudado las veces que he enfermado también. Yo debería de poder hacer algo por ti ahora.
Atsushi se enderezó y estiró sus brazos hacia arriba para poder relajar su cuerpo.
—Mañana por la mañana hagamos algo divertido, ¿bien? —Sonrió.
—Si dices eso supongo que ya te sientes bien.
—Mejor imposible.
Después de que la noche transcurrió y Todomatsu siguió estando a cargo del mayor, el nuevo día llegó. Las gaviotas estaban revoloteando a los alrededores, el sonido de las olas rompiendo contra el muelle y las voces de las personas pululando cerca se hacían oír de igual manera.
—Todomatsu, vamos —dijo con una voz bajita mientras se colocaba sus lentes de sol.
—Enseguida voy, espera. ¿Ya te pusiste bloqueador solar? Te hará mal si no lo usas.
—Puede esperar para cuando ya esté allá. —Sonrió.
Tomaron el ascensor del hotel y se adentraron a la playa; la caliente arena comenzó a tocar sus pies.
—¿Y bien? —comentó el menor con una sonrisa.
—¿Qué? ¿Acaso te parece muy temprano como para adentrarte al agua?
—Ja... Para nadar en el mar no hay hora —decía con una sonrisa mientras miraba su propio reflejo en las oscuras gafas de Atsushi.
—¡Tú lo has dicho! —Tomó la mano de Todomatsu y lo jaló hacia él para comenzar a correr hacia las olas.
—¡No, no, no! Espérate, ¡el agua está helada! —Reía sin poder detener sus pasos.
—¡No lo sabrás si no vas a nadar! —En ese instante Atsushi tomó al menor con ambas de sus manos y lo jaló hacia él, haciendo que ambos entraran al agua.
—¡Ah! —Todomatsu dio una bocanada de aire mientras se encogía de hombros y su espalda se erguía—. ¡Está fría!
—Sólo está poquito fría pero no está helada —comentó.
Todomatsu temblaba. Poco a poco fue acostumbrándose a la temperatura. De inmediato llevó una de sus manos al bolsillo de su short, deshaciéndose del agarre de Atsushi, y sacó algo: protector solar. Antes de seguir mojándose en el agua salada exprimió un poco el envase y sus manos se llenaron de la crema. Enseguida se dirigió a Atsushi y le untó ésta por todo el cuerpo, sin embargo, fue rudo al hacerlo en la cara. Apachurró sus mejillas y levantó un poco su flequillo para poder embarrarle la crema en la frente también.
—¡Ah! ¿Qué haces?
—Antes de que se te olvide —dijo—. Agh, ya no queda mucho. —Tomó el envase del bloqueador solar y lo arrojó lejos hacia la arena que estaba seca para poder seguir en el agua.
—Tienes buen brazo —admitió riendo.
Ambos comenzaron a mojarse con el agua que ahora estaba hasta el nivel de su cintura. Al cabo de media hora se salieron de la playa. Atsushi traía una gran cantidad de conchitas en sus manos, las cuales Todomatsu había juntado y le había pedido que le ayudara a llevarlas. Las metieron en una pequeña mochila color rosa que Todomatsu había llevado con él y que abandonó por treinta minutos en la arena.
Todomatsu juntó el envase vacío del protector solar y lo guardó también.
—Debí haber traído más —se quejaba con media sonrisa.
—Todomatsu, ¿para qué vas a usar todo esto? —dijo refiriéndose a las conchitas de mar.
—No es como si las fuera a usar para algo. Es que... ¿acaso no te gustan? —dijo extrañándole que Atsushi no las viera tan especialmente bonitas como para juntarlas.
Atsushi sólo las vio por un momento más con detenimiento. Todomatsu resopló mientras veía la serena mirada del contrario y sonrió sin querer.
«Así que él no hace estas cosas, ¿eh?», pensó.
Esperaron un rato sentados cerca del muelle hasta que se secaron casi por completo, ya casi no había arena en sus cuerpos. Disfrutaban de ver cómo brillaba el mar al reflejarse la luz del sol en él.
El menor volteó a ver a Atsushi de reojo mientras éste observaba el océano con dedicación. Le gustaba el contraste que hacía la luz del sol con sus claros cabellos castaños y el avellana de sus ojos.
—Tienes la nariz un poco roja —comentó Todomatsu—, y las mejillas también.
—Ah... ¿No se me ve bien?
—No quería decir que no iba contigo. —Soltó una risilla.
En un instante, un balón que venía desde arriba chocó contra la arena, causando un rebote y haciendo que éste terminara entre las piernas de Todomatsu. El chico lo miró con sorpresa puesto que había interrumpido la tranquilidad de manera indeliberada. Atsushi también lo miró y ambos chicos dirigieron su vista hacia atrás para poder divisar al dueño del objeto que parecía no estar muy cerca.
Atsushi se levantó y tomó el balón entre sus manos para entregarlo.
—Vamos, vino de aquella dirección —dijo apuntando hacia un lugar de la playa un poco más alejado del muelle mientras seguía caminando.
Casi de inmediato pudo divisar las siluetas esbeltas de dos chicas que se aproximaban hacia ellos rápidamente. Una era más alta que la otra; una usaba traje de baño y la otra una camiseta delgada con una falda corta en exceso.
—¡Lo siento! —exclamó una de las muchachas—. ¿Se lastimaron?
—¡Uh! Por poco... —decía la otra con alivio al ver el balón en manos del mayor de los chicos.
Todomatsu se acercó hasta llegar al mismo lugar que Atsushi.
—No, no se preocupen —dijo Atsushi con serenidad—. Es un bonito día para jugar. —Se quitó las gafas obscuras para verla fijamente sin parecer grosero y removió un poco su cabello. Le tendió la pelota con delicadeza y ella la tomó con calma.
—Uh... Gracias. —Sonrió la más alta, estando un poco embobada al ver el fino rostro del chico.
—No fue nada. —Asintió el muchacho.
—Eh... ¿Les gustaría jugar con nosotras? —cuestionó la más pequeña con un leve sonrojo viendo también a Todomatsu.
—¿No hay problema? —preguntó Todomatsu.
—Oh, por supuesto que no. Si somos más es más divertido —exclamó de manera amigable.
Atsushi sonrió y miró a Todomatsu de reojo para saber qué era lo que él quería. Al no ver alguna respuesta negativa asintió y aceptó la petición de la joven.
Se presentaron antes de empezar a interactuar más. Los cuatro caminaron al lugar donde estaba la red para poder jugar voleibol.
Las chicas miraban a Atsushi detenidamente. Era inusual ver a un muchacho tan guapo. Y aunque Todomatsu también resultaba ser bastante agraciado, en contraste con Atsushi no lograba destacar lo suficiente.
—Saquen ustedes primero —cedió Atsushi.
Una de las muchachas golpeó y lanzó el balón hacia el otro lado. Instintivamente Todomatsu lo golpeó primero, que fue quien corrió rápidamente hacia él. De nuevo la chica más bajita lo lanzó y esta vez contraatacó Atsushi, intentado controlar su fuerza brusca.
De esta manera comenzaron a llevar el juego. Primero de forma lenta y después fueron emocionándose. El sol estaba en un punto bueno, pues no les molestaba en absoluto sobre la piel.
El balón seguía cayendo, lo levantaban y lo volvían a lanzar.
A pesar de que Atsushi desde el principio había pensado en dejar ganar a las chicas, Todomatsu no lo hacía y jugaba con todas sus fuerzas.
—¡Oh! ¡Todomatsu-kun, eres bueno jugando! —dijo la pequeña.
—¡Ja, ja! Al parecer todavía se me dan estas cosas. —Todomatsu rio.
—Vamos, Todomatsu... —Atsushi suspiró con una sonrisa—. No te lo tomes tan a pecho.
—¡No, no! De esta manera es más divertido —se unió a la conversación la otra muchacha mientras reía.
Todos tenían la cara colorada después de haber estado jugando gran parte de la mañana y tarde bajo el sol.
—Hasta ahora tenemos un empate, así que... ¡oh! ¡Quienes pierdan les deben una comida a los ganadores! —propuso Todomatsu con mucha energía.
—¡Claro, claro!
—¡Así queda entonces!
Las chicas aceptaron. Atsushi suspiró meneando la cabeza con una sonrisa al ver a Todomatsu actuar tan natural frente a las mujeres.
Siguieron jugando. Un punto, luego dos, después tres y cuatro, y cinco, seis, siete...
Al final Atsushi y Todomatsu rebasaron el puntaje de las jóvenes y ganaron sin mucho esfuerzo.
—¡Ugh! ¡Cielos! ¡Son realmente buenos! —exclamó la muchacha más alta mientras recuperaba el aliento.
—Qué se le va a hacer... —La otra se rio.
El menor de los chicos aplaudió varias veces.
—Fue divertido —dijo Todomatsu mientras asentía varias veces con la cabeza.
—Así que...
—Yo invito. —Atsushi intervino de inmediato para acabar con el silencio.
—¿Es...? ¿Está bien? —la muchacha preguntó.
—¡Perdimos! Así que lo mejor será que hagamos lo que acordamos —comentó la otra.
—No, no se preocupen por eso. Aunque fue una buena motivación para querer ganar. —Rio—. Pero yo me haré cargo de eso ahora, no es ningún problema —dijo con naturalidad—. ¿Y a dónde quieren ir?
—Pero, nosotras...
—¡Vamos, déjenlo! —exclamó Todomatsu, todavía sonriendo—. Una vez que se le mete una idea, no la deja ya.
Las jóvenes se miraron entre sí y aceptaron.
—¿A dónde quieren ir? —repitió Atsushi.
—Hay un lugar muy bueno cerca de aquí. Venden todo tipo de cortes de carne y las bebidas son buenas también —dijo la muchacha—. Este... Sólo si quieren beber. Puedo invitar eso, y tu amigo —dijo mirando a Todomatsu pero refiriéndose a Atsushi— puede pagar la comida de los cuatro.
—No suena mal —opinó el mayor.
—Está bien, ¿no, Atsushi-kun? —Todomatsu sonrió.
Atsushi dijo que sí y los cuatro se dirigieron al restaurante con calma.
Todos tenían las mejillas de un vivo color rosa debido al sol que les estuvo pegando desde hace momentos atrás. Finalmente llegaron al sitio, el cual era de muy buena vista, pero no exageradamente suntuoso; era bastante agradable y fresco. Se podía ver el mar todavía desde ahí, lo cual era relajante y se daba el aire de estar cerca de casa.
Ordenaron la comida. La mesera cortó y cocinó la carne frente a ellos como era costumbre en aquel lugar. También pidieron y les trajeron las bebidas. Nada de sake, pero sí tarros de cerveza. La mesera se retiró y comenzaron a comer, al mismo tiempo que comenzaron a charlar.
Entre plática y plática, Atsushi se dio cuenta de cuán habilidoso era Todomatsu para sostener una conversación, aunque sus ademanes, gestos y palabras eran diferentes a los que usaba cuando se encontraba con sus hermanos o sólo con él. Parecía que tenía un trato especial con las damas y eso le pareció tierno. No pudo evitar sonreír en sus adentros al pensar en ello.
—¡Ya veo! Así que ustedes también están de vacaciones, ¿uh? —preguntó una de las chicas.
—Es un buen lugar para visitar y divertirse después de todo. Por eso lo elegimos también —dijo sonriendo la otra.
A pesar de que parecía que las palabras iban dirigidas a Todomatsu, miraban más a Atsushi. Al parecer tenían un cierto interés en él; lucía misterioso y bastante atractivo. Además no había hablado tanto como Todomatsu, pues mantenía su sonrisa y asentía a cualquier cosa con la que estuviera de acuerdo o le gustara.
Todomatsu sonrió y asintió al comentario de ambas como si lo afirmara, sin embargo sabía que una de las mayores razones por las que se encontraban ahí era por el trabajo de Atsushi.
—Es cierto, en gran parte es un buen lugar. Pasa que tenía que hacer algo por aquí y quedó bastante cerca del sitio. Nos ha convenido —dijo Atsushi con total calma mientras bebía de su cerveza después de hablar.
—Nosotras también vinimos para hacer algo por aquí acerca del trabajo. Bueno, ¡yo vengo a acompañar a mi amiga! Ja, ja...
—¿Cerca de aquí? —preguntó la muchacha—. Ah, ¿no será en las oficinas de la empresa…?
—Sí, esas mismas —afirmó el mayor incluso cuando ella no había terminado su pregunta.
—¿¡Eh!? Entonces eres... —La chica se lo pensó y luego llegó la sorpresa—. ¿¡Atsushi Takahashi!?
—Sí, así es —afirmó él otra vez con una sonrisa sutil.
—¡Ja, ja! Quien lo hubiera sabido... Mucho gusto de nuevo. —Sonrió—. Seguro conoces a mi hermana.
Todomatsu miró a los tres con mucha curiosidad.
—¿Tu hermana? —expresó Atsushi con curiosidad, haciendo memoria mientras observaba mejor la fisonomía de la chica como si eso lo pudiera ayudar de algo.
—Vamos, lo estás confundiendo. —Rio la otra.
—Oh, mi hermana es Miwa. Si no mal recuerdo ella trabaja contigo en la misma empresa... Me ha platicado algo sobre eso —decía con las mejillas rojas—. Kumi es su mejor amiga y amiga de nosotras también. Trabaja con ella en la oficina.
—¡Oh! Kumi y Miwa... Sí, sé de quienes hablas. ¿En serio? —exclamó Atsushi con amabilidad—. Qué coincidencia...
—Vine a recoger unas de sus cosas porque el trabajo se le juntó. —Sonrió con pesadumbre.
—Hey, pero pensar que es el mismo Atsushi...
—¡Sí, lo sé!
Las dos reían con sus mejillas color rosa y Atsushi solamente sonreía. Todomatsu quedó un poco de lado en aquella conversación.
Siguieron la plática. Ellas hacían preguntas —mayormente para Atsushi— y él las contestaba con mucha calma. Mantenía sus ojos entrecerrados y su sonrisa neutra.
—O sea que no sólo mi hermana te conoce —seguía diciendo la chica más alta—, sino que también nos estamos hospedando en el mismo hotel. ¡Quién lo diría! —Reía muy quedito.
—No las vimos antes —comentó Todomatsu.
Ellas siguieron hablando entre risas, más que nada entre ellas. Al parecer estaban tan emocionadas de haberse encontrado a dos buenos hombres con los cuales podían convivir y charlar en sus días de ocio. Comentaban entre ellas lo agradable que había sido Todomatsu todo el tiempo y el buen comportamiento que Atsushi tenía por naturaleza. Todo aquello agregando que eran muy guapos.
Todomatsu seguía bebiendo mientras no estaba hablando y su cara comenzó a tornarse de un suave color carmín. Esto rápidamente lo notó Atsushi que sabía que su chico no soportaría demasiado el alcohol.
—Hey, Todomatsu... —Atsushi se acercó al mencionado—. No bebas demasiado o tendré que regañarte —susurró a su oído con una sonrisa traviesa.
A Todomatsu le dio un escalofrío sentir el caliente aliento de Atsushi tan cerca de él. Su voz grave hizo que se estremeciera, lo cual supo disimular.
Las jóvenes ni se inmutaron, seguían hablando de cosas triviales entre ellas y además entre risas. Estaban disfrutando demasiado. Ya estaban borrachas y ni siquiera se habían terminado la comida.
Al final Atsushi no dejó que las chicas gastaran en absolutamente nada. Pagó todo en aquella comida compartida.
Ellas dijeron que se quedarían un momento más allí solas, pero Atsushi se ofreció a acompañarlas junto a Todomatsu al hotel aunque estaba bastante cerca. Se negaron de todas formas con palabras de buena educación. El mayor de los chicos insistió y luego allí estaban caminando los cuatro rumbo a sus recámaras. Era el tipo de hombre que no podía permitirse dejar andar solas a las mujeres y mucho menos en medio de una borrachera inocente.
Se despidieron y ellos se metieron a su propia habitación casi al final del altísimo edificio.
Todomatsu se desplomó en la cama.
—Ah... Ya estoy borracho —balbuceó Todomatsu.
—Me di cuenta. —El mayor rio mientas se desvestía para ponerse algo cómodo.
—Les agradaste... ¿no?
—Eso creo. Pero, ¿y tú? Tienes muy buenos dotes para este tipo de reuniones —admitió con una sonrisa.
Todomatsu guardó silencio, tenía los ojos cerrados y estaba boca abajo.
—Pero... a ti te veían con otros ojos, Atsushi-kun...
—¿Y tú crees que a ti no?
—¡Pero tú actúas totalmente natural! No te esfuerzas en seguir un buen ritmo en la conversación... Tus gestos son tan bonitos, tu voz también. Sabes cómo hablar con tranquilidad. Eso hace que les gustes mucho.
—¿Y a ti? —Sonrió—. ¿A ti te gusta eso?
Todomatsu guardó silencio y hundió su rostro en las almohadas sin hacer caso a Atsushi. Estaba ebrio y no quería decir o hacer nada que lo apenara después. Atsushi se rio al ver el infantil gesto del muchacho.
—Bueno —siguió hablando el mayor—, creo que ya me sé tu respuesta. Ahora cámbiate la ropa para que ya puedas dormir, ten. —Le tendió las prendas.
Todomatsu se las puso y ambos se acostaron en la cama con las luces apagadas. Únicamente les acompañaba el sonido del mar.
Después de mucho tiempo en silencio, Atsushi se acercó a Todomatsu y lo abrazó. Poco a poco comenzó a acariciarlo. Hacía tiempo que estaba pensando que él y Todomatsu no habían estado una noche solos estando tan relajados incluso antes de la fiebre.
Quería demasiado a Todomatsu, pero todavía temía ir más allá de solamente un beso o una simple caricia. Pero lo deseaba..., realmente lo deseaba. Acarició el abdomen de Todomatsu por debajo de la ropa con lentitud, se tomaba su tiempo.
—Todomatsu... ¿cómo quieres que sea tu luna de miel? —le susurró al oído.
El menor sonrió todavía estando medio dormido.
Atsushi siguió acariciando su abdomen y su pecho con cariño. Se acercó a él y comenzó a besarlo lentamente; su cuello, sus labios, sus mejillas. Su respiración comenzó a agitarse un poco. Las mejillas de ambos comenzaron a ponerse rojas. Atsushi siguió con las caricias pero...
—¡Mhm! Ja... ¡Ja, ja, ja! Atsushi-kun, ¡me estás haciendo cosquillas! —comenzó a reírse Todomatsu.
Atsushi se detuvo en seco.
Al parecer Todomatsu todavía estaba pasado de copas y además medio dormido. Apenas y podía sentir a Atsushi cerca suyo, si pudiera hablar con sinceridad.
—Todomatsu...
—¿Mhm? Dime. —Sonreía estando con los ojos cerrados.
Atsushi estuvo a punto de darle un beso pero se detuvo y se alejó de él. Se resignó con una sonrisa.
—Debe haber otra forma. —Atsushi se rio—. Buenas noches...
Todomatsu sonrió y asintió para después abrazarse al mayor y dormir profundamente.
Atsushi estaba feliz de poder estar con Todomatsu, había cosas que todavía debían hacer los dos. Aquella noche se limitaron a escuchar sólo ellos dos el sonido de la naturaleza, de disfrutar de la calidez del otro y de pensar únicamente en sus sueños. Al final, se tenían el uno al otro.
Pronto volverían a la vida cotidiana y había todavía cosas que afrontar.
Notes:
¡Finalmente pude actualizar otra vez! Espero que les haya gustado este capítulo.
Recuerden cuidarse mucho y no salgan de sus casas. Espero pasen un rato agradable (lo mejor posible) esta cuarentena. ¡Ánimos!
Chapter 29: El encanto del muchacho
Chapter Text
Estuvieron unos días más en el lugar después de aquella noche. Las muchachas regresaron a Tokio antes que ellos y Atsushi estuvo libre de trabajo, al menos durante aquel plazo. Ambos se divirtieron como lo merecían. Poco a poco la estadía en el lugar se fue reduciendo y sería hora de volver a casa. La cercanía entre ambos incrementó; el tiempo distanciados sirvió como terapia para unirse un poco más. De nuevo se sentían completos, aunque fuera sólo mientras estaban literalmente juntos, precisamente.
El día final de aquellas pequeñas vacaciones llegó y todo volvió a la normalidad de repente, una vez de vuelta en casa. Pronto faltaría tan sólo una semana para que Todomatsu volviera a la cafetería, ya que ésta estaba casi terminada con sus nuevas modificaciones.
Todomatsu estaba arrellanado en el sofá, con una sonrisa en el rostro y los ojos cerrados. Y Atsushi estaba de pie mientras se desabotonaba la parte superior del terno.
Pasó solamente un día desde que su viaje había terminado, sin embargo, parecía que tenían mucho menos de haber llegado. Atsushi por suerte tuvo un tiempo de descanso, pero debía volver pronto a su oficina junto a sus compañeros. Para su suerte o infortunio, todos dependían de él. Era muy importante, después de todo.
Una semana más pasó y todo siguió su transcurso como de costumbre.
Atsushi siguió cumpliendo con sus estrictos horarios laborales y continuó compartiendo momentos con Todomatsu sólo dentro del tiempo que le quedaba. Por otro lado, la cafetería abrió y Todomatsu retomó su empleo.
A pesar de que habían pasado los días, Atsushi estaba algo insatisfecho ya que no pudo llegar a tener la luna de miel que él deseaba, sin embargo no vio ninguna molestia en el rostro o comportamiento de Todomatsu y eso lo dejó un poco tranquilo. No obstante, él quería algo más.
Una tarde mientras rebuscaba en sus papeles antes de irse a trabajar en el turno nocturno, revisó una de sus tarjetas. Resultó que debería renovarla ya que no era apropiada para un uso adecuado. Trató de seguir revisando otras cosas importantes para la reunión que esa noche dirigiría, ya que debía hacer algunos papeleos después de ello. Estaba siendo cauteloso, sin embargo notó que su billetera no estaba con él, sino en el piso de arriba. No necesitaría más que la tarjeta y ya se le estaba haciendo un poco tarde; acostumbraba a llegar unos minutos antes.
—¡Todomatsu! —gritó desde abajo para hacerse oír. El mencionado estaba en el piso de arriba—. ¿Podrías darme la credencial que está arriba? ¡La olvidé!
—¿Eh? —contestó Todomatsu desde arriba estando en pijama ya que él ya había llegado del trabajo—. ¿En qué parte?
—Sobre la mesita de la habitación, en mi billetera. Es la única que hay —aclaró—. Por favor.
—¡Ahora la traigo! —exclamó para después dirigirse a la recámara rápidamente.
Mientras se metió a la habitación buscó la cartera y la halló sobre el buró, cerca del lugar de Atsushi. Al apresurarse a abrirla intentó buscar por la cartera ignorando totalmente el dinero en ésta, y la encontró. Tomó la tarjeta en sus manos listo para llevársela a Atsushi, cuando de repente algo llamó su atención. En la billetera había algo que le pareció ya conocer. Estaba por fijarse en ello para ver qué era con exactitud pero la voz grave de Atsushi lo interrumpió.
—¡Todomatsu!
—¡Ya voy! —exclamó desde arriba. Se apresuró y se la llevó al mayor. Bajó las escaleras con prisa, pero con cuidado—. Lo siento, estaba algo escondida. —Sonrió con una mueca torcida mientras se la entregaba algo nervioso.
—No te preocupes. Muchas gracias. —Sonrió—. Volveré por la mañana, descansa y cuídate —dijo mientras cerraba la puerta para después dirigirse al automóvil y marcharse con prisa.
7:50 pm.
Todomatsu en cuanto confirmó que Atsushi se había ido regresó a la habitación superior para echarle un vistazo de nuevo a la billetera. Estaba seguro de que había visto algo ahí.
La abrió poco a poco y vio finalmente aquello que estaba guardado ahí.
No reaccionó por un momento, pero después sus mejillas se pusieron de un ligero color rosa.
—Esto es...
Recordó en seguida que Atsushi antes de llegar al destino de su viaje se había bajado durante una parada para llegar a una tienda de conveniencia y comprar algo. No estaba seguro realmente de si lo que allí había lo había conseguido en aquella situación, pero prontamente lo dedujo. Mientras seguía haciendo memoria de eso y se imaginaba cosas se ponía cada vez más colorado.
Meneó la cabeza para sacarse de sus propios pensamientos y dejar de hacerse ideas erróneas. Puede que incluso hubiese otra explicación.
Cerró la cartera con cuidado y después la arrojó a su lugar. Se quedó pensativo mirando al techo cuando se había tumbado a la cama; podía sentir cómo la temperatura de su cuerpo aumentó ligeramente.
—¡Ugh! Qué tonterías. —Se rió mientras se levantaba para dirigirse lentamente a la cocina—. Yo preocupándome por una fantasía... —susurró para él mismo.
Caminó cuidadosamente a la cocina mientras temblaba un poco. Seguía sin superar su miedo a la oscuridad, y el hecho de tener que bajar él solo las escaleras hasta poder alcanzar el interruptor para encender la luz era un gran logro para él. Por supuesto, ese miedo era algo que disimulaba frente a Atsushi. En ocasiones extrañaba profundamente a Choromatsu.
Se sirvió algo de fresas con crema y caminó dispuesto a llevárselas a la habitación. Una vez que apagó las luces regresó corriendo por las escaleras a toda prisa, justo como un pequeño animal asustado.
Una vez que terminó decidió dormir.
A la mañana siguiente se levantó temprano para poder llegar puntualmente a su trabajo. No se dio cuenta en cuanto despertó pero sí una vez que ya se estaba poniendo los zapatos: Atsushi estaba ahí.
Todomatsu lo miró detenidamente por un momento y suspiró con resignación al verlo allí acostado sobre la cama, profundamente dormido. Todavía tenía el traje, la corbata y los zapatos puestos.
Resopló y se acercó a él con sigilo mientas terminaba de abotonarse la camisa.
—Atsushi-kun...
Lo llamó mientras pasaba su mano por el rostro del mencionado haciendo a un lado el flequillo, pero no hubo respuesta. Estaba profundamente dormido, no hubo ni el menor movimiento.
Todomatsu no quería despertarlo, así que sólo atinó a quitarle el reloj de la muñeca para ponerlo después en el buró y aflojó su corbata un poco antes de deshacerla por completo.
Lo cobijó delicadamente aun sintiendo pena de que tuviese el traje y los zapatos puestos. Salió de la habitación, se dio un último vistazo en el espejo arreglando un poco su cabello y bajó para irse. Aún estaba a tiempo, pues no perdió el metro.
Pronto llegó a la cafetería y saludó a sus amigas. El día pesado comenzó. El tiempo pasó poco a poco y atardeció.
—Estás muy relajado desde ayer, Totty —comentó Sacchi—. ¿Acaso es por el tiempo que pasaste?
—Ah, ¿de vacaciones...? ¡Sí! —aclaró de inmediato—. Acompañé a un amigo.
—¡Wah! En el pasado ya hemos ido a la playa nosotros tres, ¿no? Deberíamos repetirlo —propuso Aida.
—Algún día iremos de nuevo. —El chico sonrió. Una persona entró y se dirigió a la caja, por lo que interrumpió la conversación. Todomatsu lo atendió y las chicas hicieron parte del trabajo por separado. Una vez que la persona se retiró a la mesa, comentó—: ¡Ah! Que alguien tome mi lugar. Ya he tenido suficiente de este puesto.
—Uh, es verdad, ya llevas un buen rato ahí. —Aida se rio—. Vuelve atrás y descansa un poco, yo me encargaré de la caja.
—Fuh... Gracias —Sonrió y se retiró.
4:34 pm.
Todomatsu llevaba ya quizá treinta minutos desde que abandonó la caja. Se alejó un poco por un momento hacia la habitación del lado trasero para ir por nuevas cosas y poder seguir preparando café.
De rato escuchó a la distancia las voces de sus compañeras, al parecer algo emocionadas.
—¡Bienvenido! ¿Puedo tomar su orden? —exclamaba Sacchi. Una vez que el cliente respondió ella contestó de nuevo—. Adelante, pase a esta mesa por favor.
—Por favor no me hables de usted, todavía soy joven. —El muchacho rio.
—Oh, perdóname... —Sonrió apenada.
—No, no. Una chica no tendría que disculparse por algo así.
Sacchi se sonrojó con sólo verlo y Aida se acercó a él por un minuto con una sonrisa de niña traviesa.
—¿No será que vienes a buscar a...? —preguntó la segunda sin terminar la frase.
—Así es. Me preocupé un poco al no verlo de inmediato. ¿Puedes decirle que estoy aquí? —dijo de forma amable.
—Se lo diré. —Aida asintió varias veces.
Las muchachas lo atendieron y le asignaron una mesa.
Cuando el chico se retiró, Aida corrió hacia la habitación trasera buscado a Todomatsu. Tocó la puerta un momento y entró como si tuviera prisa.
—Totty —lo llamó.
—¿Hm? ¿Qué sucede?, ¿se les juntó el trabajo? —Soltó una risilla.
—No exactamente —negó con la cabeza mientras sonreía—, pero sí hay algo que debes ver.
—¿Algo que debo ver? ¿Qué será?
—¡Aida! —En ese momento entró también Sacchi a la pequeña habitación, apenas asomándose por el marco de la puerta—. ¿Ya le dijiste?
Todomatsu abrió más los ojos.
—¿Decirme qué cosa?
Sacchi miró al chico con curiosidad.
—Acompáñame —le indicó Aida.
Todomatsu fue detrás de las chicas con curiosidad, temiendo encontrarse con alguien o algo que no deseaba ver. Se estiró un poco tratando de encontrar algo que destacara; algo fuera de lo normal. Meneó la cabeza al no dar en el clavo, comenzó a confundirse un poco.
—¿Qué es lo que sucede? —preguntó finalmente, resignado.
—Será mejor que atiendas una de las mesas —dijo Aida riéndose mientras especificaba un sitio.
—Allí —apuntó Sacchi entre la gente con su dedo índice—, mira.
Todomatsu dirigió la vista hacia el sitio y levantó las cejas al divisar lo que sus amigas le indicaban.
—At... ¿¡Atsushi-kun!?
Atsushi levantó su mano moviéndola de un lado a otro para saludar a Todomatsu. Las muchachas sonrieron al ver el rostro amable del mayor; les parecía bastante guapo, por lo que se habían emocionado tanto de verlo ahí. Afortunadamente el menor lo conocía, por lo que podían pedirle que se los presentara. O eso era lo que pensaban.
—Tómate tu tiempo, Totty. Tu turno ya casi acaba —comentó una de las muchachas.
El mencionado asintió y se dirigió a la mesa de Atsushi cerca de la ventana. Una vez que estuvo muy cerca se quedó de pie frente a él sin decir nada. Sonrió.
—Hola, Totty —saludó con una sonrisa, haciendo énfasis en el sobrenombre.
—Atsushi-kun, ¿no deberías estar en el trabajo? —Se rascó la nuca.
—Se supone, pero... —guardó silencio un momento. Miró a Todomatsu a los ojos por unos segundos sin decir nada y volvió a sonreír—. No es nada —meneó la cabeza—, sólo quise venir a verte. Aquí fue donde nos conocimos, ¿recuerdas?
—No lo he olvidado. —Rio.
—Bien. Según a lo que sé sobre tu horario, hoy saldrás en una hora, ¿no es así? Esperaré aquí y te llevaré a casa.
—¿Me "llevarás" a casa?
—Hay algo que debo hacer por la noche.
Todomatsu suspiró.
—Entiendo.
Atsushi se dio cuenta de que el rostro de Todomatsu había cambiado a uno más triste, por lo que se estiró para alcanzar a tomar una de sus manos.
—Lo recompensaré luego.
Todomatsu abrió mucho los ojos.
—Sobre eso...
—¿Hm?, ¿qué sucede? —preguntó amablemente.
—No, nada —dijo tras una pausa—. Te traeré lo que pediste. Acaban de llegar más personas...
—No hay prisa conmigo.
Todomatsu se retiró y atendió las demás mesas. Pronto le llevó a Atsushi lo que le pidió.
La hora de la salida se aproximaba y aún quedaban varios clientes. Cuando Todomatsu se acercó a sus compañeras notó que llevaban ya un buen rato estando algo calladas, pero no se atrevió a preguntar nada al respecto.
Cuando ya estaba a veinte minutos de retirarse del sitio, Aida jaló a Todomatsu delicadamente de una de sus mangas. Por instinto Todomatsu volteó y vio que su amiga estaba algo sonrojada.
—Totty...
—¿Eh? ¿Qué sucede, Aida?
—Bueno, me preguntaba... —volteó a ver a Sacchi—. Nos preguntábamos —se corrigió— si podrías presentarnos a... tu amigo.
Todomatsu volteó a ver a Sacchi. Estaba igual de sonrojada que Aida.
—Sólo queríamos hablar con él... un momento. Claro, si es que él quiere —completó Sacchi.
Todomatsu parpadeó varias veces seguidas y después de pensarlo un momento asintió esbozando una sonrisa un poco torcida.
—Yo le diré.
—En... ¿En serio? —titubeó Sacchi.
—¡Gracias, Totty! —Aida le dio un apretón a su mano con ambas de las de ella.
Quedaba poco tiempo para que la tienda cerrara y entraran los empleados del turno nocturno.
Todomatsu se enderezó y caminó hasta Atsushi. Se acercó a él poco a poco mientas le daba la espalda a las chicas para que no pudieran leerle los labios.
—¿Y bien?, ¿ya nos vamos? —preguntó Atsushi con amabilidad.
—Dicen que quieren hablar contigo —respondió el menor en seco.
—¿Eh? ¿Quiénes?, ¿tus compañeras?
—Sí —asintió—, creo que quieren conocerte. En realidad... les gustaste.
—Oh, ¿no me habían visto antes? —Sonrió con pena.
—Es la primera vez que te atienden —dijo—. Además saben que nos conocemos ya que hace mucho viniste por mí en tu auto. Casi cuando nos conocimos, ¿te acuerdas?
—¿Entonces? ¿Qué quieres que haga?
—¿Que qué quiero que hagas? Eso no lo decido yo, lo sabes.
Atsushi resopló y miró a las muchachas por detrás de Todomatsu. Ellas sonrieron sonrojadas y avergonzadas.
—Todomatsu.
—¿Qué?
—Pff... —Se rio mientras se tapaba la boca con una mano—. ¿Estás celoso?
Todomatsu se puso colorado.
—¿Qué? No, ¿por qué dices eso? Y justo ahora...
—Calma, no haré nada que te disguste. —Sonrió—. Además, ellas no saben nada sobre nosotros. No las culpes.
—No es eso. Es sólo que... Bueno, es sólo...
—Iré a hablar con ellas, no pasa nada. Preséntanos y yo me encargo de lo demás, ¿bien?
Entonces Todomatsu se dio media vuelta y caminó hasta sus compañeras. En seguida los presentó y él se hizo a un lado para seguir limpiando las mesas. A partir de ese momento ignoró todo lo que Atsushi hacía.
Después de veinte minutos Atsushi se despidió de ambas chicas con un suave apretón de manos e hizo una última reverencia antes de retirarse.
—Hora de irnos, Todomatsu. Ya terminamos.
—De acuerdo. Espera un momento, me quitaré el uniforme —dijo para después regresarse también por sus cosas, saliendo con una simple camisa color rosa.
Ambos subieron al auto. El clima comenzaba a ser un poco templado.
—¡Vaya! —exclamó Todomatsu—. ¡Y no dejas de ser popular en ningún lado!
—¡Ja! No tienes nada que envidiarme.
—Pero, me parece extraño. El tipo de atención que te prestan es un poco... diferente.
—¿Qué quieres decir con "diferente"?
—Otras intenciones.
—Oh. —Soltó una risita—. Entiendo.
Estuvieron en silencio un momento.
—Atsushi-kun, ¿tú serías capaz de...?
—¿Con ellas? —interrumpió—. No, ja, ja. Ya no.
—¿Qué quieres decir con eso? ¡Ni siquiera sabes lo que iba a decir!
—Sé a lo que te refieres. A ese paso más allá, ¿no?
—Hm... —Asintió.
Atsushi suspiró mientras esperaba a que la luz del semáforo dejara de ser roja. Tomó el volante y continuó por la calle, la cual ya estaba tornándose oscura.
—Ya habrá tiempo para decírtelo...
—Bueno... —Todomatsu siguió hablando con pena—. Y entonces, ¿qué...? ¿Qué te dijeron?
—Nada fuera de lo normal. Hicieron preguntas de todo tipo, ya sabes. Que en dónde estudiaba, en dónde trabajaba, sobre mi relación amorosa y muchas otras cosas.
—Ya veo...
—¿Algo sobre eso te molesta?
—Mhm... Estuve pensando que es muy fácil enamorarse de alguien como tú.
—¿Sí?
—¡Pero eso no quiere decir que alguien pueda amarte más de lo que yo lo hago! —se apresuró a decir.
Atsushi lo miró por un momento mientras conducía un poco más lento.
—¡Qué cosas dices! —Atsushi esbozó una enorme sonrisa, mostrando casi por completo su blanca dentadura.
—Eh... Como en nuestra última salida también había chicas interesadas en ti pues lo sentí un poco extraño. La primera vez que te vi también pensé que eras especial, así que no puedo culparlas...
—Puedo lidiar con las chicas. Como puedes ver, no sucedió nada aquella vez ni tampoco en esta ocasión. Además, después de eso tuve que lidiar también con Kumi y Miwa en la oficina. —Bufó al recordarlo—. Estoy acostumbrado.
Todomatsu asintió y no comentó nada más acerca de ello.
Durante la conversación con Sacchi y Aida ellas habían quedado fascinadas. Ante la pena de éstas fue Atsushi quien agilizó la conversación con hábiles palabras, gestos relajados y movimientos naturales. Fue encantador frente a ellas.
Llegaron a la casa y entonces Atsushi se dirigió al recibidor de nuevo dispuesto a irse. Se había despedido de Todomatsu otra vez.
—¿Qué harás? —preguntó el mayor.
—Me daré una ducha y quizá después lea un libro o algo así.
—Bien. Duerme temprano, por favor —pidió—. Volveré en unas horas, ya lo sabes.
—Atsushi, no estuviste en el trabajo durante la tarde. ¿Cambiaste de turno? Me preocupa que no descanses como deberías...
—Pues, fue una decisión que tomé. ¡Además dormí hasta tarde hoy! Gracias por no despertarme.
—Disculpa por no quitarte los zapatos.
—¡Ja, ja! Está bien, no soy una criatura. —Rio mientras sostenía el picaporte de la puerta para abrirla—. Bueno, me voy. Ya lo sabes, duerme tranquilo.
—Que te vaya bien.
Cuando Atsushi se fue, Todomatsu de nuevo se quedó completamente solo.
Atsushi no tenía vecinos, era un sitio donde costaba un poco vivir; ello le traía un poco de ansiedad. No poder escuchar ningún ruido ni ninguna voz era algo desesperante.
Se dio una ducha tomándose su tiempo. No era como si le molestara, pero no dejaba de pensar en cómo las chicas miraban a Atsushi. En el fondo deseaba ser igual de encantador que él.
Cuando salió y se puso su pijama comenzó a cepillar su cabello para finalmente poder dormir. Pensaba que quizá debía llamar a sus hermanos, sin embargo, no lo hizo. Prefirió solamente revisar notificaciones de sus redes sociales y mirar cosas que realmente no le importaban. Al final no le dieron ganas de leer ningún libro.
Se dirigió al piso de abajo y encendió la televisión para no sentirse muy solo. El silencio lo estaba torturando sin que él se diera cuenta.
Mientras fue a la cocina y se preparó algo para comer. Fue entonces cuando se preguntó si Atsushi ya había comido algo, por lo que se preocupó un poco. No obstante, meneó la cabeza a ambos lados tratando de deshacerse de los pensamientos desagradables. Atsushi tenía razón: él ya no era un niño.
Mientras comía miraba la televisión. Desde el comedor en la cocina se alcanzaba a ver un poco el televisor que estaba en la sala.
Comió tranquilamente, viendo la televisión pero sin ponerle atención realmente. Una vez que terminó se dirigió hacia la oficina de Atsushi. Recordó que el libro que éste había comprado para él con anterioridad estaba ahí y decidió ir a buscarlo. Bostezó y caminó con lentitud.
Una vez que llegó, abrió la puerta con cuidado y buscó entre las cosas del mayor con cuidado, pero no había nada. Creyó que a lo mejor después de todo estaba en el buró o quizá en la estantería de la sala. Ya no estaba seguro, por lo que decidió ver.
Recordó que mientras buscaba cosas para el viaje arrojó varias de éstas hacia el sótano sin mucho interés, por lo que pensó que quizá el libro estaba ahí. Bajó con tranquilidad y siguió buscando.
Se asombraba de él mismo por hacer esa clase de cosas siendo ya algo tarde, pero estaba aburrido y nadie se daba cuenta de lo que hacía; no pasaba nada.
Estaba sufriendo un poco por el hecho de que todo estaba realmente oscuro, pero ignoró el miedo —que ya estaba aprendiendo a controlar— y usó la linterna de su móvil.
Ya abajo comenzó a sacudir todo con cuidado. Encendió la luz una vez que encontró el interruptor y se abrió paso entre las bolsas, cajas y muebles.
—¡Ugh! Hay un montón de cosas y polvo aquí —dijo para sí mismo—. Debería de limpiar esto en cuanto tenga oportunidad.
Siguió moviendo las cosas y se fue metiendo cada vez más al fondo de aquella habitación. Identificó enseguida las maletas que habían llevado al sitio y buscó haciéndolas a un lado. La luz no llegaba al final del cuarto, pero siguió.
Pronto vio el libro. Estaba justo en una repisa cerca de las maletas.
¿Por qué lo había puesto ahí? No lo recordaba y se arrepentía. Un poco más y tendría una fina capa de polvo.
Cuando se estiró para alcanzarlo, accidentalmente empujó un mueble que terminó golpeando otras cosas y tiró más libros de algunos estantes.
Uno de los libros chocó contra un objeto grande que estaba al fondo cubierto por una gran manta obscura llena de polvo. Al caer, éste produjo un sonido melifluo; una nota musical.
Todomatsu se detuvo cuando ya estaba por retirarse y volteó hacia el lugar de donde vino el sonido. Se quedó estático un momento y abriéndose paso entre todos los objetos se acercó a ello y lo alcanzó.
Una vez que lo destapó se dio cuenta de lo que era: un piano. Y en realidad, era un piano negro de cola en un muy buen estado.
Se sorprendió mucho por el hallazgo. Era cierto que se sorprendía e interesaba por la cantidad de cosas que Atsushi tenía allí, sin embargo, aquello era súper encantador. Después de todo había algo más que ropa, paraguas, libros, montones de documentos, maletas, zapatos y varios pares de botas, electrodomésticos inservibles, percheros sosteniendo impermeables, herramientas, cortinas, muebles y cajas llenas de quién sabe qué.
Tocó una tecla del piano y al oír el sonido que ésta produjo, sonrió.
Se preguntaba qué hacía eso ahí y por qué Atsushi no le había dicho nada al respecto. Ahora tenía algo que preguntarle al día siguiente.
De inmediato volvió a la realidad tras un parpadeo. Al escuchar el sonido de las voces provenientes de la televisión que estaba en la sala volvió a subir. Cerró cuidadosamente la puerta del sótano y se dirigió a la habitación dispuesto a dormir. Ya después leería su libro; estaba agotado.
A la mañana siguiente vio a Atsushi junto a él. Había llegado a casa algo tarde otra vez.
Preparó el desayuno para ambos y lo esperó en la cocina.
—Buenos días —dijo Atsushi mientras se tallaba un ojo con cansancio.
—¡Buenos días! —Sonrió.
—Uh, ¿por qué tan animado? —Sonrió de igual forma. Todomatsu le había contagiado la sonrisa.
—Hoy es mi día libre así que me alegra poder verte un poco más por la mañana.
—Digo lo mismo. —Se hizo el flequillo a un lado con delicadeza.
—¿Ayer todo salió bien?
—"¿Todo?"
—Es que dijiste que tenías que hacer algo, así que...
—Oh —interrumpió de inmediato despabilándose—, así es, todo bien.
—Últimamente me preocupas.
—¿Eh? ¡Pero si estoy bien! Y me siento bien. Mírame. —Hizo una sonrisa exagerada.
Todomatsu no pudo evitar reír al verlo con el cabello todo revuelto, no siendo exactamente su sonrisa la razón de que le diera tanta gracia.
—Si tú dices que estás bien, estás bien entonces.
Atsushi asintió y sonrió. Todomatsu sirvió los platos y comieron.
—Iré al trabajo durante el turno nocturno —comentó Atsushi después de un rato en silencio.
—¿¡Eh!? ¿También hoy?
—Lo siento, es algo que debo hacer.
—Mhm... ¿Quieres comer algo hoy en especial?
—No, está bien. Comeré algo allá. La comida de la cafetería es buena también.
—Sobrevives con pura cafeína, ¿no? No me engañes.
—¡Ja, ja! Eres muy perceptivo.
—No quiero molestarte. Perdón, creo que te estoy invadiendo.
—Eso no es cierto. —Sonrió.
—Y bueno... ¿puedo preguntar qué es lo que estás haciendo? Eso tan "importante".
—Eh... —Se lo pensó—. Te lo diré ya que esté hecho.
Todomatsu ya no dijo nada después de aquella frase y se dedicó a comer lo último que quedaba en su plato.
Tras una larga pausa dejó el plato vacío a un lado. Se quedó viendo al mayor un rato y sin dudarlo se dispuso a preguntarle algo.
—Atsushi-kun, el piano que está en el sótano... ¿Sabes tocarlo?
Atsushi se quedó quieto terminando el último bocado de su comida y miró a Todomatsu fijamente. Estaba desconcertado, fue como si una imagen perdida del instrumento llegara a su mente repentinamente.
—¿Qué? —dijo con una voz tan baja que pareció ser un susurro.
—Estuve moviendo las cosas del sótano porque había perdido algo. Entonces en el fondo miré ese piano negro que tienes. Me sorprende que esté en un muy buen estado.
—Oh, ya. Supongo que debí haberme deshecho de él, ya no hace falta. —Sonrió.
—¿Y sabes tocarlo?
—Alguna vez lo hice, pero ese talento ya no está en mí.
—Mhm... Pues, hoy vas al trabajo hasta la noche, ¿no? —dijo el menor—. ¿Podrías tocar algo para mí ahora?
—¿Eh? Pero, Todomatsu...
—¡Por favor! Sólo un poco.
—No... —Negó varias veces con la cabeza—. Está empolvado, será una molestia.
—Atsushi-kun —lo llamó casi como suplica.
—No. No quiero, Todomatsu.
—Yo creo... que tal vez no has olvidado cómo tocar.
—Hace años que no lo hago.
—Sé que puedes. Por favor… —Hizo una cara de súplica. Parecía un gatito—. Toca algo que tú quieras o que recuerdes.
Atsushi arrugó la nariz y se levantó de la mesa sin decir nada.
Fue como si una voz interna le hubiera dicho: «¡Hey!, sabes tocar el piano, ¿te acuerdas?»
Un fragmento de su niñez y adolescencia fue removido.
Una vez estando en el marco de la puerta dirigió su mirada a Todomatsu y apenas sonrió.
—Ven, Todomatsu. Ya que tanto insistes, te mostraré. Aunque creo que mis manos ya no son tan hábiles como antes —suspiró sonriendo—, para ciertas cosas —agregó.
Chapter 30: Ese día
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Todomatsu abrió mucho sus ojos y éstos brillaron como solían hacerlo cuando estaba cerca de Atsushi.
Caminó siguiendo al mayor y llegaron al sótano en donde se encontraba el instrumento. Cuando Atsushi se sentó frente al piano lo miró atentamente y después levantó sus manos con lentitud para posarlas sobre las teclas. Sus manos temblaban un poco... Temía haber olvidado cómo hacerlo.
—Atsushi-kun —habló Todomatsu en un tono bajo—, si es que te sientes un poco mal ahora puedes parar... La verdad no te pregunté cómo te sentías justo ahora, así que...
—Presta atención, por favor.
El tono que Atsushi usó fue suave y sin intención de herir, pero fue casi una orden, pues Todomatsu obedeció y se sentó sobre una caja para observar mejor. No quería que el contrario se sintiera más nervioso.
El tiempo se extendió un poco.
Atsushi presionó una tecla y al escuchar el sonido de ésta, Todomatsu prestó más atención mientras entornaba los ojos. El mayor frunció el ceño y siguió presionando las teclas con sus dedos, dando nacimiento a una dulce melodía. Las notas siguieron flotando en el aire, pintando el aura de un cálido color.
Todomatsu no cerró sus ojos en ningún momento, pues disfrutaba de ver a Atsushi hacer cualquier tipo de cosa, y esta situación era especial... Por otro lado, el contrario se dejó llevar y poco a poco sus movimientos se fueron volviendo más ágiles; cerró sus ojos y continuó.
Mientras el muchacho tocaba, el menor pudo notar su antiguo arduo trabajo al ver el movimiento de sus manos. Tocaba como si fuese un robot, al menos al principio, pero una vez que comenzó a desenvolverse, pudo presenciar cómo su corazón era liberado. No tardó en presenciar ahora a un vehemente Atsushi tocando un antiguo piano algo empolvado.
La melodía era lenta, algo triste pero hermosa. Capaz de tocar hasta el más frío de los corazones en una noche de desamparo.
Chopin- Nocturne op. 9 no. 2
La pieza siguió siendo tocada y escuchada.
Poco a poco fue terminando... Habían sido casi cinco minutos sin palabras. Sólo ellos y el sonido de la música en aquella fría y oscura habitación.
Una vez que Atsushi tocó la última tecla para por fin terminar, Todomatsu aplaudió. Apenas fueron unos tenues golpecitos que interrumpieron el silencio.
El mayor no hizo más que abrir los ojos de nuevo. No se lo esperó, pero las teclas seguían grabadas en su mente. En ningún momento tuvo que verlas y no tuvo ni un solo error.
Con su rostro inmóvil y su ahora endeble corazón, apenas hizo una leve reverencia. Las palabras no salían de su boca.
—¡Atsushi-kun! ¡Fue genial! ¿Desde cuándo no tocabas el piano? No parece que lo hayas olvidado... Eres sorprendente.
—Gracias, yo... —Se relamió los labios—. No lo sé. Bastante tiempo, eso es seguro. Gracias, Todomatsu...
—¿Eh? ¿Te sientes malito? Te ves algo cansado justo ahora. ¡Creo que debiste dormir más!
—No, no es eso. Me siento bien, es sólo que hace bastante tiempo que no hacía esto y el no haberlo olvidado... me sorprende. Tú sabes. —Terminó la frase con una risita.
—¿No te sientes mejor ahora que lo has vuelto a hacer? La melodía que tocaste es muy bonita... Tal vez deberías hacerlo más seguido para mí. —Sonrió.
—Todomatsu...
—¡Es broma, es broma! —exclamó de inmediato mientras movía sus manos rápidamente.
—¡Ah! No iba a decirte nada malo.
—Lo sé, pero sentí que no debía forzarte a contestarme. Como sea, eres muy bueno con el piano. ¿Era tu hobby? ¿Ibas a clases de piano? —Sonreía.
—A papá le gustaba el piano, así que...
—Ya veo, quería que lo tocaras para él, ¿no? —Acarició su mentón mientras hablaba—. ¡Me hubiera gustado haber practicado alguna actividad así!
—No es divertido si no es algo que te guste. Se vuelve tedioso, muy aburrido.
—Pero el piano me gusta... Verte tocar el piano me gusta. —Seguía sonriendo—. Cuando iba en preparatoria alguien siempre tocaba el piano durante los recesos, en la sala que estaba a un lado de la dirección. Las notas sonaban tan bonito que me daban ganas de intentarlo también, pero nunca pasó.
—¿Alguien tocaba el piano en la escuela?
—Sí, era durante las horas extracurriculares cuando podía oír mejor ya que no interferían las voces de los demás, pero siempre debía irme a casa junto con mis hermanos. Ni siquiera sabía que había un piano en la planta alta del instituto, quizá era un profesor.
Atsushi lo miró un momento mientras cavilaba sobre sus palabras. Algunos recuerdos cruzaron por su cabeza.
—¿No será que...?
—Ahora que lo pienso —interrumpió; la voz de Atsushi había sido apenas un susurro—, ¿qué harás con el piano? Es un desperdicio dejarlo aquí, pero será un problema moverlo de lugar.
—Primero debería arreglar el sótano. Está todo lleno de polvo y hay muchas cosas que ya no necesito.
—¡Te ayudo! Ah, pero hoy te vas por la noche, así que debes descansar... —Se quedó pensando un momento—. ¡Entonces lo haré yo!
—Pero es demasiado... Deja que yo lo haga.
Algo muy al fondo de su mente le decía a Atsushi que debería encargarse él mismo de sus propias cosas, pero no hallaba la raíz de ello. Quizá solo estaba dejándose consumir por la ansiedad como siempre.
—Entonces, ¿qué tal esto? Yo limpiaré los días que vuelva temprano, y cuando tú puedas limpiarás lo que falte.
—De acuerdo. —Suspiró sin poder negarse con media sonrisa.
Todomatsu también sonrió.
—Y... ¿quieres hacer algo hoy?
—No pensé nada sobre eso.
El menor se quedó pensando y algo se cruzó por su mente. Sus mejillas se pusieron de un suave color carmín y rascó su nuca.
—Atsushi-kun, sobre eso... El otro día tomé tu billetera y... pues... vi algo.
—¿Qué cosa? —Sonrió sin pena, sabiendo a dónde iba Todomatsu. Al ver que el otro estaba batallando para decirlo no pudo evitar reír e insistir—. ¿Qué viste?
—Si ya lo sabes… —dijo entre dientes con las mejillas infladas—. Pe... Pero, ¡como sea!
Atsushi se rio y Todomatsu meneó la cabeza varias veces fingiendo no saber nada y olvidar todo. Por un tiempo tuvo la idea de que quizá Atsushi seguía divirtiéndose con las mujeres de vez en cuando, pero según las propias palabras del mayor, hacía mucho que ya no se encontraba interesado y aliviar el deseo con alguien que no fuera su pareja no era una opción.
Al llegar la noche, Atsushi salió de casa y se dirigió al edificio de oficinas en el centro de Tokio para continuar con su trabajo. Gracias a que era un individuo muy requerido en la empresa, no podía faltar por nada del mundo. Había demasiadas cosas que debía hacer. Se mantuvo así por bastante tiempo como era costumbre.
Los días pasaron y Todomatsu siguió yendo a trabajar por las mañanas o en los turnos intermedios. De vez en cuando Atsushi se pasaba por la cafetería para saludar al chico y beber un café durante sus ratos libres. Según Todomatsu, pese a que estuviese contento de verle, no estaba bien que se escapara de la oficina, lo cual a Atsushi le dio gracia e hizo caso omiso. Continuó yendo, lo que emocionaba a Sacchi y a Aida.
Con el tiempo libre Todomatsu hizo lo que le había comentado a Atsushi y empezó a ordenar poco a poco el sótano. Pasaron los días y entre los dos pusieron todo en orden más rápido de lo que esperaban. Con los días Todomatsu logró convencer a Atsushi de acomodar el piano en la sala como un simple adorno más, y aunque el mayor había mencionado que esa parte de su pasado prefería olvidarla logró suavizar sus memorias al imaginar la cara alegre de Todomatsu al escucharlo tocar.
Atsushi no volvió a tocar el piano para Todomatsu después de aquella vez ya que realmente no le gustaba hacerlo, y éste último no volvió a pedírselo.
Debido a que era inútil siquiera intentarlo sólo ellos dos, Todomatsu decidió llamar a sus hermanos e invitar también a Futsuumaru para que los ayudaran a mover el piano, y de paso saldrían todos juntos a comer.
Hubo incluso días en los que todos, a excepción de Atsushi porque estaba muy ocupado, fueron a la casa de Futsuumaru a pasar el rato. Bebían, jugaban vídeo juegos, hablaban, reían y comían. Habían pasado buenos días. Algunos eran peores que otros, pero de vez en cuando se sentía cómo se aligeraba el aire de sus vidas.
Como si sólo se tratase de dar vuelta a la página de un libro, el tiempo pasó rápidamente. Los días iban y venían, formaban semanas e incluso meses... El pasar del tiempo simplemente no se sentía.
El invierno llegó de nuevo sin que se dieran cuenta.
Algunas cosas cambiaron... Sin saber exactamente por qué, Todomatsu notó que Atsushi estaba más tiempo de lo que acostumbraba en casa. De vez en cuando salían juntos a hacer las compras o a comer a alguna parte.
Incluso hubo veces en las que Todomatsu acostumbraba ir al edificio de oficinas y esperar a que Atsushi saliera para poder ir juntos a casa. Claro, aquellas veces en las que no era torturador tener que esperar, siempre y cuando fuera un horario decente.
Una tarde de noviembre, Todomatsu decidió hablar con Atsushi y pedirle algo que consideraba él de suma importancia. Además, después de aquella petición, tenía muchas preguntas qué hacerle.
Atsushi se encontraba en la sala leyendo el periódico. No traía corbata ni saco, pero sí una camisa blanca con su pantalón de vestir y unas pantuflas grises puestas. El menor vestía un suéter de lana color rosa con un pants marrón; no traía calzado, prefería andar por la casa únicamente usando calcetines.
—Oye, Atsushi-kun... —dijo apareciendo por detrás del mencionado. Traía entre sus manos su celular—. He tratado muchas veces de hacer esta llamada, pero simplemente no puedo... Es decir, quiero hacerlo como se debe. —Dejó de darle más rodeos al asunto y continuó con su propósito—. ¿Podrías acompañarme a casa de mis padres?
Atsushi entornó los ojos y desvió su mirada del periódico, ahora dirigiéndola únicamente a Todomatsu.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste, por favor... Es sólo para poder quedarme quieto. Hay algo en mí que me dice que debo ir. Ha pasado un tiempo, ¿sabes?
—Sí, lo sé. Casi dos años... ¿Estás seguro de que quieres ir?, ¿conmigo?
—¿Con quién más si no es contigo? —Hizo una breve pausa—. ¿Me llevarías?
—¿Cuándo?
—Cuando tengas oportunidad.
—Vamos en dos días, ¿te parece? Arreglaré mi agenda.
Y así pasó. Atsushi acomodó su horario y dedicó su tiempo a Todomatsu. Estaba realmente feliz por él. Después de todo había cambiado mucho desde que se habían conocido. Ahora se veía capaz de muchas cosas; más fuerte, más libre, más alegre y más decidido.
El hecho de que el menor le haya pedido ir a casa de sus padres denotaba su actual valentía.
El día llegó y Atsushi condujo a casa de Todomatsu, junto a él, por supuesto.
Sin miedo y sin trastabillar Todomatsu bajó del auto. Antes de retirarse Todomatsu dirigió su mirada a Atsushi por última vez, despidiéndose con un gesto e indicando que volvería pronto. El mayor asintió y esperó.
A pesar de tener mucho tiempo de no entrar a su casa, no lo sentía como un lugar extraño ni mucho menos. Sentía la confianza necesaria como para entrar sin tener que dar alguna explicación.
Estando frente a la casa tocó la puerta. Para su sorpresa la persona que la abrió fue Osomatsu, con sus grandes ojos muy abiertos y su gran sonrisa traviesa.
—¡Totty! ¡Hermanito! —Se lanzó hacia él para abrazarlo—. ¿Por qué no avisaste que vendrías, hombre? ¡Qué coraje! Nunca eres tú el que viene... ¡Estoy tan sorprendido! —Le dio unos golpecitos en la espalda—. ¡Pasa, pasa! ¡Sin miedo que es tu casa!
—Gracias, Osomatsu-niisan. —Pasó poco a poco, dejando los zapatos en el recibidor y eligiendo unas pantuflas para ponerse. Le dio gracia que su hermano siguiera tan carismático como siempre, además de que aquel día usaba un tono de voz más alto de lo normal—. ¿Están papá y mamá?
—¿¡Eh!? ¡Qué aburrido! ¿Viniste sólo por ellos dos? Creí que quizá podríamos pasar algo de tiempo juntos...
—Lo siento, será para después. —Sonrió con pena mientras rascaba su mejilla—. No vine sólo por nuestros padres. También quería verlos a ustedes, ha pasado un tiempo... Ya sabes. Además, hay algo de lo que quiero hablar.
—Oh... —Asintió mientras abría mucho sus ojos brillantes.
—Pero no es nada que tenga que ver directamente contigo, así que... —empujó bruscamente a Osomatsu como él también solía tratarlo— ...¡quítate!
—¡Ouch! —Se quejó mientras reía de forma burlesca—. ¡Qué fuerte te has puesto, Totty!
Todomatsu le dirigió una mirada de enojo la cual estaba fingiendo. Después se adentró a la casa de manera juguetona, no haciendo demasiado ruido. Al entrar pudo oír a sus hermanos dentro de su habitación hablando unos con los otros, sin embargo, notó que alguien más estaba ahí: Matsuyo, su madre.
Una vez que recorrió la puerta saludó con un tono de lo más normal, quedándose en la entrada de la habitación. No sonaba enojado ni triste ni asustado ni tampoco contento. Sin embargo, pese a que sus palabras y su tono no denotaban alguna emoción, había algo en su voz y en su comportamiento que podía sentirse muy bien. Había seguridad en sí mismo.
—Hola, Todomatsu... —saludó un sorprendido Choromatsu—. Así que regresaste...
—Como podrás ver. —Asintió Todomatsu con una sonrisa—. Hola, mamá —agregó mientras le dirigía la mirada a la mencionada.
—¡Mamá! ¡Mira quién es! ¿Acaso no te dije que vendría en cualquier momento? —dijo Osomatsu asomándose por detrás del recién llegado mientras frotaba su nariz con su dedo índice—. Aunque tomó casi dos años. —Soltó una risilla.
La mujer que se encontraba junto a sus hijos no dijo nada instintivamente, sólo le clavó la mirada unos milisegundos. Se puso de pie y se dirigió a Todomatsu acelerando el paso conforme se iba acercando. En seguida lo envolvió en un cálido abrazo mientras lo apretujaba con mucha fuerza, sin lastimarlo. Apoyó su cabeza en el hombro de éste, hundiendo su rostro en el pecho de su hijo más pequeño.
—Te extrañé... —dijo la mujer en un susurro. Después se separó un poco del menor—. ¡Realmente te extrañé! Estaba tan preocupada todo este tiempo... Aun sabiendo que te veías con tus hermanos, no pude dejar de pensar en ti, Todomatsu. —Lo abrazó de nuevo.
Todomatsu siguió de pie bajo el marco, totalmente inmóvil envuelto en los frágiles brazos de su madre. No sabía cómo reaccionar, por lo que poco a poco posó sus manos en la espalda de ella para devolverle el abrazo.
—Yo también te extrañé, mamá... —La abrazó con fuerza—. Por favor, no llores. No vine para envolverte en tristeza. —Sobó su espalda con cariño.
Su madre sonrió y asintió ante las palabras de su hijo, dejando ver únicamente unos marrones ojos cristalinos a través de sus anteojos.
—¡Todomatsu! ¡Y como siempre, sigues sin avisar cuándo vendrás! Podríamos haber preparado una comida que te guste o algo —se quejó Choromatsu, cruzado de brazos.
—"¿Podríamos?" —exclamó Jyushimatsu—. Si la idea es tuya, ¡hazlo tú, hermano! —Se carcajeó.
—Discúlpenme. —Hizo un ademán, moviendo la mano de un lado a otro para despejarlos—. No pensé que quisieran saberlo...—Todomatsu se rio.
—Totty, my dear, ¿por qué tan de repente? —cuestionó Karamatsu acercándose al muchacho—. Solías pedir que fuéramos a algún lugar lejos de casa para distraerte y ahora apareces así de repente...
—Me alegra verte aquí otra vez —balbuceó Ichimatsu—. Se sintió como cien años de no verte en esta habitación.
—Sí. —Todomatsu sonrió—. En realidad, nada ha cambiado mucho —decía mientras inspeccionaba la casa con un poco de nostalgia. Acarició la mano de su madre que no había soltado desde hace un rato.
—En realidad Choromatsu no quiso deshacerse de tus cosas o moverlas de lugar, así que dejamos todo como estaba —le dijo Osomatsu a Todomatsu haciendo pucheros—. ¡Por eso es tremendo chiquero! —Alzó las manos.
—¡Cállate! —riñó el tercero completamente sonrojado.
Los presentes rieron. Después de un momento de pausa, Todomatsu hizo una pregunta que rompió con la tranquilidad del aura en aquella habitación:
—¿Dónde está papá?
—¿Eh? —musitó Ichimatsu.
—Espera a que llegue —dijo Osomatsu en seco, viéndole fijamente—. Está en el trabajo todavía, pero pronto estará aquí; hoy se fue temprano y también llegará temprano. Te irás una vez que hables con él, ¿no? Quédate a comer con nosotros, es un poquito tarde —dijo sin agregar más. Por el tono que usaba se podía notar que estaba un poco molesto o quizá decaído.
—Vine por eso, porque es algo importante. Pero también quería verlos a ustedes... Vine por ti, mamá —aclaró Todomatsu.
—¿Entonces? ¡Quédate mientras lo esperas! —alentó Choromatsu.
—Aunque Karamatsu hizo la cena hoy. Qué mala suerte tienes, Totty —dijo Ichimatsu negando con la cabeza.
—Oh, brother... —musitó muy dolido.
—Me quedaré, pero...
—¿Qué sucede, hermanito? No me digas que te sientes mal —preguntó Jyushimatsu con preocupación sin borrar su sonrisa.
—Ay, Todomatsu —Matsuyo se acercó al mencionado—. No te preocupes, ¿sí? —Tomó a su hijo de los hombros cariñosamente—. Quédate. Sea lo que sea, esta vez nada saldrá mal.
—¡Eso es! ¡No lo permitiremos! —exclamó Jyushimatsu.
—Es que... Atsushi-kun está afuera —hizo saber Todomatsu.
—¿Eh? —musitó su madre.
—Ah, este... Ya sabías que "Atsushi" es el nombre del chico con el que vive Todomatsu, ¿no, mamá? ¿Ya te lo habíamos dicho? No lo recuerdo... —dijo Choromatsu.
—¡¿Atsushi-san está aquí?! ¡Vamos, vamos, vamos! —Jyushimatsu se fue corriendo rápidamente a la entrada de la habitación para después bajar por las escaleras. Sin embargo, no logró ir más allá, pues Osomatsu le siguió y lo detuvo de un brazo con brusquedad.
—¡Quédate quieto, diablos! —gruñó el primogénito.
—Todomatsu... —habló Ichimatsu apenas en un susurro—. ¿Estás seguro de esto?
—¿Eh? Ah, miren en qué me han puesto... —Suspiró el menor de los seis—. Sólo vine a hablar con papá y ustedes un rato. No tenía intención de involucrar a Atsushi-kun en esto... Pero después de todo no puede quedarse afuera esperando mientras yo estoy aquí.
—Dile que pase —dijo Choromatsu casi como si se lo estuviera ordenando.
—Ay, Todomatsu... Sólo hazlo de una vez —sugirió Karamatsu—. Please...
Todomatsu juntó ambas manos mientras se sobaba las palmas muy nervioso. Creyó que podría mantenerse quieto, pero le daba miedo y algo de vergüenza (la cual no quería admitir) presentar a Atsushi a su madre. Le daba mala espina pensar en cuán herido podría resultar su novio con las palabras de su padre y ello comenzó a carcomerlo.
—Hijo —Matsuyo llamó a su hijo captando su atención. De inmediato sostuvo una de sus manos entre las suyas para tranquilizarlo—. Tráelo con nosotros; a ese Atsushi-san. ¿Sí? Será un placer para mí conocerlo... Quiero conocerlo. —Hizo una pausa—. Tus hermanos me han contado de él, ¿lo sabías? Quiero conocerlo —repitió.
Todomatsu tomó aire y exhaló. Asintió repetidas veces tras echar un vistazo a todos y se dio la vuelta mientras hizo un ademán que indicaba que lo esperaran.
Salió la de habitación y bajó las escaleras rápidamente. Una vez que salió de la casa se quedó pegado en la puerta de la entrada de ésta, recargando su espalda mientras dejaba la mirada perdida en la nada. Suspiró al ver a Atsushi desde lejos, dentro del auto.
De inmediato se dirigió hacia él. Caminaba muy rápido pero de alguna forma su andar llevaba un ritmo casi robótico.
Cuando Atsushi lo vio dirigirse hacia él se preocupó; creyó que quizás había ocurrido algo muy malo. En seguida bajó el vidrio y se dirigió a él mientras abría la puerta del coche.
—Todomatsu, ¿qué suced...?
—No es nada —lo interrumpió—. Es sólo que... papá todavía no está en casa —hizo saber. Al ver que las facciones de Atsushi se habían relajado, agregó—: Atsushi-kun, por favor ven conmigo.
—¿Cómo dices?
—Papá llegará en poco tiempo. Por lo pronto, podemos estar en casa con mis hermanos y mi madre... Quieren que nos quedemos a cenar con ellos. Además, mi mamá quiere conocerte. Creo que, había un brillo en sus ojos cuando te mencionó. Por primera vez, Atsushi-kun, siento que todo va a estar bien.
—¿Qué quieres decir? ¿No estaba todo bien antes?
—No es eso lo que quiero decir. Es que...
—¡Totty! ¡Atsushi-san! —interrumpió gritando un emocionado Jyushimatsu mientras salía corriendo de la casa. Al ver a Atsushi agitó demasiado su mano para saludarlo, sin dejar ver sus dedos por la manga larga de su sudadera.
—Oh, Jyushimatsu... Hola. —Atsushi estrechó gustoso la mano del mencionado.
—¿No van a entrar? ¡Las cosas se ponen tensas si lo piensan mucho! Ah... ¡Qué emoción! —El recién llegado agitó mucho sus manos en el aire—. Lo siento Atsushi-san, pero, aunque la comida de hoy no es muy buena, nos gustaría tenerte con nosotros. —Esbozó una resplandeciente sonrisa.
Todomatsu se sonrojó.
—Me alegra oír eso. —Atsushi sonrió—. Vamos, Todomatsu. Es mejor hacer las cosas de esta manera, como debió ser desde un principio.
—Ay, Atsushi-kun, no sé cómo voy a... —Se puso colorado sin poder acabar la frase.
—Déjamelo a mí. En realidad muero de ganas por conocer a tu madre.
—Totty, cuando papá llegue y vea a Atsushi-san dentro, tal vez enloquezca un poquito, ¿no? Pero esta vez nada malo va a pasar, tú lo has dicho —comentó Jyushimatsu—. Estamos siempre de tu lado; quiero decir, de ustedes. —Sonrió.
Todomatsu asintió y Atsushi posó una de sus manos en el hombro de éste.
—Vamos, Todomatsu.
Tenía rato que nadie entraba a la casa y los hermanos comenzaron a desesperarse.
—Ah... —Choromatsu suspiró—. ¿Habrá pasado algo?
—Tranquilo, Choro. Totty se toma su tiempo para todo, you know —lo tranquilizó Karamatsu.
—Habrá que esperar un poquito más o... —comentó Osomatsu, aunque se quedó mudo de inmediato al ser interrumpido por el timbre de la casa.
—Atsushi-san ya está aquí —hizo saber Choromatsu.
—Estoy algo nerviosa... —dijo Matsuyo entre risitas—. Pero el momento ha llegado. Vamos, muchachos.
—Prefiero quedarme un poco apartado. Esto es entre tú y él, mamá —opinó un colorado Choromatsu.
De nuevo se hizo oír el timbre de la casa.
—¿Eh? Y... ¿Y por qué tocan el timbre todavía? Si ya saben que pueden entrar —bufó Osomatsu.
Ichimatsu no hacía más que morderse las uñas muy ansioso. Se privó de objetar alguna palabra que no fuera acorde a la situación.
Todos se dirigieron al recibidor, quedándose un poco más atrás de su madre para no estorbar.
Sin esperar a que de nuevo el timbre sonase la mujer abrió delicadamente la puerta. No sabía qué clase de hombre podría encontrar frente a ella; estaba asustada de su imaginación.
Al alzar la vista lo primero que vio fue a su hijo y al girarse un poco pudo observar completamente al otro joven.
—Mamá, quiero presentarte a Atsushi-kun —dijo Todomatsu con las mejillas exageradamente tornadas de un vivo color rosa. Se hizo a un lado para darle paso al mencionado.
—Buenas tardes, señora Matsuno. Mi nombre es Atsushi Takahashi, un placer conocerla. —Sonrió y extendió su mano para tomar la de la mujer. Aquella expresión eran tan encantadora y tan típica de él; sus ojos relajados, su sonrisa tranquila y su porte firme que denotaba seguridad y confianza.
—El gusto es mío. —La mujer quedó anonadada con tal belleza natural reflejada en aquel hombre. Parpadeó varias veces antes de tomar su mano y asintió mientras respondía al saludo. Atsushi apenas depositó un suave beso en la delicada piel de ésta—. Por favor, pasa. —Se hizo a un lado para abrir camino.
—Gracias, con permiso.
Atsushi pasó y Todomatsu entró tras él cuidadosamente. El muchacho miró a su madre con algo de pena pero con una sonrisa torcida en su rostro; estaba terriblemente emocionado. De rato llegó Jyushimatsu corriendo y entró a la casa antes de que su madre cerrara la puerta.
—¡Hey! ¡Atsu! ¿Qué tal? —saludó Osomatsu con total confianza, estrechando su mano. Esto hizo a Choromatsu preguntarse de dónde sacaba tanta familiaridad tan de repente.
—Ha pasado un tiempo ciertamente. —Atsushi sonrió y correspondió al fuerte apretón—. Oh, hola, Ichimatsu, Karamatsu, Choromatsu... —Estrechó las manos de todos conforme los iba mencionando. Finalmente había aprendido a distinguirlos después de dos años.
Matsuyo se dirigió hacia Atsushi una vez que la puerta estuvo cerrada y lo miró a los ojos para hablarle.
—Entonces, Atsushi-kun, siéntate con nosotros por favor. La cena está lista —indicó mientras posó una de sus manos en su hombro. Le encantaba admirar su altura.
De nuevo con palabras y gestos educados la siguió. Una vez que los platos estuvieron servidos y todos ya estaban sentados, comenzaron a comer. Ninguno empezó a hablar, no sabían exactamente cómo iniciar un tema de conversación ahora que Matsuyo finalmente estaba frente a la pareja.
Choromatsu golpeó suavemente la mesa con sus dedos; estaba nervioso. Ichimatsu estaba aliviado de que su poder y su más destacada cualidad fuera la de ser silencioso, pues no tenía que esforzarse en aligerar la atmósfera y nadie se lo exigiría. Karamatsu sólo suspiró para llamar la atención pero nada surgió después de ello. Jyushimatsu se meneaba de un lado a otro mientras sujetaba los palillos y picaba su comida con una gran sonrisa. Inesperadamente Osomatsu estaba callado y con una expresión neutra, mientras que Todomatsu sólo se dedicaba a ver de reojo a Atsushi y a su madre con una sonrisa nerviosa, intentando con todas sus fuerzas empezar una conversación. Todo estaba tenso, aunque era aligerado por la resplandeciente sonrisa de Jyushimatsu, pues era él el único que estaba disfrutando al cien por ciento del momento por más incómodo y silencioso que fuera. El corazón del quinto latía a mil, al igual que el del sexto.
—De haber sido posible hubiera deseado venir antes, pero varias cosas pasaron. Una disculpa. —Atsushi sonrió—. Creo que ya han platicado sobre nosotros, señora Matsuno.
Matsuyo se quedó en silencio por un efímero momento.
—Sobre eso, mamá... —Todomatsu intentó meterse en la plática tras el silencio—. Hablé muchas veces con Atsushi-kun, estaba deseoso de conocerte desde un principio. Pero yo no podía venir solamente así como si nada...
—Ya no teman sobre eso. Al igual que los muchachos —dijo Matsuyo refiriéndose al resto de sus hijos— no pensamos juzgarlos ni nada de eso. Ahora veo que todo estuvo bien siempre... Pero el miedo ciega a las personas.
—Mamá, todo fue mi culpa. —Todomatsu hizo una pausa—. Lo siento... Debí haberme comportado desde el principio cuando supe lo que sentía.
Habían ido al grano de inmediato y eso estaba bien para todos, ya que era lo que querían.
—Eso no es verdad, Todomatsu. Hablamos de eso una vez... Lo que te provocó miedo fue pensar en nuestras reacciones y las consciencias. Nosotros te provocamos miedo —aclaró la mujer. Cuando terminó de hablar con Todomatsu dirigió su vista a Atsushi y le sonrió a éste.
—¿Está bien que todo esto sea así? Es decir, ha sido muy grosero de mi parte —dijo Atsushi—. No haber llamado o venido. Bueno, sabía de la preocupación de Todomatsu así que pensé que no debía acercarme aquí. Aun así, debí haber tratado y ver la situación por mi lado cuando comencé a tomármelo en serio.
—Pero, Atsushi-san, está todo bien así —dijo Jyushimatsu—. Totty es feliz ahora.
—Sí. —Asintió Todomatsu—. En aquel tiempo quería dejar de parecer yo, pero simplemente no podía fingir ser otra persona. Ahora puedo sentirme más libre, más feliz.
Atsushi no dijo nada tras escuchar aquello, tan sólo suspiró y lo miró con melancolía por un instante. Y esa mirada bastó para tocar un viejo y dulce corazón; al verlo Matsuyo entendió todo. El fijarse en cómo se veían con tanto cariño sin siquiera darse cuenta de cuánto sus miradas transmitían por ellos pudo darse cuenta del verdadero amor que afloraba entre ambos. No podía simplemente forzar la extinción de aquella llama, ni ella ni nadie.
A pesar de que no pudo tener aquella visión desde el principio, comenzaría a entrar en el mundo de aquellos muchachos que necesitaban tanto amor.
—Todomatsu, es tu vida. No puedo obligarte a hacer o no hacer algo que quieres —dijo Matsuyo—. Esto se lo digo a ambos, por supuesto. Ambos son jóvenes y apuestos, vivan como quieran.
—Eso significa... —balbuceó Karamatsu sin acabar su frase.
—¿Entonces eso quiere decir que está bien que estemos juntos? ¿Crees que somos... normales? —preguntó Todomatsu—. ¿Está bien?
—Quiero decir que es tu vida —dijo Matsuyo con total calma—. Haz lo que te haga feliz, no importa si estás bien o estás mal.
Atsushi apretó un poco los puños y Todomatsu resopló.
—Mamá, puede que no te parezca normal, pero... me alegra haber podido venir. Que hayamos podido venir y entrar aquí a la casa sin problemas, juntos.
—Por favor, hijo, vive tranquilo. Es cierto que mi opinión no puede cambiar tan fácil... Puede que piense que haces cosas incorrectas, pero son cosas que te hacen feliz y yo quiero que seas feliz, ¿sí? De cualquier modo me alegra ver al verdadero tú —hizo saber la mujer para después ver a Atsushi con total tranquilidad—. Lo vuelvo a decir, esto va para ambos. Aunque, por supuesto necesito saber en dónde y cómo está viviendo exactamente mi hijo —dijo con una risilla aligerando un poco el ambiente.
—Gracias, señora Matsuno. Le haré saber de mis direcciones lo más pronto posible —contestó Atsushi—. Todomatsu no tiene ni tendrá ningún problema viviendo conmigo, se lo prometo.
Matsuyo asintió con tranquilidad, casi sin entusiasmo. Aquella sensación de serenidad era mejor que la del pánico que había sentido con anterioridad.
—Pero, por favor querido, come —le decía Matsuyo a Atsushi. No se le podía quitar la costumbre de llamar cariñosamente a cualquier chico que conociese—. La comida se te va a enfriar.
—Sí, muchas gracias —dijo Atsushi mientras volvía a probar bocado. Al terminar, comentó—: Está muy bueno.
Karamatsu sonrió con un aire de grandeza.
—Of course, perfect boy! Porque yo lo hice. Me alegra que te guste.
—¡Ah! Qué desperdicio, Atsushi-san. Si tan sólo hubieras avisado que vendrías habrías tenido una mejor comida. —Choromatsu resopló mientras recargaba la mejilla en su mano.
—¡¿Eh?! Es una pena —exclamó Osomatsu—. Hubiera sido mejor que Atsushi pudiera probar la comida de mamá. Llegaste en un mal día, amigo mío —dijo la última frase viendo a Atsushi con pesar.
—Ja, ja... Si ustedes lo dicen, tendré que creerles. —Rio el joven—. Pero eso no quita que la comida de su hermano esté buena también, ¿no es así, Ichimatsu-san? —dijo viendo al mencionado para animarlo a hablar un poco.
Ichimatsu abrió mucho los ojos y se quedó mudo. Ni un solo sonido salió de su garganta. La verdad es que creía que la comida no era mala, pero jamás lo diría. Fue entonces cuando Jyushimatsu pudo ver la fingida mirada de repulsión de su hermano e interrumpió el momento con una escandalosa risa, la cual Osomatsu complementó.
Hablaron un momento más. Poco a poco los sextillizos completos fueron uniéndose a la conversación mientras hilaban sus palabras. Matsuyo no decía nada y Atsushi atinaba a sonreír tras cada comentario.
—Por cierto, Atsushi-san, ¿te apetece más comida? Tu plato ya está casi vacío —comentó Choromatsu amablemente.
—No, Choromatsu-kun, gracias —contestó Atsushi. No quería ser una molestia, pues le parecía demasiado que tuviesen que cocinar para siete. Además no habían contemplado su visita—. Yo...
—¡Sírvele! Un hombre como él jamás aceptaría algo así, Choro —interrumpió Osomatsu mientras tomaba los palillos para vaciar más curry en el plato de Atsushi, mientras rellenaba bruscamente el tazón con más sopa de miso.
—¡Osomatsu-kun! No es necesario... En serio —dijo Atsushi con sus ojos muy abiertos—. La verdad es que he estado cuidando la cantidad de alimentos que consumo, así que...
—Así que nada. —Osomatsu palmeó con fuerza la espalda de Atsushi y sonrió como era típico de él.
Choromatsu e Ichimatsu soltaron una risita mientras compartían miradas.
—¡En fin! Brother, estoy feliz de que estés aquí —le dijo Karamatsu a Todomatsu cariñosamente.
—Yo también estoy feliz de... —Todomatsu había sonreído al comenzar a hablar, pero fue interrumpido por un sonido proveniente de afuera de aquella habitación. Su sonrisa se borró de su rostro y se quedó por un momento completamente estático.
Todos se quedaron en silencio. Una sonrisa leve se dibujó en el rostro de Atsushi, volviendo el aura de serenidad en éste. Le parecía un déjà vu.
Matsuyo se enderezó y se puso de pie casi por instinto, pero volvió a su lugar cuando sintió la mano de uno de sus hijos en su hombro para tranquilizarla; era Ichimatsu.
—¡Estoy en casa! —se hizo oír la ronca voz de un hombre desde el recibidor.
Todomatsu suspiró y Atsushi apretó su mano por debajo de la mesa.
—Vaya... Papá llegó —dijo Osomatsu.
El hombre caminó hasta llegar a su familia y ahí los encontró a todos, sentados en el suelo alrededor de la mesa.
—¡Oh! No me esperaron para cenar —bromeó Matsuzo. Una vez más volvió a saludar, sin embargo se quedó mudo y casi boquiabierto al darse cuenta de que Todomatsu estaba entre ellos. Y además, se sorprendió al ver a otra persona junto a él.
—Papá, bienvenido —dijo Choromatsu con voz débil.
—Todomatsu... —apenas dijo Matsuzo, sin hacer caso a las palabras de su tercer hijo—. ¿Cuándo volviste?, ¿por qué estás aquí?
—Papá, hola. Ha sido un largo tiempo sin verte... —respondió Todomatsu en un tono bajo—. Te extrañé.
—¿Por qué estás aquí? —repitió, ignorando la última frase de su hijo.
Al notar que aparentemente su padre quería ir al grano del porqué de su visita, se dispuso a hablar.
—Ah, entiendo. Sí, fue culpa mía por no haber avisado. —Rio con un poco de nerviosismo, el cuál creía ya haber controlado. Se puso de pie—. Está bien, me iré pronto. Pero déjame hablarte. En realidad, quiero presentarte a alguien...
Cuando Matsuzo dirigió su mirada al fondo y pudo divisar a Atsushi frente a la mesa, exhaló con pesar. Se hizo una pronta idea de lo que estaba pasando y lo que venía a continuación. Abrió mucho los ojos.
Ichimatsu apretaba los puños con fuerza sobre su regazo. Todos se mantenían al tanto de la situación, a excepción de Matsuyo que tenía la mirada clavada hacia abajo.
Atsushi se puso inmediatamente de pie con una expresión relajada y llena de confianza. Caminó hasta adelante donde ya estaba Todomatsu muy cerca del hombre.
—Papá... Él es Atsushi-kun, con quien he estado viviendo todo este tiempo de ausencia —aclaró—. Es mi pareja.
El hombre se quedó completamente en blanco, sin saber qué decir o qué hacer.
—Mucho gusto, señor Matsuno. Soy Atsushi Takahashi, realmente es un placer conocerlo. —Esbozó una leve sonrisa y extendió la mano para estrechar la mano del contrario.
Matsuzo no hizo ni un solo movimiento; tan sólo se limitó a hacer una expresión de profundo desagrado.
Y por supuesto, no estrechó la mano de Atsushi. Ni siquiera se atrevió a dirigirle la palabra, solamente se alejó más. De inmediato miró a su esposa en busca de alguna reacción pero no la hubo. Debido a ello, dirigió su mirada al mayor de sus hijos.
—Creí haberles dicho, muchachos, que Todomatsu podía volver solamente si regresaba él solo. —Alzó el tono de su voz para decir—: Nadie más. —Avanzó más adentrándose a su casa mientras arrojaba con molestia el maletín hacia el sofá. Le dio la espalda por completo a Atsushi y se acercó a Todomatsu—. ¿Qué es lo que intentas ganar con esto?, ¿eh?, Todomatsu.
La mano del recién llegado seguía extendida esperando ser estrechada, lo cual nunca pasó. Atsushi esbozó una sonrisa burlona, la cual nadie pudo ver debido a que se había quedado viendo hacia la pared, de espaldas hacia el hombre. Apretó su mano ligeramente volviéndola puño y se giró con expresión neutra.
—No te entiendo, papá. No es como si quisiera decir algo. Es sólo que creí que... estarías mejor si conocías a Atsushi-kun. —Al ver la cara llena de molestia de su padre, continuó—: Es decir, ha pasado mucho desde la última vez que vine y me viste. —Soltó una risita nerviosa—. Debió preocuparte...
—Claro, todavía me preocupa que hayas tirado tu vida a la basura.
—¡Papá, no le...! —de inmediato Osomatsu interrumpió poniéndose de pie, sin embargo fue callado por Todomatsu, que había levantado una de sus manos indicándole con calma que se detuviera.
—No siento que haya tirado mi vida a la basura, papá.
Matsuzo se rio.
—¿No? No tienes un trabajo fijo, no puedes mantenerte por ti mismo, a duras penas acabaste la preparatoria... Y ahora sales con esto. Por lo menos debiste tener hijos y mejorar tu pequeño mundo un poco. —Suspiró—. La verdad es que me siento triste por ti.
—Nunca vas a aceptarme por ser sólo yo, ¿verdad? Me esperaba eso —balbuceó Todomatsu—. Pero yo soy feliz así. Por favor, sólo te pido que me digas que ya no vas a vivir con un peso encima y me iré. Es lo que quieres, ¿no? Piensas: «¿qué es lo que hice mal para que mi hijo sea así?». Nada, papá. No hiciste nada mal porque nada está mal. Puedes estar tranquilo.
—Ay, Todomatsu... Esto no está bien.
Y por milésima vez Todomatsu preguntó:
—¿Por qué no?
—Porque lo que tú sientes no es amor ni nada de eso. ¿Quieres a este sujeto? —Apuntó bruscamente a Atsushi—. No, no lo haces. Solamente eres muy egoísta y preferiste engancharte con la primera persona que viste que se forraba en dinero.
—Dis... Disculpa, pero, ¡no voy a dejar que digas eso porque no es cierto! —alzó la voz.
—¡Qué horror! ¿Nos tomas como tus títeres? Bien supiste que podías quedarte aquí a vivir cómodamente, pero... te fuiste con alguien que recién conociste. Ese tipo de "amor" no existe, ¿lo sabes? ¿Tanto miedo te da estar solo? ¿Solamente porque ninguna chica se fijó en ti desde la preparatoria? Bueno, da igual... Ahora que no tendrás hijos terminarás solo de todas maneras.
Era inconcebible que el hombre hablara de Atsushi como si no estuviera ahí presente.
El rostro de Todomatsu se tornó rojo. De inmediato Jyushimatsu se puso de pie y tomó a su hermano por los hombros para tranquilizarlo un poco. Osomatsu apretaba sus dientes tragándose su coraje y los demás no hacían nada aunque querían interferir, pues todo era entre Matsuzo y Todomatsu.
—Disculpe, Matsuno-san, pero con todo el respeto que se merece, no creo que esa sea la mejor manera de hablarle a Todomatsu —exclamó Atsushi.
—¡Tú te callas! ¡Nadie me dice cómo hablar! —el hombre alzó la voz—. ¿Qué le hiciste a Todomatsu para que dejara a todos de lado de tal forma? ¿Le das dinero a cambio de que él te haga "esa clase de favores" para satisfacerte?
—No, señor. —Atsushi por primera vez en todo el día abrió completamente sus ojos—. No es así.
—¿Lo hace bien? —insistió. Estaba burlándose.
—¡Ya basta! —exclamó Osomatsu—. ¡No le digas esas cosas, viejo!
—Osomatsu, quédate quieto, por favor. —Choromatsu lo apretó de la muñeca, aunque no era más fuerte que el mayor—. Ya sabíamos que esto pasaría, ¿no? Ya lo sabíamos —hablaba bajito.
—¡Pff! ¡Ahorrémonos este show! ¿Quieren? —exclamó Matsuzo—. Todomatsu puede irse a meter con cualquier desconocido si quiere.
—¿Qué? —balbuceó el mencionado.
—Ya déjalo, Totty —Jyushimatsu le susurró al oído.
—Aunque de sólo imaginarlo... —hablaba el hombre— me da asco —susurró la última frase.
—Es una pena que pienses eso —dijo Karamatsu seriamente. Poseía quizá la voz más grave de todos los presentes—. No es como si te fueras a vivir con ellos.
—Cállate —balbuceó Matsuzo.
Ante la cruel respuesta, Choromatsu le dirigió una mirada de preocupación a todos sus hermanos y a Atsushi. Por su parte, la mujer no hacía ni decía absolutamente nada.
—¡La respuesta no va a cambiar! Estoy preocupado y triste por mi hijo más pequeño... —decía Matsuzo mientras reía a modo de burla, sin poder evitar que algunas lágrimas de tristeza y orgullo se asomaran apenas por sus ojos. Era una mezcla de emociones—. Que mi sexto hijo haya usado así su vida..., de manera no profesional e infantil, duele. Me duele mucho verte, ciertamente, Todomatsu.
—Sólo quiero que me digas que estás bien con mi decisión. Ya te dije, que aceptes que no tiene que ver contigo —continuó el menor de los sextillizos—. Es una pena que no puedas percibir lo feliz que soy ahora, al lado de Atsu...
—No lo digas —lo interrumpió; lo sentenció—. ¿Sabes? Ahora que lo pienso, de verdad quiero ahorrarme algo tan repugnante como verles a la cara a ustedes, par de... —Matsuzo miró fijamente a Atsushi y a Todomatsu. A pesar de que pensaba lo peor, no pudo decirlo y no acabó su frase—. Esto es tan antinatural... —Suspiró pesadamente—. Desaparezcan.
Las manos de la mujer temblaban. Ichimatsu se dio cuenta de esto y puso una de las suyas en las de su madre para calmarla un poco.
—Vámonos, Todomatsu —accedió Atsushi con total calma.
—Espera, Atsushi-kun. Al menos quiero...
—¡Fuera! ¡Váyanse ahora mismo! —Matsuzo se alteró.
—¡Hey! ¡Esto es lo que es antinatural! —Osomatsu se dirigió hacia su padre—. ¿No te parece esto demasiado? ¡Date cuenta de que...!
No pudo terminar de hablar, pues Matsuzo lo había empujado con brusquedad, apartándolo del camino. El hombre se dirigió de nueva cuenta a la puerta y la abrió sin cuidado. Osomatsu sólo pudo ver la inédita escena.
—Fuera de aquí. No quiero volver a verlos juntos en esta casa jamás. ¿Me oyes? ¡Jamás! —le indicó el mayor.
—Papá, yo te... —Todomatsu habló, sin embargo no terminó su frase al ver la mirada llena de odio, impotencia y decepción de su padre. Se limitó a dirigirle una rápida mirada a Jyushimatsu, quien todavía lo sujetaba de los hombros con gentileza. Acarició una de sus manos por encima de las mangas largas de su sudadera amarilla y se alejó, yendo hacia la puerta del recibidor. Después tomó a Atsushi de la manga de su saco y lo jaló hacia él. Atsushi por su parte antes de salir se limitó a hacer una rápida y leve —realmente leve— reverencia. Ambos salieron de la casa casi a prisas.
Matsuzo estaba enfadado, devastado, triste, decepcionado, indignado y asqueado.
—¡Mucho menos a ti! —El hombre apuntó a Atsushi, quien apenas le dirigió la mirada. No se atrevió a tocarlo ni a pronunciar su nombre.
Atsushi y Todomatsu salieron caminando rápidamente; el menor por delante.
Matsuzo dio un portazo con furia.
—Espera, papá... —Jyushimatsu trató de tranquilizar al hombre.
Sin embargo, Matsuzo lo apartó de manera violenta sin siquiera verlo.
—¡Oye! ¡No le hagas eso! —se enojó Osomatsu—. ¡A él no!
—¡Tú otra vez! —gruñó Matsuzo—. ¡Siempre metiéndote donde no debes! ¡Eres muy latoso!
—Por favor, calma. ¿Sí? —interfirió Karamatsu también estando de pie. Los separó un poco poniéndose en medio de los tres—. Calmen. Papá, hermanos...
Por primera vez Karamatsu no estaba hablando con aquel pésimo inglés que acostumbraba a usar sin necesidad.
Mientras Osomatsu, Karamatsu y Jyushimatsu intentaban apaciguar la furia de su padre, Choromatsu e Ichimatsu permanecieron junto a su madre.
—Mamá, ¿todo bien? —Choromatsu se agachó para poder verle a los ojos, tocando su hombro con delicadeza—. Te prepararé una taza de té, ¿sí?
—Tranquila —Ichimatsu acarició la mano de ella—. Fue un alivio para ellos venir y hablar contigo...
Matsuyo levantó la mirada un poco y se separó de sus hijos lentamente. Se puso de pie a como pudo.
—Tengo... que ir... —balbuceó ella.
—¿Eh? —dijeron Choromatsu e Ichimatsu al unísono.
—¡Tengo que decirles algo antes de que se vayan! —habló casi para ella misma y salió corriendo de ahí. Salió de la casa.
—¿Eh? Espe... ¡Mamá! —Choromatsu la llamó, sin embargo al no recibir respuesta se sintió obligado a seguirla.
Ichimatsu se quedó quieto y muy sorprendido. No sabía cómo actuar.
Cuando Matsuzo miró la escena su enojo aumentó, no obstante, no dijo nada ni intentó detenerla. Osomatsu y Karamatsu lo guiaron a la habitación para que descansara un poco mientras Jyushimatsu llevaba su maletín, sin embargo no creían que su padre pudiera quedarse tranquilo aquella noche. Lo más probable es que más noche saliera a beber con sus socios.
Matsuyo corrió hasta donde estaban Atsushi y Todomatsu, casi llegando al auto.
—¡Muchachos! ¡Esperen! —Alzó una de sus manos mientras la agitaba al igual que como hacía Jyushimatsu.
—¡Mamá! —Choromatsu la llamó. Venía corriendo detrás de ella y rápidamente la alcanzó—. ¿Qué pasó?
—Escuchen... —le decía a los jóvenes frente al auto, al cual aún no subían—. No quiero que se vayan con un mal sabor de boca...
—Mamá, está bien. Vine sabiendo que iba a pasar esto. Fue mejor así, ¿no? Hacerlo de una vez por todas —habló Todomatsu.
—Sí, pero... Lo siento —se disculpó la mujer—. Yo sigo amando a tu padre pese a todo, ¡pero no por eso pienses que tú me importas menos! ¿Bien? Yo estaré siempre aquí, aunque... ya no pueda abrirte las puertas de mi casa. Llámame, ¿sí? Es todo lo que puedo hacer...
—Entiendo. —Asintió su hijo menor.
—Y tú... —siguió hablando Matsuyo, viendo a Atsushi—. Lo mismo para ti. Lo siento... No puedo hacer mucho.
Pese a que Matsuyo quería que su hijo viviera feliz, accedería a las reglas de su esposo sin importar qué. Aunque le doliera admitirlo —y sus hijos ya lo sabían— dependía mucho de las decisiones y la presencia de su marido, incluso si eso significaba dejar ir lo que quería.
—Disculpe por no levantar el plato de la mesa —dijo Atsushi con un tono bajo y de pena—. Gracias por la cena.
—No, está bien. Es lo de menos... —Negó Matsuyo con la cabeza—. Sólo... vivan como ustedes quieran, ¿bien? Eso es todo. Por favor, cuida bien a mi hijo...
—Mamá, no le dejes esa carga a Atsushi-kun. Puedo cuidarme solo —dijo Todomatsu.
—Está bien, señora Matsuno. —Asintió Atsushi sin hacer caso a las palabras de Todomatsu—. Ah, de hecho... ya lo traía conmigo —dijo mientras sacaba de su saco un pequeño pedazo de papel parecido a una tarjeta—. Aquí está mi dirección. Sus hijos ya la conocen, pero quiero dársela personalmente a usted. Perdón por tanto misterio durante este tiempo.
Matsuyo tomó el papel. No dijo nada más; tan sólo asintió mientras juntaba ambas de sus manos.
—Bueno, entonces nos vamos. Me despido... Fue un placer conocerla —habló Atsushi—. Todomatsu, sube al auto —indicó con calma—. Hasta luego, Choromatsu-kun. Gracias por preocuparte.
Choromatsu asintió, pero no pudo sonreír.
—Cuídalos, Choromatsu-niisan. Osomatsu-niisan es el mayor, pero a veces es un poco... impulsivo. Eso genera un poquito de problemas. Tú siempre sabes lo que está bien hacer. —Todomatsu soltó una risita—. ¿Bien? Cuídate mucho. Te quiero, hermano. —Se despidió agitando su mano y subió al automóvil.
—Cuenta conmigo, Totty —dijo Choromatsu mientras tomaba de los hombros a su madre.
Atsushi encendió el auto y lo echó a andar. Todomatsu se despidió y se fueron de ahí, adentrándose a la carretera camino a casa. Finalmente llegaron a la esquina más extravagante de Tokio, donde estaba la casa de Atsushi. Una vez adentro, Todomatsu suspiró y se dejó caer encima del sofá boca abajo tras quitarse los zapatos. Atsushi se quitó el saco y se sentó a un lado de Todomatsu.
—No estuvo tan mal como creí que sería —dijo Atsushi—. Tu madre me agradó. Es muy dulce.
—No tienes hermanos, ¿verdad? Debiste haber pasado por cosas peores... —dijo. Su voz era casi inaudible debido a que su rostro estaba hacia abajo.
Atsushi sonrió.
—Tomaré una ducha y me iré. Me toca cubrir el turno nocturno.
Todomatsu no respondió, quizá no lo escuchó.
Se quedó dormido. Lo último que recordó escuchar fue la puerta de la entrada cerrándose y el auto saliendo del garaje.
Notes:
Bienvenidos a los nuevos lectores y a quienes releen este fic. Por favor déjenme un comentario si les va gustando la historia. ¡Este es mi capítulo más largo hasta ahora! La pieza que tocó Atsushi es una de mis favoritas.
¡Lo que se viene va a estar buenísimo! En mi opinión.
Chapter 31: Las cartas
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Habían pasado cinco días desde que Todomatsu y Atsushi habían ido a la casa Matsuno. No había sido mucho tiempo, sin embargo se sentían más serenos.
Pese a que Matsuzo rechazó la relación de ambos sin dudarlo, ya no temían a nada y no se sentían para nada incompletos o intimidados. Era como si finalmente hubieran alcanzado la libertad que habían estado buscando. Después de todo, conseguir la aceptación de todo el mundo era imposible, ¿no?
Bastaba con que algunas personas los quisieran tal y como eran, solamente eso.
Un día cuando Atsushi estaba trabajando, los hermanos Matsuno habían ido a visitar a Todomatsu a casa del mayor cuando ya había salido temprano del trabajo. Estaban en la sala principal viendo televisión mientras charlaban, sentados en el sofá. Jyushimatsu estaba cruzado de piernas sentado en el suelo sobre la alfombra esponjosa que estaba cerca de la mesa de vidrio frente al televisor.
—Totty, ¡menos mal que fuiste a casa! ¡Estaba tan angustiado! —exclamó Jyushimatsu mientras después bebía de la taza de té que le había servido su hermano menor.
—¿En serio? —Todomatsu rio—. Gracias a todos por estar ahí conmigo y por preocuparse por mí... Estoy totalmente tranquilo ahora, así que ustedes también deberían de estarlo.
—Lo estamos —dijo Ichimatsu con una leve sonrisa.
—¡Ah! Sería genial que mamá pudiera venir a ver esta casa algún día. Es como un sueño —dijo Osomatsu mientras suspiraba y estiraba sus manos hacia arriba, como si quisiera alcanzar el techo.
—Tendría que idear un buen plan para escapar de papá. —Todomatsu soltó una risilla—. Qué pena...
—Sabe perfectamente que tiene las puertas abiertas, de todas formas —comentó Choromatsu encogiéndose de hombros.
Hubo un breve momento de silencio en el que sólo se quedaron viendo la televisión.
—Por cierto, brother, ¿Atsushi-san sabe tocar ese instrumento? —preguntó Karamatsu señalando al piano de la sala.
—Oh, sí. Sabe hacerlo —respondió.
—Amazing!
—¿Por qué no le pides que nos toque algo? —comentó Osomatsu—. Nunca he visto a alguien tocar un instrumento así...
—Tal vez él no quiera hacerlo. Atsushi-kun está aburrido del piano a más no poder... —respondió el menor.
—Ugh... Qué mal. Que nos toque una pieza sería el precio por ayudar a mover semejante monstruosidad. —Rio.
—Oh, hace mucho pensé sobre ello pero no estaba seguro... —dijo Jyushimatsu muy quedito.
—¿Sobre qué cosa? —dijeron todos al unísono.
—Mhm... —el quinto prosiguió—. Osomatsu-niisan, me parece que, aunque no lo hayamos visto, ya habíamos escuchado a alguien tocar el piano una vez... Oh, no —se corrigió—. Varias veces.
Nadie dijo nada por un rato.
—¿Qué? ¿Cuándo? —preguntó el mayor.
—Durante la preparatoria —interrumpió Choromatsu.
—¡Sí! Hermano, ¿tú también lo recuerdas? —Jyushimatsu sonrió más.
Choromatsu asintió con una sonrisa tierna.
—Ahora que lo dicen, yo también lo recuerdo. De hecho, se lo comenté a Atsushi-kun. Alguien tocaba el piano en las clases extracurriculares...
—Ah, ¿sí? No lo recuerdo —comentó Osomatsu casi sin interés.
—¡Eso es porque te ibas de la escuela antes que todos nosotros! Ni siquiera mirabas atrás —exclamó Choromatsu.
—Yo... tampoco lo recuerdo —comentó Ichimatsu muy apenado.
—Ah... En esos días estábamos todos muy separados. Ja, ja... —Rio Todomatsu meneando la cabeza—. No tenemos los mismos recuerdos después de todo.
—Como sea, yo tampoco lo recuerdo, brothers. Don't worry... —Karamatsu suspiró la última frase.
—Hum, entonces somos mitad y mitad —caviló Osomatsu—. Como sea, ¿y qué con eso, Jyushimatsu?
—Bueno, no creo que lo recuerden porque lo comenté alrededor de casi dos años... cuando Totty se fue de casa —aclaró el quinto—. Pero me parecía que ya habíamos visto todos a Atsushi-san en la preparatoria...
—¿Qué? —exclamaron todos muy sorprendidos. Jyushimatsu se ganó inmediatamente la atención de los cinco.
—No recuerdo que lo hayas dicho —dijo Ichimatsu—. ¿En serio?
—Es que... Bueno, no lo sé. Aquella vez en la que lo vimos por primera vez en el hospital me pareció conocido. Su nombre y su rostro... No lo sé. ¿No será que él tocaba el piano en nuestra escuela?
—¿Qué? ¿Alguien como él en la misma escuela que nosotros? —dijo Osomatsu—. Imposible.
—Por eso decía yo... —siguió Jyushimatsu—. Que él era un alumno estrella.
—Mhm, no lo sé. —Choromatsu se rascó la nuca—. Hay montones de chicos con el mismo nombre...
—Pero, estoy casi seguro que era él —insistió Jyushimatsu—. Aunque su cabello parecía ser más oscuro que ahora y era un poco más bajo.
—Ahí hay muchas características que no coinciden. Estás confundido —dijo Choromatsu—. Por eso digo que...
—No —Todomatsu interrumpió—. Jyushimatsu-niisan tiene razón. Ahora que lo recuerdo, Atsushi-kun tiene algunas fotos suyas de él cuando era más joven, pero no puedo recordarlo bien. Las vi mientras limpiábamos el sótano, no había mucha luz. —Sus ojos se abrieron mucho—. Cielos, no lo había pensado.
—¡Tendrás que comprobarlo! Ya me dejaron la intriga —bufó Osomatsu.
—¡Lo había mencionado yo hace mucho! —exclamó Jyushimatsu sacudiendo sus manos en lo alto como si tratara de captar la atención de todo el mundo.
—Es que con esa energía tuya no se sabe qué tomar en serio y qué no, brother...
Jyushimatsu no le hizo caso al segundo.
—¡Hay que comprobarlo! —dijo Osomatsu poniéndose de pie con entusiasmo.
—¡Hey! —Todomatsu se puso de pie también—. ¡Quédate en tu lugar!
—¡Esta también es tu casa!, ¿no? Hay que comprobar que este Atsushi es "ese" Atsushi —puso una completa cara de travieso.
—Osomatsu, siéntate —ordenó Choromatsu con molestia.
—Aunque a mí también me gustaría saber, husmear no es lo correcto —opinó Karamatsu con una sonrisa. —Come here, Osomatsu.
—Osomatsu —lo llamó Ichimatsu, a modo de sentencia.
Todomatsu lo miraba muy fijamente.
—¡Ugh, está bien! ¡Está bien! Olvídenlo, sólo estaba jugando... Vaya, ustedes son una bola de aburridos. —Meneó la cabeza.
—Mhm… —suspiró Jyushimatsu—. O tal vez sólo lo estoy imaginando... Debe de haber una forma de saberlo, además de su físico.
Todomatsu asintió repetidas veces.
—Sí, la hay —afirmó Choromatsu—. Aunque, si se deshizo de eso...
—"¿Eso?" —susurró Todomatsu.
—Oh, no, nada —meneó la cabeza muchas veces, como también hacían los otros.
—Déjenlo como un misterio —habló Ichimatsu.
Hubo un breve silencio.
—Por cierto, Totty —siguió hablando Osomatsu sin preocupación—. ¿Atsushi y tú ya...?
—¡Shhh! —Choromatsu tapó de inmediato la boca de Osomatsu con sus manos. Tenía las mejillas completamente rojas.
Ichimatsu y Karamatsu abrieron mucho los ojos; ambos con sus mejillas de un vivo color rosa y Jyushimatsu rió casi de puro nerviosismo.
—¿Eh? —Todomatsu ladeó la cabeza—. ¿Nosotros qué, hermano?
«¿¡No lo entiendes!? Totty, tú no eras así», pensó Choromatsu. Estaba sorprendido por la inocencia de su hermano menor.
—¡No le hagas caso a lo que dice este tipo! —exclamó Choromatsu. Levantó bastante su voz.
Osomatsu se rio, aún con la boca cubierta por las pálidas manos del tercero. Lo sujetó con fuerza.
Aquel día después de que sus cinco hermanos se fueran a casa, Todomatsu se preparó una cena rápida y se fue a acostar. Esta vez no le importó respetar el lugar de Atsushi, pues se durmió en medio de la cama. Se dejó llevar por el sueño.
12:40 am.
Atsushi llegó a casa. Pese a que era tarde, se duchó primero antes de dormir. Estaba harto del traje, los zapatos y la corbata.
Cuando llegó a la habitación resopló, y al ver a Todomatsu completamente estirado (y dormido) en medio de la cama, se rió para sus adentros.
Se sentó en un borde de la cama y se acercó al menor para pellizcar con cariño sus cálidas mejillas. Al no ver ninguna reacción en éste, se recostó apenas en la orilla del colchón y lo abrazó.
Todomatsu seguía boca arriba y con los brazos y piernas extendidos. Parecía que de verdad era un sueño pesado. Atsushi lo abrazaba apenas por el torso.
De manera juguetona Atsushi empezó a besar a Todomatsu en todo el rostro; no le importaba despertarlo. Se acercó demasiado para que pudiese sentir su respiración.
—Mhm... —se quejó—. Atsushi-kun, ya volviste...
—Así es, Totty. —Sonrió en medio de la oscuridad.
—Oh, hice la cena —dijo todavía adormilado—. Está en...
—No, gracias. No tengo hambre. —Sonrió.
—Ah, tú siempre igual. —Rio.
—En serio, me siento bien. Pero gracias, lo tomaré mañana como desayuno.
—Está bien —se giró hacia Atsushi y lo abrazó, hundiendo su rostro en el pecho de él—. Hueles a jabón. ¿Tomaste ya un baño?
—Así es. Aunque al principio no quería despertarte, pero debí avisar cuando llegué... —Lo abrazó también—. Pude haberte asustado.
Todomatsu sonrió y no dijo nada. El sueño le estaba ganando, no podía mantener sus ojos abiertos.
—Todomatsu —siguió hablando Atsushi—, mañana hay que salir a alguna parte, tú y yo.
—¿Mañana? —habló bajito—. ¿Tienes el día libre, Atsushi-kun?
—No, pero da igual. Hay que salir a alguna parte.
—Mhm... Mañana debo trabajar. Saldré un poco más tarde de lo normal —pensó en voz alta.
—Aunque es tarde para ti, es temprano para mí. Podemos encontrarnos casi a la misma hora. Saldré unas horas antes mañana.
—Atsushi-kun.
—Oh, ¿no quieres? Entiendo si te sientes cansado o si ya tienes planes con tus hermanos, pero...
—No, no es eso —lo interrumpió—. Es sólo que últimamente has estado muy ocupado en tu trabajo y que de repente digas esto fue repentino. ¡Claro que quiero salir contigo! —Sonrió.
—Me alegra que digas eso. —Suspiró.
—Ja... —Rio—. ¿Qué pasa? Luces nervioso; como un niño.
—Bueno, pensé que a pesar de que somos muy unidos, no lo estamos físicamente. Estoy comenzando a resentirlo... Me siento un poco solo. Quiero estar más tiempo contigo aunque mi horario no me lo permita y aunque esté cansado. Y bueno, hace tiempo que no salimos sólo a divertirnos.
—Oh, ahora que lo dices, es verdad. Ya tiene tiempo.
—Mhm... ¿está bien si paso por ti mañana a la cafetería? Te enviaré un mensaje de texto.
—Claro, te estaré esperando. —Asintió—. ¿Y a dónde deberíamos ir? ¿Al billar? ¿Al cine?
Atsushi guardó silencio un momento y se hundió en las cobijas.
Ahora que lo mencionas, ir al cine suena bien. Es que... —hizo una pausa y vio de reojo a Todomatsu entre la oscuridad con algo de pena— …yo nunca he ido al cine.
Todomatsu abrió mucho más los ojos y se reincorporó de un salto. Miró a Atsushi un momento, el cual estaba todavía acostado con las mantas hasta los hombros.
—¿Qué? —Se sorprendió—. Atsushi-kun, ¿es en serio? —habló en un tono distinto; parecía que lo estaba regañando.
—Bueno, no acostumbro a ir a ese tipo de lugares con mis compañeros de trabajo y además, ¿no es ese el tipo de lugares que les gusta a las chicas? Hace mucho tiempo yo...
—¡No puede ser! —Lo interrumpió—. ¡Entonces vamos! Creí que conocías absolutamente todo sobre la ciudad, cada lugar, cada calle... Quiero decir, que alguien como tú no haya ido al cine nunca... ja, ja —No pudo seguir hablando. Comenzó a reír mucho.
—¿Cuál es la gracia de eso? —dijo con algo de molestia y un poco avergonzado.
Todomatsu seguía riendo.
—Es que no lo sabría. Nadie se habría imaginado eso al verte —hablaba entre risitas—. Ya sabes, pareces del tipo de gente que ama esos lugares.
—Mmm... —Su cara se puso roja.
—¡Está bien! Vamos al cine, hace muchísimo tiempo que yo no voy. Y... —el sueño le estaba ganando— …escojamos una buena película. —Bostezó.
Atsushi soltó una risita.
—Duerme, lamento haberte despertado —acarició la mejilla del menor y lo tomó de un brazo para recostarlo de nuevo—. Buenas noches. —Lo cubrió con las cobijas. Era una noche fría.
De nuevo Todomatsu se abrazó a Atsushi y ambos durmieron.
A la mañana siguiente, Atsushi salió temprano de casa y el menor salió un poco más tarde; antes de irse se aseguró de que Atsushi haya comido la comida de la cena del día anterior, a lo cual sólo suspiró de resignación, pues apenas la había picado un poco. Ambos acordaron encontrarse en la noche para salir juntos, así que Todomatsu no tenía problemas con durar más en el trabajo aquella tarde.
El día transcurrió de manera rápida, a diferencia de otros días en los que Todomatsu se encontraba terriblemente cansado o aburrido de la cotidianidad.
6:00 pm.
Ya habían pasado unas cuantas horas, el día estaba más cerca de terminarse. Oscurecía pronto.
En medio de aquel rato hubo tan sólo un momento en el que todo quedó sereno. No había clientes dentro de la cafetería y no se miraba a muchas personas deambulando alrededor a través de las puertas y ventanas de cristal.
—¡Fuh! —exhaló Sacchi—. Cada vez está más aburrido por aquí. ¿No quieren jugar a las cartas o algo?
—Ya casi cerramos, espera sólo un rato más —decía Aida entre risitas.
—Aunque es cierto que faltan sólo 2 horas —recordó Todomatsu.
—¡Dos horas! —exclamó Sacchi—. Ah... Es mucho.
—Relájate. ¿Que acaso no es esto lo que haces todos los días? —comentó la chica de cabello ondulado.
—Precisamente por eso no puedo soportarlo más —respondió Sacchi.
Aida suspiró.
—Por cierto, Totty —siguió diciendo Sacchi—, ¿no has estado muy tranquilo hoy? Normalmente te quejas con nosotras sobre estar aquí todo el día también. —Sonrió; era una expresión tranquila.
—Hoy no me siento así. Voy a salir con alguien después de estar aquí —respondió el mencionado.
—¿Salir? ¿Con quién? —preguntó Sacchi—. ¿No será que me puedes llevar contigo? Me muero del aburrimiento.
—Oh, lo siento. —El chico apenas se sonrojó—. Esta no es ese tipo de salidas. Quiero decir...
—Oh, ya sé —Aida se metió a la conversación—. Irás con el muchacho que viene a veces a hablar contigo, ¿no? —lo decía como si pensara en voz alta—. ¿Cómo se llamaba? ¿Atsu...?
—Atsushi-kun, sí —afirmó Todomatsu—. Saldré con él.
—Oh, sí —habló Sacchi—. Lo he visto por aquí algunas veces. Ustedes son muy unidos, ¿no?
—Bueno... Chicas, supongo que ya se han dado cuenta. Que Atsushi-kun y yo somos muy unidos. —Hizo una pausa—. Ahora me lamento de no haberlo dicho antes, no sé por qué no lo hice. Lo olvidé o no creí necesario mencionarlo... De todas maneras tiene bastante tiempo ya que dejó de ser un secreto, ja, ja...
Las chicas guardaron silencio.
—Atsushi-kun y yo estamos saliendo —dijo—. Somos pareja —añadió.
No dijeron nada. Ni Sacchi ni Aida.
—Disculpen, por no habérselos dicho antes. Lo olvidé —siguió diciendo Todomatsu—. Ya tiene bastante tiempo, demasiado. Pero en aquel entonces no me sentía para nada seguro al hablar de esto. Creo que por eso lo omití, no quería que nadie supiera... Pero, bueno, sólo quería que lo supieran de una vez. Ahora pueden pensar lo que quieran de mí.
Aida carraspeó un poco.
—Ja... No me lo creo —exclamó Sacchi—. Quiero decir, no puedo creer que no me haya dado cuenta. Que tú estés saliendo con alguien... —Rio—. Ya decía yo, tu mirada estaba llena de brillo los últimos días.
—Gracias por decirlo, Totty —dijo Aida—. En realidad, lo sospeché. Sólo un poco. —Sonrió con ternura.
Todomatsu sonrió.
—¡Ah! ¡Pero...! ¡Qué pena! Estuve prácticamente coqueteando con ese muchacho. —Sacchi de inmediato se puso muy nerviosa—. ¡Lo siento! ¡Lo siento, Totty! —Hizo varias reverencias exageradas mientras juntaba sus dos manos—. ¿Por qué no dijiste nada? Lo siento...
—Ja, ja... Ahora entiendo porque no podíamos simplemente ir a una cita en grupo. —Aida soltó una risita.
—No, discúlpenme ustedes. Es que no sabía qué podían pensar de mí, chicas. Tenía miedo de ello. —Esbozó una sonrisa torcida.
—¡Está bien!, ¡no hay nada de malo con eso! —se apuró a decir Aida.
—Sí, ¡definitivamente todo es igual que siempre! Tú eres igual que siempre. Más bien me aterra pensar que lo que dijeran los otros no te dejaba vivir en paz. Lo siento una vez más. —Sacchi volvió a hacer una reverencia.
—Po... ¡Por favor levanta la cabeza! Está bien. Sólo no quería tener más secretos. —Rio el muchacho.
—Uh... Está bien. Parece que después de todo no puedo pedirte que me lleves con ustedes. —Sacchi rio mientras se rascaba la nuca, resignada.
—Puedes venir a mi casa si quieres, Sacchi —dijo Aida—. Te desaburrirás un poco.
Todomatsu rio.
Estaba feliz de que sus amigas fuesen capaces de entender su situación y cómo se sentía. No estaba triste por estar enamorado, sino por no poder hablar nunca más junto a las muchachas durante el trabajo en caso de que lo tomaran mal o le pusieran una etiqueta de mala gana. Afortunadamente aquello no pasó.
No había más secretos que guardar ni nada a que temer; se sintió incluso mucho más ligero que antes. Estaba comenzando a vivir como él mismo era.
Pasó el tiempo y finalmente llegó su hora de salida de aquel día.
8:15 pm.
Recibió un mensaje de Atsushi en el cuál le decía que ya iba para allá.
Justo cuando las chicas vieron al mayor llegar lo saludaron y él a ellas. Todomatsu subió al automóvil y se fueron.
Hacía frío. Todomatsu se puso un abrigo que tenía guardado en la parte trasera del auto de Atsushi.
—¡Eso fue rápido! No esperaba que llegaras justo a tiempo. ¿Tu horario estaba exacto? —preguntó Todomatsu.
—Eso o tal vez yo soy muy exacto. —Sonrió encogiéndose de hombros.
—Y, Atsushi-kun, ¿por qué no te comiste el desayuno que preparé? Bueno, era la cena.
—Oh, lo siento, Totty, era tarde. Apenas tuve tiempo de probarlo.
—Hmm... —Infló las mejillas.
—Y, bueno, ¿iremos al cine?
—No —dijo—. Iremos a comer algo primero. Me muero de hambre, y además, creo que has perdido peso.
—¿No te gusto así?
Se detuvieron. El semáforo estaba de color rojo.
—No es eso. —Meneó la cabeza—. Trabajas mucho, debes comer bien.
—De acuerdo, vayamos a comer a algún lugar. Después de eso puedes decidir a dónde ir. —Sonrió.
—¡Iremos al cine, ya te lo he dicho! Aunque no sé qué película estará buena. —Se quedó pensativo.
—Yo no sé nada de eso.
El semáforo cambió a verde (azul).
—¡Ah! Quiero comer hamburguesas, por aquí hay un buen sitio.
—Daré la vuelta justo aquí, ¿de acuerdo?
Atsushi estacionó el auto justo afuera de un pequeño restaurante y entraron. Pidieron la comida y ya que finalmente la tenían en la mesa, comenzaron a comer.
—¡Buen provecho! —exclamó Todomatsu para después morder su hamburguesa. Al ver que Atsushi apenas tocaba la comida, se apresuró a decir—: Oh, ¡pedí las cosas sin preguntarte nada antes! Lo siento... ¿Sí es eso lo que te gusta? Quizá me equivoqué y...
—No —interrumpió y se rio—. Si no me gustara, te lo diría. Está bien así. Sólo pensaba que hacía tiempo de no comer juntos así. Aunque fueran días, semanas o meses, se siente como una eternidad.
—Sí, tienes razón. —Asintió. Agarró una de las papas fritas y la dirigió a la boca de Atsushi—. Ten, come. Después de esto podremos hacer también cualquier otra cosa que te guste. —Sonrió.
Atsushi comió la papa y después dio una mordida a su hamburguesa.
—Hmm... No me acostumbro a la comida americana, pero es realmente mejor de lo que recordaba.
—¡Claro que lo es! Debes estar harto de la comida casera.
—Todo lo contrario. En realidad no me molesta la comida que cocinas a diario. —Sonrió—. En caso de que te lo preguntes, bueno, no he estado comiendo muy bien por cuestiones del trabajo. ¡Pero prometo que eso cambiará! Definitivamente. Últimamente me he estado levantando más tarde y no me alcanza el tiempo para desayunar, ya no soy tan estricto conmigo mismo en cuanto a cuestiones de tiempo. Ja, ja... ¡Pero...!
—¿Qué pasa? —Rio—. Que te pongas tan energético es algo inusual. Entiendo, sólo digo que has bajado de peso, es todo. Te sigues viendo muy bien.
Atsushi sonrió y desvió la vista.
Todomatsu vio a Atsushi sonrojarse un poco, aunque creyó que había sido tan sólo un efecto de la luz.
—Todomatsu, ¿lo recuerdas? Te dije que estaba haciendo algo importante en el trabajo.
—Ah, sí. Lo recuerdo. Dijiste que me lo dirías cuando ya estuviera hecho.
—Sí, sobre eso... Bueno, no sé cómo decirlo.
—¿Acaso... es algo grave?
—No, no. Nada de eso. Es sólo que me pregunto qué debería hacer. —Se quedó en silencio por un rato y después meneó la cabeza—. Olvídalo, tenía razón. Te lo diré después.
Todomatsu suspiró.
—Eres todo un caso. —Sonrió luego de un largo suspiro—. Justo como un libro que nadie ha terminado de leer.
—¡No digas eso! Soy una persona más ordinaria de lo que parece, en serio.
Ambos rieron.
—Y bueno —continuó Atsushi—, ¿cómo te ha ido en el trabajo? Lo siento... Últimamente ya no he pasado a verte.
—¡Realmente bien! No te preocupes. Aunque las chicas habían estado preguntando por ti. —Rio—. Que, por cierto, estaba tan distraído que había olvidado un detalle; no les había dicho sobre nuestra relación.
—¿Qué? Pero si esto ya tiene tiempo. —Se sorprendió.
—¡Lo sé! Pero yo tampoco lo entiendo. Sólo lo olvidé y ya. —Se rascó la nuca con nerviosismo—. Me había distraído... Hasta había olvidado las recetas de los cafés.
—Y... ¿qué pasó?
—No me despreciaron ni a ti tampoco. ¡Pero mejor para ti!, ¿no? —Rio traviesamente—. Ya no te van a coquetear más. Be cool! —Tras soltar la última frase se quedó paralizado un momento e hizo una leve mueca de repulsión—. Ugh, ¿qué me pasa? Soné como Karamatsu-niisan.
—Ja, ja. Son hermanos, después de todo.
—"¿Después de todo?" —Se rio—. Los seis tenemos la misma cara. No lo dudes.
Ambos siguieron platicando y finalmente terminaron de comer. Se decidieron por finalmente ir al cine como acordaron y una vez estando adentro tuvieron que elegir la película.
—Mm... Realmente no sé qué elegir. No estoy muy al día con estas cosas —dijo Atsushi con un tono preocupado.
—¡Hay que elegir al azar! Ya que, bueno, yo tampoco me he fijado en estas cosas. Mhm... Pero, sigo sin saber cuál elegir. Atsushi-kun, ¿acaso te gustan las películas románticas? —Sonrió pícaramente, casi como Osomatsu.
—Bueno, he leído libros así pero...
—¡Entremos a ver una de esas! —Se rio al ver la cara color rosa de Atsushi—. Ya veremos qué hacer si no te gusta.
Lo tomó de la mano y caminaron juntos a conseguir las entradas. Todomatsu se encargó de conseguir las palomitas de maíz y le pidió a Atsushi que entrara él primero a buscar los asientos. El menor lo alcanzaría después con la comida consigo.
Cuando ya casi acababan los comerciales Todomatsu llegó y se sentó a un lado de Atsushi. La película empezó.
Estuvieron viéndola durante cuarenta minutos. La trama en sí no era necesariamente cliché, sin embargo era terriblemente lenta y predecible. A Todomatsu comenzó a darle sueño, sin embargo, cuando estaba a punto de quejarse con Atsushi, pudo ver a éste último bastante concentrado en la pantalla. Ni siquiera estaba comiendo de las palomitas, las cuales Todomatsu ya se había terminado hace veinte minutos atrás.
En realidad Todomatsu había pensado en sugerirle abandonar aquella sala y entrar a una distinta. Pero se detuvo; Atsushi estaba disfrutando de aquella película que personalmente a él le parecía muy aburrida. Suspiró y se cruzó de brazos mientras se recargaba en el hombro de Atsushi.
Al final terminó comiéndose las palomitas que Atsushi ya ni siquiera tocaba.
Por fortuna para Todomatsu, la película acabó pronto. O tal vez le había parecido que acabó pronto porque se había quedado dormido unos minutos sin querer.
—¿Eh? ¿Ya acabó? —habló Atsushi en un tono bajo.
Las luces se encendieron y las pocas personas de la sala fueron levantándose y saliendo. Todomatsu bostezó y se estiró.
—Duró bastante —comentó Todomatsu mientras se levantaba también de la butaca. Salieron del cine y caminaron por la plaza antes de llegar al estacionamiento. Se tomaron de la mano; ambos tenían las manos heladas—. ¿Qué te pareció, Atsushi-kun?
—Estuvo muy entretenido, me gustó. —Sonrió—. No esperaba que fuese tan cómodo ir a un cine.
—¡Seguro que con alguna película de acción te gustará más!
—Me gustó así. —Soltó una risilla—. Gracias por aguantar, sé que te quedaste dormido como veinte minutos.
—¡¿Eh?! —Se puso colorado—. ¿Me viste? Pe... Perdón, yo sólo...
—No tienes por qué explicar nada. —Rio—. Sabía que ya no lo soportabas pero no dije nada, esta vez quise hacerte sufrir un poquito.
—No sufrí nada porque estaba contigo...
Atsushi sacó la lengua de manera juguetona y sonrió.
Subieron al auto una vez que llegaron a él.
—¿Quieres ir a algún lado? —preguntó Atsushi.
—Vamos a casa por hoy, Atsushi-kun. Ya es algo tarde. Y tu trabajo...
—Olvídalo por un momento, olvida mi trabajo; ha estado echando todo a perder... Olvídalo sólo por un instante, por favor.
—Bueno —suspiró—, incluso así, quiero ir a casa. Últimamente hace mucho frío. Ah, y quiero platicarte de algo también.
—¿Platicarme de algo? ¿Qué?
—No es nada serio, tranquilo. —Sonrió—. Toma una ducha cuando llegues y relájate... Aunque, diciendo esto me siento extraño porque últimamente sí te ves más tranquilo.
Cuando llegaron a casa se pusieron cómodos. Había pasado apenas un rato; el aire era frío pero no les molestaba pues ya estaban muy bien abrigados. Todomatsu había preparado té caliente para ambos, el sabor a miel con canela era delicioso. Miraban por el ventanal con apenas una tenue luz ámbar iluminándolos por la espalda. El cielo se veía muy claro aquella noche.
Estaban envueltos en cobijas muy calientitas encima de la alfombra. A veces simplemente les daban ganas de sentarse en el suelo, parecía una pijamada de sólo dos personas. No tenían ánimos de ir a la cama de inmediato.
Pusieron música, Sukiyaki de Kyu Sakamoto sonaba al fondo.
—¿Sabes algo? Siento últimamente que poco a poco he podido encontrarme conmigo mismo.
—¿Qué quieres decir? —Todomatsu sonrió con curiosidad.
—Quiero decir que estar solo en el trabajo no es tan malo cuando tienes una motivación para estar ahí o para volver. Creo que todo lo que necesitaba era conocerte. —Soltó la última frase con un tono más bajo—. Gracias —susurró.
Todomatsu lo miró un momento sin poder comprenderlo del todo y sonrió después de asentir ligeramente.
—¿Eso es encontrarte contigo?
—En parte. Creo que comienzo a saber quién soy y qué quiero... Supongo que es por este sentimiento de libertad que no me deja en paz desde hace meses. Es como si algún lugar me estuviera hablando para volver a mi hogar. —Se quedó en silencio—. Es gracioso, nunca había pensado cosas así. Me sentí tan poca cosa de repente... De repente comienzo a creer que nunca aprendí a dejar el nido.
—¡Te equivocas!
—Lo sé. —Sonrió—. Aun conociendo tus virtudes no puedes evitar que algún pensamiento vago que no deseas se cruce por tu mente. Lo sé...
—Me alegra que esa soledad ya no te moleste, en serio. Lo digo de corazón. —Sonrió y se quedó viendo por el ventanal. Miró el cielo con dedicación, las estrellas se multiplicaban a la vista conforme iba inspeccionando cada rincón.
—¡Ah! —Abrió mucho los ojos y apuntó con su dedo lo más rápido que pudo—. ¡Mira!
—¿Qué? —Atsushi alzó la vista.
—Una estrella fugaz —dijo. Su voz era de asombro y a la vez no denotaba sentimiento alguno. Cerró los ojos. Era una mezcla de alegría y tristeza—. ¿No la viste también?
—Uh, no. —Meneó la cabeza negativamente.
—¡Agh! —Suspiró y se movió, derramó un poco de té en la manta—. ¡Me parece que es la primera vez que veo una!
—¿En serio? Creo que las he visto antes, pero...
—¡No te preocupes! Pedí un deseo por ti.
—¿Y también pediste algo para ti?
—¡No! —Rio—. Fue tan rápido que no pensé en eso. Te dedico mi primer deseo, Atsushi-kun. Espero que se cumpla...
—Ay, Todomatsu. —Sonrió y se sonrojó—. Hacer algo así... por mí...
—¡Está bien! —Sonrió y se terminó la taza de té de un solo trago más.
Se quedaron en silencio un rato más. Se siguieron reproduciendo canciones de rock n' roll y jazz.
—¿Y bien? Totty, ¿qué querías decirme? —Sonreía tranquilamente con la taza de té entre las manos.
—Ah, eso... —Lo miró—. Bueno, estuve revisando las fotos que tenías en tu habitación en el sótano. Antes de que te tiñeras el cabello, tu cabello era oscuro y más largo, ¿no?
—Sí. —Atsushi frunció el ceño sin entender—. ¿Qué pasa con eso?, ¿crees que se veía raro? —Sonrió.
—No es eso. Hace tiempo que mis hermanos estuvieron aquí les comenté algo sobre el piano y... Jyushimatsu-niisan dijo algo sobre ti. En pocas palabras, él cree que ya te habíamos conocido todos antes. ¿Es eso verdad?, ¿lo habíamos hecho?
—Qué pregunta tan difícil de contestar —dijo y sonrió—. ¿Hay alguna base para esto? Quiero decir... No hay manera de saberlo.
—La hay. Jyushimatsu-niisan insistió con lo del color de tu cabello y también tu estatura. Atsushi-kun, ¿tú eras bajito? —preguntó y se interrumpió—: Es decir, todo comenzó porque Choromatsu-niisan y Jyushimatsu-niisan afirmaron haber visto a alguien en la escuela tocando el piano y cumplía con características tuyas. Yo no recuerdo haberte visto, pero... no lo sé.
—¿Era la preparatoria Akatsuka? Al norte de la ciudad.
—¿Eh? Sí, sí. —Asintió varias veces—. Atsushi-kun, ¿eras tú?
—Tocaba el piano de vez en cuando, alejado de todos para liberar mi mente. En ese momento, yo estaba tan perdido... A mí realmente me gustaba usar mi tiempo de esa forma. Todomatsu, es casi seguro que era yo. Estuve en esa escuela un tiempo. Pero... pudo haber más personas que tocaban el piano además de mí. A quien escuchaste probablemente era alguien más. Aunque... —Abrió mucho los ojos.
—¿Qué pasa?
—Ven conmigo. —Se terminó el té y se levantó. Extendió la mano hacia Todomatsu para que lo acompañara. Caminaron hacia el sótano que ahora estaba totalmente limpio—. Hay algo que tengo. Con esto lo sabremos.
—¿Qué es eso? —preguntó al ver cómo Atsushi cargaba una pequeña caja hacia la puerta. Seguía envuelto en la manta.
—Ya lo verás. —Volvieron a la sala; no le tomó mucho tiempo buscar. Una vez que ambos estaban frente a frente en el suelo, Atsushi abrió la caja—. Lo guardé por mucho tiempo.
—Esto es...
Efectivamente, lo que aquella caja tenía eran varios sobres. Al parecer eran montones de cartas.
—Había algunas personas que les gustaba lo que hacía, así que me escribían. Estuve guardando esto por un tiempo. No son dirigidas a mi nombre, pero... son para mí.
—¿Cómo lo sabes?
—Revísalas —lo animó.
Todomatsu buscó entre la caja para sacar cada una de las cartas. Casi todas se veían iguales, quizá estaban escritas por la misma persona. Al parecer le escribían para decirle qué tan bonito tocaba el piano y cuánto le admiraban. En efecto, todas las cartas eran de la misma persona; era la misma letra, una y otra vez.
—Atsushi-kun, ¿qué quiere decir esto? ¿Acaso estás diciendo que yo...? —En ese momento Todomatsu no pudo acabar la frase, recordó algo desde sus profundidades.
—¿Conoces algo de esto? —preguntó con sinceridad. Estaba buscando alguna pieza para completar el rompecabezas.
—Entonces esto es a lo que se refería cuando dijo "eso" —habló para sí mismo—. Atsushi-kun, realmente eras tú. El chico que tocaba el piano en la escuela... Ahora lo recuerdo.
—Dime por favor qué es lo que recuerdas. Quizá… me ayude a recordar a mí también. —La última frase fue dicha con tristeza.
—Esta letra, estas cartas, estos sobres... Los recuerdo. Todo esto lo escribió Choromatsu-niisan para ti —habló suavemente—, hace casi siete años.
—En... ¿En serio? —Al oír esas palabras comenzó a buscar entre todos los sobres rápidamente—. Su nombre tiene que estar en alguna de las cartas... Debo encontrarlo.
—Él decía que escribía para la persona que tocaba el piano. Lo vi hacerlo de vez en cuando en nuestra habitación, pero no sabía exactamente para quién era. Él no sabía si era para un chico o una chica, o siquiera si era un estudiante de ahí... Escribió cartas incluso pensando que eran para algún profesor. Entonces eras tú —dijo la última frase con una sonrisa. Miró al techo sin saber qué más decir.
—Aquí está. Está escrito en el interior del sobre. —Le mostró el nombre escrito con kanji—. Mira.
Se podía leer perfectamente "Matsuno" con una caligrafía bastante bonita.
Todomatsu tomó el sobre y lo desdobló para poder verlo mejor.
—Sí es... Esto lo escribió Choromatsu-niisan. Recuerdo que fue Jyushimatsu-niisan quien lo animó a hacerlo. Lo había olvidado hasta que ellos lo mencionaron hace poco. Sólo nosotros tres lo recordamos. —Sonrió—. ¡Atsushi-kun, tú y yo ya nos habíamos cruzado antes! En algún momento tuvimos que habernos visto. Te escuché tocar el piano también. ¡Sentí que te había visto en algún lado pero no puedo recordarlo! Eso no puedo recordarlo... ni siquiera viendo tu fotografía.
—Poco después de esos días me fui a otro instituto. Quise buscar a la persona que me enviaba las cartas pero cuando pregunté por "Matsuno" los profesores decían que no sabían a quién me refería. No me acordaba del apellido hasta ahora que veo todo esto de nuevo. —Rio—. Todomatsu Matsuno... Debí haber creído que eras tú.
—¡No! Choromatsu-niisan te admiraba. Aunque él no podía verte, pero te escuchaba todo el tiempo después de clases.
—Era él entonces. —Soltó una risita—. Siempre me pregunté por qué su nombre completo no estaba escrito.
—Era muy tímido, debió preferir usarnos a todos como su camuflaje. De hecho, él lo sigue siendo bastante —dijo—. Por cierto, ¿cómo es que te daba esto si nunca se conocieron?
—Ah, recuerdo que algunas las encontré justo encima del piano. Parece que se metió a dejarlas ahí. Otras las encontraba en el suelo, creo que las deslizó por debajo de la puerta mientras tocaba o después de ello. Quizá incluso antes de que entrara al salón. Sólo estaban allí cuando yo recién llegaba —contestó haciendo memoria—. Confieso que creía en aquellos días que estas cartas eran de una chica...
—¡Ja, ja, ja! ¡Choromatsu no es ninguna chica! Pero, es verdad, escribe de una manera especial. Parece como...
—¿Una confesión?
—Algo así —Se rio—. Quiero decir, usualmente los chicos tienen letra fea o no sé si sólo es idea mía. Pero Choromatsu-niisan siempre ha tenido caligrafía bonita. ¡En fin! Olvida la confesión, él no sabía para quién escribía, de todos modos.
Atsushi rio y meneó la cabeza.
—Lo guardé todo con mucho cuidado —dijo mientras mostraba con una sonrisa todo lo que estaba en la caja. Eran aproximadamente unas veinte cartas, algunas sin sobre—. No sabía de quién eran, pero siempre significaron mucho para mí... Dejó una cada semana. Quería esperar para ver de dónde venían, pero nunca lo logré. Debí mostrarte esto antes.
—Creo que por esto Choromatsu-niisan estaba tan avergonzado. Cuando Jyushimatsu-niisan le recordó todo esto él se sonrojó un poco. —Se rio al recordar la cara de su hermano—. Tal vez le dio pena pensar que tenías todo esto aún, o miedo de saber que quizá lo habías tirado ya a la basura.
—¿De qué hablas? Esto era lo único que recibía de cariño en aquellos días. Lo esperaba inconscientemente cada día. Nunca sabía cuándo llegaría esto o si simplemente dejaría de recibirlas. Era aterrador de cierta forma, pero lo amaba.
—Me pregunto qué clase de cosas están escritas aquí. Las cursilerías de mis hermanos son aterradoras.
Ambos rieron.
—Guardé estas cartas por mucho tiempo y las cuidé mucho. El mundo es muy pequeño... —dijo con melancolía—. ¿Quieres que las lea para ti? En realidad hace muchísimo que no las abro.
—Me encantaría, muero de curiosidad. Cuando mis hermanos se enteren de esto se volverán locos —dijo con emoción.
—Ven, acurrúcate conmigo.
Todomatsu enseguida se acostó junto a Atsushi y esperó a que éste comenzara a leer. Tenía una cara sonriente sin poder evitarlo, estaba curioso y emocionado por saber qué clase de cosas escribía su hermano a sus dieciséis años. Eran de la misma edad, sin embargo, sentía que Choromatsu estaba de cierta forma más "despierto" que él.
Atsushi apenas se humedeció un poco los labios; extendió uno de los sobres para sacar la hoja y comenzó a leer.
Notes:
¡Gracias por leer! El 2020 fue un año difícil, pero si algo he aprendido es que siempre se puede seguir yendo hacia arriba. Feliz año nuevo 2021 y navidad 2020 atrasados.
Últimamente siento que no puedo entenderme a mí misma y me he dado un tiempo, estoy mejorando mi estado de ánimo. Estoy buscando algo que hacer o un lugar a donde pertenecer. Quiero encontrarlo.
Las actualizaciones han tardado en llegar, pero las ideas están ahí. Gracias por apoyar esta historia, se han cumplido tres años desde que empecé este fic y vamos por cuatro.
Les deseo felicidad <3
Chapter 32: Un paso más
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
"La segunda melodía que escuché antier por la tarde me pareció preciosa. Nunca había escuchado a alguien tocar de esa manera jamás. Lamento ser tan vergonzoso y no poder entregarle esta carta en la mano".
Después de leer aquel fragmento, Todomatsu soltó una risita.
"Hace días que las melodías que usted toca me parecen de lo más preciosas y realmente me gustaría decirle que le admiro mucho. Me pregunto, ¿no es algo solitario tocar por las tardes en una habitación tan oscura? Me gusta quedarme por las tardes sólo gracias a usted, este lugar ya no se siente tanto como una cárcel. Una soledad de dos personas duele un poco menos, o eso creo por el momento. Le escucho desde el otro lado de la puerta".
—Recuerdo —dijo Atsushi haciendo una pausa con la lectura— que después de leer esto toqué por un tiempo con la puerta abierta de aquella habitación... Esperaba que alguien entrara.
—Sería algo vergonzoso para mi hermano, quizá —supuso—. Y ciertamente las clases se sentían como una cárcel. —Rio.
Atsushi continuó:
"Aunque sea por un momento puedo sentirme en otro mundo, como parte de otro mundo. Fue desde que le escuché tocar que pensé que quizá yo no pertenecía aquí. Lamento no dar la cara y hacerle compañía esta tarde".
"Hoy mi hermano participará en un partido de béisbol. Persona que tocas por las tardes, ¿cuál es tu nombre? Podría haber escrito formalmente una invitación para el partido de hoy. Ni siquiera pude llegar temprano por la mañana para esperarte aquí en la última habitación, ¿no vendrás hoy? He oído rumores sobre las melodías que se oyen al atardecer, tal vez por eso te escribo".
"Incluso si no eres tú quien toca el piano, ¿quién eres? Hace una semana oí que nadie está aquí por las tardes, y que es el fantasma de alguien que murió aquí quien lo hace. Pero yo ya no soy una criatura y no puedo creer eso. ¿A dónde van estas letras y quién las lee? Me da curiosidad, no tengo nada que hacer y esto es como vivir en un cuento. Me pregunto si esta vez habrá respuesta".
"¿Estás recibiendo esto? ¿Lo estás leyendo? No importa ya si no es así. Escribir me ha levantado el ánimo estos últimos días, y quizá tocar le ha ayudado a tu corazón, ¿no es así? Sería bueno si pudiera saber quién eres, hoy me han prohibido subir a las últimas aulas".
—Vaya, son bastantes. Debo admitir que algunas de estas cosas no las recuerdo —dijo Atsushi.
Y así, continuaron leyendo el resto de las cartas. Habían sido como un tesoro para Atsushi. Un tesoro que por primera vez había sido revelado a otro.
La noche se alargó y se fueron a dormir, aquel día había sido totalmente alegre y entretenido para ambos.
Tras un buen rato de silencio, Todomatsu preguntó en medio de la oscuridad:
—¿Volverás mañana al trabajo?, ¿en el mismo horario de siempre?
—Sí.
—Estás saliendo muy tarde últimamente.
—Siempre ha sido así —dijo. Y al no recibir respuesta por parte de Todomatsu, siguió diciendo—: Pronto sabrás por qué estoy esforzándome tanto.
—No me digas que te estás endeudando con algo.
Atsushi soltó una carcajada. Siguió riendo por un rato mientras el menor permaneció en silencio.
—¡Claro que no! Sería terrible hacer eso. —Negó con la cabeza muchas veces—. Te lo diré después, es hora de dormir.
Después del "buenas noches" de ambos, se quedaron completamente dormidos y el día terminó.
Pasados tres días, Todomatsu pudo confirmar con firmeza a sus hermanos que en efecto Jyushimatsu tenía razón y que Atsushi era el mismo "Atsushi" del que hablaban todos la tarde de hace días atrás. Aquella persona que Choromatsu recordaba era realmente él.
Cuando Todomatsu le mencionó a su tercer hermano sobre las cartas, éste se sonrojó gravemente. No esperaba que realmente Atsushi las hubiera guardado, y su corazón seguía tan apenado y emocionado tras escuchar a Todomatsu decir frases como: "Significan mucho para él". "Lo atesora con mucho cariño" y demás.
Los demás no tardaron en reírse y medio burlarse de él, sin embargo Choromatsu mantuvo su sonrisa y sus rosadas mejillas se mantuvieron. El mundo era realmente pequeño.
Después de lidiar con los "¿escribiste cartas a Atsushi-san?" de sus hermanos, siguió como siempre y comía sin preocupaciones.
Comían en un restaurante de sushi tranquilamente.
—¡Si Jyushimatsu no dice nada entonces nadie se entera de nada! —exclamó Osomatsu.
—Al menos recordaba algo, brother.
—Me sorprende que tú, Karamatsu, no recuerdes nada. En aquella época te quedabas hasta tarde en el instituto, eras tranquilo y algo... lindo —Choromatsu dijo la última palabra con una media sonrisa.
—No lo emociones —dijo Ichimatsu.
—¡Ah! Pásame ese plato, Choromatsu —pidió Osomatsu. Llevaba ya un rato esperando a que la barra del sushi se desplazara para poder tomar un plato que le gustara. Llevaba ya varios platitos acumulados a un lado suyo.
—¡Al menos se cerró el caso! —Todomatsu dio un aplauso—. ¿Saben? Últimamente Atsushi-kun llega muy pronto a casa y otras veces muy tarde. Tal vez se trama algo.
—Con su trabajo es muy normal que eso pase, ¿no? —dijo Jyushimatsu.
—Eso creo —comentó Ichimatsu—. Mmm... Quizá ya deberías volver. Es muy tarde también para nosotros.
Y dicho aquello, cada quien se fue por su rumbo.
Todomatsu pagó la cuenta. Apenas revisó su billetera después de entregar el dinero y dio un largo y pesado suspiro. Podía hasta jurar que Osomatsu se había aprovechado de él una vez más.
Camino a casa decidió dar antes un paseo por el centro comercial. Quizá Atsushi no llegaría de inmediato a casa y aprovecharía para comprar ingredientes para la cena de aquella noche.
Caminaba tranquilamente; el cielo estaba ya de un tenue color rosa. Sin embargo el sol seguía bañando con su luz la ciudad.
Caminó y se compró algunas cosas, y algunas otras sólo las veía. Había aprendido poco a poco a vivir consigo mismo en los últimos meses. Disfrutaba su caminata por las tardes y sonreía para él mismo mientras pensaba qué cocinaría más tarde.
Mientras seguía en su rumbo se topó con algo que llamó su atención: una tienda de mascotas.
Pensó unos instantes y después de esbozar apenas una sonrisa, entró.
El camino a casa fue mucho más complicado que el de ida al restaurante. Estaba cargando con bolsas de tela y de papel; estaban llenas de hortalizas, huevos y pan. Además en una de sus manos llevaba un regalo para Atsushi, y en su mochila algo aún más pesado. Sentía que apenas podía mantener su espalda erguida.
Al llegar a la vivienda se quitó los zapatos y dejó todo en la mesa rápidamente ya que no soportaba mucho el peso, provocando que algunas de las verduras se cayeran al suelo de la cocina.
Guardó los huevos y acomodó el pan en su sitio con dedicación.
Luego dedicó algo de su tiempo para arreglar algo que había comprado para el mayor y volvió a la cocina muy contento. Comenzó a preparar la comida.
6:00 pm.
En aquel momento, pudo oír cómo la puerta principal se abría.
—¡Estoy en casa! —exclamó Atsushi—. Ah, qué cansancio... Este horario no me agrada mucho.
—¡Bienvenido, Atsushi-kun! ¿Qué tal tu día? —dijo desde la cocina.
—Fue un buen día —contestó mientras se quitaba los zapatos y entraba. Se asomó por la puerta de la cocina y vio a Todomatsu.
—¿Por qué no te das un baño? Aún no está listo —sugirió—. Qué bueno verte tan temprano. —Sonrió.
Atsushi se dirigió al baño para seguir la sugerencia del menor después de dirigirle una sonrisa en forma de contestación, sin embargo al pasar por la sala abrió bastante sus ojos.
—Todomatsu, ¿qué es eso?
—¿Te gusta? Los compré para ti —dijo desde la cocina. Se lavó las manos y fue a la sala donde estaba Atsushi—. Sé que son de buena suerte, y bueno... No sé qué clase de planes tengas en el futuro o qué estás haciendo justo ahora, pero, deseo que te vaya muy bien. —Tomó una de las frías manos de Atsushi y depositó un beso en ella.
Atsushi estaba anonadado. Inspeccionó su rostro y después sonrió.
—Te deseo lo mismo, Todomatsu.
Y entonces, observaron el regalo.
Era una pequeña pecera con tres peces dorados, adornada con piedritas azules y púrpuras.
—¿Qué tal? No tienes idea de lo que pesa esta pecera aunque es pequeña.
—Es lindísima —Atsushi sonrió mientras la observaba—. ¿Así que los peces dorados son de buena suerte?
—Escuché eso en una plática de Sacchi y Aida, y entonces...
Atsushi se rio.
—Entiendo. Los cuidaré mucho... Espero no hacerles daño.
—Espero lo mismo, nunca he tenido ni un solo pez. ¿Pero qué tan difícil puede ser? —Sonrió.
—¿Ni uno?, ¿ni siquiera tuviste uno después de ir a un festival?
—Ni uno solo. Papá y mamá no podían llevarnos a todos a esa clase de eventos o haríamos un desastre. ¿Qué hay de ti?
—Papá me regaló un pez cuando yo tenía unos ocho años, más o menos. Pero lo descuidé mucho. —Sonrió. Era una mueca torcida que solía aparecer cada que hablaba de su pasado—. Es una pena.
—¡No te preocupes! —Palmeó su hombro—. ¡Estos peces estarán muy bien! Son para tu buena suerte.
—Para nuestra buena suerte.
—Oh, ¡sí por favor! Necesito buena suerte, me estoy quedando sin dinero. —Hizo un mohín.
Ambos rieron mucho.
Atsushi tomó una ducha y Todomatsu terminó de preparar la cena.
Se tomaron su tiempo para comer. Todomatsu preparó té y también hizo varios platitos con distintas cosas difetentes. Había conseguido bastante tiempo para hacer la cena, ya que había aprendido en los últimos días a administrar mejor su tiempo. Estaba llevando a cabo por fin su propia felicidad, y Atsushi era parte de ella.
Tenía pensado que debía construir algo o llegar a una situación para poder ser feliz, y no se estaba dando cuenta de que la felicidad estaba escondida en las pequeñas cosas de su día a día. El placer de cocinar algo con dedicación y poder saborearlo después, el olor de las verduras y la tierra mojada, la calidez que lo acogía dentro de su hogar, el aire en sus pulmones, el poder escuchar buena música, sentir el agua caliente en la ducha, disfrutar el camino hacia su trabajo, mirar por la ventana y poder leer buenos libros...
La felicidad estaba ahí, pero él la había estado buscando en otras partes.
Suspiró.
Le gustaba mirar discretamente cómo Atsushi comía; le parecía tierno de contemplar. Y le agradaba la idea de que estuviera deseoso por llegar a cenar a casa, a diferencia de semanas y meses atrás que era todo lo contrario.
Una vez que acabaron, se acostaron juntos en el sofá mientras miraban una película. Aquella noche no era tan fría como las anteriores.
—Todomatsu, ¿qué pasa si de repente no pudiéramos seguir aquí? ¿Seguirías conmigo?
—¿Eh? Tonto. ¡Claro que sí! Sólo tengo una respuesta para ti y es sí. ¿Qué pasa?
—Sólo me preguntaba si te gustaba este lugar... Es algo oscuro y apartado del mundo, ya sabes. No se oye ni un solo ruido, ni siquiera el canto de los pájaros.
—Me gusta este lugar, y si te vas a otro sitio también me gustará. Puedo adaptarme rápido siempre y cuando estemos apoyándonos el uno al otro.
—Entiendo —dijo mientras se recargaba en Todomatsu.
El menor apenas lo observó un instante.
—Me parece perfecto que hayas hallado por fin un buen horario. ¡Mira tu rostro! Luces menos cansado. Además, me parece que últimamente estás de muy buen humor... —Rio.
—Me alegra estar así, naturalmente. —Sonrió. Entonces se volvió hacia Todomatsu y depositó un beso en su mejilla, en su frente y otro en su cuello. Poco a poco acariciaba el cabello de éste con ternura, mientras la otra mano la mantenía en la mejilla contraria, y pegó su frente a la de Todomatsu. Pero Todomatsu no dijo nada, por lo que siguió con el tacto. Acariciaba sus manos, sus hombros y poco a poco fue metiendo sus manos por debajo de la ropa hasta tocar su espalda y su abdomen con dedicación.
Entonces Todomatsu recordó aquella vez en la que, cuando recién se conocían, estaban en el auto de Atsushi dejándose llevar también de aquella manera. Mediante besos, roces y caricias. Y aunque en aquella ocasión estaba algo borracho, lo recordaba muy bien, pues nadie nunca lo había tocado de esa forma antes.
Todomatsu apenas suspiró. Atsushi desabotonó la camisa del contrario con cuidado, con lentitud, y llenó de besos su pecho. Besó su abdomen y después volvió al rostro de Todomatsu para besar sus mejillas con mucho cariño.
Atsushi rio para sus adentros al percatarse de cómo el rostro de Todomatsu se había pintado furiosamente de un color carmín y cómo su respiración se había agitado poco a poco. Éste recibía gustoso los besos del mayor.
Todomatsu apenas atinaba a acariciar el rostro de Atsushi. El tacto lo estaba enloqueciendo.
—Atsushi-kun...
—Dime —susurró en su oído mientras seguía dando besos en su cuello. No hubo respuesta por parte del más joven, por lo que Atsushi atinó a sonreír abiertamente—. ¿Qué?, ¿tienes vergüenza?
Todomatsu suspiró.
—No es eso... Es que... —La verdad era que no tenía ni idea de qué decir, pero ir más allá con Atsushi le causaba un poco de miedo, aunque no lo quisiera.
Atsushi se rio cerca de su oído, lo que le causó escalofríos.
—Te entiendo, la verdad es que yo tampoco estoy seguro de hacerlo ahora. —Atsushi sonrió con ternura—. Si tú no quieres todavía —agregó—. Pero eso no es excusa para que no te metas a la bañera conmigo.
Todomatsu abrió enormemente sus ojos y cubrió su rostro con pena sin poder decir nada. Tan sólo sonrió como un niño travieso.
Atsushi rió ante su reacción y abotonó su camisa de nuevo con una sonrisa pintada en el rostro. Ya llegaría el momento.
—Oye, Atsushi-kun... —dijo, y con esa mención se ganó la atención del mayor—. Se oye raro porque uno nunca lo dice en voz alta —decía—, pero no es que yo no quiera hacerlo —comentó con un tono de voz bajo. Estaba sonrojado pero seguro de lo que decía—. Sino que, ya sabes, es algo nuevo para mí y...
Atsushi abrió bastante sus ojos y sonrió.
—En su momento sabré cómo cuidarte —respondió.
—¡Ay, Atsushi-kun! Siempre dices cosas de ese tipo. Te oyes tan... —pensó buscando la palabra y agregó—: tierno.
—A mí me parece que el tierno es otro. —Se rio. Se acercó a Todomatsu y pegó su mejilla a la de él.
—¿Qué haces? —Le causó gracia.
—Me gusta sentirte así. Tu rostro es tan cálido... —Acarició su mejilla tiernamente.
Todomatsu disfrutó del tacto.
—Y dime —dijo Todomatsu al cabo de un rato mientras seguía acostado viendo hacia arriba—, ¿cómo fue?
—¿Cómo fue?, ¿el qué?
—¿Cómo que "qué"? ¡Sabes lo que digo! —Sonrió.
—Eh… —Atsushi pensó un rato y dio en el clavo, pero lo negó juguetonamente—. No, no sé de qué hablas. —Se rio.
—¡Cuéntamelo! —Se enderezó y se cruzó de piernas—. ¿Cómo fue tu primera vez?
—¡Agh! No puedo creer que en verdad lo hayas preguntado… —Soltó una risa—. Tú y yo estamos saliendo. ¿No te parece raro hablar de eso?
—¿Uh? No. Digo, ya está en el pasado y ahora nosotros estamos juntos, ¿no es así? Me da curiosidad.
—La curiosidad mató al gato.
—¡No soy un gato! —Se rio—. Creo que esto se lo dije ya una vez a Ichimatsu-niisan —pensó en voz alta—. Y... ¿entonces?
Atsushi frunció el entrecejo y sonrió. Todomatsu advirtió que las mejillas de éste se inflaron, haciendo que pareciera un niño regañado haciendo pucheros.
—¿Preguntas porque te da curiosidad o para ganar experiencia mientras te lo imaginas todo?
—Ambas, ¿por qué no? Y también para saber más de ti. ¿De qué manera lo recuerdas todo?, ¿fue lindo?
Atsushi se encogió de hombros con una sonrisa dibujada en su rostro.
—¿Fue lindo? —se preguntó a sí mismo—. Sí, supongo que sí. Fue algo agridulce.
—Me pregunto cómo se vive esa situación agridulce —dijo mientras se abrazaba a un cojín al reincorporarse y acomodarse bien en el sofá.
—¿Recuerdas que te dije una vez que... papá quería que yo tuviese una novia?
—Oh, creo que dijiste que apresuró las cosas.
—Sí, eso hizo. La verdad es que no fue muy difícil porque había algunas chicas que querían salir conmigo.
—Uy, ¿cómo lo sabes? —Hizo una cara parecida a la de Osomatsu, como una sonrisa burlona.
—Sólo lo sabía. —Se rio—. ¿Qué clase de cosas son las que te hacen saberlo? Quizá porque estuviera donde estuviera, ella siempre me seguía. Era como una especie de procuración.
—¡Ya entiendo! ¿Pero acaso no era eso con todas?
—No puedo estar confiado en que era así. Como sea, esta chica era diferente para mí. No sé si debería decir esto pero, a decir verdad yo la encontraba muy atractiva. Y de cualquier modo, no perdía nada con pedirle que saliéramos. —Hizo una pausa. Se quedó viendo a Todomatsu un rato, éste estaba muy atento. Miró a los lados. Se relamió los labios sin decir nada y sonrió al ver una vez más la cara del otro—. Insisto, hablar de esto es algo extraño. Porque estamos saliendo. —Volvió a reírse—. Pero sigo: ella era una buena compañera, no creo que pudiera llamarle de otro modo. En fin, después de salir por un tiempo creo que me dejé llevar y... lo hicimos. Tendría diecisiete años entonces.
—Antes de la graduación —Todomatsu abrió bastante los ojos—. ¿Y?
—No lo sé. Tú sabes... por lo que te he dicho. No estaba muy conforme con mi vida así que supuse que no pasaba nada si simplemente me acostaba con ella sólo una noche. Estaba como ido y tenía miedo. No sabía qué sucedería después. Tenía miedo de lastimarla y de volver a casa sin saber qué hacer de nuevo, ¿sabes? Creo que muy en el fondo sabía que ese sentimiento no era lo que yo sentía por ella, por eso estaba nervioso. —Se pasó una mano por la mejilla con nerviosismo—. Todo empeoró cuando ella se alejó de mí después de eso, nada malo pasó pero... no volvimos a estar juntos. Creo que ella no estaba del todo interesada en mí y yo no podía convencerme a mí mismo de que yo sentía algo por ella.
—Ahora que lo explicas así, parece confuso —dijo Todomatsu.
—Todo comenzó porque papá quería que me distrajera con algo y pensó que tener novia a mi edad era de lo más normal y eso sugirió —dijo Atsushi, por no decir al final "exigió"—. Pero todo se salió de control y al final hacía las cosas que yo quería. Mi vida, como cada quién con la suya, estaba en mis manos. Creí que estaba bien si yo había usado a aquella chica sólo para convivir unos meses y ella a mí. Quiero decir, ella no se quejó ni yo tampoco pero no podía sentir que hacer aquello estuviera del todo bien. Compartimos cama en varias ocasiones más luego de la primera vez y, bueno, me acosté con varias chicas más —admitió, sin embargo, no fue sorpresa para Todomatsu pues ya lo suponía—. Pero, no era como si me hubiese comprometido a estar siempre con ellas. Antes de pasar una noche juntos, por supuesto ellas sabían que no era una relación, pero siempre accedían a hacerlo. ¿No te parece extraño? Cada quién buscaba algo a cambio, pero a pesar de todo yo no lograba sentirme mejor conmigo. ¿Cuánto duro eso? —se preguntó a sí mismo—. Creo que unos tres o cuatro años. Yo sencillamente no podía estar con alguien demasiado tiempo porque tenía miedo de dar una decepción.
—¿Y entonces por qué conmigo fue diferente? ¿No estabas asustado también?
—No, no lo estaba. Había prometido hacerle caso a mis sentimientos tiempo atrás, y eso hice.
Todomatsu suspiró. No supo qué decir después de esa respuesta y sólo se abrazó más al cojín en completo silencio esperando a que Atsushi dijese otra cosa, sin embargo no parecía querer decir nada más.
—Y bueno —continuó Atsushi sin más opciones—, preguntaste que cómo había sido. Te diré: no puedo recordar con exactitud porque no sabía lo que hacía, es una pena. Y ni siquiera recuerdo bien sus nombres. Pero, fue cálido, sin dudas. Sólo sé que así fue, pero mi corazón no podía calmarse y no lo entiendo. Yo tenía mucho miedo pero no sabía exactamente de qué. ¿Quizá de que todo siguiera igual después de eso? Da igual, fue la primera vez que me sentí amado, aunque tan sólo fuese un sentimiento pasajero para ambos. Supe poco después que encontró a alguien que pudo amarla adecuadamente. Supongo que al sentirme feliz por ella la dejé ir para siempre.
Después de un rato Todomatsu le preguntó a Atsushi con cuántas chicas había estado y éste le respondió que no lo recordaba.
—Oh —susurró Todomatsu—. Así que esto es eso agridulce.
—Sí, lo es. —Sonrió—. No podía dejar de temblar, era la primera vez para los dos —admitió riendo. No dio más detalles.
—Entonces...
—¡Entonces nada! —Atsushi abrazó a Todomatsu, se dejó caer hacia él y el menor una vez más quedó boca arriba, siendo aplastado por Atsushi—. Quédate un rato así —bromeó.
—Agh... Me estoy ahogando —se quejó Todomatsu con una sonrisa torcida—. ¡Levántate!
—Un ratito más.
Y entonces Todomatsu dejó de luchar por oxígeno. Simplemente aflojó su cuerpo y no hizo nada más, hasta que Atsushi se enderezó y se alejó un poco de él.
—Ni siquiera estás viendo la película —dijo Atsushi.
—¡Tú tampoco! —Se rio—. Atsushi-kun, por cierto, ¿has hablado con Futsuumaru?
—No recientemente. —Caviló sobre ello—. La última vez que tuvimos contacto fue mediante un mensaje de texto. ¿Qué sucede con él?
—Me pregunto si estará muy ocupado. Pensaba que quizá podríamos salir los tres juntos un día de estos.
—Uh, buena idea. Me gustaría andar a pie.
—Eso suena bien, ¿tienes un día libre?
—Costará conseguir uno, pero puedo hacerlo. —Sonrió—. Me da curiosidad andar de paseo por Shibuya durante el día.
—Las calles están repletas por el gentío. Paso a pie casi diario —dijo casi a modo de queja, lo que le hizo gracia al otro—. Mejor me paso por la línea Yamanote. ¡Eres afortunado de tener un auto!
Atsushi rio.
Al final terminó la película y verdaderamente ninguno de los dos le prestó atención pues se entretuvieron hablando y jugueteando.
Al día siguiente más o menos a la misma hora Todomatsu llamó a Futsuumaru para invitarlo a salir y éste accedió. Su amigo estaba algo ocupado debido a la universidad, sin embargo nunca era problema para él organizarse y salir con sus queridos amigos de vez en cuando. No había pasado mucho tiempo desde la última conversación que tuvieron, y de hecho, Futsuumaru había seguido en contacto con el resto de los sextillizos después de algunas reuniones en las que se vio obligado a convivir con ellos. Habían simpatizado muy bien, lo cual dio gusto a Todomatsu.
Si llamaba de repente a Futsuumaru nunca había problema, siempre andaba de buen humor. «¡A saber cómo le hace!», pensaba Todomatsu con tan sólo oír hablar a su amigo tan energéticamente. Además, era realmente bueno conversando y jamás era un mal tercio. Era un perfecto acompañante para toda clase de situaciones.
De vez en cuando Todomatsu se abatía al recordar el suceso de hace casi tres años atrás, en donde Futsuumaru había sido su más fuerte apoyo; para su buena suerte, su amigo jamás tocó el tema de nuevo y se limitaba a regalar sonrisas a todo el mundo. El pena se disipaba y podía levantar la cara plenamente una vez más hacia él, sin olvidar lo sucedido pero viviendo como si nada hubiera pasado.
Se fijó un día, un lugar y una hora acorde a la conveniencia de Atsushi. Tuvieron que pasar casi cuatro días para que éste pudiera hacer ajustes a su horario semanal y poder ponerse de acuerdo. Era una mala semana para ello.
5:00 pm.
—Atsushi-kun... ¿Te parece si vamos a algún bar o algo así?
—De acuerdo. Después hay que ir al billar, y después —hizo una pausa y lo pensó—, a algún lugar que le guste a Futsuumaru-kun.
—¿No crees que lo estoy molestando?
—¡Claro que no, Todomatsu! Estará encantado de verte otra vez. Está ocupado con sus estudios, pero ¿cuándo no es así?
—Tienes razón —asintió varias veces mientras acariciaba su mentón ansiosamente.
Aquel día Atsushi había salido de su trabajo antes de lo normal, todo estaba terriblemente desajustado.
—Compré esto antes de venir, ¿quieres? —dijo mientras abría una bolsa de bombones de chocolate.
—¡Atsushi-kun! ¡Qué vicioso eres para esto! —se burló de él mientras aceptaba un bombón—. Se va tu seriedad. —Rio.
—Yo creí que quizá te parecería lindo —hizo una mueca aparentando una lindura exagerada.
—¡Ay, siempre lo mismo! —Rio mientras meneaba la cabeza a los lados, le hizo mucha gracia. Se acercó a él y le alborotó el cabello a modo de juego.
—¿Notas que tienen licor? Están buenísimos —dijo sin importarle su cabello revuelto.
—Lo están, pero —decía degustando— ya no más. Se me picarán las muelas.
—¡Es que no tienes que morderlo!
—Oh.
Ambos rieron. Se quedaron viendo los peces un rato mientras charlaban y después se pusieron a leer un libro juntos.
Fue cuando iban en el segundo capítulo del libro cuando de repente se escuchó el timbre de la casa. Alguien lo había tocado recién.
—¿Uh? ¿Eso fue aquí?
—Tuvo que serlo, la televisión no está encendida —respondió Atsushi—. Qué raro... Iré a ver. No recuerdo haberle dicho a Futsuumaru-kun que viniese.
—Seguro lo hizo, ya sabes cómo es. —Se rio—. Te acompaño —dijo mientras se ponía un abrigo y las pantuflas.
Atsushi bajó estando flojo pero decidido. Si era Futsuumaru, algún compañero de oficina, o Sacchi y Aida, daba igual. Abriría de todas maneras... No se le pasó por la cabeza arreglarse un poco el cuello de la camisa o ponerse las pantuflas antes de ir a la entrada.
Cuando intentó abrir la puerta ésta se trabó, el picaporte simplemente no daba la media vuelta; ya había cerrado con anterioridad. Tomó la llave y la encajó para darle la vuelta y finalmente abrir, pero no lo lograba.
Lo intentó varias veces pero no lo lograba todavía.
—Ey, tienes un pequeño problema, ¿eh? —Se acercó Todomatsu por detrás—. Deja que te ayude —dijo mientras tomaba la llave de las manos del otro para ahora él insertarla en la cerradura. Tan rápido como giró la mano, ésta se abrió—. ¿Lo ves? Fácil —Sonrió.
Atsushi resopló.
—Será mejor que no hagas esperar a quien sea que esté allí afuera —comentó con media sonrisa y sus ojos serenos—. ¡Un momento, por favor!
Todomatsu obedeció y abrió la puerta enseguida, esperando ver a Futsuumaru. Sin embargo no se trataba de él. Cuando Atsushi vio finalmente más allá del marco de la puerta abrió bastante sus ojos y exhaló instintivamente.
Sonrió, pero se quedó totalmente estático por unos segundos y apenas con un hilo de voz dijo:
—¿Mamá?
Notes:
Mi idea es que la chica con la que Atsushi tuvo su primera vez fue con la mujer que conocemos como la madre de Eitarou.
Chapter 33: Día tras día
Chapter Text
—Hola, cariño —habló la mujer.
Todomatsu se quedó estático y sonrió casi por costumbre. Después enfocó la vista y se dio cuenta de que atrás de su madre se encontraba su hermano Choromatsu.
—Hola, mamá. Y Choromatsu-niisan... —Hizo una reverencia ultra leve—. ¿Qué están haciendo aquí? A esta hora... —Trató de ser lo más educado posible, aunque su pregunta de por sí no era muy adecuada.
—Mamá quería verte —soltó Choromatsu sin sentimiento alguno.
—Hola otra vez —la mujer se dirigió a Atsushi y soltó una risita al verlo.
Atsushi de inmediato notó el porqué de aquella sonrisa en el rostro de la mujer. Su cabello estaba todavía desastrosamente alborotado.
Casi automáticamente se peinó a como pudo pasándose la mano por la cabeza; su expresión somnolienta desapareció por unos instantes.
—Hola, señora Matsuno —respondió—. ¿Cómo le va?
Todomatsu exhaló y la mujer sonrió.
—Bueno, en vista de que ha pasado un tiempo creí que sería buena idea dar una visita. Perdón por no avisar... Vine en cuanto tu padre se ausentó —dijo Matsuyo a Todomatsu.
—Oh, de acuerdo, no hay ningún problema, ¿no, Atsushi-kun? —Todomatsu exclamó con una expresión de sorpresa la cual no podía disimular. Abrió más la puerta para que pudieran pasar.
Atsushi sonrió y asintió a la vez que saludaba a ambos con una reverencia, no obstante, detuvo a Choromatsu para darle un amistoso y firme apretón de manos. Éste último sonrió también.
Una vez que entraron en la casa Todomatsu pensó que un buen lugar para una visita era la sala principal, donde estaba la televisión y la pequeña mesita de vidrio frente a ésta, cerca de la cocina. Hizo y sirvió té; tres tazas, Atsushi no quiso beber nada.
Ante la repentina visita tuvo una mezcla de sentimientos. Estaba emocionado, contento, pero al mismo tiempo sintió cierta incomodidad ante algo no previsto y no sabía cómo lidiar con ello, todo lo contrario a Atsushi. Éste por su parte se hallaba completamente tranquilo y aunque a veces un rostro sonriente suele ocultar los verdaderos sentimientos, este no era el caso, pues Todomatsu no pudo percibir semejante aura proveniente de él. Se preguntaba cómo Atsushi era tan flexible en todo momento con cualquier persona y en cualquier circunstancia... Sin duda se le atribuía a ello algo que a Todomatsu le gustaba.
—Señora Matsuno, ¿qué tal estuvo el camino? Para no conocer la zona tuvo que ser algo tedioso —preguntó Atsushi.
—Oh, no fue nada. Mi hijo cuidó de mí y se encargó de todo —respondió a la vez que ponía una de sus manos en la rodilla de Choromatsu—. Me sorprende que la estación de metro esté algo alejada de aquí.
—Lo entiendo, está algo alejado de la ciudad. —Asintió—. Y Choromatsu-kun, ¿cómo están tus hermanos? Hace tiempo que no los veo.
—Están igual que siempre —respondió el mencionado sin mucho ánimo—. Quiero decir, no hay novedades...
—Mientras todo se mantenga igual y nada empeore debe de estar bien, ¿no? —Esbozó media sonrisa y Choromatsu se la devolvió—. Ahora que lo pienso, ¿te gustaría ver algo en especial? —preguntó mientras encendía la televisión.
Choromatsu respondió que no, pero aun así Atsushi le tendió el control remoto por si cambiaba de opinión. Todomatsu rellenó la taza de su madre con más té.
—De nuevo, una disculpa por el atrevimiento —habló Matsuyo, dirigiéndose a Atsushi—. Tenía la necesidad de verte, no podía olvidarme de la última vez. Es decir, no tengo en especial algo qué decir, pero quería que supieras que todo está bien entre nosotros. —Se tocaba sus propias manos con torpeza y nerviosismo.
—Lo sé, no se preocupe por eso. Eso lo sé —se apresuró a decir Atsushi—. Creo que usted sufrió más en ese momento que yo… ¿no es así?
—¿Eso cómo se puede saber? —dijo con cierto tono dulce—. Cariño, eso quedó atrás, pero aun así quería que supieras que por mi parte todo está bien, ¿sí? En caso de que eso pueda aliviar un poco tu corazón, quería venir y decírtelo yo misma a que tú te hayas hecho tu conclusión.
—Entiendo —Atsushi asintió con una sonrisa en los labios; sus facciones se relajaron aún más—. Muchas gracias.
Todomatsu sonrió ante la dulzura con la que su madre se dirigía a Atsushi. Choromatsu suspiró y al poco tiempo cambió el canal de la televisión; eligió un reality show cualquiera.
Todomatsu se arrellenó en el sillón.
No sabían qué más decir con exactitud, a veces pretendían distraerse con la televisión o con cualquier otra cosa sin importancia. De repente sin pensarlo mucho a Atsushi se le ocurrió algo que podía decir y entonces se dibujó una sonrisa en su rostro.
—¿Sabes, Choromatsu-kun? Debo agradecerte por algo —dijo para llamar su atención y lo logró.
—¿Agradecerme?
—Sí, creo que Totty ya te lo dijo, pero bueno, igual necesito decírtelo yo. Gracias por... las cartas que escribiste para mí en aquel entonces. Tocar el piano no era tan tedioso gracias a eso.
—¡¿Mis...?! Oh, sí, sí. No fue nada. Yo sólo... —Inmediatamente su rostro se tornó color rojo. Rascó su nuca con nerviosismo, tenía vergüenza de tener que ver a Atsushi por primera vez en esa situación. «¡En aquel entonces era tan cursi!», pensaba para sí mismo—. De nada... —Desvió su mirada. Sus manos habían empezado a temblar un poco.
Atsushi sonrió, pero esta vez había sido una verdadera sonrisa. Una sonrisa en la que había mostrado su dentadura. Sus rasgos japoneses no eran muy marcados en sí, pero al sonreír de aquella manera sus ojos se vieron mucho más rasgados de lo usual.
—Lo agradezco —volvió a decir Atsushi.
Matsuyo los miraba con expresión relajada aunque no entendía del todo de lo que estaban hablando, pero se daba una idea por algo que escuchó del resto de sus hijos mientras merendaban. Todomatsu rio ante la reacción de su hermano mayor.
—No fue nada. Yo este... Bueno, jamás pensé que podría verte —habló Choromatsu al cabo de unos segundos en silencio.
Atsushi asintió y volvió a decir una y otra vez cuánto lo agradecía y cuánto significaba aquello para él. En realidad, a Todomatsu ya no le sorprendía que Atsushi estuviese tan obsesionado con el tema y que cada que pudiera volvía al asunto y hablaba de ello. Antes de haber hablado de las cartas nunca las mencionó pero en efecto había marcado una parte importante de su vida.
El resto de la velada siguieron hablando todos juntos. Al final ya nadie le ponía atención a la televisión. Todomatsu arrimó otra tetera llena y de una vez trajo galletas, las cuáles Atsushi amaba; ocho tipo de galletas, en realidad. Desde que el menor había llegado a vivir a aquella casa Atsushi se había vuelto inesperadamente adicto a las cosas dulces.
Matsuyo volvió a recordarle a Atsushi que era totalmente bienvenido a su casa por parte de ella aunque desafortunadamente su marido no pensara lo mismo y actuara de una manera estrepitosa ante la pura mención del muchacho. De cualquier manera, al igual que su hijo y compañía, había aprendido a pensar y tomar decisiones por su cuenta aunque resultara a veces doloroso el actuar solitariamente. Ahora, había recién resentido con más fuerza todo aquello que había permanecido escondido en los corazones de sus seis hijos; miedo, confusión y los dolorosos secretos que se perdían en el silencio forzado de éstos.
A su vez Atsushi le había concedido el derecho a la mujer de presentarse en su vivienda cada que lo desee. Y además siguió jugando con las reacciones de Choromatsu que jamás paraban de divertirle, nunca se sabía qué diría o cómo actuaría ante algún comentario o situación.
Las tardes se volvían diferentes conforme pasaba el tiempo. En días y meses anteriores la rutina era siempre la misma, esperando a que Atsushi volviese del trabajo a una hora indefinida y éste por su parte sólo pensando en Todomatsu y cómo debería de compensar el hacerlo desperdiciar sus días de aquella manera. Bueno, todo aquello había cambiado.
Ahora Atsushi conocía a la familia de Todomatsu y de vez en cuando recibía saludos de Matsuyo. Ella iba a veces a la cafetería con su hijo pequeño, donde de nuevo se encontraba al joven oficinista y podían charlar un rato. Incluso ambos muchachos ayudaban a la mujer a realizar sus compras cada que podían.
Otras veces, los sextillizos se reunían con Futsuumaru después de sus clases y comían comida deliciosa juntos. Todomatsu pasaba las tardes con Sacchi y Aida las tardes en que Atsushi se quedaba hasta una hora insana en su trabajo, e incluso en otros días más favorecedores éste último llevaba en su auto a las dos chicas y al menor por la plaza comercial y alrededor de todo Tokio para pasear un rato, justo como si fuese una cita grupal. Pasear por la ciudad era entretenido, tanto que se volvió una costumbre recurrente.
Aquello por supuesto no significaba que fuese muy seguido, pues Atsushi estaba usualmente muy ocupado, pero por alguna razón lograba zafarse a veces de sus deberes. Aquel cansancio era reflejado en su rostro, no obstante, sabía disimular bien; había aprendido a vivir con ello simplemente.
Después de aquella primera visita de Matsuyo a casa de Atsushi, hubo muchas nuevas oportunidades de volver a convivir. El tiempo pasaba monstruosamente rápido y de aquello ya habían pasado casi tres semanas. Entre aquello se llevó a cabo la salida que Todomatsu había acordado con Futsuumaru y Atsushi. Aquel día Shibuya había estado de lo más deslumbrante, siempre en constante movimiento. Fue un día divertido.
Pasaba el tiempo, y nadie se daba cuenta de exactamente en qué se iba cada respiro.
De pronto Todomatsu cayó en cuenta de que ya casi se cumplían seis meses desde que Atsushi le había dicho sobre aquellos cambios en su trabajo que estaba llevando acabo y que le comentaría después, los cuáles eran la supuesta razón de su esfuerzo. Y conforme pasaban los días, el menor se seguía preguntando una y otra vez qué sería y por qué Atsushi ya no hablaba más de ello.
Es decir, aunque se encontraba feliz y disfrutando de una nueva vida plena en su querida juventud junto a la persona que amaba, había algo chiquito, realmente muy chiquito, que no dejaba de molestarlo una y otra vez.
Atsushi estaba aprendiendo a controlar su vida, sin embargo volvía a caer en lo mismo. Horarios que se asemejaban a una prisión y lo alejaban de las personas que apreciaba, y le hacían evadir momentos que quizá estaban destinados a convertirse en sus preciadas memorias. Todomatsu se daba cuenta de todo aquello.
¿Desde cuánto tiempo había sido así?
Era increíble pero en un cerrar de ojos, Todomatsu y por supuesto sus hermanos, estaban a punto de cumplir veinticuatro años. Faltaba tan poco para el veinticuatro de mayo...
No había sido nada fácil. ¡En un sólo día pueden pasar cientos de cosas! Era demasiado para todos tener que pensar en las cosas que habían hecho en aquellos tres años. Porque, tres años es mucho tiempo. Las mentes de todos estaban tan cambiadas, pero para bien afortunadamente.
Y justo cuando los sextillizos volvieron a celebrar su cumpleaños, con el pasar de los días se dieron cuenta de que pronto Atsushi cumpliría sus veintisiete primaveras.
Había pasado ya los años anteriores; Atsushi se encontraba siempre en la oficina para aquel día desde la mañana hasta la noche y quizá así varias semanas. Sus amigos intentaban siempre organizar alguna fiesta sorpresa o una salida especial, pero había resultado siempre imposible.
Quizá el hecho de que Kumi y Miwa le dieran algún obsequio pequeño lo hacía menos solitario, pero no era lo mismo y jamás lo sería.
Después de salir del edificio de oficinas Todomatsu solía dejarle algún recado con un regalo junto a éste, es decir, cuando lo veía después de uno o dos días. Pero para el año actual, Todomatsu, Futsuumaru y sus hermanos habían planeado algo especial y loco. ¡Realmente loco e inesperado!
Hasta que llegara el día, esperarían. Se emocionaban de hacerse la idea, pero bueno, faltaban todavía varias semanas para ello. Casi un mes y medio exactamente.
Todavía podían pasar muchas cosas, el año era demasiado joven.
Existe una extraña combinación de sentimientos que te hacen sentir abatido por causas desconocidas.
Sientes que quieres que el mundo te entienda, pero cuando te das cuenta de cuán insignificante eres para él, te invade el miedo, temiendo que el mundo pueda hacerte algo perjudicando tu vida. Y también, quieres entender al mundo, pero conforme vas viendo los verdaderos colores de éste, deseas de repente no entenderlo más; olvidar todo lo que sabes de él.
Esto era, lo que Todomatsu sentía constantemente muy al fondo de su corazón. El sentimiento se había disipado poco a poco en sí, pero algo de ello quedaba aún en él.
¿Cómo vives cuando sientes que ya sabes lo suficiente, y simplemente te da miedo saber más?
Después de haber pasado momentos difíciles solo y también con Atsushi, aprendió a vivir de una manera tranquila consigo mismo. Cumpliendo sus sueños poco a poco y sin exigirse demasiado. Siempre había algo nuevo por hacer, escondido por allí y esperando por él.
Es que... ¡Podían pasar miles de cosas en tres años!
Una tarde en la que Atsushi se encontraba ausente en casa, Todomatsu se hallaba preparando sushi y un pastel de plátano para cenar más tarde.
Hornear se había convertido en uno de sus hobbies favoritos en las últimas semanas; había probado con casi todo lo que no había hecho antes: tartas de fresa, pasteles de manzana, tartaletas de canela e incluso había empezado a decorar los hot cakes con moras azules cuando antes sólo lo hacía con miel y mantequilla.
Atsushi a veces se quejaba diciendo que había subido de peso por culpa de Todomatsu y éste último se reía. Fue a partir de aquella rutina de alimentación que resultó para ambos muy atrayente la idea de ir al gimnasio, por lo que comenzaron a ir juntos.
Todomatsu creía que realmente ninguno de los dos lo necesitaba, pues a sus propios ojos los dos se miraban igual que antes, pero Atsushi era demasiado exigente consigo mismo en cuanto a la manera en que se sentía y no dejaba de decir una y otra vez que había engordado mucho. Para Todomatsu aquello eran sólo mentiras.
Hubo varias ocasiones en las que se llevó parte de los postres a la cafetería para compartirlos con Sacchi y Aida. Y cuando de verdad eran demasiados, llamaba a alguno de sus hermanos para que fuera por ellos, e incluso aprovechaba para que se llevara todo aquello que eran pérdidas para la tienda y que simplemente ya no se vendía. Había demasiados pasteles y otros postres que se marcaban como caducados y que seguían viéndose y oliendo bien, pero que ya no podían ofrecer más al público.
Sólo en aquellas ocasiones se ofrecían Osomatsu y Jyushimatsu para ir a ver a Todomatsu primero que cualquier otro de sus hermanos. Es decir, eran postres. No se negaban a ello siempre que convenía y que sonaba como una buena noticia.
El resto del tiempo de esos días Todomatsu había salido a beber con las chicas a lugares nocturnos y divertidos, y muchas otras prefería ir a casa y leer algún libro de la estantería de Atsushi que creía ya haberlos acabado casi todos. Pero nunca era suficiente, cada que podía se pasaba por la librería y compraba nuevos ejemplares. Había juntado tantos que ahora le resultaba casi imposible poder terminarlos todos con su últimamente escaso tiempo libre, pero le emocionaba siempre pensar en qué nuevos mundos podría descubrir.
A veces, amanecía de lo más cursi y se le metía en gana dejar cartas escondidas para Atsushi en lugares donde éste pudiese encontrarlas; quizá se había inspirado por su tercer hermano.
Se aseguraría de dejarle una por semana, hasta que fuese su cumpleaños. Esta costumbre al principio resultó extraña para Atsushi pero después de la tercera carta le dio gracia y le hizo emocionarse incluso cuando le esperaba un día pesado y aburrido por delante.
La primera carta la encontró en su maletín de trabajo, pensando que quizá era algo que debía entregar. La segunda, fácil: en el asiento trasero del auto. La tercera la pudo encontrar de inmediato al abrir su pc y verla puesta ahí sobre el teclado.
Después dio lugar a la cuarta y a la quinta...
Una doblada y metida en la billetera, y la otra simple y sencillamente sobre la mesa del comedor en ausencia del remitente. Pronto llegó el momento de escribir una sexta, pero sería después del cumpleaños de Atsushi. Y para ello ya faltaba una semana... Era tiempo de poner manos a la obra.
Esta vez, todo debía ser perfecto. No quería que Atsushi volviera a tener un cumpleaños solitario incluso cuando había personas pensando en él. No como los años anteriores...
Después de hacer anotaciones de varias cosas pendientes, envió algunos mensajes e hizo dos llamadas. Una dirigida a sus hermanos y la otra hacia Futsuumaru, aunque, tenía la sensación de que quizá debería realizar una tercera.
Chapter 34: Mejor tarde que nunca
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Todomatsu estaba ya fastidiado de estar en la plaza dando vueltas por todas partes sin poder encontrar un regalo adecuado. Entrase a la tienda que entrase no le parecía encontrar algo merecedor de ser comprado por él.
Suspiró pesadamente y siguió caminando. Miraba a los alrededores sujetando su bolso con cansancio.
—Otro día será —balbuceó para sí mismo. Después se dio la vuelta dispuesto a tomar el metro para volver a casa.
Una vez que llegó a su destino se dejó caer en el sofá después de haberse quitado los zapatos. Tenía la cara recargada contra un cojín. No duró mucho así pues casi enseguida se levantó y se fue a la cocina a buscar algo para comer. Como ya había comido en un restaurante cercano no tenía ganas de algo muy pesado, por lo que optó por comer unas papitas. Tomó una bolsa y se la llevó, quería comer en la habitación. Después de comer todas las papas y ver un rato la televisión, se quedó dormido.
Cuando despertó ya era más de media noche y no había señales de que Atsushi ya hubiese llegado a la casa.
Se removió un poco y encendió la luz. Aún estaba por encima de las cobijas y con la ropa de salir puestas. Se quitó la corbata de color rosa y la camisa blanca; se dio una ducha rápida de unos seis minutos además. Después se dio el tiempo de ponerse una mascarilla con colágeno y se recostó en el sofá.
Pasaron unos cinco minutos y se dio una vuelta que hizo que acabara en el suelo. Recostarse en la esponjosa alfombra de la sala era a veces una buena opción para relajarse, el sofá parecía cada vez más incómodo.
Se quitó la mascarilla.
No se oía nada. Quizá el sonido de uno que otro auto pasando cerca de la acera, el canto lejano de algún pájaro rebelde que seguía despierto fuera de su hogar o el ladrido de un perro, pero nada más. El silencio era el dueño de aquella noche.
A Todomatsu no le gustaba realmente desvelarse de aquella manera pero no sabía qué hacer y no podía dormir. Apagó la lámpara de la sala y también la televisión, pero dejó el ventanal abierto para dejar entrar la luz de la luna, la cual no era muy resplandeciente pues estaba medio nublado. Después se cruzó por su mente el pensamiento de que Atsushi se paralizaría del terror al verlo ahí tirado sin hacer nada en medio de la espesa oscuridad, si es que siquiera podría distinguir su silueta. Ante eso decidió beber un poco de licor de ciruelas mientras prendía una velita para sentirse más cómodo. Había aprendido a crearse ambientes que le gustaran para relajar su mente.
Al cabo de unos minutos Atsushi entró a la casa. El sonido que producían sus zapatos al chocar contra el suelo se aproximaba. Resonaba.
—Todomatsu, ya lle... —decir "ya llegué" no le resultó tan fácil. La curiosidad lo asaltó y decidió formular otra pregunta—: ¿Qué haces?
Atsushi apenas ladeó un poco a la cabeza para poder ver mejor a Todomatsu. La velita lo inquietó un poco sin saber por qué. Se acercó hasta quedar a un lado del chico que yacía acostado en el suelo; sus zapatos estaban casi tocando su cabeza.
—Oh, hola, Atsushi-kun. Estaba esperándote. —Sonrió.
—¿Qué haces? —repitió.
—Estaba bebiendo. Bueno —tomó la botella y la removió un poco para comprobar que no estuviese del todo vacía—, estoy bebiendo aún. ¿Gustas?
—Será mejor para mí no hacerlo. —Esbozó una sonrisa—. Por dios, enciende la luz por lo menos. —Se encogió de hombros y miró alrededor como si el ambiente le diera repelús.
—Enciéndela si quieres.
—No, olvídalo. Voy a bañarme. Después... no lo sé, deberíamos ir a dormir.
—¡Pero si acabas de llegar! —Se abrazó a los pies de Atsushi de una manera muy infantil—. ¡Quédate despierto otro rato!
—¡Oh! No hagas eso. Te ensuciarás la cara. —Una vez que logró hacer que Todomatsu se deshiciera del agarre continuó hablando y se retiró lentamente. —Vengo en un momento. ¡Y deja de beber! —Se rio—. Te hará daño tan tarde. —Subió por las escaleras mientras se quitaba el saco y se aflojaba la corbata.
«Todo es culpa tuya. ¿Por qué no te quitaste los zapatos en primer lugar?, ¿quieres parecer occidental?», pensó Todomatsu con un puchero en el rostro, el cual estaba ocultando entre sus brazos. Usaba éstos últimos como sustitutos de almohada.
—Atsushi-kuuuun —habló elevando el tono de su voz—, ¿está bien si entro contigo a la ducha?
—Claro.
Todomatsu se desconcertó ante la respuesta tan natural. El tono de voz del mayor no sonaba con ningún ápice de sarcasmo o algún tipo de broma o albur. Tampoco vino acompañada de ninguna mirada pícara o sonrisa seductora.
—¡Agh, olvídalo! No me apetece. —Hizo un mohín. Se puso colorado.
—Bien —suspiró Atsushi—, pues yo siempre estoy de humor. —Entonces se rio y se apuró a subir. Agregó—: Deja de beber o seguirás pidiendo cosas que realmente no quieres. Te propongo que lo dejemos para después.
Para cuando dijo la última frase ya podía oírse el eco de su voz perdiéndose en el pasillo del piso de arriba.
—Qué osado —susurró Todomatsu mientras cerró sus ojos apretándolos. Sintió cómo sus mejillas se habían puesto calientes. Meneó la cabeza para deshacerse de la sensación.
Después de que el mayor saliera de la ducha —no duró mucho realmente— bajó por las escaleras hasta llegar de nuevo con el chico de la planta inferior. La luz ya estaba encendida. Apenas una luz ámbar.
Atsushi se sentó en la orilla del sofá con las piernas cruzadas, había adoptado una posición parecida a la que se adquiere cuando se medita, sin embargo, abrazaba un cojín contra su estómago. Se quedó mirando absorto a través de la ventana buscando algún detalle en el cielo que le gustara para comentarlo con su compañero, pero no encontró nada.
Entonces empezó a tararear: «Ue o muite arukou namida ga kobore naiyou ni, omoidasu haru no hi, hitoribochi no yoru»
Todomatsu lo miró de reojo y no dijo nada, tan sólo sonrió de lado. Escuchaba la voz de Atsushi que perdía un poco su tono grave cuando cantaba bajito.
—Hoy escuché la canción en la radio. Y un compañero de trabajo dijo que un hombre la estaba cantando en el metro mientras tocaba su guitarra. Él la estuvo tarareando todo el día... —Siguió tarareando—: «Shiawase wa kumo no ue ni, shiawase wa sora no ue ni...»
—«Hitoribochi no yoru» —complementó Todomatsu siguiendo el ritmo de la canción.
—¡Esa parte no va todavía! —Se desesperó. Se contuvo para no tener que cubrirle el rostro con el cojín. Su tono de voz decía: «¡Lo arruinaste!»
—Es que tardaste. —Reía.
—¡Fuhh! —Infló las mejillas. El menor le había ya pegado sus acostumbrados gestos.
Después de quedar en silencio con brevedad Todomatsu rompió el hielo.
—Atsushi-kun... El día de tu cumpleaños estarás aquí en casa, ¿verdad? Quiero decir, los otros años estuviste ocupado, pero... Puedes, ¿verdad?
—Uh, no lo he solicitado. No estoy seguro.
—¡Vamos!
—¡Es que no estoy seguro! Ya sabes que últimamente mi trabajo exige mucho y...
—Eres demasiado joven todavía. No deberías de decir la palabra "trabajo" en todas tus excusas.
—No es ninguna excusa. —Frunció el entrecejo.
Todomatsu no quería empezar ninguna discusión así que se quedó callado un rato.
—Los frappé de caramelo han sido muy populares últimamente en la cafetería. Hay un especial en donde te llevas uno de regalo —comentó Todomatsu. Seguía acostado en el suelo sobre la alfombra, mirando a Atsushi—. Aunque no es muy grande. Hoy hice muchos de ellos. No recuerdo cuántos... Tal vez más de treinta—. Todomatsu pasó saliva y continuó hablando—. El caramelo es un buen sabor para una bebida. Considera probarlo.
Atsushi desvió su mirada al televisor apagado.
—Prefiero el chocolate.
Todomatsu meneó la cabeza otra vez. Ya no comentó nada respecto al cumpleaños del mayor. Pronto sería 31 de julio y eso le hacía volverse ansioso.
Después hablaron de lo horrible que había estado la comida de cada uno durante la mañana. «¡Tú tienes más suerte! ¡Hay buenos lugares para comer cerca de las oficinas!», decía el menor. Y era cierto, pues Todomatsu debía tomarse el tiempo de comprar los ingredientes para después volverse a tomar el tiempo de preparar su comida de manera que le gustara. Si tenía suerte alguna de las chicas le ofrecía de su almuerzo.
Al cabo de cuatro días llamó a su madre. Era la tercera llamada que le hacía falta hacer.
—Hola, mamá. No sé exactamente qué haré, pero te invito para la celebración de cumpleaños de Atsushi-kun —dijo.
—Oh, hijo, gracias, pero, ¿cuándo es?
—Te enviaré los detalles con alguno de mis hermanos. Creí que ya te habían dicho algo al respecto. Qué raro que no hayan soltado algo aún. —Rio—. Bueno, te llamaré al cabo de unos días de nuevo, ¿sí? Necesito hacer unas cosas.
—Por supuesto —esbozó una sonrisa desde el otro lado de la línea.
Colgaron.
Cuando había transcurrido cerca de una semana, el tiempo había sido suficiente para que Todomatsu pudiera ordenar un bonito pastel de cumpleaños. Podría haber conseguido algo bonito y delicioso también en la cafetería, pero por lo que recordaba, las veces que Atsushi se había dado una vuelta por allí no había algo que realmente le llamara la atención. Quizá los panecillos de crema, tartas de limón o galletas con chismas de chocolate y frutas secas, pero algo en especial no realmente.
Las chicas le sugirieron una pastelería cercana que además gozaba de una muy buena reputación, por lo que fue allí. El pastel de Atsushi sería un pastel vintage de chocolate. Le gustaban los pasteles repletos de betún innecesario, llenos de decoraciones y frutas, y con algún escrito en letra cursiva felicitándolo junto a su nombre. No le gustaban los pasteles típicos japoneses desde hace un tiempo atrás.
Para cerciorarse de que todo iba según lo acordado, llamó a Futsuumaru para preguntarle de nuevo por la hora de encuentro. Las 3:00 de la tarde.
Le dijo que sí iría, y además que ansiaba ver a sus hermanos. También Todomatsu aprovechó para contarle a su amigo acerca de que había invitado a su madre al festejo, a lo cual reaccionó de manera positiva. Seguido de aquella llamada siguió con sus hermanos, no obstante, se comunicó con ellos mediante su chat grupal en alguna red social que por fin la mayoría de ellos había aprendido a usar. Después de preguntar a qué hora deberían asistir, en donde, con qué y cómo, procedieron a interrumpir los puntos principales con chistes sin sentido. Después empezaron a aparecer las notificaciones frente a las pantallas de todos, una seguida de la otra:
“Ichimatsu ha abandonado el grupo”.
“Osomatsu a agregado a Ichimatsu al grupo”.
“Ichimatsu ha abandonado el grupo”.
“Karamatsu ha agregado a Ichimatsu al grupo”.
“Ichimatsu ha abandonado el grupo”.
“Osomatsu ha agregado a Ichimatsu al grupo”.
“Choromatsu ha abandonado el grupo…”
Al siguiente día mientras el menor de los seis se encontraba preparando unas bebidas les comentó a las chicas sobre el convivio, solo en caso de que no lo haya hecho antes. Lamentándose explicaron que habían quedado con unos chicos aquella misma tarde en una cita grupal; era una de las pocas veces que asistirían a una y a juzgar por sus perfiles de las redes sociales, lucían como buenos chicos. Incluso podría decirse que esperaban encontrar al muchacho indicado yendo ahí. Todomatsu soltó una risita ante la mención, y concordó en que no había problema y que no hacía falta preocupación alguna.
A tan solo un día del día esperado, Todomatsu estaba ansioso, además de algo decaído por el minúsculo detalle de no haber podido ver a Atsushi antes de irse al trabajo. De haber podido prever aquello, hubiese escrito una carta o algún mensaje de texto, pero no estaba seguro de cómo expresar correctamente su más sincera felicidad y buenos deseos. Y se temía —realmente sería así— que él y el mayor no pudieran verse el día exacto antes de que cada uno tomara su camino y se fuera a su trabajo.
Viernes, 31 de julio. 12:20 am.
El plan era simple: esperarían a que aquella tarde Atsushi se desocupara del trabajo y lo sorprenderían en casa junto a un pastel de cumpleaños, lleno de globos, su comida favorita, alcohol, además de las personas que más quería. Y los regalos, bueno… Consiguió comprar un pisacorbatas bastante bonito para él. Era elegante, tenía una cadena fina; tenia forma de flores pequeñas, tan pequeñas que se confundían con una parra de uvas.
Seguro que los chicos y su madre habían comprado algo mejor. Solo se fiaba de su madre, Futsuumaru y Choromatsu. Lamentaba no poder decir lo mismo de Ichimatsu aunque lo estimaba demasiado, pero con toda sinceridad le parecía un poco conformista. Bueno, quizá bastante. Lo suficiente.
Pero al fin y al cabo, Todomatsu desconocía realmente la hora de salida de Atsushi. Había estado pensando sobre ello. Después de todo nunca le afirmó su presencia para su tan anhelada tarde.
—¡Totty! —Aida lo sacó de sus insanas cavilaciones—. Hay un derrame en la mesa nueve y los platos ya se juntaron en la mesa siete.
—Enseguida voy. —Meneó su cabeza con la esperanza de lograr convencerse de que solamente estaba pensando demasiado. Se dirigió a las mesas mencionadas y después de limpiar y despejar adecuadamente las áreas, prosiguió a dar una rápida trapeada al piso. Se entregó de nuevo a sus meditaciones.
Después de que concluyó con lo que le correspondía, se ofreció a ocuparse de la caja registradora. Sacchi aceptó el intercambio.
Todomatsu mientras no había nadie a quien atender aprovechó el tiempo para escribir y mandar un rápido mensaje de texto a Atsushi, no podía quedarse sin hacer mínimamente eso. La felicitación se mandó exitosamente, sin embargo una respuesta demoraría unas horas. Casi lo aseguraba.
Las horas pasaban, fluían como el agua. Los minutos parecían apenas un suspiro. Era la una, las dos… Faltaría tan poquito para las tres, cuando decidió anunciar su abandono al lugar.
—Sacchi, Aida —decía mientras se quitaba la parte superior del uniforme e iba a cambiarse—, ya terminó mi turno. Iré a casa. Saben mi dirección actual, ¿verdad? Pueden ir incluso si es demasiado tarde. La fiesta durará.
Ambas contestaron con amabilidad ante la insistencia, porque era insistencia.
Todomatsu caminó hacia la estación. Afortunadamente alcanzó el tren bala. Antes de abandonar el local había avisado a sus hermanos que salieran y que se dirigieran a la casa de Atsushi. A veces no quería decir “mi casa” y ya. Sentía un poco de pena todavía ante la mención.
Cuando llegó por fin a su destino sus hermanos no estaban todavía ahí. Estaban en camino. Transcurridos unos minutos, un automóvil que no era el de Atsushi llegó con tres de ellos: Osomatsu, Karamatsu y Choromatsu.
—¡Totty! —Osomatsu gritó desde la calle—. ¡Ábrenos la puerta, venimos cargados! —dijo mientras alzaba las manos para que pudiera ver que tenía bolsas y algunas cajas consigo. Y observándolo mejor, Todomatsu pudo ver que no solo el primogénito. También el segundo y el tercero cargaban algo.
—¡Ya voy!
Una vez que abrió la puerta y los invitó a pasar, soltó un largo suspiro. Miró minuciosamente a su alrededor.
Los muchachos pusieron las cosas sobre la mesa. Entonces el anfitrión preguntó:
—¿Y los otros? ¿Y Futsuumaru? ¿No se contactó con ustedes?
—¡Deben de estar cerca! Es que no había espacio para todos en el uber, así que tomaron el metro —explicó Osomatsu—. Fue un problema porque jugamos piedra, papel o tijeras para saber quién vendría en uber y quién en metro. Ichimatsu perdió junto con Choromatsu, pero enseguida Jyushimatsu se ofreció a ir con Ichimatsu en el metro...
—¿Por qué no lo acompañó Choromatsu? —preguntó de nuevo.
—Porque él perdió primero —contestó el mencionado de inmediato, de una manera medio agresiva.
—Y porque se ponen raros cuando están sólo ellos dos —agregó Karamatsu.
Choromatsu enseguida se giró para decir algo en su defensa, pero cuando apenas iba a hablar, el timbre interrumpió. Ichimatsu y Jyushimatsu habían llegado. Todomatsu abrió la puerta y los recibió abrazándolos a ambos a la vez.
—Qué diferencia... —balbucearon los mayores al unísono.
Después de platicar unos tres minutos, procedieron a esperar. Faltaba poco.
3:40 pm.
—Atsushi-kun debería estar aquí cerca de las 4:30, más o menos, así que... relajémonos y preparemos todo. Compré un montón de globos y una velita de cumpleaños —dijo mientras mostraba ésta última en el interior de su empaque.
—Nosotros trajimos cerveza. Muchísima. No hará falta, créeme —comentó Osomatsu sin preocupación.
—Bien, entonces, ayúdenme a arreglar todo por aquí. Jyushimatsu-niisan, ayúdame con los globos por favor. Tienes buenos pulmones.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Déjamelo a mí!
—Y... Bueno, el resto, no lo sé. Pueden ayudarme a acomodar todo en la mesa.
Dicho aquello, Todomatsu se dirigió a la cocina. Estaba justo después de la sala de estar. Estaban todos en la planta de abajo.
Comenzó a preparar la comida. Sería realmente una fiesta de sushi, pues estaba preparando sushi y además se había pasado comprado varios ingredientes para ello la semana pasada.
Seguido de ello, se dispuso a preparar yakisoba. Muchísimo yakisoba, ya que a Atsushi le encantaba. Al igual que Osomatsu, Karamatsu y Jyushimatsu, Atsushi era un hombre de buen apetito.
Cuando pasó media hora, gran parte de la comida estaba hecha.
—¿No hay ramen? ¡Quiero ramen! —se quejó Osomatsu.
—Bueno, Atsushi-kun suele comer muy seguido en pequeños restaurantes cerca de su trabajo así que... Seguro que come ramen varias veces a la semana. No estoy seguro. —Todomatsu le explicó de una manera muy ordinaria mientras seguía friendo los tallarines.
—Compré taiyaki, lo olvidé. Uno para cada uno —avisó Choromatsu mientras rebuscaba en su bolsa—. ¿Dónde los pongo?
—En el microondas, ya después lo calentaremos. Mételos con todo y bolsa.
Al cabo de diez minutos más, Todomatsu recibió un mensaje de Futsuumaru. Escribía:
"Siento el retraso, me esforzaré en llegar pronto en cuanto logre desocuparme. La clase de hoy se alargó un poco más de lo previsto. ¡Qué emoción! Espérame".
Entonces, Futsuumaru tardaría un poco. Sólo era cuestión de que Atsushi llegara y todo empezara. Incluso Jyushimatsu tenía preparadas las serpentinas para sorprenderlo.
—Ya casi tendría que estar aquí... —comentó Karamatsu.
—Bueno, no hace falta que se apure —se cruzó de brazos—. Eso nos da más tiempo para que mamá llegue.
Entonces todos sus hermanos guardaron silencio. Únicamente compartieron miradas. Naturalmente al ser excluido de aquella acción entre sextillizos, no pudo evitar sentir curiosidad y algo de temor.
—¿Qué sucede? —preguntó Todomatsu.
—¿Mamá no te lo dijo? —cuestionó Choromatsu con sus cejas fruncidas. Usó un tono un poco bajo.
—¿Decirme qué?
—No vendrá —dijo Ichimatsu sin verlo a los ojos. No miraba a ningún punto en especial. Quizá algo más allá de la mañana.
—¿Qué? —apenas balbuceó Todomatsu—. P-Por... ¿Por qué? ¿Pasó algo o qué?
—Papá. —Al decir aquella palabra, Todomatsu no necesitó más explicaciones. Osomatsu siguió—: Al parecer sigue dependiendo de él. Después de todo lo que ha sucedido... No la entiendo.
—De alguna manera papá se entera de todo —dijo Choromatsu—. O quizá no lo sabe ciertamente, pero presiente. Sabe que algo pasa cuando todos nos ausentamos.
—Déjala, brother. —Karamatsu se acercó al menor para acariciar su hombro. El tacto fue un poco brusco—. Hiciste lo que estaba en tus manos. La mente humana es muy difícil de comprender. Todos somos muy diferentes.
—¿Quizá teme ser rechazada por papá? —dedujo Todomatsu.
—No lo sé, brother.
—¡Karamatsu-niisan tiene razón! No sientas culpa, hermanito. Mamá es adulta. Debería de saber por qué lo hace si ya tomó su decisión —opinó Todomatsu.
—Y quizá... no te dijo nada porque confiaba en que nosotros lo haríamos —dijo Ichimatsu—. Pero no fue así. No podemos leer mentes.
—Tal vez sí podemos. —Se rio Osomatsu.
Entonces todos rieron juntos, excepto Todomatsu.
Faltaban quince para las cinco. Y después de un rato más de espera y un momento de televisión, se volvieron las cinco.
5:10 pm.
—¡No puede ser! ¿No vendrá? Es demasiado tarde... —Todomatsu se impacientó. Revisó los mensajes. Futsuumaru ya había salido de la universidad. Había llegado a su casa a darse un baño y ya estaba en camino.
—Bueno, todo sea por el pastel. Por la espera merezco doble rebanada de pastel y... —Osomatsu fue interrumpido por Todomatsu con un "¡no puede ser!"
—¡No puede ser! —repitió el menor—. ¡El pastel! —Los demás ladearon la cabeza con intriga en la espera de una explicación para semejante teatro—. Lo olvidé... No lo recogí. Los de la pastelería no me llamaron y... yo... lo olvidé. —En seguida tomó su celular para estar seguro de que no le habían avisado, y ahí estaba: una notificación de email—. ¡Dios! Hace dos horas que está listo. ¡Debo ir a recogerlo!
—Pero, si Atsushi-san llega... —dijo Karamatsu.
—¡Lo sé! —Todomatsu comenzó a dar vueltas.
—¿Que no acaso vendrá también Futsuumaru-kun? —preguntó Choromatsu—. Que él llegue por él y venga hacia acá.
—Será molestarlo...
—¡Es la única opción! —exclamó Ichimatsu.
—P-Pero... No es lo único. Realmente ahora, no sé si Atsushi-kun realmente vendrá. Le pregunté pero me evadió y, no me ha respondido mi mensaje desde la mañana. Debería llamar a la oficina tal vez... Es preocupante. Podría volver hasta la media noche —explicó Todomatsu.
—¿Entonces? —preguntó Jyushimatsu.
—Tengo que ir yo. Si es así, llevaré el pastel a la oficina. Basta de todo esto. —Meneó la cabeza. Estaba harto de que todos los cumpleaños fueran iguales—. Pero... —Choromatsu estaba a punto de proponer una solución improvisada.
—¡Iremos todos! Es mejor si nos ve a todos de repente —exclamó Jyushimatsu mientras alzaba las manos medio cubiertas por sus mangas largas, sujetando las serpentinas como si las fuese a explotar ya.
—No estoy seguro...
—Vamos, Todomatsu. Sería raro si Atsushi-san llegara y nos viera sólo a nosotros aquí —opinó Choromatsu.
Todos estuvieron de acuerdo. Solamente faltaba la aprobación de Todomatsu.
Entonces el celular del menor vibró de repente.
—¿¡Atsushi-kun?! —Todomatsu contestó enseguida.
Se escuchó una risita desde el otro lado de la línea.
—¿Desde cuándo contestas el teléfono sin saber quién es? No, Todomatsu. Te habla Futsuumaru.
El brillo en los ojos de Todomatsu se apagó al escuchar la voz de su amigo.
—Ah, Fu... Futsuumaru —al escuchar el mencionado la atención de sus hermanos se disipó. Estaban atentos a la llamada aun así—. Hola... ¿Ya estás cerca?
—Sobre eso...
—¿Qué?
Todomatsu pudo ver a Osomatsu decir con señales y casi vocalizando: "ponlo en altavoz".
—Estoy con Kusosuke-kun.
Las muecas de los cinco hermanos atentos a la llamada cambiaron a otra de total chisme.
—¿Qué? ¿Eso significa que...?
—Tranquilo, iré. Pero pasa que también tiene un regalo que entregarle a Atsushi-kun... y casualmente me escuchó hablar de la fiesta y...
—¿Vendrá?
—Quería preguntártelo y está más que dispuesto, pero, ¿puede?
—Sí, claro... Pero, Atsushi-kun...
—¿Crees que le dé algo de pena verlo después de tanto?
—No, no es eso... Sabes que él no tiene problemas. Pero todavía no ha llegado y no estoy seguro de que lo haga... Planeaba ir a buscarlo porque, ya son dos problemas: olvidé el pastel y debo ir a recogerlo.
—¡Oh! Deja que te ayudemos. Espera, te pasaré a Kusosuke-kun. Te está escuchado. —Después de decirlo se escuchó la voz ronca de su otro amigo—: ¡Hey, Todomatsu! ¡Cuánto tiempo! Escucha, tengo un auto desde hace tiempo. Primero, gracias por tu invitación. Segundo: iré con Futsuumaru a la casa de Atsushi, pero podemos pasar por el pastel y después ir a buscar al cumpleañero. ¿Qué te parece? Este muchacho de mi lado me dijo que estás con tus hermanos. Mi auto no es tan pequeño, ¡si logramos tomar una buena postura seguro que todos caben perfectamente! —Soltó una carcajada—. ¿Qué te parece? —repitió.
Los cinco hermanos aun guardando silencio se miraron entre ellos y después voltearon su vista a Todomatsu junto con un asentimiento de cabeza. El destino estaba de su lado aquel día quizá.
—Me parece bien. Sí, está bien. Entonces... los esperamos afuera.
Entonces se despidieron y colgaron. El plan B estaba a punto de llevarse a cabo.
Una vez que fueron afuera, del lado exterior del portón, vieron llegar enseguida una camioneta blanca. En efecto, no era demasiado grande pero cabrían con seguridad. Al verse, todos se saludaron. Futsuumaru lucía igual de animado que siempre y Kusosuke hizo comentarios de todo tipo para expresar su asombro al ver a los sextillizos juntos por primera vez. Seguido de eso procedieron a armar de nuevo el plan, cada detalle; mientras salían de aquel vecindario además hubo comentarios por parte de Osomatsu y Kusosuke diciendo que debía ser un sitio muy aburrido. «Hace mucho Atsushi dijo que quería salir de aquí, pero dejar la casa que era de su padre… Debe ser algo difícil», decía Kusosuke girando el volante. «Seguro que a duras penas se escucha un alma por aquí», añadió Osomatsu después de un bostezo.
Al entrar poco a poco más a la ciudad, fue Todomatsu quien se bajó por el pastel. Cuando volvió con él, todos le echaron los ojos encima. Se peleaban por verlo. Todomatsu no podía sentir otra cosa que no fuera vergüenza ante tal comportamiento por parte de sus iguales. Ya eran adultos, o eso se suponía.
Un par de cuadras más allá llegaron al edificio de oficinas internacionales; el sitio donde Atsushi estaba. Antes de bajarse, quería asegurarse de que pudiera pasar sin ningún inconveniente, por lo que marcó a las oficinas de recursos humanos o a algún tipo de dirección del lugar, pero su llamada jamás fue respondida. Lo seguía intentando, pero nada. Todomatsu suspiró con pesadez y mientras abría la puerta del auto, dijo:
—Tendré que ir a buscarlo. No creo que pueda llevar el pastel, pero… ¿hay algún regalo que quieran que le lleve mientras tanto?
—Espera, si no ha respondido él ni nadie es porque quizá ya volverá a casa. Esperemos un poco más aquí afuera, creo que es lo mejor —opinó Choromatsu. Entonces Todomatsu giró su vista hacia el resto y al no percibir indicios de posibles comentarios sugestivos en su propia idea, aceptó.
—Quince minutos. Quince minutos cuando mucho.
Pasados los quince minutos Todomatsu entró al lugar, decidido. Muriéndose de pena, pero decidido. Llevaba cuatro pequeñas cajas de regalo. Eligió solamente aquellos regalos que pudieran pasar desapercibidos, tampoco quería llamar demasiado la atención. Al pasar y tomar el ascensor dio una bocanada de aire mientras se elevaba hasta el piso 32. El olor de sitio no le gustaba mucho; demasiado suntuoso y discreto. Y, una vez llegado a su destino, ahí estaba su sorpresa.
—¿Atsushi-san? —decía la secretaria mientras revisaba algo en un ordenador—. Sí, aquí está su registro. Según el informe de hoy, llegó a su oficina, pero después salió, más o menos a las 2:00 de la tarde. No ha regresado desde entonces.
—¿Sabría decir a dónde fue? —dijo con un leve tono de impaciencia. No sabía qué pretendía el mayor y desconocía sus movimientos.
—Lo siento, lo desconozco. No llevamos aquí ningún registro de eso.
—Ya veo… Muchas gracias. Entonces yo… —agradecía el dato, sin embargo, se interrumpió al ver a una chica que entraba a esa oficina en particular. La vio pasar a través de las paredes de vidrio. Si recordaba bien, debía ser Kumi. Entonces dijo—: Gracias, adiós. Después de hablar con la señorita secretaria creyó que era buena idea que esperara a la chica afuera para poder preguntar algo sobre Atsushi. Mientras hacía tiempo viendo su celular con la esperanza de recibir algún mensaje del mayor, otra chica lo interrumpió. Era Miwa.
—Ah… Tú eres Todomatsu-kun —dijo de repente como si pensara en voz alta. Entonces sonrió y le extendió la mano para darle un ligero apretón—. ¿Qué tal? Nunca te había visto por aquí.
—Hola, yo… Este… Estoy aquí por Atsushi-kun pero…
—Llegaste tarde, ¿eh? Sí, él se veía muy apurado. —Acompañó su comentario con una sonrisa.
—Y, ¿sabes a donde ha ido? Creí que podría encontrarlo aquí.
—Nadie es capaz de comprender a ese hombre. Anda de aquí para allá todo el tiempo, como un ave que construye un nido en cada árbol que se topa. Hoy es su cumpleaños, y por eso te urge encontrarlo, ¿no? Lamento decírtelo pero tengo que desahogarme: ¡qué desconsiderado! A duras penas pudimos verlo hoy y no nos dio tiempo de siquiera invitarle una comida. Bueno, disculpa por toda esta plática sin sentido. Creo que, si fue a algún otro lugar, tuvo que haber sido en el edificio que está cerca de la plaza central de Tokio. Sí, creo que aquí mismo… Es difícil decirlo.
—Tendré que buscarlo ahí. —Estaba dispuesto a darse la vuelta ahí mismo, no obstante, la chica agregó algo más.
—Mira, Todomatsu-kun, tal vez ni siquiera esté allí tampoco. Son suposiciones mías solamente. Si es que está en asuntos importantes con los jefes del proyecto es probable que llegue tarde a casa. Mejor espéralo en casa. —En ese momento Kumi salió de la oficina. Traía una computadora portátil cargando. En cuando Miwa la vio aprovechó para despedirse de Todomatsu—. Mis disculpas, tengo que acabar de hacer unas cosas —dijo mientras mostraba el montón de hojas engrapadas que llevaba en la mano izquierda—, espero que lo encuentres.
Todomatsu no dijo nada. Se limitó a hacer una reverencia rápida e irse sin saludar a Kumi. No quería seguir creando inconvenientes para ninguno. Además su estado de ánimo había cambiado de repente para mal.
Al salir y llegar al auto con los chicos les dio la noticia. Los demás sugirieron que en efecto deberían esperar en la casa. Pero el menor de los ocho no podía quedarse así sin más. Se decidió por irse a buscarlo a donde según Miwa creía que se encontraba. No obstante, aquella búsqueda fue también un fracaso total.
6:40 pm.
—No había ninguna señal de él… —decía Todomatsu otra vez en el auto.
—Olvídalo, hay que regresar —dijo Osomatsu mientras se abrazaba a la caja del pastel—. Kusosuke-kuuuuun, dale pa’ atrás.
Choromatsu e Ichimatsu compartieron miradas de desagrado por el tonito de voz del mayor.
—Es mejor tarde que nunca. Atsushi-san volverá y podremos dar por iniciado el festejo. —Jyushimatsu dio varios aplausos mientras hablaba. Era demasiado raro. “Anormal”, dirían sus hermanos.
—Hay que volver, brother.
—Sí, ya hasta Karamatsu lo dice. Volvamos —declaró Choromatsu.
Todomatsu accedió al final de todo. Aquel día era realmente extraño, y además, pese al horario de verano, parecía que el cielo estaba oscureciéndose antes de lo normal. En el horizonte se percibía aquel color entre púrpura y rosa, para después ser aplacado por el resto de azul.
Después de pasar el tráfico fueron entrando de nuevo a las calles que los dirigían al vecindario, sin embargo la calle estaba algo llena de baches bastante inusuales. Tomaron un atajo. Al parecer había habido un accidente o algo similar. Pasaron a como se pudo, aunque Kusosuke tenía algo de problemas para conducir correctamente. Al pasar por la gravilla empeoró todavía. Entre tanto temblor y zangoloteo, los hermanos (a excepción de Todomatsu, de nuevo) comenzaron a jugar. Las risas inundaron de repente la parte de atrás de la camioneta. Futsuumaru desde el asiento del copiloto les iba siguiendo el juego. Y entonces en un descuido ocurrió algo que dejó perplejos a todos menos a Kusosuke, ya que él se encontraba concentrado al volante. Fue solamente un pequeño descuido, pero fue suficiente para arruinarlo.
Después de haber visto cómo el pastel salía volando por la ventana, sólo quedaba esperar a escuchar las quejas y lamentos de Todomatsu.
Notes:
Estoy aprendiendo a llevar mejor mi estilo de vida. Hay ocasiones en las que pensar demasiado me desgasta, y en otras, escribir me ayuda. Gracias por seguir leyéndome.
Chapter 35: El asunto
Chapter Text
—Ups…
—¿Ups? ¿¡Es en serio, Osomatsu!? “¿¡Ups!?” —exclamó un histérico Todomatsu.
—Vamos, Totty. Tiene que haber una solución o algo que podamos hacer —decía Choromatsu—. Quizá…
—Ya basta —Todomatsu movió mucho la cabeza en acto de negación—. No, no, no… Esto no está saliendo bien. —Los latidos de su corazón habían incrementado de velocidad, podía sentirlos. Estaba enojado, estaba exhausto y no sentía esperanza alguna. Todo estaba acabado. No podía pensar ni siquiera en una buena manera de regañar a sus hermanos y hacer que supieran de su furia. Suspiró —. Sigue, Kusosuke —le dijo a su amigo, que ante el hecho se había detenido por un momento, pero ya no había nada por hacer. Su límite era ver el pastel deshecho en el sucio concreto.
Siguió conduciendo. Ahora la camioneta estaba llena de silenciosos muchachos cavilando, buscando por alguna solución. No obstante, no había nada que se pudiera hacer o decir para que el menor de los sextillizos se animara un poco ante el infortunio.
Casi llegaban a casa de Atsushi y Todomatsu.
—De acuerdo, solo… esperemos la llamada de Atsushi-kun por el momento —dijo Todomatsu casi para animarse a él mismo.
—También dejé un mensaje. Si es que Atsushi se da cuenta de que los dos lo estamos buscando —explicaba Futsuumaru— tratará de llegar a su casa lo más pronto posible.
—Tarde o temprano estará allí, niisan —animó Jyushimatsu.
Llegaron a la casa. Al llegar Todomatsu se quitó el saco y los zapatos con molestia y rapidez. Necesitaba un momento para pensar. No supo desde que momento todo había resultado tan mal.
Esperaron. Se estaba comenzando a convencer de que quizá había ido a algún edificio de oficinas cercano que desconocía.
6:43 pm.
Se rindieron y empezaron a comer chucherías para matar el rato. Vieron televisión una vez más y jugaron a las cartas. De repente se escuchó a Futsuumaru pegar un grito de exaltación que con mucha razón captó la atención de los demás. Alzó el celular en lo alto y agregó:
—¡Es Atsushi!
—¿¡Eh!? —exclamaron todos al unísono.
—P-Pero… —Todomatsu tartamudeó.
—Seguro que debió haber dejado una respuesta para ti también, Totty. Fíjate en la bandeja de mensajes —sugirió Karamatsu.
Todomatsu lo hizo y lo único que pudo ver fue un: “Atsushi está escribiendo un mensaje…” Estaba impacientado.
—“Hola, Futsuumaru-kun, —leía Futsuumaru en voz alta para todos mientras tanto, concentrado en la pantalla del móvil— gracias por tu felicitación. Sí, los veintisiete años son una buena edad (risas), y, bueno, ahora mismo estaré comunicándome con Todomatsu. Lamento hacerlos esperar. Me alegra mucho saber que han estado esperándome, ha sido irresponsable de mi parte hacer esto aún más largo y complicado… Estaré ahí pronto para nuestra velada”.
—¡Eh! ¡Viene para acá! —exclamó Osomatsu mientras que Jyushimatsu daba aplausos de alegría—. Menos mal, hombre. Ese tipo sí que se toma su tiempo…
—Oh, aquí está —siguió Todomatsu—. “Disculpa la demora. Estaré ahí más pronto de lo que parece. Tuve unos asuntos que arreglar al este de Edogawa, pero no me tardo más”. —Se detuvo. Prefería omitir el montón de cursilería que le seguía al mensaje principal.
—Edogawa… Cielos —comentó Kusosuke—. Llegar aquí le va a tomar un tiempo con el tráfico de esta noche.
Ciertamente seria tardado, pues la casa estaba entre los alrededores de Shibuya, Aoyama y Gaienmae. Estaba en camino y ya no tendría que haber mucho que esperar. Lo bueno era que ya venía hacia acá, pero se temía que después de todo no hubiera demasiado tiempo ya para celebrar como lo había planeado. Atsushi no podía estar celebrando con los muchachos hasta la madrugada, como preferentemente lo quería.
De cualquier modo, cuando se estaba en buena compañía el tiempo pasaba más rápido de lo que se preveía y lo estaban pasando muy bien además. Sin embargo, el hambre comenzó a traicionarlos y a alterar su humor poco a poco. Estaban ansiosos.
De repente, sucedió. El “knock, knock, knock” de alguien golpeando la puerta pudo oírse. Atsushi había llegado.
8:53 pm.
En seguida todos se levantaron y se pusieron en sus posiciones para sorprenderlo pese a que no era una fiesta sorpresa. Jyushimatsu había preparado ya las serpentinas explosivas, ansioso de ver el sorprendido rostro del cumpleañero. Y Todomatsu en medio de la adrenalina se olvidó por completo de que no había en que poner la velita de cumpleaños, ya que no había pastel, por lo que rápidamente Ichimatsu y Osomatsu con su ingenio se fueron corriendo rápido al microondas por uno de los taiyakis que Choromatsu había llevado y lo abrieron para clavarle la vela en el cremoso relleno de chocolate.
—Ustedes están locos —suspiró Todomatsu.
—¿Tienes una mejor idea? —se defendió Osomatsu.
No hubo respuesta por parte del otro y el plan se llevó a cabo.
—Qué cosas, también traje serpentinas y espuma, Jyushimatsu-kun —Futsuumaru comentó—. Estemos preparados —indicó con una sonrisa maliciosa.
Karamatsu estaba preparado con la cámara de su celular para una buena foto de su reacción y Kusosuke junto a Choromatsu permanecían en la parte de atrás, simplemente para gritar “¡sorpresa!” junto a los otros. Querían ver el escenario completo, sin dudas. Todomatsu moría de nervios y finalmente a indicación de los otros, dijo en voz firme y alta:
—Adelante, te hemos estado esperando.
Las luces estaban apagadas.
La puerta se abrió de forma normal, pero la emoción lo hacía ver como un movimiento más lento del que debería. Todos estaban en sus poses; la velita ya había sido encendida y los ingeniosos hermanos sostenían al afortunado taiyaki que había sido elegido aquella noche como sustituto de pastel.
Justo en el momento en que todos pudieron ver una silueta asomarse por la puerta, sucedió. Todos gritaron “¡sorpresa!” y las serpentinas fueron disparadas hacia el festejado al igual que la espuma fiestera. Hubo risas, aplausos y un flash de alguna fotografía.
Pero, la alegría en los rostros de todos no tardó en desaparecer. En definitiva, todos estaban perplejos.
—¡Kyaa! —las chicas se abrazaron entre ellas ante tremendo susto que los muchachos les pegaron.
—Eh… Sacchi y… ¡¿Aida?! —exclamó Todomatsu.
En seguida captaron la atención de todos. Las miradas masculinas comenzaron a pesar.
—Uh, hola, Totty. Creímos que llegábamos tarde pero… —explicaba Sacchi.
—Ja,ja… Nos hemos equivocado —concluyó la otra con una risa nerviosa.
El cabello y hombros de ambas estaban llenos de coloridas serpentinas, siendo acompañadas únicamente por la espuma rosa.
—Lo… Lo siento mucho, chicas. Creíamos que eran Atsushi-kun y… —explicaba Todomatsu, sin embargo se quedó helado al presenciar que el mismísimo Atsushi entraba por la puerta justo detrás de sus amigas—. Atsu…
Ya no había nada por hacer. Karamatsu tomó una foto de igual forma. Todomatsu, Choromatsu y Kusosuke permanecieron en un tipo de estado de shock, y Futsuumaru y Jyushimatsu se esforzaron por conseguir nuevas serpentinas pero era inútil; se limitaron a disparar más espuma a su cara. Su traje quedó pintado ligeramente de rosa. Osomatsu e Ichimatsu alzaron el taiyaki con la velita seguido de una felicitación.
—Eso estaba a punto de decirte… Atsushi-kun nos miró venir hacia acá y fue muy amable de traernos —dijo Aida.
—Pero… —Sacchi miró a Atsushi con algo de angustia, forzando una sonrisa. Era una situación algo graciosa.
Todomatsu miraba de un lado a otro analizando la situación y las caras de todos. Necesitaba casi tener en su mente un registro de las expresiones de cada uno de los presentes para determinar si la situación era tan mala como le decía su instinto perfeccionista.
—Bueno… —decía Atsushi mientras sacaba un pañuelo del bolsillo de su saco y comenzaba a limpiarse es rostro—, fue un poco imprevisto a su modo. Perdón por llegar tarde, de nuevo. Y gracias a todos por estar aquí —agradeció.
Entonces comenzaron a oírse las voces de todo el mundo mezclarse por la habitación. Todomatsu estaba a punto de explicarse y decirle que había ocurrido una desgracia con el pastel pero en ese mismo instante las chicas le hicieron saber que ellas habían comprado uno antes de venir y que podría servir como sustituto del mismo. El sexto sextillizo sintió mucho alivio. Aunque era un pastelito realmente chiquito…
La celebración continuó. Efectivamente hubo muchísimos momentos escandalosos y significativos; comenzaron a beber y a charlar y a comer. Choromatsu estaba algo triste ya que los taiyaki no fueron suficientes para que las chicas tuvieran uno también, sin embargo algunos de los chicos (Ichimatsu, Futsuumaru, Karamatsu e incluido el mismo Choromatsu) compartieron del suyo. Atsushi se había ofrecido también, pero el resto se negó a que soltara lo único parecido a un pastel de cumpleaños que le había sido otorgado. Lo mismo con Todomatsu.
Y, al momento de comenzar a beber fue Osomatsu quien más se soltó de inmediato, lo cual causó un poco de fricción en el grupo, pero Atsushi no le dio mucha importancia. Se limitó a cuidar de las chicas debidamente, pues según le había comentado Todomatsu, su hermano mayor era extremadamente pícaro con ellas y eso podría causar un poco de molestia. Sin embargo, logró controlarse muy bien. Sirvieron sake, cerveza, vino… Las risas no faltaron. No obstante, el cansancio en el rostro de Atsushi comenzó a notarse. Sí, la fiesta no podría durar mucho…
1:45 am.
—Cielos… Parece que nos hemos excedido… —comentó Kusosuke.
—Eh… ¿deberíamos volver ya a casa? —se preguntaba Choromatsu, con las mejillas rosadas. Estaba ya algo excedido de alcohol.
—¿Tan pronto? —respondió Osomatsu.
Todomatsu no hizo ningún comentario. Dejaría que sus hermanos se hicieran bolas entre ellos. Dio un sorbo a la cerveza.
—Atsushi-san… —lo llamaba Ichimatsu— ¿hay inconveniente si permanezco un rato más aquí?
—¡Por Dios, Ichimatsu! Ya estás borracho… —se expresó Choromatsu.
Karamatsu estaba medio dormido junto a Jyushimatsu.
—No, no lo hay —respondió Atsushi con una sonrisa tranquila.
—Atsushi-kun… —Todomatsu puso una de sus manos en el hombro del mayor, y el mencionado le dirigió una mirada sin ningún sentimiento en especial, como si simplemente estuviera esperando a que Todomatsu terminase lo que tenía que decirle. Como si no fuera una reprimenda.
—Pero, no hemos cantado la canción de cumpleaños todavía… —les recordó una de las chicas.
—Oh… ¡Cierto!, ¡cierto! —Osomatsu agitó las manos en aprobación.
—Bien —Futsuumaru se puso de pie—, hagámoslo.
Atsushi puso una cara de total sorpresa. Ciertamente lo que menos había esperado era que le cantaran una canción de feliz cumpleaños. Creía que limitarse a la entrega de obsequios era los más adecuado, justo como lo hacían en la oficina…
Llegado el momento justo cuando comenzaron a encender la vela sobre el pequeño pastel, su rostro de comenzó a tornar de un tenue color rojo. No estaba listo para algo así.
Las voces de todos al unísono cantando la misma melodía le trajeron cierto recuerdo y sentimiento de melancolía que no podía expresar. Como si ya hubiera vivido la misma situación tiempo atrás.
Al terminar la canción de Happy Birthday to You, siguieron los aplausos. Sirvieron el pastel y siguieron disfrutando del convivio que ya estaba casi por terminar. Y siguieron las risas: Karamatsu había mostrado las imágenes que había capturado desde el inicio de la noche y Osomatsu, Futsuumaru y Jyushimatsu morían de la risa. El solo ver las caras asustadas de Sacchi y Aida les habían hecho soltar verdaderas carcajadas, por lo que ellas con las mejillas encendidas insistían en que no se habían asustado verdaderamente. Los chicos seguían riendo hasta que la risa fue contagiada en las muchachas. Aquella sería una anécdota divertida a futuro.
Después de un rato más de diversión, todos estaban listos para volver a sus casas. Sin embargo, hubo un momento en que Todomatsu comenzó a sentir un repentino cansancio. Se levantó y se dirigió a la cocina para dejar unos vasos sucios y cambiarlos por otros; estuvo en silencio un momento. Soltó un suspiro.
Seguido de un breve momento, alguien se aproximó hacia él. Era Jyushimatsu.
—Totty, tardaste un poquito así que vine a ver qué pasa —dijo mientras entraba a la cocina trastabillando un poco con su usual sonrisa. Había bebido bastante—. ¿Te ayudo con algo?
—Eh… No, Jyushimatsu-niisan, estoy bien. Gracias. —Sonrió.
—Mmm... Me parece que no te ves muy bien. Aunque no bebiste demasiado y tampoco comiste de más que digamos.
—Aun así, me dolió un poco la cabeza. Últimamente ya no bebo mucho.
—Mmm…
—¡Es en serio! Mis viejos hábitos se han ido.
Jyushimatsu se quedó en silencio unos segundos, viéndole. Entonces acomodó unos vasos que estaban desordenados cerca de él y después se volvió a Todomatsu.
—Totty —lo llamó.
—¿Sí, Jyushimatsu-niisan?
—Estás preocupado.
—No, no lo estoy…
—No te estaba preguntando. Solamente digo que estás preocupado por algo, ¿cierto?
—Tú… ¿cómo puedes saber eso?
—Porque desde hace un rato haces así —respondió mientras movía sus manos y las frotaba entre sí, imitando un acto de posible ansiedad contenida. Pretendía parecerse a Todomatsu.
—Uh, no puedo dejar mis mañas. —Se sorprendió de que Jyushimatsu fuera realmente observador. Ahora que lo pensaba mejor, sí estaba algo tenso desde la mañana.
—Tal vez si piensas un poquito en cómo resolverlo más tarde, puedas sentirte mejor ahora… No lo sé. No sé qué pienses o qué es lo que sientas —dijo y esbozó una sonrisa.
Todomatsu no respondió. Se limitó a cavilar un momento sobre ello. Su entrecejo estaba fruncido, con la vista hacia ninguna parte en concreto. En ese momento, llegó Ichimatsu por detrás del quinto hermano, tambaleándose un poco. Estaba buscando algo de agua.
—Totty… Agua —susurró.
—¿Eh?
—Agua. Dame algo de agua… —Se veía realmente mareado. Quizá se había tomado unas cervezas de más.
Todomatsu enseguida le dio un vaso con agua y permaneció de pie. Jyushimatsu lo miraba fijamente mientras sonreía, con ojos somnolientos y sin parpadear.
—De… ¿De qué hablaban? —Quiso saber Ichimatsu.
—Es… solamente Jyushimatsu haciendo preguntas absurdas, ya sabes —dijo rápidamente para olvidarse de lo anterior. Quería seguir disfrutando de la celebración sin ninguna intervención física o mental. Su boca volvió a formar una W—. Creo que bebiste demasiado, Ichimatsu-niisan. ¿Por qué no te quedas esta noche con nosotros?
—Oh, Atsushi-san dijo que estaba bien si me quedaba.
—Y-Ya… ¿¡Ya le preguntaste!?
Ichimatsu asintió lentamente con los ojos ya entrecerrados. La cabeza se le hacía a los lados.
—¡Tottyyyyyy! —gritaba Osomatsu desde la sala de estar.
Todomatsu se dispuso a regresar.
—Bien, entonces hagamos eso. Jyushimatsu-niisan, vuelve. Y tú, Ichimatsu-niisan, si no te sientes bien puedo darte una pastilla o algo. Quédate aquí por mientras, te hará bien.
Salieron de la cocina.
«Algo me… ¿preocupa?», pensaba Todomatsu.
Las muchachas estaban ya demasiado borrachas también. Atsushi no quería permitir que ambas se fueran a sus casas en aquel estado, pero no podía conducir… El también estaba algo ebrio. Simplemente pidió un taxi de confianza para las dos.
Osomatsu, Karamatsu y Choromatsu se fueron a su casa a pie, y por su parte, Futsuumaru y Kusosuke volvieron también en auto, pues no habían bebido mucho. Jyushimatsu había decidido quedarse también en casa de Atsushi y Todomatsu para poder acompañar a Ichimatsu la mañana siguiente.
Todo había terminado. Todomatsu acomodó cómodamente a sus hermanos en una habitación de la planta baja. Él y Atsushi dormían arriba.
Pasó un buen rato y Jyuchimatsu e Ichimatsu ya estaban dormidos. Roncaban.
Después de cerciorarse de que estaban bien, decidió volver. Cuando iba por el pasillo dispuesto a subir las escaleras, se topó con Atsushi que lo esperaba. Ya se había dado una ducha y lavado los dientes. Le sonrió.
—Ah, Atsushi-kun… Deberías dormir ya. Mañana será muy pesado para ti.
—No te preocupes tú por eso.
Todomatsu hizo una mueca y pasó por un lado suyo pretendiendo que no estaba allí, pero Atsushi lo detuvo agarrándolo de la muñeca. Ambos se miraron fijamente.
—¿Qué?
—Todomatsu, me sorprende que hayas planeado todo tú solo. Mira nomás, hasta quedaron unas cuantas botellas de sake sin abrir. Nadie pudo con tanto… Estaba preocupándome por las chicas.
—Ja, ja… Ellas beben tanto como Osomatsu-niisan. Son muy poco lindas por ese lado. Se los he dicho varias veces.
—Mhm. —Sonrió.
—Eh…
—Todomatsu —se le acercó peligrosamente—, creo que se puede volver más especial un cumpleaños todavía.
—No te entiendo. —Se puso algo nervioso.
—Oh, claro que me entiendes.
Todomatsu no hizo otra cosa más que guardar silencio. ¿En qué estaba pensando Atsushi? Seguramente estaba jugando con él de nuevo. Lo único que hizo fue negar con la cabeza lentamente; casi imperceptiblemente. Atsushi rio ante la acción.
Atsushi se acercó al menor, apegándolo más a él, y comenzó a besar su cuello lenta y suavemente.
—Ugh… Atsushi-kun. No… Mis hermanos están aquí…
El mayor no se detuvo. Lo besaba con dedicación, y poco a poco lo recargó contra la pared. No lo soltaba. Su espalda, hombros, abdomen… Lo acariciaba. De a poco, su tacto comenzó a volverse más salvaje, se movía más rápido.
—No, Atsushi-kun, te dije que no… —Las mejillas de Todomatsu se tornaron rojas. Comenzó a sentir mariposas en el estómago, temblaba. Sentir los besos de Atsushi en su cuello lo enloquecía, se sentía bien. Pero algo dentro de sí le decía que no podía dejarse llevar. Algo… le decía que no lo permitiera. Pero Atsushi no se detenía, metió sus manos por debajo de la ropa y profundizó los besos. Incluso tocaba su trasero, cosa que le sorprendió a Todomatsu. Estaba quizá más ebrio de lo que aparentaba. Siguió con el movimiento y en medio de todo eso lo único que Todomatsu podía hacer era empujarlo un poco desde su pecho, pero Atsushi era más fuerte.
—Todomatsu… —habló con calma—. Sabes cómo podemos continuar esto. Olvida mañana. Salgamos de aquí…
Las mejillas de Todomatsu estaban encendidas. ¿Atsushi de verdad no sentía vergüenza en insinuar que ellos deberían…? Bueno, en dado caso, ¿por qué el sí la sentía? Se había hecho otra maraña en su cabeza. Estaba harto, su cara se sentía caliente, pero había un montón de cosas que quería aclarar. Y la voz de Jyushimatsu se repetía en su memoria: “Estás preocupado”.
De pronto, Atsushi hizo algo que desconcertó a Todomatsu.
Le dio un apasionado lengüetazo desde el cuello hasta tocar parte de la mejilla. Ante el acto, Todomatsu palideció.
—At… Atsushi-kun, tengo que preguntarte algo —dijo mientras intentaba seriamente quitárselo de encima con molestia. Atsushi era más fuerte cuando estaba pasadito de copas, al parecer. Pero lo había logrado, había ya una distancia decente.
—¿Que podrá ser? —respondió con cierto tono de molestia.
—Vayamos a la habitación primero. Estar aquí… tan cerca de mis hermanos, es incómodo.
Atsushi cedió. Fue por delante, ahora sin esperar al otro. Cuando llegaron Todomatsu se sentó en la cama y Atsushi se acostó junto con él, viéndolo fijamente como si pensara: «Apúrate. ¿Cuál es el asunto tan importante por el cual me has interrumpido de nuevo?»
—Atsushi-kun… El asunto por el que has estado trabajando tanto hasta tarde… Ya sabes. Aquel asunto que debías arreglar. Dime qué es, por favor.
—Ese asunto…
—Ajá, dime.
—Todomatsu… —decía mientras miraba ahora hacia la ventana, sin interés, con las mejillas rojas a más no poder—, eres un idioooota.
—¡¿A-Atsu…!? Demonios, ¿en dónde estará el verdadero Atsushi-kun? Desde hace un rato estás algo… diferente. La ducha no te favoreció en absoluto.
—Gracias por mi fiesta de cumpleaños, fue linda. —Atsushi sonrió con dulzura—. Pero ahora, con tu permiso, me voy a dormir. Mañana en la mañana será pesado —repitió las palabras de Todomatsu.
—No, nada de dormir. —Le arrebató la sábana.
—Ugh.
—Dime, entonces, sobre tu asunto. Te juro que de esta no pasas. Llevas ya un buen tiempo esforzándote por algo que desconozco y… esa es la verdad: me preocupa. A veces lo olvido, pero es algo que no puedo hacer de lado.
—Eres extraño… Te preocupas por asuntos pequeños siempre.
—Igual que tú.
—No, Todomatsu. Tú y yo somos diferentes.
—Tu cara no dice eso. Estás siempre viviendo tan de prisa y estresado… No te entiendo.
—Todomatsu, lo siento, pero de verdad necesito dormir.
—Idiota.
—Tú eres el idiota.
—Idiota —repitió
—Déjame dormir ya, idiota.
—Idiooooooota.
Ambos durmieron. Por un momento Atsushi sonrió en la oscuridad, y Todomatsu estaba molesto. De verdad necesitaba que le contara más sobre él. Ahora podía entender los malentendidos del pasado por no saber expresar sus sentimientos y retenerlos todo el tiempo. Los incidentes de hace ya cuatro años que no quería recordar nunca más.
Suspiró. Seguramente sus hermanos estaban profundamente dormidos, justo como la última vez que los vio. Esperaba que no hubiesen escuchado nada en el pasillo.
Era ya bastante tarde. De hecho, se estaba en ese punto donde no sabes si es demasiado tarde o demasiado temprano. Atsushi tendría que levantarse en un par de horas. Estaba completamente dormido, pero Todomatsu tenía una migraña horrible que no lo dejaba dormir. Decidió que lo mejor sería ir a ver algo de televisión a la sala de estar o simplemente echarse frente al ventanal aunque le diera la fría brisa mañanera, así que se levantó.
Bostezaba mientras se ponía las pantuflas y de repente, de reojo, miró a Atsushi en medio de la oscuridad. Estaba dormido, pero mantenía una mueca algo rara. Todomatsu se acercó un poco para apreciarlo mejor y la duda creció en él.
—¿Una lágrima?
Chapter 36: La gente como tú
Notes:
En mi headcanon Futsuumaru tiene pecas.
Chapter Text
Lentamente y con delicadeza pasó su mano por el rostro de Atsushi. Sus pestañas estaban humedecidas por las lágrimas que se habían desbordado poco a poco sin que lo notase. Todomatsu frotó los dedos de su mano intentando hacer que la sensación se desvaneciera. Estaba llorando en silencio, dormido.
En ese momento Todomatsu se preguntaba cómo podía ser posible que llorara justo cuando había recién terminado su cumpleaños. Justo después de un momento tan alegre… Se preguntaba por qué.
Después de tanto pensar en ello decidió dormir y hablar con Atsushi de eso más tarde, tendría que decir algo tarde o temprano. No creía que fuera a negarse. El solo recordar sus propias cavilaciones hirientes de épocas pasadas le hacía pasar un mal rato, y no quería que Atsushi se sintiera igual. Ambos tenían demasiadas cosas que arreglar dentro de sus corazones…
Por la mañana cuando Todomatsu despertó se percató de que Atsushi se había ido ya. Era obvio, él se iba demasiado temprano recurrentemente.
Caminó hasta la planta baja donde ya podía oír las voces de sus hermanos. Al bajar por las escaleras y llegar hasta la habitación de ambos pudo ver que, Ichimatsu y Jyushimatsu estaban discutiendo sobre algo. No pudo oír de qué.
—Oh. Hola…, Todomatsu —lo saludó Ichimatsu con su voz todavía medio ronca.
—Buenos días, Ichimatsu-niisan, Jyushimatsu-niisan —respondió el menor.
—¡Buenos días, Totty! —dijo un energético Jyushimatsu.
—Uh, ¿todo en orden? Creí haberlos escuchado gritar o algo parecido… —dijo Todomatsu estudiando las reacciones faciales de sus hermanos.
—Claro, claro —respondió Jyushimatsu—. Es solo Ichimatsu-niisan que amanece siempre de malas. No le gusta despertar temprano.
Ichimatsu no dijo nada.
—Y en realidad no es tan temprano. —Todomatsu soltó una risita—. ¿Qué quieren desayunar? Hoy no iré al café. Puedo tomarme algo de tiempo para cocinar algo decente. —Bostezó.
—Bueno… —pensaba Jyushimatsu.
—Totty —le llamó Ichimatsu.
—Sí, dime, Ichimatsu-niisan.
—Eh, creo que sería una buena ocasión para… ya sabes, ir a comer a algún lado solamente… nosotros. Los mayores son algo insoportables.
—¡Concuerdo! —Todomatsu suspiró.
—Entonces vayamos. Tengo ganas de visitar Harajuku… —comentó Jyushimatsu.
—¡Eh, yo nunca dije nada de eso! —se quejó Todomatsu.
Los tres rieron.
Llegaron entonces a un restaurante en Harajuku y pidieron algo ligero.
Cuando comían hablaban mayormente de Matsuyo. Todomatsu había echado de menos a su madre durante un largo tiempo. Jamás creyó que aquel día que se separó de ella a sus veinte años sería tan significativo para su vida, con todo y todo. Abrazando lo positivo y lo negativo.
Cuando se habían quedado por fin sin tema para más charla, Ichimatsu hizo un intento por hacer una pregunta:
—Totty… Hoy por la madrugada… —Empezó, sin embargo, no pudo continuar inmediatamente ya que Jyushimatsu le había dado una patada por debajo de la mesa. Ichimatsu se limitó a hacer una mueca de dolor y enojo.
—“¿Hoy por la madrugada…?” —Todomatsu lo incitó a continuar.
—Eh, bueno…
—Mhm, sé que es incómodo para ti salir muy seguido, pero como esta vez tú fuiste quien sugirió venir a comer, pues, me da curiosidad que te portes así. —Todomatsu fue directo—. Dímelo.
Jyushimatsu miraba fijamente a Ichimatsu con el mero objetivo de lograr intimidarlo, pero nadie resultaba más aterrador que Ichimatsu cuando verdaderamente se lo proponía. El cuarto continuó:
—Escuchamos algo, Jyushimatsu y yo.
—Uh —Todomatsu palideció un poco. Se temía que hubiesen oído a Atsushi cuando todavía estaba un poco ebrio. Sintió vergüenza. De verdad que se ponía muy pesado. Temía que de pronto el color carmín invadiera su rostro—, y… ¿qué oyeron?
Ichimatsu y Jyushimatsu compartieron miradas como buscando la aprobación del otro.
—Atsushi-san hablaba con una chica. —Ichimatsu prefirió no andar con rodeos.
—¿Una chica?, ¿cómo lo saben?
—Era una mujer, solo sabemos eso… Se refería a ella de una manera algo…
Para este punto, Ichimatsu guardó silencio. Ninguno de los tres parecía tener ganas de tomar la iniciativa después de abrir el tema.
—¿Y?
—Bueno, Todomatsu, —dijo Ichimatsu— Atsushi-san no sale últimamente con chicas… ¿o sí?
—Te refieres… ¿mientras sale conmigo?
—Uh…
—Cielos, quiero decir, sé que Atsushi no sale con nadie de esa manera pero… en su trabajo convive con mucha gente. Quizá oíste algo relacionado.
—No, no es eso… —Ichimatsu negó con la cabeza.
—Él dijo algo sobre encontrarse pronto con alguien —dijo Jyushimatsu— cuando se fuera.
—¿”Cuando se fuera”, dices? —cuestionó Todomatsu—. ¿Eso qué quiere decir?
—Nos preguntábamos lo mismo, y creímos que decirte sería lo mejor… Bueno, creí —explicó Ichimatsu.
Todomatsu meneó la cabeza con confusión.
—Totty, ha sido difícil para ti… —dijo Jyushimatsu—. Nuestras ideas podrían estar mal pero…
—Sugieren que tal vez él… ¿esté viendo a alguien más? —preguntó Todomatsu. Tanto Ichimatsu como Jyushimatsu se miraron fijamente sin mencionar palabra alguna. Todomatsu siguió—: Es cierto que Atsushi-kun tuvo montones de experiencias antes con chicas, pero… Pero esto…
—¿¡Eh!? ¿¡Qué quieres decir con eso!? ¿¡Atsushi-san ha tenido sexo con chicas!? —exclamó Jyushimatsu—. ¿¡Chicas con S al final!?
Todomatsu e Ichimatsu abrieron enormemente los ojos a modo de alerta e instintivamente cubrieron la boca de Jyushimatsu para hacerlo callar. A sus 24 años seguía pareciendo un niño pequeño.
—¡Shhh! ¡Baja la voz, Jyushimatsu-niisan! —decía un sonrojado Todomatsu a regañadientes mientras seguía cubriendo la boca ajena con fuerza.
—Shhh… —Ichimatsu cubría la boca del quinto mientras que con su otra mano ordenaba silencio haciendo el ademán del dedo índice a mitad de los labios.
—Lo… Lo siento —se disculpó a duras penas. Su voz ahora era casi inaudible.
Lo soltaron.
Todomatsu se recargó en su asiento mientras pensaba detenidamente en las palabras de sus hermanos. Y si… ¿era cierto?
Ichimatsu observó detenidamente a Todomatsu. Después chasqueó la lengua con resignación y se dirigió a su hermano de nuevo.
—Pero, Totty, no lo pienses demasiado. Somos hermanos y por eso siempre debemos decirnos lo poco que sepamos de nuestro alrededor, pero no siempre estamos en lo correcto y lo sabes. —Hablaba con sinceridad. Y repitió—: No lo pienses demasiado.
—De acuerdo, Ichimatsu-niisan. Lo… agradezco, en serio.
Jyushimatsu miraba a ambos, incrédulo, pensando todavía en Atsushi e imaginándoselo yendo de hotel en hotel con varias chicas preciosas.
Siguieron comiendo lo poco que quedaba en sus platos y se despidieron.
—Bien, los miraré después, hermanos. Asegúrense de llegar a salvo a casa.
—Sí, Totty. ¡No te esfuerces demasiado! —respondió Jyushimatsu.
Ichimatsu se despidió con una reverencia poco usual en él y se dio la vuelta mientras se iba caminando por las animadas calles de Harajuku con un bailarín Jyushimatsu a su lado.
Todomatsu para entonces se quedó solo, siendo torturado por sus indeseables cavilaciones traicioneras. “Encontrarse con alguien… cuando se fuera…”, susurraba. Camino a casa buscaba la manera de poder distraerse debidamente.
«A partir de ahora —se preguntaba—, ¿deberé preguntarle directamente de qué va todo este asunto?, ¿o quizá debería actuar de forma despistada?, ¿o quizá… debería fingir ignorancia permanentemente? Oh, no, no, no…»
Una vez estando en la casa, fue al baño y después se recostó en el sofá de nueva cuenta. Miraba la pecera con distracción.
Por un instante el silencio fue interrumpido por un mensaje de texto: era Sacchi:
“Hola, Totty. Fue divertidísimo ayer. Atsushi-kun es todavía más interesante de lo que parece. Hoy estaré desde temprano en el café, pero deberás reemplazarme pronto, ¿bien? Gracias por la invitación. Por cierto, Atsushi-kun sabe perfectamente cuál es un buen sake. Te quieroooo”.
Después de leer aquel mensaje, se dio cuenta de que había un mensaje entrante de Aida también:
“Dale las gracias por mí a los chicos, el taiyaki era delicioso. Espero verte pronto de nuevo, Totty. Y espero que estés bien, ayer te veías demasiado ebrio. Seguramente ya te costaba demasiado caminar (risas). Salgamos a divertirnos pronto solo los cuatro… Sacchi, Atsushi-kun, tú y yo (risas)”.
—Cielos —se decía Todomatsu a sí mismo—, para ellas nunca es suficiente. —Suspiró.
Tambien recibió mensajes de los muchachos. Futsuumaru le decía que la celebración había sido esplendida, aunque muy corta y Kusosuke agradecía la invitación.
A Todomatsu solo le daba risa todo aquello. Ya nadie recordaba que el pastel había salido volando por la ventana. Era como si aquello no hubiera ocurrido nunca. Quizá los taiyaki de Choromatsu eran mágicos después de todo. Tenían cierto hechizo de amnesia o algo por el estilo.
1:23 pm.
—Maldito Atsushi-kun… —maldecía Todomatsu—. ¡Apúrate a llegar que necesito acorralarte y preguntarte cosaaaaaas! —gritaba mientras se cubría el rostro con un almohadón.
Se echó una siesta. Cuando por fin despertó eran casi las 3 de la tarde. Fue a darse una ducha y a cocinar algo porque el hambre estaba volviendo a apoderarse de él. No quería conseguir algún dolor de estómago o de cabeza.
Comió simplemente algo de atún frito y los tradicionales encurtidos japoneses que tanto le gustaban.
Cuando tuvo algo más de tiempo, fue a husmear al ático, sótano y parte de la buhardilla. Tenía ganas de hacer algo y al no saber exactamente qué, aprovecharía para limpiar la casa a fondo una vez más. Hacía meses que la casa había sido descuidada despiadadamente.
Mientras limpiaba y movía cosas iba encontrando basura que en un pasado cercano había sido catalogada como un tesoro. Se deshacía de cualquier cosa que no le importara y se sorprendía al ver que había invadido ferozmente a Atsushi. Había un montón de cosas suyas.
Y de verdad que había objetos de todo tipo.
Había estado ya casi dos horas limpiando la casa y comenzaba a cansarse, además de aburrirse de nuevo. Permaneció un momento recostado en el suelo, entre la sala y la cocina, con la escoba en una mano y un sacudidor en la otra.
—Uff… —Suspiró—. Estoy cansado… Debería parar una vez que termine de limpiar el sótano.
Dicho aquello se levantó y se dirigió a su destino: el sótano. Estando allí no soportaba el polvo que salía cada que daba un paso o movía algo. Eran sorprendentes las condiciones del sitio, siendo que hacía poco que lo limpiaron entre él y Atsushi.
Cuando estaba ya terminando de sacar cosas —a su percepción inservibles—, se dedicó únicamente a quitar el polvo de una manera más o menos decente.
De pronto, encontró algo que llamó mucho su atención. Era un dispositivo USB. Se veía algo viejo; maltratado.
No recordaba haberlo visto antes por ahí, por lo que su curiosidad incrementó. Estaba atorado entre unas cajas medio empolvadas que contenían libros, así que pensó que quizá era algo que Atsushi alguna vez había necesitado para llevar a cabo su trabajo, en la empresa o en casa. Volvió a suspirar.
Puso todo en su lugar y se levantó para salir del sótano. Como la iluminación era tenue allí, se decidió por ir a la buhardilla a ver que de qué se trataba. Recordaba haber visto una laptop vieja (también de Atsushi) ahí. La buscó y la encontró. Se recargó en una pared donde había cerca un enchufe, conectó la laptop y la encendió. Movía los dedos impacientemente golpeando las teclas mientras esperaba a que cargara la pantalla de inicio.
—Vaya, de verdad es una computadora vieja… —decía mientras echaba su cabeza hacia atrás. La computadora había encendido completamente por fin—. Uh, tal vez no debería estar husmeando. Hacer esto es… —Se detuvo en seco. Temía que quizá estaba siendo últimamente más curioso de lo debido. Quizá hasta estaba volviéndose chismoso. Dejó que el pensamiento le consumiera las neuronas un momento y después siguió con la acción dispuesto a arriesgarse—. Bien, veamos qué tienes aquí… —Insertó la memoria USB y de nuevo esperó. Buscó después entre los archivos. Nada parecía ser especialmente relevante o atractivo. Los títulos eran monótonos, sin nada que indicara que fuese algo importante—. “Orientación al cliente”, “fases de mi plan de carrera”, “todo sobre la ricicultura” —leía mientras iba deslizando la pantalla hacia abajo con el mouse—, “ingresos”, “cata de vinos”, “ideas para el manuscrito”, “ideas para el manuscrito 2”, “Makura no Soshi by Sei Shonagon”, “avances en proyectos de programación”, “trabajo en equipo”, “imágenes en vacaciones (carpeta)”, “botánica antigua”, “requisitos para el club extracurricular” —siguió leyendo.
Se sorprendió de la cantidad de cosas que solían ser de interés de Atsushi. Eran un montón de cosas que ya no figuraban más en su vida. Información olvidada.
Seguía buscando y revisando cada uno de los archivos con poco interés, la curiosidad se había disipado. Era todo demasiado aburrido. Las cosas estaban tan bien hechas que le parecían sacadas directamente de una enciclopedia profesional pese a estar redactadas por el mismo Atsushi. Todos eran archivos de quizá más de 7 o 10 años. No podía más que pensar que le faltaba algo de carisma a todo aquello… Algún toque.
Comenzaba a desesperarse y faltaban un montón de archivos más. Prefirió mejor revisar aquellas cosas que parecieran curiosas, sin embargo, había demasiada información todavía. Tanta que comenzó a considerar devolver el USB a aquel sitio desolado. Bostezó.
Cuando estaba ya dispuesto a abandonar todo aquello, algo pequeñito llamó su atención. Entre todos los archivos, había una carpeta bastante más pesada que los otros documentos, que no tenía ni un nombre clasificatorio en especial. Simplemente se limitaba a tener escrito algo poco llamativo. Decía: “Datos”.
Al ser un título muy poco pensado supuso que el contenido sería mediocre. Consideró abandonarlo, aunque de nuevo el gusanito picó en él. Quería revisar y ver de qué se trataba. Allá iba… Abrió la carpeta que estaba bien escondida entre muchos más documentos.
Cuando por fin fue capaz de llegar al fondo de toda aquella información, pudo notar que no eran datos escritos, sino más bien de audio. «¿Música?, quizá grabó sus piezas de piano», pensó.
Eran muchas grabaciones. Quizá eran poco más de 25 grabaciones de unos 15 minutos cada una. Le llevaría unas horas oírlo todo. Se moría de sueño y aburrimiento, por lo que accedió. Seleccionó un dato de sonido totalmente al azar y comenzó a reproducirse:
—Y, cuando fuiste por primera vez allí —hablaba una voz desconocida. Era un hombre mayor—, ¿qué fue lo primero que hiciste?
Hubo un momento de silencio. No hubo respuesta. El mismo hombre preguntó:
—Quizá, debería estar más en contacto contigo, pero dices que no tienes un teléfono celular. ¿Qué hacemos entonces?
—No —contestó una voz desconocida y suave—, yo vendré aquí. Es suficiente con eso, ¿no? Yo creo que… lo es.
—No contestes si no quieres, no estás obligado a hacerlo. Pero, ¿alguien sabe que estás aquí?
Hubo de nuevo un momento de silencio, un poco más largo que el anterior. Finalmente la voz más joven respondió:
—Una persona sí, lo sabe.
—Ya veo. Entonces, dime ahora… Dijiste que estabas saliendo con alguien, ¿cierto? —decía la voz del hombre—, cuéntame.
—No… No tienes por qué saber eso.
—De acuerdo.
Hubo un momento nuevo de silencio hasta que la voz más joven siguió hablando:
—¿Te molesta si te digo lo que pienso?
—No debería molestarte si me molesta o no. No, por supuesto que no me molesta.
—Creo que… algo como la empatía genuina no existe.
El silencio se apoderó de nuevo del momento y el hombre mayor dijo:
—Bueno, decírselo a alguien como yo es algo (inaudible)…, ¿no crees? Puedo decirte todo lo contrario. Creo que hay una forma de entender.
De pronto se escuchó como si la voz del más joven quisiera decir algo pero no fuera capaz de ello. Apenas se oían algunos susurros.
Todomatsu estaba inmerso en el audio, completamente concentrado. Los datos de sonido se percibían un poco dañados, por lo que mantenía una máxima concentración. No podía saber de qué se trataba exactamente. Sin embargo, fue interrumpido por el sonido de su celular que en ese instante tuvo una llamada entrante. Era Futsuumaru. Rápidamente dejó de lado lo que estaba haciendo, pausando todo, y atendió la llamada.
—¡Todomatsu! —Hablaba su energético amigo—. Me preguntaba si estabas libre hoy…
—Claro que lo estoy. Después de la resaca de ayer…
—Lo imaginé. ¡Cielos, el convivio de ayer estuvo muy bien! Y ya que estaba pensando en ello, ¿quisieras ir al karaoke ahora? Pasar el rato contigo siempre es genial y creo que ayer no fue suficiente. —Reía.
—Bien, iré. Nos vemos en la estación. Si vas a comer algo, esta vez déjame pagar tu comida —dijo amistosamente.
Futsuumaru aceptó.
Cuando se vieron en la estación fueron directo a un karaoke cercano. Al parecer era uno de los sitios favoritos de Futsuumaru. «Cuando iba en secundaria solía venir mucho a este sitio con amigos y amigas. Siempre fue un lugar muy agradable», decía el muchacho de cabello rizado. «Hhm, luce muy agradable», contestaba Todomatsu.
Cuando entraron advirtieron que había música de los años 70’s, 80’s y 90’s.
Love space de Tatsuro Yamashita, Bay city de Junko Yagami, Take on me de A-ha, Seventeen’s map de Ozaki Yutaka, Shyness boy de Anri, To you de Yun Sang…
Había bastantes pantallas. Y aunque muy poco, cuando se acercaban a las habitaciones de otros visitantes se podía escuchar un poco de lo que interpretaban. Fueron directo a la recepción y pidieron una habitación para los dos. También pidieron algo de comida y bebida para pasarlo mejor en ese rato. Así el hambre no los distraería de su diversión.
Cuando estaban ya en su propia habitación comenzaron a interpretar todo tipo de canciones. Futsuumaru estaba sorprendido de que Todomatsu estuviera aquel día más accesible; cantaba a todo pulmón sin restricciones. Habían interpretado juntos ya varias canciones de varios géneros y además de bastantes idiomas que seguramente no habían pronunciado bien en absoluto.
Por un instante el chico de las pecas se limitó a ver y escuchar a su amigo para tomar un respiro.
—I'm gonna swing from the chandelier! From the chandelier… I'm gonna live like tomorrow doesn't exist. Like it doesn't exist! —cantaba Todomatsu a todo pulmón. Su amigo comenzaba a jurar que quizá el chico creía estar solo. No parecía sentir vergüenza alguna como normalmente lo hacía—. I'm gonna fly like a bird through the night. Feel my tears as they dry! I'm gonna swing from the chandelier… From the chandelier!
Después siguió cantando otra canción:
—When I had you… I treated you bad and wrong my dear. And girl since, since you went away. Don't you know I sit around. With my head hanging down… And I wonder who's lovin' you… —seguía cantando con todo su corazón— Life without love, It's so lonely! I don't think, I don't think, I'm gonna make it…!
—Quizá realmente piensas que estás solo… —dijo Futsuumaru mientras reía secretamente de su amigo. Por supuesto, Todomatsu no oyó.
No obstante, comenzaba a preocuparse un poco. Quizá era solamente su imaginación, pero los ojos de Todomatsu estaban ligeramente forrados en lágrimas. «Quizá de verdad necesitaba desahogarse en algún sitio sobre algo», pensaba.
Siguió bebiendo de lo que quedaba en la mesa y picaba algo de la comida. Después volvía y se unía a su acompañante para seguir disfrutando del rato y cantar juntos una buena canción.
Pasado ya un momento de charla superficial y diversión, Futsuumaru a causa de su duda, fue directo al grano:
—Todomatsu, algo ha estado molestándote, ¿no es así?
—Futsuumaru, hay cientos de cosas que me molestan en estos días —respondió de manera casual.
—Bueno, ciertamente hoy estás algo diferente.
—¿Solamente yo? ¿No te parece que Atsushi-kun también ha estado diferente? Como su amigo quizá notes algo…
«Ajá. Picó», pensó el muchacho de las pecas.
—Él está esforzándose mucho más que de costumbre. En el trabajo o en su persona, o en lo que sea. Creo que le está poniendo corazón a lo que sea que se propone. Aunque, siempre ha sido así. Yo lo veo de esa forma.
—Yo creo que ha sido extraño —decía Todomatsu soltándose un poco. Había bebido lo suficiente como para decir que ya estaba borracho, pero todavía se le veía consciente—, porque además de todo, su rostro ha cambiado. Sus facciones son diferentes mientras habla y… mientras duerme.
—Hoy en día tener cara de preocupación está de moda.
—Ni que lo digas…
Futsuumaru comentó otras cosas de ese estilo sin hacer demasiado caso a sus deducciones. Creía que si de verdad Todomatsu lo quería así, le contaría sus problemas tarde o temprano, pero no lo hizo.
Mencionó a Atsushi de vez en cuando y luego hablaba aleatoriamente sobre su madre o sus hermanos, pero se detenía de inmediato cuando notaba que ya había platicado suficiente de sí mismo. Entre la charla, se enteró por ejemplo de que, Futsuumaru salía con una chica; alguien de su misma universidad. Y de que tenía un perro, y de que había ido hace poco de vacaciones a su pueblo natal, cerca de la isla Ganryu-jima. Se sintió un fracaso como amigo, pero no tuvo el valor suficiente como para ofrecer una disculpa por estar siempre tan ensimismado. Pero se sentía tan solo… No había cambiado mucho.
—¿Tienes planes de casarte, Maru? —preguntó Todomatsu.
—Algo hay de eso. Sí, diría que sí. Es una muchacha agradable —decía mientras se sonrojaba gentilmente—. De hecho, ella piensa igual… Lo insinúa todo el tiempo.
—¿Y qué esperas para proponérselo? Tenemos 24 años. Es una buena edad para el matrimonio. —Sonrió.
—Uhh… Pero me siento como de 15.
—¿Y? Cuando menos te lo esperes estarás felizmente casado, tarde o temprano. Deberías aprovechar y proponérselo si de verdad ambos se aman.
—Pero sigo en la universidad. Cielos, ¿cómo puede haber gente como Atsushi? Siendo tan joven… Mis trabajos de medio tiempo no funcionan muy bien. Y mantener a una familia es algo que… —decía. Después se interrumpió para empezar otra frase—: Además…
—¿Mhm?
—Ella quiere cuatro niños… —dijo con las mejillas encendidas.
—¡Oh! Serás de familia numerosa. —Se rio. No podía imaginarse a su querido amigo siendo padre de cuatro hijos.
—B-Bueno… —Futsuumaru le volteó el tema—, ¿Atsushi y tú no tendrán una fiesta de bodas alguna vez? Estaré en la primera fila. De hecho, exijo la primera fila. Los conozco a ambos desde que somos chicos de secundaria.
—No hemos hablado nada de ello… De hecho, no hablamos mucho de nada últimamente.
—Bien, me ahorraré unos cuantos billetes.
—¡Oye!
Ambos rieron.
Cuando menos se dieron cuenta ya era casi de noche, estaba oscureciendo. Futsuumaru acompañó a Todomatsu al sitio donde solía tomar el tren y se despidieron, sin embargo, el destino no quería que se separaran aquel día.
Justo cuando se habían dado la espalda para cada quien tomar su camino, Atsushi pasaba a un lado de ellos en su coche. Bajó la ventana un poco y los llamó.
—¡Chicos! —les llamó. Ambos voltearon instintivamente. Era Atsushi, en efecto. Él siguió hablando—: Suban. Te llevaré a tu casa, Futsuumaru-kun.
Sin rechistar el chico subió al auto y Todomatsu seguido de él.
Al menor de los sextillizos se le veía algo sorprendido y a su vez irritado, aunque su aura también desprendía cierta sensación de preocupación.
Había oscurecido temprano.
—Gracias, Atsushi —decía Futsuumaru—, pero no voy a mi casa. Planeaba pasar a la casa de un compañero. Últimamente estamos haciendo los proyectos juntos.
—Entiendo. No hay problema, te dejaré ahí.
No había habido ni un solo intercambio de palabras entre Todomatsu y Atsushi. Para el tercer joven aquello resultaba algo imprevisto y también en cierto punto hasta incómodo. Para ir en el asiento del copiloto al menos debería decir una que otra cosa, pero Todomatsu no accedía. De nuevo estaba sumergido en sus pensamientos.
Realmente Todomatsu no sabía que pensar.
Atsushi estaba regularmente ocupado y de pronto cuando menos lo esperaba aparecía a mitad de la carretera en un horario que no le correspondía. Además, estaba pensando demasiado. Podía sentir que Atsushi lo miraba de reojo aunque se esforzaba por solamente prestar atención al volante.
Futsuumaru le indicó la dirección y Atsushi prosiguió. Al final fue Todomatsu quien soltó una frase al azar; lo primero que se le ocurrió.
—No llamaste para decir que salías temprano.
Atsushi lo miró por unos leves segundos y después se volteó para responder:
—Esperaba que pudiera sorprenderte si nos mirábamos repentinamente.
—¿Estabas en otro sitio?
—No realmente.
—Hmh…
—En fin, Futsuumaru-kun, ¿es por aquí, verdad? —preguntó Atsushi.
—Sí, es por aquí… —respondió el chico.
Durante el transcurso el muchacho al volante y su acompañante no intercambiaron más frases largas. Solamente algunas palabras que soltaban aleatoriamente para rellenar fallidamente el silencioso instante.
Cuando llegaron al destino Futsuumaru agradeció y se perdió de entre la oscuridad. Su compañero de la universidad lo recibió; no mentía. Todomatsu tenía la corazonada de que quizá mentía por alguna razón.
Cuando el chico de cabello rizado estaba esperando a su amigo fuera de su casa, se quedó consternado pensando en sus dos amigos. Notablemente estaban molestos el uno con el otro por algo que desconocía. Le preocupaba aunque no se lo admitiera a sí mismo.
Atsushi comenzó a conducir de regreso a la casa. Puso algo de música para aliviar un poco el silencio. After the Storm de Kali Uchis sonaba al fondo.
—Atsushi-kun… Si hubieses llamado habría preparado la cena. Planeaba llegar a casa y dormir una siesta, pero… Bueno, estás aquí.
—Entiendo. No te preocupes, comí algo antes de venir aquí.
“The sun'll come out. Nothing good ever comes easy. I know times are rough. But winners don't quit. So don't you give up…”
—¿En serio? —decía sin verle—. Oh, si tuviste tiempo de comer antes de llegar a casa entonces pudiste decirme.
—No había prisa. Fue repentino… Comí con unos colegas así que… Bueno, cosas del trabajo.
—Oh, ya veo.
—¿No fuiste a la cafetería hoy?
—¿Por qué lo supones?
—Yendo a comer con Futsuumaru-kun… No traes tu bolso con el que usualmente sales por las mañanas, ni tampoco pareces cargar con tu uniforme.
—Uh, que tonto de mi parte. Es verdad, hoy no fui a trabajar. Después de lo de ayer, me sorprende que pudieras levantarte.
—Entiendo. —Soltó un largo suspiro.
“The sun'll come out. But we've been struggling endless days. Someday we'll find the love. 'Cause after the storm…”
—Y, hablando de ayer… Atsushi-kun, me debes una disculpa.
—¿Por qué razón?
—Y me lo preguntas… Porque me intimidaste, o eso intentaste, por supuesto.
—Oh, ¿por eso? Bueno, no deberías asustarte por algo así. Ni reprimirte tampoco.
Todomatsu dirigió una mirada poco agradable a Atsushi. En ocasiones solía ser incorregible.
—Dios…
—Olvídalo simplemente. —Sonrió burlonamente—. Hoy tenemos toda la noche para hacer lo que sea.
—Ah, sobre otra cosa —cambió de tema hábilmente—, ayer en la noche…
—¿Hmh?
—Tenías una pesadilla.
Atsushi enmudeció. No era una pesadilla precisamente por lo que había estado inquieto. Pero de verdad estaba sorprendido. Temía que quizá había estado hablando dormido, o pataleando o algo peor. La idea de haber molestado a Todomatsu por culpa de su poco recurrente sonambulismo le molestaba considerablemente.
“I know it's hard. But do you even really try? Maybe you could understand. When all you had to do was ask. And just open your mind. When everything is passing by. And all you had to do was try… Yeah, all you had to was try…”
—Sólo fue un mal momento. Después de beber demasiado mi mente estuvo confundida.
—Usualmente el alcohol no te hace nada, pero ayer fue todo lo contrario.
—Eso es porque ayer fue distinto.
—Entiendo, entiendo. ¿Y hoy tuviste tiempo de abrir tus obsequios?
—Sí, fueron lindos.
“Lindos”, resonó en la mente de Todomatsu. A Atsushi le gustaba mucho usar esa palabra últimamente.
—Atsushi-kun, ayer… —decía mientras tocaba sus mejillas, simulando lagrimear. Deslizaba sus dedos desde sus parpados hasta la barbilla— …llorabas.
—¿Eh? Dices que yo…
—Sí. Me preguntaba por qué.
—Eh… —El mayor entrecerró los ojos, parecía sentirse mareado. Algo sucumbió de las profundidades de su ser. Algo que no quería recordar. Estaba intentando responder algo a Todomatsu, pero nada salía de su boca. Comenzó a sudar frío. Odiaba cuando sus manos comenzaban a temblar de la nada, cuando nadie realmente le exigía demasiado. Miedo, arrepentimiento, decepción, tristeza… Experimentaba todo al mismo tiempo. No había nada que pudiera decir, y al parecer el menor se dio cuenta de ello porque de inmediato lo interrumpió.
—¿Te parece ver una película?
Atsushi tardó en responder y Todomatsu agregó:
—Encontré buenas recomendaciones. Pero la verdad la idea de ver una película de terror mientras no estabas me parecía algo… mala. —Ante aquel comentario trató de no reírse. Recordaba cuando todavía necesitaba ayuda de Choromatsu para poder ir al baño ya a una edad considerable, bajo condiciones normales.
“Try, try, try, try, try. All you had to do was try. Try, try, try, try”.
Llegaron a la casa.
Cuando dejaron el calzado en la entrada de la misma e iban dispuestos a ver algo en el televisor de la sala, a Atsushi le llamó la atención algo: las escaleras para llegar a la buhardilla estaban llenas de cosas. Caminaba dispuesto a arreglarlas, pero Todomatsu le cubrió el paso.
—Deja ahí. Yo estaba limpiando, pero terminaré después.
—Pero…
Atsushi no desviaba su mirada de arriba. Algo parecía incomodarle. Verdaderamente, hacía mucho que no revisaba las cosas que tenía guardadas allá y la curiosidad le carcomía la consciencia.
—Déjalo.
Para Todomatsu aquello resultaba muy incómodo. Sentía algo de vergüenza. Había estado husmeando antes de limpiar, y si recordaba bien, en el momento en que Futsuumaru le llamó, él dejó todo tal y como lo había estado usando. Eso quería decir que la vieja computadora portátil de Atsushi junto al USB debían estar ahí fuera en el suelo, donde las vería en cuando entrara.
En definitiva no quería que el contrario se diera cuenta de que husmeaba en sus cosas. Pero moría de curiosidad. Se sentía como un detective, el cual era protagonista de una serie de asesinos seriales y persecuciones. Ciertamente tenía alma para aquello, pero que Atsushi se diera cuenta de aquello era…
Suspiró con pesadez.
Finalmente el mayor desistió y avisó que se daría una ducha primero.
Todomatsu aprovechó el momento para ir a guardar todo el desastre que más tarde podría incriminarlo.
Al finalizar con aquella tarea, escuchó sonar el celular de Atsushi. Se fijó; quería ver de quién se trataba. Era una chica. Una tal Kaede.
El estómago de Todomatsu se revolvió.
Su mente se ponía increíblemente imaginativa en situaciones como esas. Temía que Atsushi estuviera increíblemente ocupado y sospechoso debido a eso… A eso de lo que sus hermanos le habían hablado. Tenía miedo de que esas suposiciones y teorías fueran ciertas.
Pero su mente ya se había encargado de hacer su propia versión. Una en la que Atsushi salía de las oficinas a una hora temprana, y, en busca de placer o de matar el tiempo, fuera a un hotel cercano a divertirse con chicos o chicas.
Temblaba.
La idea podía parecer exagerada, pero nada que no pudiera ser verdad.
Se leía en la pantalla del celular: かえで.
Cuando Atsushi salió de la ducha de inmediato se dirigió a la sala, donde estaba Todomatsu. Todomatsu estaba de pie, sosteniendo el celular del contrario.
—Oh, At-Atsushi-kun… —tartamudeó un poco.
—¿Qué haces, Todomatsu? —Cuando miró que el menor sostenía su móvil, se inquietó. De inmediato se acercó a él y sin dudarlo un poco le arrebató el aparato de entre las manos. No dijo nada, pero la molestia en su rostro era indisimulable.
—Lo… —Todomatsu se sorprendió por su rudeza—. Lo siento.
Atusushi arrojó el teléfono lejos luego de checar la pantalla de inicio.
—N-No… Creo que fui un poco exagerado. —Su voz se oía sin emoción.
Ninguno de los dos dijo nada. A Todomatsu no le quedó más que fingir que todo estaba excelente, y lo alentó a ver la película con él. Película a la cual ninguno de los dos le prestó verdaderamente atención.
La noche cayó y Atsushi se fue a dormir. No obstante, en una ocasión en la que se levantó al baño (supuestamente), oyó que discutía con alguien mientras hablaba por teléfono, y después se metió a su oficina personal. Aquella que estaba en la planta baja, retirada en una esquina de la casa. Como habían mencionado sus hermanos, parecía hablar con una mujer, aunque a veces parecía hablar con un hombre mayor, y otras con algún muchacho joven. Todo dependía de los honoríficos que usara.
El mayor hablaba con una persona, colgaba, y después hablaba con otra. Y así repetidas veces. A Todomatsu se lo comía su consciencia. Intentaba dormirse con todas sus fuerzas. Aunque a veces oía fragmentos de las conversaciones de Atsushi con aquella gente, tales como:
“Sí, sí, pronto será… Lo prometo”. “No… Hace mucho que no”. “Estaré al pendiente, lo juro. Pronto terminará”. “Entiendo. Pero necesito más tiempo…” “Espero que sea posible. Recíbeme cuando puedas”. “Sí, de acuerdo…” “Dile de mi parte que lo olvide. Eso es algo que…” “No va a pasar. Por favor, cállate”. “Si eso ha sucedido es porque él… lo quiso así”. “No vuelvas a hablar por algo así. No tengo nada que ver. Puedes ahorrarte una demanda”. “Es que… yo… ya no voy a volver a esta ciudad nunca, tal vez”.
Para ese punto, Todomatsu quedó atónito. Pero decidió ya no escuchar más. Con mucho miedo tapó sus oídos y se dispuso a dormir, o al menos a intentarlo. Lloró mucho antes de lograrlo.
A la mañana siguiente llamó a Futsuumaru. Le contó algo de lo que se temía y le pidió ayuda para pasar el rato pues era incapaz de distraerse con otra cosa. El pecoso le sugirió verse en su propia casa luego de que saliera de la universidad. Todomatsu aceptó; él tenía que ir a trabajar también.
Trató de disimular correctamente frente a Sacchi y Aida aquella mañana, pero su mente se encontraba en otro lado.
—Disculpe… —decía una mujer acercándose a la caja—. Pedí un té helado de limón y me trajeron un cappuccino. —Se veía irritada.
—Lo siento. Se lo cambiaré. No debe preocuparse por pagarlo —respondía Aida inclinando levemente la cabeza.
Después pasó algo similar. Una pareja se quejó de los postres, habían pedido tartas de chocolate y limón, y en su lugar les dieron pasteles arcoíris y de red velvet. El pedido había sido confundido con el de otra pareja.
Y aquello se repitió en más ocasiones.
Cuando ya había sido suficiente, Aida le llamó la atención a su compañero.
—Totty, ¿Qué te sucede hoy? ¿estás bien? Van varios clientes que se quejan de sus pedidos porque los has entregado erróneamente.
—Uh, lo siento. Fue mi error. Me encargaré de corregir todo.
Para su compañera aquella disculpa no fue suficiente. Estaba preocupada.
—De acuerdo. Asegúrate de no hacerlo la próxima vez…
Todomatsu asintió y no dijo nada más.
Cuando la hora de la salida se acercó, comenzó a impacientarse. De verdad quería hablar mucho con Futsuumaru pero no sabía cómo debería empezar. No estaba seguro de nada.
Aquel día estaba frío. Era soleado, de un cielo despejado y lleno de color, de aire limpio pero también helado…
Cuando Todomatsu llegó a casa de su amigo, él se encontraba casi llegando también. Lo vio antes de abrir el portón de la misma. El chico de cabello castaño claro le dirigió un saludo amistoso agitando su mano, y Todomatsu lo imitó débilmente. En el momento en que por fin estuvieron cara a cara, el menor de los sextillizos arrugó su frente, y repentinamente sus ojos se llenaron de lágrimas.
Futsuumaru ante el asombro se acercó a él y de inmediato lo abrazó con un solo brazo, pues con el otro sostenía su mochila que cargaba también solamente en uno de sus hombros. Dio unas palmaditas en su espalda, y Todomatsu respondió con ambos brazos abiertos. Las lágrimas nunca se desbordaron de sus ojos, pero estaban llenos de ellas.
—Pasa, pasa, Todomatsu. Ya sabes que es tu casa. —Lo sostuvo del brazo para alentarle a caminar. Fue por delante para poder abrir ambas de las puertas. Se sentaron en el sofá, en la sala principal. Le ofreció té, jugo, soda o café, y Todomatsu eligió el café. Se lo sirvió y abrió una soda para él. Después de darle más palabras alentadoras o de consuelo, le dijo—: Bueno, no debe ser fácil para ti y temo decir algo indebido, así que llevémoslo con calma.
—De acuerdo. Es solo una suposición mía, pero me temo que Atsushi-kun esté... viendo a alguien más, o algo peor.
—¿Qué podría ser ese “peor”?
—No lo sé. Que esté haciendo algo ilegal, ¿tal vez?
—¿Cómo destrozar empresas, jugar con los números, y enredarse en asuntos privados, quizá?
—No lo sé —repitió.
—Imposible. Sabes que el Atsushi que ambos conocemos no haría eso…
—Pero… Hah… —Suspiró. Estaba mentalmente exhausto. Al pensar en Atsushi su cabeza y corazón dolían. Temía no tener el valor suficiente para preguntarle directamente por todo lo que le molestaba, inquietaba, incomodaba, desagradaba, entristecía, asustaba… Podía imaginarse perdiendo a esa persona especial solamente por un momento de mala comunicación. Por ese momento en cierto punto de sus vidas donde ambos chocaban y se distanciaban para no aclarar las cosas nunca. Lo temía. El ser rechazado por la persona más íntima y significativa de su vida. Moría de miedo; miedo de que él mismo fuera el problema, o un factor del mismísimo conflicto entre la distancia ambos. No podía dormir en paz ni hacer nada en armonía prácticamente. Y creía que, por más que hablara sobre ello o lo pensara, nadie podría entenderle realmente. Nadie que no sienta lo mismo que él hacia alguien.
—Totty —lo llamó por el sobrenombre que había escuchado que todos mencionaban para referirse a su amigo—, sé que debe ser difícil para ti siquiera encararlo sabiendo ya todo esto, pero deberías al menos intentar poner todo en orden y calmarte un poco. Nada está cien por ciento confirmado, ¿cierto? Tiene arreglo. Hay que tratar de no hacernos ideas equivocadas antes de tomar una decisión.
—Pero, Maru, ¡no soy capaz de tranquilizarme ni un maldito segundo! —Se intranquilizó—. Oh… Lo siento.
—¿Sabes qué? Siempre me ha gustado la gente como tú. La gente sin orgullo o ego.
—¿Qué dices? —Se rio—. Yo no soy así…
Futsuumaru sonrió y después de dar un sorbo a la lata de soda, dijo:
—Es verdad, aparentas no ser así. Pero al fin y al cabo son solo apariencias. Te disculpas fácilmente si algo que hiciste o dijiste no está bien, y no dudas en pedir ayuda a los demás sin importar si eso significa “ser inferior” a vista de los demás. La gente que lleva la cabeza hacia abajo admitiendo sus propios errores… me gusta. Siempre estoy tratando de ser así también, por muy difícil que sea. Quiero hacer a un lado aquello llamado orgullo o egocentrismo, que se disfraza fácil y constantemente de dignidad… —Al no recibir una respuesta por parte de Todomatsu, se obligó a continuar—. Y creo que, cueste lo que cueste, con una virtud como la tuya eres capaz de hacer, lograr y entender muchas cosas. Incluso si eso significa que después deberás agachar tu cabeza y disculparte amablemente, como una valiosa costumbre más. —Hizo otra breve pausa y prosiguió diciendo—: Todomatsu, habla con Atsushi.
—Futsuumaru… —Lo miró con ojos brillantes.
—Es mejor que estar muerto de miedo todo el tiempo sin saber la verdad o la farsa completa. —Soltó una risita nerviosa. Su pecho dolió—. Oh, estoy dando de nuevo consejos que tal vez yo no pueda seguir…
—Es que yo…
—Lo sé. Has intentado hablarle y él te evade, ¿no? Pon de tu parte, y si te equivocas o lo que sea no te importará disculparte. Así eres tú. Solamente… no lo hagas muy seguido. Sé lo que dije; la humildad es valiosa, pero después de todo algo como la dignidad ciertamente existe. —Sonrió. Rascó su nuca con algo de nerviosismo—. Muchas veces… las personas no reaccionan debidamente a las disculpas por distintas razones. Que eso no te desanime.
Todomatsu era un experto en saberlo. Podía recordar varias situaciones en las que pidió perdón. Era difícil pedir perdón, y él lo había hecho una infinidad de veces. Y se sentía tan conmovido…
Su amigo acababa de hablarle de una posible virtud escondida en él que jamás había tomado en cuenta. Que quizá nadie había tomado en cuenta antes, verdaderamente. Se formó un nudo en su garganta.
Futsuumaru continuó:
—Y no quiero asustarte ni mucho menos, pero, si algo que no quieras que suceda llega a suceder realmente, no te obligues a ti mismo a aceptarlo de inmediato. Toma tu tiempo. —Se relamió los labios para continuar—. Ven a mi casa de nuevo si no te sientes seguro, no importa la hora. Y… bueno, es parte del proceso. Al buscar la verdad encontrarás una, de seguro. Sin importar cuál sea esa verdad, intenta conocerla. Ya veremos qué sucederá después, ¿bien?
—Gra… G-Gracias, Futsuumaru —le dijo Todomatsu con ojos cristalinos.
—No es nada, de verdad… —Rascó su nuca de nuevo mientras esbozaba una sonrisa penosa. Después usó un tono más vivaracho al hablar—. ¡Bien!, ¿quieres algo de ramen? Debes estar hambriento. Por aquí a la vuelta de la esquina venden uno muy bueno en un puesto ambulante —sugirió—. Yo invito.
Después de terminar de hablar unos detalles, ambos fueron a comer.
Todomatsu se arrepentía de haber ocultado su mal hábito de esculcar todo a fondo cuando no tenía razones. Creía que no haber mencionado las extrañas grabaciones que guardaba Atsushi había sido un error que lo lastimaría futuramente. Pero, tratando de salvarse a sí mismo de nueva cuenta, se obligó a no pensar en eso hasta el día siguiente cuando estuviera más despejado.
Mientras tanto en lo más fondo, agradecía tener un amigo como Futsuumaru. «Y a mí —pensaba Todomatsu caminando por la calle oscura junto al chico de cabello crespo, viéndolo con aprecio— me gusta la gente como tú».
Chapter 37: Registro
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
[ Datos: 7/28. Marzo del 2005 ]
—¿Hay alguien contigo? —preguntó el hombre desconocido.
—No sé a qué se refiere, sensei.
—Te he dicho que no me llames más así. Pero, si te incomoda llamarme por mi nombre o apellido lo entiendo.
—Está bien.
En ese instante hubo una pausa leve. No era un silencio puro, sino que, pese a la ausencia de voces, había ruidos no tan evidentes al fondo del audio. Parecía que alguien se levantaba y caminaba unos cuantos pasos. Aunque a veces también parecía que hojeaban varias hojas mientras anotaban algo. O quizá era el ruido de alguien tecleando algo. No quedaba muy en claro solamente escuchando.
—Lo que quiero decir es que, has estado solo durante un tiempo considerable por lo que dices, ¿no?
—En una parte es así. Aunque… es solo significativo. Quiero decir, he estado rodeado de personas durante los últimos meses.
—Bien.
Hubo un corto silencio de nuevo. El hombre prosiguió:
—Dime la mínima cosa que has estado haciendo con ellos.
—Oh, yo solo… No lo sé. Salimos a beber, a bailar… y a conciertos musicales. Música de todo tipo —especificó lo último.
—¿Todo el tiempo?
—Diría que sí. No se me ocurre otra cosa.
—¿Cómo te hace sentir eso? ¿Te hace emocionarte?
—Lo hago porque… necesito familiarizarme —decía la juvenil voz. Hablaba tenuemente y hacía muchas pausas tras cada frase—. Ha pasado un tiempo desde la última vez que recorrí la ciudad.
—Bien, entonces recorres Tokio con regularidad, con amigos o tú solo, ¿cierto?
—Oh, cuando estoy solo no lo hago.
—¿Entonces…?
—Tengo una edad considerable. Sé que me falta madurar, pero ahora soy capaz de pensar lo suficiente —interrumpió—. He estado… rondando. Es todo. Quiero decir, los diecisiete son suficientes para mí; suficientes para impulsarme a hacer lo que quiero. Tal vez es algo incorrecto, pero… intento de todo. ¿Le parece mal si le hablo sobre la última semana?
Quizá el hombre se limitó a asentir ya que en el audio no podía oírse nada después de que el muchacho cuestionara. Podía escucharse al chico proceder con su charla.
—Estuve con dos chicas. Bueno, no se sintió muy bien… Pero traté de sentirme cómodo con ellas. Creo que ellas sí lo estaban conmigo, pero no había un efecto de reciprocidad. Y, bueno, duró muy poco. No sé qué hacer… Van varias veces que lo he hecho desde hace un mes atrás hasta ahora. No lo había intentado desde entonces, pero ahora es mi nueva rutina. Rutina… Sí, digámoslo así. No lo veo de otra forma. Yo… no sé qué hacer. Tuvimos sexo y no fue lo que esperaba. La primera vez fue algo que no podía olvidar, no precisamente porque fuera extremadamente bueno o malo. No podía olvidarlo porque había sido la primera vez. Pero… estas dos chicas se quedaron hablando sobre cosas sin sentido después de hacerlo y yo no podía permanecer más ahí. Fue algo de solo un instante, ambos estábamos de acuerdo con ello.
—«¿Por qué lo hiciste?», ¿te lo has preguntado alguna vez?
—Claro que lo he hecho. Creo que lo hice porque estaba aburrido. Necesitaba centrar mi atención en algo. Esta clase de cosas son perfectas para eso. —Se rio un poco—. Usualmente quedamos y nos vemos en algún hotel cercano. No puedo aceptar hacerlo en otro lugar. Nadie habla de ello después porque usualmente no nos conocemos. No he quedado con chicas que conozca. Tal vez por eso después siento culpa… Pero no es como si las usara, ¿cierto? Quedamos a veces, y ambos sabemos que no habrá nada entre nosotros. También me dejan atrás… Cielos, no puedo recordar ni sus nombres. No puedo recordar ni siquiera si al menos intercambiamos nuestros nombres alguna vez. Siempre es lo mismo.
—Y eso es lo de la última semana, ¿verdad?
—Sí.
—¿Dónde se conocen?
—Es fácil encontrar chicas deseosas de “eso”. Hay varios sitios para beber cerca de estas calles, alrededor de la ciudad… Voy con compañeros y buscamos algunas chicas al azar para organizar citas dobles. Pero casi siempre vamos al siguiente paso sin pensarlo mucho. A veces son chicas mayores, así que toman iniciativa. A mí me da igual. Voy en busca de eso y me ahorra algo de tiempo intentar cortejar. Pero yo… ya no quiero hacerlo.
—Dices que lo hiciste porque estabas aburrido, pero no intentaste hacer otra cosa.
—No lo pensé mucho. Lo hice cuando se dio la oportunidad.
—Y ahora te sientes perdido a causa de ello.
—Sí, Nishida-sensei. Lo siento, es mejor para mí llamarle así.
—No te preocupes por ello. Ahora bien… ¿Has intentado distraerte con algo distinto? No lo sé. Baloncesto, pintura, música, fotografía, patinaje, construir cosas, escribir, hacer ejercicio, cocinar… Cualquier cosa puede ser.
—Sí lo intenté. El resultado es siempre el mismo.
Hubo una pausa acompañada de más ruido al fondo. Era difícil adivinar de qué se trataba.
—¿Te apetece platicar más sobre ello?
—Mmm… No hay mucho que decir.
—¿En dónde está tu madre?
—Murió.
—¿Y tu padre?
—Mi padre… Mi padre… —Se repetía con la mirada perdida, sin emoción. Fue imposible de percibir a través de únicamente audio.
—Te daré tiempo para responder a esa pregunta.
—Nishida-sensei, tengo miedo. Miedo de ser como mi padre.
—¿Cómo es tu padre?
—Él tiene dinero. Bastante dinero. Eso ha construido una muralla invisible a su alrededor. Nadie lo ve sin interés en sus ganancias. Siempre con la billetera llena, yendo hacia todas partes… Es lo único en lo que puedo pensar.
—Cuando piensas en tu padre, entonces, piensas en dinero, ¿cierto? ¿Hay otra cosa en la que pienses al recordarlo? ¿Cómo es él?
No hubo respuesta. El silencio delataba su nerviosismo e incomodidad. El hombre le daba su tiempo, pero para no alargar su invisible sufrimiento enseguida continuaba formulando más preguntas o agregando información a sus relatos y observaciones.
—Puedo darme cuenta de que tu padre es el centro de todo lo que te molesta. ¿Por qué?
—¿Me pregunta “por qué”? Porque no sé mucho de él, y lo poco que conozco es tan básico y superficial… Me asusta lo poco que sé.
—¿Estás 100% seguro de que es esa la verdadera razón?
—Creo que sí. No lo sé. Hace mucho que no sé dónde está mi padre o qué es lo que hace con su vida. Me inquieta… A veces siento que podría encontrarme y arrastrarme hacia él…
—Dices que no sabes lo que hace o donde está, pero te inquieta la idea de ir con él. ¿Por qué?
—Porque… pasaron algunas cosas mientras vivimos en el extranjero. Estuvimos en los E.U.A. viviendo en Ohio, y después en Massachusetts, Nueva York, Utah, Nuevo México, California… Después fuimos a Filipinas y a Australia, antes de regresar aquí, a Japón. Hubo dificultades en cada lugar en el que nos hospedamos por culpa de… mi padre. Creo que fue culpa de su trabajo.
—No sabes a lo que se dedica actualmente, me dices que no sabes nada de él. ¿Con quién vives actualmente?
—Estoy con… la hermana de una ex-novia de mi padre. Ella ha cuidado de mí desde entonces. Se ha apiadado de mí.
—¿Por qué me hablas de piedad?
—Ver a alguien como yo debe ser doloroso para ella, y aun así me dejó vivir bajo su techo. Le estoy agradecido, pero me duele… Es tan amable que no lo soporto. —Hizo una pausa—. Hace unos dos años más o menos mi padre vino a buscarme, y yo… me enteré de varias cosas. Me da miedo que venga a buscarme de nuevo. Esta mujer con la que estoy viviendo ahora… se mudó de casa para poder seguir criándome, para que él no nos encuentre. Me temo que tendré que dejar Tokio de nuevo. Pero vendré a verle, Nishida-sensei.
—Antes de hablar más sobre ello, regresemos un poco al tema de antes. ¿Por qué estas con esta mujer? La ex-novia de tu padre. ¿Qué sucede con tu familia?
—No lo sé. No tengo familia. Desde que nací fuimos mi padre, mi madre y yo. Después llegó Jenna, la nueva esposa de mi padre, pero se fue también. Nunca conocí a nadie más aparte de nosotros. Nadie más podría hacerse cargo de mí ahora que ninguno de ellos está. Pero, pronto tendré edad suficiente para hacer mi propia vida desde cero.
—Esta mujer… ¿te trajo aquí?
—Así es, Nishida-sensei.
—Bien… Entonces dime, To… No, Takeuchi-kun… ¿en dónde vivirás?
—No estoy seguro. Necesitaría preguntárselo a ella.
—Hazlo, por favor. Necesito estar a tu pendiente. No me parece muy confidencial mandarte cartas cada vez que quiera comunicarme contigo. Consigue un teléfono, de ser posible.
—Lo entiendo. Voy a tratar.
—Entonces, de acuerdo con lo que mencionaste hace casi dos semanas…
(Datos dañados)
—¿Esto es todo? Imposible… Aquí dice que falta —decía un impaciente Todomatsu mientras buscaba el resto del audio dentro de la carpeta que contenía el USB—. Está todo desordenado y además incompleto… ¿Qué es esto?
Todomatsu estaba hecho un desastre. Tenía muchas dudas… Parecía que el universo conspiraba para hacerlo sufrir. Había encontrado información sospechosa entre las cosas de Atsushi sin darse cuenta, además de que en los últimos meses verdaderamente se comportaba de una manera impropia de él. Tanto así que incluso el joven comenzaba a preguntarse si de verdad conocía la real faceta del mayor. Estaba lleno de dudas.
Necesitaba ver que eran esos audios. ¿Quiénes eran ese hombre y ese chiquillo? ¿Quiénes eran Takeuchi y Nishida?
El audio al parecer había sido editado y recortado. Pudo volver a oírse después de unos minutos de silencio, saltando a otra sección.
[ Datos: 7/28. Abril del 2005 ]
—La prefectura de Yamaguchi… es mi nuevo destino. Lo siento, Nishida-sensei. Después de todo no podré volver. Sé que el mes pasado le dije que preguntaría a donde iría… Seguramente esperaba una buena contestación, pero desafortunadamente Yamaguchi está lejos de aquí. Le informaré de mi regreso a Tokio en cuanto me sea posible. Pero para eso faltan unos meses más…
—Entonces sigamos mientras nos sea posible.
—De acuerdo. De hecho, no estoy muy nervioso… porque uno de mis conocidos de la escuela está de vez en cuando en Yamaguchi; ahí está su pueblo natal. De alguna forma tengo la certeza de que lo miraré ahí de nuevo alguna vez.
—Eso suena genial. Me alegro por ti, Takeuchi-kun. Aunque… estoy seguro de que preferirías quedarte.
—Necesito un respiro de las ciudades grandes. La urbanidad me enferma. Aunque hoy en día la gente está acostumbrada a vivir deprisa bajo los grandes edificios y las carreteras llenas. No se preocupe por mí, Nishida-sensei. El ruido de la ciudad es algo que no voy a extrañar.
—Tus ojos lucen algo brillantes hoy, ahora que me doy cuenta.
Hubo risas y de inmediato llegó un repentino silencio sin contexto.
—¿En verdad? Tal vez es la emoción de vivir en un nuevo lugar donde nadie me conocerá, por primera vez.
—Será una buena experiencia. Eso te deseo, muchacho.
Todomatsu seleccionó un archivo nuevo al azar. Por lo visto los audios no iban en orden y no estaban completos, así que poca importancia le dio el elegir correctamente.
[ Datos: 13/28. Octubre del 2005 ]
—Nishida-sensei, ¿por qué no puede simplemente darlo de lado? No quiero pensar en ello…
—Es necesario, Takeuchi-kun. Fue repentino… Habías tenido sospechas sobre ello, pero ahora lo has confirmado. Es normal que te sientas así, pero habías mencionado que ya no tenías nada que ver con tu padre. Olvídalo todo y prosigue a contarme la historia como un simple espectador. Dímelo todo y juntos hallaremos una solución. Confía.
—¿Por qué?, ¿por qué fue así? Pensar que alguna vez dormí bajo el techo de alguien así… Estoy tan destrozado…. Estoy seguro de que ella ya no me quiere viviendo a su lado tampoco. Siendo hijo de ese sujeto… ¿Cómo podría…? No hay solución.
—¿Cómo te enteraste?
—Nos encontró. No sé cómo fue posible… Huimos de nuevo. De hecho, no sé cómo puedo estar aquí con usted hablando como si nada. Debería huir. Debo huir. Estar en Tokio es un peligro. No volveré a Yamaguchi nunca más. —Hizo una pausa. No podía oírse nada en lo absoluto aparte de una respiración agitada—. Yo… no puedo. A este paso me convertiré en el mismo monstruo. No quiero…
Hubo una pausa por parte del mayor y prosiguió:
—To…
—Maldita sea… ¡Maldita sea! —interrumpió—. ¡Le he dicho que no se confunda ya! Ese ya no es mi nombre. Recordar un nombre no puede ser muy difícil. ¡Es Takeuchi! ¡TA-KE-U-CHI!
Silencio.
—Discúlpame, Takeuchi-kun. No vuelve a pasar.
—N-No… —Se sintió inmediatamente avergonzado a juzgar por el nuevo tono de su voz. Carraspeó un poco y se corrigió—. Olvídelo, lo siento. La culpa es mía. Es solo que… yo…
—No te preocupes, lo entiendo. Los últimos meses no estuvieron a favor tuyo. Es normal que tu temperamento se vea afectado. Ahora, respira… Toma tu tiempo y sigue en lo que estabas.
—Preferiría que usted me preguntara. No sé por dónde empezar.
—De acuerdo. Entonces, ¿qué fue lo que viste o escuchaste, y cómo reaccionaste?
—Bueno… —Soltó un suspiro pesado y siguió hablando—: Fue una llamada. Oí su voz, era él: mi padre. No entendía lo que me decía pero oía voces al fondo. Creo que al final… los rumores eran ciertos. Rompí los periódicos después de revisarlos a detalle. Ese artículo estaba escrito en todas partes… Lo leí tantas veces como pude; no puedo creer que finalmente no pudiese desmentirse. Tenía algo de fe en ello, supongo.
—Y tu tutora, ¿qué dijo?
—Ella no estaba del todo sorprendida. Creo que ya lo sabía. Pero… ahora me mira con recelo. Ella tiene todo el derecho de abandonarme ahora.
—¿A dónde irás?
—¿No es muy obvio? Voy a quedarme un tiempo más en Tokio. Al menos hasta que comience el próximo año. Por lo pronto seguiré en las clases extracurriculares perdiendo el tiempo mientras pienso en cómo resolverlo.
—Takeuchi-kun, no tienes nada que resolver. No tienes por qué pensar demasiado en eso. Estás haciéndote daño por algo que no causaste.
—Tenía la sospecha de lo que podía pasar y nunca dije nada. Yo… no lo detuve.
—¿Cómo podías detenerlo?
—Yo…, bueno, creo que…
La pausa después de la pregunta solo empeoraba las cosas. Prontamente pudo oírse el doloroso llanto del tal Takeuchi. El audio se entrecortó. Finalmente el hombre mayor tomó la iniciativa de nuevo.
—Bien. Vamos a indagar en tu mente un poco más, así que llevémoslo con calma. Veámonos la próxima semana. Tendrás el tiempo suficiente para asimilarlo mejor. Y para la próxima, espero que te quede algo de todo esto.
[ Datos: 19/28. Agosto del 2006 ]
—¿Por qué lo has hecho exactamente?
—Pues… no me gustaba. Así que pensé que… se miraba mejor así. Con los ingresos que heredé no fue un problema. ¿Le parece que se ve mal?
—No, nada de eso, Takeuchi-kun. De hecho, al verte con el cabello teñido me sorprendiste. No te va mal; das una esencia totalmente diferente a la de antes. Pero si lo juntas con esto, es…
—Lo sé. Raro. —Se rio.
Hubo algo que hizo que Todomatsu comenzara a sentirse algo incómodo; familiarizado o dudoso. No podía adivinar al principio de qué estaban hablando esas dos personas. Puso toda su atención para poder deducirlo. Estaba decidido a comprenderlo. Había algo en toda la información presente que le daba mala espina. Casi al final, mientras seguía escuchando montones más de diálogos sin sentido pudo llegar por fin a una conclusión: Después de casi un año desde la última vez que esas dos personas se habían visto, el tal Takeuchi se había hecho una cirugía estética. Se había cambiado la nariz, más específicamente. Por lo que oía, su naricita chata se había vuelto una más respingada.
—¿Y qué has hecho desde entonces?
—Lo de siempre… Ya sabe, salir a divertirme con chicas y centrarme en los estudios.
—¿El asunto de las chicas sigue siendo el mismo?
—Sí, el mismo. Bueno… —Soltó una risita para después agregar—: Cambió en un aspecto realmente. Ahora ya no es complicado buscar chicas que se interesen un poco más en mí. Un pequeño cambio hace grandes cosas.
—Takeuchi-kun, soy consciente de que a veces no basta simplemente con decirle a las personas que se amen a sí mismas y me parece muy bien que hayas saltado por tu cambio. Pero, ¿por qué?
—Porque quería lograr verme un poco diferente al resto. El estilo “occidental” sienta de maravilla en nuestra época.
—Entiendo un poco tu punto.
—Y además, ciertamente, quería cambiar un poco de imagen. El pelo castaño claro y la cirugía… Y ya no necesito lentes de contacto ni de otro tipo. Veo perfectamente después de la operación.
—Cabe mencionar que te veo más alto. Creciste al menos 7 centímetros.
—Ja, ja… ¿de verdad?
—Sí. —Hubo una pausa sin razón alguna. Después Nishida siguió hablando—. ¿Por qué estás llorando? Dime lo que sientes.
—¿Me pregunta por qué? “¿Por qué?” “¿Por qué?” Siempre la misma pregunta… No lo sé. He hecho de todo por empezar de nuevo..., para hacer todo a un lado. —Sollozaba—. Pero nada ha cambiado. No puedo olvidarme de eso. Es que, temo que vaya a encontrarme de nuevo. Pero, pronto comenzaré mi vida una vez más. Quizá en Hokkaido. Estoy harto de esta enorme ciudad. Va a tomarme 2 años hacer un plan y llevarlo a cabo. Pronto algún sitio será capaz de reconocerme como persona. Me he graduado por fin. ¡Ya tengo 18 años! Estoy seguro de que ella lo entenderá.
—¿Entonces…?
—Yo ya no voy a volver permanentemente después de esos 2 años.
—Estás zafándote antes de que yo te haya dado resultados.
—Lo siento… Debe entender que la situación conmigo es diferente.
—¿Y tu tutora no planeará ir contigo también, cierto?
—Takeuchi-san entenderá. Es una mujer fuerte. Pero… yo ya no puedo seguir con ella. Le informaré de mi partida, mas no le diré dónde estaré.
La voz del joven Takeuchi estaba quebrada. Podía notarse su dolor. Nishida lo calmaba.
(Datos eliminados)
—Oh, aquí termina… En serio, ¿qué es todo esto?
Todomatsu estaba impaciente. Decidió por poner un último audio. No estaba dispuesto a oír más. Algunos eran muy largos y otros muy cortos, pero había algo común entre todos: carecían de sentido o información extra para poder comprenderlos del todo. Además de que estaban recortados y editados de la peor manera posible, lo que hacía que la información no fuera justa o precisa. Se decidió por el último registro.
[ Datos: 28/28. Enero del 2007 ]
—Ha sucedido otra vez. Intenté buscarla pero no pude dar con su paradero… Empiezo a sentirme devastado.
—¿Por qué volviste? Estabas en Hokkaido…
—No, se equivoca. Ese era un plan a futuro algo lejano. Estuve un tiempo en Miyagi. Hokkaido es para después. En fin, Takeuchi-san me dio todo lo que tengo además de las herencias de mi padre, las cuales no he podido evitar usar hasta el momento. Un hogar, un apellido, la comida sobre la mesa, educación… He podido sostenerme gracias a ella. Me arrepentí de dejarla en cuanto comencé a buscar mi camino luego de graduarme. Pero, bueno, no estaba donde suponía. Creo que desapareció a propósito de la faz de la tierra para esconderse no solo de mi padre, sino también de mí.
—¿Qué piensas al respecto?
—Temo que él la encuentre. Tal vez ha dejado de buscarme a mí para buscarla a ella. Últimamente han estado obsesionados el uno con el otro…
No hubo respuesta por parte del hombre.
—¿Nishida-sensei?
—Oh, disculpa… Estoy tratando de sacar alguna conclusión.
—Ya veo.
—Prosigue, por favor.
—Él está buscándome. Eso significa una pronta despedida definitiva. No planeo volver a verlo. Él está aquí en Japón. Tal vez lo mejor sea ir de nuevo al extranjero. A un lugar que no conozca.
—¿Qué lugar sería?
—Cualquiera.
—Y…
—¿Mhm?
—Takeuchi-kun, has cambiado. —La voz del hombre se oía dudosa—. Al principio intentaste todo de ti y decidiste no volver, me lo dijiste directamente. Sin embargo, regresaste una y otra vez, semana tras semana. A pesar de que… no recibías nada a cambio para tu bienestar emocional. Sabes que es así.
—No diga eso, me hará convencerme de que usted es un mediocre. Además, usted es la única persona que parece interesada genuinamente por este asunto, por alguna razón.
De nuevo Nishida no dijo nada y Takeuchi continuó:
—He estado pensando en todo el caos que mi padre causó, y creo que puedo liberarme un poco de ello a mi modo. Hay algo que puedo hacer para detenerle. Es que… ahora debe estar perdido por ahí, en algún sitio, en alguna empresa, quizá en alguna calle sin hogar… No debería sentir culpa, pero… Vi los videos. Los vi todos. Él los envió a mi e-mail. No sé cómo sigue conociendo tanto de mí… No debí ceder a mi propia curiosidad en primer lugar pero es parte de mí y él desde luego lo sabe. Creo que pretende perturbarme; es un maldito monstruo. A veces recordarlo me provoca el vómito… Yo… Si esto sigue de esta manera voy a terminar tan hundido como él en todo esto. Es que, él es… Mi padre es… Espere… ¿Uh…?
—No, Takeuchi-kun. No hagas eso…
—Esto… Esto es…
—Ta… Take… ¡Takeuchi!
—O-Oiga…
—Espera… E-Esto tiene una explica-
—¿¡ESTO ES UNA JODIDA CÁMARA!? ¿¡Estás grabando esto, imbécil!? Hijo de perra. Hijo de…
—¡Take…!
El llanto de Takeuchi fue el último registro de aquello.
(Datos dañados/eliminados)
Todomatsu estaba temblando. No sabía a qué se enfrentaba, no obstante, algo había hecho que su subconsciente hilara todo aquello, aunque quizá de la manera incorrecta. Pensaba en mil posibilidades para todo aquello.
Eran datos del 2005 hasta el 2007. ¿Por qué Atsushi conservaba algo así en pleno 2022? No lo entendía.
Sin embargo, aquello le resultaba terriblemente familiar por alguna razón desconocida. Era una especie de déjà vu que simplemente deseaba no haber tenido jamás. A su parecer las piezas encajaban increíblemente bien.
Al final llegó a la conclusión de que, si su mente no le fallaba, esas voces eran de…
Notes:
Personita que se encuentra leyendo esto: seguro estás sacada/o de onda. No te preocupes, más adelante te daré referencias para que entiendas todo un poco mejor.
Chapter 38: Rechazo
Chapter Text
Todomatsu meneó la cabeza con confusión. No quería ser igual que sus hermanos y armar teorías que no eran ciertas. Pero si llegara a tener razón, estaría realmente amedrentado.
Recordó el momento en que fue a comer ramen con Futsuumaru y pensó que tal vez estaría molestando mucho si le pedía ayuda otra vez para aclarar sus ideas. Estaba perplejo. Además, en caso de que lo de Atsushi fuera muy serio, sería muy preocupante desmantelarlo frente a un tercero. Sentía algo de miedo. Sentía miedo de sentir miedo de Atsushi.
Hizo una llamada a su amigo. Le contó de las llamadas que recibía Atsushi constantemente y de las cosas (no le dijo detalles) que había encontrado en su viejo USB. Le dijo que estaba profundamente preocupado y que necesitaba verlo de nuevo, pero Futsuumaru se rehusó diciéndole que pasaría el día con su novia. No obstante, le prometió verlo en un par de días. Y así se hizo.
Durante aquella noche no hubo mucho intercambio de palabras entre el mayor y Todomatsu. Cuando había vuelto del trabajo se limitó a buscar algo de comer rápidamente en la nevera y a darse una ducha. Después fue a seguir parte de su trabajo a su pequeña oficina y a hablar por teléfono de nuevo.
Todomatsu no fue capaz de escuchar más fragmentos de las conversaciones de Atsushi, aunque de vez en cuando que tenía oportunidad de husmear en el celular de su amante, podía ver los nombres de aquellas personas en la pantalla. La que más llamadas tenía era Kaede.
«Kaede», pensaba Todomatsu con regularidad. «Kaede…»
Cuando le faltaba algún detalle por terminar, Atsushi solía seguir realizando su trabajo cuando estaba ya acostado en su cama justo a punto de dormir, y Todomatsu descansaba al lado de él. Pero no había ni las más mínima conversación de por medio.
Parecía que ninguno de los dos estaba interesando en el otro por el momento. Y cada uno tenía sus razones.
Para Todomatsu había sido (y seguía siendo) una tortura que Atsushi se guardara varios secretos para él solo. Tantos asuntos ocultos que les separaban constantemente y aun así no era capaz de contarle. Lo sentía distante y estaba harto de eso. Por otra parte, Atsushi tenía sus propias razones para estar sacado de quicio con Todomatsu. Una de ellas: le molestaba que fuera tan chismoso. Quería saber todo, todo el tiempo, como si fuese una madre sobreprotectora a extremo, y eso le desagradaba en un punto considerable, ya que en su opinión no tenía nada que pudiera incumbirle. Y segunda (y probablemente la razón más importante): La distancia que Todomatsu mantenía hacia él.
Era cierto que eran unidos en alma, pero… Atsushi quería algo más. Mentiría si dijera que no deseaba un encuentro apasionado con Todomatsu. Constantemente fantaseaba con esa aventura amorosa que había deseado desde hace tiempo. Quería saber lo que se sentía hacerlo… estando enamorado. Sin embargo, Todomatsu le rechazaba constantemente de manera fría. De vez en cuando Atsushi deducía que el menor sentía miedo o incomodidad, pero su mente a veces le hacía una mala jugada y pensaba que quizá sentía algo parecido a la repulsión. Y, de hecho, le sorprendía gradualmente que Todomatsu pudiera permanecer casto sin problema, después de tres años con su pareja.
Ambos se habían distanciado por falta de comunicación.
Habían pasado casi dos semanas desde la celebración de cumpleaños de Atsushi.
Para ese entonces, Todomatsu había acostumbrado visitar a su mejor amigo más seguido. Incluso hubo días en los que Atsushi llegaba ridículamente tarde a casa y Todomatsu se aburría o se abrumaba, por lo que se quedaba a dormir en casa ajena. Futsuumaru siempre lo recibía con mucho cariño.
Mientras bebían sake y disque miraban películas, hablaban a la vez de sus problemas y sus situaciones amorosas. Después de tanto hablar Todomatsu se había sentido mal por involucrar a su amigo en sus problemas personales, por lo que de vez en cuando se callaba y se limitaba a escuchar. De hecho, se sentía mejor así: ignorando sus problemas y aparentando estar bien mientras su amigo le hacía reír de una u otra manera.
Todomatsu le preguntó ocasionalmente sobre Atsushi; sobre su pasado.
—Pues… Atsushi siempre fue algo reservado. No destacaba mucho, en realidad. Era físicamente algo distinto: pequeñito y con el pelo todo revuelto, largo y oscuro. Parecía un niño travieso que se esforzaba por aparentar ser disciplinado. Pero creo que después de todo sí era disciplinado, ja, ja. Tocaba el piano de la escuela y se le veía sacar libros de la biblioteca aunque nunca los leía ahí. Por lo demás…, hmh, no lo sé. Era reservado. A veces se le veía sonreír con ojos de cansancio, como actualmente, pero su mirada era distinta. Por lo que sé, siempre estuvo estudiando arduamente. Por eso es que comenzó a trabajar en una empresa grande en un buen puesto a tan corta edad. Ja, ja… y pensar que ambos lo conocíamos —dijo. Se rio y se rascó la nunca.
—Pero pese a ello… Atsushi siempre estuvo envuelto en misterio, ¿verdad?
—Sí, me temo que sí.
—¿Cómo lo conociste?
—Mmm… Buena pregunta. Creo que no puedo recordarlo con exactitud porque no fue muy memorable, pero fue durante un partido de fútbol a finales de la secundaria. Atsushi odiaba sudar, por lo que evitaba los deportes cada que podía, y yo me lastimé el tobillo por un empujón que me dieron. Ambos estábamos sentados en el banquillo esperando a que los otros chicos terminasen de jugar. Íbamos en distintos grupos y ambos bandos se enfrentaron, pero nosotros no jugamos. Bueno —Soltó una risita antes de continuar—, yo participé por un breve momento antes de que me lastimara y no pudiera seguir jugando. En fin, Atsushi me dijo algo. No puedo recordarlo —Sonrió con pena—, pero al responderle y charlar por un rato me di cuenta de que pese a ser un rebelde parecía ser un buen chico. Su acento era diferente además. A diferencia de quienes venimos de otros sitios, él tenía una manera de hablar muy neutral; hasta formal, diría. Aquel día parecía aburrido.
—¿Aburrido?
—Sí, quizá era nostalgia. La mirada se le perdía viendo a los demás. A diferencia mía él no estaba interesado en el juego. Yo la verdad estaba muy emocionado y enojado conmigo mismo por mi lesión. De verdad quería ver derribados a los del otro grupo. Ja, ja… Íbamos 1-6.
—¿Y ganaron? —preguntó Todomatsu con una risita curiosa.
—Qué va, claro que no. El equipo de Atsushi fue el ganador. Aunque como dije… A él no le importó. Después de que el partido terminara se fue sin despedirse. A los siguientes días chocamos de vez en cuando por los pasillos e intercambiamos algunas palabras. Pero eso fue todo hasta la graduación. Lo vi de nuevo en preparatoria y empezamos a ser más cercanos al entrar ambos a la universidad. Pero, bueno, él estaba en la universidad de Tokio. Yo no tenía tal oportunidad.
—¿Y no sentiste como si hubiera cambiado de repente?
—Físicamente lo hizo, sin dudas. De repente todo en él era distinto.
—¿Y…?
—Y su personalidad. Parecía más centrado. ¿Cómo decirlo? Era un tipo de confianza en sí mismo que se notaba desde lejos. Y la repentina sonrisa que antes no esbozaba...
—Supongo que no hay fotografías del Atsushi-kun que tú conociste en ese entonces.
—¿Por qué lo dices?
—Hay algunas fotos suyas en casa, pero no me suena a “ese Atsushi” que describes. Pequeñito y de pelo oscuro… No recuerdo haberlo visto así.
—¿En serio? Hmh, ya pasaron unos doce años desde que nos conocimos. Probablemente no se centró nunca en eso.
Todomatsu sintió un poco de decepción. La información que había logrado allegar no le era muy útil. Atsushi estaba lleno de misterio hasta para un viejo amigo como Futsuumaru.
Después de pasar casi una semana pernoctando en el domicilio de su amigo, se decidió por volver a casa.
Quería zanjar de una vez el tema de las grabaciones misteriosas. Además debía lidiar con el tema de la tal Kaede y los demás tipos que le hablaban a Atsushi con constancia. Cuando pensaba en ello, maldecía internamente a Ichimatsu y Jyushimatsu. No estaría comiéndose la cabeza si no fuera por ellos. No se hubiera vuelto tan chismoso los últimos días si no fuera por ellos…
Cuando llegó a casa, seleccionó los audios. Estaba temblando sin darse cuenta. Ya no quería escuchar, pero la curiosidad se lo estaba comiendo vivo. La última vez había escuchado a ese tal tipo Takeuchi gritando y llorando con enojo antes de que la grabación se cortara. No obstante, creía que podía escuchar el registro de otras conversaciones anteriores a ese suceso. Después de todo, aquello no tenía un orden, como ya había notado varias veces con anterioridad.
Con las manos trémulas se dispuso a indagar en la información ante sus ojos y atentamente comenzó a escuchar.
[ Datos: 3/28. Marzo del 2005 ]
—¿Por qué habría de aceptarlo? No, no puedo ir con usted.
—Takeuchi-kun, es de alguna manera… mejor para ti. Al menos considéralo.
—Pero, no puedo hacerlo. Ni siquiera puedo considerarlo. Es que es algo un poco delicado. Usted debería entenderlo.
—Oh, lo entiendo. Créeme. No es lo que quise decir.
—¿Entonces por qué sigue insistiéndome?
—Me preocupa tu estado. Es eso. Entiendo que debo limitarme a hablar contigo pero, siendo realista, creo que deberíamos tomar riendas en el asunto.
—¿Llevándome con usted?, ¿no tiene esposa o hijos?
—Takeuchi-kun…
—Hablar con usted es suficiente para mí. No me imagino viviendo en otro lugar. Ha sido difícil adaptarme a todo esto.
—Te entiendo.
—Si me entiende entonces deje de repetirme su oferta. Con todo respeto y sin afán de ofenderle, me parece absurdo. Solamente hacerme la idea de abandonar a la mujer que se ha encargado de cuidar de mí… Me hace sentir mal.
—Bien, entonces dejémoslo ahí. No tienes por qué hacerlo.
—…….
—Entonces, ¿quieres seguirme contando de ti? Dime lo que te molesta.
—¿Lo que me molesta? Todo me molesta actualmente. No puedo detenerlo. No puedo detenerlo…
—De acuerdo. Entonces comenzaré con una pregunta un poco más sencilla. Tómate tu tiempo para responder. ¿Cuál fue tu razón principal para venir aquí?
—Fue porque… ella me lo pidió.
—Bien. ¿Y por qué crees que lo hizo?
—No tengo manera de saberlo.
—Creo que sí, si buscas en lo profundo de ti.
—Mhm…
—¿Peleaban seguido o…?
—No, nada de eso. Solo recuerdo que en una ocasión ella me dijo que le incomodaba ver que yo era muy… taciturno. Ya sabe. Dice que parecía un muñeco.
—Muy bien. Entonces, Takeuchi-kun, dime…
Todomatsu detuvo la grabación. No tenía ganas de escuchar más. No había mucho que pudiera deducir y encontrar algo que le pusiera mal era su peor miedo actual.
Se recargó en el costado del sofá, cerca del ventanal. Faltaban unas cuantas horas para que Atsushi llegara. Aquel día Todomatsu trabajaría pocas horas desde el atardecer hasta el anochecer, por lo que salió de casa una vez más.
Cuando volvía del trabajo casi se topó con Atsushi en la entrada de la casa, en el recibidor. En el momento en que se vieron, se saludaron. Sin embargo, el gesto de Atsushi hacia él lo sacó de quicio; había inclinado la cabeza haciendo una leve reverencia, como se saluda rápidamente a los desconocidos.
—Atsushi-kun…
El mencionado le miró con cierto ápice de indiferencia y Todomatsu continuó diciéndole:
—¿Cómo estuvo tu día?
—Todo bien. Algo extenuante. De hecho, demasiado.
—Mmm…
—¿Tienes algo que decirme? Te comportas extraño.
—Tengo montones de cosas que decirte, pero nunca respondes a ninguna.
—Oh, ya vas con eso de nuevo…
Todomatsu sacudió la cabeza y dijo:
—Vamos, entra. El aire es frío esta noche.
No hablaron sobre nada de importancia más que temas triviales.
Al día siguiente Todomatsu volvería con su horario nocturno en la cafetería.
Cuando estaba preparando el almuerzo y su bolso para salir por fin a la estación, recibió una llamada. No era una llamada a su celular, sino al número de la casa. El teléfono cerca del recibidor sonaba con insistencia. Creyó que quizá se trataría de Atsushi —pensaba que tal vez se olvidó de algo importante en casa y le pediría que se lo llevara o algo por el estilo. Estaba listo para dar una reprimenda al mayor—, así que fue a contestar.
Cuando levantó el teléfono a punto de decir una palabra, la persona en la otra línea le interrumpió abruptamente dando por sentado que, era Atsushi quien estaba en casa en lugar de él.
—Atsushi-kun —decía la voz al teléfono. Todomatsu escuchaba atentamente—, sé que te dije que te daría más tiempo, pero me urge verte. No puedo soportar seguir en contacto contigo de esta manera. —Todomatsu no dijo nada y la persona siguió—: Puedo escuchar tu respiración detrás de la línea, ¿no dirás nada? Bien, entonces solo escúchame. Nos veremos en Kobe, es donde estoy viviendo ahora. Me dijiste que pronto abandonarías Tokio, así que pensé que venir a verme sería una buena idea para que empezaras de nuevo. ¿Qué te parece? Puedo ayudarte a conseguir un nuevo trabajo en esta ciudad. El comercio y los negocios internacionales se dan bien por acá también.
» Vivir en esa gran ciudad se te ha dado muy bien, pero entiendo que ya no quieras seguir allí. Estoy tratando de darte una mano. Además quiero que sigas aquí en Japón. Conmigo, si es posible. Hablé con las personas que te mencioné la vez pasada… Están haciendo todo lo posible, pero es mejor salirnos de ese asunto. Si llegamos a meter más las manos puede que para la próxima… resulte en algo peor. Sé que lo entiendes. Y… prefiero que vengas tú conmigo, a tener que ir yo contigo. La situación para mí es muy distinta.
» Siento mucho lo que te mencioné aquel día. Si está en tu mano, déjalo todo y ven, por favor. Olvídate de lo demás, ya no podemos hacer nada. Me sabe mal decírtelo, pero déjalo de lado y has como si… nunca te hubieras enterado de eso, ¿bien? Ya no te culpes, no hay manera de que algo como eso pueda deshacerse y no podemos seguir jugando a ser espías por más tiempo. Entonces, ¿qué me dices?
Todomatsu no dijo nada, estaba estático. No sabía cómo debía responder. Si se enteraba que él era otra persona, se enojaría seguramente por haber escuchado y no negar que no era Atsushi. Por un momento las palabras de sus hermanos resonaron en su cabeza. No quería creerlo, simplemente no. Aunque una parte de él decía que debía hacerle saber que no era su esperado Atsushi en línea. Se armó de valor para responder. No quería creer, pero…
—Atsushi-kun… no está en casa.
Se escuchó un suspiro al otro lado de la línea y la voz respondió:
—¿Quién eres?
—Todomatsu Matsuno.
—¿Qué haces en su casa?, ¿ahora él tiene un roomie?
—Estamos juntos.
Hubo un tiempo de vacilación antes de que la remitente pudiera responder, evidentemente estaba confundida.
—Matsuno-san —dijo—, entonces, todo lo que acabo de decir… díselo a Atsushi-kun cuando lo veas.
—¿Qué? —Su voz apenas sonó como un débil jadeo. Comenzaba a dolerle el estómago. Aquella situación no le gustaba nada. No entendía lo más mínimo.
—Y díselo lo más pronto posible, por favor. Eso es todo.
—¿De parte de quién?
—Dile que se lo dice Kaede.
—¿Kaede…?
—Sí, correcto. Bien… Voy a colgar, Matsuno-san. Ten una buena tarde.
La llamada se cortó. Todomatsu meneó la cabeza varias veces para deshacerse de la incómoda sensación y puso el teléfono en su lugar. Ya había varias veces en las que esa mujer figuraba entre él y Atsushi. Estaba sacando conclusiones demasiado rápido. Pero lo que era más importante: ¿Atsushi de verdad planearía irse con ella? ¿Quién era ella? Estaba harto. No podía seguir indagando en incógnitas del pasado y del presente a su antojo; eso no estaba bien y no le estaba trayendo ningún beneficio, pero tenía que hacer o decir algo.
Sin hacer más e intentando despejarse un poco, se puso su sombrero, se puso los zapatos y salió de la casa, yendo en camino a su trabajo.
Tenía la sensación de que quería llorar, pero aquello no podría ser posible. Hacer eso en público seguramente atraería muchas miradas ajenas que le incomodarían, así que hizo el intento por mantenerse lo más firme posible y seguir adelante, literal y metafóricamente.
El día transcurrió de manera ordinaria. Estaba intentando olvidar todo sobre Atsushi, no quería pensar en él. Si a la larga decidiría abandonarlo, que lo hiciera. Él no iba a tomar esa decisión, pues estaba convencido de que jamás dejaría de amarle a pesar de que, quizá, el mayor ya hubiese perdido ese afecto.
Suspiraba pesadamente cada tanto y continuaba con lo que se supone que debía hacer.
Cuando volvía a casa, se sentó un momento en el parque. No quería perder tiempo realmente, pero la idea de llegar a su hogar y sentarse sin hacer nada le aterraba; sabía que su mente se encargaría despiadadamente de torturarlo. Se quedó un rato perdiendo el tiempo en una banca cercana y cerró los ojos sin pensar en nada concreto. Se mantuvo así cerca de una hora y quizá un poco más.
Pasado todo ese tiempo, volvió.
Se dispuso a terminar de oír lo que había pospuesto. Sentado en la sala, cuidando sus espaldas por mero instinto, abrió la vieja laptop y continuó con el resto de información grabada.
[ Datos: 14/28. Junio del 2006 ]
—De acuerdo a la vez pasada, estás actuando diferente hoy. Y te voy a ser sincero: diferente de una manera extraña. Estás contradiciendo todo lo que me contaste las veces anteriores.
—¿De verdad?
—¿Crees que haya una razón para ello?
—No lo sé…
—Sé que haces lo que se te da en gana y lo realizas con tus propias opciones, eso está muy bien. Pero, debes tratar de no perjudicarte a la larga. Salir con chicas, beber, hacer travesuras… Eres joven y entiendo que ahora quieras intentar algunas cosas de ese tipo, pero, ¿has pensado qué pasaría si no te detienes en algún momento? Cumplirás veinte y no llevarás ningún aprendizaje de ningún tipo contigo.
—Yo…
—Puedes meditar o intentar algo nuevo. Te aconsejo que mientras realizas estas actividades, adiestres a tu mente. Tu espíritu es primero, antes que tu capacidad mundana.
—…….
—Supe lo que pasó la vez pasada, muchacho. No voy a juzgarte, solo voy a usar la situación de base para llegar al fondo de ti. Conocer tu mente y espíritu. Nos ayudará bastante con esta sesión.
«Entonces esto es una sesión psicológica —pensaba Todomatsu mientras seguía escuchando—, esto debería ser confidencial. ¿Por qué está grabado? Debió ser terrible para Takeuchi-kun descubrir tal cosa. Por eso estaba tan furibundo».
—Haga o dígame de una vez lo que crea que haga falta, Nishida-sensei.
—Bien. Entonces, voy a preguntarte, ¿por qué lo hiciste? Dudo que a una edad como la tuya la tentación pueda contigo, pero, en este mundo hay muchas personas que no piensan demasiado y sucumben a estos métodos. Sin embargo, Takecuhi-kun, tú eres un muchacho inteligente. Puedo darme cuenta de ello fácilmente. Entonces, ¿por qué robaste en la tienda?
—No estoy seguro. Se veía fácil… Y lo fue, así que continué haciéndolo. No molestaba a nadie, y eran cosas pequeñas sin importancia, así que… Así que…
Hubo un instante de silencio.
—Bueno, en estos días es algo recurrente en los chicos de tu edad. Puedo decir que es tu manera de llamar la atención, ¿no es cierto?
—No estoy seguro… Era fácil.
—“Adolescentes que roban en las tiendas”. Es algo muy común en estos días. En especial entre las pandillas de chicas y chicos malos.
—No estoy en una padilla, por si es lo que se pregunta.
—Oh, no, no. Era solo un ejemplo al respecto.
—Bueno…, quería ver cómo reaccionaba mi tutora ante lo sucedido, pero ella no me dijo nada. De hecho hasta se lo dijo a usted. Debe estar preocupada por esa tontería mía, ja, ja. Le diré que lo olvide. No lo voy a hacer otra vez. Se me ocurrió sacar cosas de la tienda sin pagar porque nunca lo había hecho y no se miraba difícil. Eso es todo. Quizá ella cree que saqué mañas de mi padre, pero en lo absoluto. Ahora que ya viví la experiencia, olvídelo. No me gustó.
—Bien, en caso de que siga preocupada se lo voy a decir. Ahora, volviendo contigo, Takeuchi-kun… ¿Estás bien con que te llame “Takeuchi”?
—Sin problema.
—Bien, entonces, tú y tu tutora, Takeuchi-kun y Takeuchi-san, ¿por qué no vienen juntos?
—Ella insiste en que yo debería hablar a solas con usted.
—Bien, entonces continuemos. Háblame de tu familia.
—¿Quiere que le hable de papá?
—Si te parece lo correcto, adelante. Tu madre o tus hermanos también son importantes para poder conocerte mejor.
—No tengo hermanos. Papá está… en otro país ahora mismo. Eso creo. Pero mi guardadora me dice que debo seguir temiendo que se aloje en alguna ciudad cercana, aquí en Japón. No quiere seguir viéndolo. Tal vez ya se lo he dicho y se lo diré más veces, pero ella es la ex-novia de mi padre, es la única relación que tienen. O tenían… Bueno, como mi madre está muerta y no conozco más familiares, ella se ofreció a protegerme. Sintió algún tipo de empatía por mí.
—Bien, To-, no, Takeuchi-kun, entonces, ¿por qué no intentamos algo?
—Sí, te diré.
(Datos eliminados)
Todomatsu soltó un respiro pesado y se dejó caer en el sofá. Cerró la laptop después de seguir oyendo más fragmentos aleatorios.
Fue a tomar un baño. Esta vez se estaba tomando su tiempo para relajarse. Atsushi tenía en su casa una tina tipo jacuzzi, así que Todomatsu se relajó en ella —rara vez lo hacía—. Le traía ciertos recuerdos de cuando iba con sus hermanos a los baños públicos a tomar un baño relajante, o divertido en ocasiones.
Se lavó el cuerpo primero —como solían hacerlo comúnmente en el nipón— y se puso champú de ese olor a chicle que tanto le gustaba. Se tomó todo el tiempo para masajear y limpiar adecuadamente su castaño cabello. Después por fin se metió a la tina hasta que el agua caliente le llegó a la barbilla. Se quedó ahí un momento, recargando la nuca contra la orilla. Se puso una toalla en el pelo y suspiró de satisfacción.
Después de remojarse otro rato, se secó, se cambió y se dirigió a la habitación. Estaba más relajado.
8:08 pm.
Estaba cocinando algo para cenar. Hacía mucho que no comía pesado, pero de verdad le había entrado un feroz apetito. Estaba preparando unos dumplings de carne y pollo con verduras junto a algo de té negro. Estaba tan hambriento que la cantidad de los bollos era exagerada.
El olor que la comida calientita emanaba era delicioso; dulce y salado a la vez. Daba ese toque característico de un hogar cálido.
Estaba pensando que quizá comprar unas cajas de bento cerca de la estación sería mejor, pero sinceramente estaba harto de las cajas de almuerzo. Era ya toda una costumbre para él.
Mientras hervía y freía los dumplings, hablaba con Futsuumaru por teléfono.
Era una plática casual entre amigos de nuevo. Uno cocinaba y el otro jugaba videojuegos.
Últimamente ambos procuraban terminar rápido con sus tareas del trabajo o de la universidad para poder conversar al menos una vez a la semana.
—¿No ibas a ir hoy con tu novia?
—¿Con Sae? Oh, no. Nos hemos visto demasiado los últimos días. Ahora me toca jugar videojuegos toda la noche, ja, ja.
—Uh, quisiera volver a jugar contigo.
—¿Para que vuelvas a perder? Claro, ven cuando quieras, Totty.
—Debí suponer que dirías algo así.
—¡Ja, ja, ja, ja!
Futsuumaru estaba muy animado. De vez en cuando se desesperaba porque empezaba a perder sus partidas, pero después volvía a la normalidad prestando de nuevo toda su atención a su amigo. En un instante en que ninguno de los dos supo qué agregar, Futsuumaru dijo:
—Totty, ¿no quieres hablarme de Atsushi de nuevo?
—¿Eh?
—Hace rato lo mencionaste entre líneas. Me da la sensación de que… quieres decirme algo de eso.
—Bueno, sí. Pero nada cambia mucho a lo que te he dicho hace días. Igualmente te lo diré.
—De acuerdo, ¿qué es?
—Esa mujer… me habló.
—¿¡Eh!? No puede ser. ¿Kaede?
—Esa misma. Aunque, no me habló a mí precisamente. Marcó al número del teléfono de la casa y esperaba que Atsushi-kun respondiera, pero no lo hizo. Estaba yo en su lugar y simplemente… atendí la llamada. —Futsuumaru prestaba atención. Al fondo de las voces podían distinguirse los sonidos que provocaban cada uno: el ruido de los botones del control remoto siendo rápidamente presionados, y los bollos chinos friéndose. Todomatsu siguió—: No estoy seguro de que es lo que quería. Debo transmitir su mensaje a Atsushi-kun pero… no entiendo nada. Creo que él quiere irse de Tokio.
—¿Otra vez con eso?, ¿irse de Tokio?, ¿en serio? Lo dudo, Todomatsu. Teniéndolo todo aquí, ¿por qué habría de…?
—Lo sé, lo sé. También pienso lo mismo. No tiene sentido. Pero ella sonaba tan… segura de sí misma. Como si Atsushi le hubiese aclarado todo desde hace tiempo.
—¿Piensas que ella es algún tipo de amante?
—Puede ser.
—¿Y crees que él terminará yéndose de Tokio antes de que termine el año?
—Puede ser.
—¿Y supones que él está envuelto en algún caso ultra-peligroso internacional?
—Puede ser.
—¡No, Todomatsu! Estamos suponiendo demasiado.
—¿Qué debo hacer si no quiere hablarme de nada?
—No lo sé… Tal vez algo que solo tú sepas.
—Algo que solo yo sepa… —repitió en un susurro. Dio vuelta con los palillos a un par de dumplings. De repente sus ojos brillaron y chasqueó los dedos con aprobación—. ¡Eso es, Maru! ¡Eres muy listo!
—Eh… ¿Lo soy?
—Debí suponer algo como eso antes, ja, ja.
—Eh…
—Por cierto, algo más que creo que solo tú puedes saber.
—¿Qué es?
—El nombre de Atsushi-kun…
—¿Su nombre? Atsushi Takahashi, ¿cierto?
—Ajá. Estuve husmeando y tratando de hilar cabos.
—¿Y…?
—Me di cuenta de que Atsushi-kun cambió su apellido por razones desconocidas para mí. ¿De casualidad recuerdas cuál era su nombre completo en secundaria?
—Hum… A finales de preparatoria comenzó a llamarse a sí mismo Takahashi, pero no recuerdo por qué. Creo que tomó el apellido de un tío lejano suyo por algún conflicto familiar.
—Mmm, ya veo.
—Pero, si no es algún efecto mandela, recuerdo haber visto en las listas un kanji distinto al lado de su nombre. No recuerdo cuál era… Creo que la pronunciación también empezaba con T.
—¿De casualidad no sería… Takeuchi?
—¡Oh! ¡Ese mismo!
—Ugh… Lo sabía. No quiero ni pensar en ello…
—¿Por qué?
—Creo que Atsushi-kun grabó a algún familiar suyo. No lo sé. —Aunque Todomatsu hablaba con sinceridad, no revelaba ningún detalle sobre lo que había escuchado. Prefería mantener cierta distancia con cualquier persona sobre ello—. Hay algunas cosas que al parecer no le pertenecen del todo, pero él las tiene.
—Entiendo… Es algo raro, ¿no?
—Sí, lo es. Voy a terminar de oír eso y a zanjar el caso. Después hablaré con Atsushi sobre el otro asunto. —Suspiró—. Sobre la llamada de hoy.
—Ya. ¿Entonces crees que Atsushi está vinculado con el chico de las grabaciones?
—¡Definitivamente! Y me da miedo que se haya esforzado tanto por ocultarlo. Oh, Maru, estoy asustado.
—Tranquilo, Totty. Quizá es algo que se olvidó que tenía por ahí y listo.
—¿Cómo eres tan positivo?
—Mis antiguas clases de yoga, tal vez —dijo y se rio.
Todomatsu meneó la cabeza y siguió diciendo:
—Bueno, gracias, amigo. Te llamaré más tarde, voy a comer ahora mismo.
—¡Bien! Me quedaré jugando hasta tarde. Puedes hablarme de nuevo si quieres hacerlo.
Todomatsu le dijo que así lo haría y colgaron.
9:15 pm.
Mientras remojaba un bollo en la salsa de soja y le daba un mordisco, revisaba sus redes sociales. Estaba tan inmerso entre ambas actividades que no se dio cuenta de que Atsushi había llegado. Entró a la casa tan sigilosamente que Todomatsu no pudo evitar dar un brinco del susto. La salsa oscura se esparció por la mesa y el bollo se deshizo en el suelo.
—Atsu… Atsushi-kun… ¡Al menos avisa que ya estás aquí cuando recién llegas! —le dijo a regañadientes mientras posaba una mano en su pecho, tratando de tranquilizar a su pobre corazón.
—Te lo dije, pero al parecer estabas muy distraído.
—Fuh… Las pagarás… —le dirigió una mirada de recelo. No sabía cómo debía referirse a él o cómo pensar de él. Estaba exhausto de solo hacerse la idea de que debía sacar a la luz muchas verdades que tarde o temprano podrían destruir a cualquiera de los dos.
—¿Cocinaste?
—S-Sí… ¿gustas? Tal vez no comiste hoy.
—Más tarde. —Sonrió apenas—. Gracias.
Todomatsu no dijo nada más. Cuando por fin se le ocurrió algo que podía decir, Atsushi ya se había ido de la cocina. Creyó que quizá había ido a tomar una ducha, pero no estaba ahí.
Cuando acabó de comer se dispuso a tener una leve charla con él mínimamente antes de dormir, así que lo buscó.
Finalmente lo vio afuera, en el balcón donde estaba el ventanal. No tenía las luces encendidas ni nada. Simplemente estaba allí, observando el frío cielo nocturno junto a su luna en cuarto menguante. Estaba en silencio con la mirada perdida, fumando.
A Todomatsu le sorprendió verlo así.
—¿Fumas? —le preguntó llegando desde atrás, apareciendo de entre la oscuridad. Las luces de adentro estaban apagadas. Solo eran ellos dos, las estrellas y el conticinio—. Creo que nunca te había visto hacerlo.
—Lo dejé hace mucho tiempo. Ahora he querido probarlo de nuevo —se explicó.
—Dame.
—No, te va a hacer mal.
—Pero también quiero probarlo.
—Estos son míos.
—¿Y si hace mal entonces por qué lo haces?
—Calla. Después te conseguiré un cigarro de caramelo.
—¿Eh?, ¡no!
Atsushi soltó una risita. Parecía más bien un suspiro cansado.
Todomatsu no agregó nada y se quedó ahí con él observando las estrellas. Recordó de repente aquella vez en la que vio una estrella fugaz y pidió un deseo para Atsushi.
—Todo-chan, ¿qué estuviste haciendo hoy?
—¿Eh?, ¿a qué vino eso?
—Me dieron ganas de llamarte así de repente. —Se encogió de hombros.
—Hum… Pues, fui al trabajo y después fui de compras con Sacchi y Aida —mintió.
—Oh, ¿de verdad?
—Ajá.
—Se me ocurrió que hoy podría ir a buscarte a la cafetería —exhaló humo—, pero no estabas. Olvidé tu horario. Aunque me pareció haber visto a tus amigas allí todavía. ¿Me habré equivocado?
—Seguramente te confundiste.
—Hmn, entiendo. —Acabó su cigarrillo y lo apagó en el cenicero que tenía cerca, el cual tenía montones de mentitas, pues se suponía que nadie fumaba allí—. Vayamos dentro, estoy exhausto. Necesito tomar una ducha.
Dicho aquello, ambos se metieron a la casa. Al pasar por la cocina, Atsushi estaba masticando algo; el menor supuso que había ido a agarrar un dumpling.
Todomatsu renegó para sus adentros, pues la camisa tenía un ligero olor a tabaco. Hizo una mueca y enseguida fue a cambiársela.
Cuando estaba recostado en la cama, estaba esperando ansiosamente a Atsushi. Quería ver a detalle sus facciones. Puede que fuera un niñito fresa, llorón y algo torpe, pero aún seguía teniendo esa parte de “demonio” (como solían llamarle sus hermanos) en él. Esperaba con ansias.
Atsushi volvió después de unos 10 o 15 minutos. Tenía el pelo todavía húmedo y llevaba puesto su pijama gris y unos lentes que usaba para leer cuando revisaba su laptop por la noche.
Todomatsu miraba fijamente a Atsushi esperando a que aquel lo notara y le dijera que se detuviera, pero le prestó caso omiso. Después de un rato de vez en cuando lo miraba por el rabillo del ojo, pero no decía ni una sola palabra. El menor miraba fijamente las manos de Atsushi al teclear.
“Algo que solo tú sepas”, se repetía una y otra vez en la mente de Todomatsu. Las palabras de Futsuumaru eran poderosas en él.
Estaba pensando cómo llevaría su plan a cabo.
Cuando estuvo ya un buen rato en silencio se acercó lentamente al contrario y con una mano cerró lentamente la computadora portátil, hasta que la tapa hizo un sonido agudo al cerrarse completamente. “Click”.
Todomatsu miró al mayor desde abajo, con ojos de perrito desconsolado, y se le acercó más poco a poco.
—¿Qué sucede, Todomatsu?
—Atsushi-kun, ¿qué pensabas hacer esa vez?
—No entiendo de qué hablas.
—Ya sabes… Esa vez en el pasillo.
Atsushi desvió la mirada e hizo una pausa breve para continuar.
—No tienes por qué saberlo hasta que suceda. Arruinarás todo.
—Ugh… —Todomatsu se sonrojó gravemente, pero todavía había una presión en su pecho que no le dejaba estar en paz—. No tienes por qué decirlo como si nada. Al menos… una pista, dame una pista. Aunque no suceda hoy… quiero probar un poco de lo de aquella vez.
—¿Oh?, ¿por qué?
—¿Y por qué no?
—Porque —decía con serenidad mientras lo sostenía de los hombros para mantenerlo a la distancia que se le diera su antojo— no me gusta dejar asuntos a medias.
—¿No crees que eso te quita momentos de diversión?
—No, solo aumenta mis deseos. Y… los tuyos también.
—No digas eso… —le dijo Todomatsu tenuemente mientras se le acercaba para rozar sus labios con los ajenos. No obstante, Atsushi puso su mano para cubrir su boca. Le negó el beso.
—No.
—¿Qué te molesta?
—Voy a empezar yo. Aunque sea solo un juego de momento.
—Bien —dijo Todomatsu mientras se recostaba, aflojando el cuerpo. Estaba comenzando a ponerse nervioso, no quería creer que estaba siendo un manipulador.
Atsushi lo acarició por encima de la ropa juguetonamente. Sus movimientos no eran tan apasionados como el contrario lo esperaba, pero estaba bien así. De nuevo empezó a besarlo suavemente, con cuidado y dedicación. Estaba besando su cuello con lentitud y después llegó a sus mejillas, su frente y todo su rostro. Apenas dio un roce en sus labios carnosos, besándolo con cariño. Sin embargo, Todomatsu no se estaba sintiendo muy cómodo. Aunque devolvió el beso, no sintió lo que esperaba. Deseaba pronto poder zafarse de la situación. Algo no le gustaba, quizá por todo lo que había tenido que soportar días y horas atrás.
—Todomatsu…
—Dime, Atsushi-kun.
—Estás tenso.
—Perdón. No puedo evitarlo. Cuando estás tan cerca de mí… es extraño.
Atsushi entrelazó su mano con la de Todomatsu y lo miró fijamente sin decir nada.
Todomatsu entonces sintió un tipo de remordimiento o algo que se le parecía. Al recordar las palabras de Futsuumaru, comenzó a confiar en que, era quizá verdad el hecho de que Atsushi no sería capaz de irse de Tokio. Atsushi era normalmente muy insistente con él y además muy apasionado. No podía creer que un hombre como él fuese capaz de tener una aventura con otra persona. No podía creerlo. ¿Por qué no lo abandonaba o rechazaba simplemente sin más? Creía que Atsushi lo seguía amando y tenía algunas bases para probarlo. Aunque siempre estaba la otra parte; la parte que gritaba y exigía la razón.
Todomatsu interrumpió el momento indecorosamente.
—“Nos veremos en Kobe, es donde estoy viviendo ahora. Me dijiste que pronto abandonarías Tokio, así que pensé que venir a verme sería una buena idea para que empezaras de nuevo”.
—¿Qué? —Atsushi se apartó lentamente.
—Eso es todo lo que puedo recordar de la conversación. Al menos es el punto más importante.
—No entiendo…
—¿Qué es lo que no entiendes?, ¿no te llega una pista a la cabeza o algo?
Todomatsu estaba usando un tono de voz algo temeroso pero que se tornaba agresivo en algunas palabras con cierto énfasis.
Atsushi se apartó del menor y su rostro se puso serio.
—Dime, Todomatsu, ¿de qué hablas?
—Tú tienes la culpa por no hablar conmigo con claridad.
—Todomatsu…
—¿Quién es Kaede?
La piel de Atsushi se heló.
Se había quedado sin habla y Todomatsu lo desafiaba con la mirada. Aunque no podían notarlo, ambos temblaban con temor.
Chapter 39: Algo inesperado
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Ahí sentando en el borde de la cama, Atsushi estaba totalmente rígido. Vacilaba para apenas pronunciar palabra.
—Hoy ella me dijo que te pasara ese recado, pero como ya te lo dije, no puedo recordarlo todo. Apenas detalles… —siguió diciendo Todomatsu—. ¿Y bien?
—Es… —titubeó— una colega del trabajo.
—¿Colega?
—Es correcto —dijo mientras desviaba la mirada y se relamía los labios con evidente nerviosismo—. Así que… ¿no recuerdas que más te dijo?
—No —respondió. Y no mentía, pues aunque podía armar fragmentos de la conversación en su memoria, lo cierto era que debido a la tensión del momento había olvidado la mayor parte de todo.
Todomatsu seguía viendo a Atsushi fijamente sin ni siquiera parpadear. Estaba totalmente atento a cualquier signo que le fuese de ayuda para una evidencia sólida acerca de algún tipo de sospecha suya. Sus pupilas estaban contraídas.
Atsushi no agregó nada por su parte y se levantó de inmediato de la cama.
—Debo hacer una llamada…
—¿A ella?
—…..
—Atsushi-kun, ¿quién es Kaede? —Al no obtener de nuevo una respuesta se desesperó y le preguntó otra vez con impaciencia—: ¿¡Quién es!?
—Ugh, basta con todo esto. No debes mezclar asuntos del trabajo con asuntos banales.
—¡Mhm! De modo que ahora todo aquello que no es trabajo es ahora un asunto banal. —Todomatsu estaba de verdad exhausto por tener que soportar a Atsushi. Y, a veces lo odiaba porque le recordaba a una versión más joven y no tan lejana de sí mismo. Ese “yo” que se esconde al ocultar sus verdaderas intenciones y sentimientos.
—Vamos, Todomatsu. Estás intentando ponerte un saco que no te queda.
—¿Qué sabes tú de todas formas? —Hizo un puchero y se cruzó de brazos, molesto—. De cualquier manera, siéntate. Debes contarme muchas cosas.
—¿Eh? No tengo nada que decirte. —Negó con la cabeza repetidas veces.
—Atsushi-kun —dijo. Su voz sonó como a una sentencia.
El mayor hizo caso omiso y caminó hasta el marco de la puerta, yendo hasta su despacho. Su mirada había perdido brillo, estaba pálido y sus manos y piernas estaban ligeramente temblando, como si hubiese presenciado un espectro. No oía la voz del contrario; lo ignoraba inconscientemente. Permanecía absorto en sus cavilaciones.
Al no ver señal de alguna reacción en el contrario, Todomatsu se puso de pie, caminó hacia él y lo sujetó del brazo con fuerza para impedirle avanzar.
Atsushi se molestó.
—¿Por qué eres tan distante?
—A ver, Todomatsu, escucha —le dijo fríamente—, hay asuntos que no podrías entender.
—¿Por qué no?
—Cielos, ¡no seas tan obtuso y no te metas en mis asuntos!
—¿¡Y acaso lo intentas siquiera!?
—Solo quiero que… te alejes de eso.
—Lo dices tan fácilmente.
—¿Crees que… es fácil? Todomatsu, por favor, deja de hacer esas hipótesis tan torpes.
—Tonto. Tonto Atsushi… —decía mientras golpeaba el pecho del mayor con puños débiles, lentamente. Se esforzó por que las lágrimas no salieran a la luz—. Sales con hombres y mujeres todo el tiempo… Siempre tan ocupado y ensimismado… ¿Cómo puedo confiar en ti después de…? Atsushi-kun, ¿quién es Kaede?
Atsushi frunció el ceño, estaba enojado.
—¡Bien! En vista de que seguirás con lo mismo y seguirás sin creerme —dijo irritado— no tengo de otra que hacerte de lado. ¿¡Por qué no puedes simplemente creerme!?
—¿Creerte? ¿Qué me dices sobre “irte de Tokio”? ¿De verdad tú…?
—No —lo interrumpió—. Claro que no.
—Esto no suena como un simple viaje de negocios…
—No planeo salir de Tokio para tener que irme a otro estado de Japón. ¿Qué sentido tiene?
—¿¡Verdad!?
—¡Dios mío! Hoy estás muy eufórico. En serio, mantén tu distancia y después de todo tú…
—¡No! —grito y lo interrumpió—. Ya he estado muy apartado de todo esto. ¡Apartado de ti!
—Todomatsu…
—Además, cuéntame, ¿qué pasa verdaderamente contigo? No sé muchas cosas de ti. ¡Hay tanto que no conozco! Me has conocido más profundamente tú a mí, pero no puedo decir lo contrario. ¡Me siento tan solo! A veces pienso que quisiera conocer a tu familia pero dices que has perdido tus lazos… ¿¡Es eso verdad!?, ¿¡o me estás alejando!? —Todomatsu reclamaba abiertamente. A medida que iba hablando, Atsushi iba palideciendo cada vez más poco a poco—. Hay montones de cosas por saber. ¡Quiero que me digas de una vez si de verdad me quieres o…!
—¡Basta! Ya fue suficiente de esto —exclamó un enfadado Atsushi mientras se alejaba violentamente del agarre de Todomatsu—. Nada es suficiente para ti. Ya conocimos todo lo que teníamos que conocer el uno del otro, pero tú no lo comprendes todavía. Nada de lo que te he contado de mí ha sido una mentira. ¡No entiendes nada! ¡Eres insistente y eso es verdaderamente molesto!, ¡te vuelves una piedra en el zapato! Pero, olvídalo. Tendrás más tiempo para pensar sobre esto a solas… Iré a dormir a la planta baja. Intenta meditar un poco y déjame el camino libre por ahora.
—¿Q-Qué? —Todomatsu estaba confundido. Lo único que hizo fue observar al mayor abandonando la habitación. Estaba consternado, pero no dejaría que eso lo venciera. Sentía unas inconmensurables ganas de romper en llanto, pero luchó por no hacerlo. De hecho, su cuerpo no estaba dispuesto a permitirle llorar en aquel momento. No sabía por qué, pero así lo sentía. En su lugar, se limitó a maldecir al mayor como raramente (o nunca) hacía. El demonio que había vivido en él durante su adolescencia seguía en el fondo de su ser, escondido en alguna parte. Ya no quería llorar más. Cuando observó a Atsushi retirarse apenas susurró—: Ese maldito…
Se fue a dormir con un poco de remordimiento, pero hizo un intento por meditar un momento y relajarse antes de sumirse de lleno en el sueño. Cerró la puerta de la habitación con seguro para que Atsushi no entrara de repente, se sentó en medio de la cama y se cruzó de piernas. Recargó las muñecas sobre las rodillas con las palmas de las manos extendidas hacia arriba y comenzó a respirar hondo, con ritmo.
Por un momento se sintió ridículo ya que creyó parecerse a una pobre imitación de alguna clase de monje budista, pero se deshizo del pensamiento lo mejor que pudo y permaneció así. Quería llevar a cabo una meditación que le permitiera pensar mejor las cosas y procesar la información de manera justa. Las únicas dos veces en las que había acompañado a Futsuumaru a su clase de yoga le vinieron bien. Aunque, necesitaba práctica.
Al día siguiente estaba en la cafetería una vez más. Pensar en Atsushi era pesado para él. No podía concentrarse en otra cosa.
Cuando estaba en el trabajo se esforzaba por no atender a los clientes con una mala cara, le era difícil.
Después de tanto simplemente creía que debería distraerse con algo que estuviera fuera de su rutina.
Eran ya las 3:00 de la tarde. Mientras caminaba hacia las afueras de la plaza para después ir a casa de nuevo, se metió en un pequeño bar y bebió algo. Pidió una bebida extraña de color azul turquesa que no sabía qué era con exactitud.
Hizo un gesto al saborear la amargura del licor y se dispuso simplemente a seguir bebiendo mientras revisaba su celular de cualquier notificación. Pasaron quizá unos diez minutos hasta que fue interrumpido por un hombre más o menos de su edad o la de Atsushi.
—¿Te molesta si me siento contigo? —preguntó el recién llegado.
—Uh… Adelante —respondió Todomatsu restándole importancia.
El chico se sentó justo a su lado y pidió la misma bebida que Todomatsu. Dio un sorbo también y como si se hubiera tratado de un simple vaso con agua, lo dejó medio vacío como si nada sobre la barra.
—Ni dulce ni amargo… Tiene un sabor interesante.
—“¿Interesante?” Yo me arrepentí totalmente de pedirlo, no me gusta. —Todomatsu alejó la copa de él, empujándola con la punta de sus dedos hacia enfrente—. Pediré otra cosa.
—Déjame invitarte.
—¿Por qué?
—¿Y por qué no? —Esbozó una sonrisa—. Para pasar el rato… Estoy aburrido. Además, si no me equivoco, tienes pinta de no quererte ir pronto.
—Hum, acertaste —dijo sin verlo todavía.
—Disculpa, ¿puedes traernos una botella? —mencionó el moreno tras dejar un billete sobre la barra. El barman les dejó una botella de vodka junto a dos vasos highball—. Gracias…~ —dijo en un tono dulce y juguetón.
Todomatsu entrecerró los ojos con molestia, le recordó a sus dos estúpidos hermanos mayores quienes siempre se pasaban de listos.
Dio un sorbo a la bebida y aunque le quemó la garganta intentó pasar desapercibido. No era muy bueno tomando si no se trataba de sake, cerveza o vino.
—Fuh… Un poco mejor.
—Ja, ja, definitivamente. Esto es lo que necesitaba —suspiró—. Entonces, ¿trabajas por aquí cerca?
—No realmente. Solo… tomé un desvío.
—Ya veo. ¡Con razón me sorprendí al verte aquí de repente! —dijo y se rio.
—¿Verme de repente? —preguntó Todomatsu.
El chico se quedó sin habla, como si estuviera batallando con una repentina confusión. Después de parpadear varias veces y vacilar un poco con una sonrisa nerviosa, dijo:
—Uh, lo siento, debes estar confundido. Aquí, mira —dijo mientras sacaba su celular del bolsillo trasero de sus jeans y buscaba algo en él con agilidad.
—¿Ese es…?
—Ja, ja. Soy un seguidor tuyo.
Lo que Todomatsu miró en pantalla era su propio perfil de instagram. Aquel chico lo tenía entre sus favoritos al parecer desde hacía un tiempo.
—O… ¡Oh! Ya veo.
—Dicho esto no quiero que pienses que soy un acosador o algo así. Simplemente te encontré de repente. Cuando te vi de perfil no creía que de verdad fueses tú pero… ¡Aquí estamos, bebiendo juntos!
—¡Bien! Gracias por invitarme entonces, este…
—Oh, lo siento, Matsuno-kun, debí haberme presentado desde el principio. Soy Yanagida.
—Mucho gusto, Yanagida-kun.
—Lo mismo digo.
—Supongo que… “Todomatsu-kun” está bien también.
Yanagida esbozó una gran sonrisa.
—¡De acuerdo! Entonces, Todomatsu-kun —decía mientras se acercaba más el mencionado, llegando casi al contacto físico—, cuéntame algo sobre ti.
—¿Qué debería contar?
—Uh, no lo sé. Cualquier cosa es suficiente. Saca un tema para dos tipos que se conocen en la barra de un bar.
—Ja, ja, ja. Bueno…
—¡Oh! Esta canción es buena —dijo mientras se mecía con el jazz de fondo.
—¿Puedo pedir un consejo?
—Claro.
—Bien, yo…
—¡Espera! —Interrumpió a Todomatsu para tomar la botella de vodka rápidamente y servirle en el vaso de vidrio—. Servir tu propio vaso trae mala suerte. Ahora, ¿qué decías?
—Eh, ¿qué le dirías a una persona que… se niega a hablarte sobre su vida? Quiero decir, si esa persona es alguien muy cercano a ti.
—¿Hum? Bueno, creo que no le forzaría.
—¿Eso es todo?
—¿Qué podría decirle? —se preguntó a sí mismo—. Tal vez le trataría con cariño y… con suficiente compasión como para dejar que poco a poco pueda entenderse a sí mismo y de paso, hacerme entender.
—Oh…
Los ojos de Todomatsu brillaron. El alcohol comenzaba a hacerle efecto, había bebido muy rápido. Escuchaba con atención a su compañero de bebida.
—Lo mejor que se puede hacer es… únicamente escuchar. Sin preguntar ni comentar nada al respecto. Creo que todas las personas queremos ser escuchadas. Y, cuando haya recibido la atención que necesitaba, solo entonces, se podría decir algo al respecto. Hablar y comentar todo con respeto y calma es lo que creo que es correcto. Para que haya al menos una conexión de almas antes de que un malentendido se abra paso entre ambos. De eso se trata la comunicación.
—Yanagida-kun.
—¡Oh! Lo siento, creo que me dejé llevar, je, je. Estoy un poquito borracho. —Sonrió con pena. El sonrojo en sus mejillas morenitas se miraba lindo.
—¡Está bien! Creo que es lo que necesitaba escuchar —dijo Todomatsu sonrojándose también. Se rascó la mejilla con pena y bebió vodka.
—Y, ¿no has pensado en volver a Kioto?
—¿Kioto? Ah, lo dices por las fotos de mi perfil. No, la verdad no he pensado en irme de Tokio otra vez. Hace mucho que no…
—¡La ciudad es difícil de abandonar una vez que se está aquí!
—Uh, sí —dijo con pesar.
—Y más cuando —agregó— no estás solo.
—¿Cómo sabes de…?
—Uff, yo más que nadie lo sé. Las chicas son complicadas, ja, ja.
Todomatsu hizo un mohín y se terminó su trago. Yanagida siguió hablando.
—Tú… Bueno, he tenido problemas con mi trabajo. Modelo para una revista de moda.
—¡Oh! —exclamó Todomatsu con asombro. No había prestado atención a ello, pero ciertamente si se fijaba mejor, Yanagida tenía buen cuerpo, una piel visiblemente suave y limpia, y una fisonomía perfecta. Después de observarlo a detalle desvió la mirada para no verse muy bobo.
—Las revistas usualmente se ligan con empresas publicitarias y, bueno, me preguntaba si conocerías algo como eso para poder ayudar mejor a… mis colegas —explicó a la vez que rellenaba el vaso de Todomatsu—. Estamos promocionando una nueva liga de trajes para empresas populares.
—Tal vez…
Yanagida se alegró
—¿De veras?
—Sí, aunque, faltaría ver y ajustar todo. —Bebió del vaso. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al sentir la bebida bajar por su garganta hasta llegar a su estómago.
—Y… ¿está muy lejos de aquí?
—Nah —dijo un sonrojado Todomatsu, con el rostro caliente por el alcohol—, no tanto.
El más alto dejó de beber hacía ya un rato. Se limitaba a llenar el vaso de Todomatsu una y otra vez.
—¿Conoces entonces a alguien que… pueda recibirnos?
—¿Mhm? Sí, claro. Pero créeme, no querrá acceder, ja, ja. Él siempre es así.
—¿”Él” es…?
—¿Eh?
—De repente me pareció haber leído algún apellido o algo de esa posible persona en tu usuario.
—“¿Takahashi?”
—Oh, sí, era ese nombre. —Meneó la cabeza, de nuevo confundido. Parecía pensar con detenimiento en algo.
—Maldito Atsushi-kun… —susurró para él mismo—. ¿Cómo se llama tu revista?
Yanagida prefirió ignorar el hecho de que Todomatsu mencionara al otro hombre y respondió:
—Es la revista VOGUE.
—¿¡Eh!? Demente Yanagida-kun, lo dices como si nada. —Se sorprendió y le tomó confianza como para llamarlo “demente”.
—Ja, ja, ja. Me he acostumbrado…
—Me doy cuenta.
Hubo un momento de silencio. La música de fondo y las voces ajenas llenaban el vacío. El barman conversaba banalmente con una persona en la otra esquina de la barra en voz baja.
Eran las 4:30 de la tarde. El otro esperó a que Todomatsu terminara de beber lo que le quedaba en el vaso y le hizo una sugerencia.
—Todomatsu-kun, ¿qué dices si seguimos bebiendo en mi casa?
—¿Huh?
—Podríamos conversar con más libertad. Creo que este no es un buen sitio para hablar de nuestros asuntos, ja, ja.
—La idea de salir de aquí con un desconocido es…
—¡Ja, ja, ja! ¡Qué grosero! Ya no soy un desconocido, soy Yanagida-kun, tu más fiel seguidor.
—Pff… Claro. —Soltó una risita. Ya se sentía bastante ebrio, pero poco le importó tener que llegar a casa a preparar la cena y, aburrido de la rutina, accedió—. Bien, vamos, pero tendrás que pagar mi pasaje.
—Oh, ¡vamos! Iremos en mi auto. Allí está —dijo señalando un automóvil Mazda color blanco estacionado afuera del bar.
Todomatsu se apoyó en los hombros de su compañero y al salir del local subió al auto, justo en el asiento del copiloto. Era un auto más espacioso que el auto gris de Atsushi.
Al llegar al departamento de Yanagida, Todomatsu y él se quedaron en la sala conversando. De vez en cuando, el menor mencionaba entre sus conversaciones a Atsushi.
—¡Ja, ja! Ese tal Atsushi debe ser un verdadero problema —dijo con osadía.
—Sí que lo es. Ugh…
—¿Podrías darme su número?
—¿Eh?
—De ese Atsushi, por favor. Creo que… me conviene tener algún contacto dentro de las oficinas centrales. Ya sabes, la revista busca personas con buenos contactos, sin importar de qué tipo sean. P-Por eso…
—Claro, aquí tienes. —En medio de la ebriedad, Todomatsu le dio el número de su novio como si no significara nada. Sus ojos estaban cada vez más cerrados.
Yanagida sonrió con satisfacción.
—Te agradezco, Todomatsu-kun.
—Ajá.
Todomatsu seguía mareado. Sentía un poco de nauseas, la cabeza le daba vueltas.
Cada vez se hacía más tarde, pasaban de las 5:00 de la tarde.
—Entonces, Todomatsu-kun, ¿te importa si… seguimos en contacto?
—No veo por qué no. —Bostezó.
—Ja, ja. Creo que no me entiendes.
—¿Uh? —balbuceó. Las náuseas no le dejaban pensar claramente.
—Escucha, Todomatsu-kun. Siempre he pensado que las personas como tú son algo… especiales. Cuando te miraba a través de las redes sociales creí que quizá podríamos ser muy buenos amigos algún día. Que nos hayamos encontrado ahora tal vez era parte del destino.
—Oh.
—Y entonces pensé: «¿por qué no intentar hablarle?» Estando en la misma ciudad y en el mismo país además, creo que fue una buena oportunidad para tratarnos.
—Y-Ya veo… —Se sostuvo el estómago con dolor. El moreno se acercó poco a poco a Todomatsu, hasta que éste pudo sentir su respiración—. Yanagida-kun, creo que es mejor que ya me vaya. Gracias por… la bebida.
—¿Tan pronto? —Esbozó una sonrisa un tanto maliciosa—. Quédate un rato más. No todos los días te encuentras con tu celebridad favorita. ¡Y lo digo por mí! Ja, ja, ja. Ya sabes, la celebridad de instagram y la celebridad de una revista.
—Ja, ja… C-Claro.
Todomatsu se puso de pie tomando sus cosas dispuesto a irse, pero el otro lo detuvo con rapidez sujetándolo del brazo.
—Me alegra que vinieras —le dijo, clavándole la mirada.
El menor asintió sin mencionar palabra. No quería agitarse para no marearse más. Yanagida se ofreció a llevarlo a casa pero él se negó, no quería que Atsushi lo viera llegar con alguien más. Incluso si el mismísimo Atsushi probablemente lo hacía, Todomatsu no quería ser igual a él.
A pesar de haberse despedido ya, el más alto no lo soltaba, estaba aferrado a la camisa blanca del contrario.
—Uh, ¿qué sucede?
La actitud del de piel oscura lo inquietó. Parecía que quería decir o hacer algo, pero vacilaba en exceso y eso le ponía los pelos de punta. No sabía cómo interpretar su comportamiento, no tenía una mirada de malas intenciones o algo, pero tampoco podía ser bueno.
—Veámonos de nuevo.
—Es-Estaré ocupado…
—Esperaré.
—¿Por qué?
Yanagida se acercó al menor, justo cuando estaba en la puerta para salir del departamento. Se quedó así, un momento estático cavilando sobre algo. Quizá solo fuera la imaginación de Todomatsu pero, había percibido que Yanagida temblaba y sudaba un poco.
Lo seguía sujetando del brazo y con la otra mano lo agarró del hombro bruscamente. Todomatsu no obtuvo respuesta, pues las acciones del otro eran suficientes para transmitírsela. Se quedó sin habla. Los ojos del modelo denotaban desesperación, preocupación, enojo, frustración y… tristeza. Una profunda tristeza. Todomatsu no podía dejar de preguntarse a sí mismo: «¿qué está pasando?»
En el momento en que intentó darse la media vuelta para girar el picaporte de la puerta, el otro lo sujetó bruscamente con más fuerza que antes y desesperadamente lo besó. Los ojos de Todomatsu se abrieron desmesuradamente, el acto lo tomó por sorpresa. Los dos se estremecieron.
Todomatsu trató de apartarse de él pero Yanagida era más fuerte. La embriaguez no le dejaba actuar como normalmente lo haría y eso acabó desesperándole.
Había algo raro en todo aquello. Había algo raro en Yanagida.
El beso forzado que le había proporcionado a Todomatsu no era lo que usualmente alguien de su tipo trataría de transmitir.
No había pasión, y por supuesto, no tendría que haberla dada su situación, sin embargo, no solo era la falta de ella, sino que había sido reemplazada por cierto tipo de repulsión. Ni siquiera el moreno parecía disfrutar de aquello, sus ojos reflejaban confusión y desagrado.
La lengua del mayor había invadido la pequeña boca del más pequeño con desesperación, sin amor o piedad.
Todomatsu finalmente le dio un golpe en el pecho que hizo instantáneamente que se separaran. Ambos, con respiración agitada, se miraron fijamente sin ninguna expresión fija.
Todomatsu denotaba confusión, enojo, asombro y miedo. Yanagida por su parte manifestaba desesperación, exasperación, aversión y… deseo; algo parecido a una sed de sangre sin poder satisfacerse.
Sin duda, un indefinible revoltijo de emociones.
El menor se pasó la manga de la camisa por los labios para quitarse la sensación del tacto. No sabía qué pensar del que, por un momento, había considerado un nuevo amigo.
—¿P-Por qué? —dijo con voz áspera—. ¿¡Por qué!? —Pronunció esas palabras con mucho dolor, parecía que se echaría a llorar. En seguida desvió la vista y se dirigió a la salida. Salió de allí corriendo sin poder expresar de mejor manera su repulsión.
Yanagida se quedó de pie sin decir nada, mirándolo fijamente todavía. Al principio se le veía desesperado por algo, pero al perder de vista al menor imitó su gesto. Después de volver en sí, pasó los dedos de su mano por sus labios para limpiarse y olvidarse de aquel amargo beso. Dirigiéndose al zinc de la cocina que estaba cercano, pegó un escupitajo para olvidarse del sabor. Suspiró con pesadez y después le dio un golpe a la pared con su puño. «Estúpido, estúpido, estúpido…»
Estaba enojado consigo mismo, el tratar al menor así no tenía exactamente un propósito fijo. Fue un acto que surgió de la nada sin un previo plan, o eso creía. Sí que había una razón oculta. En el fondo sentía desagrado por los chicos y pese a ello hizo lo estaba en su mano para cumplir su único objetivo.
Tras recordarlo por unos breves segundos sacó el celular de su bolsillo y lo revisó. Ahí estaba el número que Todomatsu le había proporcionado. Suspiró con algo de alivio y lo reenvió a otro sitio.
—Atsushi… ¿eh? Ja, ja… —Sonrió al ver el número en pantalla—. Al menos esto servirá para obligarlo a actuar.
Todomatsu caminaba lo más rápido que podía, intentando no trastabillar. El alcohol le había hecho demasiado daño y ya no podía soportarlo más. Tomó un taxi libre (poco le importó que le cobraran una generosa cantidad) y llegó a casa más rápido de lo que tenía previsto.
6:31 pm.
Estaba soleado todavía, la oscuridad tardaría en atraparlo. Entró a la casa tan rápido como pudo y sin quitarse antes los zapatos corrió directamente al baño para por fin sacar todo lo que tenía en el estómago. Estaba hecho un desastre. Se abrazó del inodoro para no perder la consciencia mientras vomitaba, el estómago le dolía bastante y se sentía infernalmente mareado.
Cuando terminó se quedó un rato en el suelo mientras intentaba recuperar el aire a bocanadas.
Los recuerdos del reciente suceso con el moreno le carcomían la mente, no podía olvidarse de su rostro y de la sensación del beso. Se maldijo a sí mismo por ser tan estúpido y confiar en las personas tan fácilmente. Lloró al intentar incorporarse.
Con esfuerzo se metió a la ducha y se dio un remojón y después salió bien acicalado todavía con la cabeza dando vueltas. Seguía hablándose con groserías a sí mismo por caer tan bajo, sabía que no debía excederse con el alcohol. Se recostó un momento en la sala de estar y miró el techo sin hacer nada por unos minutos, estaba exhausto.
Después de quizá unos 30 minutos en los que no hizo nada más que reposar sobre el sofá, fue por la vieja laptop dispuesto a seguir con el asunto anterior. Quizá lo pondría peor o quizá no. Lo que fuera, quería olvidarse de Yanagida. Se convencía de que era un acosador después de todo. Le abrumaba estar consciente de cuánto conocía Yanagida sobre su vida privada ahora.
[ Datos: 16/28. Junio del 2006 ]
—Bueno, ¿qué decía? Ah, sí… La semana pasada le hice un regalo a Takeuchi-san. Ella estaba encantada en un principio, pero después… descubrió la verdad y se molestó, naturalmente.
—¿”La verdad” es sobre lo que hablamos la vez pasada?
—Sí. Saqué algunas cosas de la tienda sin pagar. Quiero decir, estuve trabajando ahí por un tiempo así que supuse que no pasaría nada si lo hacía. Pero al final se dio cuenta.
—¿Cuál era tu intención?
—¡Ja! Darle un regalo, obviamente. Ese día todas las madres los recibían y ella… no tenía hijos y yo no tenía madre.
—¿Cómo se dio cuenta de lo que hiciste?
—Mmm, no lo sé. Ella es muy observadora. Es todo lo que tengo para decir, no sabría sus métodos. Es una mujer.
—A tu manera intentaste darle un regalo y ella te regañó.
—No, no lo hizo. Ella me habló con serenidad. Me dijo que apreciaba mucho mi dedicación en hacerle un regalo pero que, cuando una persona siente mucho aprecio por otra, se esfuerza por hacerle el bien y con su propia mano consigue lo que necesita, incluso si no es mucho.
—¿Lo resumiste o podrías decir que esas fueron sus palabras exactas?
—No estoy seguro, así es como mi mente lo recuerda.
—Bien, pasemos a otra parte. Antes de eso, ¿qué te dijo?
—Me dijo que, pase lo que pase, no la confundiera con una madre.
—Eso es lo que principalmente querías contarme, ¿cierto? ¿Y qué opinas de esas palabras?
—Debe tener sus razones, quizá piense que puedo volverme un monstruo también. O, no lo sé. Debe de estar pensando constantemente mil cosas… Es que ella, tal vez, sigue intentando encontrar a mi padre por medio mío. Pero no estoy seguro. No sé.
—Okay. Dijiste que le hiciste un regalo porque todas las madres los recibían para el día de la madre. Ella no es tu madre; ni tuya ni de nadie, y tú por supuesto no eres su hijo. ¿Pensaste en considerarla como una?
—Sí, eso podría decir… Pensé que no tendría nada de malo si lo intentaba, pero ella no se sintió cómoda con eso.
—Solo como pregunta extra, ¿sabes sus razones para no haber tenido hijos? ¿Fue una mera decisión personal o hay algún factor en específico?
—Ella es la ex-novia de mi padre. Creo que, antes de que se dieran esos sucesos y rompieran, ella había querido formar una familia con él. Una vez la escuché platicar con él sobre eso, pero mi padre no estaba interesado. Ya teniendo un hijo mayor no tendría por qué querer más niños, ja, ja. Pero ella fue… Bueno, tener hijos no le pareció una buena idea al final y no volvió a abrirse con nadie más. Me parece un desperdicio y me da tristeza, ella es tan bonita y joven…
—Bien, Takeuchi-kun, para finalizar, ¿qué sentiste?
—Eh… —Permaneció un silencio por un momento—. No lo sé, le dije que no lo haría; que no la confundiría con mi madre otra vez. Ella estaba satisfecha después de eso, creo. Pero siempre termino preguntándome qué es lo que quiere. No sé por qué se arriesga a seguir acumulando o incrementando sus malos recuerdos encargándose de mí, ha sido tan piadosa. Es una mujer con mucha compasión. Me gustaría saber si quiere alejarse de mi padre o acercarse a él de nuevo… Estoy confundido. Ja, ja…, ugh, perdón por desviarme otra vez de la pregunta. Creo que me sentí abatido, decepcionado incluso.
—¿Deseas agregar algo más?
—No.
—Bien, entonces, es todo por hoy. Voy a darte una respuesta extensa mañana. Voy a analizarte lo mejor que pueda, así que, descansa y duerme tranquilamente hoy por favor.
—Gracias, Nishida-sensei, hablamos mañana.
[ Datos: 17/28. Junio del 2006 ]
—Háblame de las veces en que tuviste los ataques.
—Oh, yo no diría que fueron ataques, pero, como sea, yo no soy el profesional. Eh, creo que… no sé qué decir. Estaba pensando demasiado, supongo.
—¿En qué pensabas? —Hubo un momento de silencio total. Nishida se vio obligado a continuar con el diálogo—. Debe ser algo difícil de contestar.
—Sí. Eh… No podría decirlo del todo. Sonaría como algo estúpido.
—¿Por qué dices eso?, ¿hay algo que te hace pensarlo?
—Bueno, a veces lloro por cosas que no importan. O, al menos, lloro con cosas que podrían ser normales para el resto pero… no para mí.
—¿Podrías darme un ejemplo?
—Mmm, bueno, podría decir que… simplemente tomar el metro hacia la escuela.
—El metro hacia la escuela, okay. ¿Algo más?
—Hum…
—Cualquier detalle está bien.
—No puedo pensar en nada ahora mismo.
—¿Podrías intentarlo un poco más?
—Eso hago, pero, no lo sé.
—Está bien, Takeuchi-kun. Entonces dime, ¿por qué estás aquí?
—Porque ayer le dije que vendría hoy también, ja, ja, ja. Olvídelo, está bien, dejaré los chistes, no tiene por qué verme así. Eh, no lo sé, Takeuchi-san me dijo que viniera y… lo hice.
—¿Por qué te pidió que lo hicieras?
—Creo que me vio actuar raro.
—¿Te dijo algo relacionado?
—No, pero… creo que le molesta que sea tan callado.
—¿Te dijo algo o…?
—No, nada.
—¿Y por qué crees eso?
—Ella habla mucho y hace muchas preguntas de todo tipo, pero respondo lo más rápido que puedo con lo primero que viene a mi mente, así que… no lo sé. Creo que por eso estoy aquí.
—Entonces estas aquí porque ella se molesta al notarte muy silencioso y, por ende, te pidió que vinieras, ¿correcto?
—Eso creo…
—Personalmente no me parece una razón sólida para que hayas venido a verme. Debe haber otra razón.
—Eh…
—¿Por qué accediste?
—¿Y por qué no? Estos días ha sido todo muy aburrido. Además, no quería hablar de él con nadie, ni siquiera con ella. Pero creí que hacerlo con alguien que no me conociera sería lo correcto.
—Por eso estás aquí.
—No principalmente, pero…
—Bien. Ya que lo mencionas, ¿hay algo que quieras decir sobre él?
—Eh, ahora que lo pregunta de manera directa creo que… estoy en blanco. No sabría por dónde empezar. Tan solo pensar en mi padre me hace querer… olvidarlo todo, pero algo me hace querer preservar su recuerdo.
—“¿Algo?”
—Como si no quisiera olvidar esas mañanas de fría brisa, el olor al tabaco, sus palabras y… los secretos. Esos días en el extranjero y los sucesos que fueron ocultos. No sé cómo decirlo, incluso Takeuchi-san preserva los recuerdos tan vívidamente y se niega a soltarlos igual que yo, aunque en cierta parte, queremos dejar todo atrás. Creo que ella es igual que yo, pero no estoy seguro. No puedo hablar abiertamente de él. A veces siento que ya no existe, que lo estoy imaginando. Es que… no hay nada de él ya. Me aterra. Me da miedo pensar siquiera que sigue teniendo mi imagen en su memoria. Ya sabe, por lo de esas personas. No quiero que nadie sepa nada. Nada, nada…
—Takeuchi-kun.
—¿Pero qué hago? Tal vez ella se molesta porque me comporto justo como mi padre lo hacía. Pero entonces, ¿por qué sigue conmigo? Debió dejarme morir el día que… O, Dios mío, los problemas solo van en aumento. Nishida-sensei, creo que es mejor que me vaya.
—¿Qué quieres decir con “irte”?
—Solo… por ahora. Necesito descansar.
—Espera, muchacho. No estoy obligándote a que te quedes, pero, hazme el favor de sentarte solo por un minuto. Vamos, siéntate de nuevo, por favor. Bien, gracias. Entonces, te diré: he notado algo contradictorio en ti; quieres hablar de tu padre, pero no puedes hacerlo. Hay un factor que se interpone y no te lo permite. Trataremos de llegar al fondo de eso con calma, así que no te preocupes por tener que esforzarte. El trabajo caerá en mis manos. Ahora bien, dime, ¿cómo lo prefieres? ¿Lo hacemos ahora o lo continuamos mañana, o la siguiente semana?
(Datos dañados)
«Y pensar que este mentado Nishida lo terminaría engañando. Pobre Takeuchi-kun —decía Todomatsu para sus adentros al finalizar la grabación —. Pobre Takeuchi-kun. Pobrecito. Pobre de él…»
Tras terminar de escuchar aquellas grabaciones se sintió totalmente ansioso, sumando el hecho de que, el asalto de Yanagida llegó a su mente de repente. Meneó la cabeza un par de veces como un intento por despejarse, pero no funcionó. Suspiró con pesadez. Cerró la laptop y la dejó en su escondite una vez más. No estaba seguro de qué hacer a continuación. Estaba pensando en cocinar algo rico para subirse los ánimos y entretenerse con algo, pero solo pensar que tendría que lavar trastes después de eso le hizo abandonar la idea de inmediato.
7:42 pm.
No estaba muy oscuro, pero permanecer sin alguna luz encendida en casa ya se sentía bastante raro, por lo que prendió la lámpara de la sala y se puso a ver televisión. Estaba recostado con una cobija en el suelo, sobre la esponjosa alfombra, “viendo sin ver” un estúpido reality show de pastelería. Estaba sumido en sus pensamientos sin poder concentrarse por completo en la pantalla. Se sentía como un completo idiota todavía al recordarse a sí mismo bebiendo como si nada en un bar desconocido junto a un sujeto también desconocido. Le enojaba saber que el tipo le estaba espiando y que por supuesto su encuentro no había sido una coincidencia. Se sentía pesaroso. No quería seguir sintiéndose compungido, pues no quería culparse continuamente por males que él no había causado en primer lugar. Sí, confiar en alguien que vio por primera vez había sido una completa estulticia, pero tampoco había necesidad de haber coleccionado una mala experiencia más porque esa persona no se había comportado civilizadamente.
Siguió reganándose a sí mismo por mucho tiempo más, hasta que su mente se cansó y comenzó a pensar en muchas cosas más. Cosas que no parecían de importancia pero que le molestaban en el día a día. A veces quería olvidar su trabajo e irse a otro lugar, o dejar de sufrir tanto por la distancia entre él y Atsushi y hacer que él lo dejase todo, pero su pensamiento era en demasía egoísta. Atsushi se había esforzado tanto por su puesto y lo sabía.
No quería pensar más en ello ni en Yanagida, pero le era imposible. Su cabeza daba vueltas al asunto.
Entonces comenzó a pensar en el montón de asuntos que sobraban: La desconocida Kaede, Takeuchi-kun, y su padre: Matsuzo. A veces olvidaba el rencor que su padre le guardaba y el desamparo indirecto de su madre.
A veces olvidaba a sus padres.
Entre más pensaba en el caso de las grabaciones, más se impacientaba. No sabía por qué con exactitud, pero le daba la sensación de que tal vez aquello era algo ilegal; tenía el ambiente de serlo, las frases, el contexto, el silencio abrazador tras el micrófono… Le daba mucha curiosidad.
Sin poder hacer de lado su anterior teoría, priorizó (contra su voluntad) reforzarla. Al saber que el anterior apellido de Atsushi había sido Takeuchi (gracias a Futsuumaru), supuso que el chico del audio y el propio Atsushi eran familiares, y que, por problemas de familia lo dejó todo atrás. Quizá, a manera de venganza por algo que desconocía contra el muchacho, tenía aquellos datos de voz guardados como una carta de triunfo para alguna ocasión en que los necesitara. Estaba agotado de tanto pensarlo… ¿Qué clase de persona era ese Takeuchi-kun para Atsushi o, qué clase de persona había sido?
Estaba en cierta manera decepcionado de su amante quien, por alguna malicia o necesidad, había estado de acuerdo junto con Nishida (según sus teorías) en que esas grabaciones tan personales se llevaran a cabo para mantenerlas ocultas en ese USB que había encontrado. Sentía mucha desilusión. Luchó por no dejarse llevar por sus fantasías y creer que, con algo de suerte, podría aclararlo todo algún día.
El día terminó rápidamente. Atsushi se quedaría a dormir fuera de casa, lo cual a Todomatsu no le importó pues poco a poco comenzó a verlo como una especie de villano. Por el contrario, creyó que le daría tiempo suficiente para intentar averiguar algo más de “Kaede”, pero poco le servía la información recopilada. Le comenzaba a dar igual en cierta parte, aunque muy en el fondo le doliera y no lo notara. Entre sus pensamientos consideró que a la mañana siguiente podría preguntarle a Atsushi algo despistadamente y él terminaría actuando extraño como la última vez, para terminar delatándose con sus simples gestos y acciones. Estaba ansiándolo. Una infidelidad así, ¿sería posible? No le gustaba meditar sobre ello, pero ya que tal vez estaba viviéndolo, debía ser fuerte e inteligente.
El día quedó atrás. Parecía no ser la gran cosa a ojos ajenos, pero sí para Todomatsu, pues había tenido una pesadilla reviviendo el beso robado. Una pesadilla, literalmente. Despertó unas cuantas veces en medio de la noche con las manos temblando de coraje y el corazón agitado; la sensación seguía recordándole el momento. «Basta, Todomatsu —se decía—, hay personas que viven peores cosas que esta, y a comparación, esto no es nada. No fue tan malo. Concéntrate y olvídalo. Solo olvídalo. Olvídalo».
Estaba harto de pensar en ello, tuvo que ponerse sus audífonos y escuchar algunos vídeos para poder conciliar el sueño.
Al día siguiente cuando trabajaba en el turno de la tarde en la cafetería, estaba absorto en los recuerdos, en las teorías, en todo y en sí mismo.
Comenzó a temer de mostrarse nuevamente en las redes sociales, y tampoco sentía ganas de convivir con sus amigas o sus hermanos, y por supuesto, no quería pensar en Atsushi, pero no podía evitar nada de ello. Estaba angustiado.
4:00 pm.
Atsushi tomó un pequeño descanso entre las horas de trabajo. Necesitaba comer algo, pues su estómago se lo exigía.
—¡Atsushi! —gritó un hombre un poco mayor que el mencionado mientras corría hacia él, intentando alcanzarlo en el ascensor.
—Oh, Yoshikawa —dijo Atsushi e inmediatamente con su brazo forzó las puertas para que no se cerraran.
El hombre logró entrar junto con él y desde el piso 22 bajaron a la primera planta.
Ambos caminaron a unos puestos ambulantes cercanos donde pedirían algo que saciara su apetito. Encontraron un sitio. Atsushi pidió un plato de ramen con mucha carne y para su compañero de trabajo algo de bollos fritos. Después de pedir también las bebidas comenzaron a comer.
—No sé qué diablos estaba pensando cuando decidí ser contador —dijo Yoshikawa a la vez que masticaba la comida—. Este trabajo es extremadamente cansado. ¿Alguna vez piensan allá arriba que nosotros también somos seres humanos?
—Concuerdo contigo —dijo Atsushi sonriendo con una expresión de cansancio.
—Pareciera que el trabajo va incrementando cada día. Trabajamos como locos para terminar lo más pronto posible y de repente hay el doble o triple de trabajo que el día anterior, y eso se repite constantemente.
—¡Y por eso debemos tomarlo con calma! —exclamó una voz femenina detrás de ellos—. No se dan cuenta del grado de dedicación que se le da al trabajo. Nos esforzamos para avanzar y no lo hacemos. Que se acumule todo entonces, qué más da.
—Pienso lo mismo, ja, ja, ja —habló otra chica.
—Oh, Kumi y Miwa —vociferó Yoshikawa—. ¿Qué hacen acá?
—Lo mismo que ustedes. Necesitamos comer algo o terminaremos desmayándonos frente a la computadora —dijo Kumi.
—¡Corrimos hacia el ascensor pero no los alcanzamos! Tuvimos que tomar el otro —dijo Miwa esta vez.
—Bien, tomen asiento —las invitó Atsushi—, no pasará mucho tiempo hasta que tengamos que volver.
—¡Atsushi-kun, no digas eso! —exclamó Miwa.
Todos rieron a la vez. Había algunos otros empresarios de otros pisos y de otros edificios cerca, en el mismo local y en los locales vecinos.
—Pero es justo como dice Yoshikawa —concordó Atsushi—, es terriblemente exhaustivo. Deberíamos tomarlo con calma.
—¿Oh?, ¿acaso Atsushi-kun está hablando de tomarse algo con calma? —comentó Kumi juguetonamente.
—¡Lo sé! Es inusual. Al ver ese rostro suyo tan sereno y despreocupado creí que seguiría exigiéndose de más a sí mismo, pero veo que tampoco puede con todo. Eres igual que nosotros después de todo, ¿eh, Atsushi? —dijo a la vez que apoyaba su brazo sobre el hombro de Atsushi para remarcar un poco más su broma y mofarse de su expresión.
—¡Ugh, basta, Yoshikawa! —Rio el mencionado, intentando ignorarlo.
Las chicas siguieron hablando entre ellas y con sus compañeros sobre lo terribles que se habían vuelto las condiciones de trabajo durante los últimos meses, y como estaban todos tan acostumbrados y no podían evitarlo, comenzaron a hablar de ventas, estrategias de mercadotecnia, cuentas, publicidad y números.
Al final de todo estaban comiendo fuera de las oficinas, hablando de trabajo otra vez. No podían evitarlo. Era la vida personal de todos.
Cuando siguieron conversando se dieron cuenta de que pronto sería la hora de volver, por lo que se apresuraron a terminar su merienda. Hablaban y se quejaban entre risas; se estaban despejando del estrés que les proporcionaba la poca luz solar en su zona laboral y el silencio entre cuatro paredes que los sumía a las preocupaciones.
Finalmente la hora llegó y todos se disponían a volver al trabajo. Caminarían unos 5 minutos hasta volver al edificio y otros 3 o 4 en subir al ascensor y llegar a su sitio de trabajo. Iban con algo de prisa, no obstante, en ese momento el celular de Atsushi sonó con insistencia.
—¿Hmh? ¿Qué sucede? —cuestionó Kumi.
—Es solo una llamada, no es nada. La tomaré luego —dijo Atsushi. No tenía intenciones de responder al teléfono, pero al notar la insistencia de éste, temió que pudiera tratarse de Todomatsu necesitando ayuda por cualquier razón. Comenzó a preocuparse, por lo que cambió de opinión—. Adelántense, los alcanzaré en un minuto.
Kumi y Miwa lo vieron confundidas.
—¡Apúrense! ¿Acaso quieren que les llamen la atención otra vez? —gritó un adelantado Yoshikawa, quien ya estaba lo suficientemente lejos como para no haber oído las palabras de Atsushi.
—E-Está bien. Te esperamos de vuelta —dijo una de las chicas.
Al dirigirse hacia su desesperado compañero quien también las vio con expresión de intriga, le explicaron que Atsushi debía atender un asunto. Los tres se adelantaron hacia el edificio.
Atsushi estaba confundido y un poco intranquilo, así que al perder de vista a sus colegas contestó por fin al número desconocido.
—¿Sí, hola?
—¡Hey!, ¿qué tal?
—…….
—Oh, debes estar confundido. Como sea, no hablo por parte de ninguna empresa para publicidad, ja, ja.
—Disculpe, no creo poder atenderle en estos momentos. ¿Lo dejamos para después? Entonces, con su permiso, hasta lueg-
—Vamos, ¿ni siquiera vas a dignarte en saludarme debidamente? —dijo en un tono burlón. Atsushi comenzó a pensar que probablemente sería un estafador o algo parecido, por lo que dispuesto a terminar con la llamada, se vio interrumpido en el acto al escuchar al tipo de la llamada decir—: Todomatsu parece ser un buen tipo, pero es bastante estúpido.
—¿Perdón?
—Sí… Creo que “estúpido” es lo adecuado.
—Dime inmediatamente quién eres —ordenó un ya molesto Atsushi intentando mantener su compostura. Permaneció de pie en el asfalto bajo un gran ciruelo, en medio de la acera.
—Uy, ¿fui muy lejos? De acuerdo, lo siento, lo siento. Solo quería saber cómo estabas… Me tenías angustiado. Intenté contactarte como pude durante todos estos años, pero, en fin, gracias a ese tipo pude hacerlo. Fue útil después de todo, es fácil de manipular. Imagino que por eso te gusta. Como sea, ¿qué has estado haciendo? Te metiste debajo de las piedras, mi estimado.
—¿Qué tiene que ver Todomatsu en esto?
—Ah, nada. Solo fue una pequeña piedra en el camino, pero eso es todo. Me dio tu número después de pasar la noche juntos. Fue una buena noche, mejor que cualquier noche que tú pudieras tener. Ja, ja… Oh, seguramente no sabías eso porque estás siempre tan… ausente. Tan típico de ti, Atsushi.
—¿Quién eres?
—Además…
—¡Dime tú nombre!
—Con que ahora te llamas a ti mismo “Takahashi”. Atsushi Takahashi… ¿cierto? No está mal. Takahashi, Takeuchi… Hmh, los caracteres no son muy parecidos. Pero, como sea, no puedes dejar de ser el mismo Atsushi de siempre. En cierta parte, tomar ese apellido te sienta bien, pero seguro no recuerdas nada sobre ello todavía.
—En-Entonces, t-tú eres…
—Uh, estás tartamudeando. Sé que también extrañaste saber algo de mí, pero no es para tanto. ¿Recuerdas ese día cuando jugamos juntos por última vez? Bueno, no voy a romper mi promesa y espero que tú no lo hagas tampoco. Solo nos tenemos el uno al otro.
—Así que, ¡¿tú y Todomatsu…?!
—No quería admitirlo, pero te extrañé un poco. En fin, es todo lo que quería decirte.
—¡Espera!
—Fue bastante tiempo sin saber nada de ti, idiota egocéntrico. Pero por fin conseguí mi rayo de esperanza. Espero poder verte otra vez… Hasta pronto, primo.
La llamada se cortó, dejando a un confundido y agitado Atsushi sumido en sus fuertes emociones. La cabeza le daba vueltas, palideció. Se negaba a creer que por fin lo había encontrado. Quería huir, quería huir lejos…
Cuando menos se lo esperó, terminó tendido en el piso. La fatiga de días anteriores y el hostigamiento reciente le hicieron tener suficiente como para no poder soportarlo más. Se desvaneció.
Cuando sus compañeros notaron que ya había sido bastante tiempo desde que no había vuelto decidieron enviar a alguien para que le avisara que debía volver ya, sin embargo, uno de sus colegas al encontrarlo inconsciente se alteró mucho. Afortunadamente algunos hombres ya habían intentado auxiliarlo, sin embargo, como cosa de un instante, Atsushi recobró la consciencia antes de que siquiera llamaran a una ambulancia. Su colega estaba sorprendido.
—¡Atsushi!, ¿cómo te tienes? ¿Alguien te hizo algo?
—Sugimoto… Eh, estoy bien, estoy bien… —dijo mientras intentaba levantarse. Su compañero le ofreció su hombro para que se apoyara y así poder ayudarle a levantarse con facilidad.
—¡Cielos!, ¿estás seguro? Si no te sientes bien pudiste haberlo dicho. Deberías tomarte el día…
—N-No puedo hacer eso. Yo…
—¡Vamos, hombre! Ve a casa. Volvamos por lo pronto al trabajo y expliquemos lo que sucedió. Pronto, acompáñame.
Ambos se dirigieron al edificio de oficinas.
Por otro lado, Todomatsu estaba ya en casa perdiendo el tiempo en la limpieza una vez más. No había mucho que limpiar, pero aprovechaba sus energías para ello como si de un ama de casa se tratase. Definitivamente quería evitar premiarse yendo a comer a sitios bonitos o ver películas geniales en el cine; optó por estar solo otra vez.
Mientras tanto, escuchaba.
[ Datos: 23/28. Junio del 2006 ]
—…y después, bueno, no pude hacer otra cosa. Creí que seguir como siempre estaría bien.
—Y por ello decidiste continuar de esta manera. Me parece muy bien, es un buen comienzo. ¿Qué te hizo pensar de esta forma?
—“Me di cuenta de la fortuna que tengo al haber nacido en este mundo como un ser humano”. A veces lo recuerdo y creo que… no está mal seguir intentando. Intentando cualquier cosa, pues.
—Ese pensamiento me parece fantástico.
—Trato de no ser tan… ¿cómo se dice? Eh, creo que es egolatría.
—¿Te sientes como un ególatra?
—No, no. Es solo que pienso que, en parte, mi personalidad se conforma por un poquito de ello. Solo un poquito. No todo gira en torno a mí, después de todo. En nadie realmente… Nadie se va tomar tampoco el tiempo de vigilarme toda su vida, ni en una parte considerable de ella. Creo que puedo sentirme libre después de considerarlo.
—Muy bien, ¿lo pensaste tú solo?
—No.
—¿Quién te lo dijo?
—Un nuevo amigo que hice hace… como 3 meses.
—Bien, eso es perfecto. Y con respecto a la sesión de hace 1 semana atrás, ¿cómo te sientes?
—Afortunadamente no me ha afectado negativamente. He pensado en mi padre un par de veces desde entonces y ahora todo parece lejano y ajeno de mí, aunque sé que no lo es, por supuesto.
—¿Es este el resultado que esperabas?
—Es… difícil de decir. No me desagrada, estoy bien con eso. Es más que cualquier cosa que pudiera imaginar.
Pasada una media hora Todomatsu tomó una ducha y se dirigió a la cocina a comer algo, cuando de repente pudo escuchar la puerta de la entrada forcejearse. Estaba aterrado pues no recordaba que Atsushi hiciera eso, pero, para su sorpresa, era él.
Cuando se vieron hubo cierto tipo de tensión que no fue incómoda del todo. Pese a la pelea anterior, Todomatsu se atrevió a hablar primero.
—No te esperaba tan temprano.
—No me sentía muy bien como para permanecer más tiempo allí.
—Oh, ¿pero ahora te sientes bien?
—Necesito descansar un poco, es todo.
—Sí, es verdad. Ni siquiera duermes lo que debes dormir. Qué caso perdido… Como sea, ¿te preparo un té?
Todomatsu se sentía extraño porque, pese a todo, no podía dejar de preocuparse por Atsushi. Y por su parte, este último había revivido los recuerdos de su resentimiento hacia el menor; recordaba las palabras de Yanagida claramente. Una parte de él le decía que eran todo mentiras, pero otra parte no quería inclinarse a confiar. Estaba en un ambivalente duelo consigo mismo.
—No. Voy a tomar un baño, necesito acostarme —dijo a la vez que se quitaba los zapatos y se aflojaba la corbata. Se retiró de inmediato.
—Un “no, gracias” no hubiera estado mal —dijo Todomatsu en voz baja una vez que el mayor ya no estaba para escucharlo.
Cuando Atsushi salió de la ducha —la cual no había durado mucho— una llamada lo abatió. Era alguien a quien no deseaba atender.
Con cansancio apretó sus ojos para intentar despejarse un poco del estrés que se lo estaba comiendo vivo y tomó su celular con lentitud.
—Kaede, te dije que me llamaras solo en el horario que te proporcioné. Sí, ajá. Como sea… Yo creo que… No, para nada. —Hablaba con rapidez, casi como si alguien lo correteara. Se le veía molesto, incluso preocupado. Quería terminar rápido con todo—. ¿De nuevo?, ¡nunca va a terminar! Solo olvídalo. —Hizo una pausa y siguió—. De eso quería hablarte… Eh, no lo sé. No lo he visto, pero de alguna manera me encontró. Deberías evitar ponerte en contacto con él. No hay nada que pueda hacerse, creo. ¡Ya te lo dije! Sí, ajá, espero tu llamada. Ya sabes, que sea cuando estemos solos. Adiós.
Con su inaparente estado frenético volvió a la habitación ya listo para dormir. Todomatsu estaba todavía en la planta baja, en la sala principal.
Atsushi apagó las luces y se recostó para descansar, pero no lograba pegar los ojos para sumirse en el sueño. Estaba inquieto, ansioso, desesperado. Daba vueltas en la cama una y otra vez en su desesperación por querer caer de una vez en la inconsciencia, pero le era imposible. Rendido se incorporó sobre el colchón y buscando en su buró sacó una cajetilla de cigarrillos y decidido, ahí sobre la cama tal como estaba, lo encendió y se lo puso en los labios.
Cuando Todomatsu comenzó a oler el hedor del tabaco se sacó un poco de quicio y a la vez se sintió intrigado, por lo que subió las escaleras inmediatamente para ver de qué se trataba. Y ahí estaba Atsushi, acostado entre las sábanas, fumando tranquilamente un cigarrillo viendo a la nada.
En un principio el menor, mientras se asomaba recargándose en el marco de la puerta, se sintió fastidiado. Aquello no era algo que el otro hiciera seguido y de hecho nunca lo había hecho, en lo que recordaba.
—¿Qué haces? Vas a apestar las cobijas y… todo lo demás.
—¿No quieres intentarlo también?
—¿Qué te pasa? Obviamente no. Ugh —se quejó al percibir el fuerte olor por la habitación—, hazlo cerca de la ventana por lo menos, ¡vamos, de pie! —Se movió bruscamente de lugar y abrió la ventana completa a pesar del clima frío.
—¡Cierra!
—No.
—Ven y acuéstate a mi lado, tal vez así te tranquilices y te olvides de todo.
—“¿Olvidarme de todo?” Tus palabras tienen poco sentido. Oh —suspiró al notar un rasguño en el rostro de Atsushi—, ¿qué te sucedió?
—Tropecé.
—Hmh…
—Vamos, ven, te haces mucho del rogar.
—¡Es que nunca haces esto! Ugh, como sea… —se quejó otra vez y después se recostó justo a un lado del mayor sin prestarle mucha atención. Revisaba su celular.
—¿Estuviste afuera estos días?
—¿Mhm? Lo normal. Tengo que ir al trabajo diariamente también.
—¿Dónde has estado?
—¡Estás muy hablador! Bueno, pues estuve bebiendo con las chicas por ahí. A veces dicen que quisieran volver a salir en una cita doble contigo y conmigo o algo por el estilo.
Atsushi no dijo nada después de esa respuesta.
Después de terminar su cigarrillo se dispuso a dormir, estaba harto de aquel día. Parecía que estaba enojándose de sí mismo. No podía dejar de pensar en Yanagida, en su accidente después de ello y en la posible aventura de Todomatsu. Estaba fatigado. Había miles de cosas en las qué pensar…
No eran ni siquiera las 10:00 de la noche pero ya estaba demasiado exhausto, a duras penas podía mantener sus ojos abiertos.
Después de otro intento fallido por conciliar el sueño volvió a su laptop para finalizar un trabajo pendiente. Ya pasaban de las 11:30 de la noche y Todomatsu ya estaba dormido, justo a su lado.
En ese instante Atsushi suspiraba con pesar, pues no sabía cómo empezar a ordenar el lío en su cabeza. Observaba detenidamente al menor y con preocupación e incluso celos pensaba en el otro muchacho tocándolo lentamente. Su temor y ansiedad no le permitían dormir de manera adecuada e incluso despierto no le permitía llevar a cabo sus actividades diarias con normalidad. Sentía que podría volver a desmayarse, un zumbido comenzó a molestarle junto a su vista borrosa y el dolor en el entrecejo.
Después de apagar de nuevo todos los aparatos por fin había podido desconectarse del mundo un poco, y, sin embargo, fue interrumpido por una llamada entrante de su celular. Era solo la vibración del mismo, pero había sido suficiente para despertarle estrepitosamente entre sueños. «Ahora no, Yoshikawa», pensó con cansancio. No obstante, grande fue su sorpresa al percatarse de que la mujer de antes estaba en pantalla, llamándole otra vez.
En seguida tomó el teléfono entre manos y al cerciorarse de que Todomatsu no estaba despierto y por ende no estaba oyéndole, se levantó a tomar la llamada con molestia.
—Kae…
—Atsushi-kun, olvida lo de antes. Lo encontré. —Interrumpió
—¿Qué?
—Era una tortura esperar a que él nos contactara o lo que fuera. Esperaba incluso una amenaza, pero como sea, ya sé en dónde está.
—No puede ser… ¿Acaso…?
—¡Tu primo fue quien me contactó en primer lugar! Justo hoy. Y, si no piensas hacer nada, entonces nosotros…
—¡Hagan lo que quieran! Yo paso de todo esto. No debí contactarte en primer lugar. Es terrible, p-pero… no te conviene seguir con esto.
—Atsushi-kun, por favor.
—No, Kaede.
—¡Atsushi-kun, si unimos fuerzas nosotros tres podríamos…!
—Voy a colgar.
Notes:
En el capítulo anterior escribí que Todomatsu había cocinado dumplings. Después de tanto pensarlo me dio curiosidad y por primera vez los hice. ¡Son deliciosos! (;0;)
Por cierto (ahora sí oficialmente), este es el capítulo más largo que he escrito hasta ahora en este fanfic y no pienso redactar otro igual.
Chapter 40: Atsushi, Yanagida y Takeuchi
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
—No, no lo hagas. Te conviene escucharme —dijo ella. Casi sonaba como una amenaza. Atsushi no respondió nada, y al darse cuenta de que no estaba dispuesto a decir más ni tampoco a cortar la llamada, prosiguió—. Yanagida… va a ir a presentar la denuncia conmigo. Al parecer él también estaba investigando por su parte, y ahora ha decidido apoyarme en esta decisión. Solo faltas tú, Atsushi-kun. Me gustaría que… vinieras con nosotros.
—Imposible. No soy tan grosero como para dejarte hablando e ignorar lo que tengas que decirme, por eso sigo en la línea. Pero que quede claro: no pienso apoyarte en nada. Ahora andas sola en el sendero, o al menos estás con él.
—Con tu primo no me basta, él es…
—¿Desde cuándo estás en contacto con él? —la interrumpió con brusquedad.
—Hace un par de meses.
—¿Y no pudiste decírmelo?
—No tendría ni un ápice de esperanza en que me acompañaras al juicio si te lo decía desde el principio.
—Nunca la tuviste, Kaede.
—Ja… Al escuchar tu voz por teléfono me da la impresión de que no eres tú.
—Es otra parte de mí, nada más.
—¿Te incomoda que él vaya a estar… ahí?
—Claro que lo hace, no voy a mentirte. Me incomoda y me inquieta, me da miedo y… ansiedad. Planeaba no volver a verlo por el resto de mi vida. De hecho, planeo que así sea. No tiene caso que, siendo de su misma sangre, tenga que verlo de nuevo en esas condiciones, después de tanto tiempo.
—Atsushi-kun, por favor piénsalo.
—¿Crees que no lo hago? La decisión ya está tomada.
—Da igual, voy a decírtelo las veces que sea necesario: ven con nosotros por favor. Ven conmigo. Al menos dime que vas a tomarte tiempo de la noche y de mañana para considerarlo, por favor.
—Kae…
—Y también dime que me visitarás más seguido. Ansío mucho verte, te añoro demasiado.
—También yo a ti, pero…
—Te lo suplico.
El varón se quedó pensando unos segundos para después responder.
—Con ese tono de voz tuyo… —suspiró con pesadez—, ¿cómo pretendes que pueda negarme?
—Gracias, cariño.
—Ni que lo digas, solo voy a meditarlo. De hecho, deberías armarte de valor para cuando el momento llegue. Las personas como tú son las que de verdad hacen… grandes cosas. No la gente de oficina como yo.
—No digas eso.
Atsushi guardó silencio y pasó su mano desocupada por su nuca hasta tocar parte de su hombro y espalda, masajeándose un poco con la esperanza de deshacerse pronto de su sensación de angustia. Con voz ronca dijo:
—En fin. Que tengas suerte, Kaede. Voy a estar deseando lo mejor para ti.
—Te agradezco de igual forma, sea cual sea tu decisión, corazón.
Tras la respuesta de la mujer, la llamada se cortó. Atsushi se quedó sosteniendo el celular junto a su oreja por efímeros segundos más después de perder contacto con ella. Estaba estático, absorto.
Cuando se dio la vuelta dispuesto a regresar a la habitación, se llevó un gran susto al ver a Todomatsu de pie al final del pasillo. Estaba tallándose uno de sus ojos con cansancio, bostezaba y estaba descalzo sobre el piso frío. Ninguno de los dos dijo nada de inmediato.
—¿C-Cuánto tiempo llevas aquí? —Atsushi le hizo la pregunta tartamudeando.
—No mucho. Bebí demasiado té antes de acostarme y quería… ir al baño.
—Oh, es eso…
—Pero —se interrumpió a sí mismo para bostezar y siguió hablando—, ya que estamos, ¿qué sucede? ¿Kaede otra vez?
—¿Q-Qué…? Calla, Todomatsu. Ve al baño y después ve de inmediato a dormir —le dijo a modo de orden mientras pasaba a su lado con rapidez, sintiendo una gran urgencia por acostarse de una vez.
Todomatsu se le puso en frente bloqueándole el paso a propósito, cerrando el espacio disponible para que Atsushi se escurriera entre el pasillo. El menor tomó de la mano al contrario y se aferró a él.
—Atsushi-kun… ¿Acaso Yanagida… “es de tu misma sangre”?
Atsushi se sintió atacado por la pregunta, pero le respondió afirmativamente sin problemas. Ahora ambos estaban confundidos. Todomatsu siguió diciendo:
—Ese sujeto de verdad da terror. Pero me da algo de pena pensar en que... fue traicionado por su propia familia. —Tras lo dicho miró acusadoramente a Atsushi.
Todomatsu no podía dejar de pensar en las grabaciones de audio que el mayor había mantenido escondidas, empolvándose literalmente con el tiempo en un rincón del ático. No podía olvidar la juvenil voz de “Takeuchi”, o mejor dicho: “Yanagida”. No entendía por qué Atsushi había estado ocultando algo así; algo tan personal para alguien tan cercano a él. Por supuesto, eran todas puras especulaciones. Quería oírlo de la boca de Atsushi.
—No sabes lo que dices porque de verdad necesitas dormir, al igual que yo. Buenas noches, Todomatsu.
Atsushi le dio un brusco empujón con el hombro que obligó al menor a abrirle paso.
Al reunir un poco más de valor, Todomatsu dijo:
—C-Como sea, Atsushi-kun… Sean lo que sean, ¿qué tiene que ver Yanagida ahora contigo?
—Lo mismo te pregunto.
Ninguno de los dos se miraba, se daban la espalda en medio de la oscuridad. Apenas las lámparas nocturnas del piso inferior les iluminaban con tenuidad.
—¿Por qué me lo preguntarías? No hay manera de responder a eso.
—Mhm, claro… —Soltó una risita sarcástica.
—¿Por qué te pones así?
—¿No te parece que estás demasiado confiado respecto a la forma en que te refieres a él? “Yanagida”. ¿Lo llamas como si nada por su nombre? ¿Por qué capta tu atención y qué tiene que ver si es mi familiar o no?
—Desconozco de tu familia, y al oír sobre él en la conversación y que es de tu sangre…
—Entonces escuchaste todo —dijo como si pensara en voz alta.
—Unos fragmentos, por lo menos.
—Todomatsu… ¿A qué quieres llegar?
—Conozco a Yanagida.
—¿Qué?
—Al menos creo que se trata del mismo que… trata contigo. “Takeuchi…”
—Todomatsu, ¿de dónde estás sacando todas estas conclusiones? —Atsushi se sentía alterado. El menor conocía demasiado sobre algo que él no le había contado jamás.
—¿Mhm? Ambos tenemos cosas que decir, por lo que veo.
—Como sea, sé que lo conoces. Él mismo se encargó de decírmelo; de contármelo todo, así que descarta tus tontas teorías. Sí, es el mismo tipo. ¿Contento, Sr. Sherlock Holmes?
—Te… ¿Te lo dijo?
Todomatsu se abatió de inmediato. El simple hecho de pensar que Yanagida le hubiese contando del beso le volvía loco, la ansiedad se lo estaba comiendo vivo y sin piedad. En definitiva, quería evitar los sentimientos de intranquilidad sobre Atsushi, sin que tuviera que tenerlo en su mente sufriendo entre las garras de otro tipo, suplicando por ayuda entre sus adentros con temor.
—Una parte de ello, sí —dijo Atsushi, esperanzado de que Todomatsu negara que habían compartido cama, pero no dijo ni una sola palabra para contrariar lo ocurrido.
Todomatsu se dio la media vuelta para ver al mayor, aunque él le siguiera dando la espalda.
—Atsushi-kun, no debería decir esto porque la intención nunca fue mía, pero… ¡discúlpame! Te juro que yo no quería, pero estaba demasiado ebrio y… no pude comportarme como siempre —dijo con pesar. Seguía reviviendo ese crudo beso una y otra vez, rememorando la sensación. Una mueca de asco se dibujó en su rostro—. Y-Yo… quería decírtelo con calma, no así.
El rostro de Atsushi se puso de color carmín, por la ira y demás sentimientos que se mezclaron en su interior con viveza ante las palabras ajenas.
—Entonces era cierto… Lo que me dijo… era verdad. —Atsushi estaba totalmente rígido, como en alguna clase de trance. Entonces de inmediato se giró a Todomatsu y con voz firme le habló conteniéndose por no gritar—. Decir que estabas ebrio no es una excusa para tal comportamiento y tú… sabes bien lo que has hecho, y me lo ocultaste. Me engañaste…
—Atsushi-kun…
—Ya es suficiente. ¡Ya tuve suficiente! ¿Qué demonios te orilló a aceptar esa decisión como si nada?
—¡Te dije que no fui yo!
Atsushi estaba luchando por contener el caos en su mente. No podía imaginarse a su novio envuelto entre las sábanas de su propio primo. No tenía idea de que Yanagida tuviese como objetivo arrebatarle a quien más le importaba en el mundo, y sin embargo lo había logrado. Estaba hecho, estaba todo claro ante sus ojos: Todomatsu y Yanagida habían tenido una aventura a sus espaldas.
Le daba vueltas al asunto, y aun así creía que las piezas no encajaban, pero allí estaba ya el rompecabezas limpio y resuelto al frente suyo. No sabía qué debía hacer o decir.
—Todomatsu —apretaba los puños con fuerza y coraje—, hijo de p…
—¿¡Qué diablos te pasa!? Tú te comportas incluso más extraño que yo. No respondes a ninguna pregunta, no me dices quién demonios es Kaede, no me cuentas sobre tu vida fuera de esta casa ni de tu pasado, y ahora… exageras un acto al que fui forzado a cometer. En serio, sentí asco al tenerlo tan cerca, créeme. Es la primera y única vez que me lo han hecho y estoy tratando de olvidarlo. No quiero recordarlo… porque fui obligado y fue de repente. ¡¿Por qué no lo comprendes?! ¡Atsushi-kun idiota! Sea lo que sea que te dijo sobre ello, deberías entenderlo. Y ahora me insultas de tal forma… —Sus ojos comenzaban a llenarse de una ligera capa de lágrimas.
—¿¡Te parece que “exagero” un hecho!? Una infidelidad… sigue siendo… una infidelidad, al fin y al cabo.
—¡Atsushi-kun!
—P-Pero igual quiero saberlo… Quiero saber cómo es que fuiste forzado. Sea como sea, sin importar tu imprudencia, me preocupa.
—¿No sabes cómo se le obliga a la gente? No voy a contarte nada —dijo negando con la cabeza muchas veces seguidas, alterándose un poco—. Hazte una idea y olvídalo. Olvídalo todo, porque es lo que yo quiero. Olvidar...
—¿¡No vas a contarme algo así!?
—¡Te dije que no!
Todomatsu enseguida respondió con agresividad mientras seguía negando con la cabeza, logrando contener sus lágrimas con éxito. Se dispuso a pasar a un lado suyo decidido a ir a dormir, pero Atsushi lo sostuvo agresivamente del brazo, deteniéndolo frente a sí.
—Todomatsu. —Su voz sonó como una sentencia.
El menor hizo lo posible por soltarse del agarre sin usar fuerza bruta, pero era inútil. Tendría que forcejear y realmente no quería hacer eso.
Continuó negando con la cabeza al principio sin verle directamente a los ojos, pero unos segundos después poca importancia le dio y lo desafió con la mirada. Ambos se comían con los ojos.
—Hablaré tanto como lo hagas tú. Ahora suéltame… por favor.
Atsushi estuvo observando unos segundos más a Todomatsu hasta que desistió y poco a poco mantuvo su distancia.
El mayor estaba aterrado tras las palabras de Todomatsu, temía pensar en una posible violación más que en una infidelidad. Pensaba que incluso Todomatsu le mentía sobre ese “abuso” del que hablaba, pero no tendría caso dudar de una posible víctima. Tenía miedo de que Todomatsu le mintiera sobre ello y también tenía terror de que no fuese mentira. Quería confiar en lo que el menor le dijera, pero las palabras de Yanagida lo asaltaban y a sus propios ojos, aunque sería sobrepensarlo, Todomatsu no lucía muy afectado en caso de que de verdad hubiese habido un asalto sexual de por medio. Estaba tan acostumbrado a ser engañado que no quería confiar ni un poquito más en él ni en nadie.
—Vete a dormir —le dijo Atsushi al contrario mientras él se giraba hacia la habitación y se retiraba con prisa. Después de unos minutos traía puesto de nuevo el calzado y su terno, además de que estaba colocándose la corbata mal amarrada con molestia. Salió casi de inmediato con un cambio de ropa más en el brazo. Todomatsu se había quedado de pie en medio del pasillo observándole con extrañeza.
—¿A-Ahora qué haces? ¿Vas a salir a esta hora? Es la madrugada…
—Es lo de menos.
—¡Espera! —Todomatsu le cubrió el paso—. ¿A dónde vas? No me digas que…
—Hay asuntos importantes que deben atenderse.
—¡Maldita sea! Atsushi-kun, escúchame, vuelve a la habitación. Hace unos minutos ambos estábamos ahí y…
—¡Apártate! —dijo interrumpiéndolo.
Atsushi se abrió paso entre el pasillo con rapidez. Todomatsu instintivamente se hizo a un lado ya que tuvo la sensación de que, si no lo hacía, el muchacho lo golpearía fuertemente contra la pared.
El menor de los sextillizos estaba angustiado y pensativo viendo a la espalda de su amante. No tenía idea de qué debería hacer para que no se fuera de nuevo indefinidamente hacia el trabajo o adonde sea. Entonces… tuvo una idea.
—¿¡Por qué le hiciste eso a Takeuchi-kun!?
Tras oír esas palabras, Atsushi se quedó estático a mitad de las escaleras. No siguió bajando y oyó atentamente a Todomatsu dándole todavía la espalda. Todomatsu aplaudió en sus adentros su éxito al darse cuenta que había logrado detener a Atsushi tocando una frágil fibra en él. Siguió hablando con coraje.
—¿No será que… por eso te odia tanto y decidió desquitarse conmigo? Por tu culpa… él estuvo acosándome. Y por mi culpa… él pudo encontrarte.
—No sé de qué estás hablando. —Atsushi hablaba con un tono áspero.
—¡De Yanagida, por supuesto! Es tu familia así que deberías saberlo… Él sufrió una traición. Y quiero saber si fue a consciencia y completamente de tu parte.
—¡No tengo idea de lo que quieres decir, Todomatsu!
—¿Cómo no vas a saber? Atsushi-kun… Solo quiero saber si tú —dijo mientras hacia una pausa para pasar saliva con dificultad— no haces cosas malas…
—¿”Cosas malas”? Todomatsu… —dijo con pena.
—¡Estoy preocupado! Y ahora no es que sienta pena por el Yanagida actual, pero, lo trataste injustamente en el pasado y sigues teniendo algo preciado para él, aquí, oculto. Tengo miedo. Si viene aquí podría querer tomar algún tipo de venganza o…
—Basta de palabrerías. “El Yanagida actual”, “venganza”, “Takeuchi”. Dices palabras sin sentido. —Dicho aquello, siguió bajando.
—¿¡Por qué permitiste que la voz de Takeuchi-kun fuera grabada cuando estaba contando algo tan personal!?
Atsushi palideció y siguió escuchando a Todomatsu con dificultad. Sintió como si algo en su mente hubiera vuelto. Algo muy profundo que había estado dormido.
—¡Quiero decir…! No es que me importe él, pero si eso es la causa de su resentimiento, me gustaría saber. Me preocupa pensar que alguien pudo haberte obligado a hacer tal cosa y ahora ambos lo están sufriendo.
—¿C-Cómo sabes sobre eso?
—Yo… Pues….
—¿¡Por qué siempre te metes en lo que no te importa!? Acusándome de algo que no sabes y ahora, tú también estás vigilándome… ¿Cómo sabes sobre eso? ¿¡Acaso él…!?, ¿Yanagida te lo dijo?
—Eh… Creo que pude darme cuenta de ello por mis métodos.
—¿Insinuó… algo así?
Todomatsu no dijo nada, pero se limitó a asentir levemente perdido en sus memorias, buscando algo que pudiese decir. Era una mentira, por supuesto, pero no quería que el otro descubriera que había estado hurgando entre las cosas del ático y sótano.
Atsushi no lo miraba, pero pudo deducir que el menor había hecho alguna clase de movimiento ya que podía oír su respiración entrecortada y llena de nerviosismo. Después de pensar en ello unos instantes más, siguió caminando ya sin prisa. Llevaba su portafolios en una mano y el cambio de ropa colgando del brazo.
—¡Atsushi-kun! —Todomatsu lo llamó desde la parte superior de las escaleras, viendo cómo el mayor llegaba a la sala de estar y después se desviaba al recibidor para salir de la casa. Su llamado no lo detuvo ni un minuto más.
Atsushi subió a su automóvil y lo echó a andar. Se dirigía hacia un hotel cercano en la prefectura de Saitama.
Todomatsu corrió hacia una ventana cercana únicamente para observar la partida del contrario. Miró con reconcomio a Atsushi en medio de la oscuridad, yéndose quizá a continuar con su trabajo.
1:45 am.
Estaban ahora solos, cada uno por su parte, siendo torturados por sus pensamientos y sentimientos.
Todomatsu temía que Atsushi estuviese involucrado en temas delicados, en donde quizá estaba realizando inadecuadamente su trabajo. Temía que el hecho de ocultar a su familia y sus conexiones tuviesen que ver algo con todo aquello. Le daba un sentimiento de dolor imaginarlo siempre tan triste y solo; siempre tan asustado y desamparado. Temía pensar en Atsushi y Yanagida, y su relación familiar que obviamente no había marchado bien. Odiaba suponer que quizá, en esta ocasión, era Atsushi el villano de la historia. Y por supuesto, se sentía resentido, asustado y deprimido por recordar la poca empatía de Atsushi ante el beso robado que odiaba recordar y haber vivido. Además de estar frustrado y ansioso al imaginar a Atsushi teniendo una aventura con una mujer llamada Kaede. No quería pensar más en ello, estaba torturándose a sí mismo.
Atsushi, por su parte, estaba consternado al seguir pensando en las palabras de Todomatsu y Yanagida. No le gustaba pensar que lo estuvieran engañando y de verdad hubiesen tenido un encuentro amoroso juntos. Pero, tampoco le agradaba pensar que de verdad Todomatsu estuviera diciéndole la verdad y ciertamente hubiese sufrido una agresión sexual. Estaba temblando de la ira y del miedo. No sabía en quién debería confiar. Además, recordar el nombre de “Takeuchi” siendo pronunciado por el menor le hacía palidecer todavía. No quería recordar nada sobre Takeuchi.
Atsushi conducía con prisa, prestando poca atención a los semáforos y señalamientos. Una patrulla lo detuvo para alguna multa. Perdió bastante dinero que no tenía previsto usar.
El oficial de policía lo dejó ir después de recibir la suma monetaria y siguió conduciendo con más cuidado, pero aún más rápido de lo que acostumbraba. Los malos sentimientos, pensamientos y sensaciones no lo dejaban estar en paz. La ansiedad le estaba carcomiendo la mente.
Después de un tiempo considerable llegó al hotel y se instaló en una habitación no muy grande. Quería dormir en algún sitio donde nadie pudiera encontrarle.
La señorita de la recepción se sonrojó al verlo llegar. Con rostro no muy amigable y voz áspera, Atsushi ofreció un saludo y yendo directo al grano solicitó su habitación.
La chica le dio el número de cuarto y ofreciéndose a acompañarle le devolvió su tarjeta de crédito. Atsushi se negó. La muchacha le dijo algunas cosas a las cuales Atsushi no les prestó demasiada atención. Se miraba esperanzada en poder entablar una pequeña conversación con él, pero él no estaba dispuesto a hablar demasiado. La evadió tan rápido como pudo y se retiró sin dudarlo.
La chica, con las mejillas sonrosadas y ojos brillantes, lo observó al retirarse.
Estando una vez solo en su habitación, se recostó en la cama y se quedó observando el techo unos minutos intentando aclarar sus pensamientos y ordenar sus ideas.
Era inútil, no podía olvidar a Todomatsu ni a Yanagida ni a Kaede.
Únicamente con la tenue luz de la lámpara de la mesita pudo revisar su portafolios. Llevaba varias cosas importantes de su trabajo que se había arrepentido de sacar de casa. Buscando entre sus cosas encontró una cajetilla de cigarrillos y encendió uno.
Exhaló el humo con satisfacción. Estaba acostado en la cama, en medio del silencio que reinaba en lo alto del edificio. Observaba por la ventana las pequeñas lucecitas de los automóviles yendo de un lugar a otro por las calles, alrededor de la ciudad. Estaba esperando simplemente para tranquilizarse un poco con la ayuda del tiempo.
Cuando terminó su cigarrillo caviló sobre todo durante unos minutos más y enseguida tomó su celular.
—Kaede —dijo—, lamento despertarte si es que ya estabas dormida. Me imagino que lo estabas. En fin, tengo algo que pedirte y me urge. Dijiste que habías estado en contacto con Yanagida, ¿no es así? Dame su número.
—P-Pero, Atsushi-kun, te oyes algo tenso. ¿Qué te hizo cambiar de opinión tan de repente? —decía la mujer con una voz modorra.
—No es lo que piensas. Dame su número de inmediato, por favor.
Pudo escuchar a Kaede bostezar desde el otro lado de la línea.
—De acuerdo, te estaré enviando su contacto enseguida.
—Gracias.
Atsushi estaba a punto de colgar sin despedirse ni nada, pero la voz de la otra lo detuvo.
—Querido, necesitas descansar. Sé que no has podido relajarte porque he estado persiguiéndote, pero es… importante para mí, y creo que debería serlo para ti también.
—Sí, debería. —Asintió con la cabeza como dándole la razón, aunque ella no pudiera verlo—. Kaede, ¿por qué no vienes conmigo?
—¿En dónde estás?
—En el hotel principal, en la prefectura de Saitama.
—¿Por qué no estás en Tokio?
—Ven y quédate unas noches conmigo —le dijo, ignorando su pregunta—. Debemos hablar.
—Cualquier cosa que necesites decirme… puedes decírmelo ahora.
—No, no tiene que ser así.
—Atsushi-kun, cariño, sabes que no puedo salir de Tokio ni un solo minuto —suspiró con cansancio—. ¿Qué necesitas?
—¡No quiero estar solo! —gritó. Su voz tomó por sorpresa a Kaede, que separó el teléfono de su oído instintivamente—. Quiero verte… Te extraño mucho.
—Yo también te extraño, pero…
Hubo un momento de silencio que ambos dejaron pasar.
—Si algo te pasa no podría perdonármelo nunca.
—No digas eso. Nada nos va a pasar. Ni a ti ni a Yanagida ni a mí. Cálmate por favor. No pienses en…
—¿¡Por qué también tú tienes que estar involucrada con él!?, ¿por qué?
—Por cuestiones del pasado. Lo sabes. Él quería acercarse a ti y lo único que podía utilizar para llegar a ti era nuestra relación del pasado.
—Sí, pero… Todomatsu…
—¿Todomatsu?
—El chico con el que hablaste. Tomó la llamada en mi lugar, en mi casa.
—Oh, ¿él es tu…?
—¡Yanagida está haciéndole la vida imposible! O, no lo sé… Puede que sea lo que quiero creer.
Ella suspiró con cansancio y dijo:
—En su momento sabré lo que debo hacer, pero mientras tanto, haré lo posible por ejercer justicia.
—Kaede, Todomatsu ya sospecha sobre mí.
—¿Qué te dijo?
—Digo que tenía miedo de que estuviese haciendo “cosas malas”.
—Pero no las haces.
—Aun así, estar involucrado en algo así… ¡por eso quería alejarme de ti! Pero no entiendo mis propios sentimientos. Quiero estar contigo, pero tampoco podría separarme de Todomatsu. Yo… no sé qué hacer.
—Deja que el tú de mañana se encargue de eso. Por hoy deberías intentar dormir.
—¡Tú me contactaste por tus medios! ¿No quieres verme?
—Sí, Atsushi-kun. Pero no en este momento. Deja que la tormenta pase.
—Kae…
Hubo unos momentos de silencio en los que únicamente ambos pensaban el uno sobre el otro. Parecía como si alguno fuera a rellenar el vacío ajeno ofreciendo palabras de alivio o de consuelo, pero sencillamente se limitaron a guardar silencio sin límite. Finalmente, la mujer rompió la tensión tras incomodarse.
—No pienses demasiado, nada va a cambiar sin importar cuánto te preocupes sobre el pasado. Que descanses, Atsushi-kun.
—...Hablamos mañana.
Ambos terminaron la llamada.
Después de unos minutos recibió un mensaje por parte de la mujer con el número de Yanagida. Suspiró y se tumbó en la cama dispuesto a dejarse llevar por la inconsciencia.
Por la mañana siguiente se levantó con molestia. Le dolía la cabeza, el estómago y la espalda. Se dio cuenta de que se había dormido con el traje y los zapatos puestos. Mientras se sentaba a la orilla de la cama para levantarse sobaba un poco sus sienes, y al ponerse de pie iba desabotonándose la camisa para después entrar al cuarto de baño y darse un remojón.
Cuando salió bien acicalado fue a la mesita de noche donde estaba su celular y marcó al número que le fue proporcionado.
Esperaba impaciente a que el tipo contestara. Al oír por fin su voz de nuevo, la sangre le hirvió.
—¿Hola?
—Yanagida…
—¿Oh?, ¿es acaso quien creo que es? —dijo en un tono juguetón.
—Iré directo al grano: quiero que nos veamos.
—Mmm… Esperaba todo menos esto, ja, ja. —Hubo silencio por parte del otro, por lo que tras pensarlo unos segundos más, aceptó—. Me parece bien. ¿Cuándo y dónde?
—Estoy en la prefectura de Saitama. Puede ser la fecha que tú elijas, no me importa.
—¿Saitama?
—Por motivos personales no estaré en Tokio por unos días, así que propongo que nos encontremos aquí.
Se escuchó un suspiro por parte de Yanagida.
—Atsushi… Siempre tan misterioso.
—La última vez… dijiste que ansiabas verme pronto. ¿Por qué?
—Son detalles que podremos aclarar cara a cara.
Atsushi guardó silencio unos segundos y después continuó.
—Te enviaré la ubicación de inmediato.
—Bien, entonces, ¿a qué hora?
—Depende del día.
—Mmm… Estoy algo atascado de trabajo. ¿Te parece dentro de tres días?
—Entonces, en tres días, a las 6:00 pm.
—Perfecto.
La llamada se cortó.
Atsushi arrojó el celular a la cama y se sentó en la orilla de ésta. Estaba inclinado y recargando sus codos en sus rodillas, mientras permanecía cabizbajo ansiosamente.
Ahora solo faltaba aclarar unas cosas. El momento estaba cerca…
Por su parte, Todomatsu se encontraba en el trabajo totalmente consternado. Había perdido su rumbo de nuevo en el día a día. Hablaba de vez en cuando con Sacchi y Aida y salía a comer solo por ahí con anterioridad, pero después de lo de Yanagida prefería evitar salir a sitios poco recurrentes.
Atsushi pasó el resto del día carcomiéndose la cabeza mientras ponía sus ideas en orden intentando pasar sus pensamientos en palabras. Trabajaba desde la cafetería del hotel. Hacia sus deberes desde su laptop con rapidez, en un intento por despejarse pronto de todo.
Por la tarde de ese día, Yanagida llamó a Kaede.
—Atsushi se comunicó conmigo esta mañana. Dice que quiere que nos veamos en la prefectura de Saitama.
—¿Eso te dijo? Vaya…
—Tú le diste mi número, ¿no es así? Me gustaría saber tus razones.
—No te hagas el inocente, Yana-kun. Tú también ansiabas estar en contacto con él desde hace mucho…
—Como sea, yo me las arreglé para acercarme a él con mis métodos.
—¿Métodos?
—En fin, quiero que tú también vengas.
—¿Atsushi-kun… te lo pidió?
—No.
—¡Ja! Parece telepatía. Hablé con él cuando le di tu número. De hecho, él fue quien se puso en contacto conmigo y también me dijo que no estaba en Tokio. Dijo que quería verme, pero me rehusé.
—¿Por qué?
—No hace falta hablar cara a cara por algo que se puede tratar por llamada.
—Eres igual que él… Excusándote siempre.
—¡Basta!, ¿qué es lo que quieres?
—Que estemos juntos los tres otra vez, como solía ser.
—No intentes repetir el pasado…
—Quizá él querría verte a solas, pero a mí me conviene que estemos los tres. Creo que en el fondo deseas lo mismo. Además, tú y yo nos vimos por última vez hace más o menos tres años, pero ¿y él? Han pasado siglos.
—Hay que evitar problemas.
Yanagida suspiró pesadamente y después de efímeros momentos de silencio, añadió:
—Si lo hacemos no sería traición. Creo que nos añoramos continua y mutuamente, aunque sea difícil admitirlo para los tres. Te envié la dirección que él me dio de todas formas. —Suspiró—. Solo… no quería dejarte fuera de esto. Hasta luego.
—Yanag-… —Fue interrumpida por el hombre que cortó la llamada.
Las horas se pasaron rápidamente a partir de la reunión acordada y cuando menos se lo esperaron, los tres días pasaron.
Durante el tercer día a las 2:40 pm. Atsushi se preguntaba qué era exactamente lo que ambos querían decirse. Cuando más tarde casi a la hora acordada la sesión de modelaje de Yanagida terminó y Atsushi concluyó su trabajo, comenzaron a mentalizarse para verse. Yanagida Takeuchi estaba en camino a Saitama.
5:30 pm.
Atsushi esperaba afuera del café en donde se mirarían. Prefería mirarlo en un principio desde afuera.
Yanagida apresuraba el paso hasta su automóvil y condujo hacia la ubicación que el otro le dio. Pasaron los minutos y finalmente estaban bastante cerca.
Cuando Yanagida llegaba al sitio después de casi media hora, pudo divisar a Atsushi de espaldas. Suponía que era él.
Bajó del vehículo y lo encaró.
Se miraron fijamente unos momentos a la distancia. Atsushi movía los labios como si fuera a articular algo, pero nada salía. Yanagida terminó iniciando la conversación.
—¡Atsushi! —lo miraba de arriba a abajo meticulosamente con una sonrisa bien formada en el rostro—. Te ves muy bien.
Las palabras de Yanagida sonaban genuinas. El halagado no sabía cómo debía reaccionar.
—No has cambiado nada.
—¡Ja! Lo contrario de ti. Ven aquí —dijo a la vez que se acercaba con rapidez y lo abrazaba con fuerza. Atsushi se sorprendió por la rápida acción y se dejó abrazar. Apenas había levantado sus brazos en un intento por devolver el gesto, pero como si fuese un robot programado, no pudo hacerlo, quedándose a la mitad del acto.
—¡Hey! Yo…
El corazón de Atsushi latía fuerte. Estaba lleno de emociones intensas e indescriptibles.
El atezado se soltó rápido de Atsushi y de nuevo lo miró de arriba hacia abajo, tomándose su tiempo en la inspección.
—¿Entonces…?
—Entremos.
—¿Aquí? —dijo Yanagida mientras le echaba un vistazo al sitio.
No era una cafetería cualquiera. Y, de hecho, la cafetería que Atsushi había elegido se ubicaba en lo alto de un edificio casi al centro de la ciudad. Era parecido a un muy buen hotel.
—Sí. ¿Te incomoda?
—No, no, claro que no. Vamos. —Sonrió.
Ambos entraron al lugar, sin intercambiar palabra alguna. Entraron al ascensor donde Atsushi marcó el piso número 15 y subieron.
Estando el uno al lado del otro compartían un sentimiento extraño que rondaba entre el aprecio, la añoranza, el rencor y la tristeza.
Yanagida miró a Atsushi apenas por el rabillo del ojo, y el observado no hacia otra cosa más que mantener la mirada fija en la puerta. Cuando llegaron al piso, Atsushi caminó por delante hasta llegar a una mesa bastante apartada de las otras. Estaban cerca de las paredes de vidrio que les permitía ver la ciudad perfectamente desde arriba.
El sitio pese a ser llamado cafetería era demasiado suntuoso. Parecía más un restaurante de lujo. Daba la impresión de que podías pedir un corte de carne carísimo con su copa servida de un buen vino, en lugar de pan y algo de café.
No había muchas personas allí. Atsushi y Yanagida estaban sentados, frente a frente, en una mesa redonda ni muy grande ni muy chica, hasta la esquina del sitio, justo al lado del ventanal. Un poco más allá había una pareja anciana disfrutando de una cena decente con una taza de café, y algunas mesas enfrente de ellos había una chica comiendo sola mientras hacía algo en su computadora portátil, había también una mesa con tres mujeres oficinistas y dos acompañantes varones con ellas, en otra un hombre tomando un helado con su hijo pequeño y más al fondo dos chicas adolescentes que comían pastel y rellenaban muy seguido sus tazas de café.
—No me sorprende que hayas elegido este lugar tan elegante. Es muy de tu tipo. Aunque pude haber traído un mejor atuendo si me lo hubieses dicho.
—Tu atuendo está bien.
Yanagida sonrió de lado.
—Bueno, ¿qué quieres decirme?
—Creo que eres tú quien quiere decirme algo a mí.
—¡Pff! ¡Ja, ja, ja! Vamos, Atsushi… Si vamos directo al grano todo será más sencillo y podremos seguir con lo nuestro.
Atsushi observó a Yanagida con los ojos entornados un momento más mientras la camarera llegaba y les ponía enfrente suyo unas tazas de café bien cargado. Al retirarse, Atsushi siguió hablando.
—Bien. ¿Qué demonios pasó entre Todomatsu y tú? Digamos que no es muy inteligente de tu parte estar admitiendo vulgaridades cuestionables por teléfono a alguien que no frecuentas desde hace mucho. He estado pensando sobre ello.
Yanagida dio un sorbo al café.
—Ugh, qué porquería. —Empezó a echar cucharadas de azúcar a su taza, rápidamente y sin contarlas. Atsushi pensó que mínimamente le habría agregado unas cinco. Yanagida continuó—: Tienes razón, no fue una buena idea. Como sea, me dejé llevar un poquito. —Probó su café y al estar satisfecho con el sabor siguió hablando—. Ambos estábamos borrachos, pero, como sea, no compartimos cama, si es lo que estabas pensando. Ja, ja… Lo siento, solo jugaba. Apostaría a que no dormiste muy bien durante varias noches por culpa de esa estúpida broma.
—Te dije que lo había estado pensando. Pero si lo que dices es verdad, ¿por qué él estaba tan alterado?
—No lo sé. Bueno…, quería ver si podía probar tus inclinaciones.
—¿Inclinaciones?
—Hombre con hombre. Como sea, no es lo mío.
—¡Hijo de…!
—Shh, shh… —Yanagida puso su dedo índice entre sus labios, ordenando silencio al otro—. No es el lugar. Te lo dije, ¿no? Debiste haber quedado conmigo en un sitio menos bonito. Primero deberíamos aclarar varias cosas. Oh, ¿por qué me miras así? No te enojes… Tenemos mucho de qué platicar todavía.
—¿¡Por qué lo hiciste!? Me estás diciendo que lo besaste a la fuerza y me pides que me comporte. ¿Por qué? —Atsushi se puso de pie.
Yanagida lo miraba serenamente todavía bien puesto en su silla.
—Siéntate, quiero platicar contigo. Tenías razón, tengo también cosas que decirte. Y si todavía quieres que nos partamos la cara a puñetazos después de esto, entonces adelante.
Atsushi tardó en entender lo que estaba pasando. Creía que recurrir a los golpes no tendría sentido, pues al haberlo invitado a tal lugar suponía ya con anticipación un montón de mensajes negativos, pero debía soportarlo. Volvió a sentarse.
—Un labio partido perjudicaría muchísimo a un modelo de revista.
—Oh —Yanagida abrió más sus ojos con asombro—, ¿lo sabes?
—Me dio curiosidad desde tu primera llamada. Quería saber qué demonios estabas haciendo con tu vida, así que intenté saber todo sobre ti. Por supuesto, no me detuve a comprar una insignificante revista solo para verte en ella. No te… va mal.
—Atsu, estás siendo demasiado amable. Me extraña.
—Dime de una vez lo que sea que quieras decirme. Después volveremos a lo mío.
—Bien. Supe que estás en contacto con Kaede también.
—Creo que sé a dónde vas.
—¡Entonces seré más claro todavía! Quiero que nos ayudes a testificar en contra de tu padre de mierda.
—¡Yo ya no estoy relacionado con él! Lo que sea que pase, depende de ti y Kaede. Lo siento mucho, pero no me gusta peligrar por alguien más.
—¿Y qué pasaría si en lugar de nosotros dos, fuera Todomatsu quien te lo pidiera?, ¿qué harías?
—Cállate.
—¿Qué harías? Irías a hacerlo sin dudarlo.
—No es el caso.
—No, lo es. Pero estás consciente de que ese sujeto no puede estar libre así como así. Si no hacemos algo, tu viejo volverá a las calles y lo primero que va a hacer será buscarnos y cometer más crímenes. Piensa en ello. Lo sabes, ¿verdad? Entonces hay que darle, al menos, otros 10 años de cárcel. No pongas esa cara. Sé que es tu papá, pero dejar que un pedófilo ande por las calles…
—¡Ya basta! —Se puso de pie y dio un golpe a la mesa que provocó que algunas gotas de café cayeran sobre ésta.
Yanagida estuvo en silencio un momento. Algunos voltearon a verlos, pero después de un rato volvieron a lo suyo. Yanagida siguió hablando.
—Piensa en eso un rato. Siéntate, Atsu, por favor, asustas a la gente. Por cierto, ¿no vas a pedir algo de comer? Vine directamente del trabajo hacia acá, así que muero de hambre.
Atsushi dijo que no quería nada, pero Yanagida pidió una comida ligera para él de todas formas diciendo que él pagaría. También la señorita mesera rellenó la taza de Yanagida, y la de Atsushi estaba intacta, con el café enfriándose poco a poco. Atsushi hizo caso omiso a sus palabras, estando absorto en sus cavilaciones.
Después de un rato en que ninguno de los dos intercambió palabra, la comida llegó.
—¡Vaya! Pero si no fue tanto tiempo de espera. ¿Fueron solo 4 minutos, quizá? —Tras decir aquello, comenzó a comer con gran apetito.
Después de que Atsushi sintiera una gran incomodidad por únicamente dedicarse a observar a su compañero mientras devoraba de su plato, agregó unas palabras al silencio.
—¿Qué querías decir con “la promesa”? Me sabe mal decírtelo, pero no recuerdo nada en especial.
Yanagida frunció el entrecejo con decepción, terminó de masticar un bocado y luego habló.
—Debí suponerlo. Tonto Atsushi. Bueno, ese día después del incidente con tu padre, me prometiste hacer lo que estuviera en tu mano para ayudarme, ¿recuerdas? Me pregunto si ese fuego en tu corazón terminó extinguiéndose con el tiempo. Estábamos tan… heridos, y solo nos teníamos el uno al otro. Al final de todo, tu viejo había terminado corrompiéndose, haciendo todo aquello que odiaba de ti, volviéndolo maligno. Después de esas inclinaciones que tanto odiaba, terminó yendo a otros extremos. No solo eran hombres o mujeres…, sino niños y niñas. Incluyéndome. Y después vinieron los robos, los secuestros, los engaños… Y esas tres personas que perdieron la vida a su causa.
—Oye…
—Si tu padre se hacía pasar como un inquilino de buen carácter y después hacía lo que se le pegaba la gana con quien tuviera cerca, debía ser tu problema también. Eso era lo que pensaba. Ahora ya no es así, no pienso eso.
—Escucha, siento mucho lo que mi padre te haya hecho y lo que haya hecho a otros, pero yo no tengo nada que ver, como lo dices. Quiero alejarme de ese mundo para siempre.
—¿Y no crees que nos ayudarías mucho si vas a…?
—No puedo.
—¡Mhm! Después de hacerte con todo su dinero y sus bienes, entiendo que no quieras. Poseer la casa de un criminal debe ser duro.
—¡Yanagida!
—Piensa en la pobre Kaede. Fue otra que cayó en sus garras.
—¿Crees que no lo he pensado? Ha estado persiguiéndome desde siempre. Pero no puedo hacer nada, porque con tal solo verle siento que me derribaría de nuevo.
Yanagida estaba a punto de agregar algo más, pero antes de eso cortó una parte del suavecito corte de carne y su mirada se perdió por el vacío. No podía creer lo que miraba.
—¡Hey! ¡Hablando de la reina de Roma, la que se asoma! ¡Kaede! —dijo con la boca llena, alzando la mano.
Atsushi se quedó estático sin poder voltear. Creía que podría ser otra broma de Yanagida, pero al escuchar los tacones de una mujer aproximándose a la mesa, no le había quedado más remedio que voltear.
Era ella. Kaede estaba frente a él.
No podía creerlo. No se explicaba por qué ella estaba allí. Fue hasta después de unos segundos de procesar la información que pensó que, Yanagida debía haberla incitado a ir allí. Le alegraba verla, pero el pánico lo asaltó con crueldad.
Atsushi se puso de pie de inmediato por instinto. La miraba de arriba hacia abajo a detalle. Estaba tan guapísima como la recordaba, con el pelo castaño cayéndole por los hombros con gracia. Las arrugas en las comisuras de los labios apenas se asomaban.
Atsushi ofreció su mano para darle un apretón, pero la mujer se envolvió entre los brazos de él rápidamente. Yanagida y ella se saludaron casualmente con una reverencia.
—¡Atsushi-kun! —decía ella con cariño y nostalgia—. Hacía tanto tiempo que no te veía. Es que, mírate… Qué alto y qué guapo te pusiste. —Kaede tenía una enorme sonrisa en sus labios.
—Kaede…
—Vamos, siéntate aquí junto a nosotros —le sugirió Yanagida.
Ella obedeció y se sentó entre los dos. Ambos varones seguían estando frente a frente.
—Justamente estábamos hablando de ti —dijo el moreno.
—¿De mí? Espero que cosas buenas.
—Sí. Como sea, estábamos tratando ese asunto.
—Oh, ya veo.
—Pero Atsushi no cede.
Kaede volteó a ver a Atsushi que no había abierto la boca para nada desde que ella había llegado. Su café estaba hasta el tope todavía, ya frío. Su plato también estaba exactamente igual que cuando se lo dejaron en la mesa. No había tocado nada.
—Kae, me alegra verte —dijo finalmente—. Estoy agradecido de que estés aquí.
—También me alegro de verte, Atsushi-kun. A ambos. —Ella miraba un instante a Atsushi y después dedicaba otro tiempo a observar a Yanagida.
—Supongo que… era inevitable que nuestro reencuentro no fuera precisamente para algo bueno. El dolor era lo que nos unía desde siempre.
—No digas eso. Es cierto que las cosas no han marchado muy bien, pero…
La frase de quedó a medias. La mesera dejó una taza de café para Kaede.
—Atsushi y yo tenemos otros asuntos que tratar —dijo Yanagida—, pero antes de eso debemos hablar claramente sobre el criminal que nos une a los tres.
—Oh, ja, ja… claro, es el asunto principal —dijo ella.
—Hablen —indicó Atsushi.
—Te hemos dicho ya nuestras intenciones anteriormente, pero… me gustaría reforzarlas. Vine hasta Saitama solo para decírtelo. Estoy de acuerdo con Yanagida-kun, para que podamos zanjar este asunto juntos.
—¿Y quieren que hable con mi papá?
—No tienes que hablar con él. Creo que tú mejor que nadie sabes que no funciona así. Pero podrías meter mano al asunto y hacerlo todo más fácil…
—¡Mhm! Más fácil…
Yanagida solamente escuchaba a ambos mientras terminaba de comer. Kaede ocasionalmente bebía de su taza. Atsushi no tocaba ni hacía nada.
—¡Bueno! Nosotros haremos todo por nuestra cuenta —decía la mujer con intención de hacer que el ambiente se aligerara un poco—, pero sería mejor que estuvieras de nuestro lado. Creo que… te conviene.
—¡Estoy de acuerdo! —Yanagida se unió—. Como dije; que Atsushi tenga los bienes de un sujeto como el que es su padre es algo peligroso y desagradable. Incluso si sale de prisión podría llegar a reclamar todo y, ¿quién sabe?, recurrir a la mafia para que nos exterminen de su vida de una vez por todas.
Kaede no decía nada.
Atsushi pensaba sobre el asunto.
—No puedo permitirle la libertad a papá. —Atsushi se unió a la conversación una vez más—. Soy consciente de ello. Las cosas que había hecho ya contaban con precedentes y yo no lo sabía. Tardamos demasiado para percatarnos del peligro y del daño que estaba haciendo a quienes le rodeaban. Quizá era por eso que viajábamos tanto… Quizá, por eso mi madre…
—¡Mi tía tuvo que soportar demasiado con ese sujeto! Ahora puedo darme cuenta y tú también lo haces —exclamó Yanagida.
—Lo que quiero decir es que… voy a hacer algo. Pero, con mis métodos.
—¿Tus métodos? —le cuestionó Kaede.
—¡Quiero quedar fuera de esto, solo un poco! No quiero mostrar mi rostro a los jueces. Es todo lo que quiero decir. ¿Lo entienden? No estoy ocultando a un criminal ni nada. Voy a hacer justicia por mi propia mano, así que no lo malinterpreten. Por favor.
—B-Bien, pero debemos ser rápidos. A lo que sé, es que fue trasladado a otra “institución”. Tenemos que vigilar sus pasos para evitar extraviarlo.
—Yo… voy a hacer lo que deba hacer —declaró Atsushi.
Yanagida pareció satisfecho con la respuesta, aunque indiferente. En cuanto a Kaede, asintió un par de veces y no abrió la boca de nuevo. Atsush fingió entretenerse con las lucecitas de la carretera que observaba a través del ventanal.
Después de un rato en silencio, las tazas fueron rellenadas nuevamente. Atsushi pidió que le sirvieran de nuevo su café. Cuando le dieron una taza nueva con café caliente, lo probó poco a poco hasta dejarlo a la mitad.
El silencio que estaba entre ellos no era incómodo, pero había algo que no le permitía a ninguno pronunciar palabra. Se miraban con nostalgia.
—Atsushi-kun, dijiste que no querías estar solo; que podía quedarme unas noches contigo.
Atsushi inspeccionó a Kaede antes de responderle:
—Sí, eso dije. ¿Te parece una mala idea?
—Claro que no. Eso si me pagas los días de trabajo a los que no voy a asistir.
—Por supuesto.
—¡Ja, ja, ja! Bromeo, no te preocupes por eso. Es lo de menos. Y, bueno, ¿qué va a pasar contigo, Yana-kun?
—¡Me vuelvo a Tokio! Tengo una agenda ajustada. Aunque, claro, puedo hacer arreglos para ocasiones como esta —respondió el de piel oscura. La mujer se rio—. Pero antes de eso —siguió diciendo Yanagida— Atsushi y yo tenemos un par de asuntos que resolver. ¿No es cierto, Atsushi?
—¡Claro! —respondió el mencionado—. Y espero que lo hagamos pronto. Vamos, habla. Soy todo oídos.
—¿No vas a preguntármelo tú mismo? —Al no tener respuesta, siguió hablando—. Bien, creo que no. El caso es este: encontré a Todomatsu en un bar de por ahí, solo. Me hice pasar por un fiel seguidor suyo, y la verdad es que… había estado siguiéndolo en mis ratos libres, porque quería llegar a ti, Atsushi. No había otra manera. Estaba aburrido, desesperado, no sabía qué hacer… Después de la muerte de mi hermana estaba tan deprimido, y encima mi novia decidió romper conmigo. Me daba envidia pensar que estuvieras teniendo una vida mejor que la mía, y al verte tan feliz en esas fotos con Todomatsu en sus redes sociales... ¡Ja, ja! Seguro que no sabías que Todomatsu tenía montones de fotos contigo en Instagram, ¿verdad? Como sea, ahora lo sabes.
» Quería probar algo nuevo, así que… quise intentar tu estilo de vida, solo un poco. Ya estaba muy borracho, no me mires así. Ambos lo estábamos. Entonces, besé a Todomatsu. No fue agradable para ninguno de los dos, no voy a mentirte. Me dejé llevar por el momento. En fin, me pareció una buena oportunidad para que accedieras a verme. Supuse que el enojo te obligaría a querer enfrentarme; de otra manera hubieras querido huir de tu pasado y no verme nunca más. Lo siento. Sí, esto no se arregla con un “lo siento”, pero, ¿qué hago?
—A ver, Yanagida… —Atsushi estaba respirando con dificultad, intentando apaciguar la ira en su interior—. ¿No te acostaste con…?
—¡Que va! ¡Por supuesto que no! Estaba jugando, hombre. Jugando.
—¿De qué se trata esto? —se preguntaba la pobre Kaede.
—Un asuntito que tuvo un gran malentendido.
—¡No, Yanagida! Esto no es un “asuntito”. ¡No puedes aprovecharte de alguien solo porque estabas deprimido o lo que sea!
—¿Aprovecharme? Fue Todomatsu quien accedió a ir a mi departamento en primer lugar, sin saber que tú y yo éramos primos. Ni nos conocíamos. ¿Puedes confiar en un tipo así?
Atsushi decidió hacer caso omiso ante el nombre de Todomatsu.
—Escucha, lamento la muerte de Kin-chan, pero no debes colgarte de eso para arruinarte a ti mismo o arruinar a otros.
—Eso ya está en el pasado, pero no debemos olvidarla. Mi hermana era una chica fuerte, igual que nosotros tres, ahora sentados en esta mesa. Lamentablemente, fue otra víctima de tu padre; pudo soportarlo más y por eso se mató. ¡Pobre Kinko! Por eso, quería encontrarte, pasara lo que pasara. Ella te quería mucho, Atsushi. Como si fueras su hermano también. Quería decírtelo. Aun si significaba colgarme de la muerte de mi hermana para hacer lo que fuera necesario y verte otra vez, para de nuevo pedirte justicia.
—Yo no… Yo no hice nada. ¡Yo no hice nada!
—Baja la voz, Atsushi. La gente ya nos mira raro.
Kaede solo observaba con atención.
Atsushi se había quedado sumido en sus pensamientos mientras los recuerdos lo asaltaban vilmente. Recuerdos que parecían no haber estado ahí antes.
Para seguir el hilo de la conversación, Kaede añadió por curiosidad:
—¿Las cosas no marchaban bien con su esposo tampoco?
—Claro que no. ¡Ese Inuyama siempre fue un bueno para nada! Debe estar viviendo ahora en alguna parte de Osaka o qué sé yo. Los recuerdos le quitaron la vida.
—Yo… no estaba consciente. Yanagida, yo no sabía que ella hubiera muerto. —Atsushi poseía una voz apagada. Sus ojos no reflejaban ningún brillo; estaba absorto.
—Oh, entonces lamento haberte dado la noticia de esa forma. Y, tal y como dices, no hiciste nada, lo sé. Tu viejo no hizo nada directamente tampoco con muchas personas. Fue su gente. Hacían toda clase de atrocidades y nuestra familia se vio envuelta en eso. Quien sabe cuántas cosas miró ella… Quizá un poco más de lo que tú viste.
—Yo no lo recuerdo —dijo Atsushi, con evidente preocupación en su voz—. No puedo acordarme de las cosas que vi, pero…
—¡Alégrate! Tal vez terminarías igual que ella.
Atsushi sacudió su cabeza.
—¡En fin! Nos desviamos un poco —hizo saber el modelo.
—Con respecto a tu mediocre explicación, ¿por qué decías que no accedería a verte?
—Porque querrías huir de tu pasado.
—¿Por qué?
—¿Hmh?, ¿lo has olvidado? El caso ese con Nishida-sensei.
—¿Nishida-sensei? —Los ojos de Atsushi se abrieron de par en par con una evidente preocupación. Miró a Kaede, que también se había quedado sorprendida al escuchar tal nombre—. ¡Oye! Creo que… no deberíamos hablarlo aquí.
—Ja, ja… Sí, tienes razón. ¿Vamos a un lugar más cómodo?
—Quedémonos aquí —pidió la mujer.
—Creo que este no es lugar para… —hablaba Atsushi.
—Quedémonos aquí —exigió Kaede de nuevo, interrumpiendo a Atsushi—. Este es un lugar adecuado. Hay que dejar de evadirnos mutuamente. Además, Atsushi-kun, tú y yo también tenemos nuestro propio asunto pendiente.
La ansiedad de Atsushi fue en incremento; no tuvo otra opción más que rendirse y aceptar la orden disfrazada de petición.
—Bien, Atsushi… —dijo un decaído Yanagida. Extrañamente su típica sonrisa y su comportamiento relajado y juguetón habían desaparecido—. ¿Quieres empezar tú? —El mencionado negó con la cabeza, y Kaede mantenía su mirada fija en la mesa, con expresión de no estar viendo ni pensando en nada concreto—. Okay, entonces, hablemos de Takeuchi-kun.
Notes:
¡Las cosas se están poniendo intensas!
Tengan una bonita semana <3
Chapter 41: Recuerdos que se disipan
Notes:
Empezamos este capítulo con un timeskip y a la mitad retomamos la conversación sobre Takeuchi.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
[ ... ]
11:20 p.m.
Atsushi y Kaede entraron juntos al hotel en donde el primero se había estado hospedando por un brevísimo tiempo.
Las horas se habían ido entre la plática y todo había sido demasiado rápido. Ninguno de los dos estaba muy platicador después de que los tres habían compartido sus sentimientos, sin limitación alguna. La voz de Yanagida permanecía clara todavía en la mente de Atsushi, y Kaede lucía ansiosa, pese que había dicho que ya estaba más tranquila cuando se encontraba en el auto con Atsushi, de camino al hotel.
La chica recepcionista había dejado de coquetear con Atsushi cuando lo había visto llegar con su compañera. Antes no le daba mucha importancia, pero sintió una leve mejoría poco después.
Atsushi se quitó el saco y se quedó de nuevo con la ropa que traía, únicamente quitándose la corbata para sentirse más cómodo. La mujer solamente se deshizo del color rojizo de sus labios.
Después de que Atsushi le indicara que podía hacerlo, ella se recostó a un lado de él en la cama, con mucho cansancio. Ambos traían los incómodos zapatos de vestir puestos todavía; ella estaba sin quitarse los pendientes ni los broches del pelo, y él sin desprenderse del reloj de mano ni el cinturón.
Permanecieron recostados el uno al lado del otro, viendo hacia arriba, sin decir o hacer nada. El ruido de la calle no les molestaba estando en un piso tan alto, y las luces de la ciudad iluminaban sus cuerpos con gentileza a través del ventanal. Las luces estaban apagadas.
La noche era serena.
—¿Te acuerdas —decía Kaede rompiendo el silencio, sin dejar de ver las luces de la lejana autopista, reflejando e iluminando el techo— cuando dormíamos así, juntos?
Atsushi permaneció un momento en silencio como haciendo memoria.
—Sí.
—Muchas veces llegué a acordarme de esos días. No podía evitar que la nostalgia me abatiera. Pero ahora me doy cuenta, Atsushi-kun, que es mejor así… Como es todo ahora.
—¿Te sientes así?
—Ajá. Mantener el mismo estilo de vida no es sano. He ido cambiando poco a poco y tú también lo has hecho. Por eso decía que debías vivir al máximo con tu persona especial.
—¿Me lo estás permitiendo? —dijo Atsushi, girando su cabeza hacia ella para verla. La oscuridad no le dejaba apreciar correctamente su rostro; apenas distinguía las curvas de la nariz y mejillas, y sus labios moviéndose al hablar.
—¡Ja! Eres un hombre adulto. No deberías esperar mi aprobación. Yo de verdad lamento que Todomatsu y tú hayan tenido problemas por mi culpa.
—La culpa es mía.
—No, Atsushi-kun, era normal que las cosas podían entenderse mal. Aunque, bueno, nuestra relación nunca fue del todo natural, ja, ja.
—Me parece que si lo dices de esa manera, suena raro.
—¡No digas eso!
Ambos rieron en medio de la oscuridad, acompañados del silencio.
Después de un efímero mutismo, Atsushi añadió:
—Kae, al final, ¿por qué viniste?
—¿Mhm?
—Yanagida y tú tuvieron mucha más conexión entre ustedes. Supongo que él pudo pedirte que vinieras además de mí, pero la verdad, también él se miraba sorprendido cuando llegaste con nosotros. Y, me habías dicho antes que no podías dejar Tokio porque estabas ocupada. ¿Qué sucedió?, ¿era mentira?
—No, no era mentira. Pero supuse que no habría otra mejor oportunidad. Quería verlos a los dos. En especial a ti. Sé que las cosas no habían marchado muy bien para ti desde… Desde esa vez.
—Entiendo. Me alegra que vinieras.
Kaede sonrió y Atsushi siguió hablando.
—Y, dime, ¿me parezco mucho a mi papá?
—¡No, Atsu! Para nada, en ningún ámbito. Y es un halago. Tal vez lo único que podrías haber heredado es su altura, ¡pero nada más! Y lo digo en serio, tuve muchísimo tiempo para conocerlo todo lo que quise. Ustedes no comparten nada de nada. Tal vez te parecías más a tu mamá.
—Entonces… tengo suerte.
—Con respecto a eso, ¿tu mamá…?
—Sigo sin saberlo.
Ella no dijo nada más.
Ambos siguieron hablando en medio de la oscuridad hasta que se dieron la espalda. Dormían cómodamente uno junto al otro, sin verse ni sentirse.
—Muchas veces pensé en huir de todo e irme a vivir contigo —dijo Atsushi después de un rato—, pero había algo que siempre me decía “no lo hagas”. Entendía que no debía depender de ti.
—Yo también lo pensé. Pensé en llevarte lejos, junto conmigo, a algún lugar… lejos, muy lejos. Pero era una tontería. Pronto entendí que ese lugar que mi corazón tanto anhelaba no existía.
—¿De verdad? Es extraño porque yo también sentí algo así.
—Incluso ahora, pienso en que debería irme lejos, contigo. Pero…
—No podemos estar juntos por nuestro bien.
—También pensé en eso. —Rio.
Al final, Kaede abandonó la idea de vivir junto a Atsushi. Era inútil intentar ese estilo de vida con el que ambos habían fantaseado tanto. Atsushi tenía a Todomatsu, y Kaede tenía su vida aparte también.
Mientras sucumbía al sueño, a Atsushi le pareció ver que unas espesas lágrimas recorrían el rostro de la mujer.
Por la mañana siguiente, ella se despidió de su querido Atsushi. No fijaron nunca una próxima reunión, ni prometieron volver a verse. Ella dijo que podía irse sola, así como había llegado. Lo que sí estaba claro ahora, era una cosa: zanjar el asunto con el padre de Atsushi lo más pronto posible.
Ninguno volvió a hacer mención de Yanagida, y tampoco siguieron reviviendo el pasado. Muchas cosas habían quedado enterradas quizá para siempre. Y, de nuevo, Atsushi estaba solo en el hotel. Ahora únicamente pensaba en arreglar sus asuntos y volver con Todomatsu.
[ ….. ]
Un nuevo día comenzó.
El menor de los sextillizos había despertado temprano y se encontraba ya en la cafetería. Aquel día no estaba de humor, pero tampoco se sentía del todo abatido.
Había varias personas en la cafetería aquel día. Sacchi y Aida estaban atendiendo a la mayoría de clientes, mientras que Todomatsu lo hacía de vez en cuando, pues se hacía el distraído e ignoraba la caja registradora cada vez que oía la campanilla de la puerta sonar.
Las chicas no tardaron mucho en darse cuenta de ello.
El muchacho de camisa rosa se encontraba en una esquina de su zona de trabajo, tomando un chai latte frío que él mismo se había preparado. Sacchi fue la primera en interrumpir sus pensamientos, diciendo:
—¡Totty! El trabajo se está juntando. ¿Puedes ir a limpiar la mesa 4 y la mesa 6?
Todomatsu no se veía irritado exactamente, pero su rostro denotaba que no quería hacer nada.
—Claro.
Dejó la bebida a un lado sin interés y se dirigió a limpiar las mesas.
El día iba pasando con normalidad, no había nada nuevo que no hubiese sucedido ya en otros días. Todomatsu se propuso a estar atento, pues no podía hacer a un lado sus pensamientos si no se entretenía con algo. Prefería preocuparse por el trabajo que preocuparse por sus asuntos extremadamente personales.
Fue en un momento determinado cuando el jefe de Todomatsu le dijo que se fuera a descansar a casa.
—¡Estoy bien! —insistió Todomatsu con determinación.
—No, Todomatsu. Llevas varios días estando distraído y no nos concierne a nosotros decirte adónde ir, pero has tenido varias oportunidades y sabes cómo son estos negocios. Debes estar siempre atendiendo a la gente con una buena cara y modales correctos. Puedes decir que se te paga por estar de buen humor.
—Pero, ¡señor…!
—No te preocupes, no te estoy despidiendo. Simplemente digo que te vayas a descansar a casa. No quiero que colapses por exceso de trabajo o algo así. Aprecio tu trabajo, así que no te descontaré de tu paga. —El gerente le seguía hablando a Todomatsu con sinceridad, mientras que Sacchi y Aida escuchaban fingiendo que no lo hacían—. Agarra tus cosas y tómate…, no sé, dos o tres días.
—¿Tanto?
—Es lo indicado para reponer el sueño. Un día entero no ayuda mucho a nadie.
Dicho aquello, Todomatsu hizo una reverencia levísima y se fue por su bolsa. Fue a quitarse el delantal con prisa.
Las chicas entraron casi en silencio para encontrarse con un deprimido Todomatsu.
—Totty —decía Sacchi—, sabes que cuentas con nosotras… para lo que sea.
—Cuando vuelvas, vuelve con una enorme sonrisa, ¿bien? —dijo la otra, ofreciéndole una.
Todomatsu asintió, les dedicó una sonrisa que parecía solo una mueca, como cuando te da el sol directo a los ojos por las mañanas, y se fue.
Estaba exhausto de todo, no quería ir a casa. Y pensaba en los últimos minutos. Aunque las chicas querían animarle, le molestaban sus palabras.
«¿Qué rayos van a saber ustedes por lo que estoy pasando?», pensaba. «¿Volver con una sonrisa? Yo ni siquiera debería volver a este lugar». «Soy patético. Dándome unos días para pensar sobre mis problemas cuando ya suficiente pienso en ellos haga lo que haga, esté con quien esté, sea donde sea que esté…» «Gerente estúpido. Si tuviera que darle unos días para descansar a todo aquel que no se siente muy bien, créame, el mundo entero se detendría».
Todomatsu no podía detener sus pensamientos, y no podía escapar de ellos. Comenzaba a desesperarse y a darse cuenta que, mientras su mente siguiera teniendo control sobre él, no importa cuánto hiciera, jamás tendría progreso.
Para cuando Todomatsu llegó a su casa, se encontró con Ichimatsu que lo esperaba justo frente al portón.
—¡Ichimatsu-niisan! ¿Qué haces aquí?
—Quería llamar primero, pero estaba fuera de casa haciendo unas compras y quería venir. Aunque… —desvió su mirada hacia un lado con precaución.
Todomatsu hizo lo mismo y se sorprendió todavía más.
—¡Eh, Totty!
—¡¿Osomatsu-niisan?!
—Ichimacchan y yo estábamos haciendo las compras para hoy como puedes ver —dijo apuntando a unas bolsas que llevaba consigo y otras que yacían a los pies de Ichimatsu—, pero pensamos que sería una buena idea pasar a verte.
—Osomatsu-niisan, Ichimatsu-niisan…
—¡Vamos de paso, no te preocupes! —se apresuró a aclarar Osomatsu.
—¿En serio? ¿Vienen de tan lejos y solo “van de paso”?
—No es tan lejos, Totty. ¡Serían unas 2 horas cuando mucho!
Ichimatsu asintió mientras parpadeaba varias veces como si la miopía estuviera atacándole con malicia.
Todomatsu meneó la cabeza y retomó la conversación.
—Pasen, hoy no tengo nada que hacer. Les voy a preparar té.
El menor se abrió paso entre ambos para abrir el portón del hogar hasta llegar a la puerta principal.
—¿Qué hay de Atsushi-saaan? Creí que estaría aquí para compartir un par de tragos, quizá.
—Quítate los zapatos y cállate, Osomatsu-niisan.
—¡Con permiso! —exclamó el mayor, tomando unas pantuflas del recibidor y adentrándose a la casa. Su destino: la sala principal. La del televisor enorme y bonito que ninguno de ellos jamás tendría en casa con sus padres.
—Con permiso —dijo también Ichimatsu en un tono más ronco y bajo.
Estando los tres sentados en el sofá, en la sala de estar ya con una taza de té cada uno, hablaron cosas sin importancia.
Paso un rato considerable hasta que Osomatsu e Ichimatsu notaron que algo no estaba muy bien con él.
—Todomatsu, ¿todo en orden? Te noto algo…
—¿Verdad que sí? —concordó Ichimatsu ante la frase sin acabar de su hermano.
—¡Totalmente!
Parecía que ambos acababan de leerse la mente sin compartir pensamientos con Todomatsu. Después de las palabras del primogénito, ambos hermanos se quedaron con la mirada clavada en el menor.
—¡Todo en orden! Cielos, creo que ustedes siempre están paranoicos. C-Como sea, no me gusta ser grosero ni nada, pero, ¿no deberían llevar las compras a casa? Si mamá debía hacer la cena, entonces…
—¡Bien, bien, ya nos vamos! —dijo Osomatsu, fingiendo que estaba seriamente molesto. Después le dio una orden a su acompañante—: Ichimatsu, ¡despídete!
El mencionado apenas se giró a su hermano menor para observarle por efímeros segundos.
—Hasta pronto, Totty. —Hizo una floja reverencia.
3:30 p.m.
Unas calles más allá, cuando Osomatsu e Ichimatsu iban camino a casa, fueron encontrados por Atsushi, que se encontraba camino a su propia casa también.
—¡Osomatsu-kun, Ichimatsu-kun! —les llamó la atención desde su auto.
—¡Oh, Atsushi-san! Justo veníamos de una breve visita a Todomatsu. ¿No es así, Ichimacchan?
Ichimatsu asintió con una sonrisa.
—Ya veo…
Para Atsushi resultaba extraño y gracioso que por fin pudiera diferenciar a los sextillizos aun a metros de distancia. Viéndolos caminar juntos por la calle parecían un simple par de gemelos, pero ya estando consciente de que había tenido que aprender a convivir con seis caras iguales, le daban ganas de reír para sus adentros.
—¿Qué te parece un par de tragos para la próxima, eh? Sería bueno despejarnos un día de estos otra vez, como en esos días. —Osomatsu hablaba amistosamente con su típico tono de voz que tanto solía animar o fastidiar a otros.
«¿Despejarnos de qué?», pensaba Ichimatsu con el ceño fruncido.
—Me encantaría muchachos, pero, ya saben… Llevo una vida muy ajetreada últimamente. —Atsushi sonrió con pena.
—Entiendo… —Osomatsu rozó su nariz con su dedo índice con un poco de incomodidad. Sonrió para terminar la frase—. Ya habrá momento para ello.
—Es bueno verte, A-Atsushi-san. —Un tímido Ichimatsu había articulado una frase después de pensarlo una y otra vez.
—Lo mismo digo. —El conductor sonrió.
Al quedarse todos sin nada más que decir, Osomatsu decidió despedirse.
—¡Bueno! Mi hermano y yo tenemos que ir a…
—Osomatsu-kun. —Atsushi lo interrumpió bruscamente.
—Eh, ¿sí?
—¿Cómo es que… tú…? Quiero decir, ¿esa vez tú fuiste quien…?
Osomatsu lo miraba esperando a que completara la pregunta e Ichimatsu hacía lo mismo. El mayor al sentir la pesada mirada de los hermanos pareció perder la iniciativa y se resignó con un suspiro.
—Olvídalo, lo siento. Es obvio. Espero que te vaya bien… —dijo Atsushi, viendo específicamente a Osomatsu.
Después de terminar la frase se despidió formalmente para desaparecer entre el tráfico lejano. Atsushi había dejado un mal sabor de boca a los Matsuno.
—¿Es mi idea o todos están locos hoy? —se preguntó Osomatsu.
—Tengo la misma sensación, Osomatsu-niisan.
—¡Hmh! Ese tipo… tenía una mirada extraña.
—Quería decirte algo en especial a ti, creo.
—Lo que sea que fuera, Ichimatsu, no debe ser importante. Andando, debemos llegar a casa antes de las 5:00 y quiero comer un poco de ramen por ahí. —El mayor hablaba canturreando.
—¡Qué idiota eres! Mamá no debería obligarme a salir contigo.
3:45 p.m.
No hacía ni mucho frío ni mucho calor, pero Atsushi sentía el sudor frío recorrerle el cuerpo. Recordaba la cara de Yanagida y las palabras de la noche anterior… Estaba desesperado.
Cuando llegó a casa después de un largo recorrido matutino, lo primero que hizo fue ver a Todomatsu. Estaba sentado muy entretenido viendo la televisión; una especie de serie de época.
No sabía si debería decir algo o no, pero se acercó lentamente a Todomatsu. Su rencor contra el menor se había esfumado después de platicar con el moreno durante la cena del otro día.
Para su sorpresa, Todomatsu sí que estaba molesto con él. No se le veía furioso ni triste; parecía más bien como si fuese un zombie. No había emoción alguna en su rostro.
Atsushi se acercó a Todomatsu y posándose a un lado suyo, dijo:
—Este fin de semana… estaré afuera de nuevo. Hay varias cosas pendientes, así que quería hacértelo saber. Volveré cuando…
—¿Exactamente a dónde te vas, Atsushi-kun? —interrumpió.
—Shikoku. Tomaré un vuelo mañana por la noche.
No hubo respuesta por parte de Todomatsu. Exactamente como se lo había dicho, Atsushi se fue. Le había dicho la fecha en que posiblemente retornaría, pero no compartieron más palabras. El dolor por no despedirse adecuadamente se clavó en los corazones de ambos.
La situación no había sido muy buena para él desde hace mucho, pues pasar el tiempo fuera de casa y encargarse de asuntos pendientes se había vuelto muy inusual. Cargaba su computadora y portafolios a todas partes como si fueran parte de él mismo. Realizaba el trabajo de la empresa desde donde sea que estuviera mediante su laptop y rellenaba datos tanto físicos como virtuales religiosamente.
Atsushi estuvo aproximadamente dos semanas fuera de Tokio sin dar señales de vida. Todomatsu no le cuestionó nada jamás.
[Tres semanas atrás…]
—Okay, entonces, hablemos de Takeuchi-kun.
Atsushi compartió mirada con Kaede y su primo. Ninguno de los presentes parecía querer hablar, pero el momento había llegado.
—¿Cómo se supone que comencemos? —se dijo Kaede—. Ah, bueno, supongo que debería empezar desde que… tu padre y yo terminamos, Atsushi-kun.
—Me parece bien —dijo Yanagida asintiendo con la cabeza.
Después de titubear y tomar el suficiente valor, Atsushi sugirió:
—Podemos comenzar, si gustan, hablando de Kin-chan.
—¿Que hay que saber sobre mi hermana, Atsushi? Creo que sabemos lo suficiente: ¡ella fue abusada sexualmente por tu padre!
—Yanagida, ¡baja la voz! —le espetó Kaede en alerta.
—Yo no dije lo contrario —dijo Atsushi—. Sé que eso fue lo que sucedió, y si no mal recuerdo…
—¡Así es! También yo pude haber corrido ese destino. Sin embargo, por una u otra razón alguien siempre terminaba apareciendo para salvarme. Como el día que ambos nos escondimos de él en mi antigua casa ese día que jugamos juntos en el patio… Fue la última vez. Ese día tu viejo se había vuelto loco. Kinko había abierto la boca a duras penas sin decir detalles, y aunque nadie le había creído, ¡yo lo hacía! Y tú no querías creerlo tampoco, como el montón de adultos que nos rodeaba, Atsushi.
Atsushi enmudeció. Estaba reviviendo cierta parte de esos recuerdos.
—N-No podía creer que fuera capaz de eso… —La voz de Atsushi se rompía de vez en cuando. Le costaba recordar a su padre.
—Después de que ella hablara, se puso más agresivo. ¡Y también hacia mí! Sentía tanto miedo y asco… Al recordarlo, me siento agradecido de que un tipo como él perdiera su tiempo en la cárcel.
—Si yo hubiera sabido eso antes —dijo Kaede uniéndose a la conversación—, jamás me habría comprometido con él. Al principio era atento, tierno y cariñoso, pero después comenzó a mostrarse como realmente era. Después de los abusos físicos y mentales, tuve que enfrentar mi terror y escapé a como pude. Yo no sabía que ustedes estaban sufriendo por lo mismo porque no tenía oportunidad de verlos, pero… aun así, quise adoptar a Atsushi-kun y hacerme cargo de él como si fuera mi propio hijo. Nunca te vi como un monstruo pese a que tu padre lo era, Atsushi-kun —dijo la mujer mientras miraba al mencionado a los ojos—. Yana, tú tenías a tu madre, así que no podía llevarte conmigo también.
—Ya lo sé, Kaede.
Kaede había conocido al padre de Atsushi en una reunión de trabajo importante en las afueras de Osaka y luego se habían mudado a Tokio, donde después el hombre le dijo por primera vez que tenía un hijo de 12 años llamado Atsushi. Kaede estaba dispuesta a casarse con el padre soltero y poder vivir la nueva experiencia de su vida. Era la primera vez que ella se enamoraba. Y, además, Kaede no podía tener hijos.
Ella platicaba que su relación iba bien. Comenzaron a salir durante varios meses y después se habían comprometido. Había pasado ya mucho tiempo desde que el hombre le había dicho que su antigua esposa (madre de Atsushi) había fallecido. Atsushi vivió feliz por un tiempo junto a la mujer. Sin embargo, el sujeto comenzó a mostrarse cada vez más agresivo e indiferente como solía ser antes con su esposa e hijo. El hombre comenzó a cometer ciertos crímenes que provocaron que desatara su furia y la desquitara con su nueva familia.
Kaede fue golpeada y violada incontables veces y Atsushi había sido obligado por su propio padre a ver semejantes actos.
Al menos, era lo que la mujer recordaba. Pero no había señales de que Atsushi recordara algo sobre aquello.
Tiempo después de aguantar los abusos, ella había denunciado al tipo y había huido junto a Atsushi, a quien consideraba su propio hijo. Vivieron juntos un tiempo, hasta que el joven fue capaz de abandonar el nido. No volvieron a verse después de aquello, hasta mucho tiempo después.
Volvieron al mismo lugar de inicio de conversación: Kin-chan fue abusada, a Yanagida casi le sucedió lo mismo, y a Atsushi jamás se le tocó ni un solo pelo, pues únicamente fue obligado a observar.
Kaede hablaba con Atsushi diciendo que estaba agradecida de haberlo conocido pese a todo. Lo consideraría siempre como a su propio hijo, al igual que a Yanagida.
Luego discutieron el destino de Kinko, la prima de Atsushi. Ella se había matado un día de otoño luego de no soportar los terribles recuerdos de aquellas noches de sufrimiento durante los “encuentros” con aquel sujeto. Jamás lo dijo, pero Yanagida que la conocía bien sabía que esa había sido la razón.
—Quizá… la madre de Atsushi-kun no está muerta. ¿Y si ella huyó también de su terrible marido?
—¡No, Kaede! Mi madre murió. Se fue, me abandonó. Ella siempre había sido distraída y distante… Ella murió lejos.
—¿Te consta?
—No pude ir al extranjero a comprobarlo, pero llegó una carta. La mucama la leyó para mí.
—¿Mucama? Ja, ja. —Yanagida se metió a la conversación. Se rio con un poco de confusión.
—Atsushi-kun… —Kaede apenas murmuró. Se mostraba preocupada por el mencionado. La mirada de la mujer estaba llena de tristeza y resignación.
—¡Yo estaba en casa cuando me enteré de ello! Yo…
—Atsushi-kun, cuando te conocí la primera vez me dijiste que no conociste nunca a tu madre. Y luego de un tiempo, cambiaste la historia. Comenzaste a decir que ella había muerto fuera de Japón. Que ella era extranjera y que viviste fuera de aquí por un tiempo. Pero, ¿no será que siempre estuviste aquí? Quiero decir, sueles cambiar la historia constantemente… ¿Eso no sugiere que tú…?
—Déjalo, Kaede. —Yanagida se veía dispuesto a defender a Atsushi—. Él no lo sabe.
—¡Claro que lo sé! Es tal y como lo digo —se defendió Atsushi.
—No me refiero a eso.
—¿Eh?
La mujer meneó la cabeza. Un mesero se acercaba a ellos, pero ella amablemente le indicó que no necesitaban nada y que podía retirarse. Prosiguieron con el tema.
—Olvidar a tu padre es difícil, Atsushi. Sobre todo porque él fue capaz de conseguirte un buen puesto de trabajo con sus contactos del alto mundo, por muy buenos o malos que sean —dijo Kaede.
—Alguna vez fue así, pero ahora aprendí a moverme solo, como ustedes.
—Y, bien, ¿por qué empezó tu paranoia? ¿Por tu noviecito ese? Hum, eres algo extraño, Atsushi —hablaba Yanagida—. Chicos, chicas… Siempre te dio igual y lo hiciste con quien fuera, pero ahora amas a alguien realmente. ¿Por qué tuviste que elegirlo a él entre tantos?, ¿acaso eres masoquista?
—No sé de qué hablas.
—¡Claro que lo sabes! Por una vez en tu vida intenta hacer memoria —dijo Yanagida. Kaede le llamó la atención con un gesto no aprobatorio, pero Yanagida siguió hablando—: mi tío, tu padre, una vez dijo que había conocido a un montón de hermanos con las caras iguales y tenía… cierta colección en casa. Al menos fue lo que me dijiste. ¿Despertó interés en ti?
—¿Por qué dices todo eso ahora?
—¡Vamos! Ese monstruo tenía montones de fetiches e intereses extraños. Si le obsesionaba coleccionar fotografías de hermanos con las mismas caras como gemelos, mellizos, o lo que sea, y tú las viste, ¿no desarrollaste… esos gustos también?
—¡No me compares con mi padre!
Kaede se alertó.
—Calma, calma. Es una suposición… Seguí a tu chico en Instagram y, vaya, aunque parecía intentar ocultarlo, es obvio que tiene cinco hermanos y todos con el mismo rostro. Pareciera como si tu subconsciente quisiera reconciliarse con ese terrible suceso. No debiste ver nada ese día. Quizá hasta llegaste a ver el rostro de tu novio entre el montón de fotografías enfermas que tu padre guardaba. O quizá era algún otro de ese montón de hermanos, quien sabe. ¿No te trae recuerdos?
Parecía que Yanagida quería decir algo sutilmente, pero Atsushi no terminaba de entenderlo. Kaede había entendido solo una parte del mensaje del moreno. Atsushi estaba confundido y disgustado.
—Basta, Yanagida. Eso fue una coincidencia. Estás rebuscando demasiado. —Kaede le espetó.
—¡Bueno! Puede que sí.
Ninguno dijo nada por un tiempo, hasta que Atsushi volvió a romper el silencio.
—¡Y hablando de Todomatsu…! ¿¡Por qué lo hiciste!?
—Ya te digo, Atsushi. No tuvimos sexo ni nada. Sabía que no accederías a verme si no era por venganza. No querrías verme para no revivir tu pasado, pero teníamos que hacerlo. Fue solo un beso. ¿Por qué me ves así? ¡A mí tampoco me gustó!, ¡sabes que no me gustan los hombres!
—¡Pues que poco maduro e inteligente eres! Eres un imbécil. ¿¡No se te pudo ocurrir algo mejor!?
—¡Pff! Sabía que él te lo diría tarde o temprano, así que lo hice sin pensarlo. La mente se congela en situaciones desesperadas. No pensé otra cosa.
—¡Hubo muchos malentendidos entre nosotros por esa estupidez tuya! Maldita sea, ¡quiero romperte la cara!
—Cálmense, muchachos —intervino la mujer—. Si lo que quieren es agarrarse a golpes a media calle o aquí en el restaurante para resolver algo, ¡háganlo! Siempre y cuando verdaderamente resuelvan sus diferencias y no frente a mí.
Después de sus palabras, ambos se neutralizaron.
El ambiente estaba pesado. Había miles de cosas de las cuales platicar, por lo que siguieron hablando del terrible padre de Atsushi. También discutían cosas de ciertas circunstancias que el anterior mencionado no recordaba del todo, y concordaron en que, de nuevo, seguirían pidiendo la ayuda de éste para que su padre retornara a la cárcel por más tiempo. Había sido su plan desde el inicio y lo seguía siendo. Diez años en detención seguramente no le ayudaron en nada, pues se había hecho de gente incluso estando preso, o era lo que Kaede decía. Hasta estuvo el rumor de que se había juntado con los yakuza, lo que a Yanagida le pareció absurdo.
—Y sobre “Takeuchi”, rayos, eso puedo recordarlo claramente ahora. Todomatsu ha estado molestándome con eso, diciendo que te he hecho daño.
—¿Eh?, ¿por qué?
—Creo que él encontró las grabaciones de audio que estuve escondiendo en el ático o en el sótano durante todo este tiempo… Casi está seguro de que lo lastimaste para vengarte de mí porque yo “te traicioné”.
—¡Rayos! ¿Sigues guardando eso?
—¡No tenía de otra! Podía servir como evidencia algún día en contra de mi padre, pero todo marchó mal.
—¿Por qué supone él que soy yo?
—Eres mi única familia…, y conservaste ese apellido por un tiempo al igual que yo. ¡Ya no más! Ahora soy Atsushi Takahashi.
—Tiene sentido, es un chico listo. Olvidemos lo de “Takeuchi” para siempre. Voy a casarme pronto, por lo que seré “Nakajima”. Mi novia está en contra de que las mujeres cambien su apellido al de su marido, así que es una buena oportunidad para mí. Voy a soltar el pasado.
—¡El maldito nombre de Takeuchi nos trajo desgracias! Es mejor que lo dejes ir. Como sea, Todomatsu no tiene idea.
—¿De qué hablas?
Kaede oía y observaba atenta.
—Pues, ¿quién sabe cuánto escuchó ya sobre las grabaciones de esas consultas psicológicas? Debe estar confundido. Sobre todo porque…
—¿Y no se lo dijiste? —le cuestionó Yanagida a Atsushi.
—¿Cómo podría? Me daba miedo y vergüenza. Tengo miedo de mí mismo porque no recuerdo ya esas sesiones. Sobre todo intenté evitarlo porque podía que se alterara si se daba cuenta de que, Takeuchi-kun, el chico de las grabaciones, soy yo.
Notes:
¡Hola! Ya estamos en el arco final, si se le puede llamar de una manera.
Si la universidad no se hace muy difícil estaré actualizando seguido. Gracias por tu constancia hacia mi fic. Como actualizo varias historias a la vez me tardo mucho, pero si la inspiración sigue conmigo es probable que para diciembre del 2023 tengamos esta historia totalmente concluida. En el próximo capítulo continuará la conversación de estos tres personajes y volveremos con Totty a la actualidad.Gracias por su tiempo a todos ustedes, mis lectores. Cuídense, ¡y tomen agua!
Chapter 42: Carpe diem
Notes:
Carpe diem: Significa hacer lo que uno desea en el presente, aquí y ahora, sin someterse a los compromisos del pasado o las especulaciones estratégicas sobre el futuro. Aprovechar el presente ante la consciencia de la fugacidad del tiempo.
Chapter Text
Yanagida abrió mucho sus ojos como señal de desaprobación. No podía creer que después de tanto se hubiera guardado ese secreto, sin embargo, al considerar su situación, se apiadaba de él un poco.
—Atsushi… Me sorprende que no se lo hayas dicho. La verdad es que desconozco qué tan cercanos son Todomatsu y tú pero…
—No digas su nombre.
—¿Qué?
—¡No digas su nombre! Ya no estoy lo suficientemente molesto contigo como para querer golpearte, pero aun así, no quiero que digas su nombre.
Yanagida resopló.
—¡Bien! Lo que decía es que, dependiendo de la confianza que haya entre ustedes dos…, no lo sé, podrían ayudarse mutuamente. A ti te ayudaría mucho hacer lo correcto.
—¿Hablas de ver a mi padre?
—Ajá.
Después de suspirar profundamente, Atsushi dijo:
—Eso es lo que haré. ¡Vaya! Al final me han convencido. Ustedes siempre fueron de temer, Yanagida, Kaede…
—Puedo ir contigo si quieres, pero no me gustaría dar la cara —dijo ella.
—No hace falta —Atsushi negó con la cabeza—, puedo ir solo. Nosotros estamos relacionados sanguíneamente… No creo que quiera matarme al verme, ja, ja.
—Voy a ir contigo —dijo el moreno.
—Como dije… No hace fal…
—¡No es una pregunta ni una sugerencia! Voy a ir contigo. Debiste suponer que me pegaría a ti como una goma de mascar aun si no me lo pedías. Iré por mi parte, si es que te molesta tener que llevarme. Tengo mi propio auto también, Atsushi.
—¡Mhm! No puedo negártelo entonces.
El silencio se hizo campo entre los tres. Cuando hubieron aclarado varios asuntos otra vez, Yanagida hizo una pregunta después de tomar un sorbo a su bebida.
—Atsushi… ¿Todavía tienes contacto con el chico que conociste en secundaria? Ese amigo con el que hablabas de vez en cuando por las tardes…
—¿Mhm?
—Oh, ¿será que dejó de hablarte?
—No, seguimos en contacto. Hablas de Futsuumaru-kun. Pero, no recuerdo haberte contado sobre él…
Yanagida soltó una risita.
—Ya veo.
—¿Por qué la pregunta?
—Estaba pensando sobre eso el otro día. Si te sirve, deberías preguntarle sobre esos días. Tal vez él te ayude a recordar unas cosas. Para que te dé valor.
—“¿Recordar unas cosas?”
Yanagida asintió sin decir otra cosa, dejando pensativo a Atsushi. Kaede miraba alrededor fingiendo que se distraía viendo a las demás personas sentadas a su mesa. Después carraspeó para aclarar su garganta.
—Yanagida… Mi papá lo escuchó todo. Las grabaciones de esos días… Estaba escuchando todo lo que yo decía para ponerme a prueba. —Atsushi estaba hablando con una voz grave llena de preocupación.
—Lo sé.
—Yo… no recordaba eso. No puedo imaginar su cara al oír todo lo que decía sobre él y sobre mi vida, y sobre Kaede… ¿Estaría sonriendo, burlándose de mí?, ¿o estaría enojado quizá, o…?
—¡No tiene caso, Atsushi! —Yanagida puso su mano sobre el hombro de Atsushi, obligándole a volver en sí; al momento presente—. Piensas en ese tipo todo el tiempo. Una y otra vez, y otra vez y otra vez… Déjalo ir.
Atsushi no agregó nada a ello y tampoco hizo ningún intento por zafarse del agarre. Se limitaba a observarlo detenidamente. A veces no se daba cuenta de lo mucho que se parecían.
—Kaede —comenzó a decir Atsushi—, gracias por dejarme llevar tu apellido. Y también a Yanagida, claro.
—Tenía que protegerte. A ambos… Dejar que cargaran con el apellido de su familia era peligroso para ustedes, muchachos. De hecho, me alegra que me llegaras a considerar una madre, Atsushi-kun. Siempre quise tener este nivel de confianza con quien en un principio sería mi hijastro. Que me llamaras “Takeuchi-san” era extraño, puesto que iba a casarme con tu padre.
—Lo sé, pero, aun así, muchas gracias.
Yanagida no dijo nada, pues, después de todo, Atsushi estaba agradeciendo en su lugar. ¡Y por supuesto que Kaede sabía ya cuán agradecido estaba!
[ Tiempo actual ]
Cuando recién Atsushi hubo salido de su casa, creía que si no pensaba en ello quizá el tiempo se iría mas rápido, pero no funcionaba así. Las horas y los días eran indescriptiblemente más largos y atormentadores a su percepción.
Estaba realizando su trabajo desde su computador, cuando de repente un dolor de cabeza comenzó a atacarle. Se había quedado solo en un hotel, otra vez, al sur del país.
Fue a la segunda semana cuando Yanagida lo contactó. Se vieron en el hotel, durante una tarde ajetreada. No compartían misma habitación.
—Comenzaremos los movimientos sobre el asunto ese dentro de tres días. ¿Estás listo?
—Sí. —Fue una respuesta vaga.
—Bien. Voy a dejar que te encargues de tus asuntos —dijo Yanagida al ver que Atsushi se encontraba sumido en cuentas frente a su computadora—, voy a estar en la habitación de a un lado.
Atsushi asintió. Yanagida hizo un gesto y se dio la vuelta para salir de la habitación de Atsushi. Había suficiente espacio para ambos, pero, ninguno quería recordar los días en los que dormían juntos como si fuesen dos hermanos que se aprecian más que a nada y a nadie. Aunque la calidez del pasado seguía ardiendo en sus corazones, los recuerdos de aquellas noches jamás se borrarían.
Yanagida al final se había aburrido y se había ido a dar una vuelta a las afueras del hotel. No era un sitio muy bonito ni muy transcurrido. Tampoco era demasiado caro y no había suficiente ruido como para estresar a alguien que estuviese poco acostumbrado a las ciudades.
Recorrió las calles a pie, en busca de algo rico que comer. No le había llamado la atención nada. Durante su camino, algunas chicas y mujeres poco mayores que él le habían pedido un autógrafo o un apretón de manos. Le habían reconocido. Después de todo su rostro estaba en las portadas de revistas de moda o de perfumes. Le pareció una molestia, pues ese día no estaba de humor, pero no le parecía correcto salir corriendo. Aceptó los apretones de manos.
Al final volvió al hotel por algo para cenar. La comida del hotel no tenía nada en que destacarse, pero tampoco era mala. Tenía un sabor muy bueno en realidad. Se le pasó por la mente subirle algo a Atsushi, pero supuso que se negaría a probar bocado. Aun así…
Salió del ascensor para dirigirse a su habitación, pero en su trayecto se detuvo delante de la puerta de su primo. Tocó la puerta de madera tres veces con los nudillos y dejó una bolsa de papel en el suelo, delante de la habitación.
—¡Eh, Atsushi! Aquí te dejo algo. Ahora sí me voy a dormir. Adiós.
Yanagida no se quedó a esperar respuesta. De inmediato se retiró a la habitación vecina, dispuesto a dormir lo suficiente para despertar temprano. Quería meditar las cosas. Pensaba mucho en su hermana, en Kaede, en su tío, y en Atsushi… No podía negarlo; todavía lo apreciaba mucho y lo tenía preocupado. Era como el hermano varón que nunca tuvo. Se sentía extraño, pues ahora que por fin lo tenía tan cerca suyo después de años, una parte de él quería permanecer distante todavía. Como temer a volver a meter las manos al fuego.
Se recostó en su cama y con las luces ya apagadas se dispuso a dormir. Prestaba atención en los posibles movimientos de Atsushi, pero no logró nunca escuchar siquiera algún paso o sonido. Se quedó dormido.
Atsushi, que no había oído la voz del otro, se sentía curioso por saber qué estaba haciendo. «¿Todavía estará afuera o ya habrá regresado?»
Grande fue su sorpresa cuando, dispuesto salir a buscar algo para beber, vio justo en frente de la puerta de su habitación una bolsa de papel. Miró a los lados en busca de un posible espectador, pero no había nadie. Supuso que había sido Yanagida.
Cuando cerró la puerta detrás suyo volviendo a la cama donde le esperaba únicamente su laptop y un montón de papeles, revisó su contenido. Había un café en vaso y un sándwich envuelto en plástico junto a un pequeño envase de natilla de vainilla. Sonrió al imaginar el moreno comprando aquello para él.
12:45 am.
Se puso sus anteojos para observar mejor la pantalla que comenzaba a encandilarle la vista. Siguió haciendo su trabajo sin poder evitar dejar escapar un suspiro de fatiga de vez en cuando. Masticaba el sándwich a la vez que corregía montones de archivos y documentos que resultaban un problema.
El café estaba ya un poco frío cuando salió por él, por lo que lo había dejado a medio beber. La natilla fue lo primero que se comió; era un amante de lo dulce.
En ese momento surgió una llamada entrante.
Por un instante se albergó en su corazón la esperanza de que la llamada fuera de Todomatsu, pero no había sido así. Era uno de sus superiores. Si bien era cierto que Atsushi estaba entre la gente más importante de la empresa y tenía montones de subordinados, también era cierto que había varios individuos por encima de él. Atendió la llamada con pesadumbre.
—Atsushi Takahashi. ¿Diga?
—¡Atsushi!, ¿dónde has estado?
—Estoy al sur del país por un asunto personal, señor.
—¿Vas a volver pronto, no?
—Quizá vaya a permanecer fuera por dos semanas más. ¿No se lo dijo mi secretaria? Voy a realizar mi trabajo a distancia durante estos días. Volveré antes de que empiece el otoño.
—Mhm, no me mencionaron nada de eso. Voy a revisar el expediente.
Hubo silencio por parte de Atsushi, por lo que el hombre continuó diciendo:
—Atsushi, la compañía está pasando por un asunto delicado. Puede que cientos de personas pierdan su trabajo por problemas internos. Es necesario que apliquemos las medidas que le convienen a la empresa para que prospere y se mantenga en sus ingresos.
—¿Perder empleos?
—Sí, y bueno… creo que tú eres bueno para este tipo de situaciones, ya que gran parte de los subordinados dependen de ti. Aun así, sabes que mantener el estatus es lo primordial, ¿cierto? En la universidad tuviste que prever algo así.
Atsushi se quedó en blanco por un momento con el teléfono en mano. No había sido bueno para deducir y reaccionar ante aquella información rápidamente. Carraspeó y dijo:
—¿Me está pidiendo que realice un fraude, señor?
—Si no lo haces, puede que corras con mala suerte y pierdas tu puesto. O en el peor de los casos, podrías perder tu trabajo.
—Y-Yo no podría…
—¡La empresa corre peligro! Puede que todo por lo que trabajamos hasta el día de hoy sea en vano si no tomamos medidas al respecto. Necesitamos recuperar las inversiones de hipoteca y además llevar a cabo un plan para prosperar, independientemente de cualquier acción deshonesta. ¿Entiendes? Ya lo has hecho antes. Esta vez no será diferente.
Atsushi suspiró con cansancio.
—Entiendo. Puedo hacerlo.
—De acuerdo, informaré a los otros. Pero ten en cuenta algo, Atsushi: deberás deshacerte de unos cuantos hombres y mujeres de tu edificio.
Atsushi no agregó más, y el hombre se despidió.
—Cuento contigo. Entonces, hasta luego. Apresúrate a volver, el caos no va a tardar en llegar sin ti.
La llamada terminó.
Un exhausto y estresado Atsushi arrojó el teléfono a la cama y comenzó a sobar sus sienes con molestia. Los problemas se le estaban juntando. De repente tenía el peso de una pesada carga encima de sus hombros, de nuevo.
Cuando su laptop le avisó que se estaba quedando sin batería, la conectó al enchufe más cercano para terminar un asunto pendiente y se dispuso a dormir. Mañana continuaría con lo que tuviera que hacer.
A la mañana siguiente Yanagida se encontraba ya bien acicalado en una de las plantas bajas, donde estaba el comedor de los huéspedes. Cuando miró a Atsushi, sus ojos de abrieron de par en par repentinamente y alzó su mano para indicarle que se sentara con él. Atsushi lo hizo.
—Buen día, Atsushi. No dormiste bien, ¿eh? —dijo juguetonamente en un tono parecido al que solía usar Osomatsu. Las ojeras que se habían pintado en el rostro de Atsushi le delataban. Tenía el sueño bastante atrasado.
—No, en realidad dormí más de lo habitual. Si hubiese bebido el café que compraste en realidad me habría matado. Que por cierto, gracias.
Yanagida fingió que el agradecimiento no le importó y tras un breve y vago gesto de afirmación, dijo:
—Los tipos de oficina como tú viven a base de café. Me sorprende que digas eso.
Atsushi no dijo nada. Al ver que Yanagida tenía un plato vacío en frente suyo supuso que ya había desayunado, por lo que se puso de pie para ir por su desayuno a la recepción. Estaba hambriento, así como seguía estando exhausto.
Luego de un rato cada uno siguió por su lado. Yanagida había realizado varias llamadas a su manager y Atsushi seguía encargándose de asuntos fiscales que trataría de manera cercana pronto. Suspiraba de vez en cuando sin poder evitarlo.
Cuando Atsushi se encontraba en medio de una crisis, de repente venían pensamientos aleatorios que se disponían a arruinarle su bienestar emocional y empeorar de a poco su existencia. A veces, venía de repente la imagen de Osomatsu a su memoria. No quería admitirlo, pero había algo en él que le molestaba. Y sobre todo había algo que le parecía curioso, y era que, aunque Todomatsu tuviese seis hermanos con el mismo rostro, podía decir con exactitud quién era quién, sin equivocarse. ¿Por qué? Desde el primer momento no significó nunca un reto para él. Sentía que algo de ello era demasiado extraño.
Esa clase de pensamientos no le permitían desempeñar adecuadamente su trabajo del diario. Pensaba específicamente en el rostro de Osomatsu y luego en el de Todomatsu. «Aunque son iguales, puedo pensar en ellos como personas distintas. Esto me molesta, pero… no lo entiendo».
5:35 pm.
Yanagida estaba regresando de afuera para quedarse de nuevo en el hotel, sitio en donde Atsushi estaba permaneciendo las 24 horas desde que se habían hospedado. Lo miró en el comedor de la planta alta, pero por debajo de sus habitaciones. Estaba con la computadora sobre la mesa tecleando varias cosas a la vez que usaba una calculadora, mientras otras chicas lo miraban de reojo como si no se atrevieran a pedirle su número.
Cuando el moreno siguió su camino dispuesto a encontrarse con Atsushi, éste se robó varias de las miradas de las chicas. También era muy atractivo. Atsushi no se había dado cuenta de la presencia de ellas, y Yanagida que sí se percató, fingió no haberlas visto. Ninguno de ellos dos tenían ánimos de lidiar con aquello. Yanagida ocultó su rostro a como pudo con su saco.
Atsushi seguía tecleando incansablemente y sin parar. Estaba tan absorto en su labor que no advirtió que Yanagida estaba a un lado suyo sin decir nada. Cuando al muchacho en pie estuvo ya cansado de que el castaño claro no le dijera nada, puso su mano sobre la de Atsushi mientras tecleaba, provocando que los ágiles movimientos cesaran repentinamente. Fue entonces cuando el mayor levantó la vista y se encontró con el rostro de Yanagida.
—Detente por un momento, ¿quieres?
—Yanagida.
—Tenemos mucho por hacer y es mejor que nos concentremos en eso. Por eso vinimos aquí, principalmente. Acuérdate.
—No puedo dar esto de lado tampoco —dijo Atsushi, regresando su atención a la computadora y alejando la mano de Yanagida de la suya—, es igual de importante.
—¿Más importante que planear lo que vas a decir en el juicio de un criminal que podría ser liberado como si no hubiese hecho nada malo, el cual es tu padre?
—Yanagida, no hablemos de esto aquí —dijo entre dientes, sin verle a los ojos.
—Atsushi, olvídate de tu trabajo solo por estos días.
—Es imposible… No le restes importancia.
—¡Atsushi, el mundo va seguir moviéndose con o sin ti! ¿Entiendes? Todo sigue en movimiento… El mundo no va a detenerse solo porque tienes algo que hacer. Incluso si no haces tu trabajo, no pasa nada. Alguien va a hacerlo por ti tarde o temprano. Deja que todo fluya.
—¡Es tan fácil para ti decir eso! ¿Acaso tu trabajo beneficia o perjudica a alguien?
—Atsushi…
—¡No deberías decir que…!
—¡Hey! —Yanagida lo interrumpió haciendo el ademán para indicar silencio, poniendo el dedo índice entre los labios sin evitar sisear. También puso su mano sobre el hombro de Atsushi marcando cierta distancia—. Shhh… Mejor vamos a mi habitación. O a la tuya, me da igual. Pero hablemos sobre el asunto que nos espera en unos días. —Al ver que Atsushi no se veía convencido ni dispuesto a moverse, añadió sonrojándose un poco—: Por favor.
—Bien… —dijo Atsushi al fin—, pero que quede claro que voy a seguir con lo mío luego de esto.
—¡Y yo con lo mío! Pero por el momento, esto es lo que importa. —Se alejó de Atsushi, dirigiéndose a la habitación.
Atsushi lo siguió por detrás con su laptop debajo del brazo.
Cuando estaban en el ascensor, el mayor vaciló para cuestionar al otro, pero al final terminó haciéndolo.
—¿En dónde estabas?
Yanagida se sorprendió por la pregunta, aunque aparentaba estoicidad.
—Caminando por ahí. A unas cuantas cuadras hay un sitio en donde puedes tener una buena comida por un precio más bajo de lo normal. Y la taza de té o café la rellenan sin límite, hasta que ya no puedes más. Aunque… creo que no es muy de tu estilo. Viéndote, dudo que tengas buen apetito.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Bajaste de peso, ¿no?
Atsushi hizo una mueca de disgusto. Cambió el tema con habilidad. Cuando llegaron al piso destinado, dijo:
—No te alejes tanto. Hace mucho que no estamos en esta parte del país. Podría… sucederte algo.
No hubo más palabras. Entraron a la habitación de Atsushi.
Aunque no era demasiado tarde, ya había poca luz. La iluminación del hotel se encendió, pintando de un cálido ámbar los pasillos.
Ambos estaban sentados sobre la cama. Atsushi se sentía incómodo estando tan cerca de Yanagida, mientras que a éste poco le importaba; se sentía como si estuviese en soledad, en su propia casa.
Atsushi vestía un pantalón negro de vestir, con zapatos igualmente negros y una camisa azul cielo sin corbata, perfectamente abotonada. Yanagida traía un saco color gris oscuro con unos jeans azul claro, una camiseta blanca y zapatillas deportivas también blancas.
—Habla.
—Si lo dices de ese modo no hay manera de empezar.
—Algo debes de querer decirme, ¿verdad?
—Bien, Atsushi. Pues… ¿sigues molesto conmigo?
—Claro que sí. Aprovecharte de la confianza de alguien es cruel.
—¡Ja! Por teléfono suenas más intimidante… Lo siento, lo digo en serio.
Atsushi entornó los ojos.
—No es conmigo con quien debes disculparte. Arruinaste todo. ¿Sabes que por tu culpa Todomatsu y yo tuvimos una pelea? Creí que quizá él había tenido una aventura a mis espaldas, y luego creí que tú lo habías vio…
—¡Dios santo! ¡Claro que no! —lo interrumpió—. Como dije, solo con un asunto de gravedad querrías verme. Desde que ocurrió lo de tu padre no tuvimos chance de volvernos a ver. Tenía que meterme en tu territorio, y es lo que hice. Na-Nada más.
—¡Qué remedio! Tan imprudente como de costumbre.
—Atsushi…
—¿Sí? —dijo en tono no muy agradable.
—¿Has… recordado algo más de tu papá?
—No me gustaría recordar algo nuevo.
—Algo debe de haber.
—Suficiente…
—Hey, aunque no quieras ni verme, somos familia. Compartimos varios de nuestros recuerdos… Tu padre es el hermano mayor de mi madre. Estamos bastante unidos. Y creo que, aunque Kaede no llegó a adoptarme, la aprecio tanto como tú. Me preguntaba si recuerdas algo nuevo de ella…
En ese instante varias imágenes se cruzaron por la mente de Atsushi, una tras otra, como si de un analepsis se tratara. Fue en ese momento cuando se sintió decidido a hablar. Fue más como un acto de reflejo en lugar de una acción voluntaria.
—Yo… —La mirada de Atsushi se clavó en la nada mientras hablaba. Yanagida le prestaba atención—. Yo recuerdo que ella… me decía que corriera, mientras ese monstruo la tomaba. Ella lloraba y gemía de dolor, y mi padre me decía que viera. ¡Que tenía que ver! ¡Y yo quería huir lejos, pero…! ¡Pero Kaede…!
—¡Atsushi! —Yanagida sujetó a Atsushi de los hombros, haciendo que volviera en sí. Lo sacudió un par de veces sin mucha fuerza. Cuando vio que su respiración comenzaba a agitarse y en su rostro se dibujaba una mueca de terror, lo obligó a volver al presente. Hacerle recordar esos días no era bueno. Por lo que veía, podía ser que como en el pasado, entrara en una especie de trance—. Tienes razón, es suficiente, Atsushi. ¡Lo siento! Lo siento mucho. Creo que todavía… no puedes pensar en esa época de tu vida.
Atsushi se sumió en la preocupación y la culpa. Luego de eso, no pudo reponerse el resto de la noche. Yanagida le hablaba, pero para él era como si nadie estuviera allí.
—Sé que es difícil, Atsushi, pero necesitas concentrarte en el momento presente. ¡¿Entiendes?! —Yanagida estaba preocupado. Al notar que Atsushi le restaba importancia a sus palabras, lo sujetó de las muñecas para obligarle a verle a los ojos—. ¡En el presente! Aquí y ahora. No importa todo aquello que sucedió o que va a suceder… Lo que importa es que estamos aquí, ¿bien? Estamos vivos, y somos capaces de tomar una decisión. Hay un poema que dice: “Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta”. A ti siempre te ha gustado la poesía, Atsushi. ¿Sabes lo que significa?
Atsushi tardó en recordarlo. Finalmente dijo:
—Ese es un poema de Robert Herrick, ¿cierto?
Yanagida se rio.
—Ja, ja, ja… ¡sí! Exacto. No eres un tonto, Atsushi. Si lo conoces entonces sabes el significado. Hay que aprovechar… cada momento. La vida se nos va así como se escurre el agua entre las manos. ¡Mira! —Yanagida inhaló y exhaló profundo con una sonrisa—. Dentro de unos siglos seremos incapaces de hacer algo tan sencillo como esto.
Atsushi lo miró y soltó una risita. Aun así, su rostro lucía triste.
—Explicándome todo esto… haces que me sienta como una criatura. Lo sé, ya tengo 28 años.
—¡Puede que seas dos años mayor que yo, Atsushi! Pero no pones en práctica tus conocimientos. ¡Hazlo! Concéntrate en el hoy. Es la única manera cuerda de vivir.
Atsushi ya no dijo nada. Sus pensamientos lo obligaron a sumirse en el eterno abismo de su memoria. De repente la voz del moreno se oía tan lejana e inalcanzable, como un eco imposible de descifrar.
Todo había marchado mal. Su vida de infancia, su vida amorosa, su vida familiar, en su trabajo, su presente… Todo estaba hecho pedazos.
—Hey, ¡hay esperanzas! —dijo con mucho ánimo—. Aun sigues aquí, pese a todo. Has hecho tu vida y seguirás haciéndolo… Solo hay que enfocarse en el presente. Ya vas a ver… —Cuando se dio cuenta, Atsushi se miraba más cansado de lo que se había visto en días anteriores, y, además, aunque tal vez solo fuese su percepción, parecía que estaba a punto de llorar—. Hey, Atsushi… Conozco esa cara. Significa que quieres estar solo, ¿verdad? O quizá, que necesitas un abrazo.
Atsushi no dijo nada. Se cubrió el rostro con una mano mientras se mantenía con la cabeza agachada. Sintió que vomitaría.
7:00 pm.
—Me voy a mi habitación por ahora. Es temprano todavía y planeaba echarme una siesta porque también he trabajado demasiado últimamente, pero, ¿sabes?, es probable que no despierte hasta mañana. Necesito despejar mi mente también. —Se levantó de la cama y se aproximó a la puerta—. Mañana es el último día que tenemos para pensar en una estrategia, Atsushi. Mi tío no espera que ninguno de los dos estemos ahí. No tendrá tiempo de idear algún plan malicioso.
«Es más listo de lo que parece, Yanagida», pensó Atsushi con miedo. Después de decir de manera casi inaudible un “buenas noches”, Yanagida desapareció del cuarto. Atsushi no respondió nada.
Cuando se hubo quedado en la habitación completamente solo, pensó sobre todo lo que estaba pasando. Ya no podía más. Apagó la luz y se recostó obligándose a dormir.
Venían a su mente fugaces recuerdos de su madre y de su padre… Recordaba su antigua casa, su antigua vida. Entonces comenzaba a revivir memorias que prefería no desenterrar. Su respiración se agitaba y su pulso se aceleraba. Recordaba las sensaciones, los olores y los colores de esos días… Los sonidos y los sentimientos. No podía deshacerse de aquello. Le aterraba con locura. No quería llorar por tener que recordarlo.
El sonido del piano. El sonido de las cámaras. El sonido de los gemidos…
De repente su mente se confundía y mezclaba todo aquello que alguna vez hubiese experimentado. Dolor, miedo, alegría, vergüenza, enojo, envidia, excitación, tristeza, placer…
Su cuerpo y mente estaban rememorando los días de su juventud. ¡No sabía qué debería sentir! La delgada línea entre una sensación y la otra era extremadamente endeble. No quería recordar los rostros de aquellos que formaron parte de su adolescencia; ni siquiera el rostro del presente Yanagida.
En cambio, prefería pensar en el rostro del muchacho que quería. Imaginar a Todomatsu hacía que sus pensamientos negativos se despejaran un poco, sin embargo, la plenitud no podía durar mucho. Los recuerdos de las sensaciones placenteras del pasado llegaban a él como oleadas de brisa marina, tan fuertes y avivadoras, y la imagen de Todomatsu en su mente no ayudaba a disiparlo.
Prontamente se dejó llevar por la desesperación, siendo víctima de la fiebre sexual. No podía apaciguar el calor de su cuerpo y tampoco podía evitar las fantasías que no hacían más que avivar el ardor.
Dio vueltas en la cama una y otra vez con exasperación, intentando conciliar el sueño.
Pasaron varios minutos antes de que el deseo de placer desapareciera por completo de su cuerpo.
Logrando finalmente escapar de los recuerdos de su niñez con sensaciones ajenas a las recurrentes, se quedó dormido.
Por la mañana siguiente, Atsushi despertó más tarde de lo normal. Yanagida tocó a su puerta esperando respuesta, la cual obtuvo de manera tardía.
—¡Atsushi! ¡Ya casi son las 12:00 del día! ¡Levántate, dormilón! —Como no contestaba nadie, exclamó a modo de burla—: ¡Despierte, señor Takahashi!
Atsushi se cubrió el rostro con la almohada y soltó un largo bostezo.
—¡Ya voy! —gritó con voz aun somnolienta.
Atsushi se dio cuenta de que lo único que había hecho fue quitarse los zapatos, pero se había dormido con la ropa que traía puesta durante el día. Estaba tan sumido en sus cavilaciones que ni siquiera mostró molestias o incomodidad.
Se fue a dar una ducha tras luchar contra las sábanas.
Yanagida estaba haciendo tiempo en la planta baja. Se preguntaba cómo se encontraba Atsushi aquel día. Le daba miedo que su estado de ánimo hubiese empeorado. Y a su vez se cuestionaba cómo lidiaría con él y con el recluso, ya que estaba consciente de la ambivalencia de su primo. Después de todo, Atsushi no sentía un completo odio por su papá y se notaba a leguas. Simplemente estaba demasiado asustado.
Chapter 43: De camino a Shikoku
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Cuando Atsushi finalmente se hizo presente en la planta baja, Yanagida se adelantó un poco. Salieron del sitio, rumbo al estacionamiento. Los dos autos estaban estacionados de lado a lado. Abrió la puerta de su coche y, viendo a Atsushi antes de entrar, le hizo unas señas.
—Atsushi, ¿te parece si nos mantenemos en contacto mediante llamada? La verdad es que apenas conozco el camino hasta el sur de Shikoku. Voy a ir detrás de ti, pero aun así, por si acaso.
—De acuerdo. Aunque yo tampoco estoy muy seguro de la ruta… Pediremos indicaciones en caso de que el GPS falle.
—Bien.
Cerciorándose de que todo estuviera en orden, echaron a andar los automóviles. El recorrido hasta su destino apenas comenzaba. Ambos tenían mucho qué pensar durante el trayecto. No sabían qué dirían o qué harían, y no había mucho tiempo para preocuparse por ello. El día había llegado.
Se suponía desde un principio que el plan era encontrarse con el padre de Atsushi en el juzgado, se trataría el asunto y con ayuda de un abogado lo someterían a más tiempo en la cárcel. Es decir, que no se acortara su tiempo y que se viera forzado a cumplir con su condena principal. No obstante, la situación había cambiado. Ahora habían tenido que viajar hasta Shikoku para visitar la cárcel en donde, todavía en confinamiento, Atsushi podría intercambiar algunas palabras con su padre mientras los oficiales seguían presentes. Al día siguiente de ello, visitarían el jurado que se encontraba en Osaka y terminarían con todo de manera exitosa si tenían suerte.
La penitenciaría se encontraba al sur de Shikoku, en medio de un frondoso bosque que se encontraba rodeado de un enorme lago. Estaba bastante alejado de la ciudad, escondido entre la zona natural. Se pretendía que estuviesen apartados del “mundo real” y que, en base a ello, pudieran rehabilitarse de una mejor manera. Rara vez aquello lograba obtener frutos en los reclusos, pero era parte de la ley. No era un sitio muy cruel a diferencia de otros. En un principio Atsushi se sentía confundido respecto a este último dato. Creía que era injusto que su padre, quien había cometido viles actos en el pasado, no sufriera ni pagara por ello como era debido. Por otra parte, le aliviaba saber que su dolor no era inconmensurable; después de todo, era su padre. Esos sentimientos de ambivalencia siempre le hicieron sentir culpable de todo, como un simple cómplice más, aun cuando él formaba parte de las víctimas de los crímenes.
Ese lugar tenía sus propias reglas. Una o dos veces al año, los reclusos podían salir a la zona a realizar diferentes labores. Si se era bien portado dentro de las instalaciones, hasta podían obtener ciertas recompensas. Obviamente contaban con supervisión especial por parte de la gente que ofrecía sus servicios al lugar. No obstante, el sitio poseía bastantes derechos que podían resultar ser deprimentes y hasta denigrantes para las víctimas de dichos criminales. Que dicha gente estuviera en la isla sagrada era impensable. Era una cárcel más “humana” a comparación del resto del mundo, lo cual no quiere decir que fuera un sitio agradable. Aunque la penitenciaría estuviese localizada en una zona preciosa, por dentro no lo era tanto. Se respiraba aire fresco y puro, sí, pero por dentro las condiciones de vida no eran las mejores, por lo que, ganarse ese día especial fuera de las instalaciones —aunque aún bajo estricta vigilancia— solía ser el objetivo principal de todo el mundo allí.
Muchas veces Atsushi pensaba en ello y se le ocurría que con algún permiso especial podría solicitar ver a su papá. Se preguntaba estúpida e inocentemente: «¿se estará esforzando por mejorar ahí dentro?»
Pero cuando los repentinos recuerdos volvían a él, descartaba toda posibilidad. Realmente sabía que lo que más le convenía era huir de él; del pasado que le amarraba a la infelicidad. Y, nuevamente, volvía a la realidad. Sabía que, aunque tuviese ciertos sentimientos de remordimiento por aquel hombre, no podía permitirle la libertad. Ya no debía actuar como su hijo. Había dejado de serlo desde que dejó de usar su apellido. Solo había un objetivo: ayudar a Yanagida a zanjar el caso que caía sobre sus hombros, y que salvaría a Kaede.
El camino era largo. Yanagida y Atsushi se habían estado hospedando al norte de Shikoku, en Takamatsu. Durarían un tiempo en llegar hasta el lugar de reclusión, en Uwajima.
Cuando llevaban casi una hora conduciendo, Atsushi se vio distraído por una llamada entrante. Era Yanagida. Atendió la llamada de inmediato sin mucho problema; no conducía a una velocidad peligrosa.
—¿Qué sucede?
—Atsushi, desde hace un momento comenzaste a bajar la velocidad. ¿Lo haces a propósito? ¿Estás seguro de que vamos hacia la dirección correcta?
—Estoy seguro. El GPS no puede fallar.
—Bien… Mi tanque está lleno, pero agradecería si aumentas un poco la velocidad. Parece que vamos de excursión.
—Hey, no hay prisa. Solo vamos a intercambiar palabras con el alcaide de la institución y con mi padre. Mañana es el verdadero problema…
—¿Intercambiar palabras con tu padre por diez minutos un día antes del juicio te da tanto miedo?
—A ti también te daría si tuvieras que hacerlo.
—Voy a hacerlo.
—Pero no es tu papá. No sabes lo que siento.
—¡Vamos, Atsushi! Anímate. Era algo que debía pasar más tarde o más temprano.
—En fin. Si es todo lo que tenías que decir voy a colg…
—No cuelgues —lo interrumpió—. Atsushi, la verdad es que me alivia saber que no negaste que sientes un poco de miedo por ver a tu padre. Es solo… mi manera de ser. Lo siento. También estoy nervioso, pero estoy decidido. Siento que si no hablo contigo de lo que sea la ansiedad va a comerme vivo. En serio, intenté escuchar música, pero la radio no logra distraerme desde hace una hora.
—De acuerdo —Atsushi suspiró pesadamente—. ¿De qué quieres hablar?
—De lo que sea, me da igual.
Luego de pronunciar aquellas palabras, Atsushi no añadió nada. No sabía de qué hablar. Creyó por un momento que el tiempo se encargó de que, entre ellos, no volviese a existir otra posibilidad de entablar una conversación sin que alguna problemática saliera a flote. Sintió pena al cavilar sobre ello. El silencio por la línea era incómodo y hasta aterrador. Yanagida fue quien terminó hilando la conversación otra vez.
—Atsushi, ¿no has… recordado nada nuevo?
—¿Eh?
—Como, eh, no lo sé, ¿sobre tu madre, tal vez?
—¿Por qué preguntas sobre ella?
—No lo sé. —Repentinamente el tono de voz de Yanagida se volvió cortante.
—Mi madre… —dijo en un susurro.
—Atsushi, cuando vuelvas a casa, arregla las cosas con To-, quiero decir, con… tu novio.
—Puedes decir su nombre, ya es agua pasada.
—Y también habla con Futsuumaru-kun. Dile que yo se lo pedí. —Yanagida siguió hablando casi como si no estuviese interesado en conocer las respuestas de Atsushi.
—¿Hablar? ¿De qué?
—Solo díselo. Yo ya no voy a estar contigo para ayudarte con eso. Tengo planes de casarme pronto.
—¿Qué? A ver, espera, ¿de qué estás hablando?
Yanagida guardó silencio un momento. Después dijo:
—Me preocupa la manera en que has estado viviendo todo este tiempo, mientras no nos vimos. Ha pasado tanto… Diez años es mucho, Atsushi.
—¿Fueron diez años?
—Mira, tu comportamiento puede verse alterado por culpa del pasado por un lapso de tiempo. Eso conlleva a que no te lleves bien con cualquiera. Quizá por eso tú… —Se quedó callado a mitad de la frase. Cambió el tema con habilidad—. Por cierto, Atsushi, quería quejarme contigo. No sé por qué tengo un presentimiento desde ayer por la tarde. —Atsushi no respondió, se encontraba tan confundido que no podía creerse capaz de responder a cada frase que el moreno soltaba. Yanagida siguió diciendo—: ¿Acaso soy peor que tú? Me acusaste tan solo cuando supiste lo que le hice a… Todomatsu. Pero, ¿los actos se juzgan de buenos o malos basándose en la reacción de la víctima? Si él no se hubiese negado, ¿yo no habría hecho algo malo?
—Tus preguntas son siempre tontas.
—Pero, ¿es así?
—¡Claro que no! Lo que está mal está mal.
—Mmm…
—Oye, hoy estás muy hablador. Y la verdad es que no te entiendo. Nada de nada.
—Solo tenía el presentimiento de que, lo que hice, lo hiciste tú también.
—¿El qué?
—¡El beso! Si no, no estarías tan molesto. Uno odia a alguien que se le parece. No aplica siempre, pero con nosotros dos siempre ha sido así. Siento que a veces te detesto porque te pareces a mí, y creí que tú pensabas lo mismo. O, no me digas que tampoco te acuerdas…
—Yanagida, explícate.
—Me dijiste: “Aprovecharte de la confianza de alguien es cruel”. Creo que esas palabras se las dijo Kaede una vez a tu papá. Me hizo sentir mal. Entonces, se me ocurrió que los tres nos parecemos. No Kaede, sino tu viejo, tú y yo.
Hubo silencio un momento por parte de Atsushi.
—No creas, lo he pensado también. Pero Kaede ya dijo que no es así. Ella me dijo que lo único que compartimos es la altura.
—Ja, ja, ja. ¡Qué dulce!
—Entonces…
—Atsushi, ¿no será que el primer beso que tuviste con Todomatsu fue también un beso robado?
Atsushi palideció al hacer memoria. Encima su memoria no era algo con lo que pudiese contar tranquilamente. Yanagida al percatarse del silencio sonrió ligeramente, pues supo que dio en el clavo. Siguió hablando.
—Yo me doy cuenta de estas cosas. Creo que es de familia. Queremos conseguir todo a la fuerza, porque los sentimientos de amor o posesión pueden con nosotros. Soy así, y supuse que eso debía notarse más contigo, porque eres el hijo de un sujeto que se basa en esa filosofía de mierda. “El más fuerte es el que vence”.
—¿C-Cómo supiste… tal cosa? Yo… No era intención mía.
—Solo lo deduje. En ese momento, si Todomatsu te hubiese rechazado, serías tan culpable como yo. Seguramente fuiste igual o mucho más rudo que yo. ¡Por eso digo que no te enojes conmigo! Me gustaría que nos viésemos como iguales, como antes.
La voz de Yanagida se escuchaba suplicante de afecto.
En ese momento, ambos atravesaban un puente que estaba repleto de rocas pequeñas. A su vez, unos ciervos cruzaban. Hicieron una breve pausa. Siguieron conduciendo poco después.
Para este punto, Atsushi había confirmado varias cosas. Uno: Yanagida era muchísimo más inteligente de lo que suponía. Dos: en efecto, el destino se estaba asegurando de que entre ellos no hubiese ni la más mínima posibilidad de sostener de nuevo una conversación casual sin involucrar a nadie más. Tres: quizás, Kaede se había equivocado. Compartía varias características con su padre, tras juzgar sus propios actos impulsivos.
—Ya no estoy enojado contigo —dijo Atsushi tras un largo tiempo—, pero la amargura del corazón no desaparece tan fácil. Creo que eso tú también lo sabes.
—Lo sé.
Aunque no podía verlo, por el simple tono de voz Atsushi podía decir que Yanagida estaba sonriendo.
Justo iban pasando por una zona más verde que el resto. Durante el camino habían visto montones de casas de té y templos, sin embargo, por alguna razón de la vida a Yanagida le había apetecido detenerse recién.
—Atsushi, detén la llamada. Quiero pasar por ese templo de allí.
Estaban recién adentrándose a Kochi. Cuando estacionaron sus autos justo afuera del templo, entraron luego de saludar a los dioses.
—He oído hablar de este templo. Se llama Chikurinji —dijo Yanagida—. Deberíamos descansar un momento aquí. Tenías razón, llevar prisa no nos servirá de nada.
Era un lugar bonito, rodeado de la naturaleza. Solo el canto de las aves o la flauta de algunos ancianos residentes se hacía escuchar. Tras un momento de caminar por los alrededores sin intercambiar gran variedad de palabras, se adentraron poco a poco a lo desconocido. Cuando se dieron cuenta de que ya había transcurrido un buen tiempo, decidieron volver. Antes de eso, Yanagida, en silencio, juntó ambas manos y cerró sus ojos. Estaba ofreciendo una plegaria. Atsushi estaba tan meditabundo que no lo había imitado. No podía pensar en otra cosa que no fuera en su padre o en Todomatsu. Le parecía irreal; el hecho de estar fuera de casa, junto a un familiar que no había visto desde hace mucho y con el que no podía tratar, en medio de un asunto irregular. No parecía que nada fuera de verdad. En ese momento, jamás se le ocurrió orar, porque no le parecía posible. No creía poder pensar en nada más que en aquellas dos personas y en sí mismo. Lo único que había podido hacer era observar a su acompañante encomendándose al cielo.
No fue cosa de mucho tiempo. Apenas un minuto o menos.
Cuando hubo terminado, Yanagida se giró hacia Atsushi y le ofreció una amplia sonrisa. Antes de ese momento, Atsushi no se había percatado de que Yanagida tuviese hoyuelos en las mejillas.
—Es que me apetecía rezar un poco —dijo el moreno como excusándose.
Atsushi asintió a modo de respuesta. Quiso sonreír, pero no pudo. Yanagida se preguntaba si Atsushi tendría el atisbo de que había pedido por él, entre otras tantas cosas.
De repente sintió vergüenza. La verdad era que, Atsushi estaba tan absorto como para querer imaginar por qué Yanagida había estado rezando. «Habrá pedido que no ocurra algo desfavorable en el camino», había pensado vagamente sin sumirse más en ello.
Tomándose su tiempo, ambos caminaron hacia las afueras de Chikurinji.
Finalmente, Atsushi abrió la boca.
—Yanagida —La sola mención de su nombre lo tomó por sorpresa. Eran pocas las veces que Atsushi decidía llamarlo por su nombre sin necesidad de un simple e informal “hey” u “oye”. Captó la atención del joven de inmediato y siguió hablando con serenidad—, ¿qué vas a hacer después?
—¿Luego de todo esto?
—Sí.
—No estoy seguro. Dedicarme al trabajo… y después, voy a casarme. Ya ha aceptado —dijo mientras alzaba su mano mostrando su anillo de compromiso—, pero todavía no hay fecha para la boda. ¿Quién sabe? Puede que un bebé llegue después. No lo sé. El deseo de ser padre me invadió de repente hace ya un tiempo. ¿Por qué?
—Me preguntaba qué debería hacer yo.
—Pues, sigue haciéndolo como hasta ahora. Y por favor, habla con Futsuumaru-kun.
—¿Por qué insistes?
—Ya te lo he dicho —dijo mientras seguía caminando con los brazos cruzados y sin verle a la cara—, es cosa que tiene que decirte él. Es tu amigo de la infancia-adolescencia. Y si me preguntas cómo sé de él, pues, hace mucho me dijiste que habías conseguido un amigo. Cuando ambos visitábamos a Nishida-sensei. Ojalá yo tuviera un amigo como él.
Atsushi decidió no hablar más. Lo único que conseguía al hablar con su primo era confundirse más y más. La presión en su pecho se agravaba cada vez que intercambiaba palabras y a cambio recibía un puñado de frases que no comprendía. Encima, cuando Yanagida había mencionado su trabajo, había pensado en el suyo propio y el estrés se apoderó de su mente al pensar en sus futuras acciones. No quería pensar en ello… No quería pensar en nada.
En el momento en que cada uno volvió a su auto, sin saberlo, ambos razonaron en que habría sido mejor viajar en uno solo. Platicar mientras uno de ellos conducía y el otro se ocupaba de cambiar la estación de radio habría sido más agradable. Sin embargo, ninguno de ellos se habría tragado su orgullo para sugerir aquello abiertamente con el miedo del rechazo.
Siguieron conduciendo luego de su descanso de casi 40 minutos. Mientras seguían andando, Yanagida llamó a Atsushi brevemente para decirle que en la radio había una canción que a ambos les gustaba mucho. Ambos la sintonizaron.
De repente Atsushi sintió que su corazón se derretía; aquella canción trajo recuerdos de su infancia que ya estaban casi olvidados. Pronto “Heart Of Glass” los acompañó en su viaje rumbo a un destino incierto.
Yanagida cantaba al ritmo de la canción:
Once I had a love and it was a gas
Soon turned out had a heart of glass
Seemed like the real thing, only to find
Mucho mistrust, love's gone behind…
Atsushi por su parte, tarareaba:
Once I had a love and it was divine
Soon found out I was losing my mind
It seemed like the real thing, but I was so blind
Mucho mistrust, love's gone behind…
No pasó mucho para que el dolor de la infancia lo afligiera de nuevo. Le resultaba difícil concentrarse en el presente. Se preguntó: «¿Por qué momentos que me hicieron feliz alguna vez me llenan de tristeza con solo recordarlos?»
Consideró que sería mejor apagar la radio y sumirse de nuevo en el silencio de la naturaleza, pero una parte de él quería sentir esa nostalgia dolorosa. Sus ojos se llenaron de lágrimas sin poder derramarse. La canción sonaba tan lejana, como de un mundo distinto… Un mundo al cual ya no había retorno.
In between
What I find is pleasing and I'm feeling fine
Love is so confusing there's no peace of mind
If I fear I'm losing you. it's just no good
You teasing like you do…
El camino por el que pasaban estaba tapizado de pétalos rojizos de los árboles de ciruelas. Era todavía temprano, sin embargo, a Atsushi le parecía que aquel paisaje era digno de un bello atardecer. Se imaginaba el sitio bañado del color carmesí del cielo otoñal.
Once I had a love and it was a gas
Soon turned out had a heart of glass
Seemed like the real thing, only to find
Mucho mistrust, love's gone behind…
Tenía de vez en cuando la esperanza de que Todomatsu le llamase, pero dicha llamada seguía sin llegar.
Supo entonces que el menor de verdad estaba molesto. Cualquiera que hubiese estado sumido en una tristeza sólida e inconmensurable podría estar entonces tan enojado con alguien como para querer olvidarle.
Lost inside
Adorable illusion and I cannot hide
I'm the one you're using, please don't push me aside
We coulda made it cruising, yeah
Al final, escuchó la canción completa.
[ ……. ]
9:40 am.
Todomatsu no tenía trabajo todavía puesto que se hallaba en sus días inhábiles e involuntarios. Estaba ansioso, sin embargo, estaba intentando descansar tal y como el gerente se lo había pedido.
Decidió que levantarse tarde era una buena idea. Los días anteriores desde que había estado solo en casa se había dedicado únicamente a descansar debidamente. Hacía la comida de vez en cuando de manera elaborada, y otras no tanto.
Con Atsushi nunca había estado viviendo al día, sin embargo, con su ausencia y con su propio escaso trabajo en el hogar, la nevera estaba casi vacía, así como la alacena. El día anterior había ido a comprar los ingredientes para la cena y ahora de nuevo debía pensar en qué sería bueno para comer. Optó por un ramen instantáneo sin mucho sabor.
A veces sentía la necesidad de seguir escuchando las grabaciones de Takeuchi, pero no estaba muy de humor para ello. También quería hablar con Futsuumaru o con sus hermanos, pero las posibilidades de que se cansara de tener que convivir con la visita eran muy altas. Decidió que lo mejor sería salir a comprar ingredientes para la cena, pues de verdad, tanto él como Atsushi habían sido muy descuidados y solo habían estado sacando comida de la cocina sin reponerla después.
Antes de ello le apetecía descansar un poco más. Cuando fue y tomó el control del televisor, se dio cuenta de que éste último no encendía.
—¿Eh?
Intentó varias veces más, pero no encendía. Creyó que se trataba de una falla en el aparato. Pesadamente soltó un suspiro y se echó hacia atrás en el respaldo del sofá.
Sin muchos ánimos fue a la cocina dispuesto a comer antes de salir a comprar la comida. Además del ramen instantáneo comió unas galletas que había guardado el día anterior. No es que la cocina estuviera extremadamente vacía, pero con los ingredientes que había ya no podía cocinar una comida propiamente de su gusto.
10:30 am.
Estaba saliendo de casa rumbo al supermercado para abastecerse adecuadamente. En cierta parte sentía molestia por tener que poner todo de su bolsa, pues últimamente su paga no estaba siendo muy buena, pero con Atsushi ausente no había mucho que hacer.
Cuando hubo por fin hecho la compra, subió al tren con las bolsas cargando. Pesaban de verdad. El recorrido de regreso fue un poco más rápido que de ida, afortunadamente.
11:20 am.
Había acomodado todo en la alacena y en el refrigerador. Ya por la tarde podría por fin comer algo que no lo mantuviera con apetito hasta la noche.
Después de terminar con ello, una de las últimas bolsas resbaló y explotó. Era la bolsa que contenía los tomatillos y demás verduras.
—¡Rayos! —Todomatsu se manchó las manos con el jugo de los tomates accidentalmente. Cuando fue a lavarse las manos, giró varias veces la llave del agua, y para su sorpresa, no salía agua de ella—. No me digas que… —Siguió intentando, pero fue en vano. Había olvidado pagar la factura del agua, y, además, también la factura de la luz. Comprendía por fin el por qué el televisor no encendía por la mañana. El tan solo pensar que tendría que salir de nuevo hizo que soltara un pequeño gemido de estrés—. ¡No puede ser!, ¡no!
No tenía caso que se negase a aquella tarea. Debía hacerlo. Ni siquiera sabía cuándo volvería Atsushi. Cuando fue casi el medio día salió de casa de nuevo.
Estaba yendo a pagar las facturas con molestia. El solo pensar que estaba ya en casa luego de salir y que ahora estaba nuevamente afuera le hacía enloquecer de ira contra sí mismo.
Luego de que terminase, iba de rumbo a casa.
Como había pasado cerca de la universidad de Futsuumaru, decidió que sería buena idea darle una visita después de todo. Si tenía suerte, aquel día su amigo nomás habría ido por algún taller extra que tuviese por las mañanas. Cuando solicitó verlo le permitieron el paso y encontró a su amigo entre un grupo de gente. Ambos se saludaron con emoción, pues, aunque no hubiese pasado mucho tiempo se estimaban demasiado.
—¡Todomatsu! No esperaba para nada verte aquí. Que coincidencia… Pensaba visitarlos un día de estos. —Con “visitarlos” se refería a Todomatsu y a Atsushi, por supuesto.
—Yo también tenía muchas ganas de verte, Maru. Eh, ¿te quedas hoy hasta tarde?
—No, ¡qué va! Salgo en una hora. Si quieres puedes esperar en la cafetería de la planta baja. O puedes adelantarte.
—Voy a esperar abajo.
Y así quedaron. Cuando hubo pasado una hora, se encontraron de nuevo y caminaron hacia la casa de Atsushi juntos. Todomatsu le contó en el camino su terrible travesía acerca de las facturas que había dejado olvidadas. Futsuumaru rio a carcajadas, provocando que sus hombros se sacudieran.
Cuando llegaron a la casa y por fin Todomatsu pudo dar un suspiro tras comprobar que el servicio de luz y agua marchaba correctamente, prepararon té y se sentaron en la sala de estar. Ese día era frío, por lo que el ventanal se mantuvo cerrado, aunque con las cortinas recorridas.
Luego de abarcar varios temas triviales, Todomatsu le hizo saber a Futsuumaru que se encontraba “vetado” del trabajo pero que volvería al día siguiente por la tarde. Habían transcurrido tres días desde entonces.
El pecoso le platicaba también datos suyos, como que al igual que su olvidadizo amigo, él había olvidado presentar un importante examen que casi lo deja reprobado de la materia. También le contó que pensaba vivir en un apartamento diferente junto a su novia, y que su perro había estado en el veterinario por una semana entera porque había ingerido algo que no debía, pero que ya se encontraba mejor.
1:00 pm.
Al final de todo, como siempre solía suceder, el nombre de Atsushi salió a flote.
—¿Y Atsushi sigue tan ocupado en el trabajo como siempre?
—Eso creo. No estoy seguro, la verdad.
—¿Por qué lo dices, Totty?
—Bueno, después de que hablé contigo sobre… lo de antes, no lo sé. Creo que él podría estarse viendo con alguien. Una mujer. Pero se comporta siempre tan raro… En fin, creo que él le hizo algo malo a un familiar suyo y que anda haciendo cosas extrañas. ¿A ti no te ha dado esa corazonada?
—Para nada. Eh, si me lo permites decirlo, Atsushi siempre ha sido… raro. Pero no es malo ser raro. Solo es algo peculiar. Me agrada. Atsushi es buena gente.
—Mmm…
—No pienses mucho en ello. Simplemente está muy dedicado a sus asuntos. No creo que esté viendo a nadie tampoco. —Futsuumaru sonrió—. Siempre fue muy educado con las damas. Debe ser eso. Además, hoy en día las empresas están repletas de ellas. Que no te parezca raro si se engancha con una mujer. Deben ser asuntos del trabajo. Además, no es el tipo de persona a la que le sobra el tiempo. —El muchacho de cabello rizado explicaba con naturalidad, sin malicia en sus palabras, pero Todomatsu no lograba sentirse convencido con sus aclaraciones—. Y, por cierto, ¿a qué hora vuelve hoy? Hace tiempo que no lo veo.
—No va a volver.
—¿Eh?
—Al menos no hoy. Está en un viaje de negocios, supongo. Aunque sigo sin poder creerlo. —Atinó a susurrar casi para el mismo—: Debió ir a divertirse con esa Kaede…
—¿Perdón?
—Oh, nada, nada. Pensaba en voz alta. —Sonrió.
—Bien —Futsuumaru sonrió también—. Qué lástima, esperaba que los tres pudiésemos ver una película juntos o algo.
—Algún día será.
—¡O podríamos organizar algo con tus hermanos de nuevo!
—¡Oh, pero no aquí! Siempre hacen un desastre. En especial Osomatsu-niisan y Jyushimatsu-niisan —dijo con pesar en su tono de voz.
—En mi casa, entonces.
—¡De verdad te agradan!
—Son buenas personas. Además, me da la sensación de que si no los miro seguido voy a terminar olvidando quién es quién.
—¡Ja, ja! ¿Y cómo sabes que estás hablando conmigo y no con otro de los Matsuno?
—¡No me asustes!
Ambos se rieron.
—¡En fin! Cuando Atsushi-kun vuelva de Shikoku podemos quedar todos juntos y organizar algo. Pero, por el bien del idiota de Osomatsu-niisan, no deberíamos comprar mucho alcohol.
En ese momento, la sonrisa de Futsuumaru se borró instantáneamente. Su rostro que siempre estaba irradiando una expresión de alegría, ahora estaba estático. A Todomatsu le pareció extraño, pero no le dio tanta importancia. Siguió hablando con normalidad.
—¿Sabes algo? Odio a las personas rodeadas de misterio. No sé por qué Atsushi-kun tuvo que comenzar a comportarse extraño los últimos meses. Parece como si fuese su gemelo malvado el que ha estado viviendo conmigo. Aunque, alguien con cinco hermanos gemelos no debería hablar de eso, ja, ja…
Futsuumaru no dijo nada. Estaba sumido en sus pensamientos. Aunque intentaba prestar atención, se notaba claramente que cavilaba sobre algo.
—¿Sucede algo, Maru?, ¿te duele la cabeza de repente o…?
—¿Dijiste “Shikoku”?
—Eh, sí, eso dije. Es el lugar donde Atsushi se encuentra ahora. ¿Por qué?
—No puede ser… —hablaba de manera baja.
—Pues, está algo lejos, sí, pero es un sitio bonito. Digo, nunca he estado ahí, pero muchos reconocen la región por ser algo mística.
—No, no me refiero a eso, es solo que… Ah, es muy pronto.
—¿Pronto para qué?
—Todomatsu, ¿Atsushi se fue solo?
—Uh, pues, no lo sé. Dijo una fecha, pero no puedo recordarlo… No era demasiado tiempo.
—Hmh, ya veo. Espero que las cosas marchen bien...
—¿Crees que es un pesado trabajo?
Futsuumaru no ofreció ninguna respuesta. Apenas pudo sonreírle a su amigo y hacer de lado el tema a como pudo.
Para Todomatsu todo resultaba extraño de repente. Justo como el ejemplo del gemelo malvado, ahora creía que era Futsuumaru quien tenía un gemelo malvado también. Su semblante alegre había desaparecido con una sola palabra.
En un instante cuando devolvió las tazas vacías de té a la cocina, observó la cadenita que llevaba colgando en el pecho. Miró con detalle el dije en forma de corazón —una sola mitad, en realidad— que compartía con Atsushi. Jamás podría adivinar que su amado también la llevaba puesta en aquel momento. Aquella cadenita que habían intercambiado hacía ya unos años atrás, cuando su amor recién florecía. Cuando su amor no estaba tan quebrantado.
Ofreció más té a su amigo, pero Futsuumaru ya no quiso más. Dijo que debía volver pronto a casa, por lo que solo se quedaría un momento más con él. No se quedó a comer.
1:30 pm.
Cuando Todomatsu seguía estando con su amigo viendo la televisión o platicando sobre asuntos fáciles de olvidar, de vez en cuando recordaba a Atsushi. Se preguntaba cuáles eran los sentimientos que albergaba el corazón del otro, y a su vez, intentaba descifrar los propios.
En ese momento no sabía si el enojo que sentía se había ido, pues de repente lo único que sentía era desamparo y cierto tipo de decepción. Y sumando el halo de misterio en el que todo el mundo parecía estar envuelto mientras lo dejaban a él de lado, sus sentimientos negativos se acrecentaban.
Miraba allí, de reojo a Futsuumaru, y se preguntaba en sus adentros: «Futsuumaru, ¿tú también vas a ocultarme algo?»
No era muy tarde ni muy temprano. Era el momento del día en el que no sabes si debes relajarte o comenzar a ir más rápido para tener un día rendidor. Todomatsu había optado por tomárselo con calma, aunque su amigo no parecía querer hacer lo mismo. Suspiró. Pocos minutos después Futsuumaru anunció con una sonrisa que debía irse a casa.
El joven Matsuno se quedó solo de nuevo.
Jamás imaginaría que, ese preciso momento que representaba una efímera paz para él, estaba siendo para Atsushi uno de los peores episodios de su vida.
Notes:
Las descripciones que hago de ciertos lugares no son del todo acertadas. Me gusta imaginar sitios que no están verdaderamente allí. Como el centro de reclusión entre el espeso bosque, por ejemplo. Porque Shikoku y el templo de Chikurinji sí que son reales.
¡Gracias por leer! :)
Chapter 44: Especial de navidad (2022)
Summary:
Todomatsu y Atsushi pasan su segunda navidad juntos como pareja.
Notes:
Tal como lo dice el título, este es un especial navideño, lo cual quiere decir que no se establece en la línea temporal actual de la historia. La trama del capítulo 43 se va a retomar en el capítulo siguiente a este. En cuanto a este especial, pueden tomarlo canónicamente como la segunda navidad juntos de Totty y Atsushi.
He estado escuchando mucho una canción City Pop con vibras navideñas mientras escribo este capítulo y me encanta. Se llama Horoyoi Eve, de Sumiko Yamagata. Si no mal recuerdo pertenece a su álbum “Emerald Shower”. ¡Disfruten! Feliz navidad 2022.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Ante la noticia de Atsushi, Todomatsu se emocionó demasiado.
—¡¿Eh?! ¿De veras, Atsushi-kun?
—Estoy hablando en serio —dijo Atsushi entre risas—. ¿Por qué no puedes creerme?
Atsushi se ponía la corbata mientras Todomatsu aún seguía en la cama. Este último no tenía que ir al trabajo aquella mañana. El aire era frío, por lo que la ventana estaba cerrada. Como la cortina estaba corrida, podía observarse el cielo mediamente nublado.
—Pues es una pena que aun así debas ir al trabajo, ¡pero que solo sean pocas horas es genial! El año pasado creo que fue bastante de tu tiempo en la oficina.
—¡Ya lo creo! Pero fue la mejor de todas mis navidades en mis 25 años de vida, Todomatsu.
—Cuando dices esas cosas haces que me sonroje…
—¡Ja, ja! Siempre igual. Y sí, tienes razón. Pero esta vez será diferente porque tengo planes. Pude zafarme esta vez de mi trabajo para ello. Voy a estar en casa a las 6:00 pm. Es una buena hora.
—¡Hmh! Espero que no te atrape el tráfico.
—¡Que no! Solo sé paciente.
Dicho aquello, Todomatsu dijo que así sería. Se sorprendía de sí mismo. ¿Por qué la navidad hacía que a sus 21 años se siguiera comportando como un niño pequeño? Amaba las festividades.
Cuando Atsushi se hubo ido, Todomatsu se recostó en el sofá de la sala un momento, para después comenzar a hacer sus tareas del día. Barrió toda la casa hasta no dejar ni rastro de motas polvo. Después ordenó el ropero de todo a todo, y seguido de ello se fue a la cocina a acomodar las compras del día anterior que había dejado encima del comedor. Aquello le llevó un buen rato, pues se tomaba su tiempo para cada labor.
El día se pasaba rápido, sobre todo a causa del horario de invierno.
Cuando menos lo esperó ya eran las 5:30 pm. Estaba ansioso. En aquel momento había enviado un mensaje de buenos deseos a sus hermanos y padres, aunque su relación no era muy buena. No podía dejarlos solo de lado.
Unos quince minutos después de las seis, Atsushi estuvo en casa. El menor corrió al recibidor y lo apachurró entre sus brazos.
—¡Atsushi-kun, estás en casa! Bienvenido. ¿Cómo estuvo tu día?
—Extrañamente no sufrí estrés para nada. Fue rápido a mi parecer.
—¡¿Verdad?! También yo.
—Entonces..., ¿me doy una ducha y nos vamos? —dijo sonriendo.
—¡Claro!
Como lo dijo, se dio un baño y salieron juntos de casa. El cielo estaba completamente nublado y el aire era frío en extremo. Cuando Atsushi le dijo algo a Todomatsu mientras entraba al coche, el menor alcanzó a ver el vapor emanando de la boca del otro.
Tokio estaba completamente decorado. Había luces de colores por todas partes, los parabrisas de los autos reflejaban los pinos navideños que había por las calles decorados con hermosas esferas de brillantes colores metálicos. En cierto momento se pude ver la brillante luna junto a las estrellas, pero las nubes volvían de nuevo para cubrir el cielo.
Pasar navidad en casa debía ser en extremo agradable, sin embargo, Atsushi había propuesto a Todomatsu salir a comer en aquella noche tan especial. Juzgando los años anteriores, para Atsushi no había realmente mucho que contar, puesto que no recordaba situaciones concretas con su familia. Solo sabía una cosa: había estado solo en casa, o en la oficina trabajando. Y para Todomatsu no había pierde; pasar navidad con su familia en casa siempre fue agradable, pero intentar algo nuevo como pasear por las calles de Tokio junto a la persona que tanto amaba resultaba atrayente y lleno de misterio. Le gustaba vivir así.
Tenían un plan para aquel día. Atsushi le había propuesto a Todomatsu salir a comer a algún lugar especial aquella noche para tener una experiencia distinta a la del año anterior. En un principio Todomatsu se mostró preocupado por la idea puesto que desconocía la situación laboral de Atsushi, sin embargo, éste último se las arregló para poder salir temprano del trabajo y poder celebrar navidad en paz, juntos. Todomatsu estaba aliviado y muy feliz.
—A todo esto —dijo Todomatsu mientras estaban atorándose recién en el tráfico de las calles principales—, no me dijiste a dónde vamos a ir.
—Es aquí mismo en Tokio, no te emociones tanto.
—¡Ay, sabes que eso da igual! Incluso si termináramos comiendo ramen instantáneo, me da curiosidad.
Atsushi no podía ocultar su sonrisa tras escuchar cada cosa que Todomatsu decía. Se le oía muy impaciente.
—Calma, calma, Totty. Lo sabrás pronto, ya casi llegamos. De hecho, ya estaríamos ahí si no fuera por el tráfico.
—¡Hum!
Atsushi siguió conduciendo. Con ágiles movimientos en el volante se fue por unas calles un poco menos concurridas y estuvieron pronto en su destino.
Era un restaurante elegante, sin embargo, no de una etiqueta lo suficiente estricta como para que estropeara el ambiente alegre del sitio. En realidad, aunque el sitio era tranquilo y suntuoso, estaba lleno de personas con buenas vibras. Había mesas con parejas y otras con círculos de amigos. Aunque no eran ruidosos, sus risas y voces podían oírse hasta las otras mesas. Para Atsushi que no estaba acostumbrado a ese ambiente le resultaba un poco demasiado, sin embargo, para Todomatsu estaba perfecto. Se sentía a gusto en un lugar en el que podría hablar sin tener que bajar demasiado el tono de su voz; en el que no tendría que tener mucho cuidado por su manera de comer o comportarse. Solo no le gustaba algo: no había palillos. A Atsushi le daba igual.
Aunque afuera morían de frío, adentro estaba cálido. El ambiente era muy bueno. Había jazz de fondo. Las personas que comían ahí se les notaba felices, a diferencia de los usuales restaurantes elegantes en donde la gente apenas y hace un ruido.
Cuando se sentaron en una de las mesas cercanas al ventanal, se quedaron casi solos. Ordenaron bebida. Atsushi había pedido un vino Romanée-Conti. A Todomatsu casi se le salía el corazón. ¿Cómo era siquiera posible que tuvieran eso en la carta?
Mientras la comida llegaba, Atsushi y Todomatsu se quedaron en silencio un momento, sin saber qué decir. El mayor observó a su acompañante por un momento y lo único que atinó a hacer fue sonreír. Tenerlo frente suyo le hacía sentir feliz. Todomatsu se había puesto un poco nervioso.
—E-Entonces, Atsushi-kun, ¿qué fue lo que hiciste para conseguir el día?
—No mucho. Ya voy a reponerlo después.
—¡Fuh! Eso supuse. No era tan sencillo…
—Ja, ja. Vamos, ya no pienses en eso. —Atsushi no desviaba su mirada del menor, lo cual terminaba poniéndolo nervioso. Les trajeron y sirvieron el vino. Todomatsu solo observaba—. Bien, hay que brindar.
Atsushi le indicó con señas que tomara su copa. Todomatsu la sujetó y levantó con sus dedos temblorosos.
—¿Y por qué estamos brindando? —preguntó Todomatsu con brillo en sus ojos.
—Mmm… —musitó Atsushi—. ¡Por estar juntos el resto de nuestras vidas, pase lo que pase!
Atsushi alzó la copa. Todomatsu estaba sorprendido por las palabras del mayor. Si bien sabía que le apreciaba mucho, se sentía halagado al saber que Atsushi lo deseaba a su lado para siempre. En realidad, era el hecho de que lo expresara en voz alta sin ningún problema. Sonrió abiertamente y levantó su copa también, ajeno a la manera correcta de hacerlo, si es que la había.
—Pase lo que pase —repitió Todomatsu.
—Salud.
—Salud.
Ambos bebieron.
—¡Mhm! No está mal —expresó Atsushi.
—Lo mismo digo.
En un principio Todomatsu no pudo evitar hacer una ligera mueca, pero pronto el sabor terminó por gustarle.
—¿Qué hay de ti, Todomatsu?, ¿ninguna novedad?
—¡Pff! Nada de nada. Mi vida no es más interesante que la tuya.
—No digas eso… Era mera curiosidad. Y, por cierto, ¿qué te parece el sitio?
—Es bonito. Me resulta familiar a pesar de… tanta elegancia.
—¡Totalmente!
—¿Habías venido antes aquí?
—No, pero tenía buenas reseñas y decidí probar. Además, como hoy es un día especial, el menú tiene platos que no sirven en otras épocas del año.
—¿Como el platillo que ordenaste para mí?
—¡No lo digas así! Te di a elegir y dijiste que…
—¡Lo sé! —Todomatsu soltó una carcajada—. Es solo que no sabía qué ordenar por mí mismo. La carne lucía bien.
—¡Mhm! Ya veremos entonces. —Sonrió—. ¡Ah! Ya está aquí.
La comida llegó.
Ambos comenzaron a comer y estuvieron de acuerdo en que estaba rico. Compartían sus experiencias de los últimos días y hablaban de distintas cosas que se alejaban un poco de la situación, pero antes de tratar con problemas del pasado o futuro, Todomatsu se recordaba a sí mismo que debía volver y disfrutar el presente.
La botella de vino se terminó y Atsushi pidió otra. El menor quiso probar con una botella distinta, mucho más económica. Sus mejillas se pintaron de rosa prontamente. No podía evitarlo, se sentía ya un poco mareado luego de un par de copas más. Atsushi lo miraba con amor. El mayor bebió lo suficiente pero no se había embriagado en lo absoluto. Las noches frías no le permitían divagar.
Luego de pasada la hora, terminaron de comer. El recorrido había hecho que se hiciera tarde. Eran las 10:30 pm.
Atsushi quería salir ya del restaurante, pero no miraba a Todomatsu capaz de caminar por sí mismo. Se notaba que moría de sueño. Le había dicho en insinuaciones que deberían irse ya, pero Todomatsu no se miraba dispuesto a hacerlo. Algo sí hubo de bueno en la espera, y era que al menor se le había bajado ya el efecto del alcohol.
—Todomatsu.
—¿Mmm?
—Quiero que me beses —le dijo seriamente.
—¡¿Eh?! A que… ¿A qué se debe esa expresión tan seria?
—¿Lo harás?
—C-Claro pero, deberíamos salir de aquí…
Atsushi se rio para sus adentros. Todomatsu seguía siendo lo suficientemente tímido como para ser capaz de compartir un beso públicamente.
Salieron del restaurante. Una vez algo alejados siguieron caminando. Aunque Atsushi supuso que quizá Todomatsu se giraría hacia él para darle un rápido beso y seguir andando, no lo hizo. Tenía las mejillas sonrojadas y tenía la vista desviada.
—Deberíamos ir de una vez a casa, Atsushi-kun. El tráfico nos va a atrapar.
—Sí, tienes razón. Pronto, vamos.
Siguieron andando. Las bombillas de colores hacían que cada rincón de las calles se viera precioso.
Sin que se diera cuenta, Todomatsu tomó la mano de Atsushi. El mayor se sorprendió por el tacto, pero fingió no hacerlo. Los dedos de Todomatsu se entrelazaron con los de Atsushi.
El menor pensó que era una pena no poder sentir directamente la cálida piel de su mano, pues ambos traían puestos guantes. Hacía mucho frío. Caminaron juntos hasta el automóvil tomados de la mano, sin separarse ni un poco el uno del otro. Antes de llegar, mientras sacaba su celular de uno de los bolsillos de su saco y aún sin soltarle la mano, Todomatsu dijo:
—Atsushi-kun, ¡tomémonos una foto!
—¿Aquí? —preguntó con una sonrisa.
—Sí, mira. —Apuntó con su dedo índice (sosteniendo todavía con la misma mano el celular) hacia un arreglo muy hermoso que había en el centro de la plaza principal, con un pino navideño enorme adornado de luces de todos los colores—. Está todo adornado muy bonito y… ¡oh! —Abrió mucho los ojos y, alzando la vista, observó—: ¡Está comenzando a nevar!
—Sí, tienes razón —dijo Atsushi levantando su mano desocupada para tocar los ligeros copos de nieve que descendían—. Apurémonos en volver o terminaremos empapados.
—¡Sí!
Todomatsu jaló a Atsushi de la mano hacia el lugar donde quería tomar la fotografía, y ambos con una enorme y sincera sonrisa, lograron conseguirla.
Seguido de ello, fueron tan rápido como pudieron corriendo hasta el automóvil como un par de chiquillos divirtiéndose bajo la nieve, agarrados de la mano. Las personas que los veían les observaban con curiosidad, con extrañeza. No podían pasar desapercibidos por las risas que arrastraban consigo a su paso.
—¡Fuh! —exhaló Atsushi—. Tengo el cabello lleno de nieve.
—¡También yo, ja, ja, ja!
Estaban encerrados en el auto; Atsushi todavía no lo echaba a andar. La nieve estaba acumulándose por todas partes, incluido el parabrisas.
Estuvieron atrapados un largo tiempo, tanto que no podían creer que de verdad serían pronto las 12:00 y no podrían estar en casa. Todavía en el auto, tenían sujetada la mano del otro, sin decir palabra.
—Gracias, Atsushi-kun. Y lo siento. Si no hubiera insistido en seguir en el restaurante, la ventisca no nos habría atrapado.
—No pasa nada. —Sonrió—. ¿No te importa si esperamos aquí a que pare? Ya ni siquiera hay autos alrededor y podríamos terminar en medio de la carretera como todos esos autos de allá.
—Por mí no hay problema. ¿Seguro que no importa? Van a dar las doce y vamos a estar aquí metidos.
—Qué remedio hay —dijo Atsushi riendo.
Terminó por contagiarle la risa a Todomatsu. La risa natural de Atsushi, la cual era poco usual, resultaba pegajosa.
El auto estuvo congelado por fuera en pocos minutos. La pequeña ventisca se había transformado en una tormenta de nieve. Todomatsu comenzó a sentir miedo, y Atsushi se mostraba indiferente. Sonreía con los ojos cerrados.
11:40…
—Nunca pensé que pasaría navidad atrapado en un auto.
—Dímelo a mí —dijo Atsushi—, ni siquiera sabía que la nieve atentaría contra nosotros hoy.
—Ja, ja, ja… Fue una buena noche, Atsushi-kun. Estuvo muy a gusto. La verdad es que no me siento mal por esto. Cuando lleguemos a casa ya podremos acurrucarnos el uno con el otro. Veo que estás temblando. —La última frase la mencionó con cierto tono de burla, con una mirada traviesa.
—¿En serio? No lo había notado…
11:45…
—Por cierto, te compré algo pequeño. No te lo quería dar hasta que estuviéramos en casa, pero… —Todomatsu se giró y sacó de su bolsa una pequeña caja de chocolates con una hermosa cinta dorada—. Sé que no es San Valentín, pero, ¡qué más da! Tómalo a cambio de la cena. No se iguala, no tuve tiempo. Pero…
—Gracias, Totty. Significa mucho para mí. El tan solo estar aquí junto a ti.
—B-Bueno… Y, por cierto, ¿por qué lo de “Totty” últimamente, eh? Lo has estado usando todo el año —dijo Todomatsu sonrojándose.
—¿Mhm? Entonces, ¿prefieres “mi vida”? ¿”Mi amor”? “¿Corazón”?
Las mejillas de Todomatsu solo se ponían más y más coloradas. Apretó la mano de Atsushi inconscientemente.
—Tú siempre igual…
Ahora fue Atsushi quien se rio burlonamente.
11:50…
—Atsushi-kun, sobre lo de hace rato…
—¿Mhm?
—Ven aquí.
Atsushi se quedó en blanco unos segundos, y después se dejó llevar. Cerró sus ojos. Todomatsu lo había tomado con ambas manos, con fuerza para profundizar el agarre, apretándolo hacia sí. Lo había besado. Al juntarse ambos labios, sus corazones palpitaron con vigor.
Para Atsushi era solo un juego de niños. No pudo evitar sonreír mientras lo besaba. Era apenas un beso de piquito, inocente y sincero. Sin embargo, fue Atsushi quien se encargó de profundizar el contacto, invadiendo la boca ajena sin pena ni esperar un poco más. Todomatsu se vio obviamente sorprendido, pero se dejó llevar. Ahora era Atsushi quien sostenía al menor de las mejillas, acercándolo a él. Estuvieron así durante un rato considerable, y después rompieron contacto.
11:55…
La respiración de Todomatsu se había agitado. Cuando volvió en sus cinco sentidos, sonrió y se apartó un poco.
—Bueno —dijo—, ahí está el beso que querías. Aunque… se volvió algo diferente.
—Fue mucho mejor.
Todomatsu se sonrojó otra vez, y Atsushi sonrió.
—Cuando volvamos a casa —dijo Todomatsu—, durmamos juntitos. Creo que es la única manera de soportar este frío.
—Mmm… Me parece una buena idea, pero, mientras el auto no puede moverse, ¿te parece acurrucarnos aquí? —sugirió con una sonrisa—. Tengo una manta en la parte de atrás.
—¡Buena idea! Pero, voy a quedarme dormido…
—Estate tranquilo, yo te cuido.
Tomaron la manta, y encima de sus cálidas ropas, la tendieron. Se habían deshecho de las prendas superiores que habían alcanzado a mojarse con la nieve. Se acurrucaron juntos, sin dejar que nada les molestara. La tormenta no dejaba ver nada más allá de las ventanas y del parabrisas.
Estuvieron unos minutos en total silencio, juntos y con los ojos cerrados, hasta que, rápidamente Atsushi se dio cuenta de la hora.
12:00
—Feliz navidad, Todomatsu —susurró, dándole un beso en la mejilla.
—Feliz navidad, Atsushi-kun —respondió—. Te quiero, mucho, mucho, mucho…
—Yo también te quiero, mucho, mucho, mucho.
—¿Pase lo que pase?
Atsushi sonrió y lo acercó más a su cuerpo.
—Pase lo que pase.
Notes:
Gracias por haber leído. Espero que se le pasen muy felices y relajados el día de hoy y mañana especialmente. ¡Felices fiestas! ¡Que coman su comida favorita y lo pasen con sus seres queridos!
Siento como si el tiempo pasara cada vez más rápido y me hago cada vez mayor… Estoy ansiosa por saber cómo viviré los días que restan del año.Nos leemos a la próxima.
Feliz navidad 2022 <3
Chapter 45: Padre
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Sin querer atascar su mente de pensamientos corrosivos se dijo a sí mismo que debía de pensar en qué comer por la tarde.
Como no deseaba realmente cocinar salió a buscar un sitio en donde pudiera encontrar un ramen delicioso por un precio no tan elevado. No le encantaba precisamente vivir al día, pero podía darse el pequeño lujo ya que el mayor no estaba en casa.
Caminaba solo, con un solo audífono puesto para escuchar su entorno con el otro oído.
Le tomaron la orden y al cabo de un rato el plato caliente estuvo enfrente de él. Sorbió los fideos con mucho apetito. No era su hora exacta de comida, pero durante los últimos días tenía un apetito feroz, tanto que le llegaba a preocupar subir unos cuantos kilos.
Luego de pagar se dirigió casi de inmediato a casa una vez más, pues había olvidado alimentar a los peces.
Vertió la comida sobre el agua de la pecera y suspiró.
—Lo siento… —les dijo, posándose con cansancio sobre la mesa que los sostenía—. Pienso en mil cosas así que hoy me olvidé de ustedes un ratito. Debían sentir mucha hambre desde que estuve fuera. Lo siento. Atsushi-kun también debería disculparse con ustedes cuando vuelva y los vea de nuevo. Dejarlos aquí solos, sin decirles cuándo va a volver y sin despedirse adecuadamente… No es justo.
No sabía qué hacer, seguía sintiendo mucha presión, como si constantemente se olvidara de algo. O de alguien. Creyó que quizá sería mejor inscribirse a una clase de yoga o algo parecido para rematar adecuadamente el tiempo. «No tiene pierde», se dijo.
[ …… ]
—Atsushi —habló Yanagida y después de la mención soltó un leve suspiro—, ya casi llegamos. El mapa dice que estamos cerca.
—Sí, acabo de verlo.
—Emm… Entonces, aceleremos un poco, ¿sí?
—¡No hay prisa, hombre! Calma. Voy a… Voy a colgar. Necesito pensar unas cosas más y quiero llamar a Kaede.
—¡Hey! No hagas eso, la vas a poner más nerviosa. ¿Tú crees que ella no está consciente de que los dos estamos aquí en este preciso momento? Debe estar con el corazón en la mano en este instante. Hablemos con ella luego de que acabemos con el asunto.
—No… ¿sabes qué? Deberías hablar tú con ella. Creo que… deberíamos hacer una pausa.
—No intentes retrasar lo inevitable. Sigamos.
—¡Hablo en serio! Si quieres irte por ahí a dar un paseo mientras tanto, hazlo. Solo quiero cinco minutos.
—Bien, bien. —Suspiró.
Atsushi bajó de su auto un momento. Fueron más de cinco minutos.
Al cabo de un rato esperando dentro del vehículo Yanagida fue con él.
—¿Todo en orden? —preguntó el moreno.
—Tengo que pedirte un favor. Si quieres que te lo pague después de alguna manera dímelo y…
—¿Qué es?
Yanagida no estaba interesado por lo que Atsushi pudiera ofrecerle. Estaba genuinamente preocupado por él. No se lo diría, por supuesto.
—Quiero que tú hables con mi papá primero. Que lo veas primero. No estoy seguro de cómo dirigirme a él después de tanto. No sé cómo hablar con él, no lo recuerdo y no sé cómo empezar. Por favor.
Yanagida soltó un pesado suspiro. Luego de pensar unos minutos en silencio respondió:
—¿Nada más?
Atsushi asintió.
—Ok —dijo Yanagida con tono de resignación, posando ambas manos a los costados de su cintura—. No puedo decir que me agrade mucho la idea, a decir verdad, tengo una sensación extraña. Pero tengo un montón de cosas que quiero decirle a ese hijo de perra. Disculpa por la expresión, Atsushi, pero después de tanto la oportunidad ya viene y no voy a desperdiciarla. Primero o después de ti, no importa, ¡voy a encararlo! Por Kin-chan, por Kaede, por sus otras víctimas. Por nosotros. Déjamelo a mí.
Atsushi asintió con la cabeza. No agradeció con palabras, pero su lenguaje corporal decía que estaba aliviado.
Yanagida quiso posar una de sus manos en el hombro de Atsushi para ofrecerle fuerza, pero, estando a una corta distancia, se alejó de nuevo. Se dio cuenta de que al igual que su acompañante, estaba temblando.
Debido al tiempo que usaron para descansar, el camino se alargó. Al cabo de una hora más, vieron un cartel dando la bienvenida a Uwajima, y al cabo de otros treinta minutos, estuvieron frente al reclusorio.
Ambos bajaron de sus autos y se reunieron. Les costaba verse a los ojos. Era como si cada uno suplicara por ayuda a su manera.
—Bien, aquí estamos. —Yanagida respiró hondo y exhaló rápidamente.
Atsushi no dijo nada, tenía las manos heladas a pesar del clima cálido.
—¿Sabes qué, Atsushi? No es justo. Mira alrededor… Todo es tan bonito, el aire tan fresco y el ambiente es súper cómodo. ¿Por qué tienen a esta gente aquí? Sería mejor que lo usaran para algo distinto. No sé, ¿para la cosecha de arroz, tal vez? U otra cosa, no estoy seguro. Bueno, a lo mejor por dentro no es tan ordenado ni sano como lo parece. Las apariencias engañan. Aun así, parece más un internado que una cárcel, me hace sentir mal. —Yanagida comenzó a caminar—. ¿Tú que crees? Tener una casa en un lugar como este no vendría mal. Pero sí que es un problema si no se está acostumbrado a vivir fuera de la ciudad. En fin. Sígueme, Atsushi. Mira, creo que podemos hablar con ese guardia de allá. ¿No traes nada sospechoso? —dijo revisando sus propios bolsillos—. Estos lugares son un problema. Podríamos ahorrarnos tiempo si…
—No, no traigo nada. —Atsushi respondió con brusquedad.
—Ok, entonces vamos.
Cuando Yanagida estaba nervioso, hablaba mucho.
Cuando Atsushi estaba nervioso, no hablaba nada.
Primero hablaron con el guardia en el portón, que les dio acceso luego de minuciosas preguntas y una correcta revisión.
Estando adentro caminaron por unos pasillos mal iluminados hasta llegar a las oficinas principales, en donde podrían hacer la solicitud para hablar con el recluso. El ambiente era raro, deprimente y seco.
No había mucho ruido. De vez en cuando se oían puertas abriéndose y cerrándose o gritos al fondo. También se escuchaba el sonido de zapatos de goma chocando contra el piso y las llaves colgando de los bolsillos de los guardias. Teclas de computadora, murmullos por aquí y por allá, voces más ruidosas en alguna que otra habitación u oficina. El olor del tabaco venía de alguna parte también…
Ni Atsushi ni Yanagida podían soportarlo debidamente, pero fingieron indiferencia.
Yanagida fue quien se encargó de realizar el papeleo. Luego de entregar lo necesario, se giró hacia Atsushi como si pidiera su aprobación. Atsushi desvió la mirada ignorándolo.
En ese momento, se preguntó cómo era que Yanagida tenía todas esas cosas a su alcance.
«¿Deseas saber cómo es que ni siquiera tenía tu número y no sabía dónde vivías, pero tengo fotografías y los papeles de tu padre? Tranquilo, Atsushi, pronto vas a recordar. Es gracias al esfuerzo de Kaede por querer dar con él todo este tiempo».
Atsushi se sintió como una pequeña morusa de algo sin valor.
—De acuerdo —dijo el hombre que los atendía—, los documentos son legítimos, hay un registro de una llamada del señor Yanagida en el último mes solicitando una visita. No traen armas ni sustancias adictivas consigo… Esperen en la sala consecutiva, por favor. Les haremos saber cuando el hombre que esperan esté aquí. Un guardia va a escoltarlos todo el tiempo por fuera de la habitación una vez que se hayan reencontrado.
—Gracias —respondieron ambos al unísono.
Esperaron tal y como se les fue indicado.
Compartieron sus últimas palabras en soledad con algo de nerviosismo.
—Bueno, ya estamos aquí. No va a ser tan malo, Atsushi. Confía en mí.
—¿Y si…?
—Hey. —Puso una de sus manos en el hombro de Atsushi obligándolo a verlo—. Recuerda: nunca fue tu culpa. Ese tipo es cruel, una monstruosidad. No importa que seas su hijo, no eres igual a él. Sin importar que tengan la misma sangre o lo que sea… No eres como él.
Yanagida desconocía a Atsushi. Seguía teniendo sentimientos confusos por su padre después de todo. Sintió pena por su primo, pues sabía que inútilmente creía que su padre estaría rehabilitado, cuando posiblemente había solo empeorado.
No pasaron ni diez minutos cuando el guardia que los escoltaría se aproximó a ellos para decirles que el recluso ya estaba en una habitación esperándolos.
Ambos muchachos se vieron y asintieron, avanzando con precisión.
El guardia se pegó a la pared, justo a un lado de la puerta. Con las llaves quitó el seguro y les indicó que podían entrar.
—¿Cuándo sabré que ya vas a entrar? —preguntó Yanagida—. No quiero estar solo mucho tiempo.
—No tardaré mucho, te lo prometo.
—Espero que cumplas —dijo resoplando.
Yanagida tomó el picaporte de la puerta, lo giró, abrió y entró.
Atsushi se quedó fuera un tiempo. Se hizo a un lado con rapidez para no ser el primero que compartiera miradas con su padre. Intentaba mantener la respiración tan serena como fuera posible.
Una vez dentro, solo con aquel hombre, a Yanagida se le quedó la mente en blanco. De repente, al ver los venenosos ojos de su compañero olvidó todo lo que tenía que decir, todo lo que tenía que hacer. No podía pensar. No pudo evitarlo. La mezcla de miedo, enojo, emoción e inferioridad se apoderó de él.
Se le miraba mucho mayor que la última vez. Las arrugas en el rabillo de los ojos le daban más carácter, lucía más intimidante. Su cuerpo parecía estar igual de fornido que en sus viejos recuerdos y ahora tenía más canas que antes. Pese a ello, no aparentaba ser tan viejo. Parecía que, para él, el tiempo no había transcurrido. Y la expresión de su rostro seguía igual que siempre; serena, pero de alguna manera perversa al mismo tiempo.
Por un instante se dijo para sus adentros que aquella perversidad solo podía ser percibida por quienes habían sido víctima de sus garras. Sintió asco.
Tampoco quería admitirlo, se negaba a ello, pero aquel sujeto se parecía a Atsushi. «No —pensó—, es Atsushi quien se parece a él».
El silencio no se hizo durar mucho.
—De modo que eras tú quien deseaba verme. Estaba esperándote… —habló el sujeto. Todavía tenía las esposas puestas en las muñecas y vestía la ropa color beige de recluso. Por un momento observó su alrededor con minuciosidad y resopló—. Sentí curiosidad por mucho tiempo. ¿Cómo estás?
Yanagida hizo un esfuerzo por no soltar alguna risita nerviosa o irónica. No podía creer que realmente le preguntara aquello. Después de todo por lo que tuvo que pasar, le pareció una completa estupidez.
—¿Que cómo estoy?, ¿después de todo el tiempo que has estado aquí y no has aprendido cortesía? ¿O tan siquiera sentido común? Tenerte aquí cuesta, ¿sabías, viejo? Bueno, la culpa es mía por esperar tanto.
—¡Vaya! —Soltó una carcajada que le sacudió los hombros—. Has cambiado un poco…
—¡Y tú sigues igual! Me das pena.
El hombre rio.
—Bien, bien. No viniste aquí para charlar y pasarla bien, ¿cierto? ¿Qué quieres?
Atsushi escuchaba la conversación desde afuera de la habitación. Al oír la voz de su padre la sangre se le heló. Esperaba el momento justo para entrar.
—Tu tiempo en este lugar se terminó. Sin embargo, a juzgar por todo lo que ha pasado, no podemos dejar que andes libre por ahí. Va a llevarse a cabo un…
—Espera —dijo alzando la mano para pedirle silencio—. ¡Hey, ahí afuera! ¿Puedes traerme un cigarrillo? —Pidió al guardia que estaba al otro lado de la puerta. Al principio Atsushi se sobresaltó creyendo que su papá se había percatado de su presencia, pero no fue así—. ¿Tú quieres algo? Como es una ocasión especial, suelen traerle a uno lo que le apetece.
Yanagida lo ignoró.
El escolta le llevó una cajetilla nueva de tabaco, le desaseguró las esposas confiando en el protocolo de seguridad y salió sin decir nada.
—¡Hace tiempo que no fumo uno! Si no estoy distraído con algo, no puedo responder adecuadamente en una conversación. Siéntate, has estado de pie desde que nos vimos.
—Va a llevarse a cabo un juicio —siguió diciendo Yanagida haciendo caso omiso a la desagradable interrupción que tuvo que soportar—, para asegurarnos de que permanezcas más tiempo aquí, como es debido. Puedo ver que no has cambiado y eso no puede ser bueno, obviamente.
El moreno siguió de pie.
—He cambiado, muchacho. ¡Según todos los sujetos de este lugar soy el mejor comportado! Gracias a eso me iré de aquí antes de lo acordado. Créeme, soy una persona completamente distinta.
—¿Creerte? ¡Una mierda! No importa cuánto hayas hecho o deshecho aquí, cuanto hayas pensado o lo que sea. ¡No voy a perdonarte!
El humo del cigarrillo inundó el lugar. Como su tío no se veía dispuesto a decir mucho, Yanagida no supo hacer más que desahogarse.
—Mi hermana… Kinko murió. Fue tu culpa. El daño que le hiciste dejó heridas graves en ella y no supo cómo seguir con su vida. ¡¿Cómo puedes considerar tan siquiera la idea de salir de aquí y empezar una nueva vida cuando has hecho un daño irreversible?! Ella no va a volver. Todas las personas que sufrieron por tu culpa… Las que perdieron la vida y las que perdieron su pureza. ¡¿Y dices que saldrás de aquí porque te has comportado?! No voy a permitirlo.
—Escucha.
—¡No! Tú escúchame a mí, anciano. No solo vengo por esas víctimas desconocidas… Tengo que hacerme cargo de los fraudes y la porquería que estuviste haciendo hace años. Ya no soy un niño. ¿Sabes…? ¡¿Sabes cuánto daño le hiciste a Kaede?! Tú, malnacido, no tienes consideración con aquellos que no tienen nada que ver contigo, ¿verdad? Se acabó. Disfruta de tu sueño de libertad tanto como puedas, pues solo se va a quedar en tu imaginación.
El padre de Atsushi se rio. Yanagida solo se encolerizó al presenciar tal comportamiento. Cuando escuchó la mención del nombre de Kaede, su rostro pareció cobrar vida.
—Kaede, ¿eh? ¿No vino contigo? —preguntó burlonamente. Soltó una risita que la provocó escalofríos a su sobrino—. ¿Me tiene miedo?
—¡Cállate! ¡Abusaste de ella, maldito! ¡No tiene razones para querer verte! Violador de mierda, voy a enseñarte tu lugar. ¡¿Cómo demonios pueden permitir que un tipo como tú tan siquiera considere la posibilidad de salir al mundo real?!
Al tipo le divertía ver la manera en que el rostro del menor iba enrojeciendo cada vez más.
—Calma, niño. ¡Fue ella la que me provocaba! Siempre tan reveladora y guapa… Creo que entiendes que, como hombre, hay instintos que son difíciles de aplacar. —Hablaba calmada y sarcásticamente. Aquel juego le encantaba—. ¡Nunca oculté mis sentimientos y lo sabes! ¿Acaso los engañé? No. Fueron todos ustedes, bola de ineptos, quienes decidieron dirigirse a mí, y ahora lloran, diciendo que he sido yo quien ha arruinado sus vidas. No me hagas reír, mocoso. He tenido mucho tiempo para pensar y en ningún momento me he sentido culpable de nada. Los hombres quieren cosas y se esfuerzan para conseguirlas. ¡Eso es todo! La mayoría solo fueron idiotas que se cruzaron en mi camino. He conseguido mucho gracias a mi fuerza y aptitud. Por supuesto, nadie lo entiende. A la mayoría le gusta el camino fácil donde se adaptan a la misma vida aburrida de siempre y se conforman con cualquier estupidez mundana.
—¡Cierra la boca! Si dices otra cosa…
—Aunque hay excepciones. Ahora que lo pienso, sí hay algo de lo que me arrepiento. No haber educado de mejor manera a mi único hijo. Si tan solo fuera más competente, habría podido conseguir una vida mejor y no tendría que estar constantemente perdido entre la maldita sociedad. ¡Un lugar como este sienta bien como hogar después de un tiempo!, pero uno extraña ciertas cosas; una comida decente, una cama que no apeste constantemente a sudor, ropa nueva, sexo, tabaco, buena bebida. Entiendes, ¿no? Aquí de una u otra forma uno se satisface como puede, pero afuera es un mar de oportunidades. Ambos sitios me sientan bien. Hagas lo que hagas, no puedes cambiar lo que está hecho. No puedes. —Soltó una risotada—. A veces me pregunto ¿qué fue de ese chamaco cursi? Su mente estaba tan dañada que ya no era divertido usarlo ni enseñarle nada. Todos los mocosos eran así. Nos divertíamos un rato y luego…
—No hables así de él. ¡No tienes idea de lo que…! —Yanagida se quedó callado. Tampoco él tenía idea de lo que había sufrido Atsushi; no tenía idea de lo que había vivido Atsushi desde que se separaron en secundaria. Todo lo que tenía eran los recuerdos de él y Atsushi en su niñez. Los recuerdos de infancia. No podía defender a Atsushi ahora del todo, pues no pensaba en su versión del presente, sino en su versión del pasado. Estaba confundido—. ¡Es toda tu culpa! Viejo repugnante. No intentes justificar tus perversiones con filosofía barata. ¿Ahora eres tú la víctima del mundo cruel y despiadado?, ¿víctima de una vida aburrida, común y sin sentido? ¡Un carajo! ¡Típico de quienes no pueden aceptar su estupidez e inutilidad en este mundo! Me enfermas. No me interesa en lo más mínimo visitarte, debo tratar contigo antes de que llegue el día. Y, sobre todo, sobre Atsushi… ¡no voy a dejar que te expreses así cuando yo estoy aquí!
—O si no, ¿qué?
Yanagida no pudo más con el enojo. Las memorias de su hermana pasaron a través de sus ojos y sintió ganas de llorar. Tras un grito ahogado estuvo a punto de lanzársele encima para propinarle un fuerte golpe en el rostro, sin embargo, fue detenido por Atsushi que entró inesperadamente al lugar y lo detuvo abrazándolo por detrás. El guardia estaba también presente, esperando que la situación girara a otro entorno. Al recluso se le veía tranquilo.
—Perdóname, no cumplí con mi promesa. Tardé demasiado. Vuelve afuera, Yanagida. —Apretó más a su primo esperando contener su furia. De poco servía. Parecía un perro deseando deshacerse de la cadena que lo sostenía. Al ver que no volvía en sí, casi lo lanzó hacia afuera de la habitación.
Un rabioso Yanagida permaneció afuera pegado contra la pared bajo custodia. Se puso de cuclillas e intentó recapacitar sobre lo que había pasado.
Atsushi no se lo había pensado mucho. Sin darse cuenta ya estaba cara a cara contra su papá. Sintió que el corazón se le saldría del pecho. Seguía sin la menor idea de lo que debería decir o hacer.
El mayor lo observó un instante con confusión mientras sacudía la colilla de cigarro sobre la mesa. Se lo llevó a los labios otra vez y lo vio fijamente.
—¡Vienen siempre uno detrás de otro!, ¿tú quién eres?
La sangre de Atsushi se heló. Las piernas y brazos le hormigueaban. Su estómago se contrajo. Su cabeza parecía dar vueltas.
Cuando el anciano alzó la vista para encontrarse con la contraria, sus ojos se abrieron en exageración por un segundo como si por fin se diera cuenta de algo importante.
—¡Cielos! No me digas que… ¿eres tú, Atsushi?
El chico asintió por mero instinto.
—Ha pasado tanto… —dijo en un susurro.
Atsushi tragó saliva. El hombre lo escudriñó. Este último no pudo evitar esbozar una sonrisa.
—Ya veo. —Otra vez se rio e invitó a su hijo a tomar asiento. Al igual que Yanagida, Atsushi hizo caso omiso a la petición. El tipo sin mayor reparo le dijo—: Te ves diferente, me ha costado un tiempo saber que eras tú. Estás más alto, te teñiste el pelo, bajaste de peso… Y algo tiene tu rostro que te hace ver diferente. —Al mencionar la última frase apuntó con su dedo índice hacia su nariz, con una risita.
Atsushi desvió la mirada.
—Y tú sigues igual que siempre…
—Muchacho, ¿tú qué tienes que decirme? Apareces después de tanto tiempo y no vienes a darle un abrazo a tu viejo.
En ese momento, Atsushi habría querido decirle: “tú no eres mi padre”, pero habría sido inútil negar lo irrefutable.
El mayor se deshizo del cigarrillo que tenía en mano y apartó la cajetilla desinteresado en seguir fumando. Parecía molesto por no lograr que Atsushi se acercara más a él, sin embargo, le emocionaba saber que después de todo su hijo se seguía mostrando tan sumiso como siempre lo había sido.
—¿Qué dices? —dijo en un susurro.
—Ven.
Atsushi no se movió. La cabeza estaba doliéndole mucho.
El hombre se levantó y rodeó la mesa para acercarse más a su hijo. El menor hizo un intento por retroceder, pero se topó con la pared. No pudo evitar trastabillar.
—No…
—“¿No?” Vamos, Atsushi… —Siguió caminando hasta quedar frente al otro. Estando el uno junto al otro podía notarse la ligera diferencia de estatura. Atsushi era tan solo unos centímetros más bajo.
—Yo tengo algo que… —Se detuvo. Había querido decir: “tengo algo que decirte, padre”. Atsushi no podía completar sus frases. Una punzada en el corazón lo detuvo, no se sentía bien.
—Te escucho, hijo.
Atsushi no respondió. Era cierto que desde hace días atrás estaba muy presionado con el trabajo y sus pensamientos más internos. Sus impulsos estaban saliendo a flote desde hace una noche atrás y sus emociones se mezclaban unas con otras. Podía deberse a la excitación inconsciente que le provocaba el asunto en el que se encontraba envuelto. No podía situarse en el momento presente, de todas formas.
El rostro de todo aquel que conociera se cruzaba por su mente y la piel se le erizaba. No había a quién recurrir; no había a quién pedir ayuda.
La única familia que tenía era su padre y su primo… Por supuesto, a Todomatsu lo consideraba como su familia, sin embargo, no quería verlo metido en sus asuntos. No quería poner su vida en riesgo.
El hombre se acercó más y lo examinó de pies a cabeza con descaro. Casi podía sentir su respiración contra su rostro. Atsushi comenzó a sudar violentamente. No podía creerlo. ¿De verdad su padre estaba allí frente a él? Imposible.
—Has crecido tanto, Atsushi… —Con dedicación el recluso posó su mano en el rostro ajeno. Acarició su mejilla con firmeza mientras una sonrisa obscena se dibujaba en su rostro. Le causó gracia sentir la manera en que Atsushi se estremecía.
No pudo soportarlo más tiempo.
El menor se apartó tan rápido como pudo tomando la mano de su progenitor para empujarlo y apartarlo de él con agilidad.
El sentimiento de miedo y tristeza se apoderó prontamente de él una vez más. No obstante, esta vez había una sensación todavía mayor: vergüenza.
Cuando menos se dio cuenta, estaba llorando. No se había percatado de en qué momento sus ojos se habían humedecido hasta que sintió las lágrimas recorrer sus mejillas. «¡¿Qué está pasando?!», se repetía como un eco en su mente.
No podía pronunciar palabra; no podía sentir sus propios pies. Todo se vio borroso por un instante y cuando se dio cuenta ya estaba en el piso hiperventilando. Inhalaba y exhalaba aire con impetuosidad.
Hizo un intento por levantarse y abrir la puerta, pero fue inútil. Era como si su cuerpo fuera ahora de alguien más. Estuvo a punto de perder el conocimiento, pero su consciencia iba y venía. Iba y venía…
—¡Hey, el de afuera! ¡¿Quieres venir a hacer tu maldito trabajo?! —gritó el prisionero. No era que le interesara tanto su hijo, por supuesto. Corría el riesgo de que lo encarcelaran de nuevo por sospecha de asesinato o intento de asesinato cuando esta vez no había hecho nada, o al menos no tenía la intención todavía.
La puerta se abrió y el hombre de seguridad entró con prisa. Yanagida no fue excepción, pues en cuanto vio a Atsushi en el piso, frío y pálido, se puso de los nervios. Enseguida corrió hacia el pobre desamparado.
—¡Atsushi! ¡Atsushi! —Lo tomó en brazos y lo llamó con desesperación. Sabía que no era lo correcto, pero no podía evitarlo. Las emociones que ambos experimentaron por el encuentro afloraron con vigor. El hecho de que estuviera sufriendo un ataque cardíaco lo hizo sentir culpable, de alguna manera.
El guardia salió corriendo en busca de ayuda médica luego de que diera la orden para que vigilaran al recluso.
Unos oficiales de las habitaciones continuas llegaron y esposaron de nuevo al hombre para llevárselo lejos. Una última mirada cínica y llena de satisfacción fue arrojada sobre Atsushi por parte de él. «Tú corazón sigue siendo el de un polluelo indefenso. Nos veremos más tarde, hijo mío. Es cuestión de tiempo», pensó.
—Y-Yana…gida… —Atsushi jadeó con tormento.
—¡Tranquilo! —le dijo el moreno con voz de angustia—. Ya vienen para acá. ¡Te vas a poner bien! —Yanagida lo apretó contra su pecho. No quería ni imaginar perder a quien consideraba su propio hermano—. Yo voy a cuidarte…
Atsushi daba grandes bocanadas de aire. Se aferró con fuerza a las ropas del otro.
Luego de un corto tiempo llegaron dos hombres más para auxiliarlo mientras llegaba una ambulancia. Yanagida no quería moverse de su lado, temía que fuera la última vez que lo viera.
[ …… ]
Todomatsu se dirigió al baño para sacar ropa que había dejado doblada dentro, sin embargo, había olvidado que dejó una de las ventanas abierta. La ráfaga de viento que se desató provocó que la puerta se cerrara con gran estruendo, tanto que el pobre chico sintió la necesidad de agacharse por miedo del sonido cortante. Cuando quiso volver a abrir la puerta, no pudo hacerlo. De alguna u otra forma se había puesto el seguro.
—¡No puede ser! ¡Mi celular se quedó adentro! —Se desesperó.
Las llaves para abrir la puerta del cuarto de baño solían estar en la oficina de Atsushi. Y las llaves para abrir la oficina de Atsushi (al menos una copia de las mismas) solían estar en el ático. Se la pensó varias veces, pero no tenía opción.
No quería quedarse sin hacer sus necesidades, sin ducharse, o sin usar su teléfono hasta que llegara Atsushi, desde luego.
Suspiró con miedo a lo que pudiera encontrar esta vez allá arriba conociendo su curiosidad.
—El ático me está llamando otra vez…
Notes:
Si quieres recordar un poquito más del pasado de Atsushi puedes leer parte del capítulo 14. Voy a aclarar algunas cosas más adelante. Si has llegado hasta esta parte de la historia te lo agradezco muchísimo y espero que me acompañes hasta el final :)
Este fic se ha vuelto una parte importante de un buen lapso de mi vida. Me ponen muy contenta con sus comentarios. ¡Nos leemos!
Chapter 46: La revelación
Chapter Text
Todomatsu fue en su busca, y como era inevitable, se vio atraído por la información del USB que estaba todavía en el ático. Ya que estaba todo acabado entre él y Atsushi, no tenía por qué ocultar más el hecho de que husmeaba en sus cosas. Tomó el dispositivo y lo llevó consigo. Además, encontró las llaves luego de un rato y se aproximó a la oficina del joven ausente. Abrió sin problemas. Realmente se estaba dando cuenta del grado del caos que Atsushi tenía en su mente, y es que nunca había estado tan despreocupado como para dejar las llaves en un lugar cerca de Todomatsu. Sin embargo, el simple hecho de hacer uso de la cerradura ya hacía que el menor se sintiera mal.
Miles de pensamientos pasaban por su mente.
Cuando estuvo adentro en busca de las llaves del baño, irónicamente fue lo último que estuvo buscando, pues aprovechó la oportunidad para husmear en las pertenencias de Atsushi. Quería saber cada detalle del por qué actuaba tan sospechoso. La idea de un engaño seguía en su mente, sin embargo, un sexto sentido le indicaba lo contrario; que podía haber algo mucho más allá.
Kaede, Takeuchi, Yanagida, Nishida… Había tanto qué hilar. Mucho por descubrir.
A pesar de todas las sospechas y los sentimientos negativos que pudieran aflorar por causa del otro, no podía odiarlo. Sentía una profunda pena por él y su soledad.
Tomó asiento y suspiró con pesadez. Revisó los papeles dentro de los folders y paquetes con más hojas todavía, libros llenos de post-it de colores neón con muchos apuntes en inglés y en japonés, y algunos archivos sueltos sin aparente importancia. No encontraba nada fuera de lo común. Todo hablaba sobre estadísticas y contaduría. No entendía nada.
Estaba algo molesto consigo mismo por no darse por vencido. ¿Era acaso que Atsushi había sido muy precavido?
Luego de indagar lo suficiente, encontró por fin algo de lo cual desconocía. No lo hizo avivar su curiosidad ni su ira o decepción, sino todo lo contrario: sintió una compasión por lo desconocido. Estaba profundamente preocupado por Atsushi.
En una repisa cercana había un montón de frascos de pastillas y medicamentos desconocidos. Al leer la etiqueta de éstos supo que se trataba de suplementos para evitar y tratar la ansiedad, estrés, depresión, dolor, insomnio, entre otros síntomas para nada buenos.
«Pobre de mi Atsushi», pensó, y de nuevo se sintió idiota. Su amado podría estar engañándolo con una mujer y ocultándole miles de secretos y de todas formas se preocupaba por él, aunque Atsushi no hiciera lo mismo.
Notó que la mayoría de envases estaban casi vacíos. ¿Atsushi estaba pasando por tanto? ¿Qué sucedía y por qué él no podía saberlo? ¿Qué era aquello que los separaba y que le hacía perder el sueño por las noches y el apetito durante el día?
Con tristeza e impotencia devolvió los frascos a su lugar y volvió a sentarse.
—Atsushi-kun… ¿Por qué te rehusaste a hablar conmigo? —exclamó para sí mismo.
Sin perder más tiempo, volvió a hacer uso del dispositivo adquirido en el ático. Escuchó de nuevo conversaciones entrecortadas y sin aparente sentido. Escuchaba a Takeuchi y sus problemas del día a día, todo mientras tenía a Yanagida en mente. Se enteraba de cosas poco a poco, como el hecho de que Takeuchi tenía una media hermana o de que la tal Jenna volvía a aparecer en una conversación después de años… «¿Será la madre de Atsushi-kun?», pensó. Como comenzaba a dolerle la cabeza se decidió por abandonar todo aquello y dejar de hilar las ideas. Con algo de suerte podría entenderlo todo por otro medio algún día. Creía que era imposible que la única evidencia del pasado de su amado fuera únicamente aquel diminuto dispositivo y su contenido.
Pasó el tiempo. Luego de estar en silencio analizando las pocas cartas sobre la mesa, Todomatsu recibió una llamada. Pudo escuchar el timbre de su celular dentro del cuarto de baño, por lo que se dirigió hacia allá a abrir la puerta y sacarlo para atender la llamada a mitad del pasillo.
Era un número desconocido, por lo que tuvo la intención de ignorarlo, sin embargo, algo en su interior le dijo que no lo hiciera. Respondió.
—¿Quién habla?
—Hola… ¿Todomatsu, cierto?
Todomatsu se quedó estático por un momento. Si su memoria no le fallaba, aquella era la voz de Yanagida. Podría siempre reconocerlo después de aquel día de mala suerte a su lado. El recuerdo de la sensación de los labios ajenos en los propios le atormentaba día y noche, y todo lo que siguió de ello.
—¿Qué quieres? No vuelvas a hablarme, desgraciado.
Al sospechar que el otro colgaría, Yanagida se apresuró a interrumpir e ir al grano con la mayor sutileza de la que fue capaz de demostrar.
—¡Espera! ¡Hey! —Se le oía nervioso, alterado, como si recién hubiese llorado—. Estoy con Atsushi. De veras. Tal vez no me creas, pero… necesitaba informarte, por si acaso. Lo siento, en serio. No quiero molestarte más. Atsushi está conmigo justo ahora. Es todo lo que quiero decirte.
El corazón le dio un vuelco a Todomatsu. Se sintió confuso. Después de todo, basándose en lo que había visto y escuchado, Takeuchi era Yanagida, ¿cierto? No entendía por qué podía escuchar con calma a Takeuchi pero no a Yanagida, si en teoría, eran la misma persona. Estaba más confundido que nunca.
—¿Hablas solo para decirme eso? Atsushi me abandonó porque, para empezar, tú te entrometiste entre nosotros. Y además…
—Estoy en el hospital, con él.
—¿C-Cómo dices? ¿Por qué ustedes están juntos en primer lugar?
—Somos familia. Si es que no lo sabías, pues ya lo sabes. Y si ya te lo dijo Atsushi alguna vez, entonces te lo recuerdo una vez más.
—Habla claro. —Todomatsu temblaba. Estaba sumergido en la confusión, miedo y tristeza.
—Al parecer tuvo un ataque de pánico. Pero, según el doctor, va a ponerse bien. Necesita reposar. Ahora mismo está dormido. No he podido verlo todavía, pero no me iré de aquí. Entiendo que no puedas venir, pero sentí que era mi deber hacértelo saber. Calma, voy a hacerme cargo de todo. Incluso del asunto pendiente.
—¡Déjame hablar con él! —suplicó Todomatsu. No podía dejar de preguntarse a qué se refería con la última frase mencionada: ‘asunto pendiente’.
—Te digo que no estoy junto a él. Voy a ser breve; si veo que se encuentra mejor, se lo diré y podrás hablarle, pero… mi sugerencia es que no.
—¡¿Entonces por qué me hablaste?! Me llamas, me dices que mi novio tuvo un colapso, que no lo has visto pero que supones que se pondrá mejor y encima me dices que no debería hablarle. ¡¿Qué demonios se supone que debo hacer?! ¿Esperar y depender de la suerte hasta que se ponga bien? Al diablo con todo eso. He pasado por… No, hemos pasado por mucho, y no quiero mantenerme alejado de él de esta manera, no importa lo que pase entre nosotros. Si no me dejas hablar con él, te juro que iré yo mismo hacia allá, cueste lo que cueste. No importa cuánto pase, no le deseo ningún mal y quiero que se sienta mejor. Incluso si Atsushi ya no me aprecia como antes, o si él… me… odia.
Hubo silencio al otro lado de la línea.
—Voy a decírselo, Todomatsu. —Yanagida colgó.
Todomatsu arrojó lejos el celular y salió corriendo a la sala en un impulso por liberar la adrenalina acumulada. Estaba quizá teniendo un ataque parecido al de Atsushi, sin embargo, supo manejarlo. Fue a lavarse la cara con agua helada y comenzó a inhalar y exhalar mientras se repetía una y otra vez que Atsushi estaría bien. Temía tener que viajar a Shikoku si las cosas no mejoraban.
Casi tres horas después recibió una nueva llamada del moreno.
—Todomatsu —le dijo—, no he podido ver a Atsushi, pero me dijeron que va a pasar la noche en el hospital. Voy a quedarme con él, por supuesto. Y en cuanto a lo demás, bueno, voy a llamarte de nueva cuenta si es que acepta hablar contigo.
Todomatsu carraspeó, no pudiendo procesar las palabras con facilidad.
—Yanagida, dime la verdad. ¿Esto es cosa de varios días? Si la respuesta es sí, entonces me dirigiré hacia allá mañana temprano. Necesito saber.
—Todomatsu, creo que…
—¡Me necesita más a mí que a ti! —interrumpió furibundo.
—No te alteres, yo no sé más de lo que tú sabes. —Mintió—. Quédate en Tokio, todo va a estar bien. —Yanagida luchaba por mantenerse calmado. Estaba tan tenso como podían estarlo Todomatsu o Atsushi. Finalmente se despidió de nuevo y se dedicó a pensar las cosas con calma y hallar una solución.
Yanagida se hallaba en la sala de recepción cuando había llegado un doctor indicándole que podía pasar a ver a su primo. Por fin había despertado y estaba más tranquilo gracias a los medicamentos.
El muchacho pasó a la habitación privada. Era apenas un hospital pequeño y rural que se encontraba escondido entre la espesura mística de Shikoku, por lo que no había mucho que ver o hacer, pero el lugar contaba con un buen nombre y prestigio al ayudar a las pequeñas localidades de la zona. Yanagida guardó el celular en el bolsillo de su pantalón y se aproximó al paciente. Se sentó en la silla que se encontraba justo a un lado de la camilla.
—¿Cómo te sientes?
Atsushi apenas se enderezó para quedar a una mejor altura. Tenía un suero fisiológico inyectado en la vena de la mano, por lo que todavía se sentía adolorido y cansado, pero mucho más en calma que antes desde luego.
—No supe qué fue lo que pasó. Al sentirlo tan cerca de mí, yo…
—No hables ya de eso.
—Pero…
—Es mejor que intentes recuperarte. Tuvimos… Tuviste un mal día y deberías reposar y tratar de despejar tu mente. Lo que aconteció era quizá algo inevitable después de tanto tiempo.
Atsushi asintió y recostó su cabeza contra la almohada después de cerrar los ojos con fuerza en un intento por recuperarse. Había una pequeña ventana justo a un lado de la camilla, por lo que no se sentía del todo apartado del mundo exterior. Aunque el sitio no fuese tan grande como lo podría ser un hospital en Tokio, era acogedor y lo necesariamente extenso.
Estuvo dubitativo unos minutos, sin embargo, Yanagida no pudo seguir conteniendo la verdad durante mucho tiempo más. Tenía que decirle lo de Todomatsu, era necesario.
—Llamé a Todomatsu. Le dije lo que había sucedido. No lo de tu padre, no te preocupes.
—¿Qué?, ¿por qué?
—Tiene derecho a saber, ¿no lo crees? Quería hablar contigo, pero le dije que no podías atenderlo.
Atsushi no dijo nada por unos instantes en los que únicamente pensaba en una forma de poder enfrentar sus problemas. Estaba demasiado exhausto y temeroso de todo como para poder volver a seguir con el asunto en el que, para empezar, no quería verse envuelto y no podía sentirse bien para nada. Revivir las memorias de unas horas atrás lo hacían sentir en alerta, como si estuviese olvidando algo.
—Entiendo lo que sientes y me disculpo por haberte hecho venir hacia acá. Se lo voy a decir a Kaede, le voy a contar todo. A partir de ahora voy a hacerme cargo del trabajo restante. Solamente necesito que me ayudes con unas firmas en ciertos documentos y…
—Espera. —Atsushi sujetó a Yanagida de la muñeca con dificultad—. ¿Pretendes que te deje todo a ti después de venir hasta acá?
—Sí. ¡Tan solo mira lo que ocurrió!
—No lo haré.
—Fue una mala idea desde el principio y no pude verlo. Creí que sería una buena manera de hacerte… reaccionar.
—¿Reaccionar?
—Enfrentar tu pasado. Como sea, no fue buena idea. Vuelve a Tokio en cuanto de hayas recuperado. Una vez que podamos encerrar a tu padre de nuevo, volveré y te lo haré saber. Y es todo lo que voy a decir, ¿bien? Te dije que no quería hablar de esto, estás en recuperación.
—No pretendas que te importo. No en un momento como este.
—No estoy pretendiendo nada, tonto. Tienes que escucharme.
—Déjame solo. Es mejor si estoy solo…
—¿Sería mejor si Todomatsu estuviera aquí?
—¿De todas formas… que importa?
—Dijo que estaba dispuesto a venir a Shikoku mañana temprano.
—Por Dios, ¿cuánto le contaste?
—No mucho.
En ese momento el doctor se hizo presente en la habitación.
—¿Cómo te sientes, muchacho? —dijo el hombre.
—Me siento mejor, gracias.
—A juzgar por lo que me contó Yanagida-san, puedo determinar que tuviste una crisis nerviosa. No te preocupes, estás en buenas manos y puedo decirte que por lo que pasaste es normal en estos casos.
—¿Yanagida le contó de mí?
—A lujo de detalle. Era completamente necesario para poder darte una atención más adecuada. Por ahora intenta no preocuparte mucho. Vas a seguir bajo observación lo que resta del día de hoy y parte de mañana. Si los síntomas vuelven a presentarse en ese lapso, puede que te quedes más tiempo, ¿entiendes? Por ahora puedes ver la televisión si gustas.
—Tengo algo que hacer mañana.
—Atsushi… —Yanagida lo llamó a modo de reprimenda.
—No puedes. Has caso, es por tu salud física y mental. Las aguas van a calmarse con el pasar del tiempo, ya lo verás. ¿Tienes sed o hambre?
—No.
—Doctor, ¿podemos hablar afuera?
—Claro que sí.
Ambos se levantaron y salieron, dejando solo a Atsushi.
En la conversación entre ambos no hubo datos muy importantes que resaltar a su parecer. El joven paciente agudizó el oído con la esperanza de poder escuchar la conversación, sin embargo, solo pudo oír fragmentos de ésta. Distinguió frases entrecortadas como:
«Ha estado así por mucho tiempo y…» «… ya no lo recuerda» «Es delicado pero… desde aquel día… nosotros…» «La consulta… y también…» «Registros de video… quizá…»
A partir de aquel momento, Atsushi supo que Yanagida le había dicho algo al doctor que probablemente él ignoraba.
[ ..… ]
Al día siguiente, Todomatsu se sentía agobiado en el trabajo. ¡Era imposible que Atsushi no lo haya llamado después de todo! Había estado esperando la llamada durante tanto tiempo y al no recibirla únicamente consiguió alterarse más. La idea de emprender un repentino viaje a Shikoku aquella misma tarde la parecía una locura. No había podido reunir coraje para salir de la ciudad por la mañana, sin embargo, entre más se hacía a la idea, más dispuesto estaba a ejecutar su plan. Era como si fuera una persona diferente ahora. Nada parecido al Todomatsu de 20 años de aquel entonces, cuando conoció al amor de su vida.
Estaba mentalmente haciendo su plan. Al no recibir contestación por parte del mayor ni tampoco de Yanagida, más decidido estaba de sus pensamientos. Tenía los nervios alterados y apenas podía respirar con normalidad. Se decía: «Cuento con el dinero para el viaje y la comida. Si me pierdo, puedo volver con mis ahorros y un hotel cerca no debe ser muy caro como en la capital. Si Atsushi no accede a hablarme, voy a tener que buscarlo. Shikoku no puede ser muy grande como para no encontrarlo… Y si no nos topamos voy a tener que volver con lo que me quede. Entonces…»
El sonido de un vaso quebrándose lo hizo volver a la realidad.
—¡Totty! ¿Estás bien? —le preguntó Sacchi desde la caja. Se encontraba tomando la orden de una clienta.
—Eh… ¡S-Sí! Estoy bien. Solo me pinché el dedo. —El dedo de Todomatsu comenzó a sangrar. Se encontraba lavando los trastes de la cafetería cuando de repente el vaso se resbaló de sus manos por andar ensimismado.
—¡Cielos! —exclamó Aida aproximándose a Todomatsu, dejando atrás la mesa que estaba limpiando—. Esta herida no se ve para nada superficial. Quizá el vidrio perforó demasiado… No deja de sangrar. Deja que yo me encargue de esto.
Aida fue por curitas a su mochila del trabajo y luego de desinfectar la herida, lo atendió. La sensación de ardor hizo que se estremezca un poco.
—Listo —dijo ella—. Haz algo más sencillo, déjame los platos a mí. Lleva las bebidas a las mesas. Por suerte hoy no hay mucha clientela.
—Gracias —dijo él, con voz bajita y ronca.
Aida pudo notar una leve capa de lágrimas que se formó en los ojos del chico. Ella lo animó con una sonrisa y diciendo:
—Sé que duele, pero te sentirás mejor. Ánimo. —Le dio una palmadita en la espalda con cariño.
Por supuesto, ella nunca sabría que Todomatsu lloraba pensando en Atsushi.
Aquella tarde estando ya en casa, Todomatsu recurrió a su amigo Futsuumaru una vez más. Estaba ocupado con sus estudios sin embargo accedió al oír la temblorosa voz del joven.
—No tiene que ser algo muy formal o elaborado. Solo quiero hablar contigo unos minutos sobre algo importante.
—De acuerdo, ¿voy hacia ti?
—Me gustaría tomar algo de aire y salir de aquí a un lugar que no sea el trabajo. Prefiero visitarte yo. ¿Puedo?
—Mmm… Le prometí a Hachiko que lo sacaría a pasear. ¿No te molesta venir al parque? Faltan horas para que oscurezca.
—Si tu perro no va a morderme no hay problema.
—Ja, ja... De acuerdo. ¿Entonces nos vemos en 40 minutos?
—Perfecto.
—Ok. Voy a colgar.
—¡Maru! Espera. Yo… quiero decirte que… Bueno, lo siento, por hacerte pasar por tanto. Un amigo como yo debe ser molesto. Siempre triste y necesitando de otros…
—Todomatsu.
—¡Lo que quiero decir es que eres mi único amigo! ¿Ok? No podría confiar en nadie más, y si no estuvieras, estaría completamente solo. Esa… es la verdad. —Abrió su corazón a su amigo. Incluso aunque no podía verlo cara a cara se ruborizó—. Bueno, ¡hasta luego!
No dio tiempo para que Futsuumaru responda. Colgó de inmediato.
Pasaron 40 minutos y puntualmente se vieron en la entrada del parque Yoyogi, tal y como acordaron.
Todomatsu esperaba sentado en una banca revisando su celular cuando de pronto escuchó a su amigo llamarle desde lejos. Futsuumaru iba con ropa deportiva, acompañado de su amigo canino.
—¡Hey! Todomatsu. ¿Cómo te encuentras?
—Para serte sincero…
—Oh, ¡qué pregunta! Qué descortés soy. ¿Quieres descansar un poco primero o…?
—Demos un paseo. Hachiko se ve entusiasmado —dijo mientras acariciaba la cabeza del perro. Al principio con cautela, y luego al notar la nobleza del animal, lo hizo con confianza.
—Bien, vamos. —Futsuumru sonrió.
Fue como si ambos recordaran la última parte de la conversación de unos momentos atrás. Al pensar en ello las mejillas de Todomatsu se tornaban rojas y Futsuumaru sonreía de oreja a oreja.
—Maru, antes de hablar, ¿cómo te ha ido con tu novia? Hace tiempo que no la mencionas.
—Oh, no está en Tokio. Tuvo que irse a Nagoya por unos días. Al parecer un familiar falleció y tuvo que ir al funeral.
—Lo siento.
—Está bien. Al parecer ella no lo conocía muy bien, pero querían que la familia estuviera junta, así que… En fin, va a volver en una semana. Todo marcha bien entre nosotros, mantenemos nuestra conexión a como podemos. La universidad va acabando poco a poco con ambos.
—¡Fuh! La universidad. Siempre es eso. Espero que les vaya mejor a ambos. Los tiempos son difíciles.
—Y qué decirte, mi amigo.
Se adentraron más al parque. El perro estaba alegre de poder caminar junto a su amo, evidentemente.
Había bastante viento. El sonido de las hojas moviéndose con el aire y el crujir de éstas bajo los pies era relajante y a la vez melancólico. El cielo estaba despejado y no había tantas personas en el lugar, pues era entresemana, después de todo.
De vez en cuando se podían escuchar las risas de los niños riendo a lo lejos mientras hacían volar sus cometas o jugaban con sus perros y amigos.
Se detuvieron al llegar al lago y se sentaron frente a él. El can se recostó entre ambos. Todomatsu comenzó a acariciarlo.
—Futsuumaru, quería avisarte que… es probable que esta noche parta a Shikoku.
—¿Shikoku? Es donde Atsushi se encuentra ahora, ¿cierto?
—Sí. Hace tiempo no sé nada de él. No responde llamadas ni mensajes. El único que tuvo la osadía de contactarme fue su primo, Yanagida. Te he contado de él, ¿cierto? —Futsuumaru asintió y Todomatsu siguió diciendo—: Temo que esto no solamente se trate de un asunto de trabajo o una infidelidad. Tal vez él…Quiero decir, ¿y si lo secuestraron? Sé que puede sonar extraño, pero si desaparece así de la nada, aunque se haya ido por cuenta propia es muy raro. No quiero que algo así pase, me trae malos recuerdos. Una vez a Osomatsu-niisan lo…
—Espera, ¿dijiste que Yanagida te llamó? ¿Qué te dijo?
—Que Atsushi-kun había tenido un ataque de pánico y que estaba internado en el hospital. No sé cuál hospital, si piensas preguntarlo. Pero pretendo averiguarlo.
—¿Este Yanagida es el que dijiste que creías que era el chico de los audios, Takeuchi?
—Sí.
—Oh, bien. Prosigue.
—Bueno, no tengo mucho que decir. ¿Qué otra cosa se puede hacer si lleva días sin responder y no sé nada de él? Llamé a su oficina y me dijeron que se encuentra fuera de servicio. ¡Fuera de servicio! ¿Qué quiere decir eso?, ¿acaso lo despidieron o no llevan un monitoreo de sus empleados?, ¿cuál crees que sea la probabilidad de un secuestro?
—Nula del 30%, creo.
—¿De verdad?
—Atsushi es inteligente, además, ha pasado por tanto… No creo que le pase algo así nunca. Debe tener sus razones.
—Estoy perdiendo los estribos. Quiero pedirte información, toda la que tengas, sobre Atsushi-kun. Tú lo conoces desde mucho ante que yo, debes saber algo. Estoy seguro.
—Todomatsu, me da miedo hablar de algo que no debería. Se supone que Atsushi-kun debe contártelo todo pero…
—“¿Pero?”
—Pero no puede hacerlo.
—¿Por qué no?
—Por su condición.
—No entiendo…
—Te voy a decir algo para que te sientas más tranquilo. Estoy tan confundido como tú y siempre he valorado y apreciado la amistad de Atsushi más que a nada, pero, debo confesártelo de una vez. No estoy seguro del todo, pero a juzgar por lo que me has contado y al hacer memoria de antiguas conversaciones con Atsushi creo que… ese Takeuchi no es Yanagida, sino el mismísimo Atsushi.
—¿Eh? P-Pero… ¿Cómo puede…?
—Su voz y actitud son distintas, sí. Pero créeme que lo vas a entender mejor con el pasar del tiempo. Muchas de las personas que saben de Atsushi probablemente son sus familiares y personas de la preparatoria que ya no están aquí. No debería hablar de esto porque hay detalles que no conozco, pero… Atsushi lo ha pasado muy mal. A veces él me contaba de esas cosas. Estoy tan confundido como tú, de verdad. Apenas y puedo hilar una cosa con otra…
—Tan… ¿Tan grave es?
—Su caso salió en los periódicos y todo. Todo por culpa de su familia.
—Creí que Atsushi-kun no tenía familia.
—Eso creía yo también, hasta que… Bueno, ocurrieron cosas. Sufrió un shock enorme el pobrecito. Por eso creo que lo del ataque de pánico no suena muy descabellado para mí. No he visto a Yanagida en la actualidad, pero creo que Atsushi ya me había hablado de él antes. Es una pieza importante para este rompecabezas y lo recuerdo vagamente de mis días estudiantiles.
—¿Qué rompecabezas?
—El crimen de su padre. Solo tengo rumores, así que no pienso hablar de ello, a menos que quieras escuchar. De verdad, nada tiene pruebas, pero si insistes, entonces lo haré.
—Espera, ¿qué tiene que ver todo esto con su desaparición?
—Creo que se debe a un asunto con su padre. No te lo contaría, pero me preocupa su bienestar también. Atsushi había mencionado muchas veces que su padre estaba en prisión, en Shikoku.
—¿En serio? Dime los rumores. —Todomatsu tragó saliva—. Estoy dispuesto a escuchar.
Futsuumaru tomó aire.
—Creo que… fue abusado de niño.
—¡¿Qué?! No, no puede ser. Dime que no es verdad. —Los ojos de Todomatsu se llenaron de lágrimas.
—¡Calma, Todomatsu! —Lo sujetó entre sus brazos alarmándose también—. Son rumores que solía escuchar sobre él en preparatoria. Quizá ni siquiera se acerca a la realidad…
—¿Pero entonces por qué…?
—Te aconsejo que revises mejor los audios que encontraste. Analízalos con calma. Cualquier dato que encuentres, estoy casi seguro de que es Atsushi.
—¿Cómo sabes tanto?
—Fuimos muy amigos desde que se mudó a mi ciudad. Luego tuve que mudarme y por coincidencias de la vida él también lo hizo y coincidimos en preparatoria.
—Creo recordar algo sobre una mudanza. Takeuchi dijo algo así antes, pero no supe qué pasó después.
—Puede que después de todo se trate de Atsushi. Pregúntaselo cuando lo veas. Por el momento confía en que va a estar bien. Si es lo que creo y lo que he mencionado, ahora mismo se encuentra haciendo algo importante en Shikoku. A veces mencionaba vagamente algo sobre eso cuando él tenía 21 años.
—21 años… Eso es 3 años antes de que me conociera. Debe ser algo de un gran peso, seguro.
—Cuando vuelva con todo resuelto es probable que te lo cuente todo, calma.
—“Probable”. ¡Hmh! Y eso que decíamos que ya no nos ocultaríamos nada.
Futsuumaru estuvo dudando por un tiempo. Ciertamente había cosas que él mismo sabía de ambos de sus amigos y se esforzaba por no abrir la boca de más. No obstante, había cosas que Todomatsu tenía derecho a saber.
—Todomatsu. Lo siento, por tener que revivir recuerdos dolorosos en ti. ¿Recuerdas hace casi 4 años cuando te encontré frente a las vías del metro? —Al hablar intentaba no ver directamente a su amigo, pues no quería que se sintiera juzgado o temeroso después de tanto tiempo.
—Eh, s-sí, pero, ¿por qué lo mencionas ahora?
—Ustedes tienen eso en común.
Todomatsu pareció no entenderlo al comienzo. Cuando Futsuumaru estuvo en silencio un rato, comenzaba a sentir el peso de las palabras.
—¿Qué? —Sintió como si un balde de agua fría le cayera encima.
—Fue hace mucho tiempo. Atsushi tenía 17 años. Parecía que, según dijo, las cosas no habían marchado muy bien… No fui yo quien lo encontró. Creo que fue su hermanastra. ¿O era su media hermana? No estoy seguro.
—Espera. Espera, espera, espera…
—Difícil de digerir, ¿no? Eso es lo que recuerdo. Y hasta aquí te voy a contar. El resto puede explicártelo él mismo con más calma. Solo…
—¿Solo…? —preguntó con miedo.
—No le digas que te dije todo esto. Puede que su salud mental empeore si lo sabe.
—Vaya… —Una lágrima se deslizó por la mejilla de Todomatsu—. Me siento mal al enterarme de todo esto debido a ti. Jamás quiso decirme nada. Pero, entonces, todo lo que me había dicho fue una farsa…
Futsuumaru se mantuvo firme y dijo:
—No, Todomatsu. Solo te he contado una parte de lo que recuerdo sobre su vida. El resto le toca a él.
—¿Cómo se habrá sentido cuando quise quitarme la vida? Ese día fue terrible para ambos. Y yo que creía que era el único que sufría… Ya no tengo idea de cuál es la verdad y cuál no. —Todomatsu hablaba como si no hubiera escuchado hablar antes a su amigo—. No sé nada sobre él. No es justo que riamos juntos pero lloremos separados. No es justo… ¿Por qué habrá tomado esa decisión? —Lloraba.
—No estoy seguro. En aquel entonces éramos más cercanos que nunca. De repente comenzó a faltar a la escuela mucho tiempo y comencé a preocuparme. Había una chica que estaba todo el tiempo con él, y, curiosamente, desapareció también. Jamás la olvidaré, era tan amable…
—“¿Era?”
—Murió de un ataque al corazón poco después de la graduación. Estaba enferma.
—Dios…
—Ella fue una pieza fundamental. Sabía que era tan cercano a Atsushi, así que, cuando sucedió, me llamó. Me dijo lo que había pasado. Atsushi lo hizo a propósito, pero no resultó.
—¿Cómo se llamaba la chica? —preguntó Todomatsu a la vez que se limpiaba las lágrimas.
—Takahashi-san. —Se limitó a decir.
—¿Con el mismo apellido que Atsushi?
—Así es. —Al notar que Todomatsu no lo cuestionaría más, se limitó a seguir—: La había llamado tiempo antes de ejecutar su plan. Por alguna razón ella había notado que algo no iba bien, o eso dijo, así que se dirigió a casa antes de lo que habían acordado.
—¿Por qué la llamó?
—¿Para que encontraran su cuerpo, tal vez? En ese entonces Atsushi solía estar todo el tiempo solo, según supe.
—Oírte hablar así me produce terror… No quiero ni pensarlo.
—Lo sé. Yo aún siento escalofríos al recordarlo. En fin, fue ella quien llamó a los paramédicos al llegar a su paradero. Atsushi había dejado las puertas abiertas, por lo que no se le hizo difícil entrar a verlo. Según lo que Takahashi-san me dijo, estaba en su cama dormido.
—¿Eso significa que…?
—Había ingerido algo y recién comenzaba a hacer efecto. Pastillas o alcohol, quizá. Nunca lo supe y tampoco supe las razones exactas que le habían orillado a tomar esa decisión. Solo supongo cosas en base a lo que me ha dicho y he observado. En fin, la chica me dijo lo que había sucedido y fui tan rápido como pude hasta el hospital. Luego llegó su madrastra, su primo y… Bueno, eso es todo. Las personas más cercanas a él estábamos allí.
—¿Y su papá?
—No estoy seguro. ¿En prisión, tal vez? O quizá solo estaba fuera de la ciudad.
—¿Entonces el padre de Atsushi ha estado en prisión?
—Eso es lo que he estado diciendo, Todomatsu. —Dijo con cautela. Todomatsu cerró los ojos con fuerza en un intento por aclarar su mente. Estuvieron hablando de los “detalles” que Futsuumaru conocía—. Una vez más me disculpo por no habértelo contado todo antes. No quería tener que hacerlo porque esto le pertenece a Atsushi, pero, no me gusta verte sufrir todo el tiempo.
—¿Hay… algo más que no sepa? —preguntó Todomatsu mientras se limpiaba los restos de lágrimas.
—Sí.
—Dímelo, por favor.
—Lo siento. Eso… tendría que hablarlo primero con Atsushi.
Todomatsu estaba impacientado por la cantidad de cabos sueltos que había en la conversación y en la vida de Atsushi. Se sentía cansado, decepcionado, engañado, asustado.
Hablaron durante una hora más. Como lo había mencionado, Todomatsu quería ser breve. Entendía que Futsuumaru tenía también sus propios asuntos, así que no quiso quitarle más tiempo. Se sentía seguro después de haberle confiado su plan de irse a Shikoku, y aunque su amigo le aconsejó que no lo hiciera, la idea no había desaparecido de su mente todavía.
Se despidieron. El chico pudo observar a Futsuumaru y Hachiko irse juntos en dirección a su hogar. Todomatsu volvió a tomar el metro para volver a casa. Siguió caminando un tramo más y cuando por fin hubo tomado un respiro y recobrado las fuerzas, se dio la tarea de averiguar hasta lo último que encontrara. Empezó a husmear más que nunca con desesperación y dedicación.
Eran las 7:00 de la tarde.
Como si fuera parte del destino o se pudieran leer la mente entre sí, se llamaron unos a otros. Durante todo el día se había reflejado una notoria mejoría en el estado de Atsushi. Al final de todo, el caso quedó en manos de Yanagida. Como recomendación médica, se le dijo al paciente que no tendría que verse expuesto a situaciones estimulantes. Atsushi estaba insistiendo, pero el otro jamás permitió que hiciera lo que se le pegara en gana.
Enfrentar la situación era responsabilidad suya y de Kaede, después de todo. El pobre Atsushi estaba tan ausente que ni siquiera podía enfrentar cosas del pasado con calma. El asunto con el recluso se había pospuesto para la noche del día siguiente, por lo que tenía tiempo de asimilarlo e irse.
Dejando todo de lado, fue dado de alta casi a las 5:00 de la tarde. Atsushi estaba en el hotel junto a Yanagida. Ambos en la misma habitación. Atsushi reposaba en la cama y Yanagida estaba de pie frente a la ventana, tomando café.
Por su mente pasaba una y otra vez el recuerdo de Yanagida diciéndole: “Habla con Futsuumaru-kun”. Para empezar, le parecía extraña la idea de que se recordaran mutuamente, pues no recordaba que se hubieran visto alguna vez. Era como si el destino los hubiera juntado a todos después de tanto, incluido Todomatsu.
“Habla con Futsuumaru-kun”.
“Habla con Futsuumaru-kun…”
—Voy a hacer una llamada —dijo a modo de aviso.
—De acuerdo. —Yanagida no hizo preguntas. Por la tarde Atsushi había recibido llamadas por parte del trabajo y también de la agencia de policía, por lo que no le pareció extraño que Atsushi quisiera atender alguno de esos casos ahora que se encontraba mejor. También supuso en un fugaz instante que posiblemente había por fin reunido el valor para hablar con su pareja. Llevándose la tasa consigo, dijo—: Iré abajo a la cafetería. Si necesitas algo…
—Sí, lo sé.
Yanagida asintió y se fue con tranquilidad. Al oír sus pasos alejarse, Atsushi se apresuró a tomar el teléfono. No sabía ni siquiera cómo iba a empezar a hablar con su amigo, pero algo debía de hacer.
Cuando estaba buscando su número entre sus contactos, una llamada emergente apareció en la pantalla. Era Todomatsu.
Atsushi estaba estático. ¿Por qué justo en aquel momento Todomatsu le llamaba? Creía que ya no insistiría. Sin embargo, recordó las llamadas perdidas que tenía de su parte y que no había podido hablar con él a causa de su inconsciencia, literalmente. También había recién recordado lo que Yanagida le había dicho: Todomatsu estaba al tanto de su estancia durante el día anterior y parte del actual en el hospital.
El tono del timbre le daba escalofríos. No había pasado mucho tiempo desde que se habían visto, pero sí bastante desde que no se llevaban bien. También había pasado tanto durante tan poco tiempo. Para empezar, no estaba consciente de que pronto se cumpliría la condena de su padre, de no ser por Kaede, su ex-madrastra. Tenía mucho en qué pensar.
Últimamente no se le daba muy bien el hablar con otras personas, por lo que estuvo dudando, sin embargo, al hartarse ya de la sensación que le provocaba el sonido del celular, respondió rápidamente.
—¿Hola? —respondió endeblemente.
Al otro lado de la línea se escuchaba una respiración entrecortada. Juntando las piezas del rompecabezas, Todomatsu por fin había entendido varias cosas. Takeuchi era en verdad Atsushi. La “tal Kaede” había sido la madrastra de Atsushi por un tiempo. Aquello quería decir que Atsushi jamás había traicionado a Yanagida grabando las sesiones de terapia en aquellos audios y lo había juzgado tanto por eso en sus adentros… También supo que muy probablemente Atsushi había mentido sobre todo su pasado en aquella ocasión en que se lo contó todo creyendo que confiaba en él. Pero, sobre todo, descubrió una parte de la verdad sobre su progenitor.
—Atsushi… Necesitamos hablar cara a cara —le dijo con voz tensa.
Atsushi se sintió extrañado de que no le llamase “Atsushi-kun”, como siempre. De hecho, se sintió extrañado desde el principio al notar que ni siquiera le había preguntado sobre su estado de salud. Se mantuvo preocupado por el tono de voz del menor, que parecía que estallaría en desesperación en cualquier momento. Respondió:
—Sí, pero…
—¡Debemos hablar con urgencia! ¡YA!
—Espera. —Atsushi se puso en alerta al darse cuenta de que Todomatsu iba en serio. Además, estaba llorando. ¡Todomatsu estaba llorando terriblemente! ¿Qué clase de cosas había estado pensando todo este tiempo?
—Si te sigues negando voy a llamar a la policía.
—¿Qué?
—Lo que ocultas es algo grave y entiendo que estás resolviéndolo, pero… —Se detuvo. No debía revelar que Futsuumaru le había confiado ciertas cosas bajo ninguna circunstancia—. ¡Ven ya, Atsushi-kun! ¡Regresa! —Lloraba con fuerza—. Conozco las placas de tu auto. Voy a reportarte como desaparecido para que comiencen a buscarte si no me dices exactamente en dónde estás. Ya han pasado días y prácticamente no sé nada de ti.
—¡Eso sería mentirle a la ley!
—Me da igual si me meto en problemas… Solo quiero que vuelvas. AHORA.
Atsushi sentía que algo no iba bien. Los meses pasados habían sido una agonía y ni qué decir de los últimos días u horas, ¿pero esto? Todomatsu se escuchaba histérico en demasía.
—Todomatsu, mantén la calma.
—¡NO ME PIDAS QUE ME CALME!
—¡¿Por qué estás así?! ¡¿Qué pasó?! ¿Acaso hay algo que no me has dicho?
—¡Ja! ¡Eso debería decirlo yo! —Su mano temblaba mientras sujetaba el celular.
Escuchar la voz quebrada de Todomatsu hizo que Atsushi se alterara y se le pusieran los pelos de punta. Prácticamente se le erizó la piel.
—¡Eso es porque mis asuntos no te conciernen!
—Oh, créeme, ¡me interesan tanto como a ti!
—Todomatsu, entiende… Solo quiero protegerte.
—Y yo a ti, ¡por eso debes volver!
—¿P-Por… por qué tanta insistencia?
—Atsushi-kun… Tal vez no lo sabes, pero… —decía entre hipidos— tenemos mucho en común. Yo también quiero protegerte. Has pasado por tanto y nunca me lo dijiste. Siempre sufriste solo. Siempre solo…
Todomatsu se soltó a llorar al otro lado de la línea sin importarle el ser juzgado o si Atsushi decidía colgarle o lo que sea. Solo se permitió ser él mismo y dar rienda suelta a sus sentimientos después de reprimirse tanto tiempo. «Siempre solo».
El corazón se le hizo chiquitito a Atsushi. Un nudo en su garganta se formó repentinamente. Estaba reprimiéndose también desde hace mucho. Eran dos almas rotas que no podían consolarse la una a la otra, todo por buscar una seguridad recíproca.
Un minuto, dos, o tal vez tres… Todomatsu únicamente llorando y Atsushi escuchando, rezando por que entendiera las circunstancias y se tranquilizara. No podía entender del todo las razones que el menor tenía para ponerse así.
Todomatsu nunca pudo dejar de llorar, pero cuando se hubo calmado un poco, siguió hablando.
—Atsushi-kun, tus asuntos son los míos. Debes alejarte de la gente mala lo más que puedas para siempre…
No recibió respuesta. Atsushi meditaba cada una de las palabras que soltaba el joven con suma atención, sin saber que la siguiente frase haría que el mundo se le viniera encima por un instante.
—Atsushi-kun, ¿el apellido de tu padre es Tougou?
Y apareció entonces la revelación.
La dura verdad quedó por fin expuesta.
Chapter 47: Nuevos horizontes
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Era ya un milagro si a Atsushi no le daba un paro cardíaco allí mismo. De repente sus memorias volvieron y el refugio mental que había construido se vino abajo por segundos, tan solo por escuchar ese nombre.
—¿Q-Qui…? ¿Quién te dijo eso? —tartamudeó el mayor.
Para Todomatsu era evidente que Atsushi estaba extremadamente nervioso, asustado y quizá hasta enojado.
—Nadie.
—No digas tonterías… —balbuceó.
—Contéstame. ¿Es Tougou?
—Ya basta, Todomatsu. Ya basta, ya basta… ¡BASTA!
—¡Hey! Calma. Solo quiero saber si tú…
—Hice todo lo que pude con tal de no volver a oír ese nombre, y ahora vienes de la nada a preguntarme algo así… Verlo a la cara fue muy doloroso. ¡Fue espantoso! Ni siquiera fui capaz de mantenerme en pie… Si Yanagida no hubiera estado allí quizá yo…, no lo sé, pude haber muerto de miedo. Otra vez.
—¡Pues lo siento, querido! Pero es algo de lo que debemos hablar —exclamó Todomatsu con voz fuerte y firme. Ya no tenía intenciones de seguir llorando; se mantuvo firme y sacaba a flote todo lo que tenía que decir.
—Todomatsu…
—Entonces, sí es Tougou el apellido de tu padre, ¿verdad? —El silencio detrás de la línea le dio la afirmación que necesitaba—. Si ese es el caso, entonces tenemos mucho en común. Más de lo que crees… —Mas lágrimas se juntaron en sus párpados—. Déjaselo todo a tu primo. Ven aquí ahora mismo, y, si no estás dispuesto a hacerlo, estoy saliendo yo ahora mismo a Shikoku esta noche.
El silencio detrás del otro lado de la línea lo torturó. Finalmente obtuvo una respuesta.
—Voy a… dejárselo a él. Solo quería proteger a Kaede y a… todos nosotros. —Su voz sonaba como si fuera echarse a llorar.
—¿Entonces…?
—Volveré a Tokio. Sigo teniendo asuntos pendientes…
—Oye, Atsushi-kun, lo siento, pero la gravedad del asunto lo requiere y quiero aclarar muchas cosas. Siento si te he hecho sentir mal, pero ahora sé que hay muchas cosas que no entiendo porque Futsuumaru fue quien me dijo que… —Se detuvo.
Supo que no debía dejar que supiera que su amigo le había dado información referente a su pasado, por lo que se quedó callado. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando se dio cuenta que Atsushi ya le había cortado la llamada.
Todomatsu se quedó llorando lo que restó del día cada que recordaba el rostro de su amado. Cuánto lo necesitaba…
Más tarde al entrar a la habitación, Yanagida encontró a Atsushi llorando a la orilla de la cama. No llorando como un bebé, sino que sus lágrimas solo recorrían sus mejillas mientras mantenía su típica expresión de sueño.
—¿Qué sucedió?
—Lo sabe… Pero no sé cómo. El nombre de mi padre.
Yanagida se encogió de hombros.
—¿Y?
—¿Cómo que “y”, estúpido? —Atsushi hablaba con enojo y preocupación, tenía la cabeza agachada mientras sobaba sus sienes con cansancio.
—Bueno, ¿te preocupa que sepa sobre los crímenes de ese tipo? ¿O… te preocupa que sepa que compartes sangre con ese monstruo?
—No lo sé... Me duele muchísimo la cabeza. Creo que…
—¡Hey!, ¡hey! —Antes de que pudiera darle otro ataque o algo similar, Yanagida se aproximó al otro y lo tomó de los hombros atrayéndolo hacia él—. Ven, vamos por té a la cafetería. También deberías comer algo, mira qué pálido estás.
—No quiero té.
—Bueno, pero al menos comamos algo. Deberías de…
—¡No quiero nada! —Gritó y empujó al moreno lejos de él, donde no pudiera tocarlo—. No quiero… hacer nada. Creo que estoy teniendo una crisis de nuevo y… yo…
—Hey, ven conmigo —dijo preocupado intentando acercarse otra vez.
—No me toques. —Se abrazó a sí mismo poniéndose de pie. Iba en dirección al baño—. No quiero nada…
No hablaron por el resto del día. Yanagida se fue a su habitación, aunque seguía preocupado por el otro. Atsushi no estaba dispuesto a dejarse ayudar. Debería partir a Tokio otra vez, aunque no se lo había dicho a Yanagida.
Y, de hecho, ya que lo pensaba mejor, le dijo a Todomatsu que volvería con él, pero no le dijo cuándo. Al menos sabía que el chico no saldría a Shikoku esa misma noche debido a que lo esperaría. Aquello lo tuvo sin cuidado por un tiempo hasta que cayó en cuenta que también tenía asuntos en el trabajo. Grandes asuntos.
Los pensamientos que pudiera tener Todomatsu sobre él lo torturaban. Con mucho esfuerzo y ayuda de los dioses logró conciliar el sueño.
Al día siguiente Yanagida y Atsushi no hablaron en todo el día, sino hasta la noche. De hecho, aquella era la última noche de estancia de Atsushi allí y el moreno no lo sabía. No estaba en el hotel, sino en un bar cercano que encontró cuando deambulaba en la noche por las calles sin el auto.
Le había costado dar con su paradero, pero gracias a que el pueblo era en sí muy pequeño, lo encontró.
Yanagida entró al diminuto bar y se sentó a un lado de Atsushi. Estaba ya demasiado ebrio como para darse cuenta de que el modelo estaba allí junto a él. Se quedó en silencio. Solo veía cómo Atsushi bebía en silencio mientras su cabeza se balanceaba de un lugar a otro, mientras tenía los ojos llorosos y entrecerrados con las mejillas rojísimas. Estaba encorvado sosteniendo el vaso de whisky a medio beber. De un trago terminó de echárselo todo y pidió otra ronda. Se lo sirvieron. Lo volvió a terminar y volvió a pedir más, hasta que el barman le negó la bebida.
—Lo siento, señor. Pero su condición no se ve muy bien. Ya no puedo servirle más.
—¡Tengo dinero! —dijo irreconociblemente dejando un fajo de billetes sobre la barra—. Deme una botella.
—Lo siento, pero mi respuesta es “no”. Veo por el bienestar del cliente. ¿Cómo se irá a su casa?
—Eso a usted no le incumbe… Deme una botella.
—¡Atsushi, ya basta! —dijo Yanagida acercándose al joven mientras ponía una mano sobre su hombro y le devolvía el dinero.
Atsushi no le dio importancia.
—¿Lo conoce? —preguntó el barman.
—Sí, es familiar mío. Disculpe las molestias, ¿puede darnos un momento?
—Si este hombre sigue aquí puede incomodar a los demás clientes. Además, usted no está consumiendo nada. Deben irse.
—Si es así… —Yanagida fue ahora el que se sacó unos billetes del saco y se los tendió al empleado—. Deme una limonada.
El hombre no pudo oponerse y se fue a servir el pedido. Yanagida se giró hacia el joven ebrio y lo sacudió débilmente. Atsushi tenía la cabeza hundida entre sus brazos, estaba quedándose dormido.
—Cielos, Atsushi, ¿cuánto bebiste? —preguntó muy preocupado. No obtuvo respuesta.
El barman le trajo la limonada y con un gesto se lo agradeció. Después pidió un vaso con hielos que también le trajo casi de forma inmediata. Obligó a Atsushi a masticar algunos de los cubitos de hielo. Al cabo de unos minutos el muchacho por fin dijo unas débiles palabras.
—Te… lo dejo todo a ti… El a-asunto con mi p-padre… Termínalo tú.
—¿Qué dices, Atsushi? Si ya estamos aquí. Lo que pasamos no fue por nada.
—Voy a irme mañana a Tokio con mi novio. Ya no quiero estar aquí... —Seguía con la cabeza hundida entre los brazos, recostado en la barra. Sus palabras apenas lograban entenderse debido a que se encontraba bajo los efectos del alcohol.
—¿Qué?
—S-Se lo dije… Voy a verlo mañana. Pero… ya no quiero hacer nada. Ni en Shikoku, ni en Tokio, ni en ninguna parte del mundo… No quiero estar en ninguna parte.
—Hey, no digas eso. Ten, mastica otro cubo de hielo.
—Sé que tú vas a hacer un mejor trabajo… Siempre fuiste más fuerte. Termínalo todo. Y… d-discúlpate con Kaede por mí. Yo no tengo padres, pero… ella fue como una madre para mí. Discúlpate con ella p-por mí…
—Ya deja eso. Sabes que no quiero quedarme solo tampoco. ¡No quiero! Solo te tengo a ti. Hemos pasado por lo mismo… Kinko y Nozomi… ¡Ellas nos abandonaron a los dos!
La mención de esos nombres hizo que Atsushi se sumiera más en su tristeza. No quería ver a su primo.
—Déjame solo.
—No, Atsushi. Ven, vámonos. —Lo tomó del brazo con la intención de apoyarlo encima de él y llevarlo así hasta el hotel, pero le fue imposible.
—¡Déjame! ¡Su-Suéltame! Tonto hipócrita…
—¡Te vas a arrepentir de lo que estás haciendo! Ya no voy a echarme para atrás, tonto cobarde. Si te dejo aquí vas a terminar muerto.
—No me importa, lárgate de aquí.
—¡¿Esa es tu intención?! ¿Embriagarte hasta la muerte como hiciste hace años? Te dije mil veces que el maldito suicidio no debería ser una opción ni para ti ni para nadie, idiota. Lloré como imbécil sobre tus piernas al lado de tu camilla en el hospital. ¡Piensa por un segundo! Ven, levántate. Vámonos.
—Su… Suéltame.
Atsushi estaba irreconocible, sin embargo, Yanagida logró ponerlo de pie. Se tambaleaba terriblemente y ni siquiera podía permanecer erguido. Pensó que ya tendría sus razones para portarse así.
«Yo no soy fuerte, Atsushi. Tú eres muy débil», pensó. Aunque la verdad fuera que, en realidad, Yanagida sí era muy fuerte como águila en vuelo.
Para compensar la incomodidad, Yanagida terminó pagando más de lo debido. El barman no objetó. Salieron del lugar.
Casi a rastras el modelo se llevó al joven empresario hasta el hotel, mientras oía sus protestas y lo maldecía entre dientes.
—Cuando lleguemos al hotel voy a bañarte con agua fría para que se te baje el maldito alcohol, imbécil. Luego te largas a donde quieras.
—C-Claro que… me largaré a donde quiera.
—Shh, no hables. No te entiendo ni una mierda y no quiero oírte. Detesto hablar con borrachos, me saca de quicio.
Y Atsushi no volvió a hablar el resto del camino.
Llegaron al hotel y subieron con ayuda del ascensor. Se metieron al cuarto de baño y Yanagida le sacó la ropa y lo metió a la bañera con el agua de temperatura muy baja. Verlo tiritar le dio gracia y lástima al mismo tiempo… «Te lo mereces».
Al verlo se preguntó cómo era que se habían distanciado tanto. Cuando Atsushi se ponía ebrio volvía a ser como cuando era niño; necio, llorón y torpe. Y de pronto recordó cuando ambos se bañaban juntos de pequeños y jugaban con patitos de goma. Había pasado un buen tiempo desde que no compartían un baño en las aguas termales o algo parecido. Suspiró.
—Está friísima —dijo abrazándose a sí mismo y rechinando los dientes.
—Espero que ya se te haya despejado la cabeza un poco.
—Pe… Pero… me va a dar fiebre.
—¡Si te da fiebre yo te curo! No te preocupes.
—Tarado.
—Quédate remojando un poco. Voy a traerte ropa. Volveré.
Al cabo de unos minutos Yanagida volvió con ropa suya para Atsushi. Ya no disponían de tantos cambios limpios, por lo que ir a la lavandería sería su próxima opción. Por fin había decidido que dejaría que Atsushi se marchara. No lo necesitaba. Mientras lo ayudaba a vestirse, le dijo:
—Yo voy a llevarte.
—¿Eh?
—A Tokio. En tu auto, no te preocupes. A mí ese horrible Mazda blanco ya no me sirve tanto. La agencia va a conseguirme otro.
—Mañana ya podré conducir…
—¿Seguro? —le preguntó mientras le ponía la camiseta para dormir.
—Que sí. Tú déjame.
—Bien. —Se puso de pie y se fue a la puerta. Ya no quería discutir más—. Me voy a descansar. Al menos no seas imprudente y avísame cuando te vayas.
¡Ja! Lo que los sextillizos darían por ese “horrible” Mazda.
Estuvieron separados durante toda la noche. Si bien no pudo recuperarse del todo lo cierto es que el baño le había ayudado mucho para bajar los efectos del whisky. Ahora sí, lo tenía claro: mañana volvería a Tokio. No importaba que traicionara a Kaede o a Yanagida… No quería perder a su persona especial, Todomatsu.
Al día siguiente Atsushi se levantó hasta las 10:00 de la mañana con una resaca terrible, sin embargo, recordó las palabras del otro y después de tomar un baño otra vez, fue en su busca. Estaba en la cafetería como había acostumbrado durante su estancia. Atsushi ya llevaba consigo el maletín con sus cosas, su traje bien limpio y planchado y los zapatos brillantes y pulcros. Se aproximó a su acompañante con calma.
—Yanagida…
—Buen día, bello durmiente. ¿Cómo te sientes?
—Ayer me dijiste que te avisara cuando me fuera, y aquí estoy, avisándote que ya me voy.
—Oh.
—No sé cuándo vamos a volver a toparnos, así que, si tienes algo que decirme, hazlo.
—Cuídate, Atsushi —dijo sin más. Se puso de pie al igual que el otro y le tendió la mano. Mano que Atsushi estrechó con fuerza y efimeridad.
—Tú también. Mucha suerte con el asunto.
—Con o sin ti me va a ir bien, problemático.
—Perdón por la escena que hice ayer.
—Da igual.
—Entonces… me voy.
—Claro. —Sonrió con fugacidad—. Adiós.
—Adiós. —Hizo una reverencia y se dio la media vuelta para salir del lugar.
Subió al auto sin ver hacia atrás, cosa que Yanagida tampoco hizo en un principio. Atsushi partió rumbo a Tokio. Al oír el motor arrancar y marcharse lejos, Yanagida se giró para desearle mucha suerte a su primo y decirle en su mente y corazón: «No te preocupes, déjamelo a mí. Tú debes irte y conquistar nuevos horizontes».
Pasaron varias horas de viaje. Por suerte ningún policía se cruzó en su camino y pudo llegar a tiempo. Luego de varias horas de viaje se vio entre el bullicio de Tokio, estaba en casa. En aquellas horas Todomatsu no debería estar en casa, pues era su hora de trabajo. Se alegraba de que después de todo no hubiera ido a por él hasta Shikoku.
Entró a la casa y el aroma de ésta lo embriagó de nostalgia. Se quitó los zapatos en el recibidor y dejó el maletín en el sofá de la sala. Se recostó.
Al cabo de unos treinta minutos desde su llegada luego de tantas horas en carretera decidió tomar el celular e interrumpir al joven que se encontraba en el trabajo. Timbró un par de veces.
—¡Totty! —gritaba Aida desde la cocina—. ¡Tu celular está sonando!
—Enseguida voy —dijo mientras estaba terminando de cobrar a una clienta—. ¡Sacchi! ¿Podrías ocuparte de la caja un momento, por favor? Volveré pronto. Lo siento, es importante…
—Claro, no tardes, Totty.
—Será rápido.
Todomatsu se volvió a atar el delantal y salió corriendo rápido en dirección al área de cocina. Tomó el celular en sus manos. Cuando vio el nombre de Atsushi en la pantalla del teléfono se puso ansioso, ya no sabía qué podía esperar de aquel hombre. Respiró hondo antes de contestar.
—¿Hola?
—Todomatsu, ¿qué estás haciendo ahora?
—En el trabajo… —dijo sin rodeo. El hecho de que Atsushi hubiera empezado la frase con su nombre hizo que la piel se le erizara.
—Sales a la misma hora de siempre, ¿no?
—Hoy llego a casa más temprano. Eh… ¿Qué sucede? Hablas como si tuvieras prisa.
—Es el estrés del viaje, no le prestes atención.
—¿El viaje? ¿O sea que…?
—Ya estoy en Tokio. De hecho, ya estoy en la casa. Estoy esperándote para que… podamos hablar.
—¡¿Ya estás en…?! Dios mío, qué bueno, Atsushi-kun. Solo es una hora… ¡Una hora! Espérame.
—No iré a ninguna parte, tranquilízate.
—Tengo que irme… Hagas lo que hagas, no te vayas. Adiós, voy a apurarme.
Todomatsu sintió que la hora que le quedaba de trabajo duraba más de lo normal. Como si fueran tres o cinco horas. En cuando llegó la hora de salida salió casi corriendo, olvidando despedirse de las muchachas, y tomó el metro.
El trascurso no fue largo.
Una vez estando frente a la casa no se sentía tan nervioso como cuando estaba lejos. Abrió la puerta y dejó los zapatos en el suelo justo a un lado de los de Atsushi. Una vez pasando y llegando a la sala, pudo verlo de espaldas sentado en el sillón. Estaba recargado con la cabeza hacia atrás, en completo silencio y todavía con la ropa formal. Quizá dormía… Quizá no.
Todomatsu se acercó a él con cautela y se quedó de pie en el marco de la puerta sin saber cómo encararlo.
—Ya estoy en casa, Atsushi-kun. Y, a ti también… Bienvenido.
Notes:
Ahora les traigo un capítulo más corto de lo normal porque creo que es el largo perfecto y además correcto para el encuentro entre Atsu y Totty. Gracias por esperar… Como aquí fueron menos palabras el siguiente capítulo va a llegar en muy poquito tiempo, no pasa del mes. Otra vez, ¡gracias por leer! Y, por cierto, todos sabemos quién es Tougou, ¿verdad? Si existen dudas, pregunten sin miedo.
Chapter 48: Diferencias
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
No hubo respuesta, por lo que a Todomatsu no le quedó más que avanzar y acercarse al otro. Pudo comprobar que Atsushi no dormía, pero estaba mirando hacia la ventana como si estuviera hipnotizado. El menor suspiró y se quedó de pie frente al muchacho. Cuando por fin volvió en sí, Atsushi alzó la vista para encontrarse con la mirada de confusión de Todomatsu.
En ese momento ninguno de los dos supo bien qué hacer. Todomatsu tenía el instinto de acercarse rápidamente a él y abrazarlo, decirle que lo había extrañado y que no se preocupara por nada, pero tenía tanto qué preguntarle… Por otra parte, Atsushi sentía que, si no hablaba el primero, no podría seguir viviendo con Todomatsu de la misma manera en que había vivido siempre. Un remolino de emociones pasaba por su persona otra vez. Había pasado bastante tiempo desde que no se sentaban y hablaban juntos como debía ser. Incluso mucho antes de que los problemas actuales salieran a flote.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Todomatsu primeramente, con un tono de voz suave y de verdadero interés.
A Atsushi, quien no se esperaba tal empatía por parte del otro, solo le brillaron los ojos y su entrecejo se frunció con culpabilidad. Alzó la vista para verlo fijamente.
—Todomatsu, yo... ¡La culpa fue mía por no hablar cuando debía hacerlo! ¡Yo nunca te engañé! Nunca lo haría... Escucha, ¡en realidad Kaede es…!
Todomatsu meneó la cabeza un par de veces para interrumpir a Atsushi y hacerle saber que debía olvidar todo. Se sintió confundido al notar la desesperación del otro por intentar resolver todo de inmediato. Hacía tanto que no lo veía así.
—Está bien, Atsushi-kun. Te creo. Dejemos de discutir por esto y hablémoslo con calma. No hace falta saber quién está bien y quién está mal.
—De verdad, Todomatsu. Sufriste mucho por eso, pero aquí no hay ninguna infidelidad de por medio y yo también te hice sentir mal por hacerme ideas erróneas… ¡Deja que te lo diga todo de una vez!
—Hey, está bien, está bien. —Todomatsu puso una mano en la rodilla de Atsushi para intentar tranquilizarlo. ¿Desde cuándo no se tocaban? No podía ni siquiera recordarlo. Sentirlo cerca de nuevo le hizo tener una sensación extraña. Se sentó cerca suyo justo a un lado del sofá para que pudieran dialogar. Quizá era nostalgia, quizá era su apego. Al notar que de nuevo le prestaba atención siguió hablando—. Hablaremos de eso en un momento, ¿está bien? Solo quiero saber cómo estás. Yanagida-kun me dijo que tuviste un incidente… Un ataque, en realidad. ¿Cómo te sientes? —repitió.
En vista de que no desistiría, le respondió lo que sabía que el otro quería oír.
—Ahora que estoy en casa me siento bien...
—Eso está bien —dijo y se despegó del tacto—. Me alegro. Porque, incluso si hubiera sido cierto que no me querías, que me engañabas y que querías alejarte de mí, jamás habría querido que te sucediera algo, mi amor. Nunca. Y, de verdad yo… habría hecho lo que fuera para saber que estabas con bien.
—Todomatsu… —balbuceó. Poco le faltaba para echarse a llorar.
—Hay que tomárselo con calma, la verdad es que estuve pensando en muchas cosas mientras no estabas. Me desatendí de todo, no lo pasé bien, tienes razón. Pero no todo es tu culpa… He sido muy dramático. No es la primera vez que me pasa. Con mis hermanos he sido así desde siempre; es porque soy el hermano menor y tiendo a querer creer que todos están equivocados menos yo, pero, ya no soy así y no pienso poner excusas.
Se quedaron en silencio un momento. No había manera de que la distancia que había habido entre ellos cambiara tan pronto. No obstante, al notar que Atsushi llevaba puesto todavía el pequeño pisacorbatas con forma de parra de uvas que le había regalado hace ya un buen tiempo, pudo comprobar que en efecto no mentía. Atsushi lo llevaba siempre en su corazón. Todomatsu se sintió tranquilo.
—Atsushi-kun, no quiero que te sientas incómodo conmigo. Si hay algo de lo que no quieras hablar por ahora podemos dejarlo para después, ¿ok?
—Hay muchas cosas de las que quiero hablar ahora, no creo que haya un después. Además, sé que tú también quieres saber. Solo olvidémonos de quién está bien…
—… y de quién está mal.
—Sí.
De nuevo el silencio encontró un momento para hacerse espacio entre ambos. Después de relamerse los labios y pensar en cómo continuar, Atsushi dijo:
—Kaede… es la mujer que me crio por mucho tiempo. Ella es una persona muy importante para mí, sin embargo, sigue estando atada a los fantasmas del pasado que me atormentan. De ninguna manera podría permitir que supieras algo de ella, pero… todo ha resultado muy mal por mis pésimas decisiones. No es mi madre, pero fue esposa de mi padre por un tiempo, y… mi padre…
—¿Lleva diez años en la cárcel, cierto?
—¿Cómo lo sabes?
—Digamos que… —suspiró— …hubo un incidente en casa relacionado a eso. Conozco al tipo. Es decir, a tu padre. Hay mucho de qué hablar… Pero, primero lo importante y que me ha intrigado desde el principio. ¿Cuál era la razón por la que querías irte de Tokio? Te oí hablar por teléfono sobre eso.
—Era por Kaede. Ella quería que viviéramos juntos otra vez como antes, pero no sabía que ya no estoy solo. Solo eso.
—Está bien… Y, ¿qué le dijiste?
—Que no, ¡obviamente! No puedo dejarte, Todomatsu. Eres parte de mí, ¿tienes dudas todavía?
—Tranquilo, solo quiero entender tu historia. Ya no importa lo que haya pensado antes, ahora sabemos que fue un malentendido. Te creo.
—Lamento lo que pasó con Yanagida. Forzarte así debió ser terrible y además tuviste que soportar mis estúpidos celos cuando obviamente fuiste tú quien sufrió las consecuencias de una terrible relación familiar.
—Eso… ya es parte del pasado. Sobre Tou… No, olvídalo. No quieres oír ese nombre, ya lo sé.
—Hay que hablar de eso tarde o temprano.
—Sí, pero, ninguno tiene ningún recuerdo bueno relacionado a ese nombre.
Se quedaron un momento en silencio.
—Y, además, Todomatsu, quería decirte que yo soy Takeuchi. Es el apellido de Kaede. Y también es el apellido que me salvó de portar el nombre de mi padre. Cuando era adolescente tuve que pasar por muchas cosas… Y, aunque no lo creas, mi vida tiene mucho que ver con el estilo de vida de mi padre. Pero… Pero…
—Tranquilo, tómalo con calma. Yo… ya lo sospechaba.
—¿Qué?
—En mi desesperación hice muchas cosas que no debía, pero que sin embargo me ayudaron a seguir. Acudí a Futsuumaru y él me ayudó en mucho para saber sobre ti. No lo suficiente como para dejarme tranquilo, pero sí gran parte de lo que necesito.
—¿Futsuumaru-kun? ¿Qué te dijo?
—Un poquito sobre tu familia. Me habló brevemente sobre Takahashi-san, una muchacha que llevaba tu apellido actual.
—Takahashi-san… Cielos… —Se puso ambas manos en la cabeza.
—¿Vas a… hablarme de ella?
—Ta… Takahashi. Apenas, después de tanto, pude recordarla. ¿Cómo pude olvidarla?
—¿Olvidarla? —preguntó Todomatsu. Cuando pudo ver que Atsushi se quedaba cabizbajo con la mirada clavada en el suelo y los ojos llenos de lágrimas, decidió acudir a su ayuda. Se acercó a Atsushi y le sobó la espalda—. Tranquilo, ¿qué pasa? No tienes que decir nada ahora si no quieres…
—Todomatsu…
—¿Hmh?
—Si de verdad fuiste con Futsuumaru-kun, quizá no te dijo muchas cosas hasta que yo lo hiciera primero.
—Sí, dijo algo así. —A Todomatsu se le veía preocupado.
—Pe-Pero… no creo que pueda decirte nada…
—Tómatelo con tranquilidad, Atsushi-kun. Si te fuerzas podría pasar algo peor.
—Todomatsu.
—Dime.
—Yo no creía que los audios fueran importantes… De hecho, llegué a pensar que podrían afectarme por la negatividad que contienen, pero, después de todo, ahora lo recuerdo. La razón por la que no me deshice de ellos era para no perder esa parte de mí, es decir, esa identidad. No quería olvidar a Kaede, pero, a quien en realidad había olvidado era a Nozomi. Ella es… Takahashi. Nozomi Takahashi, mi media hermana. ¿Cómo pude olvidarla? —Y entonces una lágrima recorrió la mejilla de Atsushi—. No tengo perdón.
—¿Entonces Nozomi fue tu media hermana? —repitió para estar seguro.
—Fue quien me enseñó el piano. Quien despertó mi interés por el… Tomé su apellido porque fue la persona a quien más quise durante toda mi vida en ese tiempo. No sabía ni siquiera yo mismo que tuviera una media hermana… Mi padre me obligó a conocerla. Fue fruto de una de sus aventuras con tantas mujeres. Teníamos la misma edad.
—¿Y… qué pasó?
Todomatsu sabía perfectamente que la chica estaba muerta, Futsuumaru se lo dijo. Sin embargo, quería conocer la versión de Atsushi en medida de lo que pudiera.
—No lo recuerdo… —Más lágrimas salieron de los ojos de Atsushi, las cuales limpiaba con desesperación, como si sintiera vergüenza por llorar frente a Todomatsu o quizá otra cosa—. No lo recuerdo… —repitió.
Hubo un momento en el que ninguno de los dos dijo nada; únicamente podían escucharse los gimoteos de Atsushi y Todomatsu seguía frotando su espalda para tranquilizarlo. Tenía ganas de llorar también, sin embargo, deseaba mostrarse fuerte, pues quería llegar al fondo de todo de una vez por todas. Todomatsu se sentía consternado.
—¿Sabes, Atsushi-kun? Me siento confundido… —dijo al cabo de unos instantes en los que supo que ya no se le quebraría la voz—. Hace unos años me contaste sobre ti y tu familia. Sobre la forma en que tu madre te había abandonado y de cómo tu padre te había obligado a conocer chicas. ¿Fue mentira? Si tu padre lleva poco más de una década en prisión, no puede ser cierto… Dime, ¿me mentiste? Cuando me contaste sobre cómo tu padre volvió a enamorarse de otra mujer y sobre cómo tú… Bueno, no fue verdad, ¿no es así?
—Es la verdad que yo conocía, Todomatsu… O eso es lo que mi mente quería que creyera. Quizá solo quería protegerme a mí mismo —susurró.
—No entiendo.
—No puedo contarte todo ahora claramente porque creo que yo… —hizo una pausa, pero parecía querer seguir la frase.
—¿Porque tú…?
El hecho de que Atsushi hablara sobre fragmentos de su vida de manera interrumpida hacía que Todomatsu se confundiera más. Estaba casi seguro de que ni siquiera el propio Atsushi sabía cómo lidiar con sus problemas y sintió pena por él. No sabía de qué manera podrían resolver sus diferencias de aquella forma, pues, por más que se explicara, Atsushi hablaba en partes sin poder hilar nada de manera correcta y no llegaban a ninguna parte.
—Yo… tengo amnesia.
—¿Eh? ¿Amnesia?, ¿cómo lo sabes?
—No estoy seguro. Las imágenes van y vienen… Y mis recuerdos también. Ahora que lo mencionas, en aquel momento cuando te dije todo aquello sobre mi familia, jamás pude recordar a Kaede o a Kinko o a Nozomi. He sido un tonto…
—Ahora que lo recuerdo, Maru dijo algo así, pero no estaba seguro de nada. Ni él ni yo.
—Quizá… necesito una hipnosis o algo…
—No, vas a estar bien. Solamente necesitas contarme todo lo que recuerdes por ahora, no hace falta que te sientas presionado.
—Lo siento, Todomatsu. Te hablé de mi madre, pero creo que esa versión no era verdad… No puedo recordar bien. En este momento, ahora que puedo recordar su rostro otra vez, me gustaría saber en dónde está mi hermana. —Una nueva lágrima se resbaló desde arriba hasta la barbilla.
—¿Sabes qué, Atsushi-kun? Todavía no logro entender casi nada, pero vayamos arriba a la habitación. Necesitas dormir, anda. Tuviste un golpe emocional, es evidente… Pero lo más importante ahora es que pienses con claridad luego de descansar lo suficiente. Vamos, ven conmigo. —Todomatsu se puso de pie mientras tomaba ambas manos de Atsushi para ayudarlo a levantarse. Sin protestar subieron juntos a la habitación. Atsushi fue arropado por Todomatsu quien le quitó los zapatos, el saco y la corbata y lo puso sobre la cama como un niño asustado—. Duerme lo que necesites y no te preocupes por nada ahora, ¿ok? No tengo ningún resentimiento hacia ti. Hablaremos cuando estés listo.
—Todomatsu…
—Dime.
—Lo siento… por hacerte sufrir tanto. Si no me hubieras conocido no tendrías diferencias con tus padres y ahora tú no…
—¡Hey, basta! Está bien, todo está bien. No estás solo. Siempre me has ayudado cuando más lo he necesitado y ahora tú necesitas un empujoncito, nada más. Esto solo es una pequeña piedra más en el camino, vas a sentirte mejor una vez que hayas descansado. Anda, a dormir. —Todomatsu le puso las cobijas encima y lo palpó por encima con cariño y cuidado—. Voy a quedarme contigo hasta que te quedes dormido.
Atsushi no dijo nada más. Estaba totalmente absorto en sus memorias y recientes acontecimientos. A pesar de que era de día todavía, se dispuso a dormir sin objetar nada. Perdió el conocimiento casi de inmediato; el menor pudo notarlo al percatarse de que su respiración se había vuelto pesada.
Para Todomatsu era totalmente extraño ver a Atsushi de aquella manera, pues estaba totalmente acostumbrado a ser notablemente más sensible que el mayor. No obstante, entendía que, si de verdad había estado hospitalizado por un problema emocional, entonces debía ser verdaderamente importante lo que sea que pasara por su mente. Después de escuchar hablar a Futsuumaru y sumando el asunto de los audios y el saber al cien por ciento que Takeuchi era Atsushi, la posibilidad de que tuviera amnesia resultaba cada vez más cierta.
Estuvo a un lado de Atsushi unos diez minutos más luego de percatarse de que estaba sumido en un profundo sueño.
Atsushi durmió casi tres horas. Cuando hubo despertado, fue Todomatsu quien se aproximó al mayor luego de verlo enderezarse sobre la cama con el pelo revuelto y expresión aun somnolienta.
—Atsushi-kun, ¿cómo te sientes?
—Todomatsu… Creí que quizás todo había sido un sueño y seguiría en el hotel en Shikoku al despertar. Qué alegría…
—Ja, ja, tranquilízate. ¿Dormiste bien? Ten, es té de menta. Ayuda mucho para el estrés y el dolor de cabeza, te va a sentar bien. Cuidado que sigue caliente.
—Gracias… —Con cuidado tomó apenas un sorbo de la taza e hizo un gesto de gratitud.
Todomatsu seguía observándolo con detenimiento intentando notar si le ocultaba algo, pero no era así. Se sentó en la orilla de la cama mientras Atsushi seguía solamente enderezado luego de dormir un buen rato. El pelo se le aplacó y Todomatsu le dijo:
—¿Quieres que llame a la oficina en tu lugar y te reporto enfermo?
—No, no. Imposible. Ese es asunto mío…
—No es por desmotivarte, pero eres solo un número para ellos.
—Sé cómo tratar mis asuntos laborales, Todomatsu. Pero gracias.
—Bien, no insistiré.
Atsushi hizo una pausa luego de haber bebido casi todo el té por completo. Dejó la taza a un lado en el buró y se cruzó de piernas sobre la cama.
—Sobre hace rato… ¿Quieres escuchar? Tuve un sueño relacionado a ello. O quizá… eran memorias.
—Soy todo oídos, Atsushi-kun. También tengo cosas que decirte, pero tómate tu tiempo primero.
—Mi media hermana murió luego de la graduación. La vi en mi sueño, sonriente y linda como ella era… Cielos, no puedo creer que la haya olvidado. No recordaba ningún fragmento de mi vida en donde ella estuviera. —Los ojos de Atsushi de nuevo se volvieron a llenar de lágrimas—. Lo siento, no puedo mantenerme en calma… No me había dado cuenta de lo mucho que la extrañaba hasta ahora. Perdí una parte de mí y no lo sabía.
—Confía en mí. Aquí estoy para escucharte… —dijo y posó una de sus manos en las de Atsushi tocándolo con ternura. Sus manos eran muy cálidas luego del sueño profundo.
—¿Sabes qué? Mi padre era un criminal y me negué a creerlo durante mucho tiempo. Muchas personas sufrieron sus abusos…. Una de las personas con más severas consecuencias a causa suya fue la hermana de Yanagida, mi prima. Creo que no pudo vivir con los recuerdos del pasado y dejó todo atrás para siempre a decisión propia, si sabes a lo que me refiero…
—Lo entiendo —dijo Todomatsu con voz queda y expresión de profunda pena.
—Creo que Yanagida estuvo obsesionado un tiempo conmigo pensando en que, si no podía vengarse de mi padre, se vengaría de mí. Es decir, soy el hijo de un monstruo, ¿no? Pe-Pero… no fue la única vez que hizo algo de ese tipo. Hacía toda clase de cosas y le divertía hacerlo… No estoy seguro de que verdaderamente fuera parte de la yakuza, pero, era algo parecido. Ugh, ¿por qué recuerdo todo tan de repente? No lo entiendo…
—Fue porque recordaste tu antiguo nombre, seguramente. ¿Hace cuánto dejaste de ser Takeuchi?
—Oh, fue peor todavía. Solía ser Tougou-kun. ¡Cuánto aborrecí llevar aquel nombre! Y Nishida-sensei insistía en usarlo… Le dije mil veces que no lo hiciera.
—Sobre eso…
—Era mi antiguo psicólogo. Creo que te diste cuenta hace un tiempo. Pues, bien, ese hombre también fue asesinado por mi padre, creo. Desde un principio creí que quería ayudarme con mis problemas, pero era solo un tipo contratado por mi padre para revelarle todas mis verdades y seguir torturándome cuanto pudiera con mi vida personal… Quería saberlo todo sobre Kaede; mi padre estaba obsesionado con ella. A pesar de haberse casado con ella y luego del divorcio, quería saberlo todo. Huir con ella fue la mejor decisión que tomé. Ese monstruo nos acechaba a ambos todo el tiempo. Grababa absolutamente todas las conversaciones para enterarse de cualquier detalle y yo no lo sabía. ¡No tenía idea!, ¡me vigilaba!, ¡lo grababa todo! —Chocó los puños sobre la cama con impotencia—. Cuando dejó de ser útil para mi padre hizo lo que tenía que hacer… No volví a verlo jamás. Y, la verdad, aunque tuve esas sesiones durante meses, no recuerdo nada más allá de lo que sigue en las grabaciones que están guardadas en el ático. Las guardé para nunca olvidar…, sin embargo, lo hice. Soy incapaz de recordar muchas cosas. No recuerdo bien a mi madre… No recuerdo si realmente me quería. No recuerdo si de verdad está muerta o fue una ilusión. —Las lágrimas brotaron de sus ojos.
Todomatsu se aproximó a él y comenzó de nuevo a frotarle la espalda. Estaba a un lado suyo dándole el apoyo que necesitaba.
—Futsuumaru-kun siempre estuvo apoyándome con todo… Es el mejor amigo que alguien podría tener. Lo sabía todo y aun así nunca se alejó de mi…
—Pues claro, no fue tu culpa. Lo que sea que Tougou podría haber hecho no es culpa de nadie. Hay personas malvadas en el mundo.
—¿Sabes? Creo que fue a causa suya que tu rostro me fue tan familiar… Al igual que el rostro de tus hermanos.
—¿Eh?, ¿qué tiene que ver?
—En nuestra antigua casa mi padre escondía toda clase de secretos… Entre sus cosas, ciertas fotografías. Mujeres, niños… y varias libretas con apuntes de futuros planes terribles. El rostro de alguien parecido a ustedes estaba entre esas cosas, lo vi una vez y nunca pude olvidarlo. Era horrible. Aquella vez cuando te vi tuve la sensación de conocerte de antes y lo mismo me pasó con tus hermanos. Me temo que inconscientemente me sintiera atraído por ti debido a los recuerdos, y me niego a creerlo. Eran todos iguales así que no supe quién podía ser, pero luego de un tiempo lo pensé. Mi padre era muy minucioso con todo, llevaba la cuenta de sus actividades diarias… Todavía lo recuerdo —dijo como si pensara en voz alta y musitó—: “3 personas, 15 gatos, 3 ranas y 100 pulgas”. Tres personas. Tres personas…
—Ugh… —Todomatsu sintió nauseas repentinamente y se puso de pie.
—To…Todomatsu, ¿estás bien? —exclamó con preocupación a pesar de que era él quien tenía lágrimas en el rostro.
—Osomatsu-niisan… —balbuceó—. Lo sabía.
—¿Eh?
—No era yo, sé que no era yo. Era él. —Volvió a sentarse en el borde de la cama y cubrió su rostro con ambas de sus manos—. Ese tipo… Lo sabía.
—Ahora yo no lo entiendo.
—Atsushi-kun, mi hermano fue víctima de ese tipo, tu padre. Le hizo cosas horribles que nunca pudo contar con claridad y tan solo conocemos una parte de esa historia, pero todo ha quedado atrás… Estuvo en nuestra casa por un tiempo, es por eso que recuerdo ese nombre siempre. Y… —mientras Todomatsu hablaba, temblaba— …estoy seguro de que tenía fotos de mi hermano en su casa o entre cualquiera de sus pertenencias… Pobre Osomatsu-niisan —gimió—. Siempre dijo que ser el hermano mayor es igual a ser un saco de boxeo emocional. No entendí sus palabras hasta que crecí un poco más. Es verdad… A pesar de ser todos de la misma edad, Osomatsu siempre ha sido el pilar de cada uno de nosotros y sufre más que cualquiera en el interior probablemente. Por eso creo que entiendo tus sentimientos respecto a… Tougou. Porque lamentablemente sé quién es.
Todomatsu y Atsushi se vieron a los ojos un momento. Todomatsu que había oído rumores pero que no había vivido en carne propia el terror de estar entre las garras de un feroz depredador al igual que su novio y hermano, se encontraba afligido, pero extrañamente sereno a la vez.
Atsushi, como si se tratara de un niño pequeño, se puso a llorar en silencio sin agregar nada más. El otro joven sin poder hacer nada únicamente pasaba sus manos por su cuerpo para darle apoyo. Escuchar los tímidos sollozos del mayor era profundamente doloroso; no era algo que fuera recurrente y era un tema serio de tratar, que de manera curiosa estaba siendo relatado y digerido con paciencia.
—Atsushi-kun, ¿la razón definitiva por la que querías irte de Tokio era para irte con Kaede-san? Porque yo siento que quizá hay otra razón. Tal vez no eres feliz aquí… ¿Me equivoco?
—Es la única razón, Todomatsu. Pero fui un tonto, pues ahora mismo no lo consideraría para nada. Porque… tú eres ahora mi única familia. —Atsushi ya no hacía ni el más mínimo intento por limpiar sus lágrimas, pues no pararían de brotar.
—Oh, Atsu…
Entonces Todomatsu no pudo evitar tampoco que sus lágrimas fueran libres y decidieran recorrer su rostro. Se acercó al mayor y ahí mismo en la cama lo rodeó con sus brazos; ambos estaban rotos momentáneamente. Estuvieron envueltos en un abrazo mientras ambos lloraban en silencio sin decir o hacer nada. En medio de la ausencia de sonido de aquel tranquilo hogar, tan solo podían centrarse en el sonido de sus respiraciones entrecortadas, sus gimoteos, y sentir sus trémulos cuerpos ocultando sus frustrantes palpitaciones. Fue un tiempo que pareció ser más largo de lo normal.
En ese momento, Atsushi y Todomatsu se habían perdonado el uno al otro sin palabras, por lo que habían hecho y también por lo que no habían hecho.
Todo volvió a ser como antes entre ellos y ya lo sabían desde el momento en que tuvieron tacto, sin embargo, las palabras entre ambos aun eran necesarias para aclarar absolutamente todo.
Entre gemidos de angustia y todavía aferrado a los brazos de Atsushi, Todomatsu habló con voz tenue.
—Futsuumaru me lo dijo… —dijo Todomatsu mientras hacía una pausa para seguir hablando después de retomar el aire que le faltaba—. Me dijo que tú y yo nos parecemos en algo que hicimos. O, mejor dicho, que intentamos hacer. Ambos en un punto quisimos dejar todo atrás al modo fácil para siempre… ¿Sabes a lo que me refiero?
—¿Te lo dijo?
—Entonces sí estabas ocultándolo…
—No lo ocultaba, acabo de recordarlo. Creía que era un sueño. Todo este tiempo creía que esas imágenes habían sido solo una ilusión.
—Sabías cómo me sentí en aquel entonces y por eso rompiste en llanto al encontrarme, aun lo recuerdo. Lo siento, Atsushi-kun, no sabía que habías pasado por lo mismo… Fui muy imprudente. Pe-Pero… ya es momento de olvidar. Olvidarlo todo para siempre y seguir adelante, juntos.
—Sí, juntos. Eso es justo lo que deseo, Todomatsu —dijo mientras se separaba un poco para verlo a los ojos luego de limpiarse las lágrimas con la tela del hombro—. Pero no es fácil olvidar, hay asuntos pendientes.
—Sí, un asunto que ha quedado en manos de Yanagida, ¿no?
—Me preocupa. Finge ser fuerte y estar tranquilo, pero no es así…
—Hey, si estuvo de acuerdo en tu regreso a Tokio quiere decir que tiene todo bajo control. Tranquilízate.
—Pero…
—Ya estoy contigo. Ya no soy el chico ingenuo de 20 años que conociste… Puedo ayudarte con cualquier cosa.
Atsushi soltó un suspiro de alivio que a la vez parecía esconder una incertidumbre indescriptible. Finalmente se separó del otro aunque sin soltarse del agarre de manos.
—No creí que esos audios en el sótano o ático fueran tan importantes ni que aparecerían en un momento específico de mi vida como ha ocurrido. Perdón por preocuparte, solo no quería perder esas memorias porque yo… no quería olvidarme a mí mismo. La amnesia estaba jugando conmigo y no quería perderme.
—No te preocupes. En primer lugar debí ser directo contigo.
—La culpa fue mía…
—Shh… —Puso su dedo índice en sus labios indicando silencio—. Basta de intentar cargar la culpa. Ambos estuvimos mal… en cualquier aspecto, pero arreglaremos nuestros errores como lo hacemos ahora, ¿bien?
Atsushi asintió y se echó hacia atrás.
—Todomatsu…
—¿Hmh? —Se limpió las lágrimas.
—Hay algo que me hizo recordar mi vida… hace un tiempo. Y también fue gracias a ti. —Sorbió con la nariz mientras se volvía a acomodar el pelo—. Cuando me pediste que tocara el piano para ti. Fue casi en automático, pero pude recordar la manera de hacerlo… Pude recordar más al leer las cartas de tu hermano y la melodía mientras estabas conmigo. Fue gracias a ti. Y, ¿sabes? Nunca odié el piano, ahora creo saber cómo me sentía en realidad al negarme. El piano siempre fue mi escape; lo que me hacía feliz y me motivaba día con día en aquellos días cuando vivía con Kaede y mi padre. Por eso no quería acostumbrarme a llevarlo conmigo incluso en mis peores días, porque se volvería una costumbre y después ya no sería algo especial. Si me dedicaba al piano, ¡no tendría a donde huir después!, pero… en el fondo no quería dejarlo ir.
—Ahora lo entiendo… Gracias por contarme. No tenía idea de tus sentimientos acerca de la música. Supongo que también te traje recuerdos de aquellos malos días.
—Sí, lo hizo. —Sonrió—. Pero detrás de esos malos recuerdos había buenos momentos también. Solo el piano y yo escuchándonos y tocándonos el uno al otro. No me había dado cuenta de que se sentía tan cálido porque, no solo eran las melodías o las cartas que recibía por tal acto, sino que detrás de todo ello podía sentir a Nozomi conmigo. Ahora lo único que me queda de ella es su apellido, unas cuantas memorias borrosas y sus lecciones de piano que soy incapaz de olvidar… Por eso, gracias. Desde ese momento comencé a recordarla de nuevo y no sabía lo mucho que me hacía falta. —Una nueva lágrima cayó—. Gracias —repitió.
—Gracias a ti por abrirme tu corazón y dejarme escuchar tu melodía. —Todomatsu tomó ambas manos del mayor entre las suyas y las mantuvo así para darle apoyo—. Y, ¿sabes qué? Ya que estamos, también tengo algo que decirte y darte las gracias por eso. —Todomatsu se puso de pie y ahí mismo en la habitación se puso a buscar algo entre el ropero. Lo encontró—. Mira, ¿lo recuerdas? Fue poco después de conocernos cuando me lo diste, en esos días cuando creíamos que nuestro amor era imposible. Pero, después de todo, aquí estamos juntos.
Todomatsu le mostró a Atsushi el pequeño conejito rosa de peluche que le había regalado luego de unos días de su enamoramiento.
—Esto es…
—A pesar del tiempo lo he guardado conmigo por mucho tiempo. Me lo dio mi hermano Ichimatsu de tu parte. Ja, ja… Qué nostalgia. No podía dejar que supieran nada de ti, pero él era el único en quien podía confiar. Me puse feliz al darme cuenta de que no te habías olvidado de mí. Nunca me había gustado tanto nadie como lo hiciste tú. Y, cada que me sentía solo lo sostenía entre mis manos y… pensaba que eras tú. Siempre recuerdo esa sensación de miedo y soledad, pero llegabas a mi mente y todo se volvía claro.
—Todomatsu, no tenía idea.
—Ja… —Soltó una risa con pena, sonrojado—. Por eso, me gustaría ser para ti lo que este conejito significó para mí en su tiempo. No solo como tu amuleto de la suerte, sino también como tu soporte y alma gemela.
—¡Claro que te considero así! Siempre has significado tanto para mí…
—Y, para estar seguros, no significa que no debamos tener peleas a partir de ahora. Las parejas tienen peleas… Solo hay que hablar con calma luego de cada discusión. Es mi propuesta.
—No podría estar más de acuerdo.
Atsushi no pudo evitarlo y se puso a llorar otra vez. Estaba tan abatido y había estado tan solo todo el tiempo que no sabía cómo debía actuar. Solo le quedaba estar acurrucado entre los brazos del menor hasta cansarse de soltar el llanto. Sus cabellos castaños eran acariciados con ternura y a cambio se hundía más en el pecho ajeno. Todomatsu se acercó al otro y con la manga secó las lágrimas que salían todavía de sus ojos.
—Calma… Ya no importa lo que haya pasado. El sujeto que tienes por padre ya ha pagado en confinamiento y lo seguirá haciendo. Kaede está bien ahora, ¿verdad? Lo que importa es que estás aquí.
—Kinko… Nozomi… —gemía con pena.
—Shh… Ya, ya. Estoy aquí contigo.
De nuevo se abrazaron y acurrucaron en la cama. Finalmente habían podido entablar conversación sobre el asunto.
No importaba lo que había ocurrido en el pasado o los malos entendidos que hubiera habido entre ellos, ahora estaban juntos y estaban bien.
Ambos, como si fueran infantes dolidos y asustados, se mantuvieron el uno al lado del otro sintiéndose uno solo, tomados de las manos y manteniéndose cerca como si temieran que una corriente los separara.
—Acabo de despertar… No creo poder dormir otra vez —dijo Atsushi un poco más tranquilo mientras se estiraba en la cama.
—Entiendo, aun así, debes estar cansado. ¿Quieres comer algo?
—Mmm… Quedémonos un poco más aquí, ¿sí? Fantaseé mucho con estar así contigo.
—No me digas que pensabas en algo más… —dijo sonrojado.
—¿Tú no?
—¡Oh, Atsushi! —Saltó y se sentó en la cama—. Si puedes bromear ya no te sientes tan mal entonces… ¡Dios! Y todavía que me haces llorar y llorar como una criatura… Ugh.
—Calma, estoy jugando. Ven aquí, ya iremos a comer algo en unos minutos.
—Atsushi-kun…
—Fuiste tú quien dijo que debíamos dejar todo atrás. El pasado ya pasó.
—Estabas llorando como un bebé hace unos instantes y ahora me dices esto… Ven aquí. —Todomatsu lo envolvió entre sus brazos y se lanzó sobre él—. Cualquier cosa que te moleste tienes que decírmela, ¿ok?
En ese momento, Atsushi sí que recordó algo que le molestaba, pero no diría nada hasta después de la cena, cuando a Todomatsu ya no le doliera la garganta por tanto llorar o él mismo se sintiera un poco mejor.
—Ok…
Notes:
Finalmente los muchachos están unidos otra vez en cuerpo y alma. ¡Qué alegría! Después de tantos años nos estamos acercando a la parte final del último arco. Faltan varias cosas, pero me gustaría ir lento porque mi nostalgia no me permite escribir rápido, no quiero soltar y dejar esta historia para siempre. Comencé este fanfic cuando recién comenzaba la preparatoria hace años y ahora finalmente estoy en la universidad. Ver las notas de capítulos anteriores me trae recuerdos agridulces, ay…
Ah, y conseguí un trabajo de tiempo completo hace unas semanas así que además de las tareas se me va todo el tiempo allí y no puedo escribir tanto como quisiera. ¡Antes era tan fácil actualizar semanalmente! :’(
Bueno, de nuevo doy gracias a quienes siguen leyéndome y alentándome. Gracias por aceptar a mis personajes, adoro agregar OC’s en mis historias para generar un cambio notable. Aquí tengo a Kaede y a Nishida, y en “Hasta el último momento” están Aoi y Kichiro… Gracias por quererlos, pero ya es tiempo de decirles adiós, espero que no les haya molestado.Que pasen una bonita semana <3
Chapter 49: Lo desconocido
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
A pesar de que Atsushi decía no estar cansado, había terminado sumiéndose en el reposo, por lo que quedó en el mundo de los sueños una vez más. Estaba fatigado por tanto llorar, no pensaba en otra cosa.
Aprovechando el momento, Todomatsu se dirigió a la habitación para terminar de ordenar el desastre del hogar. Había olvidado por completo corregir el desorden. No habían pasado ni siquiera quince minutos cuando de repente el tono de su celular se dejó oír, era una llamada entrante. Enseguida respondió teniendo cuidado de que Atsushi no despertara, sin embargo, no tenía en cuenta que en efecto Atsushi había escuchado aquel sonido estridente.
Para evitar mayores molestias se dirigió hacia la planta baja y atendió la llamada. No reconocía el numero en pantalla.
—¿Hola?
—Todomatsu-kun.
—Eh, ¿usted es…?
—Soy Yanagida, el primo de tu prometido. —Yanagida había hablado sin tapujos. Al oír su voz y reconocerlo, Todomatsu se quedó callado y pasmado, además de pensativo por oír la mención de “prometido”, no obstante, a pesar de la ausencia de respuesta el moreno siguió hablando al escuchar su respiración tras la línea—. Oye… Lo de antes… Yo… —Suspiró y dijo rápidamente lo que tenía que decir—. Discúlpame, hombre. Lo que hice fue horrible, grosero e irresponsable. No debí usarte así. Estaba desesperado y fue mi única alternativa, sin embargo, soy lo suficientemente maduro para comprender que no tengo excusa. Solo… quería disculparme antes de que ocurra cualquier cosa. De ser posible me habría gustado disculparme cara a cara, pero en la situación actual es impensable. Lamento haberte incomodado y crear un caos entre tú y mi primo, no era la principal intención. —Esperó unos instantes por la respuesta de Todomatsu pero no la obtuvo. Prosiguió—: No le digas a Atsushi que te llamé, no quiero que se preocupe más. Creo que… —Suspiró y no dijo nada. No tenía idea de cómo continuar, estaba exhausto de todo.
Al percibir el pesado silencio, Todomatsu habló por fin.
—Atsushi-kun y yo hablamos sobre muchas cosas. Creo que no queda nada oculto.
—Entiendo…
—Asegúrate de resolver ese asunto, ¿bien? Tengo un interés personal por saber que ese sujeto pague lo que ha hecho, sin importar que sea su papá.
Yanagida no comprendió.
—Estoy en eso. Voy a llamarlo más tarde. Quizá dentro de unos días, cuando, por suerte, ya esté hecho.
Todomatsu hizo un sonido de afirmación.
—Entonces, voy a… —Yanagida estaba a punto de colgar, cuando de repente fue interrumpido por Todomatsu.
—Acepto tus disculpas. Sin embargo, tendrás que mostrarme la cara otra vez algún día. Eres la única familia de Atsushi-kun, quizá no sea abierto con sus sentimientos, pero te aprecia. No quiero que lo abandones.
—Hey —Yanagida soltó una risita antes de continuar—, ¿estás de juego? ¿Soy su única familia? Tonto Todomatsu. Tú eres ahora su única maldita familia, no me des demasiada carga, bobo. En fin, es todo lo que tengo para decirte.
—¿No preguntas por él?
—Las noticias malas llegan siempre primero. Creo que al oírte puedo deducir que está bien y me alegra. Cuídalo, ¿sí? No dejes que se preocupe demasiado.
—Por cierto, gracias por… llamarme antes para informarme sobre la situación de Atsushi-kun.
—Era mi deber. En fin, hasta luego cousin in law.
La llamada se cortó. Con aquella última frase no pudo evitar acordarse de su hermano Karamatsu con sus ridículas palabras para hacerse el interesante y cool. Lo extrañaba mucho.
Todomatsu se quedó pensativo un momento viendo el teléfono y recordando las palabras del joven. «Con que su familia, ¿eh?», sonrió. Estaba tan ensimismado que no había notado que Atsushi lo miraba desde arriba al final de las escaleras. Estaba adormilado, descalzo y con el pelo revuelto. Cuando había escuchado a Todomatsu hablando por teléfono sintió curiosidad, pero no le preguntó nada al respecto. Al oír el rechinido de uno de los escalones, Todomatsu se volteó rápidamente.
—Oh, Atsushi-kun, despertaste. ¿Te sientes mejor? Voy a hacer la cena recién así que…
—Tengo que hacer algo.
—¿Cómo?, ¿ahora?
—No, después, en el trabajo. Pero… quería decírtelo. Dijiste hace unas horas que podía decirte cualquier cosa que me molestara, y por fin pude recordar algo que me molesta un poco. De hecho, me molesta muchísimo, como no tienes una idea. Y es otra vez culpa mía… por no ser yo.
—Bien, ¿de qué se trata? Mencionaste tu trabajo, pero…—dijo mientras se recargaba contra la mesa. Atsushi dio unos pasos hacia abajo para estar frente a frente con Todomatsu. Mantuvo los pies descalzos sobre la alfombra. Al notar que no tenía ni idea de cómo empezar, se dirigió a Atsushi y lo tomó de los brazos, frotándolos con gentileza. Reanudó el dialogo—: Sentémonos en el sofá. A menos que quieras comer algo primero…
—No, no. Sentarse en el sofá de la sala está bien.
Ambos estuvieron de repente frente a frente en el sofá como siempre solían hacerlo al hablar de cualquier cosa desde que estuvieron juntos. Tanto Atsushi como Todomatsu estaban ya bien descansados, y aunque entre ellos hubo mucho por lo que pensar mal y sufrir demasiado, todo había pasado. Era solo eso: parte del pasado. Ninguno tenía resentimiento por el otro, todo estaba tan claro como el agua.
Después de la conversación que habían tenido, todo parecía estar bien; igual que siempre. Atsushi se estuvo en silencio un momento hasta que pudo por fin pensar en las palabras correctas para empezar a decir lo que pensaba.
—Quiero empezar de nuevo —dijo—. Pero primero tengo que tratar un asunto en el trabajo relacionado a… quizá… fraudes de trabajo.
—¿Qué?, ¿fraudes? ¿Y eso te relaciona a ti?
—Estaba demasiado tenso por lo de antes que acepté hacer cualquier cosa mientras no perdiera mi empleo. Ahora me doy cuenta de mi error, pero, ¿no hay manera de acabar con esto o sí?
—¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo? —preguntó con preocupación.
—Unas semanas. Meses, quizá. No más de medio año.
—¡Atsushi-kun…!
—¡Lo sé! Lo sé, estuvo mal. Pero de verdad no tenía de otra hasta ese momento... Tenía miedo de todo. Si me quedaba sin mis ingresos quizá podría perderlo todo… y necesitaba el dinero.
—¿De qué se trata exactamente?
—Quizá… estuve evadiendo impuestos de la empresa o algo así…
—B-Bien, y… ¿cómo puede solucionarse?
—Creo que no puede, a menos que haga mi renuncia.
—¡¿Qué?! Atsushi-kun, no tienes que hacerlo. ¡Hallaremos la manera!
—De hecho, creo que no quiero encontrar una manera. Estoy harto de todo. Esto no es lo que quiero. ¡No lo quiero! De eso quería hablarte… Me gustaría empezar de nuevo en otra parte contigo.
—¿Conmigo? —Sus ojos se abrieron enormemente.
—¿No te gustaría?
—¡Definitivamente!, pero…
—Oh, es tu familia, ¿cierto? Lo siento, no debí preguntarte. Después de todo, no estás solo como yo.
—¡Hey, me tienes a mí!
Atsushi sonrió repentinamente.
—Ja, ja. Lo siento, ¡no me refería a que no contaras!
—No pasa nada, entiendo lo que quieres decir. —Ambos guardaron silencio un momento y Todomatsu continuó diciendo—: Me leíste la mente, Atsushi-kun. La verdad es que yo tampoco quiero seguir con mi estilo de vida… Estoy harto desde que tengo 20, y cuatro años después, mi vida sigue siendo la misma. Pensaba en no volver a la cafetería jamás. Pero no estoy seguro… Si ambos renunciamos a nuestros trabajos será un caos.
—Conozco a alguien que puede ayudarme con mi empleo. No voy a ganar ni la mitad de mi sueldo actual, pero, creo que no importa.
—¿De verdad no te importa? Ni siquiera tengo un empleo mejor que tú y no tengo posibilidades.
—Vaya, Todomatsu. —Suspiró todavía con su rostro somnoliento—. Ya hallaremos una forma. Solo… quería saber sobre una segunda opinión.
—¡Déjalo todo! —exclamó mientras revolvía los cabellos de Atsushi y sus ojos se cubrían de lágrimas de alegría—. ¡Larguémonos juntos hasta el fin del mundo!
—Pero…
—¡Voy a extrañar mucho a mis hermanos pero me di cuenta de que no puedo vivir sin ti, Atsushi-kun! Lo supe siempre desde que te ibas por esa maldita puerta y no volteabas a verme… ¡No te culpo! ¡Tuve gran parte de la culpa también! Pero, me entiendes, ¿verdad? Quiero estar contigo… —Se abalanzó a los brazos de Atsushi—. Solo contigo.
—También yo. —Correspondió al abrazo.
—Voy a dejar todo atrás cuando me pidas que lo haga…
—Todomatsu, ¿estás seguro?
—Sí. —Asintió muchísimas veces.
Atsushi soltó una risita y Todomatsu terminó imitándolo. Quizá, luego de meses y meses de sufrir la rutina deberían darle un giro a sus vidas y el momento había llegado. Tan solo deberían pensárselo mejor.
—¿A dónde quieres irte, Atsushi-kun?
—Todavía no lo sé.
—¿Y cuándo?
—No estoy seguro.
—Veo que… no has pensado mucho sobre esto.
—No en realidad, solamente quiero irme lejos contigo.
[ …… ]
Pasó una semana.
Todomatsu se encontraba en la cafetería trabajando, en su propio mundo, cuando de pronto el llamado de sus compañeras hizo que se regresara a la realidad.
—¡Totty!
—¿Uh? Oh, lo siento, ¿decían algo?
—Has estado muy distraído… —le dijo la chica de cabellos rizados.
—Sí —complementó la otra—. Creímos que estarías mejor después de que hablaste con Atsushi-kun y… todo pudo resolverse.
—¿Les conté de eso? No lo recuerdo… Descuiden, Aida, Sacchi, estoy bien. Es solo que…
—“¿Solo que…?”
—Quisiera darle un giro a mi vida. Quiero ser una mejor persona. Estoy aburrido de hacer siempre lo mismo. No es que me vaya mal, pero, debo hacer algo para generar un cambio.
—¿Vas a irte? —preguntó Aida sin rodeos, con genuina inocencia.
Todomatsu se quedó congelado. Era lo que había comentado con Atsushi, aunque no estaba seguro de cómo o cuando lo haría. Se talló las manos con el delantal, acto que solo puso en exposición su nerviosismo y se dirigió a ellas con firmeza. Sus palabras no solían ser siempre directas y concisas, pero hablaba con el corazón y razonamiento.
—No puedo trabajar en esta cafetería para siempre, ¿saben? —Sonrió—. Ya tengo 24 años. Debería hacer algo más… No me lo tomen a mal por favor, pero, todo este tiempo me he estado sintiendo como un gusano en la tierra observando a los pájaros del cielo. ¡Yo quiero alas también!
Todomatsu temía que sus amigas lo juzgaran, pero para su sorpresa, la expresión en el rostro de las chicas se suavizó.
—Te entiendo, Totty. —Sacchi suspiró.
—También yo —dijo Aida—. Creo que también quiero encontrar mi propio camino. Me he dado cuanto que siempre termino limitándome por culpa de otros. Estoy segura que te sientes de la misma manera.
—En realidad sí.
—¿Qué harás?
—No estoy seguro...
—Retomar la universidad sería genial, ¿no te parece?
—¿Universidad?
—¡Sí! —convino Sacchi—. ¡Quisiera volver a la universidad también! Hay mucho por hacer y nunca es tarde… De hecho, quizá debería olvidarme de la cafetería también.
—Eh…
—No te preocupes, Totty. Lo haré mucho después.
—¡Uff! Gracias. —Suspiró y a su vez las chicas rieron. Quizá todos habían estado pensando lo mismo y no lo habían comentado. Era lógico de cada persona que no quisieran estar siempre en el mismo lugar haciendo lo de siempre. Al final Todomatsu se armó de valor y pidiéndole a las chicas que no le dijeran nada a nadie hasta entonces, dijo—: En un mes. Luego renunciaré. Voy a irme lejos…
—Con que así será, ¿eh?
—Mucha suerte, Totty. ¡Al menos ya sabes qué hacer con tu vida! Yo no tengo ni idea…
—Yo no diría que sé qué hacer, solo sé lo que no quiero hacer.
Y de nuevo las risas se hicieron presentes. Luego los clientes comenzaron a llegar y retomaron la jornada. Elegir un camino era más difícil de lo que parecía, después de todo.
Pronto el reloj marcó las 6:00 de la tarde, su hora de salida. Estaba oscuro, la luna comenzaba a manifestarse y las luces urbanas contaminaban el cielo estrellado. Caminaba rumbo a la estación cuando varios pensamientos cruzaron por su mente.
«Debería hablar con Atsushi-kun sobre esto. Y también… debería ir a ver a mis padres».
Estaba repleto de gente. El tren, para sorpresa suya, se había retrasado, por lo que luego de recibir mil disculpas por parte del personal pudo llegar a casa un poco más tarde de lo normal. Cuando entró se dio cuenta de que Atsushi no estaba. Resopló y se dirigió al baño para tomar una ducha. Comenzó a quitarse la ropa y cuando el agua cálida lo empapó soltó un suspiro de alivio.
Estuvo unas horas viendo televisión, cocinando y jugando videojuegos antes de que su cuerpo comenzara a sentirse cansado. Una última intervención antes de irse a dormir se hizo presente: «Con que la universidad, ¿eh?»
Estaba exhausto. Había muchas cosas que debía pensar.
Mientras tanto, Atsushi se encontraba trabajando todavía pasadas las 10:00 se la noche. Estaba tecleando sobre su escritorio cuando de pronto pudo visualizar la llamada de su primo mostrándose en la pantalla de su celular. No era el momento, pero temía que se tratara de una emergencia o algo parecido, por lo que contestó de todas formas.
—¿Qué sucede? —respondió con voz baja.
—¿Va a llegar un día en el que seas amable conmigo, Atsushi?
—Hey, no es buen momento para hablar. Además, estoy en la oficina. No soy descortés contigo, solo voy al grano. ¿Qué sucede?
—El caso… está hecho. No volveremos a saber nada de ese tipo. Va a estar en prisión un par de años más y eventualmente va a ganarse su libertad. Pero, ya sabes, eso ya no es problema de nadie. Solo me interesa el presente.
—¿En serio? —dijo atónito—. ¿Cómo te fue? Lamento haberte dejado todo a ti, pero, en serio, no podía hacerlo. No planeaba volverle a ver.
—Está bien, de verdad. Yo… encontré la manera de hacer las cosas solo. Estoy acostumbrado y sé que tú también.
Hubo silencio por parte de ambos. Atsushi estaba algo distraído porque su vista seguía fija en el monitor de la computadora, no sabía qué decir, así que discretamente salió de la oficina y se quedó hablando por teléfono en el pasillo para tener mayor privacidad; estaba viendo hacia el ventanal del edificio. Como solía hacer comúnmente, el moreno retomó la palabra:
—El asunto de mi tío no es lo único que nos une, Atsushi. Quizá podamos…, no lo sé. Tal vez todo podría ser como antes.
Atsushi suspiró.
—Es bueno oírte, Yanagida. También he estado pensando que… fue un desperdicio habernos distanciado.
—Siempre te he considerado un hermano, ¿lo sabías?
—Creo que lo mencionaste.
La frialdad fingida de Atsushi solo hizo que el moreno sonriera detrás de la línea. Por supuesto que lo amaba, pero jamás lo admitiría.
—Ambos somos profesionistas, no hay problema con que podamos vernos de vez en cuando. Los fanáticos no nos van a molestar.
—Yo no tengo fanáticos.
—Lo sé, solo bromeo. —Se mantuvo un momento en silencio—. Atsushi, yo…
—Necesito tu consejo. Por favor, Yanagida —interrumpió inconscientemente.
—¿Qué necesitas?
—Yo… —A pesar de estar a solas se aseguró de bajar el tono de su voz—. Quiero irme de Tokio. Eso significa… abandonar este edificio para siempre. Creo que sabes lo que quiero decir.
—¿Quieres que te ayude a conseguir trabajo?
—No pienso cambiar de rama… Ser empresario es lo mío. Solo que… he estado pensando en irme lejos y quizá conozcas algo lejos de aquí.
Yanagida se lo pensó unos momentos y asintió, aunque Atsushi no podía verlo.
—Tengo algunos contactos que creo podrían ayudarte.
—Gracias…
—¿A dónde te irás?
—Tengo un lugar en mente, pero necesito pensar mejor las cosas así que te lo diré cuando esté decidido. He estado pensando en vender la casa. Es la única herencia que tengo, así que me gustaría olvidarla… Sigue recordándome a mi padre.
—Entiendo. Voy a conseguirte algo con ayuda de unas personas. Te llamaré más tarde, si te interesa.
—Por supuesto. Oh, y… ¿querías decirme algo hace rato?
Yanagida dio un suspiro antes de seguir.
—Sí, yo… Eh… —Terminó guardando silencio—. No es nada. Solo llamaba para ponerte al tanto. Iré a Kobe para visitar a Kaede, supe que se casó con un hombre agradable. Y luego volveré al trabajo. Ya es tiempo de olvidarse de todo, ja, ja…
—De acuerdo. Oye, sé que tampoco es fácil para ti hablar de esto. Gracias por ayudarme a recordar y… hacerme entrar en razón, de alguna u otra forma, aunque tus métodos no sean los mejores. Lo estoy tomando a la ligera, mi padre y las consecuencias que trajo consigo no se resuelven así como así. Es importante para los dos y por eso te agradezco de nuevo. Tal vez si hubiera tenido todos mis recuerdos intactos no me molestaría el hecho de saber que él seguía allá afuera. Solo quiero que sepas que… En fin. Gracias…
Yanagida sonrió para sí mismo.
—Gracias a ti.
No hubo palabras de despedida. La voz de Yanagida se escuchaba siempre dubitativa antes de cortar la llamada, como si no quisiera dejar de hablar. Siempre era igual, y lo mismo sucedía con Atsushi. Existía siempre una pared entre ambos que no les permitía expresarse abiertamente, como si temieran el uno del otro. Al final Atsushi seguía sintiéndose incompleto, pero saber que no tendría que saber nada más de su padre por unos años le hacía sentir tranquilo. Tal y como se lo había dicho Yanagida, lo que pasara después ya no importaba. No quería tampoco pensar en el asunto de la amnesia que, irónicamente, había olvidado por mucho tiempo o que quizá desconocía desde un principio.
Luego de aquella conversación quedó pensativo. Parecía como si luego de una interminable incertidumbre su cuerpo no lo hubiera resistido más y quisiera hacer de todo. No sabía que Todomatsu se sentía exactamente igual. Después de la llamada sintió que era todo lo que tenía que atender respecto a su vida personal por ese día, no obstante, se armó de valor y, al día siguiente, al volver a la oficina, quiso de una vez por todas aclarar el asunto pendiente que tenía respecto a su más reciente cargo en el trabajo. No podía dejarlo esperar, sabía que no pasaría los siguientes días tranquilo si no afrontaba la situación tal y como debía ser. Aquel día desde muy temprano estaba seguro de lo que iba a hacer; ¿quién sabe?, quizá la semana siguiente sería su última temporada de trabajo, o el día siguiente, o quizá ese mismísimo día saldría desempleado. No tenía forma de saberlo, pero se confió y afrontaría lo que tuviera que afrontar.
A pesar de no ser todavía el horario de descanso fue a la oficina de su superior y sin sentarse o tomarse su tiempo habló sin rodeos.
—Ya no puedo seguir haciendo esto, señor —dijo en tono neutro.
—¿A qué se refiere, Takahashi-san?
Que el hombre se mostrara de repente tan formal hizo que se pusiera a la defensiva de manera inconsciente.
—Sobre mis acciones durante el último mes. No puedo seguir haciéndolo. ¿Evadir cargos e impuestos? No quiero hacerme cargo de ello, sin embargo, creo que puedo ignorarlo mientras quede en manos de alguien que no sea yo, y puedo seguir encargándome de lo demás. —Sin darse cuenta de lo que decía y exteriorizando sus pensamientos, balbuceó—: Yo no soy como mi padre.
—¿Disculpa?
Habló sin pensar. Afortunadamente sus palabras no habían sido habladas con el tono lo suficientemente alto como para ser escuchadas con claridad.
Sabía desde luego que aquella enorme compañía sacaba provecho de lo que podía. Pensar que podía contribuir a seguir lavando el dinero de una organización no le permitía dormir tranquilo por las noches, sin embargo, fingió no sospechar sobre tales circunstancias y simplemente se hizo el indignado con un trabajo tan demandante para el salario que suponía.
—Estoy negándome a seguir con ello, señor. Ahora lo dejo en sus manos. Lo que decida hacer conmigo queda en negociación.
—¿Crees que puedes seguir ocupándote en el área de contabilidad?
—Con las acciones correctas, sí, señor.
—Entonces hagamos eso. ¿Te parece?
—Está bien. Aunque…
—Dilo.
—¿Quizá estaría bien si me remueve a otro bloque?
—¡Un ascenso!
—No estoy negociando por un aumento necesariamente, señor. Cuando me gradué de la universidad hace ocho años jamás tuve en mente que podría desempeñarme de esta manera. No me malentienda, sé que no todos obtienen lo que desean en un principio. No obstante, mi puesto puede llenarlo alguien más y… creo que yo necesito un descanso de todo esto.
—Y ahora de repente no te entiendo.
—Con todo respeto, señor, he hecho más que nadie aquí, y la idea de recompensarme con una carga mayor que solamente me perjudica no me parece la mejor opción. No es lo que esperaba. Lo que busco no es distinción, por el contrario, pido una regularización.
—Takahashi, toma asiento. —Indicó. Atsushi lo hizo y el hombre siguió hablando—. No me parece entender lo que quieres, y tampoco me parece que pueda complacerte de la manera en que lo esperas. La empresa no tiene suficientes ingresos como para poder ofrecer aumentos, y en vista de que no es lo que esperas, no puedo de todas maneras otorgarte un puesto que se encuentre exento de acciones especiales, ¿entiendes? No sé cómo ayudarte, pues puedo ver que viniste aquí sin un objetivo claro. ¿Me equivoco?
Atsushi mantuvo la respiración sin poder argumentar en contra.
—No, señor. No se equivoca.
—¿Qué vamos a hacer entonces? Dímelo tú.
—¿No puede enviarme a las afueras de la ciudad? Hay edificios de la compañía en Yokohama, Nagoya y Kioto. Ya he trabajado allí. ¿Será que puede considerar una transferencia?
—La compañía no tendría que tomar medidas tan arriesgadas si contara con el capital financiero que se necesita. No podemos darnos el lujo de hacer arreglos, y en vista de que nuestra sede en Tokio es la mejor, no veo una manera de hacer tal cosa. Quizá lo que buscas es algo diferente…
—Puede que no haya una manera de resolver esto, ¿cierto? Al menos disminuya mi tiempo de jornada, por favor.
El hombre simplemente atinó a suspirar.
—Eres inteligente, muchacho. No deberías desperdiciar tu potencial así. ¿Quieres dinero? Eso es lo que este trabajo te ofrece, y lo suficiente como para asegurarte un buen futuro. Lo que haces no puede hacerlo cualquiera, muchos quisieran estar en donde tú estás ahora. Quizá necesitas pensarlo mejor… No vas a encontrar algo mejor que esto. Por supuesto, contamos con un número limitado de individuos capaces de reemplazarte, sin embargo, ¿por qué hacer tal cosa? Allá afuera no hay nada mejor para ti.
—Señor…
—Hemos trabajado juntos casi una década, por eso te digo todo esto. Conozco tu manera de desempeñarte y aunque cuentas con la experiencia necesaria ningún otro lugar sería capaz de ofrecerte el valor financiero que podrías esperar. Ni siquiera la mitad. Voy a darte unos días para que lo pienses mejor, ¿sí? Quizá no tienes la cabeza fría, necesitas darte un tiempo. Por ahora puedes retirarte. No te molestes en retomar el trabajo que estaba destinado para tu jornada de hoy, las secretarias del quinto bloque van a encargarse. Ve a descansar a casa y piénsalo, ¿bien? Nos vemos aquí mañana.
Atsushi simplemente asintió insatisfecho. Se puso de pie y caminó hacia el pasillo una vez más dispuesto a ir por su portafolios y su computadora, hasta que un sentimiento intrusivo (más que un pensamiento) se hizo presente en él. No podía seguir arriesgando su salud mental por un trabajo tan demandante e insípido como aquel; no podía seguir postergando lo inevitable simplemente por no ser capaz de decir lo que quería. Mientras metía la computadora portátil al maletín y ordenaba los bolígrafos, tuvo aquel sentimiento de desosiego.
Estaba en el ascensor, pensativo. Cuando hubo llegado por fin a la primera planta y caminado hasta su auto atravesando el estacionamiento, se quedó paralizado. «Un momento —se dijo—, no hay nada que pensar. Ya sé qué es lo que quiero». Sin perder el tiempo se encaminó de nuevo al edificio en donde apenas hace menos de diez minutos atrás había estado hablando con su jefe. No se permitiría una vez más aplazar lo que era inevitable. Iba a paso apresurado. Cuando se topó con las secretarias del quinto bloque que lo reemplazarían aquel día se mantuvo firme. Ellas lo saludaron primero, pero él apenas respondió con ganas.
—¡Atsushi-san! —dijo una de ellas—. Buenos días, ¿no estarás ausente hoy? El superior acaba de decirnos que tomaríamos tu lugar por hoy, pero…
—Debe ser algo importante, ¿cierto? —comentó la otra.
—Kumi-chan, Miwa-chan… —habló entre un jadeo ahogado—. ¿No prefieren ocuparse de sus asuntos en lugar de los míos?
Las palabras de Atsushi no apuntaban a ser groseras, sin embargo, aquel día parecía que había decidido sacar su verdadero yo por primera vez. Era genuino.
—E-Es… solo la orden que nos dieron.
—¡Alguien no se levantó de buen humor! —bromeó la castaña—. Vayamos a beber algo más tarde, ¿sí? ¿O seguirás tan ocupado como siempre, Atsushi-kun?
En cierto modo, Atsushi se alivió de que las chicas no se tomaran tan a pecho lo que decía, no se mostraban enfadadas. No obstante, ese poco interés le irritaba también, era una sensación ambivalente. Nunca lo tomaban en serio.
—Tengo algo que hacer, adiós —dijo. Y sin saberlo, con esas palabras se despediría para siempre de ellas.
Siguió andando hasta que llegó a la oficina de su superior. Al tocar a la puerta y dejarle entrar el hombre jamás se esperó que se tratara de Atsushi. Acababa de enviarlo a casa, ¿qué hacía ahí? Debían verse hasta el día siguiente.
—Takahashi, ¿qué pasó? —preguntó el hombre con extrañeza y una expresión desagradable.
—¿En dónde firmo?
El hombre, como muchas personas, odiaba que sus preguntas fueran respondidas con más preguntas, por lo que mostrándose menos indulgente que antes, dijo:
—Explícate.
—No voy a decir nada de los fraudes que se realizaron aquí dentro de la empresa; es decir, las acciones que yo realicé bajo su mandato. Pero sé que dándole únicamente mi pablara no es suficiente, por eso no me deja ir tan fácil, ¿cierto? No voy a hablar del asunto con nadie, así que dígame en dónde puedo grabar mi palabra para que crea en mí.
—Cuida tus palabras, muchacho. ¡No mencionamos “fraude” aquí!
—Llámelo como quiera entonces. No son ocho años de confianza y trabajo mutuo lo que me detiene aquí, ambos lo sabemos. ¡Necesita mi palabra! No se preocupe por ello. Incluso sin nada por escrito le aseguro que nada saldrá de mi boca, la firma que le ofrezco es para usted. Y, con esto, le ofrezco también mi renuncia.
Indignado y fingiendo desinterés, el hombre le tendió la hoja. Aquel formato tenía únicamente valor para los miembros más íntimos de la organización, quienes conocían las acciones impuras de la empresa que se llevaban a cabo en el país como muchas otras. Acciones mundanas y deplorables que solo hacían que la economía se hundiera y creara monstruos codiciosos como aquel hombre al que, pese a sus decisiones, seguía llamando padre.
Tomándose el tiempo de leer completa y claramente aquella carta empresarial, firmó, prometiendo guardar silencio. ¿Qué más daba? Uno solo no podía hacer nada para cambiar aquel contaminado mundo. Dándole vuelta a la hoja para que quedara en dirección al hombre, la empujó hacia adelante, poniendo el bolígrafo a un lado. Seguido de ello siguió el documento que claramente afirmaba la renuncia de Atsushi Takahashi. Al entregarla no hubo más que decir.
—Gracias por todo —expresó Atsushi.
No obtuvo respuesta alguna. Ocho años de asistencia a aquella empresa le fueron agradecidos de aquella forma tan descortés. Su decisión había sido tan repentina que resultaba difícil de creer, pero era la decisión que tarde o temprano llegaría por obvias razones, no había nada de qué asombrarse. Poco le importaba, pues por primera vez en años sintió ese suspiro lleno de libertad. Un suspiro que quizá no había tenido nunca en su vida.
¡Finalmente lo había hecho! Estaba desempleado por el momento, sí. Pero era libre, y en la vida siempre había manera de afrontar lo desconocido.
Luego de recoger sus cosas en la oficina y caminar por los pasillos de dicho edificio por última vez, supo que un nuevo sendero le esperaba. Estaba ansioso y temeroso, pero estaba entusiasmado por contarle a Todomatsu sobre lo sucedido. Había tomado la iniciativa en algo por primera vez.
¿Qué haría a continuación? No lo sabía.
Por lo pronto, se limitó a poner música en su automóvil a todo volumen mientras conducía rumbo a casa.
Welcome to your life
There's no turning back
Even while we sleep
We will find you
Acting on your best behaviour
Turn your back on mother nature
Everybody wants to rule the world...
Todomatsu y Atsushi habían salido de casa temprano rumbo al trabajo. No obstante, Todomatsu terminó volviendo más temprano de lo normal. Por supuesto, ver a Atsushi en casa cambió por completo sus planes y se sintió tenso. Creyó que algo malo había sucedido. Eran las 3:00 de la tarde aproximadamente.
—¡Atsushi-kun! No te esperaba tan temprano… —dijo llegando a la sala junto a él. Se quitó el saco y lo puso en el perchero.
Atsushi, con media sonrisa y los nervios a mil, le dijo la verdad.
—Renuncié hoy a mi trabajo.
Todomatsu abrió desmesuradamente los ojos.
—¡¿Qué?! D-De… ¿De verdad? Cielos, desde que te conozco estás trabajando ahí.
—Lo sé. ¿No es deprimente?
—¿Y cómo se lo tomó tu superior?
—No sabría decirlo… Me habría gustado que fuera mejor.
El joven de vestimenta rosa se pasó la mano por la frente, echándose el flequillo hacia atrás intentando aliviar su sorpresa y agitación.
—Entonces ibas en serio… sobre cambiar de rumbo. Me sorprende que haya sido tan pronto. Apenas comentaste sobre tu trabajo hace como quince días y ahora… estas desempleado. Sinceramente no puedo creerlo. —Su tono de voz demostraba emoción y temor, al igual que Atsushi.
—Pero no he sido imprudente, Todomatsu. Tengo el dinero suficiente para que podamos vivir bien durante al menos seis meses. Tenemos el auto y muchas cosas que vender… Si no contara con ello no habría soltado mi trabajo.
—De verdad me sorprende que te dieras cuenta de lo mucho que te consumías con ese empleo, At-Atsushi-kun —tartamudeó.
—Mi salud mental no está bien —dijo con desánimo—. Siempre termino aprendiendo por las malas… Siempre quiero experiencia en situaciones que, para empezar, no deberían estar en mi vida. ¿No te parece ilógico, Todomatsu? Los humanos trabajamos toda nuestra vida para al final terminar gastando nuestro dinero en la salud física y mental.
—Pienso igual. —Todomatsu se sentó a su lado—. Me siento feliz por ti. Diste un paso enorme para mejorar y has sido muy fuerte. Pasaste por mucho.
—¡Y ya no quiero que vuelva a suceder!
—S-Sobre eso… Les dije a Sacchi y Aida hace unos días que renunciaría al cabo de un mes. ¿Ya no debería hacerlo?
—¿De qué hablas? No te detengas por mí, hazlo. No nos hace falta dinero, además, hablé con Yanagida ayer por la noche. Dijo que me recomendaría entre sus contactos y… le creo. No quiero atenderme a él, pero sé que de verdad intenta ayudar.
Al saber que Atsushi y Yanagida estuvieron en contacto, la expresión de Todomatsu se suavizó.
—En cualquier caso, Futsuumaru podría ayudarnos también, ¿verdad?
—Sin duda. Por otra parte, hablando de Yanagida, me dijo que… está hecho. Lo de mi padre. No va a volver a ponerle una mano encima a nadie. Ni a gente inocente como Nozomi, Kinko u… Osomatsu-kun. Y quien sabe quiénes más.
Todomatsu asintió con una mezcla de tristeza y alivio.
—Sé que todavía lo recuerda, pero prefiere hacerse el tonto… Me gustaría hacerle saber que ahora nuestro ex-inquilino paga por lo que le hizo, pero quizá se encuentra mejor como ahora está. Me alegra saberlo, Atsushi-kun, de verdad. Gracias por compartir todo esto conmigo.
—Ni lo menciones.
Pese a la confianza que le ofreció el moreno, Todomatsu le confesó a Atsushi que había hablado con su primo. Aquello no le hizo preocuparse, sino que le dio un respiro. Le hacía sentirse feliz que, aunque en sus términos, ambos habían estado de acuerdo en verse cara a cara algún día. Para Atsushi significaba mucho… Todomatsu y Yanagida eran personas que amaba incondicionalmente y que no soportaría que no pudieran toparse. Ahora suponía un peso menos sobre sus hombros. Ellos eran su única familia. O quizá tenía también cinco cuñados que no tomaba en cuenta por razones desconocidas. Pensar en ello a veces le daba algo de risa.
Platicaron sobre muchas cosas y parte de sus planes salían a la luz conforme más ideas compartían. Eran almas gemelas, pues asuntos banales que significaban desconfianza con anterioridad habían sido olvidados. Todo aquello que los separaba y que había sido malentendido ahora estaba en el olvido. Volvieron a ser la pareja que se amaba con todas sus fuerzas sin importar qué.
Volvieron a ser el Atsushi y el Todomatsu de siempre.
Con todo ello, planes como vender la casa y moverse de ciudad salieron a flote. El deseo de Todomatsu por ingresar a la universidad se hizo presente también. ¿Era así de fácil empezar una nueva vida?
—¿La universidad? Ya veo… Sí, es una estupenda idea. Sería genial poder verte graduarte algún día. Llegar con un ramo de flores y llenarte la cara de besos —dijo con una sonrisa en el rostro.
—Puedes llenarme de besos ahora.
Atsushi rio y lo tomó de las mejillas para comenzar a llenarle el rostro de besitos. Todomatsu sonreía mientras tanto. Al final, el menor le devolvió un beso en la frente y se mantuvieron sostenidos de las manos cariñosamente.
—¿Sabes? Estuve investigando.
—¿El qué? —respondió Atsushi con una sonrisa.
—Un lugar tranquilo para vivir… Un lugar para estudiar la universidad sin el agobio de la enorme ciudad. Y también un sitio en donde el empleo abunda, aunque no lo parezca.
—¿Qué lugar es ese?
—Okinawa.
Atsushi abrió enormemente sus ojos. Jamás había estado allá y lo desconocido le encantaba. A ambos les costaba creer que realmente comenzaban a soñar en grande. Faltaban varios movimientos importantes todavía, pero un plan comenzaba a nacer. Con una amplia sonrisa y lleno de entusiasmo, el mayor volvió a tomar la palabra asintiendo con aprobación.
—¡Es una buena idea! Okinawa suena perfecto.
Notes:
Cuando estaba escribiendo el capítulo 40, más o menos, se me ocurrió que Totty y Atsu podrían irse a vivir juntos al extranjero para comenzar su nueva vida. Un rincón de algún rincón de Europa quizá… Pero al final cambié de idea. Creo que Okinawa está mucho mejor. Aunque Atsushi estuvo fuera de Japón durante una buena parte de su infancia no creo que Todomatsu hubiera podido acostumbrarse a eso. ¿Quién sabe? Totty es impredecible.
Chapter 50: Un nuevo sendero
Chapter Text
—¿De verdad, Atsushi-kun? ¿No te parece precipitado?
—No, es estupendo. Tratemos de dar lo mejor de nosotros. —Sonrió.
—¡Qué alegría! Ya me hacía ideas de que quizá sería imposible…
—Es demasiado pronto para rendirse —dijo encogiéndose de hombros.
—Tú lo has dicho.
La mirada de Todomatsu estaba perdida; imaginaba varios escenarios fantásticos junto a su amado. Estaba tan emocionado que no tenía idea de por dónde empezar.
En realidad, a ambos se les complicaba tan siquiera hacerse la idea de que pronto empezarían una vez más. En ese instante, Todomatsu empezó a tener recuerdos de aquellos días cuando recién comenzaba a entrar en la vida de Atsushi. Sonrió más inconscientemente cuando rememoraba aquellos días en los que fueron juntos al ryokan a pasar unos días. Su paz fue interrumpida por el mayor.
—¿Qué sucede? —preguntó Atsushi con genuina curiosidad, sonriendo también—. Tienes esa sonrisa traviesa desde hace un minuto. ¿Sabes que así te pareces mucho a Osomatsu-kun?
—¡Claro que no! —exclamó estallando en una carcajada—. Solo pensaba en aquella vez en que fuimos juntos a aquel ryokan en Kioto hace cuatro años. Era tan tranquilo... Y al igual que ahora, había miles de cosas en mi cabeza.
—Sí, lo recuerdo.
—Volver a esos días sería… Sería… —No pudo evitar pensar para sí mismo: «¿Cómo sería?» Esos días le confundían aún. Todo tan placentero, todo tan aterrador, todo tan nuevo.
—¿Qué habrá sido de aquel polluelo?, ¿lo recuerdas? El pequeño gorrión que encontramos.
—¡Pichi! —exclamó Todomatsu con alegría al recordarlo, misma que se esfumó poco después y suspiró con melancolía—. Quizá no debí dejarlo ir…
—No digas eso. Seguro que hizo muchos amigos. Quizá hasta una familia.
El menor sonrió.
—Eso espero.
—¿Y sabes de qué me acuerdo también? —No esperó a que Todomatsu respondiera, se contestó a sí mismo de inmediato con media sonrisa—. Que no quisiste entrar a las aguas termales junto conmigo.
—¡No puedo creer que todavía te acuerdes de algo así! —exclamó sonrojándose.
—Tú lo recuerdas también. ¡Estamos a mano!
—Te gusta hacerme sufrir al pensar cosas así… —Apretó los ojos, cerrándolos con fuerza. Luego de tomar algo de valor vio fijamente a Atsushi para hacerle una promesa que, de alguna manera, encendió las mejillas del mayor—. Nos meteremos al agua juntos pronto, ¿sí?
Atsushi tanteó el terreno.
—¿Y se puede saber cuándo? —Se le acercó peligrosamente, con esos ojos y esa sonrisa que tanto le ponían de nervios. ¡Demonios! Era muy atractivo.
El menor carraspeó mientras se abrazaba a un cojín para intentar ocultar su rostro colorado a la vez que volteaba hacia otro lado.
—Algún día —dijo sin más.
Atsushi rio, divirtiéndose por las reacciones de Todomatsu. A pesar de conocerse desde hace unos años, seguía sonrojándose por las cosas más sencillas. Muy pocas veces habían intentado hacer cosas “subidas de tono” sin obtener resultados, por lo que le daba algo de emoción ver que después de todo, existía una posibilidad de algo más.
Quizá ese momento estaba más cerca.
Poniéndose en el regazo del mayor, Todomatsu se echó a dormir una siesta para luego irse a tomar un baño. Estaban extrañamente relajados, o eso parecía. ¿Quién lo diría? La vida nunca deja de otorgar preocupaciones, después de todo. Pues a pesar de estar juntos varios problemas rondaban en las mentes de ambos, cada uno por su lado. Aunque la situación ya estaba zanjada, Atsushi no podía dejar de pensar de vez en cuando en su padre, la última vez que le vio y el mal que ello le hizo. No podía dejar de molestarle el saber que, por más que quisiera cambiar aquel hecho, no era más que un hijo indeseado, fruto de alguna sucia aventura o abuso que jamás podría evitar. ¡Si tan solo pudiera preguntarle a su verdadera madre lo que había sucedido en realidad! Y, por su parte, estaba Todomatsu que también lidiaba con su familia, aunque de una manera distinta a su pareja. Sabía que llegaría pronto el día en que tendría que despedirse de todos. Decirle “hasta luego” a sus cinco hermanos, padre y madre. Aunque era muy posible que los volviera a ver, le dolía en el alma saber que de cualquier forma su padre no querría que lo frecuentara más. Aun así, quería intentarlo; se enfrentaría al miedo de ser rechazado de nuevo. Cada uno a su manera tenía sus propios delirios que les hacían la vida imposible.
¿Por qué era tan complicado vivir la vida tranquila?
¿Eran problemas reales?, ¿o acaso todo era una ilusión? Los veintes eran difíciles de digerir sin duda alguna. No ser demasiado joven ni demasiado viejo era complicado.
Estaban acurrucados el uno con el otro.
Durante aquel día no hubo nada que destacar. Hablaron mucho sobre el futuro. Mucho, mucho, mucho. Tenían miles de cosas que aclarar puesto que cada uno tenía una idea distinta de a lo que se querían enfrentar. A pesar de que ambos quedaron en ir a Okinawa, aún faltaban muchas cosas que arreglar. El trabajo de Atsushi era una de esas problemáticas que comenzaban a pesar más conforme iban pasando los días. Por su propio lado estaba Todomatsu que simplemente se encontraba esperando la oportunidad correcta para poder deshacerse de su trabajo, cosa que seguía postergando más y más.
Pasaron los días desde aquel día en que Atsushi renunció. Cuando menos se lo esperaron ya habían transcurrido casi tres semanas y nada había cambiado, todo seguía siendo simplemente un montón de planes que estaban aplazándose.
Esas semanas, aunque en un principio le dieron un respiro al ex-oficinista, luego simplemente le causaron una ansiedad tan extraña que no tenía idea de cómo podía afrontarlo. Atsushi siempre vivió una vida ajetreada, por lo que no estar en el trabajo durante todo ese tiempo le hizo perder el sentido de propósito. Sin embargo, le dio mucho tiempo para hacer la limpieza de la casa y ordenar las cosas perdidas del sótano, ático, y las demás habitaciones. Después de todo, si pensaban mudarse era mejor comenzar cuanto antes a empacar las cosas que se llevarían con ellos. ¡Había tanto qué hacer! Durante su estancia en casa, cuando Todomatsu no estaba, Atsushi se había dedicado a hacer anuncios desde internet acerca de la casa y algunas de las cosas que estaban dentro. El piano de cola, entre ellas. Tenía que vender muchas de sus pertenencias, pues no podría llevarse todo. Afortunadamente, durante esas dos semanas pudo dar con algunos interesados al respecto, ya solo faltaba hacer la presentación formal y el proceso de negociación. Además, el automóvil era otro asunto.
Con respecto a la búsqueda de empleo, Atsushi se había tomado el tiempo de decirle a su primo que se iría de Tokio, por lo que le pidió de favor que, si le era posible, la ayudara a conseguir algo a la lejanía. Yanagida no se detuvo a preguntar, simplemente se militó a asentir y comenzar a correr la voz entre sus contactos. Fueron tres semanas cuando pudo encontrar algunos puestos que podrían ser del interés de Atsushi.
Un día entrado el siguiente mes, estaba sentado mientras usaba su computadora portátil en la mesa de la cocina, cuando de pronto recibió un mensaje de texto. En la pantalla se leía: “¿Te interesa un puesto como asesor financiero?”
Atsushi tomó el celular y escribió: “¿Puedo llamarte?”
“Claro”, obtuvo como respuesta.
Yanagida respondió con calma, se encontraba en su hora de comida en el trabajo.
—Atsushi, ¿cómo has estado? Pude encontrar varios puestos en donde podrías encajar perfectamente. Hablé con varios de ellos, por lo que si tú aceptas el puesto es cien por ciento seguro para ti.
—¿Qué has encontrado?
—Asesor financiero y de créditos, evaluador de inversiones y contador… Todos cerca de Okinawa, como me lo dijiste. Te estoy enviando ahora mismo la dirección de las oficinas de cada uno, de esa manera podrás checar mejor las opciones que tienes y elegir alguna que te convenga.
—Gracias otra vez. ¿Cuánto te debo?
—¿Eres tonto o necio, Atsushi? Obviamente no me debes nada.
—Intento ser indulgente y tú solo me… En fin.
Efímero silencio.
—¿Cómo te ha ido desde que dejaste tu trabajo?
—Me siento muy bien, pero de alguna u otra manera ha sido un mes agotador. Hay mucho qué hacer, ¿sabes?
—Ya lo creo. —Pudo escucharse su risa a través del teléfono, haciendo que se cortara un poco el sonido claro—. Con que Okinawa… No puedo hacerme a la idea de que estarás tan lejos, Atsushi.
—Era todo o nada.
—Eso es muy como tú.
Estuvieron vacilando una vez más. Parecía que era una tradición que cada que se contactaran hubiera aquella distancia entre ellos, no pudiendo acceder a su impulso de volver a ser “hermanos” y mejores amigos otra vez.
—Atsushi, la última vez que hablamos me contuve porque creí que te molestaría, pero… tengo algo que decirte.
—Prosigue.
—Voy a casarme. Te lo mencioné cuando íbamos camino a Shikoku, pero ahora es oficial. Hay fecha, lugar y todo. Te estoy invitando a asistir. No solamente a ti… Me gustaría que Todomatsu estuviera contigo también.
—Gra-Gracias…
—Espero no importunarte. La verdad es que me gustaría disculparme con Todomatsu cara a cara, como debería ser. Y verte a ti una última vez antes de que partas y vuelvan a pasar años para que volvamos a encontrarnos. —Hizo una breve pausa para pasar saliva y aunque Atsushi no estaba ahí para notar el sonrojo del moreno, no podía evitar ponerse tenso. Retomando la palabra rápidamente exteriorizó sus sentimientos y dijo con voz dulce—: ¿Puedes?
Atsushi suspiró y asintió repetidas veces. Por un instante pensó en consultarlo con Todomatsu, sin embargo, luego recordó su confesión acerca de haber estado en contacto con Yanagida. Además, al propio Atsushi le apetecía verlo, no había nada qué debatir al respecto. No quiso hacer esperar demasiado al otro, por lo que le dio su clara respuesta.
—Dime cuándo y a qué hora es, y envíame la dirección. Allí estaremos.
—Fantástico. Estaré enviándote los datos junto con la información del empleo.
—Gracias por tu apoyo. Yo… —bufó al no encontrar las palabras correctas para decirle. Terminó cambiando la frase y resumiéndola en lo más importante, aunque no lograra expresar lo contento que se sentía por él—. Felicidades por tu compromiso.
—Gracias. Asegúrate de venir, ¿sí? Hasta luego. Estaremos en contacto.
La llamada terminó.
A partir de ese momento Atsushi se dedicó a hacer llamadas con respecto a las oficinas y demás direcciones que le proporcionó el moreno. Vio algo que le llamó la atención.
Como estaba cansado de estar adentro frente a la computadora decidió salir al patio frontal a regar las pocas plantas que tenían en el jardín mientras vestía ropa casual. Por fin se había liberado por un tiempo de llevar puesto un traje con corbata durante más de ocho horas durante seis días a la semana todo el año. Ahora llevaba la manguera de un lado a otra rociando las flores mientras vestía un cómodo pants color gris, sandalias y una camiseta azul marino muy holgada para dormir.
Traía puestos los audífonos inalámbricos para contestar las llamadas entrantes en caso de que le hablaran de alguna de las sedes que había consultado antes, y así fue. Luego de un mes y medio de búsqueda entre los sitios de su rama recibió la llamada de uno de los funcionarios para invitarlo a visitar las oficinas del lugar, la cual aceptó. Sin embargo, hablaron de fechas muy aplazadas.
Todomatsu iba llegando justo del trabajo cuando vio a Atsushi al cuidado de las plantas, terminando de responder a la llamada.
—Atsushi-kun —dijo al verlo por fin desocupado—. ¿De repente tuviste energía para hacer algo que no sea usar la computadora? —Se rio.
—De repente me dieron ganas de revivir las plantas que mataste con tus cuidados.
—¡Oh, vamos! —Alzó un puño en ademán de golpearlo.
—¡Solo estoy jugando! Además, he hecho más que eso. —Soltó una risa—. Oye Totty, a que no adivinas.
—¿Qué pasa?
—Adivina. Vamos, inténtalo.
—Tenemos un evento al cual asistir ambos. De hecho, son dos.
—Mmm… Suena a que es lejos de aquí —dijo con expresión traviesa.
—Sí, lo es. En dos meses nos encontraremos en Osaka, en la boda de Yanagida. Nos invitó a ambos. Al parecer también le interesa que asistas…
—¡Genial! Espero que den buena comida.
—Eres igual a tus hermanos…
—¡Ja, ja! Solo bromeo. ¡Me alegra de verdad que ustedes dos se hayan reconciliado!
—Yo digo lo mismo.
—¡Hmh! Tan solo quiero que permanezcamos juntos pese a todo. Vayamos a esa boda. —De repente algo resonó en la mente de Todomatsu—. Espera, ¡¿en dos meses?! Creí que nos mudaríamos mucho antes que eso.
—Es más tardado y complicado de lo que parece… Tomemos nuestro tiempo para arreglar bien las cosas. A pesar de tener ya a los compradores de la casa, no sabemos qué vivienda podremos conseguir en Okinawa. Además, está el asunto del auto. No pienso venderlo… Habrá que trasladarlo.
—Mmm… Entiendo. Sí, tienes razón. Podremos seguir sacando cosas mientras tanto.
Ambos se sonrieron.
—Y antes de que se me olvide… —Atsushi se acercó lentamente a Todomatsu hasta quedar frente a frente y sosteniendo su rostro con ambas manos giró un poco su cabeza para besar cariñosamente su mejilla—. Bienvenido.
—Ya estoy en casa…
La semana entrante estuvo llena de cambios. Para empezar, la casa comenzó a llenarse más y más de cajas llenas de cosas que se llevarían en la mudanza; ropa, libros, objetos de valor, cajas dentro de las cajas, utensilios de cocina, zapatos, electrodomésticos, los televisores y un enorme etcétera. Aquel elegante hogar que se había vuelto cálido con el pasar de los años estaba quedándose vacío de nuevo. Algunas cosas fueron vendidas, como los sofás, las mesas, algunos muebles, ciertas mantas y cojines, una que otra planta, alfombras y demás. Los peces dorados fueron obsequiados a las amigas de Todomatsu, las cortinas guardadas en las cajas también, la lavadora igualmente obsequiada a una de las vecinas, y el piano… El piano se quedó allí en la casa.
Era extraño ver cómo aquel hogar se iba volviendo vacío, sin color, como si no hubiera vivido nunca nadie allí. Apenas había un atisbo de la existencia de dos personas en las habitaciones.
Luego de unos días cuando Atsushi estuvo mucho más dedicado a la búsqueda de su nuevo trabajo y la manera en que podría llevar a cabo sus planes, pudo concretar un nuevo puesto en el que más adelante podría recurrir. Había confirmado por fin su nuevo puesto en una de las oficinas que se encontraba en Naha, en la prefectura de Okinawa. Lo única que había que hacer era buscar una nueva casa en la cual pudieran hospedarse. Como solía estar acostumbrado a las comodidades, Atsushi planeaba conseguir una casa parecida a la que había heredado, no obstante, Todomatsu estuvo en desacuerdo.
—¡Está bien si es un sitio pequeñito! —dijo Todomatsu.
Ambos se encontraban en el patio trasero comiendo paletas de hielo.
—¿Estás seguro? Puede que después te arrepientas… Juntaremos suficiente dinero para algo mejor. Estuve buscando y hay varias opciones.
—Trabajarás en Naha, ¿verdad? Es suficiente con que puedas conseguir un lugar cerca de tu futuro empleo. Además, esa ciudad es hermosa, no creo que haga falta buscar toda clase de lujos. Nosotros nos encargaremos de que luzca como un hogar.
Atsushi suspiró.
—Muy bien… Buscaré la manera de firmar un trato. No podemos ir allá para revisar los pequeños detalles. Le pediré al dueño que nos muestre mediante una videollamada.
—¡Me parece muy bien!
Al cabo de una semana más y seguir con la búsqueda, ambos muchachos estaban en total acuerdo cuando pudieron observar la nueva casa a detalle y hablar con el actual propietario. La cosa era que no tenían todavía el dinero necesario, pues lo obtendrían una vez que vendieran su actual casa y otras de las cosas más que no necesitaban, por ejemplo, aquel viejo piano que de apariencia no tenía nada de viejo salvo algo de polvo entre las teclas.
Mientras todos los preparativos para la mudanza y limpieza seguían llevándose a cabo durante esos meses que no se tenían contemplados, Todomatsu siguió trabajando para lograr juntar algo de dinero hasta que se fueran lejos de Tokio. Después de todo, no sabía qué le esperaba lejos de casa.
Estaba dejando que los asuntos banales se resolvieran poco a poco, sin embargo, el día en que decidió renunciar llegó. Después de todo, los días habían pasado ridículamente rápido y aunque habían pasado muchas cosas ya estaba a dos semanas de asistir a la boda de Yanagida. A casi tres semanas de irse lejos para comenzar una nueva vida.
Poco le interesaba arriesgar mucho. El puesto de trabajo de Atsushi ya estaba asegurado en Naha; fue gracias a su buen reconocimiento y renombre que no tuvo problemas para acceder a dicha vacante. Además, tenía un muy buen currículo.
Una mañana Todomatsu se presentó al trabajo para hablar con el hombre que pronto sería su ex-jefe. Ya les había dicho a sus compañeras que pronto se iría, por lo que no sentía demasiado pesar con respecto a ellas. Aun así, estaba acostumbrado a compartir momentos con las chicas cada día de su vida desde hace cinco años atrás.
Sacchi y Aida estaban sin hacer nada en una de las mesas del local, aquel día no había demasiada clientela pese a ser hora pico. Cuando vieron a su amigo Todomatsu saliendo de la puerta del gerente, llevando sus cosas consigo y no vistiendo más el uniforme, se aproximaron a él.
—¡Totty! —exclamaron ambas al unísono.
—Bueno… —Suspiró—. Después de todo este tiempo juntos es tiempo de que continúe mi camino.
—Vamos a extrañarte —dijo Sacchi.
—No te olvides de nosotras, ¿sí? —pidió Aida—. Así pasen los años, no hay que olvidarnos jamás.
—Ay, chicas… Me van a hacer llorar. —Todomatsu se encontraba batallando para no dejar que ninguna de sus lágrimas se deslizara por sus mejillas. Ni siquiera permitía que las lágrimas se asomaran por sus párpados libremente—. ¡Les debo tanto! Nunca voy a olvidar todas esas veces en que me ayudaron en el pasado por mis tontos caprichos.
—No fue nada…
—Sí, ¡anímate! Estás a punto de empezar a vivir una nueva etapa. ¡Okinawa parece ser un lugar precioso!
—Junto a Atsushi-san —complementó la otra.
Todomatsu se ruborizó.
—¿Qué van a hacer ustedes? ¿Estarán bien?
—¡Claro que sí! Luego de trabajar aquí quizá retome los estudios y consiga algo mejor. Tengo un gatito esperándome en casa, así que… necesito avanzar.
—¡Yo pienso mudarme a Niigata junto a mis padres luego de emprender un nuevo viaje! ¿Quién sabe? Ir al extranjero no estaría mal.
Los tres rieron.
—Así que aquí es donde nos separamos… —comentó Aida.
—Buena suerte con su vida, Sachiko, Aida... De verdad. Estoy agradecido de haberlas conocido.
—Nosotras también.
—Espero que te vaya excelente con tu nueva vida de casado.
—¡Qué cosas dicen! —exclamó sonrojándose. Luego volvió a acomodarse el bolso cerciorándose de que no olvidaba nada. Le costaba un poco creer que era la última vez que entraba al Sutabaa—. Bueno, este es el adiós.
Ambas chicas sonrieron. Era una sonrisa genuina, diferente a la que usaban cuando solían dar la bienvenida a algún cliente pese a que era una sonrisa de oreja a oreja. Todos se unieron en un abrazo triple.
—Hasta luego, Totty —dijo Aida, a la vez que besaba una de las mejillas de su amigo con afecto.
—Si hay boda o algo nos dices, ¿eh? Quiero ser la madrina de anillos. —Imitando el acto de su mejor amiga, también le dio un tierno beso en la otra mejilla.
Los besos y las palabras de las chicas solo hacían que a Todomatsu se le pusiera la cara roja, roja, roja. Se sentía agradecido de tener tan buenas amigas a pesar de que él no se había considerado el amigo más atento.
—Ténganlo por seguro.
Entonces, luego de abrazarse una vez más, se fue. Ellas lo vieron alejarse de entre el bulevar. Cuando estuvo lo suficientemente lejos se dio la vuelta para ver si ellas lo seguían observando, y efectivamente así era. Las muchachas habían salido un minuto del local para verlo marcharse.
A la lejanía él les ofreció una reverencia, misma que ellas correspondieron. Esa fue la última vez que se vieron.
Chapter 51: Última vez
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Decidiendo que no quería vivir más con la intriga y miedo de lo que podría pasar, Todomatsu emprendió un viaje a los barrios bajos de Tokio. No tenía caso seguir dándole vueltas a lo inevitable, por lo que decidió tomar la rienda y dar el primer paso hacia la libertad.
Luego de dejar su empleo le tomó solo tres días el agarrar suficiente valor para volver a la casa de sus padres.
Bajó del tren y llegó caminando lentamente hacia el vecindario. Un perro que había estado ladrándole desde la otra cuadra finalmente se cansó y se fue, mientras que Todomatsu se quedó un momento de pie meditando sobre lo que haría o diría; a pesar de haberlo hecho desde el momento que había dejado a Atsushi, no se sentía del todo listo para simplemente entrar y hablar como si nada. Sostuvo su bolso con fuerza, cerró sus ojos, inhaló y exhaló. Se palpó las mejillas unas cuantas veces y se encaminó.
Llamó a la puerta, pero nadie abrió. Volvió a llamar. La posibilidad de que no hubiera nadie en casa justo cuando había hecho una visita luego de años le inquietaba, no obstante, siguió insistiendo. La persona que le abrió la puerta volvió a ser uno de sus hermanos como de costumbre, ni su madre ni su padre.
—¡Todomatsu! —exclamó Choromatsu al verlo. Las mejillas del mencionado se tiñeron de un suave color rosa al ver a su hermano. Lo miraba de arriba a abajo con detenimiento. Su mirada era de añoranza, cariño y asombro.
—Hola, Choromatsu-niisan, ¿cómo has estado?
—¿Cómo has estado tú? No nos hemos visto en un tiempo. Digo, a pesar de que salimos en algunas circunstancias, pero… Vaya, Totty, me alegra mucho verte.
—A mí también.
Choromatsu seguía sujetando la puerta. Estaba tan sorprendido de tener tan cerca a su hermano menor después de tanto tiempo que se olvidó de invitarle a pasar.
—Y, ¿cómo está Atsushi-san? Hace tiempo que no llamas y yo no sé nada sobre lo que ha pasado. ¿Están bien?, ¿ambos?
—Uh... ¿puedo pasar?
—Oh, sí. Disculpa. Claro, pero cuidado porque…
—¡Totty! —exclamó un ruidoso Osomatsu mientras empujaba al tercero para dejarse ver entre la puerta y la pared. Tenía una mirada alegre y una sonrisa enorme que resultaba contagiosa—. ¡¿Por qué no nos avisaste que vendrías?! Estábamos a punto de ir a pescar. ¿Vienes?
—Umm…
—Creo que Todomatsu no vino a eso, Osomatsu —dijo Choromatsu.
—¡¿Eh?! ¿Es eso cierto, Totty? No me digas que pasó algo entre Atsushi-san y tú.
Todomatsu sonrió de lado.
—No es algo malo, relájense. Vengo a hablar de un asunto con todos.
—Pasa, Todomatsu. Ya habrá tiempo para ir de pesca después —le indicó el tercero.
Cuando el sexto hermano iba entrando a la casa, tuvo sensaciones extrañas. Para empezar, se pasó por su mente la idea de que aquella casa “olía a otra casa”. ¿Tanto tiempo había estado acostumbrado a vivir con Atsushi? Pues sí. Además, la sintió más pequeña, más oscura. Conforme iba caminando al pasar el recibidor no pudo quitarse la idea de que aquel hogar se sentía como un sitio diferente pese a que no había pasado una eternidad desde que había vivido ahí con los demás. Al entrar a la habitación vio a sus hermanos que se encontraban de pie listos para salir con el resto, todos con sus sudaderas entre una combinación de color blanco y sus colores representativos.
—¡¿Totty?! —exclamó Jyushimatsu al verle.
—¡Que sorpresa más grande, little brother! —Karamatsu se aproximó al menos para abrazarlo con mucha fuerza.
—Ay… —gimió Todomatsu a causa del apretón de su hermano—. Hola, Karamatsu-niisan.
Osomatsu y Choromatsu entraron después del menor.
—Totty, ¿nos acompañarás hoy? Estábamos a punto de salir —explicó Ichimatsu con sus típicos ojos somnolientos y una sonrisa tímida.
—Oh, ¡gracias! Pero no vengo a quedarme mucho tiempo, Ichimatsu-niisan.
—¡¿Qué?! ¿No te quedas? —exclamó Jyushimatsu.
—Eso fue lo que nos dijo este muchachote. ¿Entonces a qué viniste? —preguntó Osomatsu genuinamente a la vez que se cruzaba de brazos con una sonrisa traviesa.
—Vengo a hablar con mamá y papá. De hecho, me gustaría que ustedes también estén presentes. Quiero… que sea una conversación familiar.
—¿Es algo malo? —preguntó Ichimatsu.
—No, para nada —dijo el sexto con una sonrisa.
—Pues papá va a llegar pronto del trabajo, salió hace tiempo y está a punto de volver, hoy no se iba a quedar todo el día. Y nuestra madre está en el patio trasero cuidando las plantas. ¿Quieres… que te acompañemos? —dijo Choromatsu.
—No hay problema si vienen conmigo. Iré a verla.
Todomatsu se encaminó para encontrarse con su madre. «Qué bueno que vine a esta hora», pensó. Le sería fácil encontrarse con ambos de sus padres.
Al abrir la puerta camino al jardín de atrás, pudo ver a Matsuyo de espaldas. Estaba con los guantes de jardinería puestos, se encontraba arando la tierra de una parte del pequeño huerto. El cielo ese día estaba muy bonito, despejado, el clima era cálido y perfecto. Quizá por eso su madre había aprovechado para darle una remodelación a la casa. Según lo que sus hermanos le dijeron, había sido el pasatiempo de la mujer durante los últimos meses.
—Hola, mamá. ¿Cómo has estado? —habló el joven.
A pesar de que técnicamente todos los sextillizos eran una copia exacta del otro, la mujer podía distinguir el tono de voz de cada uno, la manera en que hablaban, comían, dormían, caminaban. Desde el primer momento en que oyó aquellas palabras, supo que se trataba de su sexto hijo. Matsuyo se dio la vuelta y los ojos le brillaron al tener de frente a su pequeño. Se aproximó a él y le tentó el rostro como si no creyera que lo tenía de frente. Todomatsu sonrió al sentir el tacto de la suave y gentil mano de su madre.
—Mi pequeño Todomatsu… ¿Cuánto tiempo más pensabas dejar abandonada a tu madre? —dijo con voz tenue. Las lágrimas se le juntaron en los párpados.
—Mamá… Yo… quería venir, pero…
—Tienes tu propia vida. Lo sé.
En ese momento ambos se abrazaron. Todomatsu que era más alto que la mujer la envolvió completamente con sus brazos. La había extrañado tanto. Incluso en sus peores momentos no se le había pasado por la mente volver con su progenitora. Si hubiera sabido que tendría una cálida bienvenida, seguro habría vuelto mucho antes.
—Te extrañé, mamá.
—Y yo a ti, cariño. —La mujer volvió a sonreír con dulzura. No dejó que las lágrimas se derramaran.
—¿Qué estás haciendo?
Todomatsu de repente sintió curiosidad por el pasatiempo de su madre. Nunca la había visto ocupada en algo que no fuera la limpieza del hogar o realizar las compras.
—¡Oh! Hace tiempo salí a pasear a la ciudad con tus hermanos. Sentí de repente interés por las plantas, así que quise aprovechar el espacio que teníamos en la casa para redecorar un poco. ¿Te gusta?
—Se ve muy bonito. Es espléndido que este lugar haya cambiado tanto —dijo Todomatsu mientras miraba detenidamente el jardín.
Anteriormente había sido solamente un pequeño terreno abandonado que no tenía más que tierra, piedras y objetos que terminaban arrumbados en la casa, cestos llenos de basura y platos llenos de comida para gato que Ichimatsu y Osomatsu solían dejar por las noches. Ahora, aunque se mantuvo el alimento para los felinos, el lugar estaba muy colorido. La mujer había colocado macetas con flores cerca de la barda que dividía la vivienda de la casa de los vecinos, además de que había comprado y sembrado pequeños árboles y ahora se encontraba haciendo un pequeño huerto para tener sus propias cosechas. No era muy grande, pero el orden que tenía el pequeño jardín hacía que se viera precioso. El patio estaba lleno de pequeñas florecillas blancas, rosadas y amarillas.
—Gracias, querido. ¿Te quedas a almorzar? Prepararé algo que te guste.
—Oh, gracias por la invitación, mamá, pero me gustaría que… Bueno, en realidad, vine a hablar con todos sobre algo.
—¿Con todos?
—Puede que parezca egoísta de mi parte, pero es para hablar sobre una decisión que he tomado y quiero platicar con todos.
La mujer vaciló un momento antes de dar una respuesta. Finalmente lo dijo sin escrúpulos.
—¿Es sobre este chico Atsushi-kun?
Todomatsu se quedó en silencio un momento, luego asintió.
—Forma parte de esto, sí. ¿Te…? ¿Te molesta?
—Tus hermanos te frecuentaron bastante a pesar de que te fuiste a vivir lejos y me contaron sobre ti. En un principio creí que tú y ese muchacho dejaron de estar juntos, pero ellos me dijeron que no es así. ¿Has estado viviendo bien… con él?
—Sí, mamá. Mejor que nunca. Siento mucho no haber venido en mucho tiempo, pero tuve que enfrentar varias dificultades durante más de un año. No podía abandonarlo…
—¿Atsushi-kun está bien?
—Sí —sonrió—, y no es por hacerme el interesante, pero creo que está muy feliz porque está conmigo. —Entonces Todomatsu comenzó a reír y su madre igual. Dio un leve suspiro al calmarse y dijo en voz un poco más seria—: Lo amo, madre. Más que a nada o a nadie. Nunca había sentido algo así… Conforme ha pasado el tiempo me he dado cuenta de que no quiero estar lejos de él. Cuando Atsushi-kun y yo estamos juntos siento como si ese fuese el propósito de mi vida. Me pongo muy feliz con tan solo estar a su lado, la verdad. Es como si hubiéramos nacido para complementarnos. ¿Así es como se siente el amor?
Al ver la mirada de su hijo mientras hablaba de Atsushi supo que de verdad lo amaba. Sus ojos se llenaban de brillo, las mejillas se tornaban de rosa y sonreía.
—Lo amas de verdad, ¿cierto?
—Sí, muchísimo… Enloquecería si no pudiera estar más a su lado —admitió.
—¿Viniste solamente a hablar cursilerías? Hijo tonto —exclamó desde la puerta corrediza el hombre que recién volvía del trabajo. Había hablado tan de repente que hizo que madre e hijo se exaltaran.
—¡Querido! No esperaba que llegaras tan temprano.
—P-Papá… Hola.
—¿Por qué no dijiste que vendrías?
«Lo mismo que Osomatsu-niisan», pensó el menor.
—Supuse que no estarías ocupado a esta hora, papá. Quería… hablar con ustedes.
—No me digas que vienes a pedirnos dinero.
—No necesito dinero, papá. Por una vez, ¿podemos hablar tranquilamente? Quisiera que mis hermanos vinieran para contarles.
—Cielo, quédate a comer —pidió de nuevo la mujer.
—¡Hablémoslo con calma durante una comida caliente! Sí, señor. Suena bien. ¿Qué cocinarás, mamá? —exclamó Osomatsu llegando por detrás de Matsuzo.
Los otros cuatro estaban junto al primogénito, observando la escena. Después de tanto tiempo, los ocho estaban reunidos de nuevo. Las miradas se giraron a Todomatsu.
—Si pudiéramos comer oyakodon, sería genial… —dijo el menor tímidamente.
—¡Lo prepararé enseguida! —exclamó ella.
Entonces Matsuyo se encaminó a la vivienda. Su marido fue detrás de ella y seguido siguieron caminando los hermanos.
—¿Iban a salir sin haber comido? —les preguntó Todomatsu.
—Luego de pescar podríamos haber llegado a comer algo de oden con Chibita. Ya sabes, allí la comida siempre es gratis, ja, ja, ja, ja. —Osomatsu hablaba desvergonzado como siempre.
—¡Eres un bruto, Osomatsu-niisan!
—Calla, hermano bebé. Debes acostumbrarte a tomar las oportunidades que se te presentan sin vacilar.
—¿Bebé? ¡Tenemos la misma edad!
Mientras la mujer terminaba de preparar la comida los hermanos se quedaron en la sala platicando sobre nada en especial. Estaban poniéndose al corriente con anécdotas que habían vivido a lo largo de los meses. Todomatsu les había contado brevemente y sin entrar en detalles sobre todo el asunto que vivió con Atsushi y la equivocación que lo llevó a sumirse de nuevo en una gran depresión (rememorando a Kaede y Yanagida) y les habló un poco sobre Atsushi. Por supuesto, Todomatsu decidió que no mencionar al padre de Atsushi era lo correcto, pues, después de todo, podría despertar malos recuerdos en Osomatsu, que no tenía ni idea de que aquel sujeto se había encontrado tan cerca de ellos una vez más. Entre una anécdota y otra, una vaga sonrisa se escondía entre los labios de sus hermanos. Finalmente le dijeron la verdad al menor.
—¡¿Qué?! ¡¿Ya consiguieron empleo?! —exclamó Todomatsu súper sorprendido—. ¿Por qué no me lo dijeron?
—¡Tienes una vida privada de nosotros ahora, Totty! No era necesario —dijo Choromatsu.
—Tarde o temprano podríamos habernos encontrado por ahí… —dijo esta vez Ichimatsu.
—No te enojes, Totty —pidió Jyushimatsu—. Tooooooodos estuvimos esforzándonos un montón últimamente.
—La verdad nos daba envidia ver que solo te estuviera yendo bien a ti, así que salimos todos juntos hace más o menos dos meses y con suerte pudimos conseguir un empleo —explicó Osomatsu—. ¡Ahora ya no estás por encima de nosotros! Ja, ja, ja.
—Sobre eso… Dejé de trabajar en la cafetería. ¡No me hagan preguntas!, ya les vi la cara de chismosos. Tiene que ver con lo que quiero hablarles. Cielos, ¿pronto estará la comida? Siento ansiedad.
—De modo que ahora que hemos conseguido un empleo, Totty ha dejado el suyo… —razonó Ichimatsu.
Guardaron un momento de silencio que luego volvió a llenarse de risas y comentarios. Y chisme. Mucho chisme.
Al parecer sus hermanos habían conseguido puestos interesantes, que, aunque quizá no eran muy bien pagados, les había ayudado durante varias semanas a darle a su padre para los gastos. Osomatsu era cocinero en un pequeño restaurante, en donde a su vez Karamatsu era mesero. Choromatsu era cajero en un supermercado, Ichimatsu había estado trabajando en un pequeño “Neko café” y Jyushimatsu se dedicaba por el momento a laborar en un almacén de una empresa de servicio de entregas. A todos les iba bien.
Todomatsu en un instante se preguntó entonces: «¿Y qué rayos quiere decir Osomatsu-niisan con eso del oden gratis? Maldito rufián».
—Me alegra que hayan podido seguir adelante sin ayuda de nadie, hermanos. Justo como siempre lo creí de ustedes.
—¡Qué va! «Si Totty puede, nosotros también». Es lo que estuve pensando por mucho tiempo —dijo Choromatsu.
—Oigan, y… pasando a otro tema, ¿cómo le ha ido a papá? Ha hablado mucho de mí y de Atsushi-kun, ¿cierto?
—¿De verdad quieres saber eso? —respondió Osomatsu toscamente.
—Supongo que su relación no es algo que apoye… —opinó Choromatsu.
—No deberías darle muchas vueltas, Totty —sugirió Ichimatsu.
—Así es, dear. Ciertamente luces mucho más tranquilo que otras veces en las que tenías que enfrentar a nuestro viejo… No veo por qué debas indagar en eso ahora —dijo Karamatsu.
—¡A-de-más…! —habló Jyushimatsu haciendo énfasis en las sílabas—. ¡De quien papá debería sentirse decepcionado es de nosotros y no de ti! Después de todo, seguimos siendo vírgenes. Aunque ya no somos ninis y eso es un avance, je, je.
—¿De qué rayos hablan? —dijo Todomatsu frunciendo el ceño y ladeando la cabeza con curiosidad—. Yo también lo soy.
Ante esas palabras, los cinco no pudieron evitar extrañarse.
—¡¿Eeehhhh?! —vociferaron al unísono.
—¿Qué? —preguntó Todomatsu.
—¡Eso sí que nadie te lo cree, Totty! Ja, ja, ja, ja. —Osomatsu se carcajeó.
—¿Que Atsushi-san y tú no han…? Imposible —dijo Choromatsu como pensando en voz alta.
—No deberíamos creerle a Totty. Ya saben cómo es… —susurró Karamatsu.
—Lo siento, Todomatsu, pero cuesta creerlo —dijo Ichimatsu.
Jyushimatsu solo se reía de cada uno.
—¡¿Cómo pueden no creerme?! Es en serio. Y, además, “¿Ya saben cómo es?” ¿Qué rayos significa eso, Karamatsu-niisan?
—Oh, nothing, brother. Just kidding.
—¿Qué?
—A ver, Totty, ¿es en serio? Creí que Atsushi-san y tú eran más cercanos. Ja, ja… No te enojes —dijo Osomatsu entrando al “rescate” de su bobo hermano.
—Así que sigues siendo parte del club. —A Choromatsu se le veía tranquilo, quizá hasta aliviado de saberlo.
—No es algo que yo haya decidido. Creo que simplemente no se ha dado el momento. Atsushi-kun ha estado tan ocupado y yo igual… ¿No es lo normal? La vida laboral es un infierno, ya deberían saberlo.
—No tanto —dijo Karamatsu.
—Maldición, cállate. Por supuesto que lo es —respondió Ichimatsu.
Karamatsu puso expresión decaída y no añadió nada.
—¿A Atsushi-san no le interesa ese asunto? —indagó Osomatsu.
—Bueno, un par de veces estuvo a punto de suceder, pero… pero… ¡se siente siempre tan precipitado! No importa cuánto tiempo pase, no se siente como el instante correcto ni la manera correcta. No lo entenderían. Apenas se acerca y yo no sé qué hacer.
—Si no quieres hablar de eso no tienes que hacerlo —dijo el tercero.
—Shh… Silencio Choropajerovski, déjalo continuar —espetó un interesado Osomatsu.
—Además no es como que yo se lo pida o algo así… Simplemente no sucede. Atsushi-kun siempre está tan… —De repente, Todomatsu se calló. No supo qué debería añadir, pues era cierto que últimamente habían pasado por cientos de cosas, sin embargo, con anterioridad Atsushi le había pedido por eso, y era él quien se negaba. Había sucedido ya muchas veces en el pasado lejano y cercano. Si no habían tenido esa clase de intimidad era por causa suya y no de Atsushi… Pensar en ello le hizo meditarlo.
—“¿Tan…?” —Osomatsu quiso alentarlo a continuar, pero no sucedió.
En el momento en que la picante conversación comenzaba a tomar fuerza, Matsuyo los llamó a todos desde la cocina.
—¡El oyakodon está listo!
—¡Ya vamos, mamá! —respondieron los seis al unísono.
Se pusieron de pie y salieron de la habitación. Bajaron las escaleras con calma entre risas y más preguntas de todo tipo.
—Sabes que a tu oniichan puedes contarle todo, ¿sabes?
—Cielo santo, ¡ya cállate, Osomatsu! Déjalo en paz —exclamó Choromatsu para defender a Todomatsu. No soportaba que fuera realmente tan chismoso.
El menor solo se reía de sus hermanos. Sus tonterías siempre le divertían.
Se sentaron en el suelo alrededor de la mesa redonda, los seis hermanos y los padres. Al principio había demasiado ruido por parte de los sextillizos, sin embargo, a la hora de comer fueron perdiendo esa chispa y el silencio se hizo presente. Matsuzo comía en silencio fingiendo indiferencia, y la mujer, aunque se encontraba ansiosa por aquello que su hijo quería decirle, disfrutaba cada instante con su familia completa. Por su parte, Todomatsu no decía palabra alguna excepto frases cortas y genuinas como “esto esta delicioso”, “gracias, mamá”, “extrañaba esto”. No pasó mucho tiempo antes de que pudieran terminar la comida para que el primogénito le dirigiera a Todomatsu una mirada como diciendo: “¿Y qué es lo que nos querías decir?”. Con aquella acción, Todomatsu hizo una mueca y tragó su comida pensando: «Oh, cierto». Los sextillizos usaban su telepatía muy a menudo, o como sea que se le llamara a aquella habilidad que tenían.
—Mamá, papá, supongo que puedo hablarles ahora sobre… lo de antes.
—Claro, cariño, ¿qué es?
—Bueno, he estado intentando darle un giro a mi vida. He hecho lo mismo durante mucho tiempo y por eso siento la necesidad de tomar un nuevo rumbo. Hice… —hablaba como si dudara. Entonces se armó de valor y lo dijo como normalmente lo diría con otra persona—. Hice planes con Atsushi-kun, por eso… hice a un lado mi actual empleo. Estoy planeando entrar a la universidad.
—¿Universidad? —dijeron los hermanos al mismo tiempo por lo bajo. O quizá fue telepatía otra vez.
—Eso es estupendo, Todomatsu —dijo Matsuyo, creyendo que era toda la noticia.
—Sí, siempre quise saber qué se siente estudiar una carrera. Tengo 24 años, no es demasiado tarde, ¿cierto?
—Nunca —dijo ella.
—¿Eso es todo? Dejas tu empleo para seguir con la universidad después de tanto tiempo. ¿Abriste los ojos por fin? Era algo que deberías haber hecho hace mucho tiempo… No veo por qué tanto alboroto por ello —dijo Matsuzo para continuar comiendo.
—Es que… no es todo lo que tengo para decir —explicó Todomatsu con la mayor calma posible. Creyó entonces que era correcto decir la verdad de una vez por todas—. Quiero decirles que me voy de Tokio.
—¡¿Eh?! —exclamó Osomatsu.
—Totty… —balbuceó un triste Jyushimatsu con la boca llena de comida.
—Ir… ¿Irte? ¿Por cuánto tiempo? —preguntó Matsuyo.
—Para siempre. Bueno, es lo que hemos decidido por el momento. Si en un futuro regresaremos a vivir acá de nuevo, todavía no estoy seguro.
—¡No puede ser! —exclamó Karamatsu—. ¿No podías habérnoslo dicho desde antes? Así podíamos haber organizado una fiesta de despedida o algo, bro…
—Tomamos la decisión de repente —dijo Todomatsu.
—A… ¿A dónde? —preguntó Ichimatsu con voz tímida y nerviosa.
Todomatsu tomó aire. Estaba súper entusiasmado con la idea, pero quizá su familia no se lo tomaría tan bien.
—Atsushi-kun y yo estaremos viviendo en Okinawa. Ya hemos hecho los preparativos; la casa ya tiene comprador, preparamos la mudanza, los boletos del vuelo, buscamos una universidad cercana y un empleo asegurado, todo. En menos de dos semanas estaremos allá. Por eso… vine hoy a despedirme.
La noticia les cayó como agua helada. Ambos padres se sorprendieron, se notaba en sus rostros. Y los hermanos ni se diga. Por un instante los cinco fueron irreconocibles, sus expresiones fueron exactamente las mismas.
—To…Totty… ¡¿Cómo demonios no dijiste nada?! —gritó Osomatsu. Su rabia no era meramente por el hecho de “ser dejado de lado”, sino por no tener el tiempo suficiente para compartir con su hermanito.
—¡En Okinawa! Qué locura —expresó Choromatsu.
—Fuh… Esa sí que es una amazing decisión, Totty. Te lo tenías bien guardado.
—¿Es por el empleo de él? —preguntó Ichimatsu.
—¡Totty se irá muy lejos! NOOOOOOO. —Jyushimatsu perdió el control rápidamente.
—No, no tiene que ver tanto por el empleo de Atushi-kun. Es una decisión de ambos. Pasamos… por muchas cosas. Empezar de nuevo allá sería lindo.
Matsuyo estaba totalmente de acuerdo con la decisión de Todomatsu. Hubo una ocasión en la que junto a Choromatsu pudo conocer la casa de Atsushi y verlo de nuevo en mejores condiciones, por ello, sentía empatía por el muchacho. Por supuesto, aquello no lo sabía su marido. No fueron demasiadas veces, pero sí fueron algunas las que se dieron para ver al joven oficinista más de una vez.
Desde luego, la mujer se sentía triste por el hecho de separarse de su hijo y no tener ahora idea del lugar en donde viviría, pero se sentía feliz por su nuevo comienzo. Verlo crecer e irse del nido era algo que hacía que se sintiera plena.
—Con que es eso… ¿Okinawa? De verdad que te gusta la vida difícil. Bien, supongo que era todo, ¿no? Me voy a cambiar. Debo salir a otra reunión dentro de una hora —dijo el hombre levantándose. Apenas tuvo la decencia de levantar su plato para luego esfumarse. Cerró la puerta corrediza detrás de sí.
Los sextillizos se miraron unos a otros.
—Vaya. —Choromatsu bufó.
—Totty, aunque no lo parezca, papá está preocupado por ti, ¿sabes? Es solo que no sabe expresarse muy bien —dijo Ichimatsu.
—Es como tú, niisan —le respondió Jyushimatsu.
—Ca-Cállate…
—Yo no lo creo —dijo Todomatsu tristón.
—Tu padre tiene su manera de querer protegerte. Saber que estarás lejos no le va a dejar estar en calma.
—Mamá, él se molesta porque sabe que Atsushi-kun y yo estamos juntos aún… No le gusta esa idea.
—Pues tienes razón, no le gusta —habló por lo bajo con tristeza. Ella misma estaba algo encariñada con Atsushi—. Creo que es tiempo de ignorar nuestras diferencias, cariño.
Luego de un breve silencio, Todomatsu dijo:
—Gracias por la comida, mamá. Hacía tiempo que no comía algo tan delicioso. Yo voy a extrañarlos mucho a todos… De verdad. No sé qué voy a hacer estando tan lejos de todos, pero es algo que, de verdad, de verdad, de verdad, quiero intentar.
—Te entendemos, brother. ¡Vuela alto! —dijo el segundo tras guiñarle un ojo con una sonrisa seductora.
—¡No te despidas, bobo! Dinos el día y la hora y estaremos ahí en el aeropuerto contigo —dijo Osomatsu.
—¡Oh, es una estupenda idea! —Jyushimatsu se emocionó.
—Sí, es verdad… —Los ojos de Ichimatsu brillaron.
—Este no es un adiós, hermano chillón. Nos volveremos a ver en unos días si nos lo permites —dijo el primogénito.
—¡Claro, Osomatsu-niisan! Desde luego.
Entonces así fue la “despedida” con sus hermanos. Gracias a la proposición de Osomatsu fue mucho más sencillo para el menor lidiar con las lágrimas que posiblemente se asomarían al intentar decir “adiós” por última vez. Terminaron de comer lo último que quedaba en sus platos y comenzaron a limpiar.
Sin darse cuenta Todomatsu había pasado una buena parte del día allí en casa platicando con sus hermanos y su padre seguía sin salir de casa. Era obvio que dicha reunión de antes era una mentira.
El cielo de aquel día era curioso; al principio se encontraba despejado, de color azul y con un sol brillante y agradable, pero conforme pasaron las horas el cielo tomó tonalidades naranjas y amarillas que se lograban ver muy bien con el contraste entre las nubes grandes y esponjosas. Era un atardecer nublado.
Llegó la hora de irse. «Lo siento, hermanos —les dijo Todomatsu—, pero lo de ir de pesca tendrá que quedar para mucho después».
Se despidió de su madre con un abrazo fuerte y un beso en su frente. A sus hermanos les dio un abrazo de igual manera uno por uno, no obstante, según los chicos, como de todas formas iban a salir se ofrecieron a encaminarlo hasta su actual casa, a lo que Todomatsu respondió amablemente: «Hasta la estación está bien».
Antes de irse fue a buscar a su padre a una de las habitaciones de arriba. Lo encontró viendo televisión. Como en un principio al entrar le prestó nula atención, decidió interponerse entre el aparato y su padre. Al llamar su atención por fin, le hizo saber que partiría.
—Fue bueno verte de nuevo, papá. A pesar de las diferencias que hay entre nosotros. Yo… te extrañé.
—Okinawa está muy lejos, ¿no te parece? Puede que cambies de idea.
—Mantengo mi palabra. Voy a dejar Tokio.
—Bien. Suerte entonces.
Todomatsu soltó un suspiro largo y pesado. Odiaba tener que lidiar con el pésimo humor de su padre, pero a pesar de todo no lo odiaba. Era su padre.
—Encontré a alguien a quien amar, a alguien con quien compartir mi vida y lo que soy. ¿Por qué eso no puede hacerte feliz, papá?
—Debes estar bromeando, hijo. Conoces la respuesta. No es natural este tipo de “amor” que dices sentir. Lo normal sería que tuvieras una novia, que tuvieras… Ya sabes, que formaras una familia.
—Es que ahora Atsushi-kun es mi familia.
—Sabes de lo que hablo. Mira, hijo… —El hombre se puso de pie y colocó una de sus manos sobre el hombro del menor. Quizá por primera vez fue el único acto de afecto que tuvo por él—. Me preocupo por ti. ¿Qué será de tu vida cuando ya no estemos tu madre y yo? Tienes hermanos, eso lo tienes a tu favor, pero, necesitas formar tu propia familia, tu linaje. Sino, todo lo que hayas hecho va a quedar en el olvido. ¿Para qué tu madre y yo hemos trabajado tanto si no tendrás descendencia que pueda siquiera recordar dichas acciones? Nadie va a… recordarte. Me preocupa esta vida solitaria que has decidido tener. No está bien y deberías saberlo. ¡No quiero que estés solo!
—No lo estoy.
—Todomatsu…
—En serio, papá. Atsushi-kun es…
—¡Eh! No quiero que menciones más su nombre. No debajo de este techo. Ese sujeto no es bueno para ti, siempre he tenido un presentimiento. Desde que lo conociste te volviste sombrío, triste, te ha traído muchas preocupaciones, ¿no es así? Puedo verlo en tu rostro. Ese tipo de sujetos siempre tienen mañas que terminan contagiándose. Pobre de ti…
—Por favor, trata de entender. Durante mucho tiempo estuve pensando en la manera en que debía vivir para estar bien con todo el mundo, pero me di cuenta de algo: siempre habrá alguien que esté inconforme con nuestra verdadera naturaleza. Y, en este caso eres tú. Me odias porque no amo a una mujer… Eso no es algo que yo decidí. El amor surgió de repente…
—¡Hey! Momento. Yo no te odio, ¿quedó claro? No me gustan tus decisiones que por lo general son incorrectas, pero, ¿odiarte? Me sorprende que digas esas cosas.
—Papá…
—Quiero que formes una familia, que tengas una vida y un buen futuro, ¿es demasiado difícil apuntar a algo así?
—No es como tú la deseas, pero yo ya tengo a mi familia. Tengo una pareja con la que pienso permanecer hasta que me muera y tengo sueños… Eso debería ser suficiente para ti. —Para despedirse, Todomatsu sacó de su bolso un montón de billetes que había ahorrado durante un tiempo y se lo tendió a su padre—. No es mucho, tuve que conservar otra parte para el viaje y lo que conlleva un cambio de rumbo. Tómalo, por favor.
—No lo necesito.
—Tómalo, por favor —repitió.
—Estoy seguro de que tú lo necesitas más que yo, quédatelo. Te va a hacer mucha falta. Tengo a tus hermanos para que me ayuden.
Al notar que su padre en ningún momento tuvo la intención de aceptar el dinero, lo devolvió a su bolso. Esperaba que entendiera que sus intenciones eran buenas y que deseaba quedar bien con él antes de marcharse, pero su padre no ponía de su parte. Parecía que ese “adiós” debía ser duro obligatoriamente. Además, parecía que el hombre no le daba la importancia que la situación ameritaba; podía ser la última vez que se vieran en años y ni siquiera pensaba en ello.
—Bien, entonces… me voy.
—Piensa en lo que te dije. Reflexiona, es posible que dentro de poco te des cuenta de que lo que pido para ti es lo mejor. Y no descuides la universidad.
—No descuidar la universidad, lo tengo. Es hora de marcharme…
—Ve con cuidado. No preocupes a tu madre.
En ese instante Todomatsu quiso darse la vuelta y olvidar el asunto, pero por el bien de su pareja, quiso intentar de nuevo.
—¿No te gustaría ver a Atsushi-kun una vez más? Quizá… cambies de parecer. Es una persona estupenda. Lo he pensado y no creo que debas juzgarlo de esa manera. Ha trabajado duro y pasado por mucho. ¿Notas cansancio en mi rostro? Pues bien, se debe a la lucha de dos personas contra el mundo. No he estado solo en ningún momento.
—Sin importar qué clase de persona sea, se trata de un tipo al que le gusta confundir a las personas respecto a sus gustos. Ha logrado hacerlo contigo, mi pobre hijo. ¿Por qué debería darle una oportunidad?
—Conociste a su padre hace mucho tiempo. Creí que quizá querrías enmendar esos errores. Digo, confiar en un mal tipo con un rostro agradable no estuvo bien, pero haces lo contrario con Atsushi-kun. Parece que tu intención no es muy buena en cuanto a las intenciones de la gente.
—¿Qué? —Matsuzo se mostró confundido.
Todomatsu no entraría en detalles.
—Hoy vine para decirte que comenzaré una nueva vida con mi marido en Okinawa. Eso es todo.
En el rostro de Matsuzo se reflejó una mirada de ira combinada con tristeza. ¿Qué era aquella expresión? Pareció no gustarle la elección de palabras de Todomatsu pese a que el tono empleado fue totalmente cortés. El menor se aproximó a su padre, pensando que éste le tendería la mano o algo similar, no obstante, se mantuvo firme, como congelado. Sin poder evitarlo se lanzó hacia su padre y lo abrazó fuerte, fuerte, fuerte.
—Te quiero, papá. Cuídate mucho.
Al sentir los brazos del menor rodeándole, el hombre solo le dio unas palmaditas en el hombro sin mucha fuerza y con intenciones dudosas. Todomatsu no supo si debía interpretarlo como correspondencia del abrazo o como un acto para expresar algo como: “suéltame ya”. No obtuvo ninguna palabra de despedida por parte de Matsuzo, ni siquiera volteó a mirarle. En ese instante luego de sentir que había dicho todo lo que tenía que decir, salió de la habitación para no volver. Inconscientemente miraba todo con nostalgia, era la última vez que estaría en esa casa.
El dinero finalmente terminó concediéndoselo a su madre, que, aunque también se había negado en un principio no le quedó de otra más que tomarlo ante la insistencia de su hijo.
Salió de la casa acompañado de sus cinco hermanos. Lo encaminaron hasta la estación justo como les había pedido y por aquel día se despidieron.
Notes:
Al igual que Totty quise hacer un ligero cambio, así que fui a la estética, me teñí el cabello y ahora soy rubia. Me gustó mucho inesperadamente. Aunque me siendo como Choromatsu con su pelo castaño (TvT)
¡Pude actualizar antes de terminar el mes!, y a las 2:00 am como en los viejos tiempos.
No hubo Atsushi esta vez, pero se viene su buena participación pronto.
Chapter 52: Un recital y soda de melón
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
De haber sido posible a Todomatsu le habría gustado despedirse de su padre en buenos términos, pero el hombre solo lo hizo difícil. No había hecho nada malo esta vez, ¿o sí? Después de todo jamás negó a Atsushi, no podría hacerlo. Por otra parte, se sentía aliviado de que su madre estuviera feliz de volverle a ver, al igual que sus hermanos. Todos eran tan animados como siempre, no cambiaban. Y por supuesto que sentía un poco más de alivio al saber que comenzaban a cambiar sus vidas. Haber hecho esa visita a su antiguo hogar había sido una experiencia agridulce, se sentía feliz por su familia, aunque uno de los miembros había mostrado sentimientos negativos. Pese a la tristeza que había en su corazón, recordar ciertas palabras que su padre dijo aliviaban un poco ese remordimiento. Pensaba una y otra vez: “Yo no te odio, ¿quedó claro?”
Todomatsu estaba pensativo, se encontraba terminando de bajar las cajas del ático con ayuda de Atsushi. Habían estado trabajando arduamente en la limpieza de la casa para presentársela a sus compradores dentro de unos pocos días, por lo que, aunque creían terminar con un asunto surgía de repente algo más. Afortunadamente ya estaba llegando todo a su fin. Atsushi cargaba la caja desde abajo mientras Todomatsu levantaba el peso desde la parte de arriba. El día había comenzado siendo caluroso, por lo que el menor traía puesta una camiseta delgada de color coral con un estampado de smiley y llevaba un short blanco, además no usaba calzado ni calcetines, prefería andar por la casa a raíz. Por otro lado, Atsushi andaba con tenis deportivos blancos, un pants de color gris y una camiseta holgada negra.
—¿Lo tienes? Mira hacia atrás con cuidado, aún hay escaleras…
—Lo tengo, Todomatsu. Puedes seguir.
Ambos siguieron cargando la caja hasta que llegaron al piso de abajo. No solamente habían terminado de bajar todo del ático, sino que hacía falta llevarlo hasta la puerta del recibidor de la planta principal. Cuando terminaron de sacar todo, se sentaron exhaustos en el suelo del pasillo entre las habitaciones de arriba, cerca del ventanal.
—¡Uff! Bueno, eso es todo por ahora —exhaló Todomatsu con las mejillas sonrojadas y sacudiendo su camiseta para ventilarse.
—¡Ja! Aún falta subir algunas cosas del sótano. Entre ellas…
—¡El piano! Maldición —exclamó el menor. El tan solo pensar en hacer aquello lo hacía sudar aún más—. Pero, ¿podemos ambos con eso?
—Pensaba llamar a los chicos para que nos ayudaran con esto, pero...
—Pero no quieres que sepan la razón por la que tenías un piano aquí, ¿cierto? La verdad no creo que a Futsuumaru y a Kusosuke les importen esas cosas.
—¡Además, seguro que están ocupados!
—Vamos, Atsushi-kun, sabes que entre los dos no podremos sacar ese piano de allí. Necesitamos ayuda. ¡Déjame llamar a mis hermanos!
Atsushi tomó aire pensando sobre ello. Ambos habían hecho de todo para cambiar sus vidas y zafarse de aquello que les afligía. Saber que Todomatsu había ido a donde se familia para hablar sobre su partida significaba mucho para él, lo motivaba a ser igual de valiente incluso pensando en su padre y su primo. Ambos habían soltado ya aquello que dolía, entonces, a pesar de haber dicho que nunca más volvería a tocar el piano, ¿a qué le tenía miedo, entonces? Era tiempo de dejarlo ir, y una buena manera de hacerlo era creando nuevos recuerdos felices.
—Asegúrate de llamar a Choromatsu-kun. Voy a dejarle escuchar mi último recital —dijo Atsushi con una sonrisa serena—. Si es que quiere venir, claro.
—¡¿De verdad volverás a tocar?! —exclamó con una gran sonrisa y brillo en los ojos.
—Espero que no haya olvidado la gran parte. Si no te aferras a tus talentos, simplemente desaparecen sin despedirse —dijo riéndose.
—¡Muy bien!
Esa misma tarde los chicos se presentaron en casa de ambos. No fueron todos, puesto que sus horarios de sus nuevos empleos no coincidían con su petición, por lo que Todomatsu tuvo que preguntar por el día libre de Choromatsu quien era el más solicitado. Además, no solamente fue el tercero, sino que el primogénito se hizo presente. ¡Los días libres de Osomatsu y Choromatsu coincidían justamente ese día que los necesitaba! El destino estaba a su favor.
Apenas iban entrando al patio de la casa, Todomatsu abrió el portón para recibir a los chicos.
—No puedo creer que Atsushi-san va a tocar el piano para nosotros. Es… ¿Estás seguro? —preguntó el tercero.
—¡Sí, eso dijo, hermano!
—¡Debes estar contento de tener a tu oniichan aquí! Necesitan un hombre fuerte, después de todo —comentó Osomatsu a sus hermanos a la vez que presumía los músculos de sus brazos fornidos.
—Claro, claro… —Todomatsu sonrió.
Entraron y naturalmente se asombraron al notar la casa completamente vacía. Incluso notaron que sus voces hacían eco por las habitaciones a causa del espacio amplio. Aquella casa lucía todavía más grande cuando se encontraba desalojada.
—Woah… ¿En tan poco tiempo todo esto se ve así? Debieron trabajar demasiado… —comentó Choromatsu inspeccionando cada rincón. Ya no había nada salvo cajas y pilas de muebles amontonados en la sala principal.
—No demasiado. Actualmente estoy desempleado así que tuve mucho tiempo para trabajar en el hogar, je, je.
—Ay, nuestro hermanito creció —dijo Osomatsu simulando que limpiaba lágrimas de sus ojos.
Los tres reían hasta que fueron interrumpidos por Atsushi que bajaba las escaleras.
—¡Oh, muchachos! Me alegra mucho verlos de nuevo —exclamó Atsushi con sinceridad.
—Hola, Atsushi-san —saludó Choromatsu con las mejillas de color rosa e hizo una leve reverencia.
—¡¿Qué tal, cuñado?! ¿Cuánto tiempo pensabas dejar abandonado al buen hermano mayor Osomatsu? ¡Deberíamos haber salido más seguido a beber o algo! —exclamó el mayor de los sextillizos a la vez que se aproximaba a Atsushi y le rodeaba amistosamente con un brazo mientras le daba palmaditas en la espalda. Ambos eran igual de altos, por lo que la acción tomó al mayor por sorpresa; casi nadie estaba a su altura, literalmente.
—¡Osomatsu-niisan! —Todomatsu se puso colorado.
—¡Estoy jugando, estoy jugando!
Osomatsu soltó rápidamente a Atsushi. El mayor no se tomó aquello ni mínimamente como una ofensa, aunque Choromatsu y Todomatsu estaban horrorizados.
—Es verdad, debimos haber salido más… —Se encogió de hombros—. Disculpen, chicos, por pedirles que vengan en su día de descanso. Sé lo duro que es —dijo Atsushi.
—¡No hay problema! De verdad queríamos ayudar. Este sitio siempre me agradó y quería venir al menos una última vez —dijo Choromatsu.
—¡Sí, no hay problema! En cuanto Totty dijo que tocarías el piano Choro-chan quiso venir a toda prisa.
—B-Bueno… ¡Eso es po-porque…!
—¡Ja, ja, ja! Entiendo. De nuevo, gracias por venir chicos. Y disculpen la molestia, el piano sigue todavía en el sótano, pero no se preocupen demasiado, ya hemos limpiado la mayor parte del polvo y no hay arañas. Por aquí, vamos.
Atsushi caminó por delante y los demás lo siguieron.
—¿Cómo es que el piano pudo acabar ahí? Aquí hay gato encerrado.
—Eso sonó como algo que Ichimatsu diría, Osomatsu-niisan —dijo Choromatsu.
—Mi padre hizo que lo pusieran aquí hace mucho tiempo así que tampoco lo entiendo. Yo solía practicar en la parte de arriba, aquí ni siquiera hay luz. No hay manera de que pudiera durar horas tocando aquí. Aunque, no lo recuerdo bien… —explicó Atsushi.
«Así que aún hay cosas que no puede recordar», pensó Todomatsu.
—¡Es todo un caso, entonces! Los padres suelen ser así de incomprensibles, ja, ja… —opinó Osomatsu.
—Vaya que sí... —respondió Atsushi con media sonrisa—. Bueno, ¿les parece si sacamos el piano de aquí y luego toco para ustedes?
—Claro, Atsushi-san, ¡cuentas con nosotros! —respondió el primogénito una vez más.
—De acuerdo —accedió Choromatsu.
Cargaron el instrumento, el cual les dio en verdad muchos problemas. Creyeron que para hacer menos esfuerzo hubiera sido mejor que otro de los sextillizos acudiera o quizá Futsuumaru, pero no hizo falta batallar más con el asunto. Entre los cuatro pudieron alzarlo y removerlo hasta arriba poco a poco. Choromatsu y Todomatsu desde arriba, Atsushi y Osomatsu desde abajo. Les hizo falta retomar el aire luego del esfuerzo que hicieron para lograr su objetivo. Al apenas mover el piano lo llevaron también a la sala principal para que fuera mucho más fácil sacarlo de la casa una vez se realizara la mudanza completa.
Bebieron agua y encendieron el ventilador para refrescarse rápidamente. Para refrescarse Atsushi les ofreció unas sodas que tenía en el refrigerador. Los tres hermanos las bebieron, y finalmente el mismo tomó una. Burbujeante, dulce y refrescante. Una vez que volvieron a sentirse tranquilos, optaron por alentar a Atsushi a tocar para ellos.
—¡Atsushi-san! ¡Ya es hora de que toques un poco para nosotros! —alentó Osomatsu.
—¡Por favor! —pidió Choromatsu juntando ambas manos.
—Atsushi-kun ha tocado antes y mantiene todavía su talento. ¡Era una melodía impecable!
—No es para tanto —respondió Atsushi con modestia y las mejillas colorándose sonrosadas—. ¿Y qué les gustaría escuchar?
—Lo que a ti te apetezca, realmente no conocemos de esas cosas —respondió Osomatsu y se encogió de hombros.
—¿Todavía recuerdas alguna pieza de Henry Lemoine, Atsushi-san?
—Oh, ¿lo reconocías, Choromatsu-kun?
—No sé tocar el piano, pero soy muy bueno escuchando y estudié las partiduras por un tiempo en la preparatoria. Pude identificar algunas piezas con ayuda de varios libros, así que, sí, un poco.
—Bien, voy a intentarlo entonces… Aunque es posible que el sonido haya cambiado. Ya no soy tan hábil como antes.
—Eso dice, pero no es cierto —susurró Todomatsu al oído de Choromatsu.
—¿Pasa algo? —preguntó Atsushi.
—Oh, nada, nada.
Atsushi se sentó frente al piano y tocó unas teclas al azar. El sonido de las teclas seguía siendo melifluo e impecable, desde luego no podía poner como excusa la longevidad y desuso del pobre instrumento. Con tan solo escuchar aquello los ojos de Choromatsu brillaron y una sonrisa se dibujó en el rostro de Osomatsu.
—Bueno, aquí voy… No hacen falta formalidades, ¿ok? Pónganse cómodos, siéntense como quieran.
A pesar de haber dicho aquello, Choromatsu había adoptado correctamente la postura seiza. Osomatsu tenía las piernas cruzadas y recargaba su cabeza en una de sus manos; ambos se encontraban en el suelo. Todomatsu por su parte estaba sentado encima de una de las cajas de la mudanza, pero para entrar en el mismo ambiente, se puso en el suelo en una postura similar a la del primogénito.
La melodía comenzó siendo floja, parecía que Atsushi seguía intentando probar el sonido que producían las monocromáticas teclas sin poder lograr escuchar lo que él quería. Pensaba en decir cosas como: «Lo siento, esto no es tan bueno como quisiera», o quizá algo más como: «¿está bien si me salto la parte final?», pero Atsushi decidió no interrumpirse a sí mismo y no arruinar la experiencia para sus visitantes. Después de todo no debería ponerse nervioso con ellos, no eran desconocidos de ninguna audición ni jueces ni sus enemigos. Eran su familia, ¿cierto?
Finalmente comenzó a tocar aquella melodía que recordaba vagamente. Fue la memoria muscular la que le ayudó a continuar con aquello. Al principio el movimiento de sus dedos era vago, sin gracia, pero poco a poco fue tomando el ritmo y pudo volver a sentir aquella parte de su pasado. La melodía resonando en cada rincón de la casa mientras su padre estaba a un lado suyo al tanto de cada error que cometía. La melodía sonando mientras los profesores de música desaprobaban cada movimiento y le decían que comenzara de nuevo. La melodía sonando mientras estaba en soledad en aquel salón de la preparatoria. «¡Ahora es diferente!», se dijo a sí mismo. «Estoy teniendo un momento de paz con mi familia. Ellos quieren escucharme y yo no voy a decir que no».
Etude Op. 37 No. 29- H. Lemoine.
Fue una manera brava de comenzar con el “recital doméstico”. Ciertamente la melodía no era la más complicada del mundo, pero la última vez Atsushi no se había atrevido a tocar algo con mayor ritmo y por ende tomó por sorpresa a Todomatsu y compañía. Disfrutaban de la canción, y es que ¡se miraba tan sencillo de hacer viéndolo tan de cerquita! O eso fue lo que pensó Osomatsu por una fracción de segundo para luego arrepentirse. Choromatsu por su parte disfrutaba de la oportunidad de escuchar algo así en un día casual. Tener un momento para escuchar personalmente algo de música era siempre un deleite. «Quizá es así como se siente el acudir a una casa de té para escuchar el koto y shamisén de las damas», pensó sutilmente.
Aquella melodía tenía un ritmo repetitivo que iba haciéndose suave de a poco y luego retomaba su vivaz energía. Atsushi tenía habilidad, era simple pero perfecto. Todomatsu sonrió en sus adentros al percatarse de que, aunque Atsushi les advirtió una y otra vez que no era tan bueno como solía hacerlo, era una completa mentira, pues no cometió ni un error. Al menos que se diera cuenta, pues desde luego que no era un experto.
Fue una melodía de casi dos minutos. Cuando hubo terminado escuchó los aplausos de Osomatsu, Choromatsu y Todomatsu.
—¡Impecable! —exclamó Choromatsu con la mirada vigorosa y una gran sonrisa, casi tan parecida a la de Jyushimatsu.
—No estuvo nada mal. ¡Debes dejarte de modestias, Atsu-san! —opinó Osomatsu aplaudiendo también. Se sentía satisfecho al comprobar que Todomatsu no mentía, en verdad era muy hábil.
—Uh, ¿de verdad? Bueno, ahora que lo mencionan, solamente me dejé llevar y la canción apareció de repente. Creo que lo recuerdo mejor de lo que pensaba… Mis manos se movían solas.
—¡Fue hermoso, Atsushi-kun! Ahora entiendo por qué Choromatsu-niisan estaba tan fascinado —dijo Todomatsu.
La siguiente melodía fue una versión distinta del mismo compositor. Fue más rápida, concisa y preciosa. 50 Estudios Op. 37 - Estudio 31. Los dedos de Atsushi parecían bailar sobre el piano y sus movimientos ágiles y preciosos hicieron que los muchachos se asombraran de esa habilidad.
—¡Caray, hombre! Si sabías hacer eso no tendrías por qué haberlo ocultado. ¿No, Totty? ¡Es como si nunca lo hubieras abandonado! —exclamó Osomatsu.
—Y no toca desde la preparatoria… —dijo el menor de los hermanos.
—¡Debes ser un genio, Atsushi-san! Sí, ¡esto es lo tuyo! —comentó Choromatsu con mucha energía y completamente decidido.
—No creo que deba… Me va mejor como contador, ja, ja.
—¡¿Bromeas?! ¡Tendrías mucho más dinero si te dedicaras a esto! Quiero decir, no tengo idea de cuál es el sueldo de un pianista pero…
—Esa es decisión de Atsushi-kun, hermano.
—¡Deberás convencerlo tú, Totty!
—De ninguna manera —dijo riéndose.
—Te… ¿Te molesta si sigues tocando un poco más? —preguntó Choromatsu con timidez.
—¡Que va! Tenemos toda la tarde. Aunque, claro, pueden irse a casa cuando lo deseen, no los estoy reteniendo.
Hubo varias piezas más que Atsushi pudo interpretar casi a la percepción. “Casi” debido a que quiso reiniciar algunas de ellas una vez que notaba que no llevaban el ritmo que deseaba o que no sonaban como era debido. Enseguida volvían a tomar forma, siempre fueron dulces para su pequeño público de tres personas.
Por un instante a Atsushi le pareció extraño verse en aquella situación. Hace tiempo atrás se encontraba solo. Antes de conocer a Todomatsu, con sus 24 años recién cumplidos, se encontraba siempre en un bucle sin fin. Iba del trabajo a su casa y de su casa al trabajo, todos los días sin excepción. No salía con amigos, había dejado de asistir al gimnasio o de realizar sus hobbies y todo se había tornado oscuro, sin siquiera saber algo de su familia. Recordaba aquellos días en los que incluso en navidad y su propio cumpleaños se la vivía en la oficina, pues, claro, estar concentrado en el trabajo frente a la computadora esperando por las fechas y horas de entrega de los documentos era mucho más fácil que pensar una y otra vez en sus problemas personales, rememorando cosas que deseaba dejar atrás y volvían a aparecer intrusamente en cada rincón de su mente cada que tenían la más mínima oportunidad. Ver la computadora era mil veces mejor. Estar concentrado en el trabajo era mil veces mejor.
Al menos eso era lo que sentía hasta hace poco. No obstante, luego de un lapso de cuatro años se encontraba de nuevo tocando el piano al que le había tenido tanto pavor en el pasado, y, además, su público eran tres personas que no había imaginado que conocería. Todo había cambiado gracias a las decisiones de ambos; hasta podía decir que eran felices justo como estaban ahora. No entendía la razón por la que salir de ese agujero había sido tan complicado. No entendía para empezar cómo y cuándo se había creado ese agujero. Pero de algo estaba seguro, y era que creando nuevos recuerdos agradables le permitiría llevar una vida plena en donde podría seguir tranquilo con sus andanzas. Verse de nuevo y centrándose en el presente comenzó a sonreír, como si por un instante esas penas y esos recuerdos borrosos y sombríos no significaran nada, como si no estuviera ahí. Y de nuevo parecía que sus dedos bailaban sobre el piano sin miedo a perderse en el ritmo, justo como si tuvieran vida propia.
Fue sintiéndose cómodo poco a poco hasta que pudo olvidar que en primera instancia ese talento despertó de la amargura de su progenitor al obligarle continuar con aquello luego de que el propio Atsushi adquiriera cierto amor por el piano al aprenderlo de su hermana, Nozomi.
Siguió interpretando a Bach, Chopin, Liszt y Brahms.
Las latas de soda quedaron vacías en el suelo. Cada que Atsushi terminaba una pieza comenzaba otra casi de inmediato, pues hacía comentarios de cada una. Incluso parecía que había comenzado a divertirle y al darse cuenta de ello, el corazón de Todomatsu se llenó de calidez. Verlo feliz era todo lo que importaba.
«Recuerdo que esta fue difícil de aprender. Casi cinco años». «Tal vez Choromatsu-kun recuerde aquellos días de verano con estas teclas…» «Oye, Todomatsu. ¿Te gustaría escuchar otra vez la pieza de ese día? Creo que te gusta Chopin ahora que lo reconoces mejor». «Quizá debería empezar por…» «¡Esta pieza tiene particularmente muchos errores y siempre la detesté con toda mi alma!» «Aprendí a interpretar la quinta danza húngara de Brahms en toda una primavera hasta llegar a los días de otoño… Ella me enseñó».
Atsushi estaba parlanchín, había empezado a hacer comentarios de todo tipo entre sus interpretaciones. Seguido de ello los muchachos añadían respuestas al mismo tema y Osomatsu bebía una soda y otra y otra.
—Es una lástima que no tengas cerveza, pero una de estas no está mal. Me recuerda a los días de verano en la preparatoria… Es algo nostálgico. Aunque es una nostalgia que no me gusta sentir —comentó Osomatsu.
—Supongo que no todos la pasamos bien en esos días de plena juventud —añadió Atsushi con media sonrisa sin dejar de tocar vagamente las teclas del instrumento produciendo sonidos agudos al azar.
—La verdad es que yo me la pasaba bien, ¡tengo que presumir! —dijo Todomatsu.
—Sí, igual yo —opinó Choromatsu.
—¡Agh! Cállense, zopencos. Nadie les pidió opinión —exclamó Osomatsu con ira. Sus mejillas se pusieron rojas.
Los tres ajenos a él comenzaron a reír. También se unió a las risas al darse cuenta de que su enojo era por una tontería. El pasado, pisado.
Esa tarde calurosa mientras bebían, charlaban y escuchaban música, formaron un bonito recuerdo. «Por favor, quédense —dijo Atsushi—. Aunque tenemos todo empacado podemos hacer uso de algunos futones que quedaron por aquí cerca». Pero los muchachos rechazaron su oferta amablemente, pues debían ir a trabajar al día siguiente. Al igual que Todomatsu, Atsushi sintió alegría por ambos, o por los cinco, mejor dicho. Era bueno que enfrentaran sus miedos al igual que él y su pareja habían hecho.
Esa fue la última vez que Atsushi tocó aquel viejo piano, y, a decir verdad, fue una de las mejores decisiones que hizo. Fue como si el propio instrumento por fin se despidiera cordialmente de él.
Estaban en el recibidor. Todomatsu hablaba con Choromatsu y para aprovechar aquella cercanía, Atsushi se aproximó a Osomatsu para hablarle. Quería tomar la palabra primero, pero Osomatsu se la arrebató.
—¡Hey! Gracias por invitarnos hoy… Va a ser una pena no volver a entrar a este sitio nunca más. Voy a extrañarlo mucho, la verdad. —Osomatsu inspeccionó cada rincón por última vez.
—Gracias por venir. Sé que ahora tú y el resto de los muchachos están ocupados.
—Nah, no es para tanto… Comparado contigo… Vamos, ja, ja.
—¡Eres rudo contigo!
—Solo un poco. —Hizo un ademán con sus dedos para denotar esa pequeñez.
Los dos rieron.
De repente Atsushi tuvo un sentimiento intrusivo, la razón principal por la que quiso hablar con Osomatsu “en secreto”. Había recordado los problemas por los que había pasado recientemente y desde luego, recordó que Osomatsu había estado involucrado en ello. Según Todomatsu, su propio padre le había hecho daño a la familia Matsuno en el pasado y aún más a Osomatsu. ¿Acaso ya no lo recordaba o fingía no hacerlo? Cualquiera fuera el caso, no se lo recordaría, pero sentía el gran deseo de pedir perdón en el lugar de ese monstruo.
—Osomatsu-kun, lo siento.
Atsushi hizo una fugaz reverencia para no incomodarle demasiado.
—¿Eh? —Ladeó la cabeza con confusión.
—Nada. Solo… lo siento.
—¿Qué rayos significa eso y por qué de repente? —exclamó restándole importancia con una sonrisa bien dibujada.
—Es que…
Le habría gustado decir: «Ahora que he recuperado parte de mis recuerdos no podría dormir en paz si no te pido perdón. Fuiste víctima de mi progenitor y lo siento enormemente». Pero en lugar de eso, no articuló nada ni hizo un solo sonido; quizá hasta había dejado de respirar.
—Vaya que eres raro, por eso debes gustarle a Todomatsu. ¡Pero está bien! No siempre se puede tener cerveza en casa. No bajes la cabeza y no te preocupes, para la próxima te invito yo. ¡Ja, ja, ja!
El tercero interrumpió diciéndole a su hermano desde el portón:
—¡Osomatsu-niisan, ya vámonos!
—¡Ya voy! —respondió el mayor, no sin antes regresarse a donde Atsushi aprovechando que Todomatsu y Choromatsu seguían lejos y le dijo en tono travieso—: Más te vale cuidar bien a mi hermanito, ¿eh?
—Más que a mi vida.
—¿Sabes qué le dijo a papá antes de irse de casa? “Comenzaré una nueva vida con mi marido en Okinawa”. ¡Demonios! Ustedes son cursis, tal para cual, y me alegro de que estén juntos. —Osomatsu soltó una risotada.
—E…¿E-Eso dijo?
—¡Y con orgullo! Y si me entero de que a estas alturas le rompes el corazón, ¡voy a darte una paliza! Soy el mejor en eso.
—¡Osomatsu-niisaaaan! —gritó Choromatsu.
Osomatsu se giró para decirle rápidamente al mayor:
—No es la última vez que hablamos. ¡Nos vemos en el aeropuerto, cuñado! Bye, bye.
Osomatsu se acercó para tentar el hombro de Atsushi con afecto y se fue corriendo a donde estaban sus hermanos menores. «¡Gracias por hoy!», exclamó Choromatsu con alegría. Los tres hicieron una reverencia a excepción del sextillizo mayor que agitaba su mano diciendo: “bye”.
«Así que así me dijo… Soy su “marido”», pensaba Atsushi una y otra vez. Las mejillas se le tornaron de color rosa.
Notes:
Esperaba hacer un capítulo más cortito dada la naturaleza doméstica de la trama del mismo pero lo alargué, no pude evitarlo. Me puse sentimental porque estoy escuchando la banda sonora de Yuki Kajiura desde que empecé a escribir esta noche y me dio algo, nostalgia. A los chicos les hacía falta su tiempo en familia.
Otra cosa: me gustaría que escucharan las piezas que elegí para que Atsushi toque porque me parece que van con su personalidad, ya que la última vez tocó una melodía tranquila y triste.
Por cierto, en una parte puse que Todomatsu andaba “a raíz”. Esa es una expresión que usamos aquí en México para decir que una persona no trae zapatos, que anda descalza. Aunque ciertamente no he escuchado que otra gente la diga fuera de mi familia, pero ha sido una expresión que mi abuelita ha dicho de toda la vida y ya se me hace lo más normal, aunque sí suena algo raro. Pero cuando redactaba la descripción de sus apariencias salió natural y no quise borrarlo (;v;)
Como dato extra, alguien me preguntó si los sextillizos tenían estaturas diferentes en esta historia, y mi respuesta es que sí. Incluso creo que sus complexiones son distintas entre sí.Muchas gracias por leer, el gran final se viene pronto. ¿Atsushi y Totty tendrán por fin ese momento mágico? Averigüémoslo más adelante :)
Chapter 53: Ceremonia
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Osomatsu y Choromatsu caminaban con calma de regreso a casa. Aun cuando el sol estaba ocultándose, el clima seguía siendo cálido.
—Atsushi-san es genial, ¿verdad, hermano? Mira que tocar igual de bien que hace años…
—Sí, fue bueno verlo regresar a ello, pero para ti esta no es la primera vez, ¿cierto? Debes estar contento.
—¡Lo estoy! Hace que el piano suene diferente con cada melodía, me encanta.
—Y que lo digas… ¡Maldición! Estoy empapado de sudor. Hey, Choro-chan, ¿qué te parece si pasamos y nos zambullimos en un ofuro antes de volver a casa?
—Estaría bien. Seguro que los otros ya se fueron a dar un baño en nuestra ausencia.
—¿Oh?
—¿Qué?
—Creí que te negarías o algo así.
—Estoy cansado también. Volver un poco tarde no será malo para nadie.
—¡Así se habla, Choromatsu! Bien, vayamos entonces. Apestas.
—¡Tú no hueles tan rico que digamos!
[ ….. ]
La semana siguiente Atsushi y Todomatsu vendieron la casa. La pareja que compraría el lugar había ido a verla unos días antes para poder finalizar el contrato y los pagos. Al final Atsushi no había recurrido del todo a una inmobiliaria, sino que se valió por sí mismo. Afortunadamente conocía algunas personas que podían echarle una mano.
Aquella pareja, quienes serían los nuevos propietarios, se miraban como buenas personas y más o menos entre la edad de Todomatsu y Atsushi. Era un hombre de estatura similar a la de Atsushi con gafas y cabello oscuro, corto y despeinado, y su acompañante era una mujer bonita de cabello corto y castaño con el flequillo recto.
Luego de ver a detalle aquella casa y darse cuenta de que era un sitio excelente para comenzar sus vidas de recién casados, les pareció perfecta y procedieron a llevar los pasos necesarios para hacerse con los derechos de la propiedad.
«Mira, cielo, el patio es precioso. Sería un lindo lugar para que los niños jueguen…» «La cocina es amplia y bonita. Además, las habitaciones tienen buena iluminación». «Este podría ser el cuarto del bebé». «Quizá si colocamos unas cortinas violetas en este ventanal…» «La habitación de abajo es perfecta para mi oficina». «¡Mira cuánto espacio hay en el ático!» «Hacer una parrillada en el patio trasero con toda la familia estaría bien…»
Hubo toda clase de comentarios por parte de ambos que motivaron en todo sentido a la compra. No fue cosa de uno, dos o tres días, pero finalmente pudieron hacerse con la casa, y Todomatsu y Atsushi tuvieron que marcharse de allí.
—¡Muchas gracias! —dijeron los nuevos propietarios agachando sus cabezas totalmente satisfechos.
—Gracias a ustedes —respondió Atsushi devolviendo el gesto.
Todomatsu reverenció también.
Era una sensación agridulce. La última vez que Atsushi vio su habitación sintió un revoltijo de emociones. No recordaba haber vivido cómodamente en otro sitio que no fuera esa casa, esa habitación. Tenía pocos recuerdos reales de lo que había sido su vida, no obstante, sabía que, aunque aquella casa heredada de su padre le había causado angustias también había sido un refugio para él. Después de todo, a pesar de la ausencia de sus progenitores, siempre estuvo en su propia alcoba, no en la alcoba principal. Vio rápidamente el sitio y salió cerrando la puerta suavemente. Fue lo mismo para cada rincón de la casa… Veía la cocina y recordaba las veces en que había comido ahí en soledad, o en el pasado con su padre, o con sus amigos o compañeros del trabajo, o recientemente con el amor de su vida. Las conversaciones que tuvieron ahí juntos y las que faltaron. Entonces giraba la vista y observaba la habitación que había sido la sala principal, donde hubo risas y lágrimas. Tenía nuevos recuerdos conforme miraba cada sitio, y era natural, pues había vivido ahí desde los 9 años, si es que su mente no le hacía una mala jugada de nuevo. Ahora a sus 28 años era difícil desprenderse por completo de ello.
El servicio de mudanza hizo un espléndido trabajo con almacenar los bienes materiales de ambos en un sitio de la agencia mientras eran enviados a la nueva residencia. Atsushi llevaba un tiempo haciendo los arreglos para poder realizar el viaje fuera de Tokio pronto y mantenía contacto con la empresa en donde ya había conseguido un puesto en Naha, pues debía acordar los horarios. Además, debían viajar todavía a Osaka para asistir a la ceremonia especial de Yanagida, por lo que aún les quedaba una serie de cosas que hacer antes de irse lejos. Era como si incluso estuvieran viviendo un par de días como turistas en la gran ciudad de Tokio; no poseían con ellos otra cosa que no fueran unas maletas con algunos cambios de ropa, sus celulares, computadora portátil y el auto.
Por toda la siguiente semana tanto Atsushi como Todomatsu estuvieron viviendo apartados de esa vida casual tan cómoda que acostumbraron tener por casi un lustro.
—Es algo nostálgico y estoy seguro de que tú debes tener más sentimientos al respecto que yo, pero, ¿no te parece fantástico? Quiero decir, esa pareja va a hacer su nueva vida en ese sitio… No tenían niños y ella no parecía estar embarazada, pero hablaban de hijos, de un bebé. Harán una familia y formarán bellos recuerdos en esa casa. ¿No es lindo? No estés triste, Atsushi-kun… Nosotros también haremos una nueva vida al igual que ellos. —Sonrió.
—¿Triste? No lo estoy para nada. ¡Aunque sí que siento algo de nostalgia también! Era mi hogar de casi toda la vida. Pero, ¡qué va!, no debería sufrir demasiado, pues tú te fuiste de casa también. ¡No estoy triste! Estoy feliz por poder empezar una nueva vida contigo.
—También yo. —Mostró una sonrisa y se abrazó a él.
—Aunque…
—¿Qué cosa?
—No, nada. Va a ser difícil acostumbrarse a una nueva ciudad y conocer gente nueva. —Sonrió. «Ojalá pudiera tener niños contigo», pensó.
—¡Ya nos acostumbraremos a ello! Estoy muy emocionado.
Ambos se abrazaron en el sofá.
Se quedaron en un pequeño departamento que alquilaron por unos pocos días para poder organizar mejor los viajes. Había varias tareas que hacer y fueron directo al grano, Atsushi era bueno con sus tiempos.
Los días en ese lugar transcurrieron rápido y la fecha esperada para asistir a la boda de su familiar llegó de repente. Al siguiente día debían preparar todo para emprender el viaje a Osaka, en donde se alojarían en otro lapso corto de tiempo luego de tomar una vez más el vuelo que los alejaría de su gran ciudad.
Ese día planeaban llegar más o menos a las 3:00 de la tarde al encuentro. Atsushi se aseguró de dejar un mensaje de texto para afirmar al novio la asistencia de ambos. Salieron de casa luego de llevar consigo todas sus cosas. Hasta parecía que por el momento ambos vivían únicamente en el automóvil y con un par de maletas.
Era un día de clima agradable; el viento era abundante y no era de ese helado que cala hasta los huesos, y los rayos del sol eran gentiles. El cielo estaba repleto de nubes esponjosas. Ambos emprendieron el viaje de los más tranquilos, aunque las carreteras de Tokio estaban estancadas por el tráfico.
Les esperaban al menos seis horas de viaje, y eso si no había problemas por el camino.
Llegaron a las cercanías de Kamakura y prontamente se abrieron paso a Shizuoka. El recorrido iba bien, aunque Atsushi tuvo que detenerse un momento para proveerse de gasolina. Las carreteras comenzaron a volverse mucho menos transitadas y se orillaron por la ensenada pudiendo vislumbrar el mar. Entraron a la vía rápida, entre un momento y otro hasta parecía que estaban ellos dos solos en la autopista.
—¡Mira! ¡Es el monte Fuji! —dijo Todomatsu con emoción—. ¿Te conté que una vez lo escalé y llegué a la cima? Creo que fue a inicios de mis diecinueve años. Fui con unos amigos y fue toda una travesía. El aire ya me faltaba cuando apenas había pasado los 2,000 metros de altura. Tan solo me posé en la punta unos minutos y comenzamos a descender… ¡En definitiva no estaba acostumbrado a eso! Pero fue un buen ejercicio, ja, ja. Al menos me dejó una anécdota que contar.
—¡Santo cielo! ¿Y es tan espectacular como dicen? Ya sabes… He oído decir que los espíritus de la montaña acechan a los visitantes.
—¿Eh?, ¿eso dicen? Yo solo recuerdo estar absorto por el sonido del viento punzante y ver a los zorros rodeándonos a todos pidiendo por comida.
—¿Zorros? Creo que no los hay en ese pico.
—¿No?
—¿Qué fue lo que viste? —Atsushi se carcajeó.
—Quizá me dio el mal de altura, sí, eso. Cuando logramos bajar, algunos universitarios escribieron sobre nosotros y lo publicaron en alguna clase de revista de esos años, yo que sé, no me acuerdo. Estaba rendido cuando pude volver a la tienda base y no recuerdo nada más… Solo el zumbido de la voz de algún animal que parecía llamarme.
—¡Quizá fue Inari Okami! —Y para darle más emoción al asunto, añadió—: O quizá fue un extraterrestre. Ya sabes, algunos dicen que la cima del monte es una pista de aterrizaje para naves del espacio exterior. ¡Ay! Quizá hasta se comunicaron contigo y todo.
—Te encantan los cuentos, ¿no, Atsushi-kun? —Comenzó a reír—. Quedarme con esa experiencia está bien. —Todomatsu estuvo viendo el paisaje un momento más mientras escuchaba las risas de Atsushi, parecía que estaba de muy buen humor últimamente. Le asombraba, pues si lo comparaba con el Atsushi de hace unos meses atrás, podría hasta decir que eran personas completamente diferentes. «¡Como si Atsushi-kun también fuera el sexto hijo de unos sextillizos!», pensó y guardó las risas para sí mismo. En definitiva, si aquello fuera verdad sería aterrador.
—¿De qué te ríes? —preguntó el mayor con curiosidad.
—Oh, nada, solo pensaba que este viaje se siente como musha shugyo.
—¡Ja, ja! Pero estamos juntos, ¿no? Además, ya hemos encontrado nuestra nueva vida. No hay necesidad de ir por ese camino.
Todomatsu guardó silencio un momento pensando en lo que diría a continuación.
—Atsushi-kun, ¿sientes que encontramos nuestra nueva vida por fin? Sigo pensando que quizá nuestras acciones fueron repentinas y quizá hay cabos sueltos aún… Solo quiero saber cómo te sientes.
—¿Uh? Ya has mencionado lo mismo antes. No lo pienses tanto, Totty. Está bien vivir incompleto. De otra manera, ¿cómo podrías seguir eligiendo nuevos caminos?
—Tie… Tienes razón. —Sonrió con calma.
Cuando llegaron a las cercanías de Hamamatsu, Todomatsu estaba despertando de su modorra y Atsushi seguía conduciendo con calma. Las ventanas del auto estaban medio cerradas y el sol todavía se encontraba alto. Se hallaban platicando de cualquier cosa que les viniera por la mente y de repente el silencio volvía entre ambos, aunque de pronto Todomatsu decidió evadir sus sentimientos de sueño y hacer plática a Atsushi para evitar que se durmiera en medio de la carretera.
—¿Conoces a la novia de Yanagida-kun?
—No, pero soltó alguno que otro comentario sobre ella. Debe ser una buena persona para haberse comprometido con alguien como él.
—“¿Alguien como él?”
Atsushi suspiró.
—Verás, recordándolo mejor, Yanagida no siempre ha sido como ahora. Tiene sus momentos de luz al igual que todos, pero en el pasado era… ¿cómo decirlo? No se aferraba a nada completamente. Te dije que yo tenía el piano, pero él no tenía nada. Cuando nos alejamos de Kaede y cada uno tomó su camino comenzamos a cambiar y a tratar de moldear nuestras vidas a nuestra manera. Esa fue la primera vez en que pude darme cuenta de que yo era un poco más afortunado que él. Poco a poco su carrera fue… marchitándose. Pude saberlo gracias a que yo seguía sus pasos desde las sombras.
—¿Le pasó algo?
—Me enteré luego de unos meses que había abandonado el modelaje y había caído en un comportamiento dañino para sí mismo. Se dejó llevar por el dolor, recurrió al alcohol y quien sabe a qué más… Su carrera estaba acabada, o al menos eso creí. Al cabo de poco más de un año estaba de vuelta, y no solo eso, sino que estaba enamorado de alguien que había conocido en sus viajes de trabajo. No la conocí nunca, yo no quería ver a la cara a Yanagida de nuevo… Sentía que los pecados de mi padre eran los míos, así que hice como que no existía, y me arrepiento. De hecho, él terminó portándose mejor conmigo. Cuando ese incidente pasó, Yanagida, Futsuumaru-kun y Nozomi estaban conmigo a pesar de todo. A pesar de que nos les había dejado entrar a mi corazón. Lo que quiero decir es que ambos nos quedamos a la deriva y de alguna manera pudo superarse.
—Creo entender. Tuvo problemas y de esa manera encontró su camino…
—Sí, y me siento bien por él al saber que pudo seguir, aunque, por alguna razón, sigo sintiéndome algo incómodo cuando estoy cerca suyo. Es difícil de describir, me siento tranquilo y otras veces siento rencor por pequeños problemas del pasado, pero aun así siento que quiero protegerlo.
—Es que no estás acostumbrado. ¡Es así como se siente tener hermanos! Ja, ja… Seguramente aprecias a Yanagida-kun como tu hermano.
—¿Tú crees?
—Sí, no encontraría otra razón para que exista ese amor de manera extraña entre ambos. A veces es complicado.
—A… ¿A-Amor? Todomatsu, qué cosas dices… —Hizo una pausa y carraspeó con nerviosismo.
—Hablo de amor fraternal, obviamente. Porque tú ya eres todito mío.
—Sí que eres bueno con estos jueguitos cuando te lo propones… —dijo. Vio a Todomatsu soltar una risita y siguió diciendo—: ¿Sabes? A veces siento que las cosas duelen más cuanto más tiempo pasa. El día siguiente de una tragedia no duele lo suficiente comparándolo al dolor que se siente cuando ya han pasado diez años y sigues recordándolo. Es difícil de comprender….
—Bueno, te entiendo… Es lo que he sentido recientemente por causa de mi padre. Lo siento, Atsushi-kun, me habría gustado dejarte entrar a casa y comer con mi familia de una manera armoniosa, pero, no es lo que la vida quiso que sucediera. Lo siento.
—No te preocupes, que lo hayas intentando significa mucho para mí. ¡Ja, ja, ja! ¡Qué se le hace! Ambos de nuestros padres son un caso perdido, ¿no? No hay manera de cambiar eso. Ambos dimos lo mejor que pudimos y si no pueden aceptar alguna parte de nosotros, lo único que podemos hacer es seguir adelante y decir: “¡mira cómo lo hago!”. Además, tu madre es una mujer agradable y tus hermanos son very charming!
—¡Ugh! Suenas como Karamatsu-niisan. —Hizo una mueca de dolor y se sostuvo el área del diafragma como si se acabara de romper una costilla—. Y… ¿dijiste charming?, ¿qué demonios significa eso? ¡Claro que no lo son!
Atsushi empezó a reírse por sus propias boberías.
—Sea como sea, Todomatsu, no odio a tu padre. Así que si alguna vez lo deseas iremos a visitarle a Tokio después, ¿sí?
—N-No hay necesidad de eso…
Ciertamente la idea de la casita feliz había sido una fantasía por un buen tiempo por parte de Todomatsu y ahora que aquellas ilusiones se habían ido sentía un hueco en su corazón; un hueco que se llenaría con Atsushi. ¡Que más daba! Las aves deben abandonar el nido tarde o temprano.
Okazaki quedó atrás rápidamente y en unas cuantas horas más llegaron a Kioto.
El cielo era azul profundo y las nubes comenzaron a disiparse. Debido a que habían salido temprano del departamento parecía que había trascurrido todo el día, pero apenas iba un cuarto del día. Las parvadas de patos pasaban por muy encima de la carretera haciéndose paso entre las altas ventiscas y la vista al mar empezaba a alejarse cada vez más. No pasó mucho para que Kioto les diera la bienvenida y finalmente al cabo de unos minutos más se encontraron en Osaka.
—¡Finalmente estamos en Osaka! —exclamó Todomatsu y tenía la cara todavía medio adormilada, casi como si hubiera sido él quien había conducido en todo el camino.
Dado que tenían la dirección y la invitación del lugar se dispusieron a dirigirse por fin a la ceremonia. No habían llegado exactamente puntuales, pero tampoco era demasiado tarde. Recién comenzaba.
A diferencia de lo que creía Atsushi, los votos no se estaban realizando en una iglesia, sino que se había elegido un salón elegante tipo parque al aire libre para festejarlo. Todos llevaban ropa elegante que iba acorde a la situación. Tanto Atsushi como Todomatsu traían puesto un traje para unirse a la suntuosidad del lugar. El traje de Atsushi era de color negro, con la camisa del mismo color y la corbata de color azul marino, y Todomatsu llevaba un traje gris de tirantes con camisa blanca y una corbata de color rosa.
—Perece que elegimos bien nuestro atuendo, ¿no? Aunque debí traerme algo de color blanco, me queda mejor —bromeó Todomatsu.
—Déjale el blanco a la novia —dijo Atsushi con espanto.
Ambos miraron por todas partes, pero no lograban encontrar a los anfitriones. En su lugar, solamente se toparon con caras nada conocidas, por lo que saludaron brevemente mientras buscaban. De verdad que Yanagida había invitado a toda clase de personas, después de todo era una estrella. Aunque Atsushi creía que solo asistiría a la ceremonia gente que resultara cercana.
—¿Y bien?, ¿en dónde está? —preguntó el menor inspeccionando.
—Quisiera saberlo también.
Atsushi siguió caminando un buen tiempo hasta que vio a alguien que pudo reconocer muy bien. ¡Y no podía creerlo! ¿Cómo no imaginó que incluso Futsuumaru estaría ahí? Seguro se lo había mencionado, pero no había prestado atención por todo el ajetreo de las últimas semanas. Tanto Atsushi como Todomatsu compartieron miradas de asombro y se aproximaron al joven.
—¡Podríamos habernos puesto de acuerdo y traerte en el auto! —exclamó Atsushi a modo de saludo, llegando por detrás suyo con una sonrisa.
—¿Y cómo habría de volver después, sabiendo que ustedes no planean regresar a Tokio? —respondió Futsuumaru juguetonamente.
—¡Hola, Maru! —saludó Todomatsu con un choque de manos amistoso.
—Me alegra verlos a ambos aquí. Supe que vendrían, pero no los esperaba temprano.
—No podíamos perdérnoslo —dijo Todomatsu.
Futsuumaru iba vestido con un traje gris —igual que Todomatsu—, llevaba puesta una camisa azul cielo y una corbata amarilla. Resaltaba mucho con su personalidad y su usual gusto de vestir con ropa deportiva.
—¿Sabes en dónde está Yanagida? Recién llegamos, pero no hemos podido verlo —dijo Atsushi.
—¿De verdad? Hum… Debe estar al fondo con los demás. Como pueden ver estamos en presencia de varias estrellas. Hace rato le pedí un autógrafo a Fumika Baba-san. ¡Y hasta me estrechó la mano! No le digan a mi novia —dijo Futsuumaru con emoción mientras se sonrojaba con nerviosismo.
—¡¿En serio?! Necesito un autógrafo también, aunque no me gustaría molestar… —Todomatsu se sorprendió—. Yo también veo demasiada gente, pero no soy mucho de reconocer a esta clase de personas. Aunque todos son realmente guapos.
—Claro, toda esta gente famosa viene de la misma agencia que Yanagida-san. Son compañeros de trabajo, por lo que se tomó la molestia de invitarlos en esta ocasión. ¡Vaya! Estudiábamos en la misma escuela y tomamos caminos tan diferentes…
—Y que lo digas, ja, ja —dijo Atsushi resoplando. Lo cierto era que Atsushi poco o nada sabía de famosos.
—Oye… ¿Esa de allá no es Ayumi Hamasaki? —preguntó Todomatsu con los ojos súper abiertos. Al carajo la discreción.
—¡La misma!
—¡Ay, no puedo creerlo! Es mucho más hermosa en persona.
Futsuumaru y Todomatsu se habían puesto en su fanboy mode. Seguían hablando de las demás celebridades que iban reconociendo, sin embargo, Atsushi solo se había enfocado en buscar a Yanagida, pero no lo encontraba, aunque sí que vio a la novia a la lejanía. Estaba a punto de decirle a Todomatsu que deberían ir a saludar cuando alguien lo detuvo.
—Hola —dijo ella.
Traía puesto un vestido corto de color violeta con pendientes y brazaletes de plata, con su pelo lacio y negro suelto echado hacia atrás. Llevaba los labios de un color rojo oscurísimo, que, a excepción de eso, el resto de su maquillaje era ligero.
Atsushi abrió los ojos desmesuradamente por un segundo.
—¿Kaede? Tam… También viniste…
—Me llegó la invitación cuando menos me lo esperé.
Atsushi no pudo evitar prestar atención al hombre que estaba junto a ella.
—¿Quién te acompaña?
—Oh, este es Ryoichi. Mi pareja.
—Mucho gusto, muchacho. Kae-chan me ha hablado mucho sobre ti. —Ryoichi le tendió la mano a Atsushi. El mencionado correspondió el saludo.
El hombre se retiró para darles privacidad a ambos.
—Así que… ¿Vinieron desde Kobe? —preguntó Atsushi.
—Sí, menos mal que queda muy cerca.
—Ya veo…
—Y, ¿cómo has estado?
—Estupendamente. Aunque, a decir verdad, estoy por irme a Okinawa.
—¿A Okinawa? —Se sorprendió.
—Verás…
Atsushi no tenía idea de cómo entablar conversación con ella después de la última vez. Aunque era como su familia, por un instante creyó que no había sido adecuado comentarle sobre su nuevo paradero.
—¡Atsushi-kun! Yanagida-kun se encuentra en las mesas del fondo, acabo de reconocerlo entre el tumulto. Vayamos —exclamó Todomatsu interrumpiendo la conversación sin querer. Al notar que había cierta tensión, preguntó genuinamente con una sonrisa—: ¿Ustedes se conocen?
—Vaya. —Kaede sonrió al ver al muchacho. Ciertamente Todomatsu era guapo y no perdió la oportunidad de inspeccionarlo de pies a cabeza con curiosidad.
«Elegiste bien, Atsu», pensó.
Atsushi inhaló y exhaló.
—Todomatsu, ella es Kaede Takeuchi. —Los presentó—. ¿Recuerdas? Te hablé de ella. Y, Kaede, él es Todomatsu Matsuno, mi novio.
—¡Oh! Así que... ¡usted es Kaede-san! —De inmediato Todomatsu reverenció con humildad—. ¡Gracias por cuidar de Atsushi-kun! —Luego susurró—: En realidad soy su prometido, aunque él no sepa todavía.
—Levanta la cabeza, Todomatsu-kun —Ella se sonrojó—. El placer es todo mío. Escucha, con respecto a lo de antes… Siento haber causado problemas entre ustedes.
—¡Es-Eso fue culpa mía por desconfiar demasiado! No se preocupe por eso…
—No, fue mía por no hablar cuando debí hacerlo —dijo Atsushi.
Comenzaban a ponerse tensos, por lo que Kaede cambió hábilmente de tema.
—Ambos hacen una pareja muy linda. Con que Okinawa, ¿eh? Me cuidas muy bien a mi niño, Todomatsu-kun.
—¡Claro! Atsushi-kun siempre va a estar bien mientras esté a mi lado.
—¿Sabes qué? —dijo ella—. Cuando Atsushi no podía dormir por las noches bastaba con prepararle una taza de chocolate caliente y arroparnos los dos juntos en la misma cama. Inténtalo algún día. —Le guiñó un ojo.
—¡Kaede! No le digas esas cosas. —Atsushi estaba colorado.
—¡Ja, ja! Lo voy a tomar en cuenta.
—Creo que deberían ir a saludar a Yanagida-kun… Somos pocos los que somos familiares y amigos.
—¡Oh, claro!
—Toda la razón, Kaede. En un rato volveremos contigo.
—No te preocupes por mí, Atsushi. Mientras tenga una copa de vino no hay qué me aburra.
Todomatsu se adelantó un poco y antes de seguirle, Atsushi dijo:
—Me alegra que hayas encontrado a alguien como Ryoichi-san. Que sean felices.
Kaede sonrió y levantó la copa que recién había tomado de una mesa cercana, como si hiciera un brindis para ella misma.
Atsushi y Todomatsu caminaban directo a donde estaban los novios. Ver a Yanagida después de la última vez sería todo un desafío emocional para ambos, y, sin embargo, sus corazones estaban rebosantes de una ilusión positiva por encararle. Las cosas entre los tres estaban mejor que antes después de todo.
—Kaede-san es hermosa —dijo Todomatsu con una sonrisa—. Se parece mucho a Yukie Nakama.
—¿Tú crees? —Atsushi soltó una risita.
Entonces Todomatsu abrió grande los ojos y tomó del brazo a Atsushi.
—¡Ay! Mira, Yanagida-kun ya nos vio.
Notes:
Lo he dicho antes, pero no puedo evitar pensar que Futsuumaru tiene pecas. Normalmente lo describo así tanto que me confundo y hasta recuerdo haberlo visto en el anime con ellas. Sería lindo si fuera así (T.T)
Como dato extra: la pareja que compró la casa de Atsushi es la pareja del capítulo de navidad en el anime que suele encontrarse con Ichimatsu en algunos otros capítulos. No recuerdo en qué cap de la serie, pero la chica aparece embarazada y luego ya tienen al bebé. ¡Lindo! ;;
Chapter 54: Pasado pisado
Chapter Text
Inconscientemente Atsushi se acomodó el saco antes de caminar hacia el anfitrión. Todomatsu iba a su lado.
Yanagida se separó de las personas con quienes se encontraba y se dirigió a Atsushi. Todo lo contrario a lo que había imaginado, Yanagida le dio un fuerte abrazo de oso.
—¡Viniste! ¡De verdad viniste! —expresó con alegría sin soltarlo todavía.
—¡Ugh! S-Sí… Aquí estoy. —Atsushi lo rodeó tímidamente con sus brazos para corresponder al tacto. ¿A quién engañaba? Quizá ni a él mismo. Estaba feliz de verlo otra vez.
—Te ves más alto.
—Solo han sido unos meses desde que no nos hemos visto.
Yanagida sonrió y se puso serio al ver a Todomatsu. No tenía manera de reaccionar, pero para su buena suerte, fue el menor quien lo saludó primero.
—Hola —dijo Todomatsu con una sonrisa.
Atsushi se puso tenso estando entre los dos. Dos partes de su familia reunidas por fin.
—Todomatsu-kun. Escucha, yo…
—Felicidades por tu matrimonio. —Decidió interrumpirlo con sutileza, intentando con naturalidad no demostrar haber ido hasta allí solo para reclamar. Todo lo que deseaba era ver a Atsushi feliz y saber que todo estaba bien entre los tres. Todomatsu le tendió una caja de regalo envuelta cuidadosamente con un papel brillante de color blanco y un moño plateado—. Atsushi-kun y yo elegimos algo que creímos apropiado… Puede que él sea un excelente detallista, pero yo no tanto, así que, ya me dirás.
Yanagida tomó el regalo y les dio las gracias. Al ver que Todomatsu no estuvo dispuesto a abordar el tema de inmediato, les invitó a seguirle y a conocer a su esposa. La chica era preciosa y de personalidad agradable. Ambos se presentaron con ella y con todo gusto les recibió. Intercambiaron frases por unos minutos hasta que los tres varones tuvieron la oportunidad de distanciarse de nuevo.
Era una fiesta enorme. Tanto así que tanto el novio como la novia eran requeridos en cada rincón. Y para suerte de la pareja recién llegada, Yanagida era todo suyo por ese momento.
—Es muy agradable —dijo Todomatsu.
—¿Verdad? Soy muy afortunado de tenerla conmigo. No merezco tanto —dijo Yanagida—. Por cierto, ¿ya saludaste a Kaede, Atsushi? Estaría alegre de verte otra vez. —Aquel fue su intento de deshacerse de la presencia del mencionado.
—La vimos cuando recién llegamos. Ryoichi es un hombre agradable al igual que ella. No sabía que podría verlos aquí, pudiste avisarme.
—¡Que va! —Sonrió. Dicha sonrisa se fue borrando poco a poco al volver a dirigir su mirada a Todomatsu. Quizá no estaría de más solicitar una conversación digna con él de una vez por todas—. Atsushi… Si no te importa, ¿podrías darme un minuto para hablar con Todomatsu-kun a solas?
Atsushi vio a Todomatsu para asegurarse de que estaba de acuerdo. Al verlo tranquilo, accedió y se fue a reencontrar con Kaede.
Todomatsu y Yanagida se encontraban solos. Rodeados de personas de la fiesta, con música y muchas voces con frases inaudibles de allá y por acá, pero, al fin y al cabo, solo ellos dos cara a cara.
—Entonces, Yanagida-kun, ¿quieres decirme algo?
Evidentemente Todomatsu intentaba alentar al otro a hablar libremente, pues se le veía tenso y dubitativo.
—Lo siento —dijo sin rodeos—. Y gracias por haber venido. Si alguien me hubiera hecho lo que yo te hice a ti… probablemente nunca se lo hubiera perdonado.
—Está bien…
—¡No! No está bien. Yo…
—Lo que quiero decir es que eso ha quedo en el pasado. Y agradezco que hayas tenido el valor para agachar la cabeza y cuidar de Atsushi como a un hermano. De hecho, lamento haberte llamado desgraciado. Pasaste por muchas cosas. Después de todo, siendo tan cercanos como eran Atsushi te dejó en el olvido y debió ser doloroso. Verás, yo… sé lo del doctor Nishida y un poco más. —Al mencionar aquello la vista de Yanagida se relajó un poco—. Has sufrido mucho y no tengo derecho a cuestionar tus razones, ya basta de eso.
El joven seguía completamente consciente de que en aquel momento estaba cegado por la ira y la desesperación, lo cual no era justificable, por lo que sentía que debía disculparse una y mil veces. Deseaba sacar todo de su pecho.
—Atsushi tuvo que pasar por mucho también y no me detuve a cuestionarlo. Estaba tan preocupado por mí mismo que no me daba cuenta que ambos pasamos por lo mismo, quizá él ha sufrido más. No hay manera de saberlo… Por eso no está de más que me disculpe mil veces con ustedes.
Todomatsu dio un suspiro.
—Entonces… ¿podemos decir que estamos bien?
—Hagamos las cosas bien por Atsushi. —Yanagida le tendió la mano.
—Por Atsushi-kun. Ahora somos familia después de todo, ¿no? —Sonrió.
Yanagida le devolvió el gesto con dulzura y le estrechó la mano con afecto. El pasado estaba pisado, no podían hacer o decir algo más para cambiar las cosas. Se habían dispuesto a vivir el presente y a actuar como si recién se acabaran de conocer. Era lo mejor para ambos y para Atsushi. Los tres habían pasado por una infinidad de cosas que no podían cambiar. Lo único que estaba en mano de ellos era la reacción que tenían ante los acontecimientos para formar mejores recuerdos.
Todomatsu perdió la tensión de los hombros y Yanagida soltó un pesado suspiro sin darse cuenta. Sintieron el alivio de haber hecho las paces por fin.
—Hey, ¡esta es tu fiesta de bodas! Hay que olvidar todo y hacer como que no ha pasado nada. Puedes disculparte cuantas veces quieras, pero debo decirte una cosa: yo ya estoy satisfecho. —Todomatsu sonrió.
Yanagida sonrió también. La vergüenza y la felicidad interna no le permitían actuar como normalmente lo haría. Las mejillas se le pusieron coloradas y las palabras se fueron de su boca. Quería romper con el repentino silencio, sería raro que alguien volviera y los vea de aquella manera tan inusual en un gran festejo.
—Y… entonces, ¿cómo es que Atsushi y tú decidieron irse de Tokio?
El mencionado le contó con el mayor detalle posible sobre la repentina decisión. Lo cierto era que incluso para él era difícil expresarse, pues el sitio fue elegido tanto por la universidad a la que quería asistir y posteriormente reforzado por el nuevo puesto de trabajo para Atsushi. Al oírle Yanagida pareció entenderlo todo, pues no esperaba razones concretas, sabía que Atsushi era de toma de decisiones rápidas y seguro que había contagiado a Todomatsu. Además, el menor se dijo a sí mismo que abrir su corazón a aquel hombre no sería malo después de conocerlo mejor y saber que Atsushi confiaba para sus adentros plenamente en él, por lo que le confió uno de sus dolores inadmisibles: que su padre no estaba de acuerdo con el tipo de relación que tenía con Atsushi. Por supuesto que el moreno sintió pena por ambos, pero Todomatsu sabía cómo dirigir una conversación y el ambiente no logró volverse deprimente.
Obviamente el rechazo de su padre no sería fácil de olvidar, pero más feliz le ponía el tener criterio propio y una nueva familia.
Sea como fuere, la estancia de todos allí pasó de ser una de fingida comodidad a una genuinamente agradable. Con toda la confianza del mundo y considerándolo una de las personas más importantes de su vida, Yanagida le cedió una mesa a Atsushi y desde luego que también a Todomatsu. Estuvieron juntos por mucho tiempo hasta que se dieron cuenta de que la mesa estaba más llena que antes. En el centro estaban los recién casados, rodeados por Atsushi y Todomatsu, Kaede y Ryoichi, y Fustuumaru junto a su novia. La “familia” estaba reunida.
Por un instante ese sentimiento de nostalgia invadió a Atsushi que hasta hace poco había estado acostumbrado a vivir siempre solo en la oscuridad de una oficina… Pudo sentir que las lágrimas se acumulaban en sus ojos.
Kaede no dejaba de hablar de la hermosa pareja que Atsushi y Todomatsu hacían, y temiendo robarse la atención de los anfitriones Atsushi cambiaba de tema hábilmente, aunque Yanagida solo reía y se dedicaba a pasárselo bien. ¡Era una mujer súper agradable al igual que su nueva pareja! Todomatsu no podía ponerse más rojo que un tomate estando junto a ella. «¿Por qué no pude conocerla antes?», se preguntaba.
La ceremonia fue en sí muy agradable. Para Atsushi conocer a la bella esposa de su primo fue alegre, pasar el momento y asistir junto a Todomatsu fue reconfortante, y ver a Futsuumaru junto a ellos le hizo darse cuenta también de lo feliz que estaba. No estaba solo como creía. Incluso si se iba lejos siempre los iba a tener en su corazón. Se dijo a sí mismo: “Esta vez no quiero olvidarlos”.
Antes de partir, Atsushi le dio en la mano a Yanagida el dispositivo USB en donde estaban aquellas grabaciones del pasado que tanto lo confundían todavía. El inicio y el final de los problemas.
—Atsushi, ¿estás seguro? —preguntó con voz suave. Sus ojos denotaban genuina preocupación—. Esto es parte de tu pasado. Solo te pertenece a ti.
—Quería mostrártelo por sí… te ayuda a recordar algo. Tenía miedo de hacer que desaparezca por mi cuenta sin decirte nada. Esto es por lo que pude comenzar a recordar. Fue cosa del destino que esto saliera a la luz cuando Kaede volvía a contactarme y tú entraste a mi vida otra vez.
—Yo…
—Solo llévatelo, ¿sí? Si quieres romperlo o quedártelo es tu decisión.
—¿Seguro? —cuestionó una vez más. Atsushi asintió y Yanagida se guardó el dispositivo en el bolsillo del saco—. Ok. Quédate tranquilo, hombre.
Las horas pasaron y pese a que la ceremonia terminaba tarde, tanto Atsushi como Todomatsu debían partir. En dos días debían estar bien puestos en su nueva ciudad. Llegó la hora de la despedida.
Fue difícil decir adiós, incluso decir hasta luego. Por primera vez en un impulso de verdadero amor fraternal Yanagida y Atsushi se dieron un abrazo fuerte, fuerte, fuerte. No parecían tener intención de soltarse y las palabras no venían de nadie.
Prometieron algún día volverse a ver.
Despedirse de Kaede fue difícil. Al haber pasado toda la velada con su compañía incluso Todomatsu había simpatizado con ella.
La mujer acarició el rostro de Atsushi con ternura, le dio un abrazo fuerte a Atsushi y un beso en la mejilla, y se despidió de Todomatsu con un abrazo igual de afectuoso. Casi se sintió adoptado por ella pese a tener a su madre Matsuyo. Aquel pensamiento le dio risa.
Para no incomodarle Todomatsu fingió que no veía, pero Atsushi había derramado unas lágrimas al decirle adiós a la mujer que había amado tanto como a una madre y que sin embargo no podía recordar hasta hace poco.
Le dijo adiós a Yanagida y a Kaede Takeuchi, dos partes de una familia pequeña que se quedarían lejos de él.
—Pórtate bien, ¿sí? —le dijo Yanagida.
—Soy mayor que tú, no me digas esas cosas —espetó Atsushi con media sonrisa.
—Tendrás que venir a conocer a tus sobrinos un día, ¿ok? Serán tres o cuatro.
—¡Cielos! ¿Y la afortunada está enterada? —bromeó.
—¡Desde luego!
Atsushi sonrió.
—Vendré a conocerlos.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Hubo un efímero instante de silencio.
—Oye. Yo… Bueno, no quiero que suene raro. —Tomó aire y le dijo—: Te quiero.
Atsushi se puso tenso, pero ante el pensamiento de que era peor arrepentirse de lo que no se hacía en comparación a lo que sí, prefirió no callar.
—Y yo a ti.
Fue esa respuesta sincera y cálida la que permitió que el corazón de Yanagida sanara.
—Sé que vas a cuidar bien de Atsushi, Todomatsu-kun —dijo Kaede al acercarse al mencionado cuando tuvo oportunidad.
—Mientras esté conmigo no voy a dejar que le pase nada —dijo seguro de sus palabras—. Gracias por… no juzgarme. Desde el primer momento usted me recibió con calidez y yo la juzgué mal. Me equivoqué.
—Todos nos equivocamos alguna vez, ¿no? —Sonrió—. Hay muchas cosas que debes entender de Atsushi, incluso si ya te ha contado todo. Puede que sus recuerdos vuelvan poco a poco y sea doloroso, pero es importante que intente sanar junto a alguien que ame. Junto a ti. Después de todo Atsushi es una persona muy cariñosa y va a estar bien contigo al no ocultar nada otra vez.
—¿Atsushi-kun siempre fue… cariñoso desde pequeño?
—Es su naturaleza. Sería un padre increíble, ¿no crees? —Lo vio de reojo con una sonrisa tras hacerle un guiño.
Todomatsu se puso colorado otra vez y le devolvió la sonrisa.
—Eso creo.
Aquellas serían las palabras con las cuales recordaría a Kaede; el primer y último día que se vieron antes de que partiera a Okinawa con Atsushi.
Antes de salir del lugar, Futsuumaru detuvo a ambos de sus amigos de manera rápida.
—¡Chicos! Antes de que partan necesito despedirme de ustedes… —exclamó el pecoso—. Ya no volverán a Tokio, ¿cierto? Yo debo regresar esta noche.
—¿Eh? ¿No vendrás al aeropuerto? —preguntó Todomatsu con cierto atisbo de preocupación en su voz.
—Discúlpame. Debo volver al campus mañana, es importante —expresó con pena.
—Oh, lo entiendo, no te preocupes. Es solo que… no creí que tendríamos que despedirnos hoy.
—Si no hubiera venido a la fiesta seguro que habría hallado la manera de ir con ustedes, pero, los planes cambiaron y mi calendario sigue ajustado.
—Te entiendo…
—Entonces, ¿ya no nos veremos mañana, eh? —dijo Atsushi con tristeza uniéndose a la conversación. Le tendió la mano a Futsuumaru, la cual estrechó fuertemente para después jalarlo hacia sí y abrazarlo con cariño—. Gracias por todo, Futsuumaru-kun. No tengo manera de pagarte por todo lo que has hecho por mí.
—Lo mismo digo —comentó Todomatsu con ojos cristalinos.
—Ay, chicos, hacen que me sonroje. Me van a hacer llorar… —dijo con una sonrisa siendo todavía rodeado por los brazos fuertes de Atsushi.
—¡Sándwich! —exclamó Todomatsu y se unió al abrazo dejando en medio a Futsuumaru—. Con todo lo que nos has ayudado, Maru, no sé qué puedo hacer por ti.
—Me sumo a tus palabras. Estamos en deuda, Futsuumaru-kun —dijo Atsushi sin soltar a ninguno de los dos.
—¿De qué hablan? Los adoro a los dos… Incluso sin ser modesto, creo que pude haber hecho más por ustedes. Pero si de verdad quieren agradecerme de alguna forma, no me olviden, ¿sí? Es todo lo que puedo pedirles. Perder a amigos como ustedes me dolería mucho.
De las mejillas pecosas de Futsuumaru corrieron las lágrimas que no pudo retener más. No era un adiós definitivo, pero dolía y mucho. El pelo rizado del joven se restregaba en el pecho de Atsushi y Todomatsu pegó su rostro a la espalda de su amigo. No era una escena común en lo absoluto.
—¡Estaremos en contacto! —dijo el mayor como un intento para animar a Todomatsu y Futsuumaru.
Y funcionó. Para Futsuumaru, Todomatsu era como el hermano que nunca tuvo.
Los tres se despidieron. Se hizo difícil verse por una última vez, sin embargo, el momento tuvo que llegar. A la lejanía Yanagida y su esposa despedían a los chicos agitando una mano, al igual que hacía Futsuumaru que ya había tomado otro camino. Kaede se les había unido.
Esa noche al llegar a un hotel cercano Todomatsu y Atsushi se prepararon para partir en la noche del día siguiente. El viaje desde Osaka a Okinawa sería tardado, por lo que la pareja se empeñó en descansar debidamente antes de realizar dicho transcurso. Apenas se dieron una ducha, volvieron a la cama y se prepararon para el día siguiente. El asunto con el auto se había resuelto, aunque le tomó un tiempo al pobre Atsushi el poder resolverlo todo por su propia mano.
El auto sería enviado a su nueva residencia por medio de vía marítima, por lo que era muy probable que incluso el vehículo llegara a su destino unas horas o incluso días después de que ellos mismos llegaran a la isla.
No tuvieron mucho más que hacer en los días que les quedaban en la ciudad. Cuando llegaron al aeropuerto en su última noche los sorprendió mucho ver que la familia Matsuno, a excepción del padre de familia, había asistido para despedirlos. Tras las horas de espera en el aeropuerto fue un momento muy reconfortante para los dos el encontrarse con todos para al menos darse un abrazo y decirse unas palabras de despedida.
¡Cielos! En verdad que era difícil tomar decisiones en la vida. De poder hacerlo, podrían ahorrarse lágrimas y la pena de encontrarse lejos de sus seres queridos, pero bien sabían que nada cambiaría para ellos si simplemente se quedaban como siempre en la ciudad. A veces el camino luminoso a una nueva vida requiere de sacrificios, de dejar algunas cosas atrás.
Para Todomatsu valía la pena aventurarse hacia el futuro incierto pese a tener que dejar a sus padres y hermanos creando sus propias vidas, justo como también Atsushi había dejado lejos, muy lejos, a Kaede y Yanagida.
Atsushi y Todomatsu llevaban una maleta cada uno con las cosas que habían traído consigo de un lado a otro en su departamento y en el auto. Estaban a punto de tomar el vuelo, la fila avanzaba y la voz de la aerolínea les indicaba que debían ponerse en su posición, pues era tiempo de abordar. Fue en ese momento cuando dejaron de lado todo a su alrededor y la emoción de ambos se concentró en los cinco jóvenes y la mujer que venían a la lejanía.
—¡Hey! ¡Atsushi-san y Totty! —exclamó Osomatsu. Venía corriendo casi sin aire por enfrente de sus hermanos. Tenía las mejillas rojas, había entrado en calor luego de acelerar el paso.
Karamatsu y Jyushimatsu venían detrás suyo siguiéndole el paso, mientras que Choromatsu e Ichimatsu permanecieron atrás junto a su madre. El primogénito se lanzó hacia la pareja y los abrazó fuertemente al mismo tiempo.
—Osomatsu-niisan, ¡vinieron después de todo! —exclamó Todomatsu.
—Nos fue posible gracias a nuestros ahorritos —dijo Jyushimatsu con su característica gran sonrisa.
—¡Qué alegría verlos otra vez, muchachos! —dijo Atsushi muy gustoso mientras rodeaba con uno de sus brazos a Osomatsu.
Seguido de ello Jyushimatsu se lanzó a Atsushi y le dio un fuerte abrazo, además de montones de besos en las mejillas como si fuese un cachorro demostrando afecto a su amo.
—¡Jyushimatsu-niisan! —espetó Todomatsu con sorpresa.
—De… D-Déjalo, Todomatsu… No pasa nada, estoy bien. —Atsushi sonrió con timidez.
—What’s up, Atsushi-san? Ya creíamos que no los alcanzábamos. —Karamatsu se hizo a un lado el flequillo que le cubría parte de las cejas. Había entrado en calor tanto como su hermano mayor.
—¿No habrán gastado todo lo que han ganado hasta ahora o sí? —preguntó Todomatsu con preocupación.
—¡Nah! Bueno, solo un poco… —respondió Choromatsu.
—Fue por una causa válida, Totty. Se trata de ti —dijo Ichimatsu.
La mujer por fin estuvo allí con sus hijos y yerno. No pensaba en disculparse por su necio marido y su evidente ausencia.
—¡Atsushi-kun, querido! —exclamó Matsuyo al verle—. ¡Me alegra ver que te encuentras bien! Tan guapo como siempre.
Atsushi se sonrojó.
—Señora Matsuyo… Usted se ve muy bien también. Me alegra verla de nuevo. Desde la última vez me preguntaba cuándo podría visitarla, pero…
—Lo entiendo, cariño. Lo importante es que estamos todos aquí.
—¿Cómo la pasaron en el recorrido de Tokio hacia acá? —preguntó Todomatsu.
—De maravilla. Tus hermanos me han cuidado muy bien. Ya encontramos un sitio para hospedarnos, así que no debes preocuparte por nosotros.
—Oniichan es fuerte, Totty —exclamó Osomatsu enorgulleciéndose por aquel apodo que amaba ponerse a sí mismo.
—No worries, lil’ bro. Sabes que podemos nosotros —dijo Karamatsu.
—No conocemos la ciudad y llegamos de repente cuando nos dijiste que vendrían a este aeropuerto, así que no hemos podido llegar al hotel, pero ya habrá tiempo de eso. Solo… queríamos poder verlos y aquí estamos. —La voz de Choromatsu se escuchaba apresurada—. Quería agradecer por todos los momentos que hemos tenido juntos y disculparme por si… en alguna ocasión los he importunado. Atsushi-san, gracias por tocar el piano una vez más.
—¡No fue nada!
—No hay nada por reparar, Choromatsu-niisan. No tienes que preocuparte por nada… Estoy feliz de que estén aquí con nosotros hoy.
—¡Hey! ¿Cómo se siente por fin comenzar una nueva etapa con el amor de tu vida? Ay, ¡si tan solo Totoko-chan me viera de esa forma también! —exclamó Osomatsu.
A Todomatsu le parecía que a su hermano se le ponían los ojos en forma de corazón como a una caricatura. Por otra parte, no dio respuesta a la pregunta puesto que no tenía palabras para expresar su alegría.
—Asombroso —dijo Atsushi—, me muero de la felicidad. Todomatsu y yo tenemos mucho por hacer apenas lleguemos. ¿No es cierto, corazón?
—Ah… S-Sí… Atsushi-kun —respondió un ruborizado Todomatsu.
La voz de la aerolínea hizo saber que todos debían abordar, por lo que el momento de la despedida definitiva llegó. Tras oír el eco de aquella voz en cada rincón de la infraestructura se miraron unos a otros esperando por aquel que comenzaría con el momento sentimental y debía ser rápido.
No fue con palabras, pero inesperadamente fue Ichimatsu quien rompió el hielo. Abrazó a Todomatsu rodeándole con ambos brazos y Todomatsu le devolvió el abrazo. Ambos derramaron lágrimas. ¿Qué más podían hacer? Era el momento de decir adiós y las palabras no alcanzaban para expresar tanto amor. Se les unió Choromatsu, luego Karamatsu, y Osomatsu y también Jyushimatsu. Los seis estaban juntos, unidos en un solo abrazo. Atsushi limpió una lágrima que se asomaba de la comisura de uno de sus ojos tras observar aquella escena. Matsuyo por su parte estaba junto a éste último sosteniéndolo del brazo. Por un momento hubo duda en el mayor, creía que quizá sería inapropiado un apretón de manos y que sería insuficiente una reverencia, pero no podía parecer muy atrevido. Entonces la mujer perdió la pena y abrió sus brazos invitándolo a regresárselo. Atsushi abrazó cariñosamente a Matsuyo mientras ella acariciaba sus cabellos y lo presionaba contra su cuerpo fuerte, fuerte, fuerte. Ambos lloraban.
—Sé que te lo dije ya, pero cuida muy bien a mi pequeño, ¿de acuerdo? Y también cuídate tú, mi amor. Saben que estaré aquí siempre que me necesiten —dijo Matsuyo sin soltarse de Atsushi. Le hablaba de manera cariñosa como si también se tratara de otro de sus hijos. Todo lo que deseaba era la felicidad de su pequeña familia, porque estaba segura de ello; Atsushi era parte de la familia desde el momento en que Todomatsu comenzó a considerarlo así.
—Por supuesto… Lo mismo le digo a usted y al señor Matsuno. Son los padres de la persona que amo, así que espero que gocen de buena salud.
Cuando se separaron Atsushi limpió las lágrimas de su propio rostro torpemente con la tela de sus hombros. La mujer con un pañuelo que cargaba le ayudó con la tarea.
—No llores, cariño. Eres joven y tu vida recién empieza… Sonríe más.
—Gracias… —dijo Atsushi—. Yo… ya no voy a llorar. —Pese a sus palabras, de sus ojos volvieron a salir espesas lágrimas, una tras otra y sin poder parar.
—Solo mírate… —La mujer con ojos igualmente cristalinos siguió limpiando con sumo cuidado el rostro de su yerno con el pañuelo. Le dio ternura y también se apenaba de ella misma por alguna vez desconfiar del joven, pero ahora lo tenía ahí tan vulnerable y de cierta forma le recordaba al menor de sus hijos. Se tomó el tiempo para observarlo mientras lo consolaba. El pelo le caía por la frente gentilmente, sus ojos eran muy rasgados y bonitos, la nariz fina y las mejillas de un color rojo intenso debido al llanto reciente—. Eres tan hermoso. Veo que mi pequeño Todomatsu tiene buenos gustos… —bromeó justo como su primogénito solía hacerlo.
—Hace que me dé vergüenza…, señora.
Atsushi no dejaba de llorar. Que las lágrimas comenzaran a salir de la nada fue una sorpresa para él. ¿Por qué sus sentimientos se habían exteriorizado completamente? Quizá el tacto de su suegra le recordó al tacto de su madre biológica, de la cual poco o nada recordaba, y quizá un poco al tacto de Kaede.
Fuera lo que fuera, el tacto de una madre era cálido, gentil, irreemplazable, cargado de amor. Jamás creyó que volvería a sentir aquel afecto maternal de una u otra forma y estaba feliz por ello.
Matsuyo sobaba la espalda de Atsushi y cuando pudo tranquilizarlo por un momento volvió a secar sus lágrimas con el mismo pañuelo.
—Tranquilo, todo va a estar bien. Siempre serás mi adorado séptimo hijo.
—Lo siento… No puedo dejar de llorar —dijo riéndose entre lágrimas—. Gracias por tanto. Voy a hacer de Todomatsu la persona más feliz del mundo, se lo prometo.
—Sé que lo harás. —Matsuyo sonrió.
Los hermanos siguieron en su abrazo séxtuple unos minutos más hasta que fueron dándole un abrazo individual uno a uno a su pequeño hermano mientras le deseaban lo mejor.
—Cuídate, hermano bebé. Si algo sucede, oniichan irá corriendo hacia ti —dijo Osomatsu mientras le daba palmaditas en el hombro.
—Sí… Osomatsu-niisan. —Lágrimas caían de sus ojos.
—¡Siempre vamos a estar apoyándote! —exclamó Jyushimatsu—. ¡Hustle, hustle! ¡Muscle, muscle!
Todomatsu rio entre lágrimas al recordar viejos tiempos.
—Me voy a adelantar y voy a decirte: feliz luna de miel, Todomatsu —le dijo Ichimatsu por lo bajo.
Todomatsu volvió a reír a la vez que se sonrojaba.
—Lo mismo digo. ¡Pásalo bien, hermano! Vive en grande… —Choromatsu habló con decisión y brillo en sus ojos.
—No te preocupes por nosotros, ¿ok, brother? Céntrate en ser feliz con tu nueva vida…
—Sí, Karamatsu-niisan. Lo haré.
Podían seguir hablando y hablando y nunca sería suficiente. Eran hermanos después de todo. No hay manera de decirle adiós a tu hermano; mucho menos cuando tienen el mismo rostro. Entre todo, Atsushi ya se había tranquilizado y seguía tomado de la mano con la mujer mientras ambos miraban la escena. Los apretones de mano y reverencias perdieron todo protagonismo y los abrazos y besos se abrieron paso.
¡Cielos! Todomatsu no podía soltarse de ninguno de sus hermanos, que, pese a ser sextillizos y por ende tenían la misma edad, los sentía a todos como sus protectores hermanos mayores y le era difícil deshacerse de esa parte de él.
A pesar de la situación en que se encontraban los únicos que no derramaron lágrimas fueron los dos hermanos mayores. Osomatsu era fuerte como un águila en vuelo y Karamatsu era feroz como el agua que cae de una cascada.
—¡Ven aquí, cuñado! —Osomatsu se arrojó a Atsushi y lo apretujó con toda su fuerza varonil. Atsushi correspondió—. Hey, sé amable con mi hermanito, ¿eh? Incluso en ese momento.
—¿Te refieres a…?
—¡Sí, hombre! ¡Que las ganas no te hagan hacer un desastre con él!
—Ja, ja, incluso piensas en algo así ahora… ¡Eres incorregible, oniichan!
—O… ¡¿O-Oniichan?!
Osomatsu se puso colorado y Atsushi comenzó a reírse, pues rara vez alguien le devolvía sus bromas de la manera apropiada. ¡Quizá nunca nadie lo hacía!
El siguiente en despedirse fue Karamatsu que le dio un abrazo aún más fuerte que el de Osomatsu. El tacto de Choromatsu era tan cariñoso como el de sus hermanos mayores pero suave como el de su madre. Ichimatsu por su parte no pudo evitar acurrucarse entre los brazos de su cuñado que había aprendido a amar desde hace mucho tiempo de forma fraternal mientras sus ojos volvían a humedecerse. Jyushimatsu volvió a llenar el rostro de Atsushi de besos afectuosos de los cuales ninguno pudo evitar reír, ¡y es que Jyushimatsu era tan empalagoso!
De manera juguetona Atsushi le dio un beso en la frente al quinto y todos comenzaron a reír.
Como si se tratara de una locomotora que está a punto de partir, la voz se hizo sonar de nuevo para dar por fin el comunicado oficial e informar que era hora de abordar. El avión saldría pronto y no podían dejar a ningún pasajero. Al percatarse de ello Atsushi y Todomatsu se vieron a los ojos indicándose el uno al otro que ya había llegado el momento.
—¡Mamá! —exclamó Todomatsu al lanzarse a los brazos de su madre una vez más.
Fue un abrazo rápido y desesperado. Aunque se habían abrazado mil veces ya, nunca era suficiente. Un abrazo para decir adiós o hasta luego duele en el alma y lo sabían, no veían el momento de separarse definitivamente.
Con rapidez y comprendiendo la situación los cinco hermanos rodearon al más pequeño junto a su madre y se separaron casi de inmediato tras transmitir todo su afecto y apoyo. Sabían que Todomatsu debía partir ya.
—Todomatsu… Es hora. —Atsushi posó suavemente su mano en el hombro del menor para hacerle entender que debía soltar a su madre.
Con el rostro empapado el chico se separó y tocó las manos de su progenitora por última vez antes de encaminarse a la puerta que los guiaba al interior del avión. Con una mano llevando su maleta y la otra sosteniéndose del brazo de Atsushi, se fue en calma. Lo último que pudo ver fue a sus cinco hermanos despidiéndose de él mientras agitaban sus manos y le daban palabras de ánimo. A la mujer se le veía feliz a pesar de que tenía los ojos llorosos. Los rostros de los muchachos al igual que su madre se veían alegres a pesar de que su situación era de separación, sin embargo, no se sentía de esa manera; se sentía más bien como la despedida de unos recién casados.
Osomatsu y Karamatsu se sostenían el uno al otro de los hombros en señal de hermandad mientras despedían a su hermanito con una enorme sonrisa llena de orgullo y alivio. Choromatsu sonreía mientras ocultaba sus sentimientos en los pliegues de su manga. Ichimatsu no podía más que sorber moco y llorar a mares ante la escena, pues por fin su pequeño hermanito lo había dejado atrás para comenzar una nueva vida…, y Jyushimatsu consolaba al pobre amante de los gatos mientras acariciaba sus cabellos y le rodeaba cariñosamente con ambos brazos, aunque él mismo también tuviera los ojos acuosos.
—Les deseo felicidad a ambos… —dijo Matsuyo en un susurro, entre lágrimas y buenos deseos.
Cuando Atsushi y Todomatsu estuvieron en sus asientos arriba en el avión aun sin despegar, seguían conteniendo sus sentimientos. Atsushi que se había mantenido lo más firme posible en todo momento había comenzado a sollozar en silencio otra vez, y Todomatsu se escondía en el hombro del mayor hasta que pudiera lograr tranquilizarse. «Ya soy un adulto… Tengo 24. ¿Por qué no soy capaz de dejar de llorar?», se preguntaba. Decirle adiós a su propia familia no era sencillo.
Desde luego ninguno de los dos se dio cuenta de que la familia Matsuno agitaba sus manos diciendo “bye, bye” al observar el avión elevándose y dirigiéndose a un nuevo destino. Y pese a no saberlo, Todomatsu hizo lo mismo asomándose por la ventana del avión, aunque no podía ver otra cosa más que oscuridad y las luces de la ciudad… «Bye, bye», musitó.
Les esperaban varias horas de vuelo. Desde un principio decidieron tomárselo con calma y al cabo de pasadas las primeras horas la tristeza de ambos muchachos se disipó y se concentraron únicamente en el presente y dejando el anhelo por el mañana para después. Poco a poco el acercamiento a la nueva ciudad se volvía emocionante. Las horas rindieron, ya no solamente vieron películas o leyeron libros, sino que en un punto del viaje Atsushi y Todomatsu terminaron profundamente dormidos hombro con hombro.
¿Quién hubiera pensado que la vida los llevaría a tal camino? Ciertamente no había sido decisión de unos pocos días; dejar el trabajo y todas las personas a las que conocían atrás no era lo más fácil del mundo, pero abrirse camino en nuevos senderos en busca de nuevos aires resultaba alentador y hasta excitante. Habían pasado por montones de cosas casi por todo un año, ambos estaban insatisfechos con la clase de vida que estaban llevando y desde luego hacía falta dar un giro a esa existencia… Un nuevo lugar les estaba esperando, y tanto Todomatsu como Atsushi esperaban formar un lugar al cual pudieran de verdad llamar “hogar”. Decidieron desde el fondo de su corazón en ese instante que abrazarían toda clase de emociones y seguirían adelante. ¡Adiós a las cosas del pasado! Para Todomatsu fue imposible de ignorar el rechazo que su padre le mostró, así como para Atsushi resultaba intrigante no poder recuperar sus memorias… Ambos podían encontrar aspectos negativos en cualquier rincón de sus vidas presentes y sus recuerdos del pasado lejano y cercano, pero de algo estaban seguros, y era que no podían permitirse sufrir más en su imaginación que en la vida real. Fue en ese momento cuando muy en el fondo de su corazón Todomatsu decidió perdonar a su padre y decirle adiós. ¿Qué más podía hacer? Ninguna otra cosa más que darle las gracias por darle la vida.
Atsushi habría deseado hacer tanto mucho tiempo atrás, pero se encontraba estancado y desfavorecido, hundido en un espiral sin fin donde solo se reflejaba su propia soledad, y desde que conoció a Todomatsu se aferró a él con todas sus fuerzas como si supiera que formaba parte de su destino y le siguió, siempre le siguió. Ahora ambos estaban felices de poder dejar muy atrás los recuerdos y encaminarse tomados de la mano a un nuevo horizonte que les daba la bienvenida.
Todo lo que deseaban era poder ser felices sin ocultarse nada otra vez, sin temerse el uno al otro, sin temer del pasado o del futuro y sin huir jamás. Porque, Todomatsu y Atsushi no estaban huyendo, sino que estaban despidiéndose cara a cara con los fantasmas de su pasado.
«Gracias por ser tan fuerte y aprender tanto», dijo Todomatsu para su antiguo yo.
«Gracias por seguirlo intentando siempre», dijo Atsushi para su antiguo yo.
Cuando llegaron a su destino el cielo era brillante con tonalidades rojizas y los rayos del sol coloreaban el paisaje contrastando con el mar.
Era un escenario precioso. El océano estaba por todas partes a la vista, la ciudad era bonita, despejada y limpia. Había un ambiente sereno y el aire despedía un aroma a flor de ciruelo y agua salada.
Okinawa les daba la bienvenida.
Chapter 55: Un sueño en Okinawa
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
El cansancio no pudo desprenderles la emoción.
Primero lo primero: Todomatsu se encargó de avisar a su familia y amigos que llegaron sanos y salvos. Las primeras horas fueron de incertidumbre, pero poco a poco ambas partes de la familia se sintieron en tranquilidad. Y, para extrañeza de Todomatsu, sus hermanos lo dejaron completamente en paz. No es que lo hubieran abandonado u olvidado, pero esa acción por parte de ellos fue como si hubieran asumido de una vez por todas la “vida de casado” de su hermano menor, a pesar de que no había nada de por medio.
La llegada a Okinawa fue tan repentina que a los chicos les costó acostumbrarse a un par de cosas, tales como el clima o las direcciones. Primero estuvieron en un hotel cerca del aeropuerto, y a los dos días se movieron a su nuevo domicilio en donde estaba la casa que habían revisado antes con el vendedor. Lo cierto era que, aunque resultaba fácil de decir para el menor, todos los procesos de compra y venta habían sido llevados a cabo por Atsushi, lo cual seguramente fue un dolor de cabeza en su momento. Fuese como fuese, al cabo de unos días los procesos de mudanza se realizaron bien. No fue fácil volver a acomodar las cosas dentro de la nueva casa, pero ambos intentaban ponerle un toque nuevo y mucho más doméstico a su nuevo hogar.
La nueva casa de Todomatsu y Atsushi no era ni la mitad de grande que la anterior, pero tenía lo necesario para que ambos vivieran cómodamente. Se ubicaba en Naha, en la misma ciudad donde Atsushi consiguió un nuevo puesto de trabajo y Todomatsu pidió informes sobre su pronta universidad.
Pese a ser algo reducida, la casita que compraron era justa para ellos dos. Además de la cocina, el pequeño cuarto de lavado, el baño y la sala de estar, tenía dos habitaciones. Una la usarían para que fuera el dormitorio de ambos y la otra podría adecuarse perfectamente al espacio de trabajo de Atsushi. ¡Cielos! La otra casa tenía habitaciones de sobra si lo pensaban bien; no solo rememorando los largos pasillos, sino que estaban las habitaciones de huéspedes y el enorme sótano. La nueva casa de Okinawa sí que contaba con un ático, aunque uno muy pequeñito, quizá solo podrían almacenar unas cuantas cajas con ropa o algo por el estilo. No obstante, a la nueva vivienda no se le podía pedir nada más.
Era una casita pequeña con habitaciones no muy grandes, pero perfectamente ordenadas y equilibradas a sus necesidades. Poseía un pequeño balconcito que no permitía ver demasiado, y tenía un patio trasero amplio y uno delantero no tan amplio. La cochera no tenía nada destacable. De hecho, el auto muy apenas podría caber a un costado de la vivienda cuando por fin hubiese llegado a la prefectura. En frente de la calle había un árbol ginkgo enorme y sus hojas amarillas adornaban la acera de una manera preciosa; se trataba de un escenario digno de un poema.
El jardín no tenía mucho que destacar, pero Todomatsu creyó que poco a poco podría darle color a su nuevo hogar.
Algo que le encantó al menor fue que la casa fuera al estilo oriental justo como la casa de su familia, pues a diferencia del hogar de Atsushi que tenía toda la pinta de ser una casa occidental, la casita de Okinawa tenía shoji. Así que, Todomatsu disfrutaba de abrir y cerrar la shoji cuidadosa y elegantemente cada vez que entraba y salía casi como si fuera un juego.
—¡Está preciosa! Estar aquí y verla en persona es mejor que en las fotografías y videos —dijo Todomatsu con emoción sin poder soltar la shoji.
—Y en la sala principal hay una fusuma, ¿la viste?
—Sí. ¡Me encanta!
—Deberás acostumbrarte a esto…
—¡Sin problemas! La casa de mis padres era quizá más pequeña que esta. El que deberá acostumbrarse eres tú, Atsushi-kun.
Los dos estaban encargándose de arreglar la casa poco a poco para que todo se encontrara en orden y fuese mucho más sencillo el condicionarse a cualquier cosa los próximos días.
En unos días Atsushi se encontraba perfectamente establecido en su nueva oficina. Si bien era cierto que su puesto no era tan alto como el que tenía en Tokio tampoco era para nada un mal empleo. A diferencia de su antigua oficina, el edificio de Okinawa era amplio y colorido; el espacio de trabajo no estaba demasiado aislado del espacio de otros y resultaba de cierta forma acogedor. Los nuevos compañeros de trabajo eran accesibles y todos tan jóvenes como él, sin mencionar que su nuevo horario no era martirizante ni tampoco era inconveniente. El edificio contaba hasta con un comedor, gimnasio y un pequeño jardín. ¡Era absolutamente otra cosa! Sea como fuere, no se arrepintió nunca de haber dejado atrás las alineadas calles de Tokio.
Por otra parte, luego de hacer el contacto necesario Todomatsu acudió a la universidad que había elegido para finalmente realizar su inscripción. Si bien retomar los exámenes luego de mucho de no estudiar fueron difíciles se las pudo arreglar para aprobarlos correctamente. Claro, con mucho esfuerzo y con la ayuda de Atsushi al haberle realizado amablemente una guía de estudio. La universidad de Todomatsu no era la mejor del mundo, tampoco era muy grande ni muy bonita, pero era justo lo que necesitaba para dar un paso más en su vida y cumplir aquel sueño que se había quedado estancado como una parte del pasado y un futuro incierto: el poder estudiar fotografía.
Algo había de cierto: ambos eran artistas, y, sin embargo, no vivían de ello. Desde siempre Todomatsu había tenido un nato talento para la fotografía y Atsushi demostraba grandes habilidades para la música, no obstante, una vida de cafetería y de oficina los habían estado frenando. ¿Y por qué habrían de quedarse así?
Todomatsu tuvo suerte al poder llevar su inscripción exitosamente. Dentro de un mes entraría a la universidad y una semana después de haber llegado a su nueva residencia Atsushi tuvo su primer día de trabajo en Naha.
A los dos se les veía muy contentos, tenían un sinfín de oportunidades por delante; nuevas personas por conocer, nuevos lugares por visitar, nuevos horizontes por conquistar. ¡Era un sueño en Okinawa! Aunque, a pesar de los nuevos días, Atsushi siempre dejó la incógnita para más adelante en si debería retomar el piano o no. No porque siguiera teniendo rencor hacia dicho instrumento, sino porque acudir a una escuela de música para seguir desarrollándose como concertista podría quitarle mucho tiempo que prefería pasar con Todomatsu.
Cierto día Todomatsu decidió salir a comprar unas flores luego de notar que a la sala principal de su hogar le faltaba color. No es que fuera una ciudad muy pequeña, pero por alguna razón la mujer de la florería se percató de que era nuevo en el vecindario. Había optado por comprar unos lirios para ponerlos en la habitación de ambos y unos narcisos para que adornaran la sala principal. Cuando el chico estaba por marcharse tranquilamente, la mujer con una sonrisa le dijo:
—¿Primera vez en Naha?
—Sí. De hecho, mi pareja y yo recién llegamos a Okinawa. —Sonrió—. ¿Cómo lo sabe?
—Tu acento es peculiar de Tokio.
—¡Oh! Usted debe saber mucho de estas cosas… No soy bueno identificando el origen de los demás por su manera de hablar, je, je.
Y de hecho se dio cuenta de que mentía cuando recordó haber pensado que el dialecto de Kansai de Kaede Takeuchi era curioso.
—¡No es eso! Mi hija se consiguió un buen marido en Tokio, así que por eso lo sé. Recién se fue hace unos meses —dijo ella sacándole plática mientras sonreía con añoranza.
—¡Vaya! Y nosotros que recién comenzamos nuestra vida aquí… —Rio.
—Esta es una ciudad preciosa. Formé buenos recuerdos junto a mis hijos aquí… Es un buen lugar para criar a los niños. Hay escuelas cerca, el ambiente es siempre precioso y es seguro. Sé que tus hijos amarán esta ciudad tanto como todos los lugareños lo hacemos, muchacho. —Sonrió con dulzura.
—Yo no tengo hijos.
—Ya los tendrás —dijo y sonrió tendiéndole el segundo ramo—. Solo hay que darle tiempo al tiempo, ¿no?
—Uh…
—No te pongas nervioso, eres joven todavía. —La mujer sonrió divertida por el gesto de Todomatsu—. Aquí tienes, que tengas un buen día.
Todomatsu tomó las flores y agradeció con una reverencia.
—Muchas gracias.
No era en definitiva lo que esperaba, pero camino a casa se volvió a preguntar: «¿Qué clase de padre sería Atsushi-kun?»
La simple idea le hacía tener ilusiones y entonces cuando regresaba de sus ensoñaciones se percataba de que tenía la cara roja.
Hacía tiempo que comenzaba a darle forma al patio de la casa. No es que estuviera enorme, por lo que tuvo cuidado de no saturarlo con demasiadas plantas. Se fue haciendo poco a poco de macetas con flores de todos los colores que adornaban la entrada de la casa y también el patio trasero. Una vez que estuvo satisfecho con la forma en que la vivienda iba tomando forma siguió adornando el interior de la casa con florecillas que compraba o que iba recogiendo de por ahí.
Desde la llegada de ambos a su nueva residencia la sensación de que el tiempo avanzaba mucho más rápido iba en aumento. En otros días atascarse en la rutina era un hábito en el que era fácil caer y ello provocaba que el tiempo pasara ridículamente lento. Como si la vida fuera gris, sosa, monótona, predecible. No obstante, parecía como si la isla de Okinawa tuviera alguna especie de magia en la que todo parecía haberse reparado, y Todomatsu no creía que solo fuera su percepción, lo que le parecía en extremo extraño.
Atsushi se había acostumbrado a su nuevo puesto de trabajo, que, aunque no era tan demandante o diferente como el anterior la paga no era mala, y Todomatsu seguía preguntándose sobre el futuro y el empleo que más adelante podría conseguir. Por el momento se preocupaba únicamente por que el primer día de universidad llegara. No estaba muy preocupado… Por el contrario, Todomatsu se encontraba emocionado por probar aquello que creía que era un sueño que había dejado ir hace mucho, aunque le inquietara un poquito. Era normal temer a lo nuevo.
Una tarde de domingo Atsushi se encontraba recostado en el sofá junto a Todomatsu. Tenían las ventanas abiertas y la shoji principal igual. No estaban haciendo algo en especial, ambos acababan de tomar un baño y permanecieron juntos en la sala mientras bebían limonada. Sin la televisión encendida, sin música de fondo… Únicamente el canto de las aves.
Como era de esperarse, una ligera charla sobre el futuro surgió.
—¿Entonces te sientes un poco nervioso?
—Sí, un poco —admitió Todomatsu.
—¿No es algo extraño? No habías pensado en ello desde entonces.
—Bueno, la idea de entrar a la universidad me emociona mucho pero no puedo evitarlo, siento un poco de miedo. Quiero decir… Tengo 24 años. Siento extraño… Muchos de mis amigos ya se han graduado y yo estoy por comenzar. Quizá eso es lo que me incomoda.
—Bueno, es normal. Cuando yo iba a la universidad también me sentía de la misma manera. La sensación de no encajar en ninguna parte es demandante incluso ahora, pero creo que voy hallando mi camino.
—¿Sí?
—¿Sabes? Últimamente he podido recordar algunas cosas. Así que, gracias. Creo que tú eres la pieza que me faltaba. El destino es curioso, ¿verdad?
—¡Me alegro mucho por ti! Pero, ¿te sientes bien?
—Mhm. —Asintió—. Tratemos de no sobrepensar mucho las cosas… La idea de abandonar la empresa donde laboro desde los veinte me mataba poco a poco. Pero hemos decidido cambiar, ¿nos es así? Aferrémonos a todo y aprendamos juntos. Yo te acompañaré el primer día —dijo refiriéndose al tema de la universidad.
—¿Y tu trabajo?
—Está bien. En Tokio era diferente… —Le guiñó un ojo.
—Gracias, Atsushi-kun. ¡Lo espero con ansias!
Atsushi sonrió. De repente, como si una chispa de motivación se encendiera en su cabeza, se levantó y le tendió la mano a Todomatsu.
—Ven, acompáñame.
—¿Qué sucede? —preguntó a la vez que tomaba su mano.
—¡Hace buen clima hoy! ¿No crees que deberíamos ir a caminar a la playa?
Todomatsu sonrió. El actuar de Atsushi era muy curioso a veces.
—Vayamos.
Vivir cerca de la costa era lindo. Llegar a pie fue simple. Las gaviotas se paseaban de aquí para allá al igual que la pareja hacía. Se quitaron los zapatos, cada uno llevaba sosteniendo el par de calzado con una mano y se tomaron de las manos con la otra. Al principio un agarre infantil que hizo que poco a poco entrelazaran los dedos tal y como deben hacer los enamorados.
—Hacía mucho que no andábamos así, ¿verdad? Extrañaba esto más de lo que te imaginas —dijo Todomatsu.
—También yo —le dijo viéndole a los ojos con una amplia sonrisa.
Al mantener sus dedos fuertemente entrelazados les daba la sensación de que estaban mucho más cerca el uno del otro y ello hacía que sus mejillas se pusieran de un intenso color carmín, lo cual era gracioso, pues a pesar de llevar años siendo pareja, esos pequeños detalles despertaban todavía cierto nerviosismo en ambos. Una reacción emocionante.
El sol estaba todavía en lo alto, pero no tardaría en transformarse en un ocaso, por lo que a Atsushi le pareció una buena idea sugerir que se sentaran sobre la arena para observar la puesta del sol, no sin antes molestar un poco.
—¿Sabes algo, Todomatsu? Hay algo que no te he dicho…
Todomatsu se giró con curiosidad. El tonito de voz que Atsushi estaba usando era pícaro como el de su estúpido hermano mayor.
—¿Uh?, ¿qué es?
—Osomatsu-kun me dijo algo interesante. Aunque quizá no debería recodártelo ahora mismo pero…
—¿Pero qué? ¡Anda, dilo! —Lo sacudió de una mano.
—Bueno… —siguió hablando a la vez que sonreía para mostrarse un poco más interesante. Le encantaba causar suspenso para molestar al menor.
—¡Dilo! —exclamó Todomatsu. Los nervios comenzaban a vencerlo hasta el punto de causarle una risita ansiosa.
—Bien. Según en palabras de tu hermano, cuando saliste de casa y hablaste con tu padre, le dijiste que querías comenzar una nueva vida lejos de Tokio con tu marido.
—Oh… —Todomatsu se sonrojó. «¡Ese maldito canalla chismoso!», pensó.
—¿Y? ¿Qué tienes para decir? —Entrelazó más fuerte sus dedos con los del menor y se acercó a su rostro para obligarle a verle. Lo inspeccionaba con una expresión sugerente—. ¿Quién es ese hombre del que hablabas? —bromeó—. ¿O es que acaso ya te casaste conmigo y no me lo dijiste?
—Emm… yo…
El rostro de Todomatsu estaba rojísimo.
—¿Y bien, Totty? ¿Algo para decir? —dijo sonriendo a la vez que le tomaba del rostro y acercaba sus labios a los suyos manteniendo ese juego de tensión que tanto le gustaba. Cielos, ya tenía mucho que no jugaba con Todomatsu.
—Eh, bueno, ¿no quieres sentarte?
—Iba a decirte lo mismo… —Sonrió.
Dicho aquello ambos se sentaron sobre la arena juntitos viendo en dirección al mar. El sol iba descendiendo poco a poquito y el cielo iba obteniendo una tonalidad rojiza como los días de otoño.
—Pues… —comenzó a decir Todomatsu con la mirada desviada, luego la devolvía a Atsushi y luego la volvía a desviar—. En ningún momento pensé en mentirle a papá…
—¿Mhm?
—Lo que quiero decir es que… Eh, bueno, ¿por qué te gusta hacerme sufrir? Te estás riendo desde hace rato.
—¡Claro que no, ja, ja!
—¡Claro que sí! ¡Mírate! —exclamó Todomatsu todavía muy sonrojado.
—Bueno, ¿decías?
Todomatsu tomó el suficiente aire para poder seguir hablando sin pena. No era posible que Atsushi tuviera esa presencia tan imponente que ni siquiera podía respirar debidamente. Es que estaba demasiado enamorado.
El menor miró al otro directo a los ojos con expresión serena y lo tomó de las manos con afecto para estar seguro de que lo escuchara claramente.
—Atsushi-kun, me gustaría que pensaras en mí como tu esposo.
Los ojos de Atsushi se abrieron mucho y el color se le subió a la cara. Tuvo que pensar un momento en sus palabras para seguir con aquella conversación debidamente.
—No hace falta que me lo pidas para que lo sepas. Tú eres la persona más especial para mí y me temo que no pueda seguir viviendo en este mundo si no es a tu lado, mi amado Todomatsu. Por eso, desde este momento, soy tu esposo.
—Atsushi-kun, ¿lo dices de verdad? —Contuvo las lágrimas.
—Sí, mi amor. Quiero casarme contigo. Pero…
—Lo entiendo —dijo—. Pese a los inconvenientes, hagamos nuestra propia boda, ¿sí? Porque para mí has sido más que mi novio desde hace mucho tiempo.
—Todomatsu, ¿esto está bien para ti?
—Sí. —Sonrió. Hizo una pausa para recoger unas pequeñas caracolas que se encontraban cerca del agua de la playa. Volvió de inmediato y se las tendió a Atsushi—. Ten, más adelante podré darte una sortija de verdad, pero, ¿me aceptas esto mientras tanto? Tendremos una cada uno.
Atsushi sonrió.
—Claro, lo acepto. —Al cabo de un efímero silencio, dijo—: Lo siento, Todomatsu. Comenzamos a salir informalmente porque no fui capaz de pedírtelo en ese entonces y yo… no lo sé, quizá siga sin hacer las cosas debidamente. Discúlpame por eso.
—Pero, ¿qué dices? No todo se encuentra en tus manos. Por supuesto que comenzamos a salir formalmente en aquel entonces, Atsushi-kun, aunque quizá tu corazón estaba demasiado confundido como para notarlo. Lo supe desde el momento en que te vi. Quiero decir, pasamos por muchas cosas. Yo no me conocía a mí mismo y estaba confundido, te hice sentir mal respecto a lo que sentías… y bueno, no hay necesidad de arrepentirnos por ello. Estamos aquí ahora los dos, ¿no es así?
—Tienes razón. Ja, ja… Ahora eres como una persona diferente.
—Tú también. Mira qué bonita sonrisa tienes.
—¡Basta!
Ambos se rieron.
Atsushi besó las manos de Todomatsu, beso que fue correspondido de la misma manera. Tras verse cara a cara por un momento más se tomaron del rostro y se dieron un beso apasionado, diferente a las muestras de cariño de siempre. Porque, sin saberlo aquel se había vuelto un día especial.
«¿Sabías que cualquier día de tu vida se puede transformar en cualquier momento en el mejor día de tu vida?»
Cuando se separaron fue el momento exacto para ver la puesta de sol. Los rayos brillantes reflejándose en el agua cristalina del océano, combinando con los colores del cielo del atardecer. Aquel recuerdo, aquella imagen, aquel momento, se quedaría por siempre en la memoria y corazones de ambos.
Hombro con hombro, reposando la cabeza en el otro mientras observaban cielo y mar tranquilamente sostenidos de las manos.
—Todomatsu, ¿aun tienes tu cámara?
—Sí, claro. Debí dejarla en alguna parte de la habitación. ¿Por qué?
—Una foto para la sala estaría bien, ¿no? O quizá un álbum entero… Sí, ni siquiera un álbum bastaría para satisfacerme —dijo Atsushi como si hablara para sí mismo.
—¿Ahora que estás tramando? —preguntó entre risitas.
—¡Solo imagínate! Una foto de bodas en la sala principal de la casa… No estaría nada mal, ¿cierto? —Sonrió—. Hagámoslo esta semana, Todomatsu. Nos ponemos un impecable traje blanco, elegimos unas bonitas corbatas o quizá… nos hagamos coronas de flores. Podríamos conseguir unas tomas preciosas aquí en la costa o en el parque de la ciudad.
Todomatsu parpadeó un par de veces para digerir aquel plan tan repentino. De inmediato estuvo de acuerdo y con una enorme sonrisa casi tan parecida como la de Jyushimatsu asintió repetidas veces.
—¡Me encantaría! Ya verás que serán las mejores fotografías que hayamos conseguido.
No desperdiciaron la tarde, observaron el ocaso hasta que el cielo fue perdiendo el resplandor y solo entonces volvieron a casa.
La idea propuesta por Atsushi fue llevada tan solo nueve días después, cuando con ayuda del equipo de fotografía de Todomatsu pudieron ayudarse con la mayoría de ideas que tenían para ellos mismos, pues, aunque había sido un hobby de su adolescencia últimamente se había convertido en una pasión más grande, y desarrollar ese talento en la universidad seguro sería un punto fuerte para llevar mucho más allá su potencial. Por sí solo había usado muchos de sus ahorros en conseguir equipo fotográfico para desarrollar su nuevo contenido, pues, de alguna manera en el mundo del internet se estaba volviendo una celebridad bastante popular. Además, se tomaron su tiempo de pasar a una tienda que pudiera proporcionarles los trajes que buscaban, perfectamente nuevos y pensados para un día de bodas. Comenzaron a tomar las medidas adecuadas con calma y eligieron una corbata que combinara con cada uno.
Cuando Atsushi vio a Todomatsu vestido con su nuevo atuendo casi se le saltan las lágrimas, al igual que al menor, que al ver a Atsushi solo pudo pensar en lo guapo que estaba.
—Te ves precioso —dijo Atsushi genuinamente sin pensárselo dos veces, observándolo de arriba a abajo con perplejidad.
—También tú. Estás muy guapo. —Le sonrió.
¡Y entonces decidieron que era mejor no seguir perdiendo el tiempo! Eligieron un día igual de bonito que los anteriores para tomarse todo tipo de fotos que pudieran apreciar en cualquier momento de sus vidas. Si bien es probable que a ambos les podría gustar tener una fotografía del estilo tradicional con un poco más de formalidad, también era cierto que en el momento nunca surgió espacio para una toma así… Lo único que podían hacer era sonreír ampliamente, tomarse de las manos, compartir besos y abrazos.
—¡Vamos, sonríe ampliamente, Atsushi-kun! Ya va la toma en tres, dos, uno…
El flash de la cámara los iluminó una y otra vez hasta que obtuvieron por fin un álbum completo como lo deseaban. Ambos lucían guapísimos vestidos completamente de blanco con flores adornándoles el pelo y el saco… La playa al fondo de las fotografías daba esa sensación de libertad y naturalidad que caracterizaba el corazón de los dos jóvenes en ese momento, por lo que daba la impresión de que, al igual que un poema, la belleza de la naturaleza había quedado grabada para siempre con la alegría en los rostros humanos.
«Yo te recibo a ti para ser mi esposo, para tenerte y protegerte de hoy en adelante…»
—¡Me encantan! —exclamó Atsushi propinándole un beso en la mejilla.
—Luego decidiremos cuál dejaremos como la principal. Ahora… ¿qué te gustaría hacer?
—Buena pregunta… Hum, ¿quieres ir a alguna parte?
Todomatsu se lo pensó. Para el final del día ya habían ido a comer a un restaurante romántico cercano que les había llamado la atención, así como también decidieron repentinamente dar un recorrido por el acuario Churaumi en donde compraron muchas tarjetas y demás recuerdos bonitos.
«…para bien y para mal, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad…»
Esa tarde fue, de alguna manera, su inolvidable día de bodas. Las ropas blanquecinas y la vibrante sensación de alegría no los abandonó por ningún instante. Al siguiente día los chicos pudieron observar las fotos impresas sobre la cama de la alcoba poniéndose de acuerdo con la opinión que tenían de cada una, pues debían elegir la más hermosa de todas y por supuesto que debían estar de acuerdo.
Al cabo de un par de días la fotografía se encontraba colgada en la pared de la sala principal perfectamente enmarcada, mostrando a ambos sonriendo felices con los pétalos de las flores adornándoles y llevando muy bien puestas las elegantes ropas de gala.
«...para amarte, cuidarte y respetarte hasta que la muerte nos separe».
El sueño de ambos se cumplió en Okinawa.
Notes:
¡Qué nostalgia siento! Cada vez siento más lejos a los muchachos… Mi OTP eterna. Mil gracias por leer, espero que el desarrollo de Totty y Atsushi sea tan importante para ustedes como lo es para mí.
Chapter 56: Amor y pasión (parte 1)
Notes:
¡Espero que disfruten de la lectura tanto como yo disfruté escribiendo! (^v^)/
Este capítulo posee contenido +18.
Chapter Text
Dar una caminata por la playa se había vuelto una costumbre de los últimos días. Luego de que Atsushi saliera del trabajo y hubieran cenado podían dar una vuelta y mojar sus pies en el agua helada del océano. Lo cierto era que la ciudad era a veces tan tranquila que parecían no estar en Naha, sino en algún rincón de Minamidaito.
Los últimos días se habían pasado rápido y para Todomatsu era sorprendente el percatarse de cómo las horas se acumulaban y se habían transformado en semanas con suma facilidad. Le daba gracia el solo pensarlo, pero mientras no hubiera asistido a su primera clase de universidad había vuelto a ser un nini. Sí, extrañaba un poco su antigua vida en la cafetería, pero solo un poco. Acostumbrarse a no hacer nada era difícil conforme el tiempo iba acumulándose, y dedicarse a ser amo de casa había sido una tarea con la que poco a poco iba acomodándose bien. Esperar por Atsushi era emocionante… Preparaba la comida y tenía el resto del día para dar un paseo por la ciudad y conocer los alrededores. Había encontrado varias tiendas de conveniencia, florerías, restaurantes, centros de salud e incluso canchas para jugar básquetbol. Se iba acostumbrando poco a poco a las calles y las iba relacionando cada vez más como el paisaje que vería por mucho, mucho, mucho tiempo. Le consideraba mucho mejor que Tokio, en donde había aborrecido la vida ajetreada que llevaba antes.
Fue en ese momento que se dejó llevar por sus cavilaciones y se sintió enteramente feliz de haberse mudado con su marido. «La vida es demasiado corta como para sufrir penas por pequeños detalles», se dijo.
Se había encariñado ya con los árboles de ciruelas y el sabor del té local.
—¡Ya volví, Todomatsu!
—¡Bienvenido, Atsushi-kun!
—¡Cielos! —dijo mientras se quitaba el saco y lo dejaba en el perchero—. ¡Me alegra que el auto haya llegado a la prefectura! No me he podido acostumbrar a usar el monorriel.
—¡Ja, ja! Es lo de menos…
—Quizá tengas razón —dijo riendo—. ¿Uh? ¿Estás usando un champú diferente? —Le tomó un mechón de pelo para olerlo coquetamente.
—¡Lo encontré en una tienda cercana! Tiene olor a fresas.
—Hum… Pues me gusta —dijo pícaramente—. Bueno, iré a tomar un baño también.
—¿Fue un día pesado?
—No, para nada. Pero el solo estar lejos de casa es…
—¡Totalmente! —completó como si le hubiera leído la mente.
Ambos rieron.
Todomatsu se mantuvo en su celular hasta que Atsushi estuvo desocupado. Luego de la cena y jugar videojuegos juntos, porque sí, Todomatsu se había comprado una consola en uno de sus recorridos por la ciudad, permanecieron viendo la televisión juntos casualmente.
Ese momento sin palabras entre ambos era cómodo, no obstante, el silencio comenzó a pesar un poco. Aquello era raro para ambos, pues nunca sentían aquella ansiedad al no compartir palabra alguna, aunque decidieron ignorarlo. Atsushi estaba recostado en el regazo del menor mientras prestaban atención a una película que encontraron por casualidad en la programación y que resultaba lo único interesante para ver en ese momento, aunque cierto era que poco a poco ambos dejaron de prestarle atención hacía unos momentos atrás.
Aun recargado sobre Todomatsu, se abrazó a él de la cintura y lo apretujó contra sí mismo. El menor le acarició el pelo con ternura.
—Se está poniendo medio sosa, ¿no?
—¿Hmh?
—La película. Creo que la trama es extremadamente predecible.
—Creí que solo lo estaba pensando yo. —Soltó una risita.
—Apágala.
Todomatsu lo hizo. De nuevo se quedaron en silencio allí abrazados sobre el sofá en la pequeña sala. Ambos traían puestas sus pijamas a juego y la luz del ocaso comenzaba a meterse por entre los rincones de las cortinas reflejando su resplandor indirectamente a través de las shoji.
—Oye, Todomatsu, ¿no quieres hacer algo?
—¿Qué sugieres? —dijo sonriendo. Seguía revolviéndole los mechones de cabello juguetonamente.
Las caricias de Todomatsu solo hicieron que Atsushi se sintiera más querido que nunca y en correspondencia comenzó a llenarle el rostro de besos, muchos besos. Entre ellos el menor tomó a Atsushi del rostro con ambas manos y le dio un beso en los labios, profundo, largo, sincero.
Dicho beso perdió su esencia inocente y se convirtió poco a poco en un acto apasionado. Dejándose llevar por el menor, Atsushi no hacía otra cosa más que mantenerse relajado, permitiendo que fuera Todomatsu quien dirigiera la situación. Aunque poco a poco aquello hizo que el oficinista sintiera la profunda necesidad de comunicarle sus sentimientos también y lo tomó de la nunca para presionarlo consigo mismo. Atsushi metió su lengua en la boca del menor, lo cual hizo que el otro se sorprendiera, pero no dudó en corresponder de la misma manera. Ambos comenzaron a besarse con profunda pasión sin dar espacio a las palabras. Un pequeño gemido salió de Todomatsu y ello solo hizo que Atsushi se sintiera complacido por sus acciones. Por primera vez en mucho tiempo, Todomatsu no opuso resistencia y esta vez fue él quien se dejó llevar por las acciones del otro.
Las caricias no se hicieron esperar. Mientras seguían con la magia de aquel beso apasionado Atsushi se atrevió a meter su mano por debajo de la camiseta de Todomatsu. Le encantaba sentir su piel tan suave… Tomaba su tiempo. Pasó su mano desde el abdomen hasta el pecho, deteniéndose en esa parte para seguir acariciando su espalda. Terminó por envolverlo con su brazo mientras que con la otra mano seguía acariciándole el rostro. Al ver cómo Todomatsu se echaba hacia atrás lo tomó como una carta de triunfo y siguió con sus caricias. Los sonidos que salían de Todomatsu eran de lujuria, de pasión, y seguramente no deseaba que aquello terminase. Al verlo disfrutar de aquella manera, el mayor siguió besándolo con pasión, dejando húmedos besos por su cuello y pecho. Tenía a Todomatsu completamente recostado sobre el sofá, indefenso ante sus deseos carnales…
Traviesamente desvió sus dedos de su abdomen y acarició uno de sus pezones con delicadeza, cosa que hizo al chico gemir inconscientemente y de inmediato su cara se puso rojísima.
—At… Atsushi-kun…
—Oh, lo siento. ¿Te lastimé? —Se preocupó genuinamente.
—N-No. Es solo que…
—Lo entiendo. Quizá hoy no deberíamos…
—No es eso —dijo meneando la cabeza ligeramente—. No es eso —repitió—. Atsushi-kun…
—¿Hmh? —Hizo un sonido gutural realmente dulce.
Todomatsu no pudo reunir el valor para seguir hablando, sin embargo, jamás se negó a lo que estaban haciendo, lo que estaban sintiendo. Como no hubo una respuesta de por medio, Atsushi no se sintió con el valor de continuar si no había consentimiento por parte del contrario. Aunque, quizá como si de verdad se tratara de telepatía, reunió la fuerza necesaria para hacer una pregunta importantísima que podría ser rechazada, o quizá no.
Atsushi le acomodó el fleco hacia un lado para verlo directamente a los ojos. Quería estar seguro de recibir una respuesta con toda sinceridad.
—Todomatsu.
—¿Sí?
—¿Me dejarías hacerte el amor?
Las mejillas de Todomatsu cobraron un intenso color rojo, y, quizá fuese solo su imaginación, pero le pareció ver el mismo efecto en Atsushi.
Pasó saliva antes de continuar. No podía dejar que los nervios y la ansiedad le traicionaran en aquel momento. Por su parte, el mayor solo pudo sentir su propio corazón latiendo a mil por hora en espera de una respuesta a aquella pregunta tan inusual e importantísima.
Todomatsu dijo:
—Tenemos toda la noche para eso, corazón. —Sonrió con picardía.
Fue en ese instante que Atsushi sintió que podía ser él mismo quizá por primera vez. De verdad deseaba tener ese momento con Todomatsu; deseaba hacerle sentir bien. Deseaba sentirse bien… y demostrarle cuánto lo amaba.
Tomó unos segundos para que el mayor recobrara el sentido y luego de besar una de las mejillas de su amado se retiró poco a poco. Esa distancia repentina hizo que Todomatsu se alertara un poco sin darse cuenta. Atsushi soltó una risita y se puso de pie, tendiéndole una mano.
—Pero aquí no —dijo Atsushi con autoridad—. Vayamos a la cama.
Todomatsu estaba más sonrojado que nunca. Creía estar soñando. ¿De verdad aquello estaba pasando? Sentía el cuerpo caliente, la vista borrosa de deseo, los pensamientos lascivos le invadían. Y el tono de voz tan sereno por parte de Atsushi solo le hacía tener un revoltijo de mil emociones más. Confiaba en él, pero, ¿qué era ese miedo que sentía? Quizá… seguía temiendo un poquito de su primera vez.
Sea como fuere, había decidido dejarse llevar. No había razón para seguir aplazando aquel deseo compartido. Con un poco de vergüenza, pero con el suficiente valor que había logrado reunir, le tomó de la mano y se puso de pie también.
Así, dejándose guiar por su cónyuge, caminaron por los pasillos lentamente y en silencio, teniendo en mente lo que vendría después. Ni una sola palabra, ni una sola mirada… Caminaron con las manos unidas subiendo las escaleras con tranquilidad. Todomatsu iba tan solo uno o dos pasos por detrás de Atsushi.
El corazón de ambos latía con fuerza cuando estuvieron frente a la puerta de la recámara. Atsushi la deslizó y entraron.
El menor apenas estando dentro se sentó en la orilla de la cama. Estaba esperando inconscientemente por alguna orden de Atsushi que no llegaba. Por su parte, el mayor hizo lo mismo. Estando a un lado de su amado volvió a acariciarle el rostro.
—¿No te arrepientes? —le preguntó el mayor.
—¿Cómo podría? Soy completamente tuyo…
Atsushi soltó una risita otra vez muy cerca del oído del otro, lo cual solo hizo que se estremeciera. La temperatura de su cuerpo solo aumentaba y aumentaba, se preguntaba cómo Atsushi era capaz de provocarle dichos sentimientos.
Los últimos rayos de sol se colaban todavía en la habitación, haciendo que el lugar se pintara de un cálido color ámbar. El anochecer estaba llegando poco a poco.
No había nada por decir… Atsushi volvió a tomar a Todomatsu del rostro con cuidado, cariñosamente, y volvió a sumirlo en un beso apasionado y hasta un poquito obsceno. ¿Qué más daba? Deseaba probarlo con tantas ganas… El menor no opuso resistencia, sino que mantuvo su cuerpo totalmente relajado en medida de lo posible, aunque aquello comenzaba a provocarle ciertas reacciones carnales.
Atsushi se separó de él.
—¿Te gusta? —preguntó estando ya un poquito agitado—. Me detendré de inmediato cuando me lo digas…
Pero no hubo respuesta por parte de Todomatsu. Estaba tan sumido en sus ensoñaciones que no tenía tiempo de meditar sobre nada.
Atsushi tomó el silencio como una luz verde y siguió con lo suyo, acariciando su pecho y abdomen. Por su parte, el menor seguía sintiéndose lo suficientemente tímido como para tan siquiera pensar en mover un solo músculo.
El mayor solo iba aumentando el nivel de pasión entre ambos. Poco a poquito volvió a recostar a Todomatsu sobre el colchón y se atrevió a desabotonar su pijama, dejándolo con el torso desnudo. Sin poder evitarlo sintió nerviosismo ante la osadía de Atsushi al desprenderlo de sus prendas, pues ni siquiera él mismo se atrevía a remover la ropa del otro. El joven solo podía sentir su cara ardiendo y Atsushi se sentía complacido al percatarse de que la respiración de su amado se iba acelerando con cada roce y cada beso.
Atsushi dio pequeños besos en cada parte de su pecho y abdomen antes de continuar. Se detuvo ahí y volvió hacia el cuello de Todomatsu para continuar besándolo y, en un arranque de repentina excitación, usó su lengua para degustarlo. Todomatsu cubrió su boca para intentar callar sus propios jadeos, aunque deseaba seguir sintiéndose de aquella manera.
—¿Qué pasa, Totty? —preguntó con voz bajita y entre risitas—. No te contengas, quiero escucharte. —Tomó las manos de Todomatsu y las retiró de su rostro—. Si se siente tan bien es inevitable, ¿cierto?
Cada vez que Atsushi le llamaba “Totty”, el mencionado solo podía sentirse más y más acalorado. Cada forma amorosa que usaba el mayor para referirse a él le resultaba extremadamente dulce hasta el punto en que solo deseaba abrazarlo y besarlo mucho. Aunque, pese a ello, seguía teniendo pena ante la idea de caer en los juegos de Atsushi y no dijo palabra alguna.
Por otra parte, Atsushi se sentía enternecido por la manera en que Todomatsu se había comportado hasta el momento, pues el chico no se había atrevido a despojarlo de sus ropas y se limitaba únicamente a dejarse apapachar. Aunque, sinceramente Atsushi no tenía problema con eso.
Sin dejar de besarlo, el oficinista se quitó la camisa también, quedando ambos desnudos de la parte superior. Ambos se seguían besando con pasión como si no pensaran detenerse nunca; no hallaban la manera de distanciarse. Aunque, el segundo paso debía llegar ya.
Los besos solo hicieron que el calor de ambos aumentara y desearan pronto ir mucho más allá. El futuro universitario se tomó el tiempo de acariciar la espalda de Atsushi; cada músculo, cada centímetro, a la vez que lo jalaba hacia él para besarlo en el cuello también. ¿Atsushi siempre había sido tan robusto? Si bien lo había visto varias veces sin camisa, no se había atrevido a acariciarlo de aquella manera tan minuciosa y agradable. Fue entonces cuando se volvió a sentir atraído por aquellos lunares que el mayor tenía en la parte baja de la espalda. ¡Es que era tan exquisito! El cuerpo de Atsushi era precioso en vista del menor. Deseaba no dejar de tocarlo nunca. Ante las caricias el mayor comenzó a gemir sin pena, lo cual hizo que Todomatsu se pusiera ridículamente rojísimo, pero no pensaba detenerse.
El que los dos estuvieran disfrutándolo solo lo hacía más satisfactorio.
Devolviéndolo a su posición inicial y recostándolo quizá un poco más, Atsushi vio a Todomatsu a los ojos mientras posaba su mano sobre su pantalón justo en la parte que cubría el abdomen, como si le preguntara: “¿puedo?”, cosa que Todomatsu entendió muy bien, pues cubriendo su rostro con pena hizo un asentimiento. Atsushi lo despojó de su pantalón y se sintió gravemente excitado cuando vio el evidente resultado de la estimulación recibida en Todomatsu. Ante ello, se tomó un instante para inhalar y exhalar, no deseaba que aquello acabase tan rápido después de todo.
Siguiendo con las caricias de antes, Atsushi tuvo la osadía de ir un poquito más allá y puso una de sus manos en la entrepierna de Todomatsu, sobando con dedicación esa parte sobre la ropa interior.
—¡Ugh…! Atsushi…kun… —gimió a la vez que volvía a cubrir su rostro con vergüenza.
—¿Duele?
—S-Se… siente extraño.
—¿Me detengo? —Contrario a su cuestión, siguió con el movimiento de su mano.
—Quizá duele un poco pero… de una manera… agradable…
—¿Uh? —Atsushi no se detuvo, pero, al percatarse de que el bulto del menor había aumentado de tamaño, sonrió de satisfacción. Saber que podía provocar aquello en el chico con su tacto era en extremo alucinante—. Quizá… ¿se siente mejor si hago esto? —Pasando de un tacto suave y lento pasó a mover su mano de una manera un poco más brusca y rápida.
—Ah… ¡Ah! Atsushi-kun… V-Voy a…
—Es una sensación placentera, ¿cierto? Me encantaría hacerte disfrutar más, pero, no podemos dejar que todo acabe tan pronto, mi amor.
—N-No… —Jadeó. Casi instintivamente tomó a Atsushi de la muñeca para evitar que retirara su mano de su cuerpo—. Sigue, por favor… No voy a acabar ahora…
Atsushi sonrió con dulzura. Saber que Todomatsu llegó a tal punto de hacer tal petición hizo que se sintiera satisfecho, por lo que no pensaba ignorar sus palabras y siguió acariciándolo con dedicación. Primero movimientos lentos y gentiles, luego fuertes y precisos.
Mientras seguía con la fricción se recostó a un lado del chico y lo besó una vez más. Los suspiros de Todomatsu fueron callados ante la acción, y, por la parte contraria, el cuerpo de Atsushi también comenzaba a despertar. Todo lo que Todomatsu atinaba a hacer era aferrarse a las sábanas tras cada ola de sensaciones nuevas y placenteras.
Todomatsu cerró sus ojos mientras se dejaba llevar por ese mundo de ensoñaciones, mientras que Atsushi se dedicaba a observarlo detenidamente, pues no deseaba perderse de aquellas facciones que nunca había visto en su amado. Cuando pudo ver que ya estaba lo suficientemente hundido en el calor de su cuerpo, detuvo por fin sus movimientos.
El rostro del mayor también estaba rojísimo, pues ciertamente jamás había tocado a un hombre. Al ser de cierta forma su primera vez también, estaba ligeramente ansioso y se encontraba lidiando con sus instintos internos dominantes. No quería adelantarse ni apresurar las cosas, sino que quería asegurarse de que ambos disfrutaran al máximo.
Con movimientos ágiles Atsushi se desprendió de su pantalón quedando únicamente con bóxer también, dejando ver que se encontraba en el mismo estado que Todomatsu. Su cuerpo había comenzado a tener ligeros temblores, consecuencia de permanecer conteniendo sus propios deseos mientras permanecía concentrado en satisfacer a su compañero.
Atsushi siguió recostado a un lado del otro. Con una imperceptible pena, pidió en un susurro:
—Todomatsu… ¿Podrías hacer una demostración de lo que acabo de hacer? —Atsushi tomó la mano del muchacho y la posó en su propio cuerpo, justo en esa parte baja—. Justo aquí…
La sangre le hirvió al mencionado. «¿En serio Atsushi-kun me está dejando hacer esto con él?», pensó con ilusión. Al tener aquella sensación tan íntima con él no podía evitar sentir que la cabeza le daba vueltas… Ni en sus sueños más febriles se había visto a sí mismo con su amante en aquella situación. No estaba seguro de qué hacer o de qué no hacer y le preocupaba bastante incomodar al mayor con algún movimiento erróneo que pudiera provocar alguna sensación desagradable.
—Yo no estoy seguro de cómo hacer esto...
—No te avergüences.
Todomatsu tragó con seco, no deseaba admitirlo, pero estaba enloqueciendo en medio de semejante situación tan comprometedora. Pese a la ansiedad que pudiera presentarse se dijo a sí mismo que no era momento de dudar más y dio todo su esfuerzo en dicha tarea.
Comenzó con un movimiento tímido que no lograba ser más que un tierno roce, cosa que, pese a la debilidad del mismo, hizo que Atsushi lograra soltar algunos suspiros de satisfacción. El mayor estaba lo suficientemente sumido en fantasías desde hace un buen rato que no necesitaba de gran cosa para sonrojarse y comenzar a temblar de placer. El tacto de su esposo solo hizo que el deseo de entregarse en cuerpo y alma a él se volviera más fuerte. Todomatsu no fue brusco en ningún momento, sino que se limitaba a moverse de aquella manera que le hacía sentir seguro no solo a él, sino a su pareja.
Con una mano el mayor se cubrió el rostro. Quizá porque sentía pena de que el otro joven lo viera con la cara colorada, quizá porque no quería exponer sus ojos que ya habían comenzado a lagrimear, quizá porque nunca un hombre lo había tocado amorosamente.
—Ugh… Todomatsu…
—¿Cómo se siente? —preguntó de forma juguetona—. ¿Me detengo? ¿Sigo?
—¿Te estás burlando… de mí? —dijo entre risitas sin dejar de suspirar. Tampoco lo veía a los ojos.
—Me gustaría que me miraras mientras te toco. —Sonrió de lado.
—Todomatsu…
Con un movimiento suave Todomatsu tomó a Atsushi del rostro y lo giró hacia sí conectando sus miradas. Atsushi mantenía sus ojos entrecerrados mientras se dejaba llevar por el otro. Al igual que la situación anterior, Todomatsu quería estar consciente de las expresiones que hacía su amado al gozar de sus acciones.
El contacto visual no solo hizo que los dos se sonrojaran y el pulso se les acelerara, sino que fue la señal para proseguir y avanzar un poco hacia el siguiente nivel. Antes de continuar, ambos se mantuvieron estáticos un momento únicamente compartiendo miradas antes de volver a besarse con deseo. No había un instante en el que desearan separarse del otro.
Al igual que hace momentos atrás, Atsushi volvió a recostar a Todomatsu. Le encantaba ver que el otro confiaba plenamente en él como para no temer de sus movimientos. Entonces solo podía incrementar su fogosidad al darse cuenta de que el cuerpo de su amado estaba totalmente despierto, sobre todo ahí abajo. Por ello, siguió tomando su tiempo y volvió a inclinarse sobre él para llenarle el rostro de besitos traviesos mientras acariciaba su pecho.
Sin dejar de besarlo, Atsushi fue bajando su mano poco a poco hasta que tocó el bóxer del muchacho, dispuesto a desprenderle de esa prenda. Cuando se dio cuenta de las intenciones del otro, Todomatsu se enderezó de inmediato, poniéndose a la defensiva de forma inconsciente, cosa que alertó al mayor. Sin poder evitarlo sostuvo la mano de Atsushi evitando que siguiera moviéndose.
—No tengas miedo, Totty.
—No tengo miedo, solo que…
Atsushi pensó que, en efecto, le había prometido a su amado que no haría nada que no le gustara. Sin embargo, había obtenido su consentimiento para tener aquella intimidad, por lo que no podían limitarse en llegar hasta allí, ¿cierto?
—“¿Solo que…?”
A Todomatsu no le quedó de otra más que vencer su nerviosismo con valentía, cediendo al mayor. Con vergüenza cubrió su rostro con sus brazos. De verdad se seguía apenando por sonrojarse tanto ante cada roce y cada palabra. Luego de inhalar y exhalar, habló con un hilo de voz.
—Haz… lo que quieras… conmigo…
Al recibir aquella respuesta inesperada el rostro de Atsushi se puso rojísimo y su cuerpo calentísimo. Solo pudo soltar una risita al notar los labios fruncidos de Todomatsu detrás de sus brazos.
Sobó su abdomen hasta llegar a esa parte baja de nuevo y con un movimiento experto se deshizo de su ropa interior. Se tomó su tiempo para observarlo y soltó una risilla. Volvió a pasar su mano por aquella zona desnuda y rio al darse cuenta del temblor que provocó en el otro.
—Todomatsu, no sientas pena… —le dijo mientras le tomaba de las muñecas animándolo a descubrir su rostro—. Eres precioso.
—Atsushi-kun…
—Déjame verte, mi amor. No hay nada de qué avergonzarse.
Dubitativo el muchacho retiró los brazos de su rostro hasta que pudo conectar miradas con Atsushi. El saber que estaba completamente desnudo debajo del hombre que amaba solo hizo que la sangre le hirviera y un tímido escalofrío le electrizó el cuerpo.
—D-Disculpa… No puedo evitar que me dé pena…
—Así está mejor. —Sonrió—. Me encantas. Tu cuerpo, tu voz, tu actitud… Me encantas. No quiero que te sientas intimidado por mí. No voy a lastimarte.
—A mí también me encantas, Atsushi-kun. Sigo tan enamorado de ti como desde el primer día…
Atsushi soltó una risita.
—Me alegra oírlo. Entonces, ¿seguimos? —preguntó, a lo que Todomatsu asintió. Seguido de ello se dio cuenta de que él seguía usando ropa interior, por lo que creyó que no sería una buena idea despojarse de ella él mismo. Decidió continuar jugando un poco más, logrando solamente que la excitación del chico debajo de él se agravara—. Totty, ¿me ayudas? Vamos, desde aquí. —Tomó la mano del chico y la puso en el borde del bóxer animándolo a removerlo.
Todomatsu estaba sumido en sus pensamientos y sensaciones, tanto así que la sola idea de desnudar a Atsushi le parecía excesivamente alucinante. Quizá hasta la creía una tarea imposible de ensueño. Pero, allí estaba, ¿no?
Le tomó la palabra y con un movimiento lento y tímido se deshizo de la ropa que el otro llevaba puesta. Estaba tan avergonzado que ni siquiera cupo en su mente la idea de voltear a ver. ¡¿Cómo podría?! La lujuria del momento ya estaba haciendo que se derritiera ahí mismo con la vista nublada.
Ninguno dijo nada, pero ya sabían lo que se aproximaba y la sola idea era apasionante.
Se miraron fijamente a los ojos con la respiración agitada. Pese a sus previas experiencias sexuales, Atsushi no estaba seguro de cómo continuar. Era la primera vez que no lo hacía con una mujer, después de todo. Y lo más importante: era la primera vez que lo hacía con amor.
Se mantuvo viendo a Todomatsu un momento más hasta que volvió a darle un beso en los labios; un beso simple.
Era imposible esconder su estado de rigidez. El otro se encontraba de la misma forma y no deseaba matar la emoción, por lo que con firmeza comenzó a estimular al otro con sus dedos. Movimientos constantes y lentos, y nada más.
—¡Ah! Uh… Atsushi… kun…
Comenzó a llamarlo entre suspiros. Se aferró a las sábanas una vez más dispuesto a disfrutar hasta que Atsushi quisiera parar con aquella labor. Seguido de ello el mayor comenzó a acondicionar a Todomatsu para lo que vendría después, manteniendo el vaivén de su mano contra su cuerpo.
—Ugh… Ya no podré más…
Todomatsu terminó ahí mismo sin poder evitar ensuciar su propio abdomen. Ante tal suceso sus ojos comenzaron a lagrimear de la vergüenza y solo pudo volver a cubrirse el rostro en un intento por tranquilizarse a sí mismo. Jamás creyó que semejante precocidad se expondría de aquella manera y solo podía pensar en mil maneras de arreglar aquella situación, pero no las había. Estaba temblando de placer y de vergüenza. A pesar de lo que pudo haber significado, Atsushi se tomó aquello como un halago. Significaba que era tan bueno en lo que hacía como para provocar aquella reacción, ¿cierto? Las risitas de Atsushi ante tal pensamiento fueron malinterpretadas por el muchacho.
—Lo… Lo siento, Atsushi-kun. Es solo que…
—Shh… —siseó—. No tienes que dar explicaciones. —Se inclinó hacia el buró para tomar unas toallitas de papel y le limpió el estómago sin preocupación—. ¿En serio se sintió tan bien? —Sonrió burlonamente.
—Me las vas a pagar…
—¡Ja, ja! Cuánto lo ansío.
—En serio lo siento.
—No te preocupes, Totty. Voy a hacer que te sigas divirtiendo. Tenemos toda la noche, tú mismo lo dijiste hace un rato, ¿no?
—Te burlas de mí.
—¡No! —exclamó y comenzó a reír.
—Entonces déjame hacerte lo mismo.
—¿Uh?
—No me digas que tienes miedo, mi vida.
—¡Huh! ¡Claro que no! —exclamó—. Pero, este es mi juego. Podrás hacer lo que quieras cuando yo termine. Porque ahora tú eres todo mío.
Todomatsu comenzó a reír perdiendo poco a poquito la vergüenza de antes.
—Como digas. —Sonrió con ilusión.
Atsushi le regaló otra sonrisa para hacer que se relajara un poco, la cual pareció ser efectiva. Empezó a acariciarlo desde la cintura hasta los muslos mientras le llenaba el torso de besos. De nuevo el cuerpo de Todomatsu comenzó a reaccionar, pues el tacto del mayor era firme y suave a la vez.
De nuevo volvió a jugar con él en ciertas partes que sabía le harían desear más inmediatamente, y así fue. Consciente o inconscientemente el joven Todomatsu comenzó a estremecerse mientras su rostro se enrojecía más, y al observar cómo movía las caderas debajo suyo deseando una parte de él, Atsushi supo que ya estaba listo.
No obstante, el mayor tardó en moverse. Su iniciativa por un momento se vio afectada y se quedó quieto esperando quizá a que Todomatsu le pidiera que siga. Al igual que el otro muchacho, Atsushi estaba temblando ligeramente a causa de las sensaciones placenteras y sus fantasías, y, ¿por qué no?, también estaba levemente inquieto mentalmente.
Para tal punto, el sol se había ocultado por fin, dando paso a que la oscuridad se presentara en la habitación. Los últimos rayos se habían ido hacia el horizonte y pese a que el clima comenzaba a ponerse frío, ambos estaban fundidos en el calor del otro. El trémulo cuerpo del chico que estaba recostado sintió la ausencia del joven dominante.
Tan solo pasaron unos segundos, pero al perder dicho ritmo, fue evidente que algo sucedía. Incomodándose un poco por no poder ver el cuerpo de su amado, Atsushi se inclinó hacia la mesita de noche y encendió la pequeña lámpara ámbar. Quería estar seguro de ver los gestos de Todomatsu a detalle. Seguido de ello, volvió a donde estaba el otro.
Al notar la falta de actividad, Todomatsu se sintió extraño y no dudó en cuestionarlo.
—Qué… ¿Qué sucede?
Atsushi que seguía todavía encima de él estaba tan sonrojado como Todomatsu. Quizá en aquel punto ambos creían estar en un maldito sueño erótico que los torturaba de una manera agradable.
El oficinista tragó saliva y se inclinó un poco hacia Todomatsu de manera tímida.
—Es que… estoy nervioso —admitió.
—¿Qué? —Soltó una risita—. ¿Nervioso?, ¿tú?, ¡no te creo!
—Es tu primera vez, después de todo. Tengo miedo de arruinarlo.
—Atsushi-kun, piensas demasiado… —Sonrió y lo tomó del rostro con ambas manos—. También estoy nervioso, pero confío en ti. Todo va a estar bien… Vamos, sigue besándome, sigue tocándome.
Todomatsu lo atrajo hacia él. Lo abrazó aferrándose de su cuello y rodeándole la espalda con ambos brazos, dándole un beso profundo antes de continuar. Ya era hora de que Atsushi dejara sus miedos atrás. No había tiempo para pensar nada.
El mayor lo besaba con pasión. Sus labios, sus pezones, su cuello… Hasta que ya no pudo más con aquel juego que solo prolongaba sus deseos.
—Quizá duela un poco al principio, pero te prometo que se sentirá bien cuando te acostumbres —dijo Atsushi con la respiración entrecortada—. Me detendré si me lo pides.
—Haz lo que más te guste. No te preocupes demasiado…
Atsushi se separó un poco de Todomatsu y lo tomó de la cintura tan solo para acomodarse entre su cuerpo. Sus movimientos eran menos feroces que antes; se comportaba como si temiera hacerle el más mínimo de los daños.
Ambos comenzaron a agitarse, ya lo deseaban con vigor. El cuerpo de Atsushi rozaba el cuerpo de Todomatsu en su punto dulce.
El mayor dirigió una mirada al chico como si esperara por su aprobación, a lo que Todomatsu asintió mientras volvía a aferrarse a las sábanas esperando por ello.
Atsushi lo tomó de los muslos y en un movimiento decisivo presionó su cuerpo contra el muchacho.
—¡Ugh! —Todomatsu dejó escapar un gemido a causa de la sensación extraña entre dolor y gozo.
—Discúlpame. ¿Estás bien?
—S-Sigue... —Asintió.
Atsushi comenzó a moverse lentamente esperando lograr que Todomatsu disfrutase tanto como él, aunque la expresión del menor le preocupaba un poco. El chico le rodeó con las piernas a la vez que mantenía sus puños cerrados apretando las mantas. Al notar aquello, Atsushi tomó las manos de Todomatsu y las puso sobre sus propios hombros.
—Sostente de mí —le dijo sin dejar de moverse.
—At… Atsushi… k…
—¿Sí?
—Atsushi… kun…
—Dime.
—Te amo. Te amo… Ah…
Era evidente que Todomatsu ya no estaba en sus cinco sentidos, se había dejado llevar por el placer. Conforme Atsushi seguía moviéndose Todomatsu movía sus caderas con la misma constancia también y ello solo lo motivaba a aumentar el ritmo, pues no podía negarle aquello que pedía tanto.
Fue un alivio notar que el cuerpo de Todomatsu dejó de estar tenso y poco a poco fue aflojándose.
—Atsushi-kun, te amo… Te amo tanto —repitió Todomatsu. Conforme cada arremetida recibida, el chico solo atinaba a seguir suspirando el nombre de su marido deseando por más. Le rodeó el cuello con ambos brazos y acarició su fornida espalda con deseo.
¿La piel de Atsushi acaso siempre había sido tan suavecita? No había tenido tiempo antes para detenerse a pensar en aquello. Al pegar pecho con pecho mientras el vaivén de sus cuerpos continuaba se embriagó del olor dulce del champú del otro. De repente el aroma del perfume y el sudor mezclados pareció excitante.
—Te amo… —suspiró Todomatsu otra vez abrazado a Atsushi.
Por su parte, Atsushi estaba tan concentrado en tan demandante labor que no tenía tiempo de responder a las palabras del otro con más palabras, sino con actos. Al oírlo decir aquello su emoción aumentaba y el ritmo que llevaba comenzaba a cambiar. A veces era lento y firme, otras veces rápido y suave… Y ello no solo provocaba que Todomatsu jadeara sin poder soportar las deliciosas sensaciones que su cuerpo recibía, sino que Atsushi también había comenzado a emitir sonidos que el otro no había oído jamás y que como efecto agudizaban sus sentidos.
—Ah… Te amo también… —jadeó el mayor a la vez que le besaba el cuello. Como un acto de instinto le dio un lengüetazo en una de las mejillas provocando un furioso sonrojo en el chico.
—Atsushi-kun…
—Dame todo de ti… Lo quiero todo.
Atsushi tomó las manos de Todomatsu y las apoyó contra el colchón mientras entrelazaba sus dedos con los de él. Sostenerse de aquella forma tan amorosa avivó el deseo de seguir tomándolo y marcando cada parte de su cuerpo. Se inclinó, casi pegando su frente con la contraria para mantener el contacto visual. Por instantes Atsushi se preguntaba cómo se encontraba su amado, pues, sus ojos habían comenzado a lagrimear hace apenas unos segundos atrás… ¿Sentía dolor? ¿Se sentía tan bien que le provocaba el llanto? No lo sabía y no se detuvo más a pensarlo. Todomatsu aún no le había pedido que se detuviera después de todo. Desde la vista del otro, solo podía percibir un fogoso deseo por parte del mayor. Por un instante parecía tan tierno y dulce, y de repente su ritmo era tosco y salvaje.
Los gemidos y suspiros de Atsushi le hacían saber que estaba disfrutando tanto como él y ello hizo que soltara una risita. Estaba genuinamente feliz. Hacer el amor de aquella manera era tan reconfortante…
Todomatsu tomó a Atsushi del rostro una vez más y le dio un beso en los labios.
—Te amo… —dijo por centésima vez, dejando que por fin una lágrima se le escapara y recorriera su mejilla—. Mi querido Atsushi… Te amo.
De inmediato Atsushi lentificó el movimiento de sus caderas al percatarse de los suspiros entre lágrimas de Todomatsu. Le limpió el rostro con sus dedos. No entendía la expresión del muchacho.
—Lo siento, Todomatsu. He sido muy brusco… ¿Te lastimé? ¿Cómo es el dolor?
—No es eso… Estoy muy feliz, eso es todo. Sostener tu mano de esta manera mientras somos uno solo me hace sentir protegido y amado. Si esto es un sueño, entonces no quiero despertar nunca.
—Estamos en la vida real, Todomatsu. No llores más… o harás que yo también lo haga.
Todomatsu suspiró.
—Por favor no dejes de moverte. Se siente tan bien ahí…
—¿Aquí?
—¡Ah! S-Sí… Uh…
Atsushi siguió con el mismo ritmo mientras lo seguía sosteniendo de la cadera.
Aburrido de su posición y deseando hacer que la pasión durara un poco más, se separó de Todomatsu para hacer que se diera la vuelta, recargando su rostro contra la almohada bocabajo y apoyando sus rodillas contra el colchón.
Sin esperar a recibir su permiso Atsushi volvió a tomarlo y siguió con las estocadas, esta vez más suave que antes. Los ligeros temblores del cuerpo de Todomatsu le hacían pensar que quizá pedía por más, por lo que traviesamente Atsushi llevó su mano a la entrepierna del muchacho y comenzó a dar atención a esa zona. El movimiento era proporcionado casi sin delicadeza, Atsushi ya había perdido la razón.
El mayor se apoyó en el cuerpo del otro abrazándolo desde la espalda y atrayéndolo hacia sí para después girar su rostro hacia el suyo y besarlo. La humedad de su cuerpo despertaba sus instintos lascivos más internos.
Un agresivo gemido por parte de Todomatsu le hizo saber que pronto acabaría, por lo que haría que esos últimos minutos los disfrutara al máximo.
Volvió a darle vuelta para tenerlo cara a cara. Para Atsushi la manera en que la voz de Todomatsu se volvía tan dulce y aguda cuando suspiraba de aquella manera tan agitada resultaba atractiva en exceso, tanto que no podía evitar acompañarle en aquel coro.
Pronto él también terminaría y por ello aceleró el ritmo más, y más, y más y más…
Todomatsu se aferró a la espalda de Atsushi abrazándolo con fuerza sin poder evitar clavar sus uñas en él. Para Todomatsu todo había terminado. De un instante a otro su cuerpo se sintió ligero y trémulo; arqueó la espalda, pues se había liberado por fin de la presión de antes. No obstante, Atsushi no había alcanzado todavía su punto deseado, por lo que no dejó de moverse hasta que se vio totalmente saciado unos momentos después cuando el otro ya estaba lo suficientemente satisfecho y cansado.
Ambos con la respiración agitada y entrecortada se quedaron tumbados en la cama. El mayor se echó sobre Todomatsu totalmente exhausto. Temblaba ligeramente, cosa que no se esforzó en ocultar.
Poco después se dio cuenta de que su peso suponía dificultad para que el otro respirase, por lo que apenas se enderezó para besar la frente de su pareja y se recostó a su lado. Se concentraron únicamente en regularizar su respiración. Todomatsu seguía sintiendo su corazón latiendo furiosamente y Atsushi sentía los músculos tensos y vibrantes.
Todomatsu se giró hacia Atsushi y lo abrazó con cariño sin decir palabra.
—Estuviste maravilloso —elogió Atsushi.
—Gracias por cuidarme.
—Me encantas…
—Tú también me encantas. ¡Te amo tanto! —exclamó Todomatsu lazándose encima de Atsushi mientras le llenaba la cara de besos.
—¡Totty! —Lo abrazó con fuerza atrapándolo contra sí, sintiendo escalofríos todavía por la sensación de su cuerpo desnudo contra el suyo.
—¿Y decías que estabas nervioso? Hasta te pusiste un poquito agresivo. —Soltó una risita.
—Lo siento.
—Me gustó esa parte de ti. Y eso que te veías como un hombre bien portado y reservado. Incluso pasaste tu lengua por…
—¡Basta, que haces que me dé pena! Me prenderé de nuevo…
—¡Ja, ja, ja! Tranquilízate, mi amor. Estoy jugando contigo.
—¿Y qué te pareció el juego de hoy? —preguntó sugerentemente.
—Mágico. No tienes idea… —Sonrió.
Ambos se vieron a los ojos para compartir un beso más antes de que el sueño les ganara. Ante la idea de poder quedar rendidos sobre las sábanas, Atsushi se rio y después, pensativamente dijo:
—¿De verdad es tan fascinante? Me gustaría comprobarlo.
Todomatsu parpadeó repetidas veces con confusión mientras arrugaba la nariz. Se enderezó para corroborar que Atsushi no estuviera bromeando otra vez con él y le vio fijamente con cara seria.
—Atsushi-kun, ¿estás sugiriéndome que yo tome tu lugar?
—Siento mucha curiosidad. Al ver tu expresión y el sonrojo en tu rostro pensé que quizá estar en tu posición fuera más emocionante.
—Oh.
—Pero, si te parece demasiado…, lo entiendo.
—Lo haré.
—¿De verdad?
—Sí, te dije que me las ibas a pagar.
Atsushi se carcajeó.
—¡Eres el diablo, Todo-chan! ¡Ja, ja, ja!
—Y pronto te lo recordaré. Pero ya será después... Estoy cansado, me duele todo. —Cerró sus ojos.
—Sí, será mejor descansar. Ya tengo mucho sueño también. —Bostezó mientras se giraba hacia Todomatsu para abrazarlo con delicadeza, deseando quedarse dormido de esa manera—. ¿Sabes? Hicimos un desastre.
—Ya nos ocuparemos… mañana… —dijo con voz somnolienta.
Atsushi sonrió al tener al chico entre sus brazos. Con cuidado tomó una manta y la tendió sobre ambos, pues cuando el calor se fuera de sus cuerpos el frío nocturno los atacaría. Prontamente los dos se quedaron dormidos.
Aquella fantástica noche no la olvidarían jamás.
Chapter 57: Amor y pasión (parte 2)
Notes:
Este capítulo posee contenido +18. ¡Otra vez!
Chapter Text
Por la mañana el primero en despertar fue Atsushi que estaba tan agotado por la emocionante noche anterior. Estaba abrazado al otro joven mientras lo apegaba a su pecho y le acariciaba la espalda. Sonrió satisfecho al tenerlo de aquella manera protectora. Apenas se inclinó un poco para depositar un beso en su frente y comenzar a despertarlo con las caricias que le daba para peinarle los cabellos revueltos.
Todomatsu apenas ahogó un gemido entre sueños, estaba tan cansado como lo había mencionado. No conforme con ello, Atsushi le dio un besito en los labios que terminó por despertarlo de sus sueños como si fuese la princesa de un cuento de hadas.
—Buenos días, dormilón.
—Atsushi-kun, buenos días…
—¿Cómo dormiste?
—Estupendamente. Creo que ni siquiera pude soñar nada.
—Ju, ju… Me pasa lo mismo.
Eran las 9:00 de la mañana, no era tarde pero tampoco era tan temprano como solían despertar a diario.
De repente los recuerdos de la noche anterior volvieron a la mente de Todomatsu y un fuerte sonrojo se apoderó de él. Apenas pudo usar las sábanas para cubrir parte de su rostro con pena, hundiendo su cuerpo en el colchón.
Atsushi se dio cuenta de esto y no pudo evitar reír ante la adorable reacción.
—Ahora que lo pienso…, Atsushi-kun, siento mi cuerpo más ligero después de lo de ayer…
—“¿Después de lo ayer?” —Sonrió—. ¿Qué exactamente?, ¿cuál fue tu parte favorita?
—Atsushi-kun…
—¡Estoy jugando contigo otra vez! —Comenzó a reír mientras volvía a abrazarlo por debajo de las mantas.
—Si tanto insistes, te lo diré.
—¡No, porque me da pena!
—¡Otra vez con eso! Por lo que vi no pareces ser alguien que sienta pena por estas cosas. —Bufó y volvió a reírse.
—¡Hum! Claro que sí… —Sonrió de lado fingiendo inocencia.
—Atsushi-kun, ¿te digo algo? Nunca me habías besado como ayer… Tus manos nunca me habían tocado como anoche tampoco. Estoy fascinado todavía pensando en ello.
Atsushi sonrió traviesamente y se giró hacia él para verlo fijamente, recargando un brazo contra el colchón. Todomatsu permaneció expectante y atento a lo que Atsushi estuviera por decir.
—¿Y te gustaría repetirlo?
—Atsushi-kun…
—También te diré algo. La manera en que me decías “te amo” una y otra vez me encantó. Jamás esperé ver esa parte de ti y te amé más que nunca. “Te amo, te amo, te amo…”, suena en mi mente todavía. —Atsushi se inclinó sobre Todomatsu para darle un beso en una de sus mejillas—. Fue entonces que me di cuenta… que también era mi primera vez. Es decir, jamás había hecho el amor con todo el contexto de la expresión, ¿sabes? Cuando me abrazaste y me besaste me volví loco y deseé más. Y luego vi las lágrimas en tus ojos y también me sentí profundamente feliz. Siento si pude incomodarte o lastimarte.
—No me hiciste daño en ningún momento…
—Estaba preocupado. —Sonrió con nerviosismo.
—Atsushi-kun.
—¿Sí?
—Quizá haya una forma de relajarte.
—¿Y cuál es?
Todomatsu se enderezó y se puso encima de Atsushi juguetonamente mientras le tomaba el rostro con ambas manos.
—Antes de que ayer me dejara llevar por la fatiga y quedara totalmente desconectado de la realidad, creo recordar que hiciste una sugerencia muy interesante. ¿O quizá era una petición? —Sonrió con picardía.
—Ah, ¿sí?
—Y también recuerdo que me comparaste con el diablo.
—¡Cielos! Todomatsu, escucha, eso no…
—Shh… —Puso su dedo índice sobre los labios del otro para indicarle silencio—. Tranquilo, no estoy pensando en comenzar una discusión sobre ello. Más bien estaba pensando en mostrarte qué tanto tengo de diablo.
—Y… ¿Co-Cómo?
A Todomatsu le causó gracia que Atsushi comenzara a tartamudear.
—¿Quieres averiguarlo?
—Me pregunto qué tanto sabes hacer, sinceramente.
—Entonces permítame mostrarle, Atsushi-san. ¿Tengo su permiso? —Bromeó.
Atsushi se recostó por completo sobre la cama boca arriba y sonrió ampliamente.
—Tienes mi permiso.
En ese instante Todomatsu tuvo que ocultar el ligero miedo que sentía. Ahora era él quien tenía a Atsushi a su completa disposición. Pensaba en mil cosas por hacer que ni siquiera se le ocurría cómo comenzar.
La noche anterior no habían cerrado las cortinas por completo, por lo que la luz de la mañana entraba perfectamente, iluminando casi enteramente la habitación. Ello hizo que el rostro de Todomatsu se ruborizara por completo al verse ahí desnudo frente a su marido en plena luz del día. Podía ver cada detalle de su cuerpo; cada lunar, cada rasguño… Y solo entonces se dio cuenta de que no se había dado la tarea de observarlo a detalle, pues la noche anterior se había dejado embriagar de placer en medio de la oscuridad nocturna.
Lo mismo pasó por la mente de Atsushi al observar la blanca piel de Todomatsu iluminada por la luz del día. Su abdomen, su espalda y cada uno de sus músculos se apreciaba mejor ahora. Fue un pensamiento que hizo que ambos únicamente desearan admirar el cuerpo del otro antes de hacer cualquier cosa para interrumpir ese momento.
Todomatsu posó sus manos en el pecho de Atsushi para darle la misma atención que él le había dado anteriormente. Eran movimientos tan torpes que no despertaban las reacciones esperadas en el mayor, pero que sí ayudaron a abrirse paso para empezar a besar su cuello y hombros. Todomatsu comenzó a besarlo mientras que con una de sus manos acariciaba el lóbulo de su oreja y con la otra seguía recorriendo su pecho y abdomen con curiosidad. Sin interrumpir el beso, Todomatsu se inclinó un poco más sobre el mayor, rozando sin querer “esa zona” con su rodilla, provocando que hubiera una evidente reacción.
—Ugh… Todomatsu…
—¿Eh?
—Ya sé a qué estás jugando, pero, espera…
Al darse cuenta Todomatsu se separó de inmediato.
—¡Disculpa!
—No te preocupes… ¿Q-Quieres continuar?
Todomatsu meneó la cabeza un par de veces antes de volver a besarle en el cuello y recorrer su abdomen, besando desde su pecho hasta su ombligo.
Estaba consciente de que su accidente anterior estremeció un poco al mayor, sin embargo, le pareció que no se atrevería a pedírselo y tenía ganas de provocarle las mismas sensaciones que él mismo le dio. Por ello no se detuvo y bajando lentamente una de sus manos le dio la atención necesaria. No siguió las enseñanzas del mayor y no pretendió imitar sus acciones anteriores, sino mejorar en ello.
Atsushi cubrió su rostro con una de sus manos, avergonzándose de sus expresiones mientras se retorcía de gusto y soltaba suspiros que se oían ahogados y desesperados.
Fue una tarea algo tardada, pero con movimientos firmes y constantes Todomatsu logró su cometido y pudo darse cuenta de ello cuando Atsushi tembló repentinamente y su cuerpo logró suavizarse entre sus manos. Sí, el tacto del muchacho había sido lo suficientemente rudo como para apresurar el proceso de aquella manera.
—Te estás divirtiendo… —habló Atsushi entre jadeos. No preguntando, sino afirmando.
—¿De qué hablas? —dijo a la vez que pasaba unas toallitas de papel por su cuerpo—. Se nota que la estás pasando mejor. —Soltó una risita.
—Y eso que… te veías tan apenado hace… unos minutos.
Todomatsu le sonrió a modo de respuesta. No esperó por una incitación por parte del mayor y de inmediato se dispuso a hacer lo que tenía pensado. No podía atender a sus propias necesidades porque no quería aburrir a Atsushi, por lo que lo volvió a tomar del rostro para besarlo otra vez.
—¿Puedo? —preguntó tan cerca de sus labios que casi podía tocarlos.
Atsushi hizo un asentimiento a la vez que cerró sus ojos. Todomatsu volvió a reír. No podía creer de verdad que estuviera viviendo aquello, inclusive sus brazos temblaban un poco. La responsabilidad del momento cayó sobre él.
Cuidadosamente, pero con la fuerza necesaria realizó aquel movimiento necesario para consumar el acto. Sus muslos se tensaron y al sentir la espalda de Atsushi erguirse repentinamente sintió satisfacción. Ambos se abrazaron con fuerza.
Para Todomatsu no fue fácil seguirse moviendo, estaba tan ajeno a la sensación que se tensó demasiado; lo mismo pasó con el mayor.
Cuando Atsushi soltó un gemido entre el placer y el suplicio, el muchacho tuvo una ligera preocupación, pues jamás lo había oído así. Permanecieron un momento más de aquella manera con el rostro escondido en el cuello del otro dado que Todomatsu temía lastimarlo, hasta que la pasión se abrió paso entre ambos. Sin esperar a que hubiera una objeción o petición, el menor comenzó a moverse lentamente, cosa que agravó la situación. ¿Por qué? Los dos se sentían mejor de aquella manera, cosa que les causó extrañeza. Atsushi con sus fornidos brazos rodeó el cuerpo delgado de Todomatsu y lo acercó más a su propio cuerpo mientras comenzaba a moverse también, siendo aquella su manera de exigir más. Ambos se embriagaron de satisfacción, incluso con mayor intensidad que la noche previa y de forma más rápida.
—Maldición… —balbuceó Atsushi.
—¿Está todo bien? —preguntó Todomatsu con la poca razón que le quedaba.
—Ayer te llevaste la mejor parte… —soltó entre risas y suspiros.
Tomándole la palabra, el chico siguió moviendo sus caderas al mismo ritmo que el otro. Era tan asombroso que ambos podían sentirlo: aquello no duraría mucho.
Deseando ver por completo la cara del mayor, Todomatsu le removió el flequillo del rosto. Quería contemplar sus facciones. En realidad, Atsushi estaba tan sumido en las espléndidas sensaciones que hasta por un momento parecía que iba a desmayarse, su cuerpo se había aflojado demasiado y sus suspiros eran cada vez más débiles. Pese a ello, el joven Todomatsu no detuvo nunca su constante vaivén. Por el contrario, lo tomó con más fuerza.
Sin detener el movimiento mantuvieron la mirada fija en el otro; Todomatsu volvió a acomodarle el pelo a donde no estorbara y volvieron a besarse apasionadamente mientras Atsushi acariciaba el cuerpo de su amado y Todomatsu seguía tomándolo con deseo.
Por un momento el joven Todomatsu pensó que el cuerpo de Atsushi debajo suyo se sentía tan suave y ligero, a la vez que el mayor se dejaba maravillar por la fuerza y los movimientos tan ágiles que el otro poseía.
Un sonoro gemido del mayor fue suficiente para hacerle saber al más joven que hacía falta cambiar de aires, pues estaba observándolo otra vez con aquella mirada perdida. ¿Acaso iba a desmayarse de verdad o solamente estaba disfrutándolo demasiado? Todomatsu le acarició el rostro como un intento por devolverlo a la realidad.
Deteniéndose por un minuto incitó al otro a darse la vuelta. Quedando Atsushi boca abajo, Todomatsu siguió con el movimiento constante mientras lo sujetaba por la cintura. La imagen frente a sus ojos era preciosa…
El mayor, como si imitara al Todomatsu de ayer, se aferraba a las sábanas mientras ocultaba su lacrimoso rostro en la almohada conteniendo sus jadeos.
Fue en ese instante cuando pudo contemplar con mayor detalle los lunares que Atsushi tenía en la espalda baja; le parecían tan sexis y bonitos. Hacía tanto, tanto, tanto, tanto tiempo que no los veía. Quizá no había tenido el tiempo o el ánimo necesarios para prestar atención a esos detalles.
Desde su cintura deslizó los dedos de su mano hasta tocar ese hueco que se formaba en su espalda erguida, para luego acariciar sus glúteos sin malicia. Volvió a tomarlo de los muslos al darse cuenta de que el ritmo se había suavizado y retomó la constancia de antes, robándole unos cuantos gemidos a Atsushi en el proceso, mismos que él tampoco pudo callarse. Su movimiento se había vuelto brusco en comparación con minutos atrás, cosa que Atsushi pareció aceptar.
Ambos se encontraban tan dedicados al momento presente que las palabras no se abrieron paso entre ellos. Todo era goce y comodidad, el dolor desapareció; los dos se sentían en las nubes hasta el punto en que parecía que sus cuerpos estaban perfectamente moldeados al del otro. Fue solo cuestión de segundos para que llegaran a ese punto dulce tan deseado y todo hubo terminado. Un suspiro unísono fue el anunciante de ello.
Al momento en que ambos percibieron el final de inmediato sintieron sus cuerpos tensarse por un segundo y seguido de ello volvieron a relajarse, quedando tendidos en la cama. Todomatsu se puso a reposar por encima del cuerpo de Atsushi, mientras que éste último seguía ligeramente aferrado a las mantas intentando recuperar el aliento. El sudor de ambos cuerpos hizo que el calor aumentara.
Por fin uno al lado del otro volvieron a abrazarse sin intenciones de soltarse pronto. Todomatsu acurrucado en el pecho de Atsushi.
No dijeron nada por unos minutos en los que se recuperaban del agotamiento repentino. El sol iluminó por completo la habitación… Ya iba siendo hora de levantarse, a pesar de que volvió a invadirles el sueño.
Una sonrisa se dibujó en el rostro del mayor mientras le acariciaba el pelo al exhausto muchacho.
—No cabe duda de que el sexo rápido es el mejor —dijo Atsushi.
—Atsushi-kun… —Todomatsu estaba rojísimo.
—¿Mhm?
—¿Qué tal estuve?
—Como el diablo —bromeó.
Todomatsu no pudo contenerse más y se carcajeó, contagiando al otro.
—¡Hey! Fue mi primera vez…
Atsushi soltó otra risita.
—Tienes tacto suave. Me gusta… La verdad estuviste excelente. Tanto así que tendremos que hacerlo otra vez.
—O… ¡Oye!
—Tranquilízate, solo bromeo. Dos rondas han sido suficientes por ahora. —Volvió a reír.
Todomatsu se recargó en el torso de Atsushi para verle directo a los ojos mientras el otro hacía lo mismo. De repente las palabras no se abrían paso entre ellos, limitándose a observarse en silencio. El mayor seguía acariciándole la cabellera a Todomatsu mientras que éste último se dejaba consentir.
—Atsushi-kun, me asusté. De repente tu cuerpo se puso tan pesado y flojito que… creí que ibas a desmayarte.
—Oh, ju,ju… ¿Te preocupé por eso? Lo siento, estaba dejándome llevar.
—No deberías hacer eso otra vez…
—¿Y cómo quieres que lo evite si tú me pones así?
—Ya empezaste a decir cosas raras… —Se sonrojó.
—¡Ja, ja! Bien, dejaré de jugar contigo solo por hoy. Te portaste bien y yo también, ¿no? —Sonrió—. Eh, Totty, hicimos un desastre en la cama… ¿Te parece bien si cambiamos las sábanas y tomamos un baño? Me gustaría ir a pasear contigo.
—Claro —accedió—. Que el agua de la bañera esté tibia, por favor.
—Oh, ¿en la bañera?
—Síp. ¿Alguna objeción?
—¡Para nada! Pero eras tú quien se resistía tanto que hasta me parece raro que lo sugieras.
—¡Ay! ¿Qué estás haciendo? —Se quejó al sentir un pinchazo.
—Solo comprobaba que no fuera un sueño.
—¿Pellizcándome en el trasero?
—Pues no es un sueño —afirmó riéndose mientras se encogía de hombros—. Ven, te ayudo a levantarte.
Atsushi preparó la bañera con el agua perfectamente tibia y añadió burbujas en ella. Sería una manera comodísima de comenzar el día.
Más tarde podrían ir a comer afuera.
Chapter 58: Paseando por la ciudad
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Ambos entraron juntos a la bañera, relajándose con la sensación cálida del agua y la espuma cubriéndoles el cuerpo. Atsushi se recargó en uno de los extremos apoyando los brazos a los costados y Todomatsu se posó en el otro.
El cuarto de baño estaba completamente iluminado, haciendo que el brillo de las burbujas contrastara con el azulejo blanquecino y la porcelana de la bañera.
Mientras se encontraba sumergido en el agua, a Todomatsu le vino un pensamiento intrusivo que hizo que volviera a sonrojarse con fuerza. Si lo pensaba bien, había dado ese paso más allá con Atsushi y no solo una vez, sino dos. Por fin había dejado de ser virgen de todas las formas posibles y de solo hacerse la idea parecía un sueño cada vez. «¡Superé a mis hermanos!», pensó burlonamente con aires de grandeza. Además, el cambio de roles le hizo sentir muy bien hasta el punto en que creía no desear nada más.
—¿Qué sucede? —preguntó Atsushi con media sonrisa, sacándolo de sus ensoñaciones.
—¿Eh?
—Tienes esa sonrisa desde hace un rato.
—Oh, nada. Bueno… Es decir, lo de hace un rato y lo de ayer… Fue como un sueño, ¿sabes?
—¿Ah, sí? —Sonrió.
—Ahora me toca disculparme por si… te lastimé.
—Solo un poquito. —Se encogió de hombros restándole importancia con una expresión relajada de auténtica felicidad.
Ante esa afirmación Todomatsu sintió un escalofrío, realmente creería que negaría aquello, pero al verle tan despreocupado volvió a relajarse. Al igual que Atsushi, se sumergió en el agua, haciendo que las burbujas le cubrieran hasta los hombros. El menor cerró los ojos para seguir disfrutando del agua.
—Totty, ven aquí. Recárgate en mi pecho.
Sin cuestionárselo fue a donde él y posó su cabeza en el pecho del mayor. Quedando ambos de un solo lado se limitaron a quedarse abrazados mientras disfrutaban del buen estado del agua. La sensación de piel con piel bajo el agua era agradable.
—Podría quedarme dormido así —dijo Todomatsu.
—Adelante.
—Claro que no, ¡vamos a ahogarnos!
—Despreocúpate, sabes que no voy a dejar que te pase nada.
Todomatsu resopló.
—Abrázame fuerte —pidió.
Tras estar abrazados de esa forma el amor fue en aumento cada vez más, y la necesidad de besarse como si no hubiera un mañana volvió. Todomatsu rodeó al mayor con sus brazos para acariciarle la espalda y unió sus labios con los ajenos, volviéndolo una vez más un acto apasionante, mientras el otro lo sujetaba del rostro atrayéndolo hacia sí con fuerza. Por un momento el chico pensó que Atsushi se lo comería vivo.
Cuando se separaron volvieron a retomar el aire perdido al notar que sus respiraciones volvían a agitarse. Sin decirlo, ambos pusieron un límite, pues cada uno estaba seguro de que si seguían de esa manera serían capaces de remontar una tercera ronda.
Todomatsu volvió a su posición anterior recargando su cabeza contra el pecho de Atsushi pero esta vez dándole la espalda. Tomó la espuma entre sus manos para soplar las burbujas y jugar con ellas.
—Atsushi-kun… Tienes algo que me encanta.
—¿Y qué es?
—La parte baja de tu espalda. Tu torso se vuelve delgado y suave… Y tienes tres lunares ahí que me gustan mucho.
—Sí, noté que estabas tocándome mucho ahí —dijo soltando una risita.
—No soy bueno disimulando.
—No saber mentir ni disimular es también una virtud, Todomatsu. —Atsushi le acarició el cabello para después darle un beso en la nuca, cosa que le provocó escalofríos—. ¿Sabes qué me gusta a mí? Aquí, en tu clavícula. Me gusta mucho besarte aquí. —Una vez dicho aquello se inclinó para depositar un besito en él.
—Hum… No tenía manera de saberlo. Me has besado en todas partes.
—Ja, ja. ¡Es que me gustas completo!
—Basta, la cara se me pondrá roja como tomate otra vez.
—Como quieras… —Sonrió. Atsushi se aproximó a uno de los champús y echándose una cantidad adecuada en el hueco de su mano comenzó a masajear la cabellera de Todomatsu.
—Oh…
—¿Qué pasa?
—Solo pensaba que hacía mucho que alguien no me lavaba el cabello. Se siente tan bien… —dijo a la vez que cerraba sus ojos y se dejaba arrullar con el tacto.
Atsushi sonrió y siguió lavando el cabello del otro con ternura y cuidado. Seguido de ello Todomatsu también le ayudó a terminar de lavarse la espalda. Estaban totalmente relajados uno junto al otro, hasta el punto en que cuando acabaron de hacer las actividades que se hacen en un baño normal, volvieron a hundirse en el agua apoyados uno junto al otro como si estuviesen a punto de echarse una siesta, aunque el menor estaba atentísimo a no sucumbir a la somnolencia.
Disfrutar de ese momento causaba un sentimiento de nostalgia a los días del pasado, abrazando la felicidad y tristeza. Sin embargo, ambos sabían que debían ver hacia adelante y se encontraron dispuestos a crear nuevos recuerdos que lograran llenarles la vida de color.
Cuando salieron del cuarto de baño eligieron la ropa que usarían para salir a pasear. Con ternura Atsushi ayudó al menor a abotonarse la camisa, mientras que Todomatsu terminaba de acomodar los mechones sueltos del castaño cabello de Atsushi.
—Atsushi-kun, ¿a dónde iremos?
—Mmm… No he pensado en el lugar. Creí que podríamos decidirlo cuando diéramos la vuelta por la ciudad.
—Oh, Atsushi-san, ¿tanto tiempo libre tiene?
—¡Claro que sí!
Ambos volvieron a reír.
El conjunto de Atsushi consistía en una camisa verde oliva con un pantalón de vestir negro y zapatos del mismo color, además de llevar puesto su reloj de mano y unos lentes oscuros sobre su cabeza. Y Todomatsu llevaba puesta una camisa color rosa con un pantalón blanco y tenis de color rosa también, llevando su sombrero color caqui y el bolso con el llavero de conejo. Ambos usaban sus cadenas a juego.
Cuando se hubieron vestido y peinado ya, caminaron hacia la cochera y se subieron al auto. Atsushi echó a andar el motor y se adentraron a la carretera.
Okinawa era tranquilo… Con bastante gente y lugares que visitar, pero al fin y al cabo era mucho más tranquilo que Tokio.
La sola idea de tener la oportunidad de conducir libremente para conocer la ciudad que sería su hogar durante mucho tiempo era tranquilizadora. De verdad que en un año atrás o quizá meses jamás se les habría pasado por la cabeza la idea de construir un nuevo hogar.
Para fortuna de ambos, contaban con el suficiente tiempo para darse la libertad de conocer más allá de sus rincones. No era que la jornada de Atsushi se hubiera reducido, en absoluto. Sin embargo, el horario que poseía ahora en su nuevo puesto era mucho menos demandante sin rozar los límites de la locura. Ello, sumándolo con los días de vacaciones que Todomatsu tenía antes de entrar a la universidad, hacían que tuvieran una semana perfecta antes de retomar sus actividades y volver a ajustarse a un nuevo ritmo de vida.
El viento era helado a causa de la cercanía de la costa pero también era increíblemente rehabilitador.
Todomatsu dejó que el mismo agitara su pelo conforme el auto iba entrando a las vías rápidas y Atsushi llevaba puestos los lentes de sol para disfrutar más fácilmente de la vista sin que el brillante cielo se lo impidiera.
—La ciudad es preciosa. ¿Has pensando en algún sitio que quieras visitar? —preguntó Todomatsu mientras sujetaba el cuello de su camisa deshaciéndose de un doblez incómodo.
—Específicamente, nope, pero estuve pensando que podríamos ir de compras. A causa de la mudanza no pudimos traer todas nuestras cosas y nos hemos quedado sin ropa. Me gustaría conseguir una nueva camisa bonita para el trabajo. ¿Te gustaría ir?
—¡Por mí encantado! Dejaré que elijas mi atuendo.
—Hum… Pensaré en un par de cosas —dijo con media sonrisa.
Pasaron por la plaza principal y se detuvieron en una tienda de ropa similar a la que Atsushi solía visitar en Tokio cuando necesitaba una nueva corbata o terno.
Al principio pasaron por los estantes y la señorita empleada les ayudó muy gustosa a ambos, pues, ¿cómo no estaría encantada de tener de visitantes a dos hombres atractivos, educados y amables? La elección de camisas fue algo complicada para Todomatsu en cuanto se trataba de opinar sobre Atsushi, pues a su parecer todo se le veía bien.
—¿Te parecen mejor los colores claros u obscuros? —preguntó el mayor a la vez que salía del vestidor llevando puesta una camisa bien abotonada de color azul marino, luego de haber usado una de color azul cielo.
—Woah… ¡Me encantan las dos! —exclamó Todomatsu esparciendo brillos por los ojos.
—¿De verdad? —Sonrió—. Supongo que no tengo opción. Señorita, me llevaré ambas.
—Claro que sí —contestó ella con una sonrisa.
En seguida se encaminó con las prendas para envolverlas en su bolsa debidamente antes de cobrarlas.
Pronto fue el turno de Todomatsu para medirse la ropa. Comenzó por una camisa de color rosa fucsia y luego una de color rosa pastel. Continuó con un saco bonito de color crema y también un sombrero de color blanco aperlado. De repente sentía que los tonos claros y frescos iban totalmente con su personalidad, aunque no había olvidado que dejaría que Atsushi eligiera algo para él.
El mayor con toda la calma del mundo se detuvo a observar los trajes que creía adecuados para Todomatsu. Un traje color café claro con tirantes y camisa blanca con su corbata rosa. También eligió un conjunto de pantalón negro con una camisa de holanes color crema y seguido de ello no se contuvo al elegir una camiseta color azul cielo que fuera a juego con la suya propia.
Cada que Todomatsu salía del vestidor para mostrar una prenda que acababa de probarse, Atsushi le ayudaba acomodando el cuello de su camisa o las mangas con mucho cuidado. También alisaba la parte de la espalda y daba un retoque a los botones que pudieran no estar bien abotonados.
—¡Son muchas cosas! —exclamó el menor muy sorprendido.
—Es que todo se te ve muy bien. —Sonrió y añadió—: Te ves tan guapo como en nuestra foto de bodas.
Al oír aquello, la chica se sonrojó. Escuchar la conversación ajena fue inevitable. Siguió concentrada en su trabajo.
—Qué cosas dices, Atsushi-kun… —dijo poniéndose colorado.
Se portaban de nuevo como un par de melosos inexpertos, como si no hubieran hecho ya el amor por la noche y por la mañana.
Al final cuando se sintieron satisfechos con las compras decidieron que era mejor pagar todo de una vez y salieron de la tienda. Todomatsu se repente se sintió ansioso por poder ver a Atsushi con aquella ropa puesta en alguna de sus citas, aunque ya estaba deleitado a la vista con verlo de aquel color verde tan atractivo.
En seguida fueron en busca de algo para comer. Visitaron un sitio que estaba cerca del mar —como casi todo en Okinawa— y disfrutaron de la comida fresca. En realidad, hacía mucho que no comían sushi así que fue una buena idea.
Estaban sentados uno frente al otro en aquel pequeño restaurante con el azul del océano adornando su vista. Todomatsu comía lentamente el arroz blanco mientras que Atsushi simplemente sorbía de su bebida por el popote con mucha calma y una sonrisa un poco traviesa, cosa que hizo sospechar algo en Todomatsu pero no tenía idea de cómo llegar a esa conversación sin comenzar a reír también. Era inevitable.
Todomatsu le dirigió la vista fijamente y sintió cómo el calor se subía a sus mejillas.
—¿Qué? —le preguntó finalmente con media sonrisa, un poco nervioso.
—Nada —respondió Atsushi todavía sonriendo.
—Algo quieres decirme.
—No, para nada.
—¿Entonces qué significa esa sonrisita sospechosa? Ni siquiera has tocado tu comida.
—Mhm, solo pensaba, ¿sabes? —dijo con voz bajita—. De repente sentí que estaba en un sueño, pero entonces caigo en cuenta de que es la realidad y simplemente no puedo evitar sonreír. Estábamos llenos de problemas y de repente ambos estamos aquí con nuestras vidas… juntos. Hicimos el amor anoche y también hoy al despertar. Y me gustaría hacerlo de nuevo mil veces más. Solo pensaba en ese tipo de cosas.
El rostro de Todomatsu se puso rojo, rojo, rojísimo.
—A mí también me gustaría —añadió. Entonces estiró la mano sobre la mesa dejando la palma volteada hacia arriba, invitando a Atsushi a tomarla.
Lo hizo y ambas manos se unieron en un agarre gentil y lleno de cariño. Sus dedos se entrelazaron con amor.
—¿Sabes una cosa? Desde el momento en que te vi supe que algo cambiaría para bien. Me temía que no sintieras lo mismo, porque para mí fue como ver a mi alma gemela y reconocerla al instante.
—Sabes que también sentí lo mismo, aunque en su momento hice todo lo posible por negarlo… Discúlpame.
—No hay que preocuparse por eso ahora. Lo importante es que la vida nos permitió permanecer juntos. Gracias por… quedarte conmigo.
—¡Ni que lo digas! Tú me salvaste a mí.
Atsushi sonrió y acarició la mano del chico con cariño para después llevarla a su rostro y depositar un beso en sus nudillos.
Caminar por la plaza tomados de la mano se volvió tan común en ellos que poco o nada les importaba ganarse miradas de desprecio o extrañeza. Sentir la calidez del otro era todo lo que importaba, y, a decir verdad, el mal trato de los lugareños era casi tan inexistente que llevaban una vida más tranquila que antes. Sin quererlo, Todomatsu recordó aquel día de hace años cuando fue junto con Atsushi al ryokan y tuvieron que pasar por cosas inimaginables que herirían sus corazones. Pero ya no más de eso.
Ambos vivían en el presente sin ningún problema.
—Gracias por los obsequios, Atsushi-kun, pero, ¿no te gustaría a ti algo en especial?
—¿Algo? ¿Cómo qué?
—Hmm, no estoy seguro. Creí que quizá un regalo especial podría alegrarte pero…
—¿Alegrarme? Ya lo estoy. —Sonrió—. Llevas flores a casa todos los días, cocinas comida deliciosa y pasamos el tiempo juntos justo como lo deseo. No podría estar más feliz y no hace falta un regalo para compensarme, si es lo que estás pensando —dijo, siguiendo con su sonrisa juguetona.
—¿Comp…? Oh, no, no. Yo solo… —Se interrumpió a sí mismo. De alguna manera sí estaba pensando en cómo compensarlo. Después de todo era Atsushi quien llevaba el dinero a casa y era capaz de cumplirle todos sus gustos y atender sus necesidades. Inconscientemente deseaba que hubiera una compensación.
—¡Te leí la mente! —exclamó Atsushi riendo.
—¡Cla-Claro que no! Solo intentaba ser amable…
—Lo eres, corazón. Pero me gusta ver la cara que pones cuando te sacas de quicio. Lo siento, ja, ja… —Hizo una pausa para después decir—: Ya hemos caminado mucho, ¿quieres volver al auto?
—Claro que sí. Por cierto, Atsushi-kun, podríamos jugar cuando volvamos a casa.
—¿Jugar?
—Sí. Ahora que lo pienso, nunca te he visto jugar al frisbee.
—¿Tienes uno?
—Sí, cerca de casa hay una tienda que vende toda clase de cosas y pensé, «¿por qué no?»
—¡Y que lo digas!
—Es la última vez que gasto mi dinero en tonterías, lo juro…
—No es una tontería. Nos divertiremos mucho. —Sonrió—. Aunque estoy algo lleno y podría afectar mi rendimiento.
—¡Ya empezamos con las excusas! —exclamó el menor a la vez que acomodaba las bolsas con las compras en el asiento trasero.Caminaron hacia el estacionamiento. En lo que Atsushi abría la puerta del auto un pensamiento fugaz pasó por la mente de Todomatsu: que se miraba muy atractivo con la camisa y el pantalón que llevaba puesto. Sonrió para sus adentros, pues sabía que no podría jugar cómodamente con eso puesto al igual que él mismo.
Notes:
Pasa que empecé a hacer mi servicio social hace poco así que no actualizaré tan rápido como me gustaría. ¡Gracias por mantenerse al tanto!
Chapter 59: Como un par de niños
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Como sugerencia de Todomatsu se detuvieron a la orilla de la playa para poder jugar cómodamente allí. La sensación de quitarse el calzado para posar los pies descalzos en la arena era súper agradable. Ambos se arremangaron el pantalón para que el tacto no fuese incómodo y pudiesen jugar con tranquilidad.
A medida que se iban metiendo más a la playa, el viento era un poco más feroz.
No estaban complemente solos. A lo lejos se miraba una familia caminando por la orilla y también había una pareja de ancianos que habían salido a tomar el sol, así como también unos chicos de secundaria que se la pasaban haciendo su propio picnic sobre la arena un poco más allá.
Todomatsu caminó hasta que se encontraron más cerca del agua que de la zona de estacionamiento, y entonces le tendió el frisbee a Atsushi para cederle el comienzo del juego.
—Te doy el honor —dijo el menor.
—Tú primero. —Sonrió.
Todomatsu meneó la cabeza un par de veces mientras reía, curioso por las acciones de Atsushi puesto que pocas veces lo había visto desempeñarse en actividades físicas.
—¿Sabes cómo se juega?
—No debe ser la gran cosa… —dijo encogiéndose de hombros.
Todomatsu se rio.
—Pasas el frisbee sin correr con él en la mano. Y, bueno, somos solo tú y yo así que no hay manera de que podamos anotar los puntos de manera justa… Lo correcto es simplemente abarcar la zona de juego, tomémoslo como un entrenamiento.
—¿Nuestra zona de juego? Oh, ¿algo como esto? —dijo a la vez que trazaba una línea sobre la arena con su pie.
—¡Ajá! Aquí tienes tu límite —dijo Todomatsu a la vez que trazaba una línea paralela por su propio lado—. ¿Qué tal?
—¡Fácil! —exclamó colocándose bien las gafas de sol.
—Eres un presumido…
—Permíteme mostrarte mis habilidades atléticas.
—¡Lo ansío! —exclamó burlonamente entre risitas.
Entonces Todomatsu tomó el frisbee y lo lanzó en dirección a Atsushi. El mayor con una asombrosa agilidad se hizo con el platillo.
—¡Tarán! No hay cosa más fácil, Totty.
—¡No lo retengas! —exclamó lanzándose hacia un lado, alzando los brazos para prever el próximo movimiento.
Atsushi lanzó el disco, el cual atrapó rápidamente Todomatsu. Y aquello se repitió. Eran movimientos rápidos y sorpresivamente para el menor Atsushi era muy bueno; no mentía al mencionar sus habilidades atléticas. De repente se sintió sumido en sus pensamientos y en la imagen de Atsushi que tenía delante. Estaba plenamente feliz.
Era como si se tratase de dos niños jugando alegremente en el patio de recreo.
Sin embargo, como era de esperarse, comenzaron a entrar en calor, lo cual obligó al mayor a que deseara deshacerse de aquella prenda tan molesta. Atsushi se desabotonó la camisa cuidadosamente y la dejó tendida sobre la arena. Esa acción hizo que Todomatsu se alentara a hacer lo mismo.
—¡Oh! ¿Nos pusimos serios? —bromeó el menor.
—Muéstrame de qué estás hecho, Matsuno-kun.
Todomatsu estalló en risas y volvió a lanzar el disco con más agresividad, sorprendiéndose una vez más por la habilidad del mayor para poder contraatacar y defenderse de cada uno de sus movimientos. Justo antes de que el disco alcanzara a tocar la línea trazada, Atsushi era capaz de tomarlo y devolverlo con velocidad. Todomatsu hizo todo lo posible para seguirle el ritmo porque deseaba de verdad demostrarle que podía aguantar un poco más, pero lo cierto era que el menor no poseía demasiada resistencia física como sus hermanos o como cualquier otro chico de la ciudad o país.
Sin embargo, se estaba distrayendo por la vista que poseía: a Atsushi con el torso completamente desnudo y una fina capa de sudor cubriéndole el cuerpo. Su pelo castaño desordenado por el viento que soplaba en su dirección contraria y las mejillas enrojecidas por el esfuerzo del ejercicio bajo el sol. Era una vista preciosa y se preguntaba, «¿por qué Atsushi no puede ser también un súper modelo?» Se tomó el tiempo para admirar su abdomen bien formado y los hombros anchos, los lunares de la espalda y la sonrisa bonita. Estaba embobado viendo cada detalle de su amado y el mayor parecía no haberse dado cuenta.
En una de esas jugadas sin prestar la debida atención Todomatsu lanzó el disco con demasiada fuerza, tanto que amenazaba con salirse de la zona de juego, sin embargo, Atsushi fue capaz de actuar y lanzándose sobre la arena de costado devolvió el disco al partido. Por supuesto, Todomatsu no había previsto semejante reacción y al intentar atrapar el platillo sus movimientos fueron lentos, provocando que el objeto golpeara en su frente haciendo un ruido hueco.
—¡Ay!
—¡Oh, Todomatsu! —exclamó Atsushi poniéndose de pie inmediatamente. Corrió hacia donde se encontraba el otro y lo inspeccionó con preocupación, poniendo sus manos sobre sus hombros—. Lo siento… ¿Te lastimé? No fue mi intención…
Todomatsu se mantuvo con la mano puesta en la frente, hasta que una sonrisa se dibujó en sus labios. El golpe dolía, pero le dio risa que ello haya sido provocado a causa de su torpe distracción.
—No te preocupes, Atsushi-kun. Estoy bien —dijo a la vez que sobaba su propia frente para disipar el dolor punzante—. Estoy bien —repitió.
Todomatsu retiró la mano de la zona y el mayor pudo ver que la piel había adquirido un leve color rojizo.
Atsushi se quitó los lentes de sol y los puso sobre su cabeza para inspeccionar mejor el golpe.
—¡Oh, sí te lastimé! ¡Cuánto lo siento!
—N-No te preocupes, se ve terrible quizá, pero no se siente así… —dijo con calma aunque había algo de mentira en ello, porque de que dolía, sí, dolía.
—Deberíamos dejarlo aquí… Creo que puedo conseguir algo de hielo por alguna tienda cercana.
—¿Uh? No es la gran cosa, Atsushi-kun. Tranquilo. Basta con poner algo de agua salada en la herida y listo. —Sonrió—. Debo decir que esa jugada fue estupenda, ¡bravo! Quizá se te daría bien jugar al béisbol.
—¡Para nada! —exclamó con modestia.
Fueron a la orilla para que Todomatsu fuera capaz de meter su mano en el agua y palpar con ella la zona herida. El agua del mar estaba fresca y limpia.
Justo en el momento en que el menor se disponía a regresarse a la arena que seguía seca, Atsushi le dio un leve empujón, provocando que cayera de lleno al agua.
En vista del mayor el rostro de Todomatsu fue gracioso al sentir la temperatura baja.
—¡Atsushi-kun! ¡¿Qué haces?!
—¡Ja, ja! Debiste haber visto tu cara… —Comenzó a reír.
—Ya verás… ¡Toma esto! —exclamó a la vez que tomaba agua entre el hueco de sus manos y la lanzaba hacia el rostro de Atsushi mojándole el flequillo también.
—¡Oh! Con que declaras la guerra oficialmente, ¿eh? ¡Ya verás!
Atsushi se lanzó a Todomatsu esperando salpicarlo también. El agua apenas les llegaba hasta las rodillas, sin embargo, era suficiente como para que la corriente de las olas los empujara con su fuerza.
Aquella guerra de agua salada no se detenía, ninguno de los chicos tenía intenciones de perder. El cabello de ambos estaba empapado, la manera en que el flequillo cubría los ojos de Atsushi era graciosa, pero a los ojos de Todomatsu se miraba muy atractivo.
Cuando ambos perdieron la batalla y llegaron a la conclusión de que no hubo un bando victorioso, detuvieron el salpicadero y Todomatsu se abrazó a Atsushi, provocando que ambos cayeran a la arena y el agua les cubriera de torso por completo. Se mantuvieron abrazados sobre el suelo por un instante hasta que una ola amenazaba con cubrirlos por completo, por lo que se incorporaron para evitar alguna anécdota graciosa que pudiera terminar en tragedia. La ola se rompió y apenas les llegó al pecho. La manera en que parecían recrear el momento en que compartieron la bañera de casa fue curiosa, pues, de nuevo estaban abrazados fuertemente mientras el agua les permitía relajar el cuerpo.
—¡Mira lo que hiciste! —se quejó Todomatsu entre risas—. Ahora tendremos que esperar para poder secarnos.
—Al menos no traemos la camisa puesta…
—¡Ja! Dudo que te preocupe.
—Tienes razón.
Ambos rieron mucho. Cuando salieron del agua se quedaron sentados en la arena de nuevo, como ya habían hecho antes. Hombro con hombro, reposando sobre el otro sin decir palabra alguna, como si así sus corazones se entendieran mejor.
Pasados los minutos ya estaban secos y creyeron que lo mejor sería volver al auto para comenzar el recorrido a casa.
Cuando Todomatsu fue a levantar las camisas de la arena para ponérselas de nuevo, advirtió que la prenda tenía la fragancia de Atsushi impregnada en ella. Olía bien, era como rememorar los momentos cuando se encontraba recargado en su pecho mientras dormitaban. Al darse cuenta de que volvía a perder la cabeza en sus ensoñaciones se concentró en el presente y le devolvió la camisa a su dueño. Se vistieron y volvieron a sus asientos para continuar el recorrido por la carretera.
Con todo ello, la herida en la frente de Todomatsu había quedado en el olvido. Si bien la leve marca seguía ahí, ya se había disipado un poco. Lo cierto era que para el menor fue un accidente divertido que le enseñaría a no perderse de nuevo en fantasías, mientras que para Atsushi significó mucho el nivel de daño que provocó en el menor. Así era él… Se preocupaba bastante por lo que sus acciones podían significar en otros.
—¿Sabes algo? Eres como una madre —dijo Todomatsu entre risitas. Colgaba su codo por la ventana del auto dejando que la brisa proveniente del océano le llenara los pulmones.
—¿Uh?
—¡Tan preocupado y sobreprotector siempre! —El menor reía—. Así son las madres.
—¡Vamos! No me digas que está mal ser así… Constantemente sufres por mi culpa.
—Despreocúpate. —Bostezó—. Yo también te cuido a ti, no soy un niño. Tengo la edad que tú tenías cuando nos conocimos.
—Y era tan estúpido…
—¿Qué rayos significa eso? —dijo entornando los ojos.
—¡Na-Nada!
Todomatsu se soltó a reír.
—Entiendo lo que quieres decir. Pareciera que toda una vida ha pasado desde hace cuatro años, ¿no es así? —Volteó a ver el azul del océano con brillo en los ojos y un aire de nostalgia—. Cuatro años… —repitió—. Se aprende mucho incluso en una semana.
—Y que lo digas… —Suspiró. En su mente seguían haciendo eco las palabras anteriores de Todomatsu. «Así son las madres».
Fue entonces cuando Atsushi sintió una punzada en el pecho que hace mucho no lo torturaba. Después de todo, le era imposible recordar a su madre.
A pesar del largo tratamiento que estuvo recibiendo y la atención dada por parte de sus amigos y conocidos, aún era incapaz de recuperar muchos de sus recuerdos, quizá gran parte de su vida. La idea de tener recuerdos dispersos o perdidos no era lo único que lo atormentaba de vez en cuando, sino el hecho de haber creado recuerdos falsos. Que su madre había muerto, que su madre lo había abandonado, que su madre esto y que su madre lo otro… Se preguntaba por las mañanas, tardes y noches: «¿en dónde estás, mamá?» Y ninguna respuesta llegaba nunca, pues, era difícil conseguir alguna cuando la misma debía venir de uno mismo. Lo mejor para sí era dar por sentado que nunca la vería de nuevo, sin dejar espacio a la intriga e inquietud. Había aprendido por mero empirismo que las falsas ilusiones eran el peor de los venenos.
Ello desencadenó muchos pensamientos nocivos. De vez en cuando recordaba el rostro de su padre y a pesar de haberse dicho una y otra vez a sí mismo que dejaría el pasado en el pasado, sus antiguos fantasmas volvían para recordarle malas experiencias por las noches. ¿Estaba bien seguir viviendo? Se había convencido de que sí, porque era feliz junto a Todomatsu… Era su única razón de vivir y nada cambiaría aquello. Estaba seguro de que quería seguir viendo hacia el futuro y trabajar duro para que cada día fuese mejor y mucho más alegre que el anterior. Deseaba despertar cada día al lado de su esposo y ver su sonrisa brillante, reír juntos y hacer el amor miles de veces más. Eso era lo que deseaba… Hacia ello apuntaba su futuro.
Y, aun cuando pensamientos como esos estaban presentes en su mente, algunos otros emergían para recordarle lo que de verdad era: un ser humano a la deriva con la esperanza de recordar, recordar y recordar.
Estaba quizá un poquito triste por la partida, extrañaba a su única familia, Yanagida. Extrañaba todo aquello que durante su infancia alguna vez pudo llamar hogar. Echaba de menos a su único amigo de la adolescencia, Futsuumaru. Extrañaba la idea de “hogar”. Había olvidado lo que es sentirse protegido bajo el ala de papá y mamá… Y, sobre todo, le dolía haber dejado en el olvido a su hermana durante tanto tiempo. «Pobre Nozomi, pobre Nozomi… —se repetía—. Perdóname…»
Odiaba haber dejado de lado el sufrimiento ajeno, haberse concentrado únicamente en su propio dolor.
Entonces pudo recuperar viejas memorias que compartía con Nozomi, Kinko y Yanagida, su querida familia. ¿Cómo había podido dejarlos abandonados en un rincón de su memoria? Apenas les dejó espacio en el rincón de un rincón.
Cuando cerraba sus ojos, la sonrisa de Nozomi volvía a él, las caricias de Kaede volvían a sentirse sobre su piel, la mano de Yanagida volvía a sentirse entrelazada sobre la suya, las risas de Kinko volvían a escucharse… Y al abrirlos, ya no había nada. Su familia se había marchado.
Las notas del piano volvían. El sonido de los zapatos de goma de su padre, el olor del perfume de su madre… Y de repente todo volvía a ser blanco otra vez. Su mente estaba completamente en blanco. ¿Por qué no podía tener un momento de paz y simplemente dejarlos ir? Todo había terminado. Atsushi era el único incapaz de soltar el pasado y seguir su vida…, o eso parecía, porque constantemente se decía a sí mismo: «¡Estoy casado y soy muy feliz!» Su vida se había convertido desde hace mucho tiempo en una batalla de ganar o perder, y por supuesto que iba a ganar, era lo que más deseaba. Atsushi, después de todo, no era más el tipo de hombre que se rinde fácil.
Habían llegado a casa. Atsushi estaba metiendo el auto en el pequeño garaje y al estacionarse Todomatsu bajó las bolsas con las compras. Al hacer aquello, ya había notado que Atsushi estaba perdido en sus cavilaciones, pero por el momento no tenía intenciones de decir nada.
Al estar en el interior de la casa, Todomatsu se detuvo frente a la pared de la habitación principal para apreciar mejor las fotografías que estaban colgadas en la habitación. Se sentía feliz con lo que veía. Al observar la foto de la boda en donde ambos sonreían vistiendo de blanco estuvo seguro de que esa era su única familia, la nueva familia que necesitaba, y deseaba que Atsushi estuviera pensando lo mismo, pues Todomatsu no era tonto… Podía percatarse de la nostalgia en los ojos de Atsushi, sabía que estaba pensando en las personas que ya no estaban allí con ellos.
Eso le hizo preguntarse, ¿cómo era Nozomi Takahashi? No podía recordar haberla visto en alguna fotografía o en algo parecido, por lo que con inocencia y genuino amor, le hizo una sugerencia a Atsushi.
—Deberías poner su foto junto a las otras para no olvidarla.
—¿Hablas de…?
—Nozomi-san. Estoy seguro de que a ella le habría gustado saber que sigues pensando en ella a pesar del tiempo.
—Todomatsu —dijo a la vez que se aclaraba la garganta—, ¿cómo puedes saber sobre… ella?
—Lo veo en tus ojos, Atsushi-kun. No es como si la telepatía entre sextillizos funcionara en estos casos —bromeó, pero Atsushi no se rio. Entonces dijo—: ¿Tienes una fotografía de ella?
—Debería haber alguna entre las cajas del ático… ¿Trajimos todo?
—Varias cajas sin abrir, sí.
Tomando la palabra de Todomatsu, Atsushi fue en busca de una fotografía o algo similar. La encontró y no pudo evitar que las lágrimas se asomaran por sus ojos, sin embargo, no las dejó salir. Estaba feliz de volver a recordarla, aun no se explicaba cómo había sido capaz de dejarla en el olvido cuando era tan importante para él. Ella era la persona que lo había salvado en un sinfín de sentidos.
Sacó la fotografía de entre los sobres amarillentos que estaban dentro de las cajas con demás papeles y viejos recuerdos, la llevó a la sala y la colgó en un pequeño marco color blanco.
En la foto se le veía a Nozomi con el uniforme de secundaria mientras abrazaba un ramo de flores y sonreía a la cámara; era su foto de graduación. Al terminar de añadirla al muro, volteó a ver a Todomatsu con una sonrisa.
—¿Qué te parece?
—Con que ella es Nozomi-san… —dijo a la vez que se acercaba para ver mejor esa fotografía.
Nozomi tenía el pelo negro justo como Atsushi en su adolescencia, así como también una nariz pequeña y ojos avellana. Llevaba puestos unos anteojos que la hacían ver muy linda y ello justo le hizo recordar a su hermano Choromatsu con todo y su pinta de nerd. Sonrió al apreciar cada detalle.
—Es la única foto que tengo de ella… Lo demás se lo llevó su madre.
—¡Era muy linda! Se parecen mucho en algunos aspectos —dijo, logrando que tocar el tema no fuese triste—. ¿Alguna vez te lo dijeron?
—No estábamos mucho tiempo juntos en público, así que… No estoy seguro, no puedo recordar del todo.
—Descuida, ya lo harás. —Palpó su hombro—. Me alegra tenerla aquí, ¿sabes? Nunca la conocí, pero al igual que tú, no deseo olvidar que alguna vez existió.
—Todomatsu…
—Después de todo, no se trata de olvidarla o de dejarla ir. Se trata de recordarla sin que duela. La amabas, ¿cierto?
—Con todo mi corazón… —dijo en un susurro.
Sin agregar nada más, Todomatsu se aproximó a Atsushi y le dio un abrazo mientras seguían admirando la imagen de la chica en la pared. Justo como lo había dicho, quizá no era lo mejor para Atsushi el intentar borrar viejos recuerdos e impulsarse hacia el presente y el futuro, sino aprender a vivir con ellos. Muy en el fondo supo que Atsushi no querría olvidar a su querida hermana, así como él no querría olvidar jamás a sus hermanos, madre y padre. Sobre todo a su padre.
Vivir ignorando el dolor era imposible y era algo que había aprendido con el pasar del tiempo. A veces, había que dedicarle a ese dolor el tiempo que requería para poder seguir viviendo en paz. Llorar un poco y seguir caminando… Voltear atrás solo un poquito y seguir caminando…
En ese momento, ambos comenzaron a preguntarse si de verdad existiría un momento en donde el pasado perdiera su peso para siempre. Quizá no, quizá todo había sido una ilusión. Y así estaba bien. Después de todo, de no haber vivido lo que habían vivido, no estarían juntos. Y así estaba bien.
—Gracias, Todomatsu. Por hacerme ver la realidad frente a mí.
—Tú fuiste quien lo hizo, Atsushi-kun. Porque eres fuerte. —Sonrió—. Date algo de crédito, hombre.
Atsushi soltó una risita y no añadió nada más. Con su brazo acarició el hombro de Todomatsu, y tras echar un último vistazo a la imagen de su hermana se dirigió a la sala para tomar las bolsas de las comprar y llevarlas a la habitación. El menor lo siguió para cambiarse a una ropa más cómoda. Atsushi tenía trabajo nocturno, por lo que el resto del día lo tenían para ellos, aún quedaban horas para disfrutar. Todomatsu usaba un short color rosa con una camiseta blanca con estampado de abejita, últimamente su gusto por las camisetas con diseños divertidos había despertado. Además usaba sandalias de color vino. Atsushi llevaba puesto un pants color gris con una camiseta amarilla clarito, además de tenis deportivos color blanco. Como su casita necesitaba de remodelaciones todavía, tenían la intención de realizar el trabajo de jardinería que requería el patio principal, así como el patio trasero. Antes de ello descansaron un rato en el sofá en lo que los rayos del sol se volvían menos agresivos.
Fue solo por un instante, pero sin quererlo, Atsushi comenzó a reír al ver la herida en la frente del menor. Apenas había notado que en efecto no era la gran cosa, pero había sido suficiente como para dejar una pequeña marca.
—¿Q-Qué? ¡No te burles! —exclamó a la vez que cubría su frente con una mano mientras sus mejillas se tornaban de color rosa intenso.
—Lo siento… —dijo Asushi entre risas—. De verdad quería creer que no había sido la gran cosa, pero… Lo siento… —Siguió riendo.
—¡Bah! Yo mismo te dije que lo olvidaras.
—¡Ja, ja, ja! Vamos, quita tu mano de tu frente. Ya no voy a reírme, lo prometo.
Al ver la sonrisa de Atsushi, todo rastro de dolor fue eliminado del corazón de Todomatsu. Verlo feliz era todo lo que deseaba. Retiró la mano de su cara y se encaminó hacia el patio poniéndose un sombrero.
—¿Vienes? Ya va siendo hora de hacer algunos arreglos. Tengo algunas semillas que me gustaría plantar.
—¿De qué tipo? —preguntó caminando a su lado.
Llegaron al patio trasero en donde Todomatsu tomó el material necesario para la jardinería. Se puso guantes y se dispuso a comenzar a arar la tierra. Atsushi se puso guantes también, se arremangó el pantalón para que no arrastrase y se echó el pelo hacia atrás.
—¡Girasoles! —exclamó mostrándole una bolsita con dichas semillas.
—¿Sabes? No he hecho esto antes.
—¿De verdad? Recordaba que había algunas florecillas en el patio de la antigua casa.
—Flores sin nombre a las cuales se les pegó la loca idea de nacer allí. Rara vez hice el intento por realizar el trabajo de jardinería. Nunca tuve tiempo.
—¡Entonces estás en buenas manos! Jyushimatsu-niisan y yo ayudábamos a mamá todo el tiempo con las plantas del patio trasero. Aunque siempre quise girasoles y nunca tuve la oportunidad de lograr que crecieran… Los gatos de Ichimatsu-niisan eran expertos en sacar las flores de raíz por diversión. —Lo último fue dicho con un aire de pena.
—Bien, ¡entonces enséñame!
Las semillas de girasol fueron plantadas junto a la cerca que dividía el patio trasero con la calle del vecindario vecino. Todomatsu era todo un fanático de los colores brillantes, por lo que, además de haber conseguido flores ya crecidas también deseó empezar de cero y plantar toda clase de florecillas de tonos vibrantes con la idea de conseguir formar una enredadera que adornase la entrada del patio.
Aquel fue un trabajo de varios días. Luego o antes de que Atsushi se fuera al trabajo, dedicaban algo de tiempo al patio trasero juntos y cuando Atsushi no estaba Todomatsu hacía todo lo demás. La construcción de un bonito jardín fue parte del trabajo de ambos, pues con el pasar de los días las semillas comenzaban a dar sus retoños y las pequeñas ramas de color verdoso se asomaban de entre la tierra buscando lucir sus nuevos pétalos. Las florecillas de manzanilla florecían junto a las margaritas por los bordes del camino que guiaba entre la mesita de jardín que había sido colocada para disfrutar de las tardes o mañanas de lectura. Poco a poco fue convirtiéndose en un lugar al que podían llamar su verdadero hogar. Bombillas fueron colocadas a los alrededores para iluminar gentilmente por las noches; la enredadera de color violeta se extendió de poco a poco y formó aquel camino que el menor tanto deseaba. Ese fue su hobbie por mucho tiempo… Tomaba su overol color rosa palo, su sombrero, sus guantes, sus botas, y se disponía a realizar su trabajo.
Los girasoles crecían maravillosamente como si fueran pequeños niños. Pronto estuvieron tan grandes que fue necesario atarlos con pequeños tarugos de madera, intentando evitar que se rompieran con la brisa marina que visitaba el hogar.
El jardín era todo un mundo de colores… Las margaritas, girasoles, rosas y violetas adornaban el suelo y las paredes. No podía haber nada mejor. Poco o nada le importaba el embarrarse de tierra, pues estaba feliz con el pequeño mundo que estaba construyendo para él y su amado, su nueva familia.
Por supuesto que Atsushi elogió su trabajo enormemente, nunca había visto que un jardín tan carente de vida se convirtiera en aquel bonito lugar que ahora observaba. Los días de riego y cuidado habían hecho su trabajo.
No estaba seguro de por qué, pero el haber cuidado de los retoños como si se tratara de frágiles bebés había hecho que Todomatsu se sintiera mucho mejor consigo mismo. El saber que sus manos habían ayudado al crecimiento de la vida era lo mejor y era inexplicablemente satisfactorio. «Quizá por eso mamá disfrutaba tanto de arar la tierra…» El patio principal no era excluido de toda la belleza que había conseguido el segundo, pues los arbustos de rosas blancas y amarillas adornaban el portón blanco de la entrada. Era una vista preciosa que merecía ser cuidada con amor, justo como lo había sido durante todo ese tiempo.
Con ello, todo rastro de melancolía quedó sellado en ese hogar. Eran como un par de niños aprendiendo a ser felices otra vez.
Notes:
Tan cerca del final…
Estoy muy feliz por todos aquellos que se han quedado conmigo hasta este punto, gracias por leerme. Cuando esté escribiendo el último capítulo voy a sufrir porque esta historia ha significado mucho para mí.
Chapter 60: Especial de navidad (2025)
Notes:
De modo que cuando llega la época decembrina llegan a mi mente mis muchachos, Totty y Atsushi, ¡así que no podía quedarme sin escribir un capítulo especial para ellos!
Este capítulo es un pequeño salto al futuro tomando como punto de arranque el capítulo anterior y los siguientes dos que no he publicado todavía. Es decir, es una vivencia de ambos luego del final inexistente (por el momento) de este fic.
Y, antes de que me digan, “¡pero Ary! ¡Actualiza!”, les explico… Sé que hace más de un año que no doy continuación a este fanfic, pero no se preocupen, ya comencé a redactar el próximo capítulo. Ahora por favor disfruten de este especial de navidad que preparé y continuemos con el hilo de la historia en la próxima actualización. ¡Espero que les guste! C:
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Luego de trabajar todo el día en uno de sus proyectos Todomatsu se desvió a una tienda local a comprar tofu, recordó que últimamente Atsushi no se encontraba muy bien de salud e imaginó que comer una sopa de miso caliente le sentaría bien.
Se paseó por el mercado sin prisa yendo directo al punto, sin embargo, se vio distraído por las luces de colores destellantes cerca del mostrador. Observó el árbol navideño un instante y cayó en cuenta de que ya era 01 de diciembre; su época favorita recién comenzaba. Quizá no solamente compraría tofu esa noche.
Atsushi estaba comiendo tranquilamente la sopa de miso que Todomatsu preparó con esmero. Mientras engullía el caldo en busca de calor no pudo despegar la mirada del chico frente a él que le miraba con ojos brillantes y mejillas rosas. El mayor atribuyó el color de su rostro a una posible fiebre que comenzaba a manifestarse, sin embargo, no pudo llegar con facilidad a esa conclusión puesto que también tenía una sonrisa bien dibujada desde hacía un rato.
—¿Pasó algo bueno hoy? —preguntó Atsushi con media sonrisa y voz ronca.
Todomatsu tardó en rato en contestar. Sinceramente, si le abría su corazón y le hacía saber que simplemente estaba feliz por la aproximación del invierno, temía quedar como un loco, pero, ¿qué remedio tenía? Atsushi sabía perfectamente que era la clase de persona que sonreía solo por las pequeñas cosas.
—Hoy en el mercado miré un árbol de navidad. Era grande, muy lindo y brillante.
—¿Ah, sí?
—Ajá. ¿Sabes que ni siquiera he visto ningún adorno en los escaparates de las tiendas? Por un momento casi olvido que hoy comienza diciembre.
—Creo que Okinawa es diferente a lo que me imaginaba. Tampoco he escuchado que nadie mencione nada respecto a las fiestas que se aproximan.
—¿Nada de nada?
—No, nada. —Atsushi negó con la cabeza, tomó el tazón de sopa y se lo terminó.
Todomatsu estaba pensativo, sin embargo, no dejó que sus ideas de una navidad aburrida lo agredieran. Sería la primera navidad de ambos en Okinawa, sí, y era normal que dudaran en cómo debían celebrarla, pero el problema no era de un peso mayor como para arrebatarle su sonrisa sin más.
—¿Cómo sigue tu gripe? —preguntó, observando que la nariz de Atsushi seguía enrojecida y sus ojos notablemente cansados.
—Estaré bien muy pronto si sigues cuidándome bien como hasta ahora.
—¡Te aprovechas de mí cada segundo!
Atsushi sonrió y estiró la mano para revolverle el pelo, pero el chico estaba algo alejado. A pesar de que no le convenía, Todomatsu se inclinó juguetonamente hacia adelante y se dejó acariciar, logrando así que su flequillo despeinado le cubriera los ojos. «Ya me hace falta un recorte», pensó.
—¿Sabes algo, Todomatsu? No me apetece pasar la navidad paseando por el American Village.
—¿No?
—Parece un poco aburrido… No quiero caminar demasiado mientras el aire helado me azota. ¿Y si fuéramos a otra parte?
—Podemos pasarlo en casa también.
—¿No te molesta quedarte?
—Para nada. —Todomatsu negó con la cabeza con calma—. Pero viéndote a los ojos me doy cuenta de que quieres ir a alguna parte. ¿Acaso quieres volver a Tokio?
—Estaba a punto de decir que me conoces, pero te equivocaste en una cosa. —Soltó una risilla—. Sí que quiero ir a algún lado contigo, pero no me apetece Tokio. No quiero ningún lugar ajetreado.
Todomatsu se lo pensó un poco. Es cierto, ambos habían pasado ya la navidad de diferentes maneras, pero siempre buscaban algo diferente tras cada año. Ver a Atsushi tan pensativo con la mirada perdida sin un punto fijo le causó mucha gracia, a veces parecía muy infantil.
—¿Te gustaría ir a los baños termales? Quizá un hotel cerca de la playa y no muy lejos de casa en donde podamos observar las luces navideñas y comer algo rico.
—Me encantaría. —Sus mejillas se sonrosaron.
—¿Ese es el plan?
—¡Sí! Estoy totalmente de acuerdo con este plan. ¿Por qué siento que ya lo habías premeditado? —cuestionó con gesto coqueto.
—Temía que no te gustara…
—Hey, aceptaste convivir con mis hermanos en el pasado una infinidad de veces, ¿qué hay peor que eso? ¡Te debo una! No, ¡mil!
—Me agradan mucho tus hermanos, Todomatsu…
—También quiero aclarar que no estoy tratando compensarlo, en realidad me gusta muchísimo tu plan. Necesito un desahogo —dijo palpándose las mejillas como si se aplicara cuidadosamente una de sus mascarillas.
Atsushi quiso reírse, pero su garganta le recordó su mal estado de salud y desistió con un gesto de dolor mientras posaba su mano en su cuello murmurando: “Ay”.
—¡Pero primero hay que curarte esa gripe, Atsushi-kun! —insistió yendo rápido por un jarabe.
Por fortuna la gripe de Atsushi no se volvió persistente y desapareció al cabo de casi diez días con los cuidados correctos.
Y después continuaron con las compras navideñas.
Como todos los años Todomatsu se aseguró de que cada rincón de su casa estuviera perfectamente cubierto con adornos de los colores de la celebración; el rojo, verde y dorado cubrió cada esquina de cada habitación. Atsushi estaba más que gustoso con esa bella tradición que hacía mucho había aprendido a amar, así como también tomó la costumbre de armar un enorme pino de navidad cada año, que, después de la mudanza, tuvieron que conseguir uno nuevo y más pequeño.
Pese a la belleza de esa casita bien iluminada y ambientada, ambos estaban tan emocionados por volver a pasar la noche en una nueva aventura que no se detuvieron a dejarse llevar por la nostalgia.
Era 24 de diciembre y llegaron al hotel tarde luego del trabajo de Atsushi y las clases de Todomatsu. La realidad cumplía justo con la expectativa. Esa noche nevaba, hacía mucho frío y Todomatsu no encontraba mejor lugar para abrigarse que entre los brazos de su amado. Cuando fueron a descansar a los baños termales se dejaron abrazar por la calidez del agua caliente y el vapor les empapó la cara dejándoles la piel tersa y agradable al tacto. Atsushi sonrió cuando vio el rostro brillante de Todomatsu mientras éste tenía los ojos cerrados, mientras que, cuando se permitió cerrar los suyos propios, Todomatsu se conmovió al ver el rostro del mayor cuando se iba colorando cada vez más gracias al calor del interior que era más disfrutable por el gélido clima del exterior.
Atsushi se hundió casi por completo hasta que el agua le cubrió el puente de la nariz. En comparación, el aire comenzaba a sentirse friísimo como si el propio invierno le aguijoneara la piel. El menor se palpó los brazos y se fue acercando poco a poco a Atsushi hasta que sus cuerpos se tentaron. La sensación hizo que el mayor se extrañara por el atrevimiento del otro, sin embargo, no negó ninguna muestra de cariño y se inclinó un poco para que su cabeza descansara en su hombro. Todomatsu hizo un esfuerzo de equilibrio para que las toallas no cayeran de su cabeza.
—Es agradable cómo el agua jamás se enfría…
—¿Verdad? Si estuviéramos en la bañera de casa es posible que muriéramos de frío al cabo de un minuto de haber entrado al agua.
—¡Podría dormirme aquí! —exclamó Todomatsu soltando un bostezo poco después.
—Por favor no lo hagas, no creo tener suficiente fuerza como para cargarte después de esto. También tengo sueño... —Sonrió.
Se acurrucaron entre sí hasta que Atsushi sintió que se dormía e incentivó al otro a salir también. Como Todomatsu sintió una repentina vergüenza por mostrar algo de piel decidió darse la vuelta mientras Atsushi envolvía una toalla alrededor de su cintura y poco después, asegurándose de no ser excesivamente observado, hizo lo mismo. Atsushi adoraba con franqueza ese lado de su amado que se comportaba casi como si estuvieran en su primera cita. Era adorable, inigualable (aunque existieran otros cinco rostros iguales), lo amaba.
Mientras Todomatsu se ajustaba los botones del saco en el hotel, comenzó a recordar una situación muy divertida al observar los pinos adornados de las afueras.
—¿Te conté de esa vez que mis hermanos y yo participamos en una obra de teatro durante las fechas decembrinas? Fue en la secundaria.
—Quizá ya me la contaste, pero no recuerdo los detalles. —Se encogió de hombros. Atsushi se cepillaba el cabello sentado en la orilla del colchón de la cama.
—¡Fue terriblemente vergonzoso en su momento, pero ahora me parece divertido!
—¿Qué tan divertido?
—¡Muchísimo! Prácticamente hice el papel de un reno que corría detrás del trineo de Santa durante todos los treinta minutos de duración de la obra. Mis hermanos no dejaban de reírse de mí… Quería, por lo menos, tener el papel de un duendecillo, ¿pero un reno mágico? Cielos, no me puedo imaginar haciendo eso ahora, aunque la verdad ser actor fue divertido. Se me da bien… Lo recuerdo ahora sin ninguna razón.
—No te hagas preguntas de más, la verdad es que los recuerdos más aburridos y aleatorios son los mejores. No participé como actor en muchas obras de teatro, pero sí detrás de bambalinas, ¡era interesante!
—Si era en navidad no era tan divertido. —Rio con nerviosismo transportándose a esos días.
Recordó una infinidad de veces en que se puso nervioso por no recordar bien sus escasos diálogos y por la decepción que sintió al conseguir un papel poco participativo y casi mediocre, sin embargo, estando ahora esos días tan lejos, era nostálgico y hasta bello. De ser posible le gustaría volver a oír las carcajadas que provocó en sus cinco hermanos mayores.
Atsushi se acercó por detrás de Todomatsu y observaron junto las luces a la lejanía. La ciudad estaba bien iluminada, colorida y viva.
Bajaron al restaurante del hotel para comer algún aperitivo que las calmara el hambre. Terminaron cenando una auténtica comida navideña mientras disfrutaban de la nevada al otro lado del ventanal. Se dejaron envolver de muchas maneras por el espíritu navideño al disfrutar juntos de sus filmes favoritos, beber de vez en cuando una copa de vino tinto o licor de huevo, o acurrucarse en la mullida cama mientras se arropaban en una franela calientita.
Todo era bello, cálido, como un sueño. De pronto se sintieron uno solo, casi como si solo estuvieran ellos dos en el mundo únicamente con la misión de ser felices y complementarse bien como el destino les había dictado. Perfección, esa era la palabra para describir el momento.
Sin embargo, aunque romántico y cómodo, el repentino pensamiento de pasar lejos de casa la primera navidad en Okinawa comenzó a asaltarles sin que cada quien pudiera expresar esa incertidumbre. Era extraño, pero, incluso solitario. ¿Estaba bien comenzar así lejos de casa? Podía ser tonto e infantil, pero, Atsushi fue el primero en hacer saber su pensamiento.
—Todomatsu…
—¿Sí?
—¿Te parecería extraño si de repente te dijera que tenga un ferviente deseo de vivir la navidad en casa?
—Estaba pensando justamente lo mismo —dijo boquiabierto—. ¿Me leíste la mente? Creí que…
—Lo sé, la idea fue mía, pero luego de disfrutar de un baño caliente a tu lado y de una cena espectacular me hizo preguntarme, ¿qué sigue al estar aquí?
—Podemos disfrutar de la velada acurrucados el uno junto al otro.
—¿Y eso no se puede hacer en nuestro hogar?
—Claro… —dijo entre risas para después preguntar—: ¿Por qué de repente?
—Tengo ganas de beber algo que no sea licor. No me siento con ánimo de licor.
—¿Quizá chocolate caliente?
—Me encantaría.
Todomatsu se puso de pie y fue al perchero para tomar su abrigo de donde sacó del bolsillo un par de guantes y su gorro con un pompón esponjoso. Estando en el recibidor se puso las botas y extendió su mano para invitar a Atsushi a tomarla, diciendo “ven” con esa simple acción. El mayor sonrió con la naturalidad con la que Todomatsu aceptó el repentino cambuí de planes.
—Tienes razón, Atsushi-kun. Ya hemos disfrutado lo suficiente estando aquí.
El recorrido a casa no fue largo, pero sí un poco más tardado que de ida debido a que Atsushi decidió conducir con más precaución que antes puesto que la nieve comenzó a arreciar.
Estando en casa sintieron como si un abrazo caliente llegara a ellos. Todomatsu se acercó a Atsushi al bajar del auto y se abrazó a él envolviéndose con su saco y bufanda. Tan solo se descubrió un poco para sentir la gélida ventisca sobre su pálido rostro y sonrió al sentir el derretimiento de los copos sobre su piel cálida.
—¿Acaso el aire helado no se siente bien en el rostro después del baño caliente? —dijo sonriendo con los ojos cerrados.
El mayor abrió los ojos desmesuradamente al notar la nieve cubriendo el rostro de Todomatsu y de inmediato lo envolvió casi violentamente con su bufanda.
—¡¿Qué cosas dices?! ¡Es verdad! ¡Estábamos sumergidos en agua caliente! ¡Rápido! ¡Entra a la casa! ¡Esto puedo hacerte daño!
Atsushi le dio unos empujoncitos hasta que se aseguró de que el chico ya estaba dentro en un ambiente más cálido. Le tocó la frente para cerciorarse de que no estuviera a punto de contraer fiebre y le acarició desde los hombros recorriendo sus brazos hasta sus manos para que entrara más rápido en calor. Todomatsu rio ante la preocupación de Atsushi y el tacto cosquilloso, pero se dejó dar cariño. Antes había escuchado sobre los baños tradicionales nórdicos en donde era posible sumergirse en el hielo a modo de sauna para alternar entre el frío y el calor, por lo que no pensó jamás que sentir el contraste del aire helado con su piel cálida fuera tan terrible, pero a Atsushi se le veía preocupado de gravedad. No lo dejó volver a salir a tomar aire luego de eso. Y, a pesar de que Todomatsu le platicó sobre lo poco que sabía del Kallbad, Atsushi replicó: “¡Pero nosotros somos japoneses y no hacemos eso!” Todomatsu murió de la risa con esa expresión suya.
Atsushi encendió la pequeña chimenea que tenían en la sala e hizo que Todomatsu se sentara delante de ella. Tocó sus manos una vez despojados los guantes y al sentir las puntas de sus dedos heladas comenzó a frotar las manos más pequeñas con la suyas. Todomatsu, envuelto en la calidez de Atsushi, sonrió con ternura cuando vio cómo luchaba con ahínco por darle calor.
—¿Ya te sientes mejor? —preguntó esperando que la fricción hubiese ayudado un poco.
—Siempre estuve bien. ¿Sabes que te preocupas mucho?
—Si sufres un resfrío porque te saqué del hotel en medio de una ventisca me sentiré muy mal.
—Fui yo el que quiso disfrutar del frío. —Se encogió de hombros—. ¿Sabes qué puedes hacer para ayudarme?
—¿Qué cosa?
—Podrías prepararme una taza de chocolate caliente y llenarla de bombones. También podríamos comer pastel de crema y fresas, compré uno ayer.
—¿Y no me lo dijiste? —Fingió indignación inflando las mejillas.
—Es que no te resistes fácilmente a lo dulce. Si te lo decía es probable que desapareciera antes de llegar a la tarde…
Atsushi sonrió con ternura y le revolvió el flequillo con cariño. Lo abrigó con más mantas y fue a la cocina a preparar las tazas de chocolate. Antes se dedicarse por completo a esa tarea echó un vistazo hacia atrás tan solo para contemplar la bella vista de su amado siendo calentado por el fuego de la chimenea. El color rojizo en su piel, cabello y mejillas lo hizo ver como una muñeca Raggedy Ann.
Al cabo de unos minutos Atsushi volvió con la bebida prometida, galletas, barras de chocolate y se aseguró de poner los bombones en el tope de la taza de Todomatsu. Ambos bebieron chocolate caliente mientras se dejaron envolver de nuevo por el calor del fuego; claro estaba que no estaban dispuestos a dejarse llevar por los pocos encantos del invierno en esa importante noche. Atsushi, como le gustaba hacerlo, tomó provecho de la situación y abriéndose campo justo a un lado de Todomatsu lo invadió por completo hasta quedar bien acurrucado sobre él. El menor no dijo nada, tan solo le acarició el pelo con cuidado y retiró la taza de sus manos cuando hubo terminado. Él quiso rellenar su taza así que siguió bebiendo, pero Atsushi supo que no podría dormir con facilidad y luego de varias copas de licor de huevo y demás alimentos decidió que era mejor dejar espacio para lo que realmente le gustaba.
Tomó la bolsa de bombones, le insertó un palillo de madera y comenzó a asarlo en el fuego hasta que tuvo el aspecto acaramelado que prefería. Luego lo aplastó sobre una de las galletas, agregó un cuadro de chocolate de la barra y lo selló con otra galleta hasta que armó un sándwich perfecto de completo dulzor. “¡Tarán!”, exclamó mostrando el postre entre sus manos mientras que Todomatsu solo lo observó con gran curiosidad.
—¿Qué es eso? —preguntó con mucho ímpetu—. ¡Yo también quiero hacerlo!
Aunque Atsushi estaba dispuesto a darle su s’more, Todomatsu estaba tan decidido a hacer el suyo propio que se olvidó por completo de comer y se concentró solo en el proceso.
Insertó un bombón en el palillo de madera y lo asó cuidadosamente. Debido a que era su primera vez probando tal cosa decidió que no lo quemaría tanto como Atsushi, por lo que cuando recién comenzaba a ganar un color dorado y una textura más blanda y pegajosa, aplastó el malvavisco contra la galleta y agregó un trozo de chocolate en él que fue derritiéndose poco a poco con el calor en medio de otra galleta que ayudó a formar el pequeño sándwich.
—¿Qué tal? ¿Lo hice bien? —Sonrió.
—El chocolate se escurre…
—¡Es que amo el chocolate! ¿No lo notaste?
—Pruébalo —animó Atsushi.
Entonces, ambos tomaron sus postres y cuando dieron la primera mordida una mueca diferente se dibujó en la cara de cada uno. Atsushi lo disfrutó, el dulzor en sus papilas gustativas le hizo sonreír casi involuntariamente remontándolo a aquellos contados momentos felices de su infancia, sin embargo, el cuento para Todomatsu fue completamente diferente. El malvavisco se derritió en su boca y el chocolate le dio un sabor más agradable, pero, aunque no había casi nada de malo, fue tan dulce para su gusto que dudó en poder acabarlo todo o querer darle otra oportunidad. Cuando se pasó el primer bocado cerró sus ojos con fuerza y entregó el sándwich a Atsushi.
—¿Qué pasa? ¿No te gustó?
—No puedo con esto…
—Es que el bombón no está bien asado.
—No es eso, es que es demasiado dulce.
—¿Qué? ¡Pero si está en su punto perfecto de dulzor!
—Eso creen los amantes de los postres como tú. Anda, tómalo, cómelo y termínalo tú. Prefiero aliviar esto con chocolate caliente y nada más.
—El chocolate caliente es casi igual de dulce.
—Solo cómelo.
—Si insistes —dijo encogiéndose de hombros con una sonrisa juguetona recordando las expresiones de Todomatsu.
—Seguro que esto es uno de tus inventos…
—¡Claro que no!
Y de pronto Todomatsu se convenció de ello recordando la infinidad de veces que Atsushi había querido preparar nuevas comidas mezclando ingredientes para nada armoniosos entre ellos como orégano con especias dulces, Sprite con leche de fresa o sustituyendo el jugo de limón por jugo de naranja. Sí, quizá Atsushi había hecho algo terrible otra vez…
—En serio no lo inventé yo —siguió defendiéndose para no seguir sintiéndose culpable por la nariz arrugada de Todomatsu—. Es algo que aprendí en mis visitas a Nueva York cuando era niño.
—¿Nueva York?
—Sí… Sabes que estuve afuera por un tiempo. Pues, esto es algo que se hacía muy seguido allá y aprendí a agarrarle el gusto. Es dulce y adictivo, se llaman s’mores. Aunque, entiendo que no es algo que sea de tu agrado con solo ver tu expresión justo ahora… —dijo entre risitas.
—Es diferente, es solo eso. La verdad creí que querías torturarme. ¡Si lo termino no dormiré en toda la noche!
Y Atsushi insistió diciendo lo siguiente.
—Quizá la experiencia lo cambió todo por completo. Saben totalmente diferente cuando los haces frente a una fogata en medio de un campamento.
Todomatsu no pudo soportarlo más y habló francamente de lo arrepentido que estaba de probarlo, pero ello solo hizo que Atsushi no pudiera parar de reír al notar el verdadero desagrado por el que tuvo que pasar. Una cosa quedó clara: Atsushi amaba los s’mores y Todomatsu no los soportaba. Aun así, compartir una memoria preciada fue significativo y ambos aceptaron sus diferencias con una sonrisa. A pesar de que Atsushi siguió asando bombones, Todomatsu prefirió pasar la velada con otro postre de su preferencia y sin darse cuenta compartieron anécdotas y pensamientos que se fueron hilando sin ninguna relación aparente. Si Atsushi podía platicar de su infancia con calma era una buena señal para que Todomatsu indagara más sobre ello y compartiera aquellas navidades en las que sus padres sufrían por dar un regalo digno a sus seis hijos.
—Seguro que, de una u otra forma, tuviste todo lo que quisiste, Atsushi-kun. —Dio un sorbo a su taza y se aseguró de aclarar que hablaba de cosas materiales.
—Pues sí, no voy a decir que no. Pese a que mi familia y sus tratos fueron muy peculiares hacia mí, tuve todo lo que pedí. Pero, bueno, recibir muchos juguetes y no tener con quien divertirse no es lindo…
—Tampoco creo que te hubiese gustado jugar con seis niños iguales.
—¡Ja, ja! ¿Por qué no?
—Pues, ¿no es aterrador?
Atsushi se perdió en sus pensamientos viendo directo al fuego.
—Sí, ahora que lo dices.
—¡Cielos! Creí que dirías algo lindo.
—¿Dices cosas extrañas para recibir comentarios dulces? Bueno, déjame pensar en algo.
—Olvídalo. Soy aterrador.
—¡Basta! —exclamó riéndose y le hizo cosquillas en el abdomen.
Todomatsu se retorció entre risas y al estar a punto de derramarse el chocolate encima, Atsushi lo detuvo de un brazo obligándolo a reposar en su pecho.
—Quédate así, Totty.
—Atsushi-kun… Tu corazón late rápido.
—Es por ti. Lo sabes, ¿verdad?
Por la mente de Todomatsu pasó la posibilidad de hacer una broma al respecto, como decir “eres demasiado cursi” o “estás empalagándome”, pero, a decir verdad, se sentía del mismo modo y no quería hacer que con alguna minúscula posibilidad Atsushi cerrara su corazón.
—Lo sé —dijo nada más con aires de victoria y el leve sonrojo delató sus más sinceros sentimientos.
Como si dijera “me alegra que lo sepas” Atsushi abrazó con más fuerza a Todomatsu y se dejaron calentar por el fuego y el calor corporal que rebosaba entre las mantas y las ropas esponjosas.
A juzgar por el sonido de las hojas de los árboles más allá del crepitar del fuego, la helada seguía y se había vuelto más amenazante que algunas horas atrás. De no haber cambiado de opinión seguirían atrapados en el hotel, aunque disfrutando todavía de un agradable baño caliente a la luz de las velas disfrutando champagne.
—Todomatsu —habló quedito.
—¿Sí?
—¿Acaso no pusiste un muérdago colgando de ninguna puerta?
—Oh… Ahora que lo dices, lo olvidé.
—No es tu culpa, también se me olvidó poner uno.
—Pones excusas muy fácil, Atsushi-kun. No hay necesidad de pararse debajo de un muérdago para que puedas besarme. Ven aquí.
—¿Así nomas? —dijo sonrojándose.
Todomatsu soltó una risita al ver cómo Atsushi se ponía tímido desde que él había decidido ser un poco más atrevido. Se acercó con peligrosidad a su rostro y Atsushi se echó inútilmente hacia atrás, chocando su nuca contra el respaldo del sofá.
—¿Por qué te echas para atrás? —preguntó en un susurro posando las manos sobre su pecho sin dejar de verle fijamente—. ¿Tienes miedo de algo? A estas alturas…
—¡No tengo miedo! Yo lo sugerí, pero verte así…
—Solo ven, señor romántico.
Todomatsu lo sujetó de la nuca para atraerlo hacia sí y Atsushi sonrió, pensando: «Tienes razón, no hace falta uno», refiriéndose al muérdago. Se inclinó sin ningún problema y estando dispuesto a que el palpitar de su corazón se acelerara todavía más tocó con sus labios los labios de su amado. La sensación fue suave, bella, rebosante de plenitud y alegría. Fue solo un roce de labios, pero fue lo suficientemente dulce como para hacerle sonreír cuando aún no se separaban. Ambos con los ojos cerrados frente al fuego se fundieron en ese instante.
Cuando el menor abrió sus ojos todavía en medio del beso notó que Atsushi estaba mucho más colorado que antes y se separó con suavidad tan solo para poder sonreír ampliamente.
—Cielos… Mírate, Atsushi-kun.
—¿Qué…? ¿Qué pasa?
—Pareces un adolescente dando su primer beso. —Soltó una risita.
—Siempre que te bese será como la primera vez para mí. Ven, bésame otra vez.
Atsushi tomó a su chico de ambas mejillas y le dio un beso en esos labios carnosos que tanto le encantaban. Sí, se sentía tan enamorado como desde la primera vez en que cruzaron palabra.
Sabiendo ahora que no hacía falta un muérdago para compartir un beso amoroso entonces también podría negarse futuramente sin problema alguno cuando no lo quisiera y se parara accidentalmente debajo de uno. Pero, ¿qué pensaba?, jamás podría negarle un beso al amor de su vida. Tan solo imaginar la posibilidad le hacía reír en sus adentros, no podría hacer tal cosa. Otra vez para aliviar la necesidad de estrujar a Todomatsu entre sus brazos le revolvió el cabello con cariño y soltó una carcajada al ver el desordenado flequillo que provocó.
—¡Cielos! Déjame peinar ese cabello otra vez. De esta manera luces como Ichimatsu-kun.
—¿Como Ichimatsu-niisan? No me digas… ¿Y qué tal ahora? —Todomatsu entrecerró sus ojos y despeinó un poco más su cabello, esbozando una expresión nada amigable.
—¡Eres Ichimatsu-kun! —exclamó riéndose.
La imitación era tan exacta que Atsushi temió por un momento estar acurrucado con el susodicho en lugar de su cónyuge. El mundo era aterrador, aunque de una manera graciosa, sin embargo, al no soportar ver ese rostro poco familiar se apresuró en alisar las hebras de cabello rápidamente con sus dedos hasta dejar el flequillo del joven plano e impecable.
—Por cierto, ¿te gustaría que probáramos mi nueva cámara?
—¿La que compraste para tu nuevo proyecto?
—Sí, me gustaría estrenarla en algo ajeno a ello. Pensé que podríamos tomar una fotografía para añadirla el muro de la sala. “Nuestra primera navidad en Okinawa”. ¿Te parece bien? —Sonrió—. Después compraré un marco bonito.
—Tomémosla aquí mismo, muero de frío.
—¡Eres un anciano!
—Apenas tengo veintinueve —dijo con pesar mientras fingía que tiritaba sin parar.
Todomatsu fue a buscar de entre sus cosas la dichosa cámara. Cuando volvió con ella tanto él como Atsushi se posicionaron cerca de la chimenea y la ventana para dejar que se viera al fondo la espesa nieve blanca. Fue cosa de segundos, ambos eran fotogénicos por naturaleza, por lo que la toma perfecta no tuvo ningún problema con aparecer a la primera. Siguió un rápido conteo y de pronto en la imagen se les veía a ambos vistiendo sus atuendos calientitos y esponjosos con sus tazas de humeante chocolate caliente a medio llenar mientras se apoyaban el uno con el otro cariñosamente. Las luces ámbar del interior le dieron un toque muy cálido y hogareño, recordando a las luces de la feria o las noches en que recibían cuentos para dormir en una lejana infancia.
Antes de llegar a medianoche ambos se quedaron dormidos acurrucados en el sofá. Por la mañana siguiente comenzando el día 25 del doceavo mes del año jugaron con la nieve acumulada haciendo ángeles y muñecos de nieve por el vecindario hasta no dejar desaprovechada la ventisca previa. Atsushi no había amanecido tan energético como el otro y estaba dispuesto a dormir hasta que se cansara de estar cansado, sin embargo, contagiado por la hiperactividad del menor, terminó siguiéndole el paso y correspondiendo la guerra de bolas de nieve con vehemencia. Con los cabellos blancos por el impacto de las municiones improvisadas se rindió reposando en una cama de nieve blanca. Abrigado de pies a cabeza no se inmutó por el clima glacial. Tan solo se puso de pie cuando vio que los primeros rayos de sol se asomaban para terminar derritiendo la espesura blanca. Tomó de la mano a Todomatsu y le propuso comer algo, no soportaba mucho sin beber una taza de café o chocolate sin importar qué día del año fuera.
Cualquiera pensaría que un pastel destinado para al menos seis personas sería imposible de terminar entre una pareja, pero Atsushi y Todomatsu lo hicieron posible.
Empalagados y avergonzados de sí mismos —y con el temor de engordar terriblemente— decidieron compartir con sus vecinos los alimentos que prepararon. Pastel de fresas y nata, un tronco navideño de chocolate, pollo frito, bollos rellenos, oshiruko, sopa de algas, sushi y demás delicias que desde luego eran interminables para dos personas pero que prepararon con vigor a causa de la fiebre navideña y la impulsividad de una alegría casi fugaz.
Poco después Atsushi y Todomatsu volvieron a un onsen tan solo para reírse el uno del otro ante la evidente ganancia de algunos kilos. Colorados por la pena hicieron la inminente promesa de ponerse en forma luego de comer todo lo que desearan. “Volveré a seguirte al gimnasio luego del trabajo”, dijo Todomatsu, a lo que Atsushi comenzó a reírse por la mirada de susto y voz temblorosa.
Todomatsu no dejó pasar mucho tiempo y antes de año nuevo la fotografía ya estaba perfectamente colocada en la pared acompañando a los demás retratos que pretendían reunir sus momentos más preciados, especiales y felices. Le costó escuchar la voz de la razón —quien era Atsushi— y no tomar una fotografía diaria hasta atiborrar la pared con los momentos más triviales de su existencia junto al hombre que amaba. Para ello armó un álbum que pretendía ser interminable.
Al ver foto por foto flotó hacia una nube de pensamientos dulces en donde se sintió el hombre más afortunado del mundo en medio de un sueño increíble, como si no terminara de entender todavía que Atsushi estaba a su lado, ambos unidos para siempre por un amor genuino. Pasó las yemas de sus dedos acariciando la imagen de su rostro. «Debe ser el espíritu navideño que me hace pensar así», se dijo y volvió a la mesa de la cocina en donde Atsushi bebía una taza de café.
Charlaron hasta que perdieron la noción del tiempo y el sol se ocultó.
Notes:
Este especial fue un poco más distinto a lo que tenía planeado, pero igual me siento satisfecha con haberlo podido compartir a buen tiempo. ¡Espero que tengan una excelente navidad! Con la cercanía de año nuevo tengo muchas expectativas para los meses que vienen e igualmente espero que ustedes mis queridos lectores tengan una vida llena de goce.
¡Feliz navidad 2025!
