Chapter Text
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Me faltaba inspiración. Hoy, por lo que sea, no era capaz de escribir algo con sentido y me sentía frustrado. Suspiré, cerré mi cuaderno y guardé mi bolígrafo, decidido a levantarme del suelo de gravilla debajo de la escalera de metal, el lugar en el que más protegido me sentía del instituto. Saqué mi teléfono del bolsillo y navegué un poco las novedades del blog de la escuela, hasta que dí con un titular interesante:
“Apertura del Taller de Artes de la escuela François Dupont”. Pinché en la noticia para leerla un poco más detenidamente hasta que di con unas bellas ilustraciones estilo manga de Ladybug y Chat Noir. Las imágenes tenían tanta fuerza, la acción se plasmaba impecablemente y la tensión de las escenas parecía palpable. Quedé sorprendido ante tal talento, y lo tomé como inspiración para mi siguiente historia. Busqué el nombre del dibujante en la noticia: Nathaniel Kurtzberg… Me sonaba su nombre. Creo que es de mi curso, pero nunca habíamos intercambiado palabras antes.
En vez de desesperarme por no tener inspiración antes de ver los dibujos de Nath, decidí plasmar mis sentimientos en el papel, lo que solía hacer cuando me encontraba en conflicto.
"No tengo ninguna historia que escribir hoy.. Más bien, me vengo a desahogar. Desde que supe que Nathaniel era el artista detrás de las obras en las que tanto me fijaba, me he estado inspirando en sus dibujos. Sus ilustraciones son una gran fuente de inspiración para mí y considero que Nathaniel es tan talentoso… pero yo soy demasiado tímido como para hablarle. Realmente quiero ser su amigo, pero mi vergüenza es una barrera. No sé cómo dirigirme a él y siento que siempre se van a reír de mí en cuanto abra la boca, todo desde que dejé esa escuela…"
"Me pongo muy nervioso siempre que me le encuentro en el pasillo. ¿Siempre he sido así de raro al hablarle a la gente?
He notado que siempre está solo ¿Y si no quiere mi compañía? Nunca me he complicado tanto por hablarle a alguien, realmente ni me reconozco. ¿Cuál es la función siquiera de este cuaderno? ¿Se ha vuelto un diario desde que él llegó a mi vida?"
"Hoy he visto que Alix, esa chica que siempre está con Nathaniel, ha notado que le estaba mirando. Qué lo-cu-ra. He salido corriendo de la cafetería en cuanto la he visto.
Sin embargo, me ha seguido y me ha animado a hablar con su amigo. Tiene mucha confianza en sí misma y tiene carisma, así que estuve de acuerdo con ella. Después de todo, sí quiero acercarme a él para ser su amigo…"
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Estos días he visto a Alix hacer cosas extrañas. La he visto corretear por los pasillos, cosa que quizás no estaba fuera de lo normal, mientras seguía a un pelinegro particular de mi curso, que esa era la parte rara. Ayer tuve que imprimir algunos dibujos digitales para un anuncio del instituto en la sala de imprenta, y mira por dónde, ahí me encontré con ese mismo chico que Alix no paraba de seguir, escaneando las páginas de su libreta. ¿Qué tanto escribía ahí? ¿Sería su diario?
—Hola— saludé, mientras que él estaba viendo la fotocopia que acababa de salir de la impresora— ¿Cuándo vas a terminar? Necesito la impresora para imprimir algunos dibujos digitales.
El pelinegro giró su cabeza y me miró a los ojos. Eran verdes esmeralda y de un color muy vibrante.
—Eh… estoy a punto de acabar, me faltan 3 páginas por escanear y ya podrás usarla tú— respondió, en un murmullo dulce y tímido. Si hubiese habido alguien más hablando en la sala, probablemente no le hubiese escuchado.
Hubo un breve e incómodo silencio, interrumpido solamente por el repiqueteo de la fotocopiadora. Su pelo, muy oscuro y desordenado, tenía unos singulares y juguetones mechones más cortos en la coronilla. Al notarlo, se me hizo un detalle muy peculiar. Era algo más alto que yo, por tanto estudié su silueta durante unos segundos hasta que se giró, con el montón de todos los papeles que había fotocopiado en las manos.
—Toda tuya— dijo, mientras que pasaba por mi lado y salía de la sala.
Entonces, me entró curiosidad por él, sin embargo, no consideré que fuera alguien muy relevante, hasta que lo fué.
…
Esa misma tarde llegué a mi casa, y suspiré de cansancio. Subí a mi habitación lo antes que pude y dejé mi pesada mochila encima de mi cama, y caí al lado. Saqué mi teléfono del bolsillo y vi una notificación de Alix. ¿Qué está tramando esta enana ahora?
Cuando abrí el mensaje de Alix, vi que me había mandado un enlace para ver una noticia del blog del colegio. ¿Por qué me lo mandaba a mí? Abrí el enlace y vi el titular de la noticia: “Concurso de escritura creativa de París: los premios y obras ganadoras”. Qué raro, Alix nunca estaba interesada en estas cosas, pero si me lo había mandado era por algo. Leí la noticia. Al principio se anunciaban los terceros, segundos lugares… hasta que llegué al único primer lugar. Ahí es cuando leí un nombre: Marc Anciel. El premio del primer lugar no era ninguna broma, eran 1000 euros de premio y tener contacto con editoriales para publicar un libro.
Leí su extracto y entonces supe perfectamente por qué había ganado. Su forma de escribir era única, fresca, la elección de palabras era meticulosa, y la historia que había escrito en tres páginas estaba perfectamente redactada y tenía mejor trama que muchas películas que había visto en el cine. Quedé bastante impresionado por quien sea que fuese Marc, además yo estaba buscando a un escritor para mejorar las historias detrás de mis dibujos, y creo que él es la oportunidad perfecta para poder llegar a publicar mi primer manga.
Dejé el teléfono y me senté en mi mesa de trabajo. Sabía que a estas horas de la tarde mis bocetos eran mejores de lo normal, al no estar en el bullicio de la escuela. Tomé un lápiz del bote de mi escritorio, abrí mi cuaderno y me puse a bocetar sin prestar mucha atención. Cuando acabé el boceto, me di cuenta de que era de una cara conocida: el chico de la fotocopiadora. ¿Qué hacía entre mis bocetos? La verdad es que sí, era bastante dibujable, sus facciones eran interesantes para plasmar en un papel. Específicamente su pelo y sus ojos. Me paré un momento para observar el boceto, cerré el cuaderno y bajé al piso de abajo, ya que mi madre me había llamado para la cena.
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Hoy estaba en el instituto, sentado en la escalera de siempre, alejado de las masas de personas y escribiendo mi siguiente historia. No tenía muy claro por qué estaba escribiendo un romance, pero ahí estaba, se dió de forma inesperada. Los personajes vinieron a mi cabeza y me puse a escribir y escribir hasta que me di cuenta de lo que estaba redactando. Era una historia entre Ladybug y Chat Noir, los héroes del momento en París. Yo siempre he pensado que tenían una química notable, pero nunca he sido de escribir romances. Siempre me ha gustado más escribir escenas de acción o terror, incluso fantasía. ¿Pero romance? No sé qué me pasaba, así que cerré mi cuaderno y continué comiendo mi sándwich de merienda.
…
Llegó la última hora y todos salimos de nuestras clases. Estaba andando por el pasillo cuando me encontré con Nathaniel, y por alguna razón, levantó la cabeza de su cuaderno al verme pasar, con Alix al lado. Yo le estaba mirando de reojo porque sabía que la vergüenza me traicionaría si le miraba a la cara, así que andé un poco más rápido hacia mi escalera de siempre. ¿Qué había sido eso?
El caso, me senté en la gravilla de siempre con mi cuaderno apoyado entre mis piernas y con un boli en la mano, y estaba comenzando a pensar en cuál sería mi siguiente inspiración para escribir, cuando la voz de alguien sonó a través de mis cascos.
—Hola otra vez, chico de las fotocopias —escuché la voz de Nathaniel con un tono amable. Me quité un casco para escucharle y responderle.
—Tengo nombre, ¿sabes?— dije con voz temblorosa. Nathaniel estaba agachado, apoyando sus manos en sus rodillas e inclinado hacia mí. El hecho de que ahora mismo pareciese más alto que yo cuando era al revés me puso bastante nervioso.
—¿Te importa que me siente contigo? Ahora mismo no tengo ninguna inspiración para mis dibujos y estaba buscando un sitio nuevo, cuando te encontré aquí. ¿Cómo te llamas?— ¿Él? ¿En mi sitio seguro? Bueno… podríamos buscar inspiración juntos, total estábamos en la misma situación.
—Ah, bueno, claro. Me llamo Marc y también me encuentro algo bloqueado, nada me inspira para escribir ahora mismo— respondí, continuando un poco la conversación.
Nathaniel se sentó en mi lado derecho, y los dos nos pusimos cada uno a lo nuestro. Yo miraba de reojo lo que estaba bocetando, y en una esquina de la hoja, por alguna razón, parecía haberme dibujado a mí. No sé si sabe que lo he visto, pero me parece suficiente como para saber que quiere un interés en mí y que, a lo mejor, no quiere estar solo.
—Oye Marc, nunca he visto nada de lo que escribes. Lo único que he leído es el extracto de la historia con la que concursaste en la competición de escritura creativa, ¿Te importaría enseñarme algo más?
—Bueno, yo nunca le muestro lo que escribo a nadie, me da bastante vergüenza —dije, hablando de manera pausada y mirando hacia otro lado que no fuera la cara de Nathaniel—.
—A mí tampoco me gusta que la gente vea mis dibujos —aseguró— considero que son como mi mundo interno, y yo lo valoro mucho, así que enseñarle a alguien mi arte es casi como sentirme desnudo —se rió un momento— de manera figurativa, claro.
La verdad es que se sentía justamente como lo había descrito mi compañero. Me giré a verle a la cara y enseguida volví a bajar la mirada. Esos ojos azules me desconcentraban.
—La verdad es que tienes razón, es exactamente así —murmuré yo— pero ambos somos artistas. No creo que un artista criticara a otro en la misma situación-
—Marc, voy a ser sincero contigo —Nathaniel interrumpió mi constante hablar por hablar— hoy no he hecho ni un solo boceto y no tengo ningún tipo de inspiración para hacer algo nuevo, y el otro día me pasó lo mismo hasta que leí el extracto de lo que mandaste a la competición de escritura creativa de París, y acabé haciéndole una portada como si fuera un manga.
Nathaniel metió la mano en su mochila y sacó su tableta gráfica para enseñarme la ilustración. Aunque no estaba acabada, los colores eran tan vibrantes, el movimiento de los personajes que había creado era tan realista… no me podía creer que mi historia cutre sobre un arquitecto hubiese dado para tanto.
Mientras que Nathaniel me miraba para buscar mi aprobación, yo abría la boca cada vez más con desconcierto, mientras analizaba cada trazo de la ilustración.
—Es increíble, Marc —Nathaniel interrumpió mi extrema adoración por su dibujo, haciendo que alzara la mirada al escucharle hablar— los mundos y atmósferas que logras crear con tus historias son increíbles, y me inspiran a niveles que no creerías. Por eso te quería preguntar si te parecería buena idea intercambiar cuadernos, para inspirarnos el uno al otro.
Estuvimos un buen rato observando el mundo interior del otro. Nathaniel tenía un estilo tan dinámico y directo con sus ilustraciones, siempre se captaba el mensaje que quería decir, a diferencia de mis historias. Aunque él no escribiera, es probable que pueda aprender de él. Cuando estaba llegando al final del cuaderno, fue cuando pude ver con más detenimiento el boceto que había hecho Nathaniel de mi cara. La verdad es que era exactamente igual a mí. Recogí mi bolígrafo del suelo y escribí una notita al lado del dibujo de Nathaniel.
"Qué boceto más bonito ^^ Ojalá estar como me interpretas. Tus dibujos son preciosos Nathaniel. ¿Quieres ser mi amigo?
- Marc ^^"
Después de escribirla, continué viendo sus dibujos. La gran mayoría eran de superhéroes de películas o de los héroes de París, Ladybug y Chat Noir. También noté que se bocetaba mucho a sí mismo como Evillustrator, su forma akumatizada. Ese detalle de dejó bastante sorprendido, ¿No se supone que los akumatizados no se acordaban de lo que pasó? Supuse que se basó en fotos para las ilustraciones. Entonces, escuché la voz de Nathaniel hablarme.
—¿Has terminado de ver todo?— dijo, antes de ver que estaba en la página en la que estaba el dibujo que había hecho de mí. Vi que se avergonzó un poco, estaba mirando para otro lado.
—No te preocupes, tus bocetos son fantásticos— respondí yo, para no preocuparle, mientras le acercaba su cuaderno de bocetos. Él lo cogió, suspirando un poco. ¿Pensaría que no me he dado cuenta? Espera a que vea la nota.
—Tus relatos también son increíbles— él también me devolvió mi cuaderno —Tu forma de escribir es muy entretenida de leer y se nota que eliges las palabras con mucho cuidado, e incluso le das musicalidad a lo que escribes. Ojalá pudiera escribir algo parecido para mi manga…— Lo que dijo me dejó sorprendido. ¿Era esa la razón por la que aún no había publicado nada?
—¿Te ha interesado alguna historia de las que he escrito en específico? —Pregunté. Tuve el plan perfecto para volverme su amigo, sin siquiera necesidad de pedirlo o de que leyese la nota— ¿Y si intentas ilustrar alguna? A mi no me molestaría para nada, y así podríamos ver si lo que contamos funciona bien y, quién sabe, podríamos colaborar en algo.
El silencio nos invadió cuando dije eso. ¿Lo habré dicho muy pronto? No quiero meterle miedo o presión, ni mucho menos hacerle sentirse obligado a colaborar conmigo, ¡Odiaría que lo hiciese porque se siente obligado!
—Pero bueno, sabes, no es necesario, o sea, tú puedes escribir tus historias, no necesitas a alguien seguramente— titubeé yo. Genial, Marc.
—Claro que me encantaría. Me gustó lo que escribiste sobre Ladybug y Chat Noir enamorados, están hechos el uno para el otro y se completan muy bien en tu historia —Le miré a los ojos por primera vez de manera prolongada desde que nos sentamos aquí, y eran de ese color azul hielo que invadía mis pensamientos—.
—Ah, ayer hice copias de esa historia— respondí yo, contento con la aceptación que estaba recibiendo en ese momento– Tómalas, ya me las devolverás– Saqué las hojas del archivador en el que estaba todo lo que escribo.
Nathaniel y yo nos quedamos mirándonos un rato, con las fotocopias en las manos. En serio, ¿Qué me pasaba hoy? No tiene ningún tipo de sentido. Mientras pensaba en esto, del teléfono de Nathaniel saltó un tono de llamada, y él cogió el teléfono.
—Oh, ah, hola mamá.—Nathaniel respondió a la llamada— ¡Se me había olvidado! Sí, sí, ya voy para casa. Estaba en el taller de artes del instituto, sí sí, estoy bien, no te preocupes. Ahora voy para casa mamá, chao— y colgó. —Bueno, tengo que volver a casa. Muchas gracias por las fotocopias, ahora tengo algo para ilustrar, por fin. Te buscaré cuando acabe, muchísimas gracias Marc— se despidió con una sonrisa en la cara, y ambos nos levantamos.
La verdad es que sí se nos había hecho tarde, eran las 7 y salimos de las clases a las 3. No sabía que había pasado tanto tiempo. Estaba muy contento con el día, esto se merece su entrada.
"Acabo de volver a casa del instituto, madre mía. Me he quedado hablando y compartiendo mi tiempo con Nathaniel durante cuatro horas. CUATRO HORAS. Ojalá lea la nota que le dejé al lado del boceto que hizo de mí. Espero que acepte y empecemos a ser buenos amigos, y quién sabe, a lo mejor acabaremos escribiendo un manga juntos, como dijo Alix. Ojalá tenga razón… si realmente luego no le caigo bien, probablemente me dé un chungo. Me voy ahí mismo como me lo diga a la cara, honestamente. Solo espero que no suceda como pasó en mi anterior colegio… no quiero volver a ser visto como un monstruo, y ojalá Nathaniel no lo sea.
Me parece una locura que haya visto lo que escribo. Generalmente, me da vergüenza compartir mis relatos con las personas, suelo escribir o para mí mismo, para trabajos o para competiciones de escritura creativa, pero no con el fin de publicar algo o que lo lean personas de mi entorno. Supongo que esto es un cambio para bien, ¡Así puede ser que publique mi primer trabajo! Sería un sueño hecho realidad."
