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Cuando salía de casa todos sus sentidos y recuerdos de un vívido ayer le parecían de repente, extremadamente íntimas.
Esas cosas que nunca pensó hacer y mucho menos con él, con un hombre.
Un sonrojo le tomó por sorpresa y escondió su rostro frustrado, gracias al pudor y el sentimiento de estar pecando, esa mancha que lo había marcado. Tal vez era cierto que existe una faceta para el día y para la noche, no le importaba aparentar algo que no era: Kyle estaba acostumbrado.
Placer y el creciente amor fueron una fruta mordaz que el pelirrojo exploró hace poco, tanteando un terreno maravilloso que lo aterraba.
Subieron al bus en un inusual silencio. Observaba los pinos nevados sin realmente hacerlo mientras caminaba en su asiento hasta el final del transporte; desvió la mirada y pudo captar a Eric en la última fila junto a su rubio mejor amigo hablando de cosas que quiera o no, debe escuchar, por si pasa algo, por si aquel desquiciado loco planea una mierda que los llevará al bucle de problemas que ahora, con más sabiduría el chico podía evita a tiempo.
El castaño le miró sonriendo a penas a su persona para proseguir a molestarlo como marcaba la rutina, su pan de cada día.
Sobre aquella primera vez, la recuerda muy bien, por no decir que cada vez que va a dormir piensa en ello con una sonrisa que se permite mostrar en la soledad de su cuarto. Fue inesperado que ni siquiera recuerda cómo dio pie esta rutina secreta de besos hasta que de dos veces fueron seis, ocho y después, la cuenta se perdió entre una curiosa mirada con heterocromia; de azul y café.
En la cama, Eric era testarudo, del tacto de sus manos pequeñas y dedos traviesos le provocaban más que cosquillas, los nervios a flor del piel por cada toque o un beso invasivo, arqueando su espalda porque así lo dictaba su cuerpo recién expuesto a una vorágine de sensaciones. Ninguno quería hablar del tema, solo dejar que pasara, tal como cuando las estaciones pasan sin rebuscada ciencia. Y ambos creían estar satisfechos con esa ausencia de explicaciones.
[...]
El terrible cuarteto tomaba su respectivo camino de vuelta a casa, después de una tarde tirando bombas de aluminio a los coches de la carretera y huir cuando un viejo los amenazó con llenarles la cara con plomo.
Stan se fue junto a Kenny hablando de cómo tener una novia podía ser un tremendo dolor de cabeza, y fue Eric pegado al pelirrojo como una pequeña pulga por toda la cuadra restante, caminaron a la casa de este judío sin alma hasta que el castaño se dignó a romper el silencio.
—Oye idiota, ¿Crees que sospechan? preguntó a la vez que revisaba el celular, aparentando desdén. Kyle le hizo una mueca mientras sacaba las llaves de la casa.
—¿Sobre nosotros? Creí que eras menos tonto, no lo arruines con tus paranoias, Cartman.
Suben y reina el silencio, no hay palabras, sino acciones y miradas todavía dudosas. Las cosas de Kyle tiradas porque últimamente Eric se queda a dormir con él para evitar tener contacto con los novios de su madre, las costumbres de la mujer no declina ni con el paso del tiempo.
Dos pájaros de un tiro, se dice botando su mochila atrás de la puerta como ya era costumbre.
La primera vez para Kyle fue tan febril y torpe, ansioso de morder carne ajena porque las encías le picaban con cosquillas de querer probar más, y deleitarse con el suave cabello de su amante, tomarlo entre sus dedos para despeinarlo, porque en el día estaba tan bien acomodado que le hacía bufar, era perfecto, a diferencia de él.
Le encantaba, aunque se mantenía indiferente a la idea de expresarlo en voz alta.
Entonces cayó en cuenta de que, podía compartir esos pensamientos que se guardaba desde que conoció el odio y la impotencia, la amargura que dejaba el primer amor y la primera pelea mortal, arrastrar a los demás a su miseria y masticar hasta cansarse y escupirlos, solo era regresar el favor, pagarlo con la misma moneda.
Kyle no se mostraba así, todo lo mantenía guardado porque la imagen en la que tanto trabajó para los demás no se iría al carajo por un impulso, anhelaba destruir, pero Cartman lo hacia realidad y por eso lo admiraba en secreto.
Era octubre y el frío incrementaba, pero amaba como sentía su piel tensar cuando lo hacían sobre el suelo, y como los labios rojos e hinchados del otro mordían, mordían como si quisiera arrebatarle de un mordisco la yugular o quizás el hueso de la clavícula. En este juego salvaje, contra atacar sin medir la fuerza y clamar su premio en forma de maldiciones y gruñidos ahogados.
Otra vez la luz azul pigmentaba sus rostros adormecidos y cansados, ojera notables que se hundían en sus cráneos.
Las visitas eran más frecuentes, y aquel silencio pronto fue reemplazado por más risas y quejas.
Y así, se sumergieron en un bucle, noches sin retorno en las cuales se encaminan de nuevo a formar parte de un ritual que ya no consistía sólo en sexo entre dos chicos calientes e inseguros.
Mantener la presión hasta explotar, Eric era un buscapleitos para desquitarse con aquello que no se salía llorando, drenar el veneno de sus venas. Aquel niño; el pequeño diablo una vez más perdió los estribos, se sintió bien porque por no complacia a nadie por aceptación o conveniencia, y adoraba sus rostros deformados en cólera por su causa.
Y Kyle, era el que había terminado de roer su faceta, hizo que por fin desatara su pura esencia podrida
Piel y huesos.
Ojos de gato y besos con ponzoña.
Estaba satisfecho de terminar su caótica obra de la cual influía como una serpiente tentadora a causar caos.
Ambos se pertenecen, celosos de extraños, un dúo que salió de la nada por los pasillos de la escuela tomados de la mano, ante la confusión de sus amigos y profesores.
A la mierda todos.
Todos creían que eran enemigos a muerte, ese era el detalle:
Creían.
Compartir es una palabra, que denota un hecho del que no todos estaban conscientes porque era algo ocasional. Compartir era íntimo, compartir cuerpos y deseos, desesperación e ira acumulada para destruir al mundo, o a si mismo.
El olor a sangre entre besos feroces,
Y los meñiques entrelazados sobre la cama, el pelirrojo miró a Cartman y apreció sus ojos bicolor.
Tal vez lo amaba, tal vez sea algo pasajero y se termine en meses, en días.
Tal vez.
