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Peonías

Summary:

—¡Nakamura!

—¡Estás equivocado!

—¡Sé que eres tú! —Hirose alzó su brazo tratando de alcanzarlo —¡Te vi!

Nakamura aceleró tratando de llegar a la salida, no planeaba detenerse por nada en el mundo, eso hasta que oyó un ruidoso golpe acompañado de un quejido. Hirose estaba demasiado concentrado persiguiendo a su objetivo, sus pies se enredaron entre las mangueras y cayó sin gracia hacia adelante. Nakamura no pudo ir en contra de sus instintos y regresó rápidamente para ayudarlo a levantarse.

—¡Te tengo!

Hirose extendió su mano y agarró con fuerza la manga de Nakamura. El pelinegro lo miró exasperado y suspiró resignado. Hirose por su parte no podía contener su sonrisa, se sentía victorioso. Un pequeño hilo de sangre se deslizó por su nariz y Nakamura soltó un chillido alarmado.

 

...

 

Hirose pierde contacto con Nakamura cuando entra a la universidad. Finge que todo está bien y no le importa, pero todos tiene un límite. Cuando va a recoger un pedido de peonías como un favor y vuelve a ver a Nakamura no está dispuesto a dejarlo ir.

Aunque es más bien Hirose descubriendo cosas de sí mismo y haciendo algo al respecto.

Notes:

Hola,

Tenía curiosidad por escribir el punto de vista de Hirose en algún momento, creo que salió relativamente bien. Pero no me hagas mucho caso. Esto es un one-shot sobre Hirose y su mente en caos. Ah, y un reencuentro.

Espero que lo disfrutes.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Hoy era uno de esos inusuales días en los que no tenía nada que hacer ni nadie con quién estar. Con tantas tareas asignadas y proyectos grupales era natural que poco a poco la gente tuviera menos tiempo para el ocio. Una parte de él se sentía culpable por sentirse tan aliviado por la ausencia de sus amigos. Debería estar agradecido de poder tener a gente que lo quería tanto, pero a veces su presencia se volvía agobiante y no tenía ni un momento para respirar. Algunas veces solo quería estar consigo mismo y perderse en su mente, dejar que todos los pensamientos y emociones reprimidas inundaran su ser y poder sentirse él mismo en su cuerpo.

 

Hacía mucho tiempo que no se sentía bien. Claro que estaba contento con lo bien que iban las cosas en la universidad, pero aún había algo que lo molestaba. ¿Cuándo fue la última vez que tuvo una conversación seria? ¿Cuándo pudo quedarse en silencio sin la necesidad de llenar el vacío con chistes o anécdotas tontas? ¿Cuándo dejó de prestar atención a lo que quería? Mientras más lo pensaba más seguro estaba de la respuesta. No había podido hacer eso desde que perdió contacto con Nakamura.

 

Cuando se graduaron de Hoshimi prometieron que harían lo posible por salir de vez en cuando. Durante las vacaciones intercambiaron mensajes y llamadas solo para hablar de su día. Hirose esperaba ansioso que todos se fueran a dormir para poder llamar a Nakamura y conversar sin interrupciones. Hirose estaba ansioso por empezar su vida universitaria, quería hacer muchas cosas. Nakamura también hablaba sobre sus aspiraciones y le prometió a Hirose que no dejarían de ser amigos, aunque fueran a diferentes escuelas. Pero, para cuando terminó el primer semestre todo rastro de su amigo había desaparecido como por arte de magia. Ni un mensaje, ni una llamada. Nakamura Okuto se había convertido en un fantasma.

 

Le dolió muchísimo.

 

Hirose no sabía que podía ser tan inmaduro y rencoroso. No imaginó que existiese esa parte de él, jamás había experimentado ese torbellino de emociones desagradables: enojo, tristeza, furia, rencor, traición. No podía ponerle nombre, era confuso y francamente desgarrador. Quería llamarlo y gritarle por ignorarlo, incluso tenía ganas de golpearlo. Así que hizo lo que mejor sabía hacer, huir. Hirose comenzó a salir con más frecuencia y a llenar su agenda con clases extra para evitar pensar en Nakamura.

 

Se volvió normal para él correr de un lado a otro para ayudar, estudiar y divertirse sin control. Escondió en una caja lo que lo unía con Nakamura y cada vez que veía algo que le recordaba su vieja amistad se ponía de mal humor.

 

Desde que tenía memoria encajaba en muchos grupos sociales, se hacía amigo de las personas más inesperadas y sus ratos libres se llenaban de salidas con amigos. Era un chico sociable y amistoso que siempre sabía bien qué decir para crear un buen ambiente.

 

Lo invitaban a fiestas, clubes y viajes con gente que apenas conocía solo porque era fácil hablar con él. Hirose no tenía que preocuparse por quedarse solo nunca. Incluso había conseguido un par de novias que fueron bastante agradables y en su humilde opinión esas relaciones habían sido decentes. Se comportó como el novio ideal y se encargó de que no hubiera quejas. Desgraciadamente, como todo, llegaron a su fin. Era obvio que en algún momento iban a terminar, así que no le afectó mucho.

 

Las clases lo mantuvieron ocupado. El ritmo rápido y la cantidad de información que recibía por minuto hacían que su cabeza echara humo. Podía sentir como sus engranajes se atoraban y se forzaban a continuar para no dejarlo como idiota cada vez que le pedían participar. Al final del día, luego de terminar con sus tareas y hacer tiempo para sus amigos apenas le quedaba energía para llegar a su habitación, en cuanto tocaba su cama se desconectaba por completo del mundo.

 

Así, como un borrón, pasó su primer año.

 

En ocasiones solo podía pensar “¿Qué estará haciendo Nakamura?

 

Con el tiempo su ira disminuyó, ya no estaba tan molesto, solo triste. Quería volver a ver a su amigo y tener un momento para hablar. Lo único que deseaba era recuperar sus charlas sin sentido, su compañía silenciosa, quería recuperar a Nakamura.

 

Suspiró y se levantó sintiendo el cuerpo adolorido. Mejor se ponía a hacer algo. Si se quedaba en su cama seguiría cayendo eternamente en su abismo de desprecio. No, gracias. Se cambió el pijama andrajoso por ropa limpia y trató de peinar su cabello ligeramente, solo lo suficiente para que no se notara que había pasado todo el día acostado. Después de un par de intentos fallidos decidió que lo mejor era ponerse una gorra, quizá le ayudaría a pasar más desapercibido.

 

Buscó en su teléfono cafeterías más alejadas de las que solía frecuentar. Hoy era su día de deprimirse y no quería encontrarse con nadie por casualidad. Ahora mismo no tenía ganas de tratar con la gente y estaba seguro de que si se veía forzado a hacerlo mostraría su peor lado. Después de mirar las calificaciones y fotos eligió una que estaba a unos 30 minutos en autobús, ¿valía la pena?

 

Mientras evaluaba sus opciones recibió un mensaje, proveniente de alguno de los infinitos grupos de chat a los que lo habían agregado, planeaban reunirse en un restaurante cerca del campus. Rápidamente rechazó la invitación, cuando insistieron dijo que tenía planes importantes que no podía cancelar. Planes consigo mismo y su mente. Iría a esa maldita cafetería, ¿a quién le importa de todos modos?

 

El camino fue estresante, pasó por lugares tenebrosos y callejones que era mejor evitar. De algún modo había conseguido llegar hasta la cafetería sin perderse y agradeció a los cielos por eso.

 

La fachada del lugar era mucho más bonita que en las fotos. Había enredaderas bien cuidadas recubriendo las paredes, las ventanas de marco blanco adornadas con flores de todo tipo, parecía sacada de una historia de fantasía. Hirose empujó la puerta suavemente, estremeciéndose cuando la campana anunció su llegada. Había pocas personas dentro y nadie le prestó atención, a excepción de la mujer que estaba detrás del mostrador.

 

Se acercó y pidió lo primero que vio en el menú, se sentía fuera de lugar. Un ambiente tan mágico no encajaba con él. Miró su ropa: pantalones holgados, sudadera descolorida, zapatos desgastados y una gorra que no había lavado desde que la compró. Se sentía como un vagabundo. Mordió el interior de su mejilla y centró su mirada en el suelo, justo ahora era lo más interesante del mundo. Esperó pacientemente a que le entregaran su bebida y cuando la tuvo en sus manos se apresuró a sentarse en la mesa más alejada de la entrada. No quería que nadie lo viera. Estaba lejos del campus, pero no podía bajar la guardia.

 

Bebió y miró por la ventana recargándose en el asiento acolchado, al parecer la cafetería tenía un jardín también, de verdad era precioso. ¿A Nakamura le gustaría? Hirose dio un respingo y se dio una cachetada. ¡Reacciona! Jugó con el popote y comenzó a imaginar figuras en la madera de la mesa. Podía jurar que una de las manchas tenía forma de dinosaurio. Quizá no solo parecía mágico, sino que era mágico en serio. En Hoshimi estaba esa chica rara del ocultismo, ¿sería lo mismo? Recordó todas las veces que había encontrado a Okuto amarrado a una cruz, o cuando lo veía correr por los pasillos huyendo. No importaba qué tan rara era la situación, Nakamura siempre le sonreía y lo hacía reír. Su humor había mejorado considerablemente y la tensión en sus hombros había desaparecido.

 

Esto se sentía bien, muy bien.

 

Cuando empezó a oscurecer supo que era momento de regresar. Agradeció al salir y se apresuró a llegar a las residencias antes de que alguien lo reconociera. No tardó mucho en conciliar el sueño, tan pronto como tocó la almohada su consciencia se apagó.

 

 

Últimamente sus amigos le resultaban mucho más molestos, sentía ganas de irse en cuanto abrían la boca, pero una vocecita interior le gritaba que se comportara si no quería quedarse solo lo que restaba de su carrera. Como siempre, fingió que le interesaba lo que sea que estuvieran diciendo y luego se excusaba con alguna tarea para salir corriendo. No podía dejar de pensar en esa curiosa cafetería, quería volver.

 

No pudo luchar contra sus deseos, por lo que destinó un día de la semana para ir. Los martes eran el día que menos clases tenía, en cuanto terminaba salía corriendo para llegar y probar una bebida diferente. La mujer que lo había atendido la primera vez siempre estaba ahí, pronto se convirtió en una presencia silenciosa pero tranquilizante. Después de un par de visitas dejó de sentirse cohibido y comenzó a hablar de cualquier cosa. Conversar con ella era relajante, descubrió que era la dueña, y su nombre era Mei Yoshida.

 

—Una mujer bonita para un lugar bonito —bromeó una vez y automáticamente se volvió un cliente estrella. ¡Hurra!

 

A pesar de que la cafetería se había convertido en un lugar seguro para despejarse, sus pensamientos seguían regresando al mismo tema. ¿Cómo está Nakamura? De vez en cuando se encontraba rememorando las expresiones, palabras y cada sentimiento que su amigo había evocado en él.

Yoshida notó rápidamente que tenía algo en mente, pero no lo presionó. Gracias a eso se sintió bien contándoles sobre Nakamura. Le explicó cómo era su relación y cómo se sintió cuando se alejó. Una parte de él insistía en que todo era culpa de Nakamura por tomar distancia de un momento a otro, pero sabía que también había sido su culpa por no hacer nada al respecto, por darse cuenta demasiado tarde. Quería saber qué demonios había pasado, y porqué se comportó como un idiota.

 

En lugar de darle un consejo Yoshida le recomendó un libro. Como cualquier joven razonable se enojó y le gritó, pero la mujer insistió y declaró que no lo dejaría entrar a la cafetería hasta que lo hubiera terminado. Hirose se marchó furioso, le había abierto su corazón a Yoshida y ella simplemente le dijo que se pusiera a leer. ¡Qué grosera!

 

Hirose no leyó el libro hasta dos semanas después, cuando la asfixiante presión social apareció de nuevo. Necesitaba ir a la cafetería urgentemente para aislarse un rato, pero Yoshida seguramente le haría un examen ridículo sobre el libro y lo echaría a la calle cuando se equivocara. Así que con toda la fuerza de voluntad que logró reunir abrió el libro y leyó.

 

Oh

 

Fue ahí cuando todo cobró sentido.

 

Amor

 

Muchos de sus sentimientos coincidían con las descripciones, las acciones de los personajes le parecían familiares. Y, sobre todo, la manera en la que se desarrolló la pareja principal encajaba a la perfección. No con él, ni con Nakamura, pero había algo que le decía que eso era lo que su corazón había estado anhelando todo este tiempo. El chico se había abierto paso tan discretamente en su vida que no se percató de cuándo había pasado de ser un compañero de clase a su mejor amigo y confidente. Hirose siendo codicioso quería más, cada vez que Nakamura sonreía deseaba que él fuera la razón. Quería tener tanta relevancia en la vida de Nakamura como la tenía él en la suya.

 

Se encontró pensando, ¿haría cosas de pareja con Nakamura? La respuesta fue simple. Definitivamente, sí.

 

Para Aiki admitir que tenía sentimientos románticos hacia su viejo amigo era toda una hazaña. Pero no era tan descabellado, eso explicaba porque no podía conectar más profundamente con sus exnovias, o porque no se esforzaba por conocer a nadie más allá de la amistad. Hirose Aiki podía ser realmente estúpido algunas veces.

 

Entonces Hirose con todas sus ideas completamente renovadas y sus emociones más estables regresó a la cafetería. Su rostro de arrepentimiento y disculpas llenas de lágrimas debieron funcionar. Yoshida lo recibió como siempre, como si nada hubiera pasado. Hirose había recuperado su lugar feliz, y había empezado a entenderse a sí mismo.

 

Volvió a contarle a Yoshida sobre su época de preparatoria. Esta vez ella dio su opinión y dijo que la manera en la que se expresaba de Nakamura no era la misma con la que hablaba de sus otros amigos. Hirose asintió, había tenido tiempo suficiente para entender que no había nada malo con ello. Jamás recordó los momentos con Takeuchi o Mukai con la misma nostalgia. Ni se enojó cuando dejaron de salir juntos. No es que no los apreciara, claro que llegó a extrañarlos algunas veces. Pero la única persona con la que se había sentido tan dolido era Nakamura.

 

Yoshida no lo juzgó ni se burló de él por no poder poner en palabras sus sentimientos. Lo aconsejó y consoló cuando era demasiado para asimilar. Incluso le regaló un postre para que dejara de llorar. Hirose estaba agradecido de tener personas buenas en su vida. Quizá la vida no estaba yendo tan mal.

 

 

Así pasó otro semestre más, en el que por más que Hirose se había esforzado por ocultar la cafetería de sus amigos lo habían descubierto. Afortunadamente eran mucho más comprensivos de lo que pensaba y no insistieron en seguirlo. Ya todos sabían que no debían intervenir en sus momentos a solas. Se sintió mal por haber dudado de ellos y les agradeció por apoyarlo. 

 

Sus visitas se hicieron más frecuentes y aleatorias. Aparecía cada vez que le daba la gana y Yoshida lo regañaba por ser ruidoso.

 

—¡Buenos días!

 

—Buenos días, ¿alguna novedad? —Yoshida estaba limpiando el mostrador.

 

—Bueno, rechacé a una chica ayer.

 

Hirose se sentó en su mesa de siempre y Yoshida se acercó dejando la limpieza de lado. Se había vuelto algo normal entre ellos, Aiki entraba y se sentaba, Yoshida escuchaba y aconsejaba, después como agradecimiento Hirose ayudaba a Yoshida en lo que necesitara. Aiki era un empleado no remunerado, perfecto para Yoshida.

 

—¿Por qué fue esta vez?

 

—No la conozco lo suficiente.

 

—Bien, eso es razonable —la mujer asintió orgullosa.

 

—Y no me daría tiempo de venir si tengo que prestarle atención a alguien.

 

—Podrías traerla.

 

—No, este es mi lugar feliz —Hirose hizo una X con sus brazos —Traer a alguien sería mancillarlo.

 

—Qué dramáticos son los jóvenes — Yoshida suspiró y regresó a limpiar —¿Puedo pedirte un favor?

 

—Claro, ¿qué necesitas?

 

—Hice un pedido de peonías, quiero sembrarlas enfrente. Ve por ellas.

 

Hirose no era el mejor orientándose, normalmente dejaba que otros guiaran y el los seguía confiando plenamente en su buen juicio. Haber llegado a la cafetería la primera vez fue un milagro. Pese a esto, Hirose no iba a rechazar una petición de su querida Yoshida, iba a dar todo de sí para traer esas peonías a salvo.

 

—¡A sus órdenes!

 

Hirose sonrió y lanzó su mochila detrás del mostrador. Yoshida apuntó la dirección en una hoja y se la entregó antes de darle una palmadita en la cabeza.

 

—Puedes elegir el postre que quieras cuando vuelvas.

 

Con esa promesa en mente Hirose salió del lugar camino a recoger las flores. Tenía la vista puesta en ese pastel de arándanos desde la semana pasada, pero había gastado la mayor parte de su dinero en cervezas y materiales de estudio. La vida de un universitario es difícil.

 

El invernadero no estaba muy lejos, después de preguntarle a varias personas consiguió llegar solo habiéndose perdido una vez. Bien hecho. Desde fuera ya podía ver todas las plantas asomándose por las ventanas, pero no había señal de nadie dentro. Aiki no lo consideró un problema, podía esperar afuera a que alguien apareciera o entrar y gritar hasta que alguien le hiciera caso.

 

Claramente la segunda opción era más atractiva, mientras más pronto le dieran las peonías más pronto conseguiría ese pastel. Abrió la puerta y caminó a través de las plantas cuidando no pisar ninguna, no quería tener que pagar por daños. Alguien arruinado como él no podría sobrevivir al fin de mes si conseguía nuevas deudas. Escuchó el eco de pasos cerca, aunque aún no podía ver a nadie. Sería grosero gritar ahora, ¿no?

 

—¿Puedo ayudarte?

 

Hirose se detuvo en seco. Esa voz le resultaba conocida, melodiosa y suave que danzaba su mente sin pedir permiso. Su corazón reaccionó de inmediato, desbocado y ansioso reconociendo a la persona detrás de él antes que su cerebro. Tragó saliva y se giró lentamente. Ahí estaba, el hombre que lo había estado atormentando todo este tiempo.

 

Lo primero que notó es que Nakamura sin duda había crecido, sus hombros eran más anchos, su mandíbula más afilada, sus brazos más fuertes. Incluso sus ojos habían adquirido un brillo refrescante, eran menos sombríos, pero igual de expresivos.

 

Cada pequeña fibra de su ser había esperado por este momento. Había ensayado en su mente miles de veces cómo sería el reencuentro perfecto. Soltaría un comentario audaz y enfrentaría a Nakamura sobre su falta de comunicación. Después se disculparía por no haber hecho nada al respecto y se abrazaría. Entonces se pondrían al corriente de lo que había pasado en estos años y… ¡Amistad recuperada! Hirose Aiki, eres un genio.

Sin embargo, el destino tenía otros planes. Un destello de reconocimiento atravesó los ojos de Nakamura y en menos de un segundo ya estaba corriendo al otro extremo del invernadero. Hirose jadeó ofendido, pero no perdió el tiempo y lo persiguió saltando sobre las macetas y esquivando las plantas más grandes.

 

—¡Nakamura!

 

—¡Estás equivocado!

 

—¡Sé que eres tú! —Hirose alzó su brazo tratando de alcanzarlo —¡Te vi!

 

Nakamura aceleró tratando de llegar a la salida, no planeaba detenerse por nada en el mundo, eso hasta que oyó un ruidoso golpe acompañado de un quejido. Hirose estaba demasiado concentrado persiguiendo a su objetivo, sus pies se enredaron entre las mangueras y cayó sin gracia hacia adelante. Nakamura no pudo ir en contra de sus instintos y regresó rápidamente para ayudarlo a levantarse.

 

—¡Te tengo!

 

Hirose extendió su mano y agarró con fuerza la manga de Nakamura. El pelinegro lo miró exasperado y suspiró resignado. Hirose por su parte no podía contener su sonrisa, se sentía victorioso. Un pequeño hilo de sangre se deslizó por su nariz y Nakamura soltó un chillido alarmado.

 

—¡Tenemos que curarte!

 

Con facilidad Nakamura levantó a Hirose entre sus brazos y caminó hacia la trastienda. 

 

—Eres fuerte —Hirose recargó su cabeza en el pecho de Nakamura. ¡Es momento de ser atrevido! —¿Has estado entrenando?

 

—Gracias —murmuró sin mirarlo a los ojos —Yo…sí, he hecho un par de cosas.

 

Ay, el mismo Nakamura tímido de siempre. Nunca había sido bueno recibiendo elogios, ahora Hirose aprovecharía la oportunidad para tomarlo con la guardia baja. Un Nakamura avergonzado era un Nakamura torpe, tendría menos posibilidad de escapar. Una sonrisa maliciosa se abrió paso. Gracias Yoshida por esta oportunidad. Alabadas sean las peonías por florecer en esta época.

 

Nakamura lo bajó con cuidado y lo ayudó a sentarse en una banca, incluso aquí había decenas de plantas que Hirose no conocía. ‘Bueno es un invernadero’, pensó. El pelinegro se movió ansioso por el lugar abriendo y cerrando cajones, moviendo estantes y refunfuñando en busca de un botiquín.

 

—Ha pasado un tiempo.

 

—Sí…

 

Nakamura por fin encontró el botiquín y humedeció un pedazo de algodón con agua oxigenada. Seguía sin mirar a Hirose a los ojos.

 

—¿Esta es tu manera de decir "hola”?

 

Nakamura se encogió en su lugar y su rostro se contorsionó.

 

—¿Estás enojado?

 

—Quizá

 

Hubo una pausa y ambos bajaron la cabeza. ¿No se suponía que debía ser un encuentro emotivo?

 

—No me muevas, voy a limpiarte —Nakamura se acercó y pasó el algodón por el rostro de Hirose, quien obedeció sin chistar.

 

—No sabía que te gustaban las plantas.

 

—No es que me conocieras mucho —después de decir eso Nakamura se congeló, las palabras habían brotado de repente sin poder detenerlas —Lo siento.

 

—No —Hirose suspiró —Tienes razón, no te conozco bien.

 

El silencio se volvió incómodo, ninguno sabía cómo cambiarlo, antes era imposible que pasara algo como eso. Cuando estaban en Hoshimi y se quedaban a solas no era necesario hablar, podían permanecer en total calma, simplemente haciéndose compañía. ‘Quizá es por eso que no sé nada sobre él. Esto es mi culpa’, pensó amargamente.

 

Si se hubiera esforzado por conocer más a Nakamura no estarían en esta situación. Si tan solo hubiera preguntado algo, si hubiera mirado con atención al chico que estaba frente a él las cosas hubieran sido distintas. Nakamura no estaría tan incómodo, lo miraría a los ojos y sonreiría. Si solo hubiera enviado un mensaje…estúpido orgullo.

 

—Lo siento.

 

Por alguna razón Nakamura pareció genuinamente sorprendido.

 

—¿Por qué?

 

—Es mi culpa que hayamos perdido el contacto, debería haber enviado algún mensaje o haberte llamado, aunque sea una vez.

 

—Está bien —Nakamura jugueteó con sus dedos —Era de esperar que pasara, no te culpo por perder el interés en mí. Siempre he sido aburrido —rio sin gracia —No tienes que preocuparte. ¿Te acompaño a la salida?

 

—No, eso no es…No

 

—¿Necesitabas algo del invernadero?

 

—Nakamura —Hirose tomó aire —Por favor, escúchame.

 

—Ya te disculpaste, ¿qué más hay que decir?

 

Nakamura miró hacia todos lados buscando enfocar su vista en algo que no fuera Aiki.

 

—Tú, eres tan… ¡Joder! —pasó una mano por su cabello —¡Te extraño!

 

Okuto soltó un ruido ahogado e hizo una mueca. Ahora todo estaba acabado, Hirose la había cagado. Había empeorado lo que no se podía empeorar, ahora Nakamura jamás volvería a verlo, le pondría una orden de restricción y lo odiaría por siempre. Bien hecho, maldita sea.

 

—¿Me extrañas? —balbuceó

 

—Eh, ¿sí? —ahora no sabía qué decir, su discurso estaba confuso —¿Podemos hablar correctamente? Eh, sin que tenga que perseguirte y eso, solo si quieres.

 

Okuto asintió, sus orejas estaban un poco rojas. Quizá no lo había odiado del todo.

 

—Hablemos

 

—¿Te gustaría ir a tomar un café o algo así? —Hirose tomó valor —Conozco el lugar perfecto.

 

—Sí, mi turno termina pronto —Nakamura miró el reloj que llevaba en su muñeca —Puedes esperarme si tienes tiempo, o bueno si tienes cosas que hacer no te culpo, puede irte y volver otro día o si no quieres no tienes que venir, podemos solo hablar ahora mismo y ya, o puedes-

 

—¡Te esperaré! —interrumpió —Yo, de todos modos, vengo a recoger un pedido. Sería lindo caminar juntos.

 

—De acuerdo, entonces, uh, ¿te veo en un rato? —Nakamura sonrió.

 

Hirose asintió y se recostó en la banca cerrando los ojos. Okuto permaneció quieto en silencio unos segundos antes de regresar al invernadero, prometiendo que se apresuraría. Cuando finalmente se quedó solo dejó salir todo el aire que estaba conteniendo en sus pulmones. Todo había pasado demasiado rápido, parecía un sueño. ¿En serio? ¿Dónde estaba su super romántico reencuentro? Quizá había sido demasiado atrevido y Nakamura no pudo rechazarlo por miedo. ¿Y si ya no vuelve y lo abandona ahí?

 

—Podemos irnos

 

—Ah, sí

 

Hirose se levantó de golpe y sonrió. Esto era real, no podía arruinarlo. Siguió a Nakamura a través del invernadero, esperó a que se despidiera de su jefe y caminaron lado a lado.

 

—¿Cómo me encontraste?

 

—Bueno, más bien apareciste. Yo iba por un encargo y te vi, eras más importante.

 

Nakamura se detuvo, cuando Hirose se volteó se encontró con una mueca de confusión.

 

—¿Encargo? —arrugó la nariz —¿Qué buscabas?

 

—Las peonías, obviamente.

 

Nakamura arqueó una ceja y miró las manos vacías de Hirose.

 

—Sí, obviamente.

 

Hirose contuvo un grito. Qué idiota. Ahora Nakamura creería que es un tonto.

 

—Ah, mierda —Hirose sintió su rostro calentarse —Olvidé las peonías.

 

—Podemos regresar —Nakamura apretó los labios conteniendo una risa —¿Son para la señora Yoshida? El único pedido de peonías que tenemos está a su nombre.

 

—Sí, por favor.

 

—Vamos.

 

Esta vez Hirose caminó un paso por detrás de Nakamura. Se sentía demasiado avergonzado para verlo. Además, podía escuchar al hombre aclarar su garganta para evitar reírse. Pocas ocasiones habían sido en las que se había sentido tan humillado, este podía ser el peor momento de su vida. La luz del sol iluminaba la silueta de Okuto como un halo, se sentía irreal estar tan cerca de él. Incluso con el pasar de los años Nakamura seguía siendo Nakamura, había cambiado, pero seguía siendo tan amable y comprensivo como siempre. La calidez que no había sentido desde hace mucho tiempo recorrió su pecho. Sintió el impulso de abrazar a Nakamura y no soltarlo jamás, pero eso podría asustarlo. Hirose agarró aire y repasó las palabras en su mente. Tenía que dejarle claro a Nakamura que se arrepentía de haberse distanciado, que quería volver a intentarlo y reparar su amistad. No podía permitir que Nakamura creyera que lo había dejado por ser soso. Eso jamás.

 

—Nakamura —el pelinegro tarareó en respuesta —Solo para que lo sepas, jamás me aburriste. Aún quiero que seamos amigos, si quieres.

 

Nakamura lo miró de reojo y Aiki pudo notar que una pequeña sonrisa se abría paso. Sus hombros se relajaron visiblemente y su vista se dirigió al camino de nuevo.

 

—Sí, me gustaría eso.

 

 

 

 

 

 

 

 

Notes:

Si has llegado hasta aquí te lo agradezco mucho. Escribir esto me llevó un tiempo y estoy bastante segura de que algo por ahí suena medio raro. Pero a fin de cuentas me gustó, como sea, si alguien nota algo mal me ayudaría que me lo dijera, es bueno para mejorar. Espero que te haya parecido interesante y lo hayas disfrutado.

Nota extra: No se me ocurrió qué libro podía encajar para que Hirose lo leyera, así que imaginen el que más les guste.

¡Gracias por leer!